FORMAS DE LA REVELACIóN DIVINA


FORMAS DE LA REVELACIóN DIVINA

Por Paulo Arieu

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I – Introducción

En los últimos años, gracias a la influencia del internet, hemos ido entrando en un momento de la historia en el que posiblemente Dios esté preparando todo para traer una nueva reforma religiosa al mundo cristiano. Parece que en cada generación Dios aumenta la luz de la revelación de conocerlo de un modo mejor, a través de Su Palabra. Estamos entrando en una mayor comprensión de la bondad de Dios y el Evangelio de Jesucristo, gracias al trabajo sincero y honesto de muchos blogueros que procuran dar a conocer a Dios a sus lectores de la mejor manera posible, a través de las redes sociales. La Buena noticia es que Dios se ha revelado al mundo y que por medio de su Hijo Jesucristo (Dios hecho hombre), el mundo puede ahora conocer a Dios.

Esta buena noticia es importante dado que desde muy antiguo el hombre ha querido saber como conocer a Dios. Tenemos el ejemplo que nos narra la Biblia, acerca de los griegos, el apostol Pablo y la escultura que se utilizaba para rendir culto al “dios no conocido” (Ver Hechos 17:23). Pero también tenemos el testimonio de los discípulos de Jesucristo, quienes dudaban de la divinidad del Señor, a pesar de haberlo visto hacer milagros y sanidades extraordinarias. Luego que el Señor había intentado explicarles que El era el camino al Padre (ver Juan 14:4-6), se le acercó Felipe pidiéndole que les mostrara al Padre para asi estar ellos mas tranquilos (ver Juan 14:8). Pero Jesús le respondió:

  • “Jesús respondió: —Felipe, ¿he estado con ustedes todo este tiempo, y todavía no sabes quién soy? ¡Los que me han visto a mí han visto al Padre! Entonces, ¿cómo me pides que les muestre al Padre? ¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que yo digo no son mías, sino que mi Padre, quien vive en mí, hace su obra por medio de mí.  Solo crean que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; o al menos crean por las obras que me han visto hacer. ” (Juan 14:9-11 NTV).

Ellos no creían que Jesús era (y es) Dios hecho hombre. Pero ellos eran sinceros y querían que Jesús les diera a conocer al Padre a fin de no tener ya ninguna duda en sus corazones, pero Jesús era (y es) tan divino como lo es el Padre. Aún así, ellos, todavía no lo entendían. El conocido teólogo católico de nacionalidad suizo  Hans Kung dijo que:

Hoy día se pone en duda la existencia de Dios. Pero no es sólo esto. No se quiera hacer la cosa demasiado sencilla: Desde siempre, aunque de otro modo, se pugna con la incertidumbre de la existencia humana, y desde la aparición del hombre moderno, racional y razonable, casi se desespera de resolver el problema de la certeza humana. ¿Dónde se da — se pregunta una certeza sólida e inquebrantable sobre la que se puedan alzar todas las certezas humanas? [0]

La respuesta al interrogante que plantea este teólogo sigue siendo la misma desde hace dos mil años: Jesucristo. Pero la realidad es que los seres humanos no aceptan conocer a Dios, ni desean conocer a Jesucristo ni menos aún, tener que aceptar su autoridad sobre ellos. No desean conocer la revelación de Dios, ni en la creación, ni en Jesucristo, ni tampoco en lo que dice la Biblia acerca del Señor, nuestro Dios. Es que hoy en día, asistimos a una epidemia de incredulidad en medio de la humanidad. Pero, como dijo Jim Packer

“Conocer a Dios es de crucial importancia para vivir nuestras vidas. El mundo se convierte en un lugar extraño, loco, y doloroso y vivir en él llega a ser algo decepcionante y desagradable, para aquellos que no conocen a Dios” [1]

Sin dudas, una opinión muy importante. Porque sin Dios nos volvemos locos rapidamente, haciendo lo que nos viene en ganas. Porque ciertamente temer a Dios es muy sano para la salud mental y espiritual de los seres humanos ya que “el temor de Dios es el principio de la comprensión, de la sabiduría, y del conocimiento” (Proverbios 1:7, Proverbios 9:10, Salmo 19:9, Salmo 33:8, Salmo 111:10, y Eclesiastés 12:13).   De hecho, Dios se nos ha revelado en la Biblia y El nos dice en las Escrituras por medio del profeta hebreo Jeremías que:“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” (Jeremías 29:13). No debemos dudar que Dios nos ha hablado (y aun hoy en dia también nos habla) por medio de la Biblia. Dios anhela que le amemos. Por ese motivo, Dios se goza cuando sus criaturas le buscan de todo corazón. El salmista y rey David decia que Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas (Salmo 63:1).  Y también Dios nos dice en Su palabra:Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan. Y digan siempre los que aman tu salvación: “¡Engrandecido sea Dios!” (Salmo 70:4). 

Pero si Dios se ha revelado al mundo, cuáles son las formas en que Dios se ha revelado a la humanidad? La Biblia es la forma mas clara y facil de entender a Dios que los seres humanos tenemos. El conocido teólogo protestante Lewis Sperry Chafer, nos explica que 

La Biblia tiene como objetivo y propósito el ser la revelación del ser, las obras y el programa de Dios. Que un Dios infinito buscase el revelarse a sí mismo a sus criaturas, es razonable y esencial para el cumplimiento de los propósitos de Dios en la creación. Es, por otra parte, natural que los seres racionales intenten saber algo respecto al Creador que les ha dado vida. Si el hombre es el más alto orden de las criaturas, que tiene la capacidad de reconocer y tener una íntima comunión con el Creador, es, por tanto, también razonable esperar que el Creador se comunicase con sus criaturas, revelándoles su propósito y su voluntad.[2]

II- Las cinco vias:

La Biblia es la forma mas sencilla y simple que los seres humanos contamos para entender la voluntad de Dios. La Biblia es autoritaria e  inerrante y los seres humanos podemos confiar plenamente en ella. Aunque existen otros medios para entender la existencia de Dios, ellos son completamente racionales, filosóficos y casi siempre desconocidas para el común de los mortales (la gente sencilla que no estudia ni  teologia ni filosofía). Según explica en su obra de teologia (santo) Tomas de Aquino, un gran teólogo medieval muy famoso en el seno del catolicismo,  las pruebas más tradicionales para demostrar la existencia de Dios son cinco vías. 

El Lic. Andrés A. Luetich explica al respecto de las 5 vías que:

En la Summa Theologiæ (obra escrita para quienes se inician en el estudio de la Teología), se presentan cinco vías para demostrar la existencia de Dios. Cada una de ellas es independiente de las demás, de modo que bastaría con que una sola fuese correcta para que la tesis quedara demostrada. No se le debe conceder al número cinco una importancia crucial. El propio Tomás, en su Summa Contra Gentiles, reduce las vías a cuatro, y en su Compendium Theologiæ a sólo una. Más importante que el número de las vías es la estructura que todas ellas comparten. Descubrirla permite comprender cuál es el camino que Tomás consideraba debe seguirse para demostrar la existencia de Dios.[3]

El siguiente cuadro presenta en forma esquemática las 5 vías de santo Tomás (flechas a la izquierda) y su estructura común. Debajo del mismo se explican brevemente cada uno de los elementos que lo componen.[4]

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Son éstas pruebas propiamente filosófícas, son cinco argumentos a posteriori (a partir de las cosas más conocidas por el hombre) que intentan demostrar intelectualmente la existencia de Dios:[5]

En forma breve:

a) Primera Vía: La primera es la vía del movimiento: la realidad del cambio o del movimiento (en sentido aristotélico) exige necesariamente la existencia de un primer motor inmóvil, porque no es posible fundarse en una serie infinita de iniciadores del movimiento.

b) Segunda Vía:  La segunda es la vía de las causas eficientes: puesto que las causas eficientes forman una sucesión y nada es causa eficiente de sí mismo, hay que afirmar la existencia de una primera causa.

c) Tercera Vía: La tercera es la vía de la contingencia y del ser necesario: como es un hecho que hay seres que existen y que podrían no existir, esto es, que son contingentes, es forzoso que exista un ser necesario, ya que, de otra forma, lo posible no sería más que posible.

d) Cuarta Vía: La cuarta es la vía de los grados de perfección: puesto que todas las cosas existen según grados (de bondad, verdad, etc.), debe también existir el ser que posee toda perfección en grado sumo, respecto del cual las demás se comparan y del cual participan.

e) Quinta Vía: La quinta es la vía teleológica o del orden y la finalidad: existe un diseño o un fin en el mundo, por lo que ha de existir un ser inteligente que haya pretendido la finalidad que se observa en todo el universo.

III- Razón de los razonamientos filosóficos

Como escribió el apostol Pablo: Porque Dios es el que mandó que la luz resplandeciera en las tinieblas, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2 ª Corintios 4:6 NVI). Esta revelación de Dios en Jesucristo, se incrementará hasta que algún dia la tierra sea llena del conocimiento de la gloria de Dios. Como escribió el profeta Habacuc: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Habacuc 2:14 NVI). Y Dios siempre cumple Su Palabra. El teólogo protestante W. Grudem explica la razón de estas pruebas filosóficas que buscan explicar o demostrar reacionalmente la existencia de Dios. El afirma en su manual de teología, que

Las «pruebas» tradicionales de la existencia de Dios que han forjado filósofos cristianos (y algunos no cristianos) en varios puntos de la historia son esfuerzos por analizar la evidencia, especialmente la evidencia de la naturaleza, de maneras extremadamente cuidadosas y lógicamente precisas, a fin de persuadir a los seres humanos que no es racional rechazar la idea de la existencia de Dios.[6]

Pero a medida que crecemos en el conocimiento de Dios experimentamos el asombroso amor de Dios reflejado a través de Su Hijo, Jesucristo. El amado apostol Juan nos dice “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado ” (Juan 17:3 RV 1960). Aunque como explica Grudem, el pecado afecta a los hombres en su entendimiento de la Deidad. Grudem también explica que a pesar que el pecado afecta la mente de los hombres, aún así vale la pena intentar dar a conocer a Dios, por medio de esfuerzos intelectuales.

Si es cierto que el pecado hace que las personas piensen irracionalmente, estas pruebas son esfuerzos de hacer que las personas piensen racionalmente o correctamente en cuanto a la evidencia de la existencia de Dios, a pesar de las tendencias irracionales causadas por el pecado.[7]

IV – Cuatro tipos principales de argumentos

Dios le habló a Moisés con un importante propósito:

  • “Él te mostró esas cosas, para que supieras que el Señor es Dios y que no hay ningún otro. Él te permitió oír su voz desde el cielo para instruirte. Te permitió ver su fuego poderoso aquí, en la tierra, para hablarte desde allí.  Debido a que él amó a tus antepasados, quiso bendecir a sus descendientes, así que él mismo te sacó de Egipto con un gran despliegue de poder. Expulsó a naciones mucho más poderosas que tú para establecerte en la tierra de esas naciones y dártela a ti como preciada posesión, así como sucede hoy.  »Entonces recuerda lo siguiente y tenlo siempre presente: el Señor es Dios en los cielos y en la tierra, y no hay otro.  Si obedeces todos los decretos y los mandatos que te entrego hoy, les irá bien en todo a ti y a tus hijos. Te doy estas instrucciones para que disfrutes de una larga vida en la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre»  (Deuteronomio 4:35-40 NTV)

Dios le habló a Moisés para que el tenga siempre presente que Dios es Señor de los cielos y de la tierra. De esta manera, Dios le dio a Moisés una vez mas prueba fehaciente de su existencia. Esa revelación de Dios a Moises fue una experiencia directa, personal y visible (una teofanía por medio de una voz desde el cielo). Ahora bien, según cita el teólogo Grudem, la mayoría de las pruebas tradicionales para la existencia de Dios se pueden clasificar en cuatro tipos principales de argumentos:
1. El argumento cosmológico: considera el hecho de que todo lo conocido en el universo tiene una causa. Por consiguiente, razona, el universo mismo también debe tener una causa, y la causa de un universo tan grande sólo puede ser Dios.
2. El argumento teleológico: es en realidad una subcategoría del argumento cosmológico. Enfoca la evidencia de armonía, orden y diseño en el universo, y argumenta que su diseño da evidencia de un propósito inteligente (la palabra griega telas quiere decir «fin», «meta» o «propósito»). Puesto que el universo parece estar diseñado con propósito, debe haber un Dios inteligente y con propósitos que lo creó para que funcione de esa manera.
3. El argumento ontológico: empieza con la idea de Dios, que se define como más grande de lo que se puede imaginar. Luego argumenta que la característica de existencia debe corresponder a tal ser, puesto que es más grande existir que no existir.
4. El argumento moral: empieza con el sentido del bien y del mal que tiene el ser humano, y la necesidad de que se haga justicia, y argumenta que debe haber un Dios que es fuente del concepto del bieny del mal y que algún día hará justicia a toda persona.

V- Las Tres vias de revelación, según L. Chafer

Pero el teólogo protestante L. Chafer, nos explica en forma resumida las formas de la revelación divina, explicando que, según nos dice la Biblia, hay  “tres vías de máxima importancia y que han sido utilizadas por Dios para revelarse a sí mismo”[8]. Estas tres vias son:

1). La revelación de Dios en la creación.

2). Revelación en Cristo.

3). La revelación en la Palabra escrita.

VI – Continúa…

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Nota:

En varias entregas, iré desarrollando y publicando en el blog estas tres vías de revelación. Asi que, amados lectores, los invito a reflexionar profundamente en cada entrega que comparto. Agradezco vuestras oraciones y vuestras reflexiones a modo de comentarios. Recuerde por favor, que ningún maestro de la Biblia, teólogo, bloguero o predicador, es infalible. Por lo tanto, lo invito a usar la Biblia para comprobar la veracidad de los argumentos que se presenten y a que todos aprendamos a usar también nuestro entendimiento, a fin de comprender mediante la fe y la razón iluminada, la veracidad y alcances intelectuales de estos razonamientos teológicos – filosóficos. Porque así ha dicho el Señor por medio del profeta Jeremías: 

  • “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová” . (Jeremías 9:23-24 NVI)

Porque Su voluntad divina es que le entendamos y conozcamos por medio de la fe en la obra de su Hijo Jesucristo en la cruz, la ministración del Espíritu Santo en nuestros corazones y Su Palabra !Solo a Dios sea la Gloria! 

!Dios los bendiga mucho!

Notas

Imagen 1: http://estudiosbiblicoscristianos.net/como-estudiar-la-biblia/estudio-biblico-las-tres-fuentes-de-la-revelacion-divina.html

Imagen 2: http://www.mscperu.org/filosofia/existenciadeDios/cincopruebas_STomas.htm

[0] Küng, H. (1980), ¿Existe Dios? Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo.p.23. Ediciones Cristiandad. Madrid. España.

[1] https://www.allaboutgod.com/spanish/conocer-a-dios.htm

[2] http://www.adorador.com/temasdoctrinales/04_la_biblia_como_revelacion_divina.htm

[3] http://www.mscperu.org/filosofia/existenciadeDios/cincopruebas_STomas.htm

[4] Ibid

[5] (“Suma Teológica”, Prima pars, cuestión 2, artículo 3) citado en http://es.catholic.net/op/articulos/14619/cinco-vias-de-santo-tomas.html

[6] Grudem, Wayne. (2007). Teologia Sistemática. p.147. Editorial Vida. Miami, Florida.EE.UU.

[7] Ibid

[8] http://www.adorador.com/temasdoctrinales/04_la_biblia_como_revelacion_divina.htm

 

La santidad en la tradición dominicana: Santo Tomás de Aquino


6 noviembre 2012

La santidad en la tradición dominicana: Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino es el segundo y principal testigo de esta tradición. Era aristotélico hasta los tuétanos. Por eso valoró el comportamiento humano e insertó en el cristianismo el tratado de las virtudes morales comentando y cristianizando las que ya  había tratado magistralmente el pensador pagano griego. Sin embargo, vio claro el límite de las virtudes y que sólo llegan hasta donde llegan. Un hombre totalmente virtuoso no es sin más un hombre santo. De la máxima virtud jamás se llega automáticamente al don, ya que se trata de ondas distintas. Ni siquiera las virtudes infusas consiguen este salto porque es cualitativo.

Pese a su sujeción y fervor hacia la filosofía griega, en el tema de la santidad, siguió la tradición de la Orden y la formuló de manera clara e irrefutable. Por eso dijo que para llegar a la máxima perfección no bastan las virtudes sino que es necesario experimentar los dones del Espíritu Santo. La santidad viene de arriba, es un don. Si no vivimos, pues, a nivel de don, podemos ser cristianos muy virtuosos pero siempre seremos mediocres porque las virtudes aún ayudadas por la gracia no pueden superar sus límites humanos. Los dones del Espíritu, sin embargo, introducen a uno en un modo de obrar divino ya que es el Espíritu Santo el que toma en ellos la iniciativa.

Esta postura de Santo Tomás encaja perfectamente en la corriente espiritual iniciada por Santo Domingo. Para colocarnos en el tiempo quiero hacer unas breves anotaciones. Santo Domingo murió el año 1221. Santo Tomás nació en 1224, tres años después. Su familia pertenecía a la nobleza napolitana. Hijo del Conde Landolfo de Aquino, estudió en la Abadía de Montecasino y después en la Universidad de Nápoles. En el año 1244 tomó el hábito de la Orden de Predicadores y conoció a otro gran dominico y doctor de la Iglesia San Alberto Magno, con quien estudiaría en Colonia.

Las ideas, pues, que estamos comentando se escribirían hacia 1270. Santo Tomás, en plena edad, dejó a un lado la inmadurez de los primeros años en que tuvo ciertos ramalazos semipelagianos, fruto por otra parte del tiempo. Ahora no nos damos cuenta de la precariedad con la que trabajaba esta gente. La escasez de libros y copias era enorme. Es un milagro que hayan llegado hasta nosotros la literatura y escritos antiguos ya que las copias a mano, lentísimas y expuestas a todo tipo de arbitrariedades e inclemencias, estaban en peligro continuo. Gracias a los monasterios y a una denodada labor de siglos conservamos muchas cosas, si bien las filosofías paganas nos han venido más bien a través de los musulmanes pasando a la cultura cristiana por medio de la famosa escuela de traductores de Toledo después del año mil. Baste, como ejemplo, la pérdida de las condenaciones semipelagianas de los concilios de Cartago y Orange del siglo VI, de las cuales no pudo disponer Santo Tomás y su época, porque no fueron redescubiertas hasta el año 1538.

Pese a las carencias de la época, Santo Tomás tuvo la iluminación suficiente para darse cuenta de que sin la actuación del Espíritu y sus dones era imposible la santidad. Esta no se identifica con la perfección en algún comportamiento o el cumplimiento de leyes y adquisición de virtudes. Santo Tomás apostilla genialmente: la ley nueva es la gracia del Espíritu Santo. Su atrevimiento al decir esta frase sólo se explica por la fuerza del don, un precioso don de inteligencia. Con esto queda superada la ley y el Antiguo Testamento; ya no valen sus preceptos y criterios. La santidad ahora pertenece al orden de la gracia y se realiza no en alguna abstracción moral sino en el encuentro con Jesús, el hombre Jesús, único mediador entre Dios y los hombres. La gracia del Espíritu Santo nos lleva a ese encuentro. No con Jesús de Nazaret sino con el Resucitado que, aunque es el mismo, ya ha sido constituido Señor y su nombre ha sido declarado como el único en quien podemos salvarnos. Por Jesús, camino, verdad y vida llegamos al Padre y a la Trinidad. Ahora bien, como dice San Pablo, “nadie puede decir Jesús es Señor si no es con el Espíritu Santo”.

Otras teologías hacen depender la santidad de las propias obras. El esfuerzo lo cargan en uno mismo de modo que sólo a base de ganar méritos y pureza con tus sacrificios se llega a Dios. Es uno el que busca a Dios, el que se gana su propia salvación. De esta manera a Dios no le queda otro trabajo que el de juzgarnos. Según esta opinión, Cristo nos ha redimido para abrirnos las puertas del cielo pero el esfuerzo y el mérito de llegar a él dependen de ti, de tu esfuerzo, de tus cruces, de tus sufrimientos, de tus ofrecimientos. La batalla contra el mundo, el demonio y la carne es obra de cada uno aunque suele apostillarse: ”con la ayuda de Dios”. En realidad el protagonismo es de cada uno aunque Dios nos eche una mano.

En nuestra perspectiva uno no se gana la vida eterna con ninguna obra. Es Dios el que viene, el que nos busca y el que nos salva. Todo el protagonismo es suyo. A nosotros se nos pide la aceptación de esta salvación gratuita. En la ley nueva lo que hay que hacer es acoger la gracia del Espíritu Santo. Esta acogida no siempre es fácil porque sucede en tu carne y en tu historia, con lo que la fidelidad a veces se hace muy cuesta arriba. La santidad que viene de arriba, que es gratuita no es nada fácil, porque es Dios el que actúa en tu carne y en tu historia para hacerte santo, para llevarte por los caminos que él quiere no por los que quieres tú. Hay una obediencia a la voluntad de Dios y al amor de Dios que te elije, que es crucificante porque lo que busca Dios es hacerte semejante a su hijo Jesús. Ni a Jesús ni a María les fue nada fácil acoger la voluntad de Dios; más bien la espada les atravesó el alma. Por eso mucha gente tiene miedo a Dios y prefiere vivir su vida.

Sin embargo, en esta elección actúa el Espíritu Santo y la quieres por encima de todo. Intuyes y experimentas los bienes que te reporta y te hace feliz. Te das cuenta de que merece la pena seguir la aventura del Espíritu. Al venir de arriba la salvación y, al apreciarte pobre y pecador, sientes que estás protegido, que eres amado, que no estás solo, que tienes dueño y, con ello, se te van todos los problemas metafísicos de la vida y te entra una alegría y paz tan profundas que nada ni nadie te las puede arrebatar. Para los dominicos esta acción previa de Dios está en la raíz de toda nuestra filosofía y teología. No es teórica sino que se realiza en nuestra carne pasando por la de Cristo.

Este encuentro con Jesús se da en las virtudes o vivencias teologales fe, esperanza y caridad que son infundidas en nosotros por el Espíritu y perfeccionadas por sus dones. La fe nos hace creer en Jesús y en su misterio pascual, la esperanza nos hace desearlo y la caridad amarlo con todo el ser. En Jesús nos encontramos con la Trinidad y la descubrimos ya que él nos descorre el velo que se interpone entre nosotros y Dios. Con él penetramos en las profundidades del misterio y a través de él nos llega la divinidad a nuestros corazones hasta el punto de hacernos partícipes de la naturaleza divina (2Pe 1, 4). Con otras palabras, el Espíritu de Dios lo recibimos por medio de Jesús pero a la vez nos revela quién es Jesús. Sin el Espíritu conoceríamos a Jesús de Nazaret pero nunca al que es Señor y le ha sido concedido todo poder en el cielo y en la tierra.

Este Jesús mediador es el hombre Jesús. Dice Pablo: Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Jesús, que se entregó a sí mismo como rescate por todos (1Tm. 2, 5). San Agustín dice en sus Confesiones, 18: Yo  buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino, la verdad y la vida.  Santo Tomás dice que adherirse a la humanidad de Jesucristo es una pedagogía sumamente adaptada para conducirnos a la divinidad, es como un guía que nos lleva de la mano (II-II, 82, 3, ad 2). San Bernardo prorrumpe sobre el nombre de Jesús: Todo alimento es desabrido si no se condimenta con este aceite; insípido, si no se sazona con esta sal. Lo que escribas me sabrá a nada si no encuentro el nombre de Jesús. Si en tus controversias y disertaciones no suena el nombre de Jesús, nada me dicen. Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón [1] Santa Teresa añade: Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita. Muy, muy muchas veces lo he visto por experiencia. Hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos[2].

…..

Sabemos que en Cristo hay dos naturalezas: una divina y otra humana y una sola persona. Lo que llamaríamos en términos actuales, la personalidad, en Cristo, es divina. Es un hombre que tiene una personalidad divina porque está unido hipostática o substancialmente con la divinidad en la segunda persona de la Trinidad. No es Dios el que se hace hombre sino que es una naturaleza humana la que es asumida por Dios. Por eso a través de la humanidad de Cristo que tan cerquísima está de Dios entramos nosotros a formar parte del misterio de la Trinidad, lo cual resulta algo inimaginable y maravilloso.

Es de tener también en cuenta la humildad del Espíritu Santo que siendo Dios y pudiendo venir a nosotros como quisiera lo hace sólo a través de la humanidad de Jesucristo. En este mundo no hay nada de Espíritu Santo, es decir, nada divino, que no pase por Jesús. La tarea de este Espíritu es hacernos amar y comprender las maravillas que Dios ha realizado para nosotros en el hombre Jesús, divino y adorable a la vez, que ha sido concebido por Dios para poder estar de este modo tan cerca de nosotros.


[1] San Bernardo, Sermones sobre el Cantar de los Cantares, Sermón 15,  6. BAC, Madrid, 1987,  pg. 227

[2] Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, cap. 22

extr de

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=25605

La Biblia es inerrante


La Biblia es inerrante

Autor: Paulo Arieu

Ya hace algunos meses ya que me estoy congregando con mi esposa acá en Tampa en una iglesia de la convención Bautista del Sur en Tampa, Florida. Cuando vino a visitarme el pastor de la iglesia,una de las cosas que le cité, fue mi convicción personal sobre esta doctrina. No me dijo absolutamente nada. Solo se me quedo mirando en silencio, Seguramente se habrá quedado pensando, pero en que se quedó pensando,no lo sé. Solo Dios lo sabe.

Recuerdo cuando escuché por primera vez acerca de esta doctrina en el instituto bíblico Jorge Muller en Argentina, me quedé sorprendido. Nunca antes la había escuchado. Si había escuchado y leído muchas críticas hacia la Biblia por parte de ateos/agnósticos y científicos evolucionistas. Pero jamas había escuchado que la Biblia es inerrante; jamás había oído nada parecido en ningún centro de estudios. Aunque yo ya había estudiado en otros centros académicos y todos ellos de suficiente prestigio y buen nivel doctrinal.Confieso que al principio me costó un poco aceptar esta doctrina al principio, pero fueron pasando los días, y me rendí a ella, por su peso lógico. Los debates con escépticos habían sembrado la duda en mi interior sobre la veracidad de la Biblia. Pero gracias a Dios que la verdad pudo prevalecer en este caso y me ayudó mucho el poder conocer y asimilar lógicamente esta doctrina en debates posteriores y en cuestiones de fe de nuestros dogmas cristianos.

Yo personalmente no condeno ni rechazo a nadie que no acepta como válida esta doctrina, ya que entiendo que Jesucristo sigue siendo la creencia mas importante de nuestra fe. Además no es un requisito sine qua non para ser cristiano; pero no puedo dejar de preguntarme como llegar a ser un buen evangélico si no se está seguro de la Biblia, que es inspirada por Dios e inerrante ?

La inerrancia es una doctrina importante, cuya negación o comprensión errónea, puede resultar en errores serios en doctrina y conducta.(p.88). Pero

“definiciones para la inerrancia no abundan”, dice Ryrie.

Leamos lo que escribe Ryrie

¿Puede uno ser evangélico y negar el concepto pleno de la inerrancia? La respuesta es sí, simplemente porque algunos evangélicos lo hacen. Hablando estrictamente, un evangélico es uno que cree el Evangelio. ¿Puede uno ser cristiano y no aceptar el concepto de la inerrancia? Por supuesto, y sin duda muchos caen en esa categoría. Ser cristiano significa estar relacionado correctamente con Cristo. ¿Puede uno ser bíblico y negar la inerrancia? No, si es que la Biblia enseña su propia inerrancia.(p.87)

La revelación especial como ahora se halla en la Biblia provee el contenido del mensaje de Dios al mundo. La inspiración concierne al método que Dios empleó para realmente fijar ese contenido en las Escrituras. La inerrancia se relaciona con la precisión de esa transcripción.(p. 74)

Los errantistas consideran que “inerrancia” equivale a infalibilidad y, entonces, limitan su alcance a asuntos de fe y práctica o revelacionales o al mensaje de la salvación.  Es decir, hay errores históricos y científicos en la Biblia, pero no he encontrado ninguno en asuntos de fe y práctica.  A lo menos, esta es una distinción sincera entre la infalibilidad y la inerrancia. El Pacto de Lausana declaró a la Biblia “inerrante en todo lo que afirma”. Sin duda, la frase es flexible; puesto que permite errores en áreas como la creación, donde, de acuerdo a algunos intérpretes, la Biblia no está afirmando hechos históricos. Tanto los “inerrantistas” como los “errantistas” pudieran subscribir esa declaración.

El Concilio Internacional sobre la Inerrancia Bíblica, en su declaración de Chicago, afirmó la inerrancia en una breve declaración que establece que “la Escritura es sin error o defecto en toda su enseñanza…” .Entonces siguieron diecinueve artículos para describir y explicar la inerrancia. Esta breve declaración sería insatisfactoria para los errantistas. Si hubiera alguna duda acerca de eso, ciertamente la elaboración de diecinueve artículos impediría que los errantistas estuviesen de acuerdo con ella.

El diccionario define “inerrancia”* como carecer de error. La mayoría de las definiciones comparten esta descripción negativa. La pregunta que surge de esta definición es: ¿Qué cosa es el error? ¿Puede la Biblia usar aproximaciones y aun así estar sin error? ¿Puede un escritor del Nuevo Testamento citar libremente del Antiguo y afirmar que la cita resultante carece de error? ¿Puede un escritor bíblico usar el lenguaje de la apariencia sin comunicar el error?

¿Pueden existir narraciones diferentes del mismo evento, sin incluir error? Es cierto que la información de la Escritura a menudo incluye aproximaciones, citas libres, el lenguaje de las apariencias, y narraciones diferentes del mismo suceso. ¿Puede esta información respaldar una definición de la inerrancia tal como “carecer de error”? Obviamente, la información y la definición tienen que armonizar si esa es la definición correcta de lo que la Biblia enseña en cuanto a su propia inerrancia. Posiblemente la tensión desapareciera si definiéramos la inerrancia positivamente: La inerrancia de la Biblia simplemente significa que la Biblia dice la verdad. La verdad puede incluir e incluye aproximaciones, citas libres, el lenguaje de las apariencias, y narraciones diferentes del mismo evento, mientras que éstos no se contradigan. (p.92-93)

La Biblia es “inerrante” en el sentido de que ella dice la verdad, y lo hace sin error en todas sus partes y con todas sus palabras.(p. 94).

Si la Biblia no es verídica, entonces el trinitarianismo es un error y Jesucristo no es quien El afirmó ser. No llegamos al conocimiento acerca de la Trinidad o de Cristo por medio de la naturaleza o de la mente humana. Y no podemos estar seguros de que lo que aprendemos en la Biblia acerca del Dios trino es cierto si no creemos que la fuente misma que utilizamos es confiable. De modo que, la creencia de que la Biblia es verídica es la presuposición básica.”.(p.16)

Inerrancia y tradición

Y que dice la tradición cristiana de siglos anteriores respecto a esta doctrina? Tiene algo importante para aportarnos a nuestros días o son simplemente nuevas lecturas de la biblia, respuestas dogmáticas a la ciencia,filosofías, o que?

Una excusa para diluir la importancia de la inerrancia es que, puesto que no poseemos ninguno de los manuscritos originales de la Biblia, y puesto que la inerrancia está relacionada solamente con los originales, la doctrina de la inerrancia solamente es teórica y, por lo tanto, no es esencial. Nosotros no poseemos ninguno de los manuscritos originales de la Biblia, y la doctrina de la inerrancia, como la de la inspiración, se le atribuye solamente a los manuscritos originales, y no a ninguna de las copias. Las dos premisas anteriores están correctas, pero esas premisas particulares no comprueban en ninguna manera que la inerrancia sea una doctrina no esencial.

Obviamente, la inerrancia se puede afirmar solamente con relación a los manuscritos originales, porque sólo ellos vinieron directamente de Dios bajo la inspiración. La primera copia de una carta de Pablo, por ejemplo, fue en realidad solamente una copia, y no la original que Pablo mismo escribió o dictó. Tanto la inspiración como la inerrancia se atribuyen solamente a los originales.

Pero ¿reclamaría un errantista que la inspiración es una doctrina no esencial basándose en que no tiene los originales y que no le atribuye la inspiración a las copias? Yo creo que no. Entonces, ¿por qué lo dice de la inerrancia?

Otro argumento es que la inerrancia es una doctrina reciente que no le preocupaba a la iglesia anteriormente; por lo tanto, tampoco tenemos que preocuparnos de ella hoy en día. El argumento de la historia de la iglesia parece asomar su cabeza casi cada vez que se discute cualquier doctrina. Si la doctrina se enseñó en tiempos antiguos, esto supuestamente la hace más aceptable. Si, por otro lado, no ha sido enseñada hasta los años más recientes, entonces se cuestiona.

Por supuesto, el argumento mismo no es válido. La veracidad o no veracidad de cualquier doctrina no depende de si fue enseñada en la historia de la iglesia o no. Su veracidad depende solamente de si la Biblia la enseña o no. Ahora bien, admitimos que una enseñanza que nunca se ha oído pudiera levantar sospecha; pero, la Biblia, no la historia de la iglesia, es la norma por la cual todas las enseñanzas se tienen que medir.

Aun así, la excusa de la historia persiste con la doctrina de la inerrancia. Es reciente, dicen ellos; por lo tanto, el debate debe cesar.

Algunos dicen que la inerrancia se originó con B.B. Warfield, en Princeton, hacia fines del siglo diecinueve. Otros alegan que Turretin, un teólogo luterano, la inició justamente después de la Reforma.

En realidad, ninguno de los dos hombres la inició. Nosotros creemos que Cristo enseñó la inerrancia, y lo mismo hizo el apóstol Pablo. Además, Agustín, Tomás de Aquino, los reformadores, y otros grandes hombres la sostuvieron a través de la historia de la iglesia. Admitimos que tal evidencia de la historia no valida la doctrina (las enseñanzas de Cristo y de Pablo sí lo hacen), pero sí invalida la alegación de que la inerrancia es un invento reciente.

a) Por ejemplo, Agustín (354–430) claramente declaró que

las consecuencias más desastrosas tienen que seguir a nuestro creer que cualquier cosa falsa se encuentre en los libros sagrados. Esto es decir que los hombres por medio de los cuales la Escritura nos ha sido dada y a quienes se les encomendó escribirlas; pusieron en estos libros alguna cosa falsa. Si usted una vez admite que haya en tan alto santuario de autoridad una declaración falsa, no quedará ni una sola sentencia en esos libros, que, si pareciera a cualquiera difícil de practicar o creer, no fuera, por la misma regla fatal, refutada como una declaración en la cual el autor, intencionalmente, declaró lo que no era verdad” (Epistula, p. 28).  Aquí, en términos antiguos, está la teoría del dominó.

b) Además, Tomás de Aquino (1224–1274) dijo claramente que

nada falso puede estar detrás del sentido literal de la Escritura” (Summa Teológica, I, 1, 10, ad 3).

c) También, Lutero declaró:

Las Escrituras nunca se han equivocado” (Works of Luther, XV: 1481).

d) Juan Wesley, el fundador del metodismo, escribió:

No, si hay algunos errores en la Biblia, muy bien pudiera haber mil. Si hay una falsedad en ese Libro, no provino del Dios de la verdad” (Journal VI, 117).

¿Cómo puede cualquiera decir, entonces, que la inerrancia es un invento reciente? Pero aun si lo fuese, todavía pudiera ser una doctrina verdadera. Solamente la Biblia, no la historia, nos lo puede decir.

Es importante esta doctrina

Todavía muchos insisten en que la inerrancia es insignificante, inaplicable o innecesaria para la fe. Por lo tanto, todo el furor que se ha levantado sobre ésta es meramente una tempestad en un vaso de agua, y aquellos que insisten en ella están perturbando la paz de la iglesia.

Pero esto simplemente no es el caso. La inerrancia es una cuestión crucial, pues si la Biblia no está completamente libre de error, entonces tiene que contener por lo menos un error. Ahora bien, si todos pudiéramos llegar a un acuerdo acerca dónde está ese error, entonces es concebible que se pudiera tolerar el problema, pero si la literatura actual sirviera de pauta,  entonces existirían como veinte candidatos para ese solo error, y eso significa que pudiera haber a lo menos veinte errores. Y si existieran unos veinte errores, entonces la cuestión llega a ser: ¿Cómo puedo yo confiar en la Biblia después de todo?

Así que la inerrancia no es algo insignificante.

Consecuencias

La famosa ley de causa y efecto, tambien conocida como “lo que siembras, cosechas”, está también presente al abandonar o no considerar esta doctrina en su importancia. Porque, cuando se niega la inerrancia, uno puede esperar algunas consecuencias tanto en las áreas doctrinales como en las prácticas.Todo en esta vida tiene una consecuencia.

a) Cuestiones doctrinales

Hay algunos asuntos doctrinales que pueden ser afectados por negar la inerrancia, incluyen los siguientes: (pag. 88)

  • (1) Una negación de la caída histórica de Adán.
  • (2) Una negación de los hechos de las experiencias del profeta Jonás.
  • (3) Que se quiten algunos de los milagros tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo basándose en cualquier explicación.
  • (4) Una negación de la paternidad literaria mosaica del Pentateuco.
  • (5) Una creencia en dos o más autores para el libro de Isaías.
  • (6) Un flirtear con la teología de la liberación o aceptación de ella con su redefinición del pecado (como social en vez de individual) y de la salvación (como política y temporal en vez de espiritual y eterna).

b) Cuestiones de fe y conducta

Hay algunos errores de estilo de vida que pueden seguir a una negación de la inerrancia, incluyen los siguientes.

  • (1) Un punto de vista licencioso sobre la seriedad del adulterio.
  • (2) Un punto de vista licencioso sobre la seriedad del homosexualismo.
  • (3) Un punto de vista licencioso sobre el divorcio y nuevo matrimonio.
  • (4) Una reinterpretación “cultural” de algunas de las enseñanzas de la Biblia (e.g., sobre las mujeres, sobre la obediencia civil).
  • (5) Una tendencia a mirar la Biblia a través de una rejilla psicológica moderna.

Conclusión

Lo invito a reflexionar sobre este tema y sobre sus convicciones respecto a la Palabra de Dios. Pienso como importante en lo que Ryre expreso cuando dijo que

“la inerrancia es una doctrina importante, cuya negación o dilución puede resultar en errores serios en doctrina y conducta.”, como ya les expuse. (pag.88).

Permitame decirle que ademas de estos peligros que le nombre, siguiendo las explicaciones de la “teologia basica” de C.C.Ryrie,esta el tremendo problema de la autoridad de fe en nuestras vidas. Si la Biblia no es inspirada por Dios o no es confiable, en quien confío entonces? En nuestras tradiciones ? Son ellas acaso inspiradas por Dios, son tan confiables como la Biblia ? Las tradiciones de que iglesia,o de que religión? Porque debo obedecer las enseñanzas de la Biblia y no también las del Corán ? Si hay millones de personas que las siguen y viven sus vidas en sus culturas y creen en un dios monoteísta como nosotros. En la Torah, en el Talmud, o en quien confío entonces? Si la Biblia no es confiable, necesitamos entonces de un ente regulador que nos ayude a interpretarla y nos diga como debemos leerla, con que lentes hacerlo o en base a que reglas. Necesitamos nosotros un líder monárquico tipo Big Brother que nos diga que dice la Biblia o que debemos hacer o creer ? Es el hombre el dueño de nuestras conciencias ? O es Dios el Señor de nuestras vidas y la Biblia su Palabra revelada?

Diremos nosotros

“Habla o Jehová que tu Siervo oye?”

En estos días se celebra un nuevo aniversario de la Reforma Protestante. Permitame compartirle en honor a estos hombres, héroes de la fe cristiana, aunque de carne y hueso como ud y yo, por cierto con firmes convicciones dignas de imitar en este tiempo,una expresión relacionado con Juan Calvino.

Por el año 1534, cuando tenía veinticinco años, tuvo lugar la «súbita conversión». Esto se deduce de sus propios escritos en ese año, es decir, los Prefacios (publicados en 1535) al Antiguo y Nuevo Testamento en la traducción francesa que, con la ayuda de Calvino, había preparado su primo Roberto Olivetan, y su tratado titulado Psychopannychia, en el cual esforzadamente refuta la doctrina de ciertos anabaptistas de que entre la muerte y la Venida del Señor el alma está en un estado de sueño inconsciente, o incluso comparte la muerte del cuerpo. (Este trabajo realmente no apareció impreso hasta ocho años más tarde.) En él se nota inmediatamente que su llamamiento está dirigido a la suprema autoridad de la Sagrada Escritura como infalible Palabra de Dios, pues desde el principio emprende la tarea de probar su posición por «claros pasajes de la Escritura», para los cuales demanda que la humana sabiduría y la filosofía cedan un lugar. La sola Escritura (sola Scriptura), ese fundamental principio de la Reforma, ya ha sido captado y apropiado por Calvino. Y a él permanecerá inflexiblemente leal hasta su muerte.[1]

Podremos nosotros también identificarnos, en las épocas de oscuridad espiritual cuando estas lleguen al mundo, junto con aquellos reformadores que proclamaron  con fe y sinceridad su plena confianza en las Escrituras (Sola Scriptura)? Podremos permanecer firmes en esa santa convicción hasta el fin de nuestros días?

Firmes y adelantes, huestes de la fe, sin temor alguno, que Jesús nos ve….(Estrofa de un Himno evangélico)

Concluyamos finalmente que la Biblia es la Palabra de Dios y ella es inerrante; porque sino fuera así, no tendríamos autoridad para decir que es Palabra de Dios y nadie estaría obligado a guardar sus enseñanzas. Claro que hay un contexto cultural, claro que si, y un idioma hebreo/arameo/griego. Los copistas no son inerrantes,la Biblia si. No habría autoridad entonces, dependeríamos de lo que Dios le revelara a alguien, para decirnos lo que es correcto y que no. O de un hombre infalible, como el Vaticano entiende que es el Papa actual.

Es por eso que al leer esta última reflexión, al exponer este punto de vista, solamente buscamos que el Señor nos guie  a toda verdad, porque nosotros amamos, como dijo el salmista David:

  • Tu luz y verdad porque estas me guiarán”(Sal. 43:3)

Porque o la Biblia es inerrante e infalible o no hay autoridad absoluta en la iglesia de Jesucristo. Son todos hombres los que interpretamos y también lo son los líderes que gobiernan las iglesias cristianas. Como decirle al mundo que Dios dijo, cuando quizás el autor lo creyó así, en su misticismo? No. La biblia Es inerrante. Esto es perfectamente lógico que asi sea, aunque es un dogma de fe. Si no podés aceptar las doctrinas históricas de la biblia como infalible, te hundis en el pantano de la subjetividad liberal, modernista. Aceptar lo contrario nos llevará  al relativismo teológico o a la incertidumbre existencial, o al agnosticismo escéptico secularizante de nuestros días.

Fíjese ud. acerca del problema que hay a la hora de dialogar con el Vaticano, que no es que no ellos no creen en la biblia, sino que la ponen a la misma altura que sus tradiciones. Y allí está un gravísimo error. Y ante la disyuntiva que nos presenta la Iglesia Catolica Romana en el actual diálogo ecuménico, si Biblia o tradición, decimos con el mayor de los respetos, que Solo la Biblia es Palabra de Dios, inerrante e inspirada por El. La tradición/tradiciones puede ser buena, pero deben ser leidas a la luz de la Palabra de Dios. Como se hace esto? Bueno, esto será tarea de los exegetas de cada institución cristiana el procurar tener en cuenta la exhortación paulina a su dicípulo Timoteo “guarda la sana doctrina” , y procurar acercarse a la biblia con el mayor de los respetos, teniendo en cuenta que Dios nos habló por ella y que el mantenerse en la verdad es un arduo trabajo exegetico, reconociendo “que en la multitud de consejeros abunda la sabiduría.”

Usted necesita dejar que la Biblia se interprete a sí misma en esta cuestión, y en todas las demás preguntas cruciales.

Creo que deberíamos estar todos los creyentes fieles, el decir como dijo Johh Huss,un sacerdote católico mártir de Cristo.

Dios Todopoderoso es testigo que de todo corazón y con toda mi mente estoy dispuesto a cambiar mis creencias si el concilio puede mostrarme con la Biblia en la mano que estoy en un error”.[2]

La hoguera acabó con su vida,mas no pudo matar su testimonio,ni su alma que descansa en el gozo del Señor. Creo que deberíamos reflexionar nuevamente en estos tiempos, como también lo hizo seguramente Martin Lutero, por la verdad de la inerrancia gloriosa de la Palabra de Dios,como ya cité.

Martín Lutero no fue un hombre perfecto, y desde la perspectiva actual tampoco la totalidad de su pensamiento.Pero si creo que fue “un siervo fiel”, que supo dejarse usar por el Señor en el momento justo.

Hay algo que yo si creo también con mucha firmeza, y es que en este tiempo en el que nos ha tocado vivir,  todos los crisitanos deberían de preguntarse con sinceridad

¿cómo puede una iglesia ser una iglesia verdadera y fiel, si no se sostiene la sola Escritura, no está comprometida con un evangelio bíblico, y no existe para la gloria de Dios?” [3]

Porque, yo creo que

Una iglesia sin estas convicciones ha dejado de ser una iglesia verdadera, cualquier otra cosa que sea.” [4]

Dice la historia que en la lóbrega prisión se escuchó un fuerte grito: ¡John Huss!  Al llamado del guardia, salió de la oscuridad una figura vacilante. Aquel hombre dio varios pasos hasta pararse en la luz del sol que le lastimaba los ojos. Sus visitantes eran varios obispos que de nuevo tratarían que Huss se retractara de sus convicciones reformistas.

Junto al grupo de clérigos venía su amigo Lord John de Clum, Cuando estaban a unos pasos, de Clum corrió hasta donde estaba Huss y le dijo:

Maestro Huss, si sabe que es culpable de cualquiera de los cargos que se le imputan, no sienta vergüenza de admitir que estaba equivocado y cambie de parecer”. [5]

Lord John de Clum hizo una pausa. Buscaba las palabras que le dieran fortaleza a su amigo Huss y le dijo:

Por otro lado, por favor no traicione su conciencia. Es mejor sufrir el castigo y el martirio que negar lo que uno está convencido que es la verdad”.  [6]

Con lágrimas en los ojos John Huss miró a su amigo y le dijo:

Dios Todopoderoso es testigo que de todo corazón y con toda mi mente estoy dispuesto a cambiar mis creencias si el concilio puede mostrarme con la Biblia en la mano que estoy en un error”. [7]

Al oírlo, los obispos murmuraron entre ellos mismos diciendo:

¿Ven lo terco que es? Está lleno de orgullo. Le da mas valor a lo que piensa y no le importa lo que piensa la iglesia”. “No está dispuesto a cambiar, seguirá en su error”. [8]

Viendo que ni la amenaza de muerte era suficiente para que Huss cambiara de parecer, le ordenaron a sus carceleros que lo llevaran de vuelta a su celda. El día siguiente sería sentenciado a muerte y quemado vivo.

La historia narra que durante el juicio, su amigo John de Clum lo confortó grandemente e incluso buscó varias formas de salvarlo de la muerte, pero John Huss prefirió morir antes que negar las verdades que había aprendido de la Biblia.[9]

Si le comparto este tema, estimado lector, es porque estoy totalmente convencido que cielo y tierra pasaran pero la palabra de Dios permanecerá , porque es eterna. Yo le ruego y le invito a reflexionar aún mas sobre este tema.

Soli Deo Gloria.

Dios te bendiga

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Notas

Todas las referencias ente parentesis pertenecen al libro Charles C. Ryrie,Teologia Basica,.

[1] Juan Calvino Profeta Contemporaneo”,  compilado por Jacob  T. Hoogstra

[2] http://spanishnewtestament.com/heroes/JoHuss.html

[3] http://evangelio.wordpress.com/2011/04/13/la-reforma-y-por-qu-es-importante-para-nosotros-2a-parte/

[4] Ibid

[5] http://spanishnewtestament.com/heroes/JoHuss.html

[6] http://spanishnewtestament.com/heroes/JoHuss.html

[7] http://spanishnewtestament.com/heroes/JoHuss.html

[8] http://spanishnewtestament.com/heroes/JoHuss.html

[9] http://spanishnewtestament.com/heroes/JoHuss.html

B. Consultada

  • Charles C. Ryrie,Teologia Basica, ed. Unilit
  • Juan Calvino Profeta Contemporaneo”,  compilado por Jacob  T. Hoogstra

Sobre la eternidad de Dios. santo Tomas de Aquino


Sobre la eternidad de Dios

Ahora hay que tratar lo referente a la eternidad de Dios. Esta cuestión plantea y exige respuesta a seis problemas:

  1. ¿Que es la eternidad?

  2. Dios, ¿es o no es eterno?

  3. Ser eterno, ¿es o no es propio de Dios?

  4. ¿Hay o no hay diferencia entre tiempo y eternidad?

  5. Diferencia entre evo y tiempo.

  6. ¿Hay o no hay un evo como hay un tiempo y una eternidad?

Artículo 1: ¿Es o no es correcto definir la eternidad como la posesión total, simultánea y completa de la vida interminable?

Objeciones por las que parece que no es correcto definir la eternidad como lo hace Boecio en V De consolatione al decir: la eternidad es la posesión total, simultánea y completa de la vida interminable.

1. Lo interminable tiene sentido negativo. Pero lo negativo no es aplicable más que a lo deficiente. A la eternidad no le corresponde lo deficiente. Luego en la definición de eternidad no debe entrar el término interminable.

2. Más aún. La eternidad tiene cierto sentido de duración. La duración afecta más al ser que a la vida. Luego en la definición de eternidad no debe entrar el término vida,sino, más bien, el término ser.

3. Se llama todo a lo que tiene partes. La eternidad, por ser simple, no admite partes. Luego no es correcto decir total.

4. Muchos días y muchos tiempos no pueden existir simultáneamente; pues se dice en Miq 5,2: Su origen está en el principio, en los días eternos; y en Rom 16,25: Siguiendo la revelación de los misterios guardados en el silencio desde los tiempos eternos. Luego la eternidad no es total y simultánea.

5. Y también. Todo y completo es lo mismo. Así, pues, establecido el total sobra añadircompleta.

6. La posesión no cuadra con la duración. Pero eternidad implica cierta duración. Luego la eternidad no es posesión.

Respondo: Así como llegamos al conocimiento de lo simple partiendo de lo compuesto, así también llegamos al conocimiento de eternidad partiendo del tiempo, que no es más que el número de movimiento según el antes y el después. Como en todo movimiento hay sucesión, y una de sus partes viene después de la otra, contando el antes y el después del movimiento, conseguimos la noción de tiempo, que no es más que el número de lo anterior y de lo posterior en el movimiento. En cambio, en lo que carece de movimiento no es posible distinguir un antes y un después, ya que siempre está del mismo modo. Así, pues, como el concepto de tiempo consiste en la numeración de lo anterior y de lo posterior en el movimiento, así el concepto de eternidad consiste en la concepción de la uniformidad de lo que está absolutamente exento de movimiento. Además, se dice que son cronometrables aquellas cosas que en el tiempo tienen principio y fin, como consta en el IV Physic. Esto es así porque en todo lo que se mueve hay algún principio y algún final; mientras que en lo completamente inmutable, como no hay sucesión, tampoco puede haber principio ni fin. Así, pues, entendemos la eternidad partiendo de dos aspectos. El primero, referido a lo que se da en la eternidad y que es interminable, esto es, carente de principio y de fin (a lo cual se refiere el término). El segundo, referido a la misma eternidad como carente de sucesión, esto es, siendo toda ella simultaneidad.

A las objeciones:

1. Es costumbre definir lo simple por negación. Ejemplo: El punto es aquello que no tiene partes. Y esto es así no porque la negación sea esencial a lo simple, sino porque nuestro entendimiento, que primero comprehende lo compuesto, no puede llegar al conocimiento de lo simple más que siguiendo un proceso de eliminación de lo compuesto.

2. Lo que es verdaderamente eterno no sólo es ser, sino viviente; y el mismo vivir comprende en cierto modo la acción, no así el ser. De esta manera, la amplitud de la duración más bien parece que deba tomarse de la acción más que del ser. De ahí que el tiempo sea el número del movimiento.

3. La eternidad es llamada total no porque tenga partes, sino porque nada le falta.

4. Así como a Dios, que es incorpóreo, en la Escritura se le aplican metafóricamente nombres de las cosas materiales, así a la eternidad, que es totalidad simultánea, se le aplican nombres de las realidades temporales sucesivas.

5. En el tiempo hay que considerar dos aspectos. Uno, el tiempo en sí mismo, que es sucesivo. Otro, el ahora del tiempo que es incompleto. A la eternidad se la llama totalidad simultánea para eliminar el tiempo; y completa para excluir el ahora del tiempo.

6. Lo que se posee, se tiene firmemente y seguro. Para designar la inmutabilidad e indefectibilidad de la eternidad, se usa la palabra posesión.

Artículo 2: Dios, ¿es o no es eterno?

Objeciones por las que parece que Dios no es eterno:

1. Nada de lo hecho es atribuible a Dios. Pero la eternidad es algo hecho. Dice Boecio:El ahora que fluye hace el tiempo; el ahora que permanece hace la eternidad. Y Agustín en el libro Octoginta trium quaest.Dios es el autor de la eternidad. Luego Dios no es eterno.

2. Lo que es anterior y posterior a la eternidad no puede ser medido por la eternidad. Pero Dios es anterior a la eternidad, tal como se dice en el libro De Causis; y posterior a la eternidad, como se dice en Ex 15,18: El Señor reinará eternamente y aún más. Luego a Dios no le corresponde ser eterno.

3. La eternidad es una cierta medida. Pero a Dios no le corresponde ser medido. Luego no le compete ser eterno.

4. En la eternidad no hay presente, pasado ni futuro, ya que es totalidad simultánea, como quedó dicho (a.1). Pero en la Escritura se dicen de Dios cosas en presente, pasado y futuro. Luego Dios no es eterno.

Contra esto: está lo que dice Atanasio: El Eterno Padre, el Eterno Hijo, el Eterno Espíritu Santo.

Respondo:al problema. El concepto de eternidad se deriva de la inmutabilidad, como el de tiempo del movimiento, según ha quedado dicho (a.1). Como quiera que Dios es lo más inmutable, a El le corresponde en grado máximo ser eterno. No sólo es eterno, sino que es su misma eternidad. Por otra parte, ninguna otra cosa es su propia duración, porque ninguna es su propio ser. Dios es su mismo ser uniforme. Por lo cual, lo mismo que es su esencia, así también es su eternidad.

A las objeciones:

1. Según nuestro modo de entender, el ahora permanente hace eternidad. Del mismo modo que nuestra noción de tiempo la provoca nuestra percepción del fluir del ahora, la noción de eternidad la provoca nuestra idea del ahora permanente. Lo que dice Agustín, Dios es autor de la eternidad, debe entenderse de la eternidad participada. De hecho, Dios comunicó a algunos su eternidad como también su inmutabilidad.

2. La respuesta a esta objeción resulta evidente después de lo dicho. Pues, decir que Dios existe antes de la eternidad, se entiende que se trata de la eternidad participada en las criaturas inmateriales. De ahí que en el mismo texto se diga que la inteligencia se equipara a la eternidad. Lo que dice en el Éxodo (16,18): El Señor reinará eternamente y aún más, según otra versión, allí eterno es igual a siglo. Por eso se dice que reinará aún más porque su reino dura más que cualquier siglo, es decir, más que cualquier duración establecida. El siglo no es más que el período de duración de una cosa, como se dice en el libro I De caelo. También se dice que reinará eternamente y aún más, porque, de existir algo que siempre hubiese sido, como el movimiento del cielo según algunos filósofos, sin embargo, Dios reinará aún más en cuanto que su reino es totalidad simultánea.

3. La eternidad no es más que el mismo Dios. Y no se dice que Dios sea eterno porque de algún modo sea mensurable, sino que se toma el concepto de medida sólo por nuestro modo de entender.

4. Los tiempos de los verbos son aplicados a Dios en cuanto que su eternidad incluye todos los tiempos, no porque El varíe por el presente, el pasado o el futuro.

Artículo 3: Ser eterno, ¿es o no es propio de Dios?

Objeciones por las que parece que ser eterno no es propio sólo de Dios:

1. Se dice en el libro de Dan 12,3: Quienes preparan a los pueblos en la justicia serán como estrellas en perennes eternidades. No habría muchas eternidades si sólo Dios fuese eterno. Así, pues, no sólo Dios es eterno.

2. Se dice en Mt 25,41: ¡Malditos, id al fuego eterno! Así, pues, no sólo Dios es eterno.

3. Todo lo necesario es eterno. Pero muchas cosas son necesarias, como todos los principios de demostración y todas las proposiciones demostrativas. Luego no sólo Dios es eterno.

Contra esto: está lo que dice Jerónimo a Marcelo: Sólo Dios no tiene principio. Todo lo que tiene principio no es eterno. Luego sólo Dios es eterno.

Respondo: Verdadera y propiamente sólo en Dios está la eternidad. Porque, tal como se dijo (a.1), la eternidad deriva de la inmutabilidad, y sólo Dios es completamente inmutable, como quedó demostrado (q.9 a.2). Sin embargo, en la medida en que algunos participan de su inmutabilidad participan también de su eternidad. Por otra parte, hay seres que obtienen de Dios la inmutabilidad, pues no dejarán de existir. Así, Eclo 1,4 dice que la tierra permanece eternamente. Hay algunas cosas que, por su duración, la Escritura también las llama eternas aunque sean corruptibles. Así, el Sal 75,5 dice: montes eternos; y en Dt 33,15: collados eternos. Otros participan en mayor grado del concepto de eternidad por ser inmutables en cuanto al ser y también en cuanto a la operación, como ocurre en los ángeles y en los santos que ya gozan de la Palabra, porque por lo que respecta a la contemplación de la Palabra, en los santos no hay pensamientos cambiables, como dice Agustín en XV De Trin. De ahí que, de quienes contemplan a Dios, se diga que tienen la vida eterna, siguiendo aquello de Jn 17,3: Esta es la vida eterna, que conozcan, etcétera.

A las objeciones:

1. Se dice que hay muchas eternidades porque son muchos los que participan de la eternidad por la misma contemplación de Dios.

2. El fuego del infierno es llamado eterno como sinónimo de interminable. Sin embargo, puede haber cambio en las penas de los condenados, según aquello de Job 24,19: Pasarán de aguas de nieve a un calor inmenso. De ahí que en el infierno no haya auténtica eternidad, sino tiempo más largo, según aquello del Sal 80,16: Su tiempo durará por los siglos.

3. Necesario expresa un modo de la verdad. Y lo verdadero está en el entendimiento, como dice el Filósofo en VI Metaphys. Así, pues, según eso, lo verdadero y lo necesario es eterno porque se da en el único entendimiento eterno, que es el divino. Pero de ahí no se deduce que, fuera de Dios, haya algo eterno.

Artículo 4: ¿Hay o no hay diferencia entre tiempo y eternidad?

Objeciones por las que parece que la eternidad no es distinta del tiempo:

1. Es imposible que puedan aplicarse simultáneamente dos medidas de duración, a no ser que una sea parte de la otra. De hecho no hay simultáneamente dos días o dos horas; pero el día y la hora son simultáneos, porque la hora es parte del día. Pero la eternidad y el tiempo son simultáneos, pues ambos son cierta medida de duración. Como quiera que la eternidad no es parte del tiempo porque la eternidad incluye y sobrepasa el tiempo, parece que el tiempo es parte de la eternidad y no algo distinto de la eternidad.

2. Según el Filósofo en el IV Physic., el ahora del tiempo permanece idéntico mientras dura. Pero esto parece ser lo constitutivo del concepto de eternidad, que es la identidad indivisible en el transcurrir del tiempo. Luego la eternidad es el ahora del tiempo. Pero el ahora del tiempo no es algo sustancialmente distinto del tiempo. Luego la eternidad no es sustancialmente distinta del tiempo.

3. Así como la medida del primer movimiento es la medida de todos los movimientos, como se dice en IV Physic., parece que la medida del primer ser es la medida de todo ser. Pero la eternidad es la medida del primer ser, que es el ser divino. Luego la eternidad es la medida de todo ser. Pero el ser de las cosas corruptibles se mide con el tiempo. Luego el tiempo o es la eternidad o algo de la eternidad.

Contra esto: está el hecho de que la eternidad es totalidad simultánea. En el tiempo se da lo anterior y lo posterior. Luego el tiempo y la eternidad no son lo mismo.

Respondo: Es evidente que el tiempo y la eternidad no son lo mismo. El fundamento de su diversidad consiste para algunos en que la eternidad no tiene ni principio ni fin, mientras que el tiempo sí tiene principio y fin. Pero es ésta una diferencia accidental, no esencial. Porque, aun considerando que el tiempo no hubiese tenido principio ni fuera a tener fin, como sostienen quienes tienen por eterno el movimiento del cielo, aún se mantendría la diferencia entre eternidad y tiempo, como dice Boecio en el libro De consolat., porque la eternidad es totalidad simultánea, cosa que no le corresponde al tiempo; puesto que la eternidad es la medida del existir permanente, mientras que el tiempo lo es del movimiento. Sin embargo, si la anterior diferencia la aplicamos a lo medido, pero no a las medidas, nos encontramos con otra fuerza argumental; pues con el tiempo se mide sólo lo que en el tiempo tiene principio y fin, como se dice en el IVPhysic. De ahí que, si el movimiento del cielo durara siempre, el tiempo no se mediría por su duración total, pues lo infinito no es medible; pero sí podría medirse alguna rotación que en el tiempo tiene principio y fin. Sin embargo, puede haber otra razón argumental por parte de estas medidas, si se toma el fin y el principio en cuanto potencia. Porque, aun considerando que el tiempo siempre dure, sin embargo es posible señalar en el tiempo el principio y el fin siempre que tomemos alguna de sus partes, como, por ejemplo, decimos principio y fin del día o del año. Y esto no es aplicable a la eternidad. Sin embargo, estas diferencias presuponen lo que es la diferencia en sí misma, es decir, que la eternidad es totalidad simultánea y el tiempo no.

A las objeciones:

1. Aquel argumento tendría razón de ser si el tiempo y la eternidad fueran medidas del mismo género. Pero es falso si se analiza a partir de lo medido por el tiempo y lo medido por la eternidad.

2. El ahora del tiempo es el mismo sujeto en todo el tiempo, pero lo captamos como diferente. Pues, así como el tiempo responde al movimiento, el ahora del tiempo responde al móvil. El móvil es siempre el mismo a lo largo del tiempo, pero unas veces captado estando aquí, y otras allí. Esta alternancia es el movimiento. Algo parecido le sucede al ahora, pero atendiendo a la razón de la alternancia, que es el tiempo. La eternidad, en cambio, permanece la misma como sujeto y como realidad entendida. De ahí que la eternidad no sea lo mismo que el ahora del tiempo.

3. Así como la eternidad es la medida propia del mismo ser, el tiempo lo es del movimiento. Por eso, cuanto más apartado está algo de la permanencia en el ser, viéndose sometida al cambio, tanto más apartada estará de la eternidad y sometida al tiempo. Por lo tanto, el ser de lo corruptible, que es variable, no puede ser medido por la eternidad, sino por el tiempo, ya que el tiempo mide no sólo lo que varía realmente, sino todo lo que es variable. De ahí que no sólo mida el movimiento, sino también lo estable, que, al fin y al cabo, es el estado de aquello que ha nacido para estar en movimiento y no se mueve.

Artículo 5: Sobre la diferencia entre evo y tiempo

Objeciones por las que parece que el evo no es distinto del tiempo:

1. Dice Agustín en el VIII Super Gen. ad litt.Dios mueve la criatura espiritual en el tiempo. Pero se dice que el evo es la medida de las sustancias espirituales. Luego no hay diferencia entre tiempo y evo.

2. Es propio del tiempo tener antes y después. Es propio de la eternidad ser totalidad simultánea, como se dijo (a.1). Pero el evo no es la eternidad. Pues se dice en Eclo 1,1 que la sabiduría es anterior al evo. Luego no es totalidad simultánea, sino que tiene antes y después lo mismo que el tiempo.

3. Si en el evo no hay antes y después, en el evo no hay pasado, presente ni futuro. Como quiera que es imposible que el evo no se diera en el pasado, es imposible que tampoco se dé en el futuro. Esto es falso, pues Dios puede reducirlo a nada.

4. Como quiera que la duración del evo es infinita en cuanto al después, si el evo es totalidad simultánea se sigue que algo creado es infinito en acto. Esto es imposible. Así, pues, no hay diferencia entre evo y tiempo.

Contra esto: está lo que dice Boecio: Tú sacas el tiempo del evo.

Respondo: El evo se diferencia del tiempo y de la eternidad como un medio entre ambos. Hay algunos que establecen la diferencia diciendo: la eternidad no tiene ni principio ni fin; el evo tiene principio, pero no fin; el tiempo tiene principio y fin. Pero se trata de una diferencia accidental, como quedó dicho (a.4). Porque si el evo fue y siempre será, según dicen algunos, o dejara de ser porque Dios puede determinarlo, aun así se distinguiría la perpetuidad del tiempo y de la eternidad.

Otros sitúan la diferencia de estas tres cosas diciendo que la eternidad no tiene antes ni después; el tiempo tiene antes y después con novedad y antigüedad; el evo tiene antes y después sin novedad ni antigüedad. Pero esta distribución es contradictoria, resultando evidente si se le aplica la misma medida de la novedad y la antigüedad. Porque así como el antes y el después no son simultáneos, si el evo tiene antes y después es necesario que, concluida una parte del evo, sea sustituida por otra parte y, de este modo, se introduce la novedad en el evo como sucede en el tiempo. Si esta diferencia, en vez de aplicarla a la medida la aplicamos a lo medido, los inconvenientes permanecen. Pues si las cosas temporales envejecen con el tiempo, la razón está en que son mutables; y precisamente por la mutabilidad de lo medido hay antes y después en la medida. Esto se observa en el IV Physic. Por lo tanto, si el mismo evo no está sometido a la novedad o antigüedad, la razón se encontrará en el hecho de ser intransmutable; por eso en su medida no habrá antes y después.

Consecuentemente, hay que decir: como quiera que la eternidad es la medida del ser permanente, cuanto más se aleja algo de lo permanente del ser, tanto más se aleja de la eternidad. Hay ciertas cosas que se alejan tanto de la permanencia del ser, que su ser está sometido al cambio, o es el mismo cambio. Por eso son medidos con el tiempo. Esto es lo propio de todo movimiento y también lo propio de todos los seres corruptibles.

Por otra parte, hay seres que se alejan mucho menos de la permanencia en el ser, porque su ser no está sometido al cambio, ni es el mismo cambio; sin embargo, de algún modo tienen el cambio, bien en acto, bien en potencia. Esto es lo propio de los cuerpos celestes cuyo ser sustancial es intransmutable. Sin embargo, su ser intransmutable está sometido a la ocupación de un lugar.

Algo parecido pasa con los ángeles, que tienen ser intransmutable sometido a la mutabilidad de la elección, algo propio de su naturaleza. Por eso, pueden cambiar con respecto a su elección, pensamiento, afecto y lugar. Y pueden ser medidos por el evo, que es el medio entre la eternidad y el tiempo. En cambio, el ser medido por la eternidad no es mutable ni está sometido a la mutabilidad. Así, pues, el tiempo tiene antes y después; el evo no tiene antes ni después, pero le son aplicables; la eternidad no tiene antes ni después ni le son aplicables.

A las objeciones:

1. Las criaturas espirituales, vistas desde la sucesión que se da en sus afectos y pensamientos, son medidas por el tiempo. De ahí que Agustín siga diciendo que moverse en el tiempo es moverse en el afecto. Y en cuanto a su ser natural, su medida es el evo. En cuanto a su visión de la gloria, participan de la eternidad.

2. El evo es totalidad simultánea, sin embargo no es eternidad, porque está sometida al antes y al después.

3. Los ángeles, en cuanto tales, no están sometidos al pasado y al futuro, sino sólo por cambios accidentales. Cuando decimos que un ángel fue o será, esto es una diferencia introducida por nuestro entendimiento, que aprehende el ser de los ángeles comparándolo a lo sometido al tiempo. Sin embargo, cuando decimos que un ángel es o fue, estamos suponiendo algo opuesto no sometido al poder divino. Por otra parte, cuando decimos que será, no se supone nada.

De ahí que, como quiera que tanto el ser como el no ser del ángel está sometido al poder divino, desde cualquier punto de vista Dios puede hacer que el ser del ángel no exista en el futuro. Sin embargo, no puede hacer que no sea mientras existe, o que no fue mientras existió.

4. La duración del evo es infinita porque no acaba en el tiempo. Además, no hay inconveniente en que exista algo creado infinito si no existe limitado por algo.

Artículo 6: ¿Hay o no hay un solo evo?

Objeciones por las que parece que no hay un solo evo:

1. Se dice en los apócrifos de Esdras (III Esd 4,40): La majestad y el poder de todos los evos depende de ti, Señor.

2. Más aún. A diversidad de géneros, diversidad de medidas. Pero hay realidades perpetuas que son del género corporal, como los cuerpos celestes; otras son sustancias espirituales, como los ángeles. Luego no hay un solo evo.

3. Como el evo es una duración, el evo tiene una duración. Pero no todos los seres perpetuos tienen la misma duración; porque unos empiezan a existir después de otros, cosa que resulta evidente sobre todo en las almas humanas. Por lo tanto, no hay un solo evo.

4. Las cosas que no son dependientes recíprocamente no parecen tener la misma medida de duración. Pues el hecho de que todos los seres temporales parezcan tener el mismo tiempo responde a que el primer movimiento medido por el tiempo, de alguna manera es la causa de todos los demás movimientos. Pero los seres perpetuos no son dependientes recíprocamente —un ángel no es causa de otro—. Luego no hay un solo evo.

Contra esto: el evo es más simple que el tiempo y está más cercano a la eternidad. Y si no hay más que un tiempo, con mayor motivo no hay más que un solo evo.

Respondo: Sobre el particular hay una doble opinión. Unos dicen que hay un solo evo; otros, que hay muchos evos. Para saber qué opinión es la más aceptable, ambas tienen que ser consideradas desde la unidad del tiempo, pues llegamos al conocimiento de lo espiritual a través de lo corporal. Unos dicen que todo lo temporal está sometido a la misma medida del tiempo, por lo cual hay un número para todo lo que se enumera, pues, como dice el Filósofo, el tiempo es número. Pero esta razón no es suficiente; porque el tiempo no es número como algo abstraído de lo enumerado, sino como algo existente en lo enumerado. En caso contrario no sería continuo, pues diez barras de pan tienen continuidad, pero no por el número, sino por lo enumerado. De ahí que el número que se da en lo enumerado no sea el mismo en todos, sino distinto en lo que no es idéntico.

Otros consideran la causa de la unidad del tiempo desde la unidad de la eternidad. Así, todas las duraciones son una si se considera su principio; pero en realidad son muchas si se considera la diversidad existente recibida por la duración que les imprime el influjo del primer principio.

Otros consideran la causa de la unidad del tiempo desde la materia prima, que es el primer sujeto del movimiento cuya medida es el tiempo.

Estas tres consideraciones resultan insuficientes al parecer, porque todo aquello cuya unidad depende de su sujeto o de su principio, máxime si éste es lejano, no es una unidad absoluta, sino sólo en cierto modo. La razón de la unidad del tiempo es la unidad del primer motor, que, por ser absolutamente simple, es la medida de todos los demás, como se dice en X Metaphys. De este modo, el tiempo se relaciona con aquel movimiento no sólo como la medida con lo medido, sino como el accidente con el sujeto, y así recibe de él la unidad.

Con otros movimientos su relación es igual a la existente entre medida y medido, por lo cual, al multiplicarse aquellos, no lo hace éste, ya que una medida independiente de lo medido puede medir muchas cosas. Aceptado esto, hay que tener presente que, con respecto a las sustancias espirituales, hubo una doble opinión. Algunos, como Orígenes, dijeron que todas procedían de Dios con cierta igualdad; otros, que sólo algunas. Otros, por su parte, dijeron que todas las sustancias espirituales procedían de Dios en cierto grado y orden. Este parece ser el sentir de Dionisio cuando dice, en el c.10 De Cael Hier.que entre las sustancias espirituales están las primeras, las intermedias y las últimas. Esto se da en el mismo orden de los ángeles. Así, pues, según la primera opinión, hay que decir que hay muchos evos, puesto que hay muchos seres perpetuos primeros, ya que son iguales. Según la segunda opinión, hay que decir que sólo hay un evo, porque si cada cosa se mide por lo más simple en su género, el ser de todo evo se medirá por el del primer ser perpetuo, que tanto más simple será cuanto más anterior sea. Este es el parecer expresado en X Metaphys. Como quiera que esta segunda opinión parece ser la más verdadera, como se demostrará más adelante (q.47 a.2q.50 a.4), en la presente cuestión sostenemos que hay un solo evo.

A las objeciones:

1. Algunas veces, evo ha sido tomado como sinónimo de siglo, que es un período de duración de alguna cosa. Así se dice muchos evos como muchos siglos.

2. Los cuerpos celestes se distinguen de los espirituales en el género de su naturaleza; y coinciden en que su ser es intransmutable. De este modo son medidos por el evo.

3. Tampoco las cosas temporales empiezan todas simultáneamente; sin embargo, para todas ellas hay un solo tiempo, pues su unidad proviene del primer ser que el tiempo mida. Del mismo modo, todos los seres perpetuos tienen el mismo evo que les concede el primero, aunque no todos empiezan simultáneamente.

4. Para que determinadas cosas sean medidas por una en concreto, no se precisa que ésta sea causa de aquéllas, sino que sea más simple.

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Extr. de

Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino  hjg.com.ar

Sobre la existencia de Dios. Santo Tomas de Aquino


Sobre la existencia de Dios. Santo Tomas de Aquino

Así, pues, como quiera que el objetivo principal de esta doctrina sagrada es llevar al conocimiento de Dios, y no sólo como ser, sino también como principio y fin de las cosas, especialmente de las criaturas racionales según ha quedado demostrado (q.1 a.7), en nuestro intento de exponer dicha doctrina trataremos lo siguiente: primero, de Dios; segundo, de la marcha del hombre hacia Dios; tercero, de Cristo, el cual, como hombre, es el camino en nuestra marcha hacia Dios.

La reflexión sobre Dios abarcará tres partes. En la primera trataremos lo que es propio de la esencia divina; en la segunda, lo que pertenece a la distinción de personas; en la tercera, lo que se refiere a las criaturas en cuanto que proceden de Él.

Con respecto a la esencia divina, sin duda habrá que tratar lo siguiente: primero, la existencia de Dios; segundo, cómo es, o mejor, cómo no es; tercero, de su obrar, o sea, su ciencia, su voluntad, su poder.

Lo primero plantea y exige respuesta a tres problemas:

  1. ¿Es o no es evidente Dios por sí mismo?

  2. ¿Es o no es demostrable?

  3. ¿Existe o no existe Dios?

Artículo 1: Dios, ¿es o no es evidente por sí mismo?

Objeciones por las que parece que Dios es evidente por sí mismo:

1. Se dice que son evidentes por sí mismas aquellas cosas cuyo conocimiento nos es connatural, por ejemplo, los primeros principios. Pero, como dice el Damasceno al inicio de su libro, el conocimiento de que Dios existe está impreso en todos por naturaleza. Por lo tanto, Dios es evidente por sí mismo.

2. Se dice que son evidentes por sí mismas aquellas cosas que, al decir su nombre, inmediatamente son identificadas. Esto, el Filósofo en I Poster lo atribuye a los primeros principios de demostración. Por ejemplo, una vez sabido lo que es todo y lo que es parte, inmediatamente se sabe que el todo es mayor que su parte. Por eso, una vez comprendido lo que significa este nombre, Dios, inmediatamente se concluye que Dios existe. Si con este nombre se da a entender lo más inmenso que se puede comprender, más inmenso es lo que se da en la realidad y en el entendimiento que lo que se da sólo en el entendimiento. Como quiera que comprendido lo que significa este nombre, Dios,inmediatamente está en el entendimiento, habrá que concluir que también está en la realidad. Por lo tanto, Dios es evidente por sí mismo.

3. Que existe la verdad es evidente por sí mismo, puesto que quien niega que la verdad existe está diciendo que la verdad existe; pues si la verdad no existe, es verdadero que la verdad no existe. Pero para que algo sea verdadero, es necesario que exista la verdad. Dios es la misma verdad. Jn 14,6: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Por lo tanto, que Dios existe es evidente por sí mismo.

Contra esto: Nadie puede pensar lo contrario de lo que es evidente por sí mismo, tal como consta en el Filósofo, IV Metaphys. y I Poster. cuando trata los primeros principios de la demostración. Sin embargo, pensar lo contrario de que Dios existe, sí puede hacerse, según aquello del Sal 52,1: Dice el necio en su interior: Dios no existe. Por lo tanto, que Dios existe no es evidente por sí mismo.

Respondo: La evidencia de algo puede ser de dos modos. Uno, en sí misma y no para nosotros; otro, en sí misma y para nosotros. Así, una proposición es evidente por sí misma cuando el predicado está incluido en el concepto del sujeto, como el hombre es animal, ya que el predicado animal está incluido en el concepto de hombre. De este modo, si todos conocieran en qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proposición sería evidente para todos. Esto es lo que sucede con los primeros principios de la demostración, pues sus términos como ser – no ser, todo-parte, y otros parecidos, son tan comunes que nadie los ignora.

Por el contrario, si algunos no conocen en qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proposición será evidente en sí misma, pero no lo será para los que desconocen en qué consiste el predicado y en qué el sujeto de la proposición. Así ocurre, como dice Boecio, que hay conceptos del espíritu comunes para todos y evidentes por sí mismos que sólo comprenden los sabios, por ejemplo, lo incorpóreo no ocupa lugar.

Por consiguiente, digo: La proposición Dios existe, considerada en sí misma, es evidente por sí misma, ya que en ella sujeto y predicado son lo mismo, pues Dios es su mismo ser, como veremos (q.3 a.4). Pero, puesto que no sabemos en qué consiste Dios, para nosotros no es evidente, sino que necesitamos demostrarlo a través de aquello que es más evidente para nosotros y menos por su naturaleza, esto es, por los efectos.

A las objeciones:

1. Conocer de un modo general y no sin confusión que Dios existe, está impreso en nuestra naturaleza en el sentido de que Dios es la felicidad del hombre; puesto que el hombre por naturaleza quiere ser feliz, por naturaleza conoce lo que por naturaleza desea. Pero a esto no se le puede llamar exactamente conocer que Dios existe; como, por ejemplo, saber que alguien viene no es saber que Pedro viene aunque sea Pedro el que viene. De hecho, muchos piensan que el bien perfecto del hombre, que es la bienaventuranza, consiste en la riqueza; otros, lo colocan en el placer; otros, en cualquier otra cosa.

2. Es probable que quien oiga la palabra Dios no entienda que con ella se expresa lo más inmenso que se pueda pensar, pues de hecho algunos creyeron que Dios era cuerpo. No obstante, aun suponiendo que alguien entienda el significado de lo que con la palabra Dios se dice, sin embargo no se sigue que entienda que lo que significa este nombre se dé en la realidad, sino tan sólo en la comprensión del entendimiento. Tampoco se puede deducir que exista en la realidad, a no ser que se presuponga que en la realidad hay algo tal que no puede pensarse algo mayor que ello. Y esto no es aceptado por los que sostienen que Dios no existe.

3. La verdad en general existe, es evidente por sí mismo; pero que exista la verdad absoluta, esto no es evidente para nosotros.

Artículo 2: La existencia de Dios, ¿es o no es demostrable?

Objeciones por las que parece que la existencia de Dios no es demostrable:

1. La existencia de Dios es artículo de fe. Pero los contenidos de fe no son demostrables, puesto que la demostración convierte algo en evidente, en cambio la fe trata lo no evidente, como dice el Apóstol en Heb 11,1. Por lo tanto, la existencia de Dios no es demostrable.

2. La base de la demostración está en lo que es. Pero de Dios no podemos saber qué es, sino sólo qué no es, como dice el Damasceno. Por lo tanto, no podemos demostrar la existencia de Dios.

3. Si se demostrase la existencia de Dios, no sería más que a partir de sus efectos. Pero sus efectos no son proporcionales a Él, en cuanto que los efectos son finitos y Él es infinito; y lo finito no es proporcional a lo infinito. Como quiera, pues, que la causa no puede demostrarse a partir de los efectos que no le son proporcionales, parece que la existencia de Dios no puede ser demostrada.

Contra esto: está lo que dice el Apóstol en Rom 1,20: Lo invisible de Dios se hace comprensible y visible por lo creado. Pero esto no sería posible a no ser que por lo creado pudiera ser demostrada la existencia de Dios, ya que lo primero que hay que saber de una cosa es si existe.

Respondo: Toda demostración es doble. Una, por la causa, que es absolutamente previa a cualquier cosa. Se la llama: a causa de. Otra, por el efecto, que es lo primero con lo que nos encontramos; pues el efecto se nos presenta como más evidente que la causa, y por el efecto llegamos a conocer la causa. Se la llama: porque. Por cualquier efecto puede ser demostrada su causa (siempre que los efectos de la causa se nos presenten como más evidentes): porque, como quiera que los efectos dependen de la causa, dado el efecto, necesariamente antes se ha dado la causa. De donde se deduce que la existencia de Dios, aun cuando en sí misma no se nos presenta como evidente, en cambio sí es demostrable por los efectos con que nos encontramos.

A las objeciones:

1. La existencia de Dios y otras verdades que de Él pueden ser conocidas por la sola razón natural, tal como dice Rom 1,19, no son artículos de fe, sino preámbulos a tales artículos. Pues la fe presupone el conocimiento natural, como la gracia presupone la naturaleza, y la perfección lo perfectible. Sin embargo, nada impide que lo que en sí mismo es demostrable y comprensible, sea tenido como creíble por quien no llega a comprender la demostración.

2. Cuando se demuestra la causa por el efecto, es necesario usar el efecto como definición de la causa para probar la existencia de la causa. Esto es así sobre todo por lo que respecta a Dios. Porque para probar que algo existe, es necesario tomar como base lo que significa el nombre, no lo que es; ya que la pregunta qué es presupone otra:si existe. Los nombres dados a Dios se fundamentan en los efectos, como probaremos más adelante (q.13 a.1). De ahí que, demostrado por el efecto la existencia de Dios, podamos tomar como base lo que significa este nombre Dios.

3. Por efectos no proporcionales a la causa no se puede tener un conocimiento exacto de la causa. Sin embargo, por cualquier efecto puede ser demostrado claramente que la causa existe, como se dijo. Así, por efectos divinos puede ser demostrada la existencia de Dios, aun cuando por los efectos no podamos llegar a tener un conocimiento exacto de cómo es Él en sí mismo.

Artículo 3: ¿Existe o no existe Dios?

Objeciones por las que parece que Dios no existe:

1. Si uno de los contrarios es infinito, el otro queda totalmente anulado. Esto es lo que sucede con el nombre Dios al darle el significado de bien absoluto. Pues si existiese Dios, no existiría ningún mal. Pero el mal se da en el mundo. Por lo tanto, Dios no existe.

2. Lo que encuentra su razón de ser en pocos principios, no se busca en muchos. Parece que todo lo que existe en el mundo, y supuesto que Dios no existe, encuentra su razón de ser en otros principios; pues lo que es natural encuentra su principio en la naturaleza; lo que es intencionado lo encuentra en la razón y voluntad humanas. Así, pues, no hay necesidad alguna de acudir a la existencia de Dios.

Contra esto: está lo que se dice en Éxodo 3,14 de la persona de Dios: Yo soy el que soy.

Respondo: La existencia de Dios puede ser probada de cinco maneras distintas. 1) La primera y más clara es la que se deduce del movimiento. Pues es cierto, y lo perciben los sentidos, que en este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. De hecho nada se mueve a no ser que en cuanto potencia esté orientado a aquello para lo que se mueve. Por su parte, quien mueve está en acto. Pues mover no es más que pasar de la potencia al acto. La potencia no puede pasar a acto más que por quien está en acto. Ejemplo: el fuego, en acto caliente, hace que la madera, en potencia caliente, pase a caliente en acto. De este modo la mueve y cambia. Pero no es posible que una cosa sea lo mismo simultáneamente en potencia y en acto; sólo lo puede ser respecto a algo distinto. Ejemplo: Lo que es caliente en acto, no puede ser al mismo tiempo caliente en potencia, pero sí puede ser en potencia frío. Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mueva a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro. Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y éste por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor. Ejemplo: Un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios.

2) La segunda es la que se deduce de la causa eficiente. Pues nos encontramos que en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. En las causas eficientes no es posible proceder indefinidamente porque en todas las causas eficientes hay orden: la primera es causa de la intermedia; y ésta, sea una o múltiple, lo es de la última. Puesto que, si se quita la causa, desaparece el efecto, si en el orden de las causas eficientes no existiera la primera, no se daría tampoco ni la última ni la intermedia. Si en las causas eficientes llevásemos hasta el infinito este proceder, no existiría la primera causa eficiente; en consecuencia no habría efecto último ni causa intermedia; y esto es absolutamente falso. Por lo tanto, es necesario admitir una causa eficiente primera. Todos la llaman Dios.

3) La tercera es la que se deduce a partir de lo posible y de lo necesario. Y dice: Encontramos que las cosas pueden existir o no existir, pues pueden ser producidas o destruidas, y consecuentemente es posible que existan o que no existan. Es imposible que las cosas sometidas a tal posibilidad existan siempre, pues lo que lleva en sí mismo la posibilidad de no existir, en un tiempo no existió. Si, pues, todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo en que nada existió. Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe. Si, pues, nada existía, es imposible que algo empezara a existir; en consecuencia, nada existiría; y esto es absolutamente falso. Luego no todos los seres son sólo posibilidad; sino que es preciso algún ser necesario. Todo ser necesario encuentra su necesidad en otro, o no la tiene. Por otra parte, no es posible que en los seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder indefinidamente, como quedó probado al tratar las causas eficientes (núm. 2). Por lo tanto, es preciso admitir algo que sea absolutamente necesario, cuya causa de su necesidad no esté en otro, sino que él sea causa de la necesidad de los demás. Todos le dicen Dios.

4) La cuarta se deduce de la jerarquía de valores que encontramos en las cosas. Pues nos encontramos que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas. En unas más y en otras menos. Pero este más y este menos se dice de las cosas en cuanto que se aproximan más o menos a lo máximo. Así, caliente se dice de aquello que se aproxima más al máximo calor. Hay algo, por tanto, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son seres máximos, como se dice en II Metaphys. Como quiera que en cualquier género algo sea lo máximo, se convierte en causa de lo que pertenece a tal género -así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro —, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección. Le llamamos Dios.

5) La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando cómo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios.

A las objeciones:

1. Escribe Agustín en el EnchiridioDios, por ser el bien sumo, de ninguna manera permitiría que hubiera algún tipo de mal en sus obras, a no ser que, por ser omnipotente y bueno, del mal sacara un bien. Esto pertenece a la infinita bondad de Dios, que puede permitir el mal para sacar de él un bien.

2. Como la naturaleza obra por un determinado fin a partir de la dirección de alguien superior, es necesario que las obras de la naturaleza también se reduzcan a Dios como a su primera causa. De la misma manera también, lo hecho a propósito es necesario reducirlo a alguna causa superior que no sea la razón y voluntad humanas; puesto que éstas son mudables y perfectibles. Es preciso que todo lo sometido a cambio y posibilidad sea reducido a algún primer principio inmutable y absolutamente necesario, tal como ha sido demostrado.

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SOBRE LA ETERNIDAD DEL MUNDO, CONTRA LOS QUE MURMURAN.Santo Tomás de Aquino


SOBRE LA ETERNIDAD DEL MUNDO, CONTRA LOS QUE MURMURAN. Santo Tomás de Aquino

Supuesto, según la fe católica, que el mundo no ha existido desde siempre, como afirmaron equivocadamente algunos filósofos, sino que el mundo ha tenido un comienzo en su duración, como atestigua la Sagrada Escritura, que no puede errar, se plantea la duda de si podría haber existido desde siempre.

Para explicar esta cuestión según verdad, hay que distinguir primero en qué convenimos con los que opinan lo contrario, y en qué diferimos de ellos.

Si se entiende que algo además de Dios pudiese existir siempre, como si pudiese haber algo eterno además de Él, y no hecho por Él, eso es un error abominable no solamente en la fe, sino también entre los filósofos, que confiesan y prueban que todo lo que es de cualquier modo, no puede ser si no es causado por Aquel que máxima y verdaderísimamente tiene ser.

Si por el contrario se entiende que algo existiese siempre, y sin embargo fuese causado por Dios según todo lo que hay en ello, hay que inquirir si esta tesis puede mantenerse. Si se dice que es imposible, o se dice porque Dios no puede hacer algo que exista siempre, o porque no puede ser hecho en sí mismo, aún si Dios de suyo puede hacerlo.

En la primer parte todos están de acuerdo, es decir, que Dios puede hacer algo que exista siempre, considerando su poder infinito. Queda por tanto averiguar si es posible que sea hecho algo que exista siempre.

Si se dice que algo así no puede ser hecho, no puede entenderse sino de dos modos, o tener dos causas de su verdad, es decir, por falta de potencia pasiva, o porque repugna a la razón.

En el primer sentido se puede decir que, antes de que el ángel fuese hecho, no podía ser hecho, porque no fue precedido por alguna potencia pasiva, ya que no fue hecho de materia previa, sin embargo, Dios podía hacer al ángel, y podía hacer que el ángel fuese hecho, porque lo hizo, y fue hecho.

Así entendido, por tanto, hay que conceder simplemente, según la fe, que no puede ser siempre lo que es causado por Dios: porque afirmar esto sería afirmar que la potencia pasiva siempre ha existido, lo que es herético. Pero de esto no se sigue que Dios no pueda hacer que algún ente sea hecho desde siempre.

En el segundo sentido, se dice que algo no puede hacerse por repugnar a la razón, como no puede hacerse que la afirmación y la negación sean verdaderas al mismo tiempo, si bien Dios puede hacerlo, como algunos dicen. Pero otros dicen que ni Dios puede hacer estas cosas, porque no son nada.

Sin embargo, es manifiesto que no puede hacer que estas cosas sean hechas, porque la afirmación que tal cosa afirma, se destruye a sí misma.

Pero si se afirma que Dios puede hacer que estas cosas sean hechas, la afirmación no es herética, aunque sea, como creo, falsa, del mismo modo en que el que el pasado no haya sido incluye en sí mismo una contradicción.

Por lo que dice Agustín en el libro “Contra Fausto”: “Alguno dice así: “Si Dios es omnipotente, que haga que lo que fue no haya sido”. Éste no ve que está diciendo: “Si es omnipotente, que haga que lo que es verdadero, por lo mismo que es verdadero, sea falso””.

Y sin embargo, algunos grandes dijeron piadosamente que Dios puede hacer que el pasado no haya sucedido, y no fue reputado herético.

Es necesario investigar entonces si en la afirmación conjunta de estas dos tesis hay repugnancia para la razón: que algo sea causado por Dios, y sin embargo, sea siempre. Y cualquiera sea la verdad de esto, no será herético decirlo, porque Dios puede hacer que algo causado por Dios sea siempre.

Sin embargo creo que si hubiese repugnancia para la razón, sería falso. Pero si no repugna a la razón, no solamente no es falso, sino que también es imposible que sea lo contrario, y es erróneo, si esto se afirma. Pues como a la omnipotencia de Dios pertenece el exceder toda inteligencia y poder, deroga expresamente la omnipotencia el que dice que algo puede ser entendido en las creaturas, que no puede ser hecho por Dios. Y no vale instar con el caso de los pecados, que en cuanto tales, nada son.

Por tanto, toda la cuestión consiste en esto: Si ser creado por Dios según toda la sustancia, y no tener principio de duración, se oponen entre sí, o no . Y que no se oponen, se muestra de esta manera:

Si se oponen, no puede ser sino por uno de dos, o por ambos: o porque es necesario que la causa agente preceda en duración a su efecto, o porque es necesario que el no ser preceda en la duración al ser, porque la creatura de Dios ha sido hecha de la nada. En primer lugar, por tanto, hay que mostrar que no es necesario que la causa agente, es decir Dios, preceda en la duracion a su efecto, si Él así lo quiere.

En primer lugar, así: Ninguna causa que produce su efecto en forma instantánea, precede necesariamente a su efecto en duración. Pero Dios es una causa que produce a su efecto no por un cambio, sino instantáneamente. Por tanto, no es necesario que preceda en duración a su efecto.

Lo primero es claro por inducción en todos los cambios instantáneos, como la iluminación y cosas así. Y también puede ser probado por razones de este modo: En cualquier instante en que se afirme que la cosa existe, puede ponerse el principio de su acción, como se ve en todos las cosas generables, porque en el mismo instante en que comienza el fuego, comienza la calefacción.

Pero en la operación instantánea, al mismo tiempo, más aún, el mismo es el principio y el fin de la misma, como en todas las cosas indivisibles. Por tanto, en cualquier instante en que se dé el agente produciendo su efecto instantáneamente, puede darse el término de su acción. Pero el término de su acción es simultáneo con la misma cosa hecha. Por tanto no repugna a la razón que se afirme que la causa que produce su efecto instantáneamente no precede en duración a ese efecto suyo.

Sí repugnaría en el caso de las causas que producen sus efectos mediante un movimiento, porque es necesario que el principio del movimiento preceda a su fin. Y porque los hombres están acostumbrados a considerar estas causaciones que son mediante movimiento, por ello no captan fácilmente el que la causa agente no preceda en duración a su efecto. Y por eso es que muchos inexpertos que no consideran todos los aspectos de la cuestión afirman con demasiada facilidad.

No puede objetarse contra esta razón que Dios es causa agente voluntaria, porque no es necesario que la voluntad preceda en duración a su efecto, ni tampoco el agente voluntario, a no ser que obre mediante deliberación, lo cual líbrenos Dios de afirmar en Él.

Además. La causa que produce toda la sustancia de la cosa no puede menos en producir toda la sustancia, que la causa que produce la forma en la producción de la forma; más bien, mucho más, porque no produce educiendo de la potencia de la materia, como sucede en aquel que produce la forma.

Pero algún agente que produce sólo la forma, puede hacer que la forma por él producida exista tanto tiempo como él mismo, como se ve claro en el caso del Sol al iluminar las cosas. Por tanto, con mucha más razón Dios, que produce toda la sustancia de la cosa, puede hace que su efecto sea en todo momento en que Él es.

Además. Si existe alguna causa, que dada en algún instante no pueda darse su efecto procedente de ella, en el mismo instante, esto no es sino porque a esa causa le falta algún complemento. Porque la causa completa y su efecto son simultáneos. Pero a Dios nunca le falta ningún complemento. Por tanto su efecto siempre puede darse, dado Dios, y así, no es necesario que preceda en duración a su efecto.

Además. La voluntad del que quiere no disminuye nada de su poder, y sobre todo en Dios. Pero todos los que refutan las razones de Aristóteles, por las cuales se prueba que las cosas han sido siempre hechas por Dios por el hecho de que el mismo siempre hace lo mismo, dicen que esto sería así, si no fuese Dios un agente voluntario. Por tanto, aún tratándose de un agente voluntario, no por ello se sigue que no pueda hacer que su efecto exista siempre.

Y así es claro que no repugna a la razón que se diga que la causa agente no precede a su efecto en duración, porque Dios no puede hacer que sean aquellas cosas que repugnan a la razón.

Queda por ver si repugna a la razón que algo hecho exista siempre, por el hecho de que es necesario que su no ser preceda en duración a su ser, dado que se afirma que ha sido hecho de la nada.

Pero que esto en nada repugna, se muestra por el dicho de Anselmo en el Monologio, cap. 8, cuando expone cómo la creatura se dice hecha de la nada. Dice que “la tercera interpretación, por la que se dice algo ser hecho de la nada, es cuando entendemos que algo es hecho, pero que no hay algo de donde sea hecho.”

En un sentido semejante parece que se dice que el que se entristece sin causa, se entristece de nada. Según este significado, por tanto, si se entiende lo que arriba se ha dicho, que ademas de la suma esencia toda las cosas que proceden de ella son hechas de la nada, es decir, no de algo, no se sigue nada inconveniente.

Por lo que es claro que según esta interpretación no se afirma ningún orden de lo que es hecho a la nada, como si fuese necesario que antes de ser hecho, nada fuese, y posteriormente fuese algo.

Pero supongamos además que el orden a la nada significado en la proposición permanezca afirmado, de modo que el sentido sea que la creatura es hecha de la nada, es decir, después de la nada: esta expresión “después” importa un orden absolutamente hablando.

Pero el orden es de muchas maneras, a saber, de duración y de naturaleza. Si pues de lo común y universal no se sigue lo propio y particular, no será necesario que, por el hecho de que la creatura se dice ser después de la nada, la nada sea anterior en la duración temporal, y luego haya algo, sino que basta con que la nada sea naturalmente anterior al ser, puesto que por naturaleza siempre le pertenece a cualquier cosa lo que le conviene en sí misma, con anterioridad a lo que tiene solamente por otro.

Ahora bien, el ser no lo tiene la creatura sino por otro, dejada a sí misma, por tanto, y considerada en sí misma, nada es, por lo cual naturalmente la nada le conviene primero que el ser. Ni es necesario que por ello sea al mismo tiempo nada y ser, por el hecho de que  no precede según la duración: si la creatura ha sido siempre, no se afirma que alguna vez nada haya sido, sino que se afirma que su naturaleza es tal, que no sería nada si fuera dejada a sí misma, como si supusiésemos que el aire siempre fuese iluminado por el sol, sería necesario decir que el aire es hecho luminoso por el sol.

Y como todo lo que se hace, se hace de lo incontingente, es decir, de aquello  que no puede existir al mismo tiempo con aquello que se dice hacerse, hay que decir que [el aire] es hecho lúcido de lo no – lúcido, o de lo tenebroso: no en el sentido de que alguna vez hubiese sido no – lúcido o tenebroso, sino porque sería así, si fuese dejado a sí mismo por el sol.

Y esto aparece más claramente en las estrellas y los mundos que siempre son iluminados por el Sol.

Así por tanto es claro que no hay ninguna repugnancia para la razón en el hecho de decir que algo es hecho por Dios y que siempre ha existido.

Si hubiese alguna repugnancia, es asombroso cómo Agustín no la vió, pues hubiese sido una vía eficacísima para refutar la eternidad del mundo; siendo así que él impugna la eternidad del mundo con muchas razones en los libros 11 y 12 de la “Ciudad de Dios”. ¿Cómo dejó pasar totalmente ésta?

Más bien parece insinuar que no hay en ello repugnancia alguna para la razón, cuando dice en el cap. 31 de la “Ciudad de Dios”, hablando de los Platónicos: “Encontraron cómo entenderlo, que no es de un inicio del tiempo, sino de la creación. Así como, dicen, si el pie siempre, desde la eternidad, estuviese en el polvo, siempre estaría bajo él la huella, y nadie dudaría que esa huella es hecha por el que pisa; y sin embargo ninguno de ellos sería anterior al otro, si bien uno sería hecho por el otro: así, dicen, por un lado el mundo y los dioses creados en él siempre fueron, pues siempre existió Aquel, que los hizo, y sin embargo, son hechos”.

Y nunca dice que esto no pueda concebirse, sino que procede de otro modo contra ellos. También  dice en el libro 11, cap. 4: ” Aquellos que confiesan que el mundo ha sido hecho por Dios, pero niegan que haya tenido inicio de tiempo, sino sólo de creación, de modo tal que por manera apenas inteligible siempre haya sido hecho, por aquello que dicen parecen defender a Dios de una fortuita temeridad.”

La causa por la que es apenas inteligible, ya se dijo en el primer argumento.

También es asombroso cómo tan nobilísimos filósofos no vieron la supuesta repugnancia. Dice en efecto Agustín en el mismo libro, cap. 5, hablando contra aquellos que se ha mencionado en la cita anterior: “Tratamos pues de aquellos que también afirman, con nosotros, a Dios incorpóreo y creador de  todas las naturalezas que no son lo que Él mismo”, de los cuales más abajo añade: “Estos filósofos vencieron a los demás en nobleza y autoridad”.

Y esto es evidente para el que considera con diligencia la tesis de aquellos que dijeron que el mundo siempre existió: pues sin embargo lo afirman hecho por Dios, sin percibir en ello ninguna repugnancia para la razón. Por tanto, solamente aquellos que tan sutilmente la perciben son hombres, y con ellos comienza la sabiduría.

Pero como algunas autoridades parecen favorecerlos, es necesario mostrar que les proporcionan un débil apoyo.

Dice pues el Damasceno en el libro 1, cap. 8: “Aquello que es sacado del no ser al ser, no es apto por naturaleza para ser coeterno con Aquel que es sin principio y siempre”. También Hugo de San Víctor en el principio de su libro sobre los Sacramentos dice: “La virtud inefable de la omnipotencia no pudo tener junto a sí algo coeterno, de lo que se ayudase para crear.”

Pero la explicación de estas autoridades y otras semejantes es clara por lo que Boecio dice en el último libro de la “Consolación”: “No piensan rectamente algunos que, oyendo el dicho de Platón de que el mundo éste ni tuvo inicio temporal, ni tendrá fin, piensan que de este modo se hace al mundo creado coeterno al  Creador . Una cosa es ser llevado por una vida interminable, que es lo que Platón atribuyó al mundo, otra cosa es ser la presencia de una vida interminable toda igualmente junta, que es claro que es propio de la mente divina.”

De donde es claro que tampoco se sigue lo que algunos objetan, que la creatura se igualaría a Dios en duración, y que por ello dicen, que  de ningún modo puede algo ser coeterno con Dios, porque nada puede ser inmutable sino sólo Dios;  lo que es claro por lo que dice Agustín, en el libro 12 de la “Ciudad de Dios”, cap. 15: “El tiempo, por cuanto transcurre mudablemente, no puede ser coeterno con la eternidad inmutable. Y por esto, aún si la inmortalidad de los ángeles no transcurre en el tiempo, ni es pasada como si ya no fuese, ni futura como si aún no fuese, sin embargo, sus movimientos, de donde proceden los tiempos, pasan de ser futuros a ser pretéritos. Y por ello, no pueden ser coeternos con el Creador, en cuyo movimiento hay que decir que no hay ni “fue” que ya no sea, ni “habrá” que aún no sea.”

De modo semejante dice en el libro 8 del comentario al Génesis: “Porque aquella naturaleza de la Trinidad es totalmente inmutable, por ello mismo es de tal modo eterna, que no puede haber nada coeterno a ella.” Y dice palabras semejantes en el libro 11 de las “Confesiones”.

Agregan también a su favor argumentos que también los filósofos trataron y resolvieron, entre los cuales el más difícil es el de la infinidad de almas: porque si el mundo siempre fue, es necesario que ahora haya infinitas almas. Pero esto no viene al tema, porque Dios pudo hacer el mundo sin hombres y sin almas, o bien, pudo hacer al hombre cuando lo hizo, aún cuando todo el resto del mundo lo hubiese hecho desde siempre; y así no quedarían tras los cuerpos almas infinitas. Y además aún no se ha demostrado que Dios no pueda hacer que existan infinitos entes en acto.

Hay también otras razones a cuya respuesta declino al presente, ya porque han sido respondidas en otra parte, ya porque algunas de ellas son tan débiles, que con su debilidad parecen aportar probabilidad a la parte contraria.

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Extr. de

http://www.feyrazon.org/Aeternitate.html