Masones eran los de antes


Masones eran los de antes

Por Alberto Benegas Lynch (h)

masones

La masonería dieciochesca y sus continuadores hasta bien entrado el siglo decimonónico, se estableció principalmente para combatir a gobiernos autoritarios, por ello es que eran sociedades secretas y como muchas de las iglesias se plegaron al poder político del momento, aquellas asociaciones se tomaron como antirreligiosas cuando en verdad la mayor parte de ellas hacía jurar a sus miembros no solo la enemistad con toda manifestación de gobiernos totalitarios sino su creencia en Dios, tal como lo documenta la copiosa bibliografía disponible en la materia. Hasta principios del siglo veinte muchos mantuvieron  su afiliación a la masonería como un modo de advertir contra posibles abusos del Leviatán, pero con el tiempo esas entidades fueron en gran medida deteriorando su sentido y renunciando a sus propósitos originales para convertirse en una asociación de mafiosos.

Debido a sus propósitos independistas de estas instituciones en los siglos XVIII y XIX y, como queda dicho, en vista de que la Iglesia católica adhería a las estructuras del poder opresor, es que desde Clemente XII con su encíclica In Emminenti de 1738, se condenó a la masonería y el Código de Derecho Canónico, en su Canon 2335, excomulga a sus miembros (recordemos también que el papa Urbano VIII excomulgó a los que fumaban nicotina, el mismo que denegó el permiso para que Galileo fuera enterrado en la cripta familiar y el que prohibió que se llevara a cabo una colecta para costear su tumba) y en la encíclica de León XIII, Humanum Genus, el pontífice se alarma que los masones “propugnan la separación de la Iglesia y el Estado” y “sostienen la igualdad de todos los cultos”.

Precisamente, la denominada “doctrina de la muralla” establecida por Jefferson (masón igual que George Washington, James Madison, Benjamin Franklin y la mayoría de los Padres Fundadores de la revolución más extraordinaria en la historia de la humanidad), es decir, la separación tajante entre la religión y el poder, después de la experiencia criminal de la persecución y la intolerancia religiosa europea de la que provenían los artífices del milagro norteamericano, separación que constituyó un paso fundamental para la preservación de la libertad, imitado por todas las naciones civilizadas del orbe.

Debido a la antes señalada oposición de los masones al totalitarismo y sus denodados esfuerzos por remover las cadenas de la opresión, es que los gobiernos de Stalin, Hitler, Mussolini y Franco prohibieron y persiguieron esas sociedades ya en pleno siglo veinte (y es lo que hoy ocurre implacablemente en Cuba, Irán y Corea del Norte cada vez que se insinúa la constitución de una sociedad secreta). Por eso es que en los prolegómenos de la revolución bolchevique, el Partido Comunista en Moscú votó por unanimidad una declaración que Alcibíades Lappas -en su formidable obra La masonería argentina a través de sus hombres de donde nos hemos nutrido para varios pasajes de la presente nota- transcribe de este modo: “Es de imprescindible necesidad que los órganos dirigentes del partido rompan todos los puentes que llevan a la burguesía y que, por consiguiente, corten radicalmente toda relación con la Masonería. Debe llevarse al partido comunista el pleno conocimiento del abismo que separa al proletariado de la burguesía […] La Masonería es la más deshonesta e infame engañifa que ha urdido contra el proletariado, una burguesía inclinada al radicalismo. Nos vemos en la necesidad, pues, de combatirla con el máximo rigor”.

Antecedentes de las logias masónicas se encuentran en Escocia, Inglaterra, España, Francia, en los mencionados Estados Unidos y en el resto de América en la época de las aludidas faenas independentistas (la más conocida fue la Logia Lautaro). Respecto de lo que hoy es Argentina, a riesgo de parecer más una guía telefónica que un artículo, transcribo los nombres de algunas de las más distinguidas personalidades que eran fervientes masones, quienes contribuyeron a que ese país estuviera durante una larga época a la vanguardia de las naciones civilizadas (antes que el populismo hiciera estragos debido al abandono por parte de otras generaciones de los valores de una sociedad abierta…como escribió Tocqueville, resultado de pensar que “el progreso moral y material está garantizado”): Juan Bautista Alberdi, Manuel Belgrano, José de San Martín, Domingo Faustino Sarmiento, Bernardino Rivadavia,  Juan Martín de Pueyrredón,  Mariano Moreno, Vicente López y Planes, Justo José de Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre, Esteban Echeverría, Florencio Varela, Carlos Pellegrini, Figueroa Alcorta,  Aristóbulo del Valle, Eduardo y José Antonio Wilde, Gervasio Posadas, Leandro N. Alem, Nicolás Rodríguez Peña, Salvador María del Carril, Antonio Bermejo, Roberto Repetto, Lisandro de la Torre, Valentín Alsina, Prilidiano Pueyrredón, Florentino Ameghino, Rodolfo Rivarola,  Victorino de la Plaza, Zenón Pereyra, Luis María Drago, Joaquín V. González, Augusto Montes de Oca, Amancio Alcorta, Carlos de Alvear, Rómulo Naón,  Juan José Paso, Martín de Alzaga, Olegario Andrade, Guillermo Brown, Norberto Quirno Costa, Adolfo J. Bullrich, Miguel Cané, Estanislao del Campo, Vicente L. Casares, Julio Argentino Roca, Francisco Chevallier-Boutell, Juan A. Gelly y Obes, José Benjamín Gorostiaga, Miguel Goyena, José T. Guido y Spano, Eduardo, José María y Ricardo Gutiérrez, José Hernández, Belisaro Hueyo, Bernardo de Irigoyen, Emilio Jofré, Hilario N. Lagos, Juan Gregorio Las Heras, Bonifacio Lastra, Eleodoro Lobos, Lucio Vicente López, José B. Lynch, Agustín y José Nicolás Matienzo, Domingo Matheu, José María Miguens, Bernardo Monteagudo y mi bisabuelo paterno, Tiburcio, fundador de la primera bodega argentina, gobernador de Mendoza y senador nacional por esa provincia en “tiempos de la República” (estaban en el gobierno nacional sus amigos Julio A. Roca -con quien había ido al colegio en Concepción del Uruguay- y Carlos Pellegini, como queda mencionado, los dos masones). Dicho sea al pasar, su biblioteca mendocina contaba con las obras de autores como Adam Smith, David Hume, John Stuart Mill, Frédéric Bastiat y Jean Baptiste Say, tal como consignan María Susana Azzi y Ricardo de Titto en Pioneros de la industria argentina.

Como es sabido, el origen de la francmasonería, una expresión francesa, se remonta al siglo VIII como una hermandad de albañiles de ayuda mutua y que ha tenido distintas derivaciones a través del tiempo. Con Ezequiel Gallo, en la época en la que trabajábamos en ESEADE, decidimos participar de una tenida en una de las masonerías en la ciudad de Buenos Aires pero finalmente desistimos en vista de las informaciones que nos llegaron sobre el deterioro manifiesto de muchas de esas asociaciones en cuanto al estatismo que las invadía.

Por los mismos motivos, no acepté una invitación para asistir a una de las logias en Rosario (en oportunidad de una conferencia mía en la Universidad Nacional de esa ciudad), invitación que se debió a que mi mencionado bisabuelo paterno había sido un miembro local propuesto para ser gran maestre y, en Arroyo del Medio, en la estancia de su abuelo, se firmó uno de los “pactos preexistentes” que menciona el Preámbulo de la Constitución argentina (véase, por ejemplo, de Ricardo Levene Manual de historia del derecho argentino). Además, como es del público conocimiento, de un largo tiempo a esta parte, reiteramos que muchas de esas instituciones se han convertido en reuniones de mafiosos que promueven el crimen (habitualmente asociados a conocidos gobernantes).

Simultáneamente a la masonería existieron célebres asociaciones que abiertamente conspiraban contra tendencias absolutistas  como, en el caso argentino, la Jabonería de Vieytes frente al mercantilismo españolista y durante la tiranía rosista la Librería de Marcos Sastre, sesiones transformadas en el Salón Literario y luego la logia denominada Asociación de Mayo que, a pesar de ser una entidad secreta, debido a las amenazas que recibían los integrantes por parte del régimen, tuvo que trasladarse al exilio, primero en Montevideo con La Joven Argentina y luego como el Club Constitucional en Valparaíso.

Hoy, dado que han resucitado dictadores con manto electoral -contemporáneamente, Hitler inició el camino- es del caso volver a reconsiderar las asociaciones secretas para oponerse (sin los riesgos de persecuciones implacables)  a los abusos del Leviatán y a todas las corporaciones socias del latrocinio que se lleva a cabo impunemente desde el poder, supuestamente establecido para proteger y garantizar los derechos de la gente.

Por ejemplo, el caso venezolano donde se apunta al establecimiento de un sistema cubano con elecciones como máscara, la tierra de los distinguidos masones Nariño y Miranda tan tergiversados hoy por el chavismo. Por ejemplo, sin perjuicio de otros muchos canales, como una de las posibles vías de defensa contra el manotazo más extremo a la propiedad privada que acaba de asentar el kirchnerismo argentino al completar la autoritaria ley de mercado de capitales de reciente data (que ya autorizaba a la Comisión Nacional de Valores la intromisión a cualquier empresa por cualquier motivo) con el decreto 1023 que elimina la intervención de la justicia, con lo cual se pone al descubierto el más crudo fascismo en cuanto a que el gobierno permite que se registre la titularidad de una sociedad comercial a nombre de privados pero usa y dispone el aparato estatal a su antojo.

Por el momento, quedaron atrás los políticos argentinos de la talla de Leandro N. Alem -como hemos apuntado, también masón- que en un célebre discurso en 1880 en la legislatura de la Provincia de Buenos Aires,  sostenía que siempre se necesita “una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades; en economía como en política, la teoría que levantan los principales pensadores, los hombres más distinguidos del antiguo y del nuevo continente, teoría que va inculcando, por así decirlo, en el seno de todas las sociedades, se puede condensar y ellos la sintetizan en esta sencilla fórmula: no goberneís demasiado, o mejor dicho o mejor expresada la idea: gobernad lo menos posible. Si, gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”.

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http://independent.typepad.com/elindependent/2013/08/masones-eran-los-de-antes.html

A QUIEN ADORAN LOS MASONES?


A QUIEN ADORAN LOS MASONES?

“En Sus Propias Palabras”

A través de los siglos, desde el 1717, cuando nació la Masonería como ahora, muchos autores han escrito en contra de esta sociedad, alegando que la Masonería es una falsa organización Cristiana. Algunos autores han llegado incluso al extremo de alegar que la Masonería es del Anticristo. Muchos otros autores defienden apasionadamente la Masonería, aseverando que es Cristiana y que ella realza la Santa Biblia y sus enseñanzas.

¿Quién está en lo cierto y quien no?

En lugar de confiar en los testimonios de antiguos miembros de la Masonería, nos iremos directo a los mismos libros publicados por Editoriales Masónicas. Examinaremos los escritos de líderes Masónicos como son:

Albert Pike
Norman Frederick DeClifford
C.W. Leadbetter
Henry Cornelius Agrippa
T. Witton Davies
L.W. DeLaurence
Joseph Ennemoser
S.H. Goodwin
Kersey Graves
Albert G. Mackey
Sir Walter Scott
J.S.M. Ward
La santa biblia masónica, de la logia de Dunton, No. 1017, F.&A.M., King James Version, A.J. Holman Co., Philadelphia, 1924.
Compararemos las enseñanzas masónicas de los autores ya mencionados con lo que enseña la Santa Biblia. Dios ha enseñado repetidas veces que debemos comparar lo que alguien nos dice con las claras enseñanzas de la Biblia. El Apóstol Juan, escribiendo bajo la dirección del Espíritu Santo, nos advirtió en 1ra de Juan 4:1, “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.

Entonces, podemos dejar que la Masonería hable por sí misma, desde sus propios escritos, y probar sus enseñanzas contra la Santa Biblia, para descubrir la verdad de una vez y por todas.

Esta semana, estaremos considerando una vez más el monumental libro Masón de Albert Pike, titulado “Morales y Dogmas de los Ritos Escoceses Antiguos y Aceptados por la Masonería”, considerado por muchos como la autoridad absoluta de la Masonería. Luego, compararemos esos puntos individuales con las enseñanzas claras y absolutas de la Santa Biblia. Nuestro tema esta semana será la adoración; ¿A quien adoran los Masones? Este es un tema de poderosa importancia, ya que el Dios de la Biblia enseña claramente que El es un Dios celoso , y que el no permitirá que ningún otro dios o dioses sean adorados en Su lugar. La advertencia de Dios en Deuteronomio 4: 23-24 es tan instructiva que la he reproducido aquí; le animo a ponderar cuidadosamente las Palabras del Dios Todopoderoso, Creador, Gobernador, Juez, Esposo de Israel, Padre, “Guardaos, no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios, que él estableció con vosotros, y no os hagáis escultura o imagen de ninguna cosa que Jehová tu Dios te ha prohibido.

24Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.” El resultado final de alguien que adora a un dios falso es “fuego consumidor”.

La única excepción a esta prohibición, por supuesto, es Jesucristo, como Jesús mismo declaró “Jesús les habló diciendo, Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” Esto incluye el poder o la autoridad para recibir la adoración del hombre; de hecho, Jesús enseñó que El es el único camino al Padre, “Yo soy el camino y la verdad y la vida: nadie viene al Padre sino por mi.” En otras palabras, la única forma en que alguien puede adorar a Dios el Padre es a través de Dios el Hijo, ¡y su nombre es Jesucristo! La semana pasada, les mostramos que los Masones no adoran al Dios el Padre de las Escrituras Hebreas; en su lugar, ellos adoran a todos los dioses de los Misterios Antiguos. La semana antepasada, les mostramos que los Masones no veneran al Jesucristo de la Biblia; en su lugar ellos creen que Jesús fue creado por un dios inferior, Ialdabot, y que El era humano sólo en apariencia. De acuerdo a los Masones, la Conciencia de Cristo cayó sobre el Jesús humano en el Bautismo del Río Jordán y luego lo dejó en la Cruz, donde El sufrió y murió solamente en apariencia! ¡Vaya! Ninguna persona que crea esto acerca de Jesucristo puede llamarse a sí misma Cristiana. Porque de acuerdo a las palabras de Jesús, El no considera una persona así ser Cristiana. ¡El considera a una persona así como una persona engañada, o un falso Cristiano!

Hoy estaremos estudiando a quién adoran los Masones. Retornemos al Masón más destacado que haya vivido jamás y a su famoso libro “Morales y Dogmas”. Pike dijo que “…La Masonería es idéntica a los Misterios Antíguos…”( Página 624, 28avo, Grado) ¡Ciertamente, mientras yo estudiaba este libro y otros más, me quedé asombrado de cuántas historias de los dioses y diosas de las tantas Religiones Antiguas están escritas en completo detalle como instrucciones para los Masones!

Antes de comenzar nuestro estudio de hoy, usted debe de saber la falsa enseñanza que tratan de usar los Masones para justificar su evidente adoración de la Naturaleza. Ellos le dirán que ellos no adoran las cosas de la Naturaleza, como el Sol; en vez de eso, ellos le dirán que adoran a Dios a través del Sol. Ahora, aunque este argumento puede sonar lógico para el razonamiento humano, Dios no piensa de esa manera. Ya que Dios es un Dios celoso, El es también muy específico en cómo el hombre debe adorarle y como intenta acercarse a El. Por favor trate de entender esta verdad básica: Dios determina cómo el hombre le debe adorar, y El determina quién es salvo y quién no. Después de todo, todo el mundo estaba equivocado acerca del diluvio, ¿o no? Noe y su familia fueron los únicos a quienes Dios consideró salvos. ¡Las burlas de la multitud fueron barridas cuando el diluvio comenzó!

Nosotros debemos ser muy, muy cuidadosos de que nos acercamos y le adoramos de la manera exacta en que El lo ha prescrito, porque El rechazará a aquel que trate de adorarle de otra manera. Yo le animo a que lea Exodo, Levítico y Deuteronomio muy cuidadosamente, y observe las extremadamente detalladas instrucciones que Dios les dio a los Judíos en cuanto a como ellos le adorarían. ¡Dios no solamente daba instrucciones muy bien detalladas, sino que también mataba a aquellas personas que eran lo suficientemente tontas como para pensar que podían cambiar, aunque fuera un poquito, la adoración!

¡Y Dios nunca le permitió a ninguna persona acercarse en adoración a El, a través de los objetos de la naturaleza que El había creado! ¡De hecho, Dios lo prohíbe terminantemente! El Apóstol Pablo habló directamente sobre este asunto en Romanos 1:21-23, “…Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen …” Recuerde esas palabras, hicieron a Dios en semejanza de “una imagen”, porque será importante más tarde. ¿Cuál sería otra palabra para “imagen”? ¿Qué tal “símbolos” o “alegorías”?

Luego en el versículo 25, Pablo les aclara a cualquiera que piense que puede adorar a las cosas creadas en lugar de Dios, cuando dice, “ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador…”

Pero aquí, cualquier Masón interrumpiría argumentando otra vez que el adora a Dios a través de las cosas creadas, no a las cosas en sí. Dios no acepta este tipo de adoración. El prohibió la adoración de cualquier imagen, y punto. “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, …” (Exodo 20:4-5) Luego, Dios declara firmemente, “…Mi honra no la daré a otro”. (Isaías 48:11)

Escuche a Albert Pike otra vez en su libro monumental, “Morales y Dogmas”,

“…La Masonería es idéntica a los Misterios Antíguos…” (Página 624, 28avo, Grado). Pero Pike quiso asegurarse bien de que entendimos el mensaje, cuando dice en la página 329, “…nosotros reproducimos las especulaciones de los Filósofos, los Cabalistas, los Mystagogues, y los Gnósticos.” En otras palabras, todo lo que los Antiguos creían, la Masonería lo cree también. No podía ser de otra manera, si la Masonería sería una de las mayores fuerzas que uniría todas las religiones en una sola religión global, tal como lo predicen las Escrituras.

Con esto en mente, veamos a quienes los Antiguos (Masones) daban su adoración y a quién le extendían gloria. (Estaremos citando del libro “Morales y Dogmas” a menos que otro lo especifique. Ah si, todo el texto subrayado y en negritas es énfasis mío.)

“El Sol, Archimagus, adorado como Mitra, el Mediador, el Invencible…” P. 612
“El Sol y la Luna de los Alquimistas da estabilidad a la Piedra Filosofal…” P. 776
“El Sol y la Luna, considerados como la causa de las generaciones de la tierra…” P. 475
“El Sol y la Luna son los emblemas de dos sexos Divinos…” P. 305
“El Sol, llamado Heliogabalus, y adorado en forma de una piedra negra.” P. 775
“El dios Sol, finalmente victorioso sobre la Serpiente.” P. 496
“El dios Sol, vuela en un caballo alado, pero la Serpiente muerde el talón del caballo.” P. 499
“…rastros de adoración al Sol aún persisten en todas las religiones.” P. 483. (Recuerde que la Masonería afirma ser “idéntica” con todas las religiones antíguas, P. 624)
“Usted ha … oído mucho de la antigua adoración al Sol, la Luna y otras brillantes luminarias del Cielo, y de otros Elementos y Poderes de la Naturaleza Universal.” P. 583
“La Fe… era representada por el Sol.” P. 727
“El Sol figurativamente se dijo que murió y que nació de nuevo en el Solsticio de Invierno;” P. 464

(Las negritas e itálicas estaban en el original para enfatizar)

“…el asqueroso y malvado chivo lo arrastró [al Sol] hacia el Solsticio de Invierno. Llegando allá, ellos dijeron que él [el Sol] había sido asesinado, y que se había ido al lado oscuro. Quedándose allá tres días, él [el Sol] se levantó de nuevo, y de nuevo ascendió … Pronto ellos personificaron al Sol y lo adoraron bajo el nombre de Osiris …”
“El obelisco, parecido a la forma de una llama, hizo que esos monumentos fueran consagrados al Sol y al Fuego … el obelisco fue levantado en honor al Sol.”

Ahora yo quisiera hacer un comentario de la mayoría de los párrafos del 1-13 arriba mencionados. No quería comentarlos antes de que primero los examináramos, porque quería que usted entendiera todo el impacto de esta blasfemia Pagana. Ahora, permítame señalar algunos de los alcances de esta blasfemia, de los cuales talvez usted no se haya dado cuenta.

Párrafo 1 –“El Sol era adorado …” A través de toda la Biblia, solamente Dios era digno de adoración. A través de la Biblia, los ángeles tenían que prohibirle constantemente a los hombres que los adoraran, porque los ángeles no eran dignos de ser venerados (Apocalipsis 22: 8-9)

Pero observe la palabra “Mediador” en esa oración. Se dice que el Sol es el “Mediador”, un término aplicado en la Biblia solamente a Jesucristo (“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” 1ra. Timoteo 2:5; vea también Hebreos 8:6, 9:15, 12:24. ¡Qué tremenda blasfemia contra Dios el Padre y Dios el Hijo, Jesucristo!!)

Párrafo 2 – “El Sol y la Luna dan estabilidad… la Piedra Filosofal”. Otra vez, la implicación es hacia la Roca que es Jesucristo, quien es el ancla de nuestra alma (1ra. Corintios 10:4).

Párrafo 3 – “El Sol y la Luna son considerados como la causa de las generaciones de la tierra”. Generaciones solo puede referirse a la raza humana, así que el Sol y la Luna deben ser los creadores del hombre, otra blasfemia Pagana contra Jesucristo, Creador de todo (Juan 1:2-4).

Párrafo 4 – ¡“El Sol y la Luna …sexos Divinos”! Eso es brujería anticuada, que data de 5000 años atrás, a los Misterios Egipcios. Ese es el concepto del Luciferianismo, que el Padre Divino se apareó con la Madre Tierra. ¡Brujería, obra de brujas! Las brujas hablan claro cuando llaman a su religión “El Oficio”; no es ninguna maravilla que los Masones llamen a su organización el “oficio”, tal y como a su Segundo Grado se le denomina , el Oficio del Compañero.

Párrafo 5 – “El Sol adorado” – otro término de veneración.

Párrafo 6/7 – Finalmente la verdad triunfa, cuando Pike utiliza dos veces las palabras “Dios Sol” juntas. Ahora sabemos a quién el adora en realidad.

Párrafo 9 – Si los “antiguos” adoraban al Sol , la Luna y los cuerpos Celestes, entonces también los Masones, como dijo Pike, “son idénticos a los Misterios Antiguos”.

Párrafo 10 — ¡La fe es representada por el Sol! !¿No es fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo y Su obra Redentora en el Calvario, sino representada por el sol?! ¡¿Esa urbe perecedera?!

Párrafos 11/12 – Esta es la blasfemia más seria, cuando arrastra hacia el lodo Pagano el acto glorioso por medio del cual Jesucristo nos redimió del Infierno, y nos proveyó un camino para salvarnos, cuando nacemos de nuevo a través de Su sangre vertida en el Calvario. ¡¿Y cuanto más blasfemo puede volverse, que creando el escenario para que el Sol tome el lugar de Jesucristo en la Cruz, donde fue muerto, colocado muerto en la tumba por tres [3] días, y resucitado y ascendido hacia los Cielos?! ¡La Masonería es culpable de “hablar cosas gloriosas en contra del Señor de Señores y Rey de Reyes”! ¿Donde he oído esa frase antes? La Biblia señala este tipo de blasfemia, como indicativo del Anticristo, “Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá.” (Daniel 11:36)

¡Una vez más, la Masonería cumple uno de los requerimientos del Anticristo!

Finalmente, sólo en caso de que usted no esté convencido de que la Masonería adora a la Naturaleza, debería considerar otro libro Masónico muy antiguo y venerado, “Egipto, Cuna De La Masonería”, por Norman Frederick de Clifford, 1902. uno de los capítulos de Clifford, el 26, comenzando en la página 387, se titula “Adoración al Sol”, y es una narración detallada de la veneración que los antiguos Egipcios le daban al Sol. Hablaremos de esto en más detalle la próxima semana.

La espada esta por venir, y viene tanto rápidamente como con enormes poderes. Pero, la mayoría de las personas, incluyendo la mayoría de los Cristianos, no lo ven venir ¿Será usted un “Atalaya En El Muro ” con nosotros? (Ezequiel 3:17-19, la advertencia más solemne de Dios)

Dios le bendiga.

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http://www.cuttingedge.org/sp/free003.htm

De las condenas de la masonería por la Iglesia catolica – romana


Actualizado 16 octubre 2012
De las condenas de la masonería por la Iglesia católica – romana

Pío I

Uno de los argumentos que maneja la masonería para explicar la excomunión de la que es objeto por parte de la Iglesia, es el de su lógica comprensible desde el punto y hora en que muchos masones participaron en el proceso que condujo en 1870 a la unificación de Italia, y por ende, a la reducción de las posesiones temporales de la Iglesia. Argumento tal nos situaría en la Encíclica “Etsi Multa” (“Aunque muchas”) que, emitida porPío IX el 21 de noviembre de 1873, se inicia con estas palabras.

  
          “Desde que Nuestra amada ciudad, permitiéndolo el Señor, sojuzgada por las armas, fue sujeta al régimen de los hombres despreciadores del derecho, hostiles a la religión, que indiferentemente confunde lo divino con lo humano, ni un solo día ha transcurrido en que no se suman una nueva herida a Nuestro corazón sangrante por causas de las injusticias y vejámenes sin cuento”.
Para terminar con éstas:
            “Pero a la verdad, si alguien con detención, examina la índole, las pretensiones, la finalidad de las sectas ya sea que se llamen masónicas, ya que con cualquier otro nombre se distingan y las compara con la índole, modalidad, y amplitud de esta contienda en la que está empeñada la Iglesia casi en igual forma en todas partes del mundo, no quedará la menor duda de que todas las presentes perturbaciones se deben en gran parte a los engaños y maquinaciones de una misma secta. Entre éstas, se distingue la sinagoga de Satanás que contra la Iglesia de Cristo ejercita sus fuerzas, las lanza a su ataque, y las cierra en combate”.
Y aunque, efectivamente, dicha encíclica se centra en la responsabilidad que se le atribuye a la organización masónica sobre dichos hechos, lo cierto es que la reprobación de la masonería por la Iglesia es un proceso que arranca de antiguo y muy anterior.
Masonería. Grabado s. XVIII. Archivo Histórico Nacional.

Tan de antiguo que data su primera expresión de 1738, es decir, esto es, apenas quince años después de la publicación en 1723 de las Constituciones de Anderson, -documento que, según es generalmente aceptado, constituye el impulso inicial de la que se da en llamar masonería especulativa-, y ciento doce años antes de que la Iglesia se vea despojada de sus posesiones italianas. Y tan antiguo como recurrente, ya que los documentos eclesiásticos contra la masonería son, por lo menos, un par de decenas, a saber:

            Constitución apostólica “In Eminenti”, emitida por Clemente XII el 28 de abril de 1738.
            Constitución apostólica “Providas Romanorum”, emitida por Benedicto XIV el 18 de mayo de 1751.
            Carta apostólica “Ecclesiam a Jesu Christo”, emitida por Pío VII el 13 de septiembre de 1821.
            Constitución “Quo graviora”, emitida por León XII el 13 de marzo de 1825.
            Encíclica “Traditi” emitida por Pío VIII el 21 de mayo de 1829.
            Encíclica “Mirari Vos”, emitida por Gregorio XVI el 15 de agosto de 1832.
Particularmente prolífico en el tema se muestra el Papa Pío IX, publicando por lo menos, hasta seis documentos sobre el mismo:
            Encíclica “Qui pluribus”, emitida el 9 de noviembre de 1846.
            Alocución “Quibus quantisque malis”, emitida el 20 de abril de 1849.
            Encíclica “Quanta cura”, emitida el 8 de diciembre de 1864.
            Alocución “Multiplices inter”, emitida el 25 de septiembre de 1865.
            Constitución apostólica “Apostolicæ Sedis”, emitida el 12 de octubre de 1869.
            Encíclica “Etsi multa” a la que nos hemos referido arriba, emitida el 21 de noviembre de 1873.
León XIII

Casi tantos como publica León XIII, que le dedica de manera más o menos directa o tangencial por lo menos éstos ocho:

            Encíclica “Etsi Nos”, emitida el 15 de febrero de 1882.
            Encíclica “Humanum genus”, emitida el 20 de abril de 1884, considerado por algunos el documento más importante emitido sobre el tema.
            Encíclica “Officio Sanctissimo”, emitida en 1887.
            Encíclica “Ab Apostolici”, emitida el 15 de octubre de 1890.
            Encíclica “Custodia di quella fede”, emitida en 1892.
            Encíclica “Inimica Vis”, emitida en 1892.
            Encíclica “Præclara gratulationis”, emitida el 20 de junio de 1894.
            Carta apostólica “Annum ingressi”, emitida el 18 de marzo de 1902.
            ©L.A.

La masoneria y sus conceptos de la guerra justa


La masoneria y sus conceptos de la guerra justa

Nota:

Los masones influencian muchísimo el liderazgo político mundial. Acá vemos como estos sectarios filosofean sobre la guerra, si es justa o no es justa. Lamentablemente los gobiernos oyen mas estas voces que las voces pacificadoras de los cristianos, lamentablemente.

Señores masones, please, fumemos la pipa de la paz, que ya no les quedan indios por matar. Ahora la emprenderán contra los infieles musulmanes ? No será que por debajo de los pies de los habitantes de las naciones arabes corren ríos de petroleo?

Yo me pregunto si ellos nos declaran la Yihad nuclear, de que nos disfrazamos nosotros?

Y ustedes, sres .masones, si explota todo, ya tienen pensado irse a vivir a Marte?

Paulo Arieu

HIRAM ABIF O LA GUERRA JUSTA

Por lo Q.H. Cuauhtémoc D. Molina García
Logia CONCORDIA No. 1. Xalapa, Veracruz, México.
Gran Logia “Unida Mexicana” AA. LL. y AA

De pronto, el Compañero que comparece ante la Tercera Cámara se enfrenta con una cámara dedicada al juicio; esto es, se halla frente a la posibilidad de que se le juzgue por razón de su conducta profana y masónica.
Muy lejos están, -se le dice-, sus probables aspiraciones de deslumbrarse por el lujo y el esplendor, signos de la gloria, la pompa y el triunfo. Lo que le espera es la sanción de los Maestros que le piden comparecer vivo y “lleno de
vigor, salud y esperanza” para postreramente hacerlo ya con el cuerpo inanimado, pues se le dice:

“Tenéis que darnos cuenta de vuestras opiniones en asuntos muy serios y de vuestra conducta en otros muy graves; de la misma manera que antes de conducir vuestros restos al campo de reposo, la
pediremos al mundo
de la que hayáis seguido como hombres y como Masones.”[i]


La sentencia ritual es grave, pues coloca al masón ante la posibilidad de recibir una sanción Postmortem que le obliga a tener y mantener una conducta intachable, asunto por demás difícil,pues no solo es la aprobación de la comunidad masónica, sino también “la del mundo”, ese mundo que bien puede juzgarnos con mayor objetividad, pero también con mayor dureza, sobre todo si el masón es un personaje público y de acción fuera del ámbito normal de desempeño del común de las personas. Sin embargo, dos cuestionamientos resultan interesantes desde la perspectiva de la eticidad del grado: uno que busca indagar la percepción del candidato acerca
del desafío, entendido éste como reto o provocación, como llamado a la riña y a la violencia, y el otro el que pregunta su opinión acerca de la guerra. Y la postura del grado, luego de aceptarla, apela al siguiente argumento: 
 


“La guerra es lícita y aun necesaria cuando es el único medio de conseguir, defender o asegurar nuestros derechos”.[ii] 


Respecto de este enunciado del Tercer Grado de la masonería conocida y practicada en América Latina, o al menos en México[iii],
parece que su estructura gira en torno del siguiente argumento: “Puesto que la injusticia es mala, y dado que la guerra puede reparar la injusticia, es de esperarse, por lo tanto, que la guerra pueda ser justa, y si es justa pueda
entonces ser buena”. Este enunciado respecto de la bellum justus tiene orígenes nada contemporáneos, pues ya San Agustín de Hipona, uno de los Padres de la iglesia romana, alegaba la protección del inocente contra el mal, y en De Cevitate Dei (La Ciudad de Dios) afirma que para el cristiano vale más soportar el mal que cometerlo y su teoría de la guerra justa la expone así: 
 


“Se llaman justas las guerras que vengan las injusticias, cuando un pueblo o un Estado, al que hay que hacer la guerra se ha descuidado en el castigo de los crímenes de los suyos o en la restitución de
lo que ha sido arrebatado por medio de esas injusticias”.

Luego añade: “El soldado que mata al enemigo, como el juez y el verdugo que ejecuta a un criminal, no creo que pequen, ya que al actuar así, obedecen a la ley”.[iv]

Esto es, parece que San Agustín asume que una guerra justa no es puramente punitiva, sino reparadora de injusticias, y es esta enmienda lo que justifica moralmente a las guerras. En el siglo VII, Isidoro de Sevilla agregará a la tesis agustiniana una precisión, considero yo, capital: “Es justa la guerra que se hace, después de advertirlo, para recuperar bienes y para rechazar a los enemigos”.[v]

Aquí, lo que legitima a la guerra es, en primer, lugar la advertencia, y luego la recuperación de los bienes y, por último la defensa de la vida en términos del rechazo de los enemigos. Pero esta postura habilita también, en su momento,la embestida de las cruzadas, cuyo fin fue recuperar los Santos Lugares retenidos ilícitamente por los infieles. A partir de esta aseveración, el tránsito de la guerra justa a la guerra santa ya es meramente de protocolo. Tal vez la postura masónica del Tercer Grado esté inspirada en el espíritu templario, pues ya el fundador del Temple, Hugo de Payns, tuvo a bien inventar la novedosa y no menos conflictiva idea de combinar
dos éticas radicalmente opuestas: la del monje y la del guerrero, esto es, la santidad y la caballería, combinación que dio origen a la mayor y más poderosa organización que jamás haya conocido el mundo medieval, la Orden de los Caballeros del Templo de Salomón, los Pobres Caballeros de Cristo, o simplemente, los Templarios. Es decir, la violencia legítima (no “legal”), ya provenga ésta por la vía de la guerra o por la del derecho, -pues habrá que recordar que éste no es sino la legitimación de la violencia del Estado-, adquiere su máxima expresión cuando todos los recursos de la paz o de la diplomacia han fracasado, lo que hace afirmar, en pleno siglo XIX al barón Karl Von Klausewitz, que la guerra no es sino la prolongación de la política por otros medios.


Pero en la Edad Media, pleno siglo XII, es el propio San Bernardo, a quien recordamos como uno de los promotores, junto con Hugo de Payns, de la Orden del Temple en 1118, -y a quien de hecho se le atribuye la Regla prima
del Temple-, quien afirma: “La guerra no puede ser otra cosa que un mal menor, que se ha de utilizar lo menos posible, estudiando caso por caso”.

San Bernardo agrega:  

“Entre cristianos solo es justa cuando peligra la unidad de la Iglesia; contra los judíos, los heréticos, los paganos, ha de evitarse la violencia, ya que la verdad no se impone con la fuerza. El cristiano debe convencer, y solo se justifica una guerra defensiva.”[vi]

Si San Bernardo hubiera vivido en tiempos de la “Santa Inquisición”, o bien Torquemada hubiera sido un imposible, o la propia Inquisición hubiera sido poco menos que una quimera, pues el monje cistircense impone la razón y la verdad en contra de la descalificación y el dogmatismo. Es, a todas luces, lo que se llama un Templario calificado. Y es así como para San Bernardo las cruzadas se consideran solo como una guerra defensiva, llevada a cabo con una intención recta reduciendo la violencia al mínimo.          

Pero el carácter de guerra lícita,como afirma el cahier masónico del Tercer Grado, puede tener una connotación de guerra “permitida”, y no necesariamente de guerra “justa” ni mucho menos de guerra “legítima”. La licitud no es, me parece a mí, una insinuación o una sugerencia de validez, pues el consenso de la sociedad puede, en último de los casos, permitir una guerra injusta con su silencio o su pasividad, y ser la guerra tremendamente injusta como es el caso del magnicidio estadounidense contra el pueblo de Irak. Un magnicidio en que la humanidad se mantuvo dramáticamente expectante, y silenciosamente cómplice. La Masonería internacional, incluso la norteamericana, guardó un sepulcral silencio, y los actores sociales, económicos y políticos del orbe, prefirieron la cómoda postura de la indiferencia en lugar de la activa gestión, aún y cuando ésta, como es natural, hubiera sido solo en el terreno de las opiniones, de las declaraciones y las posturas meramente discursivas e ideológicas. Ante Irak, o ante los atropellos del poderoso contra el débil, resulta evidente que la guerra es mucho más que una controversia entre los derechos de la materialidad (los bienes e incluso la vida) y los derechos que los Estados puedan proclamar como “razón de estado”; de hecho, el debate acerca de la legalidad, la
legitimidad, la injusticia o la permisibilidad de una  guerra se traslada al ámbito de la moralidad, es decir, al perímetro de la eticidad. La Masonería, como sabemos, se define como “un sistema de moral, velado por alegorías e
ilustrado por medio de símbolos
”. Cabe entonces la pregunta ¿cómo puede una Orden fraternal, una Orden centrada en los valores de la espiritualidad y del camino iniciático, aceptar como «lícita» la guerra, cualquier tipo de
guerra?

Desde San Agustín a Hiram Abif, en el entendido de que el primero es una realidad humana e histórica, además de intelectual, y el segundo solo es una manifestación mítica e iniciática, las ideas circundantes a la guerra justificada, o a la guerra lícita de la masonería latina, pueden girar en torno a las siguientes posturas: 

1.      La postura realista, según la cual la guerra es básicamente una cuestión de poder, de interés, de necesidad, incluso de sobrevivencia, y en este sentido el análisis moral abstracto queda materialmente descartado. La pregunta es aquí si frente a la amenaza de muerte o de extinción ¿tiene algún sentido la reflexión moral? Ideas más cercanas a este planteamiento pueden ser, por ejemplo, la de “matar en defensa propia”. 

2.     La segunda postura es la de la guerra santa: Dios autoriza la coerción y la muerte de los infieles, los incrédulos de los partidarios de una ideología laica frente al Estado teocrático.

3.     La noción pacifista, según la cual toda guerra es eminentemente inmoral.

4.     La cuarta es justamente la guerra justa: la convicción que afirma que la razón moral universal, o ley moral natural, puede y debe aplicarse a la guerra.

5.     Una última postura sería aquélla que sostiene que la guerra es válida solo para garantizar la paz, lo cual sugiere una linda paradoja solo admisible en las doctrinas y en las ideologías militares del tipo “guerra fría”, que tanto animo la historia de la segunda mitad del siglo XX.

John Rawls, en La doctrina de la guerra justa, reflexiona en torno de las nociones de los intereses racionales y de los intereses razonables.[vii] La paz justa y duradera para los pueblos es, en Rawls, una razón que justifica la guerra, y es también la guerra un fracaso de la política. La razonabilidad rowniana no es la razonabilidad del Estado, sino la razonabilidad del pueblo, y son entonces los consensos culturales los que acreditan o desacreditan la moralidad de una guerra, sin importar por supuesto el veredicto de la historia.

Por su parte Michael Hardt y Antonio Negri[viii] afirman que el renovado interés por la bellum justus, o guerra justa, no es sino el resurgimiento del concepto de “imperio”. Tradicionalmente, conceptos como estos descansan en la idea de que cuando un Estado debe confrontar una amenaza de agresión que pueda poner en peligro su integridad territorial o su independencia política, adquiere ipso facto el «jus ad bellum», es decir, el derecho a la guerra. Aquí la guerra adopta un sentido político y se legitima, a la luz del derecho, en la noción de la soberanía territorial de los Estados. Ahora las ideas de la justicia bélica se justifican en sí mismas y abandonan los preceptos de la dignidad de las guerras antiguas. Respecto de la guerra justa no son ajenas algunas consideraciones como las siguientes ¿se trata de una guerra de un Estado fuerte contra un Estado débil o de un fuerte contra un fuerte? Si bien es cierto que, ante el derecho internacional todos los Estados son iguales entre sí, la verdad es que una guerra entre una potencia militar y un país endeble sería, de entrada, inmoral, porque no se justifica el uso de la fuerza cuando la fuerza sale sobrando.

De esta manera, no me parece bien ubicada la sentencia del cahier masónico del Tercer Grado franco latino cuando intenta justificar tanto la licitud como la necesariedad de la guerra, aún cuando sea ésta el único recurso para preservar nuestros derechos. Yo podría decir,incluso en mi condición masónica del Ancient Craft y en la más pura devoción al espíritu hirámico, y en mi más explicita lealtad al ideario escocés y yorkino, que las guerras antiguas,justificadas o no, legítimas o no, eran más aceptables, incluso éticas, en tanto tenían una “causa”, un sentido de misión,un estandarte, un baucent templarioque enarbolar y defender con la dignidad del cuerpo y de la lucha frontal, «face to face»; pero las guerras actuales, justas o no, lícitas o no, legales o no, legítimas o no, son guerras de la aniquilación, guerras de la inmolación y del exterminio, son guerras a distancia, guerras en las que tercia la supremacía tecnológica, económica y militar, y ya no la potestad del valor, de la fuerza y del patriotismo, sino el ventajismo de la electrónica, que es lo mismo, en el caso de la guerra, que la preeminencia de la cobardía. Y estas guerras no son las que proclama el Tercer Grado, son guerras ajenas a Hiram Abif, al menos al Hiram Abif franco latino, y ajenas por supuesto al predicamento del valor y de la justicia que debe proclamar al
universo quien, por virtud del trabajo iniciático, llega a conocer la Acacia.

NOTAS

[i] Cahier del Grado de Maestro, M.R.G.L. “Valle de México”.Ed. Menphis. México, 1978, p. 8 y ss. Versión similar al cahier de la M.R.G.L. “Unida Mexicana” de Libres y Aceptados Masones de Veracruz. 

[ii] Ibídem.

[iii] Dudoque lo sea en la masonería norteamericana y europea, y declaradamente no lo es en la masonería yorkina. 

[iv] Ver La doctrine de la guerre juste, de saint Agustin a nous hours, París, 1935. 

[v] J.Lecrercq en Saint Bernard’s Attitude Toward War¸Historia Cistercense de los Estudios Medievales. 1976. 

[vi] Demerger, Alain, en Auge y caída de los Templarios, Roca, México, 1988, p. 28 y ss. 

[viii] Ver la Jornada del 12/10/01.