El silencio en la entrevista de consejería


El silencio en la entrevista de consejería

Por Paulo Arieu

Muy importante y útil es utilizar el silencio como técnica en la entrevista. El silencio es parte importante de la terapia. El silencio comunica. El silencio da espacio al otro, le deja pensar y analizar lo que se ha hablado, permite al demandante de terapia encajar, ingerir y procesar la información que se ha vertido. El silencio es una forma de comunicación, y por tanto informativa. El entrevistador debe saber manejar también este tipo de información. Cuando el entrevistador primerizo se sienta incómodo en los momentos de silencio, lo que puede hacer es tratar de relajarse y utilizar sus habilidades de escucha activa. La respuesta que tengamos ante el silencio no sólo va a ser verbal, sino también corporal; es decir, el entrevistador también ha de estar pendiente de su lenguaje corporal y que éste no descalifique con impaciencia “no verbal” una aceptación “verbal” del silencio que se está produciendo en la entrevista. Los silencios favorecen la reflexión y elaboración del entrevistado. El tiempo que tarde en contestar el entrevistador una vez que el entrevistado ha intervenido) favorece la expresión verbal del entrevistado. Estos silencios “instrumentales” favorecen la escucha y el discurso. En terapia es importante saber expresarte y transmitir a través del lenguaje, pero es igual de importante saber cuándo callarse (Pedrianes, 01-21-2015).

En el medio de una conversación, el silencio puede tener significar distintas cosas: puede ser una pausa reflexiva, puede ser realizada para acentuar lo que se había expresado con anterioridad, o simplemente una ausencia de sonido que no posee ninguna connotación específica. Pero sin dudas, el silencio es una importante forma de comunicación que el entrevistador debe haber aprendido a manejar muy bien y debe saber evitar toda angustia que le pueda producir el silencio. Suele utilizare como “una técnica de presión” (Entrevista102, 30-11-2010). Aunque quizás no siempre se tenga o se conozca la respuesta correcta. Por lo tanto deberá evitar esa necesidad de demostrar que siempre se tiene la respuesta correcta en todas las ocasiones, o que siempre hay algo que se pueda decir (cuando uno no sabe qué decir lo mejor es no decir nada). Algunos entrevistadores tratan de llenar los silencios. Sin embargo, éstos son útiles para que la persona ponga en orden sus pensamientos y brindan al entrevistado la oportunidad de hablar con libertad.

Es posible que un entrevistador primerizo se sienta tenso ante el silencio del cliente; pero debe tratar de relajarse y tratar de escuchar al cliente y comprenderlo. Pero si es el entrevistado el que evidencia su incomodidad ante su propio silencio, puede indicársele que no piense mucho en sus respuestas sino que comparta lo primero que surja en su mente. Quizás pueda ser útil reconocer que hay veces que resulta complicado tratar ciertos temas. El entrevistador debe recordar que la respuesta obtenida ante el silencio no sólo va a ser verbal, sino también corporal (gestos suspiros, sonrisas, miradas, llantos, posturas corporales). El entrevistador también debe procurar no delatar su impaciencia ya que los silencios favorecen la reflexión y elaboración del entrevistado y favorecen la escucha y el discurso (Perpiñá, 2012, pp. 90-91, 187). El silencio en la entrevista, puede depender de diferentes factores. Los más fundamentales son los estilos de personalidad del entrevistado y del entrevistador. Según Allidiére (pp. 26-27), algunos tipos de silencio son:  

a) Silencio confusional: Es una respuesta ante una situación desestructurada o poco pautada, una conducta de bloqueo emocional ante la ambivalencia del estímulo.

b) Silencio persecutorio: Suele producirse ante intervenciones del entrevistador que son sentidas como agresivas.

c) Silencio depresivo: Implica una aceptación reflexiva de las conclusiones.

Referencias

Allidiére, N. (1995). La entrevista y los estilos psicológicos en la empresa. Editado por

Allidière N., 2° ed. Bs. As (Primera parte).

Entrevista102. (30-11-2010). Técnicas para Manejar la entrevista. Obtenido el 01-26-2018

de http://entrevista102.blogspot.com/2010/11/tecnicas-para-manejar-la-entrevista.html

Pedrianes, O. (01-21-2015). El silencio en terapia. Obtenido de 

https://oswaldopazpedrianes.jimdo.com/2015/01/21/el-silencio-en-terapia/

Perpiñá, C. (2012). Manual de la entrevista psicológica. Saber escuchar, saber preguntar.

            Ediciones Pirámide.

El Silencio de Dios


El Silencio de Dios

Estoy seguro que cuando hablo de la ausencia de Dios entienden que no estoy hablando de una verdadera ausencia sino de un sentido de ausencia. Dios está siempre presente con nosotros … pero hay momentos cuando El nos despoja de su presencia en nuestra conciencia. Richard Foster

Quien no ha sentido un escalofrío al leer o escuchar la oración desgarradora de Jesús en la cruz: “Padre, porque me has abandonado”. Posiblemente, también han existido momentos de nuestra vida en los cuales tuvimos una fuerte identificación con aquellas palabras. A veces, cargadas de reproche, otras de impotencia y, aun, de perplejidad. Foster nos sugiere centrarnos en el por qué (Oracion, p.23), es decir la razín, los motivos, por los cuales Dios permite esa sensación insoportable de lejanía y abandono. Muchos personajes bíblicos vivieron esta experiencia a la que convenientemente se la denomina el “desierto”, aprovechando una rica imagen bíblica.

San Juan de la Cruz avanzó aun más en la descripción y llamó “la oscura noche del alma” a ese tiempo fuerte de ausencias y distancias gravosas. ¿Existe una intencionalidad divina en la distancia, en esa sensación de desamparo? Por momentos, desde el dolor, pensamos en una incomprensible dosis de crueldad: Dios soltándonos en una especie de “arréglate como puedas”. O desde la vergüenza culposa buscamos respuestas en el proporcionado “castigo” que nuestra contumacia merece. En el contexto de un oráculo cargado de esperanza, Dios proclama en el libro de Isaías:

Eras como una esposa joven abandonada y afligida, pero tu Dios te ha vuelto a llamar y te dice: “Por un corto instante te abandoné, pero con bondad inmensa te volveré a unir conmigo. En un arranque de enojo, por un momento, me oculte de ti, pero con amor eterno te tuve compasión.” (Is.54:6-8).

Esto que Foster llama “el despojo de su presencia en nuestra conciencia” tiene que ver con una táctica de Dios, en el marco de su estrategia de amor incomparable para con nosotros. Pensemos por un momento qué siente el bebé que ensaya sus primeros pasos, muy seguro, de la mano de su madre o de su padre y de pronto observa como esas manos gigantes y seguras lo abandonan y a una distancia enorme, para sus proporciones, lo llaman para que continúe solo sus pasos. ¿Habrá desesperación? ¿Habrá reproche? ¿Angustia? Tal vez esta imagen nos permita aproximarnos a la comprensión de la táctica divina: suelta nuestras manos esperando el paso. ¿Que ocurriría si los padres no dejaran a sus hijos en la horrible circunstancia de la soledad para caminar? ¿Podemos imaginar una vida en la que una persona a los treinta años esté caminando aun de la mano de sus progenitores?

Dios nos despoja de la conciencia de su presencia para forjar en nosotros un espíritu anhelante, deseoso de su presencia y compañía. Un Dios que por su amor, nos quiere adultos. En la oscura noche del alma se sufre y se gime, pero se crece.

¿Cuál es nuestra actitud cuando al intentar una y mil veces la oración sentimos vacío y soledad? ¿Nos empacamos, como un bebe y apoyamos la sentadera en el piso esperando las manos que nos rescaten de tanto naufragio? o ¿Buscamos caminar, a tientas, sin apoyo hacia los brazos que al final del camino nos esperan?