Cómo negar lo obvio en la Matanza de Orlando


Cómo negar lo obvio en la Matanza de Orlando

El reciente tiroteos en el club Pulse de Orlando ya ha empezado a quedar sepultado en el ciclo informativo. La conmoción por el peor tiroteo masivo en la historia de Estados Unidos –en el que murieron 49 personas y resultaron heridas aún más, 53– ha  quedado empañada por varios elementos de distracción. Así, ha habido esta vez un debate sobre las leyes de armas de Estados Unidos y especulaciones sobre la sexualidad del atacante.

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Activistas pro-gay culpan a cristianos por ataque en Orlando


Activistas pro-gay culpan a cristianos por ataque en Orlando

Dos abogados de la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) están culpando a los cristianos por el tiroteo más fatal de la historia moderna de Estados Unidos, según la Agencia Católica de Noticias.

En Twitter, Chase Strangio, abogado de la ACLU, habló en contra de los que ofrecieron sus “pensamientos y oraciones” por las víctimas y sus familias.

“Usted sabe lo que es asqueroso, sus pensamientos y oraciones y la islamofobia después de crear este clima anti-homosexual”, escribió Strangio.

Strangio también reprendió “a la derecha cristiana” por promover leyes que garantizan los derechos de conciencia de los individuos y que los dueños de negocios estén intactos.

“La derecha cristiana ha introducido 200 proyectos de ley anti-LGBT en los últimos seis meses y las personas culpan al Islam por esto. No”, dijo.

Eunice Rho, otro miembro de la ACLU, reprendió a los legisladores republicanos que mostraron solidaridad y ofrecían oraciones después del tiroteo.

Rho dijo que los legisladores estaban detrás de la “Ley de Defensa de la Primera Enmienda extrema, anti-LGBT”.

Sin embargo, los líderes cristianos de todo el país rechazaron los argumentos de los abogados de la ACLU. Dicen que a pesar de que no apoyan el matrimonio homosexual, abogan por la dignidad de cada vida humana, independientemente de la orientación sexual de una persona.

Ellos dicen que es incorrecto afirmar que las políticas que impiden que una persona tenga que participar en una boda del mismo sexo estén conectados de alguna manera con el ataque terrorista en Orlando.

“Los cristianos que se han resistido a la redefinición del matrimonio, y que ahora quieren ser libres para vivir lo que su fe les enseña sobre la verdad del matrimonio, no odiar a nadie, y la legislación que protege su libertad no es ‘anti-LGBT’, excepto en las mentes de los encargados de hacer cumplir la conformidad con intolerancia de coacción”, dijo Mateo Franck, director de William E. and Carol G. Simon Center on Religion and the Constitution at the Witherspoon Institute, a la Agencia Católica de Noticias.

“La peor respuesta a una atrocidad es tomarlo como la validación de las propias pasiones políticas y una excusa para demonizar a uno de los oponentes políticos”, dijo Franck. “Por desgracia, esto es lo que algunos representantes de la Unión Americana por las Libertades Civiles han hecho”.

“A raíz del horror en Orlando, la tentación de demonizar a cualquier grupo que toma argumentos de sus derechos en la plaza pública – LGBT, cristianos o musulmanes – debe ser firmemente resistido por todas las personas de la decencia”, continuó Franck.

“Existe la intolerancia anti-LGBT y es erróneo. Esto debe ser condenado”, comentó Ryan T. Anderson, de Heritage Foundation y co-autor del libro titulado ¿Qué es el matrimonio?, a la Agencia Católica de Noticias. “No obstante, apoyar el matrimonio entre un hombre y una mujer y el baño para hombre y mujer, no son ejemplos de ello”.

Tony Perkins, presidente de Family Research Council, twitteo: “Nosotros lloramos con los que lloran a sus seres queridos ya que también lloramos con los que lloran la presencia de semejante maldad en el mundo. Romanos 12:15”.

“Al igual que todos los estadounidenses, estoy profundamente entristecido e indignado por el asesinato de 49 estadounidenses en Orlando”, escribió Jerry Boykin, vicepresidente ejecutivo de Family Research Council, en un mensaje en Facebook.

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http://www.cbn.com/mundocristiano/Estados-Unidos/2016/June/Activistas-pro-gay-culpan-a-cristianos-por-ataque-en-Orlando/

David Cameron anima a los ingleses a estar unidos «en sus valores cristianos» frente al terrorismo


David Cameron anima a los ingleses a estar unidos «en sus valores cristianos» frente al terrorismo

ReL, 29 marzo 2016

David Cameron en su mensaje de Semana Santa de 2016 pide unidad en los valores cristianos. El primer ministro británico David Cameron ha reivindicado los valores cristianos de Gran Bretaña en su discurso de Semana Santa, algo que ya hizo en su alocución de Navidad.

¿Puede la ciencia resolver el problema del terrorismo?


¿Puede la ciencia resolver el problema del terrorismo?

Autor: John Horgan

Fecha: 17 de noviembre de 2015

Fuente: Scientific American en español

A raíz de los ataques terroristas en París el 13 de noviembre, Scientific American republicó un artículo,  publicado originalmente tras el ataque al periódico parisino Charlie Hebdo en enero de 2015. Se trata de una entrevista con John Horgan, psicólogo irlandés experto en terrorismo.

Por más de 15 años,John Horgan ha llevado a cabo exhaustivas entrevistas con ex-militantes para entender por qué se acercan y alejan del terrorismo. Él ha escrito media docena de libros sobre terrorismo y ha sido consultor del FBI y otras agencias. Nació en Irlanda y recibió su doctorado en University College, Cork, y ahora dirige el Centro para Estudios del Terrorismo y la Seguridad de la Universidad de Massachusetts, en Lowell.

Horgan define el terrorismo como el usar –o amenazar con usar– la violencia por parte de  grupos que no son parte de un estado para alcanzar un cambio político y, al hacerlo, hacer de civiles no combatientes las víctimas inmediatas.

Segun Horgan afirma, terrorismo es una etiqueta que está típicamente reservada para los grupos no vinculados al estado.Aunque también muchos de los gobiernos se involucran en algún momento en actos que son similares en diseño y resultados a lo que llamamos “terrorismo”. Pero cuando los estados lo hacen, y cuando se sabe que lo hacen, el lenguaje cambia a algo como “terrorismo patrocinado por el estado” o incluso “crimen de guerra”.La psicología tiene un tremendo potencial tanto para moldear nuestro entendimiento del terrorismo como para ofrecernos la base para un marco de trabajo estratégico que permita reducir el comportamiento terrorista. Otras disciplinas se apropian cada vez más de conceptos psicológicos, notablemente ciencias políticas, sin ningún sentido claro de sus contextos o limitaciones.

Ante la pregunta ¿Tendremos alguna vez un mundo libre de terrorismo?
Horgan respondió que no, hasta que se vuelva una estrategia inefectiva y poco atractiva para los grupos que capitalizan la predictibilidad de las respuestas a sus acciones. Para que eso ocurra, se depende en parte de los estados, quienes sostendrían una alta posición moral, formulando respuestas basadas en evidencia, y no cayendo en las trampas que grupos terroristas arman tan inteligentemente para los estados. En otras palabras: no.

Horgan también explica que el contenido islámico es usado tanto como defensa de la actividad, como para la justificación para ciertas tácticas. Sin embargo, esto no es único del islam. Horgan cree que cada “creyente” puede ampararse en preceptos religiosos, especialmente si están luchando para justificarse a sí mismos (así como también a otros) con lo que se han involucrado. Es la participación no crítica en ideología religiosa lo que es comúnmente asociado con el terrorismo. Los convertidos son especialmente vulnerables a los reclutadores terroristas. Ellos no tienen un conocimiento religioso profundo que pudiera fácilmente refutar muchos de los argumentos cliché usados por los reclutadores en un intento por inspirar a los musulmanes jóvenes a movilizarse, en primer lugar.

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11-S. El día que cambió el mundo


11-S. El día que cambió el mundo

Autor: JOSÉ JAVIER ESPARZA

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaron el mapa del mundo: ese día terminaba realmente el siglo XX, aquel que comenzó en los campos de batalla de 1914, y comenzaba un tiempo nuevo en el que el yihadismo iba a estar en el centro del desequilibrio mundial.

14 de septiembre de 2015

Nadie daba crédito: dos aviones comerciales se habían estrellado sucesivamente contra las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York. Era, sí, el mismo escenario del atentado de 1993, pero esta vez en una dimensión aterradoramente superior. Aquel 11 de septiembre de 2001 todo el mundo –literalmente- vio en directo por televisión cómo los aviones chocaban contra el edificio, cómo la torre se incendiaba, cómo el orgulloso monumento del capitalismo internacional se desplomaba en una escena apocalíptica. Al mismo tiempo, otro avión comercial se precipitaba sobre el edificio del Pentágono. Luego se supo que aún hubo un cuarto avión destinado a impactar contra el Capitolio en Washington, pero la resistencia de los pasajeros lo empujó a campo abierto. En total, 2.973 muertos, más de 6.000 heridos y 24 desaparecidos, sin contar los terroristas suicidas. Las autoridades norteamericanas apuntaron inmediatamente a Al Qaeda. Habían sido ellos: la red islamista creada para combatir a la invasión soviética de Afganistán (y que contó inicialmente, por cierto, con abundante dinero americano). Los autores materiales de los atentados fueron diecinueve: quince saudíes, dos de los Emiratos, un libanés y un egipcio. Tirando del hilo apareció una densa red de ciudadanos norteamericanos de origen musulmán, incluidos los imanes de algunas mezquitas, que de un modo u otro habían estado en la conspiración. Y ese día cambió el mundo.

No hubo “final de la Historia”

Desde el hundimiento del bloque soviético en 1989, rubricado por la descomposición interior de la URSS dos años después, los Estados Unidos se habían convertido en la única potencia hegemónica: la superpotencia por antonomasia. El discurso del triunfo de la “democracia americana” llenaba no sólo la conciencia de la opinión pública estadounidense, sino también la de sus aliados europeos. No había enemigo que pudiera hacerle frente. Después de casi medio siglo de política de bloques, parecía evidente que ahora todo el planeta caminaría, tarde o temprano, hacia la unificación global en torno a los principios de la democracia liberal de mercado. La propia globalización de la economía, alentada desde el poder a partir de 1990, empujaba hacia tal destino. Eso era lo que había tras la etiqueta del “Fin de la Historia”. Y guardaba perfecta coherencia con el tradicional sueño americano de un Único Mundo (One World) donde los Estados Unidos actuarían como “nación moral” siempre dispuesta a guiar a la humanidad. Por eso los atentados del 11-S alcanzaron una repercusión superior incluso a la de su propio daño físico: eran una súbita transformación del paisaje.

El propósito de los líderes de Al Qaeda, el saudí Bin Laden y el egipcio Al-Zawahirí, era evidente: generar en las sociedades occidentales una conmoción sin retorno.Era previsible que esa conmoción produjera una reacción militar occidental contra el mundo musulmán. Y entonces éste –siempre según la teoría yihadista– entendería finalmente que debía unirse contra el “cruzado” y el “judío” frente a la agresión colonialista, la profanación de la tierra santa del Profeta, la opresión del pueblo palestino, etc. Llegaría así el momento de que la “vanguardia pionera” del islamismo, es decir, Al Qaeda, tomara el mando de la umma, la comunidad de los creyentes. Ellos habían derrotado al imperio soviético años atrás. Ellos habían asestado ahora a la potencia hegemónica del mundo el golpe más fuerte jamás sufrido por los Estados Unidos en su territorio. Ellos, Al Qaeda, eran la espada de Alá. Esa era la estrategia.

Pocas semanas después de los atentados del 11-S, Al-Zawahirí publicaba su libro Los caballeros a la sombra del estandarte del profeta. El libro era importante porque enunciaba todos los tópicos del yihadismo islamista y, por así decirlo, actuó como ”catón” para nuevos militantes. Y, además, Al-Zawahirí planteaba una tesis nueva y altamente significativa, a saber: que Europa era el campo de batalla inminente para la yihad. ¿Por qué? Porque Europa había dejado de ser tierra de creyentes, es decir, tierra de la “Gente del Libro”. Eso, en términos estrictamente coránicos, significa que a los europeos ya no se les puede aplicar la dawa, la predicación, el llamamiento a la conversión, sino que ahora el arma había de ser indiscutiblemente la yihad, la guerra, y atacar y matar hasta forzar la sumisión, como los “caballeros del profeta” Mahoma hicieron con las tribus idólatras del desierto árabe. Ese día, en efecto, había cambiado el mundo.

Europa: en la conmoción subsiguiente a los atentados, Europa descubrió súbitamente que tenía al enemigo en casa. Por todas partes aparecieron informaciones sobre mezquitas en las que se predicaba el odio y sobre ulemas que actuaban como portavoces de la yihad. En Europa había ya decenas de millones de musulmanes, fruto de la emigración sostenida desde treinta años atrás, en cuyo interior germinaba la semilla del islamismo. Una integración social y cultural deficiente o nula, una aplicación extremadamente indulgente de modelos “multiculturales”, una creciente exasperación identitaria en los inmigrantes de segunda o tercera generación, frecuentemente inadaptados o simplemente absorbidos por el sueño de un islam originario… Todo eso había ido construyendo un magma que alcanzaba dimensiones volcánicas en ciudades como Londres, donde el número de predicadores yihadistas era escandaloso. Todos los países europeos miraron en su interior. Lo que vieron les aterró.

Habla la guerra: Afganistán en Irak

La respuesta norteamericana a la provocación yihadista fue proclamar la War on Terror, la “guerra contra el terrorismo”, una iniciativa de muy amplio espectro secundada por la gran mayoría de los aliados de los Estados Unidos y que incluía medidas de diverso género (policial, financiero, político, etc.). La más contundente de las medidas fue la invasión de Afganistán en octubre de 2001. Estados Unidos exigió al régimen talibán que entregara a Bin Laden, allí refugiado. El caudillo afgano, el mulá Omar, dijo que no. Entonces empezó la guerra. Objetivos: uno, desarticular la base central de Al Qaeda atrapando o matando a sus líderes y desmantelando sus campos de entrenamiento; dos, derribar al régimen talibán.

El ataque contra Afganistán deshizo, ciertamente, la mayor parte de la estructura física de Al Qaeda en Afganistán, pero entonces el yihadismo abrió una segunda fase: la de la proliferación espontánea. Todo el “trabajo de red” de los años anteriores se tradujo en la aparición de un sinfín de grupos en todo el mundo musulmán que eran parte de Al Qaeda o decían serlo. En diciembre de 2001, un yihadista de nacionalidad británica, Richard Reid, es neutralizado cuando intentaba hacer explotar un avión que cubría el trayecto Paris-Miami. Reid era un delincuente de poca monta captado en la cárcel y entrenado después en Pakistán. En febrero de 2002, un grupo terrorista de Cachemira, Jaish-e-Mohammed (“el ejército de Mahoma”), secuestra en Pakistán al periodista del Wall Street Journal Daniel Pearl, judío norteamericano, y le obliga a grabar un vídeo de autoacusación; ante la misma videocámara, Pearl es decapitado. En octubre de 2002 aparece en Indonesia una Jemaa Islamiya que coloca dos bombas en Bali y mata a 202 personas hiriendo a otras 209. En Argelia, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate mata a lo largo de 2002 a más de 1.500 personas en atentados de todo tipo: contra sinagogas, contra turistas, contra niños que juegan al fútbol, contra comunidades campesinas… Y así sucesivamente. La lista de crímenes es abrumadora. Lo esencial es esto: Al Qaeda empezó a funcionar como una red cuyo centro estaba en todas partes y en ninguna. La guerra se hacía universal.

El siguiente paso en la guerra norteamericana contra el terrorismo fue la invasión de Irak en marzo de 2003. ¿Por qué Irak? Desde al menos dos años atrás –y antes, por tanto, de los atentados del 11-Su–, los Estados Unidos contemplaban la opción de establecer un punto fijo de control territorial en Oriente Medio que les sirviera como pivote geoestratégico para controlar una región vital. ¿Controlar qué exactamente? En primer lugar, los movimientos de Al-Qaeda. Además, la ofensiva islamista en Palestina: la segunda Intifada había empezado en septiembre de 2000 con claro protagonismo de Hamas. Añádase el flujo de petróleo y, naturalmente, sus precios. Más la inquietante actividad de Irán, cuyo apoyo a Hezbolá era decisivo. Se trataba de sentar una base física que permitiera cubrir todos esos objetivos, y esto estaba ya decidido al menos desde antes del verano de 2001. Esto es lo que se infiere de las revelaciones del ex secretario del Tesoro Paul O’Neill y coincide con lo que dijo en el mismo sentido el general Wesley Clark, ex comandante de las fuerzas de la OTAN durante la guerra de Kosovo. ¿Y eso no podían hacerlo Arabia Saudí y Turquía? Ya no. Las conexiones saudíes de los terroristas eran demasiado intensas y, en cuanto a Turquía, desde unos años atrás estaba asistiendo al crecimiento del “islamismo moderno” encabezado por Erdogan. Además, era también cuestión de prestigio: había que demostrar a todo el mundo que los Estados Unidos eran, en efecto, la única potencia hegemónica. E Irak, país muy debilitado, pero con unas fronteras muy apetecibles e importantes recursos petrolíferos, era el objetivo idóneo.

Desde un punto de vista bélico convencional, las guerras de Afganistán e Irak fueron rápidas y relativamente simples: se trataba de derrotar a ejércitos técnicamente inferiores, controlar el territorio, desmantelar las estructuras de poder y poner en su lugar a gobiernos nuevos que se esperaba poder formar con la propia oposición local. En Afganistán las operaciones militares comienzan el 7 de octubre y sólo dos meses después se ocupa Kandahar, la capital talibán. En Irak ocurriría algo semejante. Los combates propiamente dichos duraron poco. La ofensiva comenzó el 20 de marzo de 2003 y Bagdad cayó el 12 de abril.El 1 de mayo, el presidente George W. Bush declaraba formalmente el fin de los combates. La idea era nombrar ahora una “administración provisional” hasta que se pudiera reclutar un nuevo gobierno de entre las facciones de oposición al régimen de Sadam Hussein. Pero todo salió mal.

La expansión universal de Al Qaeda

Todo salió mal porque enseguida surgieron por todas partes, tanto en Afganistán como en Irak, grupos armados de mayor o menor tamaño que hacían la guerra por su cuenta, lo mismo para atacar a los americanos que para saquear las ciudades arruinadas o incluso para pelearse entre sí. La gran mayoría de esos grupos imprimía a sus acciones el sello de Al Qaeda. Y frecuentemente, por cierto, sólo el sello, porque a estas alturas Al Qaeda ya se había convertido sobre todo en un nombre que mil y un grupos yihadistas en todo el mundo esgrimían a modo de contraseña. Algunos formaban parte del entramado de Bin Laden. Otros se envolvían en esa bandera con el objetivo de ser adoptados por el gran referente de la yihad del siglo XXI.

Contar mil y un grupos tal vez sea quedarse corto. En 2002 aparece en Nigeria la milicia fundamentalista Boko Haram, fundada por el alfaquí salafista Mohammed Yusuf, que reivindica la doctrina de Ibn Taymiyya. En mayo de 2003, catorce yihadistas suicidas del Grupo Islámico Combatiente Marroquí, que es uno de los brazos del salafismo en el Magreb, atacan la Casa de España, el hotel Farah y diversos centros judíos en Casablanca y matan a 33 personas (además, doce de los suicidas murieron). Noviembre de ese mismo año es un mes negro, en Estambul, Turquía: dos coches bomba simultáneos contra sendas sinagogas (23 muertos y 277 heridos), dos atentados con bomba frente al consulado inglés y el banco HSBC (27 muertos, entre ellos el cónsul británico, y 450 heridos), dos bombas más en Ankara… Los atentados fueron reivindicados por el Frente de los Combatientes Islámicos del Gran Oriente y las Brigadas de Abu Hafs al-Masri. ¿Quiénes son? La policía turca aseguró que se trataba de Al Qaeda.

¿Todo eso era Al Qaeda?Sí. En el bien entendido de que Al Qaeda ya no era propiamente una organización, sino un aglomerado horizontal de células islamistas repartidas por todo el mundo que sacaban provecho de las redes de financiación, entrenamiento, logística, municionamiento y, por supuesto, ideología tendidas por Bin Laden y Al-Zahawirí desde Afganistán. Este último aspecto, el de la ideología, es absolutamente básico para entender todo lo que había pasado por el momento y lo que aún había de pasar. Porque sosteniendo al despliegue de muerte de Al Qaeda y sus mil y un rostros, había y aún habría en el futuro inmediato una interpretación literalista del Corán que bebía en las mismas fuentes de Mahoma, de las escuelas de jurisprudencia, de la yihad tal y como fue definida en el siglo VII, de los Ibn Taymiyya y compañía, y de los teóricos “revivalistas” del islamismo desde Maududi hasta Qutb, y todo ese magma hecho de pasado que no pasa, de Historia congelada, de identidad exasperada por la derrota, de “caballeros a la sombra del profeta”, todo eso era envuelto por las voces de mil imanes, desde sus mezquitas, en una promesa suicida de redención que a su vez era escuchada con fascinación por cientos de miles de musulmanes en todo el mundo. Y de modo muy particular, en Europa.

¿Podemos seguir? El 11 de marzo de 2004, Madrid. El 7 de julio de 2005, Londres. Cuando alguien tuvo la ocurrencia de animar a la oposición “democrática” en los países musulmanes y estimular la llamada “primavera árabe”, el balance fue un recrudecimiento del islamismo. Y cuando alguien quiso repetir en Siria el intento de Irak, el resultado fue una guerra civil a cuyo calor creció el monstruo del Estado Islámico, nacido directamente de una escisión de Al Qaeda.

Todo lo que hoy estamos viviendo empezó entonces, aquel 11 de septiembre de 2001. Los atentados de las Torres Gemelas, el gran golpe de Al Qaeda, globalizaron el terror, propagaron el terrorismo yihadista por todo el mundo y dieron la señal de partida para una guerra que aún continúa.

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http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5174

Forbes Israel: «Hamás, 2° grupo terrorista más rico del mundo»


Forbes Israel: «Hamás, 2° grupo terrorista más rico del mundo»

hamas

Hamás es una de las dos organizaciones terroristas más ricas del mundo, sólo superada por el grupo Estado Islámico, según informó la revista Forbes Israel.

Para financiar sus operaciones, los grupos terroristas no sólo utilizan en algún momento métodos similares a los utilizados por las organizaciones delictivas, como el tráfico de drogas, robos y extorsiones, sino que también recaudan dinero a través de organizaciones benéficas, donaciones y, en algunos casos, organismos gubernamentales, según el informe. Una organización terrorista, como cualquier otra organización grande, tiene un modelo de negocio para financiar sus actividades: de mantenimiento, salarios y capacitación, para la adquisición de armas y vehículos.

La organización terrorista más rica hoy – y en la historia – es el Estado Islámico. Según Forbes, el grupo islámico, también conocido por las siglas ISIS o ISIL, tiene una facturación anual de 2 mil millones de dólares. Hamás viene en segundo lugar, con un ingreso anual de mil millones de dólares.

En cuanto al resto de la lista: las FARC de Colombia ocupa el tercer lugar con 600 millones de dólares; Hezbolá es el cuarto con 500 millones dólares; quinto es el Talibán con 400 millones de dólares; Al-Qaida y sus afiliados con 150 millones; Lashkar e-Taiba de Pakistán, con 100 millones; Al-Shabaab de Somalia con 100 millones; IRA Auténtico con 50 millones; y el último de los diez es Boko Haram de Nigeria, con 25 millones dólares de ingresos anuales.

El Tesoro de Estados Unidos estima que ISIS gana 1 millón de dólares al día de la venta de petróleo crudo de los campos que capturó en Siria e Irak. Según Forbes Israel, sin embargo, la cifra se acerca a 3 millones de dólares al día. El flujo de dinero permite a ISIS para ampliar sus operaciones en el Medio Oriente, reclutar a combatientes extranjeros y capacitarlos, entre otras cosas.

El informe describe la toma de Gaza por Hamás en 2007 como el momento desde el que entró a “las grandes ligas”. Hoy en día, Hamás ahora ya no sólo depende de las donaciones, sino que es capaz de cobrar impuestos a los civiles y las empresas. Pero eso no es todo. El informe dice que Hamás también recibe toda la ayuda internacional a Gaza donada por países extranjeros, árabes y otros.

Fuentes: Aurora – Jai Uruguay

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Copiado de

http://www.hebreos.net/forbes-israel-hamas-2-grupo-terrorista-mas-rico-del-mundo/