La Unión con Jesucristo quien fue nacido de una Virgen


La Unión con Jesucristo; quien fue nacido de una Virgen

por Paulo Arieu

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En los últimos artículos he citado acerca de la Unión con Jesucristo quien fue nacido de una Virgen hebrea, llamada María, comunmente conocida como La Virgen María. La doctrina de la concepción virginal de Jesucristo es un dogma de fe que tiene una profunda base bíblica, es de suma importancia para nuestra fe y está relacionado con la doctrina de la Unión con Cristo de la cual he estado compartiendo. Dos de los cuatro evangelios (Mateo y Lucas) relatan el na­cimiento virginal de Jesús, describiéndolo con cierto detalle. Juan lo asume (vea Jn. 1:14), así como lo hace Pablo (vea Gá. 4:4). Aquellas referencias son suficientes para garantizar fe en el nacimiento virginal de Jesús por los creyentes que aceptan la Biblia como la Palabra inspirada de Dios.

Algunos con una teología más liberal dudan el nacimiento virginal. Una vez que se niega esta verdad bíblica, el si­guiente paso para algunos es negar la divinidad de Cristo. Fe en el nacimiento virginal es absolutamente esencial para el cristianismo. Cuando una persona es salva, algunas veces no sabe nada del nacimiento virginal de Jesús. Algunos no han oído; otros son muy jóvenes para saber lo que significa. Sin embargo, cuando una persona llega a estar de acuerdo con Jesús como divino y con la Biblia como la autoridad, negar el nacimiento virginal es rechazar las enseñanzas bíblicas de Jesús. Tal negación puede resultar en una creciente incredulidad en otras verdades bíblicas. La Biblia claramente enseña que Dios es el Padre de Jesús y que El fue concebido por el Espíritu Santo (Mat. 1:18).  [0] Esta doctrina es muy importante. No lo dude nunca, por favor. Es esencial para nuestra fe.

Por ejemplo, el cientifico cristiano William Dembsky, cita el caso del famoso teólogo luterano Karl Barth, de nacionalidad alemana, quien a pesar de su acomodo con el criticismo bíblico, nunca estuvo dispuesto a renunciar al nacimiento virginal o a la resurrección. Dembsky explica que:

Para Barth el nacimiento virginal significaba la encarnación, mientras que la resurrección significaba que Cristo había conquistado la muerte. Observe que no hay ninguna necesidad lógica de conectar el nacimiento virginal a la encarnación o la resurrección al señorío de Cristo sobre la muerte. Adán no fué creado ni de una madre humana ni de un padre humano, y sin embargo, él nunca ha sido considerado como otra cosa más que un humano dentro de la tradición judeocristiana. Dentro de la teología cristiana, Jesús es considerado como el Dios encarnado: Deus incarnatus. El nacimiento virginal no implica lógicamente que Jesús es el Dios encarnado. No obstante, el nacimiento virginal es la señal crucial de la encarnación, porque sin ella no tendríamos base para pensar que Dios se hizo carne en Jesús y solo en Jesús. De seguro, tan solo con un acto arbitrario de creencia podríamos sostener que Jesús era el Dios encarnado. Según dijera de Unamuno, podríamos desearlo así y actuar como si así fuera. Pero las personas de otras creencias pueden hacer lo mismo con sus figuras mesiánicas. Lo que distingue a la creencia cristiana de la encarnación de otras creencias en otras encarnaciones es que la creencia cristiana está sellada con el nacimiento virginal.[1]

Considere lo que el ángel Gabriel le dijo a María cuando ella le preguntó cómo podría concebir un hijo sin contacto sexual:

  • «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35 RVR).

Dentro del pensamiento hebreo llamar a alguien el Hijo de Dios era hacer a esa persona igual a Dios. Los hijos, después de todo, tienen la misma naturaleza que sus padres y crecen para ser como sus padres. El dador en la concepción de Jesús fue Dios, quien se encarnó a sí mismo en Jesús a través de una virgen. El nacimiento virginal entonces llegó a ser la señal de la encarnación. Prediquemos el verdadero evangelio de Jesucristo y no las malformaciones que los hombres realizan con Su Palabra gloriosa. En cuanto a nuestra unión como creyentes con Cristo, vemos su obra en nosotros.

Dios le dio un lugar de honor a María en la historia de la redención. Claro que si, pero no en el acto de la redención en si, porque solamente Jesucristo es nuestro redentor y Maria no es corredentora ni ninguna cosa parecida. Darle a María ese atributo o cualquier otro al respecto que no sea la madre del Señor según la humanidad es caer en la herejía y conduce a idolatrar de diversas maneras a la madre del Señor.  Claro. Jesús tenía una doble naturaleza: Humana y divina. Pero María aportó su humanidad para que Dios haga el milagro de la encarnación. 

Pero es necesario que recordemos que también María participa de la naturaleza pecaminosa de los seres humanos, con todas las consecuencias que esto trae. Ella tambien nacio de padres humanos que nacieron de abuelos humanos, etc. Pero ¿cuáles fueron las consecuencias de la caída del primer hombre? (Gén 3). “El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte” (Rom 5, 12). El pecado separa a los hombres de Dios y a los hombres entre sí; la muerte es la separación del alma y el cuerpo físico; para los que no son salvos, la segunda muerte es la separación eterna de Dios en el lago de fuego (Ap 20, 14). La relación que existía con él antes de la caída quedó interrumpida por el pecado. Pero, por la obra de su Hijo, Dios da en cambio mucho más: no nos restablece el estado anterior, sino que nos une a Cisto. Merced a nuestra unión con Cristo, él permanece en nosotros y nosotros en él. Esto era un misterio antes de la venida de Cristo (Col 1: 26-27), algo oculto, pero ahora, en el tiempo de la gracia, es revelado por el Espíritu.

Nosotros estamos “en Cristo” ante Dios, tema importante de la epístola a los Efesios; Cristo está “en nosotros” en este mundo, como lo subraya la epístola a los Colosenses. Captar esto por la fe transforma la vida (Gál 2, 20). Al igual que lo esta María, la madre del Señor. Romanos 6 nos ofrece lo esencial de esta obra divina en nosotros: “Plantados”, hechos una misma planta con él (v. 5). Esto implica nuestra muerte con Cristo (v. 6-7) y nuestra resurrección con él (v. 8; ver también Efesios 2: 5-6).

Creo que el siguiente ejemplo permitirá comprender mejor nuestra unión con Cristo: un árbol frutal silvestre produce frutos de poco valor o no comestibles. Pero si se le cortan las ramas a corta distancia del tronco, y en su lugar se injerta o inserta un corto trozo de las ramas de un árbol cultivado, las ramas así injertadas van a crecer y transformar al árbol silvestre en un árbol productivo que tendrá la naturaleza del injerto. Se trata de creer que hemos sido unidos a Cristo en su muerte y resurrección. “Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Rom 6, 11). Luego, es preciso demostrar lo que somos en Cristo o, como dice el apóstol, andar en vida nueva (v. 4). Ef 4, 22-24 precisa esta transformación: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”. “Despojaos”: el tiempo del verbo en griego indica un momento preciso en el pasado. Nos hemos despojado de lo que éramos por naturaleza, aunque la naturaleza pecadora aún esté en el creyente. La contrapartida es vestirnos del “nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad”. Vestirse del nuevo hombre también es un hecho cumplido en el momento de nuestra conversión. No se trata de vestirse una y otra vez, pues aquel que está en Cristo ya se ha vestido del nuevo hombre.

Por el contrario, ser “renovados en el espíritu de vuestra mente” es una acción continua. Cada día el entendimiento, la fuente de nuestros pensamientos, necesita ser renovado en la comunión con Dios por la acción de la Palabra, y por la del Espíritu Santo. La epístola a los Colosenses extrae las consecuencias prácticas de nuestra muerte y resurrección con Cristo: “Si habéis muerto con Cristo… ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos… (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres)…?” (2, 20-22). Establecer reglas, leyes y ordenanzas para el hombre que no ha sido regenerado es legalismo.

Pero, “si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (3, 1-3). Hemos resucitado por la gracia de Dios. A nosotros nos corresponde buscar lo positivo, las cosas de arriba, pensar en ellas, cultivar la vida que tenemos en Cristo. Ello implica que debemos hacer “morir lo terrenal en vosotros” (v. 5), es decir, no alimentar los desordenes carnales; también se trata de “dejar” todas las manifestaciones del carácter natural: “ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas” (v. 8). Para ello necesitamos el poder del Espíritu de Dios. Y a esto le sigue el aspecto positivo: “Vestíos… de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia…” (v. 12-15), en una palabra, de todo lo que la nueva vida produce. Para hacerlo posible tenemos un potente recurso: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” (v.16). Porque como dice el apostol Pablo “Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3, 3). [2]

Pero ni nosotros, ni Maria, somos dioses. Solamente participamos de su naturaleza divina por estar unidos a El y porque somos la esposa del Cordero, es que estamos en el cuerpo de Cristo.  En fin, son temas complejos que muchas veces hieren la sensibilidad de creyentes sinceros. Sinceridad no es sinónimo de ortodoxia. Se puede ser sincero y estar profundamente equivocado.

 

La confesión de fe de Westminster dice acerca de la encarnación de Cristo que:

El Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, igual y de una sustancia con el Padre, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomó sobre si la naturaleza humana (Juan 1:1,14; 1 Juan 5:20; Filipenses 2:6; Gálatas 4:4) con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes, mas sin pecado. (Hebreos 2:14,16,17 y 4:15). Fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella. (Lucas 1:27,31,35; Gálatas 4:4) Así que, dos naturalezas completas, perfectas y distintas, la divina y humana, se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión composición o confusión alguna (Lucas 1:35; Colosenses 2:9; Romanos 9:5; 1 Timoteo 3:16; 1 Pedro 3:18). Esta persona es verdadero Dios y verdadero hombre, un solo Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre (Romanos 1:3,4; 1 Timoteo 2:5).[4]

El teólogo reformado Wyne Grudem explica porque Jesús no heredó la naturaleza pecaminosa de su madre:[5]

¿Pero por qué Jesús no heredó una naturaleza pecaminosa de parte de María? La Iglesia Católica Romana responde a esa pregunta diciendo que María misma estaba libre del pecado, pero las Escrituras no enseñan eso, y de todas maneras eso no resuelve el problema (¿acaso no heredó María el pecado de su madre?).’ Una solución mejor es decir que la obra del Espíritu Santo en María debe haber prevenido no solo la transmisión del pecado de José (porque Jesús no tuvo padre humano), sino también, en una forma milagrosa, la transmisión del pecado de María: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti… Así que al santo niño que va a nacerlo llamarán Hijo de Dios» (Lc 1 :35).

Grudem continúa explicando esta doctrina, oponiéndose a aquellos que a causa de su incredulidad niegan la verdad bíblica de la encarnación virginal del Hijo de Dios.[6]

Ha sido común, al menos en generaciones anteriores, para los que no aceptan la completa veracidad de las Escrituras negar la doctrina del nacimiento virginal de Cristo. Pero si nuestras creencias van a ser gobernadas por las declaraciones de las Escrituras, no negaremos ciertamente esta enseñanza. Ya sea que podamos o no discernir algunos aspectos de importancia doctrinal de esta enseñanza, debiéramos creerla primero que nada porque las Escrituras la afirman. Por supuesto, un milagro así no es demasiado dificil para el Dios que creó el universo y todo lo que hay en él, todo el que afirme que un nacimiento virginal es «imposible» está confesando su propia incredulidad en el Dios de la Biblia. 

No debemos permitir que la incredulidad entre en nuestras mentes. como dijo Grudem: “No obstante, además del hecho de que las Escrituras enseñan el nacimiento virginal, podemos ver que es doctrinalmente importante, y si vamos a entender la enseñanza bíblica sobre la persona de Cristo correctamente, es importante que empecemos con una afirmación de esta doctrina”[7]

Espero pueda usted tener claridad intelectual sobre este tema de la concepcion virginal de Cristo y la unión espiritual de María con Cristo. Para Dios no hay nada imposible, ni siquiera engendrar un hijo de una mujer es obstáculo para el creador del Universo. Dios hace todo lo que el quiere, ya que es el dueño del Universo. Pero convertir a Maria en un ídolo como ha hecho la Iglesia católica romana, es deshonrar a Cristo completamente. Aún así debemos reconocer que hubieron personajes de la historia del cristianismo, como el reformador Martín Lutero, quien tenia una piedad mariana heredada de su pasado romanista. Pero aún así, Lutero evitó convertir a Maria en un ídolo. El Dr. MÁXIMO GARCÍA RUIZ[8], comentando acerca de Lutero dice que el reformador alemán dice acerca del analisis del Magnificat que realizó Lutero del libro de Lucas que:

El pasaje de Lucas es, en sí mismo, una reflexión teológica de gran calado, sobre la que no vamos a hacer en esta ocasión la exégesis que se merece, para centrar nuestra atención en la propia reflexión de Lutero y su devoción mariana, que permanece en esa primera etapa de la Reforma como patrimonio espiritual del reformador. Y aunque se trata de una exposición bíblica, no deja de percibirse la devoción que el monje agustino sentía por María. Por una parte, Lutero se muestra cauteloso para no convertir a María en un ídolo; por otra, se despide invocando su intercesión. La propia introducción que Lutero hace al inicio de su comentario muestra su fervor personal: “Que esta dulce madre de Dios me consiga capacidad de espíritu para comentar su cántico útil y profundamente.[9]

Y también GARCÍA RUIZ comenta que Lutero

aun estando ligado a su devoción mariana, comentando la última palabra del Magníficat, “mi alma”, Lutero deja clara su postura en cuanto a la fuente de salvación: “No dice María `mi alma se glorifica a sí misma`, ni ` mi alma se complace en mí`, sino que se limita a exaltar a Dios, sólo a él le atribuye todo; se despoja de todo para dárselo a Dios, de quien lo ha recibido”. Lutero admite que María “fue agraciada por la acción sobreabundante de Dios, pero no está dispuesta a considerarse por encima del más humilde de la tierra; y si lo hubiera hecho, habría sido arrojada a lo más profundo del infierno con Lucifer.[10]

Clara es la reflexión de Lutero, a pesar de su devoción mariana. Si Maria se hubiese arrogado algún privilegio como la Iglesia romana le atribuye hoy en día, seguramente María “habría sido arrojada a lo más profundo del infierno con Lucifer[11], por haberse atrevido a robarle la Gloria a Dios (2 Samuel 6:7).  Pero, que hacemos nosotros con toda esa devoción mariana que es una práctica popular en todos nuestros países hispanos? Pues lo que debemos hacer es denunciarla como idolatría. Yo creo que es idolatría. Sin dudas, es una práctica idolátrica. Pero y el reformador alemán, y su piedad mariana. Creo que debemos aclarar que “Lutero era un monje agustino y continuó siéndolo hasta que fue excomulgado con ocasión de la Dieta de Worms en el año 1521. De hecho, utilizó el hábito de la Orden hasta octubre de 1524.” [12] Este es un detalle muy importante para poder entender la piedad mariana del reformador alemán Martín Lutero. Sin dudas, Lutero no alcanzó a comprender estos temas biblicos y su relación con el marianismo, como por ejemplo si lo hicieron otros reformadores, como Juan Calvino, quien sin dudas fue un poco mas agudos biblicamente hablando que el ex-monje Martín Lutero. 

El portal protestante español Protestante Digital, en un artículo sobre la oración mariana dice que nosotros, los cristianos evangélicos, comprendemos que no debemos orar a María, dado que es una práctica incorrecta. Pero, surge una pregunta que el autor de este artículo realiza: ¿Qué hacemos con la oración mariana? Y el autor responde que la tenemos que denunciar como lo que verdaderamente es: una práctica de idolatría y por este motivo la rechazamos en el nombre de la gloria de Dios.[13] En este artículo, su autor explica también que:

La pregunta 198 del Catecismo católico diferencia lingüísticamente entre la adoración y la veneración. La distinción clave, según el Catolicismo, reside en que la adoración se dirige únicamente a Dios mientras que es posible honrar a los santos en general y venerar a María en particular. Tradicionalmente Roma ha empleado tres vocablos griegos para justificar su veneración a María, a saber, latría (adorar); dulía (honrar); e hiperdulía (venerar). Latría es para Dios; dulía es para los santos; e hiperdulía es para la Virgen. El gigante protestante Juan Calvino ya condenó tal juego de palabras en el siglo XVI. Además de descartar la legitimidad teológica de los tres términos, en su Comentario a los Hechos preguntó a sus lectores, ¿cuántos católicos, a nivel práctico, realmente entienden la distinción entre latría, dulía, e hiperdulía?[14]

Creemos de corazón que ella es una mujer bendita y que fue muy favorecida por el Señor con el privilegio de traer al Hijo de Dios al mundo y cuidar de El durante su niñez ¡Claro que si! Pero también han sido bendecidas todas las mujeres de Dios que han sido salvas por la gracia del Dios Altísimo. Es muy importamte que recordemos, por favor, las palabras de Jesús en el Evangelio cuando el Señor preguntó “¿Quién es mi madre?” Y luego El contestó que “Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12:46-50). Y decimos Amén, gloria a Dios, porque la verdad es que también nosotros somos la familia del Señor si hacemos la voluntad del Padre, tal cual Dios nos la reveló en las Sagradas Escrituras. Estamos unidos a Cristo, porque somos la Esposa del Cordero, el cuerpo de Cristo, que espera su retorno para celebrar las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:7).

Pero ¿Es María la Madre de Dios, por haber engendrado al Hijo de Dios en su vientre? A esta pregunta respondemos que todo depende de cual sea la intención de usar este título. Si el título ‘Madre de Dios’ solo quiere resaltar la unidad de las dos naturalezas en Jesucristo, si bien esa expresión “Madre de Dios” trae algunos problemas exegéticos y no es bíblica, comprendemos la intención y pienso que no deberían los teólogos protestantes sentirse muy ofendidos. Repito: si la intención es defender la doble naturaleza humano-divina del Señor, nadie deberia sentirse muy ofendido. Aunque la enciclopedia “New World Encyclopedia” reconoce que el término Madre de Dios “causó una gran controversia en la iglesia primitiva ya que algunos cristianos encontraron que era una doctrina blasfema”. [15] Pero si  “Madre de Dios” se refiere a que María engendró a Dios en la eternidad, “entonces, no aceptamos el término para nada”.[16] Y por supuesto rechazamos toda veneración a María, por considerar que su ascención a los cielos y su entronación como reina de los cielos , es una fábula que ni siquiera es piadosa. Esta es una leyenda completamente herética que solo conduce a la idolatría de María, la madre del Señor, según su humanidad.  Los cristianos amamos a la virgen María, admiramos su fe y estoy seguro que muchas mujeres piadosas quisieran ser como ella. Pero, esto no quiere decir que vayamos a venerarla, ni adorarla

Le preguntamos con honestidad a todos los amigos católicos: dónde encuentran nuestros lectores católico-romanos dicho concepto de veneración a María en la Biblia? Preguntamos con sinceridad ya que en la Biblia no encontramos que alguien haya pretendido venerar o adorar a la madre de Jesús. La unión mística de María con Cristo, no implica la deificación de María, ni la de ningún cristiano. Es verdad que María es nuestra hermana en la fe y es verdad también que ella recibió el Espiritu Santo, por lo tanto está unida a Cristo, como lo estamos todos los cristianos nacidos de nuevo. Pero la unión de Maria con Cristo no es exclusivo de ella, sino que comparte con todos los cristianos este privilegio de estar unida al Señor, por la obra gloriosa del Espíritu Santo. 

Sin dudas, este tema es tan complejo que algunos teólogos de entre los padres de la Iglesia primitiva no estuvieron de acuerdo.  Los teólogos de aquella época acuñaron expresiones en girego como Theotokos y Christotokos. Pero disidentes como Nestorio manifestaron su desacuerdo durante varios años. La enciclopedia “New World Encyclopedia” nos explica que:

El uso de Theotokos fue afirmado formalmente en el Tercer Concilio Ecuménico celebrado en Éfeso en el año 431. La visión opuesta (defendida por Nestorio, entonces Patriarca de Constantinopla) era que María debería llamarse Christotokos, que significa “Madre de Cristo”, para restringir su papel a la humanidad de Cristo solamente y no a su naturaleza divina. Los opositores de Nestorio, dirigidos por Cirilo de Alejandría, vieron esto dividiendo a Jesús en dos personas distintas, una que era el Hijo de María, y otra, la naturaleza divina, que no era. Tal noción era inaceptable, ya que (según la visión ortodoxa) al destruir la perfecta unión de la naturaleza divina y humana en Cristo, saboteó la plenitud de la encarnación y, por extensión, la salvación de la humanidad. La opinión de Nestorio fue anatematizada por el Concilio como herejía (ver Nestorianismo), y el título “Theotokos” para María fue afirmado… Al final de su vida, Nestorio había aceptado el título de Theotokos. [17]

Como vemos, este tema levantó ampollas entre los grandes teólogos y pensadores cristianos de aquella época (siglo V d. C). Sin dudas, es un tema controversial que también trae suspicacias entre los protestantes. Como consecuencias de la veneración idolátrica de los católicos a María, los protestantes vemos con sospecha todo intento de exaltación a la figuera de la Virgen María. La enciclopedia “New World Encyclopedia” nos dice que en la iglesia Ortodoxa, también rinden culto a María, siendo esto un  dogma importante en el cuerpo de doctrinas de esta iglesia. [18] También esta enciclopedia nos dice que

Otras creencias acerca de María se expresan en la adoración de la Iglesia Ortodoxa, pero no están formalmente dogmatizadas ni son una precondición del bautismo.[19]

Pero lo que mas deseo que usted pueda comprender es que como cristianos estamos unidos a Jesucristo. Decimos con gratitud !gracias a ti, Señor.! También comprendemos que mediante un milagro, Dios ha hecho posible que su hijo Jesucristo nazca del seno de una joven mujer virgen. Tampoco debemos pasar por alto que Jesucristo, el Hijo de Dios, tiene una doble naturaleza: El es 100%  humano y 100% divino. Obviar esta realidad es caer en una herejia similar a la doctrina de Nestorio, padre de la iglesia primitiva que tardó mucho tiempo en  aceptar esta verdad llamada unión hipostática.Quisiera que usted comprenda que

“La generación o concepción virginal de Jesús no es en primer lugar un misterio que se refiera a María. Es un dato cristológico que atañe en primer lugar a la persona de Jesús. ” [20] El culto a María surge como una consecuencia de la doctrina del  nacimiento virginal de Jesús y su doble naturaleza humano – divina. Erróneamente los creyentes desviaron su atención de la persona de Jesús y la pusieron en su madre. El autor de la epístola a los Hebreos nos exhorta a que nos mantengamos “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…”(Hebreos 12:1-2 RV 1960). Pero muchos no le obedecieron, desviaron su mirada del Dios hecho hombre y la pusieron en su madre María, atribuyéndole toda clase de milagros superticiosos. Entonces, adoraron a la criatura en vez del Creador (Romanos 1:25). Y de la adoración a Jesucristo,  se desviaron a la reflexión y admiración a la Virgen Madre, lo que “se convirtió en fuente de honor y gloria para la virgen María.” [21]

Estimado lector. Lo invito a seguir reflexionando en estos temas tan profundos. !A Dios sea la gloria! La santidad de Dios en nuestras vidas es un signo visible de nuestra fe. Nuestra creencia puede ser invisible a los ojos de los demás, pasarles desapercibida a aquellos que dudan del amor de Dios manifestado en Jesucristo, quien verdaderamente resucitó de entre los muertos. Porque, como bien dijo el apostol Pablo, si Jesús no resucitó, hemos creído en vano y estamos perdiendo nuestro tiempo. Pablo le escribió a aquellos corintios que quizas estaban dudando que “…si nuestra esperanza en Cristo es solo para esta vida, somos los más dignos de lástima de todo el mundo.Lo cierto es que Cristo sí resucitó de los muertos. Él es el primer fruto de una gran cosecha, el primero de todos los que murieron.”(I Cor. 15:19-20 Nueva Traducción Viviente).

Por este motivo, lo invito a poner la mirada en el Señor Jesucristo y a creer de todo corazón en El y a continuar reflexionando en la doctrina de la Unión con Cristo. Porque como dice la epístola a los Hebreos:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,  puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. “(Hebreos 12:1-2 Reina-Valera 1960)

Mientras reflexiona sobre estos temas tan profundos de nuestra fe cristiana, lo invito a escuchar esta bella melodía del cantautor cristiano Marco Barrientos titulada “Puestos Los Ojos En Jesús”. 

 

Dios lo bendiga mucho.<>

Notas

[0]. Roy T.Edgemon, Las doctrinas que creen los bautistas, pag. 50, Convention Press Nashville Tennesee

[1] Los escépticos son aficionados a apuntar hoy hacia el filósofo neopitagórico Apolonio de Tiana como una figura mesiánica que supuestamente realizó muchas de las mismas señales de Jesús, incluyendo un nacimiento milagroso. Pero en el caso de Apolonio es claro que el paralelo con Jesús fue fraguado por escritores anticristianos para «desacre­ditar la unicidad del evangelio cristiano» (véase F. L. Cross, ed., The Oxford Dictionary of the Chrístian Church, 2da ed., s.v. «Apollonius of Tyana»). Para una explicación más extensa de Apolonio véase Everet Ferguson, Backgrounds ofEarly Christianity, 2da ed. (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1993), pp. 361-63. Un escéptico contemporáneo que en sus conferencias públicas acumula millaje anticristiano sobre Apolonio es Michael Shermer. Véase su Why People Relieve Weird Things: Pseudoscience, Superstition and Other Confusions of Our Time (Nueva York: W. H. Freeman, 1998). Las únicas explicaciones bien sostenidas de un nacimiento virginal y de una resurrección corporal son las de Jesús. Citado en William Dembsky,”Diseño Inteligente”,pag. 41-42,ed. Vida.

[2] http://artigoo.com/unidos-a-cristo, http://artigoo.com/union-a-cristo-2, http://artigoo.com/un

[3] http://www.spectrummagazine.org/node/1285

[4] Confesion de Fe Westminster.CAPITULO 8: DE CRISTO, EL MEDIADOR. 

[5] Grudem, W.  Teología sistemática. UNA INTRODUCCIÓN A LA DOCTRINA BÍBLICA. Editorial Vida. p. 556.

[6] Ibid

[7] Ibid

[8] MÁXIMO GARCÍA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, licenciado en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teología por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociología e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teología de la Unión Evangélica Bautista de España-UEBE (actualmente profesor emérito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Ha publicado numerosos artículos y estudios de investigación en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboración, algunos de ellos en calidad de editor.

[9] https://www.actualidadevangelica.es/index.php?option=com_content&view=article&id=10120%3Areforma-el-magnificat-lutero-y-la-virgen-maria&catid=47%3Acolumnas&Itemid=209

[10] Ibid

[11] Ibid

[12] Ibid

[13] http://protestantedigital.com/magacin/34149/no_oramos_a_maria

[14] CALVINO, Juan, Comentario a los Hechos de los apóstoles, Capítulo 10:25-27. Calvino habló en contra de la distinción entre dulía y latría en sus Instituciones también  (Instituciones 1.11.11). Citado en  Nota número 1 de pie de página de http://protestantedigital.com/magacin/34149/no_oramos_a_maria

[15] http://www.newworldencyclopedia.org/entry/Theotokos

[16] http://protestantedigital.com/magacin/34149/no_oramos_a_maria

[17] http://www.newworldencyclopedia.org/entry/Theotokos

[18] Ibid

[19] Ibid

[20]Bourgeois, Henri & Sesboüé,Bernard & Tihon, Paul. (1996). Historia de los dogmas, Volumen 3. p. 434. Secretariado Trinitario.

[21] Ibid

[22] Ibid

 

Imagen:http://www.aplicaciones.info/valores/vavc11.htm

Católicos piden al Papa que declare a María como “corredentora”


Católicos piden al Papa que declare a María como “corredentora”
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Católicos han pedido al Papa Francisco que reconozca a María como “corredentora“, elevándola a la misma posición de Jesús. Entre los solicitantes está una organización mariana, 100 obispos, sacerdotes, religiosos y teólogos de más de 20 países del mundo.

Para conseguir ese objetivo, la Comisión Teológica de la Organización Mariana Internacional publicó un artículo de 10 páginas el 1 de enero titulado: “El papel de María en la Redención“.

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