La necesidad del entendimiento, práctica y competencia de la diversidad cultural


La necesidad del entendimiento, práctica y competencia de la diversidad cultural

Autor: Ricardo Paulo Javier Arieu

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Una realidad indiscutible es que las sociedades de muchos de los países modernos se caracterizan por la diversidad cultural, aspecto que da forma a la trama social  de estos países. Gracias a la tecnología, el turismo y el comercio, el mundo parece más pequeño y se han acortado las distancias entre las culturas. Debido a los importantes cambios tecnológicos y sociales que se han producido mundialmente en las últimas décadas, se han ocasionado transformaciones muy profundas en nuestro entorno social. La globalización,  ha traído como consecuencia que las fronteras étnicas o culturales tanto como las geográficas o políticas se hayan diluido. De ese contacto con la diversidad, solo podemos esperar enriquecimiento mutuo (siempre y cuando el contacto no esté desvirtuado por la imposición de particularismos políticos) de la variedad de aspectos de la cultura humana. Pero ¿a qué se refiere la expresión diversidad cultural? ¿Cuál es el rol de la educación en la diversidad cultural?

La “diversidad cultural” se refiere a la multiplicidad de formas en que se expresan las culturas de los grupos y sociedades. Estas expresiones se transmiten dentro y entre los grupos y las sociedades. La diversidad cultural se manifiesta no sólo en las diversas formas en que se expresa, enriquece y transmite el patrimonio cultural de la humanidad mediante la variedad de expresiones culturales, sino también a través de distintos modos de creación artística, producción, difusión, distribución y disfrute de las expresiones culturales, cualesquiera que sean los medios y tecnologías utilizados (UNESCO, 10-20-2005)

La diversidad cultural equivale a un cierto orden socialmente estable para la coexistencia de grupos con identidades culturales diferentes. Esta coexistencia ha de tener la suficiente sostenibilidad para permitir que las identidades en cuestión se puedan reproducir y evolucionar a lo largo del tiempo (Hernandez, 09-2008).

Comprender esta diversidad cultural es una cuestión básica en cualquier sociedad actual dado que la diversidad enriquece el nivel cultural y social. Es importante tener entendimiento de la diversidad cultural ya que “cuando se reconocen, respetan y valoran todas las culturas, y se integran esos valores en el sistema, las organizaciones culturalmente competentes pueden cumplir con las necesidades de grupos diversos “(CTB, s.f.).  Esta valoración de la diversidad aporta al ciudadano valores como  la tolerancia, la cooperación y el aprecio sincero hacia los demás y a su cultura. La cultura se define como “las tradiciones, creencias, costumbres, historia, folklore e instituciones compartidas por un grupo de personas” y “es compartida por personas del mismo origen étnico, idioma, nacionalidad o religión. Es un sistema de reglas que son la base de lo que somos y afectan como nos expresamos, como parte de un grupo y como individuos.”(CTB, s.f.).

El hecho de reconocer  que en los países existe una diversidad cultural, permite que se gobierne y conviva de una manera más inclusiva y respetuosa de la diversidad. Las políticas y programas que se realicen atenderán a esta realidad y promoverán la valoración a las diferentes identidades que conforman la riqueza social de un país (Gallo, 05-21-2015).

Si la diversidad cultural está en peligro en temas como el cine o la televisión, es a raíz de la mundialización de la cultura, la expresión más clara de un particularismo triunfante, invasor, mercantilista, que trata los productos culturales como simple mercancía, buscando el máximo beneficio sin atender a las consecuencias, como en el caso de McDonald’s en Bolivia (PANAMPOST, 03-23-2015). Un signo evidente de la homogeneización que nos amenaza lo tenemos en la proliferación de los “fast food” que encontramos en cualquier parte del mundo: desde la Plaza Roja de Moscú al centro de Pekín o de Buenos Aires… como también encontramos restaurantes italianos, chinos, mexicanos, vietnamitas, cubanos, libaneses…No reconocer la diversidad cultural es caer en la cosificación de las diversas culturas del mundo. Ya Lévi Strauss lo había advertido: “No olvidar jamás que ninguna fracción de la humanidad dispone de fórmulas aplicables al conjunto y que una humanidad confundida en un género de vida único es inconcebible, porque sería una humanidad cosificada […] la humanidad se instala en la monocultura, se dispone a producir civilización de masas, como la remolacha, de ordinario, será su único plato” (Lévi Strauss, 1955, p.27).

Modelo de Competencia Cultural: 5 principios esenciales (CTB, s.f.).

(1). Valorar la diversidad: Valorar la diversidad significa aceptar y respetar las diferencias entre y dentro de las culturas.

(2). Conducir una autoevaluación cultural: Las acciones más importantes de las que hay que tener conciencia son, normalmente, aquellas que damos por sentado.

(3). Comprender la dinámica de las diferencias. Hay muchos factores que pueden afectar las interrelaciones transculturales. La influencia de experiencias históricas culturales, puede explicar algunas de las actitudes actuales.

(4). Institucionalizar el conocimiento cultural: El conocimiento cultural debería estar integrado en cada faceta de una organización. Los empleados deben ser entrenados y ser capaces de utilizar eficientemente los conocimientos adquiridos.

Un aspecto importante para poder comprender la diversidad cultural es en la educación. Según cita Mónica Rodríguez Cancio, de la Universidad de Vigo (España):

Educar es transmitir un patrimonio cultural que refleja la identidad cultural y su permanencia en el tiempo y tal educación tiene sentido en la medida en que se convierte en medio para la realización de oportunidades personales que van más allá de las condiciones de partida, al permitir cambio de signo y la creación de una nueva diferencia no condicionada por la raza, la cultura, el sexo o la condición social. Tal educación será intercultural o multicultural (Cancio, s.f.)

La perspectiva de la educación multicultural puede resumirse como aquella que (Cancio, s.f.):

  • Sólo contempla actuaciones en escuelas con presencia de alumnado de diversos orígenes. Se limita a los aspectos curriculares, sin considerar las relaciones de poder que se establecen en la sociedad entre cultura dominante y culturas dominadas. ƒ
  • Reconoce la escuela como un espacio ideal para recrear relaciones interétnicas, pero desde una concepción estática de las culturas y tratando prioritariamente las diferencias entre ellas. Se propone, principalmente, intervenciones educativas centradas en estrategias de contacto (metodologías que aproximen los diferentes colectivos, estimulen el conocimiento mutuo, promuevan el diálogo y combatan la formación de prejuicios). ƒ
  • Se limita a incluir en el currículum tópicos culturales de los colectivos minoritarios.

Y los planteamientos de la educación intercultural implican (Cancio, s.f.):

  • Enfoque global (incorporar las propuestas educativas en proyectos de carácter social) y propositivo (proyecto de establecimiento de relaciones igualitarias entre culturas). ƒ
  • Facilitar y promover procesos de intercambio, interacción, cooperación entre las culturas, con un tratamiento igualitario de éstas. ƒ
  • Poner el acento no sólo en las diferencias, sino también en las similitudes. ƒ
  • Partir de un concepto dinámico de cultura y de identidad cultural. ƒ
  • Una aproximación crítica (analizando y valorando) las culturas. ƒ
  • Un rechazo de las ideas de vacíos culturales y de jerarquización de las culturas. ƒ
  • Una clara preocupación por el binomio diferencia-igualdad. ƒ
  • Extender una educación intercultural a todas las escuelas, no únicamente a los centros con presencia de minorías étnico-culturales. ƒ
  • La diversidad cultural en el proceso educativo, no como elemento segregador o diferenciador, sino como elemento enriquecedor, integrador y articulador. ƒ
  • El principio dialógico entre culturas y la comprensión y la aceptación de la alteridad como fundamento del modelo de interacción entre éstas en el aula y en el centro escolar.
  • No una hibridación cultural, sino el enriquecimiento y la comprensión mutua mediante aprendizajes basados en los fondos culturales de cada una.

En conclusión, es indiscutible que  la trama social de muchos países modernos está constituida por una diversidad cultural. Gracias a la globalización, el mundo es más pequeño y consecuentemente las fronteras étnicas o culturales tanto como las geográficas o políticas se han diluido. Esta diversidad enriquece la sociedad. Un requerimiento para la edificación de sociedades interculturales, es la comprensión de  la riqueza de la diversidad cultural, sumando a esto el respeto mutuo. Sin estos elementos no será posible una supervivencia pacífica que permita el futuro desarrollo de la humanidad. La educación, es sin duda, uno de los canales a través de los cuales se puede transmitir mejor la diversidad cultural.

Referencias

Cancio, M. R. (s.f.). DIVERSIDAD CULTURAL Y EDUCACIÓN INTERCULTURAL. Recuperado de http://www.educacion.udc.es/grupos/gipdae/documentos/congreso/VIIIcongreso/pdfs/174.pdf

CTB. (s.f.). Sección 7. Formar organizaciones culturalmente competentes. Recuperado de

http://ctb.ku.edu/es/tabla-de-contenidos/cultura/competencia-cultural/organizaciones-culturalmente-componentes/principal

Gallo, I. (05-21-2015). “Hay que fomentar la diversidad cultural y no pretender desaparecerla”.

Recuperado de

http://udep.edu.pe/hoy/2015/hay-que-fomentar-la-diversidad-cultural-y-no-pretender-desaparecerla/

Hernandez, K. V. (09-2008). Diversidad cultural: Revisión de conceptos y estrategias.

Recuperado de http://cultura.gencat.cat/web/.content/sscc/gt/arxius_gt/diversidad_cultural_conceptos_estrategias.pdf

Lévi Strauss, Claude. (1955) Tristes Trópiques. París, Plon.

OEI. (s.f.). Diversidad cultural. Recuperado de http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=12

PANAMPOST (03-23-2015). McDonald’s Returns to Bolivia after 13 Years. Recuperado de

https://panampost.com/panam-staff/2015/03/23/mcdonalds-returns-to-bolivia-after-13-years/

UNESCO. (10-20-2005). Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales. Paris. Recuperado de http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001429/142919s.pdf

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Aguilar, C. (11-25-2012). Ciencia tecnología sociedad y cultura. Recuperado de

http://cienciasociedadycultura.blogspot.com/2012/11/importancia-de-la-diversidad-cultural.html

Intercambios transatlánticos


Intercambios transatlánticos
Alana Moceri

Los europeos y los estadounidenses pueden aprender unos de otros.

Chagin/Fotolia

 

Aunque al principio me parecía absurdo, tenía mucho  sentido. Tras unos meses en mi primer trabajo en España no entendía por qué no  caía bien a varios compañeros, hasta que un amigo me explicó que “no se puede  entrar a la oficina todos los días con una sonrisa y decir siempre que estás bien…. Bueno, se puede decir que estás bien, pero siempre tienes  que añadir algo malo, o la gente va a pensar que eres demasiado perfecta y les  vas a caer fatal”.

Eso fue una revolución para mi mentalidad  estadounidense. Cuando vemos a alguien y le preguntamos “¿cómo estás?” la única  respuesta aceptable es “bien” o “muy bien”, porque realmente no nos interesan  los problemas de los demás. Además, nos resulta de mala educación contar nuestros  problemas a la gente que no pertenece a nuestra familia o amigos íntimos.

A lo largo de los quince años que llevo en  España he aprendido muchas lecciones interculturales (tantas que, cuando estoy  en mi país, me parecen raros  algunos de  nuestros comportamientos). El resultado es que me vivo rodeada de actuaciones  contradictorias por tener un pie en España y otro en EE UU y, aunque entiendo  que vivir de forma indefinida en otro país no es para todo el mundo, sin duda  las relaciones transatlánticas se podrían beneficiar más de las veces que los  ciudadanos que viven entre las dos orillas cruzan  el charco.

Ojalá mis compatriotas pudieran experimentar  un sistema público de salud por sí mismos. Comprobar que se pueden controlar las  armas, eliminar la pena muerte y vivir más seguros (no menos, como piensan algunos).  Vendría bien que más estadounidenses pudieran llegar a entender el valor de ciertas  protecciones legales de los trabajadores y la calidad de vida que conllevan  unas vacaciones mínimas garantizadas. También, el transporte público mejora la  calidad de vida, no lo hace, necesariamente, el tener más coches circulando,  algo que he aprendido de primera mano en España. Un estudio alemán, publicado  recientemente, afirma que  azotar a los  niños pequeños está relacionado con la posterior violencia en la sociedad. Ésta  es una práctica bastante normal hoy en día en EE UU, pero muy rara en Europa.  Por tanto, es una lección vital para los estadounidenses.

Por otro lado, los españoles se podrían  beneficiar de ciertas lecciones sobre el espíritu competitivo de Estados Unidos,  reemplazando a la envidia, que impide a las personas alcanzar sus metas. Esto  va mano a mano con el espíritu emprendedor: debemos tener claro que no hay  ningún trabajo para toda la vida y que a veces nosotros mismos creamos nuestras  mejores oportunidades. De hecho, el saber reinventarse es quizás la mejor costumbre  de mi país y es una capacidad que tiene mucho valor en economías como la  española que experimentan momentos tan difíciles. A pesar de ser profesora  universitaria, creo que otra cosa que los españoles podrían aprender de los  estadounidenses es el dejar de coleccionar una serie de grados, másters y otros  estudios superiores y, simplemente, ponerse a emprender algo. Además, algo que  esté hecho con pasión, con la autoestima alta que te deje pensar: “sí, puedo” y  con la persistencia y la voluntad de cambiar de ciudad o país si es necesario  para cumplir nuestros objetivos  .

Por ejemplo, cuando pensamos en intercambios educativos,  pensamos en Erasmus y, automáticamente, en mucha cerveza. Pero este programa es  una herramienta importante de la diplomacia pública, es decir, es un medio  fundamental utilizado por los gobiernos para comunicarse con los ciudadanos de  otros Estados con el fin de crear una opinión pública positiva sobre su país y  sus habitantes. La Unión Europea financia este programa y EE UU hace lo propio  con Fulbright para crear relaciones y opinión pública favorable a largo plazo,  algo que, solamente, se puede construir cuando la gente pasa un determinado  período de tiempo en otro país y aprende el idioma y la cultura del mismo.

Los jóvenes necesitan y merecen toda la  educación que podamos aportarles, pero el proceso no debería acabar ahí. Mi  propuesta para mejorar las relaciones transatlánticas (una relación  imprescindible para los dos continentes) es la creación de intercambios laborales  para personas de todas las edades. Hay tantas cosas que podemos aprender unos  de otros. Muchas de ellas abarcan temas relacionados con la madurez del mundo  de trabajo. El tiempo que llevo en España me han cambiado profundamente, pero  no fue fácil conseguir esta experiencia y no todo el mundo es tan aventurero. Los  intercambios de estudiantes tardan años en producir resultados, pero los  profesionales podrían resultar en colaboraciones más inmediatas. Ya estamos  negociando un tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Estados  Unidos, ¿por qué no introducir en las negociaciones un acuerdo transatlántico para  expedir permisos de trabajo temporal para facilitar el movimiento entre ambas  orillas del océano? Quién sabe, quizás los europeos puedan llegar a ser un poco  más como los estadounidenses y los estadounidenses puedan parecerse un poco más  a los europeos.

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La resistencia del pueblo mapuche


La resistencia del pueblo mapuche
Autor: Nazaret Castro

Las comunidades mapuche en Chile y Argentina defienden sus  tierras frente al avance del modelo extractivista.

AFP/Getty Images

 

El pasado 6 de  agosto, el llamado conflicto mapuche se cobraba en Chile una nueva víctima: el  comunero Rodrigo Elicar Melinao fue encontrado muerto, con impactos de bala,  por sus compañeros de la comunidad Rayen Mapu, que desde el principio  desconfiaron de la policía. El Estado, por su parte, reaccionó con más tibieza  que cuando, en enero, un atentado en la región de la Araucanía acabó con la  vida de un empresario local y su esposa; de inmediato, el presidente chileno,  Sebastián Piñera, decretó la temida ley antiterrorista.

Apenas tres días  después del asesinato de Rodrigo, se celebraba el Día Internacional de los  Pueblos Indígenas. Poco había que celebrar en el Wallmapu, como llaman los  indígenas a sus territorios ancestrales, que abarcan  en Chile las regiones de Araucanía, Metropolitana, Biobío, Los Lagos y Los  Ríos.

Tampoco al otro lado  de la cordillera, en lo que los mapuche llaman la Tierra del Este. También en  territorio argentino este pueblo ha sufrido la represión y criminalización o,  al menos, la pasividad estatal ante los ataques a sus territorios y modos de  vida. Como denunció Amnistía Internacional el 9 de agosto, pueblos  originarios en toda Argentina -especialmente, los Qom en la provincia de  Formosa y los mapuche en la Patagonia- han visto morir a al menos doce de sus  miembros en los últimos tres años, ante la inacción del Estado.

Según Amnistía  Internacional, el recrudecimiento de la violencia contra los pueblos  originarios se debe a “la creciente disputa por las tierras”, lo que, a su vez,  se relaciona con el avance de grandes proyectos que involucran a importantes  empresas multinacionales.

Del lado argentino,  es la extracción de hidrocarburos el mayor dolor de cabeza para los mapuches.  Antes fue Repsol, y ahora es Chevron quien, junto a la re-estatizada YPF, prevé  explotar las recién descubiertas reservas de petróleo y gas de Vaca Muerta con una técnica todavía en ciernes y que plantea  importantes dudas desde el punto de vista ambiental: la fractura hidráulica o fracking.

Ni a las comunidades  mapuches ni a los huinca -el hombre blanco- les da mucha confianza el  historial de Chevron, que huyó de Ecuador, llevándose todos sus activos,  después de que la justicia de aquel país le impusiese una sanción de 19.000  millones de dólares (algo más de 14 millones de euros) por el derrame de 103  millones de litros de crudo en la selva amazónica, que dejó medio millón de  hectáreas contaminadas y 30.000 personas afectadas. Un juez argentino ordenó  embargar los bienes de la petrolera en el país, pero la Corte Suprema anuló esa  decisión al mismo tiempo que YPF y Chevron llegaban a un acuerdo sobre Vaca  Muerta.

En chile, el impacto  social y ambiental de las grandes represas se ha convertido en la principal  amenaza. Enel Endesa proyecta construir, a través de su filial Hidroaysén,  cinco centrales hidroeléctricas en la región de Aysén, además de una línea de  transmisión de 2.300 kilómetros de longitud que transportaría la energía hacia  el centro del país. Las comunidades locales han mostrado su rechazo y han  propuesto que se legisle para otorgar a la Patagonia el estatus de Reserva de  la Vida; pero, por el momento, la legislación chilena es clara: la propiedad de  las fuentes de agua es privada y en la región de Aysén Enel Endesa posee más  del 90% de los derechos del agua.

A ambos lados de la  cordillera, otras dos grandes industrias representan sendas amenazas: de un  lado, un sector forestal en auge, que crece al calor de la extensión de la  frontera forestal, para la producción de madera o celulosa o bien para la  obtención de bonos de dióxido de carbono, en el marco del Protocolo de Kyoto.  La segunda es la minería a gran escala, que ya ha provocado la protesta  ciudadana tanto en la provincia argentina de Neuquén, donde la canadiense  Barrick Gold posee varios emprendimientos, y en los fiordos de la Patagonia  chilena, donde se proyectan cinco minas de carbón a cielo abierto.

Políticos, empresarios y algunos  expertos defienden la necesidad de aprovechar los recursos para fomentar el  desarrollo de todo el país, incluidas las zonas mapuche. Así, el Centro de  Estudios del Cobre y la Minería (CESCO) considera esencial “el papel de los recursos  naturales en el desarrollo”, y coloca en el centro del debate la implementación  de políticas públicas que favorezcan una “segunda fase del desarrollo  exportador” con más valor agregado y mayor diversificación. Por su parte, el  Ministerio de Minería chileno defiende la sostenibilidad ambiental y social de  las industrias extractivas en un país donde al menos un 26% del PIB proviene de  este sector, según las Cuentas Nacionales.

El Gobierno argumenta además que se están implementando programas de  desarrollo local para que estos recursos lleguen a todos los rincones del país.  Es el caso del Fondo Social Más por Chile, que concede a organizaciones  sociales fondos de unos 8 millones de pesos (cerca de 12.000 euros) para  financiar proyectos de desarrollo local en regiones como el Bío Bío.

La  cuestión de la tierra

Lo escribió ya en  1928 el periodista y pensador peruano Juan Carlos Mariátegui: todas las tesis  que intentan explicar el problema indígena como un conflicto étnico o moral se  han utilizado para ocultar o desfigurar el problema: “La cuestión indígena  arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la  tierra”.

Hoy como siglos  atrás, la tierra es el motivo de confrontación entre mapuches y huinca (población blanca). En los últimos años, la presión sobre las comunidades  indígenas para que abandonen sus territorios se ha recrudecido allí donde  avanzan los grandes emprendimientos y la frontera agrícola.

Es lo que la  investigadora Maristella Svampa ha llamado el “Consenso de las Commodities”. Los gobiernos  latinoamericanos de izquierda o derecha parecen de acuerdo en que no hay  alternativas a ese modelo que reprimariza las economías; cualquier otra posibilidad puede ser tachada, como hizo el  presidente ecuatoriano, Rafael Correa, de “ecologismo infantil”. Así que, pese  a los impactos sociales y ambientales, a veces irreversibles, avanza un modelo  que se apoya sobre la extracción intensiva de hidrocarburos y metales, así como  los grandes monocultivos.

Este  “neoextractivismo desarrollista”, como lo llama Svampa, irrumpe en los  territorios y desaloja comunidades, pese a que las leyes nacionales y los  convenios internacionales reconocen el derecho de los pueblos originarios a sus  tierras ancestrales. El famoso Convenio 169 de la Organización Internacional  del Trabajo, que plantea la obligatoriedad de consulta previa a las comunidades  indígenas, no ha conseguido proteger el derecho de las comunidades a decidir  sobre el destino de su territorio.

Tampoco sirvió de  mucho que, en 2006, en Argentina se declarase la emergencia de las tierras  indígenas y el relevamiento inmediato de sus territorios: siete años después se  ha relevado una parte mínima de las tierras y, aunque en 2006 se prohibieron  los desalojos de comunidades indígenas, éstos se siguen produciendo. En 2011,  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) requirió del Estado  medidas cautelares para proteger a sus poblaciones mapuche y Qom. La situación  es aún más urgente en Chile, donde las comunidades han denunciado la  complicidad de las fuerzas de seguridad del Estado.

Estrategia  de ‘invisibilización

Tanto en Chile como  Argentina la estrategia es de invisibilización de las reivindicaciones  indígenas y de estigmatización, cuando no criminalización y judicialización de  los movimientos de resistencia. El relator de Derechos Humanos y  Contraterrorismo de la ONU, Ben Emmerson, denunció recientemente que el Estado chileno aplica a los  mapuches la legislación antiterrorista “de una manera confusa y arbitraria, que  termina generando una verdadera injusticia”.

Mientras, los  mapuches se organizan y reclaman el reconocimiento de sus tierras, pero también  de su identidad cultural y su autonomía política. Ni el Estado chileno ni el  argentino registran esas reivindicaciones; en buena medida, porque persisten  los prejuicios y estigmas contra los indígenas, a los que el imaginario de las  clases medias y blancas todavía relaciona con el atraso y el salvajismo. Por  eso las organizaciones mapuches han llevado ante el comité de la ONU contra la  discriminación racial al ex ministro chileno del interior y actual ministro de  Defensa, Rodrigo Hinzpeter Kinberg, que relacionó a los mapuches con actos  terroristas.

Es un caso extremo,  pero no aislado. Y, aunque las investigaciones antropológicas y las  excavaciones arqueológicas evidencian lo contrario, políticos y medios de  comunicación siguen en buena medida sustentando el discurso de que los mapuches  no vivían en ese territorio cuando se formaron las repúblicas en el siglo XIX.  En Chile dicen que vinieron de Argentina; en Argentina, que vinieron de Chile.

No se trata, como  señalaba un lúcido Mariátegui casi un siglo atrás, de un matiz étnico, cultural  o moral, se trata de la tierra. Los mapuches no tendrían derechos sobre esas  tierras si fueran un pueblo invasor, así como negar el problema es la mejor  estrategia para retrasar su resolución. Pero ahí estaban los mapuches cuando  llegaron los conquistadores españoles y ahí seguían cuando, 300 años de  resistencia después, se independizaron los nuevos Estados. Y parecen decididos  a seguir resistiendo.

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