Psicología del Género


Psicología del Género

“Haga hombres quien quiera hacer pueblos” (José Marti)

Junto a otras ramas de la ciencia, la Psicología, ha definido una nueva disciplina llamada Psicología del Género, como área encargada del estudio de la conducta humana considerando este constructo como un factor determinante de la misma. Desde este ámbito, el género tiene unos contenidos propios cuyos efectos se observan a cualquier nivel de la realidad humana: biológica, sociocultural y psicológica.

La “Psicología del Género”,tuvo como antecedentes inmediatos los estudios sobre la mujer y la denominada psicología de la mujer, originada en Estados Unidos en la década de los setenta, promovida desde el feminismo y centrada en la subjetividad femenina y las características propias de la mujer exclusivamente.

En las dos últimas décadas el concepto de “género” se ha extendido por todo el ámbito científico, reconociéndose así la importancia que tiene en la vida tanto social como individual de los seres humanos. Ello ha motivado que pase a ser una cuestión académica integrada dentro de diversos programas, que incluyen asignaturas generales y específicas, cursos de postgrado, tesis doctorales o investigaciones realizadas desde muy diversos enfoques. No es un hecho casual que en la actualidad editoriales de renombre publiquen y/o mantengan colecciones abiertas sobre el tema; que revistas especializadas de indudable prestigio científico publiquen artículos y monográficos e incluso la prensa no especializada sea sensible a cualquier noticia relacionada con la dualidad hombre/mujer.

La descripción sistematizada del fenómeno y las referencias hipotéticas a sus causas, se trata formalmente en el seno de la psicología desde principios del siglo XX. En definitiva, los datos aportados por las más destacadas pruebas de evaluación psicológica, suficientemente replicados en los distintos estudios que han tenido lugar desde principios del siglo XX hasta el recién estrenado siglo XXI, junto con los datos epidemiológicos y clínicos, son la constatación empírica de la importancia que el sistema sexo-género tiene dentro del ámbito de las diferencias individuales psicológicas.

En el siglo XIX diferentes corrientes y teorías continuaron sustentando la vieja idea de la inferioridad mental de la mujer y sus diferencias respecto al hombre, guiadas por un determinismo biológico empeñado en buscar evidencias en la morfología o anatomía cerebral (ej.,craneometría, frenología): tamaño cerebral, lóbulos, distribución de posibles áreas cerebrales que sustenten distintas facultades, todo fue examinado, con la instrumentación de la época, para obtener los ansiados datos. Fueron los inicios de una línea de investigación que se mantiene vigente en la actualidad, enriquecida por un desarrollo tecnológico impresionante.

En biología se entiende por dimorfismo la existencia de dos formas o dos aspectos anatómicos diferentes en una misma especie animal o vegetal. El dimorfismo sexual es definido como las variaciones en la fisonomía externa, como forma, coloración o tamaño, entre machos y hembras de una misma especie. Se presenta en la mayoría de las especies, en mayor o menor grado.

Las diferencias entre hombres y mujeres, resultado de la pertenencia a una especie mamífera caracterizada por el dimorfismo sexual, desde los inicios de las sociedades humanas, han penetrado en el pensamiento como tema de conocimiento, reflexión y evaluación. A partir de una diferencia de base anatómica y biofisiológica, conceptualizada bajo la categoría sexo, todas las sociedades humanas han ido configurando modelos de comportamiento vinculados, en sus orígenes, a dicha diferencia.

Transmitidos por distintas vías no sólo cognitivas, sino afectivas, emocionales y conductuales, a lo largo de los siglos dichos modelos han ido consolidando unos contenidos que, en la actualidad, se engloban bajo una categoría taxonómica de uso relativamente reciente, el género. Así, hallamos referentes a la especulación sobre las diferencias de sexo y sus consecuencias a lo largo de toda la historia de la humanidad: desde el pensamiento mítico, el arte, el discurso filosófico, y la psicología, se constata que el fenómeno está presente en todos los tiempos y culturas, articulado como una diferencia impuesta e inevitable que ha sustentado todo un sistema socio-económico en constante transformación, extendiéndose incluso a culturas muy diversas.

Presentación en Power Point

Bibliografía

 

Los juguetes de José Martí


Los juguetes de José Martí

Diciembre 29, 2014

josemarti

Así, desde los juguetes del niño, se elaboran los pueblos” José Martí.

El autor destaca el interés del hombre en la dimensión más infantil de la Navidad

El secuestro de la persona de José Martí por parte de sus devotos más ceñudos, ésos que sólo lo conciben reflexionando sobre temas trascendentales, moralizando y absorto en el presente aciago y el destino de Cuba, ha privado al cubano promedio de tener acceso a una dimensión del poeta, pensador y revolucionario que lejos de rebajarlo se lo haría más amable y, por consecuencia, más merecedor de simpatía.

La admiración, a secas, distancia, y a fuerza de compeler a admirar a Martí, de confinarlo a su efigie más adusta, se le ha convertido en alguien antipático a quien la mayoría de sus compatriotas, aun reconociendo sus méritos, no se atrevería a dirigirle la palabra para iniciar una conversación desenvuelta y, mucho menos, gestionar una amistad. El hombre que antepuso el sentimiento fraterno al amor de la mujer no encontraría en su pueblo a muchos dispuestos a mitigar espontáneamente su necesidad de afecto. Y no porque éstos no desearan mitigarla sino porque el temor a no estar a la altura de las expectativas de su interlocutor y su catálogo de máximas los amedrentaría.

No porfío en un Martí diferente porque me complazca contradecir a quienes han fatigado y fatigan al convencional –aunque a veces me harten– ni porque ignore lo mucho de valor que también hay en éste, sino porque intuyo que sólo situándome a la mayor distancia posible de ellos puedo revelar a quienes nada más quieren saber de Martí cuán equivocados están, cuánto deleite pudieran obtener de su obra, cuántas sorpresas ésta sería capaz de proporcionarles si, lejos de continuar rumiando las ideas y los textos de rutina, se expusieran a otros.

Entre la visita de Santa Claus y el Día de Reyes todo es juguete: en comercios y hogares, en plena calle y en la expectación de los niños, y Martí, aun abrumado por preocupaciones irreconciliables con el esparcimiento, no era insensible al encanto de estos objetos: Halla poesía, y la hay, en una casa de juguete, anota en uno de sus cuadernos, seguro de que la belleza y el misterio pueden habitar estas casas. Una muñeca negra protagoniza un cuento de “La Edad de Oro”; otra sin brazos, es decir, inerme, a punto de ser sepultada en la arena de una playa neoyorquina, le inspira piedad en “Los zapaticos de rosa”.

La Navidad norteamericana es una juguetería, y Martí, que sigue los pasos de los padres que aprovechan la caída de la tarde para ir en busca de los juguetes con los que sueñan sus hijos, no sólo sabe cuáles de esos juguetes están al alcance de las diversas clases sociales sino la procedencia de cada uno de ellos: los hay franceses, alemanes y estos juguetes de Estados Unidos, graves y útiles como el pueblo que los creó (…) La bomba de incendios; la imprenta en miniatura; la locomotora de vapor, con vapor de veras; la máquina de aserrar; el molino de trigo; la draga de petróleo; el taller del herrero, con toda su maquinaria, perforando, silbando, torneando, cepillando el hierro: ésos son los juguetes.

Es la Navidad de 1887, y Martí no pasa por alto que esos objetos infantiles reflejan las actitudes de la sociedad que los fabrica, las transformaciones que tienen lugar en ella, sobre todo aquéllas que atañen a la conciencia: ¡Las alcancías mismas, de hierro todas, no son ya figuras de negros hambrientos que se tragan el centavo entornando de gusto los ojos, ni irlandeses de corbata verde que apuran la moneda en el vaso que se llevan a la boca con gesto regalado: este año las alcancías nuevas son un águila que pone el centavo de su pico en el nido en que tienden el cuello sus hijuelos!

Racismo y xenofobia menguan, aunque sólo lo reflejen los juguetes. La patética figura del hombre negro que saboreaba, como si de un bocadillo de lujo se tratase, la migaja de dinero que le echaban a la boca, y la figura del irlandés bebedor y payaso eran sustituidas por la de un águila, símbolo del país, criatura que lejos de utilizar la limosna para satisfacer su apetito o un vicio le daba el más noble de los usos: alimentar a su prole.

Un juguete merece párrafo aparte en la colección de Martí, y no es de extrañar que el primero en proporcionarle esa distinción fuera él mismo: le veía futuro. Sus orígenes son tan remotos como el mito griego de Ícaro, es decir, como la aspiración del ser humano a volar. Hay un antecedente de este objeto en la obra visionaria de Leonardo da Vinci y no serán pocos los hombres que, a través del siglo XIX, pretendan que ese juguete sea una máquina capaz de permitirles abordarla y, una vez dentro de ella, emular a los pájaros. La aspiración no era ajena a Martí:

A todo hombre le quema la vida las alas de cera. Yo me hago otras alas y me las corto, y me las rehago: de modo que me parece que tengo ante mí un taller de alas. Pero duelen al salir; duelen al aletear, duelen más al caerse; siempre duelen.

El milenario sueño no se hará realidad hasta el 17 de diciembre de 1903, cuando los hermanos Wilbur y Orville Wright protagonicen “el primer vuelo sostenido y controlado de un aparato impulsado por motor” y logren que ese aparato, además de[] permanecer en el aire durante doce segundos, recorra treinta y tantos metros. Martí no alcanzará a verlo, había muerto ocho años antes, pero sí a adivinarlo en un juguete recién llegado a las tiendas estadounidenses aquella Navidad de 1887:

Y otro juguete hay nuevo: ni es el caballo de ruedas, ni el gato en la bota, ni los tres monos músicos, ni el negro bailador, ni la caja de suertes, ni las carreras de caballos, que son ruletas venenosas y disimuladas: ¡es un barco aéreo, colgante de un balancín, que al impulso de una máquina oculta, gira en el aire movido por dos aspas! Así, desde los juguetes del niño, se elaboran los pueblos.

No sólo alcanza a adivinarlo sino a dar testimonio de una experiencia similar a la que ese “barco aéreo” dispensará a los hombres del siglo XX:

Voy por la tierra como rodeado de nubes, y con los pies en el vacío.

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http://m.martinoticias.com/a/los-juguetes-de-jose-marti/83137.html

José Marti, la hipocresía y la libertad


José Marti, la hipocresía y la libertad

José Marti dijo: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía” Sin embargo en la cuba de hoy, los cubanos desde pequeños aprendemos a decir lo que es mas conveniente de acuerdo a la ocasión y quien sea nuestro interlocutor. Nos enseñan a ocultar lo que pensamos y a decir una cosa en público y otra en privado. Aprendemos a temer y a desconfiar el uno del otro. Es precisamente esa actitud la que aun mantiene al régimen cubano en el poder.

Sobre esto dijo el apóstol: “Quien esconde por miedo su opinión, y como un crimen la oculta en el fondo de su pecho, y con su ocultación favorece a los tiranos, es tan cobarde como el que en lo recio del combate vuelve grupas y abandona la lanza al enemigo” Cuando los cubanos que quedan en la isla se atrevan a decir de verdad lo que sienten, cuando dejen de tener tanto miedo, entonces Cuba encontrara la verdadera libertad.Es verdad que el cambio conlleva el riesgo del fracaso, esa es la principal razón del temor a la libertad. Pero también es verdad que en la vida no hay errores, sólo lecciones que aprender. Máximo Bontempelli

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LOS ZAPATICOS DE ROSA


LOS ZAPATICOS DE ROSA

Hay sol bueno y mar de espumas,
Y arena fina, y Pilar
Quiere salir a estrenar
Su sombrerito de pluma.

“¡Vaya la niña divina!”
Dice el padre, y le da un beso,
“Vaya mi pájaro preso
A buscarme arena fina!”.

“Yo voy con mi niña hermosa”,
Le dijo la madre buena:
“¡No te manches en la arena
Los zapaticos de rosa!”

Fueron las dos al jardín
Por la calle del laurel:
La madre cogió un clavel
Y Pilar cogió un jazmín.

Ella va de todo juego,
Con aro, y balde y paleta:
El balde es color violeta,
El aro es color de fuego.

Vienen a verlas pasar,
Nadie quiere verlas ir,
La madre se echa a reír,
Y un viejo se echa a llorar.

El aire fresco despeina
A Pilar, que viene y va
Muy oronda:”¡Dí, mamá!
¿Tú sabes qué cosa es reina?”

Y por si vuelven de noche
De la orilla de la mar,
Para la madre y Pilar
Manda luego el padre el coche.

Está la playa muy linda:
Todo el mundo está en la playa;
Lleva espejuelos el aya
De la francesa Florinda.

Está Alberto, el militar
Que salió en la procesión
Con tricornio y con bastón,
Echando un bote a la mar.

¡Y qué mala, Magdalena
Con tantas cintas y lazos,
A la muñeca sin brazos,
Enterrándola en la arena!

Conversan allá en las sillas,
Sentadas con los señores,
Las señoras, como flores,
Debajo de las sombrillas.

Pero está con estos modos
Tan serios, muy triste el mar:
¡Lo alegre es allá, al doblar,
En la barranca de todos!

Dicen que suenan las olas
Mejor allá en la barranca,
Y que la arena es muy blanca
Donde están las niñas solas.

Pilar corre a su mamá:
“¡Mamá, yo voy a ser buena;
Déjame ir sola a la arena;
Allá, tú me ves, allá!”

“¡Esta niña caprichosa!
No hay tarde que no me enojes:
Anda, pero no te mojes
Los zapaticos de rosa.”

Le llega a los pies la espuma,
Gritan alegres las dos;
Y se va, diciendo adiós,
La del sombrero de pluma.

Se va allá, donde ¡muy lejos!
Las aguas son más salobres,
Donde se sientan los pobres,
Donde se sientan los viejos!

Se fue la niña a jugar,
La espuma blanca bajó,
Y pasó el tiempo, y pasó
Un águila por el mar.

Y cuando el sol se ponía
Detrás de un monte dorado,
Un sombrerito callado
Por las arenas venía.

Trabaja mucho, trabaja,
Para andar: ¿qué es lo que tiene
Pilar que anda así, que viene
Con la cabecita baja?

Bien sabe la madre hermosa
Por qué le cuesta el andar:
–¿Y los zapatos, Pilar,
Los zapaticos de rosa?”

“¡Ah, loca! ¿en dónde estarán?
¡Dí dónde Pilar!” –”Señora”,
Dice una mujer que llora:
“¡Están conmigo, aquí están!”

“Yo tengo una niña enferma
Que llora en el cuarto obscuro,
Y la traigo al aire puro,
A ver el sol, y a que duerma.

“Anoche soñó, soñó
Con el cielo, y oyó un canto,
Me dio miedo, me dio espanto,
Y la traje y se durmió.

“Con sus dos brazos menudos
Estaba como abrazando;
Y yo mirando, mirando
Sus piececitos desnudos.

“Me llego al cuerpo la espuma.
Alcé los ojos, y ví
Está niña frente a mí
Con su sombrero de pluma.

“¡Se parece a los retratos
Tu niña”–dijo:–“¿Es de cera?
¿Quiere jugar? ¡si quisiera!…
¿Y por qué está sin zapatos?

“Mira, ¡la mano le abrasa,
Y tiene los pies tan fríos!
¡Oh, toma, toma los míos,
Yo tengo más en mi casa!”

¡No sé bien, señora hermosa,
Lo que sucedió después:
¡Le ví a mi hijita en los pies
Los zapaticos de rosa!”

Se vio sacar los pañuelos
A una rusa y a una inglesa;
El aya de la francesa
Se quitó los espejuelos.

Abrió la madre los brazos,
Se echó Pilar en su pecho,
Y sacó el traje deshecho,
Sin adornos y sin lazos.

Todo lo quiere saber
De la enferma la señora:
¡No quiere saber que llora
De pobreza una mujer!

“¡Sí, Pilar, dáselo! ¡y eso
También! ¡tu manta! ¡tu anillo!”
Y ella le dio su bolsillo,
Le dio el clavel, le dio un beso.

Vuelven calladas de noche
A su casa del jardín;
Y Pilar va en el cojín
De la derecha del coche.

Y dice una mariposa
Que vio desde su rosal
Guardados en un cristal
Los zapaticos de rosa

 

Autor: Jose Marti, de Cuba