Cuando haces lo recto y aun así las cosas salen mal


Cuando haces lo recto y aun así las cosas salen mal

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David es un ejemplo de un hombre que tenía un corazón por Dios, un tipo de persona que hizo bien (excepto por el pecado de Betsabé y Urías). “Por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los días de su vida, salvo en lo tocante a Urías heteo” (1 Reyes 15:5). Desde el momento en que Samuel derramó aceite sobre él, ungiéndole rey sobre Israel, “Y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David” (1 Samuel 16:13). Se dice que “Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él…David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él… Saúl, viendo y considerando que Jehová estaba con David” (1 Samuel 18:12,1428).

Así que ¿Qué obtiene David por toda esta bondad? ¡Problemas por todos lados! Pero recuerda, Dios estaba todavía con él.

Piensa en el momento cuando ese mismo hombre piadoso se puso de pie sin miedo ante el gigante Goliat. Piensa en la multitud que aclamaba: “David mató a sus diez mil”. Ahora retrocede de miedo y su mejor amigo ha sido marginado de él. Está tan aprisionado por el pánico que se hace pasar por loco para salvarse. Termina escondiéndose en la cueva de Adulam con cuatrocientos hombres descontentos y acabados que se reunieron con él. David dijo: “Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos” (1 Samuel 27:1). David ahora estaba destrozado por muchos miedos. Debe haber visto el día de su unción como un gran error, pensando: “Señor, no puede ser que estés conmigo; yo no puedo ser tu ungido. Todo está saliendo mal. No sirve de nada. Evidentemente Tú estás enojado conmigo.” ¿Alguna vez has dicho algo así?

Pero Dios no había abandonado a David, ni por un momento. Porque sabemos que “desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David” (1 Samuel 16:13). Así es con nosotros. El día en que el Espíritu de Dios nos trajo a Jesús y nos ungió, vino para quedarse, para habitar. En tu prueba, en tu malestar, Él es tu consuelo. Puede parecer que las cosas van mal, pero para los que confían, Dios tiene todo bajo control.


Escrito por David Wilkerson
Fuente: http://sermons.worldchallenge.org/es/node/30058


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La Oración de Pedro.


La Oración de Pedro.

Un sermón predicado la noche del Jueves 10 de Junio, 1869
por Charles Haddon Spurgeon
En el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres.
Y publicado el Jueves 21 de Mayo, 1914.

  • “Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” (Luc. 5: 8)

Los discípulos habían estado pescando toda la noche. Pero ya habían dejado de pescar; habían descendido de sus barcas, y estaban remendando sus redes. Un extraño se acerca. Probablemente lo habían visto antes, y recordaban lo suficiente de Él como para sentir respeto. Aunado a eso, el tono de voz con que les habló, y Su porte, de inmediato subyugaron su corazón. Él pidió prestada la barca de Simón Pedro y predicó un sermón a una multitud atenta. Cuando terminó de hablar, como para demostrar que no pediría prestada la barca sin darles su pago, les ordenó que bogaran mar adentro y echaran otra vez las redes. Así lo hicieron, y, en vez de llevarse una decepción, de inmediato encerraron una gran cantidad de peces, tantos, que las barcas no podían contenerlos. La red no era lo suficientemente fuerte y comenzó a romperse.

Sorprendido por este extraño milagro, y probablemente sobrecogido por la figura majestuosa de ese Personaje sin par que lo había realizado, Simón Pedro se consideró sumamente indigno de estar en tal compañía, y cayó de rodillas suplicando esta extraña oración: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” Por tanto deseo que, en primer lugar, oigamos:

I. LA ORACIÓN SEGÚN LA PEOR INTERPRETACIÓN QUE PODAMOS DARLE.

Es siempre incorrecto dar la peor interpretación a las palabras de alguien, y por tanto no pretendemos hacerlo, excepto a manera de licencia. Únicamente por unos momentos, vamos considerar lo que podría llegar a pensarse de estas palabras. Cristo, por supuesto, no interpretó a Pedro de esta manera. Él entendió el mejor sentido a la frase. Pero si algún criticón hubiese estado allí, le habría dado una incorrecta interpretación a esta petición: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.”

Los impíos oran virtualmente con este tipo de oración. Cuando el Evangelio llega a ciertas personas y perturba sus conciencias, dicen: “sigue tu camino por hoy; cuando haya una ocasión más conveniente, te buscaré.” Cuando algún predicador problemático les habla de sus pecados, cuando pone una verdad quemante en sus conciencias, y los sacude de tal manera que no pueden dormir ni descansar, se enojan mucho con ese predicador y con la verdad que él tenía la obligación de predicarles. Y si ellos no le piden que se aparte de su camino, son ellos los que se apartan, lo que equivale a lo mismo, y el espíritu es: “no queremos abandonar nuestro pecado; no podemos desprendernos de nuestros prejuicios, de nuestras más queridas concupiscencias y tener que partir, alejándonos de nuestras costas; déjennos en paz; ¿qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” Pedro no quería decir nada parecido, pero puede que haya algunas personas aquí presentes que sí quieran decir algo semejante, y que cuando evitan el Evangelio, y no le prestan atención, y lo desprecian y lo odian, si sumamos todo eso, virtualmente están diciendo: “Apártate de nosotros, oh Cristo.”

¡Ay!, me temo que hay algunos cristianos que de hecho (no diré que intencionalmente) realmente dicen esta oración. Por ejemplo, si un creyente en Cristo se expone a la tentación; si busca el placer que se mezcla con el pecado; si abandona las reuniones de los santos y encuentra consuelo en la sinagoga de Satán; si su vida es inconsistente en la práctica y también se vuelve inconsistente en virtud de su descuido de los deberes santos, de las ordenanzas, de la oración privada, de la lectura de la Palabra, y de cosas semejantes, ¿acaso ese cristiano no estaría diciendo: “Apártate de mí, Señor”? El Espíritu Santo mora en nuestros corazones y gozamos de Su presencia consciente, si somos obedientes a Sus amonestaciones. Pero si caminamos en dirección opuesta a Él, Él caminará en dirección opuesta a nosotros, y muy pronto tendremos que decir:

“¿Dónde está la bienaventuranza que conocí
Cuando vi por primera vez al Señor?”

¿Por qué retira el Espíritu Santo el sentido de Su presencia? ¿Acaso no es porque nosotros le pedimos que se vaya? Nuestros pecados Le piden que Se vaya; nuestras Biblias no leídas le piden a grandes voces, por decirlo así, que Se vaya. Tratamos al sagrado Huésped como si estuviéramos cansados de Él, y Él percibe esta insinuación y esconde Su faz, y luego nos afligimos y comenzamos a buscarlo de nuevo. Pedro no hace eso, pero nosotros sí. ¡Ay!, cuán a menudo debemos decir: “¡oh, Santo Espíritu, perdónanos por haberte vejado de tal manera, por haber resistido Tus advertencias, por haber apagado Tus dictados, y por haberte contristado! Regresa a nosotros, y habita con nosotros para siempre.”

Esta oración en su peor interpretación es ofrecida, en la práctica, por algunas iglesias cristianas. Yo creo que cualquier iglesia cristiana que se vuelva desunida, de tal forma que sus miembros no tengan un verdadero amor los unos por los otros, repite esa horrible súplica por esa misma falta de unidad. Es equivalente a que esa iglesia diga: “Apártate de nosotros, Espíritu de unidad! Tú únicamente habitas donde hay amor: nosotros quebrantamos Tu reposo: apártate de nosotros!” El Espíritu Santo se deleita en morar con un pueblo que es obediente a Su enseñanza, pero hay iglesias que no quieren aprender: rehúsan cumplir la voluntad del Señor, o aceptar la Palabra del Señor. Tienen otras normas, algún libro de hombres, y en las excelencias de la composición humana olvidan las glorias de la composición divina. Ahora, yo creo que allí donde cualquier libro, cualquiera que sea, sea puesto por encima o al lado de la Biblia, o donde cualquier credo o catecismo, independientemente de cuán excelentes sean, sean puestos a la par de esa perfecta Palabra de Dios, cualquier iglesia que haga eso, de hecho, está diciendo: “Apártate de nosotros, Señor.” Y cuando se trata de un error doctrinal real, particularmente de esos errores dolorosos de los que escuchamos hoy día, tal como la regeneración bautismal, y las doctrinas afines a ella, por decirlo así, es una terrible imprecación que pareciera decir: “¡Vete de nosotros, oh Evangelio! ¡Vete de nosotros, oh Espíritu Santo! Danos señales y símbolos, y eso basta; pero apártate de nosotros, oh Señor; estamos contentos sin ti.”

En cuanto a nosotros, nosotros como iglesia, podemos decir en la práctica esta oración. Si casi nadie asiste a nuestras reuniones de oración; si las oraciones en esas reuniones son frías y están muertas; si el celo de nuestros miembros se extingue; si no hay preocupación por las almas; si nuestros niños crecen sin el debido entrenamiento en el temor de Dios; si la evangelización de esta gran ciudad fuese entregada a otro grupo de obreros y nosotros nos quedáramos impasibles; si nos tornáramos fríos, poco generosos, indiferentes, apáticos; ¿qué peor cosa podríamos hacer en contra nuestra? ¿Cómo podríamos hacer esta terrible oración con mayor fuerza: “Apártate de nosotros: somos indignos de Tu presencia: vete, buen Señor? Que la palabra ‘Icabod’ sea escrita sobre nuestra paredes; queremos quedarnos con todas las maldiciones de Gerizim resonando en nuestros oídos.”

Digo, entonces, que la oración pudiera entenderse en este peor sentido. No tenía ese sentido: nuestro Señor no lo entendió así: nosotros tampoco debemos entenderla así en lo relativo a Pedro; pero cuidémonos, ¡oh!, cuidémonos de no ofrecerla así, nosotros mismos, en la práctica.

Pero ahora, a continuación, vamos a esforzarnos por tomar la oración tal como brotó de los labios y del corazón de Pedro:

II. UNA ORACIÓN QUE PODRÍAMOS JUSTIFICAR, Y CASI RECOMENDAR.

¿Por qué dijo Pedro: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”? Hay tres razones. Primero, porque era un hombre; segundo, porque era un hombre pecador; y además, porque lo sabía, y se volvió un hombre humilde.

Así, entonces, el primer motivo de esta oración es que Pedro sabía que era un hombre, y por tanto, siendo un hombre, se sentía asombrado en presencia de alguien como Cristo. La primera visión de Dios ¡cuán asombrosa es para cualquier espíritu, aunque sea puro! Yo supongo que Dios nunca Se reveló completamente, no se podría haber revelado completamente a ninguna criatura, independientemente de cuán elevada fuera su capacidad. El Infinito deja anonadado a lo finito.

Ahora, allí estaba Pedro, contemplando por primera vez en su vida, de una manera espiritual, el sumo esplendor y gloria del poder divino de Cristo. Miró esos peces, y de inmediato recordó la noche de trabajo agotador en la que ningún pez recompensó su paciencia, y ahora los veía en grandes cantidades en la barca, y todo como resultado de este hombre extraño que estaba sentado allí, después de haber terminado de predicar un sermón todavía más extraño, que condujo a Pedro a considerar que nadie antes había hablado así. No sabía cómo ocurrió, pero se sintió avergonzado; temblaba y estaba asombrado ante esa presencia. No me sorprende, pues leemos que Rebeca, al ver a Isaac, descendió de su camello y cubrió su rostro con un velo; y leemos que Abigail, al encontrarse con David, se bajó prontamente del asno y se postró sobre su rostro, diciendo: “¡Señor mío, David!”; y encontramos a Mefi-boset depreciándose en la presencia del rey David, llamándose a sí mismo un perro muerto; no me sorprende que Pedro, en la presencia del Cristo perfecto, se abatiera hasta volverse nada, y en su primer asombro ante su propia nada y la grandeza de Cristo, casi no supiera qué decir, como alguien aturdido y deslumbrado por la luz, perturbado a medias, e incapaz de reunir sus pensamientos y ponerlos en un determinado orden. El mismísimo primer impulso fue como cuando la luz del sol golpea el ojo, y es una llamarada que amenaza con cegarnos. “¡Oh!, Cristo, soy un hombre; ¿cómo podré soportar la presencia del Dios que gobierna a los mismos peces del mar, y obra milagros como éste?”

Su siguiente motivo fue, ya lo he dicho, porque era un hombre pecador, y hay en ello algo de alarma mezclada con asombro. Como hombre se quedó pasmado ante el resplandor de la Deidad de Cristo; como pecador se quedó alarmado ante Su deslumbrante santidad. No dudo que en el sermón que Cristo predicó, había una denuncia tan clara del pecado, ajustando el juicio a cordel y a nivel la justicia, y tal declaración de santidad de Dios, que Pedro se sintió con el velo quitado, descubierto, con su corazón al desnudo: y ahora venía el remate. Quien había hecho esto podía también gobernar los peces del mar: debía, por tanto, ser Dios, y fue a Dios a Quien todos los defectos y males del corazón de Pedro habían sido revelados y por Quien fueron plenamente conocidos, y casi temiendo con un tipo de grito de alarma inarticulado, porque el criminal estaba en la presencia del Juez, y el hombre manchado en la presencia del Inmaculado, dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.”

Pero he comentado que hubo una tercera razón, es decir, que Pedro era un hombre humilde, como se desprende del dicho, porque se conocía a sí mismo, y confesó valientemente que era un hombre pecador. Ustedes saben que a veces ha habido personas en el mundo que súbitamente descubrieron que algún rey o príncipe se acercaba a su pequeña casucha, y la buena ama de casa, cuando el mismo rey era el que venía a su choza, sentía como si el lugar en sí era tan inconveniente para él, que aunque ella hiciera lo mejor posible para su majestad, y estuviera contenta en su alma porque él honraría su casa con su presencia, no podía evitar decir: “¡oh!, que su majestad hubiera ido a otra casa más digna, que hubiera ido a la casa del hombre importante que está un poco más adelante, pues yo soy indigna de que su majestad venga aquí.”

Así Pedro sintió como si Cristo se rebajara casi al venir a él, como si fuera algo demasiado bueno de parte de Cristo, demasiado grande, demasiado amable, demasiado condescendiente, y parece que quiso decir: “ve a un lugar más elevado, Señor; no te sientes en este lugar tan bajo, en mi pobre barca, en medio de estos pobres peces torpes; no te sientes aquí, pues Tú tienes el derecho de sentarte en el trono del cielo, en medio de los ángeles que cantarán Tus alabanzas día y noche; Señor, no Te quedes aquí; ve arriba; toma un mejor asiento, un lugar más elevado; siéntate entre seres más nobles, que sean más dignos de ser bendecidos con las sonrisas de Su Majestad.”

¿No creen ustedes que quiso decir eso? Si están de acuerdo, no solamente podemos disculpar su oración, sino inclusive alabarla, pues hemos sentido lo mismo. “¡Oh!” hemos dicho, “¿acaso habita Jesús con unos cuantos pobres hombres y mujeres que se han reunido para orar en Su nombre? ¡Oh!, ciertamente no es un lugar lo suficientemente bueno para Él; Él debe tener el mundo entero y a todos los hijos de los hombres cantando Sus alabanzas; Él debe tener el cielo, incluso el cielo de los cielos: que los querubines y serafines sean Sus siervos, y los arcángeles desaten el calzado de Su pies: que se eleve al trono más elevado de gloria, y que se siente allí, y que no lleve más la corona de espinas. Que no sea despreciado ni rechazado más. Que sea adorado y reverenciado por siempre y para siempre.” Pienso que hemos sentido eso, y, si es así, podemos entender lo que sintió Pedro, “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” Ahora, hermanos y hermanas, hay momentos en los que estos sentimientos, si no pueden ser admirados en nosotros, son sin embargo disculpados por nuestro Señor, y tienen de todas formas algo en ellos, que Él mira con satisfacción. ¿Quieren que les mencione uno?

Algunas veces un hombre es llamado a una eminente posición de utilidad, y conforme el panorama se abre ante él, y ve lo que tendrá que hacer, y con qué honor el Señor se agrada en cubrirlo, es muy natural, y pienso que es casi espiritual, que se sobrecoja y diga: “¿quién soy yo para ser llamado a una obra como esta? Mi Señor, yo estoy dispuesto a servirte, pero ¡oh!, no soy digno.” Como Moisés, que estaba lo suficientemente contento de ser el siervo del Señor, y sin embargo dijo, y lo dijo de corazón: “Señor, soy tardo en el habla; soy hombre inmundo de labios, ¿cómo puedo hablar por Ti?” O, como Isaías, que se regocijó en decir: “Heme aquí, envíame a mí,” pero que sentía, “¡Ay de mí! Porque soy hombre incircunciso de labios; ¿cómo podré ir?” Pero no como Jonás, que no quería ir en lo absoluto, sino que a toda costa quería ir a Tarsis para escaparse de la obra en Nínive; sin embargo, tal vez también con un poco del sabor de la amargura de Jonás, pero principalmente con un sentido de nuestra propia indignidad para ser usados en un servicio tan grandioso, decimos: “Señor, no me pongas en eso; después de todo, puedo tropezar y deshonrarte; quiero servirte, pero para no ceder de ninguna manera bajo la presión, excusa a Tu siervo, y dale una asignación de servicio más humilde.” Ahora, yo digo que no debemos orar de esa manera, pero aun así, aunque hay algo indebido allí, hay un sedimento de bien que Cristo percibirá, en el hecho que vemos nuestra propia debilidad y nuestra propia incapacidad. Él no se enojará con nosotros, sino que, cribando el grano de la paja, aceptará la parte buena de nuestra oración, y perdonará la parte mala.

Además, a veces, queridos amigos, esta oración ha estado casi en nuestros labios en tiempos de intenso gozo. Algunos de ustedes entenderán lo que quiero decir: cuando el Señor se acerca a Sus siervos, y es como fuego consumidor, y nosotros somos como la zarza ardiendo con el sumo esplendor de Dios realizado en nuestras almas, muchos de los santos de Dios se han desmayado en tales ocasiones. Ustedes recuerdan que el señor Flavel nos relata que andando a caballo en un largo viaje a un lugar donde iba a predicar, tuvo tal sentido de la dulzura de Cristo y de la gloria de Dios, que no supo dónde estaba, y se quedó sentado en su cabalgadura durante dos horas, y el caballo sabiamente también se quedó quieto. Cuando volvió en sí, descubrió que había estado sangrando profusamente por el exceso de gozo, y al momento de lavarse la cara en el arroyo junto al camino, dijo estar convencido que sabía lo que era sentarse a las puertas del cielo, y que difícilmente podía decir que si hubiese atravesado las puertas que son perlas podría haber sido más feliz, pues el gozo era excesivo.

Voy a citar lo que he repetido muchas veces, las palabras del señor Welsh, un famoso teólogo escocés, que se encontraba bajo el influjo de uno de esos benditos delirios de luz celestial y comunión embelesada, cuando exclamó: “¡Espera, Señor! ¡Espera: es suficiente! ¡Recuerda que únicamente soy una vasija de barro, y si me das más, moriré!” Dios pone a veces Su vino nuevo en nuestras pobres botellas viejas, y entonces tenemos cierta tendencia a decir: “Apártate, Señor: no estamos listos todavía para Tu gloriosa presencia.” No se reduce a decir eso: no equivale a todas esas palabras, pero aun así, el espíritu está pronto, pero la carne es flaca, y la carne comienza a apartarse de la gloria porque aún no puede soportarla. Hay muchas cosas que Cristo nos diría, pero que no nos dice, porque todavía no podemos entenderlas.

Otro momento, en el que esto ha pasado por nuestra mente, sin que sea completamente correcto, o completamente pecaminoso (lo mismo que en las dos instancias anteriores), es cuando el pecador viene a Cristo, y ciertamente en alguna medida ha creído en Él, pero cuando al fin ese pecador percibe la grandeza de la misericordia divina, la riqueza del perdón celestial, la gloria de la herencia que es otorgada a los pecadores perdonados, entonces muchas almas respingan, diciendo: “es demasiado bueno para ser cierto; o si es cierto, no es cierto para mí.”

Yo recuerdo muy bien un arrebato sorprendente que tuve al respecto. Yo había creído en mi Señor, y había descansado en Él por algunos meses, y me regocijaba en Él, y un día, mientras me gozaba de la delicias de ser salvo, y me regocijaba en las doctrinas de la elección, la perseverancia final, y la eterna gloria, pasó por mi mente esta pregunta: “¿Y todo esto para ti, para un perro muerto como tú? ¿Cómo puede ser eso?” Y durante un tiempo fue una tentación tan fuerte, que no podía superarla. Era como decir espiritualmente: “Apártate de mí; soy un pecador demasiado grande para que estés en mi barca, demasiado indigno de tener tales bendiciones sin precio como esas que Tú me traes.” Ahora, yo digo que eso no es completamente erróneo, ni completamente correcto. Hay allí una combinación, y podemos disculparlo, y de alguna manera alabarlo, pero no enteramente. Hay otros momentos en los que el mismo sentimiento puede atravesar nuestro ser, pero no puedo detenerme a especificarlos. Puede haber ocurrido con algunos de ustedes aquí, y les pido que no se preocupen demasiado, ni que tampoco se excusen completamente, sino que continuemos con la siguiente enseñanza de esta oración:

III. UNA ORACIÓN QUE NECESITA ENMIENDAS Y CORRECCIONES.

Desde la perspectiva en que hemos estado viendo la oración, no era buena: ahora, veámosla de otra manera: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” ¿No sería mejor decir: “Acércate más a mí, Señor, porque soy hombre pecador?” Sería una oración más valiente y una oración más tierna al mismo tiempo: más sabia y no menos humilde, pues la humildad adopta muchas formas. “Yo soy hombre pecador,” allí hay humildad. “Acércate a mí,” allí hay fe que impide que la humildad degenere en incredulidad y desesperación. Hermanos, ese sería un buen argumento, pues vean: “Señor, puesto que soy un pecador, necesito ser purificado; únicamente Tu presencia puede purificar verdaderamente, pues Tú eres el Refinador, y Tú en efecto purificas a los hijos de Leví: únicamente Tu presencia puede limpiar, pues el aventador está en Tu mano, y únicamente Tú puedes limpiar Tu era. Tú eres como fuego de refinador, o como jabón de lavador: acércate a mí, entonces, Señor, pues soy hombre pecador, y no quiero ser ya más un pecador; ven, lávame de mi iniquidad para que pueda ser limpio, y que tu fuego santificador cubra por completo mi naturaleza, hasta que hayas quemado en mí todo lo que sea contrario a Tu mente y a Tu voluntad.”

¿Se atreverían a decir esa oración? No es natural decirla; si pueden, yo les diría: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre.” Carne y sangre pueden hacerte decir: “Apártate de mí”; es únicamente el Espíritu Santo el que, bajo un sentido de pecado, puede poner una atracción divina en ustedes hacia el fuego purificador, y puede hacerlos anhelar, por tanto, que Cristo Se acerque a ustedes.

Además, “Acércate a mí, Señor, puesto que soy un hombre, y siendo un hombre soy débil, y nada puede volverme fuerte sino Tu presencia. Soy un hombre tan débil que si Tú te apartas de mí, desfallezco, me caigo, me consumo, me muero; acércate a mí, entonces, oh Señor, para que por Tu fuerza, yo pueda ser animado y hecho apto para el servicio. Si Tú te apartas de mí, no puedo servirte de ninguna manera. ¿Se levantarán los muertos para alabarte? ¿Pueden darte gloria los que están sin vida? Acércate a mí, entonces, Dios mío, aunque soy tan débil, y como un tierno padre que alimenta a su niño, y como el pastor que lleva sus ovejas, así acércate a mí.”

¿No creen que pudo haber dicho: “Acércate a mí, Señor, y mora conmigo, porque soy hombre pecador,” al recordar cómo había fracasado cuando Cristo no estaba cerca? Toda la noche había echado la red en el mar, entre muchos intentos y chapoteos, y la había recogido con ávidas miradas, revisándola a la luz de la luna, pero no había nada allí que recompensara su esfuerzo. La red fue echada de nuevo, y ahora que Cristo había venido, y que la red estaba llena a reventar, ¿no habría sido una oración adecuada: “Señor, acércate a mí, y concédeme que cada vez que trabaje, pueda tener éxito. Y si voy a ser pescador de hombres, acércate aún más a mí, para que cada vez que predique Tu Palabra, pueda llevar almas a Tu red, y a Tu iglesia, para que sean salvadas”?

Lo que quiero extraer del texto (y lo haría mejor si continuara aislando estos diferentes pensamientos) es esto: que es bueno que el sentido de nuestra indignidad nos conduzca, no a alejarnos de Dios, en una desesperación incrédula y petulante, sino a acercarnos más a Dios. Ahora, supongamos que soy un gran pecador. Pues entonces debo acercarme más a Dios por esa misma razón, pues hay una gran salvación provista para grandes pecadores. Yo soy muy débil e incapaz de llevar a cabo el gran servicio que Él me ha impuesto; no debo, entonces, rehuir el servicio ni rehuir a mi Dios, sino debo considerar que entre más débil sea, más espacio hay para que Dios reciba la gloria. Si yo fuese fuerte, entonces Dios no me usaría, porque mi fortaleza recibiría la alabanza por ello; pero mi incapacidad y mi falta de habilidad, y todo lo que lamento en mí en la obra de mi Señor, abren el espacio a codazos para que venga la omnipotencia y haga su obra.

¿No sería algo muy bueno si todos pudiésemos decir: “no me glorío en mis talentos, ni en mis conocimientos, ni en mi fuerza, sino que me glorío en mi debilidad, porque el poder de Dios descansa verdaderamente en mí? Los hombres no podrían decir: “ese es un hombre preparado, y gana almas porque es preparado.” No podrían decir: “ese es un hombre cuyas facultades de razonamiento son muy poderosas, y cuya fuerza de argumentación es muy clara, y gana pecadores convenciéndolos”; no, dirían más bien: “¿Cuál es la razón de su éxito? Nosotros no podemos descubrirla; no vemos en él nada diferente a los demás hombres, o tal vez vemos tan sólo la diferencia que él posee menos dones que los demás.” Entonces gloria sea dada a Dios; Él recibe la alabanza clara y precisamente, y Su cabeza es la que merece llevar la corona.

Vean, entonces, cuál es mi propósito con ustedes, amados hermanos y hermanas. Es este: no rehuyan la obra del Señor, ninguno de ustedes, sólo porque se sientan incapaces. Por esa misma razón, hagan más bien el doble. No abandonen la oración porque sientan que no pueden orar, sino que oren el doble, pues necesitan más oración, y en vez de estar menos con Dios, estén más tiempo con Él. No permitan que ningún sentido de indignidad los aparte. Un niño no debe huir de su madre en la noche porque necesite un baño. Sus hijos no se mantienen alejados de ustedes porque tengan hambre, o porque tengan sus ropas rotas, sino que se acercan a ustedes precisamente por esas necesidades. Ellos vienen porque son sus hijos, pero vienen más frecuentemente porque son hijos necesitados, porque son hijos afligidos.

Que cada necesidad, cada dolor, cada debilidad, cada tristeza, cada pecado los conduzcan a Dios. No digan: “Apártate de mí.” Es algo natural que lo digan, y no algo que deba ser condenado por entero, pero es algo glorioso, es algo que honra a Dios, es algo sabio, decir, al contrario: “Ven a mí, Señor; acércate a mí, porque soy hombre pecador, y sin Tu presencia estoy totalmente arruinado.”

No diré nada más, pero anhelo que el Espíritu Santo lo diga a algunas personas presentes en esta casa, que desde hace tiempo han sido invitadas a venir y poner su confianza en Jesús, pero que siempre han argumentado como razón para no venir, que son demasiado culpables o que están demasiado endurecidos, o demasiado algo o demasiado lo otro. ¡Es extraño que cuando un hombre encuentra una razón para venir, otro encuentra una razón para permanecer alejado! David oraba en los Salmos, “Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande.” “Extraño argumento,” dirán. Es grandioso. “Señor, aquí hay gran pecado, y es algo ahora que amerita que un grandioso Dios lo trate. Aquí hay un pecado del tamaño de una montaña; Señor, otorga gracia omnipotente para quitarlo. Señor, aquí hay un pecado de la altura de un pico de los Alpes; que el diluvio de Tu gracia, como el diluvio de Noé, suba veinte metros por encima de él. Yo soy el primero de los pecadores; aquí hay lugar para el primero de los Salvadores.” ¡Cuán extraño es que algunos hombres conviertan esto en razón para detenerse lejos! Este cruel pecado de incredulidad es cruel para ustedes mismos; han desechado el consuelo que podrían disfrutar. Es cruel para Cristo, pues no hay dolor que lo haya herido más que ese pensamiento duro, poco generoso, que Él no está dispuesto a venir.

Crean, crean que nunca está más contento que cuando tiene abrazado a Su Efraín contra Su pecho, como cuando dice: “Tus muchos pecados te son perdonados.” Confía en Él. Si pudieras verlo, no podrías evitar confiar en Él. Si pudieras ver ese amado rostro, y esos ojos que una vez estuvieron enrojecidos por el llanto a causa de los pecadores que lo rechazaron, dirían: “he aquí, venimos a Ti; Tú tienes palabras de vida eterna; acéptanos, porque sólo en Ti nos apoyamos; nuestro pensamiento en Ti persevera, porque en Ti ha confiado.”

Y una vez hecho eso, descubrirán que descenderá a ustedes como la lluvia sobre la hierba cortada, como el rocío que destila sobre la tierra, y por medio de Él, sus almas reverdecerán; sus cilicios les serán quitados, y serán ceñidos con alegría, y se alegrarán eternamente en Él. Que el Señor mismo los lleve a esto. Amén.

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http://www.spurgeon.com.mx/sermon3407.html

¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?


¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?
Autor: Paulo Arieu
Publicado: 20 de Junio del 2014
Actualizado: Agosto 06 del 2014.
1. INTRODUCCIÓN:
Han escuchado la famosa frase: “Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador”? Me imagino que si, pues, esta frase es muy usada por el Catolicismo, por el Humanismo, y hasta por aquellos que se dicen “cristianos evangélicos”. Pero, entre todos los que han escuchado esta frase popular, muy pocos saben su origen o quien fue el autor de esta enseñanza.Esta frase es de (san) Agustín deHipona y está escrita en el libro ‘La Ciudad de Dios’. LuegoGhandi la tomó prestada (borrowed) o la robó (stolen), dependiendo de quéautor estemos leyendo acerca deGhandi, y la colocó en una obra suya – autobiografía – en el año de 1929.
San Agustin escribió: (ingl.) he should not hate the person because of the fault, nor should he love  the  fault  because of the  person. He should hate the fault, but love the man. En español:“….Él debe odiar la falta, pero ama al hombre. Luego, Ghandi la tomó de Agustín; el filósofo humanista-hinduista Mahatma Gandhi dijo: “Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador”.  Y hoy en día, hay muchos falsos maestros introducidos por Satanás en el cristianismo que lo enseñan como si fuera una enseñanza bíblica. De esta manera muchos seudo-predicadores de Dios predican la palabra de Gandhi y no la Palabra de Dios. Éstos creen en el evangelio de Gandhi y no en el Evangelio de Jesucristo.
2. GANDHI, SU OSCURA BIOGRAFÍA Y SU ENSEÑANZA HUMANISTA-HINDUISTA:

Mohandas Karamchad Gandhi, recibió el nombre honorífico de “Mahatma” (que significa “grande alma”) por parte del pensadorhinduista Rabindranat Tagore, de esta manera se empezó a llamarMahatma Gandhi. Otros le llamaban “bapu”, que significa “padre”. Él mencionaba a un dios en sus enseñanzas, pero el dios que él mencionaba no era el Dios de La Biblia, su dios era “Krisna”, el dios del hinduismo lleno de misticismo y humanismo. Él profesaba la religión del hinduismo, y su espiritualidad estaba basada en laautoflagelación y obras no conforme a la palabra de Dios, propia de su naturaleza caída no regenerada por el Espíritu Santo.Promovía la huelga de hambre, bregó por el retorno a las viejas tradiciones hindúes, ayunaba por motivos ajenos a la voluntad de Dios. Según algunos historiadores, financio grupos guerrilleros de parias en el sur de India, contradiciendo su propia filosofía de “no violencia”. A los 36 años, estando casado, decidió guardar celibato, motivado por la doctrina hinduista “brahmacharia”. Luego promovio tal doctrina en base a experimentos sexuales como el desnudismo.

Su lucha fue por la Independencia de la India, y no contra el pecado, la carne o el diablo. Es a raíz de la apostasía creciente profetizada por La Biblia, que la filosofía de Gandhi y de otros falsos maestros se ha introducido entre el cristianismo “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras…” (2Pe 2:1)

He aquí algunas de sus frases que resumen sus enseñanzas:

Frase 1: “El mejor libro a estudiar es el de la humanidad… No podemos perder la fe en la humanidad.” Pero La Biblia dice que no pongamos nuestra confianza en el hombre o en la humanidad. “Hombres son, y no Dios.” (Is 31:3) “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.” (Jer 17:5)

Frase 2: “Si quieres cambiar al mundo, cambiate a ti mismo.” Pero La Biblia dice que el hombre no tiene el poder de cambiarse a si mismo. “el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.” (Jer 10:23) “De Jehová son los pasos del hombre; Cómo, pues, entenderá el hombre su camino?” (Pr 20:24)

Frase 3: “La verdad es lo que te dice tu voz interior.” Pero La Biblia dice que el hombre no tiene ninguna verdad, solo Cristo, Él es la unica verdad absoluta, y nada tiene que ver con alguna voz interior humana: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Jn 14:6) “y la Verdad vino por medio de Jesucristo.” (Jn 1:17) y no por la voz interior del hombre.

3. ¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?

Esta frase muy usada por el evangelismo moderno no está basada en las Sagradas Escrituras. Piensa que estás en Sodoma para evangelizarlos, y les predicas diciendo: “Dios te ama pecador…” y luego Dios destruye la ciudad. Ves lo absurdo de presentar el evangelio de esa manera, pues “los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.” (Gn 13:13) e iban a ser destruidos por sus pecados. De la misma manera el hombre caído será destruido en el día del juicio si no se arrepiente de su maldad y cree en Cristo. Por tanto, los pecadores necesitan oír un mensaje de arrepentimiento y fe, y no un mensaje de amor que les “acaricie el oído” o les “mueva las emociones”. La frase de “Dios te ama” nunca fue el inicio de una predicación evangelística, nunca fue el texto principal para exponer el evangelio a los inconversos, nunca fue una frase que hayan usado los discípulos al anunciar a Cristo.

Puedes buscar en toda tu Biblia y no hallarán tal frase para hacer evangelismo de parte de los discípulos. Algunas personas bienintencionadas o no entendidas me dirán, pero mira lo que dice Romanos 5:8 y Juan 3:16…. Pues, si estudiamos Romanos 5:8 vemos que esta texto forma parte del mensaje dirigido a los creyentes y no a inconversos. Dichos oyentes ya eran salvos, por tanto, podían comprender el amor de Dios, desde el punto de visto bíblico, que había sido derramado en sus corazones. Mientras que Juan 3:16 es el único texto de la cual no se puede hacer doctrina de un solo texto, y en ese texto el autor expresa la manifestación del amor de Dios hacia el mundo, porque Dios es amor. Y ese amor está abierto a todo hombre que crea en Jesucristo, y no al que no cree.

Solo un creyente puede recibir ese amor, porque si toda la humanidad estuviera bajo el amor de Dios, entonces, todos serían salvos, como enseña el Catolicismo, y no habría necesidad de convertirse a Cristo ya que Dios ama al hombre así de pecador.

Dios aborrece el pecado: “Porque Jehová es justo, y ama la justicia.” (Sal 11:7) “Oh Dios, has amado al justicia y aborrecido la maldad.” (Sal 45:7)

Dios aborrece al pecador:
 “Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad… Aborreces a todos los que hacen iniquidad.” (Sal 5:4-5)
“Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días.” (Sal 7:11)
 “La ira de Jehová contra los que hacen mal.” (Sal 34:16)
“El rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1 Pe 3:12)
 “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injustica de los hombres que detienen con injusticia la verdad.” (Ro 1:18)
 “Abominación son a Jehová los perversos de corazón.” (Pr 11:20)

El hombre no podrá entender acerca del amor de Dios, si es que antes no entiende su estado caído pecaminoso ante Dios, y su necesidad de arrepentimiento y fe en Cristo como Salvador. ¿De qué manera? Pues, mostrándole al hombre natural su naturaleza caída exponiendo la ley de Dios “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Ro 3:20) y vean que “sirven a la inmundicia y a la iniquidad.” (Ro 6:19) porque “todo designio de los pensamiento del corazón de ellos es de continuo solamente el mal.” (Gn 6:5) y “buscaron muchas perversiones.” (Ec 7:29) “se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” (Ro 1:21) siendo esclavos voluntarios del pecado (Jn 8:34)

Con esto, se derriba el orgullo humano de creerse buena persona y de creer que irá al cielo por llevar una vida moral. La moralidad le podrá librar de la cárcel, pero no le salvara de la condenación eterna en el infierno. Todo camino que lleve el hombre sin Cristo es “espacioso y lleva a la perdición.” (Mat 7:13) solo Cristo es el único Camino al cielo. Solo cuando un hombre entiende su condición perversa, abominable, vil, e inmunda a causa de su pecado es que, si el Espíritu Santo obra en tal, vendrá arrepentido a Cristo y le abrazará como su único Salvador.

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hch 4:12) “quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio.” (Tit 1:14) “a fin de que cada uno se convierta de su maldad.” (Hch 3:26)

Y si Dios los salva, entonces podrán entender que la salvación es por gracia de Dios, y ahí recién podrán entender acerca del verdadero amor de Dios.

Reflexiones interesantes

Aunque fuese verdad que esa cita hubiese salido de Gandhi, podemos ver estas cosas importantes e interesantes:

1) El concepto de “pecado” y de “pecador” de Gandhi es totalmente diferente al Bíblico.

NO EXISTE pecado sin tener como UNA VERDAD ABSOLUTA lo que Dios habló en Génesis 2:17 (Gandhi no creía en Jehová Dios de la Biblia)

Si la palabra “pecado” está en unos labios de un hombre ATEO esa palabra es una COPIA DEFORMADA no solamente por el significado ANTI-BIBLICO que reside en ella, sino que está DESCONTEXTUALIZADA una vez que LA CRUZ, LA VIDA ETERNA, EL INFIERNO Y NUESTRO SEÑOR JESÚS no forman parte de la ecuación de quien la pronuncia, como en el caso de este noble hombre que no sabemos si está en el Cielo o en el Infierno.

Por el otro lado cuando se dice o repite que Ghandi fue el autor, debemos saber que es una leyenda urbana (FALSA), que se ha propagado masivamente en interntet en este año de 2014.

LA PRIMERA APARICIÓN DE “PECADO”

La primera aparición de la Palabra “pecado” está en Génesis 4:7 y es Dios quien la usa en Primera Persona advirtiendo a Caín acerca de las consecuencias de hacer el mal:

  • Gn:4:6,7 Entonces Jehová dijo á Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué se ha inmutado tu rostro? 7 Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado? y si no hicieres bien, el pecado está á la puerta: con todo esto, á ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. (RVA)

La 2da aparición en la Biblia está en Génesis 13:13

  • Gn:13:13: Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores para con Jehová en gran manera. (RVA)

Sin embargo, antes de que estuvise Escrito el Pentateuco, en Job ya el Señor había dejado la 1era referencia Escrita acerca del pecado en Job

  • Jb:1:5:”….: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado á Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días. (RVA)

EL AMOR DE DIOS Y LA HUMANIDAD

Jn:3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

“Pecador” y “ser humano” es exactamente lo mismo pues “por cuanto todos pecaron”.

Pareciera que los Calvinistas están mostrando que solamente ellos son los únicos amados por Dios.

Algo interesante es que cuando se debate este tema acerca de que Dios no ama al pecador, el vesículo Juan 3:16 DESAPARECE de los argumentos a favor:

  • “de tal manera amó Dios al mundo”….

Dios es Amor: “Gr. AGAPE” y el mundo  q.d cada ser humano es el objeto de Su Amor y el mundo está lleno por completo de pecadores (salvos y no salvos)

Dios aborrece al pecador? Puede el hombre dejar de ser pecador? Puede Dios dejar de Amar?

Respuesta: No….!

No somos pecadores porque pecamos: pecamos porque somos pecadores.

Puede Dios dejar de Amar algún instante de su Eternidad?

El amor nunca deja de ser cuando el amor es genuino..

  • 1 Cor:13:8: La Caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada; (RVA)

Dios los bendiga. Gracia y Paz

 

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San Agustin, La Ciudad de Dios,(2011). Pag. 389, Publicado por Iuan de la Cuesta. Translated by Antonio de Roys y Rozas. Editor:Francisco de Robles ((Madrid). (1 Jun. 2011)

M. K. GandhiAn Autobiography: The Story of My Experiments With Truth, Pag. 439, 554.

¿Llegaremos al punto de nunca pecar?


¿Llegaremos al punto de nunca pecar?

Josef Urban

El evangelio es el poder de Dios para salvación (Ro. 1:16). Su poder reside en el hecho de que es la revelación de la justicia de Dios que es aplicada a los antecedentes culpables del transgresor que cree, por lo tanto absolviendo su culpa legal y haciendo que sea aceptado como justo por medio de la imputación de la justicia perfecta de Cristo (Ro. 1:17). Así Dios, por medio del Evangelio de Cristo, cumple por su decreto divino algo que para los pecaminosos hijos e hijas de Adán sería totalmente imposible cumplir. De este modo Él magnifica el poder de Su gracia, siendo poderoso para salvar a aquellos que son débiles, incapaces de salvarse a sí mismos (Ro. 5:6).

FlowerSin embargo el mismo Evangelio que es el poder de Dios para librar al criminal culpable de la condenación legal, incurrida debido a su violación de la ley divina, también es el poder de Dios para purificar al malvado de la contaminación de su propio corazón depravado. De modo que el miserable culpable es hecho “justicia de Dios” en cuanto a su posición en los ojos de la ley, y el profano amador del pecado es hecho un “santo” que se deleita en la misma ley contra cual antes vivía en desafío total, siendo hecho en un amador de la justicia. Esta es la enseñanza bíblica de las doctrinas de la justificación y santificación.

Lo que esto significa para el creyente es que aunque él es perfectamente justo ante Dios en un sentido legal, siendo revestido con los mantos impecables de la justicia de Cristo, él no es perfectamente justo en cuanto a su experiencia en este mundo. Nuestra justicia forense es perfecta; nuestra justicia real, nuestra libertad de la contaminación del pecado, nunca es completa en esta vida. Aunque la justificación es una declaración legal divina instantánea que perfectamente y para siempre libera al pecador de la condenación, la santificación en la vida del creyente que ya ha sido justificado es un proceso en desarrollo que continuamente efectúa una purificación experiencial del pecado y un crecimiento constante en la semejanza de Cristo, y no es perfeccionada hasta que el creyente entre en la gloria.

Aberraciones históricas

Históricamente, entre las filas de la iglesia se han encontrado dos grupos principales que han negado vehementemente la enseñanza bíblica de la naturaleza progresiva de la santificación: el pelagianismo y el wesleyanismo.

El pelagianismo deriva su nombre del monje Pelagio (390-418 d.C.). Pelagio es famoso (o infame) debido a sus debates con Agustín sobre la doctrina de la depravación humana en el siglo IV. Al negar el concepto del pecado original, Pelagio enseñaba que la perfección sin pecado era posible, al definir el pecado como “una acción volitiva de desobedecer un mandato conocido de Dios”. Según él, el pecado es una decisión; la habilidad de tomar la decisión de pecar o no mora en la habilidad intrínseca del hombre. Por lo tanto, él enseñaba que no era necesario ser fortalecido con el poder de la gracia divina para dejar de pecar y obedecer la ley de Dios.

Aplicando estos graves errores doctrinales a la doctrina de la santificación, Pelagio enseñaba que la libertad perfecta del pecado podía, y necesitaba, ser adquirida en el momento de la conversión. Para él, el arrepentimiento simplemente significaba dejar de pecar. Y ya que el arrepentimiento y la fe van juntos en la conversión, y ya que la justificación depende del ejercicio de la fe, según Pelagio permanecer en ese estado de justificación depende de permanecer en un estado de arrepentimiento que se define como perfectamente dejar todo pecado. Por consiguiente, la justificación se convierte dependiente de la perfección del creyente. La justificación y la santificación son confundidas, y la justificación parece depender de la santificación. ¡Esto no es nada más que la herejía maliciosa de la justificación por obras! Al negar el pecado original, Pelagio negaba la verdad de la santificación progresiva; y todo esto, así como armonizado lógicamente en su sistema humanista de doctrina, finalmente constituyó una negación práctica del Evangelio bíblico. El pelagianismo, por lo tanto, no debe ser considerado como estando dentro de los límites de la ortodoxia cristiana. Desafortunadamente, su influencia todavía está viva y coleando hoy, y es ejercitada más a menudo a través de la influencia continua de Carlos G. Finney (1792-1875), el revivalista norteamericano que reavivó la teología antigua de Pelagio y popularizó la práctica evangelística del decisionismo que ha acosado a la iglesia moderna con multitudes de falsos convertidos.

El otro propagador de la doctrina perfeccionista es conocido como el wesleyanismo, que toma su nombre de ningún otro que Juan Wesley (1703-1791), el evangelista famoso del Gran Despertar. Pero es importante hacer algunas distinciones necesarias en este punto para no confundir el wesleyanismo con el pelagianismo. Mientras que el pelagianismo ciertamente es herético debido a su negación de las verdades fundamentales que son esenciales al mensaje del Evangelio, el wesleyanismo no debe ser entendido como estando en la misma categoría ya que este sin duda afirma la ortodoxia cristiana histórica. Wesley, en contraste con Pelagio, no solo creía la doctrina del pecado original, él la predicaba apasionadamente ante mucha persecución junto con las doctrinas de la regeneración sobrenatural y la justificación de la gracia por medio de la fe.

Sin embargo, uno de los errores de Wesley más lamentables existía con respecto a cómo él entendía la santificación. Él enseñaba que aunque el hombre nace en pecado y necesita el poder de la gracia divina para vencerlo, es posible alcanzar un estado de perfecta libertad del pecado.

Aunque Wesley afirmaba la naturaleza progresiva de la santificación por un lado, por el otro negaba que fuera necesaria al enseñar que un creyente podía ser enteramente santificado en esta vida. Esta perfección de santidad, según Wesley, es recibida por la fe por medio de experimentar el “bautismo del Espíritu Santo”, que él definía como una segunda obra de la gracia subsiguiente a la justificación que “purga todo pecado innato” y resulta en experimentar una “muerte total al pecado, y una renovación entera en el amor e imagen de Dios” (de su libro, Una Clara Explicación de la Perfección Cristiana). Aunque él tenía cuidado de matizar sus declaraciones para aclarar que el cristiano no carece de faltas de las cuales es inconsciente, y no puede alcanzar una perfección en santidad adámica prelapsaria o como Cristo (cuales declaraciones eran lógicamente inconsistentes con su doctrina, en mi opinión), Wesley enseñaba que era posible alcanzar tal grado de santidad personal que el creyente no tendría necesidad de más santificación continua en esta vida. Sus enseñanzas han influenciado la historia de la iglesia grandemente y tiene muchos seguidores hasta el día de hoy, especialmente entre las denominaciones que trazan sus raíces a su influencia—como las iglesias metodistas, wesleyanas, nazarenas y de santidad.

Estas aberraciones teológicas han hecho mucho daño en la historia de la iglesia. Ambos grupos, por razones diferentes, son culpables de tener error serio con respecto a la naturaleza de la santificación.

Refutación Escritural

Las Escrituras refutan enfáticamente toda clase de perfeccionismo. 1 Juan 1:8 dice, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”. En este texto, Juan se incluye a sí mismo al decir “si decimos”, usando la primera persona plural para significar que él mismo no estaba excluido de esta declaración. Como un santo apóstol del Cordero, escribiendo cerca del fin de su vida, Juan conocía que la santificación no era todavía tan completa como para consistir de la libertad perfecta de todo pecado. Además, él indica que está hablando de la experiencia presente del creyente al hablar de “tener pecado” en el sentido presente, y todo esto en el contexto de explicar sobre cómo la confesión continua de pecado es una evidencia de andar en la luz de la comunión con Dios (véase 1 Juan 1:4-9). Según Juan, no solo no es posible alcanzar la perfección sin pecado, ¡es el engaño que uno afirme que lo ha alcanzado! (Véase también 1 Rey. 8:46; Sal. 130:3; Pro. 20:9; Ecl. 7:20; 1 Cor. 4:4; San. 3:2.).

Confesar el pecado continuamente es tanto un patrón bíblico como un imperativo. Es un patrón bíblico que es evidente en las vidas de los hombres más piadosos, santos tan eminentes como Job (Job 42:6), David (Sal. 32, 51), Isaías (Isa. 6:5), Daniel (Dn. 9) y Pablo (Hch. 23:3-5). El hecho de que es un imperativo puede ser visto en un pasaje tan prominente como la oración del Señor, por el cual Él enseña a Sus apóstoles y discípulos a orar “perdónanos nuestros pecados” (Luc. 11:4). Esto inmediatamente sigue la petición “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, implicando la necesidad de hacer tales peticiones como las ejemplificadas en esta oración, cada día; lo cual ciertamente incluye la necesidad diaria de confesar nuestros pecados y poner nuestra esperanza en la gracia de Dios (y no nuestro propio desempeño) para nuestra justicia.

Aunque cada creyente verdadero anhela la santidad, y se esfuerza en andar en obediencia a los mandatos de su Dios, él es consciente de una lucha interna intensa, ya que los impulsos pecaminosos se manifiestan a través de su carne no redimida y batallan contra su alma (1 P. 2:11). La gracia santificadora del Espíritu Santo y los deseos de la carne están en enemistad el uno con el otro (Gá. 5:17), y esta batalla no terminará hasta que él entre por las puertas de la gloria eterna. En el próximo artículo estaremos presentando más de lo que la Biblia dice de la santidad y la santificación.

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Josef Urban es un misionero sirviendo en México y pastor de la Iglesia del Centro en Guadalajara, Jalisco. Además, sirve y predica en dos otras iglesias en Querétaro y México D.F., y es parte del equipo de Cristianismo Bíblico, un ministerio que procura divulgar el Evangelio bíblico y las verdades del cristianismo histórico en el mundo hispano.

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http://thegospelcoalition.org/blogs/espanol/2014/03/13/llegaremos-al-punto-de-nunca-pecar/

Criminología: ¿cómo se estudia la personalidad de los asesinos y los terroristas?


Criminología: ¿cómo se estudia la personalidad de los asesinos y los terroristas? 

El 11 de septiembre de 2001 el mundo miraba a Nueva York. Tres grupos de  terroristas suicidas estrellaban varios aviones en diversos lugares de  Estados Unidos y cambiaban para siempre el rumbo de la historia. Cuando  se cumplen 11 años de aquel trágico suceso entrevistamos a Jesús Sánchez  Gómez, doctor en criminología e Investigador en Análisis del  Terrorismo, cuyos métodos de análisis de la psicología terrorista van  más allá de un estudio psicológico de los sujetos, sino que también se  centran en el aspecto clínico de las personas. De hecho ha publicado el “Manual de Clínica Criminológoca: Perfil de Peligrosidad Criminal” diseñado específicamente para elaborar perfiles de personas peligrosas y donde se incluye, como ejemplo docente los perfiles de peligrosidad de los yihadistas del 11-M.

Muy Interesante:

En los últimos años el terrorismo se ha convertido en una auténtica plaga mundial. ¿Por qué? ¿Hay alguna razón psicológica? El terrorismo, en general, parte de la premisa, en su diseño, de buscar efectos psicológicos a largo plazo, más allá de las víctimas inmediatas del atentado terrorista. Desde esta perspectiva, la violencia política busca generar inestabilidad desde el impacto mediático, siendo aquí donde nos encontramos con la utilización, por parte de estas asociaciones, de unos instrumentos, relativamente modernos, que les sirve de altavoces para generar el miedo en la población y hacer oír su reivindicación política. Me estoy refiriendo a los medios de comunicación, lo que nos lleva a una apreciación magnificada del terrorismo en cualquiera de sus vertientes, ya sea nacionalista o religioso o meramente mercenario y con finalidad estrictamente económica. No son tantas las organizaciones terroristas existentes, pero es cierto que los medios y formas que utilizan, con una propaganda mediática bien utilizada y con un efecto devastador e indiscriminado de su resultado criminal, genera en las personas un estado de ansiedad suficiente para mantener en alerta una situación que, a pesar de ser objetivamente escasa, es lo suficientemente impactante y cruel para conseguir su objetivo de terror. No obstante, los discursos que manejan de máximos y utópicos hacen que se mantengan en el tiempo por irresolubles, cohesionando al grupo por su idilidad, siendo aquí donde entran en juego, al configurar el paradigma del grupo terrorista, diferentes aspectos; el psicológico, al que se refiere la pregunta, y otro, para mi entender muy importante, el sociológico. Respecto al psicológico, estos sujetos participan de un constructo de personalidad inintimidable, de manera que con una apreciación egocéntrica de sus propios actos y creencias, y cargados, a su vez, de “su verdad”, no temen ni a la pena ni al reproche social, si bien, esto no significa que presenten un déficit o patología psicológica, simplemente su personalidad les sitúa en una posición proclive a dar el paso al acto y cometer el hecho criminal. Hasta aquí, cualquier persona se puede encontrar en situación de defender una idea por muy obsesiva que esta sea. Sin embargo, ese paso al acto para cometer el delito, necesita de un aspecto nocivo de la personalidad, capaz de pasar el umbral agresivo que determina la comisión del hecho. Por otro lado, ya con predisposición psicológica para realizar la agresión, la forma en que pudiera ser cometida, respecto a la indiferencia afectiva con la víctima, proviene de otro rasgo de personalidad que, en su extremo, todos conocemos con la calificación de psicópata, aunque estos, en números absolutos, son escasos. He dejado para el final de esta pregunta otro aspecto, relacionado con el constructo psicológico del sujeto, que se nutre de considerandos sociológicos. La creación de la personalidad se gesta, con carácter preeminente, por las influencias sociales y ambientales. Por lo que la familia, el grupo de iguales y las influencias situacionales determinan una personalidad y un comportamiento. Así, los agentes socializantes del entorno distante e inmediato, respecto a la cultura, los primeros, y dinámicas de grupo, respecto al segundo, posicionarán al sujeto en medio de unas creencias, de las que participarán personas de su entorno. En una determinada instancia, el terrorista participará de un grupo, y querrá participar del mismo, adoptando un rol perverso; el sujeto necesita psicológicamente formar parte de un grupo con unas ideas socializantes determinadas. El grupo, a su vez exige, a cada uno de sus miembros, un determinado comportamiento y asunción de principios para cohesionar al mismo, por lo que demanda una actitud y una actividad que a su vez el individuo está dispuesto a aceptar para no ser rechazado del mismo, entrando así en una espiral viciosa cuya primera premisa para romperla ha de ser la desintegración de dicho grupo y la separación de los sujetos a fin de suspender las influencias nocivas. En síntesis, los comportamientos terroristas vemos cómo se dirigen a influir en la psicología del ciudadano, al que necesitan llegar mediante el miedo, utilizando para ello los canales de comunicación que existen y que tienen a su alcance, es decir: internet, prensa, radio y televisión, actuando de manera que las reivindicaciones que hacen lleguen a cuanta más población mejor, produciéndoles el agobio de la posibilidad de ser víctimas de un hecho incierto y grave.
Muy Interesante: La televisión, a través de las películas y las series, ha acercado al público la criminología y la importancia de conocer la psicología de los asesinos. ¿Se muestra correctamente cuál es el trabajo de estos profesionales? ¿Cuáles son los fallos más habituales?

La televisión, al igual que otros medios de comunicación,  vienen a centrarse en aspectos derivados de una personalidad enferma proveniente de psicosis como la esquizofrenia (película Psicosis) o personalidades de gran indiferencia afectiva, que no enfermas, como los psicópatas (película El Silencio de los Corderos), tratando el investigador de ficción de resolver y conocer la personalidad mediante exclusivamente una entrevista que realiza al delincuente. En la realidad, los investigadores que hacen perfiles se acercan al conocimiento del delincuente desde un ámbito científico casi exclusivamente psicológico, tal como vemos en las películas, a excepción de agencias como el FBI o la CIA, que estudian la personalidad de manera más amplia, de manera interdisciplinar, es decir, ven la personalidad construida con factores que van más allá de la psicología. Aun así, a pesar de ser la mayoría de las películas y series de producción norteamericana, el mayor fallo es referirse al estudio de la personalidad del delincuente, tal como dije antes, sin mostrar cómo encajan en sus investigaciones otras áreas del conocimiento científico como la psiquiatría o sociología, entre otros, lo cual presenta a los espectadores de la película una sola parcela de la investigación real. Igualmente, al presentarnos las películas, observamos cómo el investigador realiza la entrevista al delincuente de manera espontánea,  cuando en realidad existe una fase de preparación exhaustiva, intensa y meticulosa de las preguntas a realizar. Del mismo modo, en las películas, nos dan una apreciación de la investigación llevada casi de manera unipersonal, algo muy lejos del procedimiento, que siempre es fruto de un trabajo muy compenetrado de un equipo de investigadores.

Muy Interesante: ¿Cree que llegará un día en el que, como en la película de Minority Report, podamos anticiparnos a los delitos?

El comportamiento de las personas, a pesar de ser consecuencia de una determinada forma de ser, fruto de la personalidad de cada individuo, que se construye en los primeros años de la vida, no es algo previsible en su totalidad, ya que viene influido por muy diversos motivos derivados, entre otros, de experiencias, estudios, creencias o patologías. Circunstancias que harán que un sujeto, en un momento determinado, pueda tomar una decisión u otra, pudiendo ser ambas totalmente opuestas. En este sentido, la película Minority Report, no valora el comportamiento de la persona como algo fruto de experiencias y aprendizaje continuo, niega el libre albedrío y la capacidad del sujeto de adoptar la conducta que considera adecuada a cada situación como resultante de la propia madurez. A su vez, cada persona puede modificar su esquema corporal a lo largo de la vida. No se cometerá el delito de la misma forma si se tiene un cuerpo atlético que si se tiene una obesidad mórbida. Igual que no se cometerá el delito de la misma manera cuando se tiene una biología sana que cuando se presentan patologías. Por poner un ejemplo, el comportamiento puede venir determinado por alteraciones hormonales que influyen sobre la glándula pituitaria, que se encuentra debajo del hipotálamo, glándula que participa en el proceso de síntesis de la conducta humana al vincularse con el razonamiento, con las emociones y puede encontrarse estimulada por la producción de las hormonas responsables de la conducta agresiva (la testosterona, entre otras). Como vemos, sobre la conducta criminal no sólo influye la psicología o los procesos de socialización sino que, a su vez, aspectos biológicos podrán determinar un comportamiento. Por ello, el estudio de otras áreas del saber científico es imprescindible para entender el porqué de una conducta criminal pudiendo, en su caso, ser tratada desde un paradigma médico. El comportamiento futuro de cada persona puede ser algo intuitivo pero en ningún caso podrá existir certeza del mismo.

¿Qué tiene de especial la metodología que usted aplica en sus investigaciones?

El método clínico criminológico parte de entender al sujeto como una entidad única, con una personalidad creada mediante un proceso de socialización, pero en continua evolución y capaz de ser alterada por muy diferentes factores. Por dichos motivos, a diferencia de otros investigadores, entiendo que el estudio de la personalidad criminal necesita, para la confección de su perfil, de un estudio que trascienda lo meramente psicológico. Así, la investigación de los continuos procesos de socialización y las influencias que el medio ejerce sobre el sujeto, las alteraciones biológicas, psiquiátricas o médicas, son necesarias para, de manera global, entender el comportamiento en un momento concreto. Tras el análisis y diagnóstico del perfil de peligrosidad criminal, el método clínico permite, además de acercarnos al porqué de un comportamiento, poder realizar una cierta prospección e inducir un pronóstico intentando prever qué ocurrirá. Realizado esto, será posible, en gran parte, poder tratar la personalidad del sujeto, conocido de manera más global que desde una perspectiva psicológica, desde aquéllos aspectos nocivos que han determinado su comportamiento. En otro momento, el método que venimos describiendo pudiera ser la base para la creación de protocolos que, a pesar de no ser estos cerrados y poder ser modificados conforme se vaya reuniendo información, seguro que se constituirán en una herramienta válida y utilizable para aumentar la prevención del delito mediante la identificación temprana.

Usted analiza aspectos de distintos ámbitos: psicología, medicina, biología, … ¿Terrorista se nace o se hace? O dicho de otro modo, ¿qué papel juega la genética? ¿hay gente predispuesta a cometer delitos?

A excepción de los psicópatas, que nacen carentes de capacidad afectiva, de ahí que no sea una enfermedad, sino un déficit, por el cual tendrán un comportamiento incapaz de empatizar con otras personas a lo largo de su vida y que influirá en sus relaciones produciendo dolor, ya sea en el ámbito familiar, profesional o estrictamente delincuencial (terrorista o común), la personalidad criminal se genera, en gran medida, por las influencias sociales, aunque efectivamente influenciada por factores genéticos y bioquímicos aun por determinar ya que, en algunos aspectos, las investigaciones al respecto no son concluyentes si bien, si que viene quedando demostrado que, los factores biológicos que afectan al individuo predisponen su conducta, tanto altruista como nociva. La pregunta, en este sentido, ha de contestarse diciendo que el delincuente, en general, se hace a partir de las relaciones socializantes, influida en determinados casos por considerandos biológicos, a excepción de los psicópatas, antes referidos, que dada su incapacidad de tener afecto se sitúan en una posición preeminente para realizar actos criminales de cualquier tipo. La cultura, el adoctrinamiento y la dinámica de grupos, parecen ser los elementos determinantes para que un individuo, con predisposición biológica, pase a formar parte de una organización terrorista.

En base a sus investigaciones, ¿cree que deberían cambiarse las metodologías policiales? ¿Se podrían haber evitado atentados, como el del 11-S o el del 11-M conociendo más a fondo la manera de pensar de los terroristas?

Hasta donde conozco, las investigaciones de los cuerpos policiales y agencias de inteligencia consideran el estudio del sujeto mediante el perfil psicológico, circunstancia que claramente limita el conocimiento del individuo. Si por un lado los cuerpos policiales dedican recursos a labores de información y por otro las agencias de inteligencia se dedican al análisis de la información con el fin de generar conocimiento, observamos cómo ambas instituciones se dedican a campos que, aún pareciendo lo mismo, son diferentes pero complementarios. La excelente labor que realizan los cuerpos policiales buscando, detectando e interviniendo en circunstancias que pudieran perturbar la seguridad ciudadana queda escasa, de ahí que el trabajo de las agencias de inteligencia se dirija a elaborar la información para detectar con antelación posibles riesgos para la seguridad de las naciones, de manera que, generando conocimiento, se pueda comprender y valorar los hechos y prever su evolución. Que duda cabe que algo ha fallado en los servicios de información de los cuerpos de seguridad y algo ha fallado en las agencias de información cuando, hasta donde sabemos, no se pudieron evitar los atentados. No obstante, hay que ser justos con ellos, una cosa es no conocer el peligro, que seguro que se conocía, y otra es no poder detectar cuándo y cómo realizarán el acto criminal. Ambas instituciones están compuestas por personas, no por adivinos, y por más que se dediquen, con la gran profesionalidad que día a día demuestran, los actos terroristas son fruto de estrategias de personas que también piensan. A pesar de lo dicho, el estudio del perfil de peligrosidad criminal de los sujetos de los que se obtiene información, así como el estudio de los contextos criminógenos de manera multidisciplinar, seguro que permitiría avanzar un paso en la capacidad de prospección de aquéllas circunstancias que pudieran alterar el orden o la seguridad nacional.

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http://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/criminologia-icomo-se-estudia-la-personalidad-de-los-asesinos-y-los-terroristas

EL PECADO ORIGINAL Y LA GRACIA


EL PECADO ORIGINAL Y LA GRACIA

wolleb

VIII. El pecado original no sólo consiste en la incapacidad de hacer el bien, sino también de una tendencia [proclivitas] hacia el mal, ni es simplemente la pérdida del bien dado en un principio, sino también la incorporación de la correspondiente maldad.
X. Permanece, por lo tanto, el intelecto, pero se ofuscó, y la voluntad, que ha perdido su rectitud, y los deseos más bajos, son totalmente dañados.
XI. Por lo tanto, incluso en asuntos civiles y naturales el hombre no redimido puede hacer el bien sólo por la gracia especial.
XII. Sin esta gracia especial de Dios, nada significativo fue hecho por los paganos [gentiles].
XIII. Cualquier cosa que hicieron y alcanzaron fue el mezclar con multiforme futilidad, que incluso sus mayores virtudes son simplemente gravísimos pecados [splendida peccata] delante de Dios.
XIV. Si se examinan los efectos de las acciones de los paganos , será evidente que estaban preocupados por su propia gloria y no la de Dios
XV. Aunque las pasiones de los réprobos son restringidos por Dios; con un freno asi ellos no se salvan.
XVII. Así, en los asuntos espirituales, el hombre no tiene en sí mismo ningún principio de conocer o actuar, ya sea como un hecho concreto o como una posibilidad.
XVIII. Por lo tanto, los que atribuyen al hombre no redimido ya “sea libre albedrío” o de otros poderes por los que podría hacer bien o para prepararse para la conversión y la gracia de Dios, están buscando una casa en medio de las cenizas. Este es el error de los pelagianos y semi-pelagianos.

POR: Johannes Wolleb (Wollebius) (1589–1629) Teologo Protestante Suizo. Sus escritos influencio los Catecismos Corto y Largo de Westminster. Sus obras fueron usados como textos junto con los de Turretin y Ames en el siglo 18 en universidades y seminarios y logro desplazar las obras de Ames en Harvard y Yales.

EL PECADO ORIGINAL por R. C. Sproul


EL PECADO ORIGINAL por R. C. Sproul

Es un lugar bastante común escuchar la aseveración de que “la gente es básicamente buena”. Aunque se admite que nadie es perfecto, se minimiza la malicia humana. Sin embargo, si las personas son básicamente buenas, ¿por qué el pecado es tan universal?

Suele decirse que todo el mundo peca debido a la influencia negativa de la sociedad. El problema es encuadrado dentro del entorno social y no dentro de nuestra propia naturaleza. Pero esta explicación sobre la universalidad del pecado no contesta esta pregunta: “¿Cómo fue que la sociedad se tornó corrupta en primer lugar?” Si las personas son buenas e inocentes cuando nacen, cabría esperar que al menos un porcentaje de ellas permaneciesen buenas y sin pecado.

Debería ser posible encontrar sociedades no corruptas, donde el entorno haya sido condicionado por la no pecaminosidad en lugar de haber sido condicionado por la pecaminosidad. Y sin embargo, hasta las comunidades más comprometidas con la justicia han tenido que tomar provisiones para tratar con la culpa del pecado. Como la fruta está universalmente corrupta, buscamos la raíz del problema en el árbol. Jesús nos enseñó que un árbol bueno no puede producir fruta corrupta. La Biblia enseña con total claridad que nuestros padres originales, Adán y Eva, cayeron en el pecado.

De ahí en más, todos los seres humanos han nacido con una naturaleza pecaminosa y corrupta. Si la Biblia no enseñara esto explícitamente, de todos modos tendríamos que deducirlo racionalmente debido a la universalidad del pecado. Sin embargo la caída no es meramente una cuestión de deducción racional. Es un punto en la revelación divina. Se refiere a lo que conocemos como el pecado original. El pecado original no se refiere principalmente al primer pecado o el pecado original cometido por Adán y Eva. El pecado original se refiere al resultado del primer pecado -la corrupción de la raza humana. El pecado original se refiere a la condición caída en la que estamos ya cuando nacemos. De la Escritura surge claramente que la caída tuvo lugar. La caída fue devastadora. Cómo fue que sucedió es un tema abierto a la disputa aun entre los pensadores de la Reforma.

La Confesión de Westminster, de manera muy similar a la explicación de la Escritura, explica este acontecimiento con sencillez:

Nuestros primeros padres, habiendo sido seducidos por la sutileza y la tentación de Satanás, pecaron, al comer de la fruta prohibida. Dios, de acuerdo con su sabio y santo consejo, permitió este su pecado, habiendo decidido ordenarlo para su propia gloria.

Por consiguiente, la caída ocurrió. Los resultados, sin embargo, alcanzaron mucho más que a Adán y Eva. No solo alcanzaron a toda la humanidad, sino que diezmaron a la humanidad. Somos pecadores en Adán. No corresponde preguntarnos: ¿Cuándo se convierte una persona en un pecador? Porque la verdad es que los seres humanos nacen en un estado de pecaminosidad. Son vistos por Dios como pecadores, por su solidaridad con Adán.

La Confesión de Westminster nuevamente expresa elegantemente los resultados de la caída, en particular en su relación con los seres humanos: “Por este pecado cayeron de su estado original de justicia y comunión con Dios, y murieron al pecado, completamente corruptos en todas las partes y facultades del alma y del cuerpo. Como eran la raíz de toda la humanidad, la culpa de este pecado, y la misma muerte al pecado, y la naturaleza corrupta se imputó y se transmitió a toda su descendencia postrera por generación ordinaria. A partir de esta corrupción original, por la cual estamos completamente indispuestos, inhabilitados, y contrarios hacia el bien, y completamente inclinados hacia el mal, es que proceden todas las transgresiones presentes”.

Esta última frase es crucial. Somos pecadores no porque pequemos, sino que pecamos porque somos pecadores. Por eso es que David se lamenta: “En verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre” (Salmo 51 :5, La Biblia, Versión Popular).

Resumen

1. La universalidad del pecado no puede ser explicada por factores sociales o del entorno.

2. La universalidad del pecado es explicada por la caída de la humanidad.

3. El pecado original no se refiere principalmente al primer pecado, sino al resultado de dicho pecado. .

4. Todas las personas nacen con una naturaleza pecaminosa o con un “pecado original”.

5. Todos pecamos porque somos pecadores por naturaleza.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Génesis 3: 1-24

Jeremías 17:9

Romanos 3: 10-26

Romanos 5:12-19

Tito 1:15