Madrid celebra la Reforma: unidos para ser ‘reformadores’ hoy


Madrid celebra la Reforma: unidos para ser ‘reformadores’ hoy

El próximo día 31 de octubre las iglesias evangélicas de Madrid conmemorarán el día de la Reforma Protestante, con un amplio programa histórico y cultural.

FUENTES NotiCEM AUTOR Belén Díaz MADRID 28 DE OCTUBRE DE 2014
reforma protestante

Bajo el lema “tú eres llamado a ser un reformador hoy”, y organizado por la Consejería de Cultura del Consejo Evangélico de Madrid (CEM), con el patrocinio de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid; un año más, la iglesia evangélica madrileña celebra el Día de la Reforma Protestante.

El acto tendrá lugar el próximo viernes 31 de octubre,a las 19:30 horas, en la Iglesia Centro Cristiano Vida Nueva, en la calle Monederos nº 22, situada en el barrio de Usera.

Para Raquel Cañizal, consejera de Cultura del CEM, más allá del contenido del acto, lo importante es el significado que tiene porque “lo único que esta sociedad necesita es un encuentro con Dios, y a Cristo en sus vidas, y nosotros no podemos guardarlo en las cuatro paredes de nuestras iglesias, sino que tenemos que llevarlo a la gente fuera, por eso somos llamados a ser reformadores hoy”.

El próximo día 31, será un buen momento para recordar nuestra historia y celebrar lo que Dios sigue haciendo por su iglesia hoy en día, un tiempo para estar unidos, porque, en palabras de Raquel Cañizal: “debemos estar agradecidos a Dios, y a todas las personas que pagaron un alto precio para que hoy podamos tener la libertad que tenemos como pueblo evangélico, y por otro lado, porque es un acto que hace referencia de lo que somos, y es interesante que estemos unidos y tengamos esa presencia en la sociedad ”.

PROGRAMA

El acto contará con dos partes claramente diferenciadas: una primera parte que consistirá en un recorrido histórico por las distintas etapas dela Reforma, primero a nivel general, con un minidocumental sobre Lutero, para centrarse después en la historia de la Reforma en España, desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Y una segunda parte, donde cobrarán protagonismo distintas manifestaciones artísticas (fotografía,danza,monólogos), para presentar temas sociales y de actualidad de la iglesia en nuestras días, y resaltar la influencia que los valores cristianos deben tener en una sociedad como la nuestra, tan necesitada de las Buenas Nuevas del Evangelio.

Tal y como explica Raquel Cañizal en la entrevista que ha concedido a Protestante Digital, con esta variedad de temas y formas de desarrollarlos, los organizadores han buscado “que esto no sea un acto meramente representativo, sino que sea un acto que hagamos de forma unida como cuerpo, con contenidos acordes a todas las generaciones, para que nos animemos a ser más partícipes”.

Además, durante la celebración, tendrá lugar la entrega de las Medallas de Honor del CEM, que este año han sido para Rosa Mariscal y el Coro Unido Evangélico de Madrid, que interpretará dos canciones, como viene siendo habitual en las celebraciones de los últimos años.

Precisamente la música será una parte muy importante del acto, que empezará con un tiempo de alabanza,dirigido por un grupo formado por varias voces de distintas iglesias de Madrid, y además, cada una de las distintas ponencias de temática histórica se cerrará con una canción.

Puede ver o descargar aquí en pdf el programa completo de la celebración del Día de la Reforma en Madrid,

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http://protestantedigital.com/ciudades/34309/Madrid_celebra_la_Reforma_unidos_para_ser_‘reformadores’_hoy

Clavando las tesis en la puerta


Clavando las tesis en la puerta

¿Qué es lo que diría Martín Lutero, al ver las corrientes que recorren a quienes aseguran creer la Palabra de Dios pero niegan los fundamentos más básicos de la misma?

27 DE OCTUBRE DE 2014
puerta

Conmemoramos este 31 de octubre el día en que en 1517 Martín Lutero clavó en las puertas de Wittenberg sus 95 tesis denunciando la inmoralidad (¿o era amoralidad?) que le rodeaba, los intereses económicos y políticos que primaban sobre la fe genuina basada en los Evangelios.

Pero ¿hoy qué es lo que diría un Martín Lutero, al ver las corrientes que recorren a quienes aseguran creer la Palabra de Dios pero niegan los fundamentos más básicos de la misma?

Porque sin duda lo que impera en general es la teología liberal y relativista “disfrazada” de piedad.

Parafraseando a un genuino protestante, como Niëmoller (*) consideramos que en esta línea de confrontar la realidad contraria al Evangelio se escribiría algo como lo que sigue:

Primero dijeron que la Biblia “contenía” la Palabra de Dios

pero no dije nada porque yo no era fundamentalista.

Luego cuestionaron los milagros de Jesús,

y no dije nada, porque así era más educado.

Luego cambiaron la ética sexual y la defensa de la vida,

y no dije nada porque me dejaban vivir tranquilo.

Luego hablaron del “mito” de la persona y resurrección de Jesús,

y no dije nada porque yo no era intolerante.

Finalmente impusieron sus ideas al pueblo de Dios,

pero entonces, ya no quedaba nadie que creyese nada.

(*) EL POEMA DE NIËMOLLER

(Pastor protestante en la Alamenia nazi)

Primero vinieron a buscar a los comunistas,

pero no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron a por los judíos,

y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron a por los sindicalistas,

y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron a por los católicos,

y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron a por mí,

pero para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

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http://protestantedigital.com/editorial/34302/Clavando_las_tesis_en_la_puerta

¿Es cierto que Martín Lutero murió siendo católico?


¿Es cierto que Martín Lutero murió siendo católico?

José Miguel Arráiz, el 2.11.14

Martín LuteroEs una pregunta que he escuchado en algunas ocasiones: ¿Se arrepintió Lutero al final de su vida de haberse apartado de la Iglesia Católica? ¿Expresó algún deseo de volver a su seno? La verdad no he encontrado ninguna bibliografía seria (ni católica ni protestante) que narre tal cosa, por el contrario, todo indica que lamentablemente murió -según sus propias palabras- lleno de odio hacia el Papa y a la Iglesia Católica. Dios haya tenido piedad de su alma.

Reproduzco para los lectores un extracto de la obra Ricardo García Villoslada, Martín Lutero, Tomo II, En Lucha contra Roma, donde se narra lo ocurrido durante los últimos días de su vida.

La víspera de la muerte de Martín Lutero

Poseemos varios relatos de las últimas horas de Martín Lutero, redactados inmediatamente después de su muerte por testigos presenciales, de suerte que nos es muy fácil reconstruir la escena final. Tal vez exageraron tendenciosamente el espíritu de piedad y la continua oración, como si pintaran la muerte de uno de aquellos santos a quienes tan poca devoción tenía el Reformador; pero sustancialmente parecen objetivos y exactos.

«Desde el día 29 de enero hasta el 17 de febrero inclusive—leemos en el relato de J. Jonas y M. Coelius—estuvo en Eisleben conferenciando (con los condes), y entre tanto predicó cuatro veces; una vez recibió públicamente la absolución de un sacerdote estando en el altar y dos veces comulgó. En la segunda de estas comuniones, o sea, el domingo 14, fiesta de San Valentín, ordenó y consagró dos sacerdotes según el uso de los apóstoles… Todos esos veintiún días, al anochecer, se levantaba de la mesa de la gran sala (en la planta baja) para subir a su cámara a eso de las ocho o antes. Y todas las noches pasaba un rato junto a la ventana, haciendo oración a Dios con tanta seriedad y diligencia, que nosotros, Dr. Joñas, M. Coelius, Ambrosio, su sirviente, y Juan Aurifaber Weimariense, que estábamos en silencio, le oíamos algunas palabras y nos admirábamos. Luego se volvía de la ventana alegremente como aliviado de un gran peso, y conversaba con nosotros la mitad de un cuarto de hora; y seguidamente se iba a la cama» (Bericht vom christlichen Abschied… D. Martini Lutheri: WA 54,488; STRIEDER, Authentische 25-26.).

«Todo el tiempo que estuvimos en Eisleben en estos negocios de los condes y señores fue normalmente a comer y cenar, y en la mesa comió y bebió bastante bien, y alabó la comida y la bebida, que tanto le gustaba siendo de su tierra. También durmió y descansó bastante todas las noches. Su criado Ambrosio, yo el Dr. Jonas, sus dos hijos menores, Martín y Pablo, juntamente con uno o dos sirvientes, nos quedábamos con él en su aposento, y, al ir a la cama, todas las noches le calentábamos los almohadones, según su costumbre» (W. KAWERAU, Der Briefwechsel des J. Jonas II 177. Carta de Joñas a Juan Federico de Sajonia escrita el día 18 de febrero «umb vier Hor frue» (STRIEDER, 3))

Es de notar que el aposento era grande; medía, según Grisar, 8 X 2,58 metros. Según Paulus, 7,42 metros de longitud; de anchura, 2,45 metros en un extremo y 3,75 en el otro. En esta parte más ancha se abría otro aposentillo o alcoba, reservada a Lutero. El miércoles 17 de febrero ya no intervino en la pacificación de los condes, porque tanto estos señores como otros amigos, viéndolo muy fatigado, le rogaron que no viniese más a las reuniones, que se tenían en la planta baja, sino que se quedase en su habitación descansando. En efecto, ese día permaneció en su habitación, tendido en un sofá o camilla de cuero, quitados los calzones, o paseando y orando. Pero al mediodía y a la cena bajó a la sala grande y se sentó en su silla de siempre. «En la noche del mismo miércoles, antes de la cena, empezó a quejarse de una opresión en el pecho, no en el corazón, y pidió que le diéramos friegas con paños calientes, después de lo cual dijo: ‘La opresión disminuye un poco‘. Para la cena bajó a la gran sala inferior, porque decía: ‘El estar solo no causa alegría‘. En la cena comió bastante y estuvo de buen humor, contando chistes» (KAWERAU, Der Briefwechsel 177; STRIEDER, 4.).

Se habló también de cosas serias, de la vida y de la muerte, y dijo Lutero que en la vida futura, eterna y bienaventurada, nos reconoceremos los que aquí fuimos amigos. A la pregunta cómo sería eso, respondió: «Como Adán, que, sin haber visto antes a Eva, la reconoció en seguida cuando el Señor se la presentó, pues no le interrogó: ‘ ¿Quién eres?’, sino que dijo: Tú eres carne de mi carne» (Bericht vom christlichen Abschied: WA 54,489; STRIEDER, 26.). Terminada la cena, se levantó y subió a su aposentillo (inn sein Stüblin).

«En tus manos encomiendo mi espíritu»

Sigamos oyendo el relato más largo de los testigos presenciales. «Subieron tras él sus dos hijos, Martín y Pablo, y M. Coelius. Según su costumbre, se asomó a la ventana de su aposentillo, orando. Se fue Coelius y vino Juan Aurifaber Weimariense. Entonces dijo el Doctor: ‘Me viene un dolor y angustia, como antes, en torno al pecho‘. Observó Aurifaber: ‘Cuando yo era preceptor de los condesitos, vi que, si les dolía el pecho o sentían cualquier otro mal, la condesa les daba unicornio; si queréis, lo mandaré traer’. ‘Sí’ dijo el Doctor…

»Cuando nosotros subimos, se quejaba de fuerte dolor al pecho. Inmediatamente empezamos a darle friegas con paños calientes, según acostumbraba a hacerlo en casa. Sintiendo alivio, dijo: ‘Estoy mejor’. Vino corriendo el conde Alberto con el maestro Juan (Aurifaber), trayendo unicornio. Habló el conde: ‘¿Cómo está, querido señor Doctor?’ Respondió el Doctor: ‘No es necesario, ilustre señor; ya comienzo a estar mejor’. El mismo conde raspó el unicornio, y, cuando el Doctor sintió mejoría, se marchó, dejando a uno de sus consejeros, Conrado de Wolfframsdorff, con nosotros, Dr. Jonas, M. Celio, Juan y Ambrosio. Por deseo del Doctor, se le administró dos veces polvo de unicornio en una cuchara con vino. A eso de las nueve se puso en su camilla o sofá (Rugebetlin), diciendo: ‘Si pudiera dormir media horita, creo que todo iría mejor’. Durmió hora y media suave y naturalmente hasta las diez… Cuando a las diez en punto se despertó, dijo: ‘ ¡Cómo! ¿Estáis aquí todavía? ¿Por qué no os vais a la cama?’ Respondímosle: ‘No, señor Doctor; ahora tenemos que velar y cuidaros’. Entonces quiso levantarse y anduvo un poco por la estancia… Al echarse de nuevo en la camilla, que estaba bien preparada con tablas calientes y almohadones, nos dio a todos la mano y las buenas noches, diciendo: ‘Doctor Jonas y maestro Coelius y demás, orad por nuestro Señor y por su Evangelio para que le vaya bien, pues el concilio de Trento y el miserable papa se embravecen duramente contra él. Pasaron la noche a su lado en su aposento el Dr. Jonas, los dos hijos, Martín y Pablo; el criado Ambrosio y otros sirvientes…

» Durmió bien con un resoplido natural, hasta que el reloj dio la una. Despertóse entonces y llamó a su criado Ambrosio, ordenándole que calentase el aposento… Preguntóle el Dr. Jonas si de nuevo sentía debilidad. Respondió: ‘¡Ay, Señor Dios, qué mal me siento! ¡Ah, querido Dr. Jonas! Pienso que yo, nacido y bautizado en Eisleben, aquí quedaré’… Entonces él, sin apoyo ni ayuda de nadie, dio unos pasos por el aposento hasta la camarilla, exclamando en el umbral: In manus tuas commendo spiritum meum. Redemisti me, Domine, Deus veritatis» (Ibid., 489-90; 26-28.)

Como la opresión del pecho no cesaba, se acostó en el sofá. Temiendo por su vida, se mandó aviso—no obstante lo avanzado de la hora—a algunos amigos. A toda prisa vinieron el secretario de la ciudad, Juan Albrecht, con su mujer y con dos médicos; poco después, el conde Alberto con su esposa, y el conde y la condesa de Schwarzburg. Esta última tuvo la precaución de traer ungüentos y otras medicinas, con las que pensaba poder aliviarlo y fortalecerlo. Jonas y Coelius, acercándose a la cabecera, le sugirieron: «Reverendo padre, invocad a vuestro amado Señor Jesucristo, nuestro sumo sacerdote y único mediador». Y como notaran que tenía la camisa empapada de sudor: «Mucho habéis sudado, lo cual es bueno; Dios os otorgará la gracia de recobrar la salud». El replicó: «Mi sudor es el sudor frío de la muerte». Y rezó esta plegaria, según la transmiten Jonas y Coelius, siempre de acuerdo en todo:

«¡Oh Padre mío celestial, Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Dios de toda consolación! Yo te agradezco el haberme revelado a tu amado Hijo Jesucristo, en quien creo, a quien he predicado y confesado, a quien he amado y alabado, a quien deshonran, persiguen y blasfeman el miserable papa y todos los impíos. Te ruego, señor mío Jesucristo, que mi alma te sea encomendada. ¡Oh Padre celestial! Tengo que dejar ya este cuerpo y partir de esta vida, pero sé cierto que contigo permaneceré eternamente y nadie me arrebatará de tus manos» (Ibid., 491; 28-29.)

Siguió recitando algunos versículos del Evangelio y de los Salmos. Luego repitió tres veces: Pater, in manus tuas commendo spiritum meum. Redemisti me, Deus veritatis. Y quedó tranquilo, inmóvil, silencioso. El descanso eterno ¿Conservaba aún el conocimiento? «Lo menearon un poco, lo frotaron, lo airearon, lo llamaron, pero él cerró los ojos sin responder. La esposa del conde Alberto y los médicos le frotaron el pulso con toda clase de aguas confortativas… Estando así tan quieto, le gritaron al oído el Dr. Joñas y el maestro Coelius: ‘Reverendo padre, ¿queréis morir constante en la doctrina y en el Cristo que habéis predicado?’ Con voz claramente perceptible respondió: ‘Sí’. Volvióse entonces hacia el lado derecho y empezó a dormir, casi un cuarto de hora, tanto que los presentes, excepto los médicos, esperaban una mejoría…

»Entre tanto llegó el conde Juan Enrique de Schwartzenburg con su mujer.Pronto la cara del Doctor palideció completamente, la nariz y los pies se le pusieron fríos, y con una respiración profunda, pero suave, entregó su alma, con tanta paciencia y serenidad, que no movió un dedo ni meneó la pierna. Y nadie pudo notar—lo testificamos ante Dios y sobre nuestra conciencia— la menor inquietud, tortura del cuerpo o temor de la muerte, sino que se durmió pacífica y suavemente en el Señor, como cantó Simeón» (Ibid., 492; 29).

Era el 18 de febrero de 1546, jueves, a las tres menos cuarto de una mañana frígidísima66. Martín Lutero había muerto. Aquella mano que había esgrimido incansablemente la pluma como una espada invencible, caía ahora lánguidamente sobre su cuerpo yerto. Aquellos labios de elocuencia torrencial quedaban cerrados para siempre. Aquellos ojos centelleantes se habían apagado, cubiertos por los grandes párpados. Aquel corazón que tan encendidas hogueras de odio había alimentado, ya no volvería a latir. La cara—según el dibujo que poco después le sacó Fortenagel—quedó muy abotagada, con su carnosa sotabarba, mas no repulsiva .

Afirma Ratzeberger que, terminada la cena del día 17, tomó Lutero en su mano un poco de tiza y escribió en la pared aquel conocido verso: «En vida fui tu peste; muerto seré tu muerte, ¡oh papa!» (Pestis eram vivus, mo riens ero mors tua, papa). Pero Ratzeberger no estaba presente, y ninguno de los testigos, que narran minuciosamente todo lo sucedido en aquellas últimas horas, refieren semejante hecho, aunque tanto Jonas como Coelius muestran conocer ese antiguo verso luterano. Por lo cual debemos pensar que Ratzeberger se equivocó de tiempo; Lutero no escribió ese verso en Eisleben poco antes de morir, sino en Altemburg en su viaje de regreso de Coburg, a principios de octubre de 1530. Verso que en su grave enfermedad de Esmalcalda (1537) dejó a sus amigos para que lo pusieran en su sepulcro como su mejor inscripción funeraria (M. RATZEBERGER, Die handschriftliche Geschichte 138).

«Yo muero en odio del malvado (es decir, del papa), que se alzó por encima de Dios»(«Ego morior in odio des Boswichts, qui extulit se supra Deum» (Tischr. 3543b III 393).).

Estas palabras las pronunció también en Esmalcalda, pero de igual modo las podía haber pronunciado en Eisleben a la hora de la muerte, porque no cabe duda que en su pecho alentó siempre toda la fuerza de su odio inveterado contra el «anticristo» de Roma.

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http://infocatolica.com/blog/apologeticamundo.php/1411020819-ies-cierto-que-martin-lutero

Reforma Protestante cumple 497 años


Reforma Protestante cumple 497 años

Como cada 31 de octubre, millones de cristianos en todo el mundo recuerdan el movimiento que surgió en Europa en el siglo XVI que cambiaría para siempre el mundo: la Reforma Protestante.

Tras acercarnos a la figura de Martín Lutero y los sucesos históricos que le tocó vivir, y repasar asimismo la influencia del pensamiento protestante en la formación de la sociedad europea, examinamos la teología de la Reforma, los principios que sostuvo entonces, y si éstos siguen siendo válidos para la Iglesia del siglo XXI.

El medio Protestante Digital, conversó con Bernard Coster, teólogo, profesor bíblico en varios seminarios protestantes en España y coescritor del libro “La reforma ayer y hoy”, sobre este día de gran importancia para la Iglesia Evangélica.

¿Cuál era la situación de la iglesia cristiana ante la que Lutero “protestó”? ¿Qué creía aquella iglesia y por qué reaccionó así aquel fraile alemán?

“Debemos comprender la reforma protestante como un momento en el que se forma una nueva tradición cristiana. En este siglo vemos un agotamiento de las tradiciones medievales: la institución del papado, la jerarquía, la teología escolástica, y los movimientos monásticos principales. Ya en el XV el pueblo cristiano busca una espiritualidad propia, independiente de la Iglesia. No obstante, esta espiritualidad propia estaba desorientada”, contestó.

“Esta espiritualidad recibe un impulso enorme de la Reforma por dos cosas: una teología nueva y una orientación nueva hacia la Biblia. Al mismo tiempo aparece un nuevo modelo de la iglesia. No tan jerárquico y autocrático, sino más aristocrático, aproximándose hacia una forma democrática”, agregó.

El día 31 de octubre se relaciona con las 95 tesis de Lutero, un tratado contra la venta de indulgencias. Pero, ¿qué había detrás de esta protesta?

“Lutero es mucho más que la lucha contra las indulgencias. Más que una nueva soteriología (doctrina de la salvación), aunque el movimiento de la Reforma, comienza con una acción teológica para despertar el debate sobre el abuso de poder de las almas por la Iglesia Católica, muy corrupta en Alemania”, aseveró.

“En aquella época, por ejemplo en España, la Iglesia está mucho más controlada por los reinos, las autoridades, que en Alemania, donde la Iglesia papal tiene mucho más espacio para abusar de un pueblo ingenuo por medio de este sistema de indulgencias. Lutero reacciona contra este engaño”, añadió.

La Reforma, ¿fue un movimiento personalista (es decir, basado en la doctrina y enseñanza de algunos líderes concretos) o tuvo un impulso de base, de la gente del pueblo?

“Suelo definir la Reforma Protestante como un momento profético en el que la Biblia recibió autoridad sobre la Iglesia. Empezó a hablar la Biblia, y el hombre conectado con este nuevo hablar de la Biblia en Europa – tal vez por primera vez en la historia, porque Europa había sido cristianizada, porque había llegado a todos sus rincones pero no con la proclamación de la Biblia –”, dijo.

“Dicho esto, no se puede separar a Lutero de la Reforma. La Reforma no es su obra, pero es estimulador de este movimiento. Al mismo tiempo, Lutero habló a un pueblo con hambre y sed de este mensaje. Tenían hambre espiritual y recibieron la enseñanza de un teólogo con una comprensión nueva de la Palabra de Dios. Y esta coincidencia es lo que da lugar a la Reforma”, continuó diciendo.

“Lutero sin el pueblo es una voz que clama en el desierto, como antes fue Wycliffe en Inglaterra y otros en otras regiones. Estos tenían un auditorio, pero no de toda Europa. Lutero en cambio sí tiene influencia en toda Europa”.

“Hay otros nombres importantes, entre ellos los teólogos de Francia y otros países”.

“Ulrico Zwinglio (líder de la Reforma Protestante en Suiza) tiene su forma de criticar a la Iglesia pero se adapta, se sujeta a la teología de Lutero. Lo mismo hace Juan Calvino (teólogo francés, considerado uno de los padres de la Reforma Protestante). Son hombres con gran capacidad, tienen un papel enorme en la Reforma, pero lo principal para entender que era un movimiento común es esa sujeción de todos los teólogos a la soteriología de Martín Lutero, teniendo otras diferencias”.

¿Qué importancia cree usted que tuvo el acceso generalizado a la Biblia en la Reforma?

“La Biblia se leía en la Edad Media. Pero la impresión de Biblias era escasa, el conocimiento teológico estaba ausente en algunas áreas de Europa. Además la Iglesia Católica Romana, con su magisterio exclusivo de interpretar la Biblia, lo dificultaba más”, indicó.

“Lutero da una importancia a la Biblia que es nueva. Esto da forma a la Reforma Protestante. La Biblia no es una autoridad o una de las autoridades, sino que se convierte en la principal autoridad, la única autoridad en la Iglesia. ¿Cómo podemos conocer la verdad de Dios y la verdad del hombre? La Reforma dice: sólo por la Biblia”, agregó.

Las cinco “solas”

Se considera que la Reforma propuso “5 solas” ¿Usted puede hacer un resumen para saber en que consiste cada una de ellas?

“Originalmente eran tres. Es un resumen de las columnas de la Reforma. Estos puntos forman el eje de la teología como de la espiritualidad protestante. Había una espiritualidad en transformación y un método de teología nuevo, que se concentraba en la Biblia”.

“El primer punto que define la identidad protestante es: solo la Biblia, como fuente de conocimiento de Dios, como autoridad en la Iglesia, que explica quién es Dios y quien es el hombre”.

“La segunda es: solo la gracia. La salvación del hombre, la reconciliación con Dios, el perdón de nuestro pecado, el donativo de la vida nueva, solo depende de la gracia de Dios. No se busca mérito en el hombre para merecer la misericordia. Solo contamos con la gracia de Dios para la salvación por medio del Evangelio de Jesucristo”, continuó.

“La tercera es: solo fe. Es la forma en la que recibimos la gracia. No es un recibir intelectual o emocional, es poniendo la confianza en la palabra de Dios y en Dios mismo, en el Dios Trino. Este es el canal, el vehículo de la gracia de Dios. La Reforma no busca intelectualismo ni activismo, sino una posición de confianza”, detalló.

Coster dice que posteriormente se han agregado dos aspectos. El primero es “solo Cristo. La salvación depende del sacrificio de Cristo. El segundo, Soli Deo Gloria. Es una afirmación más de la gracia de Dios”.

“Estos son los cinco puntos. Afirmar estos puntos te colocan dentro del protestantismo; negar alguno de estos puntos o despreciarlos te colocan fuera del protestantismo”, afirmó.

¿Usted piensa que los principios teológicos de la Reforma tienen continuidad, siguen hoy vigentes?

“Estoy convencido de que sí. Estos cinco puntos determinan nuestra identidad como protestantes. Es una identidad abierta, porque se han unido nuevos movimientos, con la gran renovación evangélica en el siglo XVIII y la renovación pentecostal en el siglo XX. Pero en la medida que las renovaciones se sujetan a estos puntos centrales, son protestantes. Entonces sí son vigentes”, aseveró.

“Cada generación debe buscar y descubrir lo que significan estos puntos para la Iglesia de hoy. No son un esquema escolástico, como ha acontecido en algunas ocasiones con la historia del protestantismo. Sujetarse a esta doctrina una vez formulada no es el espíritu de la Reforma. Sino, comprender para la actualidad, las bases y las esencias de lo que es una iglesia cristiana”, continuó.

“La Iglesia Protestante no quiere ser una nueva “Iglesia”, sino buscar el centro del cristianismo, y piensa haber encontrado el centro en estos cinco puntos. Si buscas el centro en otros puntos, llegarás a otra teología, casi a otra religión”, agregó.

Apreciando la historia

La iglesia reformada, ¿cada vez se sigue reformando?

“Tenemos que buscar y sentir la responsabilidad para toda la Iglesia. Podemos mantener la idea de que hemos dejado atrás la Iglesia Católica, que no nos hemos separado, sino que nos han echado en el siglo XVI. Esta renovación produjo una ruptura. Pero buscar una pureza mayor en cada generación es un trabajo difícil, y cansa. ¿Por qué no buscar para nosotros mismos la Reforma en la comprensión para nuestro tiempo de la esencia de la misma? Debemos distinguir la prioridad, aprender de otras generaciones, pero sin esta idea que en algún momento podríamos llegar a una Iglesia completamente pura. Es un intento de comprender”, precisó.

Entonces, ¿crees que los evangélicos tienden a olvidar la historia? ¿Pueden desafiarse a recuperar la pasión por las doctrinas de la gracia, de la fe?

“Cada país tiene su particularidad. El recordar la Reforma en mi país (Holanda) es un sentir de identidad. Pero en España es una afirmación de identidad aún más importante, porque las iglesias evangélicas con su pasado post-católico reciente, con bastante resentimiento, estamos muchas veces en una identidad negativa, basada en que no somos católicos”, explicó.

“Es interesante que en el XIX el protestantismo en España ha reclamado el nombre de ‘segunda Reforma’. Es una pretensión que casi no puede ser defendida, es difícil defender que el movimiento misionero da origen al movimiento protestante. No es una Reforma, pero la pretensión es interesante. Busquemos la identidad en el protestantismo del XVI que conecta con Europa”, concluyó.

El medio Protestante Digital, conversó con Bernard Coster, teólogo, profesor bíblico en varios seminarios protestantes en España y coescritor del libro “La reforma ayer y hoy”, sobre este día de gran importancia para la Iglesia Evangélica.

¿Cuál era la situación de la iglesia cristiana ante la que Lutero “protestó”? ¿Qué creía aquella iglesia y por qué reaccionó así aquel fraile alemán?

“Debemos comprender la reforma protestante como un momento en el que se forma una nueva tradición cristiana. En este siglo vemos un agotamiento de las tradiciones medievales: la institución del papado, la jerarquía, la teología escolástica, y los movimientos monásticos principales. Ya en el XV el pueblo cristiano busca una espiritualidad propia, independiente de la Iglesia. No obstante, esta espiritualidad propia estaba desorientada”, contestó.

“Esta espiritualidad recibe un impulso enorme de la Reforma por dos cosas: una teología nueva y una orientación nueva hacia la Biblia. Al mismo tiempo aparece un nuevo modelo de la iglesia. No tan jerárquico y autocrático, sino más aristocrático, aproximándose hacia una forma democrática”, agregó.

El día 31 de octubre se relaciona con las 95 tesis de Lutero, un tratado contra la venta de indulgencias. Pero, ¿qué había detrás de esta protesta?

“Lutero es mucho más que la lucha contra las indulgencias. Más que una nueva soteriología (doctrina de la salvación), aunque el movimiento de la Reforma, comienza con una acción teológica para despertar el debate sobre el abuso de poder de las almas por la Iglesia Católica, muy corrupta en Alemania”, aseveró.

“En aquella época, por ejemplo en España, la Iglesia está mucho más controlada por los reinos, las autoridades, que en Alemania, donde la Iglesia papal tiene mucho más espacio para abusar de un pueblo ingenuo por medio de este sistema de indulgencias. Lutero reacciona contra este engaño”, añadió.

La Reforma, ¿fue un movimiento personalista (es decir, basado en la doctrina y enseñanza de algunos líderes concretos) o tuvo un impulso de base, de la gente del pueblo?

“Suelo definir la Reforma Protestante como un momento profético en el que la Biblia recibió autoridad sobre la Iglesia. Empezó a hablar la Biblia, y el hombre conectado con este nuevo hablar de la Biblia en Europa – tal vez por primera vez en la historia, porque Europa había sido cristianizada, porque había llegado a todos sus rincones pero no con la proclamación de la Biblia –”, dijo.

“Dicho esto, no se puede separar a Lutero de la Reforma. La Reforma no es su obra, pero es estimulador de este movimiento. Al mismo tiempo, Lutero habló a un pueblo con hambre y sed de este mensaje. Tenían hambre espiritual y recibieron la enseñanza de un teólogo con una comprensión nueva de la Palabra de Dios. Y esta coincidencia es lo que da lugar a la Reforma”, continuó diciendo.

“Lutero sin el pueblo es una voz que clama en el desierto, como antes fue Wycliffe en Inglaterra y otros en otras regiones. Estos tenían un auditorio, pero no de toda Europa. Lutero en cambio sí tiene influencia en toda Europa”.

“Hay otros nombres importantes, entre ellos los teólogos de Francia y otros países”.

“Ulrico Zwinglio (líder de la Reforma Protestante en Suiza) tiene su forma de criticar a la Iglesia pero se adapta, se sujeta a la teología de Lutero. Lo mismo hace Juan Calvino (teólogo francés, considerado uno de los padres de la Reforma Protestante). Son hombres con gran capacidad, tienen un papel enorme en la Reforma, pero lo principal para entender que era un movimiento común es esa sujeción de todos los teólogos a la soteriología de Martín Lutero, teniendo otras diferencias”.

¿Qué importancia cree usted que tuvo el acceso generalizado a la Biblia en la Reforma?

“La Biblia se leía en la Edad Media. Pero la impresión de Biblias era escasa, el conocimiento teológico estaba ausente en algunas áreas de Europa. Además la Iglesia Católica Romana, con su magisterio exclusivo de interpretar la Biblia, lo dificultaba más”, indicó.

“Lutero da una importancia a la Biblia que es nueva. Esto da forma a la Reforma Protestante. La Biblia no es una autoridad o una de las autoridades, sino que se convierte en la principal autoridad, la única autoridad en la Iglesia. ¿Cómo podemos conocer la verdad de Dios y la verdad del hombre? La Reforma dice: sólo por la Biblia”, agregó.

Las cinco “solas”

Se considera que la Reforma propuso “5 solas” ¿Usted puede hacer un resumen para saber en que consiste cada una de ellas?

“Originalmente eran tres. Es un resumen de las columnas de la Reforma. Estos puntos forman el eje de la teología como de la espiritualidad protestante. Había una espiritualidad en transformación y un método de teología nuevo, que se concentraba en la Biblia”.

“El primer punto que define la identidad protestante es: solo la Biblia, como fuente de conocimiento de Dios, como autoridad en la Iglesia, que explica quién es Dios y quien es el hombre”.

“La segunda es: solo la gracia. La salvación del hombre, la reconciliación con Dios, el perdón de nuestro pecado, el donativo de la vida nueva, solo depende de la gracia de Dios. No se busca mérito en el hombre para merecer la misericordia. Solo contamos con la gracia de Dios para la salvación por medio del Evangelio de Jesucristo”, continuó.

“La tercera es: solo fe. Es la forma en la que recibimos la gracia. No es un recibir intelectual o emocional, es poniendo la confianza en la palabra de Dios y en Dios mismo, en el Dios Trino. Este es el canal, el vehículo de la gracia de Dios. La Reforma no busca intelectualismo ni activismo, sino una posición de confianza”, detalló.

Coster dice que posteriormente se han agregado dos aspectos. El primero es “solo Cristo. La salvación depende del sacrificio de Cristo. El segundo, Soli Deo Gloria. Es una afirmación más de la gracia de Dios”.

“Estos son los cinco puntos. Afirmar estos puntos te colocan dentro del protestantismo; negar alguno de estos puntos o despreciarlos te colocan fuera del protestantismo”, afirmó.

¿Usted piensa que los principios teológicos de la Reforma tienen continuidad, siguen hoy vigentes?

“Estoy convencido de que sí. Estos cinco puntos determinan nuestra identidad como protestantes. Es una identidad abierta, porque se han unido nuevos movimientos, con la gran renovación evangélica en el siglo XVIII y la renovación pentecostal en el siglo XX. Pero en la medida que las renovaciones se sujetan a estos puntos centrales, son protestantes. Entonces sí son vigentes”, aseveró.

“Cada generación debe buscar y descubrir lo que significan estos puntos para la Iglesia de hoy. No son un esquema escolástico, como ha acontecido en algunas ocasiones con la historia del protestantismo. Sujetarse a esta doctrina una vez formulada no es el espíritu de la Reforma. Sino, comprender para la actualidad, las bases y las esencias de lo que es una iglesia cristiana”, continuó.

“La Iglesia Protestante no quiere ser una nueva “Iglesia”, sino buscar el centro del cristianismo, y piensa haber encontrado el centro en estos cinco puntos. Si buscas el centro en otros puntos, llegarás a otra teología, casi a otra religión”, agregó.

Apreciando la historia

La iglesia reformada, ¿cada vez se sigue reformando?

“Tenemos que buscar y sentir la responsabilidad para toda la Iglesia. Podemos mantener la idea de que hemos dejado atrás la Iglesia Católica, que no nos hemos separado, sino que nos han echado en el siglo XVI. Esta renovación produjo una ruptura. Pero buscar una pureza mayor en cada generación es un trabajo difícil, y cansa. ¿Por qué no buscar para nosotros mismos la Reforma en la comprensión para nuestro tiempo de la esencia de la misma? Debemos distinguir la prioridad, aprender de otras generaciones, pero sin esta idea que en algún momento podríamos llegar a una Iglesia completamente pura. Es un intento de comprender”, precisó.

Entonces, ¿crees que los evangélicos tienden a olvidar la historia? ¿Pueden desafiarse a recuperar la pasión por las doctrinas de la gracia, de la fe?

“Cada país tiene su particularidad. El recordar la Reforma en mi país (Holanda) es un sentir de identidad. Pero en España es una afirmación de identidad aún más importante, porque las iglesias evangélicas con su pasado post-católico reciente, con bastante resentimiento, estamos muchas veces en una identidad negativa, basada en que no somos católicos”, explicó.

“Es interesante que en el XIX el protestantismo en España ha reclamado el nombre de ‘segunda Reforma’. Es una pretensión que casi no puede ser defendida, es difícil defender que el movimiento misionero da origen al movimiento protestante. No es una Reforma, pero la pretensión es interesante. Busquemos la identidad en el protestantismo del XVI que conecta con Europa”, concluyó.

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http://www.cbn.com/mundocristiano/elmundo/2014/October/Reforma-Protestante-cumple-497-anos-/

NECESITAMOS UNA NUEVA REFORMA?


NECESITAMOS UNA NUEVA REFORMA?

Durante los siglos XIV y XV Dios levanto a hombres que protestaron contra los abusos doctrinales y políticos de la iglesia (católica).
Cuando hablamos de la reforma nos referimos a la acción que iniciaron algunos hombres para corregir la conducta de los lideres de la iglesia y sobre todo restituir la enseñanza Bíblica  que la gente aprendiera lo que decía la Biblia y no la tradición.
A finales del siglo II la iglesia comenzó a contaminarse para acabar siendo corrompida dándole mas lugar al poder y jerarquías que a lo que dice la palabra de Dios.

La palabra de Dios dice en:

Romanos 10:17
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

La palabra de Dios es la ÚNICA fuente de fe, solo por la Biblia Dios puede hablar y muchos dieron su vida para que la gente tuviera en sus manos, las escrituras. Hoy iniciamos una serie de mensajes sobre las Cinco Solas y en este mensaje recordaremos lo que hicieron algunos hermanos que precedieron a la reforma.

JUAN WYCKLIFE
Llamado también “La Estrella Matutina De La Reforma” nació en 1320, fue mandado a estudiar teología por sus padres a la edad de 15 años para que sirviera a la iglesia. Pero desconoció la autoridad del Papa  llamándolo y tratándolo como un anticristo.
Wycklife enseñaba que la iglesia era un grupo de creyentes, que era un cuerpo y Cristo la cabeza y no el Papa, rechazaba la jerarquía de sacerdotes y sus sacramentos.
Rechazo la infalibilidad del Papa y de los concilios reduciéndoos a ser puros hombres, decía que el clero (grupo de sacerdotes) no tenia que gobernar sino mas bien servir al pueblo, reconoció a la Biblia  como la máxima y única autoridad.
Rechazó la doctrina de la transubstanciación tachándola de ser la herejía mas grande, también rechazó la doctrina del purgatorio.
El deseo de Wycklife era que todos los hombres tuvieran la Biblia en su propio lenguaje y se dedicó a traducir el N.T al inglés.
Murió a la edad de 64 años lleno de excomuniones de parte de la iglesia pero amado por muchos que encontraron en su predicación el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
JUAN HUSS
Nació en 1373 en una aldea de Bohemia en la República Checa y en 1398 comenzó a estudiar Teología y en 1401 fue ordenado sacerdote.
Siempre mostró una vida recta, piadosa y temerosa de Dios, ataco los abusos que existían en la iglesia de su época.
En este tiempo existían tres Papas gobernando al mismo tiempo la iglesia y los tres abusaban de su autoridad tanto en la fe como en la política.
Había escándalos sexuales en el papado, ademas de robo y otros pecados escandalosos.

Al igual que Wycklife estaba de acuerdo con el en tres puntos.

  1. Recurrir a las Sagradas Escrituras, la Biblia como única fuente infalible.
  2. La necesidad de restablecer la disciplina y las buenas costumbres del clero.
  3. Que no había ningún poder espiritual en los sacerdotes

Por su predicación y enseñanza fue llamado ante el concilio de Constanza en 1414
Aun cuando se le prometieron dos salvo conductos tanto del rey como del emperador y que no estaría arrestado fue traicionado.
Durante nueve meses estuvo en situaciones terribles, sin servicios sanitarios, sin comer sanamente, era constantemente torturado para que se arrepintiera y negara sus escritos, enseñanzas y pero nunca lo hizo.
Finalmente el 6 de Julio de 1415 se le sentencio a morir quemado en la hoguera.
Le pusieron en la cabeza una corona de papel piramidal en al que estaban dibujados horribles diablos y una leyenda que decía … “El Heresiarca” es decir Jefe de una secta herética o el hereje.
Después de ponerle su corona le dijeron… “Encomendamos tu alma al diablo” pero Juan Huss encomendó su alma a Dios y dijo en voz alta:

“Yo llevo con alegría esta corona de oprobio por amor del que por mi llevo la de espinas” Cuando fue llevado a la hoguera Huss grito: “Jesús hijo del Dios vivo ten piedad de mi” y en medio de sus crueles tormentos se puso a cantar un himno alabando a Dios.

Así murió Juan Huss dando su vida por su fe y fue convertido en cenizas por su amor a Cristo y a su bendita palabra.
Con su muerte confirmo lo que en vida creyó.
JERÓNIMO SAVORANOLA
Nació en Italia en 1452 se hizo monje en la orden de los dominicos, fue un hombre que se consagro al estudio de la Biblia, mas adelante se hizo maestro en el convento.
Critico, cuestiono y nuca acepto el Papado de Sixto IV e Inocencio VIII los cuales hacían guerra a los estados de Italia para conquistar reinos para sus hijos, nunca estuvo de acuerdo con ellos pues hicieron de la corte papal un lugar de citas de prostitutas y libertinos.
Ayudó a su gobierno no solo en lo religioso sino en lo civil también trayendo grandes cambios y beneficios por medio de la Biblia.
Su gobierno lo protegió del Papa hasta que se le lanzo un EDICTO entra ellos, que si lo seguían apoyando se les quitarían sus bienes y se repartirían al mundo.
En octubre de 1496 el Papa excomulgo a Savoranola y el 23 de Mayo de 1498 el y dos de sus discípulos fueron ahorcados y después quemados.
Sus ultimas palabras fueron: “Mi Señor murió por mis pecados, ¿no debo yo dar esta pobre vida por El? Murió a la edad de 46 años por su fe en Cristo.
Los abusos que vivieron por parte de la iglesia estos hombres en sus generaciones los llevo a levantar su voz y levantar como único estandarte a la bendita palabra de Dios.
La Biblia fue la fuente de estos tres precursores de la reforma que limpiaron el terreno para lo que estaba por venir.
Al igual que estos hombres muchos hoy en la actualidad también hemos creído por gracia de Dios en las escrituras, creemos que la Biblia es la máxima autoridad y que es mas que suficiente y que no necesitamos otra voz mas que ella.
Años mas tarde de la época de los precursores vino un hombre que seria la voz de la reforma y en 1483 en Alemania nacería Martín Lutero.
Fue Monje dela orden de los Agustinos después fue ordenado sacerdote, se dio de lleno al estudio de la Biblia.
A través de la búsqueda de la Biblia encontró la paz de su alma cuando comprendió por gracia de Dios que la justificación es un don divino a los hombres, sin merito alguno por parte de nosotros.
Durante esta época en 1517 el Papa León X permitió la venta de indulgencias ya que necesitaba dinero para terminar la catedral de San Pedro en Roma, permitiendo que un monje llamado Juan Tetzel vendiera en Alemania unos certificados firmados por el mismo Papa para perdón de pecados.
Las indulgencias según la iglesia católica significan la remisión o perdón de toda o parte de la deuda de castigo debido a los pecados.
Las indulgencias eran también aplicables a las almas que estaban en el purgatorio y podían ser sacadas de ahi, de su tormento, con buenas obras, por la recitación de los rezos, incluso con peregrinajes a tierra santa osea Roma.
El problema de los tiempos de Lutero sin duda alguna fue LA SIMONIA.
LA SIMONIA era la venta y compra de puestos eclesiásticos  uno podía comprar el puesto de ABAD, OBISPO O ARZOBISPO. El Papa fijaba el precio y este podía ser pagado al contado o en abonos si no se podía al momento y podía ser adquirido tanto por un sacerdote como por un laico.
Juan Tetzel predicaba que las indulgencias eran el regalo mas precioso de Dios, declaraba que por sus certificados todo perdón era dado, es decir uno podía comprar el perdón de uno o de uno de sus familiares muertos al Papa.
Hoy en día esto mismo esta pasando pero dentro de la iglesia cristiana, vemos hoy en día como en las maratonicas de la tv cristiana hacen este tipo de ventas disfrazándolas de PACTOS, uno puede PACTAR con Dios para la salvación de sus familiares, o por una sanidad y lo han disfrazado de FE pero no es mas que la misma doctrina católica de las indulgencias que personas corruptas han metido a la iglesia de Cristo.
Y no solo por televisión, en cuantas  iglesias no se ah infiltrado esta falsa enseñanza que hay que comprarle favores a Dios, ya sea por la salud, salvación o por el templo, una cosa es la ofrenda voluntaria y otra cosa es vender los favores de Dios.

Tetzel decía  “Tan pronto como su dinero suena en el fondo de la caja, el alma atormentada en el purgatorio vuela”

Lutero por gracia de Dios entendió que la salvación era únicamente por la fe en Cristo y solamente por la fe.

Esta fue la causa de la protesta, de la reforma, a mis amigos cristianos que detestan la doctrina reformada se les olvida que ellos fueron las voces que Dios uso para que hoy tuviéramos la misma palabra en nuestro lenguaje y esas doctrinas olvidadas fueran traídas nuevamente a los corazones de los creyentes. Olvidan muchos hombres como Huss, Lutero, Calvino entre otros fueron usados por Dios para el beneficio de la iglesia.

No podemos olvidar la historia de la iglesia!!
Lutero escribió sus 95 tesis en protesta de todo estos abusos y el 31 de Octubre de 1517 las clavó en la puerta de Wittenberg. La reforma había comenzado.
Hoy como antes existe la necesidad de una reforma, los abusos de los lideres religiosos siguen y han aumentado.

Es necesario recordare a todos los cristianos que la Biblia es suficiente para guiar nuestras vidas, que solo por medio de ella Dios nos habla.

2Ti 3:16  Toda la Escritura es inspirada por Dios,  y útil para enseñar,  para redargüir,  para corregir,  para instruir en justicia, 2Ti 3:17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,  enteramente preparado para toda buena obra.

La iglesia lo único que necesita es la bendita palabra de Dios, ahí Dios habla y nos muestra su voluntad, lo único que necesitamos es la Biblia, solo la Biblia y nada mas que la Biblia.

La iglesia esta regresando a un oscurantismo y reviviendo viejas herejías por causa de que no se tiene a la Biblia como autoridad suprema, la diferencia es que ahora la tenemos en nuestros idiomas antes no, pero ahora sera mas duro el castigo por cuanto se le demanda mas al que mas se le da.
Dios nos ayude y tenga misericordia de nosotros.
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LA REFORMA Y EL PRESBITERIO


LA REFORMA Y EL PRESBITERIO

La Iglesia sencilla y piadosa del Nuevo Testamento, andando en el tiempo, escaló altas posiciones políticas en el imperio Romano, y con estas dudosas conquistas se inició un turbio período de varios siglos, durante el cuál la Iglesia se alejó cada vez más de sus raíces bíblicas. No debemos pensar, sin embargo, que desde esta temprana época hasta la Reforma del siglo XVI, el cristianismo se mantuvo completamente desfigurado y corrompido.

A través de todo el tiempo, como una irrompible cadena que llega hasta nuestros días, hubo verdaderos seguidores del Señor que se mantuvieron al amparo de la revelación sagrada. Como representante de estos grupos pudiéramos mencionar a los albígenses, los petrobrusianos, los cristianos célticos de Escocia e Irlanda, los independientes escoceses, los lolardos, los evangélicos de Bohemia, los valdenses, que existen hasta el día de hoy, y muchos otros más que harían la lista interminable.

Los propulsores de todos estos movimientos anteriores a la Reforma hicieron un valioso aporte a la Iglesia Reformada, pues por medio de ellos se hizo asequible el verdadero espíritu de la Iglesia Primitiva. El gobierno representativo, es oposición al injusto gobierno monárquico, la doctrina de la gracia y la permanencia de la fe, en oposición a la corruptas indulgencias, fueron factores que identificaron a la Iglesia protestante con la Iglesia Novotestamentaria que se mantuvo firme aún en medio de las más negativas circunstancias.

Todos estos grupos se mantuvieron firmes, es cierto, en medio de las más turbulentas épocas, pero también es cierto que la mayor parte del cristianismo se convirtió en una burda religión pagana, y que se imponía una drástica revolución para determinar, sin asomos de duda, el verdadero carácter de la Iglesia. Esta revolución se produjo de el siglo XVI y sus efectos, que perduran hasta hoy, se mantendrán para siempre.

La Reforma Religiosa del siglo XVI alcanzó tres diferentes esferas de influencias renovadora: política, eclesiástica y espiritual, y sus transformaciones fueron tan profundas que puede afirmarse que este movimiento alteró el curso de la humanidad.

Los principios religiosos que inspiraron la Reforma son varios y comunes a la diversas ramas futuras del movimiento reformador. Pudiéramos hacer mención de algunos de ellos que encajan perfectamente en las doctrinas de nuestra Iglesia como parte del protestantismo.

1) El protestantismo, en todas sus formas históricas, insiste en la posibilidad de una relación inmediata del hombre con Dios. Esta relación descansa sobre la gracia inmerecida de Dios, revelada a los hombres en Jesucristo y recibida por ellos mediante la fe en El.

2) El protestantismo, en sus diversas expresiones, sostiene que las Escrituras constituyen la norma decisiva de autoridad espiritual.

3) Todos los protestantes concuerdan en que existe un sacerdocio universal de los creyentes. Puesto que todo cristiano puede recibir por la fe el don del amor redentor de Dios en Cristo, según lo manifiesta la Escritura, no está subordinado a ritos sacerdotales o eclesiásticos, sino que puede ejercer el derecho y el deber del juicio privado. En este sentido el protestantismo es fundamentalmente un movimiento de preservación de la individualidad.

4) Todos los protestantes acentúan la importancia de la libertad religiosa resisten a la coerción, sea ella del poder civil o eclesiástico, en asuntos de fe y prácticas religiosas.

5) El protestantismo tiende a la revaloración de la vida común y el trabajo. No conoce de una separación básica entre vocaciones “religiosas” y “seculares”. Considera a todos los hombres responsables individualmente ante Dios, con el privilegiado deber de servirle por medio de toda la vida, cualquiera que sea el campo en que ésta se desenvuelva.

6) El protestantismo cree en la Iglesia, ya que se énfasis en el valor individual no le impide sus énfasis en la necesidad de la congregación de los creyentes.

DIVERSAS CORRIENTES DE LA REFORMA

La Reforma del siglo XVI se inicia históricamente el 31 de octubre de 1517, cuando Lutero clava en las puertas del Templo de Wittemberg sus famosas 95 tesis contra la venta de indulgencias, a fin de provocar una discusión académica, de acuerdo con la costumbres de la época.

De la Reforma partieron diferentes corrientes que permanecen hasta el día de hoy. Los historiadores coinciden en afirmar que se produjeron cuatros tipos principales de tradición protestante durante los siglos XVI y XVII. Estos tipos hallaron expresión en los movimientos luterano, anglicano, reformado y en los movimientos independentistas.

La tradición luterana, que tiene como raíces los principios de Martín Lutero, es la más antigua de la Reforma. En 1529 apareció el Catecismo de Lutero y en 1530 la Confesión de Augsburgo, que veinticinco años más tarde se convirtió en la constitución de la Iglesia Luterana.

La tradición anglicana, que coincide con la Reforma, es bien diferente de las otras tradiciones. La Iglesia anglícana es más litúrgica que confesional. Ha hecho se generoso aporte al movimiento evangélico, al igual que las otras ramas del protestantismo.

Otras tradiciones protestantes, las que se conocen con el nombre de independientes, podemos hallarlas en los movimientos radicalistas que fueron surgiendo de las ramas principales. En su mayoría carecen de guías famosos, pero se trata de movimientos que relacionan la mayoría de su actividades con algunos énfasis determinados que se toman como elementos básicos.

Algunos historiadores incluyen entre las tradiciones protestantes lo que dan el llamar la tradición metodista. En cierto sentido el movimiento religioso que debe su origen a Juan Wesley no tendría el mismo derecho que los de Lutero, Zwinglio, y Calvino, a integrar estas tradiciones. Apareció demasiado tarde para se clasificado como un movimiento reformista: comenzando con la experiencia mística de Juan Wesley, en 1738, sigue a Lutero a más de dos siglos de distancia. Sin embargo, no puede negarse que el metodismo es un movimiento de características muy notables en la historia del protestantismo.

La tradición reformada, estrechamente ligada a la personalidad de Juan Calvino, es la de mayor interés para quienes pertenecemos a la Iglesia Prebisteriana. El calvinismo constituye un movimiento de características propias dentro de la Reforma. Aportó la estabilidad intelectual y disciplina de que careció el proceso reformador en su orígenes. La personalidad y superior inteligencia de Juan Calvino contribuyeron a dar definitiva solidez al más completo sistema teológico protestante y a la forma de gobierno presbiteriana, eminentemente bíblica.

Como sistema teológico el calvinismo fue el más lógico, el más completo y el más consecuente con la Reforma. Se base en la soberanía de Dios, y de este principio fundamental surgen los demás elementos del sistemas, tales como los decretos, la elección, la seguridad de los creyentes, la impotencia espiritual de los no regenerados, etc. Fundamenta todo en Dios, que es la autoridad que todo lo domina.
El hombre es enteramente impotente para salvarse a sí mismo. Su salvación se logra por la soberana voluntad de Dios. La elección divina es el principio de la salvación, y la razón de esta elección está oculta en la inescrutable voluntad del Señor. El calvinismo es un sistema teológico rígido e inflexible, pero inspira a los hombres absoluta confianza en Dios y les muestra la realización de un poder divino que imparte audacia y fortaleza para la lucha titánica que pasa sobre quienes se esfuerzan en conseguir el definitivo triunfo de la verdad.

Nada hay que domina con tanta fuerza la mente de un hombre y afecte tan intensamente su carácter, como sus ideas de Dios. Ellas dan color a todos los demás pensamientos. Los conceptos que tenemos respecto a Dios ejercen una influencia dominante en la formación del carácter y constituyen un poder regulador de la conducta cotidiana. Una teología calvinista es sólida y bíblicamente autoritaria. Tal vez sea ésta la causa principal de la poderosa influencia del calvinismo en la sociedades donde se ha desarrollado como sistema teológico y eclesiástico.

Como sistema de gobierno eclesiástico el calvinismo es democrático-representativo. Consistía en una serie de cuerpos representativos, desde el presbiterio hasta la asamblea general. Estos cuerpos ejercían funciones legislativas, ejecutables y judiciales, derivando su autoridad del pueblo, y no del gobierno civil.

Una de las características del calvinismo, además de las ya mencionada de un sólido sistema teológico y del gobierno presbiteriano que les es propio, es la del celo intelectualista del movimiento. Donde quiera que resultaba posible, el calvinismo creó una iglesia nacional con un equipo apto para la preparación de los obreros.

El calvinismo se desarrolló con abrumadora rapidez, y alcanzó casi todos los países europeos con su influencia. Tratándose de que la Iglesia Presbiteriana es fundamentalmente calvinista, vamos a referirnos, aunque sea brevemente, a la vida y obra de Juan Calvino, para pasar después a estudiar la extensión del presbiterianismo.

JUAN CALVINO

Juan Calvino nació en Noyón, un pueblo de Francia situado a unos cientos cuarenta kilómetros de París, el 10 de julio de 1509. Su padre, Gerardo Chauvin, en virtud de los cargos importantes que desempeñaba como secretario del obispo de Noyón, abogado del cabíldo y procurador fiscal del condado, mantenía buenas relaciones con las familias nobles y el alto clero de la región, aun cuando fuese hijo de una familia humilde. Su madre, Juana Le Franc de Cambray, era una mujer piadosa y celosamente cumplidora de sus deberes religiosos. El ambiente de los primeros años del Calvino fue, pro tanto, de extrema religiosidad, situación que de seguro influyó en su futuro carácter austero y autoritario.

Su padre había planeado para él la dedicación al sacerdocio y le proveyó la mejor preparación intelectual de la época. Ya a la edad de catorce años Calvino había ingresado en la Universidad de París, donde estudió Latín, Lógica y Filosofía. Pero al fin decidió estudia Leyes y pasó posteriormente algunos años en las Universidades de Orleans y Burgues, bajo la orientación de los más conspicuos profesores franceses.

Después de la muerte de su padre, Calvino se sintió libre para seguir sus propias inclinaciones, y se dedicó devotamente al estudio de la Literatura. El primer libro que salió de su pluma fue un comentario al Tratado de la Clemencia, de Séneca, y en esta obra Calvino cita a cincuenta y seis autores latinos y a veintidós griegos, lo que nos da una idea del profundo conocimiento literario que llegó a poseer.

La fecha exacta en que se produce la conversación de Calvino nos es desconocida, pero se estima generalmente que esto sucede a fines del año 1533. En su comentario sobre el libro de los Salmos, Calvino nos informa que su conversación fue súbita, pero no nos dice en parte alguna el tiempo ni el lugar en que ella se verificó.

En marzo de 1536, estando Calvino en Basílea, ve la luz la primera edición de su obra magna: La institución de la Religión Cristiana. Este libro, en su aparición inicial, era un trabajo compendido, cuya finalidad fue la de dar a conocer el pensamiento protestante a quienes perseguían a los reformadores sin entender ninguna de sus ideas. Este libro fue revisado posteriormente y logro publicarse en cinco ediciones diferentes. Son tan determinantes sus afirmaciones y tan lógica y clara su exposición, que influencia ha alcanzado a todos quienes han pensado teológicamente después de Calvino.

La persecución en Francia continuaba su marcha macabra y Calvino, en compañía de mucho otros protestantes, se vio en la necesidad de huir de su país natal para acoger a la protección de la sección protestante de Alemania. La ruta más segura para emprender este viaje era a través de Suiza, y es así que vemos a Calvino, en una noche de agosto de 1536, deteniéndose en Ginebra para disfrutar de algunas horas de descanso. Lejos estaba él de saber que aquella escala cambiaría el rumbo de su vida.

Guillermo Farel, un laborioso pastor protestante, había comenzado trabajo religioso en Ginebra en 1532, y había logrado hacerse de una notable congregación. En la ciudad, sin embargo, hacía falta la autoridad de un verdadero guía, y en cuanto al pastor ginebrino supo de la cercana presencia de Calvino, fue a pedirle que se quedase allí para servir a Dios. Al principio Calvino rechazó el ofrecimiento, pero al fin accedió y con la sola excepción de tres años que pasó exilado en Alemania, vivió el resto de sus días en una ciudad a la cual llegó para descansar una sola noche.

Juan Calvino inicia sus labores en Ginebra en Septiembre de 1536, predicando un sermón en la Catedral de San Pedro, y en seguida emprende su tarea reformada, logrado implantar un sistema bíblico de gobierno en la Iglesia, y logrando prepara a centenas de hombres que más tarde regarían por toda Europa la más sólidas doctrinas cristianas.
Probablemente el impacto del calvinismo en Ginebra fue demasiado fuerte, de tal forma que el reformador francés fue mal entendido, creándose una tensa situación en toda la ciudad. En abril de 1538 se les obligó, tanto a él como a Farel, a abandonar la ciudad. Esta experiencia, que para otros hubiese sido estimada como una fracaso, fue convertida por Calvino en una gran oportunidad para renovar estudios y relaciones.

Cerca de tres años paso Calvino en Estrasburgo. En esta ciudad público la segunda edición latina de los institutos, publicó su comentario sobre la Epístola a los Romanos, y editó el Tratado sobre la Cena del Señor. Y precisamente, en Estrasburgo se casó el reformador, en Septiembre de 1540, con idelette de Bure, viuda de Juan Stórder, predicador anabaptista. Pro ese tiempo Farel aceptó el pastorado de la Iglesia de Neuchátel, donde pasó gran parte de su ministerio, falleciendo en 1565 a los setenta y seis años de edad, un año después de la muerte de Calvino.

Durante la ausencia de Calvino las cosas en ginebra no marcharon del todo bien, y por fin el Consejo Municipal, a mediados de 1540, envió un emisario a Estrasburgo para evitar oficialmente al reformado a que regresara a Ginebra. Calvino se resistió a regresar, pero estimando que debía acatar la voluntad de Dios, volvió a Ginebra el 13 de Septiembre de 1541. En esta ciudad estuvo hasta el fin de sus días.

La tarea efectuada por Calvino fue abrumadora. Hizo funciones de predicador, escrito, polemista, reformador, maestro, consejero, teólogo, exégeta, etc. Logró, por medio de su férrea voluntad, crear en Ginebra un verdadero estado teocrático, donde la ley primera era la Palabra de Dios, y su influencia directa llegó a centenas de hombres que más tarde propagaron el calvinismo por todos los ámbitos del mundo.
Es difícil armonizar la débil y quebrantada salud de Calvino, con la gigantesca y perdurable realización de su obra. El reformador murió relativamente joven. El 6 de Febrero de 1564 predicó su último sermón y falleció el 27 de mayo del mismo año. Calvino, antes de morir, hizo prometer a sus más cercanos amigos que no colocarían monumento alguno sobre su tumba, y de tal manera fue esto así, que hoy no sabemos descansan los restos de la más brillante figura de la Reforma religiosa del siglo XVI.

La Iglesia Presbiteriana se debe en mucho a Juan Calvino. Ya establecimos anteriormente que las verdaderamente raíces del Presbiterianismo proceden de la Sagradas Escrituras, pero hemos referido que las doctrinas propias de nuestra Iglesia permanecieron durante siglos preteridas y despreciadas, por la imperdonable actitud de una cristiandad completamente desfigurada. Calvino resucitó los adormecidos principios y doctrinas del presbiterianismo, y organizó de nuevo la iglesia Presbiteriana de acuerdo con las normas escriturarias. Esto sucedió hace alrededor de 400 años.

La influencia de Calvino es mucho más amplia que los que generalmente suponemos. Las doctrinas y principios que él sostuvo proporcionaron las bases para el establecimiento de la república holandesa, la rebelión de Escocia contra María Estuardo, la revolución puritana en inglaterra, y en parte, las revoluciones norteamericanas y francesas.
Ranke, el notable historiador alemán afirman categóricamente: “Calvino es el verdadero fundador de América”, y D’Aubige, el insigne historiador franc+es, opina: “Calvino ha sido el fundador de las más grande repúblicas”. Sin duda alguna, su aporte al concepto humano de la libertad tiene generosas implicaciones, y su interés bíblico en el gobierno presbiteriano es la pristina fuente de donde han surgido las democracias representativas que en el mundo han sido.

CONCLUSIONES :

Hemos visto que los verdaderos orígenes de la iglesia Presbiteriana hay que buscarlos en la Biblia, pero hemos expresado también que su conformación actual proviene de la poderosa obra reformadora de Juan Calvino. La tarea de Calvino no es precisamente la de un inventor. El mérito más notable del reformador consistió en que interpretó la Biblia para armonizar con el sentido bíblico, tanto la doctrina como el gobierno de la iglesia.

La extensa familia presbiteriana incluye a todas las iglesias reformadas del mundo. El apelativo de “reformados” es una indicación del énfasis doctrinal. Especialmente en Europa se usa el nombre de reformados en lugar del de presbiterianos, para designar a las iglesias de tradición calvinista.

Sería muy interesante conocer, aunque sea superficialmente, el desarrollo histórico del presbiterianismo. De esta forma nos sentiríamos legítimamente orgullosos de nuestra herencia protestante.

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FUENTE:

http://sermonesbiblicos.com/sermon.php?sermon_id=143

La reforma y la Primacía de la ley (Cesar Vidal)


La reforma y la Primacía de la ley (Cesar Vidal)

En las anteriores entregas he ido mostrando cómo España –y con ella naciones como Italia y Portugal amén de las que acabarían siendo repúblicas hispanoamericanas– se quedaron descolgadas de una ética del trabajo y de una visión del mundo crediticio indispensables, así como de un impulso alfabetizador y científico irrenunciables. Sucedía además cuando España era un imperio y necesitaba más que nunca no verse adelantada por sus rivales que fue, precisamente, lo que sucedió. Por desgracia, no fueron las únicas pérdidas experimentadas por la España que expulsó a los judíos y quemó a los protestantes. A ellas se añadió la pérdida de asimilar la primacía de la ley sobre cualquier persona e institución.

En el año 1538, Calvino y algunos de sus amigos fueron expulsados de la ciudad de Ginebra por las autoridades. El momento fue aprovechado por el cardenal Sadoleto para enviar una carta a los poderes públicos de la ciudad instándoles a rechazar la Reforma y regresar a la obediencia a Roma. La carta del cardenal Sadoleto estaba muy bien escrita, pero lo cierto es que no debió de convencer a los ginebrinos ya que éstos solicitaron en 1539 a Calvino (que seguía desterrado) que diera respuesta epistolar al cardenal. Calvino redactó su respuesta al cardenal Sadoleto en seis días y el texto se convirtió en un clásico de la Historia de la teología. Escapa a los límites de esta serie el adentrarse en el opúsculo, pero sí es obligado mencionarlo porque en él se puede contemplar dos visiones de la ley que diferenciaron –¡como tantas otras cosas!– a las naciones en las que triunfó la Reforma de aquellas en que no sucedió así.

El dilema que se planteaba era si el criterio que marcara la conducta debía estar en el sometimiento a la ley o, por el contrario, a la institución que establecía sin control superior lo que dice una ley a la que hay que someterse. Sadoleto defendía el segundo criterio mientras que Calvino apoyaba el primero. Para Calvino, era obvio que la ley –en este caso, la Biblia– tenía primacía y, por lo tanto, si una persona o institución se apartaba de ella carecía de legitimidad. El cardenal Sadoleto, por el contrario, defendía que era la institución la que decidía cómo se aplicaba esa ley y que apartarse de la obediencia a la institución era extraordinariamente grave. La Reforma optó por la primera visión, mientras que en las naciones donde se afianzó la Contrarreforma se mantuvo un principio diferente, el que establecía no sólo que no todos no eran iguales ante la ley sino que, por añadidura, había sectores sociales no sometidos a la ley. Se creaba así una cultura de la excepción justificada.

Los ejemplos de esa diferencia llegan hasta el mismísimo día de hoy. Voy a pasar por alto las violaciones de la ley perpetradas por ciertos soberanos como el Felipe II que ordenó un crimen de estado como el asesinato de Escobedo o que violó los fueros aragoneses en persecución de Antonio Pérez. El problema, por desgracia, va mucho más allá que el crimen de Estado que se ha dado en los más diversos regímenes y épocas. Se trata más bien del hecho de que se aceptara que sectores importantes de la población –fundamentalmente, la iglesia católica y la monarquía– no estuvieran sometidos a la ley. Las pruebas de lo primero son interminables e incluyen lo mismo a un Cervantes excomulgado mientras intentaba recabar suministros para la guerra incluso en las parroquias (¡gravísimo atrevimiento pretender que la institución que más se beneficiaba del esfuerzo de guerra hispano contribuyera al mismo!) que aquellas cárceles concordatarias del franquismo donde se confinaba, por ejemplo, a los sacerdotes que ayudaban a la banda terrorista ETA. Sobre esa institución no existía supremacía de la ley. Lo segundo es tan obvio que, incluso a día de hoy, el rey sigue siendo irresponsable de cualquier acto que pueda cometer.

Por supuesto, esa concepción permea sin discusión alguna las mejores manifestaciones culturales del siglo de Oro. Fuenteovejuna de Lope de Vega no es sino el canto a un pueblo que no encuentra justicia frente a un noble y que sólo tiene como vía el asesinato perpetrado de manera colectiva lo que, dicho sea de paso, no resulta una óptima perspectiva. Sin embargo, cuando la monarquía ha de administrar justicia, ésta no nace del texto de la ley (como pretendía Calvino en su Respuesta al cardenal Sadoleto) sino del hecho de que el rey puede hacer, literalmente, lo que le sale de la corona.

Un ejemplo aún más revelador es el que encontramos en El alcalde de Zalamea, una obra genial cuya calidad literaria es innegable, pero cuyo mensaje, si bien se examina, resulta escalofriante. Un grupo de soldados de los tercios se asienta en un pueblo y un capitán aprovecha la ocasión para raptar a una muchacha y violarla. En otra nación donde existiera el imperio de la ley se habría esperado que el violador fuera juzgado y condenado. No en la España donde no se ponía el sol. Pedro Crespo, el padre de la joven, suplica al violador que le restaure la honra casándose con su hija. Ni que decir tiene que el capitán –sabedor de que la ley no es igual para todos– se burla de Crespo que opta por cortar por lo sano ejecutando al oficial y sosteniendo que estaba en su derecho ya que “al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”. La frase es buena, pero discutible. En primer lugar, porque no es cierto que haya que dar nada a un rey de manera incondicional y, en segundo, porque el honor de Crespo, por lo visto, se veía más que satisfecho si su pobre hija contraía matrimonio con el canalla que la había raptado y violado. ¡Ejemplar! Pero la historia no acaba aquí. Crespo ha quebrantado la ley, pero los espectadores de la España de la Contrarreforma no podían ver bien que se castigara a semejante defensor de su honor. ¿Solución? El rey aparece en escena y se coloca –¡de nuevo!– sobre la ley para absolver a Crespo.

La última vez que vi esta obra iba acompañado de la economista María Blanco que, por un lado, como yo, apreció la calidad literaria del drama y, por otro, se horrorizó de ver cuánto decía de los españoles. Recuerdo que señaló que la obra demostraba cómo el gran aporte jurídico de los españoles era “el apaño”. Tenía, por desgracia, razón. Por cierto, a los que se atrevan a decir que el sentido del honor calderoniano no era muestra de la cultura española hay que recordarles que todavía bajo el régimen de Franco estuvieron exentos de castigo el dar muerte a la esposa adúltera o a la hija fornicaria a la vez que la violada podía lograr que el violador no fuera a prisión si se casaba con él.

En la Europa reformada –en la que las cuestiones de honor no pendían de la entrepierna femenina– el sistema fue diferente. De entrada, la ley estaba por encima de las personas y de las instituciones. No podía ser de otra manera si, tomando la ley de Dios contenida en la Biblia, se había puesto en solfa la institución que, por definición, era más sagrada para llegar a la conclusión de que se había deslegitimado con su conducta. La idea de esa supremacía de la ley por encima de las personas quedó establecida claramente en un episodio que suele mencionarse no pocas veces, el de Lutero y su último escrito contra los judíos. Aunque lo he visto citado en varias ocasiones por españoles, tengo que señalar que, visto lo que dicen, hay que llegar a la conclusión de que o incurren en un caso gravísimo de falta de honradez intelectual que los descalifica totalmente o –y me inclino por esta explicación– simplemente no han leído el texto completo en alemán ni tampoco conocen la totalidad de los hechos. No es que la ignorancia de aquello sobre lo que se escribe constituya una recomendación, pero, al menos, la calificación moral resultaría menos grave.

Pero volvamos al caso. De entrada, hay que señalar que Lutero manifestó al inicio de su carrera como reformador una compasión hacia los judíos que no era habitual en la Alemania católica de la época. No deja de ser significativo que en uno de sus escritos de esos años llegue incluso a indicar que hasta cierto punto la falta de conversión de los judíos al cristianismo arrancaba, fundamentalmente, del maltrato que habían recibido de la iglesia católica. Durante los años siguientes, los judíos dejaron de tener interés para Lutero envuelto en una controversia teológica en la que se jugaba personalmente la vida y Europa su futuro.

De esa situación, salió al final de su vida al redactar un tratado titulado Los judíos y sus mentiras (1543). El texto rezuma un deplorable antisemitismo, cuya razón era que hasta Lutero habían llegado noticias de cómo los judíos difundían la noticia de que Jesús era el hijo de una prostituta: “Así lo llaman (a Jesús) el hijo de una prostituta y a su madre, María, una prostituta, que lo tuvo en adulterio con un artesano. Con dificultad tengo que hablar de una manera tan áspera para oponerme al Diablo. Ahora bien, saben que hablan tales mentiras por puro odio y voluntariamente, únicamente para envenenar a sus pobres jóvenes y a los judíos simples contra la Persona de nuestro Señor, para evitar que acepten Su doctrina”. La acusación –como habían indicado antes de él no pocos clérigos medievales– era cierta ya que, efectivamente, en algunos pasajes del Talmud se hace referencia a que María es una adúltera y Jesús es llamado específicamente bastardo. De hecho, esa razón fue una de las que más pesaron en el papado y en no pocos obispos para ordenar quemas del Talmud durante la Baja Edad Media y también la que llevó a algunos editores judíos a suprimir los pasajes para evitar ser objeto de esa represión papal. Sin embargo, Lutero no se limitaba en su acusación a los insultos dirigidos contra Jesús y su madre. Además, consideraba que los judíos eran un colectivo que, mediante la usura, oprimía a los más humildes. La afirmación puede ser matizada, pero es la misma que desde hacía siglos venía vertiendo la iglesia católica sobre los judíos provocando decisiones civiles y eclesiales de especial dureza contra ellos. Ante esa situación, Lutero proponía como solución, literalmente, “la de los reyes de España”, es decir, la Expulsión llevada a cabo por los Reyes Católicos en 1492. Puede o no gustar, pero lo cierto es que si alguna vez a lo largo de su dilatada carrera apoyó Lutero una decisión católica reciente fue ésa.

El texto de Lutero es innegablemente lamentable. Lejos de seguir la línea propia de la Reforma de respeto a la libertad de expresión y de culto, Lutero se dejó llevar por la cólera que le provocaban las injurias contra Jesús y María –¿algún católico de la época habría actuado con más moderación?– y optó por una de las soluciones católicas medievales que venía aplicándose desde hacía siglos: la expulsión. La otra, como de todos es sabido, fue la matanza en masa como la de los pogromos españoles de finales del siglo XIV desencadenados precisamente por clérigos. Ciertamente, si Lutero fue culpable de algo especialmente en este escrito fue de no seguir las líneas marcadas por la Reforma sino de continuar una multisecular tradición católica. Pero Lutero escribía ya en un medio que conocía la Reforma y es precisamente esa circunstancia la que explica la reacción que provocó su panfleto. A pesar de ser un autor profundamente odiado en el mundo católico, no he conseguido dar con un solo texto católico de su época que le afeara sus conclusiones, seguramente porque la coincidencia con lo que pasaba en la Europa católica era muy notable. Sin embargo, en la Europa protestante, el texto de Lutero fue enérgicamente repudiado. El príncipe de Hesse –que, supuestamente, debía haber escuchado la enseñanza de Lutero– se negó rotundamente a expulsar a los judíos siguiendo el ejemplo de los Reyes Católicos y los mantuvo en su territorio. Felipe Melanchton, la mano derecha de Lutero, también manifestó su oposición al texto señalando que no debía seguirse sus directrices.

Ésa fue la posición generalizada de las iglesias nacidas de la Reforma y era lógico que así fuera. La Reforma había introducido en las mentes y los corazones de las personas un principio fundamental que no era otro que el de juzgar las acciones y las enseñanzas de todos los hombres a la luz de la Biblia y someter a la primacía de la ley –y no de una institución– los actos. Partiendo de esa base, nadie se consideró obligado a seguir el criterio de Lutero si chocaba con la Biblia lo que, dicho sea de paso, era el caso. En el mundo católico, apenas unos años antes, el papa había celebrado la expulsión de los judíos de España con una serie de festejos entre los que se incluyó una corrida de toros. En otras palabras, en el siglo XVI, en la Europa reformada, nadie hizo caso a Lutero cuando pretendió que se expulsara a los judíos como habían hecho los Reyes Católicos en España unas décadas antes.

En la España del siglo XXI todavía hay quien propugna la canonización de Isabel la católica –yo he estado en una reunión del comité que la impulsa y son gente muy agradable aunque no me parecieron compungidos por la Expulsión sino más bien por la resistencia que entre los judíos de hoy hallaría la causa– quien justifica o minimiza la expulsión de los judíos y quien pretende comparar el episodio con otros acontecidos en otras naciones. Basta preguntar a los mismos judíos para saber que no fue así. Entendámonos. Isabel la católica no fue una genocida como pretendió Enrique de Diego en la primera edición de su novela El último rabino. Fue una gran reina, pero eso no puede impedir que examinemos también acciones como la implantación de la Inquisición o la expulsión de los judíos cuyas pésimas consecuencias para nuestra nación llegan hasta nuestros días. Por añadidura, su acción no tuvo freno. La de Lutero, sí. Quizá por eso, la nación donde fue salvada casi toda la población judía durante la Segunda Guerra Mundial fuera la luterana Dinamarca y quizá por eso la primera declaración dirigida contra el nacional-socialismo por una entidad cristiana fuera la Declaración de Barmen de 1934 suscrita por protestantes alemanes justo cuando el 22 de julio de 1933 la Santa Sede había firmado un Concordato con Hitler. Pero no nos desviemos.

El hecho de que las naciones en las que triunfó la Reforma admitieran de manera casi inmediata la supremacía de la ley sobre los individuos y las instituciones tuvo resultados impresionantes. Mientras España soportaba a un rey como Felipe IV que estaba terminando de liquidar el imperio español en defensa de la Contrarreforma, e incluso cuarteando la unidad nacional, los puritanos ingleses se alzaban contra el rey Carlos I en defensa de sus derechos –fundamentalmente la libertad de conciencia, la libertad de representación y la propiedad privada–, lo derrotaban, lo juzgaban y lo decapitaban. En teoría, el parlamentarismo tenía que haber avanzado más en España que en otras naciones. No fue así porque se admitió como circunstancia innegable que instituciones como la iglesia católica o la monarquía no estuvieran sometidas al imperio de la ley. Así, el parlamentarismo progresó, precisamente, en naciones donde triunfó la Reforma como Inglaterra, Holanda, Suiza o las naciones escandinavas.

Pero sobre ese tema volveremos en un capítulo posterior. De momento, subrayemos que la primacía de la ley iba a quedar descartada de una España diferente en esto como Portugal, Italia o las naciones hispanoamericanas, donde también se ha desarrollado un sentido de la obediencia a la ley especialmente tuerto y que siempre, siempre encuentra justificación. Hasta el día de hoy, para Cándido Conde Pumpido es lícito que los fiscales se manchen las togas con el polvo del camino porque, en el fondo, cree que la ley no debe obligar a los que persiguen las buenas metas de la izquierda. Hasta el día de hoy, el obispo Munilla se puede llevar a la Jornada Mundial de la Juventud a los presos de una cárcel vasca –y luego presumir de ello en la página web de la diócesis– porque, también en el fondo, cree que la ley no obliga a los representantes de Cristo en la tierra ocupados de santas labores. Hasta el día de hoy, la Compañía de Jesús puede prestar el santuario de Loyola para reuniones entre ETA, los emisarios de ZP y los correos del PNV porque, también en el fondo, cree que la ley no obliga a los que buscan servir causas nobilísimas como la de que los terroristas sean tan aceptados socialmente como las víctimas. Para no pocos españoles, los ERE de la Junta de Andalucía son odiosos (lo son), pero el caso Gürtel (que también lo es) constituye un simple desvío de la atención. Son españoles distintos, naturalmente, de aquellos que consideran que José Blanco es perseguido tan sólo para cubrir las acciones de uno de los yernos del rey. No es algo propio de los tiempos de ZP sino de la Historia de España. Los precedentes históricos son infinitos como Redondela o los indultos de MATESA o la voladura del diario Madrid durante un régimen que algunos encuentran tan idílico como para que los liberales, supuestamente, tengamos que reivindicarlo, algo, por supuesto, imposible para cualquiera que ame la libertad.

Afrontemos los hechos: no pocos españoles, a diferencia de la generalidad de los ciudadanos de esas naciones donde triunfó la Reforma, normalmente, siempre encuentran excusas para sí o para el sector al que pertenece a la hora de no someterse al imperio de la ley. Da lo mismo si se trata de la corrupción de su partido o de las multas de tráfico. Si pertenecen a su iglesia, a su partido o a su familia seguro que no sería tan grave, si es que acaso lo es. Su conducta no es única, ciertamente. Se da igual en Italia y Portugal, en Grecia y Argentina, en México y Nicaragua. Forma parte de una visión que ya encarnaba el cardenal Sadoleto y que, por supuesto, siempre se las arregla para hallar justificación. Por cierto, ya que vuelvo a hablar del cardenal Sadoleto, imagino que algunos desearán saber en qué concluyó el episodio. Es fácil de suponer. Las autoridades ginebrinas eran inteligentes y deseaban lo mejor para sus administrados. Rechazaron la propuesta del cardenal Sadoleto y Calvino fue llamado nuevamente a Ginebra.