Hus: “El Papa no es la cabeza de la iglesia”


Hus: “El Papa no es la cabeza de la iglesia”

Esta semana es el 600º aniversario de la muerte del reformador checo Juan Hus.

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AUTOR Will Graham

Fecha:05 DE JULIO DE 2015

Esta semana es el 600º aniversario de la muerte del reformador checo Juan Hus. El día 6 de julio 1415 murió quemado a manos de la Iglesia Católica Romana después de su condenación en el concilio de Constanza. Se está hablando mucho de Hus en estos días porque hace dos semanas el Papa Francisco pidió perdón a la Iglesia husita por su muerte. Discípulo del inglés Juan Wycliffe, Juan Hus –predicador potente y rector de la Universidad de Praga- fue un auténtico antecesor de la Reforma protestante.

En términos del historiador Mario Escobar, Hus fue “el proto-lutero”. Como Protestante Digital ha destacado recientemente: “Quiso llevar la Biblia al pueblo y rechazó la estructura papal, descubriendo que Cristo es la verdadera cabeza de la Iglesia. Además criticó la venta de indulgencias, los excesos económicos de la iglesia católica y las divisiones que entonces se daban en el seno del mismo papado, con sedes en Roma y Avignon”.

Hoy, como un acto de gratitud a Dios por su ministerio y valentía, quiero dedicar mi artículo semanal a recopilar las diez frases de Hus que más me gustan. También aprovecho esta ocasión para recordaros a todos, hermanos y hermanos, la observación de nuestro querido reformador Lutero: “En definitiva, todos somos husitas sin saberlo”. Aquí están las citas (todas sacadas, por cierto, de su obra más importante De ecclesia).

Capítulo 1: La Iglesia universal es la suma de todos los predestinados- tanto del pasado como del presente y del futuro. Capítulo 6: Señor omnipotente, tú eres el camino, la verdad y la vida. Ciertamente sabes cuán pocos son los que andan contigo en el tiempo presente. Cuán pocos son aquéllos que andan en humildad, pobreza, pureza, diligencia y paciencia. El camino de Satanás es ancho; muchos andan por allí. Ayuda a tu rebaño débil para que no te abandone sino seguirte hasta el fin en el camino estrecho.

Capítulo 7: Ni el Papa ni los cardinales son la cabeza de la santa Iglesia universal. Sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia. Capítulo 8: El creyente tiene que estar dispuesto a exponer su vida al peligro de muerte por la certeza de la verdad hablada por Dios. Todos los cristianos han de creer implícita y explícitamente todas las verdades que el Espíritu Santo ha colocado en las Escrituras. De esta manera, el creyente no tiene porqué creer las palabras de los santos que no están en armonía con las Escrituras ni tampoco tiene porqué creer las decretos papales a no ser que estén conformes a las Escrituras.

Capítulo 9: Cristo prometió edificar su Iglesia sobre la roca que Pedro confesó. Y aquélla roca era Cristo. Por lo tanto, la Iglesia está edificada sobre Cristo.

Capítulo 11: Cuando los sacerdotes leen ciertos versículos en la Biblia que parecen dar a entender que han de ser ricos, vivir en comodidad, ser conocidos en el mundo y no sufrir por el amor de Cristo, los estudian, los proclaman y los dan a conocer a todos. Pero, cuando se encuentran con versículos que los llaman a imitar a Cristo mediante la pobreza, la ternura, la humildad, la paciencia, la pureza, el trabajo duro y la perseverancia, deciden pasarlos por alto aseverando que tales textos no tienen nada que ver con la salvación.

Capítulo 12: Nadie puede ser salvo a no ser que esté sometido a Jesucristo.

Capítulo 17: No queremos seducir al pueblo; queremos que sean unidos en su obediencia a la ley de Cristo […] Deseamos que los ministros vivan honestamente según la doctrina de Jesucristo, apartándose de la vanagloria, la avaricia y la comodidad.

Capítulo 23: Ni el Papa ni los obispos pueden excomulgar a nadie de la Iglesia a no ser que Dios no le haya excomulgado primeramente.

Capítulo 23: Bendito sea Dios omnipotente, el cual permite que su Iglesia tenga una vida tal que aun cuando el Papa está muerto, ella no se encuentra ni muerta ni sin cabeza. La vida de la Iglesia no depende del Papa, sino más bien de su única cabeza, Cristo.

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Pablo acerca de que las mujeres hablen en la iglesia


Pablo acerca de que las mujeres hablen en la iglesia

Nota: Esta es la opinion del gran teologo protestante calvinista del siglo XX, Benjamin Warfield.Digna del mayor de los respetos, pero no compartida totalmente por mi persona.

por Benjamin B. Warfield

Publicado originalmente en el periódico The Presbyterian,  el 30 de octubre de 1919

He recibido recientemente una carta de un apreciado amigo que pedía que le envíe una «discusión de las palabras griegas laleo y lego en pasajes tales como 1.ª Corintios 14:33-39, con especial referencia a la pregunta: ¿Prohíbe el versículo 34 a todas las mujeres en todas partes hablar o predicar en público en iglesias cristianas?»

El asunto es de interés universal, y me tomo la libertad de comunicar mi contestación a los lectores del Presbyterian.

Requiere decirse inmediatamente que no hay problema con referencia a las relaciones de laleo y de lego. Aparte de sutiles detalles de interés puramente filológico, estas palabras se hallan relacionadas la una con la otra exactamente de la misma manera  que lo están las palabras españolas hablar y decir; es decir, que laleo expresa el acto de hablar, mientras que lego se refiere a lo que es dicho. Siempre, pues, que el hecho de hablar, sin referencia al contenido de lo que se dice, debe ser indicado, se utiliza laleo, y debe ser utilizado. No hay nada descalificador o despreciativo en lo que sugiere la palabra, así como tampoco lo hay en nuestra palabra hablar; aunque, por supuesto, puede en alguna ocasión ser utilizada en términos despreciativos como también lo puede ser nuestra palabra hablar (como cuando algunos de los periódicos insinúan que el senado está «entregado a meras palabras»). Esta aplicación descalificadora de laleo, sin embargo, nunca ocurre en el Nuevo Testamento, aunque la palabra se utiliza con mucha frecuencia.

La palabra está en su lugar correcto en 1.ª Corintios 14:33 y siguientes, y necesariamente conlleva allí su significado simple y natural. Si necesitáramos de algo para fijar su significado, sin embargo, ello lo determinaría su uso frecuente en la parte precedente del capítulo, donde se refiere no solamente a hablar en lenguas (que era una manifestación divina, e ininteligible solamente debido a las limitaciones de los oyentes), sino también al habla profético, el cual se declara directamente que es “para edificación, exhortación y consolación” (v. 3-6). También su sentido sería más pungentemente determinado, sin embargo, por el término que pone en contraste aquí: “callen” (v. 34). Aquí se nos define directamente laleo: “las mujeres callen, porque no les está permitido hablar.” «Callar – hablar»: son dos cosas opuestas; y la una define a la otra.

Es importante observar, ahora, que el eje alrededor del cual gira la prescripción de estos versos, no radica en la prohibición de hablar tanto como en el mandamiento del silencio. Ésta es la prescripción principal. La prohibición de hablar se introduce seguidamente sólo para explicar el significado de forma más completa. Lo que Pablo dice en breve es: “las mujeres callen en las iglesias.” Eso seguramente es suficientemente directo y específico para suplir todas las necesidades. Él entonces agrega la explicación: “Porque no les está permitido hablar.” “No está permitido” es una apelación a una ley general, válida aparte del mandamiento personal de Pablo, y se conecta atrás con las palabras precedentes: “Como en todas las iglesias de los santos.” Él sólo está exigiendo a las mujeres de Corinto que se conformen a la ley general de las iglesias. Y ése es el significado de las casi amargas palabras que agrega en el verso 36, con las cuales  (reprochándoles por la innovación de permitir que las mujeres hablen en las iglesias) él les recuerda que ellos no son los autores del Evangelio, ni tampoco sus únicos poseedores: les exigía que guardasen la ley obligatoria para todo el cuerpo de iglesias y que no buscasen a su manera alguna innovación de reciente fabricación propia.

Los versos intermedios solamente dejan en claro que lo que el apóstol está precisamente haciendo es prohibir a las mujeres hablar en la iglesia en términos absolutos. Su prescripción de silencio la lleva tan lejos hasta el punto de prohibir incluso hacer preguntas; y agrega con especial referencia a eso, pero con eso al asunto general, la vigorosa declaración de que “es indecoroso” —pues tal es el significado de la palabra— “que una mujer hable en iglesia”.

Sería imposible que el apóstol hable de forma más directa o más enfática que como lo ha hecho aquí. Él exige a las mujeres que guarden silencio en las reuniones de la iglesia; pues eso es lo que significa “en la congregación”, ya que no había edificios para la iglesia entonces. Y él no nos ha dejado en duda en cuanto a la naturaleza de estas reuniones de la iglesia. Acababa de describirlas en los versículos 26 en adelante. Eran del carácter general de nuestras reuniones de oración. Observe las palabras “calle en la iglesia” del versículo 30, y compárelas con “callen en las congregaciones” en el v. 34. La prohibición de que las mujeres hablen, abarca así todas las reuniones públicas de la iglesia; pues se trata del carácter público, no de la formalidad. Y él nos dice en reiteradas ocasiones que ésta es la ley universal de la iglesia. Hace más que eso: nos dice que ése es el mandamiento del Señor, y enfatiza la palabra “Señor” (v. 37).

El pasaje de 1.ª Timoteo 2:11, etc. es tan vigoroso como éste, sólo que se dirige más particularmente al caso específico de la enseñanza en público y a la conducción en la iglesia. El apóstol ya en este contexto (el v. 8 dice “los varones” en contraste con las “mujeres” del v. 9) había restringido específicamente la oración pública a los hombres, y ahora continúa: “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.” Ni la enseñanza ni la función de conducción se permiten a la mujer. El apóstol dice aquí, “no permito” en vez de decir, como en 1.ª Corintios 14:33 y siguientes, “no está permitido” porque él aquí está dando las instrucciones personales a Timoteo, su subordinado, mientras que allí anunciaba a los corintios la ley general de la iglesia. Lo que él manda a Timoteo, sin embargo, es la ley general de la iglesia. Y de esta manera avanza y fundamenta la prohibición en una razón universal que afecta la raza entera por igual.

En presencia de estos dos tan absolutamente claros y enfáticos pasajes, no puede apelarse a lo que se dice en 1.ª Corintios 11:5 para mitigarlos ni modificarlos. Cuál es el significado exacto de 1.ª Corintios 11:5, nadie lo sabe absolutamente. Se dice que toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza. Parece justo deducir que si ella ora o profetiza, no deshonra su cabeza. Y parece aún más justo deducir que ella puede orar o profetizar correctamente si tan sólo lo hiciese velada. Estamos armando una cadena de inferencias. Y no nos han llevado muy lejos. No podemos deducir que sería apropiado que ella orase o profetizase en la iglesia si tan sólo estuviese velada. Nada se dice de «iglesia» en el pasaje ni en el contexto. La palabra “iglesia” no aparece hasta el v. 16, y allí no como rigiendo la referencia del pasaje, sino solamente como proporcionando un apoyo adicional para la prescripción del pasaje. No hay ninguna razón para creer que “orar y profetizar” en 11:5 quiera decir en la iglesia. Ni lo uno ni lo otro eran actividades limitadas a la iglesia. Si, como en 1.ª Corintios 14:14, el “orar” de que se habla era un ejercicio extático —como su lugar de “profetizar” puede sugerir— entonces la inspiración divina habría estado traspasando todas las leyes ordinarias con que se cuenta. Y ha habido ya ocasión para observar que la oración en público está prohibido a las mujeres en 1.ª Timoteo 2:8-9, a menos que lo que se esté considerando sea la simple asistencia a la oración, en cuyo caso este pasaje es un paralelo cercano a 1.ª Timoteo 2:9.

Lo que debe observarse como conclusión es:

(1) Que la prohibición de que las mujeres hablen en la iglesia es precisa, absoluta, y completamente inclusiva. Ellas han de callar en las iglesias —y eso significa en todas las reuniones públicas para adoración; ni siquiera han de hacer preguntas;

(2) Que a esta prohibición se le señala el punto particular precisamente para los asuntos de enseñanza y de conducción, incluyendo específicamente las funciones de ancianos y de predicación.

(3) Que los argumentos sobre los cuales se funda la prohibición son universales y estriban en la diferencia de sexo, y particularmente en los lugares relativos dados a los sexos en la Creación y en la historia fundamental de la raza (la caída).

Quizás debiera agregar a modo de aclaración del último punto que la diferencia en conclusiones entre Pablo y el movimiento feminista de hoy está arraigada en una diferencia fundamental en los puntos de vista de ambos concernientes a la constitución de la raza humana. Para Pablo, la raza humana se compone de familias, y todos los diversos organismos –incluida la iglesia– están compuestos de familias, unidos juntos por éste u otro vínculo. La relación de los sexos en la familia la sigue por lo tanto en la iglesia. Para el movimiento feminista la raza humana se compone de individuos; una mujer es simplemente otro individuo a la par del hombre, y no puede considerar ninguna razón para ninguna diferencias al tratar con los dos. Y, si podemos ignorar la gran diferencia fundamental y natural de los sexos y destruir la gran unidad social fundamental de la familia en pro del individualismo, no parecería haber ninguna razón por la que no debamos eliminar las diferencias establecidas por Pablo entre los sexos en la iglesia; excepto, por supuesto, la autoridad de Pablo. Todo esto, finalmente, nos hace volver hacia la autoridad de los apóstoles, como los fundadores de la iglesia. Nos puede gustar lo que Pablo dice, o no. Podemos estar dispuestos a hacer lo que él ordena, o no. Pero no hay lugar para la duda en cuanto a lo que él dice. Y él nos diría ciertamente a nosotros lo que les dijo a los corintios: “¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado?” ¿Es éste nuestro cristianismo: hacer lo que nos place? ¿O es la religión de Dios, que recibe sus leyes de él a través de los apóstoles?

Traducido de http://www.bible-researcher.com/warfield1.html con permiso de Michael D. Marlowe

http://www.iglesiareformada.com/Warfield_Mujeres.html

El servicio de las mujeres en la Iglesia. La base bíblica


El servicio de las mujeres en la Iglesia. La base bíblica

Martes, 25 de Enero de 2011

N. T. Wright, Reino Unido

Una ponencia de la conferencia para el simposio, “Hombres, Mujeres y la Iglesia”, por el entonces obispo de Durham, Dr. N.T. Wright. St. John’s College, Durham, 4 de septiembre de 2004. (Trad. de Eva Navarro)

Estoy muy agradecido a los organizadores por invitarme a dar esta importante conferencia, y solo lamento que a causa de otros deberes he sido incapaz de tomar parte en vuestras reuniones. Vengo a vosotros justo después de celebrar el 900 aniversario del traslado de los huesos de St. Cuthbert a la catedral de la calle de enfrente, y con un sentido consecuente de nuestra enorme deuda con las generaciones pasadas, en gran parte con los que, como Cuthbert, se decidieron por vivir en santidad, celebrando la buena creación de Dios y enlutándose por la maldad humana que la desfigura y a nosotros con ella, tomando un camino entre los caminos del mundo diferente del Reino de Dios. Y lo tomo como que, aplicado apropiadamente, esto es a grandes rasgos lo que esta conferencia tiene intención de hacer: renunciar a los moldes en los que el mundo que nos rodea intenta meternos, y abrazar el camino diferente que es el camino del Reino de Dios, en el cual, hasta la fecha, descubrimos el cumplimiento del plan y el orden creados por Él. Es en ese espíritu que deseo ofrecerles algunas reflexiones que están, me temo, muy lejos de ser completas o totalmente resueltas. El asunto de hoy no ha sido un área de investigación primaria para mí y muchos de vosotros conocerán la literatura secundaria mucho mejor que yo. Esto tampoco va a ser una de esas redes de arrastre completas a través de todos los textos bíblicos relevantes. Pero hay una o dos cosas que puedo añadir, y realmente mis reflexiones sobre 1 Timoteo 2, que dejaré para casi el final, son de hecho la razón principal por la que permití que me persuadieran de aceptar esta invitación.

1. Observaciones preliminares
Primero, algunas observaciones preliminares sobre la clase de discusión que refleja esta conferencia. He leído algo de vuestra literatura con gran interés pero con la sensación de que existe una brecha cultural definida. Para mí está claro que la manera en que CBE está tratando sus cuestiones particulares viene de un contexto americano muy específico – específico no por ser americano sino por reflejar algunas subculturas americanas particulares. Sé un poco sobre esas subculturas – por ejemplo, las batallas sobre distintas ediciones de nuevas traducciones bíblicas, algunas usando lenguaje inclusivo y otras no – y sé, que en esto como en muchas otras cosas, las encendidas discusiones americanas no se pueden trasplantar simplemente a la escena británica sin algunos ajustes bastante serios. Al igual que con las reacciones a la película de Mel Gibson, muy a menudo simplemente vemos las cosas de manera diferente. Y en mi propia iglesia el problema principal sobre encontrar caminos hacia la igualdad masculina/femenina en el ministerio viene, no tanto desde dentro del derecho Evangélico (aunque hay por supuesto un elemento significativo ahí), sino desde dentro del movimiento Anglo-Católico tradicional para el cual la Escritura nunca ha sido el punto central de la discusión, y realmente a menudo no se le hace caso enteramente. Por lo tanto deseo aconsejar a esta conferencia que se guarde simplemente de trasplantar una discusión sin reconocer que el suelo de aquí hace cosas diferentes a todos los tipos de plantas.
En segundo lugar, me preocupo un poco sobre la palabra “igualdad” y el lenguaje “igualitario”, etc. Reconozco lo que se dice, por supuesto, y si no apoyase ese punto probablemente no estaría hablando ahora aquí; pero esas palabras llevan tanta carga en nuestras variadas culturas que yo me pregunto si es sabio, si ayuda realmente a la causa que desean resaltar, destacar esos términos de la manera en que lo hacen. No solo es la palabra un trapo rojo para todo tipo de toros que quizás no necesiten ser irritados de esa manera (aunque algunos sí lo necesiten); está siempre en peligro de ser inexacta, demasiado amplia, implicando para muchos (incorrectamente por supuesto, porque uno no puede vigilar lo que oirá la gente en términos técnicos) no sólo igualdad sino también identidad. Asimismo, utilizar la palabra “complementario” y afines para denotar una posición que diga no sólo que los hombres y las mujeres son diferentes sino que esas diferencias significan que las mujeres no pueden ejercer el ministerio, o alguna clase de ministerio, dentro de la iglesia, es, pienso yo, una vergüenza; como sugeriré, pienso que la palabra “complementario” es una palabra demasiado buena e importante como para dejarles ese lado del argumento todo para ellos.

Reconozco, entonces, como todos debemos hacer, que esta discusión ocurre dentro del contexto cultural más amplio de múltiples discusiones sobrelapadas e interconectadas, para las que las muchas variedades del feminismo por un lado y las guerras culturales modernas/postmodernas en curso por otro lado, proporcionan dos de muchos postes indicadores. Parte del problema, particularmente en los Estados Unidos, es que las culturas llegan a estar tan polarizadas que a menudo se asume que si marcáis una casilla en un lado del formulario, vais a marcar una docena de otras casillas en la misma página del formulario – sin darse cuenta de que la página en sí misma es altamente arbitraria y vinculada a una cultura. Tenemos que reclamar la libertad, en Cristo y en nuestras diferentes culturas, para nombrar y designar los temas uno por uno con sabiduría y claridad, sin asumir que una decisión en un punto nos compromete a una decisión en otros. Sospecho, de hecho, que parte del actual problema que ha generado CBE es precisamente la asunción entre muchos evangélicos americanos de que tienes que comprar el paquete entero o estás siendo desleal, y de que vosotros existís porque deseáis decir eso sobre este tema, y quizás sobre muchos otros también (¿el control de las armas? ¿Irak?), la línea dura de derechas estándar se ha dejado estafar hacia una postura sub-Cristiana o incluso una postura no Cristiana. De todos modos, ya es suficiente, sólo quería señalar los contextos dentro de los cuales estamos hablando vosotros y yo, y advertir contra cualquier clase de absolutismo en nuestras posiciones especiales.

Me han pedido hablar, no sobre la relación entre los sexos en general ni siquiera sobre el matrimonio, sino acerca del ministerio de las mujeres. Ésa es una limitación agradable de mi tema, y voy a limitarlo más aún, pero deseo fijar mis observaciones dentro de un marco particular de la teología bíblica que tiene que ver con Génesis 1. Mucha gente ha dicho, y yo mismo lo he dicho bastante a menudo, que la creación del hombre y de la mujer en sus dos géneros es una parte vital de lo que significa que los seres humanos son creados a semejanza de Dios. Ahora lo considero un error. Después de todo, no sólo el reino animal, según lo observado en el mismo Génesis, sino también el reino vegetal, según lo observado por la referencia a la siembra, tienen masculino y femenino. El factor de los dos géneros no es en absoluto específico de los seres humanos, sino que existe en una buena cantidad del resto de la creación. Esto no quiere decir que no sea importante, más bien significa que es lo más importante de todo; ser varón y hembra, y descifrando lo que eso significa, es algo que la mayoría de la creación está llamada a hacer y a ser, y a menos que vayamos a caer en una especie de gnosticismo, donde el modo en que las cosas están en la creación se considera como secundario y gastado contra lo que vamos a hacer ahora con ello, tenemos que reconocer, respetar y responder a esta llamada de Dios para vivir en el mundo que Él ha hecho y como las personas que Él nos ha hecho. Es sólo que no podemos utilizar el argumento de que el ser varón-más-hembra es de alguna manera lo que significa realmente el ser portadores de la imagen de Dios.
Esto nos lleva agradablemente al texto que vosotros mismos hacéis central a vuestro propio movimiento, Gálatas 3. 28, y la primera sección exegética de esta conferencia va a ofrecer algunas reflexiones sobre él.

2. Gálatas 3.28

La primera cosa a decir es bastante obvia pero es necesario decirla de todos modos. Gálatas 3 no trata sobre el ministerio. Ni es la única palabra que Pablo dice sobre el hecho de ser varón y hembra, y en vez de tomar los textos en un vacío y después ordenarlos en una jerarquía, por ejemplo citando este versículo y después diciendo que triunfa sobre todos los otros versículos en una clase de lucha por ser el toro mayor de la manada (¡a propósito! qué manera tan masculina de enfocar la exégesis), tenemos que hacer justicia a lo que Pablo realmente está diciendo en este punto. Estoy sorprendido de ver, en alguna de vuestra literatura , la insistencia en que mujeres y hombres son salvados y justificados de igual forma; es decir, estoy sorprendido porque nunca he oído a nadie negarlo. Por supuesto, bien puede haber algunos que lo hagan, pero yo no los he conocido. La idea que Pablo consagra en todo este pasaje es que Dios tiene una familia, no dos, y que esta familia consiste en todos los que creen en Jesús; que ésta es la familia que Dios prometió a Abraham, y que nada en la Torah puede impedir esta unidad que ahora se revela por la fidelidad del Mesías. Esto no tiene nada que ver en absoluto con cómo nos relacionamos el uno con el otro dentro de esta única familia; es sobre el hecho, como decimos a menudo, de que la tierra es uniforme al pie de la cruz.

Primero, una nota sobre la traducción y la exégesis. Noto que en uno de vuestros folletos adoptáis lo que es realmente una traducción equivocada de este verso: ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni varón ni hembra. Eso es precisamente lo que no dice Pablo; y como es lo que esperamos que diga, debemos observar muy cuidadosamente lo que ha dicho en lugar de eso, puesto que probablemente quiere llamar la atención sobre un punto, un punto que falta cuando la traducción se hace rápidamente como en esa versión. Lo que él dice es que no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni “varón y hembra”. Pienso que la razón por la que dice que “ni varón y hembra” antes que “ni varón ni hembra” es que realmente está citando Génesis 1, y que debemos entender el “varón y hembra” de la frase entre comillas.

¿Entonces, piensa Pablo que en Cristo el orden creado se anula? ¿Está diciendo, como algunos han sugerido, que volveremos a una especie de caos en el cual no se apliquen ninguno de los órdenes de la creación? ¿O está diciendo que pasamos, como los gnósticos, de la primera creación bastante desgastada en la cual se aplican cosas tontas como la diferenciación de género a un mundo nuevo en el cual todos podemos vivir como hermafroditas – lo que, otra vez, algunos han sugerido, y que tiene posibles efectos éticos interesantes? No. Pablo es un teólogo de nueva creación, y es siempre la renovación y la reafirmación de la creación existente, nunca su negación, como no sólo Gálatas 6.16 sino también por supuesto Romanos 8 y 1 y Corintios 15 muestran tan claramente. De hecho, Génesis 1-3 sigue siendo enormemente importante para Pablo a través de todos sus escritos.

¿Qué está diciendo entonces? Recordad que está contradiciendo particularmente a los que desearon hacer cumplir las reglas judías, y de hecho la pertenencia al pueblo judío, sobre los gentiles conversos. ¿Recordáis la oración de la sinagoga en la cual el hombre que ora agradece a Dios que no le haya hecho un gentil, un esclavo o una mujer – en este punto las mujeres en la congregación que Dios “me has hecho según tu voluntad”. Pienso que Pablo está delimitando deliberadamente la familia de Abraham reformada en el Mesías como pueblo que no puede orar esa oración, puesto que dentro de esta familia estas distinciones son ahora irrelevantes.

Pienso que hay más. Recordad que la cuestión presentada en Gálatas es la circuncisión, circuncisión masculina por supuesto. A veces pensamos en la circuncisión como un obstáculo doloroso para los convertidos, como de hecho en cierto modo lo era; pero por supuesto para los que lo abrazaron era una cuestión de orgullo y de privilegio. No sólo separó a judíos de gentiles; los marcó de una manera que privilegió automáticamente a los varones. Por el contrario, imaginad la emoción de la igualdad causada por el bautismo, el rito idéntico para judío y gentil, esclavo y libre, varón y hembra. Y eso no es todo. Aunque esto es algo más especulativo, la historia de la familia de Abraham por supuesto privilegió a la línea de descendientes masculinos: Isaac, Jacob, etc. Lo que encontramos en Pablo, en Gálatas 4 y en Romanos 9, es que presta una atención cuidadosa – algo como Mateo 1, de hecho, aunque desde un ángulo diferente – a las mujeres de la historia. Si aquellos en Cristo son la verdadera familia de Abraham, que es el punto de toda la historia, entonces la forma de esta identidad y unidad toma un salto cuántico más allá de la manera en la cual el judaísmo del siglo primero la interpretó, juntando a varón y a hembra tan segura e igualmente como a judío y a gentil. Lo que Pablo parece hacer en este pasaje, entonces, es eliminar cualquier tentativa de sostener el continuo privilegio masculino en la estructuración y la demarcación de la familia de Abraham apelando a Génesis 1, como si alguien fuera a decir, “pero por supuesto la línea masculina es lo que importa, y por supuesto la circuncisión masculina es lo que cuenta, porque Dios hizo varón y hembra” No, dice Pablo, nada de eso cuenta cuando se trata de la pertenencia al pueblo renovado de Abraham.

Pero una vez que hemos comprendido este punto debemos dar un paso atrás y reflexionar tanto sobre lo que Pablo no ha hecho como sobre lo que sí ha hecho. Respecto a la distinción judío/gentil, la insistencia feroz e inflexible de Pablo sobre la igualdad en Cristo no significa en absoluto que no necesitemos prestar atención a las características entre aquellos de procedencias culturales diferentes cuando se trata de convivir en la iglesia. Romanos 14 y 15 son el mejor ejemplo de esto, pero podemos verlo también a través del mismo Gálatas, pues Pablo nos habla regularmente de “nosotros” queriendo decir cristianos judíos y de “vosotros” o de “ellos” queriendo decir cristianos gentiles. Han llegado a un destino idéntico pero han llegado por rutas muy diferentes y conservan memorias e imaginaciones culturales muy diferentes. Las diferencias entre ellos no se borran, y la práctica pastoral necesita tomar nota de esto; son simplemente irrelevantes cuando se trata de la pertenencia a la familia de Abraham. Y esto se aplica, sugiero yo, mutatis mutandis, al tratamiento de Pablo a hombres y mujeres dentro de la familia Cristiana. La diferencia es irrelevante para el status y para el distintivo de miembro. Pero todavía hay que tomar nota de eso cuando se trata de la práctica pastoral. No nos transformamos en hermafroditas o en seres sin género, asexuados, cuando somos bautizados. Pablo habría sido el primero en rechazar la sugerencia gnóstica de que la creación original fue un intento pobre, secundario, de hacer un mundo y que tenemos que descubrir el modo de superar lo que, según Génesis 1, Dios llamó “muy bueno”. Éste es el punto en el cual debemos emitir una advertencia contra la moda actual en algunas partes, al menos en América, por documentos como el llamado “Evangelio de María”, leídos tanto bajo una luz gnóstica como feminista. Esa clase de opción parece presentar un atajo hacia una agenda pro-mujeres, pero eso no sólo tiene un coste enorme, histórica y teológicamente, sino que también presenta una bendición de doble filo, dada la propensión de algunas ramas del gnosticismo antiguo a igualar la distinción varón/hembra, no reconociendo a ambos como igualmente importantes, sino convirtiendo efectivamente a las mujeres en hombres. Recuerden el último dicho en el llamado “Evangelio de Tomás”.

Los caminos en los que Pablo explora las diferencias entre hombres y mujeres vienen en otros sitios además de en Gálatas, por supuesto. Deseo mirar primero 1 de Corintios y después, finalmente, 1 de Timoteo; pero, antes de que miremos cualquiera, deseo ofreceros algunos apuntes sobre uno o dos temas y pasajes en los Evangelios y en Hechos.

3. Evangelios y Hechos

Entre las muchas cosas que hay que decir sobre los Evangelios es que no ganamos nada desdeñando el hecho de que Jesús eligió a doce apóstoles masculinos. Había, no hay duda, todo tipo de razones para ello dentro del mundo simbólico en el que él funcionaba y del mundo práctico y cultural en los que ellos tendrían que vivir y trabajar. Pero cada vez que se menciona este punto – y en mi experiencia se menciona con bastante frecuencia – tenemos que comentar cuan interesante es que viene un momento en la historia en que todos los discípulos abandonan a Jesús y se alejan corriendo; y en ese momento, mucho antes de la rehabilitación de Pedro y de los otros, son las mujeres quienes van primero a la tumba, quienes son las primeras en ver a Jesús resucitado, y son las primeras a quienes se les confiará la buena nueva de que Jesús ha resucitado de entre los muertos. Esto es de un significado incalculable. María Magdalena y las otras son los apóstoles de los apóstoles. No debemos sorprendernos de que Pablo llame apóstol a una mujer llamada Junia en Romanos 16.7. Si un apóstol es un testigo de la resurrección, había mujeres que merecieron ese título antes que los hombres. (Noto que hubo un alboroto enorme con la traducción y revisión de la Nueva Versión Internacional por la sugerencia de que Junia era una mujer, y que no había ni un solo argumento histórico o exegético disponible para los que seguían insistiendo, por razones obvias, en que era Junias, un hombre.)

Tampoco esta promoción de las mujeres es una cosa nueva con la resurrección. Como de otras tantas maneras, lo que sucedió entonces tomó pistas y momentos muy breves de antes en la carrera pública de Jesús. Pienso particularmente en la mujer que untó a Jesús (sin entrar aquí en la cuestión de quién era y en si sucedió más de una vez); como algunos han precisado, ésta era una acción sacerdotal que Jesús aceptó como tal. Y pienso, también, en la notable historia de María y de Marta en Lucas 10. La mayoría de nosotros crecimos en la línea de que Marta era el tipo activo y María el tipo pasivo o contemplativo, y que Jesús está afirmando simplemente la importancia de ambas e incluso la prioridad de la devoción hacia él. Esa devoción es indudablemente parte de la importancia de la historia, pero mucho más obvio para cualquier lector del siglo primero, y para muchos lectores en Turquía, Oriente Medio y muchas otras partes del mundo hasta hoy es el hecho de que María se sentaba a los pies de Jesús dentro de la parte masculina de la casa antes que quedarse en los cuartos traseros con las otras mujeres. Esto, estoy bastante seguro, es lo que realmente incomodó a Marta; no hay duda de que estaba contrariada por tener que hacer todo el trabajo, pero el verdadero problema detrás de ése era que María había cortado por lo sano una de las convenciones sociales más básicas. Es como si, en el mundo de hoy, me invitáseis a vuestra casa y, a la hora de irnos a dormir, me dijérais que tenía que poner una cama plegable en vuestro dormitorio. Así como nosotros tenemos nuestras propias reglas claras pero no escritas sobre cual es nuestro espacio, ellos también las tenían. Y María acababa de burlarse de ellas. Y Jesús confirma que ella tiene razón al hacerlo. Ella “se sienta a sus pies”; una frase que no significa lo que significaría hoy, el estudiante que adora mirando hacia arriba con admiración y amor al maravilloso profesor. Como está claro por el uso de la frase en otra parte del NT (por ejemplo, Pablo con Gamaliel), sentarse a los pies del profesor es una manera de decir que estás siendo un estudiante, recogiendo la sabiduría del profesor y aprendiendo; y en ese mundo tan práctico no harías esto solo para informar a tu propia mente y a tu corazón, sino para ser tú mismo un profesor, un rabino. Como muchas veces en los Evangelios, esta historia se deja enigmática al menos por lo que a nosotros se refiere, pero dudo si cualquier lector del siglo primero no lo habría entendido. Eso, sin ninguna duda, es por lo menos parte de la razón por la cual encontramos a tantas mujeres en posiciones de liderazgo, iniciativa y responsabilidad en la iglesia primitiva; solía pensar que Romanos 16 era el capítulo más aburrido de la carta, y ahora, al estudiar los nombres y pensar sobre ellos, me impresiona cuan poderosamente indican la manera en que la enseñanzas de Jesús y de Pablo se entendían en la práctica.

Otro punto, sobre Hechos, una cosa entre muchas otras que recopilé de Ken Bailey en base a su larga experiencia de trabajo en Oriente Medio. Es interesante que en la crucifixión las mujeres podían ir y venir y ver qué sucedía sin temor a las autoridades. No eran vistas como una amenaza, y no esperaban ser vistas así. Bailey precisa que este patrón se repite hasta hoy día en Oriente Medio; en la cumbre de los problemas en Líbano, cuando los hombres de todos los bandos en lucha faccional se ocultaban o se movían con gran precaución, las mujeres eran libres de ir y venir, hacer las compras, sacar a los niños, etc. (Creo que esto nos dice algo también sobre la época del Amado Discípulo, pero esa es otra historia.) Pero entonces es fascinante, por contraste, que cuando volvemos a los Hechos, y a la persecución que se presentó contra la Iglesia en gran parte en tiempos de Esteban, encontramos que las mujeres están siendo perseguidas igual que los hombres. Saúl de Tarso iba a Damasco a buscar mujeres y hombres por igual y a meterlos en prisión. Bailey precisa basado en sus paralelos culturales que esto solamente tiene sentido si las mujeres, también, son vistas como líderes, figuras influyentes dentro de la comunidad.

Pero, habiendo mencionado los intentos abortivos de Pablo de cazar a cristianos en Damasco, ahora es hora de volver a su pensamiento maduro y de mirar los tres pasos dominantes que a menudo han causado dificultad.

4. Corintios 1

Ha habido una cantidad enorme de trabajo hecha recientemente sobre el contexto social y cultural de Corintios 1, en gran parte por Bruce Winter en Cambridge, y deseo instar a todos aquellos que estén interesados en descubrir lo que Pablo realmente dijo y lo que quería decir que estudien ese trabajo con gran cuidado. No tengo tiempo o habilidad para entrar en detalles; pero hay muchas cosas sobre la vida clásica del siglo primero que vierten mucha luz sobre los temas actuales que Pablo está tratando y necesitan ser tomadas cuidadosamente en consideración.

En lugar de eso, deseo dirigirme inmediatamente a uno de los dos pasajes que ha causado tanta dificultad, los versos al final de 1 de Corintios 14 en los que Pablo insiste en que las mujeres deben mantenerse en silencio en la iglesia. Estoy indeciso si convenir con los que dicen que este verso es una interpolación tardía y no Paulina. Uno de los críticos textuales más finos de nuestros días, Gordon Fee, ha argumentado muy fuertemente que lo es, puramente en base a lo que la tradición del manuscrito revela. Les insto a examinar sus argumentos y a formarse su propia opinión. Pero siempre me he sentido atraído, desde que la oí por primera vez, por la explicación ofrecida una vez más por Ken Bailey. En Oriente Medio, dice él, se daba por sentado que los hombres y las mujeres se sentarían aparte en la iglesia, como todavía sucede hoy en algunos círculos. Igualmente importante, el servicio sería llevado a cabo (en Líbano, por ejemplo, o Siria, o Egipto), en árabe formal o clásico, que todos los hombres sabrían pero que muchas de las mujeres no, puesto que las mujeres hablarían solamente un dialecto local o patois. Una vez más podemos desaprobar tal arreglo, pero una de las cosas que aprendes en el verdadero trabajo pastoral en comparación con la teorización académica estilo torre de marfil es que no puedes llevar directamente de un salto a una comunidad de donde está actualmente a donde tú quisieras que estuviera idealmente. De cualquier manera, el resultado sería que durante el sermón particularmente, las mujeres, no entendiendo lo que estaba pasando empezarían a aburrirse y hablarían entre ellas. Bailey describe la escena en una de esas iglesias, el nivel de la conversación del lado de las mujeres subiría constantemente de volumen, hasta que el ministro tendría que decir en voz alta, “¡Pueden callarse las mujeres, por favor!”, con lo cual la conversación se calmaría, pero solo por algunos minutos. Entonces, en un momento dado, el ministro tendría que pedir otra vez que las mujeres se callen; y a menudo añadiría que si querían saber lo que se estaba diciendo, tendrían que pedir a sus maridos que se lo expliquen cuando lleguen a casa. Sé que a veces hay otras explicaciones ofrecidas para este pasaje, algunas de ellas absolutamente plausibles; ésta es la que me ha llamado la atención durante muchos años como la que tiene el requisito más fuerte para proporcionar un contexto para entender lo que Pablo está diciendo. Después de todo, su preocupación central en 1 de Corintios 14 es el orden y la decencia en el culto de adoración de la iglesia. Esta explicación pegaría extremadamente bien.

Lo que el pasaje posiblemente no puede significar es que las mujeres no tomaban parte en liderar la adoración pública, hablando en voz alta por supuesto como hacían. Éste es el punto positivo que es probado inmediatamente por el otro pasaje relevante de Corintios, Corintios 1 11.2-11, puesto que allí Pablo está dando instrucciones sobre cómo deben vestirse las mujeres mientras se dedican a tales actividades, instrucciones que obviamente no serían necesarias si hubieran estado todo el tiempo calladas en la iglesia. Pero ésa es la cosa de la que podemos estar seguros. En este pasaje, casi todo lo demás me parece notablemente diferente para cimentarlo. Lo que deseo hacer ahora es ofrecerles la explicación que probé en mi librito sobre 1 Corintios; en los dos años desde que lo escribí, no he visto nada que me hiciera cambiar de idea, aunque como digo el trabajo de Bruce Winter necesita ser considerado de manera importante en nuestra comprensión del contexto social.

Pablo, por supuesto, no trataba las cuestiones sociales que conocemos en nuestro mundo. Visitad una cultura diferente, incluso hoy día, y descubriréis muchas asunciones, presiones y apremios sutiles en la sociedad, algunos de los cuales aparecen en la manera en que la gente se viste y como llevan el pelo. En la cultura occidental, un hombre no iría a una cena en bañador, ni una mujer iría a un picnic en la playa vestida de boda. La mayoría de las iglesias occidentales han dejado de presionar a las mujeres para que usen sombrero en la iglesia (los sombreros de estilo occidental, en todo caso, no son sobre los que Pablo escribía aquí), pero nadie encuentra raro que sigamos siendo estrictos sobre que los hombres no usen sombrero en la iglesia.

En tiempo de Pablo (como, de muchas maneras, en el nuestro), el género se denotaba por el estilo del pelo y de la ropa. Podemos decir de las estatuas, pinturas de jarrones y de otras obras de arte del período cómo esto funcionaba bien en la práctica. Había presión social por mantener distinciones apropiadas. ¿Pero no enseñó el mismo Pablo que no había “ni varón ni hembra”, porque somos todos uno en el Mesías? ¿(Gálatas 3.28)? Quizás, de hecho, esa era una de las “tradiciones” que él había enseñado a la iglesia corintia, la cual tenía que saber que judío y griego, esclavo y libre, varón y hembra eran todos igualmente bienvenidos, igualmente valorados, en el pueblo renovado de Dios. Quizás eso fue realmente lo que creó la situación que él está tratando aquí; quizás algunas de las mujeres corintias le habían estado tomando literalmente, de modo que cuando oraban o profetizaban en voz alta en las reuniones de la iglesia (que Pablo asume que harían regularmente; esto nos dice, como hemos visto, algo sobre cómo entender 14.34-35) que habían decidido quitarse su cobertura normal de la cabeza, quizás también destrenzando su pelo, para demostrar que en el Mesías estaban libre de las convenciones sociales normales por las que hombres y mujeres se distinguían.

Eso son muchos “quizás”. Podemos conjeturar solamente en la dinámica de la situación – que por supuesto es lo que siempre hacen los historiadores. Es sólo que aquí estamos sintiendo nuestro camino en la oscuridad más de lo normal. Pero, quizás para sorpresa de los corintios, Pablo no felicita a las mujeres en esta nueva expresión de libertad. Él insiste en mantener la diferenciación de género durante el culto.

Otra dimensión al problema puede ser que en el Corintio de su tiempo las únicas mujeres que aparecían en público sin algún tipo de cobertura en la cabeza eran prostitutas. Esto no se sugiere directamente aquí, pero pudo haber estado en su subconsciente. Si el mundo que miraba descubriera que los cristianos tenían reuniones donde las mujeres “se soltaban el pelo” de este modo, eso podría tener el mismo efecto en su reputación como lo tendría si en el occidente moderno alguien mirase en una iglesia y encontrase a todas las mujeres en bikini.

El problema es, por supuesto, que Pablo no dice exactamente esto, y corremos el riesgo de “explicarle” en términos que pueden (quizás) tener sentido para nosotros mientras que no hacemos caso de lo que él mismo dice. Es tentador hacer eso, exactamente porque en el mundo occidental de hoy no nos gustan las implicaciones de la diferenciación que él mantiene en el verso 3: el Mesías es la “cabeza” de cada hombre, un marido es la “cabeza” de cada mujer, y la “cabeza” del Mesías es Dios. Esto parece colocar al hombre en una posición de exactamente esa superioridad asumida contra la cual las mujeres se han rebelado, usando a menudo Gálatas 3.28 como su grito de guerra.

¿Pero qué quiere decir Pablo con la “cabeza”? Él la utiliza a veces aquí en un sentido metafórico, como en el verso 3, y a veces literalmente, como cuando habla sobre qué hacer con las cabezas humanas reales (versos 4-7 y 10). Pero la palabra que él utiliza puede significar varias cosas diferentes; y un buen caso se puede descifrar para decir que en el verso 3 no se está refiriendo al “liderazgo” en el sentido de soberanía, sino al liderazgo en el sentido de “fuente”, como la “fuente” o la “cabecera” de un río. De hecho, en algunos de los pasajes clave donde explica lo que está diciendo (versos 8, 9 y 12a) se está refiriendo explícitamente a la historia de la creación en Génesis 2, donde la mujer fue hecha del costado del hombre. Sospecho, de hecho, que éste es un uso bastante diferente de la idea de “liderazgo” del de Éfesos 5, donde se refiere por supuesto al marido y a la esposa y donde se está tratando otro punto. Eso no significa que Pablo no hubiera podido escribir ambos, sólo que era más libre de lo que nos imaginamos a veces para modificar sus propias metáforas según varios contextos.

El punto subyacente entonces parece ser que en el culto es importante para ambos, hombres y mujeres ser ellos mismos, para honrar a Dios siendo lo que son y no velando las líneas fingiendo ser otra cosa. Una de las pistas no habladas de este pasaje puede ser la asunción de Pablo de que en el culto la creación se restaura, o quizás que en el culto estamos anticipando su restauración final (15.27-28). Dios hizo a los humanos varón y hembra, y les dio “autoridad” sobre el mundo, como Ben-Sirach 17.3 lo pone, resumiendo Génesis 1.26-28 y repitiendo el salmo 8.4-8 (Ben-Sirach fue escrito alrededor de 200 A.C.). Y si los seres humanos van a reclamar esta autoridad sobre el mundo, esto pasará cuando estén adorando al Dios verdadero, cuando oren y profeticen en su nombre, y se renueven en su imagen, cuando sean lo que han sido hechos para ser, celebrando los géneros que Dios les ha dado.

Si ésta es la opinión de Pablo, el movimiento crítico que hace es para argumentar que un hombre deshonra su cabeza cubriéndola en el culto y que una mujer deshonra la suya no cubriéndola. Argumenta esto principalmente sobre la base de que la creación en sí misma tiende a dar el pelo más corto a los hombres y más largo a las mujeres (versos 5-6, 13-15); el hecho de que algunas culturas, y alguna gente, ofrecen excepciones evidentes probablemente no le habría preocupado. Su punto principal es que en el culto los hombres deberían seguir los códigos del vestido y del pelo que les proclaman como varones, y las mujeres los códigos que les proclaman como hembras.

¿Por qué dice entonces que una mujer “tiene que tener autoridad en su cabeza debido a los ángeles” (verso 10)? Éste es uno de los versos más desconcertantes de un pasaje desconcertante, pero hay ayuda de algún tipo en los Manuscritos del Mar Muerto. Ahí se asume que cuando el pueblo de Dios se junta para el culto, los ángeles están allí también (como todavía afirman tantas liturgias, y teólogos).

Para los Manuscritos, esto significa que los ángeles, siendo santos, no se deben ofender por ningún aspecto de no-santidad entre la congregación. Pablo comparte la asunción, de que los ángeles están adorando junto con los seres humanos, pero puede querer decir otra cosa.

Cuando los humanos se renueven en el Mesías y se levanten de los muertos, tendrán autoridad sobre los ángeles (6.3). En el culto, la iglesia anticipa cómo van a ser las cosas en ese nuevo día. Cuando una mujer está orando o profetizando (quizás en la lengua de los ángeles, como en 13.1), necesita ser de verdad lo que es ella, puesto que el mundo, incluídos los ángeles, va a estar sujeto a varón y hembra por igual, en su interdependencia mutua como portadores de la imagen de Dios. La creación de Dios necesita que los seres humanos sean completa, gloriosa y verdaderamente humanos, lo que significa completa y verdaderamente varón y hembra. Ésto, y por supuesto muchas más cosas aparte, tiene que entreverse en el culto.

Los Corintios, entonces, pudieron haber sacado la conclusión equivocada de la “tradición” que Pablo les había enseñado. Pudiesen o no seguir su argumentación algo mejor que nosotros, parece claro que su objetivo principal era que las marcas de diferencia entre los sexos no se deben poner a un lado en el culto. De alguna manera quizás.

Enfrentamos diversas cuestiones, pero cerciorarse de que nuestro culto transcurra apropiadamente, para honrar la creación de Dios y para anticipar su cumplimiento en la nueva creación, sigue siendo una prioridad. No hay “quizás” sobre eso. Cuando aplicamos esto a la cuestión del ministerio de las mujeres, a mí me parece que ciertamente debemos acentuar la igualdad en el papel de las mujeres pero tenemos que tener mucho cuidado sobre implicar identidad. Este pasaje desvela, para mí por lo menos, muy fuertemente el lado de los que ven el ministerio de las mujeres como perceptiblemente diferente al ministerio de los hombres y por lo tanto insiste en que ambos necesitamos ser nosotros mismos, en vez de intentar ser una copia del otro.
Todo esto nos dirige hacia el final y por supuesto, al pasaje más duro de todos, 1 Timoteo 2.

5.1 Timoteo 2
Por hoy dejo totalmente a un lado la cuestión de quien escribió 1 Timoteo. Es más diferente del resto de Pablo que cualquiera de sus otras cartas, incluyendo las otras Pastorales y 2 Tesalonicenses. Pero no lo desatiendo por esa razón; muchos de nosotros escribimos en muchos estilos diferentes según la ocasión y la audiencia, y eso no quita sin embargo todos los problemas sino que debería contextualizarlos. Lo que importa, e importa vitalmente en muchos debates, es por supuesto lo que dice el pasaje. No creo estar exagerando cuando sugiero que este pasaje está muy por encima de los otros, que ha sido el ancla de reserva para los que desean negar un lugar en el ministerio consagrado de la iglesia a las mujeres, con las responsabilidades completas de predicar, presidiendo en la Eucaristía, y ejerciendo el liderazgo dentro de las congregaciones y ciertamente de las diócesis.

De nuevo, la materia por supuesto es muy discutida y muy rebatida, y no he leído más que una fracción de la enorme cantidad de literatura que se ha publicado sobre este pasaje. Yo simplemente doy mi opinión ya que me preguntan. Y de nuevo, estoy optando aquí por lo que he dicho en mi reciente comentario de nivel-popular sobre el pasaje. Esta vez reconozco la ayuda de otro viejo amigo, Christopher Bryan de la Universidad del Sur en Sewanee, cuyo sensible trabajo sobre el contexto clásico es como siempre muy estimulante.

Cuando la gente dice que la Biblia engarza ideas y actitudes patriarcales, este pasaje, particularmente el verso 12, se toma a menudo como el ejemplo típico. El verso parece decir que las mujeres no deben ser profesoras; no deben tener ninguna autoridad sobre los hombres; deben mantenerse calladas. Eso, por lo menos, es como lo ponen muchas traducciones. Éste, como digo, es el pasaje principal que la gente menciona cuando desean sugerir que el Nuevo Testamento prohíbe la ordenación de las mujeres. Una vez estaba leyendo estos versos en un culto y una mujer cerca de las filas delanteras estalló en cólera, para consternación del resto de la congregación (aun cuando algunos estaban de acuerdo con ella). El pasaje entero parece decir que las mujeres son ciudadanas de segunda clase a todos los niveles. Incluso no se les permite vestirse bonitas. Son las hijas de Eva, y ella fue la que creó el problema original. La mejor cosa para ellas es ponerse y tener niños, y portarse bien y guardar silencio.

Bueno, así es cómo la mayoría de la gente lee el pasaje en nuestra cultura hasta muy recientemente. Reconozco completamente que la lectura tan diferente que voy a sugerir puede sonar para empezar como si estuviera intentando simplemente hacer las cosas más fáciles, adaptar este trocito de Pablo para que se ajuste a nuestra cultura. Pero hay una buena, sólida enseñanza, detrás de lo que voy a decir, y creo genuinamente que puede ser la interpretación correcta.

Cuando miráis comics, películas de serie B, y novelas y poemas baratos, captáis una impresión estándar de cómo “cada uno se imagina” como se comportan hombres y mujeres. Los hombres son machos, gritones, gamberros arrogantes, siempre luchando y deseando su propio camino. Las mujeres sonríen afectadamente, son criaturas con la cabeza hueca, sin nada que pensar excepto sobre ropa y joyería. Hay versiones “cristianas” de esto, también: los hombres deben tomar las decisiones, dirigir la función, estar siempre al mando, diciéndole a todo el mundo lo que tiene que hacer; las mujeres deben quedarse en casa y criar a los niños. Si comienzas a buscar un respaldo bíblico para esta visión, bien, ¿qué pasa con Génesis 3? Adán nunca habría pecado si Eva no le hubiera dado primero. Eva tiene su castigo y su dolor en la maternidad (Génesis 3.16).

Bien, no tenéis que abrazar cada aspecto del movimiento de la liberación de las mujeres para encontrar esa interpretación dura de tragar. No sólo se nos atraganta la manera de tratar a una mitad de la raza humana; no coincide con lo que vemos en el resto del Nuevo Testamento, en los pasajes a los que ya hemos echado un vistazo.

La clave del pasaje actual, entonces, es reconocer que está mandando que a las mujeres también debe permitírseles estudiar y aprender, y no deben ser refrenadas de hacerlo (verso 11). Deben ser “sumisas por completo”; esto se toma a menudo como “sumisas a los hombres”, o “a sus maridos”, pero es igualmente probable que se refiera a su actitud, como alumnas, de la sumisión a Dios o al Evangelio – lo que por supuesto sería verdad para los hombres también. Entonces el crucial verso 12 no necesita ser leído como “no permito que una mujer enseñe o tenga autoridad sobre un hombre” – la traducción que ha causado tantas dificultades estos últimos años. Puede significar igualmente (y en contexto, tiene mucho más sentido): “No pretendo implicar que ahora estoy poniendo a las mujeres como la nueva autoridad sobre los hombres de la misma forma que los hombres tenían previamente autoridad sobre las mujeres.” ¿Por qué Pablo podría necesitar decir esto?

Hay algunas muestras en la carta que fue enviada originalmente a Timoteo mientras estaba en Éfeso. Y una de las cosas principales que sabemos sobre la religión en Éfeso es que la religión principal – el templo más grande, la capilla más famosa – era un culto de mujeres solamente. El templo de Artemisa (que es su nombre griego; los romanos la llamaban Diana) era una estructura maciza que dominaba el área; y, como devotas que se debían a una deidad femenina, las sacerdotisas eran todas mujeres. Ellas llevaban el show y mantenían a los hombres en su lugar.
Ahora si fuérais a escribir una carta a alguien en un pequeño, nuevo movimiento religioso con base en Éfeso, y quisiérais decir que debido al Evangelio de Jesús las viejas formas de organizar los roles masculinos y femeninos tuvieran que ser repensadas de arriba a abajo, siendo una característica de eso que había que animar a las mujeres a estudiar y aprender y a tomar el rol de dirigente, querríais evitar a toda costa dar la impresión equivocada. ¿Decía el apóstol que la gente podría extrañarse de que habría que formar a las mujeres de modo que el cristianismo se convirtiera gradualmente en un culto como el de Artemisa, donde las mujeres dirigían y mantenían a los hombres a raya? Eso, me parece a mí, es lo que está negando el verso 12. “La palabra que he traducido como “intentar dictarles” es inusual, pero parece tener connotaciones de “ser mandón” o de “tomar el control”. Pablo está diciendo, como Jesús en Lucas 10, que las mujeres deben tener el espacio y el ocio para estudiar y aprender a su manera, no para que fuercen y asuman el liderazgo como en el culto de Artemisa, pero de modo que hombres y mujeres de igual manera puedan desarrollar cualquier talento que Dios les está dando de aprender, enseñar y dirigir.

Entonces, ¿cuál es el punto de los otros trocitos del pasaje?

El primer verso (8) está claro: los hombres deben darse a la oración devota, y no deben seguir los estereotipos normales del comportamiento “masculino”: ni cólera ni discusiones. Entonces los versos 9 y 10 siguen, incidiendo en el mismo punto sobre las mujeres. Tienen que librarse de su estereotipo, el de chismear todo el rato sobre peinados, joyería, y ropa bonita- pero tienen que ser liberadas, no para que puedan ser pequeños ratones desaliñados, discretos, sino de modo que puedan hacer una contribución creativa a la sociedad más amplia. La frase “buenas obras” en el verso 10 nos suena bastante suave, pero es una de las maneras usuales usada por la gente para referirse a la obligación social de pasar tiempo y gastar dinero en la gente menos afortunada que uno, para ser un benefactor de la ciudad ayudando con las obras públicas, las artes, etc.

¿Por qué entonces Pablo acaba con la explicación sobre Adán y Eva? Recordad que su punto básico es insistir en que a las mujeres, debe permitírseles también aprender y estudiar como cristianas, y no mantenerlas en un aburrimiento iletrado e ignorante ni en la servidumbre. Bien, la historia de Adán y Eva da en el clavo: mirad qué sucedió cuando Eva fue engañada. Las mujeres necesitan aprender tanto como los hombres lo necesitan. Adán, después de todo, pecó muy deliberadamente; él sabía lo que hacía, y que era incorrecto, y continuó deliberadamente. El Antiguo Testamento es muy estricto sobre esa manera de actuar.

¿Y qué tal el trocito sobre el parto? Pablo no lo ve como un castigo. Más bien, él ofrece la seguridad de que, aunque el parto es de verdad difícil, doloroso y peligroso, a menudo el momento de mayor prueba en la vida de una mujer, no es una maldición que deba tomarse como muestra del descontento de Dios. La salvación de Dios se promete a todos, a mujeres y a hombres, que siguen a Jesús en la fe, el amor, la santidad y la prudencia. Y esa salvación se promete a los que contribuyen a la creación de Dios con la maternidad, tanto como se le promete a cualquier otro. Convertirse en madre ya es bastante duro, sabe Dios, sin pretender que sea de alguna manera una cosa malvada. No dejemos más bombas y minas sin explotar alrededor nuestro para que la gente se salte los sesos. Leamos este texto como creo que fue pensado, como una manera de construir la Iglesia de Dios, hombres y mujeres, mujeres y hombres por igual. Y, así como Pablo se ocupó de aplicar esto en una situación particular, así nosotros debemos pensar y orar cuidadosamente sobre adonde nos están llevando nuestras propias culturas, prejuicios e iras, y cerciorarse de que nos adaptamos, no a los diversos estereotipos que el mundo ofrece, sino al curativo, liberador y humanizante mensaje del Evangelio de Jesús.

¿Cómo traduciría yo entonces el pasaje para extraer todo esto? Como sigue:

  • Así, esto es lo que deseo: los hombres deberían orar en todos los lugares, alzando manos santas, sin ira o disputa. 9 De la misma manera las mujeres, también, deben vestirse de manera apropiada, modesta y sensiblemente. No deberían ocuparse con peinados elaborados, oro, o perlas, ni con ropas costosas; 10 en vez de eso, como es apropiado para las mujeres que profesan ser santas, deben adornarse con buenas obras. 11 Tiene que permitírseles estudiar sin ser molestadas, en completa sumisión a Dios. 12 No estoy diciendo que las mujeres deberían enseñar a los hombres, o intentar darles órdenes; hay que dejarlas tranquilas. 13 Adán fue creado primero, veis, y después Eva; 14 y Adán no fue engañado, sino que la mujer fue engañada, y cayó en la transgresión. 15 Ella, sin embargo, se mantendrá salva (segura?) por el proceso del parto, si continúa en la fe, el amor y la santidad con prudencia.

Conclusión

Ya es hora de resumir. Pienso que ya he dicho bastante para mostrarles hacia donde creo yo que nos dirige la evidencia. Creo que hemos leído muy mal los pasajes relevantes en el Nuevo Testamento, sin duda en gran parte a través de un proceso largo de asunción, tradición, y todo tipo de actitudes post-bíblicas y sub-bíblicas que se han colado en el Cristianismo. Igual que pienso que tenemos que cambiar radicalmente nuestra imagen tradicional de la vida después de la muerte, lejos de los modelos medievales y de vuelta a los bíblicos, así tenemos que cambiar radicalmente nuestra imagen tradicional de lo que son los hombres y las mujeres y de como están relacionados el uno con el otro dentro de la iglesia y de hecho, de lo que dice la Biblia sobre este tema. Me pregunto, a veces, si los que presentan desafíos radicales al Cristianismo han sido los más deseosos de descifrar que la Biblia dice ciertas cosas sobre las mujeres, como una excusa para reclamar que el Cristianismo en general es una cosa malvada y que deberíamos abandonarla. Por supuesto, ha habido un montón de Cristianos que han dado a los profanos un montón de ocasiones de hacer esa clase de comentario. Pero quizás en nuestra generación tenemos una oportunidad de tomar un gran paso hacia atrás en la dirección correcta. Espero y ruego que esta conferencia, y el trabajo de esta sociedad, sean usados por Dios exactamente de esa manera.

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Una membresía nominal: una perspectiva Bautista del Sur


Una membresía nominal: una perspectiva Bautista del Sur

Traducido por Ángel Álvarez

¿Qué tienen en común Britney Spears, Brad Pitt, Bill Clinton y Al Gore? Si respondes que los cuatro han sido miembros de iglesias bautistas del Sur, entonces habrás dado en el clavo.

Estas cuatro personas se encuentran en la rama del cristianismo en la que también encontramos a Al Mohler, Mike Huckabee, Bobby Bowden, y Billy Graham, entre otros. Nuestras Iglesias Bautistas del Sur incluyen su grupito de personalidades de renombre. Algunos honran nuestra denominación. Otros la deshonran.

MEMBRESÍA NOMINAL EN LA IGLESIA BAUTISTA DEL SUR

El propósito de este artículo es responder a la pregunta, ¿cómo ha afectado negativamente una membresía nominal en la Convención Bautista del Sur?

La pregunta presupone que la membresía en muchas Iglesias Bautistas del Sur tiene poco impacto en cómo esos miembros deben pensar o vivir.
Históricamente, los bautistas han defendido la membresía en la iglesia de aquellos que han nacido de nuevo, lo cual implica que cada miembro debía andar en santidad y pureza. No obstante, la realidad difundida por todas partes es bien distinta. Una persona puede tener una vida que trae una gran deshonra al nombre de Cristo y, sin embargo, preservar su respetable membresía en la Iglesia Bautista del Sur.

Esta clase de membresía nominal se puede ver en el número total de miembros de la Iglesia Bautista del Sur comparado con el número de gente que asiste al culto dominical. Según la convención nacional, hay 16 millones de miembros. Pero solo 6 millones aparecen en la iglesia en un domingo ordinario. ¿Dónde están los otros 10 millones de bautistas del sur? Algunos no tienen la capacidad de asistir, pero estoy seguro que esa no es la situación de esos 10 millones.

Aparentemente, el evangelista bautista del sur del siglo XX Vance Havner tenía razón cuando dijo: ‘Nosotros los bautistas del sur somos muchos, pero no somos gran cosa’. Tras la campaña de la convención nacional para añadir 1 millón de nuevos miembros a la lista de membresía dominical en 1954 –un millón más en el año 54- como bien señalara Havner,- ‘si conseguimos un millón más en el año 54, estamos hundidos’.

¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE UNA MEMBRESÍA NOMINAL?

La Convención Bautista del Sur es, muy posiblemente, mucho más pequeña de lo que presenta nuestro informe. Y nuestra lista de membresía, muy posiblemente, contiene una multitud de individuos no regenerados. Nuestros antepasados habrían contemplado nuestra presente condición con espanto y horror.

¿Cuáles son las consecuencias de tal membresía nominal?

Da Una Falsa Seguridad De Salvación A Las Multitudes

Primero, la falta en la práctica de la disciplina eclesiástica y del mantenimiento de la integridad en la membresía de nuestra Iglesia, da a la gran mayoría de miembros inactivos una falsa seguridad de salvación.

Es algo común que un hombre o mujer se haga miembro de la Iglesia Bautista del Sur, y después dejar de participar en la adoración y la comunión – algunas veces durante décadas. No obstante, cuando la iglesia no dice ni hace nada, el individuo continúa creyendo que es salvo. Esto pasa debido a nuestro rechazo a obedecer a Dios en asuntos de disciplina.

Con frecuencia decimos que amamos demasiado a los miembros inactivos como para disciplinarlos. En realidad, nuestra falta de disciplina revela una falta de amor hacia estas personas que dan poca o ninguna evidencia de su nuevo nacimiento. Muchas de esas personas están bajo la condenación del Dios santo. Esta es la consecuencia más terrible y dolorosa al permitirles que preserven su membresía en la congregación sin ningún tipo de responsabilidad por su parte en la misma.

Daña Nuestro Testimonio del Evangelio

Segundo, el hecho de que muchos bautistas del sur vivan en abierta desobediencia a los mandamientos de Dios y se involucren poco con sus hermanos y miembros de la misma congregación daña el testimonio del evangelio de nuestra denominación. La hipocresía dentro de las iglesias es común a todos, y las Iglesias Bautistas del Sur fracasan casi universalmente en practicar la disciplina eclesiástica. Como resultado, la esposa de Cristo está manchada de pecado, cuando deberíamos proseguir adelante en pureza y santidad.

El profesor de historia de la iglesia Tom Nettles dijo que ‘la santidad debería preparar el terreno para la evangelización’. En otras palabras, la vida en santidad de una congregación debería decorar su testimonio evangélico. Aquellos que proclaman que el evangelio es la gracia salvadora de Dios en Jesucristo deberían ser capaces de identificarse con una asamblea de creyentes que son nuevas criaturas en Cristo.

Tristemente, muchos hombres y mujeres perdidos en sus pecados enfatizan su propia superioridad moral cuando se comparan a sí mismos con la vida inmoral y engañosa de otros miembros de la iglesia. Como resultado, se sienten justificados pero no confían en Cristo como su Salvador.

Para Algunos Hace Desagradable Algunas Reuniones Congregacionales

Tercero, la membresía nominal periódicamente revela un aspecto desagradable en las reuniones congregacionales para tratar asuntos eclesiásticos. La reunión congregacional típica de la Iglesia Bautista del Sur está caracterizada por una serie de mociones y decisiones rutinarias. Sin embargo, de forma ocasional, cuando el Espíritu Santo empieza a obrar de manera que el nombre de Dios es glorificado, miembros inconversos que no han aparecido durante años, repentinamente aparecen en estas reuniones congregacionales. El resultado no es agradable. Se impiden las iniciativas que glorifican a Dios, y pastores piadosos son rechazados con frecuencia. Las ocasiones en las que se ha dado esta situación son demasiadas como para enumerarlas.

Obstaculiza Nuestros Esfuerzos Misioneros

Cuarto, una membresía nominal en las Iglesias Bautistas del Sur obstaculiza nuestros esfuerzos para declarar la gloria de Dios a las naciones.

Sí, es verdad que tenemos el mayor número de misioneros a nivel mundial de todas las denominaciones americanas. Los 5.000 misioneros de nuestra Junta Misionera Internacional abarcan todo el planeta. No obstante, esto se traduce en un misionero por cada cuatro Iglesias Bautistas del Sur. A la luz de la clara enseñanza de la Biblia sobre las misiones, ¿es irrealista pensar que cada iglesia debería tener al menos un misionero sirviendo internacionalmente? Más de 30.000 Iglesias Bautistas del Sur no tienen ningún misionero entre sus filas. ¿Cómo puede ser eso? ¿Dónde está la pasión por declarar la gloria de Dios entre las naciones?

Consideremos otra estadística misionera más: Los bautistas del sur dieron aproximadamente 150 millones de dólares el año pasado a la Ofrenda Anual Navideña de Lottie Moon para las Misiones Internacionales. Los bautistas del sur suelen sentir cierta satisfacción al saber que la Ofrenda Lottie Moon es la ofrenda más grande en los dos mil años de historia que tiene el cristianismo. Pero si hacemos cuentas, y dividimos 150 millones de dólares entre 16 millones de bautistas del sur, da como resultado a menos de 10 dólares por persona. Aparentemente, obedecer el último mandato de Jesús de ‘ir a todas las naciones’ significa muy poco para muchos.

¿QUÉ HAREMOS? RECOBRAR UNA MEMBRESÍA VERDADERA PLENA

El cuadro que he intentado dar en este artículo es desalentador. El diagnóstico de Vance Havner de hace 50 años –‘Los bautistas del sur son muchos, pero no son gran cosa’- es tan cierto hoy como lo era entonces. La tragedia más grande de la membresía nominal es que la gloria de Dios en su iglesia ha disminuido.

Una recuperación de la membresía verdadera es desesperadamente necesaria en la Convención Bautista del Sur. Quizá entonces sabremos algo más de ‘aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edad, por los siglos de los siglos. Amén’ (Ef.3:20-21).


Al Jackson es el pastor principal de la Iglesia Bautista de Lakeview en Auburn, Alabama.