¿Cuáles son los orígenes del feminismo occidental?


¿Cuáles son los orígenes del feminismo occidental?
Movimientos y personalidades precursoras del siglo XV al siglo XVIII

By Montserrat Barba Pan
Feminismo Expert

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Marcha de las Mujeres sobre Versalles, el 5 y 6 de octubre de 1789.  Bibliothèque Nationale de France. / Commons Wikimedia

Aunque el papel de las mujeres en la sociedad formó parte ya de los debates de Grecia y Roma y filósofas medievales, como Guillermina de Bohemia, así como brujas, curanderas o predicadoras introdujeron ideas éticas y conocimientos que se pueden vincular al nacimiento del feminismo, fue a partir del siglo XV cuado se generaron propuestas que fueron más allá de las individualidades.

Las Querelle de Femmes: Desde la publicación en 1405 de ‘La ciudad de las damas”, de Chistine de Pizan, los llamados “memoriales de agravios” o “querelle des femmes” recogían las quejas por la situación social de la mujer, aunque sin llegar a reflexionar sobre la estructura patriarcal u ofrecer soluciones alternativas. Entre sus autoras destacan la española María de Zayas, cuya obra fue censurada por la inquisición, Mary Astell, que pidió la creación de una universidad para mujeres, o Marie de Gournay que, en 1622 sentó las bases del discursos sobre la igualdad entre los sexos en su libro ‘La igualdad de los hombres y las mujeres’.

La Ilustración fue la etapa de pensamiento en la que surgieron las primeras vindicaciones en torno al debate de la razón, que pone en duda a quienes determinaban que la mujer era inferior al hombre por sus características biológicas. El principal defensor de la igualdad de sexos fue el filósofo cartesiano Poullain de la Barre, que reclamaba el derecho de ellas a la educación y el saber.

Los Cuadernos de Quejas: A pesar de las reflexiones teóricas, en la práctica la mujer siguió siendo discriminada a la hora de acceder a las decisiones políticas, la educación o el trabajo, así como a la libertad en el matrimonio. En los años previos a la Revolución Francesa de 1789 surgieron los llamados Cuadernos de quejas (cahiers de doléances), que eran escritos colectivos que criticaban la situación de inferioridad en la que estaban las mujeres respecto a los hombres. “La paradoja fue tan obvia que comenzaron a oírse ecos de protesta y, por eso, como afirman Celia Amorós y Amelia Valcárcel, se puede ver el feminismo como hijo no deseado de la Ilustración”, señalan Olga Castro y María Reimóndez en el texto de referencia (‘Feminismos’, edicións Xerais).

Olympe de Gouges: Tras la Revolución Francesa, se proclamó la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano, influída por ‘El contrato social’ de Rousseau, que excluía a la mujer como sujeto de derecho, y, por tanto, como ciudadana. Se apoyaba en la supuesta dicotomía entre seres racionales (ellos) y emocionales (ellas). Entre sus principales críticos, Nicolás de Condorcet escribe en 1790 su tratado ‘Sobre la admisión de las mujeres al derecho ciudadano’ y, un año más tarde, Olympe de Gouges exige igualdad de trato entre mujeres y hombres en su famosa ‘Declaración de los derechos de la Mujer y la Ciudadana’.

Mary Wollstonecraft: Casi simultánea a la vindicación de Olympe de Gouges sobre la participación política de las mujeres, la británica Mary Wollstonecraft impulsa el debate sobre el derecho a la educación femenina, dando réplica así al ‘Emilio’, tratado de Rousseau de 1762. Wollstonecraft publica en 1792 la Vindicación de los Derechos de la Mujer, muy revolucionaria al poner ya sobre la mesa la diferencia entre sexo y género, considerar la educación como arma para la libertad y la independencia femenina y alertar ya sobre la trampa del matrimonio y del amor romántico.

Pero, a pesar de haber legado el inicio de una ética feminista, el Código napoleónico de 1804 respaldó normativamente el patriarcado y dejó escrito que la autoridad en la familia pertenece al hombre (padre y esposo) y que la mujer está subordinada a ellos con la tarea de tener descendencia. El modelo fue adoptado en la Europa occidental, salvo en los países nórdicos, bajo influencia de Rusia.

Flora Tristán y la conciencia obrera: En plena Revolución Industrial, la mujer se convierte en mano de obra necesaria para la producción pero en condiciones salariales y de trato peores que los hombres. Esta doble discriminación de la mujer obrera (género y clase social) la vive y documenta en ‘La Unión Obrera’ (1843) la francoperuana Flora Tristán, pionera del feminismo socialista, quien además nos legó un duro relato sobre la violencia machista y la falta de derechos de acceso a la propiedad en su particular road-book ‘Peregrinaciones de una paria’. Para Castro y Raimóndez, la conciencia de la mujer burguesa y su malestar sería clave para el sufragismo europeo.

Lucha contra la esclavitud: En Estados Unidos, el feminismo nace en la primera mitad del siglo XIX, ligada a la reforma protestante religiosa y la lucha contra la esclavitud, con una gran implicación de las mujeres que, en su defensa de acabar con la división étnica de la sociedad se encontraron con la desigualdad entre hombres y mujeres en la participación pública, así como en la falta de alfabetización para el desarrollo de las capacidades de la mujer. “En este contexto, es necesario entender, por ejemplo, la creación de universidades femeninas que sentarían las bases para que un grupo de mujeres alfabetizadas constituyesen el núcleo del primer feminismo como movimiento organizado: el sufragismo”. (Castro y Reimóndez).
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(Fuente: ‘Feminismos’, de Olga Castro y María Reimóndez. Edicións Xerais.)

http://feminismo.about.com/od/historia/fl/Principales-corrientes-del-feminismo-Primera-ola.htm

El feminismo de la Tercera Ola


El feminismo de la Tercera Ola

Desde finales de los años 80 hasta la actualidad

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Las críticas a un feminismo único que obviaba las diversidades femeninas y las diferentes culturas y reivindicaciones de la mujer en el mundo comenzó ya al finalizar la Segunda Ola, pero es el principal eje de todo el movimiento de la Tercera Ola. Así, el feminismo se convierte en los feminismos (en plural) y adquiere varias dimensiones étnicas, sexuales, de creencias, políticas…más allá del esencialismo de la anterior etapa.

1. Ataques ultraconservadores y contradicciones:

Aunque Rebeca Walker fue la primera en hablar de la Tercera Ola en un manifiesto publicado en la revista Ms. en enero de 1992, esta etapa tiene sus raíces ya a finales de los 80 y en Occidente está muy marcada por las políticas ultraconservadoras del tándem Reagan-Thatcher. Los medios de comunicación y líderes de opinión iniciaron una estrategia de manipulación que aún perdura. Por un lado, extendieron la idea de la llamada ‘falsa igualdad’ (hacer creer a la sociedad que con leves modificaciones legislativas, hombres y mujeres ya son iguales y que el feminismo es un concepto desfasado que muere en las movilizaciones de los 70). Por otro, se apropiaron de consignas feministas, sobre todo en el debate sobre la pornografía y la prostitución. Defendían su abolición en base a argumentos morales que no tenían nada que ver con la explotación del cuerpo femenino, pero la realidad es que feministas y ultraconservadores coincidieron en esta causa, aunque nunca en las razones de fondo ni en las formas.

Así, en medio de un cierto desconcierto, nacieron nuevas posturas que se apoyaban en la libertad sexual de la mujer para defender tanto pornografía como prostitución. Y estas opiniones encontradas forman parte del debate actual, aunque más analizadas.

El libro de Susan Faludi ‘Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna’  argumenta precisamente como en los 80 se extendieron estereotipos negativos hacia las mujeres independientes y trabajadoras. Y sigue siendo un texto de referencia acerca de cómo el patriarcado ataca al feminismo cuando éste está más fuerte o implantado.

2. Feminismos posmodernos y postestructuralistas: Como señalan Olga Castro y María Reimóndez en su libro ‘Feminismos’, los feminismos posmodernos “cuestionaron el modelo de sujeto universal por ser exclusivamente masculino, liberal y occidental, y renegaron de la razón patriarcal como única válida porque oculta la diferencia (de género, en este caso) bajo la pretensión de universalidad”.

Autoras como Nancy Fraser, Linda Nicholson o Elisabeth Spelman propusieron así deconstruir la noción de mujer para rectificar la exclusión histórica de muchas de ellas. Conceptos clave de la teoría feminista como patriarcado o identidad de género se ponen en tela de juicio, o se redefinen en la obra de Judith Butler y Joan Scott.

Esta atomización del feminismo fue criticada por otras autoras al dificultar una estrategia común en la lucha por la emancipación de la mujer. En efecto, se ganaron muchos puntos de vista, pero se diluyó un objetivo común claro. Y aunque fue una época de menos movilizaciones y protestas que los 60 y 70, en la cultura y la música de los 90, con movimientos como las Riot Grrrl, se removieron los cimientos machistas y misóginos de la cultura pop.

3. Corrientes en evolución: Entre las corrientes que forman el nuevo entramado de los feminismos destaca el feminismo lesbiano y la teoría queer, el poscolonialismo, el ecofeminismo y el ciberfeminismo. En ellas hay elementos en común, como el cuestionamiento de las estructuras de poder, y particularidades relacionadas con el sexo, la antiglobalización, el medioambiente o la defensa de los grupos minoritarios.

Algunas autoras destacadas son:

  • bell hooks, autora de ‘Ain’t I a woman?: Black Women and Feminism’ (1981), especialista en los sistemas de dominación de poder y la relación entre raza, clase social y género.
  • Camille Paglia, autora de ‘Vamps y Tramps. Más allá del feminismo’ (2001), subversiva y cuyos libros analizan la sexualidad humana.
  • Vandana Shiva (movimiento Chipko de la India), una de las fundadoras del ecofeminismo: Autora de ‘Abrazar la vida: mujer, ecología y desarrollo’ (1995) y ‘Ecofeminismo: teoría, crítica y perspectivas’ (1997). Junto a ella, Wangari Maathai(del Movimiento Cinturón Verde de Kenia).
  • Sandra Harding, especialista en ciencia, género y feminismo y autora de ‘Ciencia y feminismo’ (1996)
  • Donna Haraway, una de las postmodernas más famosas, contraria al esencialismo y autora de ‘Manifiesto Ciborg: El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado’ (1984).
  • Naomi Wolf, autora de ‘El mito de la belleza’, (1991), sobre uno de los temas actuales de mayor debate: el uso del cuerpo femenino como herramienta de control.

4. Feminismo institucional. El feminismo institucional puede darse en el seno de una comunidad, distrito, país o comunidad internacional. Es muy cuestionado ya que trata de asimilar conceptos de reivindicación feminista para normalizarlos dentro del sistema y, casi siempre, sin cuestionarlo de fondo ni profundizar en el carácter transgresor y original del movimiento. Pero también es cierto que ha permitido a muchas mujeres sumarse al feminismo y ha puesto sobre el tablero de la discusión internacional los temas que afectan a las mujeres y las discriminaciones existentes.

Las Conferencias sobre la mujer de la ONU comenzaron en 1975. La primera se celebró en Mexico, y le siguieron las de Copenhague (1980), Nairobi (1985) y Pekín (1995), donde tuvo lugar la más importante de todas, la IV Conferencia Mundial de Mujeres, en la que se habló de violencia machista o de los derechos reproductivos de las mujeres. Este año, se cumplen 20 años de la última conferencia y se ha vuelto a convocar para el mes de septiembre en Nueva York, sede de Naciones Unidas.

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http://feminismo.about.com/od/historia/fl/El-feminismo-de-la-Tercera-Ola.htm

El feminismo de la Segunda Ola


El feminismo de la Segunda Ola

Steinem & Carbine

Gloria Steinem (izquierda) y Patricia Carbine, cofundadoras de Ms. Magazine.  Angel Franco / Getty Images

Del periodo de Entreguerras a las críticas hacia el discurso occidental

El feminismo de la Primera Ola


El feminismo de la Primera Ola

Suffragette Riot
Los movimientos sufragista, anarquista y socialista

By Montserrat Barba Pan
Feminismo Expert

Las corrientes y movimientos del feminismo de la Primera Ola están muy marcadas por la lucha por el derecho al voto y la representación política. En la primera parte de este reportaje analizamos los movimientos precursores entre los siglos XV y XVIII. Desde el XIX, durante los discursos y las vindicaciones de las sufragistas, continuaron reclamándose la educación, la libertad reproductiva, la igualdad salarial, protección ante la violencia machista y derechos relacionados con el matrimonio.

En esta etapa, el feminismo deja de ser un movimiento de sumas individuales y comienza a organizarse de forma colectiva.El sufragismo fue mucho más que reclamar el voto pero, como es habitual, la historia ha tratado de simplificar el discurso de muchas de sus representantes. En esta etapa destacan también dos nombres propios: el de Emma Goldman y el de Alejandra Kollontai, muy influyentes en el feminismo actual al reivindicar la libertad sexual y sentimental de las mujeres y adentrarse en aspectos psicológicos revolucionarios.

Éstas son las corrientes más destacadas:

1. El sufragismo en Estados Unidos y la generación Seneca Falls.

En Estados Unidos, el sufragismo nace de la mano de los movimientos antiesclavitud y los nombres más destacados de esta etapa, como Lucretia Mott, Elisabeth Cady Stanton, Susan B. Anthony o Lucy Stone, fueron abolicionistas. En este momento, la discriminación por color de piel y por sexo fueron de la mano.Pero no sólo fueron mujeres anglosajonas las que defendieron ambas causas. Como señalan en su libro ‘Feminismos’ Olga Castro y María Reimóndez, en los debates participaron mujeres negras “sobre todo esclavas libres del Caribe”, destacando las hermanas Elisabeth y Anne Hart quienes, por su activismo por la educación de las esclavas y su abolicionismo, fueron juzgadas en la isla Antigua (Mar Caribe).A partir de 1840, tras la Convención Mundial contra la Esclavitud en Londres, el movimiento sufragista se independiza del abolicionismo cuando Mott y Stanton son relegadas a una zona tras las cortinas para presenciar los actos sin recibir el apoyo de sus compañeros masculinos. Así, ocho años más tarde, surge una de los iniciativas más interesantes del feminismo occidental: la Convención de Seneca Falls, con más de 300 asistentes, de la que saldría la Declaración de Sentimientos, basada en la Declaración de Independencia de Estados Unidos.Desde ese momento, hasta la entrada en vigor en 1920 del voto de la mujer en igualdad, recogido en la 19ª Enmienda a la Constitución estadounidense, se desarrolló un amplio movimiento pacifista para implicar a la sociedad en la defensa de los derechos de las mujeres.Entre las asistentes a Seneca Falls, destaca un nombre: el de Sojourner Truth (“la Verdad Viajera”), una antigua esclava cuya historia fue rescatado en los años 70 por la corriente del Black Feminism (Feminismo negro) y autora del discurso de 1851, ¿Acaso no soy mujer?.

2. El sufragismo europeo:

En Gran Bretaña, la lucha por el derecho al voto alcanzó una dimensión épica: cárcel, altercados públicos, sátiras mordaces, huelgas de hambre… En 1850, Harriet Taylor fue una de las primeras en organizar actos públicos, mientras en el Parlamento, en 1866, los diputados John Stuart Mill y Henry Fawcett presentaron la primera petición a favor del sufragio universal, que fue rechazada. La historia del sufragismo británico es apasionante y puedes conocerla a través de esta cronología. A comienzos del siglo XX, y tras el rechazo y las humillaciones de los órganos políticos, se radicaliza siendo la figura central Emmeline Pankhurst. Sus actos de desobediencia civil nunca se tradujeron en víctimas humanas.En 1928, por fin se logra el sufragio femenino en igualdad de derechos que los hombres. En el resto de Europa, los países fueron incorporándolo a su legislatura a lo largo del siglo XX (entre 1906 y 1984), aunque hoy en día, en 2015, no existe en el microestado de Ciudad del Vaticano, ya que los que escogen a su jefe de Estado, el Papa católico, son hombres.

3. El feminismo anarquista y socialista:

La mayoría de las sufragistas, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña, pertenecían a partidos conservadores, pero la lucha por la igualdad fue imbricándose tanto en la lucha por los derechos civiles de Estados Unidos como con la lucha de clases en Europa. Como apunte, el Manifiesto Comunista de Marx y Engels se publicó en 1840, el mismo año que el Manifiesto de Seneca Falls.Hasta el momento, las corrientes feministas reivindicaban la igualdad dentro de un sistema económico y social patriarcal común, y es el feminismo obrero y el feminismo libertario los que cuestionarían el sistema capitalista y abrirían la perspectiva de cara a revisiones posteriores.Sin duda, Emma Goldman es una de las grandes referencias, ya que defendía que la libertad de la mujer no provenía del derecho al voto sino de una revolución propia e introdujo en el debate temas fundamentales como la liberación sexual, los estereotipos o el peso de la costumbre. El 28 de marzo de 1915 fue arrestada tras explicar ante más de 600 personas y por primera vez en América cómo se usaba un preservativo, en el Sunrise Club de Nueva York. Entre las feministas socialistas, junto a la precursora Flora Tristán, destacan Clara Zetkin y Alejandra Kollontai, que tomó el concepto marxista del hombre nuevo y reivindicó una mujer nueva, no sólo independiente económicamente sino también en el plano afectivo y psicológico. Ambas se enfrentaron al patriarcado marxista, ya que la revolución socialista y la estructura de los partidos de izquierda no defendían las necesidades de las mujeres.

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Fuentes: ‘Feminismos’, de Olga Castro y María Reimóndez (Edicións Xerais) y ‘Feminismo para principantes’, de Núria Varela (Ediciones B).

Extraido de http://feminismo.about.com/od/historia/fl/Principales-corrientes-del-feminismo-II-siglos-XIX-y-XX.htm

Biografía de la feminista peruana Flora Tristan


Biografía de la feminista peruana Flora Tristan

By Montserrat Barba Pan

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La vida de la feminista peruana estuvo marcada por la pobreza y los malos tratos.  La vida de Flora Tristán (París, 1803-Burdeos, 1844) es la de una mujer valiente y perseguida. A través de sus experiencias y sus viajes en busca de identidad propia impacta con los problemas de la mujer y la clase trabajadora. Como consecuencia, se convierte en una activista cuya obra es precursora del marxismo y clave para el feminismo moderno.La odisea personal de Flora comienza desde el mismo

día de su nacimiento, el 7 de abril de 1803, en la Francia napoleónica. De madre francesa y padre peruano (en concreto de Arequipa, la segunda ciudad más importante del país), pertenecía a una familia con dinero y buenas relaciones sociales, pero la muerte repentina de Mariano Tristán, un coronel caído en combate, deja a su madre, Anne Laisney, su hermano y ella (con cuatro años) en la pobreza.

“Murió súbitamente, sin haber regularizado su matrimonio y sin haber pensado en darle validez legal mediante disposiciones testamentarias”. (‘Peregrinaciones de una paria’)

Recuperar sus derechos como heredera se convertiría años más tarde en una de sus determinaciones, viajando a Perú en barco en 1833 para encontrarse con la familia paterna y reclamar sus bienes. Toda una aventura personal e intelectual que retrata en su libro ‘Peregrinaciones de una paria’, el más importante de su trayectoria junto a ‘Unión Obrera’ (1843).
Matrimonio forzado

La nueva situación económica de su madre, con apenas recursos  para educarles, hizo que abandonasen su mansión de Vaugirard y se trasladasen al campo, ya que el estado francés no les reconocía ningún derecho. Allí viven hasta que muere su hermano, cuando Flora tiene 15 años.De vuelta a París, madre e hija se alojan en uno de los barrios más humildes de la capital francesa, cerca de Place Maubert, y Flora comienza a trabajar en un taller de litografía, propiedad de André Chazal, el maltratador que la perseguirá durante 13 años de su vida. Chazal, obsesionado con ella, le propone matrimonio, y presionada por su madre como una salida de su situación de necesidad, Flora Tristán acepta y la boda se celebra en febrero de 1821.Durante esta nueva etapa, Flora descubre el feminismo leyendo ‘Vindicaciones de los derechos de la mujer’ de Mary Wollstonecraft mientras espera el nacimiento de sus dos hijos y su hija Aline, que será años más tarde la madre del pintor Paul Gauguin. Precisamente cuando estaba embarazada de Aline, en 1825, Flora huye de casa ya que su marido la maltrataba física y psicológicamente. Desde ese momento, el derecho al divorcio de la mujer se convierte en una prioridad para ella:

“Al separarme de mi marido renuncié a su nombre y volví a tomar el de mi padre. Bien acogida en todas partes como viuda o como soltera, siempre era rechazada cuando la verdad llegaba a ser descubierta. Joven, atractiva y gozando en apariencia de una sombra de independencia, eran causas suficientes para envenenar las conversaciones y para que me repudiase una sociedad que soporta el peso de las cadenas que se ha forjado, y que no perdona a ninguno de sus miembros que trate de librarse de ellas”. (‘Peregrinaciones de una paria’).
Conciencia de ‘paria’

Más allá de los prejuicios sociales parisinos, separarse de Chazal marcó el inicio de una batalla legal por la custodia de los hijos. Flora se traslada a Inglaterra donde se emplea como criada y se convierte en una ‘paria’, escapando de país en país y trabajando de lo que puede (doncella, traductora, niñera,…) para sacar adelante a su familia. Pero su primer hijo muere y las agresiones de su ex marido continúan, una de ellas en medio de la calle.
“Las persecuciones de M. Chazal me habían obligado, en distintas ocasiones a dejar París. Cuando mi hijo cumplió ocho años insistió en tenerlo a su lado y con esta condición me ofreció dejarme en paz. Cansada de tan larga lucha y no pudiendo resistir más, consentí en entregarle a mi hijo vertiendo lágrimas por el porvenir de ese niño; más apenas pasados unos meses después del arreglo, mi marido empezó a atormentarme y quiso también quitarme a mi hija, porque se dio cuenta de que me sentía feliz al tenerla cerca de mí”. (‘Peregrinaciones de una paria’).
Flora Tristán huye por sexta vez de París para proteger a su hija, se esconde bajo nombres falsos y vive bajo amenazas constantes. En 1833 deja a la niña a cargo de una mujer de confianza, en una pensión de París, para poder viajar a Perú a reclamar sus bienes legítimos.Tan solo logrará librarse de Chazal cuando consigue que en 1838 se apruebe su separación. Chazal reacciona violentamente, le dispara y es detenido y condenado a 20 años de trabajos forzados. Esa bala, que casi la mata y que se quedó instalada en su pecho izquierdo, fue el precio de su libertad.
Revolución y proletariado

Flora Tristán retoma contacto con su familia paterna en Perú a través de la visita de un pariente a París y por medio de cartas. En 1833 se embarca durante cuatro meses y medio en el buque El Mexicano, rumbo a Perú, siendo la única mujer a bordo.En Arequipa, la acogida es buena pero su tío Pío de Tristán le informa de que no tiene derecho a ni un céntimo de la herencia de su padre. Solo consigue una pequeña pensión mensual y pasa por una fuerte depresión. Esta estancia en el país americano es fundamental en su pensamiento, ya que vive en primera persona las profundas desigualdades sociales durante la Guerra Civil peruana.
“Vine a buscar un lugar legítimo en el seno de una familia y de una nación… Pero tras ocho meses de ser tratada como una extraña en la casa de mis tíos era evidente que no había ganado ningún estatus dentro de mi familia paterna”. (‘Peregrinaciones de una paria’)
De vuelta a Europa, en 1835, Flora inicia su carrera como escritora y publica su breve ensayo ‘De la necesidad de dar buena acogida a las mujeres extranjeras’. También inicia la redacción de sus memorias, ‘Peregrinaciones de una paria’.En Londres, consigue entrar en la Cámara de los Lores disfrazada de hombre, conoce de primera mano la situación de las fábricas y los barrios obreros y, en 1841, se une a Pauline Roland y otras mujeres progresistas que enriquecen su feminismo. Fruto de este debate, formula las tesis de su obra clave: ‘Unión obrera’, de 1843, escrita cuatro años antes del ‘Manifiesto comunista’ de Marx y Engels.Muere de tifus el 14 de noviembre de 1844 en Burdeos, Francia, a los 41 años. Se despide rodeada de seguidores que abren una suscripción popular para hacerle un monumento. Flora Tristán deja una obra inacabada, ‘La emancipación de la mujer’, que se publica de forma póstuma en 1846.Fuente: ‘La vida escrita por las mujeres’. Volumen II: ‘La pluma como espada’. (Coordinadora: Anna Caballé. Editorial Círculo de Lectores). ‘Peregrinaciones de una paria’, Flora Tristán, 1838.

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