Fundamentalismo


Fundamentalismo

Hacia fines del siglo XX, se continuaba discutiendo en algunas regiones de los Estados Unidos si las escuelas públicas debían o no exponer la teoría de la evolución, y cómo debían hacerlo para no contradecir la Biblia. Entre los teólogos conservadores, sin embargo, la cuestión de la evolución era solamente un ejemplo del modo en que las nuevas ideas amenazaban los “fundamentos” de la fe, negando la autoridad de las Escrituras.

Pronto esa palabra, “fundamentos”, se volvió el tema característico de la reacción antiliberal, que por ello recibió el nombre de “fundamentalismo”. En 1846, cuando ese movimiento comenzaba a tomar forma, se organizó la Alianza Evangélica, con el propósito de unir a todos los que veían el liberalismo como una amenaza a la fe. Pero fue en 1895, en una reunión junto a las cataratas del Niágara, que el movimiento anunció los cinco “fundamentos” de la fe que no podían negarse sin caer en los errores del liberalismo. Esos fundamentos eran la infalibilidad de las Escrituras, la divinidad de Jesucristo, su nacimiento virginal, su sacrificio expiatorio en la cruz en sustitución por los pecados humanos, y su resurrección física y pronto retorno. Poco después, la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana adoptó principios semejantes. A partir de entonces, y por varias décadas, el fundamentalismo logró la adhesión de la mayoría de los protestantes, particularmente en el sur del país.

Por otra parte, es interesante notar que, aunque el fundamentalismo se declaraba defensor de la ortodoxia tradicional, también sirvió para dar origen a nuevas interpretaciones del mensaje bíblico. Su énfasis en la infalibilidad absoluta de las Escrituras, y su rechazo de buena parte de los estudios históricos sobre la Biblia, le hacían posible crear interpretaciones en las que diversos textos se yuxtaponían para así crear nuevas doctrinas. De todos estos esquemas, el que mayor éxito tuvo fue el “dispensacionalismo”, que tomó varias formas, de las cuales la más conocida es la propuesta por Cyrus Scofield.

Este dividía la historia humana en siete “dispensaciones”, de las cuales la sexta es la presente. En 1906 publicó la “Biblia de Scofield”, que pronto logró gran popularidad en diversos círculos fundamentalistas. Así el fundamentalismo se alió al dispensacionalismo, aunque no siempre siguiendo todos los detalles del esquema de Scofield.

En el entretanto, el liberalismo hacía su más notable contribución en lo que se llamó el “evangelio social”. La mayor parte de los liberales, por pertenecer a las clases medias y educadas, no estaba interesada en los graves problemas de las masas urbanas. Por ello, la mayoría de los liberales no siguió el camino del evangelio social. Empero un pequeño núcleo sí se dedicó con ahínco a mostrar las relaciones entre las demandas del evangelio y las condiciones onerosas en que vivían las masas urbanas. El más famoso de los proponentes del evangelio social, Walter Rauschenbush, fue profesor de historia eclesiástica desde 1897 hasta que murió, en 1918. Pero lo que le hizo famoso fue su insistencia en la necesidad de ajustar el sistema económico norteamericano a las exigencias del evangelio. Según él, el liberalismo económico, es decir, la doctrina de que la ley de la oferta y la demanda basta para regular la economía, resulta en gran desigualdad e injusticia social. La tarea de los cristianos es entonces ponerles coto a ese liberalismo y al poder desenfrenado del capital. Al mismo tiempo, los cristianos tienen que ocuparse de que se promulguen leyes que reorganicen la sociedad de tal modo que se alivie el sufrimiento de los pobres y se haga mayor justicia.

El punto de unión entre el evangelio social y el liberalismo en general era su optimismo en cuanto a la capacidad humana y al progreso de la sociedad. Pero los proponentes del evangelio social no concordaban con los demás liberales, para quienes bastaba con confiar en el progreso natural de la criatura humana y de la sociedad capitalista.

Para el evangelio social, el progreso debía dirigirse en pos de la justicia social. Tanto el liberalismo como el fundamentalismo lograron su apogeo en tiempos en que el progreso económico y político de los Estados Unidos parecía garantizado. La guerra con México, la abolición de la esclavitud y la guerra con España en 1898 (que llevó a la anexión de Puerto Rico y la independencia de Cuba y, mucho después, de Filipinas) parecían indicar que los Estados Unidos, y las razas nórdicas que en ellos predominaban, estaban destinados a guiar al mundo hacia una época de adelanto y prosperidad. Entonces estalló la Primera Guerra Mundial, y muchos comenzaron a dudar de tales esperanzas. Pero la narración de esos acontecimientos corresponde a la próxima sección de esta historia.

Justo L. Gonzalez, Historia del Cristianismo,Tomo II ed. Unilit

Fundamentalismo de Occidente y del Extremo Occidente


Fundamentalismo de Occidente y del Extremo Occidente

2015-02-13

El fundamentalismo islámico es predominante. Pero hay también una ola de fundamentalismo, especialmente en Francia y Alemania, donde aparecen con fuerza la xenofobia, la islamofobia, y el antisemitismo. Los varios atentados de al-Qaeda y de otros grupos yihadistas alimentan ese sentimiento que deshumaniza a todos: a las víctimas y a los que causan las víctimas. Podemos comprender los contextos globales que subyacen a la violencia terrorista, pero jamás, por ningún motivo, aprobarlas por su carácter criminal.
En varios grupos del islam el fundamentalismo es radical, creando un nuevo tipo de guerra: el terrorismo. Actualmente es ofensivo acusar a alguien de fundamentalista. Generalmente sólo los otros son fundamentalistas, olvidando, no es raro, que quien acusa vive también en una cultura de fundamentalista. Sobre esto quiero detenerme brevemente, aunque irrite a no pocos lectores. Me refiero al fundamentalismo presente en amplios sectores de Occidente y del Extremo Occidente (las Américas).

Históricamente el fundamentalismo, que ya pre-existía, ganó cuerpo en el protestantismo norteamericano entre 1890 y 1915 cuando un grupo de pastores publicó una colección de 12 fascículos teológicos con el título Fundamentals: a testimony of the Thruth (Fundamentos: un testimonio de la verdad). En él se afirmaba el carácter absoluto de las verdades de fe, contra la secularización, fuera de las cuales solo podría haber error. Ese fundamentalismo perdura todavía hoy en muchas denominaciones cristianas y en sectores del catolicismo conservador al estilo Lefebvre.

Diría con cierta exageración, pero tampoco tanta, que el fundamentalismo es una de las enfermedades crónicas de Occidente y también del Extremo Occidente y una de las más deletéreas. Está tan arraigada que se ha vuelto inconsciente pero fue bien expresada por el político más hilarante y grosero de Europa, Silvio Berlusconi, que declaró que la civilización occidental era la mejor del mundo y, por eso, debía ser impuesta a todos. Cito dos tipos de fundamentalismo: uno religioso y otro político.

El cristianismo de versión romano-católica fue durante siglos la ideología hegemónica de la sociedad occidental, del orbis catholicus. En esta lógica se ve el absolutismo de dos Papas, como una expresión clara de fundamentalismo.

El Papa Alejandro VI (l492-1503) por la bula Inter Caetera destinada a los reyes de España determinaba: «Por la autoridad de Dios todopoderoso a nos concedida en San Pedro, así como el vicariato de Jesucristo, os donamos, concedemos y entregamos con todos sus dominios, ciudades fortalezas, lugares y villas, las islas y las tierras firmes halladas y por hallar». Esto fue tomado en serio y legitimó la colonización española con la destrucción de etnias, culturas y religiones ancestrales.

El Papa Nicolás V (1447-1455) en la bula Romanus Pontifex dirigida a los reyes de Portugal es aún más arrogante: «Concedo plena y libre facultad para invadir, conquistar, combatir, vencer y someter a sarracenos y paganos en cualquier parte que estuvieren y reducir a servidumbre perpetua las personas de los mismos». También esa facultad fue ejercida en el sentido de «dilatar la fe y el imperio» incluso a costa del exterminio de nuestros indígenas (eran 6 millones) y de la devastación de nuestras selvas.

Esa versión religiosa alcanzó una traducción secular en los colonizadores que practicaban tal terror sobre los pueblos.

Lamentablemente esta versión absolutista fue resucitada por un controvertido documento del entonces cardenal Joseph Ratzinger, Dominus Jesus (2001), donde reafirma la idea medieval de que fuera de la Iglesia no hay salvación. Los demás están en situación de peligro ante la salvación eterna.

La versión religiosa anterior ganó expresión política por el Destino Manifiesto de Estados Unidos. Esta expresión fue acuñada en 1845 por el periodista John O ‘Sullivan para justificar el expansionismo norteamericano, como en la anexión de parte de México. En 1900 el senador por Indiana, Albert Beveridge explicaba: «Dios designó al pueblo norteamericano como nación elegida para dar inicio a la regeneración del mundo». Otros presidentes, especialmente George W. Bush, se remitieron a esa pretenciosa exclusividad. Ella justificó guerras de conquista especialmente en Oriente Medio. Parece que en Barak Obama no está totalmente ausente.

En resumen concentrado: los dos Occidentes se imaginan los mejores del mundo: la mejor religión, la mejor forma de gobierno, la mejor tecnociencia, la mejor cosmovisión. Esto es fundamentalismo que significa hacer de su verdad la única e imponerla a los demás. Esa arrogancia está presente en el consciente y en el subconsciente de los occidentales. Gracias a Dios, creamos también un antídoto: la autocrítica sobre los males que ese fundamentalismo ha traído para la humanidad. Pero no es compartido por la colectividad.

Viene a la medida la frase del gran poeta español Antonio Machado: «No tu verdad. La verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». Si la buscamos juntos, mediante el diálogo y la cordialidad, entonces desaparece cada vez más mi verdad para dar lugar a la Verdad comulgada por todos. Y así se puede, quien sabe, limitar el fundamentalismo en el mundo en los dos Occidentes.
Página de Boff en Koinonía

En defensa de los fundamentos


En defensa de los fundamentos

Jonathan Morales, Chile.

El 1 de Julio de 1920 el estadounidense Curtis Lee Laws, editor de la revista bautista Watchman-Examiner, comentando los asuntos tratados en la Convención Bautista del Norte en la ciudad de Buffalo (New York – U.S.A.), publicó un artículo titulado “Convention Side Lights” en el que abogaba por “adoptar un nuevo término para describir a los hombres (…) que insisten en que los puntos de referencia (en asuntos de la religión) no deben ser eliminados”  El editor agregaba: “Sugerimos que aquellos que todavía se aferran a los grandes fundamentos y aquellos que pretenden dar la batalla (…) deben ser llamados ‘fundamentalistas’.” 1
Corrían las primeras décadas del s. XX y las iglesias protestantes de los Estados Unidos se encontraban en medio de una gran controversia teológica. ¿En torno a qué debía darse batalla? Para muchos creyentes conservadores el impacto de las nuevas corrientes intelectuales amenazaba con socavar nada menos que los cimientos de la civilización cristiana. En el presente artículo, y de forma muy breve y a modo introductorio, queremos detener nuestra atención en algunos antecedentes de esta coyuntura. En la medida en que atendamos a los prolegómenos del movimiento fundamentalista quizás tengamos un poco más de luz sobre las motivaciones de esta corriente espiritual que todavía en nuestros tiempos goza de una gran vitalidad.
I. Escuela de la “Alta Crítica”. Desde las postrimerías del s. XIX que un sector académico de las escuelas de teología venía efectuando relecturas de la Biblia siguiendo la metodología de crítica histórica. Ésta había sido desarrollada por las tendencias modernas de la teología alemana. La “Alta Crítica” (Höhere Kritik término acuñado por Johann Gottfried Eichhorn en 1787 –también se emplea “método histórico-crítico”) pretendía establecer la verdadera procedencia del texto sagrado con preguntas tales como ¿Quién lo dijo? ¿Cuándo lo dijo? ¿Dónde y por qué fue escrito? En otras palabras, el estudio se centraba más bien en la edad, autenticidad, integridad y origen de los textos, antes que en el mero establecimiento de su sentido (¿Qué dice el texto?). Del mismo modo a como el conocimiento secular se enriquece de los nuevos descubrimientos, de nuevas teorías e hipótesis instrumentales, la Alta Crítica también quiso incorporar a sus saberes el moderno desarrollo de la ciencia bíblica, la filología, la historia, la arqueología, y las ciencias sociales. La incorporación de nuevas herramientas para una lectura crítica de la Biblia implicó exigentes pruebas sobre las posturas adoptadas por la tradición cristiana en torno al “contexto” (autores, historicidad de los personajes, etc.) de los libros sagrados.
II. Darwinismo. Pero no solo la recepción de las nuevas propuestas teológicas representó para los sectores conservadores un nuevo desafío a la “ortodoxia cristiana”. Si bien desde finales del s. XVIII algunos miembros de la comunidad científica formulaban –desde perspectivas naturalistas– la posibilidad de que las especies animales mutaran con el tiempo dada las condiciones necesarias, un número escaso de ellos respaldaba una teoría evolutiva relativamente integrada. Las investigaciones de los británicos Charles Darwin y Alfred Wallace a finales del s. XIX y principios del XX, son herederas de una larga tradición de pensamiento evolutivo que desarrolla ideas procedentes de las ciencias biológicas y sociales. La conclusión teórica de las observaciones científicas –solo para fines de ejemplo, y simplificando un árido terreno que no dominamos– proponía que todos los seres vivos (incluídos los seres humanos) evolucionaron de uno o varios organismos; que cada especie fósil o viviente, se originó a partir de otra especie; en tiempos prolongados nuevos géneros, familias, ordenes, clases, se originan como continuación de la evolución que produjo las especies; etc. 2 Era de esperarse que los académicos norteamericanos no renunciaran al estudio de las nuevas teorías europeas, en el marco de una diligente actualización de los conocimientos que caracteriza a la tradición universitaria. Obviamente, la divulgación de estos estudios generaría grandes controversias con una escuela teológica, cuyo principio fundamental era la autoridad del texto bíblico como la palabra de Dios, y que como tal debía entenderse literalmente. No obstante, algunos no veían mayores problemas en conciliar el darwinismo con el mensaje bíblico. Tal fue el caso del presidente del College de New Jersey (Princeton) Rev. James McCosh, destacado representante de la escuela escocesa del Common Sense. En su opinión, la Ciencia y las Escrituras se confirmaban mutuamente como dos revelaciones que corrían de forma paralela. “Ambas revelan el orden en el mundo.” Un orden que es “escogido por Dios”, y un mundo que es “descubierto por el hombre”. La evolución no representaba una gran amenaza para la fe, porque “aquellos que ven el desarrollo (de la teoría) en la luz apropiada, solo ven en ella una forma o manifestación de la ley (de Dios)” 3. Pero para muchos la posición de McCosh concedía mucha aquiescencia en un debate en que “lo literal” y “lo claro” de la palabra de Dios tenía que ser lo definitivo. De acuerdo al célebre teólogo presbiteriano Rev. Charles Hodge, el darwinismo no era más que ateísmo, una exclusión absoluta del diseño divino sobre lo natural. A lo largo de las 178 páginas que componen su ensayo “¿What is Darwinism?” (1874) Hodge se encarga de señalar como la idea formativa de la teoría de Darwin no se condice ni en lo más mínimo con los hechos y las Escrituras. En otros términos, podía admitirse que un hombre fuera evolucionista y no ateo, pero no se veía cómo la teoría podría conciliarse con las declaraciones de las Escrituras. Otros encontrarían la forma “de conciliar su lealtad a la Ciencia, con su lealtad a la Biblia”. Pero Hodge agregaba que con esto “se declara lo imposible”. Ya que “como todo error es antagónico a la verdad, si la teoría de la evolución es falsa hay que oponerse a las verdades de la religión en la medida en que ambas entran en contacto.” 4
Excurso.  “El Anticristo vendrá de Europa”.
Como se podrá apreciar, en ambos casos referimos el impacto de ideas foráneas al contexto de los EE.UU. Hablamos de teorías provenientes de Alemania, y otras de Gran Bretaña. Este antecedente sirvió para revitalizar una vieja noción en la identidad religiosa norteamericana. En 1873, William F. Warren presidente de la Boston University, apuntó al “Gran Despertar” (The Great Awakening 1730-1750) como una gran fuerza de unificación espiritual que favoreció al triunfo de la Revolución Norteamericana. Veía en esos años la realización de los designios de Dios para la configuración de una nacionalidad cristiana. Los Estados Unidos ya habían visto en el pasado diversas formas de infidelidad a Dios, tales como “las dudas de los tres tomases” (Thomas Jefferson, Thomas Cooper y Thomas Paine) y con mayor contemporaneidad el Trascendentalismo, el Socialismo utópico de Owen, el Espiritualismo o la Frenología, ninguna de las cuales tenía orígenes americanos. Agregaba Warren  que “todas estas olas de pensamiento anti-cristiano” no tenían su fuente en el hemisferio norteamericano sino en “los mares de Europa”. Para la fidelidad al Dios de la nación Warren advertía la necesidad de contar con buenos apologistas en todas las filas de los creyentes norteamericanos. 5 Más allá de la veracidad de estas afirmaciones (a nuestro parecer, un mito susceptible de ser falseado), es indudable que han calado profundo en la conciencia de lo que algunos investigadores han llamado “American Religion”. Esperamos con entusiasmo el resultado de las investigaciones de José Luis Avendaño, colaborador de RyPC y estudiante de posgrado de la Universidad de Toronto, sobre la influencia de esta religiosidad en nuestra América Latina. Sobre la idea de “nación cristiana” es muy interesante considerar el artículo 11 del antiguo tratado celebrado entre el naciente Estado Americano y la ciudad de Trípoli, Argelia; documento sometido a la consideración del Senado de los Estados Unidos el 26 de Mayo de 1797, por John Adams. Rezan las primeras palabras de este artículo: “Como el Gobierno de los Estados Unidos de América no está, en ningún sentido, fundado en la religión Cristiana (…)”. Es esto una muestra de cómo en los orígenes de EE.UU. ya existía una conciencia de un Estado que no se había constituido bajo una idea religiosa, ni menos “sobre los principios del Evangelio”. Adviértase que las palabras son pronunciadas ante un órgano de representación popular, a pocos años del triunfo de la revolución, y por un destacado miembro de los “padres fundadores”. 6
III. Evangelio Social. Pero no podemos finalizar sin antes dedicar algunas líneas a uno de los movimientos más importantes de la historia evangélica norteamericana. El “Social Gospel”  hunde sus raíces en los tiempos de la Revolución industrial y el explosivo incremento de la urbanización. Se remonta a la protesta contra las injusticias sufridas por las clases obreras, la defensa de los derechos laborales y la crítica a un excesivo individualismo en la visión socio-económica estadounidense del s. XIX y principios del s. XX. Pero este clamor no respondía a criterios meramente políticos. Subyacía a la acción un motivo teológico primordial: la esperanza de un cambio social progresivo como medio de construcción del reino de Dios en el mundo. 7 Los autores que se comprometieron con  el desarrollo de este pensamiento, provenían de diversos trasfondos denominacionales: tales como Washington Gladden (congregacionalista y padre del movimiento),  Walter Rauschenbusch (bautista), Richard T. Ely (Economista episcopal, fundador de la American Economic Association), entre otros. Los puntos en común se podían encontrar en cierta formación teológica de tradición liberal, que les hacía enfatizar en la doctrina de la inmanencia de Dios en la historia, y en las enseñanzas de Jesucristo como la principal fuente de la moral. El evangelio social también insistía en la fraternidad entre los seres humanos y la idea de una naturaleza orgánica de la sociedad. 8 De gran popularidad es hasta nuestros días el folleto del ministro congregacionalista Charles Monroe Sheldon titulado “¿Qué haría Jesús en su lugar?” (1897). Si bien las convicciones del movimiento tuvieron una relativa aceptación entre las distintas iglesias en Estados Unidos y Canadá, no estuvieron exentas de oposición. Se sospechaba que el evangelio social tan solo profundizaba ciertas ideas liberales. Algo así como una mera consideración del Jesús histórico y su prédica social, en desprecio del Jesús de la fe. Luchar por la justicia social bajo la bandera de Jesús,  no hacía sino ignorar el verdadero mensaje de la cruz: la conversión de los individuos a la verdadera fe. Con esto, los seguidores del evangelio social se alejaban progresivamente de la “óptica bíblica” de la pecaminosidad humana y la responsabilidad de cada individuo.
A modo de balance, sostenemos que poco ha innovado el movimiento fundamentalista a nuestros días en sus respuestas a los nuevos desafíos teológicos y científicos. Lo mismo ha sucedido con sus contestaciones a las distintas inquietudes sociales que reclaman un mayor compromiso con nuestro tiempo. La nota común es una respuesta que apela exclusivamente a lo literal del texto, bajo el argumento de que las “Las Escrituras son claras”. Ya en otros lugares hemos señalado que los resultados en la aplicación de esta exégesis literal no son otros sino que “una claudicación del pensamiento en el ámbito de la misma fe.”9 Difícilmente prestará utilidad la disciplina hermenéutica y las nuevas herramientas científicas, donde el literalismo bíblico goce de generalizada aceptación. Es necesario, por tanto, propender a la creación de nuevas instancias  en que las comunidades cristianas recuperen su libertad para revisar y deconstruir creativamente los medios de las que se sirven, ofreciendo claras respuestas a las preguntas de nuestro siglo. Solo así contribuiremos al tan necesario dialogo creyente con el mensaje vivo del Dios que se revela.
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  1. HARRIS, Harriet A. Fundamentalism and Evagelicals. New York, Oxford University Press, 1998. 19p.
  2. MEDEL, Rodrigo. Historia del Pensamiento Evolutivo [diapositivas]. Curso “Crónicas de la Vida Antigua”, Sociedad Paleontológica de Chile, 2011. pp. 78
  3. MARSDEN, George M. Fundamentalism and American Culture. New York, Oxford University Press, 2006. 18-19pp.
  4. HODGE, Charles. ¿What is Darwinism? New York; Scribner, Armstrong, and Company; 1874. 141, 177pp.
  5. MARSDEN, George M. Loc. Cit.
  6. THE AVALON PROJECT: Documents in Law, History and Diplomacy. Treaty of Peace and Friendship between the United States of America and the Bey and Subjects of Tripoli of Barbary (November 4, 1796) [en línea] Yale Law School, Lillian Goldman Law Library <http://avalon.law.yale.edu/18th_century/bar1796t.asp> [Consulta: 14 de Julio de 2011].
  7. ENCYCLOPÆDIA BRITANNICA. Christian Fundamentalism [en línea] Encyclopædia Britannica, Inc.  <http://www.britannica.com/EBchecked/topic/222234/Christian-fundamentalism> [Consulta: 14 de Julio de 2011].
  8. CROSS, F. L., LIVINGSTONE E. A. (Ed.) The Oxford Dictionary of the Christian Church.  New York, Oxford University Press, 1997. 1512p.
  9. MORALES, Jonathan. Verdad y Ficción Bíblica [en línea] Revista digital Razón y Pensamiento Cristiano. 30 de Marzo de 2011. <http://www.revista-rypc.org/2011/03/verdad-y-ficcion-biblica.html> Consulta: 14 de Julio de 2011].
ACERCA DEL AUTOR

Jonathan Morales es estudiante de Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales (Derecho) de la Universidad de Chile. También ha cursado  materias sobre Reforma y Protestantismo en el Seminario Teológico  Presbiteriano de Chile. Actualmente colabora como miembro activo en el Grupo Bíblico Universitario de Chile (GBU-IFES).

http://www.revista-rypc.org/2011/07/en-defensa-de-los-fundamentos.html

El fundamentalismo religioso y el imperialismo – ¿Amigos o enemigos?


El fundamentalismo religioso y el imperialismo – ¿Amigos o enemigos?

  • Después de que el último soldado ruso cruzara el río Oxus, volviendo de Afganistán a la Unión Soviética en 1989, el filósofo estadounidense de origen japonés Francis Fukuyama (perteneciente a la Universidad de St. James, Maryland y agente de la CIA),  sacó su tesis infame del “Fin de la historia”. Sin embargo, aunque el muro de Berlín había caído y la Unión Soviética se había derrumbado, esta tesis fue pronto refutada por la propia historia cuando la primera Guerra del Golfo estalló en 1991.

Abdul Rasul Sayyaf. Foto: Erwin FranzenAbdul Rasul Sayyaf. Foto: Erwin Franzen La orgía de euforia en torno al “fin del comunismo” pronto se convirtió en resaca en cuanto la economía capitalista se encaminaba a la recesión y la crisis se agudizaba a escala mundial. El imperialismo necesitaba una nueva teoría y estrategia para mantener la calma y sembrar la confusión ante la posibilidad de un renacer de la lucha sobre una base de clase. Lo que se derrumbó en Rusia y Europa del Este no fue el socialismo, sino su caricatura, una burocracia estalinista totalitaria. El fracaso de la versión maoísta del estalinismo también ha llevado a la degeneración capitalista de la burocracia china.

Estos hechos históricos han tenido un efecto devastador en la conciencia de las clases trabajadoras, especialmente en los países ex-coloniales. Siempre que hubo un retroceso o pausa en la lucha de clases las clases dominantes han aprovechado la oportunidad para intensificar la explotación de los trabajadores por el capital. Esta crisis social ha conducido a disturbios sociales y movimientos de los oprimidos. En base a estos trastornos, los imperialistas han desarrollado una contradicción falsa para confundir y distraer a las masas de su verdadera lucha contra la explotación y la represión capitalista.

En esta situación, otro intelectual de EE.UU., Samuel P. Huntington, mejor conocido como el “carnicero de Vietnam” por su papel brutal en esa guerra desastrosa, saltó a la palestra con otra tesis ingeniosa. Ocupó el mismo puesto en la CIA y dio clases en la misma universidad que Fukuyama. Él llamó a su teoría “El Choque de Civilizaciones”. Esto se inventó para crear un conflicto religioso, dando así un nuevo impulso al fundamentalismo islámico y otros fanatismos religiosos.

Pero el fundamentalismo islámico moderno fue creado al principio de la década de 1950. Después del derrocamiento de la monarquía en Egipto, en 1952, hubo una oleada de revoluciones en Irán, Siria, Yemen, Indonesia, Irak y otros países. El levantamiento de masas en Egipto llevó a la nacionalización del Canal de Suez por Nasser. Esto dio lugar a la guerra de Suez, cuando Israel, Gran Bretaña y Francia atacaron a Egipto y fueron derrotados. La victoria de Nasser dio un impulso al populismo con tintes socialistas y otras corrientes de izquierda en el llamado mundo musulmán. Los intereses y la hegemonía del imperialismo se veían amenazados.

El fundamentalismo islámico moderno es en realidad un invento de John Foster Dulles, el Secretario de Estado del presidente Eisenhower. Una operación fue puesta en marcha por la CIA para patrocinar, financiar y apoyar a los grupos islámicos que podrían desempeñar el papel de fuerzas reaccionarias contra los regímenes de izquierda y las corrientes que lideraban luchas antiimperialistas, y en algunos casos anticapitalistas, en estos países. Akhwan ul Muslimeen, en el Oriente Medio; Jamaat e Islami, en el sur de Asia; y Masjumi y Nahdlatul Ulemas de Indonesia, fueron algunas de las organizaciones que se han creado para salvaguardar el capitalismo en estos países. Estas fuerzas del oscurantismo religioso fueron utilizadas por los ejércitos pro-imperialista en el genocidio llevado a cabo en Indonesia en 1965 y en el este de Bengala en 1971. El imperialismo siempre ha utilizado la religión para llevar a cabo su política de “divide y vencerás” en diferentes partes del mundo.

En el subcontinente indio, los británicos introdujeron un apartado sobre la religión en el censo de 1872. En 1905, Lord Curzon llevó a cabo la división de Bengala sobre una base religiosa con intenciones similares. Después de la revuelta de los marineros de 1946, que culminó en una huelga general masiva desde Karachi hasta Madrás, la India se quedó en un punto muerto. La clase dominante británica estaba aterrorizada por el hecho de que el movimiento de independencia en el subcontinente pudiese no detenerse en el nivel de la liberación nacional, sino que pasara a convertirse en una revolución social que pusiera fin a las posibilidades de explotación post-colonial de la región. Incluso cuando Jinnah[1] había aceptado el plan de una India confederada pero unida, Churchill se aseguró a través de Edwina Mountbatten que el impulsivo Nehru provocaría a Jinnah y a los líderes de la Liga Musulmana para que volvieran a sus posiciones separatistas.
Presidente Eisenhower y John Foster Dulles, 1956Presidente Eisenhower y John Foster Dulles, 1956 Por lo tanto la partición se llevó a cabo sobre una base religiosa sectaria en la que 2,7 millones de almas inocentes perecieron. Las heridas de la partición todavía se ciernen sobre más de la mitad de mil millones de personas empobrecidas, hundidas en el abismo de la miseria, la pobreza y la enfermedad. Estos enfrentamientos religiosos son una fuente de explotación imperialista y también se utilizan para justificar el enorme gasto en armas de destrucción, principalmente por parte del complejo militar-industrial de los monopolios occidentales. Hoy en día, la India se ha convertido en el mayor importador de armas seguido por China, Corea del Sur y Pakistán.

La guerra en Afganistán no se inició en 2001, después los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York, Virginia y Pennsylvania. Este es un conflicto viejo de treinta y dos años. Comenzó como una operación encubierta de la CIA en el verano de 1978 para derrocar al Gobierno de izquierda del Partido Democrático Popular de Afganistán liderado por Noor Mohammad Tarakai, que fue instalado por un golpe revolucionario antes de la intervención de Rusia en diciembre de 1979. La influencia de la “Saur”, la Revolución de Primavera, constituyó una inspiración para los oprimidos y una amenaza para los intereses imperialistas en la región. Aquí el modus operandi fue de nuevo fomentar el fundamentalismo islámico.

La CIA, actuando a través de las agencias de inteligencia saudíes y paquistaníes, entrenó, financió y armó a fanáticos religiosos adoctrinados de países con población musulmana. Osama Bin Laden fue reclutado por el asesor de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, en 1978, para esta “cruzada islámica” contra los “infieles comunistas”. Una de las primeras acciones de estos yihadistas enviados por los imperialistas fue un ataque a una escuela mixta, que se quemó, matando al director y destripándolo. El principal recurso creado por la CIA para financiar esta notoria “Yihad del dólar”, como en la mayoría de otras insurgencias contrarrevolucionarias, fue el contrabando de drogas, rescates de secuestros y otros delitos.

La intervención rusa fue utilizada por occidente como una maniobra de propaganda para apuntalar esta insurgencia reaccionaria. Incluso después de que las tropas rusas se retiraran de Afganistán mediante el acuerdo de Ginebra de 1988, el Gobierno del PDPA se mantuvo en el poder hasta 1992. No fue derrotado por los “Muyahidines”, como difundió la propaganda de los medios de comunicación burgueses. Se cayó por sus errores ideológicos y errores metodológicos, incluyendo la traición de los estalinistas en el régimen que se pasaron al enemigo.

Después de que los estadounidenses abandonaron Afganistán, estallaron combates feroces entre las distintas facciones de los Muyahidines. Kabul, una vez conocida como “el París del Oriente”, quedó pulverizada y diezmada en esta brutal orgía de intolerancia religiosa. La yihad se extendió a Pakistán, con sus Kalashnikovs y su cultura de las drogas, intoxicando al conjunto de la sociedad. El dictador militar neo-fascista, Zia ul Haq, llevó el fanatismo a los extremos más insospechados. Hizo estragos, destruyendo la cultura y sofocando el arte, la literatura y la sociedad en su conjunto. Los azotes en público y la introducción de leyes religiosas draconianas convirtieron la vida en una pesadilla.

Los trabajadores y las masas empobrecidas se enfrentaban al peor de los mundos posibles. Esta tiranía terrible se desató para perpetuar su dominio en el nombre de la piedad y el Islam, con el pleno respaldo de sus amos imperialistas. Incluso después de que lo abandonaran sus jefes, al convertirse en un megalómano y comenzara a considerarse seriamente a sí mismo como Ameer ul Muslimeen, que podría incluso desafiar a los estadounidenses, las organizaciones religiosas fundamentalistas se mantuvieron intactas y prosperaron. La red financiera de la insurgencia reaccionaria, la producción de heroína, contrabando de drogas y otras actividades delictivas mientras el arsenal de la yihad era suministrado por los imperialistas, se convirtió en una empresa floreciente.

Grandes cantidades de dinero negro generado en este lucrativo negocio han penetrado en el Estado y la sociedad. Se utilizan para construir escuelas religiosas islámicas y santuarios para los fanáticos religiosos, mientras que sus piadosos jefes religiosos han ido convirtiéndose en multimillonarios durante el proceso. Este mercado negro ahora abarca más de dos tercios del total de la economía de Pakistán. Los fundamentalistas islámicos se alimentan de este capital, mientras que esta economía sumergida utiliza a los religiosos y otras mafias políticas para proteger sus intereses.

Sin embargo, a pesar de esta amenaza social que cuelga como una espada de Damocles sobre la sociedad, su base política de masas es mínima. En realidad, es la debilidad de la élite burguesa paquistaní la que crea espacio para este fanatismo y le permite prosperar. Su base está en las clases medias. Después de que el colapso del estalinismo se presentara engañosamente como el “fracaso del socialismo”, se creó un vacío político. Los fundamentalistas religiosos trataron de llenarlo, pero con poco éxito. Juegan con la incertidumbre, las presiones económicas, la inseguridad social, las privaciones y la alienación de las clases medias y así logran obtener una base temporal en esta clase vacilante que, sin embargo, se marchita rápidamente. Las capas medias del ejército, la judicatura y otras instituciones estatales también están infectadas con la mentalidad religiosa, algo que se ve en las decisiones de los tribunales inferiores y la confraternización de sectores del ejército con los islamistas.   Las enormes migraciones de las zonas rurales a las ciudades y la fea expansión de chabolas suburbanas generan problemas similares, junto con la alienación urbana que también es aprovechada por los grupos religiosos. Pero entre los trabajadores y los campesinos pobres no tienen una base importante y su presencia superficial en los sindicatos y las zonas rurales se debe en, la actualidad, a la falta de una alternativa revolucionaria y socialista. Su retórica anti-estadounidense no ha sido capaz de generar un amplio apoyo entre los trabajadores y las masas pobres. Y esto a pesar de que existe un odio furioso contra la agresión imperialista entre la gran mayoría de las masas. La mayoría de los jóvenes llevados a sus manifestaciones proceden de las escuelas religiosas y no saben mucho acerca de lo que realmente está pasando.

En el plano electoral han sido un fracaso total. Sólo en 2002 se las arreglaron para conseguir el 11% de los votos. Pero eso se debió principalmente a la manipulación de los organismos del Estado que querían utilizarlos en sus propias negociaciones con el imperialismo. Incluso algunos de los ataques terroristas han sido supuestamente orquestados con el mismo propósito.

Al igual que en la economía formal e informal, la elite liberal y los jefes religiosos obscenamente ricos están en constante conflicto, alimentándose y apoyándose mutuamente al basarse su riqueza y su poder en la economía de mercado. Aunque hay un gran revuelo acerca de la amenaza y el terror del fundamentalismo entre la elite liberal y la “sociedad civil” pequeñoburguesa, éstos siempre capitularon ante los partidos islámicos y se aliaron con ellos cada vez que los trabajadores y las masas oprimidas se han alzado mediante luchas revolucionarias.

El extremismo religioso sólo existe en la sociedad, porque la burguesía paquistaní no ha podido completar ninguna de las tareas históricas de la revolución democrática nacional, incluyendo la separación de la religión del Estado y el laicismo. En cualquier caso, era muy poco probable que se llegara a un país secular cuando éste se creó sobre la base de la religión.

Lo mismo ocurre con el imperialismo. Ambos se basan en el mismo sistema económico, es decir, el capitalismo. Fueron socios en el pasado y cerrarán filas en cuanto se enfrenten a un desafío revolucionario de las clases trabajadoras. Sin la eliminación de la pobreza, las privaciones, la alienación social y cultural junto con la miseria, en todos los periodos en los que la lucha de clases retrocede, los prejuicios del pasado y las fuerzas de la reacción negra volverán para perseguir y maltratar a la sociedad.

Es un resultado inevitable de la profunda crisis y el empeoramiento del sistema de explotación en el que la sociedad queda estrangulada, con su tejido social desmoronándose. Su derrocamiento y la transformación socio-económica arrancará de raíz las bases del terrorismo fundamentalista y destruirá la aplastante dominación del imperialismo. La tarea de completar la revolución inconclusa de 1968-1969, que tanto se acercó al socialismo revolucionario, es la tarea hoy planteada por la historia ante la nueva generación de jóvenes y trabajadores de Pakistán.


[1] Jinnah, junto con Gandhi y Nehru, los líderes más reconocidos en Occidente de la oposición nacionalista en India al final del dominio británico. Jinnah fue el primer líder de la Liga Musulmana, que participó finalmente (junto con Nehru y otros líderes del Partido del Congreso hindú) de la política divisionista promovida por el imperialismo británico. Jinnah fue el primer mandatario (por entonces, gobernador general) del Pakistán independiente después de la II Guerra Mundial (nota de los editores de la web).

http://www.marxist.com/fundamentalismo-religioso-y-imperialismo.htm

Pat Robertson recomienda a televidente quemar su casa para deshacerse de los demonios.


Pat Robertson recomienda a televidente quemar su casa para deshacerse de los demonios.

“Los espejos se rompen y a veces aparece una niebla asustadora, los fantasmas parecen personas, pero tienen una luz azulada alrededor de los pies y las manos. ¿Qué debo hacer?”, preguntó el televidente.

En un reciente episodio del Club 700, uno de los espectadores escribió pidiendo consejo sobre qué hacer, porque cree que su casa estaba “encantada”.

La presentadora Terry Meeuwsen, leyó el mensaje enviado: “Mi casa está encantada. Oigo gemidos procedentes de las paredes, las luces se encienden y se apagan por sí mismos, mi televisor cambia los canales por sí solo, parecen tener propia voluntad, la cama se mueve, las cosas salen de la mesa y flotan, los espejos se rompen y a veces aparece una niebla asustadora, los fantasmas parecen personas, pero tienen una luz azulada alrededor de los pies y las manos.

¿Qué debo hacer?”.

Inicialmente, dijo el tele evangelista Pat Robertson, riéndose, dijo que sería mejor que le pegara fuego a la casa. Luego cambió de tono y dijo: “Yo no creo en los fantasmas, la Biblia no da ninguna base para pensar que la gente pueda volver a la tierra después de la muerte… Pero yo creo en los demonios. La Biblia dice claramente que hay ángeles caídos y fuerzas demoníacas. Necesitas que la gente [de la iglesia] vaya y haga un exorcismo en esa propiedad, ordenándoles a los demonios que salgan. Tienes que hacer esto. Use su autoridad en nombre de Jesús. Si no, entonces múdese de lugar”.

Esta parte del programa fue publicado en el sitio de YouTube por derecho Right Wing Watch, que le gusta provocar a los predicadores siempre dándole importancia a los comentarios de Robertson. Según el diario el Daily Mail, la visibilidad de este video en Europa, fue catalogado como un programa de “atraso”.

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Traducido y adaptado por NoticiaCristiana.com de Huffington Post

Estados Unidos | Jueves 1 de Agosto, 2013 | Por Nínro Ruíz Peña | (NoticiaCristiana.com).

El fundamentalismo en el mundo actual


El fundamentalismo en el mundo actual

El fundamentalismo crea imágenes y complejos cerrados, que facilitan la interpretación de todo el mal que existe en el mundo. Se basa en un principio dualístico: Dios contra Satanás, el bien contra el mal, conceptos que simplifican los patrones de orientación y forman la base de un pensamiento filosófico rígido.

En los medios de comunicación se oye con frecuencia sobre “fundamentalistas” que cometen acciones agresivas contra sus oponentes y tratan de imponer sus rígidas leyes religiosas a los demás conciudadanos. Se habla de “fundamentalismo religioso” refiriéndose a las sectas, tales como los Moonies, que se sirven de técnicas de lavado de cerebro para someter los integrantes a un rígido control.

Se usa este término para los neo-nazistas, europeos y norteamericanos, que cometen actos atroces contra minorías raciales en nombre de un patriotismo exagerado. El mundo entero rechaza a los “fundamentalistas” de Irán, seguidores del Ayatola Khomeini, y a los terroristas islámicos en Egipto y Algeria.

Generalmente el término expresa acciones del terrorismo internacional en atentados y agresiones contra extranjeros, cometidos por fanáticos, en irrespecto a los derechos humanos.

Sin embargo, hay que preguntarse si es cierto que todos los “fundamentalistas” son fanáticos y agresores autocráticos y qué significa este término verdaderamente.

El “fundamentalismo” es un fenómeno que surge a menudo dentro de las tradiciones religiosas judía, cristiana y musulmana en reacción a cambios culturales abruptos, la desorientación espiritual de los fieles, el excesivo materialismo y la secularización. Los fundamentalistas se sienten amenazados en el mundo dominado supuestamente por poderes malignos y buscan respuestas simplistas, autoritarias y moralizantes para crear un nuevo orbe, donde puedan vivir en paz, según las normas ancestrales de su religión.

El fundamentalismo protestante está ligado al pentecostalismo, y nació en los Estados Unidos en el mismo momento histórico y con raíces parecidas. En las iglesias pentecostales se congregan feligreses que desean reestablecer los mismos fundamentos religiosos, pero que además practican una religiosidad emotiva. Su conversión es una experiencia personal que culmina con el “bautizo del Espíritu Santo” y la adquisición de dones de profecía, curación y glosolalia (“hablar en lenguas”).

En su grupo, los “creyentes” encuentran estrictas reglas para una “nueva vida” al servicio de Cristo. Las iglesias pentecostales prometen la solución de todos los problemas existenciales y el bienestar material como señal de protección divina, cuando la persona se dedica totalmente a las labores de la iglesia.

 

Su origen en los Estados Unidos

La palabra “fundamentalismo” fue creada por un grupo de evangélicos conservadores, quienes entre l9l0 y l9l5 publicaron en Chicago una serie de folletos llamados “The Fundamentals, a testimonium of the Truth”, y los repartieron en iglesias y lugares públicos de todo el país. Ellos se auto-denominaron “fundamentalistas”. El movimiento religioso al cual pertenecieron los representantes del “fundamentalismo cristiano o protestante” estalló en los Estados Unidos durante las últimas décadas del siglo pasado. Sus fundadores luchaban contra corrientes sociales y teológicas del liberalismo y modernismo, consideradas por los tradicionalistas como una amenaza al cristianismo tradicional. En aquel tiempo, la rápida urbanización e industrialización y las masivas inmigraciones de mano de obra europea provocaron cambios sociales y económicos, que también tuvieron repercusiones en el campo religioso . El puritanismo de los colonos anglosajones de la “frontera” se debilitó en las grandes ciudades, donde el “secular humanismo” empezó a establecerse como guía e ideal del modernismo democrático y liberal.

Para ellos la Biblia es infalible y la única fuente del cristianismo y mantienen la creencia absoluta en la naturaleza divina de Jesucristo, hijo de la Virgen María y en su resurrección corporal. Creen en su pronta Segunda Llegada. Además, rechazan los resultados de las ciencias modernas, que están en contradicción con la Sagrada Escritura y tampoco permiten la interpretación de la Biblia a la luz de los avances científicos.

Originalmente, los fundamentalistas norteamericanos eran miembros de diferentes denominaciones protestantes, tales como Baptistas, Presbiterianos y Metodistas, pero luego fueron expulsados de sus iglesias respectivas debido a sus opiniones ultra-conservadores y por su oposición a las transformaciones teológicas, al modernismo y al liberalismo de la época.

Se formaron grupos disidentes en todas partes del país, que más tarde se unieron con políticos de la extrema derecha. El movimiento fundamentalista no desapareció ni con la depresión de los años 30, ni con la Segunda Guerra mundial, ni en la época de la prosperidad de los años 60, por el contrario, surgió nuevamente en el campo político y religioso en los años 70.

En los Estados Unidos se observa una ambivalencia en el campo religioso: por un lado domina el agnosticismo y liberalismo entre buena parte de la población urbana, por otro lado existen cristianos y judíos ultra-conservadores que juegan un rol importante en la vida pública y privada estadounidense e influyen en la política nacional e internacional del país.

El fundamentalismo fue revivido, en el tiempo de los presidentes Carter y Reagan, por los predicadores carismáticos de las “iglesias electrónicas” (apoyadas por radio y televisión), tales como Jerry Falwell con su Movimiento de la Mayoría Moral (“Moral Majority Movement”) a partir de l979, Oral Roberts, el fundador de la Universidad del Evangelismo, y Billy Graham de fama internacional.

El número de estos profetas aumenta cada día, a menudo son propietarios de potentes redes de televisión y radio, y no son solo conocidos en el país, por sus campañas publicitarias religiosas, sino también al acusárseles de enriquecimiento a través de manipulaciones financieras dudosas.

El “mercado religioso” se abre a empresarios, que usan técnicas psicológicas bien determinadas para manipular a las masas a través de los medios de comunicación, y de esta manera alcanzan un rol importante en la política nacional.

Los fundamentalistas carismáticos encuentran fieles principalmente entre gente de clase baja, de recursos económicos limitados y entre personas que viven al margen de la sociedad, que buscan nuevas normas para hacer frente al modernismo y la secularización.

 

En Europa

El grupo de católicos tradicionalistas que se formó alrededor del obispo Lefèvre se apoya en los valores elementales de la religiosidad pre-conciliar y rechaza las innovaciones. Dentro de la Iglesia Católica hay, en un extremo, sacerdotes conservadores y, en el otro, representantes de la teología de la liberación. El Opus Dei tiene ciertas semejanzas con el fundamentalismo político-religioso, porque se apoya en las rígidas normas tradicionales de conducta y mantiene un estricto control sobre sus integrantes, pero acepta el progreso científico y los resultados del Concilio Vaticano II.

En Alemania y Austria, Francia y Holanda, muchos feligreses y un crecido número de sacerdotes desertan de la iglesia precisamente porque los poderes cayeron en manos de los ultra-conservadores.

En Europa después de la “revolución industrial” durante el siglo XVIII, el cambio social fue un proceso gradual y el impacto de los nuevos desarrollos económicos en el curso de los últimos 30 años, provocó un cambio cultural con profundas repercusiones psicológicas, que alteraron el comportamiento religioso de gran parte de la sociedad.

 

América Latina

Los países latinoamericanos fueron considerados el baluarte del catolicismo mundial. Sin embargo, desde los años 70, las iglesias evangélicas, y sobre todo el movimiento pentecostal en sus diferentes variaciones, han hecho importantes incursiones. Los códigos teológicos y morales de estas iglesias se basan en el fundamentalismo norteamericano. En algunos países más del l0 % de la población son “creyentes” o “cristianos” ( auto-denominación).

La rápida expansión del pentecostalismo fundamentalista se debe a los mismos factores de anomia, cambio social, éxodo rural y crisis económica, que provocaron el surgimiento del fundamentalismo en otras partes del mundo. La primera generación de campesinos que migraron a las ciudades de nuestro continente, se adhirieron a las normas tradicionales del catolicismo popular y al paternalismo acostumbrado en el ambiente rural.

La segunda generación, que creció en las zonas marginales metropolitanas, perdió los valores ancestrales. Los jóvenes se sienten frustrados porque no logran vivir en el mundo irreal que ven en los medios de comunicación, reservado sólo para una minoría de los ciudadanos, por su parte, la televisión y el cine enseñan el fácil acceso al bienestar a través del crimen organizado y la corrupción.

La juventud desorientada se inclina por un lado hacia estas prácticas de violencia y destrucción, por el otro busca nuevos valores morales y apoyo espiritual en las iglesias pentecostales. El concepto dualístico: Dios-Satanás, creado por los pentecostales para explicar la existencia del mal en el mundo, recuerda a conceptos religiosos de derivación africana. El énfasis en curaciones milagrosas y profecías se asemeja a creencias del espiritismo practicado por el catolicismo popular en muchos países latinoamericanos.

El fundamentalismo pentecostal contribuye con su código ético al mejoramiento de la situación social y económica de sus adherentes. El avivamiento de la fe en las campañas organizadas por los evangélicos aleja a los “cristianos” de la Iglesia Católica, pero trae beneficios al indivíduo y -eventualmente- a la comunidad en general.

En América Latina, el fundamentalismo no se ha aliado con la política, por el contrario, la mayoría de los “cristianos”, en contraste con los seguidores de la teología de la liberación, no participan en la vida política de sus países respectivos. El fanatismo se observa más bien en su afán proselitista.

 

Fundamentalismo islámico

En los países islámicos, los cambios socio-económicos debido al modernismo, la secularización, la industrialización, la riqueza petrolera, las migraciones hacia el norte y el éxodo rural – sólo para enumerar algunas causas – fueron más abruptos y violentos que en Europa y tuvieron efectos más profundos. Así la reacción fue más violenta. Irán, en los tiempos de Reza Palevi era un país en camino al desarrollo. En las ciudades trabajaron y estudiaron hombres y mujeres. Iglesias cristianas, sinagogas y templos de Bahai estaban abiertos y los ricos musulmanes mandaron a sus hijos a estudiar al exterior.

El fundamentalismo de Kohmeini provocó un retroceso en el desarrollo social y económico del país. Sus oponentes afirman que fue un regreso a los “tiempos oscuros de la Edad Media”. Sin embargo, la política de los ultra-conservadores fue aceptada por la mayoría de los habitantes, lo que demuestra, que la gente rechazaba el liberalismo postmodernista y deseaba regresar a las reglas fundamentales que aparentemente les dan mayor seguridad en tiempo de crisis. Hasta las mujeres se conforman nuevamente a ocupar un puesto inferior en la jerarquía social, y se someten a las rígidas leyes del purdah.

Por lo tanto, el fundamentalismo iraní es fanático y sus líderes no aceptan ninguna disidencia, sirviéndose de métodos del terrorismo más cruel para imponer su poder. Los derechos humanos no tienen valor para ellos.

El surgimiento del fundamentalismo islámico, aunque en grado menor, se vivencia entre los turcos que trabajan en Europa occidental. Para ellos significa una vuelta pacífica a la religiosidad del pasado. La militancia se observa más bien en las luchas entre turcos y Kurdos, en las cuales el aspecto religioso tiene menor importancia..

 

Posibles causas

No cabe duda que en el mundo de hoy existen muchos problemas sociales, económicos y religiosos. Las corrientes socio-psicológicas de nuestros días se basan en la Ilustración del siglo XVIII y el modernismo del siglo XIX y XX. En las últimas décadas surgió el postmodernismo pluralista, que da licencia a todos para hacer lo que quieran, fomentando la incertidumbre, la pérdida de valores ancestrales y de normas para reglamentar el comportamiento humano. El individuo tiene dos opciones para hacer frente a esta crisis existencialista: puede dejar correr las cosas o buscar una solución extrema, por un lado en la criminalidad, por el otro en el fundamentalismo político – religioso.

En todas partes del mundo y en todas las religiones mundiales el fundamentalismo nace como reacción a las corrientes y patrones de vida postmodernistas, que llegan a ser insoportables. Los estudios de antropólogos, filósofos y psicólogos han comprobado que el hombre no puede vivir sin leyes, tiene que adherirse a un código moral. En todos los grupos culturales del mundo existe un complejo religioso, que de una forma u otra guía la vida de sus miembros.

Para hacer frente a la inseguridad moral de nuestros días surge el fundamentalismo, que fomenta seriedad, adherencia a reglas fijas de comportamiento y el retorno de las costumbres ancestrales. El fundamentalismo preserva la ortodoxia e instrumentaliza las tradiciones. Rechaza la orientación del “humanismo secular”, que fue muy alabado por los liberales, pero indudablemente no sirve para guía universal. El fundamentalismo crea imágenes y complejos cerrados, que facilitan la interpretación de todo el mal que existe en el mundo. Se basa en un principio dualístico: Dios contra Satanás, el bien contra el mal, conceptos que simplifican los patrones de orientación y forman la base de un pensamiento filosófico rígido.

Las reivindicaciones religiosas vuelven a influenciar la vida y el comportamiento de los hombres. El postulado es absolutista. A menudo el anti-modernismo fomenta el fanatismo y el terrorismo internacional. A través del fundamentalismo, los hombres buscan sus raíces, su identidad cultural y étnica, lo que se observa entre los negros norteamericanos y en las minorías nacionalistas en muchos países europeos.

Es interesante notar que el fanatismo y la extrema tolerancia sobreviven paralelamente en el mundo de hoy. Con la separación de la iglesia del estado, y la libertad del culto, la religión llegó a ser un asunto privado. Nacen nuevas sectas cristianas y nuevas religiones de diferentes índoles. Hoy en día existe un verdadero “mercado religioso”, donde cada uno encuentra algo a su gusto. Este boom religioso se debe al vacío espiritual de la sociedad moderna.

Existe una gran variedad de corrientes filosóficas y espirituales, una pluralidad de ofertas y demandas religiosas y pseudo-religiosas. La comercialización de la religión a través de los medios de comunicación ocurre no solamente en los Estados Unidos, sino también en otras partes del mundo.

El fundamentalismo ha contribuido al resurgir religioso, pero éste no ha afectado a las iglesias establecidas, sino que ha guiado a los buscadores de nuevas experiencias espirituales hacia movimientos religiosos al margen del cristianismo o fuera de las culturas euroamericanas. Nuestras iglesias fomentan el ecumenismo y el pluralismo, pero no ofrecen soluciones para evitar la crisis y resolver conflictos.

En el campo político, por un lado, los fundamentalistas fanáticos se oponen a los derechos humanos, la democracia, el pluralismo y la tolerancia. Mientras, los fundamentalistas moderados promueven el patriotismo y una política conservadora, que inculque moralidad y sentimientos religiosos a los jóvenes y exhorten a los fieles a preservar la naturaleza. El éxito de las iglesias pentecostales, evangélicas y de otros movimientos fundamentalistas en la actualidad comprueba que en el mundo actual un crecido número de seres humanos en todos los continentes vuelven a los valores del pasado y que, a la entrada del tercer milenio, el fundamentalismo es la lógica reacción a los errores cometidos por el modernismo, el materialismo y el secularismo de nuestra época.

 

Conclusiones

El fundamentalismo religioso se opone al desafío del modernismo y a la sociedad pluralista y busca restaurar los valores éticos y el regreso al antiguo orden divino. Solicita la sumisión a la autoridad absoluta de los líderes y a las leyes morales estrictas y promueve la intensificación de las practicas religiosas. Está en contra de la libertad religiosa y de los logros del Concilio Vaticano II y de movimientos reformistas de cualquier religión.

El fundamentalismo también engloba conceptos apocalípticos. Se opone al progreso científico e ideológico y, en algunos casos, llega a un totalitarismo absoluto, defendido por la fuerza. Se trata de una reacción a veces violenta contra el cambio abrupto del modo de vida en los países del Tercer Mundo, donde las respuestas simplistas y moralizantes atraen a los desorientados y marginados.

Angelina Pollak – Eltz
(Versión María Fernanda Mujica)

 

Bibliografía

BENNET, W:
l99l: Katholischer Fundamentalismus, Puset Verlag, Regensburg

PFUERTNER,Stephan:
l99l: Fundamentalismus, Herder, Freiburg

GALINDO,Florencio:
l994: El fenomeno de las sectas fundamentalistas, Ed.Verno Divina, Estella

JAHRBUCH MISSION l995:
l995: Fokus Fundamentalismus, Verband evang. Missionskonferenzen,Hamburg Dietrich Wiederkehr: kathol. Fundamentalismus Thomas Meyer: Fundamentalismus und moderne Gesellschaft Geiko Mueller-Fahrnholz: Wenn die Seele den Halt verliert Heinrich Georg Rothe: Aus kirchlicher Sicht: das islamische Gegenueber in Deutschland