¿Qué dicen las Escrituras acerca del sábado?


¿Qué dicen las Escrituras acerca del sábado?

No queremos condenar ni a los que observan el sábado ni a los que no lo observan. Ninguno de estos enfoques del día sábado es inherentemente más justo que el otro. Los cristianos quizá tengan diferentes opiniones sobre este tema. Este escrito no presume decir que los miembros deben cambiar su propio enfoque del sábado. Pueden continuar guardando el séptimo día como un sábado si así lo desean, pero deben tolerar a los cristianos que no lo guardan.

Para poder hablar de tolerancia, es necesario demostrar que el sábado semanal no es requerido para los cristianos hoy. Investiguemos, pues, los argumentos sobre la observancia del sábado y veamos si prueban con las Escrituras que la observancia de este día es requerido para los cristianos hoy. Examinaremos la evidencia más o menos en el orden que aparece en la Biblia. Veremos que el Nuevo Testamento trata el sábado de una manera significativamente diferente de como lo hace el Antiguo Testamento.

En varios puntos, nuestro análisis se parecerá al de otros comentaristas.1 Reconocemos que nos hemos beneficiado de sus comentarios, pero en muchos de los casos llegamos a nuestras conclusiones antes de haber estudiado las conclusiones de ellos. El análisis se debe examinar según sus propios méritos, no según quienes lo enseñaron primero.

Pregunta: Dios reposó en el séptimo día de la creación. ¿Fue entonces cuando creó el sábado?

Respuesta: El Génesis nos dice:

1) Dios creó el mundo en seis días.

2) Para el séptimo día, la creación estaba completa.

3) Dios reposó [hebreo: sabatizó] en el séptimo día.

4) Él bendijo el séptimo día y lo santificó (Génesis 2:2-3).

Sin embargo, hay varias cosas que el Génesis no nos dice:

1) No dice que los humanos reposaron.

2) No dice que los humanos deberían seguir el ejemplo de Dios.

3) No dice que se les dijo a los humanos que reposaran.

4) No dice que Dios les enseñó a Adán y a Eva en el sábado.

5) No dice que Dios creó el sábado.

6) No dice que los humanos observaron el sábado.

El hecho es que ni siquiera es claro si Dios bendijo sólo un día (el séptimo día de la semana de la creación) o cada séptimo día desde ese tiempo en adelante. La semana de la creación fue única. No esperamos que la actividad de Dios en el primer día se repita en todo primer día de cada semana. Lo que hizo en el cuarto día no afecta a los miércoles subsecuentes. Y lo que hizo en el séptimo día de la creación –reposar de toda la obra que hizo– no se repite cada semana de ahí en adelante. Él reposó solamente una vez.2

Los humanos no tienen la capacidad de imitar la actividad de Dios. Los humanos no pueden crear por seis días. Por lo tanto, no pueden reposar de crear en el séptimo día. No pueden imitar todo lo que Dios hizo. Si a los humanos se les dijo que imitaran un aspecto específico de la semana de la creación, reposar, no se nos dice nada de esto en el Génesis. La Escritura menciona varios mandatos que se les dieron a Adán y a Eva, pero no hay insinuación alguna acerca de un mandamiento sobre el sábado, ya sea antes o después de que pecaron.3

Aún más, si cada séptimo día fuera santo, no se nos dice nada de cómo se debería observar.4 La manera como a Israel se le ordenó que observara tiempo santo no es necesariamente la manera como los patriarcas hubieran observado tiempo santo.5 El descanso de Dios al terminar la creación puede proveer un patrón para un mandamiento sobre el sábado siglos más tarde, de la manera como proveyó un patrón para el año sabático, pero el patrón no prueba que el mandamiento mismo del sábado existió antes de Moisés.

Puesto que la Iglesia se esfuerza por enseñar todo el consejo de Dios, no podemos basar nuestra doctrina del sábado en especulaciones acerca de ordenanzas de la creación o pretensiones sobre prácticas de adoración pre-mosaicas. El Génesis no ordena que el séptimo día se observe de alguna manera en particular. La Biblia no dice que el mandamiento sobre el sábado existió antes de Moisés.

A pesar de esto, algunos eruditos sabatistas del séptimo y del primer día piensan que la impresión total de la Escritura es que el sábado existió desde el séptimo día de la creación. Ellos, desde luego, tienen la libertad de guardar el sábado. Sin embargo, nosotros no podemos usar “una ordenanza de la creación” que se implica o se deduce como prueba de lo que se requiere al pueblo de Dios en nuestros días. No podemos usar el Génesis para probar que todos deben cumplir esta regla o ser arrojados al lago de fuego. Si vamos a requerirles a los cristianos que descansen en el sábado, necesitamos basar nuestra doctrina en otros pasajes de las Escrituras.

Si fuéramos solo nosotros, podríamos decidir guardar el sábado “sólo por si acaso”. Mas cuando a nosotros como Iglesia se nos da la obligación de enseñar a otros lo que es requerido, debemos tener cuidado de no añadir cargas que Cristo no requiere. Si requerimos mucho, tendremos que responder en el día del juicio. Por tanto, debemos estudiar el asunto a fondo.

Pregunta: El sábado fue ordenado en Éxodo 16, antes de que fuera ratificado el antiguo pacto. ¿Quiere esto decir que continuó en vigor aun después de haberse terminado el antiguo pacto?

Respuesta: No podemos suponer que todo mandamiento que se dio antes del pacto sinaítico está todavía en vigor simplemente por haberse dado antes de que se ratificara el antiguo pacto. Los sacrificios fueron instituidos antes de Moisés. La circuncisión fue ordenada a los israelitas antes de Moisés, pero no es requerida por la Iglesia hoy, excepto en una transformación espiritual.

De la misma manera, otros mandamientos precedentes al pacto sinaítico ya no están vigentes bajo el nuevo pacto. No seleccionamos corderos en el 10 de Abib o untamos su sangre en los dinteles de las puertas. No consagramos al Señor nuestro primogénito masculino. No recogemos la comida cada día ni recogemos doble porción en el sexto día. No permanecemos dentro de nuestras casas en el séptimo día.

Cuando la Iglesia Primitiva se reunió para decidir si los conversos gentiles deberían guardar “la ley de Moisés” (Hechos 15:5, Versión popular, en todas las citas, a menos que se mencione otra), los mandamientos que se dieron antes del pacto sinaítico por medio de Moisés hubieran sido considerados parte de la “ley de Moisés”. El Torá de Moisés incluía no sólo los sacrificios, sino todos los otros reglamentos de los cuales Moisés escribió, ya fueran antes del pacto sinaítico o después.6 “La ley de Moisés” no es requerida para los cristianos hoy. Pedro dijo que otras reglas eran un yugo difícil de llevar (Hechos 15:10), el cual no era requerido para los gentiles (vers. 28-29).

En el análisis de Pablo, también, Éxodo 16 no se consideraría obligatorio para los cristianos. Al igual que otras partes de la ley de Moisés, Éxodo 16 se añadió 430 años, o más, después de que le fue dada la promesa a Abraham y, por tanto, no afectó la promesa (Gálatas 3:17). Los judaizantes querían que los cristianos gálatas guardaran no sólo las leyes ceremoniales, sino “toda la ley” (Gálatas 5:3). Todo el Torá se fue junto con la circuncisión.7

Algunas de las leyes instituidas antes del pacto sinaítico son, desde luego, válidas todavía, como se puede demostrar por medio de las escrituras del Nuevo Testamento. Pero otras de esas leyes no lo son. No podemos usar Éxodo 16 para lo que se requiere de los cristianos hoy. Si el sábado es todavía un requisito, necesitamos demostrarlo por medio de otras escrituras.

En Éxodo 16, Moisés le dijo al pueblo que el séptimo día sería un día de reposo, un día santo de reposo (vers. 23). Nada en ese pasaje implica que el séptimo día era santo antes de esto.8 El Eterno, por medio de Moisés, dio nuevas instrucciones conjuntamente con el maná que les estaba dando a los israelitas. Les dijo que cocinaran toda su comida por adelantado (vers. 23) y que no salieran de sus tiendas (vers. 29). Hemos admitido por décadas que estas ordenanzas no eran obligatorias para los cristianos aunque se dieron antes de que se ratificara el antiguo pacto.

El hecho de que estos mandamientos del sábado se dieron antes del pacto sinaítico no quiere decir que son un requisito hoy. El punto de Pablo en Gálatas 3 es que las obligaciones que se dieron después de Génesis 15 no tienen relación con el pacto de la promesa que los cristianos han heredado. La circuncisión también muestra que la antigüedad de la ley no prueba su continuidad en el nuevo pacto.

Pregunta: Cuando Dios declaró el séptimo día santo, ¿quiso eso decir que él estaba presente en ese día?

Respuesta: Dios está presente en todos los días. Él está presente en todo lugar. Dios es santo, pero la santidad no indica necesariamente la presencia de Dios en alguna manera extraordinaria. Los levitas eran santos, los sacrificios eran santos, los utensilios del templo eran santos, etc., pero esa santidad no implica que la presencia de Dios estaba en esas cosas. Por el contrario, santidad quiere decir que las cosas estaban apartadas para usos específicos. Cuando Dios santificó el sábado, o lo hizo santo, él especificó cómo debería usarse. Él nunca dijo que está “presente” en ese día en particular.

Hoy, Cristo está presente en su pueblo de una manera especial siempre que dos o tres se congregan en su nombre. Él ha prometido estar con nosotros siempre, hasta el fin del mundo (Mateo 18:20; 28:20).

Pregunta: Dios hizo el séptimo día de cada semana santo (Éxodo 16:23). Si Dios hace algo santo, ¿permanece santo para siempre?

Respuesta: No. En el Antiguo Testamento, varios lugares eran santos: el lugar alrededor de la zarza que ardía, el sitio sobre el que estaba el Lugar Santísimo en las varias localidades del tabernáculo, y un área en el monte donde estaba el templo, pero no tenemos razón alguna para creer que la tierra en tales lugares es todavía santa. El pan de la proposición era santo, pero una necesidad humana pudo causar que se usara para propósitos ordinarios.

Los levitas fueron en un tiempo santos, por tener un papel especial en la adoración, pero ya no tienen ese estado especial. Después del éxodo, los primogénitos masculinos humanos y la primera cría de los animales eran santos (Éxodo 13:1-2), pero ya no son santos, por lo menos en la misma manera. El año del jubileo (Levítico 25:12) ya no es santo. En el templo, el Lugar Santísimo era santo, pero su clasificación de santo fue anulada al morir Cristo, cuando el velo se rasgó en dos. Jesús dijo que el tiempo había llegado en que la adoración estaba disociada de lugares santos (Juan 4:21-24).9

Aunque el Nuevo Testamento no dice específicamente que tales cosas cesaron de ser santas, nos da un marco para entender por qué no lo son. El antiguo pacto, el cual las declaró santas, ha caducado y, por tanto, ya no son santas. Aun los primogénitos de animales, que se declararon santos antes de que se ratificara el antiguo pacto, han dejado de ser santos porque fueron santificados en el contexto del antiguo pacto, en el cual Dios separó físicamente a su pueblo de otras naciones.

En el Antiguo Testamento se declararon santos el pueblo, los tiempos y los lugares, pero tales cosas pueden convertirse en ordinarias, a menos que Dios las designe para un uso especial.10 No podemos suponer que el sábado es todavía santo simplemente porque lo fue en un tiempo. Si vamos a enseñar que el sábado es un requisito, debemos tener evidencia de que Dios todavía aparta el día y le dice a su pueblo que use ese día específico de alguna manera específica.

Además, aun si descubrimos que el sábado continúa siendo santo, no podemos suponer que el reposo físico es todavía una parte esencial de su santidad. La palabra “santo” no quiere decir automáticamente “reposo”, y debemos depender de Dios para obtener instrucciones sobre cómo tratar sus cosas santas. En resumen, no queremos edificar nuestra doctrina sobre el sábado en suposiciones, no importa cuán buenas o reverentes parezcan ser. Queremos edificarlas sobre pruebas bíblicas.

Pregunta: El cuarto mandamiento comienza con: “Acuérdate”. ¿No indica esto que el sábado existía mucho antes del pacto sinaítico?

Respuesta: No. No es necesario que tenga ninguna referencia histórica, y ciertamente no requiere que ésta sea del todo antigua. Simplemente puede ser una referencia a Éxodo 16. Cuando Dios hizo el pacto con Noé, Noé le prometió recordarlo (Génesis 9:15). No se estaba refiriendo al pasado distante, sino a algo que había hecho en ese mismo día. En Éxodo 13:3, Moisés le dijo al pueblo: “Acuérdense de este día”.11

En la versión de Deuteronomio de los Diez Mandamientos, el cuarto mandamiento comienza con: “Ten en cuenta”. Eso es lo que Éxodo 20 da a entender cuando dice: “Acuérdate”.

El apóstol Pablo escribe: “Acuérdate de esto”, y luego cita un proverbio (2 Corintios 9:6; Santiago 5:20). No se estaba refiriendo al pasado, sino simplemente estaba diciendo que algo se tenía que recordar en el futuro. También se puede decir: Acuérdate de esto que voy a hacer. El término acuérdate no es prueba de antigüedad. No implica ninguna permanencia.

Pregunta: ¿Son los Diez Mandamientos un “fundamento” válido y permanente de la ley espiritual de Dios? ¿Permanecen los Diez Mandamientos como una ley eterna?

Respuesta: Todas las palabras de Dios tienen autoridad. Sin embargo, Dios ha comunicado muchas palabras a los humanos que no implican requisitos en la actualidad. Muchas de las leyes que Dios ha dado son nulas. Él dio la ley de la circuncisión tanto como la ley del sábado. Dios mismo ordenó que los primogénitos masculinos se le dedicaran a él; él mismo ordenó que se edificaran altares. Para discernir cuáles de estas leyes son todavía válidas, tenemos que buscar todo el consejo de Dios y usar debidamente la palabra de verdad.

Los Diez Mandamientos no estuvieron separados del antiguo pacto; éstos constituían el antiguo pacto (Éxodo 34:28). Eran el preámbulo y el fundamento del pacto. Fueron grabados en tablas de piedra, pero eso no indica permanencia. El apóstol Pablo se refirió a las tablas de piedra en 2 Corintios 3, contrastando el antiguo pacto con el nuevo, contrastando las letras grabadas en piedra con el Espíritu morando en el corazón humano.

El antiguo pacto fue glorioso, pero el nuevo pacto es mucho más glorioso y ha hecho que el antiguo se desvanezca. Los Diez Mandamientos eran, y todavía lo son, un paquete de leyes glorioso, pero el nuevo pacto ha sustituido ese paquete. Aunque Dios escribió el pacto en piedra con su propio dedo, éste ha caducado.

Hebreos 8:6 nos dice que el nuevo pacto se ha establecido, y el versículo 13 nos dice que el antiguo pacto ha caducado. Éxodo 34:28 nos dice que el antiguo pacto lo constituían los Diez Mandamientos. Sin embargo, si los Diez Mandamientos todavía están vigentes de la misma manera, ¿cómo se puede decir que el antiguo paquete ha caducado? Debemos prever una diferencia, una diferencia entre el pacto de Abraham y el pacto sinaítico, una diferencia entre el pacto sinaítico y el pacto cristiano. La mayoría de los mandamientos se repiten en el Nuevo Testamento, pero no el del sábado. El Nuevo Testamento no critica a nadie por quebrantar el sábado.

El antiguo pacto, como una colección de leyes, tuvo aplicación sólo hasta la venida del Mesías (Gálatas 3:19; Hebreos 9:10). Las leyes fueron perfectamente apropiadas para las circunstancias de Israel, pero no todas son requeridas para los cristianos hoy. En algunos casos, las leyes del antiguo pacto son buenas descripciones de la conducta moral y se pueden citar en el Nuevo Testamento. En otros casos, describen prácticas específicas que no son requeridas actualmente.

El antiguo pacto fue una mezcla de leyes morales, civiles y ceremoniales. Una ley moral puede estar en medio de reglas ceremoniales, y viceversa. Aunque podemos clasificar esas leyes de acuerdo con su función, las Escrituras no lo hacen. La única vez que se les da un lugar o nombre especial a los Diez Mandamientos es cuando se les llama el antiguo pacto (Éxodo 34:28; Deuteronomio 4:13).

El Nuevo Testamento no hace distinción entre los Diez Mandamientos y cualquier otro grupo de leyes. No les da ningún nombre en particular o ninguna clasificación especial. Los escritores del Nuevo Testamento puede que citen algunos de los Diez Mandamientos y alguna otra ley de otra sección del Pentateuco (Romanos 13:9; Mateo 19:18-19; Marcos 10:19; Santiago 2:8-11), sin indicación alguna de que los Diez Mandamientos tienen mayor autoridad que otras leyes. De hecho, los más grandes mandamientos no se encuentran entre los Diez Mandamientos (Mateo 22:36-40). Si hay acaso algún agrupamiento consistentemente en el Nuevo Testamento, son los últimos seis mandamientos, los primeros cuatro no se citan con los otros. No podemos suponer que los Diez Mandamientos, en su totalidad, deben permanecer juntos.

Los Diez Mandamientos contienen algunas porciones temporales así como algunas verdades perdurables. Se dieron en el contexto de la salvación física; principian con: “Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, donde eras esclavo” (Éxodo 20:2; Deuteronomio 5:6). En Deuteronomio 5, el sábado se ordena como un recordatorio del éxodo. Se dio en ese contexto histórico.12

Además, en los Diez Mandamientos, Dios dice que él “castiga la maldad de los padres que me odian, en sus hijos, nietos y bisnietos” (Éxodo 20:5). Esto se aplica a las bendiciones y maldiciones físicas del antiguo pacto, pero no se aplica a las bendiciones espirituales del nuevo pacto. Hoy, Dios no castiga a los hijos por los pecados de sus padres.

Lo anterior muestra que porciones de los Diez Mandamientos son apropiadas para Israel y que no todo en los Diez Mandamientos debe considerarse como verdad eterna. Aunque la mayor parte de los Diez Mandamientos son todavía válidos, no podemos suponer que todas sus partes lo son.13 No podemos suponer la validez continua de la ley del sábado simplemente porque se dio con otras leyes que tienen validez continua, especialmente cuando el Nuevo Testamento dice que ese paquete ha caducado. No podemos suponer que todos los Diez Mandamientos deben mantenerse juntos.


El sábado y nuestra relación con Dios

Pregunta: ¿Es el mandamiento del sábado una ley moral o una ley ceremonial?

Respuesta: Los sabatarios comúnmente afirman que los Diez Mandamientos están en la categoría de ley moral, pero no hay prueba bíblica para suponerlo así. La expresión “ley moral” proviene de los teólogos que procuran clasificar las leyes del Antiguo Testamento de acuerdo con su propósito principal.

En general, las leyes civiles son sobre detalles de la manera como los humanos se tratan recíprocamente como una sociedad. Las leyes ceremoniales son sobre asuntos específicos de adoración (por ejemplo, especificando que la becerra debe ser roja, o que el sacerdote debe tocar el dedo gordo del pie). Las leyes morales son sobre aspectos más fundamentales de nuestras relaciones con Dios y los humanos, la manera en que nos llevamos los unos y con los otros. Muchos teólogos dicen que las leyes morales del Antiguo Testamento tienen validez continua.

El mandamiento del sábado tiene que ver con nuestra relación con Dios a la vez que con nuestra relación con los humanos. Nos dice que no debemos requerir que nuestros sirvientes trabajen siete días a la semana, de manera que en ese sentido es moral, ya que tiene que ver con relaciones interpersonales. La ley asegura que los sirvientes tengan tiempo para descansar y adorar. Sin embargo, desde el punto de vista humano, un día de la semana vendría a ser tan bueno como el otro para descansar. El requisito de que el día de descanso sea específicamente el séptimo día de la semana no es un asunto interpersonal. Fue especificado por Dios y era un detalle de adoración.

Con respecto a la adoración, nuestra relación con Dios necesita tiempo. El sábado fue hecho para beneficio humano, no porque la santidad de Dios lo necesitaba.

Pero ¿es el período específico de tiempo el aspecto fundamental y esencial de nuestra relación con Dios? En el antiguo pacto, se requería un tiempo específico para trabajar y un tiempo específico para descansar.14 Pero en el nuevo pacto, la base de nuestra relación con Dios es la fe, no un tiempo específico. Todavía se hace necesario el tiempo, pero el nuevo acuerdo que Dios nos ha dado no especifica el día, la frecuencia ni el término de tiempo.

El valor general de adoración del mandamiento del sábado permanece; los humanos necesitan tiempo para adorar. No obstante, no debemos suponer que los detalles específicos ordenados (cesar de trabajar específicamente en el séptimo día) son características esenciales de la relación con nuestro Creador.15 El día y la noche dejarán de existir (Apocalipsis 21:25), pero nuestra relación con Dios permanecerá para siempre. El sábado no es una parte esencial o permanente de esa relación. Dios mismo no observa el sábado. No es parte de su carácter. Por tanto, no juega un papel directo en nuestra transformación espiritual para llegar a conformarnos a su imagen. El sábado no es un fin en sí mismo, es sólo un medio para un fin.

Si Dios nos dice, desde luego, que descansemos en cada séptimo día, descansaremos. (Hemos demostrado nuestra buena voluntad de hacerlo por muchos años.) La cuestión no es nuestra buena voluntad, sino si el nuevo pacto nos dice que descansemos en el día séptimo. Debemos obedecer a nuestro Señor, desde luego, pero lo que enseñemos como mandamientos no puede basarse en suposiciones acerca de los Diez Mandamientos (que todos son morales, o que deben permanecer juntos como un paquete). Nuestra doctrina acerca del sábado debe basarse en declaraciones bíblicas y no en suposiciones.

Pregunta: En la antigua Israel, los que quebrantaban el sábado eran apedreados hasta morir (Éxodo 31:14; 35:2; Números 15:32-36). ¿Demuestra esta severa pena la importancia del sábado, de que no es sólo un ritual?

Respuesta: Éxodo 31:14 muestra que “ser cortado” era un castigo tan severo como el de ser ejecutado (ver también Levítico 20:2-3). Quienes violaban el pacto sinaítico no podían seguir considerándose como parte del pueblo del pacto, tenían que ser exiliados o ejecutados. Números 15:30-31 dice que cualquier pecado voluntario debería ser castigado con el exilio de la persona de su pueblo. Esto se ilustró directamente con el caso del hombre que fue encontrado recogiendo leña en el sábado. Su rebelión fue desafiante y por eso tuvo que ser apedreado. Deliberadamente estaba rechazando el pacto.

Sin embargo, las violaciones de la ley moral no fueron las únicas violaciones del pacto con castigos severos. Las violaciones del pacto también tenían que ver con rituales de adoración tales como usar una receta sagrada para hacer incienso (Éxodo 30:33), una persona impura que comiera del sacrificio de reconciliación (Levítico 7:20-21), sacrificar un animal en un lugar inapropiado (Levítico 17:4), acercarse demasiado al tabernáculo en momentos específicos (Números 1:51) y profetas que dijeran tener autoridad divina pero cuyas predicciones fallaran (Deuteronomio 18:20-22). Todos ellos deberían ser cortados o ejecutados. La severidad del castigo no es prueba de que aquellas leyes en particular continúan en vigor en el nuevo pacto.

Pregunta: El sábado es un pacto perpetuo que muestra que el Creador es quien santifica a su pueblo (Éxodo 31:13-17). ¿Deben los cristianos hoy guardar este pacto perpetuo como una señal de que son el pueblo del Creador?

Respuesta: El sábado fue dado para varios propósitos. Éxodo 31 describe uno de ellos: El sábado se designó como una señal entre los israelitas y Dios para que los israelitas supieran que Dios los había santificado. Les recordaba a los israelitas que Dios los había separado de acuerdo con su propósito. Sin embargo, su santidad dependía de su obediencia al antiguo pacto (Éxodo 19:5-6; Deuteronomio 28:9). Por consiguiente, la señal del pacto del sábado dependía del antiguo pacto.

Sin embargo, Éxodo 31 no dice que Dios santifica sólo a los israelitas, o sólo a aquellos que guardan el sábado. Implica la posibilidad de que Dios pueda santificar a otro pueblo, o indicarles de otra manera que han sido santificados. Dios es libre de trabajar con quien él quiere, de la manera en que él lo quiera hacer.

Dios trabajó con Israel como una nación física, y les dijo que observaran el sábado como una señal entre él y ellos para siempre (vers. 16-17). Sin embargo, la circuncisión era una señal similar, requerida para Abraham y sus descendientes, como un recordatorio del pacto perpetuo entre Dios y su pueblo (Génesis 17:10-14). No obstante, esta señal no se le requiere a la Iglesia; el Nuevo Testamento da una señal diferente.

La circuncisión, así como el sábado, fue diseñada como un pacto perpetuo en sí mismo (Génesis 17:13; Éxodo 31:16). El pan de la proposición semanal fue también un pacto perpetuo (Levítico 24:8). Mas todos estos han quedado obsoletos por el establecimiento del nuevo pacto.

En la comunidad del antiguo pacto, la circuncisión era un rito que marcaba la entrada de una persona dentro del pacto, y el sábado era también un recordatorio regular de la participación en el pacto. En el nuevo pacto, la entrada se marca por la fe y el bautismo, y nuestra aceptación del nuevo pacto se repite regularmente cuando comemos el pan y bebemos el vino en conmemoración de nuestro Salvador. Esos son los ritos del pacto del Nuevo Testamento.

El bautismo simboliza estar unido con Jesús en su muerte y ser levantado a una vida nueva en él (Romanos 6:3-5; Colosenses 2:12). Esta es nuestra nueva creación, el inicio de nuestra nueva vida. La cena del Señor simboliza nuestra participación con Cristo (1 Corintios 10:16). Él es el pan vivo, el sustento de nuestra nueva vida. Por tanto, miramos hacia Cristo, no hacia Abraham o al Éxodo. En el nuevo pacto, Cristo es nuestro punto de referencia.

El Nuevo Testamento muestra que Dios trabaja con todos con base en la fe, no con una conformidad externa a un pacto perpetuo (Romanos 4:9-10). Aun el pacto de la circuncisión que le fue dado a Abraham mismo no puede anular la promesa que se le dio debido a su fe.

Las leyes que se añadieron después de esa promesa (incluyendo el pacto de la circuncisión, el antiguo pacto, el pacto del sábado y el pacto del pan de la proposición) no pueden anular la promesa de Dios (Gálatas 3:17). Si existen otras razones para requerir la observancia del sábado, entonces, estamos dispuestos a observar el sábado. Sin embargo, el pacto de Éxodo 31 no es obligatorio para el pueblo de Cristo del nuevo pacto.16

El pacto del sábado entre Dios e Israel mostró que Dios había separado a su pueblo de otras naciones. Esto indica que el sábado no fue dado a los gentiles. Pero hoy, Dios no separa físicamente a su pueblo de otros, y no tiene leyes que separen a los judíos de los gentiles (Efesios 2:11-18). Las características distintivas y que se enfatizaban en el Nuevo Testamento son espirituales –fe y amor– en vez de físicas, geográficas o temporales.

No podemos suponer que los pactos perpetuos para los israelitas automáticamente son para la Iglesia en nuestro día. Éxodo 31 es interesante históricamente, pero no podemos basar nuestra doctrina del sábado en ese capítulo. Si hemos de afirmar que la observancia del sábado es un requisito para la salvación, necesitamos una evidencia más substancial.

Pregunta: ¿No le dio Dios sus leyes a los israelitas para que les enseñaran a los gentiles a obedecer esas mismas leyes (Deuteronomio 5:5-7; Hechos 7:38)?

Respuesta: Dios le dio a Israel un sinnúmero de leyes que los gentiles no tienen que obedecer hoy: sacrificios, rituales de purificación, dedicación de los niños primogénitos, etc. Aunque esos ritos eran un buen ejemplo para los vecinos de Israel, no se requieren hoy. Debemos ver en otra parte de la Biblia para ver cuáles leyes tienen validez continua y cuáles no la tienen. No debemos suponer que las “leyes del antiguo pacto son todavía válidas a menos que sean específicamente rescindidas en el nuevo”. El nuevo pacto ha anulado el antiguo pacto y las leyes antiguas han sido sustituidas. Además, como veremos, el Nuevo Testamento presenta un enfoque dramáticamente diferente del sábado de como lo hacía el antiguo pacto.

La importancia del sábado en el sistema del antiguo pacto

Pregunta: Los israelitas fueron castigados por quebrantar el sábado (Nehemías 13:17-18; Jeremías 17:27). Se les prometieron bendiciones por guardar el sábado (vers. 21-26). ¿No muestra esto la importancia del sábado?

Respuesta: Esto muestra la importancia del sábado en el sistema del antiguo pacto como una señal y como parte de las tablas del pacto. Los israelitas quebrantaron todos los aspectos del pacto, y fueron castigados con las maldiciones que se añadieron al pacto (Levítico 26, Deuteronomio 28).

Su desobediencia en relación con el sábado, al igual que su desobediencia en relación con los ritos de adoración, fue una señal externa de su incredulidad.17 Las bendiciones fueron físicas, y las maldiciones fueron físicas, características del antiguo pacto, pero no del nuevo.

Los judíos fueron castigados nuevamente en el año 70 d.C., pero la razón por este castigo no fue el quebrantamiento del sábado. Su principal pecado en el primer siglo fue el rechazo del Mesías, quien era de mucha más importancia que el sábado. Ellos rechazaron el nuevo pacto. Jesús fue el “mandamiento prueba” del primer siglo. La fe en Cristo es ahora el requisito en el cual depende nuestra salvación y eternidad.

En resumen, Dios castigó a los israelitas por el quebrantamiento del sábado debido a que el sábado era un requisito en el tiempo en que vivían y por el pacto bajo el cual vivían. Pero eso no puede probar que los detalles físicos del sábado son todavía requeridos en una nueva era.

Pregunta: El sábado fue una bendición para ambos, judíos y gentiles (Isaías 56:2-8). ¿No muestra eso que ambos, judíos y gentiles, deben observarlo hoy?

Respuesta: Isaías predijo que Dios, mediante el Siervo Sufriente, el Mesías, establecería un nuevo pacto con su pueblo (42:6-7; 49:8-10; 54:9-10; 55:1-3). No obstante, al describir esta nueva relación, Isaías también describió costumbres del antiguo pacto que en algunos casos se aplican sólo figurativamente al nuevo pacto. En Isaías 56:7, por ejemplo, él dice que los gentiles ofrecerán holocaustos y sacrificios en la casa de Dios.

El punto principal de Isaías es que Dios no sólo está interesado en los israelitas, sino también en los gentiles. La casa de Dios será un lugar para todas las nacionalidades, y él reunirá a los gentiles al igual que a los israelitas (vers. 8). Los eunucos, quienes eran excluidos del templo en el antiguo pacto (Deuteronomio 23:1), también serían aceptados. Las condiciones de la relación entre Dios y los humanos se cambiarían y se haría un nuevo pacto.

La casa de Dios “será declarada casa de oración para todas las naciones”. Jesús citó esta escritura en Marcos 11:17, pero el cumplimiento real de esta profecía no es en el templo físico, sino en la carne donde el Espíritu mora. Ambos, judíos y gentiles, son invitados a ser parte de la familia de Dios, la Iglesia. Los detalles físicos de la profecía de Isaías –las ofrendas físicas y un templo físico– no son requeridos de los cristianos hoy. Si interpretamos estos detalles físicos de acuerdo con los complementos espirituales, ¿no podríamos interpretar también la observancia del sábado de una manera espiritual?

¿Es el sábado un detalle físico, como las ofrendas, o es una parte permanente e intrínseca de una relación apropiada con Dios? No se debe asumir ninguno de estos enfoques, y este pasaje no nos da suficiente información para decidirlo. Debemos ir al nuevo pacto para comprender cómo se aplica el sábado a los cristianos.

Pregunta: El sábado es un día de alegría y digno de honor (Isaías 58:13). ¿No sería erróneo llamarlo una carga y abandonar sus beneficios?

Respuesta: Isaías 58 es un llamamiento al arrepentimiento. Isaías está declarando a la casa de Jacob sus pecados y rebelión (vers. 1). Aunque los israelitas tenían una apariencia externa de piedad (por ejemplo, el ayuno), lo hacían por razones egoístas (vers. 2-5). Aunque decían estar adorando a Dios, no obedecían sus leyes éticas más importantes: la justicia, la libertad y la caridad (vers. 6-7).18

Si los israelitas hubiesen cumplido los detalles más importantes de la ley, entonces Dios hubiese estado más dispuesto a responderles (vers. 8-11). Les hubiera dado bendiciones físicas a la nación (vers. 11-12).

Lo mismo es verdad con respecto al sábado. Si el pueblo hubiera obedecido el pacto bajo el cual se encontraban, si hubiesen observado sus leyes sin murmuraciones, si hubiesen usado el día de Dios de la manera que él quería que lo usaran, entonces Dios los hubiera bendecido físicamente. Como lo prometían las bendiciones del pacto (Levítico 26; Deuteronomio 28), Dios recompensaría a la nación en su tierra, en la herencia física del patriarca Jacob (Isaías 58:14). De una manera similar, el pueblo debía ofrecer sus holocaustos y sacrificios con alegría, sin quejarse de que los sacrificios eran obligaciones pesadas (ver Malaquías 1:6-14). Debían haber estado alegres con el pacto que se les había dado.

Isaías 58 es apropiado para las condiciones del antiguo pacto, y no nos dice necesariamente nada acerca de los requisitos del nuevo pacto. No podemos suponer que los requisitos son los mismos. Todas las leyes del antiguo pacto eran buenas, pero su valor era temporal. Fueron creadas para señalar hacia Cristo, y tuvieron aplicación hasta que él vino. Las leyes tenían beneficios, pero es permisible dejarlas después de ser guiados a algo mejor, y no podemos enseñar como requisito algo que es realmente opcional.

Pedro fue inspirado a decir que la ley de Moisés era “una carga que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido llevar” (Hechos 15:10, Versión Popular). Pedro no especificó cuáles aspectos de la ley eran más difíciles, pero es claro que el paquete del antiguo pacto era más estricto en reglamentos externos de lo que es el nuevo pacto. Debemos mirar al nuevo pacto para ver si 1) nos dice que miremos en el antiguo pacto para encontrar los días de adoración, o 2) si éste nos da nuevas instrucciones relacionadas con días y costumbres de adoración.

Pregunta: Las profecías describen una adoración de Dios que incluye el sábado (Isaías 66:23; Ezequiel 44:24). ¿Muestra esto que el sábado es un aspecto permanente de la ley de Dios?

Respuesta: Los profetas describieron un tiempo ideal en el cual todas las naciones adoraban a Dios. Para transmitir eficazmente este concepto a una nación del antiguo pacto, los profetas describieron formas de adoración del antiguo pacto, incluyendo observancias de lunas nuevas (Isaías 66:23; Ezequiel 46:3) y sacrificios en el templo (Zacarías 14:20-21; Ezequiel 20:40; 45:17; 46:4). También describieron discriminación en contra de los pueblos incircuncisos (Ezequiel 44:9; Isaías 52:1-2) y anulación de los rituales de impurezas (Ezequiel 44:25-27).

Sin embargo, ni la circuncisión ni los sacrificios son requisitos religiosos en esta era. Además, otra profecía indica que el ciclo del día y de la noche va a cesar (Apocalipsis 21:25), dando a entender que ya no habrá más sábados.

Las profecías (sean del Nuevo o del Antiguo Testamento, sean acerca de sábados, de sacrificios o de circuncisión) no son una fuente segura de prueba con respecto a la práctica cristiana. Nuestras doctrinas deben basarse en escrituras que son aplicables a la época en que vivimos.

Las necesidades humanitarias se hicieron precedentes

Pregunta: Jesús observó el sábado (Lucas 4:16). ¿Estaba él enseñándonos cómo observar el sábado apropiadamente para que pudiéramos seguir su ejemplo (1 Juan 2:6)?

Respuesta: Jesús vivió sin pecar bajo los requisitos del antiguo pacto. (Hebreos 4:15): Nació bajo la ley, mientras el antiguo pacto estaba todavía vigente (Gálatas 4:4). Observó las costumbres del antiguo pacto, tales como participar en el sacrificio de los corderos en la Pascua, diezmar a los levitas, diciéndoles a los que él limpiaba que ofrecieran lo prescrito por Moisés, y observando costumbres culturales tales como la fiesta de la Dedicación.

Debido al contexto histórico de Jesús, los cristianos deben tener cuidado al usar su ejemplo en circunstancias culturales específicas. No tenemos que seguir sus costumbres, por ejemplo, de ir a las sinagogas.

Jesús nunca le dijo a nadie que observara el sábado. Aunque se mencionan varias cosas que él hizo en el sábado, nunca se nos ha dicho que él reposó en este día. De acuerdo con los Evangelios, cuando él hizo algo y enseñó en el sábado, él fue consistentemente liberal. Examinemos los Evangelios para ver qué fue lo que sus escritores fueron inspirados a preservar acerca de las enseñanzas de Jesús con respecto al sábado.

Mateo 12:1-12: “En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a comer. Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo”.

Sabemos que Jesús no pecó. Él no quebrantó el sábado, y probablemente tampoco permitió que sus discípulos quebrantaran el sábado. Tenemos que concluir que los fariseos estaban equivocados. Sin embargo, Éxodo 16:29 les decía a los israelitas que se quedaran dentro de sus tiendas en el sábado y que no salieran a recoger su alimento del suelo. Éxodo 34:21 dice que el descanso del sábado tenía también aplicación durante la temporada de la cosecha.

Los fariseos podían respaldar por medio de escrituras el prohibir que se arrancaran espigas de trigo durante el sábado. Pero su rigor era excesivo; no se suponía que las reglas del antiguo pacto fueran una prohibición general de toda actividad. Mas Jesús no trató de demostrar que sus discípulos se estaban sometiendo a la ley bíblica y violando sólo la tradición farisaica. Por el contrario, Jesús utilizó las Escrituras para mostrar que la misma ley bíblica puede en ocasiones ponerse a un lado.

Los fariseos no estaban interpretando las Escrituras de una manera apropiada. Jesús subrayó esto al mencionar el ejemplo de David: “¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?” (vers. 3-4).

La ley dice que el pan de la proposición era santo y que no se debía comer. Pero aun así, David se lo comió y se le consideró inocente. No era permitido de acuerdo con la letra de la ley19 y, sin embargo, fue permitido en el propósito de la ley espiritual de Dios. Jesús aquí hace hincapié en el hecho de que la letra de la ley no es una guía confiable para la santidad en lo que respecta al sábado. Las personas deben ser juzgadas en el corazón, no por las acciones superficiales.

Jesús dio otro ejemplo en los versículos 5-6: “¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí”. Jesús dice que los sacerdotes “profanan” el día sábado. De acuerdo con la letra de la ley del sábado, están haciendo algo que no es legal. Sin embargo, su trabajo se permitió debido a que era el trabajo del templo. El templo era más importante que el sábado.20 El templo y sus ritos sacrificatorios eran más importantes que el sábado, por tanto, lo reemplazaban.

Sin embargo, Jesús es más importante que el templo y sus sacrificios. La conclusión lógica es que él también es más importante que el sábado. Aun antes de su muerte y resurrección, él era más importante que el sábado.21

En lugar de los fariseos preocuparse acerca de una actividad insignificante en un día santo, deberían haberse preocupado por la manera como estaban tratando al Santo de Israel, quien estaba en su presencia. Deberían haberlo adorado en lugar de estar mirando lugares santos del antiguo pacto y en lugar de estar usando tiempos santos del antiguo pacto para juzgar al Dador de esos tiempos. El sábado era santo sólo porque Dios lo había designado como santo, y aquí estaba Dios mismo. ¡Deberían haber aceptado sin interrogaciones lo que él hacía, y deberían haber seguido su ejemplo!

Después, Jesús resumió su argumento acerca del sábado y acerca de su propia identidad: “Ustedes no han entendido el significado de esta escritura: ‘Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios’. Si lo hubieran entendido, no condenarían a quienes no han cometido ninguna falta. Pues bien, el Hijo del hombre tiene autoridad sobre el día de reposo” (vers. 7-8, Versión Popular).

Jesús les está diciendo a los fariseos que el amor por los humanos es más importante que la observancia de ritos de adoración. El pan consagrado se le puede dar a personas comunes cuando tienen hambre. Si los fariseos hubieran entendido la intención de la ley, no hubieran estado criticando a los discípulos. Hubieran sido misericordiosos en lugar de haber estado juzgando.

Jesús termina la discusión reclamando ser el Señor del sábado, alguien que tenía mayor autoridad que la que tenía el sábado dado por Dios. Jesús no sólo aseguraba tener una comprensión más exacta de cómo debía guardarse el día, sino que aseguró ser más importante que el día mismo. Esta fue una declaración extraordinaria, por lo que no es sorpresa que algunos de los fariseos pensaron que blasfemaba y merecía morir (vers. 14).

La siguiente actividad de Jesús da una demostración práctica no sólo de su autoridad sobre el sábado, sino del uso apropiado de este día en el antiguo pacto. “Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?” (vers. 9-10). Parece ser que los fariseos estaban tratando de atrapar a Jesús, confrontándolo a una situación para probarlo. La sanidad era uno de los tipos de trabajo que eran ilícitos. 22

Sin embargo, Jesús nuevamente subrayó la hipocresía del enfoque de ellos. Rescatarían una oveja en el sábado (vers. 11); era aún de más importancia la oveja que descansar en el sábado, y a pesar de esto, eran tan estrictos que no permitían que las necesidades humanas, fueran éstas el hambre o la sanidad, se atendieran en el sábado. Sus reglas eran una distorsión terrible de lo que debía haber sido el sábado. “Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo” (vers. 12). Esto es lo que Jesús enseñó sobre el sábado. No estén preocupados en prohibir el trabajo, preocúpense más por hacer el bien.

Por tanto, Jesús sanó al hombre y los fariseos querían matarlo a él. Ellos pensaron que el día santo era más importante que el que lo había hecho santo.

Marcos 1:21-22–“Llegaron a Capernaum, y en el día de reposo Jesús entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. La gente se admiraba de cómo les enseñaba, porque lo hacía con plena autoridad y no como los maestros de la ley” (Versión Popular). Este versículo no nos dice mucho acerca del sábado, simplemente que Jesús enseñó en este día. Probablemente él enseñó en otros días de la semana, en otros lugares, pero este es el día en el cual podía enseñar en la sinagoga.

El pasaje dice que Jesús enseño con autoridad. También echó fuera a los demonios con autoridad (vers. 23-26), y las personas se maravillaron con su autoridad (vers. 27). Lucas 4:31-37 es un relato paralelo.

Marcos 2:23-3:6 es paralelo de Mateo 12:1-12. Marcos no incluye los comentarios acerca de las ovejas y la misericordia, pero hace hincapié en un punto similar al decir: “El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo” (Marcos 2:27, Versión Popular).

Se han hecho ciertas afirmaciones sin fundamento con respecto al versículo 27. Notemos lo que dice y lo que no dice.

Primero, dice que el sábado se hizo para el hombre. Fue dado para servir sus necesidades y para beneficiarlo. En realidad, todas las leyes de Dios, aun las leyes de los sacrificios, se dieron para el bienestar humano. Todas las leyes del antiguo pacto fueron creadas para guiar a la gente a Cristo. Se hicieron para beneficiar al hombre. Pero su valor ha sido eclipsado en Cristo. Dios nos ha dado algo mejor.

Jesús no dijo cuándo fue que el sábado empezó a existir. Nada en el contexto indica que Jesús estaba aludiendo a la semana de la creación.23 No podemos suponer que algo hecho para los humanos fue necesariamente creado inmediatamente después de que ellos lo fueron. Por ejemplo, podemos decir también que las fiestas santas fueron instituidas para el beneficio de los humanos, y que el rito de la circuncisión fue instituido para el beneficio humano. Cristo fue crucificado para nuestra salvación. Todo esto muestra que la palabra “para” no es suficientemente precisa para concluir, por medio de este versículo, cuándo se originó el sábado.

Además, Jesús no dijo que el sábado fue hecho para ambos, gentiles y judíos; no se encuentra en el contexto. Cuando Jesús usó la palabra “hombre” en Marcos 2:27, la estaba usando en un sentido general, sin ninguna referencia específica a los judíos o a los gentiles. La mayoría de los judíos del primer siglo no creían que los gentiles tenían que guardar el sábado,24 y Jesús no estaba tratando esta cuestión. No debemos hacer preguntas que se encuentran fuera del contexto del pasaje.25

El versículo simplemente dice que el sábado se hizo para beneficiar a los humanos. No podemos suponer que fue hecho en la creación, ni que no ha sido sustituido por una bendición mejor en el nuevo pacto. Ya que el sábado fue hecho para el beneficio humano, el Hijo del hombre tiene autoridad sobre éste (vers. 28). Él es más importante que el sábado. Nuestra relación con Dios se basa en la fe en él, no en las instituciones del antiguo pacto.

En el próximo incidente de la sanidad en el sábado, el enfoque de Marcos nuevamente es un poco diferente al de Mateo. Impresiona particularmente la emoción de Jesús: “Jesús miró entonces con enojo a los que le rodeaban, y entristecido porque no querían entender” (Marcos 3:5, Versión Popular). Jesús estaba enojado por la hipocresía de los fariseos, quienes estaban mucho más preocupados por la santidad de un día que por el bienestar de los humanos. Realmente estaban más preocupados por sí mismos que por Dios, porque estaban dejando de hacer lo que Dios mismo hacía.

Lucas 4:15-30–“Enseñaba en la sinagoga de cada lugar, y todos le alababan. Jesús fue a Nazaret, el pueblo donde se había criado. En el día de reposo entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso de pie para leer las Escrituras” (Versión Popular). Jesús enseñó en las sinagogas en los sábados. Si se considera el contexto histórico, no hay nada de raro en esto.

Lo más significativo es lo que Jesús enseñó: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor” (vers. 18-19, Versión Popular).

Jesús usó el sábado, en su predicación y en sus milagros, para liberar a los pobres de su esclavitud. Su ministerio fue como el año de jubileo. Él predicó las buenas nuevas de que el favor del Señor estaba con las personas. Él le concedió la vista física a unos pocos, pero la vista espiritual a muchos. No liberó a nadie de la prisión física, pero liberó a muchos de la cautividad espiritual (al echar fuera a los demonios y al perdonar los pecados). Aunque muchos apreciaron su ministerio, muchos otros no lo apreciaron.

En Nazaret, la gente se sintió ofendida por lo que Jesús era. Reconocieron que él tenía sabiduría, y que podía hacer milagros, pero también lo consideraron un aldeano ordinario (Marcos 6:2-3). ¿Cómo podía un carpintero, el hijo de un carpintero, tener semejante autoridad?

No pudieron creer que Jesús era más que un hombre común y corriente, y Jesús dijo que esa era una situación típica: “Ningún profeta es bien recibido en su propia tierra” (Lucas 4:24, Versión Popular). Y después de recordarles que Dios con frecuencia envió sus profetas a quienes no eran israelitas, se enfurecieron y trataron de matarle (vers. 25-29).

Aunque estos incidentes ocurrieron en el sábado, hay muy poco aquí acerca del sábado en sí. Hay más acerca de quién es Jesús y de lo que predicó. Él predicó libertad y salvación.

Lucas 6:1-11–Este es el incidente del campo sembrado, paralelo a Mateo 12 y Marcos 2. El punto es el mismo: “El Hijo del hombre tiene autoridad sobre el día de reposo” (Lucas 6:5). Aunque aquí podríamos ver el hecho de que el Hijo del hombre es el que creó todas las cosas y el que trabajó con Moisés y, por tanto, el que hizo el sábado, los que le escuchaban probablemente no entendieron esto, ni parece que esa fue la intención.

Jesús simplemente quiso decir que él tiene autoridad sobre el día. Esto se demuestra por la sanidad que sigue en los tres relatos sinópticos. El milagro demostró no sólo el ministerio de liberación de Jesús, sino su autoridad sobre el sábado, puesto que él podía realizar tales milagros en el sábado.

Lucas 13:10-17–A diferencia de Mateo y Marcos, Lucas incluye dos incidentes más de sanidades en el sábado, y éstas nos proporcionan información adicional relacionada con la actitud de Jesús hacia este día. “Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. (vers. 10-13).

Al haber usado las palabras “eres libre” o “estás desatada”, Jesús estaba haciendo hincapié en la liberación en vez de la sanidad. Esto también le dio el contexto para la comparación que hizo poco después.

El jefe de la sinagoga (los fariseos se encargaban de la mayoría de las sinagogas), descontento con lo que había ocurrido, dijo que sanar era un trabajo que se podía hacer en los otros seis días y que no era apropiado hacerlo en el sábado (vers. 14). “Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?” (vers. 15-16).

Ya que los humanos son de más valor que los animales, y los animales pueden ser desatados en el sábado (una tarea ordinaria, diaria y común) entonces los seres humanos pueden ser también desatados en el sábado. Las reglas farisaicas acerca del sábado no se crearon para beneficio de los humanos. En su lugar, las reglas servían a las actitudes farisaicas. Éstos preferían ver a la mujer trabajar con su enfermedad en lugar de ver a alguien trabajar en la sanidad. Estaban imponiendo obligaciones innecesarias a la gente, y Jesús dijo que la gente debía ser “liberada” o “desatada” en el día sábado. Los lectores de Lucas pudieron haber extendido este principio aún un poco más de lo que pudo haber sido posible en el escenario palestino.26

Se hace un punto similar en el siguiente capítulo. Lucas 14:1-6–“Sucedió un día de reposo, que Jesús fue a comer a casa de un jefe fariseo, y otros fariseos lo estaban espiando. También estaba allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía. Jesús les preguntó a los maestros de la ley y a los fariseos: –¿Se permite sanar a un enfermo en el día de reposo, o no?” (vers. 1-3, Versión Popular). Como en ocasiones anteriores, ellos quizá habían preparado el escenario para probar a Jesús. Él conocía sus pensamientos y se hizo cargo de la situación de manera tan experta que los dejó sin poder decir palabra.

Jesús sanó al hombre, y luego preguntó: “¿Quién de ustedes, si su hijo o su buey se cae a un pozo, no lo saca en seguida, aunque sea día de reposo?” (vers. 5, Versión Popular). Ellos, desde luego, hubieran rescatado a su hijo o a la bestia en el sábado. Rescatar era permitido, por tanto, la sanidad debía permitirse también.27

Consistentemente, ya fuera para aliviar el hambre momentánea o sanar algún dolor de gravedad, Jesús señaló que las necesidades humanitarias tenían precedencia sobre el sábado. Se suponía que el día debía beneficiar a los humanos, no serles una carga.28

Juan 5:1-18–El evangelio de Juan contiene algunos relatos adicionales acerca de las actividades de Jesús en el sábado, los cuales corroboran el énfasis que ya hemos visto. En el sábado, Jesús sanó a un hombre que había estado inválido por 38 años. Y le dijo a este hombre: “Levántate, recoge tu camilla y anda” (vers. 8). Los judíos acusaron al hombre de quebrantar el sábado porque iba cargando su camilla.

¿Por qué le dijo Jesús a este hombre que se llevara su camilla? No era una emergencia, y el hombre seguramente podía haber regresado después del sábado para llevarse su camilla. Jesús pudo muy bien haberle dicho: “Puedes llevarte tu camilla hoy si quieres, pero para evitar ofender a alguien, déjala aquí por ahora”. Pero Jesús no era tan conservador. Él quería enfatizar la libertad humana y su libertad de hacer algo en el sábado, no sólo la libertad de su enfermedad.

Los judíos criticaron a Jesús por lo que estaba haciendo en el sábado, pero Jesús los provocó aún más al decirles osadamente que él trabajaba en el sábado y que lo hacía porque ¡él era como su Padre! (vers. 17). “Por esto, los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no solamente no observaba el mandato sobre el día de reposo, sino que además se hacía igual a Dios, al decir que Dios era su propio Padre” (vers. 18, Versión Popular). Jesús continuó igualándose con el Padre (vers. 19-27).

Jesús no trató de defender su trabajo, ni el trabajo del hombre, como parte del propósito de la ley. En su lugar, él osadamente describió su actividad en el sábado como “trabajo”. Sin embargo, sabemos por Hebreos 4:15 que Jesús guardó el sábado perfectamente, aun dentro de los parámetros de la ley del antiguo pacto. De la manera en que los sacerdotes podían hacer el trabajo de Dios en el sábado, Jesús también lo podía hacer.

Sin embargo, nosotros hoy no estamos bajo las restricciones del antiguo pacto. Precisamente lo que eso quiere decir acerca del sábado no se trata en este pasaje. Si imitamos a nuestro Salvador, debemos concluir que se nos permite trabajar en el sábado. Por lo menos Juan no hace nada para evitarnos llegar a tal conclusión.

En Juan 7:22-23, Jesús hizo referencia a la sanidad durante el sábado y a la controversia que eso causó. Él señaló la ironía de que los judíos no permitían la sanidad en el sábado, pero sí permitían la circuncisión. “Ahora bien, si por no faltar a la ley de Moisés ustedes circuncidan al niño aunque sea en el día de reposo, ¿por qué se enojan conmigo por haber sanado en el día de reposo el cuerpo entero de un hombre?” (Versión Popular).

Se podía trabajar en el sábado para que la ley de Moisés no se quebrantara; esto demostraba que la ley de Moisés sobre la circuncisión se consideraba más importante que la restricción del sábado. La ley de la circuncisión era más importante que la rigidez de la ley del sábado, tal como lo eran las leyes del ritual del templo.

Los judíos probablemente no tuvieron respuesta para Jesús. No podían refutar lo que él dijo, y ese fue uno de los motivos por los cuales trataron de matarlo. Pero los lectores del Evangelio de Juan entenderán que la circuncisión, los rituales del templo y “la ley de Moisés” no eran requeridos de los cristianos gentiles. Si leyes importantes podían echarse a un lado, ¿qué implica esto para con los requisitos menores de la ley del sábado?

En Juan 9, Jesús hizo lodo para sanar a un ciego (vers. 1-7). “El día en que Jesús hizo el lodo y devolvió la vista al ciego, era día de reposo” (vers. 14, Versión Popular). Todo esto, desde luego, tenía un significado espiritual: Jesús es la luz del mundo, capacitando a los ciegos espirituales para que vean la verdad.

En este día sábado, Jesús dijo: “Mientras es de día, tenemos que hacer el trabajo del que me envió; pues viene la noche, cuando nadie puede trabajar” (vers. 4). Jesús dijo que el trabajo se tiene que hacer en el sábado.

Los judíos, desde luego, se opusieron al trabajo de Jesús, y se opusieron a que fuera hecho durante el sábado. Hacer lodo era contrario a su ley, y también lo era sanar. Juzgaron a Jesús de acuerdo con su ley, y le juzgaron injustamente. Reclamaban tener la norma correcta, pero estaban espiritualmente ciegos, descuidando el amor, la justicia, la misericordia y la fe (vers. 41). Estaban mirando a la ley en lugar de mirar al Otorgador de la ley como la norma de cómo juzgar.

Por medio de estos incidentes del sábado, Jesús liberalizó las normas. Repetidamente hizo cosas que se podían haber hecho después de la puesta del sol. Él osadamente reclamó tener autoridad para trabajar en el sábado. Esta es una razón por la que muchos cristianos concluyen que el sábado ya no es requerido. Otros cristianos, quienes también se encuentran bien con Dios, concluyen que deben observar el sábado, aunque no tan estrictamente como lo guardaban los fariseos. Todos están en libertad de mantener sus propias opiniones y son bienvenidos en nuestra hermandad si no juzgan a otros con respecto a este tema.

Todo cristiano debe estar plenamente convencido, debe vivir cada día para el Señor y debe estar buscando la guía del Espíritu Santo. Si algunos piensan que el día es requerido, entonces para ellos lo es. Si piensan que están en libertad en este aspecto, entonces Cristo espera que actúen de acuerdo con su libertad. Cualquier acción que no sea hecha con fe, es pecado.

Hay muchas escrituras que nos amonestan a seguir el ejemplo de nuestro Salvador. Al seguir su ejemplo, sin embargo, debemos distinguir entre las actividades basadas en la situación histórica en la cual él vivió (por ejemplo, ir a las sinagogas), y aquellas actividades basadas en leyes permanentes de conducta interpersonal y de adoración en espíritu y en verdad. Vemos algunos de estos principios más importantes cuando notamos el contexto en que las escrituras nos amonestan a hacer lo que él hizo.

Debemos servirnos los unos a los otros, como él sirvió a sus discípulos (Juan 13:14-15). Debemos amar como él nos amó (Juan 13:34; 1 Juan 2:5-7; 2 Juan 5). Debemos aceptarnos los unos a los otros, así como él nos aceptó (Romanos 15:7). Debemos humillarnos como él se humilló (Filipenses 2:5-7). Debemos sufrir sin represalias, como él sufrió (1 Pedro 2:19-23). Debemos hacer sacrificios para unos y otros, así como él lo hizo por nosotros (1 Juan 3:16).


El ejemplo de Jesús es libertad

Pregunta: Jesús arriesgó su vida por lo que hizo en el sábado. ¿No podía él haber evitado la controversia a menos que fuera necesario, no podía haber evitado sus actividades en el sábado a menos que sus discípulos necesitaran saber cómo guardar apropiadamente el sábado?

Respuesta: Jesús criticó el enfoque que los fariseos les daban a varias leyes y rituales, incluyendo el ritual de lavarse las manos (Mateo 15:2), las filacterias (Mateo 23:5) y las reglas corbán (Marcos 7:11-13). En todas estas cosas, él contrarió a los fariseos y arriesgó su vida. Mas estas críticas no tenían como propósito mostrarles a sus discípulos cómo continuar estas costumbres practicándolas de una mejor manera. De hecho, las críticas de Jesús ayudaron a la Iglesia primitiva a darse cuenta de que estas costumbres eran obsoletas. Por tanto, cuando vemos en los Evangelios que Jesús criticaba la manera como se hacía algo, no podemos suponer que él quería que la Iglesia continuara la práctica de una mejor manera.

En ocasiones, Jesús criticó la manera como los fariseos enfocaban las costumbres que eran buenas, incluyendo las limosnas, la oración y el ayuno (Mateo 6:2, 5, 16). Acerca de estos temas, Jesús claramente les enseñó a sus discípulos que continuaran su práctica (vers. 3, 6, 17). Pero nunca les enseñó que observaran el sábado. Se nos dice acerca del trabajo que Jesús hizo en el sábado, pero nunca se nos dice que él descansó en el sábado. En repetidas ocasiones hizo notar que las reglas restrictivas eran violaciones del propósito del sábado; él enseñó que un enfoque en detalles externos era ineficaz e incorrecto. Esas restricciones no transformaban el corazón.

Jesús mostró que se puede hacer varias formas de trabajo en el sábado. Él comparó el sábado con las reglas relacionadas con el pan de la proposición, haciendo notar que las cosas santas pueden usarse para propósitos seculares cuando existe una necesidad. David quebrantó la letra de la ley y aún se consideró inocente de acuerdo con la ley espiritual. Jesús es más importante que los rituales del templo, y los rituales son más importantes que los requisitos estrictos de la ley del sábado. Lógicamente, entonces, Jesús es más importante que el sábado. Él es el nuevo enfoque de adoración.

Sin embargo, Jesús nunca quebrantó el sábado, ni enseñó a otros que lo quebrantaran. Pero tampoco enseñó en contra de la circuncisión y de los sacrificios. No podía hacerlo mientras el antiguo pacto estuviera en vigor. Podía señalar ciertos problemas administrativos y presentarse a sí mismo como Señor, pero no era tiempo todavía de rechazar públicamente ninguna ley en particular (Juan 16:12-13). Mas las implicaciones están allí. Cuando Juan describe a Jesús trabajando en el sábado, no se siente obligado a explicar que los cristianos no lo podían hacer. Cuando Lucas dice que las personas eran liberadas en el sábado, no se siente obligado a aclarar de alguna manera lo que ha dicho. El ejemplo de Jesús con respecto al sábado es libertad, no reglamentos.

Pregunta: Debemos orar para que no tengamos que escapar en el sábado (Mateo 24:20). ¿Demuestra esto que los discípulos de Jesús estarían guardando el sábado?

Respuesta: Esta advertencia fue dada a “los que estén en Judea” (vers. 16), y esta advertencia está preservada solamente en el Evangelio de Mateo, el cual fue probablemente escrito a los cristianos judíos. La advertencia de Jesús nos dice más acerca de las prácticas en Judea de lo que nos dice acerca del cristianismo.

Siempre hemos sabido que es permitido escapar para salvar la vida en el sábado. Sin embargo, la razón por la que pudiera ser difícil escapar en el sábado es debido a que los incrédulos están guardando el sábado, no los que están escapando. Quizá los que están escapando guardan el sábado o quizá no lo guardan, pero en cualquiera de los casos puede ser difícil escapar cuando la gente de Judea han cerrado sus negocios, cerrado las puertas de la ciudad, etc. Este versículo no prueba que los discípulos estarían guardando el sábado, sino que puede ser difícil escapar en el sábado.

Pregunta: Los relatos de la resurrección muestran que todavía se guardaba el sábado después de la crucifixión de Jesús. Las mujeres “descansaron en el día de reposo, conforme al mandamiento” (Lucas 23:56). ¿Muestra esto que el sábado es todavía un mandamiento para los cristianos?

Respuesta: El sábado todavía existe. La fiesta de la Dedicación existe también, pero su existencia no prueba que se tiene que observar. Cuando los Evangelios nos dicen que la resurrección se descubrió “después del sábado, en el primer día de la semana”, no nos están diciendo que guardemos el sábado, como tampoco nos están diciendo que guardemos el primer día de la semana. Simplemente nos están diciendo cuándo ocurrió este evento, usando el término que era extensamente conocido en ese tiempo.

Las mujeres descansaron en el sábado, pero su ejemplo no nos dice si el mandamiento está todavía en vigor. En la actualidad, muchos sabatarios considerarían permisible preparar un cuerpo para su sepultura, especialmente si la persona ha estado muerta por más de un día y se carece de refrigeración. Los lectores de Lucas, hayan o no guardado el sábado, se preguntarían por qué las mujeres descansaron aunque estaban ante esta necesidad en particular. Lucas fue inspirado a decirles a sus lectores que las mujeres descansaron debido al mandamiento.

Lucas usó la palabra “mandamiento”, pero eso no probaba que el mandamiento era requerido para sus lectores. Pablo usó la palabra “mandamiento” para describir las reglas que dividían a los judíos de los gentiles (Efesios 2:15), pero la palabra no da a entender que esos mandamientos todavía tenían validez para sus lectores. Lucas simplemente está usando términos comúnmente comprendidos para explicar por qué las mujeres descansaron. Él no está dando un mandamiento a sus lectores para que sigan ese ejemplo.

En una manera similar, la frase “camino de un día de reposo” (Hechos 1:12) no implica nada relacionado con la distancia que debemos caminar hoy en el sábado. La frase simplemente es una forma de medir la distancia, como el “sábado” era el nombre de un día de la semana. El nombre no implica una obligación que los cristianos deben seguir cumpliendo.

Pregunta: La costumbre de Pablo era guardar el sábado (Hechos 13:14; 16:13; 17:2). ¿No deberíamos nosotros seguir su ejemplo en esto (1 Corintios 11:1)?

Respuesta: Como Jesús, Pablo por costumbre iba a la sinagoga. Pero ¿por qué debemos insistir en imitar una frase de la oración e ignorar otra parte? ¿Por qué debemos citar el ejemplo del “sábado” pero no el de la “sinagoga”? El hecho de que esta era una sinagoga debiera enfocar nuestra atención en la situación histórica y debiera prevenirnos con respecto a costumbres específicas. El apóstol Pablo iba a la sinagoga en el sábado porque allí era cuando y donde la gente se reunía para escuchar las discusiones de la Escritura. Allí era cuando y donde él tenía un auditorio. Él iba a los judíos prime-ramente y luego a los gentiles, y la mejor manera de predicar a los judíos era yendo a las sinagogas en el día en que los judíos estaban allí.29

En ciertas ocasiones, Pablo observaba también otras costumbres judías, tales como la circuncisión, los votos y su participación en ritos del templo. Su ejemplo no es automáticamente autoritario. Si imitamos todas las maneras en que él vivió como Jesús, tendríamos que ser solteros y predicadores ambulantes. Debemos discernir cuáles detalles de sus vidas se basaron en la cultura en que vivieron, cuáles se basaron en el cristianismo y cuáles se basaron en ambos.

El apóstol Pablo se consideró a sí mismo bajo la ley de Cristo, no bajo la ley del antiguo pacto (1 Corintios 9:19-21). Tenía la libertad de observar las costumbres del antiguo pacto cuando estaba entre judíos, y tenía la libertad de ignorarlas en otras situaciones. Pedro estaba en libertad de “vivir como los gentiles”, al igual que Pablo (Gálatas 2:14). En la actualidad, nosotros debemos obedecer los mandamientos de Jesús (Mateo 28:20), y Jesús nunca le ordenó a nadie que descansara en el sábado.

En Antioquía de Pisidia, Pablo dio un mensaje controversial en la sinagoga: “Así pues, hermanos, ustedes deben saber que el perdón de los pecados se les anuncia por medio de Jesús. Por medio de él, todos los que creen quedan perdonados de todo aquello que bajo la ley de Moisés no tenía perdón” (Hechos 13:38-39).

Los judíos y prosélitos le pidieron a Pablo que les hablara el siguiente sábado (vers. 42), y eso fue lo que Pablo hizo. Él no trató de cambiar su costumbre de guardar el sábado. Una gran porción del grupo tendría que trabajar los siguientes seis días y no les hubiera sido posible reunirse el domingo. Además, sería bueno para ellos pensar y hablar acerca del mensaje de Pablo durante toda la semana. Debido a que Pablo esperó una semana, toda la ciudad pudo escuchar acerca de la controversia, y debido a eso, vinieron a escucharlo (vers. 44).

En las ciudades gentiles de Listra y Derbe, no se dice nada acerca del sábado. Aun en Atenas, donde vivían algunos judíos, nada se dice acerca del sábado. En su lugar, Pablo “cada día discutía igualmente en la plaza con los que allí se reunían” (Hechos 17:17). La predicación diaria es una costumbre válida también, si deseamos seguir el ejemplo que Pablo y Jesús nos dejaron.

Santiago hizo notar que se predicaba sobre Moisés en las sinagogas cada sábado. (Hechos 15:21). ¡Pero Santiago no trató de animar a los gentiles a que asistieran a las sinagogas!30 Los conversos necesitaban oír acerca de Cristo, no acerca de Moisés. El concilio de Jerusalén rechazó la opinión de aquellos que pensaban que los gentiles debían guardar toda la “ley de Moisés” (vers. 5).31

“Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios” (vers. 19). En lugar de requerirle a los gentiles cristianos que guardaran la ley de Moisés, el concilio les dijo que se abstuvieron de sangre, de carne de animales estrangulados, de la idolatría y de la fornicación (vers. 20). El concilio dio un decreto benigno debido a que en las sinagogas se predicaban los requisitos estrictos (vers. 21). El sábado era parte de la ley de Moisés, tanto como lo era la circuncisión, pero nada se dijo para hacer del sábado una excepción, ni por el concilio ni por Lucas, quien escribió para los lectores gentiles muchos años después.

En Corinto, Pablo nuevamente em-pezó en la sinagoga, y allí habló cada sábado (Hechos 18:4). Pero muy pronto Pablo dejó la sinagoga y empezó a predicar en la casa que estaba al lado de la sinagoga (vers. 7). Después de esto, no se dice nada con respecto al sábado, y Pablo pudo haber enseñado cada día de la semana. Aun al estar ocupado en la fabricación de tiendas, él podía hablar de la Escrituras con cualquiera que tuviera tiempo para escucharle. En Éfeso, Pablo predicó todos los días de la semana por dos años (Hechos 19:9-10). Esta es también una costumbre válida.

De regreso a Jerusalén, Pablo se detuvo siete días en Troas (Hechos 20:6). Pero no leemos nada sobre el sábado. Lo que leemos es que la iglesia (“nosotros”) esperó hasta el primer día de la semana para reunirse y partir el pan, y Pablo predicó hasta que terminó el sábado (vers. 7). ¿Por qué hasta entonces? Aparentemente el primer día de la semana era cuando los creyentes se podían reunir. Aunque Pablo tenía prisa (vers. 16), tenía que esperar hasta el primer día de la semana. Este también fue un ejemplo significativo.

En resumen, nunca se nos dice que Pablo descansó en el sábado, o que él enseñó a que se descansara en el sábado. Lo que se nos dice es que él aprovechó ese día como una oportunidad evangelística, y que podía aprovechar cualquier día de la semana para predicar acerca del Salvador. Su ejemplo nos demuestra libertad, y nada acerca de requisitos.


Cómo la sombra señala hacia la realidad

Pregunta: Pablo enseñó regularmente en el sábado (Hechos 18:1-11). ¿Les estaba él enseñando a los gentiles a guardar el sábado?

Respuesta: Este pasaje solamente dice que enseñó en las sinagogas por unos cuantos sábados; después de eso no dice cuándo él enseñó. Pudo haber sido en el sábado o pudo haber sido en otros días también, como lo hizo en Atenas y en Éfeso. Y el pasaje no dice nada acerca de evitar trabajar en un día de la semana en particular.

El libro de los Hechos nos dice lo que Pablo hizo en unos cuantos sábados y en otros cuantos días. Si queremos saber lo que Pablo mismo enseñó acerca del sábado, necesitamos ir al único lugar donde se usa la palabra “sábado” [la versión castellana usa “días de reposo”] en sus epístolas: Colosenses 2:16-17. “Por tanto, que nadie los critique a ustedes por lo que comen o beben, o por cuestiones tales como días de fiesta, lunas nuevas o días de reposo. Todo esto no es más que la sombra de lo que ha de venir, pero la realidad misma es Cristo” (Versión Popular).

El apóstol Pablo comienza su análisis del sábado con un “por tanto”. Esas palabras deben hacernos examinar el contexto. La razón por la que los cristianos no deben dejar que otros los critiquen con respecto al sábado es debido a que Cristo ha triunfado en la cruz (vers. 15). La muerte de Cristo en la cruz cambió algo acerca del sábado. En Colosas, el sábado no tenía conexión alguna con los rituales del templo. La única manera que se podía observar era absteniéndose de trabajar y reuniéndose para adorar. Pero la muerte de Cristo había cambiado algo acerca del enfoque cristiano hacia el sábado. Nadie debía criticar a los cristianos con respecto al sábado.

El sábado, los días de fiesta, las lunas nuevas y todo el calendario judío era una “sombra” de lo que había de venir. Todo eso prefiguraba, era la sombra profética, simbolizando cosas que habían de venir. Gramaticalmente, es ambiguo el hecho de que esas cosas han ocurrido o si algunas eran futuras. En lo que respecta a la práctica cristiana, no importa, ya que la conclusión de Pablo es que no debemos dejar que otros nos critiquen en lo que al sábado respecta.

Ya sea que lo guardemos o que no lo guardemos, no debemos dejar que otros nos juzguen acerca de esta cuestión. Ya sea que guardemos el sábado o no, no debemos dejar que otros nos hagan sentir culpables con respecto al sábado. No debemos dejar que otros nos hagan pensar que vamos a perder nuestra salvación si no aceptamos sus ideas. Ni se ha prohibido el sábado, ni se ha requerido. Es por esto que la Iglesia de Dios Universal recibe a los que guardan el sábado como a los que no lo guardan.

El contraste entre “sombra” y “realidad” se encuentra también en Hebreos 10:1; las leyes de los sacrificios fueron una sombra de las cosas buenas que habían de venir (el mismo vocablo y tiempo verbal griego como en Colosenses 2:17), no la realidad. Así como los sacrificios eran sombras que señalaban hacia Cristo y fueron reemplazadas por él, los días de adoración del antiguo pacto fueron también sombras que señalaban hacia Cristo.32

Ahora que él ya ha venido, los días han dejado de ser la norma por la cual somos juzgados. La norma apropiada es Jesucristo. En el último juicio, la cuestión definitiva no será acerca de días, sino acerca de la fe en Jesucristo. Su venida ha hecho una enorme diferencia en la manera en que el pueblo de Dios debe adorar en espíritu y en verdad. Apenas hemos empezado a ver cuán significativas su muerte y resurrección han sido para la fe y la práctica.

Pablo no les enseñó a los cristianos gentiles a guardar el sábado. Él en realidad les dijo que el sábado no era un aspecto en el cual debíamos ser juzgados. Como le dijo a la iglesia romana, que consistía de judíos y gentiles: “Hay quienes dan más importancia a un día que a otro, y hay quienes creen que todos los días son iguales. Cada uno debe estar convencido de lo que cree” (Romanos 14:5, Versión Popular).33

El apóstol Pablo no pensó que era necesario decirle a esta gente que un día en particular era sagrado o superior. Él lo dejó a la convicción individual. ¿Cómo podía Pablo tomar una actitud tan indiferente en cuanto al concepto de días especiales? Aparentemente algo significativo había ocurrido, el evento más significativo en la historia: la crucifixión de Jesucristo. Debido a ese evento, los días ya no son un asunto para juzgar el comportamiento.

El punto principal de Pablo es que un cristiano no debe juzgar a otro en lo que respecta a mejores días: “Quién eres tú para criticar el servidor de otro? Si queda bien o queda mal, es asunto de su propio amo. Pero quedará bien, porque el Señor tiene poder para hacerle quedar bien” (vers. 4, Versión Popular). “Así pues, cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios”, Pablo escribe en el versículo 12.

Pero ¿quiere esto decir que necesitamos vivir en temor del juicio final, guardando el sábado “por si acaso”, observando lunas nuevas y otras restricciones “por si acaso”? Si alguna persona hace estas cosas reverentemente, “para el Señor”, pueden ser aceptables hábitos de ayuda. Pero no pueden exigírselas a otros cristianos. La conclusión de Pablo es clara: “Por eso, ya no debemos criticarnos unos a otros. Al contrario, propónganse ustedes no hacer nada que sea causa de que su hermano tropiece” (vers. 13, Versión Popular). Por cada obstáculo que pongamos en frente de otros, seremos juzgados. Cuando enseñamos requisitos, debemos ser precavidos.

Es bueno ser obediente, pero no debemos pensar que nuestra obediencia gana algo para la salvación. Pablo advirtió convincentemente a los cristianos gálatas que la fe en Cristo era suficiente para la salvación. La fe nos lleva a caminar por el Espíritu, y eso implica un estilo de vida de amor, gozo, paz, etc. La fe no implica la observancia supersticiosa de la circuncisión o de las leyes del antiguo pacto “por si acaso” éstas son también necesarias.

Somos llamados a la fe, confiados en que el sacrificio de Cristo nos limpia de todo pecado, no a la esclavitud temerosa de tradiciones religiosas y reglas humanas. Semejantes reglas podrán tener apariencia religiosa y podrán tener la forma de piedad, pero no tienen el poder que transforma el corazón, lo cual es el enfoque del cristianismo. De hecho, para algunas personas las reglas pueden llegar a ser más importantes que amar al prójimo. Las reglas pueden engañar a las personas haciéndolas pensar que están bien con Dios simplemente por guardar las reglas.34 Por lo menos eso fue lo que produjeron en algunos de los fariseos.

Los gálatas habían sido gentiles en una religión pagana antes de que fueran salvos por la fe en Cristo. Pero los judaizantes herejes estaban aparentemente enseñándoles que, aunque habían empezado con Cristo, necesitaban completar su salvación con la circuncisión y su compromiso hacia el antiguo pacto (Gálatas 5:3). ¡Semejante enseñanza debe ser maldecida y condenada! Hace que Cristo no tenga valor alguno (vers. 2).

El apóstol Pablo dijo que la ley del antiguo pacto era esclavitud (Gálatas 4:24-25; 5:1; notemos también el “nosotros” en 4:3), al igual que el paganismo (Gálatas 4:8). ¡Los cristianos de Galacia habían ido de una esclavitud pueril (el paganismo con sus muchas reglas externas) a otra (el antiguo pacto, con sus reglas externas)!

Cuando los judaizantes enseñaron “días, meses, fechas y años” (vers. 10), es posible que les enseñaron el calendario judío con sus días, meses lunares, estaciones festivas y años sabáticos. Tales requisitos externos eran “débiles y pobres principios”35 (vers. 9), ya que nunca pueden ganarnos la salvación, ni son requeridos después de que se nos da la salvación. Los cristianos pueden guardar tales días si así lo desean (como muchos de los cristianos judíos lo hicieron), pero no deben enseñar que tales días son requeridos bajo el nuevo pacto.

¿Cómo pudo Pablo ser tan indiferente a algo que había sido un mandamiento? Porque algo más significativo que el antiguo pacto ha venido, algo más importante que el maná nos ha dado vida. Los días de adoración del antiguo pacto eran sombras o siluetas, tal como lo fueron los sacrificios, y ahora la Realidad ha venido (Colosenses 2:16-17; Hebreos 10:1-2). La ley, el antiguo pacto entero, estuvo vigente hasta que Cristo vino (Gálatas 3:25; Hebreos 9:10).

El antiguo pacto fue una administración apropiada para una nación carnal. El nuevo pacto se administra de una manera diferente. La ley de Dios es la misma, pero se administra de diferentes maneras en diferentes tiempos para diferentes personas y diferentes propósitos.

Debemos reconocer la validez continua de la ley de Dios, pero debemos reconocer que el Nuevo Testamento nos da una representación más completa que la del Antiguo Testamento. Debemos interpretar las leyes antiguas con la perspectiva de la nueva situación que nos trajo Jesucristo. El propósito espiritual del sábado es todavía válido, pero el propósito espiritual no es evitar el trabajo en un día específico. El propósito espiritual es de señalarnos hacia Cristo. Ahora que ya hemos venido a Cristo, el indicador es de tan disminuida importancia que (ya sea que entendamos o no su función) Pablo puede decir que no es un asunto por el cual los cristianos deben ser juzgados.

El sábado le señaló el Creador a una nación inconversa. Les dio frecuentes recordatorios de él, de la misma manera como el templo y sus sacrificios lo hicieron. Pero ahora que el Creador está viviendo en nosotros, no necesitamos de indicadores en la misma manera. Tal como permanecemos por el propósito espiritual de la circuncisión mediante el arrepentimiento y perdón –ignorando completamente los detalles físicos que el antiguo rito demandaba– permanecemos por el propósito espiritual del sábado cuando tenemos fe en Cristo.

Podemos ver eso más claramente en Hebreos 4, el cual analizaremos más adelante, pero la conclusión se hace necesaria simplemente por la actitud indiferente de Pablo hacia los días del antiguo pacto. Algo de tanto significado ha ocurrido que el sábado semanal ya no es un asunto en el cual el pueblo de Dios tiene que ser juzgado.

Sin embargo, los aspectos prácticos del sábado son todavía prácticos. Todavía necesitamos tiempo para adoración, y necesitamos tiempo para dedicarnos a Dios. Si trabajamos siete días a la semana, lo más seguro sería que nos alejaríamos de Dios y nos moriríamos de hambre espiritualmente.

No debemos dejar de asistir a nuestras reuniones, no sólo por nuestro propio beneficio sino por el beneficio de la comunidad de la fe. “Busquemos la manera de ayudarnos unos a otros a tener más amor y a hacer el bien. No dejemos de asistir a nuestras reuniones, como hacen algunos, sino démonos ánimos unos a otros; y tanto más cuanto que vemos que el día del Señor se acerca” (Hebreos 10:24-25). Debemos ir a los servicios de la iglesia preparados a animar a otros, a dar palabras de alabanza y gratitud al Señor.

Los cristianos no deben usar la libertad para destruirse a sí mismos. No deben tomar la libertad al exceso, como adolescentes libertinos que se les deja sin las reglas de sus padres. La mayoría de nosotros reconocemos que hay gran valor en separar un día para el culto, un día en el cual no permitimos que los deberes seculares nos estorben, un día para edificar la unidad familiar y la comunidad de la fe.

Necesitamos establecernos márgenes. Esto es bueno para nuestro crecimiento espiritual, y no debemos abandonar desquiciadamente tan valiosas costumbres. Pero nos damos cuenta de que el Nuevo Testamento no especifica cuándo se debe hacer esto, ni exactamente cuánto tiempo debe estar involucrado. Por tanto, no podemos demandar que otros hagan precisamente lo que nosotros hacemos, y de esa manera juzgarlos con relación al sábado. Cristo nos da libertad no para placeres egocéntricos, sino para servir a otros (Gálatas 5:13). Debemos estar agradecidos por nuestra libertad y usarla para edificación de otros, no para colocarles tropiezos en su camino. No debemos permitir que nuestra libertad llegue a causar ofensas a otros.

En resumen, todos los argumentos sobre el sábado son imperfectos. No podemos probar que el sábado existió o fue dado como mandamiento antes de Moisés. No podemos probar que es válido simplemente porque es parte de los Diez Mandamientos. No podemos probar que es importante para los cristianos simplemente porque lo fue para la antigua Israel. No podemos probar que Jesús lo dio como mandamiento o que Pablo hizo lo mismo. En su lugar, vemos que Jesús consistentemente abogó por más libertad, y que Pablo dijo que no debemos juzgar a otros con respecto a días de adoración.

No hay, desde luego, ni un versículo en el Nuevo Testamento que diga que el sábado es ahora obsoleto. En su lugar, hay versículos que dicen que toda ley del antiguo pacto es obsoleta. La ley de Moisés no es requerida. Debemos vivir por el espíritu, no por la letra de la ley. El sábado es repetidamente comparado con cosas que ahora son obsoletas: los sacrificios del templo, la circuncisión, el pan de la proposición, una sombra. No es una base para juzgarse unos a otros, y no debe enseñarse como una adición necesaria a Cristo. Por tanto, muchos cristianos concluyen que el sábado no es requerido.

Si el sábado fuera un requisito, sería asombroso que el Nuevo Testamento nunca menciona tan importante mandamiento. Tiene lugar para toda otra clase de mandamientos, incluyendo besos santos, pero ninguna ocasión para ordenar el guardar el sábado. Se hacen vastas declaraciones con respecto a las leyes del antiguo pacto, pero nunca se dice: “Excepto el sábado”. Si el sábado es esencial, es sorprendente que nadie es jamás criticado por ignorarlo.

El apóstol Pablo tuvo que hacerse cargo de muchos problemas por vivir la vida cristiana, y menciona un gran número de pecados que pueden mantener a las personas fuera del reino de Dios, pero nunca menciona el sábado. Cuando describe los pecados de los gentiles (Romanos 1), no dice nada acerca del sábado.36 Tiene mucho que decir acerca de la fe y el amor, de magnificar el propósito real de la ley de Dios, pero el sábado simplemente no se ordena. Ni tampoco es creíble declarar que todo el Nuevo Testamento fue escrito para que sólo los “sabios” entendieran el mandamiento más importante.

En su lugar, el sábado es un asunto indiferente. Las personas están en libertad de descansar en ese día si lo hacen para el Señor. Están en libertad de usar el día también de otras maneras, si están viviendo para el Señor. Aun pueden trabajar en ese día si tienen fe de que Cristo les ha dado en verdad esa libertad. Cada uno debe estar completamente convencido, porque lo que no proviene de fe, es pecado.37

Tampoco el Nuevo Testamento nos dice que cualquier otro día de la semana debe ser el día de reposo. Los creyentes tienen libertad de reunirse en el día séptimo de la semana, o en cualquier otro día. Pablo predicó todos los días de la semana.

En la Iglesia de Dios Universal nos reunimos en el séptimo día de la semana por varias razones:

Es nuestra costumbre. Aunque nuestra costumbre fue basada originalmente en la creencia excesivamente dogmática de que el séptimo día sábado es requerido para la salvación,38 no hay razón bíblica para cambiar nuestro día de culto aun después de haber descubierto que nuestra razón original estaba equivocada.

Ya que nuestros miembros han arreglado sus programas de trabajo para evitar tener que trabajar en el sábado, los sábados son los días en que casi todos nosotros podemos reunirnos regularmente.

Siendo que les damos la bienvenida a nuestra hermandad a los que guardan el sábado y no les exigimos que cambien su costumbre, nos reunimos en el sábado para que puedan adorar con nosotros.

Debido a estas razones, nos reuniremos en el sábado por un largo, pero largo tiempo.


Por la fe entramos al descanso de Dios

Pregunta: ¿Acaso Hebreos 4:9 ordena a los cristianos que guarden el sábado?

Respuesta: La epístola a los Hebreos fue dirigida a creyentes judíos que probablemente estaban todavía participando en las costumbres del judaísmo. La epístola explica que el antiguo pacto ha sido anulado y que sus reglamentos se han echado a un lado. Cuando menciona sabbatismos en Hebreos 4:9, no está introduciendo secretamente una afirmación de una ley del antiguo pacto.

A lo largo de la epístola, se les amonesta a los hebreos creyentes diciéndoles que Jesús es mucho, mucho más que cualquier cosa que el antiguo pacto pudiera tener. Jesucristo es el centro principal de la epístola. Se menciona el diezmo, por ejemplo, sólo porque éste muestra la superioridad de Cristo sobre los sacerdotes levitas. Se menciona también sabbatismos, no como un punto en sí mismo, sino porque ilustra algo acerca de la superioridad de la fe en Cristo.

Jesús es mejor que los ángeles, mejor que Moisés, mejor que Aarón, mejor que todos los rituales. Él los ha reemplazado a todos cumpliendo con las verdades espirituales que representaban, haciendo su actuación física innecesaria. Hebreos 4:9 no ordena la continuación de una de las prácticas del antiguo pacto.

Comencemos nuestro análisis en Hebreos 3: “Por lo tanto, hermanos, ustedes que pertenecen al pueblo de Dios, que han sido llamados por Dios a ser suyos, consideren atentamente a Cristo Jesús, el apóstol y sumo sacerdote… Pero Jesús merece más honor que Moisés” (vers. 1-3). Luego, la epístola cita del Salmo 95, recordándoles a los hebreos que sus antepasados endurecieron sus corazones y fueron infieles y desobedientes bajo el liderazgo de Moisés.

No endurezcan sus corazones, la epístola exhorta, haciendo eco a lo que se señaló en Hebreos 2:1-3. Los cristianos hebreos aparentemente fueron tentados a volver al judaísmo, y la epístola los exhorta a que sean fieles a la superioridad de Jesucristo. Escuchen lo que Jesús dice (1:2; 2:1). Mirémoslo a él, no a Moisés, como nuestra autoridad en la fe y en la práctica. Mirémoslo a él como nuestro Sumo Sacerdote en el cielo, no a los sacerdotes levitas en el templo, que sólo son sombras y copias de la verdad espiritual (8:1-5; 10:1).

La epístola nos exhorta a no desviarnos del Dios viviente (3:12). Mantengamos nuestra fe en Cristo firmemente hasta el fin (3:14). No endurezcamos nuestros corazones (3:15). No podemos agradar a Dios si no tenemos fe (3:19; 11:6).

La epístola hace una analogía entre los israelitas entrando a la Tierra Prometida y los cristianos entrando a la mejor promesa del nuevo pacto. La analogía, nuevamente, tiene como propósito demostrar la superioridad de Cristo. Cuando los israelitas se encontraban en el desierto, enviaron espías a Canaán para explorar la tierra que el Señor les iba a dar. Sin embargo, la mayoría de los espías israelitas tenían temor de los cananeos, y la mayoría del pueblo les creyó a los espías en lugar de creerle a Dios. Por tanto, Dios declaró que, puesto que les había faltado fe y no obedecieron su mandato de invadir a Canaán, no entrarían en la Tierra Prometida: “No entrarán en mi reposo” (Números 14:26-29; Salmos 95:11; Hebreos 3:11). En este salmo, “reposo” era una metáfora por la promesa del antiguo pacto, la tierra de Canaán.

La siguiente generación de israelitas entró en la Tierra Prometida bajo el liderazgo de Josué. No obstante, aun después de que entraron en la Tierra Prometida, Dios continuó advirtiéndoles, en el salmo, que no endurecieran su corazón, para que no perdieran la oportunidad de entrar en el descanso de Dios. Así es que el salmo estaba señalando hacia el descanso futuro (4:8). La Tierra Prometida había sido un tipo físico o una prefiguración de un descanso espiritual al que los israelitas no habían entrado aún.

La epístola a los Hebreos continúa el mensaje: No endurezcan su corazón, y no rechacen la enseñanza de Jesús. No sean incrédulos ni desobedientes, sino continúen confiando en Jesús y obedeciéndole.

A los cristianos se les ha dado el nuevo pacto, con mejores promesas espirituales. Ellos participan en este nuevo pacto mediante la fe en Jesucristo. Entran en el descanso de Dios, su promesa, mediante su fe en Jesucristo. “Pero los que hemos creído entramos en el reposo” (Hebreos 4:3), y ese es el “descanso” del cual el salmista estaba hablando (vers. 3). Ahora bien, debido a que hemos entrado en el descanso de Dios, debemos “tener cuidado, no sea que alguno de ustedes no lo logre” (vers. 1, Versión Popular).

El descanso espiritual del cual el salmista habló, el descanso al que Dios quiere que entremos, ya está aquí en Jesucristo. Algunos no lograrán entrar en él si abandonan su fe en Jesucristo. Debemos asegurarnos de no perder la fe y así perder el descanso en el cual ya hemos entrado.

En Cristo, tenemos descanso. Él nos ha liberado del antiguo pacto, el cual era un yugo difícil de llevar, y nos ha dado un nuevo pacto, que por ser un yugo mucho más fácil de llevar se le llama “descanso” (Mateo 11:28-30). Cuando estamos en Cristo, nos encontramos en un descanso espiritual. Ya hemos comenzado a experimentar las mejores promesas de Dios.

Dios exhorta a su pueblo a entrar en su descanso, y el lugar donde la Escritura dice que Dios descansó es en el séptimo día de la creación (Hebreos 4:4). Se nos invita a entrar en el descanso de Dios del fin de la creación, creyendo en el Hijo de Dios. Por la fe nos hemos unido con Dios en su descanso. Por la fe, hemos venido a ser una nueva creación, creados de nuevo. Hemos sido introducidos en el reino de Dios.

Nuestra nueva creación no ha sido todavía terminada, pero ya hemos entrado en su descanso. Hemos sido reconciliados y tenemos compañerismo con Dios mediante nuestro Sumo Sacerdote, así como Adán y Eva tuvieron compañerismo con Dios antes de pecar. Por la fe en Cristo, hemos entrado en el descanso de Dios, tal como lo predijo el salmista.

Hemos entrado en el katapausin descanso de Dios, el mismo tipo de descanso que él tuvo en el primer séptimo día.39 “Porque el que entra en ese lugar de reposo de Dios, reposa de su trabajo, así como Dios reposó del suyo” (4:10, Versión Popular). Esto es mucho más significativo que descansar un día a la semana, porque la epístola ya ha indicado que “Dios había terminado su trabajo desde que creó el mundo” (4:3, Versión Popular). El descanso de Dios es un descanso permanente, y el descanso del creyente también lo es.

Mientras tengamos fe en Cristo, no importa en cual día de la semana estemos, hemos entrado en el descanso de Dios y estamos descansando de nuestro propio trabajo. Nuestro propio trabajo no nos puede salvar, pero somos salvos por gracia mediante la fe en Cristo. Entramos en el descanso de Dios permanentemente por medio de la fe en Cristo.

“De manera que todavía queda un reposo (sabbatismos) sagrado para el pueblo de Dios” (4:9, Versión Popular). El escritor está usando una palabra diferente, pero no se está refiriendo a un descanso diferente. Ambas palabras se usan como metáforas para la salvación. Como se puede ver por las palabras “entonces” o “por tanto”, es el mismo descanso que se menciona en el versículo 8, el “descanso” de la salvación.

Cuando el pueblo entró a la Tierra Prometida, Josué no les dio el descanso espiritual (katapausin) de Dios. Por eso es que el salmista, siglos más tarde, habló acerca de otro día. Por tanto, el versículo 9 dice, por esa razón, debido a que el salmista habló de un futuro descanso (katapausin), lógicamente entiende que todavía queda un descanso sabático (sabbatismos) para el pueblo de Dios, y, versículo 11, debemos hacer todo esfuerzo por entrar en ese descanso (katapausin). Sin embargo, si el descanso sabbatismos fuera diferente del descanso katapausin, entonces faltaría lógicamente el sabbatismos simplemente porque el salmista habló acerca de un katapausin.

El versículo 10, el cual principia con “porque”, también presenta una conexión lógica entre sabbatismos y katapausin. Existe un sabbatismos para los cristianos porque han entrado en el katapausin de Dios. La conexión lógica no existiría si éstos fueran dos descansos diferentes.

La equivalencia de katapausin y sabbatismos se puede ver aún más en la manera paralela en que se emplean. En el versículo 1, el escritor dice que la promesa del descanso katapausin todavía está en pie. En el versículo 6, dice que todavía falta (apoleipetai) que algunos entren en el descanso katapausin, y en el versículo 9, dice que todavía queda (apoleipetai) un descanso sabbatismos para nosotros.

El escritor está usando las palabras para descanso como sinónimos, una aludiendo a la creación y la otra aludiendo a su conmemoración semanal, pero ambas se están refiriendo al mismo descanso al que los cristianos deben tratar de entrar. Es el descanso de la salvación que queda para que los cristianos entren y se aseguren de no perderlo por incredulidad. Se nos exhorta a entrar en este descanso por medio de la fe (vers. 11, 3).

Vamos a parafrasear el pasaje: Dios prometió un descanso, pero los primeros israelitas no entraron en él debido a su incredulidad y desobediencia. Josué los introdujo en la tierra, pero a los israelitas todavía se les exhortaba a entrar en el descanso prometido, el cual todavía era un descanso futuro. Por tanto, siendo que todavía queda una promesa de descanso, debemos cuidarnos de que algo nos evite entrar. Nosotros, quienes tenemos fe en Cristo, entramos en el descanso prometido, al cual se le llama descanso de Dios.

Dios descansó al final de la creación, por tanto, este es el descanso divino, el descanso sobrenatural, la promesa espiritual a la que los creyentes entran. Aunque algunos no llegan a obtener la promesa, falta aún que otros entren. Por eso es que el salmista estaba todavía exhortando a la gente a que escucharan la voz de Dios y a que le obedecieran.

Si Josué hubiera cumplido la promesa, Dios no hubiera inspirado al salmista a que continuara exhortando a la gente acerca del descanso prometido. La entrada de Josué en la Tierra Prometida fue un antitipo de una entrada espiritual a una promesa espiritual, un descanso espiritual. El salmista estaba hablando acerca de otro día, un día en el cual las personas podrían entrar en la promesa. Por tanto, todavía hay un descanso espiritual para el pueblo de Dios, porque cualquiera que entre en el descanso espiritual de Dios puede descansar de su trabajo, de la manera en que Dios cesó de su trabajo creativo. Por tanto, debemos esforzarnos por entrar en esta promesa espiritual, y no reincidir por ser desobedientes.

¿Por qué usa el escritor el vocablo sabbatismos? Hace clara referencia al sábado semanal, pero se está usando figurativamente. El autor nos está diciendo que este descanso espiritual es lo que el sábado semanal siempre ha representado. El sábado no fue sólo un recordatorio del descanso del fin de la creación y del éxodo, también miraba hacia adelante, prefigurando algo, como una sombra profética de una realidad venidera, nuestro descanso espiritual. Entramos en el descanso de Dios por la fe en Cristo (vers. 3), y al lograr esto, entramos en el descanso al cual Dios entró cuando completó su creación (vers. 3-4).

Nuestro descanso salvador es un descanso sabático, un cumplimiento del significado espiritual del día sábado. Si el autor hubiera querido hablar acerca del sábado, él hubiera usado la palabra sábado. Si hubiera querido hablar acerca de guardar una ley, podía haber dicho eso también. Pero él no usó esas palabras porque no estaba hablando acerca del día sábado en sí.

No está diciendo si es necesario o innecesario, no está tratando ese asunto. Por el contrario, él está diciendo que la promesa espiritual es un descanso sabático. El sábado representa la salvación. Aquí no se está discutiendo si se debe continuar observando el sábado como una representación semanal. El autor se está refiriendo a la salvación, al descanso espiritual prometido. Él habla de sólo un descanso sabático predicho, no una representación semanal de éste. Está hablando figurativamente del reino de Dios. Entramos en nuestro descanso espiritual por la fe en Cristo.

El escritor está describiendo una analogía, y hoy nosotros frecuentemente encontramos que las analogías son poco convincentes. Aun si hay paralelos, podríamos decir que eso no prueba nada, y no prueba que el sábado ya no es requerido en sus detalles del antiguo pacto. Eso es verdad. Hebreos nos dice lo que el sábado representa, pero no trata el comportamiento del cristiano con respecto al sábado. Para eso necesitamos ir a otro lado, por ejemplo, a las declaraciones de Pablo que ya hemos examinado.

En resumen, Hebreos 4 no nos está exhortando a guardar el sábado semanal, sino a entrar en el descanso de Dios por medio de la fe en Cristo. Venimos a Cristo, y él nos da descanso.


Dediquemos tiempo al crecimiento espiritual

Pregunta: El sábado es un recordatorio de la creación y señala hacia la salvación. Dios está volviéndonos a crear. Sin embargo, nuestra creación no está todavía completa. ¿No deberíamos entonces continuar guardando el sábado semanal como una celebración de la salvación en Cristo?

Respuesta: El sábado fue de seguro un memorial de la creación, y prefiguraba y señalaba hacia nuestra salvación en Cristo, y nuestra creación todavía no está completa. Sin embargo, Pablo dice que somos una nueva creación. Juan dice que ya se nos ha dado vida eterna, y que la vida eterna está en Jesucristo. Se nos ha dado la promesa del Espíritu Santo, garantizando las promesas futuras. No tenemos todavía la plenitud de la salvación, pero tenemos suficiente. Pablo puede decir que no debemos permitirle a nadie que nos juzgue con respecto al sábado. La realidad es Cristo, y nosotros tenemos la realidad, aun si no la tenemos todavía en su plenitud.

Los sacrificios representaban nuestra purificación del pecado, y aún vemos que todavía no somos sin pecado. Pero eso no quiere decir que necesitamos los sacrificios. Aunque el último juicio no se ha llevado a cabo, el veredicto ha sido declarado para todos los que tienen fe. La circuncisión representaba un corazón puro, y todavía no somos perfectos en nuestro corazón, pero el símbolo físico no es requerido. De la misma manera, aunque nuestra nueva creación no se ha completado, aun el inicio es suficiente para hacer que las prácticas del antiguo pacto sean innecesarias y no una base para juzgar a nuestros hermanos. Todavía tenemos, desde luego, una necesidad práctica de descansar en lo físico y sacar tiempo para la adoración, pero no podemos usar el antiguo pacto para demandar que todos descansen y adoren en el tiempo en que lo hacemos nosotros.

El sábado señalaba hacia nuestra renovación en Cristo, y en ese significado espiritual todavía es requerido, al igual que el significado espiritual de la circuncisión es requerido, y el significado espiritual de los sacrificios todavía es válido. Mas los detalles físicos de tales leyes se encuentran en una categoría diferente. Por eso es que Pablo podía tratar la cuestión de los días especiales en manera tan casual como hacerlo o no hacerlo.

Si las personas tuvieran fe en Cristo, si sus vidas enteras fueran dedicadas al Señor, entonces ya estuvieran viviendo por el propósito de los días sagrados. Ya estaban experimentando la santidad, la justicia, la paz y el gozo que viene con el reino de Dios, en el que Dios los ha colocado basado en su fe en Cristo. La misma presencia de Dios está en los santos permanentemente.

Pregunta: El sábado señala hacia el trabajo re-creador y redentor de Cristo, el cual es el evento más importante de toda la historia. ¿No deberíamos conmemorar esto semanalmente?

Respuesta: La Biblia nos dice que conmemoremos la redención de Cristo por medio del pan y el vino, no mediante un día de descanso. Jesús dejó bien claro en su controversia con los fariseos que es erróneo añadir requisitos a la ley de Dios, y hacer las cosas más difíciles. No podemos enseñar como requisitos lo que la Biblia no enseña. Es bueno conmemorar la salvación de Cristo en servicios de culto semanales, pero no podemos insistir en que todos adoren en el mismo día que nosotros lo hacemos.

Pregunta: La Iglesia primitiva guardó el sábado. ¿No fue acaso la influencia del paganismo lo que motivó a algunas personas a abandonarlo?

Respuesta: La Iglesia primitiva estaba compuesta enteramente de judíos, y continuó también la práctica de la circuncisión y otras costumbres del antiguo pacto. Sólo fue por el transcurso del tiempo, las discusiones y la intervención del Espíritu Santo que la Iglesia vino a comprender que las costumbres judías no debían imponerse a otros. Aunque los gentiles estaban siendo injertados en Israel, figurativamente hablando, haciéndolos israelitas espirituales, no les era necesario vivir como judíos (Gálatas 2:14). No tenían por qué obedecer todas las reglas que separaban a los judíos de los gentiles.

No obstante, no fue el paganismo lo que motivó a Pablo a decir que él no estaba bajo la ley del antiguo pacto (1 Corintios 9:19-21), o que los cristianos no tenían que guardar “la ley de Moisés” (Hechos 15:5, 28). Y no fue el paganismo lo que motivó a Pablo a decir que los días no eran razón para juzgarse los unos a los otros (Romanos 14:5; Colosenses 2:16).

Muchos de los mártires cristianos se reunían para adorar en el domingo. Eso no prueba que este es el único día aceptable para la adoración, pero su disposición de morir por la fe es evidencia de que no eran personas que transigían. No hacían a un lado lo esencial tan fácilmente debido a la conveniencia o para hacer el cristianismo más atractivo a los paganos. En su vida y en su muerte, el foco central era su lealtad a Cristo, no si se abstenían de trabajar en algún día en particular.

Aunque algunos de los cristianos de la Iglesia primitiva guardaban el sábado, muchos otros no lo guardaban, y las alegaciones del paganismo son creadas más para atemorizar a las personas que para examinar objetivamente la historia. Nuestra doctrina debe basarse en la Escritura, no en la historia antigua o en la moderna.

Pregunta: Muchos cristianos perdieron sus trabajos por guardar el sábado, y Dios les proveyó milagrosamente otros trabajos mejores. ¿No demuestran estas bendiciones lo correcto de su comportamiento y la aprobación de Dios por guardar el sábado?

Respuesta: Dios mira el corazón, la actitud, y bendice a su pueblo aun si su comportamiento se basaba en un entendimiento equivocado. Él honra la sinceridad. Si hacemos algo con la convicción de que Dios quiere que lo hagamos, él se agrada con nuestra buena disposición, y con frecuencia recompensa tales sacrificios, pero sus recompensas no aprueban necesariamente nuestra comprensión en particular.

Muchos de los que observan el domingo han sido bendecidos en maneras similares por no trabajar durante los domingos. Muchos han rehusado tratamiento médico y han sido sanados, pero este enfoque no puede recomendarse como espiritualmente superior. Dios frecuentemente nos rescata de nuestros errores, pero esto no respalda los errores. Lo que demuestra, por el contrario, es la misericordia y la compasión de Dios.

En tiempos de sincera ignorancia Dios puede pasar las cosas por alto y brindarnos ayuda, pero él también quiere que crezcamos en gracia y conocimiento. En muchas otras ocasiones, en asuntos de salud y empleo, personas sinceras han sufrido por años y años debido a que pensaron que tenían que hacer algo que no era ni sabio ni requerido. La experiencia es una fuente de conocimiento, pero no es la norma de la verdad. Por el contrario, debe juzgarse por la Palabra de Dios, y ella es nuestra fuente principal de conocimiento. Estamos agradecidos por lo que Dios ha hecho en el pasado y por lo que está haciendo hoy en la Iglesia.

Pregunta: Nuestros líderes espirituales guardaron el sábado, y les respetamos por eso. ¿No los estaba inspirando Dios, y no debemos seguir su ejemplo?

Respuesta: Muchos hombres y mujeres piadosas guardaron el sábado e inspiraron a otros a seguir su ejemplo, individuos como Stephen Mumford, Ellen White y Herbert Armstrong. Pero otros cristianos fieles, tales como Peter Waldo, John Calvin y William Miller, observaron el domingo, y muchos cristianos siguieron su ejemplo. Tales ejemplos pueden ser emocionalmente poderosos para aquellos que conocieron a estos individuos personalmente o por medio de sus escritos, pero los ejemplos no llevan suficiente peso sobre el público en general.

Cuando predicamos al público, no les podemos pedir que sigan a un hombre, debemos dirigirlos directamente a Cristo. El ejemplo de dirigentes altamente respetados, como cualquier tradición, debe ser evaluado de acuerdo con el testimonio bíblico. Es a Cristo a quien debemos predicar, de la manera como él es revelado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.

Pregunta: El sábado nos da descanso de nuestras tareas físicas, nos da tiempo para rendirle culto a Dios, para tener compañerismo y para hacer buenas obras. Es un tiempo espiritual valioso. ¿No sería equivocado descuidarlo?

Respuesta: El antiguo pacto especificaba exactamente cuándo y cuánto tiempo debía aparatarse para el Señor. Especificaba cuándo, cómo y dónde sacrificar. Estos requisitos físicos ayudaban a la gente a mantener su conocimiento acerca de Dios, recordándoles su necesidad de reconciliación y compañerismo con él.

En el nuevo pacto, sin embargo, se nos ha dado el compañerismo con Dios que representaban las costumbres del antiguo pacto. El Espíritu Santo vive en nuestro interior, ayudándonos a estar conscientes de nuestra relación con Dios. El Espíritu Santo transforma nuestro corazón, guiándonos a amar a Dios y a desear pasar tiempo con él. Es bueno para nosotros pasar tiempo con el Señor y con su pueblo. Aquellos que descuidan el tiempo de adoración atrofian su crecimiento espiritual.

Sin embargo, carecemos de autoridad bíblica para mandar que todos aparten el mismo tiempo que nosotros apartamos. Exhortamos a las personas a que saquen tiempo para la oración, el estudio bíblico, el compañerismo y las buenas obras, pero no debemos juzgar a nadie con relación a los días que ellos guardan. Descansar de nuestras labores es de ayuda física. Dedicar tiempo cada semana para el Señor es de ayuda espiritual, y animamos a las personas a que hagan esto, pero no condenamos a quienes no apartan un período de tiempo de 24 horas. En lugar de confiar en una disciplina externa de reglas, cada cristiano necesita disciplinarse a sí mismo para dedicarle tiempo al Señor para su propio crecimiento espiritual.40

Desde luego que la dedicación de tiempo al Señor incluye la oración, el estudio y los servicios de adoración. También puede incluir el trabajo voluntario en servicio humanitario, como lo sería ayudando en un hospital. Puesto que el servir es una de las maneras de expresar el verdadero cristianismo, los proyectos de servicio pueden expresar correctamente el propósito espiritual de un día de adoración. Esto puede llevarse a cabo aun en grupo, como una actividad de la congregación.

Como una necesidad práctica, por supuesto, designamos un día y tiempo para la adoración y ese día, en la Iglesia de Dios Universal, es el sábado. Animamos a todos los que puedan que se reúnan con nosotros para adorar al Creador y Salvador en este día, pero no juzgamos a los que hacen su culto en algún otro día.

Pregunta: ¿No debemos guardar la ley?

Respuesta: Debemos usar la ley de una manera legal, y el nuevo pacto, la ley bajo la cual los cristianos están ahora, no nos permite dictar cuándo y cuánto tiempo otros cristianos deben darle al Señor. No nos permite juzgar a otros con relación a este día. No nos permite atar cargas pesadas a las personas y amenazarlas con el lago de fuego si no obran de acuerdo con nuestro entendimiento. La ley real con la que debemos estar de acuerdo es la ley espiritual, no la forma precisa en que el antiguo pacto debía administrarse.

Nosotros queremos guardar la ley de la manera que sea apropiada en la era después de la venida de Cristo y del Espíritu Santo. El Nuevo Testamento da cientos de mandamientos. Da una alta norma de conducta para los redimidos de Dios. Requiere sacrificio y una fidelidad absoluta. Frecuentemente cita las leyes del Antiguo Testamento y las amplifica a las intenciones del corazón.

Mas lo que no hace nunca es ordenar la observancia del sábado, y ordena a la Iglesia a no imponerle al pueblo de Dios restricciones que no han sido autorizadas. Nunca debemos permitir que las tradiciones anulen la Palabra de Dios, y eso incluye las tradiciones acerca de las costumbres del antiguo pacto que fueron en un tiempo autorizadas pero cuya autorización ha expirado.

Los que somos guiados por el Espíritu de Dios queremos obedecer a nuestro Creador y Salvador. Queremos exhortar a la obediencia, la piedad y la santificación. También queremos enfatizar que la salvación es por gracia por medio de la fe, y queremos aceptar como cristianos a todos los que tienen fe en Cristo. No queremos juzgar a otros con relación a su observancia de fiestas santas o de sábados. Debemos imitar al apóstol Pablo, quien dijo que algunos cristianos consideran ciertos días como más importantes que otros, y algunos cristianos no los consideran así. Cada persona debe estar convencida completamente en su propia mente y hacer todas las cosas para el Señor.

Este escrito quizá no convencerá a todos acerca de nuestra posición en particular. Algunos miembros quizá continúen creyendo que su Salvador requiere que ellos guarden el sábado. No queremos criticarlos por obrar de acuerdo con sus creencias. Sin embargo, es nuestra esperanza que este escrito les convenza que nuestra posición es una manera razonable para entender las Escrituras. Un entendimiento espiritual del sábado no es prueba de rebeldía o de estar en contra de la ley de Dios. Estamos demostrando tolerancia. No estamos requiriendo de nadie que cambien lo que hacen en el sábado semanal. Lo que estamos diciendo es que no se juzguen los unos a los otros con respecto a este día.

El apóstol Pablo no predicó que toda ley ha sido abrogada. Él sabía muy bien que la fe conduce a la obediencia, y que el amor obra dentro de los márgenes de la ley. Sin embargo, él trató el sábado como un asunto de conciencia individual, no como una conformidad forzada. ¿Por qué pudo él tomarse esa libertad con la ley del sábado? Nuestra conclusión es que él pudo tratar el sábado en la misma manera en que él se ocupó de la circuncisión. Él pudo haberlo tomado o dejado. No era un requisito porque la fe en Cristo lo había suplantado. Debemos apoyar la fe.

Todos los que tienen fe en Jesucristo ya están cumpliendo con el propósito de la ley del sábado. Si caminamos por el Espíritu, estamos cumpliendo los requisitos de la ley (Romanos 8:4). Hemos venido a Cristo y él nos ha dado descanso. Todos los que creen han entrado en el descanso de Dios. Aunque queda todavía un descanso futuro, ya hemos entrado en el descanso, y un día específico de descanso ya no es requerido aunque el descanso mismo es de beneficio físico y espiritual.

Los israelitas necesitaban márgenes físicos de tiempo y espacio para mantener vivo en ellos el recuerdo de su redención física. Necesitaban actividades y restricciones físicas para imponer en ellos el hábito de la obediencia. Todo el antiguo pacto señalaba hacia Cristo y la salvación que se obtendría por él. Por tanto, cuando la realidad (Cristo y el Espíritu santo) vino, los sustitutos terminaron su función. Él es el marco de referencia en el cual debemos analizar la adoración y el comportamiento interpersonal.

Los cristianos hoy han sido redimidos espiritualmente, y los tiempos y lugares santos no regulan ya sus vidas de la misma manera. Conforme caminamos en fe, en una relación íntima con Dios, estamos haciendo automáticamente lo que el mandamiento del sábado sólo nos señalaba. Estamos tratando de agradar a nuestro Salvador en toda manera y en todos los días. El mandamiento del sábado cristiano es que confiemos en Jesucristo para nuestra salvación eterna y encontremos en él nuestro descanso prometido.

El sábado ha sido magnificado en importancia en su sentido espiritual. El sábado semanal señalaba hacia Cristo y al descanso que tenemos en él, la salvación que es la mejor promesa del nuevo pacto. En esta manera espiritual, la doctrina más importante del Nuevo Testamento (la fe en Cristo) está incluida en los Diez Mandamientos.

Nosotros dedicamos nuestras vidas a Jesucristo, encontramos nuestro descanso en él, reconocemos que todas nuestras obras no sirven de nada si él no termina su creación en nosotros. Él es el Santo, más superior que un día santo, y nuestras vidas deben estar escondidas en él. Debemos estar viviendo en él y él en nosotros. Cuando hacemos esto, cuando tenemos fe en Cristo, cuando tenemos fe en alguien que es superior al sábado, entonces estamos cumpliendo el propósito del cuarto mandamiento y estamos guardando el sábado espiritual de Dios (esto es, confiando en Cristo para obtener las promesas de Dios). Estamos respaldando la ley que es superior. Cristo ha reemplazado el sábado.

Es pecado quebrantar el significado espiritual del sábado, es pecado abandonar la fe en Cristo. Si dejamos de confiar en Cristo en lo que respecta a nuestra salvación, entonces estamos quebrantando el propósito del mandamiento del sábado, dejemos o no de trabajar en ese día. En el caso de algunos mandamientos (como el del adulterio y el del homicidio), guardar el espíritu de la ley resulta en que automáticamente guardemos la letra de la ley. Sin embargo, esto no es así con respecto a la circuncisión, ni lo es tampoco con respecto al sábado.41 En esos casos, los detalles físicos eran sombras que nos dirigían a las realidades espirituales en Cristo.

Nuestra relación con Dios depende en la fe en Cristo, no en un espacio específico de tiempo. Naturalmente que esto no elimina nuestra necesidad práctica de darle tiempo al Señor para orar, estudiar, meditar, ayunar e imitar el estilo de vida de Jesús de buenas obras hacia los necesitados y de predicar el evangelio. Si permitimos que las cosas seculares ocupen todo nuestro tiempo, vendremos a convertirnos en profanos, como Esaú, y contristaremos al Espíritu Santo. Hay una necesidad espiritual para un tiempo de adoración.

Cristo exhorta a los que asisten a su Iglesia a que se reúnan regularmente para animarse unos a otros en la fe y en las buenas obras, y para adorar. Aquellos que se separan de la vid se secan y se mueren. Puesto que Dios no da un espectro total de sus dones a cualquier persona en particular, debemos usar nuestros dones para ayudarnos unos a otros a crecer en madurez. Necesitamos continuar reuniéndonos, y los cristianos deben hacer un esfuerzo razonable para reunirse semanalmente con la hermandad en la que Dios los ha colocado.

Conforme continuamos adorando a Jesucristo en el séptimo día, se nos preguntará por qué somos diferentes de la mayoría de las iglesias cristianas. Tendremos que explicar por qué celebramos culto en el séptimo día, y la respuesta honesta es que solíamos pensar que absolutamente teníamos que hacerlo así, pero que ya no pensamos que tiene que ser así. Luego se nos preguntará por qué continuamos haciendo culto en el séptimo día, y la respuesta honesta es que tenemos la libertad de ser diferentes.

Debido a nuestra costumbre, debido a que nuestros miembros han hecho arreglos que les permiten tener tiempo libre durante los sábados, hemos escogido continuar adorando en los sábados. Eso es lo que pensamos seguir haciendo, con el entendimiento de que el antiguo pacto es obsoleto y de que tenemos libertad en Jesucristo.

En resumen, entramos en el descanso de Dios, el verdadero sábado, teniendo fe en Cristo. Simultáneamente, es también por medio de la fe que somos justificados, regenerados, creados nuevamente y adoptados dentro de la familia de Dios. Estas son metáforas para la salvación. Por tanto, el sábado cristiano es la vida regenerada de fe en Jesucristo, en quien todo creyente encuentra el descanso verdadero.

El sábado semanal del séptimo día, que fue impuesto sobre Israel en los Diez Mandamientos, fue una sombra que prefiguraba la verdadera Realidad a quien éste señalaba: nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Aunque la observancia del sábado físico (abstenerse de trabajar en el séptimo día) no se requiere de los cristianos, es la costumbre y la práctica de la Iglesia de Dios Universal de celebrar su servicio de adoración semanal en el sábado del séptimo día, esto es, el día sábado.


Anotaciones Finales

1 Éstos incluyen los artículos de Robert Brinsmead en Verdict (Veredicto), Sabbath in Crisis (El Sábado en Crisis) por Dale Ratzlaff, y los contribuyentes del libro editado por D. A. Carson, From Sabbath to Lord’s Day (Del Sábado al Día del Señor):

2 En la semana de la creación, el séptimo día (a diferencia de los otros seis días) no tiene un final. La creación física continuó siendo completa (Hebreos 4:3). Dios les pudo haber enseñado a Adán y a Eva en el séptimo día, pero esta actividad de enseñanza no se consideraría como trabajo en el sentido sabatario. Sin embargo, Dios está ahora trabajando (Juan 5:17). Uno de sus trabajos es el de volver a crear o redimir. Dios pudo haber reanudado su trabajo creador cuando Adán y Eva pecaron y su trabajo redentor se hizo necesario.

3 Se le dijo a Adán que les diera nombres a los animales, y él lo hizo de inmediato. También se les dijo a Adán y a Eva que cultivaran y cuidaran el jardín, y podemos suponer fácilmente que ellos lo empezaron a hacer de inmediato el día siguiente. Puesto que era el trabajo de Dios, habría sido permitido hacerlo en el sábado, de la misma manera que los sacerdotes podían hacer el trabajo de Dios en el sábado.

Ellos en realidad no llegaron a trabajar mucho, para que necesitaran reposar. Génesis 3:19 da a entender que el trabajo en el jardín no era muy laborioso, ni siquiera llegaron a sudar. Dios tuvo compañerismo con ellos en el sexto día, y es de suponer que lo tuvo también en el séptimo, y desde ese momento en adelante en los días subsiguientes. Para los seres humanos, en el Génesis, todos los días eran iguales.

4 “Santo” no quiere decir “reposo”. Todo el año de jubileo era santo (Levítico 25:12), e involucraba descanso agrícola, pero no requería el cese de toda labor. “Santo” simplemente significa que algo ha sido apartado para un uso especial. Si Dios santificó el séptimo día de cada semana, él lo designó para un uso especial.

Sin embargo, no se nos dice cómo se debería usar. Los humanos pudieron haberlo usado para actividades de adoración, pero eso es una especulación, ya que no se nos dice nada acerca de la observancia del séptimo día antes de Moisés. Para Adán y Eva, el séptimo día de la creación fue quizá un tiempo de compañerismo entre Dios y los hombres. Miles de años más tarde, el séptimo día de cada semana fue designado el día formal de adoración y reposo para Israel.

5 Se nos dice que Abraham guardó los requisitos, mandamientos, decretos y leyes de Dios (Génesis 26:5), pero no podemos suponer, por lo que se le dijo más tarde a Israel, que Abraham sacrificó todos los primogénitos de los animales, o que guardó los festivales anuales o que hizo algo diferente en el séptimo día de cada semana. El versículo nos dice que Abraham fue obediente, pero esto simplemente no nos dice cuáles estatutos y decretos eran vigentes en su día.

Si aseguramos que Abraham guardó todos los requisitos del antiguo pacto, daremos a entender que el pacto de Abraham fue el mismo que el pacto sinaítico, lo cual contradice Deuteronomio 5:3. El pacto de Abraham se basaba en la fe; el pacto sinaítico se basaba en los Diez Mandamientos.

6 La “ley de Moisés” incluye ritos de purificación después del parto (Lucas 2:22), de la circuncisión (Juan 7:22-23), profecías del Mesías (Lucas 24:44; Hechos 28:23), la ley acerca de ponerles bozal a los bueyes (1 Corintios 9:9) y leyes que requieren la muerte como condena (Hebreos 10:28). De manera que incluye leyes ceremoniales, leyes civiles, profecías y principios generales. Aparentemente todo lo que Moisés escribió se consideró parte de la “ley de Moisés”.

7 Se ha asegurado que Gálatas 3:19 se refiere solamente a leyes de los sacrificios y que los sacrificios se añadieron a la ley de Dios después de que el pueblo pecó. Esto es erróneo. Primero, el antiguo pacto mismo contenía instrucciones para los sacrificios (Éxodo 20:24; 23:18); no fueron una instrucción agregada después.

Segundo, Pablo, quien fue educado como un rabino, pudo fácilmente especificar a cuáles aspectos de la ley se refería, si sólo se refería a una porción de ella. En su lugar, él quiso decir “toda la ley” (Gálatas 5:3), la ley que contenía las historias patriarcales (Gálatas 4:21-22) y las condenas civiles (Gálatas 3:10). Era el Torá, todo de lo que Moisés escribió. Tercero, es improbable que los judaizantes reclamarían que los cristianos gálatas deberían hacer sacrificios.

8 El versículo 28 dice: “¿Hasta cuando van ustedes a seguir desobedeciendo mis mandamientos y mis enseñanzas?” Esto no quiere decir que el sábado existía antes de este incidente. Los israelitas no sabían nada acerca del sábado antes de que Moisés se los dijera, y no podían rehusar obedecer un mandamiento que no conocían.

Pero después de que Moisés les habló acerca del sábado, algunos de los israelitas rehusaron obedecer en un sábado. Dios no se estaba refiriendo al quebrantamiento persistente del sábado, sino a la desobediencia persistente de cualquiera de los mandamientos que él les había dado. Habían estado murmurando de continuo.

9 El uso de la palabra “santo” en el Antiguo y Nuevo Testamentos revela una diferencia en énfasis. Esto no prueba nada, pero sí es una evidencia interesante.

En el Antiguo Testamento, Dios es santo, su nombre es santo, y él es el Santo (la palabra aparece aproximadamente 100 veces). En el Nuevo Testamento “santo” se le adjudica a Jesús más frecuentemente que al Padre (aparece aproximadamente 14 veces y 3 veces, respectivamente), pero con más frecuencia al Espíritu (90 versículos). El énfasis ha cambiado de Dios estando apartado y siendo diferente a Dios entre su pueblo.

El Antiguo se refiere a gente santa (nazareos, sacerdotes y la nación) aproximadamente 36 veces; el Nuevo, aunque es más corto que el Antiguo, se refiere a gente santa (los cristianos) aproximadamente 50 veces. El Antiguo se refiere a lugares santos 110 veces; el Nuevo sólo 17 veces, comúnmente en relación con los lugares del antiguo pacto, como el templo.

El Antiguo se refiere a objetos santos aproximadamente 70 veces; el Nuevo sólo 3 veces, como metáforas de gente santa. El Antiguo se refiere a tiempos santos en 19 versículos; el Nuevo Testamento nunca dice que el tiempo sea santo. Si el tiempo santo es tan importante para Dios y si todavía es un mandamiento prueba, es raro que el Nuevo Testamento nunca lo menciona.

En ambos Testamentos, Dios es santo, y la santidad proviene de él, pero la manera en que la santidad afecta a las personas es diferente. El énfasis del Nuevo Testamento en la santidad tiene que ver con personas y con su comportamiento, no con cosas, lugares y tiempos especiales.

10 Se afirma en algunas ocasiones que sólo Dios puede hacer las cosas santas, pero esto no es verdad. Levítico 27 describe cómo las personas pueden dedicar o consagrar cosas al Señor y, por consiguiente, esas cosas llegan a ser santas. En una manera similar, las personas pueden dedicar un día al Señor (en ayuno, por ejemplo), y de esa manera el día viene a ser santo para ellos, designado para uso divino. Esto, sin embargo, no afecta al sábado puesto que la Biblia es clara en que Dios santificó el sábado.

11 En la versión Reina-Valera Actualizada, la traducción del vocablo es “conmemora”, pero es el mismo vocablo hebreo y el mismo tiempo. El significado de la palabra coincide con conmemorar y observar.

12 La raíz del mandamiento del sábado puede estar ya sea en el ejemplo de la semana de la creación o en el éxodo. En la experiencia espiritual de los cristianos, ambos eventos se han reemplazado. Somos una nueva creación, llamados a salir de la esclavitud espiritual, y a ver a Cristo como el evento definitivo en nuestra situación espiritual.

13 El sábado es el único de los Diez Mandamientos que no se puede observar en la Nueva Jerusalén. En ese tiempo nadie querrá quebrantar las leyes de Dios. No tendrán deseos de adorar a otros dioses o de hacer ídolos o de tomar en vano el nombre de Dios. No querrán deshonrar a nadie, matar, adulterar, robar, mentir o codiciar. Pero no podrán trabajar seis días y reposar en el séptimo, porque el ciclo del día y de la noche cesará. Esta es una evidencia más de que no debemos suponer que el mandamiento del sábado sigue siendo válido hoy simplemente porque los otros nueve son todavía válidos. Los otros nueve son eternamente verdad, pero el sábado no lo es. No podemos suponer que es como los otros nueve

14 El mandamiento de trabajar seis días es tan importante como el de descansar en el séptimo. El mandamiento se da en términos físicos, no en términos espirituales. En el Antiguo Testamento, el reposo fue una parte mucho más importante del sábado que la adoración.

Había una “convocación santa” en el sábado (Levítico 23:3), pero no era requerido para las personas estar en esa reunión. No les hubiera sido posible a la mayoría de los israelitas reunirse en el tabernáculo cada semana; ellos sencillamente tenían que descansar en su casa.

15 El mandamiento del sábado puede dividirse en detalles específicos (cuál día de la semana, y qué hacer), en lo práctico (necesitamos descansar) y en lo espiritual (necesitamos adorar y tener compañerismo con Dios). El espíritu de la ley es, desde luego, el último aspecto, y diremos más acerca de esto más adelante en este escrito. Esa es la parte que es eternamente válida. Y lo práctico todavía es práctico –el amor por el prójimo quiere decir que el patrón le da al empleado un día para descansar.

Pero el nuevo pacto no especifica cuál día debe ser éste, ni tampoco dice que todas las culturas deben adorar en el mismo día. Y el nuevo pacto no nos indica que debemos ir al antiguo pacto para ver cuál día es apropiado.

16 ¿Es el sábado todavía requerido para los cristianos israelitas pero no para los cristianos gentiles? Esto se puede explicar en tres maneras: 1) Dios salva a los judíos en la misma manera en que salva a los gentiles (Hechos 15:9, 11). Todos son salvos por fe; el nuevo pacto se aplica a todos. Dios no requiere que un grupo observe leyes diferentes de las que observan los demás.

A Pedro se le permitió vivir como gentil (Gálatas 2:14). Para Dios no hay judío ni griego, esclavo o libre, hombre o mujer. Los acuerdos y condiciones de nuestra relación con Dios son los mismos. Si el sábado es requerido para uno, lo es para todos. 2) Como el libro de Hebreos explica, el antiguo pacto ha caducado y eso quiere decir que ha caducado para los hebreos. 3) La relación de los judíos con Dios fue como la de un matrimonio, y la muerte rompe las obligaciones del matrimonio. Pablo usó esa analogía, diciendo que los judíos e israelitas “mediante la muerte de Cristo han muerto con él a la ley”, de manera que ellos pueden pertenecer al Cristo resucitado (Romanos 7:1-4).

En sentido figurado, ambos, israelitas y gentiles, están comprometidos en matrimonio con Cristo, y las obligaciones de los pactos previos no tienen validez para ninguno, sea judío o gentil, porque han muerto a la ley por medio de Cristo. El cristianismo es un nuevo matrimonio, un nuevo pacto. “Pero ahora hemos muerto a la ley que nos tenía bajo su poder, quedando así libres para servir a Dios en la nueva vida del Espíritu y no bajo la vieja ley escrita” (vers. 6).

17 Hebreos 3:12-19 iguala la desobediencia y la incredulidad. Números 14 enfatiza su incredulidad, aunque en innumerables ocasiones sus murmuraciones y rebeldía contribuyeron a esta condición. Ezequiel 20 enfatiza el quebrantamiento del sábado y la idolatría que caracterizaba a los israelitas en el desierto. A pesar de la presencia del tabernáculo, el pilar de nube y de fuego, y el ciclo semanal del maná, los israelitas tenían un corazón opositor.

Ezequiel criticó a la nación en su día por pecados similares. Los sacerdotes no trataban los utensilios del templo como santos, no enseñaban al pueblo las leyes de impureza, no enseñaban el sábado, reclamaban tener autoridad divina cuando no la tenían, y cometían injusticias sociales (22:26-31). Todas éstas eran apropiadas para Israel en los días de Ezequiel, pero no todas son apropiadas en nuestros días.

18 El pueblo se quejaba acerca de las lunas nuevas en la misma manera como se quejaban acerca de las restricciones del sábado (Amós 8:5). Aunque el Pentateuco no prohíbe comerciar en las lunas nuevas, aparentemente así es como se observaban en los días de Amós.

El pueblo guardaba los días, pero contra su voluntad. Dios los criticó mayormente por su injusticia social. Oseas 2:11 incluye igualmente las lunas nuevas entre “sus días de reposo” que se observaban en Israel. Debido a que la injusticia prevalecía en toda la nación, Dios amenazó con detener toda esa adoración hipócrita.

19 David dijo que sus hombres eran santos; no se habían acostado con mujeres (1 Samuel 21:5). Pero esto no hacía que fuera legal para ellos comer el pan que sólo se les permitía comer a los levitas. Jesús claramente dijo que David había hecho algo que no era legal.

20 El trabajo de los sacerdotes se permitía porque Dios había ordenado que lo hicieran en el sábado. Pero Jesús no se concentró en el mandamiento de Dios; él enfatizó la presencia del templo. El templo simbolizaba el sistema del antiguo pacto en su totalidad.

21 El cristianismo rechaza ambos, el templo y los sacrificios, aunque algunos cristianos judíos continuaron participando en ambos mientras el templo estaba en pie. Jesús es más importante que esos ritos y ahora ya han sido anulados. Jesús es también más importante que el sábado, lo que da a entender que él lo ha reemplazado, así como reemplazó los ritos. Al defender sus actividades en el sábado, Jesús puso al sábado en la misma categoría legal que el pan de la proposición, los sacrificios y el templo físico, los cuales han sido anulados.

22 Los fariseos estaban preocupados acerca del trabajo en sí, no acerca del empleo u ocupación. No estaban preocupados acerca de si se le pagó a alguien por cortar espigas o por sanar. Jesús tampoco trató ese asunto.

Aunque él nunca cobró por las sanidades que hizo, nunca usó eso como excusa para justificar por qué la sanidad se podía hacer durante el sábado. La sanidad es otra de las obras de misericordia que se pueden hacer durante el sábado sea pagada o no.

23 Jesús nunca usó la palabra para crear; él usó egeneto, que regularmente se traduce “vino a ser”. Esta palabra no hace alusión al relato de la creación (la Septuaginta no usa egeneto en Génesis 2:2-3), ni tampoco se puede enfatizar la palabra castellana “hizo”, ya que no está en el griego.

24 Los rabinos enseñaron que los gentiles debían observar leyes que datan desde el tiempo de Noé, y el sábado no era parte de esos requisitos (Ver la Jewish Encyclopedia o la Encylopedia Judaica, la Enciclopedia Judía o la Enciclopedia Judaica). Aunque el número de las leyes noecianas y las prohibiciones varían, las listas no incluían el sábado. Los rabinos veían el sábado como la circuncisión, como algo que diferenciaba al pueblo judío de otras naciones.

El libro de Jubileos del segundo siglo a.C., presenta el punto de vista que parece haber sido común: “El Creador de todo lo bendijo, pero no santificó a ningún pueblo o naciones para observar el sábado con la excepción de Israel. Sólo a ellos les concedió poder comer y beber y observar el sábado sobre la tierra” (Jubileos 2:31, citado de James Charlesworth, editor, The Old Testament Pseudepigrapha [Doubleday, 1985], vol. 2. p. 58.).

Aunque el sábado siguió el patrón de la semana de la creación, Deuteronomio 5:15 dice que el sábado fue dado a los israelitas porque Dios los había sacado de Egipto. Eso indica que no fue dado a otras naciones. Los gentiles no tenían una relación con Dios según cierto pacto.

25 Por ejemplo, algunos pueden preguntar: ¿Fue hecho el sábado para exaltar a Dios o para beneficiar al hombre? Si usamos el versículo 27 para tratar de contestar la pregunta, lo estaríamos usando fuera del contexto y tratando de leer algo que no está en el texto. De la misma manera, torcemos el contexto e imponemos en el versículo si lo usamos para contestar preguntas semejantes a: ¿Fue hecho el sábado en la creación? –o, ¿Fue hecho el sábado para todos los hombres o sólo para los israelitas? Estas preguntas son inapropiadas para este versículo, Jesús estaba diciendo que el sábado fue hecho para beneficio del hombre; no estaba comentando sobre otras cuestiones.

26 La palabra que Jesús usó para “desatar” (lu) puede también significar “quebrantar”. En Juan 5:18 los fariseos acusaron a Jesús de “quebrantar” el sábado.

27 Hoy nos referimos a varias emergencias como “el buey en el hoyo”. Sin embargo, Jesús no estaba basando su argumento en la urgencia de la situación. La sanidad era una necesidad humanitaria, pero no una necesidad de emergencia. Jesús podía justificar sus actividades de sanidad de la misma manera refiriéndose al buey en el hoyo o a la necesidad ordinaria de desatar un animal y llevarlo a beber agua. Su punto no era la urgencia, sino una necesidad ordinaria.

28 Si el trabajo durante el sábado realmente deshonraba a Dios, entonces el sábado tendría prioridad sobre los hombres en necesidad y los bueyes en los pozos, ya que la adoración correcta de Dios es más importante que las vidas humanas y de los bueyes. Si el descanso absoluto era esencial para la adoración, entonces los observadores del sábado debieran dejar que las casas se incendiaran, ya que eso vendría a ser solamente una pérdida monetaria y el honor de Dios es mucho más importante que nuestros objetos materiales. Esto indica que el mandamiento de descansar en un día específico es un asunto ceremonial en vez de moral. La ley espiritual de Dios no hace ninguna excepción.

29 Los gentiles temerosos de Dios asistían frecuentemente a las sinagogas en el sábado, pero ellos no observaban necesariamente el día absteniéndose de todo trabajo. Aparentemente los rabinos no consideraban necesario que los incircuncisos guardaran el sábado.

30 Si los cristianos normalmente asistían a las sinagogas, Lucas no hubiera tenido la necesidad de comentar que la costumbre de Pablo era ir a la sinagoga en el sábado. Lucas no dice es “nuestra” costumbre; sólo de Pablo. Cuando Pablo estaba en Éfeso con Aquila y Priscila, él fue solo a la sinagoga (Hechos 18:19). Aquila y Priscila no fueron a la sinagoga con Pablo, aunque ellos eran judíos.

31 Por décadas, nosotros hemos entendido correctamente que los legalistas enseñaban que los gentiles convertidos tenían que circuncidarse y guardar la ley de Moisés para ser salvos. Entendimos que Santiago mencionó cuatro prohibiciones, y que aparte de ellas, los gentiles convertidos no tenían que observar la ley de Moisés. Sin embargo, comúnmente limitábamos “la ley de Moisés” a los sacrificios y otras cosas que no queríamos hacer. Como se mostró en la anotación final 6, todo lo que Moisés escribió –el Torá en su totalidad– se consideraba parte de la “ley de Moisés”.

32 El sábado es una sombra prefigurativa de la salvación en Cristo. De esta manera, la doctrina más importante del nuevo pacto (Cristo) se incluye dentro de los Diez Mandamientos.

33 Si pensamos que Pablo se está refiriendo a días especiales de ayuno, estamos leyendo cosas que no están en el texto. El vegetarianismo al que Pablo se refería era un estilo de vida diario, no una restricción hecha sólo en ciertos días. Cuando Pablo escribió a la iglesia romana, la cual consistía de miembros judíos y gentiles, y mencionó que algunos pensaban que ciertos días eran mejores que otros, muchos lectores concluirían que él se está refiriendo al sábado cautelosamente.

34 Algunos observadores del sábado suponen que están bien delante de Dios porque guardan el sábado. Sin embargo, no es suficiente ni necesaria la observancia del sábado. Algunos no creyentes guardan el sábado, y algunos creyentes no lo guardan. La prueba del cristianismo no es el día de devoción, sino la Persona a quien le dan su devoción. Algunas personas que guardan el sábado lo han hecho el fundamento central de su relación con Dios. Su fe, aunque puede ser genuina, ha sido mal colocada.

Las personas que guardan el sábado pueden continuar evitando trabajar en el sábado. El nuevo pacto no requiere que cambien su proceder. Pero nuestro cambio doctrinal puede afectar su fe, es necesaria cierta adaptación. De ser así, eso es normal, y es también bueno. El punto principal es que, ya sea que guardemos el sábado semanal o no lo guardemos, nuestra fe debe estar en Cristo. Él es el único fundamento seguro. Eso es lo que el cambio doctrinal nos hace enfatizar. Se nos considera estar bien con Dios por la fe, no por las obras.

35 La palabra griega “principios” es stoicheia, la cual se refiere a cosas elementales o básicas. Así como la ley era una ordenancista que llevaba los niños a la escuela (Gálatas 3:24), contenía reglas apropiadas para niños inmaduros. Pablo dice: “De igual manera nosotros también [incluyéndose a sí mismo como judío y a sus lectores como gentiles], cuando éramos niños, éramos esclavos sujetos a los principios elementales del mundo” (Gálatas 4:3, versión Reina-Valera Autorizada).

Era un enfoque externo hacia la religión, que contenía reglas acerca de qué se podía tocar o comer (Colosenses 2:20-21). Tales reglamentos parecen ser religiosos, pero no transforman el corazón, donde debe centrarse la adoración real.

36 En Romanos 2:14-15, Pablo dice que algunos gentiles hacen por naturaleza las cosas requeridas por la ley espiritual de Dios. Es altamente improbable que cualquiera observe el sábado por naturaleza.

37 No queremos que los miembros dejen de observar el sábado simplemente porque decimos que pueden hacerlo. Cada persona debe probarlo por sí misma y estar convencida con base en lo que encuentre en la Palabra de Dios. Cada persona debe examinarse a sí misma para asegurarse de que está actuando en fe. Los miembros, desde luego, tienen la libertad de seguir guardando el sábado como una expresión de su amor por Dios, pero no por temor de que algo terrible les sucederá si no lo guardan.

38 La Iglesia publicó algunas declaraciones que implicaban que las personas podían ser salvas sin observar el sábado. Sin embargo, la mayoría de los escritos implicaban que la salvación no le sería dada a ninguno que, después de haber escuchado los argumentos a favor de guardar el sábado, rehusaran guardar el sábado. Esto fue considerado como evidencia de que el corazón de la persona no estaba dispuesto a obedecer a Dios y que no estaba convertida o estaba siendo llamada.

39 La versión Septuaginta usa la forma del verbo de katapausin en Génesis 2:2.

40 Algunas personas necesitan más reglas para estructurar sus vidas, y están en libertad de guardar sus propias reglas, siempre y cuando lo hagan para darle gloria a Dios, y siempre y cuando su fe en cuanto a la salvación esté en Cristo y no en sus reglas. Pero no deben criticar a aquellos que tienen reglas diferentes a las suyas.

41 Jesús mostró que, aun bajo el antiguo pacto, era algunas veces necesario trabajar en el sábado para guardar la ley espiritual. A diferencia de los mandamientos morales que Jesús amplificó en el Sermón del Monte, guardar el espíritu de la ley nos conduce automáticamente a observar la letra de la ley del sábado. Una vez más, vemos aquí que el sábado no es como los otros mandamientos.

Esta serie de preguntas y respuestas sobre el sábado se publicó en el periódico Worldwide News del 23 de mayo de 1995. Este es un suplemento especial de El Noticiero Vol.23, No. 18.

Fuente:

http://www.wcg.org/espanol/articulos/sab-issue.htm

¿Celebraban los primeros cristianos sólo el domingo o también el sábado?


¿Celebraban los primeros cristianos sólo el domingo o también el sábado?

Si en su día veíamos cómo era el Emperador Constantino el que establecía el domingo como día oficial de descanso en el Imperio en el año 321 (pinche aquí si desea conocer los detalles), toca hoy conocer algunas pistas que nos ayuden vislumbrar como vivieron los cristianos de las primeras comunidades este día de descanso semanal a caballo entre el sabat judío y el “primer día de la semana” en que resucitó Jesús.

Que Santiago, el líder de la comunidad cristiana de Jerusalén, sigue participando cuando Jesús ya no está en esta tierra en la celebración del sábado, es algo que, por un lado, se extrae con toda lógica de lo que dice cuando dentro del marco de lo que se da en llamar Concilio de Jerusalén establece su sentencia y nos cuenta Lucas en los Hechos:

            “Por esto juzgo yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios, sino escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre. Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores cuando se lee cada sábado en las sinagogas” (Hch. 15, 19-21).

Pero que por otro, tampoco extraña a ningún atento lector de los textos canónicos, que conoce perfectamente que Santiago es, de los líderes protocristianos, el más próximo al judaísmo, y el más reacio a cortar las ataduras que vinculan a los cristianos con el Templo.

Más extraño resulta verle coincidir en la celebración del sábado con el que constituye, por el contrario, el gran rupturista de la primera comunidad cristiana, el “apóstol de los gentiles” Pablo. Una participación, la de Pablo en el sabat, que se extrae con claridad de este episodio narrado por el mismo Lucas en los Hechos de los Apóstoles cuando nos cuenta lo acontecido a él y a Bernabé en Antioquía de Pisidia:

            “El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Después de la lectura de la Ley y los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: «Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.» Pablo se levantó, hizo señal con la mano” (Hch. 13, 14-16)

De todos modos, de los propios textos canónicos cabe extraer que ya muy pronto se cuestionó dicha celebración del sábado entre los cristianos. Nos lo cuenta Pablo en persona:

  • “Por tanto, que nadie os critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados” (Col. 2:16).

De la Epístola de Bernabé, de incierta datación, pero muy probablemente de los inicios del s. II, cabe extraer que durante una época, la celebración del sábado se simultanea con la incipiente celebración del domingo, el que los judíos llaman primer día de la semana y los romanos lunes, aquél en el que se produjo la resurrección de Jesús:

[Los cristianos] también [debe entenderse “además del sabat”], observamos el octavo día  [el domingo] con regocijo, el día también en el cual Jesucristo resucitó de entre los muertos”.

Pero es un proceso que se halla completado con relativa prontitud muy poco después. Con toda claridad nos lo dice San Ignacio, un autor de finales del s.I, ordenado por el mismísimo apóstol Juan en su “Carta a los magnesios”:

“[Los cristianos] ya no observan el sabbath, sino que viven en la observancia del Día del Señor, en el cual nuestra vida resucitó de nuevo”.

 

©L.A.
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http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=35421&mes=&ano=

El sábado (parte V)


El sábado (parte 5)

Jesús y el sábado

Autor: Pastor Tony Hancock

Introducción

Un hombre se encontraba de paso en un pueblo pequeño, y le urgía llevar algo de ropa a la tintorería. Cuando llegó a este lugar, vio un anuncio en la ventana que decía: “Lavado en seco, en 24 horas”. Al hombre le pareció bien este servicio rápido, así que entró al lugar.

Después de entregarle su traje al propietario, le dijo: “Volveré para recoger mi ropa mañana”. El dueño le dijo: “No estará listo hasta el sábado”. – “Pero yo creía que usted ofrecía servicio en 24 horas”, protestó el cliente. “Sí”, le dijo el dueño, “pero sólo trabajamos ocho horas al día. Hoy es jueves, así que serían ocho horas hoy, ocho horas mañana, y ocho horas el sábado. Así es nuestro servicio de 24 horas. ”

Había un período especial de 24 horas bajo el sistema del Antiguo Testamento, aunque – desde luego – no funcionaba precisamente de la forma en que se calculaba el servicio de 24 horas en la tintorería. Me refiero, por supuesto, al día sábado, el día de reposo.

Bajo la ley del Antiguo Testamento era obligatorio guardar el sábado. De hecho, la celebración del día sábado era quizás la marca más visible que distinguía a los israelitas de sus vecinos paganos. Al descansar el día séptimo, los israelitas declaraban que pertenecían al Dios que había descansado después de seis días de creación.

Esto lo aclaran varios pasajes, como por ejemplo, Exodo 31:16-17. Allí leemos: “Los israelitas deberán observar el sábado. En todas las generaciones futuras será para ellos un pacto perpetuo, una señal eterna entre ellos y yo. “ El sábado marcaba al pueblo de Israel como el pueblo del Señor.

Recordemos lo que dijo Jesucristo en Juan 5:39 acerca de las Escrituras del Antiguo Testamento: “ellas son las que dan testimonio de mí”. Podemos concluir, entonces, que la celebración del sábado también señala hacia Jesucristo. Esto lo confirma el apóstol Pablo en un pasaje muy importante. Leamos Colosenses 2:16-17:”Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”

Observa lo que nos dice aquí el apóstol, bajo inspiración del Espíritu Santo. Nos dice que las leyes de alimentación, las fiestas religiosas y los sábados – es decir, los días de reposo – eran sombras de lo que estaba por venir. Esto significa que – habiendo llegado la realidad – la sombra ya no cae sobre nosotros. Ya no estamos bajo obligación de guardar el sábado.

Existe hoy en día mucha confusión acerca de este tema. Hay personas que te dirán que todavía tienes que celebrar el día sábado. A un pastor se le acercó una de estas personas y le dijo: “Le daré cien dólares si me puede mostrar dónde dice la Biblia que el día sábado ha sido cambiado.” El predicador respondió: “No creo que haya sido cambiado. El sábado sigue siendo sábado, el séptimo día de la semana.”

El que le había hecho la pregunta le dijo: “¿Por qué, entonces, no guarda usted el día sábado, si no ha cambiado?” El pastor le respondió: “El día no ha cambiado, pero yo he cambiado. He recibido una nueva naturaleza; he sido unido a Cristo. Soy parte de su nueva creación. Celebro el primer día de la semana porque es el día que El resucitó de la tumba.”

La celebración del día sábado era una señal del antiguo pacto entre Dios e Israel. Nosotros vivimos ya bajo el nuevo pacto, y por ende, no tenemos la obligación de guardar el sábado como día de descanso. Hoy tenemos como día especial el domingo, pero no precisamente de la misma forma en que los judíos observaban el sábado.

La Iglesia celebra el día domingo como su día de reunión para conmemorar la resurrección de Jesús. Hebreos 10:25 nos dice que “no dejemos de congregarnos”. Como creyentes, debemos de tener la costumbre de reunirnos para adorar a Dios los domingos, pero no como reglamento de la ley.

¿Qué significado tiene para nosotros, entonces, la ley del sábado? Hemos dicho que el sábado forma parte de la sombra que anunciaba la venida de Cristo. Si esto es así, ¿qué nos enseña el sábado acerca de nuestro Señor? ¿Qué podemos aprender del sábado que nos ayude a apreciar más a nuestro Salvador?

Consideremos tres puntos acerca del sábado.

I. El sábado: un día de reposo

En Génesis 2:2, leemos que “al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido”. Refiriéndose a esto, Moisés instruyó a los israelitas, según Exodo 20:11: “Acuérdate de que en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo.”

Los israelitas debían trabajar seis días, pero el séptimo no se podía trabajar. ¿Alguna vez te ha tocado trabajar duro por muchos días seguidos, a tal grado que lo único que te sostiene es saber que pronto tendrás un día libre? ¡Es tan delicioso despertar ese día y saber que no hay que trabajar!

Así era el sábado – un día delicioso de reposo, de descanso, de recuperación. Es algo que no hemos dejado de necesitar, a pesar de todos los aparatos que tenemos para hacernos la vida más fácil. Me trae a la memoria la historia de los niños que le compraron a su mamá una linda tarjeta para el día de las madres que decía: “En paz descanse”.

A la madre le sorprendió un poco que sus pequeños angelitos le regalaran una tarjeta de pésame por su día, pero les dio las gracias de todas formas. Uno de ellos le dijo: “Estábamos seguros que te iba a gustar, porque siempre nos estás pidiendo que estemos en paz para que puedas descansar.”

Como esa madre, muchos de nosotros quisiéramos tener un poco más de paz en nuestras vidas para poder descansar. He llegado a la conclusión, sin embargo, de que lo que más necesitamos es descanso para nuestra alma. El tiempo libre se puede volver pesado si nuestros corazones no están tranquilos.

Leamos las palabras de Jesús en Mateo 11:28. “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y les daré” – ¿qué? – “descanso”. El sábado era un día de descanso, pero Cristo nos ofrece descanso – para nuestra alma y corazón – todos los días.

Lo que el sábado reflejaba sólo parcialmente, Cristo cumple plenamente.

¿Has aprendido a vivir en el descanso que Cristo te quiere dar?

No me refiero sólo a tener más tiempo libre, aunque ésa no es una mala idea. Me refiero a vivir todos los días consciente de la presencia de Cristo contigo, de su cuidado y su amor, de su perdón. Puedes descansar en Cristo.

Una de las razones que puedes descansar la encontramos en el siguiente punto:

II. El sábado: un día de redención

Esta conexión la vemos en Deuteronomio 5:12-15. Leamos estos versículos:

  • “Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado.Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú. Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.”

El verso 15 conecta la liberación de Israel de su esclavitud en Egipto con la celebración del sábado. Los israelitas debían de descansar cada séptimo día para recordar que Dios había hecho el trabajo de liberarlos de su esclavitud sin que ellos hicieran nada.

El día sábado, entonces, era una oportunidad para que el israelita recordara que había sido redimido por Dios de su esclavitud. Ese descanso le hacía recordar lo que Dios había hecho por él. El sábado mismo señalaba hacia la redención, como los destellos de agua en un lago señalan hacia el sol.

Dios nos ha preparado aquí un cuadro tan vivo de lo que Cristo vino a hacer. La razón precisa por la que podemos descansar en El es que El nos ha redimido de nuestra esclavitud – la esclavitud al pecado y al maligno. El sábado era un memorial de la redención; Cristo es el maestro de la redención.

Un día, un pastor encontró a un niño que caminaba por la calle con una vieja jaula llena de aves. El pastor le preguntó: “¿Adónde vas con esas aves?” El niño le respondió: “Sólo son unos pájaros corrientes que atrapé en un campo baldío. Supongo que voy a jugar con ellos un rato, y luego dárselos a comer a un gato viejo que tenemos en la casa.”

El pastor le dijo: “Te los compro en dos dólares”. El niño – no muy buen vendedor – le respondió: “Usted no quiere comprarme estos pájaros. ¡Ni siquiera saben cantar! Son muy corrientes – no valen nada”. El pastor le insistió, hasta que por fin el niño le entregó las aves, y se fue contento con sus dos dólares.

El pastor llevó la jaula a un lugar abierto y, desatando la puerta de la jaula, soltó las aves. El domingo siguiente, al contar la historia, comentó: “El niño me dijo que las aves no sabían cantar, pero me pareció oír que, al volar hacia el cielo, cantaban: ¡Redimido! ¡Redimido!”

Cristo dio su vida en la cruz para abrir la puerta de la jaula de pecado que te tiene prisionero. El vino para liberarte y darte una vida nueva. En El hay redención. No te quedes en la jaula – vive la libertad que Cristo te vino a traer. No sigas viviendo como prisionero del pecado.

III. El sábado: un día de refrigerio

El sábado, dentro de la fe de Israel, debía de ser un deleite, un gozo. Esto lo descubrimos en Isaías 58:13-14; leámoslo:

  • “Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,  entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.”

El sábado no era sólo un día para descansar y recuperarse; era un día para celebrar y regocijarse.

La Biblia nos dice que, en Cristo, nos espera un refrigerio especial. Esto lo descubrimos en Hebreos 4:9-11:

  • “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.4:11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.”

Aquí nos habla de un reposo especial, un sabático, que aún espera al pueblo de Dios. No nos confundamos; no nos está hablando del descanso espiritual que experimentamos ahora, y que mencionamos algunos minutos atrás.

Este es un tiempo especial de refrigerio que nos espera, si estamos en Cristo. Es el deleite que será el cielo, nuestra morada eterna con Cristo. El mismo dijo que iba a prepararnos una morada, y que nos llevaría a estar con El. Si estamos en Cristo, nos espera un sábado especial cuando El regrese, un sábado que nunca se acabará.

Una de las mentiras que Satanás quiere que creas es que el cielo va a ser un lugar aburrido, mientras que el infierno va a ser una fiesta constante. ¡No lo creas! El cielo será un lugar de deleite, de refrigerio, de gozo constante y de alegría. El infierno – bueno, el infierno será un lugar aburrido de sufrimiento interminable. Imagina el momento más pesado que has vivido – quizás fue en alguna oficina de gobierno, tratando de conseguir algún documento de manos de un oficial sádico. El infierno será mil veces peor.

Todo lo bueno que representaba el sábado dentro del Antiguo Testamento ahora se ha cumplido en Jesucristo. ¿Estás viviendo en el reposo que El te ofrece? ¿Conoces su redención? ¿Esperas ese tiempo de refrigerio que El te ofrece? Mucho mejor que un día de reposo es el reposo que encontrará en El tu corazón.

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El sábado (parte IV)


El sábado (parte IV)

El sábado y el día del Señor

A. EL SABADO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Comenzando con su propia obra en la creación, Dios decidió santificar, o separar, un séptimo de todo el tiempo. Para Israel estableció el séptimo día como día de reposo; el séptimo año, o año sabático, era el año en que la tierra debía descansar (Ex. 23: 10-11; Lv. 25:2-7); el año cincuenta fue establecido como año de jubileo en reconocimiento de las siete veces siete años. En diversos detalles, el año sabático y el de jubileo eran tipos proféticos de la edad del reino, que es la séptima y última dispensación y que se caracteriza porque toda la creación disfruta del reposo sabático. Aunque en la era actual el día que ha de celebrarse se ha cambiado del séptimo al primer día de la semana, se ha perpetuado la misma proporción en la división del tiempo: un día de cada siete.

La palabra sabbath significa cesación, o reposo perfecto, de la actividad. Aparte del holocausto continuo y de las fiestas, en ningún modo era día de adoración o servicio.

En vista de la difundida confusión que existe acerca del sábado, y especialmente en vista del esfuerzo que algunos hacen por demostrar que está en vigor durante esta era, es imperativo que consideremos cuidadosamente las enseñanzas de las Escrituras acerca del sábado.

Obtenemos un mayor grado de claridad cuando consideramos el reposo en relación con diversos períodos de la historia.

En el período que se extiende desde Adán hasta Moisés, está escrito que Dios reposó al final de los seis días de la creación (Gn. 2:2-3; Ex. 20:10-11; He. 4:4). Pero en la Palabra de Dios no hay una orden en el sentido de que el hombre esté obligado a observar, o que haya observado, un reposo antes de la salida de Israel de Egipto.

El libro de Job revela la vida y la experiencia religiosa de los patriarcas, y aunque se discuten las diversas responsabilidades hacia Dios, no hay referencias a la obligación de observar el sábado. Por otra parte, se afirma claramente que la institución del reposo, por medio de Moisés, al pueblo de Israel fue el comienzo de la observancia del sábado entre los hombres (Ex. 16:29; Neh. 9:14; Ez. 20:12).

De igual modo, por lo que está escrito acerca de la primera imposición del reposo (Ex. 16:1-35), es evidente que el día anterior al primer día de la semana en que se celebró el primer reposo los hijos de Israel hicieron un viaje de muchos kilómetros que quebrantaba el reposo, al ir desde Elim hasta el desierto de Sin. Allí murmuraron contra Jehová, y desde aquel día comenzó la provisión de pan del cielo, el que debía recolectarse seis días a la semana, pero no el séptimo día. Es evidente, pues, que el día del viaje, que debió ser de reposo, no fue observado como tal.

En el período que se extendió desde Moisés hasta Cristo, el sábado estuvo en vigor por ley. Estaba incluido en la ley (Ex. 20:10-11), y la cura divina para su no observancia fue proporcionada asimismo en la ley de las ofrendas. Es importante observar, en esta conexión, que el sábado jamás fue impuesto sobre los gentiles, pero fue peculiarmente una señal entre Jehová e Israel (Ex. 31:12-17). Entre los pecados de Israel se destaca especialmente la falta de observancia del reposo y el no haber dado sus reposos a la tierra.

En medio de este período de la ley, Oseas predijo que, como parte de los juicios que iban a caer sobre Israel, iban a cesar sus sábados (Os. 2:11). Esta profecía debe cumplirse en algún tiempo, porque la boca de Jehová lo ha hablado.

La era anterior continuó hasta la muerte de Cristo, así que su vida terrenal y su ministerio fueron bajo la ley. Por esta razón lo vemos guardando la ley, haciendo una exposición de la ley y aplicación de la ley. Encontrando que la ley del sábado estaba oscurecida por las tradiciones y enseñanzas de hombres, señaló que el reposo había sido dado como un beneficio para el hombre, y que el hombre no tenía que hacer del reposo un sacrificio (Mr. 2:27). Cristo fue fiel a todo el sistema mosaico, que incluía el reposo, porque ese sistema estaba en vigencia durante su vida terrenal; pero ese hecho obvio no es base para pretender que un cristiano que está bajo la gracia y vive en otra dispensación está obligado a seguir a Cristo en la observancia del séptimo día.

B. EL SABADO EN LA ERA ACTUAL DE LA IGLESIA

Después de la resurrección de Cristo no hay evidencias en el Nuevo Testamento en el sentido de que el sábado haya sido observado por los creyentes, ni aun en forma errada. Sin duda, la multitud de cristianos judaizantes observaban el reposo; pero no aparece en la Palabra de Dios nada de ello por escrito. Del mismo modo, después de la resurrección de Cristo no aparece ninguna orden a judío, gentil o cristiano en el sentido de que deban guardar el sábado, ni se menciona el quebrantamiento del día del reposo en la numerosa lista de pecados posibles Por el contrario, hay advertencias contra la observancia del reposo por parte de quienes son hijos de Dios bajo la gracia.

Gálatas 4:9-10 condena la observancia de días, meses, tiempos y años. Normalmente estas observancias tenían el objeto de merecer el favor de Dios por parte de personas que a veces mostraban temor de Dios y otras veces lo olvidaban.

Hebreos 4:1-13 contempla el sábado como un tipo del reposo (de sus obras) en que el creyente entra cuando recibe la salvación.

Colosenses 2:16-17 instruye al hijo de Dios a fin de que no sea juzgado respecto de días de reposo, e infiere que tal actitud hacia el sábado es razonable en vista de todo lo que Cristo ha llegado a ser para la persona que ahora pertenece a la nueva creación (Col. 2:9-17). En este pasaje se hace referencia en forma muy evidente a los reposos semanales, más que a los reposos extraordinarios a especiales que eran parte de la ley ceremonial.

Romanos 14:5 declara que cuando el creyente está «convencido en su propia mente» estima todos los días iguales. Esto no implica el descuido de la adoración fiel, sino más bien sugiere que para tal persona todos los días están llenos de devoción a Dios.

Debido al hecho de que en el Nuevo Testamento el sábado jamás se incluye como parte de la vida y el servicio del cristiano, la expresión «reposo cristiano» es errada. En conexión con esto, se puede notar que en lugar del reposo de la ley ahora se ha proporcionado el día del Señor de la nueva creación, que excede en gloria, privilegios y bendiciones al reposo.

C. EL SABADO EN LA ERA VENIDERA

En plena armonía con la doctrina del Nuevo Testamento de que el nuevo día del Señor está relacionado solamente con la iglesia, se profetiza que el día del reposo será reinstituido, sucediendo al día del Señor, inmediatamente después de completado el llamamiento de la iglesia y después de haber sido retirada ésta del mundo. En el breve periodo de la tribulación entre el fin de esta dispensación y el comienzo del reino se observará nuevamente el reposo (Mt. 24:20); pero la profecía anuncia en forma especial que el sábado es una característica vital de la edad del reino venidero (Is. 66:23; Ez. 46:1).

D. LA RESURRECCION DE CRISTO Y EL PRIMER DIA DE LA SEMANA

El primer día de la semana ha sido celebrado por la iglesia desde la resurrección de Cristo hasta el presente. Este hecho lo prueban los escritos del Nuevo Testamento, los escritos de los primeros padres y la historia de la iglesia. En casi cada siglo ha habido quienes, no comprendiendo el propósito presente de Dios en la nueva creación, han luchado fervientemente por la observancia del reposo en el séptimo día. En la actualidad, los que se especializan en la exigencia de la observancia del séptimo día combinan su llamado con otras doctrinas antibíblicas. Puesto que el creyente, por designación divina, tiene que observar el primer día de la semana bajo la nueva relación de la gracia, se produce cierta confusión cuando este día se ve investido del carácter de las leyes del reposo del séptimo día y se gobierna por ellas. Todas esas enseñanzas ignoran la doctrina neotestamentaria de la nueva creación.

E. LA NUEVA CREACION

El Nuevo Testamento revela que el propósito de Dios en la actual dispensación no prevista es el llamamiento de la iglesia (Hch. 15:13-18), y esta multitud redimida es la nueva creación, un pueblo celestial. Aunque se indica que las maravillosas perfecciones y glorias serán completadas para esta compañía como un todo (Ef. 5:25-27), también se revela que ellos individualmente son los objetos de las mayores empresas y transformaciones divinas. De igual modo, como este cuerpo está orgánicamente relacionado con Cristo (1 Co. 12:12), así el creyente individual está vitalmente unido al Señor (1 Co. 6:17; Ro. 6:5; 1 Co. 12:13).

Acerca del creyente individual, la Biblia enseña que: 1) en cuanto al pecado, cada uno de los de esta compañía ha sido limpiado, perdonado y justificado; 2) en cuanto a sus posesiones, a cada uno se le ha dado el Espíritu que mora en ellos, el don de Dios que es vida eterna, ha llegado a ser heredero legal de Dios y coheredero con Cristo; 3) en cuanto a posición, cada uno ha sido hecho justicia de Dios, por la cual es aceptado en el Amado para siempre (2 Co. 5:21; Ef. 1:6), miembro del cuerpo místico de Cristo, parte de su gloriosa esposa, participe vivo de la nueva creación de la que Cristo es cabeza federal. Leemos: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura [creación] es; las cosas viejas [en cuanto a posición, no experiencia] pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto [cosas posicionales] proviene de Dios» (2 Co. 5:17-18; cf. con Ga. 6:15; Ef. 2:10; 4:24).

Pedro, escribiendo acerca de esta compañía de creyentes, afirma: «vosotros sois linaje escogido» (1 P. 2:9), lo que significa que son una raza de nacimiento celestial, de una nacionalidad distinta, simiente o calidad que ha sido directamente creada por el poder de Dios. Engendró una raza que participó de su propia vida humana y de sus imperfecciones, así Cristo, el segundo Adán, ahora está engendrando por el Espíritu una nueva raza que participa de su vida y perfección eternas. «Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante [queda vida]» (1 Co. 15:45).

Habiendo participado de la vida resucitada de Cristo, y estando en Cristo, se dice que el creyente ya ha sido resucitado (Ro. 6:4; Col. 2:12, 13; 3:1-4). Sin embargo, en cuanto al cuerpo, el creyente aún está por recibir un cuerpo glorioso como el cuerpo resucitado de Cristo (Fil. 3:20-21). Confirmando esto, también leemos que cuando Cristo apareció en los cielos inmediatamente después de su resurrección, él era como las primicias, implicando que toda la compañía de los que le sigan será semejante a Él (1 Jn. 3:2), aun en lo que se refiere a sus cuerpos glorificados.

La nueva creación, que comenzó con la resurrección de Cristo y consiste de una compañía de naciones de nuevo, celestiales que están en Cristo, se presenta en todas partes de la Palabra de Dios en contraste con la antigua creación, y se dice que de esa antigua y arruinada creación fue salvado y libertado el creyente.

En cuanto al sábado, o día del reposo, fue instituido para celebrar la antigua creación (Ex. 20:10-11; 31:12-17; He. 4:4), así que el día del Señor conmemora la nueva creación. Del mismo modo, en su aplicación el reposo estaba limitado a Israel, el pueblo terrenal de Dios; así, el día del Señor está limitado en su aplicación a la iglesia como pueblo celestial de Dios.

F. EL DIA DEL SEÑOR

Además del hecho de que el día del reposo en ninguna parte se impone a los hijos de Dios bajo la gracia, hay abundantes razones para que observen el primer día de la Semana.

1. Estaba profetizado que se instituiría un nuevo día bajo la gracia. Según Salmo 118:22-24 y Hechos 4:10-11, Cristo llegó a ser la Piedra desechada por Israel, los «edificadores», cuando fue crucificado; pero por su resurrección fue hecho cabeza del ángulo. Esta cosa maravillosa es de Dios, y el día de su cumplimiento fue designado divinamente coma día de regocijo y alegría. En conformidad con esto, el saludo de Cristo el día de la resurrección fue «Salve» (Mt. 28:9, que más literalmente sería «regocijaos»), y siendo el «día que instituyó Jehová» (Sal. 118:24, Versión Moderna), se denomina con toda justicia «El día del Señor», que es el significado de la palabra domingo>.

2. Varios sucesos señalan la observancia del primer día.

a) En ese día resucitó Jesús de entre los muertos (Mt. 28:1).

b) En ese día se reunió con los discípulos en la nueva comunión (Jn. 20:19). c) En ese día les dio instrucciones (Lc. 24:13-45). d) En ese día ascendió a los cielos como las «primicias» a gavilla mecida (Lv. 23:10-12; Jn. 20:17; 1 Co. 15:20, 23). e) En ese día sopló sobre ellos (Jn. 20:22). f) En ese día el Espíritu Santo descendió del cielo (Hch. 2:1-4). g) En ese día el apóstol Pablo predicó en Troas (Hch. 20:6-7). h) En ese día los creyentes se reunieron para el partimiento del pan (Hch. 20:6, 7). i) En ese día debían apartar la ofrenda según Dios les hubiera prosperado (1 Co. 16:2). i) En ese día Cristo le apareció a Juan en Patmos (Ap. 1:10).

3. El octavo día fue el día de la circuncisión. El rito de la circuncisión, celebrado en el octavo día, tipificaba la separación del creyente de la carne y del viejo orden por la muerte de Cristo (Col. 2:11), y el octavo día, siendo el primer día después de completada una semana, es simbólico de un nuevo comienzo.

4. El nuevo día es de gracia. Al final de una semana de trabajo se concedía un día de reposo al pueblo que estaba vinculado con Dios por las obras de la ley; mientras que para el pueblo que está bajo la gracia, cuyas obras están consumadas en Cristo, se señala un día de adoración que, por ser el primer día, precede a todos los días de trabajo. El creyente vive y sirve durante los seis días siguientes sobre la base de la bendición del primer día. El día de reposo pertenece a un pueblo que está relacionado con Dios por las obras que tenían que ser cumplidas antes del reposo; el día de adoración y servicio incesante corresponde a un pueblo que está relacionado con Dios par la obra consumada de Cristo. El séptimo día se caracterizaba por una ley intransigente; el primer día se caracteriza por la gratitud y la libertad que corresponden a la gracia. El séptimo día se observaba con la esperanza de que por él uno pudiera ser aceptable ante los ojos de Dios; el primer día se observa con la seguridad de que uno ya ha sido aceptado por Dios. La observancia del séptimo día era obra de la carne; la observancia del primer día es obra del Espíritu que mora en el creyente.

5. El nuevo día ha sido bendecido por Dios. A través de esta dispensación los creyentes más llenos del Espíritu y más devotos, y a quienes la voluntad de Dios ha sido claramente revelada, han guardado el día del Señor sin ningún sentimiento de responsabilidad hacia la observancia del séptimo día. Es razonable suponer que si hubiesen sido culpables de quebrantar el día del reposo, hubiesen recibido convicción de pecado al respecto.

6. El nuevo día ha sido entregado al creyente individual. No ha sido entregado a los inconversos. Es ciertamente motivo de confusión para el inconverso darle lugar para que suponga que será más aceptable a Dios si guarda un día; porque sin la salvación que hay en Cristo todos los hombres están completa e igualmente perdidos. Para beneficio de todos se ha establecido un día de reposo por razones sociales y de salud; pero los no regenerados debieran comprender que la observancia de ese día no les añade ningún mérito ante los ojos de Dios.

No ha sido entregada a la iglesia como un cuerpo. La responsabilidad de la observancia del primer día necesariamente ha sido entregada al creyente coma individuo solamente, y no a la iglesia como un todo; el modo de su celebración por el individuo se sugiere en dos dichos de Jesús en la mañana de la resurrección: «Regocijaos» («Salve» en Reina Valera) e «Id y decid». Esto pide una actividad incesante en toda forma de adoración y servicio; tal actividad contrasta con el reposo del séptimo día.

7. No se da ningún mandamiento en el sentido de observar el primer día. Puesto que es toda de gracia, no se impone un requerimiento escrito para la observancia del día del Señor, ni se prescribe la forma de su observancia. Por esta sabia provisión, a nadie se estimula a que guarde el día como un puro deber. Debe ser observado de corazón. Israel estaba delante de Dios como un niño inmaduro que está bajo tutores y curadores y tiene necesidad de los mandamientos que se dan a un niño (Ga. 4:1-11); la iglesia está delante de Dios como hijo adulto. La vida del creyente bajo la gracia es claramente definida, pero es presentada solamente como ruego de Dios con la esperanza de que todo será hecho voluntariamente (Ro. 12:1, 2; Ef. 4:1-3). Hay pocas dudas en cuanto a la forma en que un creyente bien instruido, lleno del Espíritu (y la Escritura da por concedido que el cristiano normal es así), actuará en el día que conmemora la resurrección de Cristo y la nueva creación. Si el hijo de Dios no está rendido a Dios, ninguna observancia obligatoria corregirá su carnal corazón, ni sería esa observancia agradable a Dios. El problema entre Dios y el cristiano carnal no es de acciones externas, sino de una vida rendida.

8. El modo de observancia del día del Señor puede ser extendida a los demás días. Cristo no era devoto a su Padre en un día más que en otros. El reposo del séptimo día no podía ser extendido a todos los días por igual. Pero, aunque el creyente tenga más tiempo y libertad el primer día de la semana, su adoración, gozo y servicio que caracterizan la observancia del día del Señor podría ser su experiencia cotidiana (Ro. 14:5).

PREGUNTAS

1. Explicar la provisión en Israel de un día de reposo, un año sabático y un año de jubileo.
2. ¿De qué período era típico el año sabático?
3. ¿Qué significa la palabra «sábado»?
4. ¿Cuál es el antecedente del reposo antes de la ley de Moisés?
5. Según las Escrituras, ¿cuándo se observó por primera vez el sábado, y por quiénes?
6. ¿Se exigió a los no israelitas que observasen el día del reposo?
7. ¿Qué hizo Cristo con el reposo?
8. ¿Hay alguna evidencia escrita después de Pentecostés de que los cristianos hayan guardado el reposo, o de que se les haya ordenado observarlo?
9. ¿Por qué consideramos incorrecta la expresión «reposo cristiano»?
10. Según la profecía, ¿cuándo se observará nuevamente el reposo?
11. ¿Por qué observan los cristianos el primer día como día del Señor?
12. ¿Cuáles son algunas de las características sobresalientes de la nueva creación?
13. ¿A qué comunidad está limitada la observancia del día del Señor?
14. ¿Fue profetizada la observancia de un nuevo día?
15. ¿Qué sucesos importantes ocurrieron el primer día de la semana?
16. ¿En qué forma está relacionado el primer día de la semana con la circuncisión?
17. ¿Qué contraste hay entre la observancia del séptimo día y la observancia del primer día en cuanto a significado?
18. ¿Cómo explica usted el hecho de que no hay mandamiento acerca de la observancia del primer día y de que no haya regulaciones en cuanto a la forma de su observancia?
19. ¿En qué sentido podría extenderse a cada día la observancia del día del Señor?

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Fuente: Grandes Temas Bíblicos, Libros CLIE -Galvani, 113 -08224 Terrassa (Barcelona

El sabado (parte III)


El sabado (parte III)

Los Adventistas del Séptimo Día y el Sábado 

¿Fue el día de reposo ordenado por Dios desde la Creación?

Autor: Pablo Santomauro

Tarde o temprano usted se va a encontrar con un adventista que lo desafiará en cuanto a la observancia del sábado, y lo va a hacer con argumentos que en la superficie parecen tener peso bíblico. Tal es así, que el cristiano que no ha sido discipulado, puede fácilmente ser apabullado por un adventista capacitado y quedarse sin respuestas.

La Revista Signs of the Times, publicada por la  Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD en adelante), en su ejemplar de Junio de 1999, presenta algunos de los argumentos que manejan los adventistas para apoyar que el día de adoración  aprobado por Dios sigue siendo el Sábado y no el Domingo. Si bien estamos en el año 2009, escogimos este artículo porque define la posición del movimiento en forma clara y definitiva, sin necesidad de ir a los documentos doctrinales de la IASD.

En la página 24 de la revista, bajo el título “Por qué mi Día de Reposo es el Sábado”, el autor plantea un diálogo con su vecino. El vecino le invita al juego del sábado – el tipo de deporte no es especificado — y le ofrece una entrada gratis. El autor agradece a su vecino pero le aclara que no puede asistir al juego porque los sábados él va la iglesia. El vecino le indica que eso no sería problema ya que el juego es en la tarde. A esto, el autor replica que para él todo el sábado es un día de adoración. A continuación sigue la clásica letanía que pone al adventista en un plano superior a los que se congregan en domingo, y luego el autor comienza a enumerar una serie de razones por las cuales guarda el sábado.

La primer razón es expresada de la siguiente manera en el artículo:

“El séptimo día es mencionado por primera vez en el comienzo de la Biblia. Luego que Dios pasó domingo, lunes, martes, miércoles, jueves y viernes creando la tierra, la Escritura dice que “reposó el día séptimo …. Nosotros podemos inferir que desde la Creación en adelante, la gente guardó el sábado como día de adoración por generaciones. Cuando lo olvidaron, Dios se los recordó: ‘Acuérdate del día de reposo para santificarlo’, Dios dijo a los hijos de Israel. Y entonces incluyó el séptimo día – sábado en los Diez mandamientos. ‘Pueden trabajar por seis días pero el séptimo día deberá ser el día de Dios. Ustedes y toda su familia y aun vuestros animales deben descansar de trabajar ese día. En su lugar, pasen el día recordando que Yo soy vuestro Creador, y que en seis días hice toda la Creación, incluyendo la humanidad, y luego reposé'”.

El artículo continúa diciendo: “Esto en sí debería ser suficiente, ¿verdad? Si yo acuerdo con un amigo de encontrarnos en nuestro restaurante favorito el martes al mediodía, ¿iré el miércoles porque me es más conveniente? ¡Por supuesto que no! Y así es con Dios. Si Dios quiera que me encuentre con El en ese día, ¿por qué razón no lo haría?”

Este es el argumento básico desde el cual parten los adventistas para justificar su doctrina del día de reposo. Puesto en lenguaje teológico, el sábado es una ordenanza de la Creación, dicen ellos. Si ustedes logran poner en evidencia el error de este argumento, prácticamente estarán tirando abajo todo el aparatoso esquema de la doctrina adventista.

¿Es el Sábado una Ordenanza implantada desde la Creación?

Me permito citar ahora una porción del excelente trabajo del Dr. Robert Morey, Is the Sabbath for Today? Este breve ensayo de Morey fue escrito hace varios años pero conserva su vigencia por la claridad y sencillez de su refutación, por ello procedimos a traducir y adaptar los puntos a nuestro entender más destacados. Por supuesto que cada punto puede ser expandido y profundizado, pero preferimos dejarlo en su formato inicial para beneficio del lector.

Análisis del argumento:

1. ¿Qué es una “ordenanza de la Creación”?  

Respuesta: Una actividad o institución que Dios estableció desde la Creación  para que toda la humanidad observe perpetuamente hasta el fin de los tiempos.  Algunas de las ordenanzas más obvias son actividades tales como el trabajo (Gn. 1:28; 2:15, 20) y el mandato cultural (Gn. 1:28), o instituciones como el matrimonio (2:8) y la familia (2:24).

2.    ¿Qué se necesita exegéticamente para probar que guardar el sábado es una ordenanza desde la Creación?

Respuesta:  Para probar que el guardar el sábado es una ordenanza creacionista, debemos encontrar en la historia de la Creación misma, uno o más de los siguientes elementos:

a. Un mandamiento dado al hombre para observar una semana de 7 días.

b. Un mandamiento dado al hombre para descansar en el séptimo día.

c. Un ejemplo donde el hombre descanse el séptimo día.

d. Una explicación del porqué el hombre debe descansar en el séptimo día.

La evidencia exegética aplastante es que no existe un solo mandamiento, ejemplo o explicación sobre el guardar el sábado en la historia de la Creación.  No existe en absoluto en Génesis 1-3 o en ningún otro lugar, ninguna evidencia exegética que sugiera que guardar el sábado sea una ordenanza creacionista.

3. Pero, perdone que insista, ¿está seguro que el mandamiento de guardar el sábado no está en Génesis 2:1-3?

Respuesta:  No, la palabra “sabbath” no aparece en el texto. Una aproximación bíblico-teológica muestra que Génesis 2:1-3 es el comentario de Moisés mirando en retrospectiva hacia el período de la creación en el contexto de su propio entendimiento de los diez mandamientos, y no se trata de una referencia al entendimiento que poseía Adán en el comienzo de la historia.
   
El texto no dice que el hombre o los animales santificaron el día y que descansaron.  El texto establece la declaración simple y sencilla de que las obras creativas inmediatas de Dios llegaron a un fin. El hecho de que Dios “reposó” es claramente antropomórfico. Dios no necesita descansar.

4. Pero se menciona el séptimo día. ¿No prueba esto que es una ordenanza creacionista?

Respuesta: No necesariamente.  El nudismo y el vegetarianismo también son parte de la historia de la Creación. En realidad, nadie tendría el descaro de reclamar que estos elementos son mandamientos simplemente porque se mencionan en el texto.

5. ¿Pero no es Génesis 2:1-3 un patrón o un modelo para que nosotros lo sigamos?

Respuesta:  ¡Espero que no!  Luego que Dios trabajó durante 6 días, descansó en el séptimo día y continúa “descansando” hasta el presente (Heb. 4:10-11). Dios no comenzó otro ciclo de 6 días de trabajo y uno de descanso. Por lo tanto, si los hombres vamos a seguir el modelo, entonces tendríamos que trabajar 6 días en el comienzo de nuestra carrera u oficio, ¡y luego descansar por el resto de nuestras vidas! De todas maneras, para probar que guardar el sábado es un mandamiento creacionista, debemos mostrar un ejemplo de un hombre guardándolo. Si esto es cierto con respecto a otras ordenanzas de la Creación, ¿cuál es la razón para que la observancia del sábado sea exenta de esta regla de fe?

Además, Adán nunca hubiera estado en condiciones de observar el sábado correcto porque el séptimo día de Dios fue el segundo día de Adán, por lo cual el séptimo de Adán fue el quinto de Dios.  ¿Cuál de los dos séptimos días observaba Adán?

Adicionalmente, todos los pasajes bíblicos como Nehemías 9:5-38 (cf. vs. 13-14) que dan un resumen de la historia redentiva, siempre ponen el comienzo de la observancia del sábado junto a Moisés, no Adán.  Si la observancia del sábado hubiera comenzado al momento de la Creación, sin duda la Escritura lo hubiera mencionado cuando se narra la historia del mundo, pero no lo hace.

No existe tampoco en la historia de la Creación en Génesis ninguna mención de una semana de 7 días ordenada por Dios u observada por el hombre.

Ningún ejemplo, ningún mandamiento o precepto puede ser extraído de Génesis 1-3.  Si bien más adelante en la historia de la redención aparece la semana de 7 días, no existe evidencia de que Adán o Eva usaban tal medida de tiempo.

(Hasta aquí el trabajo del Dr. Morey)

Concluímos que lo visto es suficiente para echar por tierra la columna vertebral del argumento adventista que pretende conectar su distorsionada interpretación del séptimo día con la historia de la Creación. En esta materia, los adventistas son culpables de ver y pensar más allá de lo que está escrito (1 Co. 4:6).

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El sabado (parte II)


El sábado (parte II)

Los Adventistas y el Sábado

El dr.Eduardo Flores publicó un artículo respecto del sábado. En esa entrada el argumenta por el día domingo como el día de reposo que deben mantener los cristianos. Un comentarista le respondió a sus argumentos, insistiendo en que el Nuevo Testamento no contiene ningún verso que diga que los cristianos deben mantener el día domingo como día de reposo.

El responde a este comentarista. quien lo primero que le escribió es lo siguiente:

“En primer lugar, el libro de Hechos es un libro escrito unos treinta años mas o menos, y el único pasaje donde es mencionado una reunión el primer día de la semana es justamente cap 20; veamos: en ese pasaje, se menciona un mandato a la iglesia o se hace referencia al domingo como nuevo día de reposo? No; en todo el libro de Hechos no aparece ni una sola palabra al respecto como para decir que el primer día de la semana era el día de reposo cristiano por disposición de los apóstoles o de una autoridad en la iglesia; el autor de Hechos, si aceptamos la tradición, fue Lucas, un griego, de tal manera que podríamos esperar de el una aceptación mas “dócil” ante la enseñanza del domingo como día de reposo a diferencia de los judíos cristianos mas apegados a la Torah, pero sin embargo el le llama al domingo primer día de la semana a secas y no día de reposo ni “día del Señor” (como se pretende llamar al domingo refiriéndose a Apoc. 1), habiendo transcurrido tantos años desde que supuestamente fue cambiado el sábado por el domingo como día de reposo por la supuesta razón de la resurrección del Señor un domingo; si así fuese, habría un versículo en alguna parte que nos mostrara claramente que el domingo era día de reposo o “día del Señor” o que el Señor hizo el cambio o algún apóstol, pero esto no es así; Lucas ha tenido dos libros del nuevo testamento (su Evangelio y Hechos, cincuenta y dos capítulos entre los dos) para hacer lo que tampoco otro evangelio ni ningún libro de la biblia hace, justificar una supuesta practica cristiana común en todas las iglesias de la época en que fueron escritos los dos libros (repetimos, unos treinta años desde la ascensión del Señor) es decir aquella de guardar el domingo como día de reposo.”

Primero, el comentarista se equivocal al decir que solamente en el capítulo veinte del libro de Hechos se menciona de una reunión de creyentes en el primer día de la semana. Lo cierto es que desde el inicio del libro vemos esta realidad. En Hechos 2: 1 leemos, “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.”

Qué quiere decir Pentecostés? Pues, la palabra viene del griego pentekoste que significa “cincuenteavo día,” y que correspondía a una fiesta judía que se celebraba siete semanas después de la Pascua, en agradecimiento por la cosecha cumplida. Ahora, cuando se celebraba pentecostés? La respuesta está en el libro de Levítico,

“15 Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán.16 Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová. 17 De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová. 18 Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada, y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová. 19 Ofreceréis además un macho cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda de paz. 20 Y el sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante de Jehová, con el pan de las primicias y los dos corderos; serán cosa sagrada a Jehová para el sacerdote. 21 Y convocaréis en este mismo día santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis; estatuto perpetuo en dondequiera que habitéis por vuestras generaciones.” (Lev. 23: 15-21)

Entonces, pentecostés se celebraba el día domingo. Cuando estaban reunidos los apóstoles en Hch. 2? Un día domingo, exactamente 50 días después de la Pascua. En ese día cayó el Espíritu Santo sobre ellos y hablaron en idiomas extranjeros. Ese mismo día Pedro se levantó y predicó (Hch. 2: 14) y fueron convertidos 3000 personas y en ese mismo día fueron bautizados (Hch. 2:41). Esto deja claro que los apóstoles se reunían los domingos para estar juntos en unanimidad (Hch. 2:1), como lo hace la iglesia en la actualidad los días domingo.

En Hechos 20: 7 leemos lo siguiente, “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo que tenía que salir al día siguiente, les enseñaba y alargó su discurso hasta la medianoche.” Qué estaban haciendo los discípulos? El pasaje claramente dice que estaban reunidos el primer día de la semana. Pero, lo más importante es que estaban reunidos para partir el pan. Cuál pan? Bueno esto es una referencia a la Cena del Señor, en donde la iglesia recordaba la muerte y resurrección de Cristo (1 Corintios 11: 23-26).

La iglesia, claramente por lo que dice Hechos 20, celebraba la cena del Señor el día domingo, no el sábado. Segundo, qué autoridad tiene para el comentarista los escritos de Lucas? Veamos que dice, “el autor de Hechos, si aceptamos la tradición, fue Lucas, un griego, de tal manera que podríamos esperar de el una aceptación mas “dócil” ante la enseñanza del domingo como día de reposo a diferencia de los judíos cristianos mas apegados a la Torah.” Perdón! Pero Lucas, al igual que Pablo, Pedro, Judas, Juan, Mateo, Marcos, etc, escribieron bajo la inspiración divina del Espíritu Santo, por lo tanto los escritos de Lucas nunca van a contradecir a los demás, pues sabiendo que la Biblia es la palabra de Dios, su fuente es una sola, Dios. Lo que Lucas escribió, salió de la boca de Dios. Esa es la doctrina de la inspiración de la Biblia, cosa que el comentarista parece olvidar.

Tercero, el comentarista escribe que:

“habiendo transcurrido tantos años desde que supuestamente fue cambiado el sábado por el domingo como día de reposo por la supuesta razón de la resurrección del Señor un domingo; si así fuese, habría un versículo en alguna parte que nos mostrara claramente que el domingo era día de reposo o “día del Señor” o que el Señor hizo el cambio o algún apóstol, pero esto no es así; Lucas ha tenido dos libros del nuevo testamento ( su Evangelio y Hechos, cincuenta y dos capítulos entre los dos) para hacer lo que tampoco otro evangelio ni ningún libro de la biblia hace, justificar una supuesta practica cristiana común en todas las iglesias de la época en que fueron escritos los dos libros( repetimos, unos treinta años desde la ascension del Señor) es decir aquella de guardar el domingo como día de reposo.”

Una pregunta: existe un versículo en la biblia que dice que habla de la Trinidad? La respuesta es no. Pero el que no exista un versículo, no hace que esa verdad no sea real. De la misma manera, el que no haya un versículo que ordene a la iglesia a reunirse los días domingo para celebrar la resurrección de nuestro Señor, y ser así nuestro día de reposo, no le quita que no esté implícito en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, vemos a Cristo apareciéndose a las mujeres el primer día de la semana (Mat. 28: 1-7). En ese primer día de la semana le apareció a sus discípulos (Jn. 20: 19) y el próximo domingo les apareció de nuevo (Jn. 20: 26).

La misma primera epístola de Pablo a los corintios deja claro que en el primer día de la semana la iglesia debía recoger los diezmos para ayudar a otras iglesias que tenían problemas. Este era el ministerio de servicio, un servicio que era considerado por Pablo como algo que ocurría en un día especial de la semana, y que el pasaje deja claro era el primer día. El Nuevo Testamento es claro que la iglesia se reunía los domingos para celebrar la Cena del Señor, estar juntos en unanimidad, y para ejercer sus dones espirituales con sus hermanos por medio de ministerios como el de servicio. Por ello, no es necesario que la Biblia tenga un versículo ordenándonos a guardar el día domingo, pues vemos el ejemplo de la iglesia primitiva que muestra la reunión de los miembros los días domingo.

Cuarto, no solo tenemos el ejemplo del Nuevo Testamento, sino que también está el testimonio de la iglesia a través de dos mil años. Por ejemplo, Bernabé, un judío cristiano en el capítulo 15 de su epístola escribe en contra de guardar el día sábado, y su razonamiento es el siguiente,

“Por lo tanto, también, mantenemos el octavo día con gozo, el día también cuando Jesús resucitó de los muertos. Y cuando Él se manifesto, Él ascendió a los cielos.”

Además Justino un cristiano del siglo Segundo escribe en su Primera Apología 67,

“En el día llamado Domingo todos los que viven en las ciudades o en las afueras se reunen en un solo lugar, y las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas son leídos, tanto como el tiempo lo permita; luego, cuando el lector ha terminado, el presidente instruye verbalmente, y exhorta a la imitación de las cosas buenas. Luego todos nos levantamos junto y oramos, y como dijimos antes, cuando nuestras oraciones terminan, pan y vino y agua son traídos, y el presidente de igual manera ofrece oraciones y gracias, de acuerdo a su habilidad, y la gente acuerda con un Amén…Pero el Domingo es el día en el cual mantenemos nuestra asamblea común, pues es el primer día en el cual Dios, habiendo traído un cambio en la oscuridad y asunto, hizo el mundo; y Jesucristo nuestro Salvador en el mismo día resucitó de los muertos. Pues Él fue crucificado el día antes del sábado; y en el día Domingo le apareció a sus discípulos, les enseñó estas cosas, que hemos dado a ustedes para consideración.”

Ignacio de Antioquia en su escrito a los Magnesios 9 escribe,

“Pues si andamos manteniendo el judaísmo, admitimos que nunca recibimos gracia…Aquellos, entonces, que vivían bajo practicas antiguas han llegado a una nueva esperanza. Cesaron de mantener el Sábado y viven por el Día del Señor, en el cual nuestras vidas así como las suyas salen a la luz, gracias a Él y su muerte, a pesar de que algunos lo nieguen…Es monstruoso tomar a Jesucristo y vivir como un judío.”

Conclusión

El día de reposo del Antiguo Testamento tiene un significado, este es mirar hacia adelante esperando la redención del pueblo, en la cual se tendría de nuevo el reposo tan esperado. Pero una vez que Cristo se encarnó y murió, el día de reposo pasa a ser el primer día de la semana, ya que vemos hacia atrás el reposo alcanzado por la obra perfecta de Jesucristo, en donde el pueblo de Dios, esto es, la iglesia, ha alcanzado el reposo espiritual y puede accesar sin problemas la comunión con Dios por medio de Jesucristo. La iglesia ha alcanzado ya ese reposo, y lo logró el día en que Cristo resucitó de los muertos, demostrando que la reconciliación con Dios era un hecho.

Por ello, el guardar el día sábado como los hacían los judíos del Antiguo Testamento es negar la obra de Jesucristo y lo que Él logró para la iglesia, es decir, el reposo eterno junto a su Dios. Le pregunto a los adventistas: por casi dos mil años ha estado la iglesia equivocada en lo que respecta a guardar el día de reposo? Los adventistas nacen a finales del siglo XVIII. Fue hasta los años 1800 cuando se pudo conocer la verdad? Lo mismo dicen los Testigos de Jehová. Creo por estas rezones que el guardar el día sábado como lo guardaban los judíos del Antiguo Testamento es un error. Si queremos celebrar a Cristo, celebrémoslo como lo ha hecho la iglesia desde su fundación, los días domingos.

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sujetosalaroca.org, cit en http://sujetosalaroca.org/2009/03/03/los-adventistas-y-el-sabado/

Sábado (I)


Sábado (parte I)

Autor:Paulo Arieu

El sábado es el séptimo día de la semana (sexto en nuevas culturas). El nombre “sábado” proviene del latín sábbatum, y a su vez del hebreo shabbat, que significa descanso. Aunque también se menciona que en otros idiomas como el inglés (Saturday) se puede decir que es el día de Saturno. Para algunas religiones como el Judaísmo y los cristianos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, el sábado es el séptimo día de la semana dado por Dios desde la creación a la humanidad para su descanso. Literalmente, la palabra significa ‘cesar’ o ‘parar’ (según Génesis 2.2 refiriéndose a Dios Yahvéh: “Y cesó el séptimo día de todo el trabajo que había hecho”, en hebreo vaYshbot baYom haShevi’i, וישבות ביום השביעי).

En otros idiomas

Éstos son algunos de los nombres que recibe el sábado en distintos idiomas:

Idioma Nombre Etimología
alemán
aymara
español
catalán
francés
indonesio
italiano
polaco
ruso
portugués
ucraniano
asturiano
Samstag
sawaru
sábado
dissabte
samedi
sabtu
sabato
sóbota
Суббота
sábado
Субота
sábadu
día del shabat
hebreo שבת shabbat
alemán Sonnabend víspera del domingo (Sonntag)
anglosajón
gaélico
galés
holandés
inglés
latín
rumano
sæternesdæg
satharn
sadwrn
zaterdag
saturday
díes saturni
sâmbătă
día de Saturno
japonés 土曜日 / doyôbi día de la tierra
danés
finlandés
islandés
noruego
sueco
lørdag
lauantai
laugardagur
laurdag
Lördag
día de bañarse
chino 星期六 (xīng qī liù) Sexto dia de la semana
quechua k’uychichaw día del arcoiris
euskera larunbata, zapatua ?
Días de la semana
Domingo – Lunes – Martes – Miércoles – Jueves – Viernes – Sábado

Fuente: Wikipedia

Es obligatorio observar el séptimo día de la semana como el día de reposo?


Es obligatorio observar el séptimo día de la semana como el día de reposo?

Autor:Paulo Arieu

La respuesta es obviamente que no. La idea de que es obligatorio observar el séptimo día de la semana como el día dereposo. Según los adventistas del séptimo día, es pecado observar el día de descanso en cualquier otro día de la semana,

“porque Dios en el principio, apartó elséptimo día de la semana como un memorial perpetuo de su poder creativo”.

La profetisa adventista comenta:

“La señal, o sello de Dios, se revela en la observancia del Sabath (reposo) en el séptimo día, el memorial de la creación del Señor. La marca de la bestia es lo opuesto de esto: la observancia del primer día de la semana. Esta marca distingue a los que aceptan la supremacía de la autoridad papal,de los que reconocen la autoridad de Dios.” [1]

La señora de White testificó que había visto el arca en una visión del santuario celestial. Jesús levantó la tapa del arca, de modo que ella pudiera ver las tablas de piedra en que estaban escritos los diez mandamientos. Se notó que el cuarto mandamiento estaba ubicado en el centro de los diez y tenía una suave aureola de luz a su alrededor . [2]

Felizmente, los adventistas ya no consideran a los evangélicos como seguidores de la bestia del Apocalipsis. Los adventistas aseveran que el emperador Constantino cambió el día de reposo enel año 321 d.C., y luego en 364 d.C., el Concilio de Laodicea hizo lo mismo. Historiadores no adventistas, sin embargo, señalan que Constantino solamente sancionó legalmente la costumbre que hacía tiempo ya habían observado los cristianos.

Walter Martin, destacada autoridad sobre las sectas, reúne muchas citas de los padres de la Iglesia, demostrando que los cristianos del segundo siglo observaban el primer día de la semana como el día de descanso y culto.

Por ejemplo, consideremos tres: [3]

a) Ignacio, obispo de Antioquía, escribió lo siguiente en el año 110:

“Los que andan en las costumbres antiguas alcanzan la novedad de esperanza, ya no observando el sábado, sino moldeando sus vidas según el día del Señor, sobre el cual se resucitó también nuestra vida.”

b) Justino Mártir (100-165):

“El domingo es el día en que todos tenemos nuestra reunión común, porque es el primer día en que Dios … hizo el mundo; y Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó en el mismo día.”

c) La epístola de Bernabé (entre 120 y 150):

“Guardamos el octavo día con gozo, el día también en que Jesús se resucitó de entre los muertos.”

Los evangélicos guardan el primer día de la semana en vez del séptimo por las siguientes razones:

a. El Nuevo Testamento no le da la misma importancia que da a los otros mandamientos del código mosaico. Jesús lo colocó en el mismo nivel que las leyesceremoniales, las cuales pertenecen al antiguo pacto y son caducas. Se refirió al incidente en que David, al huir de Saúl, obligó al sumo sacerdote a entregarle lospanes santos ofrecidos a Dios, panes que sólo podían comer los sacerdotes.

Luego explicó que ” el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no elhombre por causa del día de reposo” (Mr. 2:23-27; 1 Sa. 21:1-6).

b. Pablo también lo indica que ocupa un lugar entre las observancias ceremoniales:

  • “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o encuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombrade lo que ha de venir.” (Col. 2:16,17)

En ningún lugar del Nuevo Testamento, ni Jesús ni los apóstoles, repiten esteprecepto, aunque sí enseñan muchas veces los otros nueve mandamientos.Obviamente, la visión de la señora de White, en la cual vio que el cuartomandamiento fue el más importante, no armoniza con las enseñanzas del NuevoTestamento.El guardar los días de reposo es más un asunto de conciencia que una ley moral:

  • “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días.Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente” (Ro. 14:5).

Puesto que Jesús resucitó de entre los muertos el primer día de la semana, la iglesia primitiva lo llamaba “el día del Señor” (Ap.1:10)

y lo celebraba como díade reposo y cultos. El Nuevo Testamento hace referencia a esta costumbre. En Troas los cristianos se reunían para el culto “el primer día de la semana” (Hch.20:6,7) y Pablo instruyó a los creyentes de Corinto:

  • “Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte, según haya prosperado” (1 Cor. 16:2).

Es lógico creer que las congregaciones levantaban ofrendas en el día desu culto, el cual era el día domingo.

Dios lo bendiga mucho.Cristo le ama.

Notas:

[1] Ellen White, Testamonies for the church (Tacoma Park, Washington D.C.,White Publications, s.f.), pág. 117.
[2] W.C. Irvine, Heresies exposed (New York: Loizeaux Brothers,1955), págs. 162-163.
[3] Walter Martin, Kingdom of the cults, op. cit., págs. 460-461.

Fuente bibliografica:

  • Pablo Hoff, “Otros evangelios”, Pág.153-155,ed. Vida

EL DIA PARA LA ADORACION CORPORATIVA (Ryrie)


EL DIA PARA LA ADORACION CORPORATIVA

La iglesia neotestamentaria empleaba el domingo como su día de adoración corporativa. Lo hacían a pesar del hecho de que no era un día festivo semanal en el cual las personas estuvieran de asueto. Sin duda muchos esclavos cristianos estaban en la obligación de trabajar todo el día y cada día; pero aun así hacían tiempo para la adoración corporativa.

A. El origen del día del Señor

Aunque los escritores modernos invariablemente intentan enfatizar la conexión entre el día del Señor y el sábado, la iglesia primitiva y los padres de la iglesia no hacían ese énfasis. Ellos sí veían valor moral en aplicar los diez mandamientos, pero hacían una excepción con el cuarto, concerniente al sábado. Note la ausencia de problemas con el sábado o con el día del Señor en Hch. 15:29, y la enseñanza clara del Nuevo Testamento en cuanto al fin de la ley mosaica, incluyendo los Diez Mandamientos (excepto que nueve de ellos, todos menos el del sábado, se repiten en las epístolas, 2 Cor. 3:7–11; Col. 2:16). La idea de un día especial para la adoración puede que tuviera relación con el sábado, pero el día en particular no estaba relacionado con el sábado.

Tampoco se originó del calendario el concepto del día del Señor. Aunque los judíos observaban un ciclo de siete días (basándose en la semana de la creación), no se conocía una división semanal del tiempo en el mundo grecorromano hasta después del establecimiento de la iglesia en el primer siglo. Para el tercer siglo el arreglo semanal se había extendido, debido a que el calendario Romano estaba en desorden hasta los días de Constantino. Antes de ese tiempo había semanas de “mercado” tanto de cuatro como de ocho días. La delineación de los siete días surgió de juntar el sol, la luna, y los cinco planetas conocidos en ese tiempo. Aun en época ten reciente como la de la Revolución Francesa, a principio del siglo diecinueve, se intentó establecer tres semanas de diez días en cada mes, con cada décimo día como día de descanso, además de cinco días festivos cada año para completar los 365 días del año.

La única explicación de por qué la iglesia primitiva estableció un nuevo día de adoración, sin relación con el sábado ni tampoco con el calendario existente, es que el domingo fue el día de la resurrección del Señor. El no sólo resucitó en domingo sino que seis apariciones que hizo después de su resurrección también ocurrieron en domingo, y el día de Pentecostés, cuando se formó el cuerpo de Cristo, cayó en domingo. Casi siempre el día se designa como el primer día de la semana (Mat. 28:1; Mar. 16:2, 9; Luc. 24:1; Jn. 20:1, 19; Hch. 20:7; 1 Cor. 16:2). En Ap. 1:10 se le llama el día del Señor, un término similar al de la Cena del Señor (1 Cor. 11:20), y usado por los creyentes para protestar y acentuar su contraste con el día del Emperador o de Augusto. El día del Señor, entonces, es el primer día de la semana, el día de Su resurrección, y el día usado por los creyentes para celebrar el evento más grande de la historia.

B. Lo peculiar del día del Señor

La iglesia primitiva claramente hizo de este día algo peculiar, porque aunque iban al servicio de la sinagoga el sábado, lo hacían para evangelizar. Era el domingo cuando se reunían con otros creyentes. Romanos 14:5 no significa que los cristianos no distinguieran el primer día para la adoración. Más bien, Pablo les está exhortando a no dejarse persuadir por el elemento judaico en la iglesia a observar ciertos días y ayunar en determinadas fechas.

C. Las actividades del día del Señor

1. Recordar y celebrar la resurrección de Cristo.

2. Reunirse para la adoración corporativa (Heb. 10:25; 1 Cor. 3:16).

3. Determinar cuánto dar (1 Cor. 3:16).

4. Observar la Cena del Señor (Hch. 20:7).

D. El descuido contemporáneo del día del Señor

1. La razón.

En los países cristianizados el domingo civil, con su cesación parcial de actividades regulares, ha llegado a llenarse de otras actividades (juegos especiales, oportunidades para hacer compras, etcétera). Los creyentes están muy enredados en estos usos seculares del día del Señor. Las iglesias también abandonan oportunidades para usar las horas disponibles del domingo para sus actividades. Como resultado puede que pronto el domingo será como todos los otros días de la semana, que también se requerirán en el mismo horas regulares de trabajo, y los creyentes estarán de nuevo como en el primer siglo, tratando de encontrar horas temprano en la mañana o tarde en la nocne para la adoración.

2. Los resultados.

Descuidar el día del Señor es menospreciarlo a El, embotar el testimonio a Su resurrección, y perder los beneficios del ministerio y la protección de la adoración corporativa.

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C.C.Ryrie,Teologia Basica,pag. 494-496,ed. UNILIT

El Sábado y El Día Del Señor


El Sábado y El Día Del Señor

por Lewis Sperry Chafer

A. EL SABADO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Comenzando con su propia obra en la creación, Dios decidió santificar, o separar, un séptimo de todo el tiempo. Para Israel estableció el séptimo día como día de reposo; el séptimo año, o año sabático, era el año en que la tierra debía descansar (Ex. 23: 10-11; Lv. 25:2-7); el año cincuenta fue establecido como año de jubileo en reconocimiento de las siete veces siete años. En diversos detalles, el año sabático y el de jubileo eran tipos proféticos de la edad del reino, que es la séptima y última dispensación y que se caracteriza porque toda la creación disfruta del reposo sabático. Aunque en la era actual el día que ha de celebrarse se ha cambiado divinamente del séptimo al primer día de la semana, debido a! comienzo de la nueva creación, se ha perpetuado la misma proporción en la división del tiempo: un dia de cada siete.

La palabra sabbath significa cesación, o reposo perfecto, de la actividad. Aparte del holocausto continuo y de las fiestas, en ningún modo era día de adoración o servicio.

En vista de la difundida confusión que existe acerca del sábado, y especialmente en vista del esfuerzo que algunos hacen por demostrar que está en vigor durante esta era, es imperativo que consideremos cuidadosamente las enseñanzas de las Escrituras acerca del sábado.

Obtenemos un mayor grado de claridad cuando consideramos el reposo en relación con diversos períodos de la historia.

En el período que se extiende desde Adán hasta Moisés, está escrito que Dios reposó a! final de los seis días de la creación (Gn. 2:2-3; Ex. 20:10-11; He. 4:4). Pero en la Palabra de Dios no hay una orden en el sentido de que el hombre esté obligado a observar, o que haya observado, un reposo antes de la salida de Israel de Egipto.

El libro de Job revela la vida y la experiencia religiosa de los patriarcas, y aunque se discuten las diversas responsabilidades hacia Dios, no hay referencias a la obligación de observar el sábado. Por otra parte, se afirma claramente que la institución del reposo, por medio de Moisés, al pueblo de Israel fue el comienzo de la observancia del sábado entre los hombres (Ex. 16:29; Neh. 9:14; Ez. 20:12).

De igual modo, por lo que está escrito acerca de la primera imposición del reposo (Ex. 16:1-35), es evidente que el día anterior al primer día de la semana en que se celebró el primer reposo los hijos de Israel hicieron un viaje. de muchos kilómetros que quebrantaba el reposo, al ir desde Elim hasta el desierto de Sin. Allí murmuraron contra Jehová, y desde aquel día comenzó la provisión de pan del cielo, el que debía recolectarse seis días a la semana, pero no el séptimo día. Es evidente, pues, que el día del viaje, que debió ser de reposo, no fue observado como tal.

En el período que se extendió desde Moisés hasta Cristo, el sábado estuvo en vigor por ley. Estaba incluido en la ley (Ex. 20:10-11), y la cura divina para su no observancia fue proporcionada asimismo en la ley de las ofrendas. Es importante observar, en esta conexión, que el sábado jamás fue impuesto sobre los gentiles, pero fue peculiarmente una señal entre Jehová e Israel (Ex. 31:12-17). Entre los pecados de Israel se destaca especialmente la falta de observancia del reposo y el no haber dado sus reposos a la tierra.

En medio de este período de la ley, Oseas predijo que, como parte de los juicios que iban a caer sobre Israel, iban a cesar sus sábados (Os. 2:11). Esta profecía debe cumplirse en algún tiempo, porque la boca de Jehová lo ha hablado.

La era anterior continuó hasta la muerte de Cristo, así que su vida terrenal y su ministerio fueron bajo la ley. Por esta razón lo vemos guardando la ley, haciendo una exposición de la ley y aplicación de la ley. Encontrando que la ley del sábado estaba oscurecida por las tradiciones y enseñanzas de hombres, señaló que el reposo había sido dado como un beneficio para el hombre, y que el hombre no tenia que hacer del reposo un sacrificio (Mr. 2:27). Cristo fue fiel a todo el sistema mosaico, que incluía el reposo, porque ese sistema estaba en vigencia durante su vida terrenal; pero ese hecho obvio no es base para pretender que un cristiano que está bajo la gracia y vive en otra dispensación está obligado a seguir a Cristo en la observancia del séptimo día.

B. EL SABADO EN LA ERA ACTUAL DE LA IGLESIA

Después de la resurrección de Cristo no hay evidencias en el Nuevo Testamento en el sentido de que el sábado haya sido observado por los creyentes, ni aun en forma errada. Sin duda, la multitud de cristianos judaizantes observaban el reposo; pero no aparece en la Palabra de Dios nada de ello por escrito. Del mismo modo, después de la resurrección de Cristo no aparece ninguna orden a judío, gentil o cristiano en el sentido de que deban guardar el sábado, ni se menciona el quebrantamiento del día del reposo en la numerosa lista de pecados posibles Por el contrario, hay advertencias contra la observancia del reposo por parte de quienes son hijos de Dios bajo la gracia.

Gálatas 4:9-10 condena la observancia de días, meses, tiempos y años. Normalmente estas observancias tenían el objeto de merecer el favor de Dios por parte de personas que a veces mostraban temor de Dios y otras veces lo olvidaban.

Hebreos 4:1-13 contempla el sábado como un tipo del reposo (de sus obras) en que el creyente entra cuando recibe la salvación.

Colosenses 2:16-17 instruye al hijo de Dios a fin de que no sea juzgado respecto de días de reposo, e infiere que tal actitud hacia el sábado es razonable en vista de todo lo que Cristo ha llegado a ser para la persona que ahora pertenece a la nueva creación (Col. 2:9-17). En este pasaje se hace referencia en forma muy evidente a los reposos semanales, más que a los reposos extraordinarios a especiales que eran parte de la ley ceremonial.

Romanos 14:5 declara que cuando el creyente está «convencido en su propia mente» estima todos los días iguales. Esto no implica el descuido de la adoración fiel, sino más bien sugiere que para tal persona todos los días están llenos de devoción a Dios.

Debido al hecho de que en el Nuevo Testamento el sábado jamás se incluye como parte de la vida y el servicio del cristiano, la expresión «reposo cristiano» es errada. En conexión con esto, se puede notar que en lugar del reposo de la ley ahora se ha proporcionado el día del Señor de la nueva creación, que excede en gloria, privilegios y bendiciones al reposo.

C. EL SABADO EN LA ERA VENIDERA

En plena armonía con la doctrina del Nuevo Testamento de que el nuevo día del Señor está relacionado solamente con la iglesia, se profetiza que el día del reposo será reinstituido, sucediendo al día del Señor, inmediatamente después de completado el llamamiento de la iglesia y después de haber sido retirada ésta del mundo. En el breve periodo de la tribulación entre el fin de esta dispensación y el comienzo del reino se observará nuevamente el reposo (Mt. 24:20); pero la profecía anuncia en forma especial que el sábado es una característica vital de la edad del reino venidero (Is. 66:23; Ez. 46:1).

D. LA RESURRECCION DE CRISTO Y EL PRIMER DIA DE LA SEMANA

El primer día de la semana ha sido celebrado por la iglesia desde la resurrección de Cristo hasta el presente. Este hecho lo prueban los escritos del Nuevo Testamento, los escritos de los primeros padres y la historia de la iglesia. En casi cada siglo ha habido quienes, no comprendiendo el propósito presente de Dios en la nueva creación, han luchado fervientemente por la observancia del reposo en el séptimo día. En la actualidad, los que se especializan en la exigencia de la observancia del séptimo día combinan su llamado con otras doctrinas antibíblicas. Puesto que el creyente, por designación divina, tiene que observar el primer día de la semana bajo la nueva relación de la gracia, se produce cierta confusión cuando este día se ve investido del carácter de las leyes del reposo del séptimo día y se gobierna por ellas. Todas esas enseñanzas ignoran la doctrina neotestamentaria de la nueva creación.

E. LA NUEVA CREACION

El Nuevo Testamento revela que el propósito de Dios en la actual dispensación no prevista es el llamamiento de la iglesia (Hch. 15:13-18), y esta multitud redimida es la nueva creación, un pueblo celestial. Aunque se indica que las maravillosas perfecciones y glorias serán completadas para esta compañía como un todo (Ef. 5:25-27), también se revela que ellos individualmente son los objetos de las mayores empresas y transformaciones divinas. De igual modo, como este cuerpo está orgánicamente relacionado con Cristo (1 Co. 12:12), así el creyente individual está vitalmente unido a! Señor (1 Co. 6:17; Ro. 6:5; 1 Co. 12:13).

Acerca del creyente individual, la Biblia enseña que: 1) en cuanto al pecado, cada uno de los de esta compañía ha sido limpiado, perdonado y justificado; 2) en cuanto a sus posesiones, a cada uno se le ha dado el Espíritu que mora en ellos, el don de Dios que es vida eterna, ha llegado a ser heredero legal de Dios y coheredero con Cristo; 3) en cuanto a posición, cada uno ha sido hecho justicia de Dios, por la cual es aceptado en el Amado para siempre (2 Co. 5:21; Ef. 1:6), miembro del cuerpo místico de Cristo, parte de su gloriosa esposa, participe vivo de la nueva creación de la que Cristo es cabeza federal. Leemos : «Si alguno está en Cristo, nueva criatura [creación es; las cosas viejas {en cuanto a posición, no experiencia] pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto [cosas posiciónales] proviene de Dios» (2 Co. 5:17-18; cf. con Ga. 6:15; Ef. 2:10; 4:24).

Pedro, escribiendo acerca de esta compañía de creyentes, afirma: «vosotros sois linaje escogido» (1 P. 2:9), lo que significa que son una raza de nacimiento celestial, de una nacionalidad distinta, simiente o calidad que ha sido directamente creada por el poder de Dios. engendró una raza que participó de su propia vida humana y de sus imperfecciones, así Cristo, el segundo Adán, ahora está engendrando por el Espíritu una nueva raza que participa de su vida y perfección eternas. «Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante [queda vida]» (1 Co. 15:45).

Habiendo participado de la vida resucitada de Cristo, y estando en Cristo, se dice que el creyente ya ha sido resucitado (Ro. 6:4; Col. 2:12, 13; 3:1-4). Sin embargo, en cuanto al cuerpo, el creyente aún está por recibir un cuerpo glorioso como el cuerpo resucitado de Cristo (Fil. 3:20-21). Confirmando esto, también leemos que cuando Cristo apareció en los cielos inmediatamente después de su resurrección, él era como las primicias, implicando que toda la compañía de los que le sigan será semejante a El (1 Jn. 3:2), aun en lo que se refiere a sus cuerpos glorificados.

La nueva creación, que comenzó con la resurrección de Cristo y consiste de una compañia de naciones de nuevo, celestiales que están en Cristo, se presenta en todas partes de la Palabra de Dios en contraste con la antigua creación, y se dice que de esa antigua y arruinada creación fue salvado y libertado él creyente.

En cuanto a! sábado, o día del reposo, fue instituido para celebrar la antigua creación (Ex. 20:10-11; 31:12-17; He. 4:4), así que el día del Señor conmemora la nueva creación. Del mismo modo, en su aplicación el reposo estaba limitado a Israel, el pueblo terrenal de Dios; así, el día del Señor está limitado en su aplicación a la iglesia como pueblo celestial de Dios.

F. EL DIA DEL SEÑOR

Además del hecho de que el día del reposo en ninguna parte se impone a los hijos de Dios bajo la gracia, hay abundantes razones para que observen el primer día de la Semana.

1. Estaba profetizado que se instituiría un nuevo día bajo la gracia. Según Salmo 118:22-24 y Hechos 4:10-11, Cristo llegó a ser la Piedra desechada por Israel, los «edificadores», cuando fue crucificado; pero por su resurrección fue hecho cabeza del ángulo. Esta cosa maravillosa es de Dios, y el día de su cumplimiento fue designado divinamente coma día de regocijo y alegría. En conformidad con esto, el saludo de Cristo el día de la resurrección fue «Salve» (Mt. 28:9, que más literalmente sería «regocijaos»), y siendo el «día que instituyó Jehová»(Sal. 118:24, Versión Moderna), se denomina con toda justicia «El día del Señor», que es el significado de la palabra domingo>.

2. Varios sucesos señalan La observancia del primer día.

a) En ese día resucitó Jesús de entre los muertos (Mt. 28:1).

b) En ese día se reunió con los discípulos en la nueva comunión (Jn. 20:19). c) En ese día les dio instrucciones (Lc. 24:13-45). d) En ese día ascendió a los cielos como las «primicias» a gavilla mecida (Lv. 23:10-12; Jn. 20:17; 1 Co. 15:20, 23). e) En ese día sopló sobre ellos (Jn. 20:22). f) En ese día el Espíritu Santo descendió del cielo (Hch. 2:1-4). g) En ese día el apóstol Pablo predicó en Troas (Hch. 20:6-7). h) En ese día los creyentes se reunieron para el partimiento del pan (Hch. 20:6, 7). i) En ese día debían apartar la ofrenda según Dios les hubiera prosperado (1 Co. 16:2). i) En ese día Cristo el apareció a Juan en Patmos (Ap. 1:10).

3. El octavo día fue el día de la circuncisión. El rito de la circuncisión, celebrado en el octavo día, tipificaba la separación del creyente de la carne y del viejo orden por la muerte de Cristo (Col. 2:11), y el octavo día, siendo el primer día después de completada una semana, es simbólico de. un nuevo comienzo.

4. El nuevo día es de gracia. Al final de una semana de trabajo se concedía un día de reposo al pueblo que estaba vinculado con Dios por las obras de la ley; mientras que para el pueblo que está baja la gracia, cuyas obras están consumadas en Cristo, se señala un día de adoración que, por ser el primer día, precede a todos los días de trabajo. El creyente vive y sirve durante los seis días siguientes sobre la base de la bendición del primer día. El día de reposo pertenece a un pueblo que está relacionado con Dios par las obras que tenían que ser cumplidas antes del reposo; el día de adoración y servicio incesante corresponde a un pueblo que está relacionado con Dios par la obra consumada de Cristo. El séptimo día se caracterizaba por una ley intransigente; el primer día se caracteriza par la latitud y la libertad que corresponden a la gracia. El séptimo día se observaba con la esperanza de que por él uno pudiera ser aceptable ante los ojos de Dios; el primer día se observa con la seguridad de que uno ya ha sido aceptado par Dios. La observancia del séptimo día era obra de la carne; la observancia del primer día es obra del Espíritu que mora en el creyente.

5. El nuevo día ha sido bendecido por Dios. A través de esta dispensación los creyentes más llenos del Espíritu y más devotos, y a quienes la voluntad de Dios ha sido claramente revelada, han guardado el día del Señor sin ningún sentimiento de responsabilidad hacia la observancia del séptimo día. Es razonable suponer que si hubiesen sido culpables de quebrantar el día del repaso, hubiesen recibido convicción de pecado a! respecto.

6. El nuevo día ha sido entregado al creyente individual. No ha sido entregado a los inconversos. Es ciertamente motivo de confusión para el inconverso darle lugar para que suponga que será más aceptable a Dios si guarda un día; porque sin la salvación que hay en Cristo todos los hombres están completa e igualmente perdidos. Para beneficio de todos se ha establecido un día de reposa por razones sociales y de salud; pero los no regenerados debieran comprender que la observancia de ese día no les añade ningún mérito ante los ojos de Dios.

No ha sido entregada a la iglesia como un cuerpo. La responsabilidad de la observancia del primer día necesariamente ha sido entregada al creyente coma individuo solamente, y no a la iglesia como un todo; el modo de su celebración por el individuo se sugiere en dos dichos de Jesús en la mañana de la resurrección: «Regocijaos» («Salve» en Reina Valera) e «Id y decid». Esto pide una actividad incesante en toda forma de adoración y servicio; tal actividad contrasta con el reposo del séptimo día.

7. No se da ningún mandamiento en el sentido de observar el primer día. Puesto que es toda de gracia, no se impone un requerimiento escrito para la observancia del día del Señor, ni se prescribe la forma de su observancia. Por esta sabia provisión, a nadie se estimula a que guarde el día como un puro deber. Debe ser observado de corazón. Israel estaba delante de Dios como un niño inmaduro que está bajo tutores y curadores y tiene necesidad de los mandamientos que se dan a un niño (Ga. 4:1-11); la iglesia está delante de Dios como hijo adulto. La vida del creyente bajo la gracia es claramente definida, pero es presentada solamente como ruego de Dios con la esperanza de que todo será hecho voluntariamente (Ro. 12:1, 2; Ef. 4:1-3). Hay pocas dudas en cuanto a la forma en que un creyente bien instruido, lleno del Espíritu (y la Escritura da por concedido que el cristiano normal es así), actuará en el día que conmemora la resurrección de Cristo y la nueva creación. Si el hijo de Dios no está rendido a Dios, ninguna observancia obligatoria corregirá su carnal corazón, ni serla esa observancia agradable a Dios. El problema entre Dios y el cristiano carnal no es de acciones externas, sino de una vida rendida.

8. El modo de observancia del día del Señor puede ser extendida a los demás días. Cristo no era devoto a su Padre en un día más que en otros. El reposo del séptimo día no podía ser extendido a todos los días por igual. Pero, aunque el creyente tenga más tiempo y libertad el primer día de la semana, su adoración, gozo y servicio que caracterizan la observancia del día del Señor podría ser su experiencia cotidiana (Ro. 14:5).

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