La Unión con Jesucristo quien fue nacido de una Virgen


La Unión con Jesucristo; quien fue nacido de una Virgen

por Paulo Arieu

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En los últimos artículos he citado acerca de la Unión con Jesucristo quien fue nacido de una Virgen hebrea, llamada María, comunmente conocida como La Virgen María. La doctrina de la concepción virginal de Jesucristo es un dogma de fe que tiene una profunda base bíblica, es de suma importancia para nuestra fe y está relacionado con la doctrina de la Unión con Cristo de la cual he estado compartiendo. Dos de los cuatro evangelios (Mateo y Lucas) relatan el na­cimiento virginal de Jesús, describiéndolo con cierto detalle. Juan lo asume (vea Jn. 1:14), así como lo hace Pablo (vea Gá. 4:4). Aquellas referencias son suficientes para garantizar fe en el nacimiento virginal de Jesús por los creyentes que aceptan la Biblia como la Palabra inspirada de Dios.

Algunos con una teología más liberal dudan el nacimiento virginal. Una vez que se niega esta verdad bíblica, el si­guiente paso para algunos es negar la divinidad de Cristo. Fe en el nacimiento virginal es absolutamente esencial para el cristianismo. Cuando una persona es salva, algunas veces no sabe nada del nacimiento virginal de Jesús. Algunos no han oído; otros son muy jóvenes para saber lo que significa. Sin embargo, cuando una persona llega a estar de acuerdo con Jesús como divino y con la Biblia como la autoridad, negar el nacimiento virginal es rechazar las enseñanzas bíblicas de Jesús. Tal negación puede resultar en una creciente incredulidad en otras verdades bíblicas. La Biblia claramente enseña que Dios es el Padre de Jesús y que El fue concebido por el Espíritu Santo (Mat. 1:18).  [0] Esta doctrina es muy importante. No lo dude nunca, por favor. Es esencial para nuestra fe.

Por ejemplo, el cientifico cristiano William Dembsky, cita el caso del famoso teólogo luterano Karl Barth, de nacionalidad alemana, quien a pesar de su acomodo con el criticismo bíblico, nunca estuvo dispuesto a renunciar al nacimiento virginal o a la resurrección. Dembsky explica que:

Para Barth el nacimiento virginal significaba la encarnación, mientras que la resurrección significaba que Cristo había conquistado la muerte. Observe que no hay ninguna necesidad lógica de conectar el nacimiento virginal a la encarnación o la resurrección al señorío de Cristo sobre la muerte. Adán no fué creado ni de una madre humana ni de un padre humano, y sin embargo, él nunca ha sido considerado como otra cosa más que un humano dentro de la tradición judeocristiana. Dentro de la teología cristiana, Jesús es considerado como el Dios encarnado: Deus incarnatus. El nacimiento virginal no implica lógicamente que Jesús es el Dios encarnado. No obstante, el nacimiento virginal es la señal crucial de la encarnación, porque sin ella no tendríamos base para pensar que Dios se hizo carne en Jesús y solo en Jesús. De seguro, tan solo con un acto arbitrario de creencia podríamos sostener que Jesús era el Dios encarnado. Según dijera de Unamuno, podríamos desearlo así y actuar como si así fuera. Pero las personas de otras creencias pueden hacer lo mismo con sus figuras mesiánicas. Lo que distingue a la creencia cristiana de la encarnación de otras creencias en otras encarnaciones es que la creencia cristiana está sellada con el nacimiento virginal.[1]

Considere lo que el ángel Gabriel le dijo a María cuando ella le preguntó cómo podría concebir un hijo sin contacto sexual:

  • «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35 RVR).

Dentro del pensamiento hebreo llamar a alguien el Hijo de Dios era hacer a esa persona igual a Dios. Los hijos, después de todo, tienen la misma naturaleza que sus padres y crecen para ser como sus padres. El dador en la concepción de Jesús fue Dios, quien se encarnó a sí mismo en Jesús a través de una virgen. El nacimiento virginal entonces llegó a ser la señal de la encarnación. Prediquemos el verdadero evangelio de Jesucristo y no las malformaciones que los hombres realizan con Su Palabra gloriosa. En cuanto a nuestra unión como creyentes con Cristo, vemos su obra en nosotros.

Dios le dio un lugar de honor a María en la historia de la redención. Claro que si, pero no en el acto de la redención en si, porque solamente Jesucristo es nuestro redentor y Maria no es corredentora ni ninguna cosa parecida. Darle a María ese atributo o cualquier otro al respecto que no sea la madre del Señor según la humanidad es caer en la herejía y conduce a idolatrar de diversas maneras a la madre del Señor.  Claro. Jesús tenía una doble naturaleza: Humana y divina. Pero María aportó su humanidad para que Dios haga el milagro de la encarnación. 

Pero es necesario que recordemos que también María participa de la naturaleza pecaminosa de los seres humanos, con todas las consecuencias que esto trae. Ella tambien nacio de padres humanos que nacieron de abuelos humanos, etc. Pero ¿cuáles fueron las consecuencias de la caída del primer hombre? (Gén 3). “El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte” (Rom 5, 12). El pecado separa a los hombres de Dios y a los hombres entre sí; la muerte es la separación del alma y el cuerpo físico; para los que no son salvos, la segunda muerte es la separación eterna de Dios en el lago de fuego (Ap 20, 14). La relación que existía con él antes de la caída quedó interrumpida por el pecado. Pero, por la obra de su Hijo, Dios da en cambio mucho más: no nos restablece el estado anterior, sino que nos une a Cisto. Merced a nuestra unión con Cristo, él permanece en nosotros y nosotros en él. Esto era un misterio antes de la venida de Cristo (Col 1: 26-27), algo oculto, pero ahora, en el tiempo de la gracia, es revelado por el Espíritu.

Nosotros estamos “en Cristo” ante Dios, tema importante de la epístola a los Efesios; Cristo está “en nosotros” en este mundo, como lo subraya la epístola a los Colosenses. Captar esto por la fe transforma la vida (Gál 2, 20). Al igual que lo esta María, la madre del Señor. Romanos 6 nos ofrece lo esencial de esta obra divina en nosotros: “Plantados”, hechos una misma planta con él (v. 5). Esto implica nuestra muerte con Cristo (v. 6-7) y nuestra resurrección con él (v. 8; ver también Efesios 2: 5-6).

Creo que el siguiente ejemplo permitirá comprender mejor nuestra unión con Cristo: un árbol frutal silvestre produce frutos de poco valor o no comestibles. Pero si se le cortan las ramas a corta distancia del tronco, y en su lugar se injerta o inserta un corto trozo de las ramas de un árbol cultivado, las ramas así injertadas van a crecer y transformar al árbol silvestre en un árbol productivo que tendrá la naturaleza del injerto. Se trata de creer que hemos sido unidos a Cristo en su muerte y resurrección. “Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Rom 6, 11). Luego, es preciso demostrar lo que somos en Cristo o, como dice el apóstol, andar en vida nueva (v. 4). Ef 4, 22-24 precisa esta transformación: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”. “Despojaos”: el tiempo del verbo en griego indica un momento preciso en el pasado. Nos hemos despojado de lo que éramos por naturaleza, aunque la naturaleza pecadora aún esté en el creyente. La contrapartida es vestirnos del “nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad”. Vestirse del nuevo hombre también es un hecho cumplido en el momento de nuestra conversión. No se trata de vestirse una y otra vez, pues aquel que está en Cristo ya se ha vestido del nuevo hombre.

Por el contrario, ser “renovados en el espíritu de vuestra mente” es una acción continua. Cada día el entendimiento, la fuente de nuestros pensamientos, necesita ser renovado en la comunión con Dios por la acción de la Palabra, y por la del Espíritu Santo. La epístola a los Colosenses extrae las consecuencias prácticas de nuestra muerte y resurrección con Cristo: “Si habéis muerto con Cristo… ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos… (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres)…?” (2, 20-22). Establecer reglas, leyes y ordenanzas para el hombre que no ha sido regenerado es legalismo.

Pero, “si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (3, 1-3). Hemos resucitado por la gracia de Dios. A nosotros nos corresponde buscar lo positivo, las cosas de arriba, pensar en ellas, cultivar la vida que tenemos en Cristo. Ello implica que debemos hacer “morir lo terrenal en vosotros” (v. 5), es decir, no alimentar los desordenes carnales; también se trata de “dejar” todas las manifestaciones del carácter natural: “ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas” (v. 8). Para ello necesitamos el poder del Espíritu de Dios. Y a esto le sigue el aspecto positivo: “Vestíos… de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia…” (v. 12-15), en una palabra, de todo lo que la nueva vida produce. Para hacerlo posible tenemos un potente recurso: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” (v.16). Porque como dice el apostol Pablo “Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3, 3). [2]

Pero ni nosotros, ni Maria, somos dioses. Solamente participamos de su naturaleza divina por estar unidos a El y porque somos la esposa del Cordero, es que estamos en el cuerpo de Cristo.  En fin, son temas complejos que muchas veces hieren la sensibilidad de creyentes sinceros. Sinceridad no es sinónimo de ortodoxia. Se puede ser sincero y estar profundamente equivocado.

 

La confesión de fe de Westminster dice acerca de la encarnación de Cristo que:

El Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, igual y de una sustancia con el Padre, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomó sobre si la naturaleza humana (Juan 1:1,14; 1 Juan 5:20; Filipenses 2:6; Gálatas 4:4) con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes, mas sin pecado. (Hebreos 2:14,16,17 y 4:15). Fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella. (Lucas 1:27,31,35; Gálatas 4:4) Así que, dos naturalezas completas, perfectas y distintas, la divina y humana, se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión composición o confusión alguna (Lucas 1:35; Colosenses 2:9; Romanos 9:5; 1 Timoteo 3:16; 1 Pedro 3:18). Esta persona es verdadero Dios y verdadero hombre, un solo Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre (Romanos 1:3,4; 1 Timoteo 2:5).[4]

El teólogo reformado Wyne Grudem explica porque Jesús no heredó la naturaleza pecaminosa de su madre:[5]

¿Pero por qué Jesús no heredó una naturaleza pecaminosa de parte de María? La Iglesia Católica Romana responde a esa pregunta diciendo que María misma estaba libre del pecado, pero las Escrituras no enseñan eso, y de todas maneras eso no resuelve el problema (¿acaso no heredó María el pecado de su madre?).’ Una solución mejor es decir que la obra del Espíritu Santo en María debe haber prevenido no solo la transmisión del pecado de José (porque Jesús no tuvo padre humano), sino también, en una forma milagrosa, la transmisión del pecado de María: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti… Así que al santo niño que va a nacerlo llamarán Hijo de Dios» (Lc 1 :35).

Grudem continúa explicando esta doctrina, oponiéndose a aquellos que a causa de su incredulidad niegan la verdad bíblica de la encarnación virginal del Hijo de Dios.[6]

Ha sido común, al menos en generaciones anteriores, para los que no aceptan la completa veracidad de las Escrituras negar la doctrina del nacimiento virginal de Cristo. Pero si nuestras creencias van a ser gobernadas por las declaraciones de las Escrituras, no negaremos ciertamente esta enseñanza. Ya sea que podamos o no discernir algunos aspectos de importancia doctrinal de esta enseñanza, debiéramos creerla primero que nada porque las Escrituras la afirman. Por supuesto, un milagro así no es demasiado dificil para el Dios que creó el universo y todo lo que hay en él, todo el que afirme que un nacimiento virginal es «imposible» está confesando su propia incredulidad en el Dios de la Biblia. 

No debemos permitir que la incredulidad entre en nuestras mentes. como dijo Grudem: “No obstante, además del hecho de que las Escrituras enseñan el nacimiento virginal, podemos ver que es doctrinalmente importante, y si vamos a entender la enseñanza bíblica sobre la persona de Cristo correctamente, es importante que empecemos con una afirmación de esta doctrina”[7]

Espero pueda usted tener claridad intelectual sobre este tema de la concepcion virginal de Cristo y la unión espiritual de María con Cristo. Para Dios no hay nada imposible, ni siquiera engendrar un hijo de una mujer es obstáculo para el creador del Universo. Dios hace todo lo que el quiere, ya que es el dueño del Universo. Pero convertir a Maria en un ídolo como ha hecho la Iglesia católica romana, es deshonrar a Cristo completamente. Aún así debemos reconocer que hubieron personajes de la historia del cristianismo, como el reformador Martín Lutero, quien tenia una piedad mariana heredada de su pasado romanista. Pero aún así, Lutero evitó convertir a Maria en un ídolo. El Dr. MÁXIMO GARCÍA RUIZ[8], comentando acerca de Lutero dice que el reformador alemán dice acerca del analisis del Magnificat que realizó Lutero del libro de Lucas que:

El pasaje de Lucas es, en sí mismo, una reflexión teológica de gran calado, sobre la que no vamos a hacer en esta ocasión la exégesis que se merece, para centrar nuestra atención en la propia reflexión de Lutero y su devoción mariana, que permanece en esa primera etapa de la Reforma como patrimonio espiritual del reformador. Y aunque se trata de una exposición bíblica, no deja de percibirse la devoción que el monje agustino sentía por María. Por una parte, Lutero se muestra cauteloso para no convertir a María en un ídolo; por otra, se despide invocando su intercesión. La propia introducción que Lutero hace al inicio de su comentario muestra su fervor personal: “Que esta dulce madre de Dios me consiga capacidad de espíritu para comentar su cántico útil y profundamente.[9]

Y también GARCÍA RUIZ comenta que Lutero

aun estando ligado a su devoción mariana, comentando la última palabra del Magníficat, “mi alma”, Lutero deja clara su postura en cuanto a la fuente de salvación: “No dice María `mi alma se glorifica a sí misma`, ni ` mi alma se complace en mí`, sino que se limita a exaltar a Dios, sólo a él le atribuye todo; se despoja de todo para dárselo a Dios, de quien lo ha recibido”. Lutero admite que María “fue agraciada por la acción sobreabundante de Dios, pero no está dispuesta a considerarse por encima del más humilde de la tierra; y si lo hubiera hecho, habría sido arrojada a lo más profundo del infierno con Lucifer.[10]

Clara es la reflexión de Lutero, a pesar de su devoción mariana. Si Maria se hubiese arrogado algún privilegio como la Iglesia romana le atribuye hoy en día, seguramente María “habría sido arrojada a lo más profundo del infierno con Lucifer[11], por haberse atrevido a robarle la Gloria a Dios (2 Samuel 6:7).  Pero, que hacemos nosotros con toda esa devoción mariana que es una práctica popular en todos nuestros países hispanos? Pues lo que debemos hacer es denunciarla como idolatría. Yo creo que es idolatría. Sin dudas, es una práctica idolátrica. Pero y el reformador alemán, y su piedad mariana. Creo que debemos aclarar que “Lutero era un monje agustino y continuó siéndolo hasta que fue excomulgado con ocasión de la Dieta de Worms en el año 1521. De hecho, utilizó el hábito de la Orden hasta octubre de 1524.” [12] Este es un detalle muy importante para poder entender la piedad mariana del reformador alemán Martín Lutero. Sin dudas, Lutero no alcanzó a comprender estos temas biblicos y su relación con el marianismo, como por ejemplo si lo hicieron otros reformadores, como Juan Calvino, quien sin dudas fue un poco mas agudos biblicamente hablando que el ex-monje Martín Lutero. 

El portal protestante español Protestante Digital, en un artículo sobre la oración mariana dice que nosotros, los cristianos evangélicos, comprendemos que no debemos orar a María, dado que es una práctica incorrecta. Pero, surge una pregunta que el autor de este artículo realiza: ¿Qué hacemos con la oración mariana? Y el autor responde que la tenemos que denunciar como lo que verdaderamente es: una práctica de idolatría y por este motivo la rechazamos en el nombre de la gloria de Dios.[13] En este artículo, su autor explica también que:

La pregunta 198 del Catecismo católico diferencia lingüísticamente entre la adoración y la veneración. La distinción clave, según el Catolicismo, reside en que la adoración se dirige únicamente a Dios mientras que es posible honrar a los santos en general y venerar a María en particular. Tradicionalmente Roma ha empleado tres vocablos griegos para justificar su veneración a María, a saber, latría (adorar); dulía (honrar); e hiperdulía (venerar). Latría es para Dios; dulía es para los santos; e hiperdulía es para la Virgen. El gigante protestante Juan Calvino ya condenó tal juego de palabras en el siglo XVI. Además de descartar la legitimidad teológica de los tres términos, en su Comentario a los Hechos preguntó a sus lectores, ¿cuántos católicos, a nivel práctico, realmente entienden la distinción entre latría, dulía, e hiperdulía?[14]

Creemos de corazón que ella es una mujer bendita y que fue muy favorecida por el Señor con el privilegio de traer al Hijo de Dios al mundo y cuidar de El durante su niñez ¡Claro que si! Pero también han sido bendecidas todas las mujeres de Dios que han sido salvas por la gracia del Dios Altísimo. Es muy importamte que recordemos, por favor, las palabras de Jesús en el Evangelio cuando el Señor preguntó “¿Quién es mi madre?” Y luego El contestó que “Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12:46-50). Y decimos Amén, gloria a Dios, porque la verdad es que también nosotros somos la familia del Señor si hacemos la voluntad del Padre, tal cual Dios nos la reveló en las Sagradas Escrituras. Estamos unidos a Cristo, porque somos la Esposa del Cordero, el cuerpo de Cristo, que espera su retorno para celebrar las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:7).

Pero ¿Es María la Madre de Dios, por haber engendrado al Hijo de Dios en su vientre? A esta pregunta respondemos que todo depende de cual sea la intención de usar este título. Si el título ‘Madre de Dios’ solo quiere resaltar la unidad de las dos naturalezas en Jesucristo, si bien esa expresión “Madre de Dios” trae algunos problemas exegéticos y no es bíblica, comprendemos la intención y pienso que no deberían los teólogos protestantes sentirse muy ofendidos. Repito: si la intención es defender la doble naturaleza humano-divina del Señor, nadie deberia sentirse muy ofendido. Aunque la enciclopedia “New World Encyclopedia” reconoce que el término Madre de Dios “causó una gran controversia en la iglesia primitiva ya que algunos cristianos encontraron que era una doctrina blasfema”. [15] Pero si  “Madre de Dios” se refiere a que María engendró a Dios en la eternidad, “entonces, no aceptamos el término para nada”.[16] Y por supuesto rechazamos toda veneración a María, por considerar que su ascención a los cielos y su entronación como reina de los cielos , es una fábula que ni siquiera es piadosa. Esta es una leyenda completamente herética que solo conduce a la idolatría de María, la madre del Señor, según su humanidad.  Los cristianos amamos a la virgen María, admiramos su fe y estoy seguro que muchas mujeres piadosas quisieran ser como ella. Pero, esto no quiere decir que vayamos a venerarla, ni adorarla

Le preguntamos con honestidad a todos los amigos católicos: dónde encuentran nuestros lectores católico-romanos dicho concepto de veneración a María en la Biblia? Preguntamos con sinceridad ya que en la Biblia no encontramos que alguien haya pretendido venerar o adorar a la madre de Jesús. La unión mística de María con Cristo, no implica la deificación de María, ni la de ningún cristiano. Es verdad que María es nuestra hermana en la fe y es verdad también que ella recibió el Espiritu Santo, por lo tanto está unida a Cristo, como lo estamos todos los cristianos nacidos de nuevo. Pero la unión de Maria con Cristo no es exclusivo de ella, sino que comparte con todos los cristianos este privilegio de estar unida al Señor, por la obra gloriosa del Espíritu Santo. 

Sin dudas, este tema es tan complejo que algunos teólogos de entre los padres de la Iglesia primitiva no estuvieron de acuerdo.  Los teólogos de aquella época acuñaron expresiones en girego como Theotokos y Christotokos. Pero disidentes como Nestorio manifestaron su desacuerdo durante varios años. La enciclopedia “New World Encyclopedia” nos explica que:

El uso de Theotokos fue afirmado formalmente en el Tercer Concilio Ecuménico celebrado en Éfeso en el año 431. La visión opuesta (defendida por Nestorio, entonces Patriarca de Constantinopla) era que María debería llamarse Christotokos, que significa “Madre de Cristo”, para restringir su papel a la humanidad de Cristo solamente y no a su naturaleza divina. Los opositores de Nestorio, dirigidos por Cirilo de Alejandría, vieron esto dividiendo a Jesús en dos personas distintas, una que era el Hijo de María, y otra, la naturaleza divina, que no era. Tal noción era inaceptable, ya que (según la visión ortodoxa) al destruir la perfecta unión de la naturaleza divina y humana en Cristo, saboteó la plenitud de la encarnación y, por extensión, la salvación de la humanidad. La opinión de Nestorio fue anatematizada por el Concilio como herejía (ver Nestorianismo), y el título “Theotokos” para María fue afirmado… Al final de su vida, Nestorio había aceptado el título de Theotokos. [17]

Como vemos, este tema levantó ampollas entre los grandes teólogos y pensadores cristianos de aquella época (siglo V d. C). Sin dudas, es un tema controversial que también trae suspicacias entre los protestantes. Como consecuencias de la veneración idolátrica de los católicos a María, los protestantes vemos con sospecha todo intento de exaltación a la figuera de la Virgen María. La enciclopedia “New World Encyclopedia” nos dice que en la iglesia Ortodoxa, también rinden culto a María, siendo esto un  dogma importante en el cuerpo de doctrinas de esta iglesia. [18] También esta enciclopedia nos dice que

Otras creencias acerca de María se expresan en la adoración de la Iglesia Ortodoxa, pero no están formalmente dogmatizadas ni son una precondición del bautismo.[19]

Pero lo que mas deseo que usted pueda comprender es que como cristianos estamos unidos a Jesucristo. Decimos con gratitud !gracias a ti, Señor.! También comprendemos que mediante un milagro, Dios ha hecho posible que su hijo Jesucristo nazca del seno de una joven mujer virgen. Tampoco debemos pasar por alto que Jesucristo, el Hijo de Dios, tiene una doble naturaleza: El es 100%  humano y 100% divino. Obviar esta realidad es caer en una herejia similar a la doctrina de Nestorio, padre de la iglesia primitiva que tardó mucho tiempo en  aceptar esta verdad llamada unión hipostática.Quisiera que usted comprenda que

“La generación o concepción virginal de Jesús no es en primer lugar un misterio que se refiera a María. Es un dato cristológico que atañe en primer lugar a la persona de Jesús. ” [20] El culto a María surge como una consecuencia de la doctrina del  nacimiento virginal de Jesús y su doble naturaleza humano – divina. Erróneamente los creyentes desviaron su atención de la persona de Jesús y la pusieron en su madre. El autor de la epístola a los Hebreos nos exhorta a que nos mantengamos “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…”(Hebreos 12:1-2 RV 1960). Pero muchos no le obedecieron, desviaron su mirada del Dios hecho hombre y la pusieron en su madre María, atribuyéndole toda clase de milagros superticiosos. Entonces, adoraron a la criatura en vez del Creador (Romanos 1:25). Y de la adoración a Jesucristo,  se desviaron a la reflexión y admiración a la Virgen Madre, lo que “se convirtió en fuente de honor y gloria para la virgen María.” [21]

Estimado lector. Lo invito a seguir reflexionando en estos temas tan profundos. !A Dios sea la gloria! La santidad de Dios en nuestras vidas es un signo visible de nuestra fe. Nuestra creencia puede ser invisible a los ojos de los demás, pasarles desapercibida a aquellos que dudan del amor de Dios manifestado en Jesucristo, quien verdaderamente resucitó de entre los muertos. Porque, como bien dijo el apostol Pablo, si Jesús no resucitó, hemos creído en vano y estamos perdiendo nuestro tiempo. Pablo le escribió a aquellos corintios que quizas estaban dudando que “…si nuestra esperanza en Cristo es solo para esta vida, somos los más dignos de lástima de todo el mundo.Lo cierto es que Cristo sí resucitó de los muertos. Él es el primer fruto de una gran cosecha, el primero de todos los que murieron.”(I Cor. 15:19-20 Nueva Traducción Viviente).

Por este motivo, lo invito a poner la mirada en el Señor Jesucristo y a creer de todo corazón en El y a continuar reflexionando en la doctrina de la Unión con Cristo. Porque como dice la epístola a los Hebreos:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,  puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. “(Hebreos 12:1-2 Reina-Valera 1960)

Mientras reflexiona sobre estos temas tan profundos de nuestra fe cristiana, lo invito a escuchar esta bella melodía del cantautor cristiano Marco Barrientos titulada “Puestos Los Ojos En Jesús”. 

 

Dios lo bendiga mucho.<>

Notas

[0]. Roy T.Edgemon, Las doctrinas que creen los bautistas, pag. 50, Convention Press Nashville Tennesee

[1] Los escépticos son aficionados a apuntar hoy hacia el filósofo neopitagórico Apolonio de Tiana como una figura mesiánica que supuestamente realizó muchas de las mismas señales de Jesús, incluyendo un nacimiento milagroso. Pero en el caso de Apolonio es claro que el paralelo con Jesús fue fraguado por escritores anticristianos para «desacre­ditar la unicidad del evangelio cristiano» (véase F. L. Cross, ed., The Oxford Dictionary of the Chrístian Church, 2da ed., s.v. «Apollonius of Tyana»). Para una explicación más extensa de Apolonio véase Everet Ferguson, Backgrounds ofEarly Christianity, 2da ed. (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1993), pp. 361-63. Un escéptico contemporáneo que en sus conferencias públicas acumula millaje anticristiano sobre Apolonio es Michael Shermer. Véase su Why People Relieve Weird Things: Pseudoscience, Superstition and Other Confusions of Our Time (Nueva York: W. H. Freeman, 1998). Las únicas explicaciones bien sostenidas de un nacimiento virginal y de una resurrección corporal son las de Jesús. Citado en William Dembsky,”Diseño Inteligente”,pag. 41-42,ed. Vida.

[2] http://artigoo.com/unidos-a-cristo, http://artigoo.com/union-a-cristo-2, http://artigoo.com/un

[3] http://www.spectrummagazine.org/node/1285

[4] Confesion de Fe Westminster.CAPITULO 8: DE CRISTO, EL MEDIADOR. 

[5] Grudem, W.  Teología sistemática. UNA INTRODUCCIÓN A LA DOCTRINA BÍBLICA. Editorial Vida. p. 556.

[6] Ibid

[7] Ibid

[8] MÁXIMO GARCÍA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, licenciado en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teología por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociología e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teología de la Unión Evangélica Bautista de España-UEBE (actualmente profesor emérito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Ha publicado numerosos artículos y estudios de investigación en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboración, algunos de ellos en calidad de editor.

[9] https://www.actualidadevangelica.es/index.php?option=com_content&view=article&id=10120%3Areforma-el-magnificat-lutero-y-la-virgen-maria&catid=47%3Acolumnas&Itemid=209

[10] Ibid

[11] Ibid

[12] Ibid

[13] http://protestantedigital.com/magacin/34149/no_oramos_a_maria

[14] CALVINO, Juan, Comentario a los Hechos de los apóstoles, Capítulo 10:25-27. Calvino habló en contra de la distinción entre dulía y latría en sus Instituciones también  (Instituciones 1.11.11). Citado en  Nota número 1 de pie de página de http://protestantedigital.com/magacin/34149/no_oramos_a_maria

[15] http://www.newworldencyclopedia.org/entry/Theotokos

[16] http://protestantedigital.com/magacin/34149/no_oramos_a_maria

[17] http://www.newworldencyclopedia.org/entry/Theotokos

[18] Ibid

[19] Ibid

[20]Bourgeois, Henri & Sesboüé,Bernard & Tihon, Paul. (1996). Historia de los dogmas, Volumen 3. p. 434. Secretariado Trinitario.

[21] Ibid

[22] Ibid

 

Imagen:http://www.aplicaciones.info/valores/vavc11.htm

¿Es María, la madre del Señor Jesús, la mediadora de toda gracia ?


¿Es María, la madre del Señor Jesús, la mediadora de toda gracia ?

por Paulo Arieu

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Hace algunos dias atras, escribí un articulo que habla de que solamente Cristo es mediador entre Dios y los hombres[-1]. Sin embargo,la Iglesia Católica romana enseña que también Maria, quien en vida fuese la madre de nuestro Señor Jesucristo, es mediadora entre Dios y los hombres, en virtud de los méritos de ser la madre del Señor.  La Iglesia Católica estableció su punto de vista basada en el anuncio del ángel:Y entrando el ángel a donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo; no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.” (Luc. 1:28-30) Y en base a este pasaje biblico fueron desarrollando  diferentes dogmas erróneos a lo largo de los siglos.

Podemos recordar al 8 de diciembre de 1854, cuando mediante un decreto papal se estableció el dogma de la Inmaculada Concepción.  Este decreto estipula que María no fue manchado por el pecado nunca más después del momento de la concepción de Jesús. Este decreto fue establecido, no obstante que la misma Biblia explica que, con la excepción de Jesús, “todos pecaron” (Ro. 3:23).  Incluso la misma Maria  ! reconoció que ella necesitaba al Redentor ! (Lucas 1:47). La “Doctrina de la Concepción Inmaculada” fue construida en contradicción a las Escrituras. También la Biblia nos enseña que Jesús tenia hermanos (MATEO 12:46; MATEO 13:55; JUAN 7:5), pero todos estos pasajes son reinterpretados por la Iglesia Católica de otra manera, diciendo que estos hermanos son en realidad parientes del Señor y no hermanos según la carne.En fin, los debates y las controversias continúan y continúan.

Pero el 1 de noviembre, 1950, el “Dogma de la Asunción de Maria” fue anunciado contra toda luz que la Biblia pueda arrojar al respecto, ya que en ninguna parte de las escrituras se realiza una afirmación como tal. Este estipula que Maria ascendió al cielo sobrenaturalmente y que su cuerpo no se pudrió y menos aun que se lo hayan comido los gusanos, como le sucede a cualquier mortal que habita en este planeta, con la excepción claro está, de Jesucristo el Hijo de Dios, quien resucitó de entre los muertos y ascendió a los cielos con un cuerpo glorificado totalmente distinto que el cuerpo humano que tenia al momento de morir en la cruz del Calvario. Como consecuencia de todo esto, del “Dogma de la Veneración de los Santos”,  y las oraciones a ellos y a María, se les otorgan (incluso también a María) una veneración demasiada enfatizada y se declara que sus intercesiones son las más efectivas. 

En el año 1921 fue insertada en la liturgia de la iglesia de los católicos de Roma,  una fiesta dedicada a María Mediadora de Todas las Gracias. Tristemente, todos estos dogmas chocan de frente con los principios bíblicos yconducen a la idolatría de los “santos” y a la mariolatría (culto idolátrico a María), a la que se venera excesivamente y en muchos casos se la idolatra abiertamente. La Biblia nos muestra que uno de los pecados que más rechaza nuestro Dios, es la idolatría. La razón es que éste pecado en particular trae maldiciones sobre individuos, ciudades y naciones de una forma tan grande que aún su efecto cae sobre las generaciones venideras. La Biblia es clara en que la idolatría es el pecado que Dios más aborrece. Y es tan asi que los católicos la han nombrado a Maria como Madre de los católicos romanos. Y si uno les intenta mostrar el error con la Palabra de Dios, nos dicen que somos unos fundamentalistas, que no amamos a Su Madre. Se enojan muchisimo ya que los católicos sienten que uno no les respeta a su misma Madre. Creo que no es casual que los primeros dos mandamientos dados a Moisés hablen acerca de las consecuencias de la idolatria (o tambien de la mariolatria, aunque esta palabra no esta en la biblia,pero sirve para ser usada cuando se idolatra a María) y sus graves consecuencias sobre el pueblo.La Biblia dice que:

  • “Entonces les dije: cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios. Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron obedecerme; no echó de sí cada uno las abominaciones de delante de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto. Antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos.” (Ez. 20.7-8; 18). Aunque Ezequiel es parte del antiguo pacto, estos pasajes nos sirven para comprender como ve Dios la idolatría de los creyentes en el Nuevo Pacto, ya que Dios no cambia, el sigue siendo el mismo por los siglos de los siglos.

Durante los tres primeros siglos de nuestra era, la Iglesia, tal y como nos aparece en las cartas de Pablo, estaba formada por pequeñas iglesias, familiares y locales. Éstas seguían y cumplían el Evangelio de Cristo y por supuesto, la Ley de Dios. De forma progresiva, las primitivas iglesias fueron haciéndose cada vez más grandes y numerosas y por consiguiente surge el problema de su organización. Comienzan a adquirir los obispos un papel mucho más institucional, del cual la propia Palabra de Dios no nos dice nada, y así entramos en el proceso de desviación o “apostasía”. Se mantienen reuniones o “concilios” para discutir sobre las cuestiones que afectan a la Fe y es aquí donde comienzan las importantes desviaciones del Evangelio.

Una de las principales se refiere a la permisividad general, por parte de la organización de aquel entonces, del uso de imágenes y ritos paganos, eso si cristianizados, para así acercar a las masas religiosas gentiles, a las que les había llegado el mensaje de salvación de Cristo, pero que bajo ningún concepto querían abandonar su idolatría (cultos y ritos), es decir, su propia cultura.

En el catecismo de la religión católica se le otorgan a María los títulos de “abogada, auxiliadora, socorro y mediadora”. Es por ello que a los fieles se les enseña a rezar fervientemente a la “Virgen” dándoles la seguridad de que ella llevará sus oraciones ante el Padre. Por supuesto, en la Palabra de Dios nunca se le atribuye a María ese papel que es ocupado, en exclusividad, por Jesucristo, quien con su muerte y resurrección se convierte en el único mediador entre los hombres y Dios;

  • “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres , Jesucristo hombre” (1ª Tim. 2.5). 

¿De dónde surge pues, la tradición de María como intercesora nuestra?

Uno de los pasajes más conocidos del nuevo testamento es el llamado de “las bodas de Caná” que encontramos en el Evangelio de Juan, capítulo 2. María se da cuenta de que los novios no han previsto la cantidad suficiente de vino para sus invitados y pide a su Hijo que solucione el problema, pero Él le contesta que no ha llegado todavía su tiempo. María acepta la voluntad de su Hijo y ya no actúa más, es más, le dice a los criados que están sirviendo las mesas que hagan lo que Él, su Hijo, ordene, y no le pidan nada a ella, puesto que ella no tiene poder para mediar ante Dios Padre como hemos leído antes. La religión católica se basa en este pasaje para asegurar que María intercede ante el Hijo, sin reparar en que esto ocurre cuando Cristo estaba en la tierra, al igual que María y los apóstoles. Sin embargo, una vez que Cristo cumple su misión, muriendo y resucitando, para perdón de nuestros pecados, permanece junto al Padre y como único mediador entre los hombres y el Padre.

Entonces, debe existir otra base para darle esta función a María y de nuevo, nos tenemos que ir a la tradición pagana. Fue en Babilonia, cuna de las religiones paganas, donde se veneraba a la diosa Semíramis, la cual era invocada por los fieles en una actitud mediadora ante su esposo muerto, Nimrod, que era considerado el Dios supremo. El título que ostentaba esta diosa era el de “Mylitta”, es decir, mediadora.  O sea, estamos ante un culto de caracteristicas similares, solo que cambia el personaje. En vez de ser un culto babilónico, es un culto contemporáneo y en vez de venerar/adorar a a la diosa Semíramis, se venera/ adora a María, a la que se la considera con capacidades de esccuhar, comprender y responder peticiones como si fuese Dios.

La mediación de María: extrae su poder de la mediación de Cristo?

Otra razón que ofrece el Catolicismo para explicar cómo la mediación de María no infringe sobre la misión de Cristo como único mediador tiene que ver con el mérito. Si leemos el testimonio de los Padres del Cristianismo, vemos como entendieron ellos que Cristo es el mediador entre Dios y los hombres. Según los testimonios de la Escritura y Santos Padres, Cristo es mediador por ser Dios y hombre (San Agustín, Confesiones, lib. 10, cap. 43). El Hijo de Dios se hizo mediador al encarnarse; entonces se hizo centro de la historia humana y de toda la creación, en él confluyen Dios y el hombre; entonces se hizo padre de una nueva raza, como Adán lo era de la antigua, caída en pecado. Cristo es el segundo Adán y principio de un tiempo nuevo, caracterizado por el hecho de que su fundador no nace de la tierra, sino que desciende del cielo. Por eso, los que descienden de El no son ya de la tierra, sino del cielo. O más exactamente: cielo y tierra se compenetran en El. [0]

La Biblia dice que

  • Y como llevamos la imagen del terreno, llevaremos también la imagen del celestial” (I Cor. 15:49). 

La misión propia del mediador es unir a aquellos entre los que ejerce la mediación, porque los extremos se juntan en el medio. Pero unir a los hombres con Dios de manera perfecta compete en verdad a Cristo, por medio del cual los hombres son reconciliados con Dios, según estas palabras de 2 Cor 5,19: Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo. Y, por tanto, sólo Cristo es el perfecto mediador entre Dios y los hombres, en cuanto que por medio de su muerte reconcilió al género humano con Dios. Por eso, habiendo dicho el Apóstol que el hombre Cristo jesús es el mediador entre Dios y los hombres, añade en el v.6: que se entregó a sí mismo para redención de todos (1 Tim 2,5-6).[1]

Pero el Concilio Vaticano II, dice acerca de la mediación de María que

“La misión maternal de María para con los hom­bres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres… brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia”. “Ninguna creatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Re­dentor. Pero, así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversa manera tanto los ministros como el pueblo creyente, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente”. -Concilio Vaticano II [2]

El papa Pío X dijo algo similar, pero le añadió una cualificación muy importante:

Estamos, como puede verse, muy lejos de atribuir a la Madre de Dios un poder de gracia productivo, un poder que sólo pertenece a Dios. Sin embargo, puesto que María lo lleva sobre todos en santidad y unión con Jesucristo y ha sido asociada por Jesús en la obra de redención, merece para nosotros de congruo, en el lenguaje de los teólogos, lo que Jesucristo merece para nosotros de condigno, y ella es la Ministra suprema de la distribución de las gracias.-Ad Diem [3]

En otras palabras, si al mérito se lo define estrictamente como el derecho a una recompensa justamente ganada, entonces solamente Cristo merecía la gracia. Pero si al mérito no se lo define tan estrictamente -si la recompensa involucra un elemento de la generosidad de Dios- entonces según la declaración anterior, María también mereció para nosotros «lo que Jesucristo merece para nosotros». Además, sus méritos, junto con los de Cristo y los de los santos forman un gran tesoro:

El «tesoro de la Iglesia» es el valor infinito e inagotable que tienen ante Dios las expiaciones y los méritos de Cristo nuestro Señor, ofrecidos para que la humanidad quedara libre del pecado y llegase a la comunión con el Padre. Sólo en Cristo, Redentor nuestro, se encuentran en abundancia las satisfacciones y los méritos de su redención. Pertenecen igualmente a este tesoro el precio verdaderamente inmenso, inconmensurable y prístino que tienen ante Dios las oraciones y las buenas obras de la Bienaventurada Virgen María.-Concilio Vaticano II [4]

No sólo se dice que los méritos de María, llamados «insondables»,[5] forman parte del tesoro de la Iglesia, sino que ella también ha ganado el derecho de dispensar todos estos tesoros a los fíeles:

Y desde esta comunidad de voluntad y sufrimiento entre Cristo y María, ella mereció volverse la dignísima Reparadora del mundo perdido y la Dispensadora de todos los dones que nuestro Salvador adquirió para nosotros por su muerte y por su sangre.-A d Diem [6]

En el catolicismo romano, María más bien que Cristo es la «Ministra Suprema de la distribución de las gracias».[7]

En el Ave, maris Stella se canta:

Solve vincla reis, Prof er lumen coecis, mala nostra pelle,bona cuneta poste. Rompe al reo sus cadenas, Concede a los ciegos ver; Aleja el mal de nosotros, Alcánzanos todo bien.

León XIII, en una Encíclica sobre el Rosario, dice:

Por expresa voluntad de Dios, ningún bien nos es concedido si no es por María; y como nadie puede llegar al Padre sino por el Hijo, así generalmente nadie puede llegar a Jesús sino por María”. [8]

Pero todo esto es un error y La Biblia no dice nada al respecto, como ya he explicado. Fueron las tradiciones de los siglos las que dieron cabida a estos dogmas. En conclusión, lo único que han hecho los papas marianos al obrar  de esta manera, es construir dogmas y tradiciones marianas, contrarios a la palabra de Dios. Y contrarios al espíritu del nuevo pacto, ya que solo Dios tiene el poder de oir,escuchar,comprender y responder dando favores suyos a los seres humanos, de acuerdo a sus prerrogativas divinas. Mas claro, hay que echarle agua: Venerar/adorar a Maria es un pecado de idolatría y solo conduce al error y a que las masas desvíen la mirada de la exclusividad mediadora de nuestro Señor Jesucristo.

Espero que Dios le de claridad respecto a este tema. Dios lo bendiga mucho, querido lector.María, quien fuese en vida la madre del Señor Jesús, no es la mediadora de toda gracia ni nada parecido.Solamente Jesucristo es mediador entre nosotros los hombres pecadores y el Padre. Solamente Cristo vive eternamente para interceder por nosotros ante el Padre.Es solamente el Señor Jesús, quien está a la derecha del Padre y nos representa. Todos los creyentes están exhortados en las Escrituras de ser intercesores  (1 TIMOTEO 2:1). Sin embargo, en ningún sitio de las Escrituras se pidió a un creyente buscar el acceso a Dios por otra persona que no fuese el Señor Jesucristo. La Biblia reconoce a todos los creyentes en Jesucristo, no importa su debilidad, como santos, y todos tienen el mismo acceso al Padre por Jesucristo. Pero ni siquiera los santos pueden añadir algo a la obra gloriosa redentora de Jesucristo, ni ahora ni en el futuro. Ni en esta dispensación ni en otra (si acaso la hubiese).

María no nos puede salvar,ni del pecado,ni de los problemas de la vida, ni de la muerte ni del infierno eterno. María ya no puede hablarnos a nosotros. Ella estaba debajo de la cruz en aquel momento cuando Jesús murió. También ella necesitaba a Jesús como su redentor. Junto a los 120 discípulos, María estaba esperando, en el aposento alto, para recibir el Espíritu Santo (HECHOS 1:14). Estamos seguros que ella está en el cielo, pero no como “reina del cielo”, ni como la “Madre de Dios” ni como mediadora de alguna gracia. Maria está ahí en el cielo, pero como un ser humano,tan pecador como cualquier otro ser humano que haya nacido de padres humanos y que ha sido salvada por gracia. Salvada por la Sangre del Señor Jesucristo, que fue derramada por todos nosotros, incluso por ella también. Enseñar la intercesión de Maria es perjudicar la única intercesión de nuestro Señor Jesucristo. Y por lo tanto, es una herejía que como dije, conduce al error, la ignorancia, superstición e idolatría.

Como tantos temas doctrinales de importancia, este tema nos invita a reflexionar. A Dios sea la Gloria. El Señor lo bendiga mucho!!!

Notas

[-1] https://elteologillo.com/2017/11/13/cristo-es-el-unico-mediador-entre-dios-y-los-hombres/

[0]. http://www.mercaba.org/FICHAS/JESUS/mediacion_en_los_padres.htm

[1]. http://hjg.com.ar/sumat/d/c26.html

[2]. Concilio Vaticano II, «Constitución dogmática sobre la Iglesia», n° 60.CCE 970, cit en Félix Eduardo,T-31 días con María Osorio, pag. 53,1a. edicion, ed. San Pablo, ISBN 9586923576, 9789586923576

[3]. Papa Pío X, Ad Diem lllum Laetissimum, n° 14. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz

[4] Concilio Vaticano II, «Liturgia sagrada», «Constitución apostólica sobre la revisión de indulgencias», n° 5. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz

[5] Ibid. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz

[6] Papa Pío X, Ad Diem lllum Laetissimum, n° 12. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz

[7] Papa Pío X, Ad Diem lllum Laetissimum, n° 14. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz

[8] http://forosdelavirgen.org/13207/fiesta-de-maria-mediadora-de-todas-las-gracias-universal-7-de-noviembre/

¿Qué es la inmaculada concepción?


¿Qué es la inmaculada concepción?

Mucha gente equivocadamente cree que la inmaculada concepción se refiere a la concepción de Jesucristo. La concepción de Jesús fue total y absolutamente inmaculada… pero este concepto no se refiere para nada a Jesús. La inmaculada concepción es una doctrina de la Iglesia Católica Romana respecto a María, la madre de Jesús. Una declaración oficial de esta doctrina dice.

“… la bendita Virgen María ha sido, desde el primer instante de su concepción, por una singular gracia y privilegio del Todopoderoso Dios, en vista de los méritos de Jesucristo el Salvador de la Humanidad, conservada libre de toda mancha del pecado original.”

Esencialmente la inmaculada concepción es la creencia de que María fue protegida del pecado original, que María no tuvo una naturaleza de pecado, y fue, de hecho, sin pecado.

El problema con esta doctrina de la inmaculada concepción es que no es enseñada en la Biblia. En ninguna parte de la Biblia se describe a María como más que una mujer ordinaria, a quien Dios eligió para ser la madre del Señor Jesucristo. María fue indudablemente una mujer piadosa (Lucas 1:28). María seguramente fue una maravillosa esposa y madre. Jesús definitivamente amaba y apreciaba a Su madre (Juan 19:27) . La Biblia no nos da razón para creer que María era sin pecado. De hecho, la Biblia nos da todas las razones para creer que Jesucristo es la única Persona a que no estuvo “infectada” por el pecado y que jamás cometió pecado (Eclesiastés 7:20; Romanos 3:23; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:22; 1 Juan 3:5).

La doctrina de la inmaculada concepción se originó de la confusión sobre el cómo Cristo pudo haber nacido sin pecado si Él fue concebido dentro de una humana mujer pecadora. La idea era que Jesús habría heredado una naturaleza pecaminosa de María si ella era una pecadora. En contraste a la inmaculada concepción, la solución bíblica a este problema es entendiendo que Jesús Mismo fue milagrosamente protegido de ser contaminado por el pecado mientras Él estuvo dentro del vientre de María. Si Dios fue capaz de proteger a María del pecado, ¿no podría ser capaz de proteger a Jesús del pecado? Por lo que, la naturaleza sin pecado de María resulta ser ni necesaria, ni bíblica.

La iglesia Católica Romana argumenta que la inmaculada concepción es necesaria, porque sin ella, Jesús hubiera sido el objeto de Su propia gracia. La idea es como sigue – para que Jesús fuera milagrosamente preservado del pecado, que en sí mismo hubiera sido un acto de gracia, significaría esencialmente que Dios “se Auto-agració” La palabra gracia significa “un inmerecido favor”. La gracia es concederle a alguien algo que él o ella no merecen. El que Dios realizara el milagro de preservar a Jesús del pecado no es “gracia”- En ningún sentido era posible que Jesús fuera infectado por el pecado. Él era perfecto y una naturaleza humana sin pecado se unió a una divinidad sin pecado. Dios no puede ser infectado o afectado por el pecado, porque Él es perfectamente y totalmente santo. Esta misma verdad se aplica a Jesús. No fue necesaria la “gracia” para proteger a Jesús del pecado. Siendo Dios encarnado, Jesús era en Su esencia “inmune” al pecado.

Así que, la doctrina de la inmaculada concepción no es ni bíblica ni necesaria. Jesús fue milagrosamente concebido dentro de María, quien era una virgen en ese tiempo. Eso es el concepto bíblico del nacimiento virginal. La Biblia ni siquiera sugiere que hubo algo significativo acerca e la concepción de María. Si examinamos esto concepto lógicamente, la madre de María tuvo que haber sido concebida inmaculadamente también. ¿Cómo podía María ser concebida sin pecado, si su madre fue pecadora? Lo mismo se habría tenido que decir de la abuela de María, su bisabuela, su tatarabuela, etc, etc. Así que, en conclusión, la inmaculada concepción no es una enseñanza bíblica. La Biblia enseña la milagrosa concepción virginal de Jesucristo, no la inmaculada concepción de María.

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¿Qué nos dicen los evangelios sobre la presencia de María al pie de la cruz?


¿Qué nos dicen los evangelios sobre la presencia de María al pie de la cruz?

La cercanía de María respecto de su hijo en el momento de la crucifixión es un tema muy consolidado en la tradición cristiana. Sin embargo, nos sorprendería la presencia tan escasa y pequeña que la misma encuentra en los evangelios.

El único evangelista que recrea la presencia de María al pie de la cruz es precisamente el último de ellos, Juan, que lo hace de la siguiente manera:

  • “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’ Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn. 19, 25-27).

Y esto es todo, porque Juan no dice ni dónde estaba María antes de ser crucificado su Hijo, ni lo que hace después de expirar Jesús, ni durante su descendimiento de la cruz, ni mucho menos cuando dos días después (tres en la manera en que contabilizan los judíos, a saber, contando también el día en el que tiene lugar el evento), Jesús se aparece resucitado a una serie de personas más o menos allegadas a él. ¿Quiere ello decir que si Juan no hubiera escrito el Cuarto Evangelio unos treinta años después de escribir el suyo sus colegas llamados sinópticos, nada sabríamos ni podríamos decir de la presencia de María al pie de la cruz en la que colgaba su hijo?

Puede que no tanto. Amén de esta cita expresa de Juan, existen unas citas absolutamente enigmáticas que debemos ambas a la pluma del segundo de los evangelistas, Marcos, en las que habla de una “María la de Joset”:

  • “María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto [el cadáver de Jesús]”. (Mc. 15, 47).

Más allá de que parece bastante lógico y más que aceptable que María, la madre de Jesús, tratara de seguir la pista del cuerpo de su hijo una vez crucificado, “María de la Joset”, vale decir, “María la de José”, es una identificación que encaja perfectamente con la que de la Virgen María conocemos por Mateo y por Lucas, aunque en honor a la verdad, llame algo más la atención en un evangelista que, como Marcos, no sólo no escribe evangelio de la infancia, sino que no se refiere ¡¡¡ni en una sola ocasión!!! a la figura de José, el padre de Jesús -a no ser, claro está, que “ese” padre de Jesús sea precisamente “este” Joset-, ni siquiera cuando en un episodio que recoge su colega Mateo y éste dice de Jesús “¿no es éste el hijo del carpintero?” (Mt. 13, 55), en Marcos se transforma en un bien diferente “¿no es éste el carpintero, el hijo de María?” (Mc. 6, 3) (pinche aquí para conocer lo que sobre la paternidad de José dice Marcos).

Marcos mismo aporta otro dato que podría estar “buscando” a María entre las personas que acompañan a Jesús en la cruz, mientras al mismo tiempo, nos estaría aportando valiosa información sobre aquella “María la de Joset”:

  • ”Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset” (Mc. 15, 40).

Un pasaje que interacciona claramente con otro que recoge el propio Marcos, cuando nos cuenta lo que, cosa asi de un año antes, acontece cuando Jesús, con su ministerio ya iniciado, decide hacer acto de presencia en su Nazaret natal:

  • “Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón?” (Mc. 6, 1-3).

En el que observamos una semejanza algo más que notoria entre esa María “madre de Santiago el menor y de Joset” de Mc. 15, 40 que intenta conocer el paradero del cuerpo de Jesús, y que consecuentemente, debió de hallarse también al pie o cerca de la cruz (aunque el evangelista nada diga al respecto), y esta María de quien es hijo “el carpintero” (es decir, Jesús) de Mc. 6, 3 el cual, a su vez hermano de Judas y de Simón sí, pero también de Santiago y de Joset, exactamente igual que la de Mc. 15, 40 (pinche aquí para conocer un poco más sobre los “hermanos” de Jesús).

Dos preguntas, pues, a modo de resumen: primera, ¿relata también Marcos una presencia de María en los eventos relacionados con la condena a muerte y ejecución de su hijo e incluso al pie de la cruz? Segunda, si efectivamente lo está haciendo, ¿por qué de una manera tan críptica y tan poco evidente? Y una tercera no menos importante: si el de Marcos, que aunque no sea el primero en el orden canónico parece ser el primer evangelio terminado y una de las fuentes de los otros dos evangelistas sinópticos, sí estuviera refiriendo, efectivamente, una presencia de María cerca de la cruz, ¿por qué la omiten Mateo y Lucas?

En fin, amigos, poco más por hoy, a no ser desearles que, como siempre, hagan Vds. mucho bien y no reciban menos.

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©L.A.
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=41537&cod_aut=a12dcw21ag6ffd

El 73% de los norteamericanos cree que, como dice la Biblia, Jesús sí nació de una mujer virgen


El 73% de los norteamericanos cree que, como dice la Biblia, Jesús sí nació de una mujer virgen
Actualizado 10 enero 2015

P.J.Ginés / Cari Filii

Representacion_de_maria

Una cosa es declararse o considerarse cristiano, o creer que Dios existe, y otra creer en acciones milagrosas de Dios, pero en Estados Unidos:

– el 73% de la población declara creer que “Jesús nació de una virgen”,

– un 74% acepta sin problemas que “un ángel anunció el nacimiento de Jesús a los pastores”

– y un 75% cree que “hombres sabios, guiados por una estrella, llevaron oro, incienso y mirra” al niño.

Y el dato bíblico navideño que más acuerdo logra es que “el Niño Jesús fue colocado en un pesebre”, algo que acepta el 81% de los encuestados por Pew Forum a inicios de diciembre de 2014.

Hay que tener en cuenta que según la gran encuesta ARIS de 2008 en la que los encuestados declaraban con qué opción se autoidentificaban, el 76% de los estadounidenses se autodeclaran cristianos (el 50% se declara protestante y el 25% católico); el resto incluye un 5% que no responde, un 5% de otras religiones y un 15% de “no afiliados”.

encuesta_pew_navidad_2014

Los no afiliados no son necesariamente no creyentes. Por ejemplo, que Jesús nació de una virgen declaran creerlo un 30% de los encuestados que dicen no estar afiliados a ninguna religión.

Y acepta también esa enseñanza un 42% de los encuestados que admiten acudir a la iglesia “nunca o casi nunca”.

Que Jesús nació de María Virgen es una doctrina de la Biblia común a católicos y protestantes, aunque Pew detecta que EEUU la profesan un 96% de protestantes evangélicos, mientras que baja a un 86% entre los que se declaran católicos y un 85% entre los protestantes “mainstream” (que incluye congregaciones “progresistas” como los episcopalianos, algunos luteranos, etc… que tienden a negar lo milagroso).

Las personas de más edad tienden a creer más en este milagro, y las mujeres más que los hombres (¿quizá porque unos y otras saben más de lo misterioso de la vida?) pero incluso entre los varones y entre las personas de 18 a 29 años hay siete de cada diez convencidos de que la Madre de Cristo era virgen.

Artículo publicado originalmente en Cari Filii.
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http://www.religionenlibertad.com/articulo_imprimir.asp?idarticulo=39853

Y si San José llega a denunciar a la Virgen… ¿qué habría pasado?


Y si San José llega a denunciar a la Virgen… ¿qué habría pasado?

Tal día como hoy la Virgen María daba a luz un niño que cabe sospechar precioso en un perdido pesebre en la ciudad de Belén:

  •  “Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue” (Lc. 2, 4-7).

El parto tenía algo de anómalo, pues el padre no había tenido participación alguna en la concepción de la criatura que estaba naciendo. El prolijo Lucas no explica la reacción de ese padre el día que conoció que su esposa estaba embarazada pero que el hijo no era de él. Sí lo hace, con muy buen criterio, Mateo:

  •  “María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado” (Mt. 1, 18-19).

Una situación que se resuelve finalmente de manera mucho menos dramática de lo que habría cabido esperar:

  • “Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados’” (Mt. 1, 20-21).

La pregunta que hoy me formulo es la siguiente. Si José no hubiera sido el hombre “justo” del que Mateo habla y hubiera hecho lo que muchos judíos de su época en su lugar, a saber, denunciar a su mujer, ¿cuáles habrían sido las consecuencias de semejante denuncia?

Pues bien, no hace falta echarle excesiva imaginación para conocer perfectamente lo que habría ocurrido, porque con claridad meridiana lo especifica el Deuteronomio:

  • “Si una joven virgen está prometida a un hombre y otro hombre la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, los sacaréis a los dos a la puerta de esa ciudad y los apedrearéis hasta que mueran: a la joven por no haber pedido socorro en la ciudad, y al hombre por haber violado a la mujer de su prójimo” (Deut. 22, 23-24)

María podría haber intentado un treta en su defensa: que había sido violada y que tal violación había tenido lugar en el campo, lo que habría dado lugar a esta consecuencia:

  •  “Pero si ha sido en el campo donde el hombre ha encontrado a la joven prometida, y la ha forzado y se ha acostado con ella, sólo morirá el hombre que se acostó con ella; no harás nada a la joven: no hay en ella pecado que merezca la muerte” (Dt. 22, 25-26)

Pero para ello tendría que haber denunciado, como se ve, a un hombre concreto, y luego hacer valer su palabra de mujer sobre la más valiosa del hombre acusado (sobre el valor de la palabra de la mujer en tiempos de Jesús, puede Vd. conocer más pinchando aquí).

La situación habría sido algo distinta si María no hubiese estado prometida a José, -lo que no es así porque con toda claridad nos lo explican tanto Mateo (ver Mt. 1, 18) como Lucas (Lc. 1, 27)-, caso en el cual, la solución podría haber sido más benévola:

  •    “Si un hombre encuentra a una joven virgen no prometida, la agarra y se acuesta con ella, y son sorprendidos, el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta monedas de plata y ella será su mujer, porque la ha violado, y no podrá repudiarla en toda su vida”. (Dt. 22, 28-29)

Y bien ¿pura teoría? Ni muchísimo menos: la pura realidad cotidiana de los judíos que conoció Jesús. Muy probablemente éste estaba acordándose de  José (su padrastro) cuando aquella temprana madrugada en el Templo le acontece lo que le acontece:

  • “De madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?’. Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: ‘Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra’. E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: ‘Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?’. Ella respondió: ‘Nadie, Señor’. Jesús le dijo: ‘Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más’” (Jn. 8. 1-11).

Y bien amigos, con esta reflexión les dejo por hoy no sin desearles que tengan Vds. una muy feliz Navidad, en compañía de todas aquellas personas a las que Vd. quiere y que le quieren a Vd., deseándoles más que nunca que también hoy, precisamente hoy, hagan Vds. mucho bien y no reciban menos.

©L.A.

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