Cinco modalidades de rapto de mujeres: de la India al Sáhara, de Arabia a EEUU


Cinco modalidades de rapto de mujeres: de la India al Sáhara, de Arabia a EEUU

ojos de mujer

Cada año decenas de miles de mujeres son raptadas por toda clase de individuos. Cientos de millones de mujeres son retenidas “legalmente” dentro de unas “fronteras” establecidas por unos gobiernos que recurren a su derecho de soberanía, a la tradición y la religión para robar su libertad. Una escandalosa y normalizada agresión a la dignidad de la mujer que ha neutralizado de tal modo nuestra capacidad de rebeldía, que sólo es noticia cuando cobra un formato inaudito. Veamos:

Primer caso. En la India, donde el capitalismo más esclavista cohabita felizmente con cientos de sectas religiosas y miles de supersticiones (bajo la máscara de “exóticas”), justo cuando un sector de la sociedad exigió la ejecución de todos los violadores -como remedio al crimen de la agresión sexual-  un pueblo del Estado de Guyarat ofreció una nueva modalidad de castigo a las mujeres que son raptadas y además violadas: llevar sobre su cabeza un saco varios kilos de piedra hasta que acierten una adivinanza. La última víctima, una joven casada y con dos hijos, afirmaba haber sido capturada por cinco hombres y haber sido su esclava sexual durante ocho largos meses.

Obviamente, la noticia no es esta. Ni lo es el cómo consiguió huir de sus secuestradores. Ni que en vez de recibir apoyo por las autoridades y la familia fuese rechazada por todo el mundo y que tuviera que regresar a la casa de su padre, donde tampoco encontró paz. La noticia es que para demostrar que decía la verdad, no se había fugado con un amante y que el bebé que llevaba en su entrañas era realmente fruto de la violación, tuvo que someterse a un ritual que es una mezcla de un juego de niños y las torturas propias de Guantánamo: adivinar si el número de los granos de trigo escondidos en el puño cerrado de un sacerdote varón es par o impar. No acertó, por lo tanto mentía. Fue entonces cuando tuvo que llevar un saco de 10 kilos de piedra sobre la cabeza durante días para volver a hacer el mismo rito hasta que acertase. Sólo así lograría la purificación. Ella tuvo suerte y se equivocó “sólo” cuatro veces, teniendo que soportar el peso de 40 kilos de piedras, destrozando sus cervicales. ¿No decía el hinduismo que la purificación se logra mediante la sabiduría?

En la India, la violencia sexual es una epidemia social. Incluso las mujeres que pertenecen a la casta de “intocables” se vuelven “tocables” por los hombres “honorables” de toda la jerarquía social. Además, las películas de Bollywood son el escaparate de una cultura sexualizada, donde los atractivos actores son acosadores empedernidos que con sus artimañas exhiben su capacidad de conseguir la chica en la que se han fijado.

Segundo caso: Koria Badbad Hafed, saharaui de 23 años. Fue retenida contra su voluntad por su familia biológica en diciembre del 2010 durante una visita a “casa” antes de continuar con sus estudios.

Vivía en España desde que tenía 7 años. Fue acogida por el programa “Vacaciones en Paz”, que pretende paliar el dolor y las carencias que sufren los niños encerrados en los campos de refugiados. Desde hace cinco años, quienes se supone que deben quererla y protegerla, no sólo han roto la relación de Hafred con su familia de España y su vida allí durante 15 años, sino que le niegan el derecho a ser feliz y decidir su futuro. Según las tradiciones de su pueblo, (cuya definición es “aquellos vicios y  costumbres que se mantienen por la élite gobernante a lo largo del tiempo porque les aporta importantes beneficios”) sus secuestradores simplemente cumplen con su deber: buscarle un hombre-marido antes de que Koria se convierta en una “cualquiera” al estudiar en una universidad, ir al teatro o pasear por una playa, dando mal ejemplo a otras muchachas del grupo que no saben cómo escaparse del mortal control de los hombres sobre su cuerpo. Hasta este momento, ninguna autoridad local o internacional ha lanzado una orden de “busca y captura” de sus secuestradores.

Ahora bien. ¿En qué se diferenciaría una “Sahara ya Liberada”, de un régimen como Marruecos y de Arabia Saudí? Por favor, ¡que no intenten ocultar detrás de las indumentarias de colores o del pelo suelto de sus mujeres saharáuis, la misma mentalidad, las mismas leyes y normas sociales de misoginia que consideran a la mujer una incapacitada -aunque tenga varios títulos universitarios- y necesitada de un carabinero varón llamado “tutor”, y muy a menudo indocto, para preservar la maldita “honra” de los hombres!

Tercer caso: El secuestro de la totalidad de mujeres de Arabia (y suprimo “Saudí” porque el país es del pueblo, no de la familia de Al Saud) por las autoridades ha creado un insólito fenómeno en esta nación: “mujeres travestis”. Se trata de feministas kamikazes que burlan el sistema de Apartheid de género del Estado, se visten de hombre, e incluso se ponen bigotes adhesivos para conducir o realizar un sinfín de actividades prohibidas, algunas castigadas incluso por la “ley antiterrorista”.

Ellas desafían la opresión integral que sufre la mujer a pesar de cometer un grave “pecado”: el Islam, -al igual que el cristianismo y el judaísmo-, prohíbe el “travestismo”, para que los hombres y las mujeres no confundan sus roles: él con “pantalones” administrando el poder (de ahí el dicho de “¿Quién lleva pantalones en tu casa?”) y ella con falda, atendiendo a sus hijos.

El mal de misoginia fue noticia el 19 de julio en éste país, cuando dos muchachas que viajaban en una motocicleta en la ciudad Yeda, fueron asaltadas y violadas. La Fiscalía, tras detener a los agresores, también pidió pena para las jóvenes y sus “tutores”: ellas por viajar sin un acompañante masculino, y ellos por negligencia y haberlas dejado ir solas.

Cuarto caso: Sandra Bland, una afroamericana de 28 años fue retenida el pasado 10 de junio por la policía vial por una infracción menor de tráfico en Hempstead y fue amenazada con una pistola de descarga eléctrica para minutos después, ser arrestada por una falsa agresión. Días después apareció ahorcada en su celda. Las autoridades, que suelen encubrir a las fuerzas de orden (pues forma parte del brazo armado del régimen), defendieron la versión policial, que apuntaba al suicidio como causa de la muerte. Días después y bajo la presión social, el fiscal tuvo que admitir posible homicidio, desmintiendo el informe del forense que al igual que la policía había mentido. ¿Tuvo que ver su rapto y su posible asesinato con que ella era activista de derechos civiles y había colgado varios vídeos sobre agresiones policiales y su impunidad en las redes sociales?  Si un tal Donald Trump, multimillonario candidato a presidir EEUU -que según Samuel Huntington representa el mundo “civilizado”- llama a las mujeres (blancas) “cerdas, perras, gordas y animales repugnantes”, se pude imaginar cómo se les trata a las que son pobres, negras y activistas.

Quinto caso: Amnistía Internacional respalda a los hombres que utilizan a “chicas desechables” pidiendo la legalización del negocio mundial de prostituir a mujeres y niñas. Las guerras y la brutal pobreza han llenado el mercado de cientos de millones de niñas huérfanas y viudas sin sustento, y de mujeres que han perdido su trabajo, dejándolas a merced de empresarios del negocio redondo de “usar y tirar” mujeres. Y ahora el mercado necesita regularizarse.

Amnistía, conocedora de las infinitas razones que hay para no legalizar la prostitución, ¿daría un permiso de “trabajo” a las niñas prostituidas por Boko Haram de Nigeria, por ejemplo, a las que “el mundo” iba a rescatar? Fue noticia en mayo del 2014. Sin embargo los salvadores carecían de intenciones decentes: hubo muchos intereses petrolíferos y geopolíticos en juego. Una vez que EEUU envió militares al país, que es el séptimo productor mundial de crudo, no se habló más de la terrible pesadilla que están viviendo aquellas menores a las que algunas ONG llamarían “trabajadoras sexuales”. Al negocio de compra-venta de niñas y mujeres secuestradas y torturadas sólo le faltaba el sello de legitimidad de una ONG: estos mercaderes de la caridad, cuya misión es dar la falsa idea de que el sistema es capaz de reparar sus propios crímenes.

La crisis económica y la ola conservadora que recorre el mundo han destruido buena parte de las conquistas sociales, aumentando la discriminación de la mujer, y haciendo  necesaria la unión internacional de todas las personas progresistas para poner fin al carcomido sistema patriarcal.

Tenía razón Sherezade, la contadora de cuentos de Las Mil y Una Noches: “una mujer nunca debe perder o entregar sus alas”. Es imprescindible elaborar estrategias de poder y parar el proceso del asalto del neoliberalismo a las conquistas de la mujer.

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https://laicismo.org/2015/cinco-modalidades-de-rapto-de-mujeres-de-la-india-al-sahara-de-arabia-a-eeuu/131795

Stalin: la mujer como instrumento


Las mujeres de los dictadores

Stalin: la mujer como instrumento

Stalin era primario y elemental en materia de sexo, tosco y despótico en materia de afectos, su recorrido sentimental acabó lleno de sangre, como todo en su vida.

JOSÉ JAVIER ESPARZA

26 de agosto de 2015

Lenin era un materialista; quizá sentimental, pero sin el menor asomo de romanticismo ni de pasión. Mussolini era un amante volcánico; nada romántico, pero puramente pasional. Stalin no se parece ni al uno ni al otro: primario y elemental en materia de sexo, tosco y despótico en materia de afectos, su recorrido sentimental acabó lleno de sangre, como todo en su vida.

Poru origen, bastante mísero, Stalin se parece más a Mussolini que a Lenin: nace en la Georgia rusa, pobre y atrasada, hijo de un zapatero alcohólico que le cubre de golpes mientras la madre, quieta, mira sin actuar. Pero Stalin no afronta esa desdicha con el valor personal de Mussolini, sino que el alma se le va llenando de una suerte de resentimiento universal. Tan sumiso como necesitado, Stalin ingresa en el seminario teológico de Tiflis para hacer carrera religiosa; pero, siempre resentido, allí repudia a Dios padre igual que antes había repudiado al zapatero borrachín. Toda esa lamentable sordidez se prolonga con su matrimonio: se casa en 1903 con una joven georgiana, Ekaterina Svanidze, una muchacha convencida de que ha nacido para servir y que de hecho le sirve como una esclava. Esta primera esposa muere en 1907, apenas cuatro años después, dejándole un hijo: Jacobo. Stalin, según parece, les tenía afecto, pero la muerte de Ekaterina no le turbó: ya entonces estaba entregado en cuerpo y alma a la revolución, o mejor dicho, al poder. Y ninguna de las mujeres que desde entonces van a cruzarse en el camino de Stalin dejarán de ser simples instrumentos de su ambición.
Un peón en la corte de Lenin 
Ese fue el destino de Nadia Aleluyeva, la segunda esposa de Stalin. Una mujer muy interesante. Nadia era una de las secretarias personales de Lenin, hija del obrero revolucionario Serguei Aleluyev, que había prestado cobijo a Lenin y a la Krupskaya durante las revueltas de julio de 1917. Se trataba, pues, de una mujer de confianza. Pero es que, el día después de que los Lenin abandonara la casa de los Aleluyev, quien acudió a refugiarse allí fue Stalin. Que no sólo se refugió, sino que además sedujo a la entonces jovencísima Nadia. Nadia era muy bonita; había tenido amores con otros revolucionarios, como Kovarski –un nombre que hay que retener-, pero Stalin le gustó más. La chica tenía apenas dieciséis años. Stalin, treinta y nueve. Ella veía en él a un líder de la revolución; él veía en ella, sobre todo, una voluntad sumisa.
Nadia fue, para Stalin, un instrumento perfecto que le permitía controlar a Lenin. Ocupaba un puesto clave en su secretaría, y además Lenin la apreciaba porque era capaz, eficiente y bonita. De modo que gracias a Nadia pudo conocer Stalin todas las cartas que Lenin dictaba, todos los movimientos del líder, todas sus decisiones, todas sus conversaciones telefónicas. Poco a poco, Stalin fue confinando a Lenin en los muros del Kremlin: gracias a Nadia sabía qué decisiones tomar antes de que Lenin las tomara, y el viejo líder, ya muy enfermo, no estaba en condiciones de contrarrestar ese tremendo servicio de espionaje que Stalin le había colocado en su propio despacho. Nadia, con toda seguridad, pensaba que sirviendo a su marido no sólo no traicionaba a Lenin, sino que servía a la revolución. No tardaría en darse cuenta de que, en realidad, estaba alimentando a un monstruo.
Si en todo dictador anida una voluntad de poder indomable, en Stalin ese rasgo se daba en grado superlativo. Incluso podríamos decir que era el rasgo fundamental, si no único, de su carácter. Era incapaz de cortesías amables como las de Lenin o de efusiones de sinceridad sentimental como las de Mussolini. Tampoco poseía ni la elocuencia seductora del primero ni la presencia imponente del segundo. Todo eso él lo reemplazaba con una ferocidad sobrehumana. Tanto Lenin como Mussolini miraban a largo plazo. La inteligencia de Stalin, por el contrario, jugaba siempre sobre el plazo corto, y no le interesaban tanto las estrategias de fuerza como las intrigas de poder. En este último campo Stalin fue, sin duda, un consumado maestro, y a él aplicó toda su voluntad con una insistencia que con frecuencia se convirtió en saña. Así actuó cuando su objetivo fue aislar del poder a Nadeshda Krupskaya, la viuda de Lenin. La Krupskaya había conseguido que Lenin, en su testamento, declarara que Stalin debía ser apartado del mando. Stalin lo sabía. Por eso, cuando la Krupskaya quiso publicar el testamento de su marido, Stalin se negó. Y no sólo se negó, sino que cubrió de improperios a la viuda y, acto seguido, se encargó personalmente de anular los últimos restos de su influencia política.
La desdicha de Nadia Aleluyeva 
Mientras tanto, la joven esposa, Nadia Aleluyeva, empieza a sentir una creciente aversión por un Stalin en el que, por debajo del líder comunista, descubre a un hombre salvaje y brutal. La familia Stalin consta ya de dos hijos: Vasili, nacido en 1919, y Svetlana, nacida en 1925, la hija que más tarde se rebelará contra su padre. Todos viven en un apartamento junto al Kremlin. Pero Stalin no lleva exactamente una vida familiar: los fines de semana escoge a unos pocos amigos íntimos y se marcha al campo para beber vodka hasta la saciedad. Esas escapadas rutinarias siempre traen consigo estallidos de cólera. En cierta ocasión, hacia 1926, después de una de esas escenas de furia alcohólica, Nadia coge a sus hijos y se marcha a Leningrado. Stalin la obligará a volver, pero su relación ya está, de hecho, rota.
Los biógrafos de Nadia Aleluyeva sostienen que su creciente distancia hacia Stalin no se debía sólo a las insoportables condiciones de una convivencia imposible, sino también a razones políticas. Nadia era, por decirlo así, una revolucionaria sensible. Ya en 1921 había acudido ante Lenin en persona para protestar por las continuas matanzas de civiles ejecutadas por el Ejército Rojo. También ante su propio marido, Stalin, mantendrá la misma actitud. Su creciente disconformidad con el rumbo de las cosas en la Unión Soviética le conduce a tomar una decisión de afirmación personal: en 1929 ingresa en la Academia Industrial de Novaya Basmannaya para estudiar física, química y matemáticas. Stalin tardó en aceptar la idea, pero, finalmente, Nadia se impuso. Eso sí: el dictador le puso a los servicios secretos detrás de los talones.
En esta Academia de Novaya Basmannaya va a ocurrir un acontecimiento muy interesante que da una idea de cómo era Nadia Aleluyeva. La mujer de Stalin estudiaba allí de incógnito: vivía como una estudiante cualquiera y muy poca gente sabía quién era. Lo cual, ciertamente, le daba mayor libertad de acción. Allí, en las aulas, Nadia organiza un grupo del Partido Comunista. Y traba conocimiento con un joven muy prometedor. Ese joven, aunque tosco y algo bruto, era un hombre brillante, simpático y de inequívoca fidelidad política. Poco a poco, el hombre, que ignora la verdadera identidad de Nadia, empieza a comprobar que desde Moscú se le favorece de manera sorprendente. Y aún más: que su favorecedor es el propio Stalin. El joven no tarda en descubrir quién es Nadia. Ese joven no era otro que Nikita Kruschev, que llegará a ser premier de la Unión Soviética, que emprenderá el proceso de desestalinización de Rusia y que siempre, desde aquellos años de la Academia, contará con la amistad íntima de Nadia Aleluyeva y sus hijos. También cuando el objetivo sea condenar públicamente, en el XX Congreso del PCUS, los crímenes de Stalin.
Ocaso rojo… oscuro 
Es difícil saber si entre Kruschev y Nadia Aleluyeva hubo algo más que una amistad muy estrecha. En los primeros años treinta es precisamente cuando Stalin acomete la mayor parte de sus crímenes. Cabe imaginar que Nadia se siente cada vez más alejada de él. Nadia, por entonces, aún no ha cumplido la treintena, y siempre había sido muy hermosa, mientras que Stalin sobrepasa los cincuenta y, desde mucho tiempo atrás, para él no existía otro amor que el poder. El hecho es que, hubiera lo que hubiere entre Nadia y Nikita, éste será llevado sucesivas veces a entrevistarse con Stalin por mediación de la propia Nadia. Y Stalin continúa favoreciendo la carrera política del joven Kruschev, que queda al margen de la gigantesca depuración criminal del líder. El propio Kruschev lo cuenta en sus memorias: mientras sus compañeros de Academia y de Partido van siendo ejecutados como “enemigos del pueblo”, él sobrevive. Y sobrevivirá incluso a la propia Nadia Aleluyeva.
Porque Nadia Aleluyeva murió, en efecto. Trágicamente. Y en circunstancias lo suficientemente oscuras para que sea posible cargar la culpa, directa o indirectamente, sobre el propio Stalin.
¿Qué ocurrió? Tras su paso por la Academia, Nadia había creado en torno a sí un auténtico núcleo familiar. En él no estaba Stalin, pero sí el hijo del primer matrimonio del dictador, Jacob. Éste, probablemente avergonzado de su padre, había intentado suicidarse. Stalin comentó sarcásticamente: “Vaya, no acertó”. Nadia, horrorizada, acogió a aquel hijo que no era suyo y que apenas tenía siete años menos que ella. Las fotos de Nadia demuestran cómo poco a poco va apoderándose de esta mujer una tristeza infinita. Sigue siendo una activa comunista, pero su activismo se orienta cada vez más, y cada vez más peligrosamente, a la crítica de su propio marido. En el otoño de 1932 estalla la tragedia. Nadia ha pronunciado en su Academia una conferencia donde critica muy ásperamente la colectivización forzosa impuesta por Stalin. Por menos de eso, varios miles de miembros del Partido Comunista han sido fusilados. Kruschev, consciente del peligro, hace desaparecer la transcripción de esa conferencia. Pero ya parece claro que Nadia está dispuesta a todo.
Ese mismo mes de octubre, Stalin condena a muerte a un viejo conocido de nuestra historia: Kovarski, aquel que había encontrado refugio, casi veinte años atrás, en casa de los Aleluyev, como Lenin y como el propio Stalin, y que había tenido amores con la entonces jovencísima Nadia. Ésta, enterada de la noticia, le pide a Stalin que le perdone la vida. Stalin gruñe: “¿Acaso es tu amante para que te preocupes tanto por él?”. El dictador rojo ordenó su ejecución inmediata.
Pocos días después, el 7 de noviembre, Stalin preside los desfiles del XV aniversario de la Revolución; Nadia no está en la tribuna, sino confundida entre la muchedumbre. Ambos acuden a una fiesta, la noche siguiente, para los jerarcas del Partido. Allí Nadia se suelta la lengua y prorrumpe en críticas agrias contra la política de su marido, que está arruinando Rusia. Stalin responde en tono muy violento. Nadia abandona la mesa y se dirige a su casa. Allí escribe una carta. Luego se escuchó un disparo.
La última carta de Nadia Aleluyeva desapareció para siempre. Alguien la encontró junto al cadáver, la leyó y la destruyó. Según su hija Svetlana, aquella carta no era sólo una confesión de frustración personal, sino también un testimonio de decepción política que situaba a Nadia en la orilla de los críticos del comunismo staliniano.
Si la muerte de Inessa Armand, doce años atrás, coincidió con el recrudecimiento de la represión política bajo Lenin, la muerte de Nadia va a coincidir con el recrudecimiento de la represión política bajo Stalin, cuyas víctimas pronto se contarán por millones. No es fácil saber si la muerte de Inessa trastornó a Lenin hasta el punto de provocar una matanza, pero sí sabemos que la muerte de Nadia afectó a Stalin hasta el extremo de que muy pocos días después, en una reunión del Politburó, se puso en pie y presentó la dimisión. “Tal vez me haya convertido en un obstáculo para la unidad del Partido”, dijo. Es evidente que esa confesión sólo podía haberle sido sugerida por la misteriosa carta póstuma de Nadia. Pero ya no quedaba nadie en el Politburó para aceptarle la renuncia: Lenin, Trostski y la Krupskaya estaban fuera de combate, muerto el primero, anulados los otros dos. El Politburó confirmó a Stalin. Y éste se entregó a una serie salvaje de matanzas en cadena que no excluyeron a los amigos y familiares de Nadia, a cuyo entierro el dictador ni siquiera asistió. Sólo uno, ya lo hemos dicho, sobrevivió a las purgas: Kruschev, el hombre que había amado a Nadia Aleluyeva y que, durante el resto de su vida, protegerá a sus hijos, y en particular a la rebelde Svetlana.
Hay en las ‘Memorias’ de Kruschev un párrafo que puede significarlo todo o nada. En cualquier caso, es un adecuado colofón para cerrar la terrible historia de Nadia Aleluyeva. Dice así: “Siempre –escribe Kruschev- había sentido yo gran estima por Nadeshda Aleluyeva, la madre de Svetlana. Luego Nadia se suicidó. Murió en circunstancias misteriosas. Aunque no se sabe cómo ocurrió, fue por algo que hizo Stalin, y Svetlana debía saberlo. Incluso existía el rumor de que Stalin le había disparado un tiro. Según otra versión, que me parece más verosímil, Nadia se suicidó por un insulto que ofendía su honor como mujer”.
Así, entre esa duda, desapareció Nadia Sergueievna Aleluyeva. La última mujer en la vida de Stalin. El dictador le sobrevivió más de veinte años. Murió en marzo de 1953, envuelto en una fiebre paranoica que le llevó a ejecutar a médicos acusados –falsamente- de envenenar a jerarcas del Partido y que le impulsó incluso a asesinar a su propio personal de servicio. Dicen algunos que Beria, el siniestro jefe de los aparatos represivos del régimen, envenenó al desquiciado dictador. Sea como fuere, Stalin apuró una larga agonía antes de rendir la vida en marzo de 1953. Para entonces la estrella ascendente del mundo soviético ya era Nikita Kruschev, que no tardó en ordenar la ejecución de Beria. Quizá con un recuerdo para Nadia Aleluyeva.

© La Gaceta

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http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5158

Feminicidio en América Latina


Feminicidio en América Latina

19 agosto 2015 Nazaret Castro

Un niño con una pancarta durante la manifestación de 'Ni una Menos' celebrada en abril 2015 en Buenos Aires (Argentina). (Eitan Abramovich/AFP/Getty Images)

En la mayoría de los países no existen estadísticas sobre violencia machista, así que es difícil saber la evolución de este drama social. Lo que sí han dejado claro las investigaciones de organizaciones sociales es que las cifras son abrumadoras: una mujer asesinada cada 31 horas en Argentina, 15 cada día en Brasil, 2.000 al año en México. Como también son terribles la brutalidad de muchos casos: golpeada hasta la muerte, acuchillada, degollada, troceada, torturada o violada; y el hecho de que las parejas, ex parejas y familiares de las víctimas sean los culpables en la mayoría de los casos. Las latinoamericanas han impuesto el término “feminicidio” para subrayar que se mata a las mujeres sólo por el hecho de serlo; son crímenes en que hombres las matan simplemente porque se creen superiores y con el derecho de decidir sobre sus vidas. Ofrecemos aquí una panorámica de la situación del feminicidio en algunos países de América Latina y las medidas que los Estados están tomando para erradicarla.

Argentina

Al grito de #NiUnaMenos, la consiga que se viralizó en las redes sociales, cientos de miles de personas se movilizaron el 3 de junio pasado en ciudades de todo el país -y de los vecinos, como Chile y Uruguay- para exigir el fin de la violencia machista. La convocatoria se fraguó tras la muerte de Chiara, una adolescente embarazada que apareció enterrada en el patio de la casa de su novio. Las mujeres argentinas han dicho basta. Un grupo de periodistas convocó la marcha y realizó un listado de víctimas de la violencia machista: en 48 horas documentaron 600 muertes, muchas de ellas olvidadas por el Estado, sobre todo en el caso de prostitutas y transexuales.

Su principal reclamo es que el Estado cumpla su parte: que investigue, documente, sancione, encarcele; las leyes, denuncian los colectivos feministas, existen, pero no se cumplen o no lo hacen con la prontitud y diligencia que se requiere: 300 mujeres al año mueren en Argntina por violencia machista. El documento leído en la marcha Ni Una Menos incluyó la implementación del Plan Nacional de Acción para la Prevención Asistencia y erradicación de la violencia contra las mujeres que está en la Ley 26.485 de protección integral a las mujeres víctimas de violencia.”Pedimos que se cumpla integralmente, que haya monitoreo y presupuesto para todo lo que se hace”, expresaron las manifestantes.

Ante todo, los grupos feministas que convocaron Ni Una Menos saben que, como señala la periodista y activista Claudia Acuña, “lo importante comienza el día siguiente a la marcha”, y supone reflexionar sobre los modos en que se reproduce la violencia patriarcal en todas las esferas de la vida. Como expresó la diputada porteña Gabriela Alegre, el hecho de que las leyes no hayan puesto coto a la violencia machista prueba que “no alcanza con la legislación ni con penalizar, sino que hay que afrontar un cambio cultural y apuntar a la educación”.

Una mujer en una manifestación contra la violencia machista en Sao Paulo, Brasil. (Yasuyoshi Chiba/AFP/Getty Images)

Brasil

El pasado marzo, la mandataria, Dilma Rousseff, firmó un proyecto de ley que tipifica el feminicidio y que, entre otras cosas, impedirá que los hombres declarados culpables de un asesinato machista puedan ser liberados a través del pago de una fianza. Pese a los avances legales, la situación para las mujeres en Brasil sigue siendo crítica: 15 mujeres mueren cada día sólo por ser mujeres, según expresó la propia presidenta. Rousseff subrayó además que la violencia machista atraviesa todas las clases sociales.

En 2006, se sancionó la Ley Maria da Penha, que aumentaba el rigor de las penas por agresiones machistas en el ambiente doméstico o familiar. El nombre de la ley homenajeó a Maria da Penha Maia Fernandes, convertida en emblema de la lucha contra la violencia machista después de que su marido intentara asesinarla en dos ocasiones; uno de esos intentos la dejó en silla de ruedas. Él fue condenado a ocho años de cárcel, pero terminó cumpliendo apenas dos. Fue en aquel momento que los legisladores se decidieron a sancionar una ley histórica, pues creaba un marco jurídico para la prevención y punición de la violencia machista. Ese marco jurídico ha avanzado con la tipificación del feminicidio.

Los colectivos de mujeres saben, sin embargo, que la batalla contra la violencia patriarcal debe darse en lugares variopintos y cotidianos: por ejemplo, en los últimos meses han ganado visibilidad los diversos tipos de abuso y acoso sexual al que las mujeres se ven sometidas en el transporte público. Una encuesta elaborada por la ONG Action Aid en cuatro estados del país reveló que el 44% de las mujeres afirman haber sufrido acoso sexual en el metro o el autobús.

Colombia

El 2 de junio pasado, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que tipifica el delito de feminicidio y lo castiga con entre 20 y 50 años de cárcel, sin derecho a rebajas; además, se añade el agravante de violencia de género en delitos de agresiones. La ley se llamó Rosa Elvira Cely en homenaje a la mujer que murió en 2012 tras haber sido violada y torturada. El proyecto prevé adoptar estrategias de prevención y sensibilización social. Además, los diputados instaron al Ministerio de Justicia a elaborar estadísticas unificadas sobre violencia machista.

Según las cifras del Instituto de Medicina Legal, apenas en los dos primeros meses de 2015 murieron asesinadas 126 mujeres; la mayor parte de ellas tenían entre 20 y 24 años. Colombia no cuenta con el dato de cuántas de ellas fueron asesinadas a manos de sus parejas, ex parejas o familiares; pero la cifra que aportan los estudios de la ONU a escala planetaria es del 47%. Es decir, casi la mitad de las mujeres que murieron con violencia, fueron asesinadas por quienes supuestamente debían amarlas y cuidarlas.

Los nombres de mujeres asesinadas cuelgan de clavos en durante el día internacional de la mujer en Ciudad Juárez (México). (Jesús Alcazar/AFP/Getty Images)

México

Las pocas estadísticas existentes contabilizan en torno a 2.000 feminicidios al año en el país. El Observatorio Ciudadano Nacional sobre Feminicidio de México documentó 3.892 casos de mujeres asesinadas entre 2012 y 2013; de ellos, sólo 613 fueron investigados como feminicidios, puesto que en México el feminicidio no está tipificado en la esfera nacional y, en los diferentes estados, a menudo se define con tipos penales muy difíciles de acreditar. Por ejemplo, en el estado de México (no confundir con la República mexicana) se tipificó el feminicidio en 2012, con penas que llegan a la prisión vitalicia. Se considera un crimen como violencia de género cuando esté asociado a la subordinación, discriminación o explotación; cuando la víctima tuviese una relación sentimental o de confianza con el victimario; o cuando el agresor hubiese ejecutado conductas sexuales crueles o degradantes.

En la práctica, no es tan fácil delimitar qué es “cruel” o “degradante”, más si, como denuncian los colectivos feministas, la mayoría de los jueces pertenecen a una cultura patriarcal. En el caso de México, al contrario de otros países, existen más casos de feminicidios perpetrados por hombres que no conocían a sus víctimas, pero no por ello deja de tratarse de feminicidios, esto es, se escoge a la víctima por su sexo. Lo ilustra el caso tristemente célebre de Ciudad Juárez: más de 700 mujeres han muerto en los últimos veinte años por la violencia machista. Se trata, la mayoría de las veces, de jóvenes entre 15 y 25 años que, antes de ser asesinadas, son torturadas y violadas.

Uruguay

En lo que va de año se han contabilizado 20 feminicidios, en un país de 3,2 millones de habitantes: en términos relativos, cuatro veces más que en Chile, como apunta Mariela Mazzotti, directora del Instituto Nacional de Mujeres (Inmujeres). El país registra una media de 68 denuncias diarias por violencia doméstica, según datos del Ministerio del Interior. Los colectivos feministas reclaman, entre otras cosas, que la legislación reconozca la figura del feminicidio, y que se deje de tipificar la violencia sexual como un “atentado violento al pudor”. La desprotección jurídica de las mujeres podría acabar si se aprueba el proyecto de ley que está preparando el Gobierno uruguayo, que tipificaría el delito del feminicidio.

En Uruguay como en el resto de los países latinoamericanos, uno de los principales reclamos al Estado es la elaboración de estadísticas de violencia machista. La falta de cifras oficiales dejan en el aire una pregunta: ¿han aumentado los feminicidios o lo que se ha incrementado es su visibilidad?

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http://www.esglobal.org/feminicidio-en-america-latina/

América Latina puede ser peor para las mujeres que Medio Oriente


América Latina puede ser peor para las mujeres que Medio Oriente
Las regiones no son necesariamente polos opuestos cuando de acoso y abusos se trata

Por: Katy Watson BBCMundo.com
PUBLICADO: AUG, 19, 2015

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Tengo una arruga particularmente marcada entre las cejas que atribuyo al ceño que hacía cuando vivía en México, cuando tenía unos 20 años, tratando de repeler los silbidos y los piropos en la calle.
Hubo un día en el que dejé el cejo fruncido y elegí otra táctica. Una tarde abrasadora de verano entré a una tienda a comprar agua.
Mientras esperaba cruzar la calle, dos hombres en una camioneta empezaron a gritar comentarios sobre mi cuerpo. Traté de ignorarlos, pero entonces algo dentro de mi estalló.
Quité la tapa de mi botella de agua y arrojé todo su contenido helado en sus caras. Los comentarios ciertamente cesaron y yo me sentí mucho mejor.
LEE TAMBIÉN: Feminicidio ronda a dominicanas de NY

El mundo de los hombres en Medio Oriente
Pocos años después, me mudé a Medio Oriente. Al principio parecía ser el polo opuesto a América Latina.
Una región donde hombres y mujeres no siempre interactúan y donde la estereotípica imagen de una mujer cubierta con un velo negro de pies a cabeza no puede estar más alejada de la realidad que las imágenes igualmente estereotípicas de los bikinis en las playas brasileñas y la cultura de las fiestas en ese país.
Pero si miramos más allá de lo obvio, las dos regiones tienen mucho en común en lo que se refiere al papel de una mujer.

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Medio Oriente
La imagen esterotípica de la mujer en Arabia Saudita…

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Brasil
… y el estereotipo de la mujer brasileña.
Proteger el honor de una mujer es una parte fundamental de la cultura de Medio Oriente y puede ser utilizada como una excusa para evitar que las mujeres tengan iguales derechos que los hombres.
En Arabia Saudit,a necesitas a un hombre que te lleve en auto a donde deseas ir. Y para viajar, necesitas permiso de un guardián masculino.
Una tras otra, las regulaciones limitan la forma como las mujeres pueden vivir libremente.
Machismo en Medio Oriente
A menudo pienso cómo se compara esto con la cultura machista tan prevalente en América Latina: un concepto que pone énfasis en la masculinidad.
Mi profesor de portugués una vez trató de explicarme la diferencia entre sexismo y machismo. “El sexismo es malo” dijo, “pero el machismo no lo es, es una forma de proteger a las mujeres”.
Para ser honesta sigo tratando de encontrar las diferencias positivas.
Ya se trate de honor o del llamado machismo, el resultado final es el mismo. Las mujeres se han convertido en ciudadanas de segunda clase.

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Dilma Rousef y Cristina Kirchner
Varios países latinoamericanos, incluidos Brasil y Argentina, tienen presidentas.
Pero como dice la feminista colombiana Catalina Ruiz Navarro, esta puede ser un hueso duro de roer. Los hombres en América Latina a menudo están orgullosos de ser machos y a muchas mujeres les gustan los hombres “protectores”.
“Es una creencia muy latina”, sostiene. “Si él no se pone celoso y no es posesivo, entonces no quiere estar contigo y no te ama. A los hombres se les enseña a ser así y las mujeres aprender a querer eso”.
¿Qué es libertad?
Desde que regresé a América Latina, he perdido la cuenta de las veces que me han preguntado cómo fue, como mujer, vivir en Medio Oriente.
“Tuvo que haber sido MUY difícil”, dicen. Para ser honesta, vivir en ciudades como la de México a menudo fue más difícil.
Mientras muchas de mis amigas sonríen sabiendo mi respuesta, otras la rechazan rotundamente.
“Las mujeres aquí son libres”, indica una. “¿Qué tiene de malo que te hagan un cumplido en la calle? Están apreciando nuestra belleza”, manifiesta otra.
Si tu “libertad” en el trayecto a tu trabajo en América Latina se ve limitada por comentarios sexuales amenazantes, y te hacen sentir como un objeto y no como ser humano, ¿es eso una verdadera libertad?.
Recientemente estuve algunos días en la capital de Cuba, La Habana, donde constantemente me silbaban y en lo primero que pienso es la palabra “atrapada”, más que “libre”.
Sexismo y estadísticas
Dondequiera que mires, las estadísticas son deprimentes.

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Bogotá
El transporte público en Bogotá fue clasificado entre los más peligrosos del mundo para las mujeres.
En Egipto, la mutilación genital femenina (MGF) ha estado prohibida desde 2008, pero las cifras del gobierno muestran que más de 90% de las mujeres menores de 50 años la han experimentado.
Un estudio de la ONU en 2013 encontró que 99,3% de las mujeres egipcias han vivido algún tipo de acoso sexual.
Pero si analizamos más profundamente, las estadísticas en América Latina también son bastante desalentadoras.
Un sondeo reciente de YouGov (una empresa internacional de investigación de mercado) para la Fundación Thompson Reuters encontró que los tres sistemas de transporte público más peligrosos para las mujeres en el mundo están en Amércia Latina: Bogotá, Ciudad de México y Lima.
En la Ciudad de México, han tratado de reducir el acoso introduciendo vagones sólo para mujeres en el metro, aunque esto sólo ha tenido éxito variado. A menudo veo a hombres entrando a dichas áreas, lo cual es ignorado por las autoridades.
América Latina ha dado pasos enormes: tiene líderes mujeres en varios países, incluidos Argentina, Chile y Brasil.
Y países de la región firmaron la Convención de Belem do Para en 1994 la cual las compromete a mejorar los derechos de las mujeres y a introducir varias leyes sobre violencia contra las mujeres.
Pero la legislación es una cosa y la realidad es otra.
En ninguna región, las leyes protegen adecuadamente a las mujeres contra la violencia sexual.
Feminicidio

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El estado de México es una zona particularmente peligrosa para las mujeres.
En los Emiratos Árabes Unidos ha habido casos de mujeres que han informado de violación y terminaron en prisión acusadas de tener relaciones sexuales extramaritales.
Pero países como Brasil y México son algunos de los más peligrosos para las mujeres.
Según la ONU, una mujer es atacada cada 15 segundos en la ciudad más grande de Brasil, Sao Paulo. Y en México, se calcula que más de 120,000 mujeres son violadas cada año, o sea una cada cuatro minutos.
El mes pasado, una alerta de género fue emitida en 11 municipios en el estado de México entre la creciente evidencia de los peligros que las mujeres enfrentan allí.
Y según el Observatorio de Feminicidio de México, entre 2011 y 2012, se informó de la desaparición de 1,258 niñas y mujeres sólo en el Estado de México.
Entre 2011 y 2103, 840 mujeres fueron asesinadas, de estos crímenes, 145 fueron investigados como feminicidios.
Europa aún tiene trabajo qué hacer

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El sexismo es un asunto global, también ocurre en Europa.

Este no es un ensayo que limita el asunto de sexismo a América Latina y Medio Oriente. Al contrario. Es un artículo sobre mi experiencia trabajando tanto en América Latina como en Medio Oriente, los paralelos, las peculiaridades y las paradojas.
Estoy muy consciente de que éste es un asunto global -uno que tiene muchas realidades en distintas sociedades- de ricos y pobres, conservadores y liberales.
De hecho, muchos de mis amigos en Medio Oriente y América Latina miran a Europa como un lugar del que se puede aprender.
Pero no hace mucho tiempo un colega británico de unos 30 años se sorprendió cuando le dije que mi pareja se iba a trasladar de país debido a mi trabajo. “Pero seguramente cuando tengan bebés, ¿tú empezarás a seguirlo?”, respondió.
Tuvo suerte de que yo no tenía una botella de agua para arrojarle en la cara.

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http://www.eldiariony.com/mexico-america-latina-medio-oriente-acoso-sexual-callejero-machismo-sexismo

Genealogía de Jesús parte 7. Tamar, un eslabón en la genealogía de Jesús.


Genealogía de Jesús parte 7. Tamar, un eslabón en la genealogía de Jesús.

por Paulo Arieu

Comenta Antjé Röckemann en el libro “Espiritualidad y fortaleza femenina” que hay que leer muy atentamente la genealogía de Jesús en el evangelio de Mateo para encontrar a las cinco mujeres que aparecen en la misma.

La pregunta que surge después de leer la historia de Tamar es: ¿qué podemos aprender las mujeres y –los hombres- de hoy de estas mujeres del Antiguo Testamento? ¿pueden estas mujeres fortalecer nuestra fe? ¿cómo?

Tamar significa palmera de dátil, es un símbolo de vida; su historia la encontramos en el capítulo 38 del libro del Génesis, y es una bella historia donde prevalece la justicia y fortaleza de una mujer que no se acobarda ante la prepotencia masculina. (Animo a los lectores a leer su historia).

Teniendo Tamar derecho a ser desposada con su cuñado, -según la ley de levirato del Antiguo Testamento- es colocada en una posición de espera por el temor de su suegro, que creía que la muerte de sus dos hijos anteriores podría ser responsabilidad de Tamar.

Tamar se encuentra como viuda pero sin el derecho de buscar marido por sí misma, por la situación en que el cabeza de familia –Judá- la ha colocado. Pasa el tiempo y el suegro de Tamar no tiene intención de cumplir su palabra de darla en matrimonio a su hijo menor, negándole además el derecho de ser madre, -tan importante en aquella época-. Llegada a este punto, Tamar decide actuar por sí misma; se hace pasar por prostituta y de una relación con su suegro queda embarazada.

Aunque en un principio se le acusa de culpable y se le impone la pena de muerte por su embarazo “ilegal”, más adelante y una vez descubierta las razones que la movieron a tal extremo, su mismo suegro reconoce que ella es INOCENTE y no él. Su justicia está probada.

Tamar valiente, arriesga su vida y su fama para alcanzar su objetivo: que se cumpla con ella la ley. Tamar ha cumplido sus obligaciones, ha obrado rectamente y ha hecho lo necesario para recibir lo que le corresponde.

De esta historia podemos sacar el valor y el ánimo que transmite a otras mujeres diciendo que también los débiles pueden ganar a los fuertes: Una mujer que no se resigna con la injusticia cometida con ella misma, sino que se pone manos a la obra para que se haga justicia. Tamar se defiende con ingenio y es bendecida por Dios con dos hijos, revelando la fuerza de la débil, el ingenio de la perdedora, y el poder de los indefensos.

Sigue comentando Antjé Röckemann que esta historia judía enseña a las mujeres y a los hombres de todo el mundo lo que es justo entre el hombre y la mujer; les enseña a practicar la justicia y defenderse contra la injusticia, como hombres y como mujeres. Además resalta que no se trata de moral sino de justicia, de fidelidad a la comunidad de su tiempo.

Y como mujer, –sexo débil llaman algunos- ¿de dónde sacar el valor para actuar de esta manera?

Tamar es un referente de mujer valerosa, superó las normas de conducta de su tiempo y aunque hoy en día se prefiere exigir los propios derechos pública y abiertamente, no deja de ser un ejemplo de fortaleza femenina. Además fue digna de estar presente en la genealogía de Jesús.

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Recuperado de

http://blogs.periodistadigital.com/quepiensanlaschicasdehoy.php/2008/06/08/tamar-un-eslabon-en-la-genealogia-de-jes