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“Los diagnósticos en psiquiatría están muy sujetos a modas”


ENTREVISTA A ALLEN FRANCES, UNO DE LOS MÁS RECONOCIDOS PSIQUIATRAS NORTEAMERICANOS
“Los diagnósticos en psiquiatría están muy sujetos a modas”
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El especialista analiza la situación de la salud mental en la Argentina y advierte sobre el riesgo de seguir el modelo estadounidense. Critica la psiquiatrización de problemáticas que suele privilegiar los correlatos biológicos en detrimento de los componentes situacionales.

Allen Frances es uno de los más reconocidos psiquiatras norteamericanos que tuvo decisiva participación en la edición del DSM IV (el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría), pero se apartó críticamente de la edición quinta del manual cuando se produjo un cambio de paradigma que llevó desde las definiciones de los cuadros a las definiciones dimensionales. El mejor ejemplo de estas últimas son los llamados espectros, como es el caso del espectro autista. Su crítica apuntaba a la manera en que las patologías severas se difuminan y borronean en sus bordes, por lo que las condiciones de lo que podríamos considerar o aceptar como normalidad también lo hacen llevando a una psiquiatrización de todas las problemáticas que suele privilegiar los correlatos biológicos en detrimento de los componentes situacionales de todos los problemas humanos.

–¿En su visita a la Argentina encontró preocupaciones similares en los colegas con quienes debatió respecto de las que usted mismo ha expresado y sobre las que ha venido trabajando, por ejemplo en su libro Saving Normal ?

–Argentina y los Estados Unidos sufren de la misma cruel paradoja, demasiados tratamientos para quienes denomino worried well; o sea quienes sufren por situaciones cotidianas de malestar y, en cambio, muy pocos recursos destinados a quienes están realmente enfermos. Aquellos que pueden afrontarlo o tienen buenas coberturas por seguros de salud pueden obtener incluso más tratamientos de los que necesitan o que son buenos para ellos, mientras los que están realmente enfermos son tratados con negligencia  y excluidos de la sociedad.

–El campo de la salud mental está dividido en tres o, más precisamente, cuatro territorios en Argentina: instituciones públicas, organizaciones de sindicatos que o bien tienen infraestructura propia o se encuentran usualmente asociados con centros privados, organizaciones de aseguramiento privado por prepago y profesionales que llevan adelante sus consultas a través de su práctica privada. Respecto a las primeras, ¿que similitudes y/o diferencias encuentra entre las instituciones públicas de aquí y las de su país? Por ejemplo, ¿existen aún en Estados Unidos grandes hospitales psiquiátricos? Y si no es el caso, ¿cómo fue que esa situación se transformó en su país?

–Argentina es el último país desarrollado en el mundo que aún mantiene grandes hospitales psiquiátricos donde los pacientes permanecen por muchos años, incluso toda la vida. En países con buenos servicios de salud mental (especialmente Italia y los países  nórdicos) el cierre de los grandes hospitales fue precedido y acompañado por la provisión de buenos servicios comunitarios y de atención domiciliaria. En países con terribles servicios de salud mental (especialmente Estados Unidos), los pacientes fueron desalojados de los grandes hospitales sin contar con suficientes servicios comunitarios o domiciliarios. El resultado: tenemos 350.000 pacientes en prisión por crímenes molestos y 250.000 homeless. La criminalización y/o la negligencia con quienes sufren de serios problemas mentales es propia de un accionar bárbaro, desestabiliza socialmente y, de última, más costoso que los servicios de comunidad. La recientemente sancionada ley de Salud Mental de Argentina es perfecta, pero perdería su sentido o incluso podría ser nociva si los grandes hospitales son cerrados y los pacientes lanzados a la comunidad sin adecuada cobertura presupuestaria en tratamientos y atención domiciliaria. Argentina debería seguir el modelo de Trieste, el mejor sistema de salud mental del mundo y no seguir el modelo de los Estados Unidos, que es el peor.

–¿Cuál es la cobertura en los Estados Unidos de los trabajadores sindicalizados? ¿Y para quiénes no lo están?  

–Los Estados Unidos tienen el sistema médico más caro del mundo pero tenemos mediocres resultados por dos razones:

a) Los servicios están terriblemente mal asignados. Hay quienes tienen excelente cobertura y reciben demasiados tratamientos que a veces hacen más daño que lo que ayudan y los pobres con escasa o nula cobertura no pueden afrontar los tratamientos que desesperadamente necesitan.

b) Sólo el 20 por ciento de los buenos resultados en salud en una sociedad son resultado de los tratamientos médicos, el 80 por ciento restante son el resultado de factores sociales y económicos. Los Estados Unidos gastan demasiado en tratamientos médicos y muy poco en redes sociales que provean seguridad.

–Un colega suyo, Donald Levin, declaró al New York Times, en octubre de 2011, que “hablar no retribuye, por lo que la psiquiatría se vuelca en cambio a la farmacoterapia” y un colega local dice: “yo prefiero que no me hablen mucho. Porque si me hablan mucho me confunden el diagnóstico”. ¿Qué piensa respecto a este tipo de afirmaciones?

–¡Me enferman! Hipócrates, el padre de la medicina, dijo: “Es más importante conocer al paciente que tiene una enfermedad que a la enfermedad que el paciente tiene”. Esto era verdad hace 2500 años y sigue siendo cierto hoy. El arte de curar en psiquiatría requiere tomarse el tiempo y hallar profunda satisfacción en conocer a la gente realmente bien y no sólo hacer listas de síntomas o de efectos adversos.

–La frecuencia del llamado Trastorno por déficit de Atención (ADD, ADHD o TDAH en español), la de los chicos bipolares, los que padecen de autismo o Síndrome de Asperger aumenta constantemente. ¿Qué parte de ese fenómeno cree usted que depende de la manera en que las clasificaciones y diagnósticos se están haciendo y que parte atribuye a las actuales condiciones de vida? 

–La naturaleza humana es estable y perdurable. Los diagnósticos en psiquiatría son variables y muy sujetos a modas. Muy pequeños cambios en las definiciones o valoraciones pueden resultar en grandes cambios en las tasas de un trastorno especialmente si hay factores económicos que juegan algún rol. Las tasas de ADHD y bipolaridad en chicos fueron enormemente incrementadas por el marketing farmacéutico. La tasa de autismo por la inclusión del Síndrome de Asperger se incrementó en el DSM-IV y porque obtener este diagnóstico representaba obtener servicios escolares extras. Siempre que haya un súbito aumento en la tasa de cualquier trastorno la razón más probable es que se esté diagnosticando sin el cuidado necesario.

* Secretario general de Fórum Infancias.

Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/12494-los-diagnosticos-en-psiquiatria-estan-muy-sujetos-a-modas

La Psiquiatría: Industria de la Muerte (Doblado y Subtitulado al Español)


“Psiquiatría, una industria de la muerte”

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EL CIUDADANO, 12 JUNE, 2010

Este documental hace un repaso de los orígenes y la historia de la psiquiatría, mostrando las crueles técnicas que han sido utilizadas impunemente en los centros psiquiátricos y el negocio que se hace de la psiquiatría.

El video contiene declaraciones de resultados de profesionales de la salud, académicos, expertos en derechos legales y humanos y víctimas de las brutalidades psiquiátricas que van desde electroshock y compromiso involuntario hasta la tortura política, cirugía del alma y los devastadores efectos de los psicofármacos.

Esta investigación entiende que la psiquiatría es una industria manejada completamente por el dinero, y brinda orientación práctica para los legisladores, doctores, defensores de derechos humanos y ciudadanos para que tomen medidas en su propio ámbito a fin de que la psiquiatría cumpla con las leyes.

Esta producción llevó dos años de preparación. Las imágenes gráficas de archivos y filmes actuales que describen a los psiquiatras en acción, entrevistas reveladoras con expertos médicos y conmovedores relatos de las víctimas y sus familias, hacen de este el más completo y devastador documental del abuso psiquiátrico jamás producido.

“Poderoso y perturbador pero en última instancia inspirador“.
– Martin Whithley, parlamentario de EE.UU.

CONTENIDOS:

Capítulo 1, La Psiquiatría: Una Industria De La Muerte

Los gobiernos, las compañías de seguros e individuos pagan miles de millones de dólares cada año a los psiquiatras buscando remedios que los psiquiatras mismos admiten que no existen.

Las “terapias” psiquiátricas han causado millones de muertes.

La venta de drogas psiquíatricas en el mundo asciende a más de 76 mil millones de dólares al año.

Capítulo 2, Los Orígenes De La Psiquiatría

Desde su principio en el siglo XVIII, usando las prácticas de recluir, restringir y aislar a las personas con problemas en instituciones, los psiquiatras han sacado provecho de la miseria humana.

La tortura, experimentos, restricción física y mental, y los llamados “tratamientos” que se infligen a cientos de miles de personas cada año, resultan en miles de muertes.

Capítulo 3, El Hombre Redefinido

Al redefinir el hombre como un animal sin alma, los psicólogos y psiquiatras pensaron que el hombre podría ser manipulado tan fácilmente como un perro que puede ser entrenado a babear cuando escucha una campana.

Capítulo 4, La Psiquiatría: Los Hombres Tras El Holocausto

Los nazis mataron a millones de personas.

Su justificacion fue la teoría de la eugenesia de los psicólogos y los psiquiatras: que ciertas personas que son inferiores, deberían ser exterminadas y que su tipo debería desaparecer de la raza. Estos artífices del holocausto nunca fueron llevados ante la justicia.

Capítulo 5, La Psiquiatría: Creando Razismo

Desde el apartheid en Sudáfrica hasta el Ku Klux Klan y experimentos en minorías en Estados Unidos, los racistas más salvajes se inspiraron en la eugenesia que justificaba la injusticia, la inhumanidad y la negación de la dignidad humana a millones de personas.

Capítulo 6, Psiquiatría Soviética

El hombre lucha y muere por el derecho a hablar y actuar libremente. La psiquiatría conspiró con aquellos en el poder en la Rusia comunista para despojar de los derechos políticos a los disidentes y definir su “búsqueda de justicia” como trastorno mental para justificar su encarcelamiento.

Capítulo 7, Daño Cerebral: Cura Milagrosa De La Psiquiatría

Si se clavara un punzón accidentalmente detrás de los góbulos oculares de alguien o recibiera una descarga eléctrica de 120 a 240 voltios, dejándolo convulsionado y respirando con dificultad, se le llevaría al hospital urgentemente.

Para un psiquiatra estos actos son “tratamiento”.

Las operaciones psiquiátricas del cerebro se siguen practicando hoy en día, a pesar de la falta de evidencia científica que apoye la teoría de que el cerebro es la causa de cualquier trastorno mental.

Capítulo 8, Drogando Por Lucro

Las drogas psiquiátricas no están diseñadas para curar, sino para suprimir los síntomas y dañar físicamente a quien las toma. Con cada una de las nuevas “píldoras milagrosas” se hacen declaraciones de que son seguras y eficaces; sus peligros sólo se exponen más tarde. Las drogas psiquiátricas
matan.

A más de 500 millones de personas mundialmente se les ha prescrito drogas psiquiátricas para afecciones que no son enfermedades y que ninguna prueba de sangre, rayos x, prueba de desequilibrio químico, encefalograma
o exámen físico pueda verificar.

Capítulo 9, Coacción e Inmovilización Psiquiátricas

Hoy en día el uso de la restricción física y química en los hospitales mentales por los psiquiatras es un procedimiento muy lucrativo. Admitiendo que la muerte usualmente es inevitable por tales procedimientos, literalmente hablando, a los psiquiatras se les deja hacer lo que les da la gana.

Capítulo 10, Criminalidad Psiquiátrica

Trabajando en una “profesión” compuesta de individuos que cometen violaciones, extorsión y fraude, muchos psiquiatras han recibido sentencias de prisión y multas civiles.

Como mínimo, el diez por ciento de los psiquiatras asaltan a sus pacientes sexualmente; de cada 20 víctimas una es menor de edad.

Los organismos que regulan las drogas en todo el mundo han emitido más de 70 advertencias contra el uso de drogas psiquiátrica, exponiendo las drogas como causa de defectos de nacimiento, alucinaciones, psicosis, hostilidad, agresión, efectos de abstinencia, daño hepático, ataques cardiacos, derrame cerebral, tendencias homicidad, suicidio y muerte.

Capítulo 12, Los Niños: En La Mira De La Psiquiatría

A millones de niños los psiquiatras les han puesto etiquetas por el comportamiento normal de la niñez y les han prescrito drogas psiquiátricas que hacen que cometan actos violentos y suicidio.

A diecisiete millones de niños se le han prescrito drogas psiquiátricas que alteran la mente, incluyendo a infantes menores de un año.

Capítulo 13, La Psiquiatría: Influencia Oculta

Durante más de 60 años, la psiquiatría ha impulsado su agenda de control, poder y dominación en una sociedad que no ha sospechado de esto, infestando el campo del cumplimiento de la ley, la educación, la medicina, la
política y muchos otros.

Capítulo 14, Comisión de Ciudadanos Por Los Derechos Humanos

Restaurando los derechos humanos y la dignidad a la salud mental.

Las guerras, revoluciones y sufrimiento del hombre provienen de la falta de datos acerca de la mente y el hombre. Con la psiquiatría dominando este campo, hemos tenido un siglo de sufrimiento indecible y violencia.

Los psiquiatras actúan por encima de la ley: encierran a la gente sin ningún proceso judicial, la privan de sus derechos humanos mientras la obligan a recibir tratamientos que no desean. La Comisión de Ciudadanos Por Los
Derechos Humanos ha expuesto violaciones de la psiquiatría, ha luchado contra estas y ha ganado durante más de 36 años.

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FICHA TÉCNICA:

Título: Psychiatry – An Industry of Deadh.
País: EE.UU.
Año: 2006
Género: Documental/ Sociedad/ Salud
Producción: Citizen Comission on Human Rights International
Calidad: DVDRip
Duración: 1:48:22
Idioma: Inglés
Subtítulos: Español (incorporados)

Presentado por la Comisión de Ciudadanos Por Los Derechos Humanos.

Drogando a los niños: La psiquiatría destruyendo vidas


Drogando a los niños: La psiquiatría destruyendo vidas

Durante más de un siglo, la humanidad ha sido, sin darse cuenta, el conejillo de indias del experimento deliberado de la psiquiatría: el experimento de “la ingeniería social” que se concibió en el infierno. Este experimento incluyó un ataque a las fortalezas religiosas y morales de la sociedad. No podía seguir adelante mientras el hombre pudiera concebir, expresar y lidiar con el mal, con claridad. Esoes lo que yace insidiosamente detrás de la desintegración social actual. Y eso es el epítome del mal, enmascarado por las más sociales de las apariencias externas.

Hasta hace poco tiempo, era la religión la que le proporcionaba al hombre las pautas morales y espirituales necesarias para que él pudiera crear y mantener civilizaciones de las cuales pudiera estar orgulloso. La religión proporciona la inspiración necesaria para una vida con un sentido y propósito más elevados. En esta crisis, corresponde a los líderes religiosos dar los pasos decisivos. Los hombres de traje clerical necesitan liberarse del yugo del materialismo sin alma generado por la psicología y la psiquiatría, y poner a la religión nuevamente en las manos de los religiosos. De hecho, los líderes religiosos deben asumir esta responsabilidad, no sólo por la supervivencia de la religión sino también por la supervivencia de la humanidad.

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Bibliografía consultada

C.C.D.H. (2004). Asalto Profano. La Psiquiatría Versus la Religión. Informe y recomendaciones sobre la subversión de la psiquiatría en las creencias y prácticas religiosas. Publicado por la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos. Establecida en 1969.

 

Psiquiatría y posesión diabólica


Psiquiatría y posesión diabólica

Prof. Dr. Aquilino Polaino-Lorente
Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense

Introducción

La convocatoria de esta reunión científica me parece muy puesta en razón. Se ha dicho que estamos en la “sociedad de la comunicación” y, sin embargo, hay muchos sectores en el ámbito disciplinar que no se han abierto al profundo, fecundo y necesario diálogo con los especialistas en otras materias. A causa de esta incomunicación, nadie gana y todos pierden.
No se piense que la incomunicación en este caso se limita sólo al posible diálogo interdisciplinar entre psiquiatras y sacerdotes. Hay otros muchos ámbitos, lamentablemente, que también están afectados por esta incomunicación. Este es el caso sin ir más lejos, por ejemplo, de lo que sucede entre psiquiatras y jueces. Por eso juzgo muy conveniente el hecho de que se haya organizado esta sesión científica para debatir una cuestión que, aunque se nos ofrezca como muy problemática y excepcional en el ámbito de la clínica, no obstante, puede plantearse en algunas ocasiones: las supuestas “posesiones diabólicas” y las manifestaciones psicopatológicas de los enfermos psiquiátricos.
El silencio respecto de estas cuestiones no suele ser buen compañero de viaje para encontrar soluciones. Es más, ese silencio puede ser causa de injusticias o del tratamiento inadecuado de ciertas personas en temas, por otra parte muy delicados, que afectan gravemente a su intimidad personal.
Estas situaciones ya se repitieron con anterioridad, aunque con un signo muy diferente. En los albores de la Edad Media es harto probable que ciertos comportamientos se atribuyeran, entonces, a la acción del diablo o de los espíritus malignos, cuando probablemente se trataba tan sólo de manifestaciones psicopatológicas, que de haberlos, debieron haberse remitido a los adecuados especialistas. La inexistencia de la psiquiatría como especialidad en aquella etapa histórica, además de otras variables relevantes de tipo cultural propias de la época, consintieron en una hermenéutica errónea , de consecuencias muy lamentables.
Algo parecido a lo que aconteció entonces, puede suceder hoy. En la actualidad, el importante desarrollo experimentado por la psiquiatría y su cada vez más poderosa eficacia en la solución de determinados trastornos de conducta y manifestaciones sintomáticas, condicionan poderosamente el que hagamos atribuciones de índole exclusivamente psiquiátrica a la hora de explicar determinados comportamientos. Si a ello añadimos que las convicciones y creencias religiosas están hoy a la baja en algunos contextos culturales, es lógico que trate de explicarse cualquier acontecer psicopatológico apelando a la psiquiatría y no a la religión.
Es muy probable, no obstante, que la mayoría de esas actuales atribuciones, en al marco de la moderna psicopatología, sean razonablemente justas y muy puestas en razón.
Pero, lo que no parece que sea conveniente, sin embargo, es interrumpir el diálogo entre psiquiatras y pastores. Pues si en la Edad Media probablemente se incurrió en un exceso al magnificar las atribuciones de tipo religioso para la “explicación” de estos comportamientos, es muy posible que hoy se esté incurriendo también en otro exceso: el de apelar únicamente a la psiquiatría, al mismo tiempo que se vuelve la espalda a cualquier fenómeno de naturaleza religiosa.
De otra parte, muchas de las manifestaciones que, según parece, comparecen en las personas supuestamente poseídas por el demonio constituyen, por su propia naturaleza, una situación muy compleja, ambigua y harto difícil de resolver.
De aquí que ninguna ciencia pueda configurarse o entenderse como omnipotente, especialmente, cuando hay que dilucidar la compleja naturaleza de ciertos comportamientos, que ocupan un ámbito fronterizo entre la psicopatología y al religión.
En síntesis, me parece una iniciativa muy afortunada tratar de recuperar el diálogo entre pastores y psiquiatras, diálogo que nunca debió interrumpirse. Entre otras cosas, porque para el esclarecimiento de estas cuestiones límite -al menos, cuando comparecen con ciertas posibles implicaciones psicopatológicas, lo que es muy excepcional-, se precisa no sólo de la concurrencia de especialistas en ambas materias (pastores y psiquiatras), sino, lo que es todavía más importante, del establecimiento de un diálogo fecundo, abierto y, de ser posible, sin prejuicios, de manera que puedan entenderse entre ellos salvando las diferencias ontonómicas de cada una de las ciencias cultivadas por ellos.

Otras causas concurrentes en esta incomunicación

A las anteriores causas relativas a la incomunicación existente hay que añadir otras, no menos importantes. Me refiero, claro está, a la escasa sensibilidad existente entre muchos creyentes respecto de ciertos factores relacionados con lo demoníaco. De hecho, hoy en el demonio se cree muy poco y por poca gente. Esta insensibilidad afecta no sólo a los sacerdotes en general, sino también a los obispos. De hecho, la figura del exorcista es casi inexistente en la mayoría de las diócesis españolas o, de existir, es desconocida por casi todos.
Se comprende – aunque ello no lo justifica- que haya cierto silencio de unos y otros sobre este particular. En primer lugar, porque muy probablemente su incidencia es en realidad muy excepcional en la población genral. Pero, también, en segundo lugar, porque su contenido puede ser con toda justicia calificado hoy con el etiquetado de lo “políticamente incorrecto”.
En unas circunstancias así, es hasta cierto punto lógico que unos y otros evitan o huyan de los problemas cuando estos se presentan. Entre otras cosas, porque tampoco se dispone de la suficiente sensibilidad social como para que los temas de esa naturaleza tengan cabida en los mass media, y se informe acerca de ellos con el mayor respeto.
Por eso, se comprende también la tardanza y pasividad en su afrontamiento, por quienes de ello deberían ocuparse, puesto que cualquier error – dada la complejidad que posiblemente caracteriza a cada caso en particular- puede ser una excelente ocasión para que los medios de comunicación susciten un cierto “escándalo” entre sus lectores, con lo que el conflicto estaría servido y resultasen impune e injustamente descalificadas personas con rigor que han de ser respetables.
Pero tanto a la ciencia psiquiátrica como a la ciencia teológica, les importa – o debiera importarles-llegar a una firme y esclarecedora conclusión, cuando estos problemas se presentan. Cierto que estas ciencias han de enfrentarse a un grave hecho demasiado rico en complejidad, pero no es menos cierto que, si se pretende avanzar y progresar, las ciencias aquí implicadas no deberían rehusar el afrontar aquellos problemas que son de su incumbencia, por complejos y difíciles que sean.
Ninguna ciencia ha de tener miedo a la verdad. Cuando una disciplina experimenta ese miedo a la verdad, entonces es que está poniendo en cuestión su propia naturaleza científica. De otro lado, allí donde no hay ciencia suele haber ideología. Por eso, si la ciencia rehusa afrontar y resolver los problemas que son de su incumbencia, entonces la ideología le sustituirá, con lo que el problema no sólo no se resolverá como es debido, sino que se enmascarará y su solución se aplazará hasta devenir en una cuestión todavía más difícil de resolver que, además, se deja siempre para un futuro que tarda mucho en llegar.

Un breve recuerdo de la psicopatología clínica

No son muy numerosas las manifestaciones clínicas, hoy diagnosticables, en las que los supuestos comportamientos o manifestaciones de posesión diabólica tengan cabida en el perfil sintomático que les caracteriza y en los criterios diagnósticos que les definen.
No obstante, la abigarrada y multiforme sintomatología psicopatológica que puede llegar a presentarse en algunos casos excepcionales, sí que puede plantear -y de hecho plantea- la necesidad de establecer un pertinente diagnóstico diferencial entre lo que es estrictamente psicopatológico y lo que habría de ser considerado, al menos, como un fenómenos extraño, por ejemplo a la sintomatología psiquiátrica conocida.
Al psiquiatra, y al psicopatólogo, considerados como peritos, no hay que solicitarles un juicio acerca de si las manifestaciones sintomáticas que comparecen en una determinada persona tienen su causa o no en la posesión diabólica. Esta petición excede con mucho el ámbito restringido de su especialidad, por lo que no ha de responderse a esta cuestión, dado que tal petición es completamente ajena al ámbito de las disciplinas psiquiátricas.
Esto quiere decir que el especialista no puede juzgar acerca de fenómenos que son completamente ajenos a la ciencia por él cultivada. Lo que, en cambio, sí es pertinente pedirles es que se pronuncien acerca de si ésta o aquéllas manifestaciones en concreto pueden ser razonablemente explicadas desde los actuales y bien fundados conocimientos psicopatológicos. Esta última cuestión está puesta en razón y es del todo pertinente; la otra, por el contrario, no es pertinente y ha de silenciarse en el dictamen del especialista.
Entre los numerosos trastornos psicopatológicos que hoy conocemos -y que están acreditados en la actual comunidad científica- hay algunos que acaso por su propia naturaleza y cuando se manifiestan en su máxima intensidad, sí que pudieran exigir la necesidad de establecer un diagnostico diferencial entre psicopatología y posesión diabólica.
Este es el caso, por ejemplo, del desdoblamiento de personalidad, la personalidad múltiple, el trastorno histriónico de la personalidad, ciertos síndromes delirantes, algunas psicosis agudas, la esquizofrenia y los comportamientos alterados como consecuencia del consumo de drogas. Para todos ellos disponemos de criterios diagnósticos bien establecidos que permiten, cuando se satisfacen, individuar y singularizar, con cierto rigor, la presencia o ausencia de estas enfermedades.
El exorcista no debiera solicitar al experto lo que el experto no tiene capacidad para definir. Es decir, el exorcista no debe trasladar su problema al especialista, para que éste se lo resuelva. El exorcista puede y debe solicitar su ayuda, pero sólo allí donde ésta sea necesaria. Por su parte, el psiquiatra no puede sustituir al exorcista en la decisión que a este último le pertenece, porque ni debe ni sabe hacerlo, además de que en la mayoría de los casos, tampoco quiera hacerlo.
De otra parte, así como el psiquiatra dispone de unos criterios clínicos rigurosos y bien definidos para establecer si un hecho o fenómeno es psicopatológico o no, también el exorcista dispone de otros criterios para determinar si está o no ante manifestaciones de posesión diabólica. Es pues, la criteriología pastoral y religiosa la que ha de iluminar y desde la que se ha de decidir con todo rigor la pertinencia o no de incluir determinar manifestaciones comportamentales a la posesión diabólica.
Por lo general, el psiquiatra desconoce los criterios del pastor a la hora de juzgar si un comportamiento determinado está relacionado o no con el maligno. Su misión acaba allí donde los conocimientos psicopatológicos actuales se lo permiten. Cualquier afirmación que vaya más allá de estos últimos le rebasa y desborda y, por consiguiente, no debiera formularla, puesto que pondría en un grave aprieto a su propio saber como experto y a la ciencia que cultiva.
Por consiguiente, corresponde al exorcista, y sólo a él, emitir el último juicio acerca de la “cosa juzgada”. Corresponde en cambio al psiquiatra decidir si la cosa juzgada tiene o no una explicación psicopatológica, es decir, si puede o no ser explicada desde el horizonte de la clínica psiquiátrica. En caso negativo, bastará con que sostenga que las manifestaciones estudiadas por él en una determinada persona, no reúnen los suficientes y necesarios requisitos como para que sean explicadas desde la perspectiva psiquiatría. Esto y sólo esto, es lo que debe concluir el psiquiatra respecto de la peritación que se le ha solicitado.

Dos casos, psicopatológicamente inexplicables

Respecto de mi experiencia profesional en el ámbito de las manifestaciones psicopatológicas en los casos de posesión diabólica, he de informar que es muy excepcional y limitada. Después de casi treinta y seis años ejerciendo la psiquiatría clínica, he de afirmar que sólo en dos ocasiones me he visto en la necesidad de dictaminar que, tras la observación y exploración de dos supuestos pacientes, los comportamientos manifestados en ellos no podían explicarse desde la perspectiva de la nosología psiquiátrica.
El primer caso tuve la oportunidad de estudiarlo hace ya más de diez años, a fin de realizar el dictamen que se me solicitaba. Se trataba de un adulto ya anciano, que residía en un país centroeuropeo. Era una persona de un alto nivel sociocultural que, a los 53 años de edad, abandonó todo (su familia, su profesión, su país) para marcharse con una prestigiosa bailarina de ballet, a la que le llevaba casi treinta años. Dos décadas después regresó a su país empobrecido y deteriorado y con manifestaciones que supuestamente permitían calificarle como un enfermo psiquiátrico.
La exploración psicopatológica puso de manifiesto en esta persona un perfil sintomático compatible con el diagnóstico de trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad. Sin embargo, la solicitud que se hacía en la peritación no se dirigía sólo a que informase acerca de las manifestaciones clínicas que hubiera podido encontrar en esta persona sino que, principalmente, debía pronunciarme acerca de si las manifestaciones expresadas por ella, precisamente en el contexto de las sesiones de exorcismo a las que el paciente estaba sometido, podían o no ser calificadas como psicopatológicas.
En favor de la brevedad aquí exigida, me ocupare de sólo dos de las manifestaciones que presencié en esta persona durante una sesión de exorcismo. La primera de ellas consistió en que, sin haber tenido ningún contacto a lo largo de su vida con el arameo ni con ninguna otra persona que lo hablase, era capaz de comprender y hablar esta lengua, cuando “estaba en trance”, durante la sesión de exorcismo. En esas circunstancias, esta persona sabía discernir el significado de las preguntas que se le hacían y de las afirmaciones que en esa misma lengua oía.
Cuando esas afirmaciones tenían un contenido religioso o se le mandaba con cierto imperio, en nombre de Dios, que alabara a Dios o besara un crucifijo, respondía con palabras blasfemas a las que seguía un comportamiento radicalmente agresivo y, desde luego, hasta lesivo para las tres personas que le acompañaban. Por el contrario, cuando el exorcista le hablaba en esa misma lengua aramea de otros temas no religiosos cuyo contenido era más bien indiferente o neutro, el supuesto paciente no respondía en absoluto, sino que guardaba silencio y adoptaba el comportamiento normal que en él era el habitual.
La otra manifestación observada consistía en que era capaz de predecir, sin ningún error, si en el lugar en el que estábamos había o no algún objeto que tuviera alguna connotación religiosa o cristiana (un crucifijo, un rosario, etc.). Las circunstancias en que acontecía esta segunda manifestación aseguraban la imposibilidad de que esta persona se percatara de la presencia o ausencia de tales objetos, puesto que estaba echado sobre una camilla, con los ojos continuamente cerrados y las personas salían y entraban de la habitación sin hacer ningún ruido, llevando o no los objetos referidos en sus bolsillos, sin que ninguna de las personas allí presentes fueran capaces de detectarlos.
En este paciente concurrían, pues, las dos cosas: un conjunto de síntomas compatibles con el diagnóstico a que ya se aludió y ciertos comportamientos para los que la actual psicopatología no dispone de ninguna explicación.
Años más tarde fui informado de el paciente pidió la ayuda al demonio, a los 53 años, para conseguir su fin de “enamorar y marcharse con la bailarina”, a cambio de lo cual juró servirle de por vida.
El otro caso excepcional lo he estudiado en fecha reciente. Se trataba de una joven, estudiante universitaria, que venía padeciendo de dolores incurables, a pesar de haber visitado a varios especialistas, con malestar generalizado, fracaso en los estudios, imposibilidad de concentrarse, y que se comportaba de forma muy extraña en las sesiones de exorcismo que le estaban practicando. También en este caso fui consultado a fin de emitir un informa acerca de las manifestaciones que justamente se presentaban en ella en el transcurso de las sesiones de exorcismo. Sólo mencionaré un hecho pues entiendo que no disponemos de más tiempo.
En el curso de la sesión que fui invitado a presenciar, además de otras muchas manifestaciones de evidente oposición en todo lo que se refiriese a la piedad y al culto divino, opté por tratar de explorar si era sensible, en ese estado, a la recepción comprensiva de una lengua que, según me constaba, en absoluto conocía.
En esas circunstancias, me atreví a ordenarle que repitiese ciertas frases, en alemán, relativas al culto a Dios. Sus respuestas no se hicieron de esperar, si no que, de forma súbita, arqueaba todo su cuerpo en disposición de ataque, profería insultos y hacía gestos de una violencia incontenible, de la que forzosamente tuve que apartarme a fin de no ser fatalmente alcanzado por ella.
En cambio, cuando en esa misma lengua alemana, le formulaba preguntas de contenido no religioso o sobre temas irrelevantes, jamás se produjo en ella ninguna respuesta.
En opinión de la madre de esta chica, a la que entrevisté a solas, los síntomas de su hija habían comenzado a presentarse en ella a raíz de que una compañera blasfema le formulara un maleficio.
La entrevista que mantuve con la supuesta paciente, fuera del contexto de la sesión de exorcismo, no me permitió en este caso, tras un afinado y extenso diálogo exploratorio, llegar a conclusión alguna respecto de la identificación, apresamiento y comprobación de signos, señales o síntomas de naturaleza psicopatológica. De donde inferí y sostuve que no disponía de ninguna explicación psiquiátrica para las conductas antes relatadas.
Los anteriores casos ponen de manifiesto la conveniencia e incluso de necesidad de que psiquiatras y sacerdotes estudiemos conjuntamente estos acontecimientos, lo que redundará en beneficio de la psiquiatría y también de la pastoral de estas personas.

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Polaino-Lorente,Aquilino.(s.f.) Psiquiatría y posesión diabólica. Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense. Recuperado de http://www.fortea.us/english/psiquiatria/aquilino.htm

Diferencias en la estructura cerebral pueden provocar alucinaciones


Diferencias en la estructura cerebral pueden provocar alucinaciones

Autor: Irene Benito

Fecha: 11-19-2015.

Fuente Bibliográfica: Tendencias21.net

Un reducción de la longitud del surco paracingulado (PCS) del cerebro impide distinguir la información autogenerada de la que procede del mundo exterior, revela un estudio

8536971-13436256

Fuente: Marina Shemesh/public domain

¿Por qué tienen alucinaciones las personas esquizofrénicas? Las causas cerebrales comienzan a desvelarse. Según un estudio de 2014, las alucinaciones están relacionadas con la falta de un gen y el exceso de los niveles de una proteína en el tálamo. Ahora, otra investigación ha determinado que están vinculadas a una reducción de la longitud del surco paracingulado (PCS) del cerebro.

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