Los cristianos: debemos ser personas tolerantes o intolerantes? parte V


Los cristianos: debemos ser personas tolerantes o intolerantes?

parte V
Por Paulo Arieu

Hebreos muerte y juicio

Seguimos con el tema de la intolerancia. Esta es la quinta entrega consecutiva de este tema ético tan interesante. Personalmente, creo que si aprendemos a tolerarnos un poco mas los unos a los otros, revestidos del amor de Dios, siempre haremos lo correcto y aquel que está mal, a lo mejor cambiará en el tiempo de Dios. Esto lo digo por fe, confiando en la soberanía de Dios, porque nuestro trabajo como cristiano es accionar y del Espiritu Santo obrar. Aunque es bueno recordar siempre que no somos nosotros los poderosos, sino que Dios es el Todopoderoso. Nosotros somos simples criaturas humanas, que dependen de Su constante amor. 

He estado reflexionando sobre este tema de la intolerancia, porque entiendo que muchos líderes cristianos están siendo intolerantes al máximo. Pero ¿porque sorprendernos? ¿Acaso la historia de la humanidad no está llena de ejemplos de intolerancia, de intolerancias mortales y de muertes dadas por intolerancia? Las guerras fraticidas entre pueblos hermanos es una muestra de la intolerancia entre los seres humanos. Santiago, hermano del Señor Jesús, escribe a las tribus judías dispersas en Asia Menor muy preocupado por las disputas entre ellos, diciendo:

¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden (Santiago 4:1-2 NVI).

Cuestiono la intolerancia como actitud, no porque piense que debemos tolerar el pecado o las herejías, pero no podemos ir por todos lados tratando de erradicar de raiz todo pecado, todo error, ya que esto es imposible. Aún en nuestras familias hay veces que se desobedecen las enseñanzas cristianas, pero creo que algunas veces debemos ser tolerantes, pacientes con ellos, en la medida de lo posible, en pos de una convivencia armoniosa. El pecado lo juzgará Dios, a su tiempo. No significa que nosotros lo aprobemos o que estemos de acuerdo con el pecar, pero la verdad es que aun siendo santos, todos pecamos, nos equivocamos, tenemos nuestro énfasis doctrinal favorito, nuestro concepto de Dios, de como Dios debe o no debe actuar. En fin, nuestra natutraleza pecaminosa nos engaña a todos de muchas maneras. Y a veces, la física de los objetos de la naturaleza creada también nos engaña, ya que por ej: un remo de un bote, dentro del agua, lo vemos doblado, cuando no esta doblado. Por eso creo que debemos ser tolerantes con las personas, en el sentido de pacientes y misericordiosos. Claro que esta actitud tiene límites. No puedo ser tolerante con quien ofende a Dios, quien peca voluntariamente, luego de haberlo exhortado reiteradamente, con los herejes tampoco se puede ser tolerante, con el delito, con la corrupción, con el mal, con Satanás tampoco. En fin, tratemos de comprender mejor este tema, que provoca actitudes extrañas en muchos hermanos.

Pablo escribe a los cristianos de Filipos, advitiendoles del peligro de los judaizantes que abusaban de sus ministerios, pretendiendo que los cristianos se circuncidacen para ser aceptados primeroen el judaísmo. Pablo escribe que:

“Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. (Filipenses 3:2 RV 1960) 

y también escribe que

Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su verg:uenza; que sólo piensan en lo terrenal.(Filipenses 3:18-19 RV 1960)

Siguiendo esta linea de pensamiento paulino, es que debemos ser prudentes con el abuso intolerante de muchos lideres religiosos. Cuesta mucho hallar líderes que sinceramente se preocupen del bienestar espiritual de la otra persona.

Pero la razón que dio inicio a esta serie de artículos, fue reflexionar sobre el abuso de poder y autoridad de una iglesia cristiana, que amenzaba con expulsar a un miembro de su iglesia por estudiar Psicología. Me hizo recordar los tiempos de la inquisición. El célebre teólogo católico Hans Kung cita a Freud al respecto de este abuso de autoridad que se ha dado muchas veces en la historia.

Freud tiene razón también al criticar el abuso de poder de las las iglesias. Es suficientemente conocido: El cúmulo de arrogancia y poder en la historia de las Iglesias: intolerancia y crueldad para con los disidentes, cruzadas, inquisición, exterminio de herejes, caza de brujas, lucha contra la investigación teológica, opresión de los propios teólogos, incluso hoy.  Los efectos del super-yo eclesiástico a lo largo de los siglos, tiranía sobre las almas en nombre de Dios, inmadurez y dependencia de los pobres pecadores, tabuizada obediencia a autoridades no probadas, reiterada represión de la sexualidad y desprecio de la mujer (celibato, exclusión de la mujer de los ministerios eclesiásticos), incluso hoy. [0]

Lamentablemente, Freud consideró la religión como si fuera una ilusión y era conocido por tener un rechazo hacia el cristianismo.[1] Aunque pienso que Kung habla mas sobre su experiencia vivida en el seno de su iglesia católica romana. El vivió en carne propia la presión de las autoridades a causa de sus errores teológicos. Rubén Aguilar Valenzuela en un artículo titulado “Los teólogos herejes de Roma” habla sobre la experiencia insquisitoria sufrida por este teólogo. Valenzuela publica que:

Un caso muy conocido es la condena contra uno de los teólogos más notables de la iglesia católica, el suizo Hans Küng (1928), catedrático de la Universidad de Tubinga, Alemania, nombrado por Juan XXIII como uno de los teólogos del Concilio Vaticano II, donde coincidió con Ratzinger no sólo en el espacio sino en las posiciones teológicas de avanzada. 17 años después, y tras un largo proceso, Küng fue acusado de no defender la “integridad de la fe” y poner en cuestión el dogma de la infalibilidad papal. Así, en 1979 la Congregación para la Doctrina de la Fe dictaminó que no podía continuar ejerciendo la docencia en las instituciones teológicas de la Iglesia.[2]

La iglesia católica ha sido bastante intolerante históricamente. Pero un poco de cambios trajo Concilio Vaticano II, donde se abrió un poco la ventana al mundo no católico.

Las cosas parecen cambiar con el Concilio Vatitano II como se puede ver, por ejemplo, en las declaraciones sobre la libertad religiosa y sobre las religiones no cristianas. La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces refleja un destello de aquella verdad que ilumina a todos los hombres. [3]

Pero volviendo al tema de la Psicología en la Iglesia, debemos reconocer que la preocupación de muchos lideres cristianos por el auge de la Psicologia en los templos evangélicos está fundamentada sobre la convicción de que la Psicología “contribuye a la formación de la iglesia apóstata y a la religión del Anticristo.  “[4]Esta conclusión me parece un poco exagerada, pero bueno, es la perspectiva de T.A. McMahon, quien en un artículo crítico titulado LA PSICOLOGÍA Y LA IGLESIA EVANGÉLICA, comparte sus preocupaciones sobre la Psicología diciendo que:

Nada en la historia de la iglesia moderna ha persuadido a creyentes a abandonar su fe en la suficiencia de la Palabra de Dios como la seudo-ciencia llamada Consejería Sicológica.  Consideren lo siguiente: la iglesia evangélica se ha convertido en un servicio de referencia para consejeros psicólogos y psiquiatras. Muchas iglesias grandes tienen licenciados psicoterapistas en su personal.  Agencias de misiones requieren que sus candidatos sean evaluados y aprobados por licenciados psicólogos profesionales antes de ser considerados para servicio misionero.  Los psicólogos y consejeros cristianos son más conocidos y más respetados por evangélicos que predicadores y maestros.  ¿Quién no ha escuchado del psicólogo Dr. James Dobson?  La mayoría de evangélicos están convencidos que la psicoterapia es científica y que es necesaria para suplir lo que falta o carece en la Biblia en lo que respecta a la condición mental, emocional y el comportamiento general del individuo.  Cuando usamos el término “psicoterapia” nos referimos a la consejería psicológica, psicología clínica y psiquiatría (que no es biológica)  También podemos usar el término “psicología” en general. [5]

Aunque este crítico de la Psicología reconoce que “existen áreas de psicología que son claramente distintas de la psicoterapia y puede tener valor y mérito científico, como por ejemplo el campo que estudia la percepción, el punto de contacto entre el hombre y la máquina, ergonómica, alguna educación psicóloga, etc. “[6], el opina que solo hay “un porcentaje mínimo en toda la industria de Psicología que atestigua tener perspicacia científica de la mente del hombre.” [7]

Respeto sus opiniones, pero creo que exagera. Alguien me comentó que había escuchado a un pastor decir más o menos esto: “Si me piden que “comprenda” o “entienda” a los que piensan diferente que yo… que sea tolerante… civilizado, no tengo problema con eso. Respetar sus ideas políticas, sociales, en cuanto a géneros musicales o cosas así en líneas generales debo ser condescendiente y aceptar que no todos pensaran o piensan como yo. Pero… en lo que respecta a cosas fundamentales que tienen que ver con lo que Dios demanda en su Palabra, ejemplo: Un solo camino de Salvación: Cristo. El homosexualismo como pecado. El divorcio,el delito,el crimen,la maldad, etc…. ahí soy intolerante, totalmente. Tal vez no necesariamente por criterio propio, pero sí y definitivamente si porque Dios dice algo al respecto.  Si Dios lo desaprueba… yo lo desapruebo también.

Cristo mismo dijo en un momento determinado, Padre porque me has desamparado. Dice la Biblia que el cielo se oscureció y la tierra se estremeció cuando dio su último respiro. En términos figurativos el ambiente natural no se contuvo a lo que estaba aconteciendo en lo espiritual, era la carga de todo el pecado del mundo en un solo lugar,sobre la persona de Jesucristo…Dios en si, no comparte su gloria con nadie, tampoco con el pecado. El hombre no es perfecto y al reconocerlo sabrá que dependerá de Dios para revestirse de su amor NECESARIAMENTE para dar el testimonio que Cristo nos dio. De lo contrario haremos lo que consideremos justo erróneamente como lo hizo Jonás el ”buen profeta de Dios” quien no toleraba la posibilidad de que Nínive sea salva (Ver Jonas 4:2); pero el amor de Dios tenía otro plan. Ese es el amor que nos ayudará a tolerar con sabiduría.

No actuamos ojo por ojo diente por diente, sino que actuamos por Gracia…y como Cristo nos dice que: que mérito hay en estar con aquellos que son fáciles de amar y de tratar?… Nuestro objetivo es ganar a otros para Cristo, esto puede costar muchas veces nuestro yo. Usted y yo sabremos que escoger en nuestra tolerancia si ponemos a Cristo a actuar hipotéticamente en nuestro lugar. Ej: Que haría Cristo en mi lugar?…

Aclaramos que el tema de la intolerancia, en la Biblia, en general se refiere al pecado. Dios no tolera el pecado y lo tiene que juzgar. Dios dijo: “El alma que pecare, esa morirá (Ezequiel 18:20 RV 1960)”. Como todos hemos pecado, todos morimos.  De esa forma entró la muerte en el mundo (ver Romanos 5:12).  Así se demuestra la intolerancia de Dios por el pecado. Ahora estamos en el período de la gracia, en el que los hombres tienen la oportunidad de arrepentirse y recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador. Pero cuando Jesucristo venga por segunda vez, no vendrá con tolerancia, sino a ejecutar sentencia en el mundo y juzgar a los que lo hayan rechazado. Dios es amor y quiere salvarnos a sus escogidos. Por eso mandó a su Hijo amado a morir por los hombres y darnos la posibilidad del perdón. Ahora es el día de salvación, ahora es cuando existe la oportunidad de hacerse hijo de Dios. Pero después, cuando llegue el día del juicio de Dios, no será así. Entonces Dios juzgará al mundo y los que lo hayan rechazado recibirán el castigo que ha anunciado.

  • “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y la ira del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 19:15).

Juan, discípulo amado del Señor Jesus explica que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna”(Juan 3:16 RV 1960). Jesucristo tuvo que sufrir muchísimo para salvarnos. Todos los pecados nuestros fueron echados sobre El, y su agonía fue grande. El Padre sufrió tanto o más que él, viendo lo que le hacían a su Hijo aquí en la tierra, y no cayó en la tentación de salvarlo cuando lo podía haber hecho en un segundo. Si Dios fuera tolerante con el pecado, no hubiera tenido que pasar por ese trago amargo que pasó. Dios no puede tolerar el pecado y lo demostró decretando el castigo sobre su amado Hijo. Solo el que acepte el sacrificio que Jesucristo hizo por él en la cruz cuando pagó por sus pecados, tiene la oportunidad de ser hecho hijo de Dios y apto para entrar en su Reino cuando muera. Ese es el Evangelio verdadero de Jesucristo.

Solo Jesús nos puede salvar porque él es el Salvador. Nosotros no nos podemos salvar a nosotros mismos. Es imposible. Jesús dijo:“Yo soy el camino”(Juan 14:6). ¿Pero acaso la mujer que fue sorprendida en el mismo acto de adulterio, no fue perdonada?Ese era una acto pecaminoso totalmente reciente y Cristo solo dijo, y donde están los que te condenan (aquellos perfectos libres de pecados), mira que ni yo te condeno, pero vete y no peques más!!, estoy seguro que después de estas palabras ella pasó a estar al lado de Cristo. CRISTO NO TOLERA EL PECADO. Pero ahora bien: El ama su creación (desde Génesis 1:1 se muestra a Cristo de manera particular y esencia como Dios) luego Génesis 3:15 nos muestra la promesa del postrer Adán por causa de la caída del hombre. Pero por que Dios tiene planes con los seres humanos y nos conoce porque somos su creación, Dios en su profundo amor y misericordia nos ha tolerado hasta la fecha. DIos no nos ha destruido ni ha permitido que nos destruyamos completamente,ni que desaparezcamos de la faz de la tierra. El está esperando que nos demos cuenta de que el perdón de los pecados y la vida eterna se obtiene a través de Jesucristo. Y para lograr eso, nos ha enviado constantemente mensajeros que nos prediquen Su evangelio.

El profeta Joel escribió en el Antiguo Testamento:

Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.(Joel 2:13 RV 1960). 

El ejemplo de Nínive sirve de ilustración a este tema. Ninive era un pueblo sanguinario y  aun así POR AMOR, Dios toleró a las personas (aunque no al pecado) dando una oportunidad para que se arrepintiesen del pecado. Por eso le dijo a Jonás que ellos no sabían distinguir entre su mano derecha e izquierda. En Nínive, el Señor no toleró el pecado; pero dado que Su Justicia divina iba a caer sobre ellos, soberanamente cumplió su objetivo de darle la oportunidad de que se salven. Dios no tolera el pecado pero al igual que a la mujer sorprendida en adulterio, Dios no quiere que nadie se pierda. ¿Cuando nosotros le damos la oportunidad a alguien para que se arrepienta de un error cometido, no estamos tolerando y olvidando? Solo para que esta vida sea renovada…El simple hecho de tolerar con la visión de renovar o llevar la verdad a una persona no nos hace partícipes de ese pecado (entiéndase que existe un equilibrio), uno tolera en silencio sin airarse por que uno sabe que tiene la verdad (Cristo) y el silencio más la oración dará legalidad a la obra de Dios para cambiar y hacer reaccionar a la otra persona.

Cuando Cristo levantó a Lázaro de entre los muertos, dice la Biblia que por causa de la incredulidad de las personas el solo dijo: Padre gracias porque Tu siempre me escuchas!, Cristo solamente lo sabía y así en silencio toleró a esas personas y no al pecado para enseñarles una lección humildemente. Dios no tolera ni ama el pecado pero si ama al pecador (al hombre) incondicionalmente (aunque el lo llama al arrepentimiento al pecador)! Ahora bien, El es justo, y conforme a su justicia, El actuará en nosotros. Nunca seremos más buenos que El. Es que “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. ” (Nahum 1:7).

Pero no todos los cristianos son malos obreros ni abusan espiritualmente de sus miembros. El apostol Pablo da testimonio del caracter virtuoso de Timoteo y Epafrodito, diciendo de ellos, palabras de elogios por sus actitudes cristianas y recomendándolos con su puño y letra, lo que es una tranquilidad para aquellas personas.

Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos;  y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros.  Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia, vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades;  porque él tenía gran deseo de veros a todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado. Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza. Así que le envío con mayor solicitud, para que al verle de nuevo, os gocéis, y yo esté con menos tristeza.  Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él;  porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí. (Filipenses 2:19-30 RV 1960).

Creo que se trata de “combatir el error y amar al que yerra”, como decía San Agustín [8] Pero la insistencia en la intolerancia extrema, nos llevará al absurdo choque de dos intolerancias, a las guerras de religión, como sucedió en el surgimiento de la Europa moderna, al enfrentamiento de todos contra todos.A un !sálvese quien pueda!.

Sébastien Castellion,un reformador poco conocido escribe en el 1612 que:

Así sucederá, que los calvinistas serán matados en Francia y los papistas en Ginebra, los luteranos por los zuinglianos y los zuinglianos por los luteranos, los anabaptistas por todos éstos y, viceversa, todos éstos por los anabaptistas; y la no existencia de un límite para estas matanzas hará que al final todos tengamos que caer a fuerza de golpearnos respectivamente. Quien cree construir la Iglesia con esta furia asesina, en realidad transforma a Cristo en Satanás. Es con la sangre, en efecto, y no con el amor con la que se construye la iglesia de Satanás. [9]

Sigo pensando que debemos ser tolerantes, tratar de hacer un esfuerzo en convivir pacíficamente. Yo he visto y oido la intolerancia de predicadores pentecostales antiguos predicando en las puertas de templos bautistas !para que las mujeres no se pongan pantalones! Que absurdo, Dios mio! No se muy bien porque no nos ponemos a pensar que la tolerancia bien puede ser considerada un atributo en Dios. Según nos enseña el Antiguo Testamento, en el libro de Éxodo, Moisés escribe que Dios: 

que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación (Exodo 34:7 RV 1960).

Muchas veces leí sobre los atributos de Dios, pero nunca escuché a nadie que considerase la tolerancia de Dios como un atributo divino, como una virtud de nuestro Dios. Y en el Nuevo Testamento, Lucas nos habla de lo importante que es el amor verdadero y su recompensa:

Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque El es bondadoso para con los ingratos y perversos. Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso. (Lucas 6:35-36 LBLA)

Pero la apasionada denuncia  del reformador Castellion, nos demuestra que la batalla entre tolerancia e intolerancia, no era sólo un conflicto entre católicos y reformados, sino que también brotó la intolerancia en el seno del protestantismo. En el mes de octubre de 1517, un ex-monje alemán llamado Martín Lutero pegó en la puerta de la iglesia de Wittenberg, un tratado con  95 tesis encontra del valor de la indulgencias. En este documento proclama que el hombre es salvado por Dios de manera gratuita por la fe en su Hijo Jesucristo. A pesar de no tener Lutero previsto que su proposición tendría mucho efecto, estas 95 tesis inundaron Europa y poco tiempo después hizo temblar los cimientos de Roma. Al realizarse algunos debates con autoridades reconocidas de la época como el doctor Juan Eck, se notó que la ideas que exponía Lutero no eran simples diferencias de doctrinas sino que removían los cimientos en los cuales  la iglesia católica se basaba para afirmar su derecho de gobernar las almas y cuerpos del mundo entero. Además sacaban a la luz verdades tan importantes que hacían la diferencia entre un cristiano y un pagano o apóstata. Las consecuencias de esto sería el reconocimiento de la verdad divina expresada en las escrituras. Lutero fue excomulgado por el Papa León X y el emperador Carlos V, quienes manifestaron su intolerancia en contra del ex-monje y le impusieron un edicto de pena de muerte. Gracias a Dios, esta sentencia nunca llegó a cumplirse por la protección del Señor y la ayuda de algunos amigos como el elector Federico de Sajonia.  El 3 de enero de 1521, fue excomulgado por el Papa León X, por defender sus 95 tesis o proposiciones escritas en latín contra la venta de indulgencias. [10] Pero encontramos que hay dos Luteros: Uno es el ex-monje agustiniano, un teólogo espiritual, sincero, buscador de Dios, dotado de virtudes intelectuales y mas reflexivo y tolerante que el segundo Lutero, un hombre religioso y político que no duda en solicitar la ayuda del estado para proteger sus ideas reformadoras mediante el brazo político de los príncipes.

El teólogo Martin Lutero de los comienzos, aquel de “De la libertad del cristiano” y del tratado “A la nobleza cristiana de la nación alemana”, demostraba ser un predicador tolerante. En aquella época, Lutero escribió  que

Los herejes, se han de vencer con la escritura y no con el fuego, como hicieron los antiguos Padres. Que si fuera arte el vencerlos con el fuego, los verdugos serían los doctores más sabios de la tierra y no habría necesidad de estudiar y quienquiera que lograse vencer al otro con la fuerza, podría quemarlo. [11]

Pero luego Lutero cambió completamente y se puso mas religioso que espiritual y mas radicalmente intolerante que reflexivo. Su perspectiva tolerante, aún presente en el tratado del 1523 “Sobre la autoridad secular”, experimentó un cambio radical a partir del 1525, luego de la revuelta de los campesinos alemanes conducida por el profeta anabaptista Thomas Müntzer. En este momento no sólo pide a los príncipes alemanes, en el libelo “Contra las impías y perversas bandas de los campesinos”, una represión total del movimiento de Müntzer, sino que, además, quiere que los magistrados impidan la misa católica

equiparando así la práctica del culto católico no tanto a una desviación de tipo herético cuanto a un simple tipo de delito común. [12]

Una intransigencia, ésta, que emerge también en uno de los últimos escritos de Lutero, el Von den Juden und ihren Lügen, publicado en 1543, tres años antes de la muerte del autor. El libelo, de una violencia única, tiene como blanco a los judíos

seres tan desgraciados, malos, venenosos y diabólicos, [13] solicitando a la autoridad civil el usar hacia ellos una «áspera misericordia» (scharfe Barmherzigkeit) que permita el final de la «llaga» judía en Alemania.

Tomando como modelo la obra de depuración llevada a cabo en España, Francia y Bohemia, el teólogo de Wittenberg elabora en un conjunto de puntos un impresionante programa para solucionar el problema judío.

En primer lugar, hace falta prender fuego a sus sinagogas o escuelas; y lo que no quiera arder tiene que ser recubierto de tierra y sepultado, de modo que nadie pueda jamás ver una piedra o un resto de ello. [14]

En segundo lugar,

hace falta del mismo modo destruir y desmantelar también sus casas, porque allí practican las mismas cosas que hacen en sus sinagogas. Por tanto, que se les meta en un cobertizo o una cuadra como los gitanos. [15]

En tercer lugar

es necesario quitarles todos los libros de rezos y los textos talmúdicos en los que se enseñen semejantes idolatrías, mentiras, maldiciones y blasfemias.

En cuarto lugar

hay que prohibir a sus rabinos —so pena de muerte— el continuar enseñando. [16]

En quinto lugar

hace falta abolir completamente para los judíos el salvoconducto por las calles.

En sexto lugar

hay que prohibirles la usura, confiscar todo lo que poseen en efectivo y en joyas de plata y oro. [17]

A estas medidas Lutero añade la prohibición de pronunciar el nombre de Dios en presencia de los cristianos. Una intolerancia furibunda la del reformador alemán que rompe en este punto —el respeto por el misterio de Israel— con la tradición agustina a la que Lutero había permanecido fiel en la primera fase de su pensamiento. [18] Emilio Monjo escribe respecto de la relación entre Lutero y los judíos, diciendo que:

Para la final conversión en masa de los judíos, vivamos con ellos en paz y que vean nuestro caminar cristiano, dijo Lutero al principio. Otros no compartían la opinión. Siempre el judío es enemigo, y debe ser derribado. Queda claro, en una postura u otra, el final, la bendición última de la tierra, no puede llegar con un judaísmo sin conversión. Si están, hay que convertirlos, o liquidarlos. Y Lutero piensa que no se van a convertir. El suelo no puede soportar el final con esta mancha. Liquidación que supone expulsión en casos concretos; en otros, simple liquidación física. Esto es lo que vive Lutero, porque vive en el final de los tiempos. Y tiene que preservar a la Iglesia católica, no solo del papado, sino de los otros siervos del diablo, los revolucionarios y los judíos. Sobre ellos enseña que la Iglesia debe librarse de ellos, ya vemos cómo, pues ya tiene bastante con sus propios pecados, como para llevar también los de los judíos. Si están en la casa, la casa está bajo el juicio de Dios, y su cólera viene pronto. Hay que echarlos; y ya sabemos cómo lo han realizado en tantas ocasiones; alguna tan cercana.[19]

Posiblemente Lutero olvidó aquellas palabras de Jesús: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”(Mateo 5:9 RV 1960). Seguramente en aquel momento no las tuvo en cuenta. Sino, no se explica el porque de ese caracter tan airado e intolerante en contra de todo aquel que Lutero considerase su enemigo. ¿Será acaso, que las palabras de Jesús en Mateo 5:9 tuvieron mas fuerza en su mente que aquellas bienaventuranzas tan preciosas del Sermón del Monte? No lo sabemos bien. Recordemos que Jesús dijo que No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada. Porque he venido a poner en conflicto al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra; los enemigos de cada cual serán los de su propia familia”. (Mateo 5:9 RV 1960).

Castellion escribió una apología de la tolerancia, la cual es, evidentemente, una apología de la caridad, haciendo la distinción de los reinos, divino y humano, entre lo que es obra de la Gracia y cuanto es fruto de la presión, coacción, imposición, mandato o exigencia humana. Es que nadie puede ser “obligado” a ser bueno por la fuerza humana, esto si que es una gran verdad. Solamente Cristo cambia los corazones mediante su amor y su bondad. Yo no creo que debamos usar la fuerza de la intolerancia para intentar cambiar a alguien a nuestro favor, como hizo Lutero. La justicia de los hombres no está para obligar a nadie a ser mas bueno, dado que solo Dios es bueno. La justicia de los hombres solo está para hacer cumplir la ley. Castellion dijo que:

Ni siquiera Cristo pudo salvar Jerusalén sin que ella lo quisiera: y nosotros, ¿superaremos a Cristo? Pero —podrían objetamos— también está escrito: A quienquiera que encontréis, obligadlo a entrar. Es cierto, pero con las armas del espíritu, puesto que la bodas son espirituales: es decir, con las palabras divinas (…); mientras que querer crear una criatura nueva con medios diferentes a la palabra de Dios no significa otra cosa que subvertir la creación del mundo. Sin embargo —dicen los perseguidores—, Cristo forzó a Pablo a abrazar el Evangelio castigándolo corporalmente (…), pero atribuir al magistrado este poder de coacción significa hacer bajar el cielo a la tierra. Todavía, osan afirmar que los apóstoles no solicitaron ninguna ayuda al magistrado para defender la religión cristiana de sus enemigos, pero que se comportaron así porque los magistrados no eran cristianos. Que vean un poco cómo están las cosas; pero que se acuerden de que Cristo mismo niega que su reino sea de este mundo, ya que, si lo hubiera sido, sus ministros habrían luchado para que no fuera entregado a Pilato. Sin duda el magistrado tiene que defender a los buenos de la violencia y la injusticia, pero no puede obligar de igual manera a nadie con la fuerza a ser bueno, ni puede ocuparse de la religión a través de la espada, de otro modo, se deduce que ni Cristo se armó suficientemente, ni armó bastante a sus apóstoles; y, sin embargo, ellos, incluso obstaculizados por todos los príncipes de la tierra, pobres y dejados a ellos mismos, crearon más de lo que nosotros, que nos hemos vuelto potentes y violentos con el apoyo de aquellos príncipes, logramos salvar. [20]

Pero creo que si miramos bien la historia en su contexto nos daremos cuenta que la intolerancia luterana no era tan solo un hecho aislado de aquella época. Los otros líderes de la Reforma pensaban de manera parecida. Desde Huldrych Zuinglio, quien era un defensor de un derecho sin condiciones de intervención de la autoridad civil en las cuestiones religiosas, favorable a la pena de muerte para los anabaptistas, a Juan Calvino, partidario de la condena de Miguel Servet, quemado vivo en Ginebra en el 1553 por sus doctrinas antitrinitarias, que, en sus primeros tiempos de ministerio eclesiástico tenia una visión de un Estado teocrático en Ginebra, lo que “dio lugar a una de las más rígidas formas de intolerancia dentro del mundo protestante”.[21] [22] Además, tampoco podemos decir que el rey de Inglaterra, Enrique VIII, fue un mandatario tolerante.

Conclusión

No tengo dudas que ser tolerante con el prójimo es una virtud de caracter. No ganamos nada con ser agentes de la ira de Dios. Yo también fui viviendo en carne propia la intolerancia, en mi experiencia personal en las redes sociales. Recuerdo que antes dejaba comentarios en blogs, comentarios que estaban dentro de los límites de la revelación bíblica, y muchas veces me los censuraban, solo por prejuicios del administrador. Pero además recuerdo que al principio, yo era mucho mas tolerante con los comentaristas en mi blog, pero me di cuenta que no sirve de nada ser tan tolerante con todas las ofensas que la gente deja, y luego tuve que empezar a no ser tan ingenuo, a no querer respetar tanto la libertad de expresión del otro, cuando su comentario es ofensivo. Y dado el poco tiempo que dispongo para responder los comentarios, me he tenido que poner más estricto. Pero entiendo que no se puede vivir censurando todo lo que no está de acuerdo con nuestra opinión, ya que nos convertimos en personas  sectarias.

Y en las iglesias evangélicas he observado muchisima intolerancia, principalmente entre las iglesias hispanas. Los pastores se sienten monarcas, actúan como si fuesen jueces mas que pastores de ovejas. Se sienten con la autoridad de juzgar y condenar intolerantemente cualquier cuestión que toque sus intereses. Lamentablemente, no todos los pastores tienen vocación de servicio y un verdadero amor por las almas perdidas. Creo que mas son los líderes evangélicos que tienen un poderoso don de mando y lo utilizan de manera absoluta como si fuesen reyes y emperadores. Los seminarios teológicos y las universidades forman líderes intelectuales, pero son las ovejas las que transforman el corazón de un obrero o ministro cristiano en pastor de ovejas, pero solamente con la ayuda del Señor este milagro es posible.

Pero pienso que a todos nos viene bien recordar que esta vida es corta. Algún día todos los cristianos moriremos (salvo que Cristo venga antes) y a todos Dios nos juzgará de igual manera.

Y así como cada persona está destinada a morir una sola vez y después vendrá el juicio,(Hebreos 9:27 NTV)

Continúa…

Dios lo bendiga mucho!!!

Notas

[0] Kung, Hans. (1979). Existe Dios. Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo. p.427. Ed. CRISTIANDAD. 

[1] Para comprender mejor las razones del ateísmo de Sigmund Freud y su rechazo al cristianismo, recomiendo leer mi articulo: https://elteologillo.com/2017/12/17/el-ateismo-de-freud-y-su-rechazo-al-cristianismo/

[2] https://www.nexos.com.mx/?p=15293

[3] http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html

[4] https://www.thebereancall.org/content/la-psicolog-y-la-iglesia-evang-lica

[5] Ibid

[6] Ibid

[7] Ibid

[8] http://es.catholic.net/op/articulos/749/cat/56/leccion-32-y-33-la-paciencia-y-la-tolerancia.html

[9] S. Castellione, Contra libellum Calvini, in quo extendere conatur haereticos iure gladii coercendos esse, 1612, traducción italiana del pasaje en M. Firpo, Il problema della tolleranza religiosa nell’età moderna, Turín, 1978, 120.

[10]  M. Lutero, Alia nobiltà cristiana di nazione tedesca, en M. Lutero, Scritti politici, Turín, 1959, 203.

[11] https://www.vi-e.cl/martin-lutero.html

[12] Firpo, 33.

 [13] M. Lutero, Degli ebrei e delle loro menzogne, Turín, 2000, 200.

 [14] Ibid, 188-189.

 [15] Ibid, 190.

 [16] Ibid, 191.

 [17] Ibid, 192.

 [18] Cf. M. Borghesi, “Lutero, Agostino, gli ebrei”, en 30Giorni, 2 (2001) 56-61.

[19] http://protestantedigital.com/magacin/36006/lutero_y_los_judios

[20]  B. Montfort (pseudónimo de Castellion), Confutazione di quegli argo-menti che vengono sólitamente avanzati in difesa della persecuzione degli eretici, traducción italiana del pasaje citado en Lanzillo, 58-59.

[21] Lanzillo, 47.

[22] Para comprender mejor el tema de Calvino vs Servet, recomiendo leer mi articulo https://elteologillo.com/2013/01/04/ni-calvino-logro-salvar-a-m-de-servet-de-la-hoguerra/

 

El llamado a una Nueva Reforma por Steve Lawson


El llamado a una Nueva Reforma por Steve Lawson

31 de octubre 1517, es una fecha fundamental en la historia de la iglesia, una en el que el curso de los acontecimientos humanos en la civilización occidental cambio dramáticamente. En esa fecha, Martín Lutero, un profesor relativamente oscuro de la Biblia en la Universidad de Wittenberg, Alemania, clavó sus noventa y cinco tesis en la puerta principal de la iglesia del castillo en Wittenberg. Este monje agustino de una sola vez estaba registrando su protesta contra los abusos de la venta de indulgencias por el papado. Nadie previó ese día la tormenta de fuego que Lutero estaba a punto de desatar. Este acto audaz resultó ser “el disparo que se oyó en todo el mundo”, que puso en marcha la reforma protestante.

El Conocido Historiador de la iglesia Philip Schaff ha dicho que junto a los inicios del cristianismo, la Reforma Protestante fue “el mayor evento en la historia.” Fue un movimiento sin precedentes, uno de largo alcance, una temporada de la historia que altera cuando la mano invisible de Dios no afecto sólo los individuos e iglesias, sino naciones enteras y culturas. La Reforma fue una serie de eventos estratégicos que involucran a muchas personas en muchos lugares. En su esencia, se trataba de un intento de llevar a la iglesia hacia la autoridad singular de la Escritura y la pureza del evangelio.

En el nacimiento de este movimiento épico, Lutero se convirtió en su principal figura y fuerza de conducción. Con el objetivo de restaurar la Palabra de Dios a la vida de la iglesia, Lutero utilizó todos los medios legítimos para dar a conocer las verdades de las Escrituras. Sus estrategias incluyen la escritura de libros, folletos, panfletos y cartas, así como clases magistrales, debates públicos, y disputas acaloradas en las iglesias y universidades. Pero su medio principal de producción de la reforma era el púlpito. Lutero fue, como D. Martyn Lloyd-Jones afirma, “preeminentemente un gran predicador.”

Que esa predicación de Lutero desempeñó un papel tan importante en el establecimiento de la Reforma no debería ser una sorpresa:

“Un avivamiento de la verdadera predicación siempre han sido proclamados en estos grandes movimientos de la historia de la Iglesia”, escribe Lloyd-Jones.

“Y, por supuesto, cuando la Reforma y el Renacimiento vienen siempre han dado lugar a grandes y notables períodos de la mayor predicación que la Iglesia jamás ha conocido.” Esto era innegable en el púlpito del siglo XVI durante el movimiento protestante.

Escribiendo en “Una historia de la Predicación”, Dargan CE señala que la Reforma fue impulsada principalmente por la predicación de la Palabra de Dios. Un ejército virtual de los predicadores se desató en una Europa adormecida. Los reformadores despertaron el continente y las islas británicas mediante la restauración de la primacía de la predicación de la Palabra. Dargan escribe:

Los grandes eventos y logros de esa poderosa revolución fueron en gran medida el trabajo de los predicadores y la predicación; pues fue por la Palabra de Dios, a través de el ministerio de hombres serios que creían, la amaban y enseñaban, esto era la mejor y más perdurable obra que la Reforma hizo. Y, a la inversa, los eventos y los principios del movimiento reaccionaron fuertemente en la predicación misma, dándole nuevo espíritu, nueva potencia, nuevas formas, de manera que la relación entre la Reforma y la predicación se puede describir sucintamente como una de mutua dependencia, asistencia y dirección.

John Broadus, un conocido profesor del siglo XIX, identifica cuatro marcas distintivas de la Reforma. Cada uno de ellas es críticapara nuestra comprensión de Lutero y el movimiento protestante.

En primer lugar, la Reforma fue un renacimiento de la predicación. Broadus toma nota de que durante la Edad Media, los predicadores eran excepciones a la regla. La Iglesia Católica Romana había subyugado el púlpito a un papel secundario, periférico. En su lugar fueron los masivos, rituales y ceremonias. Pero la Reforma, Broadus escribe, estuvo marcada por “un gran estallido de la predicación, como no se había visto desde los primeros siglos del cristianismo.” Todos los reformadores eran predicadores, no meramente autores y conferencistas. Estos valientes restauraron el púlpito como el principal medio de gracia en la iglesia.

Como explica Dargan: “Entre los reformadores, la predicación reanuda su lugar apropiado en la adoración … La exposición de la Escritura se convierte en lo más importante … La predicación se hace más prominente en la adoración de lo que había sido tal vez desde el siglo IV…” El historiador de la Reforma Harold Grimm afirma este punto de vista, por escrito:

“La Reforma protestante no habría sido posible sin el sermón. … El papel del sermón al hacer de la Reforma un movimiento de masas apenas puede exagerarse.”

Roland Bainton, un erudito de Lutero, también está de acuerdo:

“La Reforma dio centralidad al sermón. El púlpito fue mayor que el altar “.

Como observó Lloyd-Jones, en cada gran movimiento de Dios, la predicación es central. La Reforma protestante no fue la excepción.

En segundo lugar, se trataba de un renacimiento de la predicación bíblica. Broadus señala que el movimiento protestante no se limitó a traer de vuelta a la predicación per se, sino un cierto tipo de predicación, la predicación bíblica, es decir, la predicación expositiva. Él escribe:

“En vez de largas y a menudo fabulosas historias de santos y mártires, y relatos de milagros, en vez de pasajes de Aristóteles y Séneca, y sutilezas-finas hiladas del escolástico, estos hombres predicaron la Biblia. La pregunta no fue lo que dijo el Papa; e incluso los Padres, aunque muy estimados, no fueron la autoridad decisiva, lo fue la Biblia. “Una vez más, el púlpito reinó en la iglesia por la predicación de la Palabra de Dios.

En el siglo XVI, Broadus, explica, “una gran tarea del predicador era exponer las enseñanzas doctrinales y morales de la Palabra de Dios.”

Todo lo demás que el predicador hizo fue secundario. Con este nuevo énfasis llegó un estudio más profundo de la Biblia:

“Los predicadores, estudiando el original griego y hebreo,” escribe, “explicaron cuidadosamente a la gente las enseñanzas conectadas de pasaje tras de pasaje y libro tras otro …, [ dándoles ] una exégesis mucho más estricta y razonable que nunca anteshabía sido común desde la época de Crisóstomo.”

Dargan añade:

“La gloria de la predicación de la Reforma era su uso de la Escritura. En las manos de los reformistas, la Palabra de Dios, de nuevo … gobierna el púlpito … como la autoridad suprema en materia de fe y práctica “.

En tercer lugar, se trataba de un renacimiento de la predicación polémica. Broadus explica que a medida que los reformadores predicaban la Biblia, la controversia siguió inevitablemente. Mantuvieron no sólo la sola Scriptura (solo la Escritura), sino tota Scriptura (toda la Escritura).

Los reformadores creían que toda verdad debía ser predicada desde los púlpitos. Cada frase difícil iba a ser expuesta. Cada pecado iba a ser expuesto. Después de siglos de apostasía, todo el consejo de Dios se predica de repente, lo que provocó un conflicto inevitable en una iglesia dormida. Broadus afirma con razón, “la controversia religiosa es inevitable donde la fe que vive en la verdad definitiva habita al lado del el error dañino y las malas prácticas.” La predicación de los reformadores interrumpio el status quo del día. Los problemas críticos fueron enfrentados. Las vacas sagradas fueron masacradas.

Esta no fue una tarea sencilla, Dargan afirma:

“El duro conflicto que los reformadores tuvieron que librar con el error exigió habilidades y una formación más allá de lo ordinario. La tarea del protestantismo no fue fácil “.

Sin embargo, los errores teológicos a los que tuvieron que oponerse “sirven para acelerar y hacer más seria la predicación de los reformadores.” Por lo tanto, su predicación era “en gran medida polémica y doctrinal.” Ellos ejercían la Palabra de Dios como una espada aguda de dos filos que derribo e hirio de muerte. Sin embargo, la Palabra que predicaban también construyó y vivifico.

En cuarto lugar, se trataba de un avivamiento de la predicación en las doctrinas de la gracia. Broadus finalmente señala que la predicación bíblica en la Reforma elevó las verdades de la soberanía de Dios en la salvación:

“La doctrina de la soberanía divina en la salvación humana fue proclamada libremente por todos los reformadores.” En lapredicación de la profundidad bíblica siempre enuncia las doctrinas de la gracia, ya que esta es enseñada repetidamente a travésde toda la Escritura. Un retorno a la predicación bíblica exige un retorno a predicar la soberanía divina en la salvación del hombre. Las dos están indisolublemente ligadas.

Broadus añade: “El protestantismo nació de las doctrinas de la gracia, y en la proclamación de éstas la predicación de la Reforma encontró su poder más verdadero y más alto.”

En el movimiento protestante, la predicación bíblica reclamo el lugar elevado de la gracia soberana. La noble enseñanza de la autoridad suprema de Dios en la gracia salvadora sacudió Europa y más allá, sirviendo como plataforma de lanzamiento para la causa protestante. En la enseñanza de estas doctrinas que exaltan a Dios, los reformadores resucitaron la enseñanza central deEscritura que la salvación es enteramente del Señor. De hecho, estos predicadores audaces afirmaron que la verdadera iglesia está compuesta por el número total de los elegidos de Dios, ni más ni menos.

De pie en la cabecera de la Reforma estuvo Martín Lutero. Este valiente reformador alemán se convirtió en uno de los más grandes predicadores en este tiempo notable. Su púlpito resultó ser el primer gran pulso en el latido del corazón del movimiento protestante, el bombeo de la vida en el cuerpo de Cristo. Lutero desató la Palabra de Dios en el continente europeo con la fuerza de una tormenta eléctrica. El trueno y el relámpago de su exposición bíblica eran poderosos en la conformación de este movimiento.

El tema central de este libro es la predicación bíblica audaz de Lutero. Una fuerza poderosa para Dios, él era una de las personas más valientes que jamás haya servido a la Iglesia. Lutero era resueltamente valiente mientras permanecía de pie en el púlpito. La razón por la que era tan valiente es que él fue completamente bíblico. Su valor heroico surgió de sus convicciones profundas, que surgieron de la sana doctrina. Como expositor poderoso de las Escrituras, Lutero dejó un rico legado de excelencia en el púlpito. Por lo tanto, en estas páginas, nuestro propósito es examinar su vida y ministerio del púlpito. En concreto, ¿por qué fue tan audaz en su predicación, y cómo lo esa valentía se evidencia en sí misma?

Si usted es una persona laica o un predicador, que el Señor utilice el ejemplo de Lutero para envalentonar a su compromiso con la causa de Cristo y la proclamación de su evangelio. En estos días, cuando hay una necesidad urgente de valentía, tanto en el púlpito y como en las bancas, que podamos ver la restauración de la iglesia de Cristo a su prístina pureza a través de una nueva reforma. 

 Steven J. Lawson  

Traduccion: 

gustavo Morel

Sacerdocio universal, libres del clericalismo


Sacerdocio universal, libres del clericalismo

Para Lutero, todo cristiano es un sacerdote y un ministro de Dios, y toda la vida, todo empleo y oficio, son vocación divina dentro del mundo.

AUTOR: Juan Stam

23 DE FEBRERO DE 2015

sacerd

Se suele resumir el aporte teológico de la Reforma en tres puntos:

(1) la justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide),

(2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura, tota scriptura), y

(3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Pero, casi siempre, se olvidan otros dos, que son cruciales:

(4) la libertad cristiana y

(5) “la iglesia reformada siempre reformándose” (ecclesia reformata semper reformanda).

Es especialmente sorprendente y lamentable que los evangélicos hoy hacen caso omiso del tema de la libertad cristiana. De hecho, dicho tema es, sin lugar a dudas, central en todo el movimiento de la Reforma. La Reforma fue, en su sentido más profundo, un proceso liberador en todas sus dimensiones. La afirmación reformada del sacerdocio universal de todos los fieles (1 Pedro 2:9; Apoc 1:6; 5:10) impulsa, lógicamente, un proceso de progresiva democratización dentro de la Iglesia, y por consiguiente dentro del mundo moderno. Para Lutero, todo cristiano es un sacerdote y un ministro de Dios, y toda la vida, todo empleo y oficio, son vocación divina dentro del mundo.

“Una lechera puede ordeñar las vacas para la gloria de Dios”, decía Lutero.  En un pasaje aún más atrevido, afirma que “Todos los cristianos son sacerdotes, y todas las mujeres sacerdotisas, jóvenes o viejos, señores o siervos, mujeres o doncellas, letrados o laicos, sin diferencia alguna” (W.A. 6,370; R. García-Villoslada, Martín Lutero, Tomo. I, p.467).

Es cierto que los Reformadores no llevaron este principio hasta sus últimas consecuencias.  Conservaron mucho del clericalismo heredado de largos siglos de tradición eclesiástica.  Sin embargo, algunos, conocidos como Anabautistas de la “Reforma Radical”, llevaron el principio del sacerdocio universal un buen paso adelante. El paso de la Edad Media al mundo moderno significó un cuestionamiento radical del autoritarismo medieval e impulsó la evolución de una serie de libertades humanas que hoy día damos por sentadas. En ese proceso, Martín Lutero desempeñó un papel decisivo.

Su mensaje de gracia evangélica nos libera del legalismo (autoritarismo ético). Su insistencia en la autoridad bíblica, interpretada crítica y científicamente, nos libera del tradicionalismo (autoritarismo doctrinal).  Su enseñanza del sacerdocio universal de todos los fieles comenzó a liberarnos del clericalismo (autoritarismo eclesiástico). Lutero lanzó una cruzada tenaz contra las estructuras autoritarias de la iglesia medieval:

“Todas y cada una de las prácticas de la Iglesia”, escribió en 1520, “son estorbadas, y enredadas, y amenazadas por las pestilentes, ignorantes e irreligiosas ordenanzas artificiales.

No hay esperanza de cura, a menos que todas las leyes hechas por el hombre, cualquiera que sea su duración, sean derogadas para siempre.  Cuando hayamos recobrado la libertad del Evangelio, debemos juzgar y gobernar de acuerdo con él en todos los aspectos” (Woolf  I, p.303, en Wolin p.156). Al denunciar la tiranía del Vaticano, Lutero exigió a la iglesia “restaurar nuestra noble libertad cristiana” (Wolin  p.158) también en las iglesias evangélicas.

Hoy día, tanto en círculos católicos como protestantes, se reconocen los carismas de todos los fieles y se cuestiona constantemente el clericalismo y el autoritarismo que, lamentablemente, han prevalecido en la iglesia protestante como también en la católica.

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Mientras la Reforma ocurría en Europa, Latinoamérica estaba siendo esclavizada


Mientras la Reforma ocurría en Europa, Latinoamérica estaba siendo esclavizada

November 2, 2011

Mientras que Lutero peleaba por proclamar que el hombre era justificado por fe, en Latinoamérica, se proclamaba que los indígenas tenían el derecho de vivir. Lo que me llama la atención, es que aun en Inglaterra, después de haber abrazado la Reforma Protestante, aun no tenían el problema de conquistar a naciones y explotarlas. Lo mismo con los Alemanes, con Madagascar y algunos territorios en África y en el pacifico.

Esto, para mi, confirma que la Reforma fue una Reforma incompleta, y que no hubo un seguimiento posterior para corregir lo que carecía en la Reforma, la esfera ética. Esta descoyuntara sigue el día de hoy, en su forma mas reciente entre un debate entre Jim Wallis, que promueve un evangelio mas integral, y Albert Mohler, que promueve un evangelio mas conservador, no ve que es esencial ayudar a las personas mejorar su estado existencial.

El próximo articulo, lo otorgo mas por su aspecto histórico que teológico (no estoy de acuerdo con el autor en su cita de José Martí, sobre el hombre que fue asesinado, cuando iba en el carro, ahí iba Dios también). No obstante, creo que es bueno saber lo que pasaba en otros lados del mundo mientras que la Reforma Protestante estaba sucediendo en el norte de Europa. Dios no solo se estaba moviendo en ese lugar.

La Reforma latinoamericana

11 octubre 2011

Hace 500 años, el cuarto domingo de Adviento de 1511 —seis años antes de que Martín Lutero clavara las 95 tesis que dieron inicio a la Reforma Protestante—, un monje de la Orden de Hermanos Predicadores (dominicos) golpeó la conciencia del Nuevo Mundo con la primera protesta pública en defensa de la dignidad humana de los pueblos subyugados por el imperio español. Ante los ojos asombrados de los conquistadores que habían asistido a la iglesia a oír misa, Antón Montesinos se hizo eco del mensaje del profeta Juan el Bautista: “Voz que clama en el desierto…”, para actualizarlo en el desierto de la América india, devastada por la voracidad implacable de los conquistadores.

Un suceso digno de un lugar especial en la historia, cuyo impacto no dividió al cristianismo como la Reforma, pero si marcó una diferencia entre dos maneras de entender la misión de la iglesia: la que se ciñe al papel del que cura heridas y consuela al sufriente, de la que denuncia al ofensor y libera al oprimido; la iglesia callada y neutral, y la iglesia que toma partido del lado del esclavo y del pobre. En Santo Domingo, aquel domingo de Adviento, al decir de Gustavo Gutiérrez, América Latina dio a luz la teología de la liberación.

No fue este el origen de un movimiento estructurado y organizado, con una bandera y un credo particular; pero fue la brecha por la que pasaron innumerables cristianos, sacerdotes y laicos, muchos mártires entre ellos, que tuvieron la conciencia iluminada para ver en el maltratado el rostro de Jesús. Hasta hoy, sigue marcando la diferencia entre el cristianismo de templo y culto y el cristianismo de voz profética, comprometido con el pobre y oprimido. Recordarlo es traer al orden del día la discusión sobre la vigencia de una espiritualidad fuente de actitudes radicales en defensa de la vida, de la paz y la justicia.

La Reforma de Lutero se centra en el problema de cómo ser justo ante Dios; la prédica latinoamericana se preocupa en ser justo con el prójimo. El énfasis de aquella es en la teología; el de esta lo es en la ética. No se trata precisamente de contrastar, sino de complementar, ya que la experiencia profunda de Dios debe llevar a una acción comprometida con el otro y la otra. Pero dado que las experiencias humanas raramente alcanzan la plenitud de perfección, es necesario enfatizar lo que ha quedado más relegado en la práctica religiosa.

El contexto de la Reforma luterana es el amanecer de la modernidad. La imprenta y el púlpito son los símbolos de la nueva era, en que la razón humana va a desplegarse: busca explicar todos los misterios, barriendo con supersticiones y tradiciones. El contexto de la reforma de los dominicos es la globalización de los imperios europeos, que aguijoneados por la insaciable voracidad mercantil de oro y plata, destruyen a cualquier precio civilizaciones, arrasan con culturas… Cualquier semejanza con el mundo actual no es pura coincidencia.

La España reformadora

Es importante destacar también lo que el historiador cubano, residente en los Estados Unidos. Justo L. González, resalta en sus obras, en cuanto al extendido prejuicio de que la Reforma religiosa tuvo su único eje en el noratlántico europeo, relegando para España el papel principal en la Contrarreforma y la Inquisición. A este respecto dice González: “Durante la época de la Reforma, España era un centro de actividad intelectual y reformadora. […] Mucho antes de la protesta de Lutero, las ansias reformadoras se habían posesionado de buena parte de España, precisamente gracias a la obra de Isabel y sus colaboradores”.[1]

La principal protagonista de la reforma religiosa en España fue la reina Isabel de Castilla, llamada comúnmente “La Católica”, y su mayor apoyo lo encontró en el fraile franciscano Francisco Jiménez de Cisneros, su confesor y aliado, hombre de gran erudición bíblica y piedad probada, quien dirigió la edición de la monumental Biblia Políglota Complutense. Junto a Cisneros, la Reina lideró un movimiento de reforma de la vida monástica, fundó la célebre universidad de Alcalá de Henares e impulsó los estudios en la de Salamanca. No hay que olvidar la enorme influencia que estaban teniendo las obras de Erasmo de Rótterdam en muchos círculos españoles. Una verdadera reforma de la vida religiosa estaba en buen camino a finales del siglo xv y principios del xvi.

Evidentemente, las victorias militares frente a los musulmanes, que habían dominado la península por siete siglos, así como las noticias de la reforma de Lutero, hicieron que el espíritu de intolerancia se adueñara totalmente del reino de España. El Papa encontró en este el principal bastión que le quedaba, brindándole la autonomía para el manejo de los asuntos religiosos, lo que vino a dar vía libre para la unión entre la Corona y la Iglesia. De este modo, la Inquisición se encargó de extirpar cualquier brote que se semejara a la reforma luterana. No obstante, los frutos del espíritu evangélico se manifestarían de una forma insólita en aquellos religiosos que vinieron a América y levantaron sus voces proféticas frente a las injusticias. Los célebres misioneros dominicos provenían de ese ambiente humanista. Pero ocupémonos brevemente de la Orden a la cual pertenecían.

La Orden de los dominicos

Fundada en 1221 por Domingo de Guzmán, desde sus inicios se identificó como una orden de predicadores mendicantes, es decir, que rechazaban toda posesión o ingreso económico que no fuera las ofrendas y limosnas; renunciaban a toda riqueza personal o comunitaria. Por otra parte, Domingo había sido tocado por el conflicto con los llamados herejes albigenses, del sur de Francia. Sintió como una tarea importante para su Orden la defensa de la fe ortodoxa, por lo cual sus predicadores eran estimulados a estudiar y prepararse en los mejores lugares de la época. Privilegiaron, pues, el estudio, habilitando las casas de la Orden con espacios de superación y escuelas de teología. No es, por tanto, de extrañar que de sus filas salieran hombres de la talla de Alberto Magno y Tomás de Aquino.

Es cierto que la Orden produjo también la cantera de la cual el Papa extrajo los más altos cargos en la tristemente célebre Inquisición. Torquemada fue un dominico, pero esto se debía a que eran los más autorizados teológicamente para determinar lo que pudieran ser “herejías” para la doctrina de la Iglesia. No obstante, esta realidad no mengua el hecho de que esta Orden, que privilegiaba la actividad intelectual, fuera terreno propicio para el cultivo de una espiritualidad renovadora.

No menos importante para la Orden fue el ímpetu misionero que desplegó desde sus inicios. Como predicadores itinerantes iban por todas las regiones de Europa y del mundo conocido, predicando y dando un ejemplo de humildad evangélica. Entre las primeras órdenes que salieron a la exploración del mundo estaba ella, y precisamente del Colegio San Esteban, en la ciudad universitaria de Salamanca, salieron en el año 1510 tres monjes para iniciar el trabajo en el Nuevo Mundo. Los dominicos y los franciscanos fueron las órdenes que mayor compromiso misionero mostraron en los primeros años de la conquista de América.

Relato de los hechos

Lo que sucedió aquella mañana luminosa en La Española (hoy, República Dominicana) lo sabemos por boca de un testigo presencial: un joven sacerdote enamorado del Nuevo Mundo y de su gente, cuya conciencia dormida respecto al trasfondo sangriento de la conquista, recibió ese día el primer toque de luz, la primera semilla de lo que sería una auténtica conversión —ocurrida unos tres años después—, que lo torna en el más valeroso luchador por la dignidad de los aborígenes americanos: fray Bartolomé de las Casas. De su Historia de las Indias tomamos notas para este relato.

Un año antes, en 1510, habían llegado los tres religiosos, fray Pedro de Córdoba, fray Antonio Montesinos y fray Bernardo de Santo Tomás, estableciendo su casa comunal en una humilde casa de techo de paja, piso de tierra y pobres muebles hechos por ellos mismos. Un buen día les llegó, buscando entrar en la Orden, un hombre que llevaba tres años escondido en los montes, prófugo de la justicia por un crimen pasional. Dio muestras de un profundo arrepentimiento y deseo de entregar su vida a la Orden; finalmente fue aceptado como novicio. Resultó ser Juan Garcés, quien luego se convertiría en uno de los primeros mártires de la fe en estas tierras.

El novicio sorprendió a los frailes con los relatos sobre sus aventuras en el monte y de cómo pudo ser testigo de las crueles guerras que los conquistadores sostenían con los naturales del país, cómo los secuestraban de sus aldeas para hacerlos trabajar como esclavos en la búsqueda de oro y en sus haciendas; violaban a sus mujeres y cazaban con perros a los que huían a los montes, y otras crueldades semejantes. Estos testimonios de primera mano impresionaron y convencieron a los religiosos de que no podían permanecer neutrales ante tanta injusticia. Después de meses de oración y meditación, decidieron que en la celebración del Cuarto Domingo de Adviento uno de ellos presentaría un sermón a los españoles, en el cual todos concordaban y estaban dispuestos a firmar, con el propósito de llamarlos al arrepentimiento. Se eligió a fray Antonio Montesinos, por su carácter decidido y su elocuente oratoria.

Como buenos misioneros, salieron por las calles de la villa invitando, casa por casa, para aquella misa, en la que todos los vecinos debían estar; no excluyeron de la invitación a las autoridades, entre ellas el Gobernador. Como los frailes gozaban de un bien ganado reconocimiento por su abnegada forma de vida; la Iglesia Mayor se vio completamente abarrotada, vistiendo todas y todos las mejores galas, deseosos de complacer a los piadosos frailes.

Llegado el momento del sermón, las cosas tomaron otro color. No imaginaron los asistentes que el predicador los emplazaría con tanta rudeza. Veamos lo que cuenta el propio Las Casas:

Hecha su introducción y dicho algo de lo que tocaba a la materia del tiempo de Adviento… “Para os lo dar a conocer me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, […] esta voz dijo él es “que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacificas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado que estáis no os podéis salvar más que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo”.[2]

Dicho su sermón, Montesinos, bajó del púlpito con rostro firme, enfrentando las miradas coléricas de los asistentes. No hubo un solo arrepentido entre ellos; con la honrosa excepción de Pedro de Rentería, no hubo quien estuviera de parte del predicador.

Salieron todos airados y dispuestos a conspirar para dar un escarmiento al atrevido fraile. Según Las Casas: “Acuerdan ir a reprender y asustar al predicador y a los demás, si no lo castigaban como hombre escandaloso, sembrador de doctrina nueva, nunca oída, condenando a todos y que había dicho contra el rey y su señorío, que tenia en estas indias”. Fueron aquella misma tarde a la casa de los dominicos, a presentar quejas al superior, Pedro de Córdoba, quien trató de apaciguarlos, escuchando con paciencia sus descargas. Les aclaró que lo que se había predicado era lo que todo el grupo había aprobado. No obstante, los colonizadores insistieron en que le iban a dar una oportunidad para que el próximo domingo se desdijera el intrépido predicador.

Podemos imaginar que el domingo siguiente la expectación era tal que no faltara persona alguna a la misa. Volvió a subir al púlpito el propio Montesinos, quien sin atemperar su pasión, volvió a arremeter contra las injusticias y los oprobios que sufrían los aborígenes. Ya no había arreglo posible, las posiciones eran irreconciliables, por lo que no había otra alternativa que acudir a la autoridad real. Fue el Rey quien dio derecho de propiedad sobre las tierras descubiertas, quien autorizó la repartición de indios en encomiendas, quien recibía los beneficios de lo que los colonizadores explotaran. Por esto, para los colonos, se estaba desafiando a la autoridad y al interés de la Corona. Se iniciaba así una larga lucha entre los misioneros indigenistas y los poderosos conquistadores.

Se prepararon ambas facciones para el viaje a España. Los colonizadores escogieron a los oficiales más representativos del Rey, pero fueron astutos en buscar dentro de los mismos religiosos sus mejores aliados. Así, encontraron alguien dispuesto a colaborar, al decir de Las Casas un franciscano “llamado fray Alonso del Espinal, éste, como se dijo, era celoso y virtuoso religioso, pero no letrado, más de saber lo que comúnmente muchos religiosos saben, y todo su estudio era leer en la Suma angélica para confesar”.[3]

De este modo, podían hacer más creíble la acusación contra los dominicos. Esta complicidad de misioneros con los conquistadores se dio a través de toda la historia de la conquista y la colonización, haciendo más difícil la prédica profética. Pero no es de extrañar que muchas veces por falta de instrucción —como dijera Las Casas— dieran por sentado el derecho del europeo sobre el nativo; otras, participando de los prejuicios racistas sobre la población nativa. Eran muchas las calumnias sobre las costumbres licenciosas, los vicios, la poca disciplina para el trabajo y la limitada capacidad intelectual de los nativos que se propalaban para justificar un trato despiadado.

El capitulo siguiente de esta historia transcurre en España. Los dominicos dan las primeras batallas en la Corte, y finalmente se impone un tímido reconocimiento a sus planteamientos, decretándose las Leyes de Burgos, en 1512, las primeras que se impartieron para establecer una cierta protección de los abusos más extremos. Quedaba un largo camino por delante, en el que entraría en juego una personalidad como fray Bartolomé de las Casas, quien luego de su conversión a la causa indigenista en 1514, estando en Cuba, y después de una etapa de conflictos y algunos fracasos, ingresa en la orden de los dominicos y pasa 10 años en un monasterio, donde se preparó intelectual y espiritualmente para las batallas que le ocuparon hasta el resto de sus días.

Como conclusión de este histórico suceso, cito las palabras del historiador Enrique Dussel:

la acción de Montesinos trasciende en el tiempo latinoamericano. Acción realmente profética, cuya actitud origina una tradición en la historia americana, fue la de Antonio de Montesinos, cuando en aquel 21 de diciembre de 1511, en el cuarto domingo de Adviento, pronunció aquellas palabras que no dejarán de resonar en América mientras haya una conciencia cristiana que lleve realmente el nombre de tal.[4]

La cuestión de fondo

Volviendo al discurso de Montesinos, las preguntas que lanza a los conquistadores: “¿No son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos?”, son nada menos que sobre la condición de seres humanos de los aborígenes. Porque desde muy temprano, en el encuentro de los europeos con una cultura completamente diferente, la reacción de rechazo se expresó en la bestialización de los nativos. Considerarlos animales era verlos como seres inferiores, en todo caso sub-humanos, lo cual justificaba el maltrato. Tristemente, fueron religiosos los que más imágenes denigrantes trasmitieron acerca de los aborígenes, como la de fray Tomás Ortiz, quien llegó a ser Obispo de Santa Marta. Así se expresa de los aborígenes:

Ninguna justicia entre ellos… son como asnos, abobados, alocados, insensatos, no tienen en nada matarse y matar; no guardan verdad sino es en provecho, son inconstantes… son bestiales en los vicios.. no son capaces de doctrina… son traidores, crueles y vengativos, que nunca perdonan… haraganes, ladrones.. y de juicios bajos y apocados… son cobardes como liebres, sucios como puercos, comen piojos, arañas y gusanos crudos… no tienen arte ni maña de hombres.. se tornan como brutos animales, en fin, digo, que nunca crió Dios gentes con tanto vicio y bestialidades”.[5]

Nótese cuántos epítetos provenientes de la fauna (asnos, liebres, puercos, bestias) son usados; pero el término “bestias” quedó acuñado y circuló más ampliamente que ningún otro. En los ambientes intelectuales de Europa se manejó una terminología más piadosa, tratándolos como “niños” que requerían la imposición de una rígida disciplina para poder cambiar sus costumbres. Pero el resultado era el mismo: la justificación de la violencia y la esclavitud.

Otro modo de denigrar que practicaron los conquistadores estuvo fue basado en la demonización de la religión, al despacharla simplemente como idolatrías diabólicas. Esto iba dirigido a acabar con el alma del indígena. No solo destruían sus estructuras sociales, sus modos y costumbres, sino que barrían con las prácticas religiosas de sus ancestros.

El valor de Montesinos al decir a los españoles que estaban en “pecado mortal”, que mejor eran los moros y turcos, era convertir a los acusadores en acusados. Ellos son los que no tienen alma, los que están condenados, precisamente porque no tratan a los aborígenes como seres humanos dignos del respeto y del amor que un hermano merece.

Al defender la dignidad humana, el mensaje de los dominicos adquiere una singular actualidad. ¿Es que hoy no demonizamos al que es diferente, al que pertenece a otra cultura? ¿No son la xenofobia y las distintas formas de fobias maneras de despojar de humanidad a la otra o al otro? ¿No se dice hoy de los pobres que lo son por desidia, falta de disciplina y espíritu de sacrificio?

¿Por qué invisibilizamos a otras y otros como si no tuvieran existencia real? ¿No tienen culpa las ideologías que nos dominan de esta ceguera que nos impide ver en otras personas a seres semejantes a nosotros y no piezas militantes de fuerzas contrarias? ¿No estaremos en un lugar privilegiado que no queremos perder?

La visión

Pero una lección final hay que sacar de esta historia, y es la pregunta de ¿cómo y cuando puede ocurrir que tengamos esa visión purificadora, esa revelación que nos vincula, nos hermana, nos solidarice totalmente con la otra y el otro? ¿Cómo salirnos del círculo del interés puramente individualista, privado, sectario, de clase, en el nacimos y nos criamos, que nos hace distanciarnos del que es diferente? ¿Cómo descubrir en la otra o el otro alguien digno de amar, cuidar y proteger?

Los dominicos contaron con un hombre que les narró horribles historias que les abrieron los ojos a la cruda realidad. El sufrimiento del otro, visto de frente, es lo que puede despertar la conciencia, si no está demasiado aletargada. Hay seres que se bestializan y no sienten absolutamente nada ante los mismos hechos.

Quiero recordar la experiencia de un joven presidiario en la Cuba colonial: José Martí. En la dura cárcel política —siendo apenas un joven de 17 años—, vio el trato inhumano que daban a un anciano de nombre Nicolás del Castillo; cómo lo hacían trabajar en las canteras más allá de sus fuerzas, y cuando ya no podía sostener su cuerpo, lo golpeaban y lo tiraban sobre las piedras. Cuando Martí vio a Nicolás sobre el carretón en que se lo llevaban ya exánime, escribió más tarde: “Golpeaba la cabeza en el carro. Asomaba el cuerpo a cada bote. Trituraban a un hombre. ¡Miserables! ¡Olvidaban que en aquel hombre iba Dios!”.[6]

Martí vio a Dios en la víctima. Por eso dedicó su vida a luchar por la libertad y la felicidad de su pueblo, y llegó a decir: “Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.[7]

El ser humano tiene una dignidad por derecho propio, porque es hijo de Dios y tiene su imagen. No importa cuán victimizado y envilecido haya sido por la sociedad humana, su valor está por encima de toda circunstancia. Esta es la voz profética de Montesinos, que hoy, con devoción, recordamos.


[1] Justo L. González: Historia del cristianismo, vol. 2, Editorial Unilit. Miami, 1994, p. 21.

[2] Véase Bartolomé de las Casas: Historia de las Indias, Libro I, Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 1986.

[3] Ibidem.

[4] Enrique Dussel: El episcopado latinoamericano y la liberación de los pobres, 1504-1620, Centro de Reflexión Teológica, A. C., México, 1970,p. 34.

[5] Citado por Luis N. Rivera Pagan: Evangelización y violencia: la conquista de América, Editorial CEMI, San Juan, Puerto Rico, 1992, p. 227.

[6] José Martí: “El presidio político en Cuba”, en Obras completas, t. 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971, p. 61.

[7] [7] José Martí: “Discurso en el Liceo Cubano, Tampa”, Tampa, Florida, 26 de noviembre de 1891, en op. cit., t. 4, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1971, p. 270.

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http://www.luisjovel.com/2011/11/02/mientras-la-reforma-ocurria-en-europa-latinoamerica-estaba-siendo-esclavizada/

LA VERDADERA REFORMA EMPIEZA CON LA ADORACION A DIOS.


LA VERDADERA REFORMA EMPIEZA CON LA ADORACIÓN A DIOS.

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La pregunta que hago a los evangélicos y a aquellos que “simpatizan” con la Reforma y según ellos “celebran” la Reforma es¿sabes que es la Reforma? Y ¿sabes lo que estás celebrando?….es sabido que el evangelicalismo-pentecostal-anabautista-Arminiano-semi-Pelagiano-Dispensacionalista no es heredero de la Reforma, y sus adherentes ignoran lo que es realmente la Reforma. Es mas, sus pastores rechazan las doctrinas Reformadas históricas y atacan abiertamente a lo que ellos llaman “Calvinismo” [término que tampoco entienden], y los pocos que conocen algo de la Reforma es el nombre de Lutero, aunque no leyeron sus obras, y un número aún menor no conocen o han escuchado el nombre de Calvino, y por supuesto nunca han leído sus obras. Menos aún no conocen a los otros personajes importantes y relevantes de la Reforma Protestante.

Un gran número piensa que la Reforma es solo las “Cinco Solas,” aunque no se niega que esto nos distingue de Roma, la Reforma no es la codificación de estas cinco afirmaciones, la Reforma es la aplicación de la teología desarrollada por Lutero, Calvino, Zwinglio, Bucer, Beza, Bullinger, Rutherford, Gillespie, los divinos de Westminster en la Iglesia y Estado.

De allí mi pregunta ¿Qué celebras en el “día” de la Reforma cuando no conoces lo que es la Reforma y solo aceptas ciertas doctrinas y rechazas toda la teología Reformada?

Una de las aéreas importantes que distingue a la verdadera Reforma es el área de la adoración. Los Reformadores sabían que Roma había corrompido la adoración a Dios, esto es la forma de adorar a Dios. En el tiempo de la Reforma, la adoración a Dios era de manufactura humana, los cantos a Dios fueron inventado por hombres y no seguían los himnos inspirados por el Espíritu Santo, los Salmos. Esta adoración de manufactura humana era una perversión y no tenía la aprobación de Dios mismo en las Escrituras. El evangelicalismo se caracteriza por su “adoración”electrónica, y canciones de inspiración humana según ellos para “alabar” a Dios. Esta es la razón por la cual el evangelicalismo puede ser cualquier movimiento religioso menos un movimiento Reformado propiamente dicho.

Si realmente eres serio en saber lo que la verdadera Reforma enseña y ser un verdadero reformado, entonces empieza con la adoración. Así lo entendió el gran doctor Juan Calvino, al cual muchos lo usan y citan pero no siguen su exposición en cuanto a la verdadera adoración. Los Presbiterianos Reformados, verdaderos herederos de la Reforma, adoramos a Dios de acuerdo a lo establecido en su palabra. Existen otros grupos Reformados que no creen que debemos adorar a Dios solamente con los Salmos inspirados por El, pero la evidencia histórica es irrefutable, la verdadera Reforma empieza con la verdadera y correcta adoración a Dios. Leamos el siguiente extracto de la obra de Calvino “La Necesidad de Reformar a la Iglesia” (1543), la cual nos lleva a la propia raíz de lo que es la verdadera Reforma y sin la cual no existe una verdadera Reforma:

Veamos ahora lo que se quiere decir con el debido culto a Dios. Su fundamento principal es reconocerle tal como él es, la única fuente de toda virtud, justicia, santidad, sabiduría, verdad, poder, bondad, misericordia, vida y salvación; de acuerdo con esto, atribuir y rendir a él la gloria de todo lo que es bueno, para buscar todas las cosas en él solamente, y todo lo que se desee tiene su recurso a él solo. De ahí surge la oración,por lo tanto, la alabanza y la acción de gracias. Estos siendo testimonios de la gloria que le atribuimos. Esta es la verdadera santificación de su nombre que él requiere de nosotros por encima de todas las cosas. A esto se une la adoración, por el cual nos manifestamos para él la reverencia debida a su grandeza y la excelencia; y para esto las ceremonias son sub-sirvientes, como ayuda o instrumentos, a fin de que, en el ejercicio del culto divino, el cuerpo pueda ser ejercitado al mismo tiempo con el alma. Seguidamente, después de esto viene la auto-humillación, cuando, renunciando al mundo y a la carne, somos transformados en la renovación de nuestra mente y ya no vivimos más para nosotros mismos, y nos sometemos a ser gobernados y trabajados por él. Por esta auto-humillación estamos siendo entrenados para la obediencia y devoción a su voluntad, por lo que su miedo reina en nuestros corazones, y regula todas las acciones de nuestra vida.
Que en estas cosas consiste la verdadera y sincera adoración que sólo Dios aprueba, y en la cual sólo Él se deleita, y es a la vez enseñada por el Espíritu Santo a través de toda las Escrituras, y es también, antecedente a la discusión, el dictado evidente de la piedad. Tampoco hubo desde el principio algún otro método de adoración a Dios, la única diferencia es que esta verdad espiritual, que con nosotros está desnuda y simple, estaba bajo la antigua dispensación envuelta enfiguras. Y estees el significado de las palabras de nuestro Salvador: “La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Juan 4:23). Porque por estas palabras Él no quería decir que Dios no era adorado por los padres de esta manera espiritual, pero sólo quería señalar una distinción en la forma externa: es decir, que mientras ellos tenían el Espíritu prefigurado por muchas figuras, nosotros lo tenemos en la simplicidad. Pero siempre ha sido un punto reconocido, que Dios, que es un Espíritu, debe ser adorado en espíritu y en verdad.
Por otra parte, la norma que distingue entre la adoración pura y viciada es de aplicación universal, con el fin de que no podemos adoptar cualquier dispositivo que parece apto para nosotros mismos, sino mirar a los mandatos de él que es el único con derecho a prescribir.Por lo tanto, si queremos contar con él para que nuestra adoración sea aprobada,esta norma, que se aplica en todas partes con la máxima rigurosidad, debe ser observada cuidadosamente. Porque exista una razón doble por qué el Señor, en la condena y la prohibición de toda adoración ficticia, nos obliga a prestar obediencia sólo a su propia voz. En primer lugar, tiende en gran medida a establecer su autoridad que no seguimos nuestro propio placer, pero dependemos totalmente de su soberanía;y, en segundo lugar, tal es nuestra locura, que cuando se nos deja en libertad, todo lo que somos capaces de hacer es ir por mal camino. Y luego, cuando una vez que nos hemos desviado del camino correcto, no hay fin a nuestras andanzas,hasta que nos enterramos bajo una multitud de supersticiones.Justamente, por lo tanto, el Señor, con el fin de afirmar su pleno derecho de dominio,estrictamente ordena lo que él desea que hagamos, y al mismo tiempo rechazar todos los dispositivos humanos que están en desacuerdo con su mandamiento. Justamente,también, él, en términos expresos, define nuestros límites, para que no, mediante la fabricación de modos perversos de culto, provoquemos su ira contra nosotros.
Sé lo difícil que es convencer al mundo de que Dios desaprueba todas las formas de culto que no son sancionados expresamente por su Palabra. La persuasión opuesta que se une a ellos, que está sentada,por así decirlo, en sus huesos y los tuétanos, es que cualquier cosa que hacen tiene en sí misma una sanción suficiente, siempre y cuando exhiba una especie de celo por el honor de Dios. Pero ya que Dios no sólo considera esto como infructuoso,sino también claramente lo abomina,cualquier cosa que hagamos de celo en su culto, si está en desacuerdo con su mando, ¿qué ganamos por una forma contraria? Las palabras de Dios son claras y distintas, “La obediencia es mejor que los sacrificios.” “En vano me honran, enseñando como doctrinas,mandamientos de hombres” (1 Samuel 15:22; Mateo 15: 9). Cada adición a su palabra, sobre todo en esta materia, es una mentira. El solo “culto voluntario” (ethelothreeskeia) es vanidad. Esta es la decisión, y una vez que el Juez ha decidido, ya no hay más tiempo para debatir.”

Como vemos, la verdadera Reforma está en adorar a Dios de la forma como él ha mandado en Su Palabra. Cuanto tiene que aprender el evangelicalismo moderno si desea adorar a Dios en Espíritu y Verdad. Tristemente, a diferencia de los tiempos de Lutero y Calvino, ahora la Reforma debe de extenderse a los evangélicos a que dejen su adoración corrupta y humana y adoren a Dios tal como Él lo dispuso.

Soli Deo Gloria.

Comentario y traducción por Caesar Arevalo

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