México y el infierno de la trata de mujeres


México y el infierno de la trata de mujeres

Juan Carlos Pérez Salazar BBC Mundo, Ciudad de México

16 noviembre 2013

Si el averno existe y tiene puertas, una de ellas está en el número 189 de la Calzada Melchor Ocampo, colonia Anzures, Ciudad de México.

A ese lugar fue llevada, en 2007, Karina, una joven costarricense que entonces tenía 24 años. Creía que iba a trabajar de mesera.

“Cuando llegué me recibieron dos personas y me dijeron que en un ratico llegaría el dueño o el gerente. Me pidieron que subiera a cambiarme. Subo y cuando entro veo a una chica tirada en el piso, desangrándose. No sabía por qué. Y otra que estaba toda tomada, drogada. Y a muchas chicas desnudas, cambiándose”.

Estamos en un edificio en el sur de Ciudad de México. Por la ventana se escuchan sirenas de patrullas policiales y otros ruidos normales de la vasta urbe. Karina sólo dispone de una hora, después será llevada a un lugar secreto.

Su relato continúa.

“Me dice la señora del camerino que me cambiara y me da una faldita así de chiquitica, unos zapatos así, gigantescos. No me gustó y me salí. Quiero bajar y los de seguridad me dicen ‘¿a dónde vas?'”.

“Yo no podía hablar por la impresión que me había dado ver a la chica tirada en el piso, con mucha sangre.

Me agarran de los brazos, me jalan de los cabellos y me golpean. Insultos. Y me dicen: ‘aquí no hay meseras: todas son putas’. Que tenía que bailar desnuda y acostarme con cuanto cliente llegara”.

La trata en el mundo

Según el informe de 2012 de sobre trata de personas de las Naciones Unidas:

  • Mujeres y niñas constituyen 75% de todas las víctimas de tráfico detectadas globalmente.
  • El tráfico con fines sexuales representa 58% de todo el tráfico detectado a nivel mundial.
  • Entre 2007 y 2010 fueron identificadas al menos 460 rutas de trata.

Su voz se quiebra. Una larga pausa.

“Me dejan en un cuartico chiquitico, obscuro. Entró el dueño, me dio una bofetada. Uno de los de seguridad me ha rasgado toda la ropa y el dueño dice que tienen que aprender a educar a las mujeres. Y me viola”.

“Después me agarran de los cabellos. Uno mantenía mis brazos abiertos, otros mis piernas, me voltean y me violan por atrás. Me violan cuatro de seguridad, uno a uno. Siete meseros. Y quedo inconsciente”.

“Lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento es que había un tipo en mi rostro que se reía. Todos se reían. Sentía agua caliente en mi cuerpo. No era agua, era semen”.

Es sólo el principio de su relato. Karina rompe a llorar y ya no deja de hacerlo durante más de una hora.

Aún no me ha contado lo que ocurrió con sus hijas.

II

México es uno de los países más afectados por la trata de personas, incluyendo mujeres y niños.

Organizaciones como la Fundación de Asistencia Social Humanitaria (Asahac) lo consideran como el segundo país del mundo con más trata. El primero es Tailandia.

Otros, como Luis González Placencia, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, creen que el tráfico de personas ya es la segunda fuente de ingresos del crimen organizado, después del trasiego de drogas.

Organizaciones como la Fundación de Asistencia Social Humanitaria consideran a México como el segundo país del mundo con más trata. El primero es Tailandia.

En entrevista con el diario inglés The Guardian, Teresa Ulloa, directora regional de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas para América Latina y el Caribe, reveló que su organización cree que, sólo el año pasado, los carteles mexicanos hicieron US$10.000 millones de la esclavitud y explotación sexual de mujeres y niñas.

A veces parece un tema omnipresente en este país: en los diarios se registra el rescate de víctimas, en el sistema de televisores del metrobús se anuncian los teléfonos a los que hay que llamar para denunciar. En la radio se debate. Sin embargo, no hay cifras exactas del fenómeno.

“Se puede tener una idea de la dimensión por los miles de jóvenes que desaparecen cada año en este país”, me dice el director de una organización no gubernamental que se dedica a reacoplar en la sociedad a las víctimas de la trata.

Hace unos días el asunto volvió a caldearse cuando Lydia Cacho, quizá la periodista que más ha trabajado el tema en el país, denunció que algunos cabilderos quieren reformar la ley de trata de personas -que sólo entró en vigor el año pasado- para desactivarla.

III

El conductor del taxi me mira a través del espejo retrovisor cuando le digo que voy al 189 de la Calzada Melchor Ocampo, donde funcionaba el table dance Cadillac.

-¿Y qué va a hacer allí a estas horas? (Es temprano en la mañana).

-A tomar unas fotos.

Esta vez su respingo es visible. Reduce la velocidad. Me mira de nuevo por el espejo y me dice que tenga mucho cuidado.

El Cadillac fue allanado y cerrado a fines de mayo.

-¿Por qué?

-Porque si te ven, te golpean.

Le recuerdo que el sitio ya está clausurado. De todas maneras me recomienda precaución y se estaciona a la vuelta, donde no pueden ver el taxi.

Una mugrienta alfombra verde cubre la acera. Las puertas metálicas tienen los sellos amarillos de clausura, algunos desgarrados. En uno de ellos, intacto, dice “Delito: trata de personas”.

En medio, una puerta está abierta y da a un pequeño rellano, donde se acumulan botellas de plástico, bolsas, papeles. Basura. En la avenida, el embotellamiento de tráfico ya es monumental.

Desde fuera, nadie imaginaría la ordalía de dolor que Karina vivió allí.

De vuelta en el taxi, el chofer me asegura que algunas de las chicas que trabajaban allí han sido trasladadas a otro “teibol” en la Avenida Insurgentes.

IV

En Ciudad de México, el mapa físico de la trata y la prostitución tiene tres peldaños, tres circulos rojos. El inferior es el barrio La Merced. Le sigue la famosa Calle Sullivan.

El círculo superior lo ocupan los table dance.

V

Quien conozca barrios populares latinoamericanos, que son a la vez enormes mercados, conoce La Merced, en el DF. Una de sus particularidades son las mujeres que se prostituyen en sus calles.

VI

De día, la Calle James Sullivan luce como cualquier otra: enormes edificios de empresas como Telmex. Puestos ambulantes de chucherías, un largo parqueadero y fondas de comida acompañan el impersonal serpentear de Sullivan hasta que desemboca en la Avenida Insurgentes, al lado de un enorme Monumento a La Madre. Muy cerca del edificio del Senado.

De noche es algo muy distinto. Cada jornada -pero en especial desde los jueves- es posible ver a decenas de mujeres (se calcula que en ocasiones pueden llegar a ser 200) ofreciéndose al mejor postor. A veces se forman filas de carros con clientes esperando.

Madaí Morales, de 23 años de edad, conoce bien esta calle: durante dos años fue obligada a prostituirse allí, día tras día, sin descanso, por el hombre con quien alguna vez soñó formar una familia.

A diferencia de Karina, Madaí no llora cuando cuenta su historia, aunque su voz tiembla en algunos episodios.

Su dolor asoma en la minuciosidad con que relata esa porción de su existencia: recuerda cada detalle con una precisión asombrosa. Desde cómo estaba vestido “Jorge” (el hombre que la enamoró y luego la prostituyó), cuando lo conoció en Veracruz, hasta las prendas que ella portaba el día que decidió escapar.

Sullivan es una zona de oficinas. En la calle queda el tribunal superior de Ciudad de México.

Es una historia conocida: los “padrotes” (como se conoce en México a los hombres que controlan a las prostitutas) tienen un olfato canino para detectar jóvenes vulnerables, enamorarlas pintándoles un futuro de tonos rosa, arrancarlas de su entorno y luego obligarlas a venderse en las calles.

Es la historia de Madaí. Jorge -años después descubriría que no es su verdadero nombre- la convenció de irse a vivir a Ciudad de México. La llevó a un “cuarto verde” de un hotel de paso en la calle Arista, número 36.

Dos días después, caminando por las calles aledañas, le mostró a unas jóvenes que esperaban en la banqueta. “Chicas que estaban vestidas de una forma muy fea, casi desnudas. Él me las señala y dice: ‘mira, como ellas vas a trabajar'”.

Madaí creyó que era una broma. Pero esa noche se lo repitió: “‘¿Te acuerdas lo que te dije hace rato?’. Le dije, ‘sí, pero estás loco, ¿no? Estás jugando’. Me respondió ‘no, eso es lo que vas a hacer’. Me dijo que para eso me había traído, que si pensaba que era para algo distinto estaba equivocada”.

“Le respondí que trabajaba en cualquiera otra cosa. Me dijo que me callara, que ahí mandaba él. Que iba a investigar dónde estaba mi familia y con eso me amenazó. No tuve otra salida más que aceptar”.

“Se fue y más tarde llegó con una bolsa negra. Adentro había faldas supercorticas, blusas muy escotadas y zapatillas con tacones muy altos”.

“No pensé en escapar porque tenía mucho miedo. No me había dejado hablar con nadie, no conocía a nadie. Yo era una persona muy inocente”.

VII

Avenida Insurgentes. La requisa es rápida pero prolija. Dos hombres de traje oscuro y con audífonos en las orejas nos obligan a extender los brazos y nos cachean con mano experta. Otro nos franquea la entrada.

Cada vez se informa más sobre rescate de jóvenes víctimas de trata.

Adentro, en un escenario justo en medio del local, una joven semidesnuda baila de manera mecánica.

La rutina es igual para todas las chicas, de nombres sonoros y evidentemente falsos. Tres canciones. La última es la del desnudo total. Algunas se limitan a danzar, otras hacen alguna rutina acrobática en el pole platinado que se erige a un lado del escenario.

Un animador con micrófono trata, sin mucha suerte, de caldear el ambiente.

Hay pocos clientes, a pesar de ser sábado. Las protestas de los maestros, que bloquean el centro de la ciudad, han hecho que la semana sea mala.

Esto nos lo cuenta una joven caribeña que se sienta en nuestra mesa. Poco después se nos une una mexicana, de unos 30 años y hermoso rostro.

Nos sirven ron rebajado con agua. Por cada trago que compramos, una boletera les da un papelito. Les pagan de acuerdo con nuestro consumo.

En un rincón se aburre una docena de mujeres, todas con trajes diminutos, mallas y grandes tacones. Otras están sentadas con los escasos clientes. Los vigilantes pululan por doquier. Contamos nueve.

Las mujeres en nuestra mesa parecen hablar de manera desprevenida. La caribeña me dice que lleva cuatro años en México y que parte de su familia vive en el país. De manera discreta trato de preguntarle por su vida, su oficio. En ningún momento da la impresión de estar sometida por el miedo.

La muchacha caribeña me ofrece un “baile privado” en un reservado del que ya he visto entrar y salir a varias parejas. Digo que no.

Ese tipo me dice que tengo que trabajar, que tengo que pagarle lo de las quimioterapias, lo del nacimiento de mi hija y todo el tiempo que me estuvo manteniendo. Cuando quiero tomar mis documentos, los destruyeKarina

Al rato, cansada de nuestra cháchara, la mexicana pone las cartas sobre la mesa: 3.500 pesos (US$265) a cada uno por irse con nosotros al hotel -les he dicho que estoy de visita en el país-, que incluye lo que cobra la casa por dejarlas ir.

Farfullamos una excusa y nos largamos. Al salir, los guardias nos piden propina.

VIII

El método para enganchar a Karina también fue el enamoramiento. Ocurrió en Cancún, donde trabajaba como chef.

Estaba en uno de los momentos más vulnerables de su vida: embarazada de una niña, sola y con leucemia. “Para mí era muy importante que este chico estuviera a mi lado”.

Le ayudó a pagar la quimioterapia. Luego la convenció de irse para el DF, con sus padres. “Al principio era todo bonito, cuidados”. Sin embargo, a las dos semanas ve cómo golpea a sus propios padres. Luego empieza a golpearla a ella, todavía en embarazo.

La niña nació prematura, algo que Karina atribuye a las golpizas que recibía.

“Ese tipo me dice que tengo que trabajar, que tengo que pagarle lo de las quimioterapias, lo del nacimiento de mi hija y todo el tiempo que me estuvo manteniendo. Cuando quiero tomar mis documentos, los destruye”.

Es entonces que la lleva al Cadillac.

IX

Lydia Cacho se ha especializado en el tema de trata de mujeres y pederastia.

Trece rutas ha sido identificadas en México para la trata, según un diagnóstico del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social, A.C. (Ceidas).

Son las de Nogales,Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Matamoros en el norte del país.

En el Pacífico, Puerto Vallarta, Acapulco y Tapachula. Cancún sobre el Caribe, en la Península de Yucatán. Veracruz sobre el Golfo de México y Tlaxcala y el Distrito Federal en el centro.

Según la periodista Lydia Cacho hay que agregar al menos una más: Guadalajara. La reportera e investigadora me asegura que los aeropuertos de esa ciudad y de Cancún son el equivalente a “fronteras porosas” para el ingreso a México de mujeres que son traficadas desde otros países.

Para ser alguien que ha vivido bajo amenaza constante los últimos ocho años de su vida, y que incluso ha tenido que exiliarse, Lyidia Cacho impacta como una persona tranquila, con buen sentido del humor.

Se dio a conocer en 2005 con “Los demonios del Edén”, un libro donde denunció, con nombres propios, una red de pornografía infantil y pederastia en México. El reportaje le brindó fama, pero también acoso y amenazas, algo que no cesa hasta el día de hoy.

Para su libro “Esclavas del poder”, Cacho viajó por todo el mundo siguiendo las rutas de la trata sexual. Turquía, Israel y Palestina, Japón, Camboya, Birmania y Argentina fueron puertos de visita -en ocasiones de incógnito- para trazar ese mapa de infamia.

En México es especialmente profundo su conocimiento de Cancún y sus alrededores, donde trabajó varios años como periodista.

“Encontramos un grupo bastante sólido de mafias rusas que están en Playa del Carmen (conocido balneario cerca de Cancún). He estado investigando a dos o tres de ellos que operan abiertamente, dedicados eminentemente a la trata de mujeres de Europa del Este a Quintana Roo”.

“Estados Unidos tiene varias investigaciones abiertas (en Miami, Nueva York y Phoenix, Arizona) de tratantes rusos que están operando allí. Explotan a las mujeres un tiempo en Cancún y después se las llevan a EE.UU.”.

Estados Unidos tiene varias investigaciones abiertas de tratantes rusos que están operando allí. Explotan a las mujeres un tiempo en Cancún y después se las llevan a EE.UU.Lydia Cacho, periodista

La frontera con Estados Unidos también puede calificarse como porosa. Los métodos preferidos para ingresar a las jóvenes es hacerlo de manera ilegal -como “espaldas mojadas”- o casarlas con alguien que tenga green card y pasarlas legítimamente.

X

Madaí tomó la decisión de fugarse cuando se enteró de que la iban a trasladar a Nueva York.

“Me puse como loca y le dije que allá no me iba. Entonces me golpeó”.

Saber que la iban a sacar del país le dio el valor del que había carecido durante los dos años en que fue obligada a prostituirse en un hotel de propiedad de un español, situado a pocos pasos de la Calle Sullivan.

“No tenía ningún descanso, era de ir todos los días, todos los días, todos los días… El resto me la pasaba llorando, pensando cómo iba a hacer para salir de ahí”.

“En los casi dos años sólo uno de los clientes tuvo un poco de compasión de mí. Casi siempre estaba llorando y uno de tantos me vio y me preguntó qué tenía. Yo le dije que me sentía mal. No quiso hacer nada conmigo, pero me dio el dinero. Lo tomé porque sabía que lo necesitaba para completar”.

“Le confesé que había alguien que me obligaba. Me dijo que me escapara. Le contesté que lo iba a hacer pero por mi familia, porque la vida no me importaba. Intenté suicidarme varias veces con pastillas, que fue tan estúpido, porque no me hicieron nada”.

Durante ese tiempo, la joven fue obligada a atender entre cinco y veinte clientes por día, laborando entre cinco y ocho horas diarias.

Madaí es ahora presidenta honoraria de la organización Reintegra, que ayuda a jóvenes víctimas de trata.

En la conversación hay fogonazos de la persona que fue Madaí a los 19 años, antes de conocer a Jorge. Con una risa tímida. Al buscar una pelusa inexistente en sus pantalones grises. O cuando habla del futuro.

Pero en este momento hablamos del pasado. De un viernes a fines de enero, hace dos años, cuando su “padrote” le anunció el viaje a Nueva York.

Esa noche trabajó en Sullivan, como de costumbre. El sábado en la madrugada vio que “Jorge” pasaba en un taxi. La estaba vigilando.

La mañana del sábado, sin haber pegado el ojo, tomó un taxi y se dirigió a un hotel no lejos de la Calle Sullivan. El domingo se cambió a un hostal en el centro histórico.

“El lunes fui a la Procuraduría, me prestaron atención. Me trataron muy bien. Al otro día detuvieron a Jorge en un gym al que le gustaba ir”.

XI

La Procuraduría General del Distrito Federal está situada en un edificio cuadrado y feo, de colores crema y verde pálido, al que se conoce informalmente como “El Búnker”.

En su laberinto de oficinas está la fiscalía encargada del delito de Trata de Personas del DF. La fiscal, Juana Camila Bautista, es esa rara avis: una funcionaria de la que casi todos hablan con respeto.

Periodistas, víctimas e integrantes de organizaciones no gubernamentales recomiendan hablar con ella.

Estamos sentados en una oficina sencilla (una mesa, pocas sillas, un mapa de la capital de México en la pared), acompañados de un asistente de la fiscal y de un funcionario de comunicaciones que graba toda la entrevista.

“La trata es un delito complejo, porque las víctimas muchas veces no se asumen como tales. Muchas veces están sometidas y no quieren denunciar a sus tratantes por amenazas a ellas, sus familias o a los hijos que tienen con ellos”.

Esto me lo confirman Madaí y Karina, quienes durante las entrevistas insisten una y otra vez que más del 90% de las chicas que conocieron se prostituían porque eran obligadas, no por voluntad propia.

Aunque Juana Camila Bautista lleva varios años trabajando en temas de trata, la fiscalía que encabeza sólo fue creada en mayo de este año.

“Hace cuatro años tuvimos un caso de una chica de Morelos, la fuimos a rescatar de Tijuana, ella tenía miedo porque el tratante la había amenazado y había quemado las chozas de sus padres, que eran campesinos”, me dice la fiscal.

A pesar de eso, entre 2008 y 2009 se rescataron casi 200 personas, la mitad menores de edad. Sólo desde mayo de este año -cuando empezó a funcionar la fiscalía- han llevado a cabo alrededor de 200 operativos, con más de 90 personas consignadas. Se han rescatado 210 víctimas.

Pero los “padrotes” están aprendiendo. Por ejemplo, ahora pocos se arriesgan con menores de edad, pues saben que las penas empeoran.

“Muchas de ellas nos han contado que los dueños o los encargados de los establecimientos donde son explotadas las reúnen y llegan abogados para que las aleccionen y les indiquen qué decir en caso de que haya operativos. Qué decir ante la policía, ante el ministerio público, para que los dueños no tengan ningún problema”, explica la fiscal.

¿Por qué es tan difícil atacar lo que está a la vista de todos, por ejemplo en la Calle Sullivan?

“La prostitución en nuestra ciudad no es delito. Lo que perseguimos son los delitos que se dan alrededor de esta actividad (…). La ley en cuanto a la explotación sexual establece que si una chica le da aunque sea cinco pesos al tratante, ahí ya la está explotando”.

Agrega, empero, que podría organizar en ese mismo instante un operativo en Sullivan y ninguna chica se atreverá a acusar a su padrote.

XII

Karina escapó con la ayuda del taxista que la llevaba, junto a otras muchachas, a diferentes bares y “teibols”. Para entonces ya tenía otra hija. No sabe quién es el padre.

“El señor me llevó a un hotel y me dijo que le hablase a inmigración o a la policía. Y dije, bueno, a lo que pasa eso las duermo a mis niñas para que estén tranquilas y pueda estar segura. (Los padrotes) no tardaron ni diez minutos en llegar. Rompieron la puerta de la habitación, me golpearon, me dejaron inconsciente… Se llevaron a mis hijas”.

A ella la dejaron. Karina estuvo cinco meses sin ver a sus pequeñas. Para recobrarlas tuvo que pagar 200.000 pesos mexicanos (unos US$15.000).

Cuando le regresaron a sus hijas, la menor, de cinco años de edad, había sido violada.

“¿Sabe el dolor que es eso? Uno no es que soporte, no es que pueda más, simplemente sabía que lo que me estaban haciendo lo aceptaba por la vida de mis niñas. Pero mi hija… ella fue violada por no sé cuántos tipos”.

Trata de extranjeras

Según la fiscal Juana Camila Bautista, en el Distrito Federal han sido rescatadas mujeres de los siguientes países:

Rusia, Bielorrusia, Nueva Zelanda, Honduras, El Salvador, República Dominicana, Colombia y Venezuela. Todas habían sido enganchadas en su país de origen.

Por su parte, Karina dice que, durante los cinco años que fue esclavizada sexualmente, conoció jóvenes cubanas, ecuatorianas, checas y búlgaras.

Finalmente, Lydia Cacho agrega que en los últimos tiempos ha aumentado el tráfico de jóvenes paraguayas.

“De todo esto ya ha pasado un año y mi hija no tolera que la toquen. Todas las noches se despierta llorando. Igual que yo. Le cuesta mucho trabajo aprender en la escuela. A veces siento que se va de este mundo. La siento ausente. Ella no puede expresarse. Yo no sé lo que siente… Pero cuando la veo sonreír para mí es un alimento, una tranquilidad verla que está allí, en mi vida”.

XIII

Gracias al testimonio de Madaí, “Jorge” fue condenado a 20 años de prisión. Veinte más fueron añadidos por otro caso.

Madaí es ahora presidenta honoraria de Reintegra, una organización no gubernamental que trabaja con jóvenes rescatadas de las redes de la trata. También estudia derecho.

El “teibol” Cadillac fue cerrado en un operativo a fines de mayo de este año. Se detuvo a catorce personas: el gerente, meseros, personal de seguridad y boleteras.

Varias de las chicas que allí trabajaban, entre ellas Karina -que se presentó ante la Procuraduría cuando supo del allanamiento-, declararon en contra de los dueños y los empleados del lugar. Algunas se retractaron luego.

Karina no lo ha hecho. Ahora vive, en compañía de sus hijas, en un lugar secreto. Asegura que el taxista que la ayudó a escapar fue asesinado.

El proceso contra los catorce detenidos en El Cadillac sigue en firme, así como una extinción de dominio para el inmueble.

De esa manera, el infierno quizás tendrá una entrada menos.

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http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/11/131111_mexico_trata_mujeres_prostitucion_jcps

Caso de violencia de género en Florida. Hombre que atropelló a novia en Florida


Caso de violencia de género en Florida. Hombre que atropelló a novia en Florida

Por Paulo Arieu

hombre

Foto: Suministrada
Por: Redacción impreMedia
PUBLICADO: Jan, 30, 2015

En el articulo anterior (ver aca), reproduje textualmente las palabras de Esperanza Bautista publicado  en su libro  10 palabras claves sobre la violencia de género, sobre la violencia de genero. Y aca cito un caso sucedido en el estado de la Florida, donde un floridano fue arrestado el lunes luego de que intencionalmente atropellara a su pareja embarazada de 7 meses en un alegado intento para que abortara.Que loco el tipo!

Poco antes de que Justin Colby (33) atacara a su novia Crystal Noordhuizen (32), éste supuestamente le gritó: “¿Estás lista para tu aborto?”, reportó la estación WPTV. Oficiales del condado Pasco arrestaron a Colby en un restaurante McDonald’s, en Holiday, pocas horas después del incidente reportado a la 1 p.m.

De acuerdo con reportes de varios medios locales, la pareja se  encontraba discutiendo en la residencia que compartían cuando Noordhuizen salió de la vivienda. Mientras la mujer caminaba hacia la carretera Westwood Drive, Colby la llamó.  Poco después, el hombre impactó a la chica con su vehículo Dodge Charger y  luego chocó contra un poste. Seguidamente, el individuo caminó al interior de la vivienda sin asistir a su novia. El agresor huyó de la casa en una moto.

Videos de seguridad muestran el momento en que Colby la emprende con su vehículo contra la embarazada.  La joven sufrió heridas leves. Las autoridades presentaron, el martes, cargos de intento de asesinato contra el individuo. En un video se muestra el momento en que Justin Colby impacta con su vehículo a Crystal Noordhuizen, embarazada de 7 meses.

  • Ver video (aca)

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Extr de

Acerca de la violencia de género


Acerca de la violencia de genero

El tan debatido tema de la globalización encuentra en la violencia contra la mujer uno de los problemas más negativos no sólo por su presencia en todas las sociedades, sino también porque sus múltiples formas y aspectos comprenden desde la falta de recursos económicos –que no deja de ser una manera de presionar sobre la libertad y el futuro de la mujer, reduciéndola a situaciones de violencia más o menos solapadas– hasta los malos tratos, la violación, la tortura y la muerte, pasando por las diversas formas de esclavitud a que se somete a la mujer, ya sea la esclavitud del hogar, tan dura en determinadas culturas,
o la esclavitud sexual, en manos de las mafias en Occidente y en manos de la propia familia en algunos de los países menos desarrollados. La perplejidad que a veces ocasiona contemplar la aceptación y comprensión de las situaciones de violencia por parte de la sociedad –e incluso de las propias mujeres– muestra la necesidad de un cambio de la sociedad; a este cambio ayudaría probablemente la aceptación y la utilización de todos aquellos factores, elementos y estructuras que ofrece la globalización, pues, al favorecer la difusión del problema, podrían facilitar el cambio de mentalidad de la sociedad mundial, haciendo posible que las actitudes que rechazan  la violencia contra la mujer se globalicen.

Es cierto que la violencia de género se enmarca en el contexto mucho más amplio de la violencia y la agresividad humanas, pero también lo es que posee unas características que históricamente la determinan y hacen necesario su estudio específico. Ante el tema de la violencia surgen preguntas inquietantes, como por ejemplo si el hombre es un ser cada vez más violento o más bien sucede que nuestra sociedad ha tomado ya conciencia de ello y se le da más importancia que en tiempos pasados. Hasta hace poco tiempo, no era algo excepcional que el marido pegase a la mujer, y, desde luego, no estaba considerado un delito. En la Europa del siglo XVIII, uno de cada cinco niños que nacían era abandonado por sus padres y no pasaba nada. ¿Quiere esto decir que la violencia está disminuyendo actualmente y que lo que realmente ocurre es que cuando ésta surge nos llama más la atención? La esperanza en que la sociedad esté en un proceso de mayor humanización nos lleva a pensar que lo cierto es esto último, pero la realidad, sobre todo en otras sociedades distintas de la europea, plantea serias dudas.

Una cosa sí es cierta con respecto al hecho concreto de la violencia doméstica: se ha convertido en un delito y en un comportamiento no aceptado por la sociedad. Algo ha cambiado. Aun así, en España siguen muriendo por esta causa entre 60 y 70 mujeres al año, probablemente más, y esto es muy grave. Pero es que antes seguramente eran miles las que morían, y nadie, absolutamente nadie, decía una palabra. La violencia hunde sus raíces en las relaciones de desigualdad entre los hombres y las mujeres.

Los grupos humanos crean ideologías y formas de organización social que perpetúan estas relaciones de desigualdad, y la violencia se teje, precisamente, en estas ideologías y estructuras por la sencilla razón de que han proporcionado enormes beneficios y privilegios a los grupos dominantes.

Pero ¿qué es la violencia? Etimológicamente, la violencia está en relación con la fuerza (vis) y, semánticamente, con la “violación”, en cuanto a “hacer violencia”. Puede ser física (asesinatos, atentados, sevicias…), psicológica o moral (tortura por aislamiento, por ejemplo, o chantaje afectivo…), económica (explotación en cualquiera de sus formas, imposibilidad de acceder a los recursos económicos…), política (terrorismo, totalitarismos, genocidios…) e incluso religiosa. Así pues, se puede afirmar que la violencia es omnipresente y multiforme, lo que lleva a preguntarse si esta diversidad, constatable en la realidad social, es algo esencial a la violencia, es decir, si se puede hablar de violencia en general o si, cuando se habla de determinados aspectos de la violencia, ésta guarda relación con actitudes éticas, políticas y religiosas. En cualquier caso, se puede decir que, cualquiera que sea la forma de violencia, ataca al orden social y, por ello, es subversiva.

Por otro lado, se puede afirmar que todas las mujeres han pasado en algún momento de su vida por alguna experiencia de violencia masculina en cualquiera de sus formas y grados diversos, bien sea física, sexual o psicológica, y ejercida en el seno de la familia, por la sociedad o el Estado. Los golpes, las sevicias sexuales –infligidas incluso a las niñas–, las violencias ligadas a la dote, la violación conyugal, las mutilaciones genitales, el incesto o el matrimonio forzado son otras tantas  formas de violencia contra la mujer. En contra de lo que generalmente se piensa, esta violencia no siempre va unida a la pobreza, el alcohol o la droga. La violencia alcanza a todos los medios sociales en todos los países, y no puede ser justificada en ningún caso por prácticas culturales o por tradiciones religiosas, porque nada legitima acciones como, por ejemplo, la lapidación, la excisión o el repudio.

En un marco deseable de respeto a la persona humana, es preciso llamar la atención acerca de una realidad que a veces puede aparecer algo difusa: una cosa es la tolerancia y el respeto por otras culturas y otra dudar sobre el derecho a la vida y a la integridad física de nadie, e incluso llegar a cuestionar la primacía de los derechos humanos sobre costumbres culturales o tradiciones religiosas que de ninguna de las maneras parecen respetarlos. Es asimismo conveniente llamar la atención de una manera especial sobre aquellas mujeres que se encuentran en una situación particularmente difícil, como las mujeres y las jóvenes minusválidas, o las mujeres emigrantes ilegales y sin derechos sociales, o las que se encuentran en demanda de asilo, porque son mucho más susceptibles de verse enfrentadas a la violencia.

Durante miles de años, los roles que las mujeres han asumido tradicionalmente se han basado en las normas, leyes y pautas que han regido un modelo de convivencia ideado, representado e impuesto por los hombres. De ahí el poder afirmar que la violencia de género es fruto de la estructura ideológica de la sociedad; se trata, pues, de una violencia cuya ideología responde a un sistema patriarcal, asimétrico y desigual, de dominación del hombre sobre la mujer, que, a pesar de los cambios sociales y las reformas legales, ha venido permaneciendo invariable en el tiempo y en el espacio. La violencia contra las
mujeres ocurre en un contexto cultural patriarcal donde el control y sometimiento de la mujer ha sido tradicionalmente tolerado, cuando no legitimado incluso religiosamente. En las sociedades actuales, este modelo de diferenciación de género asociado a una rígida jerarquía de dominio masculino no se sustenta más y ha hecho surgir un cambio de roles que no es aceptado por muchos hombres y que, con demasiada frecuencia, lleva a la mujer a pagarlo con su vida.

Sin embargo, a pesar de que la sociedad va tomando conciencia de la gravedad de esta situación, sigue siendo un problema relativamente desconocido, sobre todo por la escasez y dispersión de los datos estadísticos y porque las cifras sobre la violencia contra la mujer son raras e incompletas. Por otro lado, si bien las agresiones no son en origen de carácter estrictamente individual, tampoco lo son en sus consecuencias, ya que los costes sociales son elevados. Según un indicador de Naciones Unidas, la agresión a la mujer en todas sus manifestaciones supone anualmente la pérdida de nueve millones de años de vida saludable. Afecta también a la salud pública de las sociedades, pues entre el veinte y el cuarenta por ciento de las mujeres que se suicidan han sido víctimas de malos tratos. Se puede decir que, en el caso concreto de la violencia doméstica, el noventa y ocho por ciento de las víctimas son mujeres; en Europa, una de cada cinco mujeres ha sufrido alguna forma de violencia por parte de su compañero. Según un estudio realizado en los Países Bajos, el coste de la violencia doméstica en este país (servicios sociales y de salud, policía, etc.) gira alrededor de los 150 millones de euros al año. Por otro lado, y según los datos aportados por las ONG del sector, las denuncias por maltrato presentadas en España oscilan en torno al veinte por ciento de los casos totales que se producen, pero este porcentaje puede estar distorsionado porque se desconoce el número de mujeres víctimas de malos tratos pertenecientes a los niveles económicos más altos, debido en parte a que se trata de un sector que no demanda servicios sociales.

En todo caso, también es cierto que cada vez van apareciendo más casos de violencia familiar fuera de las habituales situaciones de pobreza y más en relación con situaciones de separación o ruptura de la convivencia, que suele ser el punto de partida de numerosas situaciones de maltrato y que incidirían en ese porcentaje de denuncias mencionado. Por otro lado, el hecho de que más del noventa por ciento de las mujeres muertas a manos de su pareja había presentado previamente denuncias contra el agresor demuestra que el sistema en su conjunto no está dando la respuesta adecuada. Por último, es especialmente grave la repercusión que la violencia tiene sobre la repetición de conductas violentas en los niños.

Todo esto indica que una reflexión sobre la violencia de género requiere también analizar las actitudes de violencia y agresividad presentes en la sociedad, sus causas diversas y sus diferentes formas, así como la relación que pueda darse entre ellas como origen de este modo concreto de violencia. De ahí el propósito de esta reflexión: analizar y reflexionar sobre el tema de la violencia de género desde distintos campos del conocimiento,detectando no sólo las raíces culturales, políticas y económicas, sino también las raíces religiosas, sin duda muy importantes a lo largo de la historia a la hora de justificar normas, costumbres y hábitos que menosprecian a la mujer y que, al tratar de fundamentarlas desde determinadas teologías e interpretaciones, han restado importancia –cuando no fomentado y legitimado– a la violencia contra la mujer. No menos importante es la reflexión sobre la incidencia de los ordenamientos jurídicos en este tema y las medidas que se han ido adoptando para dar respuesta a estas situaciones.

Tampoco lo es el tema de la educación, vital a la hora de crear una conciencia social que asuma la igualdad y el respeto hacia la mujer desde la infancia. Sin embargo, es preciso recordar que, a pesar de la frecuencia con que se menciona que la escuela debe educar en la igualdad de oportunidades, a menudo se convierte en un lugar de discriminación y exclusión. La violencia se aprende. El ser humano no nace violento, porque si así fuese la especie humana ya habría desaparecido.

La violencia se aprende en los primeros años de la vida, siendo objeto o testigo de una violencia continuada. De ahí la importancia de la educación como manera de prevenirla, a pesar de saber que la prevención real es costosa por los años que requiere para dar sus frutos. Lo que ocurre es que, a menudo, la sociedad no tiene paciencia para esperar. Las mujeres estamos a punto de perderla.

A lo largo de este trabajo comunitario, también se hace referencia a sectores concretos en los que el riesgo de violencia es mayor o más frecuente, como los supuestos de malos tratos o la situación de las mujeres inmigrantes, sobre todo la de aquellas que se encuentran en situación de ilegalidad, y el muy escabroso tema de las mujeres como botín de guerra, sin olvidar el espinoso problema de la prostitución, que se cruza y entrecruza con el de la violencia hacia las mujeres y que, con frecuencia, entra en estrecha relación con la inmigración ilegal, haciendo de ella el sector de mujeres más terriblemente castigado. A este respecto, no se puede olvidar que las mujeres jóvenes son las víctimas principales del tráfico de
seres humanos[1], una forma de violencia particularmente abominable, porque combina a menudo la violencia física, la psicológica y la explotación sexual. Son reclutadas por los traficantes, con falsas promesas de trabajo, como empleadas de hogar o bailarinas, pero, una vez que estas mujeres han llegado a un país extranjero, pierden todas sus referencias de identidad.

Amenazadas, violentadas, aisladas y sin papeles, estas mujeres son extremadamente vulnerables y les resulta muy difícil salir de esta situación. Las especiales circunstancias de esclavitud y extorsión en las que se encuentran respecto a las redes y mafias que trafican con ellas, requiere, como necesidad prioritaria y urgente, prestar una atención integral a esta forma de violencia; también requiere adoptar soluciones específicas a la hora de motivar a estas mujeres a denunciar su situación y de procurarles una reinserción social y laboral adecuada. Por otro lado, es también importante señalar que la prostitución no se debe sólo a la pobreza, sino a la situación de subordinación en que se encuentra la mujer en las sociedades que todavía presentan fuertes rasgos patriarcales;por eso, con mucha frecuencia, las mujeres no suelen ser prostitutas, sino mujeres prostituidas, porque por debajo de esta situación siempre hay algún hombre.

Por su parte, la violencia doméstica necesita ser diferenciada de cualquier otro tipo de violencia, pues en ella la víctima no puede enfrentarse al agresor, ni le resulta fácil pedir ayuda ni mucho menos escapar de la escena de violencia al constatar su situación de inferioridad. La violencia doméstica es fruto de una sociedad patriarcal y androcéntrica, mandada y controlada por el hombre, que establece su propio patrón de comportamiento.

Se trata de una violencia que no es individual en su origen, sino que es una violencia estructural, que parte de una serie de normas socioculturales que, aunque no dicen “arremete contra la mujer”, sí justifican, minimizan, amparan o quitan importancia y trascendencia a este tipo de conductas y, por tanto, colaboran en cierto modo a mantener ese orden androcéntrico como estructura social. La sociedad, con sus normas, va así matizando y modificando la agresión hasta normalizarla y aceptarla, e incluso llega a hacerse rentable para el agresor.

Pero esta estructura de la violencia doméstica hace pensar también, y necesariamente, en comportamientos de género. Existe una serie de ideas consolidadas que son responsables de las causas que conlleva la violencia; un claro ejemplo es el hecho de que, en general, las mujeres, por una expectativa de género, se sienten responsables de las buenas relaciones personales que llevan a cabo; por ello, están constantemente aliviando tensiones, adoptando posturas de sacrificio y abnegación, si eso es necesario para tutelar esas relaciones personales. Pero esta función de aliviar tensiones que se atribuyen ellas mismas como rol es uno de los principales problemas, porque no siempre las alivian a su favor, sino a veces en contra de sus propios intereses. Por otro lado, en las costumbres, en los usos del lenguaje y en la práctica cotidiana existen algunos mecanismos que se dan en la agresión doméstica y no en otro tipo de agresiones. Por ejemplo, lo primero que se hace es clandestinizar, ocultar el maltrato y la injuria, convirtiéndolos en algo cotidiano que forma parte de una relación normal. Evidentemente, este ocultamiento no significa en realidad otra cosa que el sentimiento de encontrarse sin autoridad para defenderse ante el otro y mostrarle su derecho a disentir. Con frecuencia, también se puede observar que detrás de los comportamientos violentos hay en la pareja un discurso que trata de explicar los de cada uno de ellos en base a los roles sexuales y sociales, y no a su condición como sujetos individuales.

El proceso de la violencia doméstica actúa a modo de trampa. En ella, la mujer se siente atrapada y es incapaz de dar una respuesta una vez que el agresor ha ido destruyendo paulatinamente su autoestima y confianza a través de la crítica constante, la descalificación, la vejación, el menosprecio y el insulto. La víctima sufre una especie de “muerte psíquica” que, unida al temor a la reacción del agresor y a la dependencia económica, configuran un círculo del que no puede salir.

Tampoco se puede olvidar que este tipo de violencia implica a todo el entorno familiar, lleno ciertamente de contradicciones y centro de grandes conflictos entre mujeres y hombre adultos, pero también el lugar a donde acudimos para buscar apoyo y cariño. Es, además, un entorno rodeado de secretos: con frecuencia cuesta trabajo hablar de cómo son las relaciones familiares incluso en familias aparentemente normales. Por eso, la mujer maltratada, al igual que el niño o el anciano maltratados, suele encontrarse como si estuviera en un campo de concentración o en una cárcel, amarrada por la coacción física, psicológica,económica y social.

El círculo se cierra aún más cuando la mujer maltratada tampoco ve salida a su problema, porque, con mucha frecuencia, teme no encontrar fuera del ámbito familiar la comprensión necesaria. A lo largo de este proceso de victimización, muchas mujeres han sido secuestradas dentro de sus propios hogares, de manera que han perdido sus amistades e incluso el contacto con sus familias, por lo que la decisión de irse se hace aún más difícil por la falta de apoyos exteriores. Y para agravar aún más esta situación, suele darse un intento de culpabilización de la víctima. Esto es algo que saben muy bien las mujeres violadas, que, en demasiadas ocasiones, se ven cuestionadas e incluso culpadas cuando denuncian el delito. Lo mismo ocurre también con las mujeres maltratadas: demasiadas veces han tenido que escuchar en boca de familiares, amigos o cualesquiera que intervengan en estos sucesos aquello de “¿tú qué haces para provocar a tu compañero?”.

El tema de la violencia de género no es, pues, un problema que atañe única y exclusivamente a la mujer, no es un problema de ámbito privado, sino que tiene una dimensión social, ya que, en definitiva, el ser humano es un ser de encuentro, que crece conforme va ampliando sus relaciones al encontrarse con las realidades que le rodean.

Encuentro en todos los ámbitos de las relaciones personales y sociales, en la familia y en la enseñanza, porque todos son lugares de información, de formación y de búsqueda del encuentro con el otro, porque el problema de fondo de la violencia de género es una cuestión de educación de la sociedad, y ésta es una tarea larga y difícil, sobre todo porque habría que realizar también una tarea de inculturación, lo que hace necesario un planteamiento ético lo más universal posible.

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Notas

[1] La Organización Internacional para las Migraciones estima en 500.000 el número de mujeres víctimas del tráfico de seres humanos sólo en Europa. De ellas, alrededor de 300.000 provienen de los Balcanes.

Extr de

  • Esperanza Bautista,10 palabras claves sobre la violencia de género, Paginas 11 – 21, Editorial Verbo Divino, Avenida de Pamplona, 41,31200 Estella (Navarra), España

Las dominicanas que se convirtieron en símbolo global contra la violencia de género


Las dominicanas que se convirtieron en símbolo global contra la violencia de género

Dominicanos evangélicos contra la violencia a la mujer


Dominicanos evangélicos contra la violencia a la mujer

La violencia familiar avanza de una manera alarmante. La destrucción de los valores familiares va en aumento totalmente alarmante. Basta nomás con leer las estadísticas para tener un panorama de esta triste realidad social.

Divorcios, abortos, homosexualidad, violencia de genero, entre otros males cotidianos, van en aumento y cada día se convierten mas y mas en parte de nuestro diario vivir, hasta el punto en que muchos ya son insensibles a estas realidades. Pero,gracias a Dios, todavía el Señor esta interesado en la familia. Dios no ha abandonado completamente a las familias a su triste destino; Dios todavía sigue llamando a las familias a que le conozcan y le adoren, a pesar de que  en su propio ‘libre albedrío’, las familias le han dado la espalda a Dios.

Todavía hay quienes sienten en sus corazones, de parte de Dios, un sincero interés por remediar estos males. La familia,no es un invento social del hombre. Dios creó la familia, Dios creó al primer hombre (ADAN) y a la primer mujer (EVA). Y es nuestra responsabilidad como iglesia de Jesucristo, proclamar el evangelio para la redención de las familias.

Leemos este articulo y nos alegramos de ver como en República Dominicana, a pesar de la situación económica adversa que se enfrenta actualmente, a pesar de las limitaciones de la mayoría de las iglesias cristianas que muchísimas veces no logran contar con los recursos necesarios para predicar eficazmente el mensaje de Jesús a las familias, hay un grupo de pastores que están ofreciendo toda la ayuda necesaria para procurar solucionar este flagelo humano, el de la violencia de género.

Creo que por momentos uno se siente impotente ante la magnitud del problema,por su complejidad social y cultural. Pero Jesucristo sigue siendo la esperanza para las familias, y para la violencia familiar, trayendo paz a aquellos que se entregan de corazón a El y le adoran sinceramente.

Dios te bendiga y te dejo con el articulo.Gracias por leer el articulo.D.T.B. Paulo


Los casos de violencia doméstica han llegado a cifras alarmantes en República dominicana, con 100 mujeres asesinadas en los primeros seis meses de 2012. El Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (CODUE) ha manifestado ante esta situación que la violencia se ha convertido en una auténtica epidemia, evidenciada en los casos frecuentes de feminicidios y abusos domésticos.

La organización religiosa ha convocado para agosto una  consulta nacional sobre la violencia, con el objetivo de abordar las causas y características del problema, incluyendo su abordaje terapéutico, alternativo, pastoral y teológico.

El presidente del CODUE, reverendo Fidel Lorenzo Merán, señaló que la violencia contra las mujeres no es un problema privado sino político y social. “Como cristianos estamos obligados a tomar acciones para cambiar este estado contrario a la voluntad y al propósito de Dios que es que reine el respeto y que haya paz”, dijo.

DESCOMPOSICIÓN SOCIAL
Merán advirtió que  el estado actual de violencia es el resultado de una grave descomposición social que afecta a todos los sectores de la vida nacional, , en una sociedad dominada por el egoísmo y la avaricia,donde la piedad, la humildad y el apoyo a los más débiles parecen acciones ridículas y fuera de lugar.

“La violencia contra las mujeres no solo es una violación de los derechos humanos, sino un atentado contra la dignidad de la persona, establecida por nuestro Señor en la creación. Toda agresión a una mujer es una declaración de beligerancia contra Dios. Por lo tanto como cristianos no podemos quedarnos en silencio”, reiteró.

LAS CIFRAS
El pastor Merán afirmó que la violencia se promueve de manera directa por medio de los espacios televisivos, el internet y el cine.

También citó cifras que retratan el problema: en el país se cometieron mil 77 feminicidios entre los años 2000 y 2006, según estadísticas del Ministerio de la Mujer. Una de cada tres mujeres entre 15 y 49 años ha experimentado alguna forma de violencia emocional, física o sexual, de acuerdo a ENDESA 2007.

Igualmente, señaló que los feminicidios cometidos del 2005 al 2009 alcanzan la cifra de 867.

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Protestante Digital, 23 de julio, 2012 cit en http://www.universocristiano.com/noticias.phtml?id=23437