VIDEO: ¿Tienen los palestinos derechos sobre la tierra de Israel?


VIDEO: ¿Tienen los palestinos derechos sobre la tierra de Israel?

Es la tierra más disputada en la historia. Tanto judíos como palestinos dicen ser dueños de las tierras bíblicas de Judea y Samaria conocidas actualmente como Cisjordania. Los palestinos reclaman que sus ancestros han vivido allí por miles de años, mucho antes que los judíos. Pero, ¿está eso apoyado en la historia? A continuación, le damos un recuento de los hechos.

En 1969 la primera ministra israelí, Golda Meir, fue noticia con éste comentario: “No hay tal cosa de pueblo palestino. No es como si llegamos y los echamos fuera y tomamos posesión de su país. Ellos no existían”.

La declaración de Golda fue controversial, pero muchos líderes árabes e historiadores están de acuerdo con ella.

En 1937, el líder sirio, Awni Abdul-Hadi, declaró lo siguiente a la comisión Peel: “No hay tal país como Palestina. ‘Palestina’ es un término inventado por los sionistas. No aparece en la Biblia. Palestina es ajena a nosotros”.

Casi una década después, el historiador árabe, Philip Hitti concordó en su testimonio al comité angloamericano: “No hay tal cosa como Palestina en la historia, absolutamente no”.

En 1956, un representante saudí dijo ante la ONU que: “Es de conocimiento común que Palestina no es más que el sur de Siria”.

Más recientemente, el dictador sirio, Hafez al-Assad, dio este comentario al líder de la OLP, Yasser Arafat: “Nunca olvide éste punto: ‘No hay tal cosa como el pueblo palestino. No hay entidad Palestina… Palestina es una parte integral de Siria’”.

“Con la Comisión Peel de 1936, el gobierno británico ofreció, por primera vez, la división del terreno. La partición de Palestina a una palestina judía y una árabe. Todos éramos palestinos porque era la naturaleza de ésta unidad administrativa. Ahora, los palestinos se apoderan de esta nacionalidad como la nación de Palestina, pero no es correcto históricamente”, indica Danny Ayalon, fundador de The Truth About Israel.

Entonces, ¿cuál es la verdad histórica? ¿quiénes son los palestinos y cuáles son sus reclamos sobre la tierra de Israel? A continuación, lo explicamos:

Primer reclamo de derecho ancestral: “Los palestinos son cananeos”

Muchos árabes palestinos, incluyendo a Arafat, dicen ser descendientes de los cananeos. Un argumento conveniente pues los cananeos fueron los primeros habitantes conocidos de la tierra israelí.

Aun recientemente, en mayo de 2014, un vocero de la Autoridad Palestina declaró que “los palestinos han estado en la tierra por cinco mil años”, pero la historia muestra que no hay forma que los palestinos se relacionen a los cananeos.

Esto pues los cananeos fueron totalmente borrados por los israelitas en el siglo XIII a.C. Los pocos que quedaron asimilaron la cultura judía.

Los palestinos también dicen que los antiguos filisteos son sus ancestros. Y es verdad que ellos tomaron su nombre de la tribu de Goliat. ¿pero, realmente comparten su ADN?

“Los palestinos son filisteos”

Los filisteos fueron marineros que llegaron de creta, la más grande de las islas griegas.

“Los filisteos obtuvieron su nombre de la palabra hebrea ‘plishtim’ que significa invasores. Palestina significa tierra invadida. ¿Por qué deberíamos llamarla así?”, comenta Eliezer Ben-Yehuda, historiador judío.

Cuando los filisteos invadieron Israel en el siglo XII a. C., se mantuvieron cerca de la costa mediterránea. Nunca se establecieron en Jerusalén, Hebrón o Jericó: las ciudades que hoy son reclamadas por los palestinos.

Para el siglo VII a. C., los filisteos fueron conquistados por los asirios, luego por los babilonios y de ahí, desaparecieron de la historia. Los expertos dicen que actualmente nadie puede comprobar su linaje filisteo. Si los palestinos desean hacerlo, tendrían que reconocer que su tierra ancestral no es Israel, sino la isla griega de Creta.

Los palestinos quizás no recibieron su ADN de los filisteos, pero sí su nombre.

Cuando el emperador romano Adriano conquistó Jerusalén en 135 d.C., estaba decidido a erradicar incluso la memoria de los judíos y borrar su conexión a la tierra de Israel.

Entonces, Adriano renombró la región de sus enemigos históricos como: “siria palestina”, la traducción al latín de “filisteo”.

Entonces, si no son cananeos y no son filisteos, ¿quiénes son los palestinos?

Biológicamente, ellos comparten su ADN con los saudíes, iraquíes, sirios y jordanos, o sea son árabes.

“Nunca en la historia hubo una nación palestina o un estado palestino. En ese tiempo, nadie pensaba en los palestinos, todos eran árabes”, comenta Ayalon.

El Monte del Templo es el sitio más santo del Judaísmo y el tercero del Islam. La tradición musulmana dice que Mahoma viajó a la mezquita Al-Aqsa en su famoso “viaje nocturno”. Y que esa tradición es la base por la que los palestinos reclaman Jerusalén.

El derecho religioso

Los árabes reclaman a Jerusalén como la ciudad islámica de “Al-Quds”, pero no hay registro de que el profeta Mahoma haya estado ahí, e incluso sus ejércitos no llegaron sino hasta cinco años después de su muerte.

La ciudad de Jerusalén no se menciona ni una vez en el Corán, mientras que la Biblia hebrea la menciona más de 600 veces. Durante la vida de Mahoma, fue una ciudad de poca importancia en el imperio bizantino.

Era una ciudad cristiana, sin una sola mezquita. Cuando los musulmanes conquistaron Jerusalén escogieron construir su mezquita en el Monte del Templo judío creyendo que era un sitio sagrado.

Ahí construyeron el Domo de la Roca y Al Aqsa: su nombre fue copiado de la historia del “viaje nocturno” en el Corán.

Varios eruditos musulmanes ubican la construcción de la mezquita alrededor del 690, mientras que Mahoma murió en 632.

Entonces, ¿cómo pudo el famoso “viaje nocturno” de Mahoma llevarlo a una mezquita en Jerusalén que no sería construida hasta después de su muerte? El Corán no menciona a Jerusalén, dice que el sueño de Mahoma lo llevó a Al-Aqsa, que significa literalmente el “lugar más lejano”.

Eruditos islámicos tempranos interpretaron que era un lugar celestial o el jardín de Alá. Todo eso cambió cuando el Islam evolucionó en una fuerza política.

Durante las cruzadas, el general musulmán Saladino cambió la tradición islámica para fortalecer el reclamo sobre Jerusalén. Él dijo que el viaje de Mahoma no fue al cielo, sino a la mezquita Al-Aqsa en Jerusalén. Hoy, el Monte del Templo judío es también el tercer sitio más sagrado del Islam…sólo después de las ciudades árabes de la Meca y Medina.

Los musulmanes creen que una vez reclamado un pedazo de tierra, pertenece para siempre al Islam.

Aun así, a inicios del siglo 20, líderes islámicos reconocieron la historia judía del Monte del Templo. En 1924, el Consejo Islámico Supremo publicó un folleto turístico sobre el Monte del Templo, el cual dice que “no hay disputa sobre la identidad del sitio del templo de Salomón. Éste también es el lugar, de acuerdo a la creencia universal, donde David construyó un altar al Señor”.

Además, describe la Cámara Subterránea, conocida como los establos de Salomón, diciendo: “Data probablemente de la construcción del Templo de Salomón”.

En 1927, un fuerte terremoto dañó la mezquita y durante la renovación, los arqueólogos analizaron la estructura. Encontraron vigas hechas de cedro del Líbano y ciprés que datan del siglo IX a.C.; por el tiempo del rey Salomón quien usó esos materiales para construir el Primer Templo judío.

Las excavaciones también descubrieron un baño ritual judío del Segundo Templo y un mosaico que se cree es parte de la Iglesia Bizantina.

La mayoría de historiadores concuerdan que los judíos llegaron primero, pero los árabes argumentan que estuvieron más tiempo. Y el llamado “derecho al retorno” ha sido un tema constante en cada cumbre de paz desde 1948.

Derecho al retorno

Desde las cruzadas hasta el siglo 19, la población árabe solo había crecido de 200 mil a 300 mil. El crecimiento árabe estaba estancado y los expertos en población dicen que podría haber seguido así excepto por algo: la llegada de los judíos.

Con las olas de migración judía iniciadas en 1882, los árabes empezaron a inundar palestina desde países vecinos y llegaron por dos motivos: Uno, para disfrutar de un mejor estatus de vida. Y dos, para luchar contra la inmigración judía que hizo posible ese nivel de vida. Para 1948, la población árabe era de 1.3 millones. El gobernador británico del Sinaí una vez dijo: “Es muy difícil crear un caso de la miseria árabe, si al mismo tiempo sus compatriotas de estados vecinos no pueden dejar de ir a compartir esa miseria”.

Algunos expertos dicen que, si los árabes palestinos desean un retorno legal a sus países de origen, deben volver a lugares como Egipto, Irak, Marruecos y Siria, no a Israel.

La frontera 1967

Hoy muchos líderes mundiales piden a Israel volver a sus fronteras de 1967, pero si observa la historia, esas fronteras no son de 1967, de hecho, ni siquiera son verdaderas fronteras.

“Las fronteras de la Ribera Occidental son líneas de armisticio creadas como resultado de la guerra de 1948. Al final de la batalla, fue ahí donde los ejércitos se detuvieron. Es así como, las llamadas “fronteras” de 1967 o de 1949 fueron creadas. Así que, en 1967, la línea de armisticio sirvió como frontera entre Israel y Jordania. El estado de Jordania se anexó la Ribera Occidental y se convirtió en parte de Jordania”, relata Ayalon.

Cuando Jordania ocupó la Ribera Occidental y Jerusalén oriental en 1949, los judíos fueron étnicamente limpiados de ambos lugares. Al menos 30 sinagogas fueron destruidas y los judíos sacados de sitios sagrados como el Muro de los Lamentos. Mientras los árabes palestinos que vivían allí automáticamente se convirtieron en ciudadanos jordanos. Entonces, Israel no puede regresar a “las fronteras del 67” por tres razones:

Uno, antes de 1967, la Ribera Occidental era controlada por Jordania, no por los palestinos. La anexión, por parte de Jordania, violó la ley internacional.

Dos, la tierra fue prometida legalmente a los judíos por el mandato británico de 1922.

Y tres, no había estado palestino en 1967 ni nunca… Como Golda Meir dijo una vez: “¿Cómo podemos devolver los territorios ocupados? No hay a quién devolvérselos”.

“El término “ocupación” es cuando usted toma algo que no es suyo o que es de alguien más. No es el caso de la Ribera Occidental. Si hubo muchas ocupaciones de la Ribera Occidental, empezando por los babilonios, los asirios, los griegos y los romanos, hasta los otomanes y los británicos. Llamar ‘ocupantes’ a los judíos a su propio hogar, es una parodia única de la historia. La Ribera Occidental nunca fue de los palestinos. De hecho, no hubo otro soberano sobre la Ribera Occidental más que los judíos”, concluye Ayalon.

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Del nombre “Palestina” y sus orígenes históricos


Actualizado 25 agosto 2014
Del nombre “Palestina” y sus orígenes históricos

La atribulada tierra en la que un buen día naciera Jesús recibe actualmente dos nombres, no exento ninguno de ellos de connotaciones de todo tipo sobradamente conocidas en las que no es preciso extenderse: Israel y Palestina. Dimos hace ya unos días una entradita en esta columna a la que se refiere a Israel (pinche aquí si desea conocer lo que entonces decíamos), así que parece lo justo que hoy se la demos al otro término en disputa, “Palestina”.

En el Antiguo Testamento existen unas 250 alusiones a “los filisteos” (“philistia” en latín), algunas de ellas incluso bajo la forma de “tierra de los filisteos”, y siempre, desde luego, para referirse a aquellos territorios ocupados por los filisteos distintos de los que ocupan los israelíes. Pero la palabra “Palestina” como tal, no aparece una sola vez en ninguno de los cuarenta y tres textos que lo componen.

La primera alusión al término podría hallarse en fuentes egipcias del año 1150 a.C.. El Papiro Harris I hace referencia a un pueblo transliterado del jeroglífico como “P-r-s-t”:

“Extendí todas las fronteras de Egipto; vencí a los que los invadieron de sus tierras. Maté a los denios en sus islas, el Thekel y el Peleset [P-r-s-t] fueron reducidas a cenizas”.

El Nimrud Slab asirio del año 800 a. C. se refiere a una “Palashtu” o “Pilistu”:

“Ordené a las muchas tropas de Asiria marchar contra Pa-la-áš-tu”.

Si bien ni el Papiro Harris 1 ni el Nimrud Slab dan mayor explicación sobre los límites territoriales o los pueblos a los que se refiere, por lo que no puede asegurarse que se trate de nuestra Palestina.

Heródoto (484-h.430 a.C.) en sus “Historias” menciona por primera vez el término con claridad suficiente, cuando habla de un “distrito de Siria, llamado Palaistinê”, que abarca los montes de Judea y el Valle del Jordán y que indudablemente parece relacionado con el “Philistia” latino, lo que implica que el significado no es otro que el de “tierra de filisteos” aplicado de manera más o menos perfecta a Israel.

Un siglo después Aristóteles en su “Meteorología” escribe que “hay un lago en Palestina tal que si cargas a una persona o a una bestia y la lanzas a él, flota” en clara referencia al Mar Muerto.

Los griegos Polemon y Pausanias usan asimismo la palabra, como también lo hacen Ovidio, Tibullus, Pomponio Mela, Plinio el Viejo. Hacia el año 100 Plutarco escribe en sus “Vidas paralelas”:

“Armenia, donde reina Tigranes, rey de reyes, y sostiene en sus manos el poder que le capacita para mantener a los partos en estrechas fronteras, echar a las ciudades griegas hacia la Media, conquistar Siria y Palestina […].

Y hasta escritores judeorromanos como Filón de Alejandría o Flavio Josefo, que recoge, entre otras, esta mención en sus Antigüedades:

“De los ocho hijos que tuvo Merseo, ocuparon todos las tierras que van desde Gaza hasta Egipto, pero la región ha conservado sólo el nombre de Filistino, ya que los griegos llaman Palestina al sector que él ocupó” (Ant. 6. 2).

Oficialmente, todo apunta a que es Adriano el que con ocasión de la represión de la revuelta de Simón Bar Kochba en el año 135 d.C., liquidada con la reducción a polvo de la ciudad de Jerusalén y la expulsión total de los judíos, realiza el cambio de nomenclatura: Jerusalén pasa a llamarse “Aelia Capitolina”, y lo que es más importante, Israel pasa a denominarse “Siria Palestina”. Aunque no consta con absoluta certeza la alteración oficial de las denominaciones, muchos son los indicios de que así ocurre. Entre ellos, a modo de ejemplo, que hacia el año 150 Apiano de Alejandría (95-165) escriba en su “Historia de Roma”:

“Tenemos Palestina Siria, y más allá, una parte de Arabia. Los fenicios ocupan el país al lado de Palestina sobre el mar, y más allá de los territorios fenicios se halla Coele-Syria”.

O que hasta un escritor cristiano como Dión Casio (155-235), en su “Historia de Roma” del año 225 circa, escriba refiriéndose a la conquista de Jerusalén por Tito en el año 70:

 “El oficio consular fue asumido por Vespasiano y Tito, el primero en Egipto, el último en Palestina”.

Durante el período bizantino, la entera región, incluída Siria, es denominada ya Palestina, lejanos, pues, los tiempos en los que era Judea (territorialmente similar a Palestina) la que formaba parte, en los días de Jesús, de la provincia Siria, dos veces mencionada en el Evangelio:

Su [de Jesús] fama llegó a toda Siria” (Mt. 4, 24).

“Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino” (Lc. 2, 2)

A las que añadir las veces que aparece en las Cartas de Pablo (Gl. 1, 21), una, y las cinco que lo hace en los Hechos de los Apóstoles (Hch. 15, 23; Hch. 15, 41; Hch. 18, 18; Hch. 20, 3 y Hch. 21, 3)

Y sin más por hoy y como siempre, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Mañana más.

©L.A.
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Mi petición al Pueblo de Israel: liberaros a vosotros mismos liberando a Palestina.


Mi petición al Pueblo de Israel: liberaros a vosotros mismos liberando a Palestina.

El Arzobispo Emérito Desmond Tutu, en una entrevista exclusiva para Haaretz, llama a un boicot global a Israel y urge a Israelíes y Palestinos a mirar más allá de sus líderes para encontrar una solución sostenible a la crisis en Tierra Santa.

By Desmond Tutu

Originalmente publicado por http://www.haaretz.com/opinion/1.610687. Traducción hecha por la comunidad de Avaaz.

En las últimas semanas hemos visto en todo el mundo una movilización sin precedentes por parte de la sociedad civil contra la injusticia que supone la brutal y desproporcionada respuesta Israelí al lanzamiento de misiles desde Palestina.

Si sumamos todas las personas que se manifestaron pidiendo justicia entre Israel y Palestina el pasado fin de semana en Ciudad del Cabo, Washington, Nueva York, Nueva Delhi, Londres, Dublín, Sidney y todas las demás ciudades, ésta ha sido, probablemente, la mayor protesta ciudadana por una misma causa en toda la historia de la humanidad.

Hace un cuarto de siglo participé en concurridas manifestaciones contra el apartheid. Nunca imaginé que volveríamos a ver de nuevo manifestaciones de ese calibre, pero la afluencia de gente el sábado pasado en Ciudad del Cabo fue igual si no mayor. Entre los participantes se encontraban jóvenes y ancianos, musulmanes, cristianos, judíos, hinduístas, budistas, agnósticos, ateos, negros, blancos, rojos y verdes… tal como cabría esperar de una nación dinámica, tolerante y multicultural.

Pedí a la multitud que corease conmigo: “Nos oponemos a la injusticia que supone la ocupación ilegal de Palestina. Nos oponemos a las matanzas indiscriminadas en Gaza. Nos oponemos a la humillación a la que someten a los Palestinos en los retenes y controles de carreteras. Nos oponemos a la violencia perpetrada por todas las partes. Pero no nos oponemos al pueblo judío”.

Al inicio de la semana, solicité a la Unión Internacional de Arquitectos, reunida en Sudáfrica, la suspensión temporal de Israel de su organismo.

Supliqué a los hermanos y hermanas israelíes presentes en la conferencia que se desvincularan personal y profesionalmente de los proyectos y construcciones de infraestructuras relacionadas con la perpetuación de la injusticia, tales como el muro de separación, las terminales de seguridad, los puestos de control y los asentamientos en los territorios palestinos ocupados.

Dije: “Les ruego que lleven este mensaje a casa: cambiemos el rumbo de la violencia y el odio sumándonos al movimiento pacífico para que la justicia llegue a toda la gente de la región”.

En las últimas semanas, más de 1,6 millones de personas en todo el mundo se han unido a este movimiento sumándose a una campaña de Avaaz que pide a las multinacionales que se lucran de la ocupación israelí, y/o están implicadas en el abuso y la represión al pueblo Palestino que se retiren. La campaña se dirige específicamente al fondo de pensiones holandés, ABP; al banco Barclays, al proveedor de sistemas de seguridad, G4S; a la compañía francesa de transportes, Veolia; a la empresa de ordenadores, Hewlett-Packard; y la proveedora de excavadoras Caterpillar.

El mes pasado, 17 gobiernos de la UE instaron a sus ciudadanos a evitar hacer negocios o invertir en los asentamientos ilegales israelíes. Además hemos sido testigos de la retirada de decenas de millones de euros de bancos Israelíes por parte del fondo de pensiones holandés, PGGM; de la desinversión de G4S a través de la fundación Bill y Melinda Gates; y de cómo la Iglesia Presbiteriana de los EE.UU. ha sacado unos 21 millones de dólares de HP, Motorola Solutions y Caterpillar.

Este movimiento está cobrando fuerza.

La violencia engendra violencia y odio, que sólo engendra más violencia y más odio.

Nosotros, los sudafricanos, conocemos bien la violencia y el odio. Comprendemos el dolor que supone ser los apestados del mundo, cuando parece que nadie te entiende ni tiene el deseo de escuchar siquiera cuál es tu punto de vista. Nosotros venimos de ahí. También conocemos los beneficios que, con el tiempo, trajo el diálogo entre nuestros líderes; cuando fueron levantadas las prohibiciones sobre las organizaciones etiquetadas como “terroristas” y sus líderes, incluyendo a Nelson Mandela, fueron liberados del encarcelamiento, del destierro y del exilio.

Sabemos que cuando nuestros líderes comenzaron a dialogar, la justificación de la violencia que había arruinado nuestra sociedad se disipó y desapareció. Los actos de terrorismo perpetrados tras el inicio del diálogo, como los ataques a una iglesia o a un bar, fueron condenados casi universalmente, y el partido responsable se resintió en las urnas.

La euforia que siguió a nuestra primera votación conjunta no fue del dominio exclusivo de los negros Sudafricanos. El verdadero triunfo de nuestra solución pacífica fue que todos nos sentimos incluidos. Y más tarde, cuando presentamos una constitución tan tolerante, compasiva e inclusiva que habría hecho que Dios se sintiera orgulloso, todos nos sentimos liberados.

Por supuesto, ayudó que contáramos con un conjunto de líderes extraordinarios.

Pero lo que forzó definitivamente que estos líderes se sentaran en torno a la mesa de negociaciones fue el cóctel de persuasivas herramientas no violentas desarrolladas para aislar a Sudáfrica económica, académica, cultural y psicológicamente.

Llegados a cierto punto el gobierno se dio cuenta de que el coste de intentar mantener el apartheid sobrepasaba sus beneficios. En los 80, la suspensión del comercio con Sudáfrica por parte de empresas multinacionales sensibilizadas fue una de las claves que permitió doblegar el apartheid sin derramar sangre. Esas empresasentendieron que contribuyendo a la economía sudafricana eran partícipes del mantenimiento de un statu quo injusto.

Aquellos que continúan haciendo negocios con Israel, contribuyendo a mantener un sentido de “normalidad” entre la sociedad Israelí le están haciendo un flaco favor a los pueblos de Israel y Palestina. Están formando parte de la perpetuación de un statu quo absolutamente injusto.

Aquellos que contribuyen al aislamiento temporal de Israel están diciendo que tanto Isralíes como Palestinos tienen el mismo derecho a la dignidad y la paz.

Por último, los sucesos en Gaza del pasado mes servirán para demostrar quién cree en la valía de los seres humanos. Se está volviendo cada vez más evidente que políticos y diplomáticos no están siendo capaces de encontrar respuestas, y que la responsabilidad para mediar una solución sostenible a la crisis en Tierra Santa recae en manos de la sociedad civil y de los ciudadanos de Israel y Palestina Además de la reciente devastación de Gaza, seres humanos decentes de todas partes -incluyendo muchos en Israel- están profundamente molestos por las diarias violaciones a la dignidad humana y a la libertad de movimiento impuesta a los Palestinos en los retenes y controles de carretera. Las políticas de ocupación ilegal de Israel, junto con la construcción de asentamientos en tierras ocupadas complican aún más el ya difícil objetivo de lograr un acuerdo futuro aceptable para todas las partes.

El Estado de Israel se está comportando como si el mañana no existiera. Sus gentes no tendrán las vidas pacíficas y seguras que anhelan –y merecen– mientras que sus líderes perpetúen las condiciones que sostienen el conflicto.

He condenado a los palestinos responsables del lanzamiento de misiles y cohetes a Israel. Están dando fuelle a las llamas del odio. Me opongo a todas las manifestaciones de violencia.

Pero debemos tener muy en claro que el pueblo de Palestina tiene todo el derecho de luchar por su dignidad y libertad. Ésta es una lucha que tiene el apoyo de muchos alrededor del mundo.

No existe problema humano irresoluble cuando los seres humanos aúnan sus esfuerzos con el sincero deseo de superarlo. No hay paz imposible cuando la gente tiene la determinación de lograrla.

La paz requiere que las personas de Israel y Palestina reconozcan al ser humano que habita en ellos y en el otro y entiendan su interdependencia.

Los misiles, las bombas y la crudeza del insulto no son parte de la solución. No hay solución militar.

Es más probable que la solución proceda de esa caja de herramientas no violentas que desarrollamos en Sudáfrica en los años 80 para persuadir al gobierno de la necesidad de modificar sus políticas.

La razón de que estas herramientas – el boicot, las sanciones y la retirada de fondos – resultaran finalmente eficaces fue la existencia de una masa crítica que las apoyaba, tanto dentro como fuera del país. La clase de apoyo del que hemos sido testigos a lo largo del mundo en las últimas semanas en relación con Palestina.

Mi ruego al pueblo de Israel es que vea más allá del momento, que vea más allá de la rabia de sentirse perennemente asediado, para ver un mundo en el que Israel y Palestina puedan coexistir – un mundo en el que reinen la dignidad y el respeto mutuos.

Requiere un cambio de mentalidad. Un cambio de pensamiento que reconozca que el intento de perpetuar el statu quo actual condena a las futuras generaciones a la violencia y a la inseguridad. Un cambio de mentalidad que cese de interpretar la crítica legítima a las políticas de Estado como un ataque al Judaísmo. Un cambio de mentalidad que empiece en casa y se extienda por todas las comunidades y naciones y regiones, llegando a la diáspora diseminada por todo el mundo. El único mundo que compartimos.

Las personas unidas en pos de una causa justa son imparables. Dios no interfiere en los asuntos de la gente, esperando que crezcamos y aprendamos resolviendo nuestras dificultades y diferencias por nosotros mismos. Pero Dios no está dormido. Las escrituras Judías nos dicen que Dios tiene preferencia por los débiles, los desposeídos, las viudas, los huérfanos, por el extranjero que libera a los esclavos en el éxodo hacia la Tierra Prometida. Fue el profeta Amos quien dijo que debemos dejar a la justicia fluir como un río.

La bondad prevalece al final. La búsqueda de la libertad por parte del pueblo de Palestino frente a las políticas de Israel es una causa justa. Es una causa que el pueblo de Israel debe apoyar.

Nelson Mandela pronunció aquella célebre frase donde dijo que los sudafricanos no se sentirán libres mientras los palestinos no lo sean.

Hubiera podido agregar que la liberación de Palestina liberará a Israel además.

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https://secure.avaaz.org/es/tutu_to_israelis_free_yourselves/?1408540199

La verdadera identidad de los palestinos


Mitos, Hipótesis y Evidencias | Acerca del origen de los pueblos

La verdadera identidad de los palestinos

En éste estudio presento el verdadero origen e identidad del pueblo árabe comúnmente conocido como “palestinos”, y los muchos mitos difusos acerca de ellos. Este estudio es absolutamente neutral y objetivo, basado únicamente en evidencias históricas y arqueológicas así como en otros documentos, incluso fuentes árabes, y citando declaraciones de autoridades y personalidades islámicas.
Existen muchos mitos modernos -o mas exactamente, mentiras- que podemos oír diariamente a través de los medios de comunicación como si fueran verdades, por supuesto, ocultando la verdad. Por ejemplo, cada vez que se menciona el Monte del Templo o Jerusalem, se recalca que es “el tercer lugar santo para los musulmanes”, pero ¿por qué no se dice nunca que es el PRIMER Lugar Santo de los judíos? ¡La información es evidentemente parcial!
Para hacer éste estudio lo mas comprensible posible, será presentado en dos unidades:
·1) Mitos y evidencias acerca del origen e identidad del pueblo impropiamente llamado palestino;
·2) Mitos y evidencias en relación a Jerusalem y la Tierra de Israel.

Origen e identidad de los palestinos

Los palestinos son el mas reciente de todos los pueblos sobre la faz de la tierra, y comenzaron a existir en un solo día a causa de una especie de fenómeno sobrenatural único en la historia de la humanidad, como es testificado por Walid Shoebat, un ex-terrorista de la OLP que logró reconocer la mentira por la cual estaba luchando y la verdad que estaba combatiendo:

“ ¿Por qué el 4 de junio del 1967 yo era un jordano y de repente al otro día me transformé en un palestino? ”
“A nosotros no nos importaba que hubiera un gobierno jordano. La enseñanza que debíamos lograr la destrucción de Israel era parte definida en nuestro currículum, pero nos considerábamos a nosotros mismos como jordanos hasta que los judíos regresaron a Jerusalem. Entonces improvisamente, todos éramos palestinos – quitaron la estrella de la bandera de Jordania y en un momento tuvimos la bandera palestina”.
“Cuando finalmente me dí cuenta de las mentiras y mitos que me enseñaron, es mi deber como persona honesta desenmascararlos”.

Ésta declaración de un verdadero “palestino” debe tener algún significado para un observador sinceramente neutral. De hecho, no existe una tal cosa como el pueblo palestino, o una cultura palestina, o una lengua palestina, o una historia palestina. Nunca existió un estado palestino, ni ha sido jamás encontrado ningún resto arqueológico o moneda palestina. Los actuales “palestinos” son un pueblo árabe, de cultura árabe, lengua árabe, historia árabe. Ellos tienen sus propios estados árabes desde donde emigraron a la Tierra de Israel hace aproximadamente un siglo atrás con el fin de contrastar la inmigración judía. Ésta es la verdad histórica. Ellos eran jordanos (otra reciente invención británica, porque jamás existió ningún pueblo conocido como “jordanos”), después de la Guerra de los Seis Días, en la que Israel derrotó en manera categórica y aplastante la coalición de nueve estados árabes y tomó legítimamente poseso de Judea y Samaria, los habitantes árabes de esas regiones experimentaron una especie de milagro antropológico y descubrieron que eran palestinos – algo que no sabían el día anterior. Por supuesto, ésta gente, teniendo una nueva identidad debían construirse artificialmente una historia, es decir, debían robar la historia de algún otro, y el único modo para lograr que las víctimas de tal robo no se quejaran era que éstas no existieran mas. Entonces, los líderes palestinos se arrogaron dos linajes contradictorios de antiguos pueblos que habitaron en la Tierra de Israel: los cananeos y los filisteos. Consideremos ahora ambos antes de proseguir con la cuestión palestina.

Los cananeos:

Los cananeos son históricamente reconocidos como los primeros habitantes de la Tierra de Israel, antes que se establecieran allí los hebreos. De hecho, el nombre geográfico correcto de la Tierra de Israel es Canaán, no “Palestina” (que es una invención romana, como veremos mas adelante). Los cananeos consistían en diferentes tribus, que pueden distinguirse en dos grupos principales: los septentrionales o  cananeos de la costa y los meridionales o cananeos de la montaña.

·Los cananeos septentrionales poblaban la costa oriental del Mar Mediterráneo desde la parte sudoriental del golfo de Iskenderun hasta las proximidades del golfo de Haifa. Sus ciudades principales eran Tzur (Tiro), Tzidon (Sidón), Gebal (Byblos), Arvad, Ugarit, y son mas conocidos en la historia por su nombre griego, Fenicios, pero ellos se llamaban a sí mismos “Kana’ana” or “Kinajnu”. No fundaron ningún reino unificado sino mas bien se organizaron en ciudades autónomas, y no eran un pueblo guerrero sino hábiles comerciantes, navegantes y constructores. Los fenicios hablaban el arameo, idioma que adoptaron de sus vecinos semitas, lengua que era estrechamente emparentada con el hebreo (¡no con el árabe!). Fenicios e israelitas no necesitaban intérpretes para entenderse. Les tocó el mismo destino que al antiguo Reino de Israel y cayeron bajo la dominación asiria, luego babilónica, persa, macedonia, seléucida y romana. A través de la historia los fenicios se mezclaron con diferentes pueblos que habitaron en su tierra, principalmente griegos y armenios. Durante la expansión islámica fueron arabizados, sin embargo, nunca fueron completamente asimilados, y su actual nación es el Líbano, erróneamente considerada como un país “árabe”, una etiqueta la el pueblo libanés rechaza. A diferencia de los estados árabes, el Líbano tiene un nombre oficial en estilo democrático-occidental, “República del Líbano”, sin el adjetivo “árabe” que se requiere en la denominación de todo estado árabe. La única mención del término árabeen la constitución libanesa se refiere a la lengua oficial del estado, lo que no significa que el pueblo libanés sea árabe, en la misma manera que el idioma oficial de la Argentina es el español sin que ésto califique a los argentinos como españoles.

Los comúnmente llamados palestinos no son libaneses (aunque algunos de ellos provienen del Líbano ocupado por Siria), por lo cual no son fenicios (cananeos). De hecho, en Líbano los palestinos son “refugiados” y no se identifican con la población local.

Los cananeos meridionales habitaron en la región montañosa desde el Golan hacia el sur, en ambos lados del Yarden (Jordán) y sobre la costa del Mediterráneo desde el golfo de Haifa hasta Yafo, que es el Canaán bíblico. Consistían en varias tribus de extracciones diferentes: además de los cananeos propiamente dichos, (fenicios), estaban los amorreos, hititas y pueblos hurritas como los jebuseos, heveos y horeos, todos ellos asimilados dentro del contexto arameo-cananeo. Nunca constituyeron un estado unificado ni organizado, sino que se mantuvieron dentro de un sistema de alianzas tribales.

Cuando los primeros hebreos llegaron a Canaán compartieron la tierra pero no se mezclaron, porque era prohibido a la familia de Avraham contraer matrimonio con cananeos. Sin embargo, once de lso doce hijos de Yakov tomaron mujeres cananeas (el otro hijo tomó una egipcia), y desde entonces, las Tribus de Israel comenzaron a mezclarse con los habitantes locales. Después del Éxodo, cuando los israelitas conquistaron la Tierra, hubo algunas guerras entre ellos y los cananeos en todo el periodo de los Sofetim (Jueces), hasta que los cananeos fueron definitivamente sometidos por el Rey David. En aquél tiempo, la mayoría de los cananeos estaban emparentados con los israelitas, otros voluntariamente aceptaron la Torah y pasaron a ser israelitas, otros se unieron al ejército de Israel o de Judá. En efecto, los cananeos son raramente mencionados durante el periodo de los Reyes, generalmente en referencia a sus costumbres paganas que introdujeron entre los israelitas, pero ya no como un pueblo distinto, porque habían sido completamente asimilados dentro de la nación israelita. Cuando los asirios invadieron el Reino de Israel, no dejaron aparte ningún cananeo, pues ya habían pasado a ser todos israelitas en aquél tiempo. Lo mismo sucedió cuando los babilonios deportaron la población del Reino de Judá.

Por lo tanto, el único pueblo que puede trazar un linaje que conduzca hasta los antiguos cananeos son los judíos, no los palestinos, porque cananeos no existían después del siglo 8 a.e.c. y no fueron aniquilados sino asimilados en el pueblo judío.

Conclusión: los palestinos no pueden reclamar ninguna descendencia de los antiguos cananeos – en tal caso, ¿por qué no pretender también los “territorios ocupados” por Siria, es decir, el Líbano? ¿Por qué no hablan el idioma de los antiguos cananeos, que era el hebreo? Porque NO son cananeos!

Los filisteos:

Es del término “filisteo” que el nombre “palestino” ha sido tomado. En realidad, los antiguos filisteos y los modernos palestinos tienen algo en común: ¡ambos son invasores de otras tierras! Ése es precisamente el significado de su nombre, que no es una denominación étnica sino un adjetivo aplicado a ellos: peleshet, del verbo “pelesh”, “secesionistas”, “intrusos” o “invasores”. Los filisteos eran una confederación de pueblos no-semíticos provenientes de Creta, las islas del Egeo y Asia Menor,conocidos también como “Pueblos del Mar”. Las principales tribus eran Tzekelesh, Shardana, Akhaiusha, Danauna, Tzakara, Masa o Meshuesh, Uashesh, Teresh o Tursha, Keshesh o Karkisha, Lukka y Labu. La patria original del grupo dominante en la federación filistea, o sea los “pelesati”, era la isla de Creta. Cuando la civilización minoica colapsó, también la cultura minoica desapareció de Creta, porque invasores de Grecia tomaron el control de la isla. Estos antiguos que cretenses llegaron al sur de Canaán eran conocidos como “pelishtim” por los hebreos y cananeos (que se aliaron para combatir contra los invasores). También invadieron Egipto y fueron derrotados por el faraón Ramsés III en el siglo 12 a.e.c. Los filisteos estaban organizados en ciudades-estado, siendo el núcleo principal la Pentápolis: Gaza, Ashdod, Ashkelon, Gath y Ekron, y su territorio era sobre la costa del Mediterráneo, un poco mas amplio que la actual “Franja de Gaza” – ¡no la entera Judá, nunca llegaron a conquistar Hevron, Jerusalem o Jericó!

Los Pueblos del Mar que invadieron Egipto fueron expulsados hacia otras tierras del Mediterráneo y no evolucionaron para pasar a ser ningún pueblo árabe, sino que desaparecieron y ya no eran mas reconocibles en tiempos de los romanos. Aquellos que vivían en Canaán fueron derrotados por el Rey David y reducidos a la insignificancia, los mejores guerreros de ellos fueron elegidos por David como su guardia personal. Los filisteos que aún quedaron en Gaza fueron sometidos por Sargón II de Asiria y después de aquél tiempo, desaparecieron definitivamente de la historia. Nunca mas fueron mencionados desde el retorno de los judíos de Babilonia.

Conclusión: no hay una sola persona en el mundo que pueda probar de tener ascendencia filistea, sin embargo, si los palestinos insisten, deben reconocerse a sí mismos como invasores en Israel, y deben reclamar a Grecia que les devuelva la isla de Creta! Los filisteos se extinguieron, y toda alusión a una supuesta relación genética con ellos es completamente falsa pues es históricamente imposible de establecer. En todo caso, reclamar una heredad filistea es inútil pues no puede legitimar ninguna tierra en la cual ellos han sido ocupantes extranjeros y no habitantes nativos. Los filisteos no eran árabes, y la única característica en común entre ambos pueblos es que en Israel deben ser considerados como invasores, los filisteos desde el mar y los árabes del desierto. Ellos no quieren a Jerusalem porque sea su ciudad, que no lo es y nolo ha sido nunca, ellos simplemente quieren quitársela a los judíos, a quienes ha siempre pertenecido por tres mil años. Los filisteos trataron de quitar a los israelitas el Arca del Pacto, los palestinos modernos tratan de quitarles la Ciudad del Pacto.

Los palestinos:

No, ellos no son ningún pueblo antiguo, aunque lo digan. Ellos nacieron en un solo día, después de una guerra que duró seis días en 1967 e.c. Si ellos fueran verdaderos cananeos, hablarían en hebreo y reclamarían a Siria que les dé las tierras ocupadas en el Líbano, pero no lo son. Si fueran filisteos, reclamarían la isla de Creta a Grecia y reconocerían que no tienen nada que ver con la Tierra de Israel, y pedirían excusas a Israel por haber robado el Arca del Pacto.

La tierra llamada “Palestina”

En el siglo 2 e.c., el último intento de los judíos de lograr la independencia del Imperio Romano terminó con el famoso evento de Masada, que es históricamente documentado y universalmente reconocido como el hecho que determinó la Diáspora Judía en manera definitiva. La Tierra donde éstos eventos ocurrieron era hasta entonces conocida como la provincia de Judæa, y no existe ninguna mención de algún lugar llamado “Palestina” antes de ése tiempo. El emperador romano Adriano estaba muy enfadado con la Nación Judía y decidió eliminar el nombre de Israel y de Judá de la faz de la tierra, para que no hubiera mas memoria del país que pertenecía a aquél pueblo rebelde. Entonces decidió reemplazar la denominación de aquella provincia romana y recurrió a la historia antigua para hallar un nombre que pudiera ser apropiado, y encontró que un pueblo extinto que era desconocido en tiempos romanos, llamado “filisteos”, habitó una vez en ésa área y eran enemigos de los israelitas. Por lo tanto, según la escritura latina, inventó el nuevo nombre: “Palæstina”, un nombre que sería también odioso para los judíos recordándoles sus antiguos rivales. El emperador hizo ésto con el propósito explícito de eliminar todo vestigio de la memoria de la historia judía. Los antiguos romanos, como los modernos palestinos, han cumplido la Profecía de las Escrituras que declara: “Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus elegidos. Han dicho: ‘Venid, y cortémoslos de ser pueblo, y no haya más memoria del nombre de Israel’.” – Tehilim 83:3-4 (Salmo 83:3-4). Pero fracasaron, porque Israel todavía vive. Toda persona honesta reconoce que no existe mención del nombre Palestina en la historia antes que los romanos re-denominaran la provincia de Judea, que tal nombre no se encuentra en ningún documento de la antigüedad, no se halla escrito en la Biblia, ya sea en las Escrituras Hebreas como en el Testamento Cristiano, ni tampoco en registros asirios, o persas, macedonios, ptolemaicos, seléucidas o otras fuentes griegas, y que ningún pueblo “palestino” ha sido jamás mencionado, ni siquiera por los romanos que inventaron el término. Si los “palestinos” supuestamente fueran los habitantes históricos de la Tierra Santa, ¿por qué no combatieron por la independencia de la ocupación romana como hicieron los judíos? ¿Cómo es posible que ningún líder palestino dirigiendo una revuelta contra los invasores romanos haya sido mencionado en algún documento histórico? ¿Por qué no resulta ningún grupo de rebeldes palestinos, como por ejemplo los Zelotes judíos? ¿Por qué todos los documentos históricos mencionan a los judíos como los habitantes nativos, y también griegos, romanos y otros como extranjeros que vivían en Judea, pero no se nombra ningún pueblo palestino, ni como nativos ni como extranjeros? Es mas, no hay ninguna referencia a algún pueblo palestino en el qur’an (corán), aunque los musulmanes dicen que su profeta estuvo una vez en Jerusalem (un evento que no se menciona en el corán). Resulta evidente que él nunca encontró ningún palestino en toda su vida, ni tampoco sus sucesores. El califa Salahuddin al-Ayyub (Saladino), conoció a los judíos y cortésmente les invitó a establecerse en Jerusalem, que él reconocía como la Patria de ellos, pero nunca vió a ningún palestino… ¡Decir que los palestinos son el pueblo original de Eretz Yisrael no está sólo en contra de la historia secular sino también en contra de la historia islámica!

El nombre “Falastin” que los árabes usan hoy para decir “Palestina” no es un nombre árabe, sino que ha sido adoptado y adaptado del latín Palæstina. ¿Cómo puede un pueblo árabe tener un nombre occidental en lugar de uno en la propia lengua? Porque el uso del término “palestino” para un grupo árabe es solamente una creación política moderna sin ninguna base histórica o étnica, y no indica algún pueblo antes del 1967. Un escritor y periodista árabe declaró:

“Jamás existió una tierra llamada Palestina gobernada por palestinos. Los palestinos son árabes, indistinguibles de los jordanos (otra invención reciente), sirios, iraquíes, etc. Tened en mente que los árabes controlan el 99.9 por ciento del Medio Oriente. Israel representa un décimo del uno por ciento de las tierras. Pero eso es demasiado para los árabes. Ellos quieren poseer todo. Y éste es en definitiva el motivo del conflicto con Israel… No importa cuántas concesiones de territorio los israelíes hagan, nunca será suficiente”.

– Joseph Farah, “Mitos del Medio Oriente” –
Tomemos en consideración lo que otros árabes han dicho:

“No existe ningún país que se llame Palestina. ‘Palestina’ es un término inventado por los Sionistas. No hay ninguna Palestina en la Biblia. Nuestro país ha sido por siglos parte de Siria. ‘Palestina’ es ajena para nosotros. Son los Sionistas que han introducido este nombre”.

– Auni Bey Abdul-Hadi, líder árabe sirio en la British Peel Commission, 1937 –

“No existe ninguna cosa llamada Palestina en la historia, absolutamente no”.

– Profesor Philip Hitti, historiador árabe, 1946 –

“Es de público dominio el hecho que Palestina no es otra cosa que la Siria meridional”.

– Representante de Arabia Saudita en las Naciones Unidas, 1956 –

En cuanto a la Tierra Santa, el jefe de la delegación Siria en la Conferencia de Paz de París en febrero 1919 djo:

“La única dominación árabe desde la Conquista en el 635 e.c. apenas duró como tal 22 años”.

Las declaraciones precedentes, hechas por políticos árabes, fueron anteriores al 1967, porque no tenían la mas mínima idea de la existencia de ningún pueblo palestino. ¿Cómo y cuándo ellos cambiaron idea y decidieron que tal pueblo existe? Cuando el Estado de Israel renació en 1948 e.c., los “palestinos” no existían aún, los árabes todavía no habían descubierto ese “antiguo” pueblo. Estaban muy ocupados con el propósito de aniquilar el nuevo Estado Soberano y no tenían intención de crear ninguna entidad palestina, sino solamente distribuir la tierra entre los estados árabes ya existentes. Fueron derrotados. Trataron nuevamente de destruir Israel en 1967, y fueron humillados en sólo seis días, en los que perdieron la tierra que habían usurpado en 1948. En aquellos 19 años de ocupación árabe de Jerusalem, Judea, Samaria y la Franja de Gaza, ni Jordania ni Egipto sugirieron la idea de crear un estado “palestino”, porque los aún inexistentes palestinos jamás habrían reclamado el supuesto derecho de tener un propio estado… Paradójicamente, durante el mandato británico, ningún grupo árabe era llamado “palestinos”, sino los judíos!

Lo que otros árabes han declarado después de la Guerra de los Seis Días:

“No hay diferencias entre los jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Somos todos parte de una misma nación. Es sólo por razones políticas que subrayamos con énfasis nuestra identidad palestina… sí, la existencia de una identidad palestina separada sirve sólo por propósitos tácticos. La fundación de un estado palestino es una nueva arma para continuar la batalla contra Israel”.

– Zuhair Muhsin, comandante militar de la OLP y miembro del consejo ejecutivo de la OLP –

“Ustedes no representan a Palestina tanto como nosotros. Nunca olviden éste punto: No existe tal cosa como un pueblo palestino, no existe ninguna entidad palestina, existe sólo Siria. Ustedes son parte integrante del pueblo sirio, Palestina es parte integrante de Siria. Por lo tanto somos nosotros, las autoridades sirias, los verdaderos representantes del pueblo palestino”.

– El dictador sirio Hafez Assad al líder de la OLP Yassir Arafat –

“Cuando yo vivía en Palestina, todas las personas que yo conocí podían trazar su ascendencia hasta el país de origen del cual vinieron sus bisabuelos. Todos sabían perfectamente que sus orígenes no provenían de los cananeos, pero irónicamente, ésta era una de las materias que nuestra educación sobre el Medio Oriente incluye. ¡El hecho es que los palestinos de hoy son inmigrantes de las naciones vecinas! Yo crecí sabiendo perfectamente que la historia y los orígenes de los palestinos de hoy provenían as de Yemen, Arabia Saudita, Marruecos, cristianos de Grecia, sherkas musulmanes de Rusia, musulmanes de Bosnia, y los vecinos jordanos. Mi abuelo, que era un dignatario en Bethlehem, casi perdió su vida ante Abdul Qader Al-Husseni (el líder de la revolución palestina) después de haber sido acusado de haber vendido tierras a los judíos. El nos sabía decir que su pueblo Beit Sahur (Campos del Pastor) en el distrito de Bethlehem era desierto antes que su padre se estableciera allí con otras seis familias. El pueblo ha crecido ahora hasta 30.000 habitantes”.

– Walid Shoebat, un árabe “ex-palestino”  –

¿Desde cuándo los “palestinos” viven en “Palestina”?

Según los extravagantes conceptos de las Naciones Unidas, toda persona que pasó DOS AÑOS (!!!) en “Palestina” antes de 1948, con o sin pruebas, es un “palestino”, así como todos sus descendientes. De hecho, los líderes de la OLP demandan el “derecho” de todos los palestinos a regresar a la tierra que ellos ocuparon antes de junio de 1967 e.c., pero se refutan con vehemencia de regresar a la tierra donde vivían sólo 50 años antes, es decir, en 1917 e.c. ¿Por qué? Porque si aceptaran hacerlo, tendrían que establecerse nuevamente en Irak, Siria, Arabia, Libia, Egipto… y sólo un puñado de árabes permanecería en Israel (por Israel se entiende toda la Tierra entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, mas la región del Golan). Es enteramente documentado que los primeros habitantes de Eretz Yisrael eran los pioneros judíos, y no los árabes llamados palestinos. Algunos testigos oculares han escrito sus memorias acerca de la Tierra antes de la inmigración judía:

“No hay ni una aldea solitaria a través de toda la extensión (valle de Jezreel, Galilea); no por treinta millas en cualquier dirección… Uno puede recorrer diez millas en la región sin ver un alma viva. Para experimentar el tipo de soledad que causa tristeza, ven a Galilea… Nazareth es abandono… Jericó yace en desolada ruina… Bethlehem y Bethania, en su pobreza y humillación… desposeídas de toda criatura viviente… Una región desolada cuyo suelo es rico, pero completamente despojado de todo… una expansión silenciosa, lúgubre… una desolación… Nunca vimos un ser humano en todo el recorrido… Difícilmente se ve un árbol o un arbusto en algún lado. Incluso el olivo y el cactus, aquellos amigos del suelo árido e indigno, han desertado… Palestina yace en silicio y cenizas… desolada y desamorada…”.

– Mark Twain, “The Innocents Abroad”, 1867 –

¿Dónde se habían escondido los palestinos que Mark Twain no los vió? ¿Dónde estaba aquél “antiguo” pueblo a mitad del siglo XIX e.c.? Por supuesto, los políticos árabes de hoy tratan de desacreditar a Mark Twain e insultarlo y culparlo de racismo. Sin embargo, resulta que había otras personas que no lograron reconocer a ningún palestino en aquellos tiempos, ni antes:

“En 1590 un ‘simple visitante inglés’ en Jerusalem escribió: ‘Nada allí es interesante excepto un poco de las viejas murallas que aún permanecen, todo el resto es matas, espinos y cardos’.”.

– Gunner Edward Webbe, Palestine Exploration Fund,
Quarterly Statement, p. 86; de Haas, History, p. 338 –

“la tierra en Palestina carece de gente que pueda cultivar su suelo”.

– Thomas Shaw, arqueólogo británico, mediados del s. XVIII –

“Palestina es una tierra arruinada y desolada”.

– El conde Constantine François Volney, autor e historiador francés del s. XVIII –

“Los árabes mismos no pueden ser considerados sino residentes temporarios. Plantaban sus tiendas en los campos o construían sus lugares de refugio en las ruinas de las ciudades. No han creado nada allí. Siendo extranjeros en esa tierra, nunca lograron ser los propietarios. El viento del desierto que los llevó allí también un día los llevará a otra parte sin que hayan dejado algún señal de su pasaje”.

– Comentarios de cristianos acerca de los árabes en Palestina en el s. XIX –

“Luego entramos en el distrito montañoso, y nuestros pasos se sentían sobre el lecho seco de un antiguo torrente, cuyas aguas deben haber sido abundantes en el pasado, así como la tenaz y turbulenta raza que una vez habitó esos salvajes montes. Debe haber existido algún cultivo unos dos mil años atrás. Las montañas, o grandes montes rocosos que circundan este pasaje rústico, tienen crestas sobre sus laderas hasta la cima; en estas terrazas paralelas hay aún algo de suelo verde: cuando el agua fluía aquí, y el país era habitado por esa extraordinaria población que, según las Sacras Historias, era numerosa en la región, estas terrazas de montaña deben haber sido jardines y viñedos, como los que vemos hoy a lo largo de las costas del Rin. Ahora el distrito es completamente desértico, y se lo recorre entre lo que parece haber sido muchas cascadas petrificadas. No vimos animales en aquél paisaje rocoso; escasamente una docena de pequeñas aves durante todo el recorrido”.

– William Thackeray en “De Jaffa a Jerusalem”, 1844 –

“El país está considerablemente despoblado de habitantes y por lo tanto su mayor necesidad es de presencia humana”.

– James Finn, cónsul británico en 1857 –

“Hay muchas pruebas, como antiguas ruinas, acueductos rotos, y restos de viejas rutas, que muestran que el país no ha sido siempre tan desolado como se ve ahora. En la porción de llanura entre Monte Carmel y Jaffa difícilmente se halla alguna aldea o otras señales de vida humana. Hay algunos rudos molinos que han sido arrastrados por la corriente de antiguos torrentes. Un viaje de una hora mas nos llevó a las ruinas de la antigua Cesarea, que un tiempo fue una ciudad de doscientos mil habitantes, y la capital romana de Palestina, pero ahora completamente desierta. A la puesta del sol notamos el puerto desolado, que una vez estaba repleto de naves, y miramos en vano hacia el mar tratando de ver algún barco. En éste que fue un mercado populoso, pleno de rumor del tráfico, reinaba el silencio del desierto. Después de cenar nos reunimos en nuestra tienda como siempre para hablar de los sucesos del día, o de la historia de la localitdad. Sin embargo era triste, cuando me recostaba en la noche, a escuchar el rumor de las olas y a pensar en la desolación a nuestro alrededor”.

– B. W. Johnson, en “Young Folks in Bible Lands”, cap. IV, 1892 –

“El área era despoblada y permanecía económicamente muerta hasta la llegada de los primeros pioneros Sionistas en los 1880s, que vinieron a reconstruir la Tierra Judía. El país ha seguido siendo “la Tierra Santa” en la conciencia religiosa e histórica de la humanidad, que la relaciona con la Biblia y la historia del pueblo judío. El desarrollo del país producido por los judíos ha atraído también gran número de otros inmigrantes – judíos y árabes. La ruta que va desde Gaza hacia el norte era sólo un camino usado en el verano apropiado para camellos y carros… Las casas eran todas de barro. No se veían ventanas… Los arados que se usaban eran de madera… Las cosechas eran muy pobres… Las condiciones sanitarias en la aldea [Yabna] eran horribles… Las escuelas no existían… La tasa de mortalidad infantil era altísima… La parte occidental, hacia el mar, era prácticamente un desierto… Las aldeas en ésta área eran pocas y escasamente pobladas. Muchas ruinas de poblados dispersas en el área, porque debido a la difusión de la malaria, muchas aldeas fueron abandonadas por sus habitantes”.

– Informe de la British Royal Commission, 1913 –

La lista de viajeros y peregrinos a través de los siglos XVI hasta XIX e.c. que coinciden en dar descripciones  similares de la Tierra Santa es muy larga, incluyendo Alphonse de Lamartine, Sir George Gawler, Sir George Adam Smith, Siebald Rieter, sac. Michael Nuad, Martin Kabatnik, Arnold Van Harff, Johann Tucker, Felix Fabri, Edward Robinson y otros. Todos ellos hallaron el país casi vacío, exceptuando las comunidades judías en Jerusalem, Shechem, Hevron, Haifa, Safed, Irsuf, Cesarea, Gaza, Ramleh, Acre, Sidon, Tzur, El Arish, y algunos poblados en Galilea: Ein Zeitim, Pekiin, Biria, Kfar Alma, Kfar Hanania, Kfar Kana y Kfar Yassif. Incluso Napoleón I Bonaparte, habiendo visto la necesidad que la Tierra Santa fuera poblada, tuvo en mente programar un retorno masivo de los judíos de Europa para que se establecieran en el país que él reconocía como de ellos – evidentemente, el emperador no vió a ningún “palestino” reclamando derechos históricos sobre la Tierra Santa, cuyos pocos habitantes eran casi todos judíos.

Además, muchos documentos árabes confirman el hecho que la Tierra Santa era de población y cultura judía a pesar de la Diáspora:
·En 985 e.c. el escritor árabe Muqaddasi se quejaba que en Jerusalem la gran mayoría de la población era judía, diciendo que “la mezquita está vacía y sin adoradores…”.
·Ibn Khaldun, uno de los más acreditados historiadores árabes, en 1377 e.c. escribió:
“La soberanía judía en la Tierra de Israel dura por mas de 1400 años… Fueron los judíos que implantaron la cultura y las costumbres del asentamiento permanente”.
Después de 300 años de dominación árabe en la Tierra Santa, Ibn Khaldun testificó que la cultura y las tradiciones judías eran todavía dominantes. En aquél tiempo no había ninguan evidencia de raíces o cultura “palestinas” .
·El historiador James Parker escribió: “Durante el primer siglo después de la conquista árabe [670-740 e.c.], el califa y los gobernnadores de Siria y la Tierra [Santa] reinaban enteramente sobre súbditos cristianos y judíos. Aparte de lso beduinos en tiempos precedentes, los únicos árabes al oeste del Jordán eran los de las guarniciones”.
Aún cuando los árabes dominaron la Tierra desde el 640 e.c. hasta el 1099 e.c., nunca fueron la mayoría de la población. Casi todos los habitantes eran cristianos (asirios y armenios) y judíos.

Si los documentos históricos, comentarios escritos por testigos oculares y declaraciones de los estudiosos árabes de mayor prestigio no son aún suficientes, citemos entonces la mas importante autoridad para los árabes musulmanes:

“Entonces Nosotros [Alá] dijimos a los Hijos de Israel: ‘habitad seguramente en la Tierra Prometida. Y cuando la última admonición pasará, os reuniremos allí en gran multitud’.”.

– Qur’an 17:104 –

Todo musulmán sincero debe reconocer la Tierra que ellos llaman “Palestina” como la patria Judía, según el libro que ellos consideran ser el más sagrado y la última revelación de Alá.

Continuidad de la presencia judía en la Tierra Santa

Siempre que se trata la cuestión de la población judía en Israel, se da por sabida la idea que los judíos están “regresando” a la propia Patria después de dos milenios de exilio. Es verdad que tal es el caso de la mayoría de los judíos, pero no de todos ellos. No es correcto decir que la entera nación judía estaba en el exilio. El largo exilio, conocido como Diáspora, es un hecho documentado que prueba la legitimidad del reclamo judío de la Tierra de Israel, y fue la consecuencia de las Guerras Judaicas de independencia del Imperio Romano. Si los “palestinos” supuestamente fueran los habitantes históricos de la Tierra Santa, ¿por qué no lucharon por la independencia de la ocupación romana como hicieron los judíos? ¿Cómo es posible que ni siquiera un solo líder palestino dirigiendo una revuelta contra los invasores romanos sea mencionada en ningún documento histórico? ¿Por qué no se habla de ningún grupo revolucionario palestino, como por ejemplo los Zelotes judíos? ¿Por qué todos los documentos históricos mencionan a los judíos como los habitantes nativos, y griegos, romanos y otros como extranjeros residentes en Judea, pero ningún pueblo palestino, ni como nativo ni como extranjero? Después de la última guerra judaica en el s. 2 e.c., el emperador Adriano saqueó Jerusalem en el 135 e.c. y le cambió el nombre por Ælia Capitolina, y el nombre de Judæa por Palæstina, para eliminar la identidad judía de la faz de la tierra. La mayoría de los judíos fueron expulsados de su propia Tierra por los romanos, hecho que determinó el inicio de la grande Diáspora. Sin embargo, pequeños grupos de judíos permanecieron en la provincia que fue denominada “Palestina”, y sus descendientes habitaron en el propio país continuamente a través de generaciones hasta que los pioneros Sionistas comenzaron el retorno en masa en el s. XIX. por lo tanto, el reclamo judío de la Tierra de Israel es justificado no sólo en base a la antigua Promesa Bíblica, sino también por una presencia permanente de judíos como la única comunidad étnica autóctona existente en la Tierra Santa. A través de los siglos y bajo diferentes dominaciones, los judíos “palestinos”  nunca se sometieron a la asimilación sino que conservaron su identidad espiritual y cultural, así como las relaciones con otras comunidades judías en el Medio Oriente. El continuo flujo de judíos Mizrachim (orientales) y Sefaradim (mediterráneos, españoles) hacia la Tierra Santa contribuyó a mantener la existencia de la población judía en el área. Ésta presencia judía permanente en la impropiamente llamada Palestina precede de muchos siglos a la llegada del primer conquistador árabe.

Aún cuando Jerusalem fue declarada prohibida para los judíos en diferentes periodos (desde que los romanos prohibieron a todos los judíos entrar en la Ciudad), muchos de ellos se establecieron en las inmediatas proximidades y en otros poblados y aldeas de la Tierra Santa. Una comunidad judía se estableció en el Monte Sión. El dominio romano y luego bizantino fueron opresivos; a los judíos fue prohibido hacer oraciones en el Kotel, donde estuvo el Santo Templo. Los persas sasánidas tomaron el control sobre Jerusalem en el 614 e.c. aliados con los judíos locales, pero cinco años mas tarde la Ciudad cayó nuevamente bajo control bizantino, aunque efímeramente porque en el 638 e.c. Jerusalem fue capturada por el califa Omar. Ésa fue la primera vez que un líder árabe puso el pie en la Ciudad Santa, habitada por pueblos no-árabes (judíos, asirios, armenios, griegos y otras comunidades cristianas). Después de siglos de opresión romano-bizantina, los judíos dieron la bienvenida a los conquistadores árabes con la esperanza que sus condiciones mejorasen. los árabes encontraron una fuerte identidad judía en Jerusalem y alrededores; los judíos vivían en todo distrito del país y en ambos lados del Jordán. De hecho, los “palestinos” que habitaban históricamente en la Tierra Santa no eran otros que los mismos judíos! Ciudades como Ramallah, Jericó y Gaza eran enteramente judías en aquél tiempo. Los árabes, no teniendo ningún nombre en la propia lengua para denominar ésta región, adoptaron el nombre latino “Palæstina”, que tradujeron al árabe como “Falastin”.

Los primeros inmigrantes árabes que se establecieron en la impropiamente llamada Palestina – o, según la moderna concepción de la ONU, los primeros “refugiados palestinos” – eran judíos árabes, es decir nabateos que habían adoptado el judaísmo. Antes del islam, centros prósperos como Khaybar y Yathrib (re-denominada Medina) eran ciudades judío-nabateas. Cuando había carestía en el país, la gente se dirigía a Khaybar; los judíos siempre tenían frutos, y sus campos producían y eran irrigados con abundancia de agua. Cuando las hordas musulmanas conquistaron la Península Arábiga, toda esa riqueza fue reducida a ruinas; los musulmanes perpetraron masacres contra los judíos y los reemplazaron con masas de fellahin ignorantes sometidos a la nueva religión. Los sobrevivientes debieron escapar y refugiarse en la Tierra Santa, principalmente en Jericó y Dera’a, a ambos lados del Jordán.

Los califas árabes (omeyas, abasidas y fatimidas) controlaron la Tierra Santa hasta el 1071 e.c., cuando Jerusalem fue capturada por los turcos selyúcidas, y después de ése momento, nunca mas cayó bajo dominación árabe. Durante todo ése periodo, los árabes no establecieron ninguna estructura social permanente, sino se limitaron a gobernar sobre los habitantes nativos no-árabes, cristianos y judíos. Todo observador honesto notará que los árabes dominaron la Tierra Santa tres siglos menos que cuanto dominaron España!

En el 1099 e.c., los cruzados europeos conquistaron la impropiamente llamada Palestina y establecieron un reino que fue políticamente independiente, pero nunca desarrollaron una identidad nacional; era sólo una guarnición militar de la Europa “cristiana”. Los cruzados eran perversos y trataron por todos los medios de eliminar toda expresión de la cultura judía, pero todos sus esfuerzos terminaron sin éxito. En el 1187 e.c., los judíos participaron activamente con Salah-ud-Din Al’Ayyub (Saladino) contra los cruzados en la conquista de Jerusalem. Saladino, que fue el mas grande conquistador musulmán, no era un árabe sino un curdo. Los cruzados tomaron Jerusalem nuevamente desde 1229 hasta 1244 e.c., cuando la Ciudad fue capturada por los jwarezmios. Siguió un periodo de caos y de invasiones mongolas hasta el 1291 e.c., cuando los mamelucos completaron la conquista de casi todo el Medio Oriente y pusieron su capital en El Cairo, Egipto. los mamelucos eran originalmente mercenarios del  Asia Central y del Cáucaso empleados por los califas árabes; una mezcolanza de pueblos cuyo contingente principal era compuesto por cumanos, una tribu turca conocida también como kipchak, relacionada con los selyúcidas, kimaks y otros grupos. Se caracterizaban por su comportamiento ambiguo, porque los mercenarios cumanos frecuentemente servían ejércitos enemigos contemporáneamente. Los soldados mamelucos aprovecharon del momento propicio para tomar el poder para sí mismos, y aún cuando fueron despojados de su dominio, siguieron siendo empleados como guerreros por los sultanes otomanos y últimamente por Napoleón Bonaparte.

En el 1517 e.c., Jerusalem y toda la Tierra Santa fueron conquistados por los turcos otomanos y permanecieron bajo éste dominio por cuatro siglos, hasta el 1917 e.c., cuando los británicos capturaron Jerusalem y establecieron el “Mandato de Palestina”. Fue el fin del Imperio Otomano, que hasta entonces poseía todos los que ahora son países árabes. De hecho, desde la caída del califato abasida en el 945 e.c., no existió ninguna entidad política árabe en el Medio Oriente por un milenio!

A inicios del siglo XX e.c., la población de Judea y Samaria –impropiamente llamada “Cisjordania”– contaba con menos de 100.000 habitantes, de los cuales la mayoría eran judíos. Gaza no tenía mas de 80.000 habitantes “nativos” en el 1951, a la conclusión de la Guerra de Independencia de Israel contra todo el mundo árabe. Gaza fue ocupada por los árabes: ¿Cómo es posible que en sólo 50 años haya crecido de 80.000 a mas de un millón de personas? ¿Son todos esos árabes de Gaza tan hábiles para procrearse en manera sobrenatural? La inmigración masiva es la ÚNICA explicación plausible para tal crecimiento demográfico. La ocupación árabe entre el 1948 y el 1967 constituyó una gran oportunidad para  los líderes árabes para promover la inmigración masiva de “palestinos” (una mezcolanza de inmigrantes árabes) en Judea, Samaria y Gaza de todo país árabe, principalmente de Egipto, Siria, Líbano, Irak y Jordania. De hecho, desde 1950 hasta la Guerra de los Seis Días, bajo dominio Jordano, fueron fundados más de 250 asentamientos árabes en Judea y Samaria. La reciente construcción de las casas árabes resulta demasiado evidente en base a los materiales usados para construirlas: cemento armado y bloques. El gobierno israelí admite de haber permitido a mas de 240.000 trabajadores entrar en Judea y Samaria a través de la frontera con Jordania desde la Conferencia de Oslo ‒ sólo para permitirles de establecerse en esos territorios como colonos árabes. El número real es probablemente mayor. Si cientos de miles de trabajadores inmigrantes del Medio Oriente están llegando a Judea, Samaria y Gaza, ¿por qué se requiere a Israel de darles trabajo? En realidad es el contrario, está ayudando económicamente ésta gente que se rehúsa de aceptar la ciudadanía israelí o jordana; Israel está sólo atrayendo mas inmigrantes. Arabia Saudita en un solo año expulsó mas de 1.000.000 de inmigrantes sin ciudadanía. Basta que alguno piense que todos ellos son “palestinos”, considerando la definición de “palestino” según las Naciones Unidas: todos los árabes que han pasado DOS AÑOS en “Palestina” antes del 1948, y sus descendientes ‒con o sin alguna prueba o documento‒. Ésta definición fue específicamente designada para incluir colonos inmigrantes árabes (¡no colonos judíos!).

La perfidia británica

La restauración de la Tierra desolada y desierta inició en la última mitad del s. XIX con la llegada de los primeros pioneros judíos. Su trabajo creó nuevas y mejores condiciones y oportunidades, que a su vez atrajeron inmigrantes de muchas partes del Medio Oriente, principalmente árabes pero también circasianos, curdos y otros. La Declaración de Balfour del 1917, confirmada por la Liga de Naciones, encargó al gobierno británico (que tomó el control de la Tierra Santa después de haber derrotado a los turcos otomanos) al principio que “el gobierno de Su Majestad vé con favor el establecimiento en Palestina de la Patria Nacional Judía, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de tal objetivo”. Fue especificado sea que ésta área sería abierta para “asentamiento judío” sea que los derechos de los habitantes ya residentes en el país serían preservados y protegidos. El “Mandato de Palestina” ‒como fue denominada la tierra ocupada por los británicos‒ originalmente incluía todo lo que es hoy Jordania, así como todo Israel, y los impropiamente llamados “territorios” entre ambos (?) ‒en realidad, el río Jordán y el Mar Muerto son el único “territorio” entre Israel y el Reino Hachemita‒.

Sin embargo, los intereses políticos y económicos de la Gran Bretaña en Arabia se transformaron rápidamente en una vergonzosa política anti-judía. El gobierno británico progresivamente limitó la inmigración judía. En 1939 la admisión de judíos para entrar en la Tierra Santa fue terminada. En el momento que los judíos de Europa tenían la mayor necesidad de refugio, los británicos les negaron de llegar a la Tierra que era la única esperanza de liberación de las atrocidades de la Shoah. ¡Sí, el gobierno británico no es menos culpable que la Alemania nazi por la Shoah! Contemporáneamente, los británicos permitieron e incluso fomentaron la inmigración masiva e ilegal en las tierras al oeste del río Jordán desde los países árabes. Sucesivamente, todas las tierras del Mandato de Palestina al este del río Jordán fueron entregadas a los árabes y se creó el estado títere de “Trans-Jordania”, nombre que luego fue cambiado por “Jordania” después que los árabes ocuparon el lado occidental en 1948. No existía ningún nombre árabe tradicional o histórico para ésta tierra, entonces fue llamda en base al río que marcaba la frontera occidental (que luego fue incluido, hasta junio del 1967). Con éste acto político, que violó las condiciones de la Declaración de Balfour y el Mandato, los británicos robaron mas del 75 % de la Patria Nacional Judía. A ningún judío fue jamás permitido residir en la parte oriental del río Jordán. Quedaba entonces menos del 25 % del Mandato de Palestina, y aún de éste remanente, los británicos violaron los requisitos establecidos por Balfour y el Mandato para la creación de la “Patria Nacional Judía” y del “asentamiento judío”. Progresivamente restringieron el área donde los judíos podían comprar tierras, vivir, edificar, cultivar o trabajar. Después de la Guerra de los Seis Días en 1967, Israel pudo finalmente establecerse en las tierras que habían sido prohibidas a los judíos por los británicos. Los gobiernos británicos sucesivos regularmente condenaron los asentamientos judíos como “ilegales”. De hecho, fueron los británicos que actuaron ilegalmente prohibiendo el acceso a los judíos a la Patria Nacional Judía! Para concluir vergonzosamente, cuando se llevó a cabo la votación en la ONU para la creación del Estado de Israel el 29 de noviembre de 1947, el Reino Unido SE ABSTUVO. Israel fue reconocido por la URSS, los países comunistas, los EE.UU. y Filipinas. Cuando los británicos debieron irse de la Tierra Santa, dejaron sus armas en manos de los árabes ‒ mientras que prohibieron a los judíos de poseer armas, las cuales debían tener clandestinamente para defenderse del inminente ataque de los árabes, en los cuales los británicos resultarían “desligados” y libres de toda responsabilidad…

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http://www.imninalu.net/myths-pals1.htm

EL MITO DE PALESTINA por FRANCIS NADIZI, islamólogo y árabe.


sábado, 9 de enero de 2010

EL MITO DE PALESTINA por FRANCIS NADIZI, islamólogo y árabe

Por Francis Nadizi, islamólogo

La autoría de este análisis es de Joseph Farah
La situación en Medio Oriente parece fácilmente comprensible para todo el mundo: los palestinos quieren una patria y los musulmanes quieren controlar los lugares que consideran sagrados. ¿A que es fácil?
Pues bien, en mi condición de periodista árabe y estadounidense que ha acabado conociendo a fondo la situación en Medio Oriente a punta de comentar lanzamientos de piedras y disparos de mortero, hoy en día puedo afirmar que el origen de tanta violencia y revueltas nada tiene que ver con la reivindicación de una patria por parte de los palestinos, ni tampoco con la decisión de los musulmanes de controlar un puñado de lugares que consideran sagrados.
¿Indignados por mis comentarios?
En ese caso, ¿cómo explican ustedes que, antes de la Guerra de los Seis Días, en 1967, no se manifestara en serio ningún movimiento a favor de la independencia de los palestinos?
¿Antes de 1967?, pensarán algunos. “Pero si los israelíes no habían ocupado aún Cisjordania y la ciudad vieja de Jerusalén…”. Y con razón. Pero durante aquella guerra, la razón de que Israël conquistara Judea , Samaria y Jerusalén Este no tuvo que ver con los palestinos o con Yasser Arafat. La verdad es que esos territorios habían sido ocupados por el rey Hussein de Jordania en 1948. En el tiempo transcurrido desde entonces, ¿quién le ha pedido al soberano hachemita que devuelva a los palestinos esos territorios? ¿Acaso las Naciones Unidas han aprobado una sola resolución sobre este tema?
La respuesta es, llana y simplemente: NO.
De paso: ¿por qué nadie se pregunta por qué tantos palestinos descubrieron entonces su identidad de la noche a la mañana, justo después de que Israel hubiese ganado aquella guerra?
¡La única verdad es que Palestina es un mito !
El nombre “Palestina” fue utilizado por primera vez en el año 135 de la actual era por el emperador romano Adriano, a quien no le bastó con borrar al pueblo judío de la faz de Judea (¡su patria desde hacía nada menos que un millar de años!), ni tampoco con destruir su Templo en Jerusalén, y que, después de prohibir a los judíos hollar de nuevo su tierra natal, quiso borrar todo rastro de la civilización judía bautizando su antiguo hogar con un nombre acuñado por los filisteos.
Los filisteos eran ese pueblo al que perteneció Goliat, que siglos antes vencieron los hebreos. Con aquel gesto, los romanos buscaban agraviar aún más a sus enemigos. También quisieron ponerle otro nombre a Jerusalén -“Alea Capitolina”- pero el invento no tuvo éxito. Lo cierto es que Palestina, considerada como entidad autónoma, nunca ha tenido existencia histórica. ¡Nunca!
La región ha caído sucesivamente bajo el dominio de romanos, cruzados cristianos, musulmanes (quienes, por cierto, nunca hicieron de Jerusalén su capital), otomanos y, durante un breve periodo, británicos, poco después de la Primera Guerra Mundial. Después de la Declaración Balfour , en 1917, los británicos se mostraron favorables a una cesión al menos parcial de la región al pueblo judío, para que en ella pudiera establecer un Estado soberano.
No existe nada parecido a una lengua palestina. Ni siquiera existe una cultura específicamente palestina. Nunca ha existido una Palestina gobernada por palestinos. En realidad, los palestinos son árabes, y son inseparables de los jordanos (Jordania también fue creada recientemente, en 1922, por los británicos).
Ya va siendo hora de que comprendamos que el mundo árabe controla el 99,9 % del territorio de Medio Oriente, y de que Israel apenas representa el 0,1 % de su superficie total. Pero por lo visto, con esto los árabes no tienen suficiente. Lo quieren TODO. Y precisamente esto es el fondo de su rechazo a Israel.
La avidez. La arrogancia. Y la envidia. La codicia. Por eso da igual que Israel haga concesiones: el mundo árabe nunca se dará por satisfecho.
Pero, ¿y los santuarios del Islam? Pues resulta, sencillamente, que no hay ni uno solo en Jerusalén. ¿Que es escandaloso lo que digo? Ya lo creo. Y es que ningún medio de comunicación internacional se ha atrevido jamás a proferir esta verdad, porque es políticamente incorrecta. Y sí, me sé de memoria el argumento: ” la mezquita Al-Aqsa y el Templo de la Roca en Jerusalén, después de La Meca y Medina , son el tercer lugar sagrado de peregrinación para el Islam”.
Y bien, ya va siendo hora de decirlo: ¡Es falso! En realidad, Jerusalén no aparece mencionada en el Corán, mientras que La Meca es citada más de un centenar de veces. Pero lo que es Jerusalén, ni una sola (por contraste, su nombre aparece mencionado hasta ¡699 veces! en la Torá. De hecho, no hay ninguna prueba histórica de que el profeta Mahoma haya estado en Jerusalén.
Siendo esto así, ¿cómo es posible que Jerusalén se haya convertido en el tercer lugar de peregrinación para los musulmanes? Actualmente, éstos suelen remitir a un pasaje impreciso del Corán, la sura 17, que lleva por título “El viaje nocturno” (1). Donde se evoca la vez que en sueños Mahoma fue llevado ” del templo sacro al templo más lejano que hemos consagrado a nuestro culto.
En el siglo VII, los musulmanes identificaron los dos templos mencionados en esta sura como La Meca y Jerusalén. Esta tenue base es el único vínculo entre el Islam y Jerusalén que actualmente pueden aducir los musulmanes. En otras palabras, un vínculo basado en sueños, imaginación, interpretaciones y mitos. Por el contrario, el pueblo judío puede demostrar que su arraigo en Jerusalén se remonta a los tiempos del patriarca Abraham.
La más reciente oleada de violencia que ha padecido Israel se originó, supuestamente, en una visita del líder del Likud, Ariel Sharon, al Monte del Templo, donde se hallan los cimientos del Templo construido por Salomón. Por tanto, el lugar más sagrado del judaísmo. Sharon y su séquito fueron recibidos a pedradas e insultos. Sé de lo que hablo, porque estuve ahí. ¿Quién no es capaz de imaginar lo que sienten los judíos cuando son amenazados y maltratados, y cuando se les impide el acceso al lugar de culto más importante del judaísmo?
Llegados a este punto, alguien podría preguntar: ¿cómo llevar la paz a Medio Oriente? Francamente, pienso que nadie es capaz de aportar una solución duradera a esta situación. Pero si de algo estoy convencido, es que el primer paso debería consistir en decir la verdad. Seguir prodigando mentiras sólo puede agravar el caos actual. Seguir alegando reivindicaciones espurias para despreciar el legítimo derecho que 5.000 años de historia otorgan a los judíos -un derecho cimentado, además, en pruebas históricas y arqueológicas irrefutables- sólo conduce a agravar la pésima reputación de esta diplomacia de mentirosos.
*Nota*
(1) Los musulmanes basan en el Corán sus pretensiones sobre Jerusalén, pero
resulta que Jerusalén no aparece mencionada en el Corán ni una sola vez. La sura 17 contiene una vaga alusión a “la mezquita más lejana”: “Infinito en Su gloria es Aquel que transportó a Su siervo en la noche de la Casa Inviolable de Adoración a la Casa Lejana de Adoración”. ¿Acaso hay alguna prueba sólida de que se trata de Jerusalén? La respuesta es: ¡No!*
En tiempos de Mahoma, muerto en 632 de la era cristiana, Jerusalén era una ciudad cristiana del reino bizantino. No fue conquistada por el califa Omar hasta seis años después. Durante ese periodo, la ciudad sólo albergaba iglesias, y en el Monte del Templo se levantaba la iglesia bizantina de Santa María. Hacia el año 711, es decir 80 años después de la muerte de Mahoma, la iglesia fue transformada en mezquita y bautizada Al-Aqsa para así sustanciar la incomprensible sura 17 del Corán. Cuando redactó el Corán, por tanto, Mahoma no podía referirse a esta mezquita, fundada tres generaciones después de su muerte. Por lo demás, Mahoma no manifestó nunca especial simpatía por Jerusalén. En una oportunidad, autorizó a sus seguidores a
rezar en dirección a Jerusalén durante unos meses, con la idea de convencer a los judíos de convertirse al Islam. Al ver que fracasaba su iniciativa, el 12 de febrero de 624 impuso la prohibición de rezar en dirección a Jerusalén.
Jerusalén nunca fue para los musulmanes un lugar sagrado.

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Publicado por L. Y. Conde

http://judiosenelnortedesefarad.blogspot.com/2010/01/el-mito-de-palestina-por-francis-nadizi.html

Palestinianismo Cristiano gana terreno entre evangélicos


Palestinianismo Cristiano gana terreno entre evangélicos

por Pablo Santomauro

Como alguien que sigue de cerca el avance de posiciones antijudías y anti-Israel en diferentes organizaciones  religiosas o seculares, siempre que pudimos hemos denunciado el antisemitismo execrable que éstas transpiran con total inmunidad y con la complicidad del mundo en general. Entre los nombres que vienen a la mente tenemos la Cruz Roja Internacional , Amnistía Internacional, la FIFA (sí, la del fútbol), el National Council of Churches (NCC), la WEA (Alianza Evangélica Mundial) y otras organizaciones misioneras de denominaciones cristianas liberales.

Entre los individuos más conocidos del Palestinianismo Cristianotenemos a Hank Hanegraaff (CRI), Richard Mouw (Fuller Seminary), David Neff (Christianity Today), Tony Campolo (EAPE), Richard Stearn (World Vision), Ronald Sider (Evangelicals for Social Action), Gary M. Burge (Wheaton College & Graduate School), Brother Andrew (fundador de Open Doors International), el anglicano Stephen Sizer y Colin Chapman. Los cuatro últimos se destacan por su odio hacia Israel y los judíos, junto con su salamera aproximación hacia al Islam y los árabes, y han sido frecuentes invitados en el programa radial de Hanegraaff.

El antisemitismo creciente en filas evangélicas se esconde detrás de una doctrina llamada Teología del Reemplazo, la cual básicamente propone que las promesas de Dios a Israel fueron condicionales y que la Iglesia ha reemplazado a Israel como recipiente de esa promesas. Esta doctrina no comenzó en el protestantismo, sino que  ha ulcerado en el catolicismo por siglos. La doctrina sirvió de combustible para la matanza de seis millones de judíos por mano de Hitler. Luego del Holocausto el Vaticano enterró oficialmente la doctrina, pero ésta sigue siendo popular entre los católicos y los anglicanos. En las últimas décadas fue abrazada por los protestantes liberales  y en el presente goza de buena acogida entre algunos sectores que se autodenominan evangélicos.

La Teología del Reemplazo se erige en directa oposición al Dispensacionalismo y al derecho divino del pueblo judío a poseer la tierra prometida, y es la base teológica para la corriente delPalestinianismo Cristiano. Entre los evangélicos el palestinianismo se ha puesto otra máscara llamada Dispensacionalismo Progresivo.Este está siendo enseñado en seminarios evangélicos conservadores y se caracteriza por rechazar la interpretación literal o normal de la Biblia y en consecuencia invalida los postulados del Dispensacionalismo tradicional. Por más información sobre esta nueva corriente, ver nota no. 3 al pie de página.

Lamentablemente, hombres populares dentro del evangelicalismo han sido subyugados por el Palestinianismo Cristiano. El entonces presidente del Dallas Theological Seminary, Chuck Swindoll, declaró a la revista Christianity Today en 1993: “Yo pienso que Dispensacionalismo es una palabra que asusta. No estoy seguro de si vamos a hacer el Dispensacionalismo parte de nuestra cartelera cuando hablemos de nuestra escuela”.Cuando se le preguntó si el término Dispensacionalismo desaparecería, Swindoll respondió: “Es probable y quizá debería” (Christianity Today, Octubre 25, 1993). Dieciséis años más tarde la situación en el campo evangélico ha empeorado drásticamente.

El Palestinianismo Cristiano también ha servido como trampolín para que los cristianos árabes reinterpretaran la Escritura a los efectos de declarar ilegítimo el derecho de Israel a la tierra.

¿Sabía usted que el obispo anglicano de Jerusalén, el palestino Ria Abu El-Assal, es un hombre intemperante cuya furia está siempre dirigida a Israel a quien culpa de los ataques terroristas contra la población judía? Este hombre declaró en Diciembre 2008 que los palestinos son el verdadero Israel y que luego de las promesas dadas a Abraham, éste no es nombrado en la Biblia como un judío ya más. ¿Alguien dijo “ignorancia bíblica”? ¿O “mentira descarada”?

Así mismo el Patriarcado Latino de Jerusalén (católico) tiene una larga tradición de antisemitismo vociferante, siendo su más destacado exponente el patriarca retirado Michael Sabbath. Su substituto, Fouad Twal, quien parece haberse puesto una piel de cordero en su primer año, no pudo contenerse y mostrar el verdadero sentimiento católico durante su discurso de bienvenida al Papa el mes pasado (Mayo 2009). Luego de eludir el adjudicar responsabilidades sobre los palestinos, expresó: “Por encima de donde estamos ahora, nuestro Señor clamó: !Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !Cuántas veces quise juntar a tus hijos – todos tus hijos, judíos, cristianos y musulmanes — y no quisiste!” [1]. Esto se llama ecumenismo barato.

Tenemos también al Padre Naim Ateek, un cristiano palestino propulsor de la Teología de Liberación en el contexto palestino. Ha reinterpretado el Antiguo Testamento de modo que corta el vínculo entre los judíos de hoy y los de pasado bíblico. A pesar de que últimamente ha declarado reconocer el derecho de Israel a la tierra, toda su retórica expresa lo contrario.

Hay un tema sobre el cual existe mucha confusión entre los evangélicos. Se trata de los cristianos palestinos, y por extensión los cristianos en todo el Medio Oriente. Lo que se conoce como “cristianos árabes” o “cristianos palestinos”, en su abrumadora mayoría son lo que aquí conocemos como sacramentalistas, cristianos nominales o culturales. No son cristianos que han nacido de nuevo (aunque en realidad no hay otra forma de ser cristiano).

El que un individuo haya nacido en Nazareth de padres  griegos ortodoxos no significa que tenga una relación con Jesucristo, ni que tampoco sea descendiente de los primeros habitantes de la región, una mentira proclamada por la máquina propagandística palestina.

La gran mayoría de cristianos árabes o palestinos, por la razón de que su carácter es nominal o cultural nada más, llámense Maronitas, Persas, Caldeos, Sirios, Cópticos, Griegos, Palestinos etc., odian a Israel con tanta pasión como los musulmanes. Es por ello que son serios militantes contra Israel y salen a manifestar para condenar toda acción militar que el estado de Israel toma para defender a sus ciudadanos.[2]

Esto quizá sea una revelación nueva para usted que cuando lee las noticias que reportan algún tipo de persecución a los cristianos en Palestina o Irak, se compadece de ellos, y así debe ser. Pero recuerde que, en mi opinión, están bajo la condenación de Dios por su recalcitrante antisemitismo, y los musulmanes radicales son un instrumento que Dios usa para traer juicio sobre ellos. <>

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Notas:

[1] http://www.lpj.org/index.php?option=com_content&view=article&id=114%3Adiscours-patriarche-fouad-vallee-de-josaphat&catid=36%3Adiscours&Itemid=67&lang=en

[2] Palestinian Christians protest in Bethlehem against the attacks on Gaza

http://www.imemc.org/article/58314

[3] ¿Qué es el Dispensacionalismo Progresivo? Es una doctrina que sostiene que no habrá un reino futuro terrenal. Promueve la idea de que el Israel moderno es obra de los hombres, no de Dios. Rechaza, además, el concepto del pacto de Dios con un Israel en incredulidad como en el día de hoy. A pesar de la clara visión profética de los huesos secos y un sin número de otros pasajes bíblicos, el Dispensacionalismo Progresivo exige que Israel sea una nación de creyentes antes de aceptarla como una nación reagrupada por la mano de Dios. Sumado a lo anterior, los adeptos a la teoría adhieren a la distorsionada idea de que Israel oprime a los palestinos. Han tragado el anzuelo, la carnada y la boya de antisemitismo que los medios de comunicación divulgan en contra de Israel. Según el Dispensacionalismo Progresivo, Jesús ya está en el trono de David. La distinción entre la Iglesia e Israel es intencionalmente disipada por sus proponentes. La doctrina avanza aceleradamente en dirección hacia el amilenismo, el cual niega el rapto pretribulacionista, el milenio, la importancia del Israel moderno y prácticamente toda enseñanza profética en la Biblia.

Lectura recomendada (en inglés)

A Review of Hank Hanegraaff’s The Apocalypse Code, Thomas Ice

http://www.pre-trib.org/article-view.php?id=316

Christians Who Hate the Jews

http://www.cdn-friends-icej.ca/antiholo/hate_jews.html

Christian Palestinianism, Thomas Ice

http://www.worldviewtimes.com/article.php/articleid-5046/Brannon-Howse/Dr-Thomas-Ice

El anterior artículo ha sido traducido al español por “Tuhermano” en:

http://edificandolafe.obolog.com/cristianos-palestinos-desconocen-israel-moderno-290838