Como se originó el “rapto” pre-tribulacional


Como se originó el “rapto” pre-tribulacional

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SABES DE DONDE VIENE EL DISPENSACIONALISMO?


SABES DE DONDE VIENE EL DISPENSACIONALISMO?

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“En la época de la Reforma, los primeros protestantes ampliamente creyeron y enseñaron que el papado era el anticristo, y la Iglesia Romana el Sistema prostituido de Apocalipsis 17. Por lo tanto, se hizo necesario que ciertos teólogos romanistas tomaran la presión del Papa, inventando un nueva escuela de interpretación profética conocida como el futurismo.
Fue un sacerdote jesuita llamado Ribera (1537-1591) quien primero enseñó que los eventos profetizados en los libros de Daniel y Apocalipsis no se cumplirían hasta que en los tres años y medio en la época final en la que un dictador mundial (un individuo) llamado Anticristo, surgiría”.

“Puede llegar a ser un shock para algunos de los que leen estas líneas, pero es un hecho, no obstante, que la enseñanza del ‘rapto’ no fue enseñada por la Iglesia primitiva , no fue enseñada por la Iglesia de los primeros siglos , no fue enseñado por los reformadores, no fue enseñado por nadie (ningún protestante) hasta aproximadamente el año 1830.”

“Sería como una sacudida eléctrica para muchos cristianos evangélicos, aprender que su teología proviene de la Iglesia Católica Romana. Un jesuita, llamado Ribera (1537-1591) fue el primero que enseñó, que Daniel y Apocalipsis, eran “futuristas” en su cumplimiento. Se inició una línea de pensamiento teológico que se expandiría!
La iglesia romana estaba perdiendo cientos de personas al día de su iglesia como personas difíciles y los que estaban de acuerdo con los reformadores. La sangrante Iglesia Romana estaba tratando de detener el flujo de ingresos que estaba perdiendo, y también estaba tratando de distraer a la gente de la Iglesia romana [que la había identificado como “La Bestia”] al mostrar a través de una nueva teología que no era el anticristo sino que estaba aún por llegar. Otro sacerdote, el cardenal Belarmino, ayudó Ribera en su farsa”.

La Iglesia de la Edad Media no conocía ningún ” rapto secreto”. Para ellos, el libro de Apocalipsis fue histórico; el Anticristo es el papado. Así enseñó Lutero, Melanchthon, Calvino, Zwinglio, Wycliff, Tyndale, Canmer, Latimer y Ridley.

La teoría de que habrá una segunda venida para la Iglesia antes del segundo Adviento, y que la Iglesia será arrebatada (Raptada) durante 3 años (algunos dicen 7 años) tiempo durante el cual la gran tribulación vendrá sobre la tierra, después de lo cual, el Señor regresará y establecerá su reino, fue iniciado por la Iglesia Católica Romana, a través del sacerdote jesuita, Ribera en el siglo 16.
Él enseñó la teoría para arrojar arena a los ojos de la gente, debido a que los reformadores protestantes mostraban que el Papado se identifica con la “Gran Ramera” de Apocalipsis 17, y la Iglesia papal fue la “Mujer … ebria con la sangre de los mártires de Jesús”.

La teoría del rapto inventada por Ribera, en su intento de evitar que los católicos se conviertan en protestantes, más tarde fue defendido por otro sacerdote jesuita: Emmanuel Lacunza. Escribió un libro en español en 1812 que enseñó que el Papa no era el Anticristo (como todos los protestantes creían entonces), pero el Anticristo y el Falso Profeta aparecerían 7 años antes de Cristo regrese, y el período de 7 años sería conocido como la “Gran Tribulación”. Lacunza sabía que los protestantes nunca aceptaría su punto de vista si él escribía bajo su verdadero nombre como un sacerdote jesuita. Así, escribió bajo el nombre de “rabino Ben-Esdras”; que dice ser un rabino judío que se convirtió al protestantismo.

Eso, por supuesto … era una gran mentira!
——–

Manuel Castillo
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Dispensacionalismo Moderno y la Doctrina de la Unidad de la Escritura


Dispensacionalismo Moderno y la Doctrina de la Unidad de la Escritura

“El rechazo del Antiguo Testamento, en parte o completamente, era uno de los numerosos errores de los Gnósticos” Oswald T. Allis (1880-1973)

Ninguna doctrina concerniente a las Escrituras es de más importancia práctica para el estudiante de la Biblia que la que afirma su unidad y armonía. Obviamente, la confiabilidad, la perspicuidad y la inspiración plenaria de la Escritura no pueden ser mantenidas aparte de la creencia de que la Biblia es un todo completamente autoconsistente.

La Confesión de Fe de Westminster al enumerar algunas de las “excelencias incomparables” de la Escritura, menciona “el consentimiento o armonía de todas las partes.” Y es sobre la base de este reconocimiento de esta característica esencial que los estándares de Westminster establecen esta “regla infalible” para la interpretación de la Escritura: “La regla infalible para interpretar la Biblia, es la Biblia misma, y por tanto, cuando hay dificultad respecto al sentido verdadero y pleno de un pasaje cualquiera (cuyo significado no es múltiple, sino uno solo), éste se debe buscar y establecer por otros pasajes que hablen con más claridad del asunto.”[1]

Esta regla ha sido llamada la “analogía de la Escritura” o la “analogía de la fe.” Su significado e importancia ha sido bien declarada por Hodge: “Si las Escrituras son lo que ellas reclaman ser, la Palabra de Dios, son la obra de una mente, y esa mente es divina.

De esto se sigue que la Escritura no puede contradecir a la Escritura. Dios no puede enseñar en un lugar algo que es inconsistente con lo que Él enseña en otro. De aquí que la Escritura tenga que explicar a la Escritura. Si un pasaje admite diferentes interpretaciones, la única interpretación que solamente puede ser la verdadera es aquella que está de acuerdo con lo que la Biblia enseña en otra parte sobre la misma materia.” [2]

Esta gran doctrina ha sido reconocida y aceptada, más o menos claramente y consistentemente, por la iglesia cristiana a través de su historia. Ha sido una señal de herejía rechazar o ignorar alguna parte de la Santa Escritura. De este modo, el rechazo del Antiguo Testamento, en parte o completamente, fue uno de los numerosos errores de los Gnósticos. En tiempos comparativamente recientes—un siglo o más—esta doctrina ha sido desafiada por dos grupos muy diferentes, ambos reclamando un lugar dentro de la iglesia cristiana. La así llamada “Alta Crítica” tiene como una de sus más características y fundamentales suposiciones la negación de la unidad y armonía de las Escrituras. En lugar de la doctrina del “consentimiento de todas las partes,” propone la doctrina de la disidencia de todas o muchas de las partes. Divide el Pentateuco, por ejemplo, en documentos que difieren de e incluso se contradicen uno a otro; y no es demasiado decir que estos documentos son construidos sobre la base de, y con miras a, establecer e ilustrar, las supuestas diferencias. Así pues, los primeros capítulos de Génesis se suponen que evidencian dos tradiciones diferentes y contradictorias en cuanto a la antigüedad del nombre del pacto SEÑOR (JHWH). De acuerdo a una tradición (el relato J) el nombre era conocido y usado desde tiempos primitivos; de acuerdo a la otra tradición (el relato P) el nombre fue usado por primera vez en los días de Moisés. Así considerada, la Alta Crítica puede ser descrita como una búsqueda de contradicciones. Un documento es opuesto a otro documento; y es simplemente asombroso el número de diferencias y contradicciones que el crítico emprendedor puede hallar en las narraciones las cuales para el no iniciado muestran notable evidencia de unidad, continuidad y armonía. La Alta Crítica es justamente intitulada con el nombre “divisiva,” porque el método divisivo que es el que emplea es destructor de la ordenada y orgánicamente progresiva unidad de la Biblia y tiende a desintegrarla en una masa sin sentido de contradicciones. Una de las contradicciones más peligrosas introducidas en la Escritura por los críticos es el reconocimiento de dos tipos distintos de religión en la Biblia, la sacerdotal y la profética, siendo la religión “profética” la verdadera y que halla su realización en el Cristianismo.

Esto conduce lógicamente al rechazo de la expiación vicaria de Cristo, de la cual la religión “sacerdotal” del Antiguo Testamento era directamente típica. La Alta Crítica en breve es el error del incrédulo de la Biblia.

II

La segunda tendencia “divisiva” dentro de la Cristiandad hoy es una que vacilamos en colocarla en la misma categoría con la apenas mencionada porque mientras que claramente pertenece ahí difiere de la Alta Crítica en muchos sentidos importantes. Si la Alta Crítica es el error del incrédulo de la Biblia, el “Dispensacionalismo,” como es llamado, es el error de muchos creyentes de la Biblia.

La Alta Crítica es naturalista y está en gran parte dominada por la teoría de la evolución. El Dispensacionalismo es intensamente sobre-naturalista e incluso catastrófico en su concepción de la historia y destino humanos. La Alta Crítica reduce la Escritura a un libro meramente humano, inspirado si acaso solamente como Shakespeare es inspirado. El Dispensacionalismo sostiene una alta perspectiva de la Escritura y le asigna una inspiración y autoridad únicas como la misma Palabra de Dios.

La Alta Crítica, al menos en sus formas consistentes, encuentra en la Cruz una piedra de tropiezo o una locura. El Dispensacionalismo, con una importante excepción a ser notada más adelante, exalta la Cruz como la única esperanza de pecadores merecedores del infierno. Pero, a pesar de estas y otras diferencias que pudieran ser mencionadas, el Dispensacionalismo comparte con la Alta Crítica su error fundamental.

Es divisivo y mantiene una doctrina de la Escritura que tiende a ser y es en muchos sentidos tan destructiva de aquella alta concepción de la Escritura que sus partidarios afirman, así como también es desastrosa para algunas de las doctrinas más preciosas para los corazones de aquellos que la sustentan.

En una palabra, a pesar de todas sus diferencias la Alta Crítica y el Dispensacionalismo son en este sentido notablemente similares. La Alta Crítica divide la Escritura en Documentos los cuales difieren o se contradicen unos a otros. El Dispensacionalismo divide la Biblia en dispensaciones las cuales difieren de e incluso se contradicen unas a otras; y tan radical es esta diferencia como es vista por el extremista que el cristiano de hoy quien acepta la perspectiva Dispensacional halla su Biblia (la parte directamente prevista por él) reducida al límite de las Epístolas de la Prisión.

Esta tendencia divisiva inherente al Dispensacionalismo aparece claramente en la definición de una “dispensación” como es dada, por ejemplo, en la ampliamente usada Biblia Scofield: “Una dispensación es un periodo de tiempo durante el cual el hombre es probado con respecto a la obediencia de alguna revelación específica de la voluntad de Dios. Siete de tales dispensaciones son distinguidas en la Escritura.” [3]

Los dispensacionalistas difieren en cuanto al número y extensión de estas dispensaciones. Las siete reconocidas en la Biblia Scofield son Inocencia, Conciencia, Gobierno Humano, Promesa, Ley, Gracia, Reino. Y dado que durante cada dispensación el hombre es probado con respecto a alguna revelación especial de la voluntad de Dios, la tendencia es confinar o concentrar cada una de estas características específicas en su propio período, y establecer cada periodo definitivamente y distintivamente en contra e incluso en desacuerdo con los otros. Esto lleva a una exégesis tensa y a métodos forzados de inclusión los cuales son peligrosos en extremo.

Para el propósito de la presente discussion nos confinaremos a las últimas tres dispensaciones: Ley, Gracia, Reino. Una de las mejores conocidas, y al mismo tiempo, mejores ilustraciones distintivas del método dispensacional y los peligros que establece es la Oración del Señor. Hay miles de cristianos hoy quienes no usan esta oración: hay muchos ministros quienes la han eliminado de el orden de adoración acostumbrado en sus iglesias: ¿A qué se debe esto?

La razón está brevemente afirmada en el comentario que es hallado al margen de la Biblia Scofield sobre la Quinta Petición, “perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”: “Esto es terreno legal. Cf. Ef. 4:32, el cual es gracia.

Bajo la ley el perdón está condicionado a un espíritu similar en nosotros; bajo la gracia somos perdonados por Cristo, y exhortados a perdonar porque hemos sido perdonados. Ver Mat. 18:32; 26:28, nota.”[4]

“Esto es terreno legal” es la acusación levantada por el Dispensacionalismo en contra de esta petición. La ley, por supuesto, pertenece a la Dispensación de la Ley. Hoy estamos en la era de la iglesia, la Dispensación de la Gracia. Por lo tanto, esta petición y por inferencia la oración entera es legal y no es para el cristiano. El Dr. Haldeman lo expresa sin rodeos cuando dice: “…no pertenece a la iglesia, no es para el cristiano del todo.” El la llama “una oración que no tiene más lugar en la iglesia cristiana que los truenos del Sinaí, o las ofrendas de Levítico.” [5]

Apenas debe ser necesario llamar la atención a la manera radical en la que el Dispensacionalismo de este modo se segrega a sí mismo del Protestantismo histórico. Schaff en una breve comparación de “los Catecismos típicos del Protestantismo,”—el catecismo de Lutero (1529), el catecismo de Heidelberg (1563), el Catecismo Anglicano (1549), y el Catecismo Menor de Westminster (1647—dice de todos ellos: “Ellos están esencialmente de acuerdo en las doctrinas fundamentales de la religión católica y evangélica. Ellos enseñan los artículos del Credo de los Apóstoles, los Diez Mandamientos, y la Oración del Señor!  Es decir, todo lo que le es necesario al hombre creer y hacer a fin de ser salvo. Ellos de esta manera exhiben la armonía de las ramas principales de la Cristiandad Protestante ortodoxa.”[6]

Tres elementos comunes a todos— ¡el Credo Apostólico, los Diez Mandamientos y la Oración del Señor![7] Aún así muchos Dispensacionalistas rehúsan recitar la Oración del Señor, principalmente porque la Quinta Petición es terreno legal; y por supuesto la inclusión de los Diez Mandamientos. en estos catecismos los hace doblemente ofensivos para el Dispensacionalista cabal. Porque, ¿qué podría ser más legal que el Decálogo.

III

Habiendo notado cuán radical es el abandono del Dispensacionalismo del uso tradicional Protestante en cuanto a la Oración del Señor, examinemos las razones dadas en la Biblia Scofield en apoyo de ello. Después de describir las palabras de la “Quinta Petición” como “terreno legal,” el comentario llega a decir, “Cf. Ef. 4:32, el cual es gracia.” Este versículo que lee como sigue, “Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo,” es interpretado como diciendo, “Bajo la ley el perdón es condicionado a un espíritu similar en nosotros; bajo la gracia somos perdonados por Cristo y exhortados a perdonar porque hemos sido perdonados.” Después somos referidos a “Mat. 18:32 y 26:28, nota.” Tornando primero al último pasaje donde hay una nota marginal que trata con el tema del “Perdón” leemos, “El Perdón humano descansa en y resulta del perdón divino. En muchos pasajes esto es asumido más bien que afirmado, pero el principio es declarado en Ef. 4:32 y Mat. 18:32, 33.” Hemos considerado primero esta nota, debido a que indica con perfecta claridad que Mat. 18:32, 33, como Ef. 4:32, afirma el principio del perdón bajo la gracia. Este puede ser únicamente el significado de poner a Ef. 4:32 y Mat. 18:32,33 juntos en la declaración: “…el principio es declarado en Ef. 4:32; Mat. 18:32, 33.”

Ahora regresemos a Mat. 18:32, 33. Estos versículos son una parte de la conclusión de la Parábola del Siervo Inmisericordioso, un pasaje que presenta la obligación del perdón con tremenda impresión: “Entonces, llamándolo su señor, le dijo: “Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” Esto de acuerdo a la Biblia Scofield es “gracia” y es similar a Ef. 4:32. Pero sigamos leyendo hasta el final del capítulo:

  • “Entonces su señor, enojado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (34-35).

¿Qué es el versículo 35 sino más bien una aplicación tremendamente impresionante de la “Quinta Petición”? ¿Podrían sus palabras corresponder más exactamente a las “razones anexadas” a esa petición—la única petición en la oración entera que recibe elucidación y énfasis posterior de los labios del Divino Maestro? “Por tanto, si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” Y ¿no halla este principio entero clara y bella expresión en las palabras del Catecismo Menor de Westminster? “En la Quinta Petición, que es, Y perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, oramos, que Dios, por Cristo, perdone gratuitamente todos nuestros pecados a lo que somos muy instados a pedir porque por su gracia somos capacitados para perdonar de corazón a otros.”[8]

Tenemos aquí una ilustración destacada de una de las peores características de la Biblia Scofield, el ignorar frecuentemente versículos que refutan la perspectiva del editor. Se apela a Mateo 18:32 y 33 porque parece que, superficialmente considerados, apoyan la distinción entre “la Ley” y “la Gracia” en la que se insiste aquí, pero Mateo 18:35 es ignorado porque ese versículo prueba que la distinción está equivocada enseñando exactamente lo que Mateo 6:12 y su elucidación inspirada enseña, que solamente aquellos que perdonan pueden esperar ser perdonados. Al igual que la alta crítica cuyos métodos aborrece, el Dispensacionalista o debe dividir la Parábola del Siervo Inmisericordioso en dos “documentos,” un “documento de ley” conteniendo el versículo 35 y un “documento de gracia” conteniendo los versículos 32-33 o tiene que tratar la parábola completa como “ley o gracia;” [9] o él tiene que admitir que la interpretación que establece sobre la Quinta Petición es una interpretación equivocada y que el sentimiento expresado en ella es eminentemente cristiano y es obligatorio para todo verdadero seguidor de quien dijo a sus discípulos, Cuando oren, digan, “…perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores…”

Mientras que el tratamiento Dispensacional de la Oración del Señor es suficientemente alarmante para el no iniciado, hay otros aspectos del Dispensacionalismo que son aún más destructivos de una perspectiva consistentemente cristiana de las Escrituras. El asunto en el caso la Oración del Señor tiene que ver con la diferencia entre la dispensación de “la ley” y la de “la gracia.” Ahora dirigimos nuestra atención a una cuestión que tiene que ver o mejor dicho llega a ser especialmente insistente en relación a las dos últimas dispensaciones, las de “la gracia” y del “reino”.

IV

El mero corazón de la Escritura es su mensaje de salvación. Debido a que ella provee la única respuesta verdadera y adecuada a la pregunta, “¿Qué debo hacer para ser salvo?” es la Biblia es el libro más precioso en el mundo. Ahora la pregunta puede ser muy propiamente hecha en vista de las supuestas distintas dispensaciones, si la Biblia prove de una respuesta consistente a esta pregunta del todo o no. En ‘Correctamente Dividiendo la Palabra de Verdad,’ el Dr. Scofield hace una declaración que es riesgosa por no decir otra cosa: “Debe ser innecesario decir que, en esta Dispensación, ni Judío ni Gentil puede ser salvo de otra manera que por el ejercicio de aquella fe en el Señor Jesucristo de la cual ambos nacen de nuevo…” (p. 5). Por qué las palabras cualificantes, “en esta Dispensación” se pregunta naturalmente el lector. ¿Ha habido o habrán dispensaciones en las cuales esto no pueda ser dicho? El hecho mismo de que la declaración está cualificada implica o al menos sugiere una respuesta afirmativa.

Pero la pregunta es muy importante para dejar la respuesta a una mera inferencia. ¿Hay una justificación definida para tal inferencia? Para una respuesta a nuestra pregunta retornamos a la Biblia Scofield. Un comentario sobre la palabra “Gentiles” en Mateo 5 lee así: “El reino fue prometido a los Judíos. Los Gentiles podían ser bendecidos solamente a través de Cristo crucificado y resucitado. Cf. Juan 12:20-24.” Aquí tenemos una declaración que parece claramente enseñar que hay una diferencia esencial entre la salvación para el Judío y la salvación para el Gentil. El uno necesitaba el reino, el otro necesitaba a Cristo crucificado y resucitado.[10]

Ahora regresamos a una declaración aún más destacada. En el comentario de la palabra “eterno” en la frase “evangelio eterno” (Ap. 14:6) se nos dice en la Biblia Scofield que “cuatro formas del Evangelio deben ser distinguidas.” Ellas son el Evangelio del reino, el Evangelio de la gracia de Dios, el Evangelio eterno, y lo que Pablo llama “mi Evangelio.” Las declaraciones en relación a las cuatro proporcionan información y deben ser cuidadosamente estudiadas por todo el que desee realmente entender el Dispensacionalismo. Es con las primeras dos “formas” que estamos aquí particularmente interesados. Son definidas y contrastadas en los siguientes términos:

1) El Evangelio del reino. Este es la buena nueva que Dios se propone establecer en la tierra, en cumplimiento del Pacto Davídico (2 Sam 7:16, y refs.); un reino político,espiritual, Israelita, universal, sobre el cual el Hijo de Dios, el heredero de David, será el Rey, y el cual será, por mil años, la manifestación de la justicia de Dios en asuntos humanos. Ver Mateo 3:2, nota. Dos predicaciones de este Evangelio son mencionadas, una pasada, iniciando con el ministerio de Juan el Bautista, continuada por nuestro Señor y sus Discípulos, y terminando con el rechazo Judío del Rey. La otra es futura (Mat.24:14), durante la gran tribulación, e inmediatamente precediendo a la venida del Rey en gloria.

2) El Evangelio de la gracia de Dios. Esta es la buena nueva de que Jesucristo, el Rey rechazado, ha muerto en la cruz por los pecados del mundo, que Él resucitó de los muertos para nuestra justificación, y que por Él todo los que creen son justificados de todas las cosas. Esta forma del Evangelio es descrito de muchas maneras. Es el Evangelio ‘de Dios’ (Rom. 1:1), porque se origina en su amor; ‘de Cristo’ (2 Cor. 10:14) porque fluye de su sacrificio, y porque Él es el único Objeto de la fe del Evangelio; de ‘la gracia de Dios’ (Hch. 20:24) porque salva a aquellos a quienes la ley maldice; de ‘la gloria’ (1Tim. 1:11; 2 Cor. 4:4) porque tiene que ver con Aquel que es la gloria, y quien está llevando a muchos hijos a la gloria (He 2:10); de nuestra ‘salvación’ (Ef. 1:13) porque es el ‘poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Ro. 1:16); de ‘la incircuncisión’ (Gál. 2:7) porque salva completamente aparte de las formas y ordenanzas; de ‘paz’ (Ef. 6:15) porque a través de Cristo hace la paz entre el pecador y Dios, e imparte paz interna.” (p. 1343, nota 1).

Lo más alarmante acerca de estas dos “formas” del Evangelio, cuando las comparamos, es su mutua exclusividad. La una habla del Rey Davídico, la otra del Salvador crucificado y resucitado. El Evangelio de la gracia de Dios—en una palabra, la Cruz—pertenece a la era de la Iglesia; el Evangelio del reino fue predicado antes de que la iglesia fuera fundada y debe ser predicado después de que la iglesia sea “raptada.”

Pero es un Evangelio diferente. Es el Evangelio de la Corona, no de la Cruz. Esto es Dispensacionalismo consistente. “Gracia” y “Reino” pertenecen a dos dispensaciones distintas las cuales están colocadas definitivamente en contraste, y cada una tiene su propio Evangelio.[11]

La salvación claramente estará sobre una base muy diferente en la edad del Reino de la que está hoy en la edad de la iglesia.

V

No es el propósito de la presente discusión entrar a una consideración de tales problemas como la teoría del “aplazamiento” del Reino y la perspectiva del “paréntesis” de la iglesia, lo muy intricado de lo cual muestra, cuán difícil, cuán imposible de hecho, es imponer las teorías dispensacionales a la Biblia. Lo que estamos interesados en señalar es el error grave de separar de esta manera arbitraria entre los preciosos oficios de Cristo, como Profeta, Sacerdote y Rey, de todo lo que pertenece de una manera muy real y sentido vital a cada era. Fue el Señor crucificado y resucitado quien había mostrado a sus discípulos la marca de los clavos en sus manos quien les dijo, “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.” El reino presente de Cristo como rey de su Iglesia es una doctrina que es tristemente oscurecida o directamente negada por el Dispensacionalismo.

Sin embargo, Pablo no está hablando de una era futura del Reino sino de un estado presente cuando afirma al escribir a los Cristianos en Colosas que ellos han sido trasladados al reino de amado Hijo de Dios; o cuando les recuerda a la Iglesia en Éfeso que el Dios de nuestro Señor Jesucristo lo ha exaltado “sobre todo principado y autoridad, poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero.” La Confesión de Fe de Westminster correctamente afirma que la iglesia visible es “el reino del Señor Jesucristo” (Cap. xxv. 2).

Y el Catecismo Menor de Westminster declara que “Cristo ejercita el oficio de Rey sujetándose a sí mismo, rigiendo y defendiéndonos, y restringiendo y venciendo a todos sus enemigos y los nuestros” (P/R 26). Divorciar los oficios sacerdotal y real de Cristo, asignar uno a la era presente y el otro a la era futura es empobrecer a ambos. El Señor Jesucristo en todos sus oficios preciosos e indispensables pertenece a cada una de las edades. Como Hodge bien lo ha expresado: “La doctrina común de la Iglesia ha sido siempre, que el plan de salvación ha sido el mismo desde el principio…teniendo la misma promesa, el mismo Salvador, la misma condición, y la misma salvación” (Teología Sistemática, Vol. 2, p. 366). Esto no significa que no haya una distinción válida y propia a ser trazada entre la Iglesia militante y la Iglesia triunfante.

Pero significa que Cristo como Salvador y como Rey pertenece a ambas; Él es indispensablemente necesario para ambas.La distinción entre la era de la Iglesia y la era del Reino que hemos estado considerando, una distinción que implica el reconocimiento de un “Evangelio” diferente para cada una,nos trae naturalmente e inevitablemente a esta pregunta: ¿Cómo serán salvos los hombres en la era del Reino?

Para una respuesta a esta pregunta regresamos al “Sumario” sobre el “Reino” (Antiguo Testamento) como está dado en la Biblia Scofield, donde leemos: “El reino será establecido con poder, no por medio de persuasión, y seguirá el juicio divino sobre los poderes del mundo Gentil (Sal 2:4-9; Isa 9:7; Dan 2:35, 44, 45; 7:26, 27; Zac.14:1-19). Ver Zac. 6:11, nota” (p. 977).

Será observado que prácticamente todos los pasajes aquí citados hablan en términos del gobierno real y servicio obediente, pero no en términos de redención o expiación.[12]

Los hombres serán salvos aparentemente por medio de la obediencia al Rey y no por confiar en el Salvador. El Sermón de la Montaña se dice proveernos la “Constitución” del Reino. Es “pura ley;” y aparentemente será perfectamente guardada por todos los justos en la era del Reino. [13]

De esta manera observamos que la era futura del reino del Nuevo Testamento tiene una muy importante característica en común con la era del Reino del Antiguo Testamento. El reino Davídico pertenecía y era parte de la dispensación de la “ley.” El Reino de la era futura de la misma manera será una era de “ley,” no de gracia.

¿Cómo, entonces, el “Evangelio del reino” que es, como hemos visto, un evangelio de poder y obediencia y pertenece a una era de ley, se compara en efectividad con el “Evangelio de la gracia de Dios”? La respuesta es significativa. En el comentario sobre lo que la Biblia Scofield declara ser “Dispensacionalmente…el pasaje más importante en el Nuevo Testamento” (Hech. 15:13s), la declaración es hecha, “El Evangelio [es decir, ‘el Evangelio de la gracia de Dios’] nunca ha convertido a nadie en ninguna parte, pero ha llamado a algunos en todas partes” (p. 1168). Pero durante la era del Reino (p. 977) que seguirá y aparentemente mostrará los resultados de la predicación del “Evangelio del reino”: “la enorme mayoría de los habitantes de la tierra serán salvos;” y el comentario continúa declarando, “El Nuevo Testamento (Apoc. 20:1-5) añade un detalle de inmenso significado—la remoción de Satanás de la escena.

Es imposible concebir qué estatura espiritual, intelectual y física de perfección humana se alcanzará en esta era, la era venidera de justicia y paz (Isa. 11:4-9; Sal 72:1-10).” ¿Qué significa esto, sino que la predicación de la Cruz es relativamente de poca eficacia al ser comparada con el ejercicio del poder real en o en conexión con la venida del Rey y la “remoción de Satanás de la escena” en la era del Reino?

Y si el establecimiento del reino y la remoción pueden hacer posible para los hombres alcanzar en esa era tal altura de perfección espiritual, intellectual y física, ¿cómo esta “enorme mayoría de habitantes de la tierra” podrá unirse con la Iglesia—los santos, quienes nunca han alcanzado estas alturas, cantando alabanzas al Cordero que fue inmolado, y que nos ha redimido con su preciosa sangre? ¿Qué significado tendrá la Cruz para aquellos que han alcanzado una justicia legal en la era del Reino?

VI

La separación entre el Reino y la Iglesia que es no escritural como peligrosa conduce a uno de los errores más serios del Dispensacionalismo, la tendencia a minimizar la importancia de la presente era del Evangelio en el interés de la era del Reino que está por venir. Esta es la era de las conversiones individuales, el arrebatamiento de una rama aquí y allá del fuego.

Esa será una era de conversiones masivas, de naciones que nacen en un día. Con todo, esta edad como ha sido señalado es, de acuerdo al Dispensacionalismo,pre-eminentemente, incluso pudiéramos decir exclusivamente, la era de la predicación de la Cruz. Hemos dicho arriba que el Dispensacionalista, con una excepción a ser notada después, exalta la Cruz como la única esperanza de pecadores dignos del infierno. Aquí vemos claramente cuál es esa excepción. Es una excepción muy importante. Es para la dispensación de la gracia, para la era de la Iglesia y para esta era solamente que él exalta la Cruz.

Una de las declaraciones más asombrosas que se hallan en la Biblia Scofield tiene que ver con el significado de la frase “se ha acercado” como es usada por Jesús en Mateo 4:17: “’Se ha acercado’ nunca es una afirmación positiva de que la persona o cosa que se dice que “se ha acercado” inmediatamente aparecerá, sino solamente que un evento no conocido o predicho tiene que intervenir. Cuando Cristo apareció al pueblo Judío, lo siguiente, en el orden de la salvación como permanecía entonces, debió haber sido el establecimiento del reino Davídico. En el conocimiento de Dios, aún no revelado, yace el rechazo del reino (y del Rey), el largo periodo de la forma de misterio del reino, la predicación universal de la cruz, y el llamamiento de la Iglesia. Pero esto aún estaba encerrado en los secretos consejos de Dios (Mat. 13:11, 17; Efe. 3:3-10)” (p. 998, nota).

Cómo puede tal declaración ser reconciliada en relación con el Antiguo Testamento con los Salmos 22 y 110 e Isaías 53, o en relación al Nuevo Testamento con las palabras con las cuales el Bautista saludó a nuestro Maestro, “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!

”, o con las palabras del Señor resucitado a los discípulos en el camino a Emaús, “¡Insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en su gloria?” o con todo el gran argumento de la Epístola a los Hebreos, es un misterio. Simplemente son irreconciliables. Pero con lo que estamos interesados en señalar aquí es la manera terrible en la cual este tratamiento de la Cruz la menosprecia y minimiza su importancia en la historia de la redención. El “Evangelio de la gracia de Dios” es, de acuerdo a la Biblia Scofield, el Evangelio para la era de la Iglesia; y la era de la Iglesia es un paréntesis de duración indeterminada entre las semanas 69 y 70 de Daniel 9. Es un interludio en la historia del pueblo del Israel de Dios. Es un tiempo cuando el gran reloj profético guarda silencio. No figura en la historia profética. Es un “tiempo fuera” en la cronología sagrada.

Con todo, este periodo parentético es la era de la Iglesia, la era de la Cruz, de la predicación del evangelio de la gracia de Dios. ¿Cómo pudo un “Cristiano Bíblico” minimizar más seriamente el valor y centralidad de la Cruz en la Revelación Bíblica?[14]

Consecuentemente, aquellos que mantienen esta perspectiva han recurrido a los “dos testigos” (Moisés y Elías, o Enoc y Elías) de Ap. 11:3, y a un remanente Judío quienes retornarán al Señor durante la Gran Tribulación (Biblia Scofield, p. 1205). Ellos harán suyo y proclamarán el hermoso evangelio del reino” (Ibid., p. 949). Observamos, por lo tanto, que el Evangelio del reino difiere del Evangelio de la gracia de Dios, no menos en cuanto a su contenido como en cuanto a sus heraldos. Será una continuación del reino del Antiguo Testamento y sus heraldos no serán los apóstoles del Nuevo Testamento sino los santos del Antiguo Testamento (Moisés o Enoc y Elías) y no los creyentes cristianos, sino los Judíos, quienes no habrán creído en la predicación del Evangelio de la gracia de Dios durante la era de la Iglesia (si habrían creído entonces hubieran sido raptados), pero a quienes la predicación de la Cruz era locura, y quienes permanecieron en incredulidad hasta después del Rapto. ¿Cómo pudiera ser la ruptura entre el Reino y la Iglesia más enfático?

Esto suena como una franca mala representación para muchos Dispensacionalistas. Pero les preguntamos simplemente considerar las palabras: “Cuando Cristo apareció al pueblo Judío, lo siguiente en el orden de la revelación como permanecía entonces, debió haber sido el establecimiento del reino Davídico” y entonces enfrentar esta pregunta seriamente y directamente, ¿Dónde encaja la Cruz? Es duro ver como cualquier Dispensacionalista concienzudo puede cantar las líneas del himno familiar, “En la Cruz de Cristo me glorío, alzándose sobre los naufragios del tiempo; ‘Toda la luz de la historia sagrada se concentra alrededor de su cabeza sublime’.” Porque, de acuerdo a la lógica de su posición, la Cruz pertenece a la era de la Iglesia, no a la historia sagrada como un todo. Y es un paréntesis, somos tentados a decir, meramente un paréntesis, entre la era del reino que está en el pasado y la era del Reino que está aún por venir. Una de los rasgos más característicos del Dispensacinalismo es su pesimista concepción del presente o era de la Iglesia. La Biblia enseña que esta es la era de o dispensación del Espíritu. Jesús le dijo a sus discípulos antes de su Muerte, “Es necesario que me vaya. Porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes.”

La Biblia también enseña que esta es la era del reino invisible del Soberano Señor que dijo, “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.” Sin embargo, el Dispensacionalista considera esta era como manifiestamente en bancarrota y mira a la era del Reino para cumplirse por medio de una manifestación de poder real y a través del atamiento de Satanás lo que la predicación de la Cruz ha sido incapaz de realizar en diecinueve siglos de cristianismo. ¿Qué es esto si no minimizar la Cruz? Si bien, es la clara enseñanza de la Escritura y la experiencia de cada verdadero Cristiano que es la predicación de la Cruz que es poder de Dios para salvación, que es por medio de su Cruz que el divino Salvador, ha traído, trae y traerá a todos a los hombres a sí mismo.

VII

En lo que ha sido dicho arriba el escritor ha estado hablando del Dispensacionalismo consistente y sus implicaciones, y ha apelado especialmente a las declaraciones expresas de la Biblia Scofield. Afortunadamente los Dispensacionalistas no son completamente consistentes. Sin duda muchos de los Dispensacionalistas que leen este artículo, si lo leen, dirán que ellos no obtienen estas conclusiones. La razón por la que la Biblia Scofield es un libro de tal extrema dificultad para entender es porque el intento de evitar las implicaciones lógicas de un dispensacionalismo consistente lo hace en muchos puntos un revoltijo de inconsistencias y contradicciones. Pero si debemos tener distintas dispensaciones de la ley, gracia y reino, y si la dispensación de la gracia, o la era de la Iglesia, debe ser considerada como meramente un interludio en los tratos de Dios con Israel, un paréntesis en la historia de redención, las inferencias y conclusiones que hemos afirmado son lógicas e inevitables. El error fundamental del Dispensacionalismo es, como fue declarado al principio, que su actitud hacia la Escritura es divisiva, y consecuentemente destructiva de su unidad esencial y armonía. Lo que se necesita hoy es un retorno a y un reconocimiento franco de la importancia fundamental de esa gran doctrina en relación a la Escritura del “consentimiento de todas las partes.” El lema del Dispensacionalismo, “rectamente dividiendo la palabra de verdad,” es en sí misma una mala interpretación. Esta exhortación no significa dividir la Escritura en dispensaciones y colocarla una en contraste con las otras, sino interpretarla para que por medio de un estudio de cada parte, la gloriosa unidad y armonía del todo sea exhibida y lo correcto de La exposición de una parte sea establecida por medio de su perfecto acuerdo con cada otra parte de la Escritura como la Palabra inspirada de Dios.

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Dios le bendiga mucho.

Notas:

[1] Cap. I, 9.

[2] Teología Sistemática, Vol. I, 187.

[3] P. 5, nota 4.

[4] P. 1002, nota 1.

[5] Cómo estudiar la Biblia, pgs. 135, 140.

[6] Historia de la Iglesia Cristiana, Vol. VI, p. 555.

[7] En el Catecismo Menor de Westminster hay 107 preguntas y respuestas de las cuales 40 tratan con los Diez Mandamientos y 9 con la Oración del Señor.

[8] La palabra “gratuitamente” es especialmente sobresaliente. Esta no es una exégesis injustificada. Es simplemente la aplicación del principio de que la Escritura, que claramente enseña que la salvación es de gracia, tiene que interpretar este pasaje en armonía, no en conflicto consigo misma.

[9] De acuerdo a la Biblia Scofield, Mateo 18 pertenece al periodo después de que “el reino de los cielos…ha sido moralmente rechazado” y “el nuevo mensaje” de “descanso y servicio” o “discipulado ha sido sustituido (cf. Biblia Scofield, p. 1011). Debido a que según la Biblia Scofield el “rechazo final” no tuvo lugar hasta Mateo 21 (Bullinger lo pone en Hch. 28), el intento puede ser hecho para explicar la supuesta contradicción entre “ley” y “gracia” en Mateo 18:32-35 como debido a que el periodo es “transicional.” Pero no hay excusa para ignorar el versículo 3, aunque sin embargo pudiera ser explicado.

[10] En justicia al Dr. Scofield debe ser afirmado que él no solamente reconoce sino acentúa el hecho de que el ritual sacrificial del Antiguo testamento con franqueza expone tipológicamente a Cristo en su obra expiatoria como Salvador. Pero la forma de la declaración aquí tiene que admitirse que es tanto desafortunada como peligrosa.

[11] La antítesis entre estas “formas” diferentes del Evangelio aparece especialmente claro en una declaración en la definición del “Evangelio eterno” el cual es mencionado en tercer lugar en la lista (p. 1343). Ahí se nos dice definitivamente, “No es ni el Evangelio del Reino, ni de gracia.”

[12] En el comentario sobre Zacarías 6:11, hay una referencia definida al sacerdocio de Cristo. Pero esta nota es en sí misma una anomalía porque de acuerdo a la enseñanza definida de la Biblia Scofield, el “rechazo de la obediencia al Rey y no por confiar en el Salvador. El Sermón de la Montaña se dice proveernos la “Constitución” del Reino. Es “pura ley;” y aparentemente será perfectamente guardada por todos los justos en la era del Reino del rey,” que condujo directamente a la Cruz, “estaba todavía encerrada en los consejos secretos de Dios” (p. 998). Entonces, ¿cómo pudo ser revelado en Zacarías 6:11?

[13] P. 999, nota 2. No está claramente afirmado aquí que la perfecta obediencia constituirá “la justicia” en la era del Reino. Pero la inferencia es una inferencia natural. Es instructivo notar en esta conexión que la “exposición del Pacto Davídico por los profetas” (p. 977) no hace mención de la “expiación.” Sin embargo, se nos dice que este Pacto “no ha sido abrogado sino que todavía está por cumplirse.” Además se nos dice en otra parte (p. 1226) que esta promesa “entra al Nuevo Testamento absolutamente sin cambiar” y las secciones bajo este encabezamiento las cuales describen el futuro reino dicen nada de la salvación pero hablan en términos de gobierno y autoridad real. Chafer (‘El Reino es: Historia y Profecía,’ (p. 49) nos dice: Debe tenerse en mente que los requisitos legales del reino como se afirma en el Sermón de la Montaña tienen la intención de preparar el camino para, y la condición de vida, el reino Davídico terrenal cuando será establecido en la tierra…”

[14] La perspectiva del “paréntesis” de la Iglesia que se enseña en la Biblia Scofield arroja luz importante sobre la distinción trazada allí entre el Evangelio de la gracia de Dios y el Evangelio del reino. A través de la era entera de la Iglesia el Evangelio de la gracia de Dios ha sido y será proclamado por los cristianos, i.e., por los santos de la Iglesia. Pero si la Iglesia toda, todo verdadero cristiano, será arrebatado “en el retorno (invisible) de Cristo por sus santos, ahí se produce la necesidad de un rompimiento definitivo entre la era de la Iglesia y la era del Reino la cual es difícil de puentear. Después del Rapto no quedarán cristianos en la tierra para predicar el Evangelio que ha sido el poder de Dios para salvación durante la era de la Iglesia. Consecuentemente, aquellos que mantienen esta perspectiva han recurrido a los “dos testigos” (Moisés y Elías, o Enoc y Elías) de Ap. 11:3, y a un remanente Judío quienes retornarán al Señor durante la Gran Tribulación (Biblia Scofield, p. 1205). Ellos harán suyo y proclamarán el hermoso evangelio del reino” (Ibid., p. 949). Observamos, por lo tanto, que el Evangelio del reino difiere del Evangelio de la gracia de Dios, no menos en cuanto a su contenido como en cuanto a sus heraldos. Será una continuación del reino del Antiguo Testamento y sus heraldos no serán los apóstoles del Nuevo Testamento sino los santos del Antiguo Testamento (Moisés o Enoc y Elías) y no los creyentes cristianos, sino los Judíos, quienes no habrán creído en la predicación del Evangelio de la gracia de Dios durante la era de la Iglesia (si habrían creído entonces hubieran sido raptados), pero a quienes la predicación de la Cruz era locura, y quienes permanecieron en incredulidad hasta después del Rapto. ¿Cómo pudiera ser la ruptura entre el Reino y la Iglesia más enfático?

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Philadelphia, Pennsylvania.

OSWALD T. ALLIS, ex profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico

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DISPENSACIONES Y PERÍODOS DE TIEMPO DISTINGUIBLES


DISPENSACIONES Y PERÍODOS DE TIEMPO DISTINGUIBLES

Si bien hay un período de tiempo distinguible desde la caída de Adán hasta el diluvio, el tal no constituye, estrictamente hablando, una dispensación.

«Durante el período transcurrido entre la expulsión de Adán del paraíso terrenal y el diluvio, el hombre era una sola familia, una sola raza. No había ninguna idolatría. El hombre fue dejado a sus propios caminos (no sin testimonio, sino sin ninguna restricción desde afuera), y el mal se tornó insoportable: el diluvio puso fin a esto. Después de este evento, de este juicio de Dios, un nuevo mundo comenzó, y se introdujo el principio del gobierno. El que matare a otro hombre, sería él mismo ejecutado (Génesis 9:6): se puso así un tope a la violencia, un freno contra el pecado exterior. La corrupción del corazón en un mundo distanciado de Dios permaneció tal como siempre lo fue. Pero aunque aún no había naciones, el destino de varias razas, tal como lo ha sido hasta el tiempo actual, comenzaba a alborear al menos proféticamente. Noé fracasó en la posición en la cual había sido puesto después del diluvio, al igual que Adán en el paraíso, conforme el hombre siempre lo hizo» (J.N.Darby, Collected Writings 22:340).

Puesto que muchos lectores han estado acostumbrados a pensar en la «inocencia» y en la «conciencia» como dispensaciones, y puesto que Darby no aceptaba la idea de que hubiese dispensaciones antes del diluvio, podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que él entendía por una «dispensación»? Él no le atribuía a la palabra la importancia que algunas personas le dan:

«Yo no me aferro a la palabra dispensación, aunque es generalmente empleada para especificar un cierto estado de cosas, establecido por la autoridad, durante un período determinado» (J.N.Darby, Collected Writings 1:169).

Sea como fuere, es claro que Darby no pensaba que todo período de tiempo distinguible era una dispensación. Había un elemento necesario que precisaba estar presente para que una edad fuese una dispensación:

«Una dispensación es cualquier trato ordenado de Dios en que el hombre ha sido puesto antes de su caída (*), y que, habiendo sido probado, ha fallado, y, por tanto, Dios se ha visto obligado a actuar por otros medios» («The Dispensations and the Remnants» Collectania, p. 41, 1839). (*N: del T.― Se refiere a una caída con respecto al dispuesto orden y camino de Dios, como por ejemplo cuando Noé se embriagó después de recibir el gobierno).

De hecho, la introducción de una dispensación, dependía de la introducción del gobierno. En un mensaje con fecha de junio de 1839 dado en Leamington, J.N.D. señaló:

«Antes de la propia dispensación de Dios, tenemos el mundo antediluviano: lo que no es exactamente una dispensación, sino un cuerpo de hombres dejados, en cierto sentido, a sí mismos. Había un testimonio, como en Enoc y en Noé, pero no un orden o sistema dispensado [administrado] mediante el cual Dios actuara en el gobierno de la tierra. Vemos aun en esto, que Dios actúa en la gracia de su propio carácter. Noé fue un testigo fiel; en él yacía el gran principio [de la fe], aunque esto no era estrictamente una dispensación» («The Dispensations and the Remnants» Collectania, p. 42).

LA PALABRA AION

Respecto de la palabra aion, edad, J. N. Darby escribió:

«…formado por aion. Esta última palabra es empleada por autores de griego clásico para “la vida de un hombre”, y en la Escritura para “dispensación” (o curso de eventos en este mundo ordenados por Dios sobre la base de algún principio particular…» (J.N.Darby, Collected Writings 7:41).

De nuevo vemos aquí que Darby entendía que a fin de que hubiese una dispensación, era necesario la introducción de algún principio particular por parte de Dios. Es insuficiente que uno meramente distinga un aion, o siglo, edad, y, estrictamente hablando, lo llame una dispensación. De modo que, estrictamente hablando, las dispensaciones tienen que ver con la prueba del primer hombre durante las edades desde el diluvio hasta la cruz, después de lo cual Dios estableció al segundo Hombre en resurrección. Esto ha de tenerse en cuenta también en vista del hecho de que J.N.D. a menudo empleaba la palabra dispensación de una manera convencional, cuando hablaba del presente período.

Hebreos 9:26 y 1.ª Corintios 10:11

Hay un número de interesantes comentarios que tratan de nuestro tema en las notas de J. N. Darby acerca de Hebreos 9:26 y 1.ª Corintios 10:11:

“Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:26).

“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1.ª Corintios 10:11).

J. N. Darby escribió:

«El Señor, al hablar de su muerte, dijo: “Ahora es el juicio de este mundo” (Juan 12:31); y en Juan 15:24: “Pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.” Por lo tanto, dice en Hebreos 9:26: “Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre.” La cruz fue moralmente el fin del hombre; pero, al mismo tiempo, y por el mismo hecho en la muerte de Cristo, fue puesto el fundamento de la nueva creación conforme a la justicia de Dios. El mismo hecho que, de parte de Dios significó el fin del primer Adán, puesto que su raza rechazó al Hijo de Dios, ha puesto también el fundamento de la nueva condición del hombre en el segundo [último] Adán. Cristo fue hecho pecado en la cruz; el pecado fue juzgado allí, y el viejo hombre hecho a un lado para siempre» (J.N.Darby, Collected Writings 33:339, 340).

“La consumación de los siglos” son todos los caminos de Dios con el hombre para probar su condición general. En este sentido general, el estado de inocencia comenzó; pero la relación propia es lo que viene después de la caída, pero no mirando al hombre como perdido, sino probando su estado y ver si era recuperable, o si estaba perdido y necesitaba ser salvo. Sin ley, bajo la ley, Dios manifestado en carne, fueron las grandes características de esto [de la prueba del primer hombre]. Por eso en Juan 12:31 el Señor dice: “Ahora es el juicio de este mundo.” Aunque siempre hubo un testimonio, antes del diluvio no había instituciones religiosas, excepto el hecho de los sacrificios. Después tuvo lugar el gobierno, las promesas a Abraham, mostrando la gracia que separaba a uno de un mundo idólatra y que lo hacía cabeza de una nueva raza [no es una descripción exacta]; la ley; los profetas, y, a lo último, la venida del Hijo, no su ofrecimiento. Entonces Dios puso el fundamento de sus propios propósitos en justicia (Letters of J.N.Darby 3:442).

«La expresión “los fines de los siglos”, que se encuentra en 1.ª Corintios 10:11, es más bien extraña; pero para preservar el sentido del griego, no podríamos decir “los últimos tiempos” ni tampoco “el fin (la consumación) de los siglos”, y menos todavía “el fin del mundo”. El fin de los siglos aún no ha llegado; pero todas las diferentes dispensaciones por la cuales Dios se puso en relación con el hombre, en tanto estuvieron relacionadas con la responsabilidad del hombre, convergieron en un punto, y fueron llevadas a su fin en la muerte del Señor Jesús. Después de eso ―tan grande como había sido la longanimidad de Dios―, estableció una nueva creación. Hemos, pues, usado la traducción literal “los fines de los siglos” (J.N.Darby, Collected Writings 13:169).

«Por eso se trataba moralmente de la consumación de los siglos» (J.N.Darby, Synopsis 5:224; véase Collected Writings 10:275; 27:393).

«… por cuanto la historia moral del hombre ha terminado. La gracia no ha terminado» (J.N.Darby, Collected Writings 34:295; véase también 32:235; 29:194).

«”En el fin del mundo”, es decir, en el fin de las dispensaciones ―no de la dispensación― “en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado”. En consecuencia, tomo la obra de Cristo como el fundamento sobre el cual yo ya estoy con Dios» (Notes and Jottings pág. 35).

«Respecto 1.ª Corintios 10:11, no se trata de Israel, quien es la figura, sino de lo que le sucedió a Israel ―de los caminos de Dios con Israel―. Las mismas cosas que le sucedieron a Israel, fueron escritas para nuestra instrucción, quienes nos hallamos al final de las dispensaciones de Dios» (J.N.Darby, Collected Writings 26:248).

Está claro por las Escrituras que el primer hombre ya no está más bajo prueba desde que Cristo fue rechazado, y por eso nos encontramos al final de las dispensaciones de Dios. De ahí que no haya ninguna prueba dispensacional ahora:

«En 1.ª Corintios 10:11, no es “el fin del mundo”, sino “la consumación de los siglos”. El mundo ahora no está bajo ninguna dispensación, pero todo el curso de los caminos de Dios con él están terminados hasta que Él venga a juzgar. El hombre estuvo bajo responsabilidad desde Adán hasta Cristo, y entonces nuestro Señor dice: “Ahora es el juicio de este mundo”» (J.N.Darby, Collected Writings 26:248).

¿Y qué acerca del tiempo presente entonces?

«La Escritura, el Señor mismo allí, habla de períodos llevados a cabo bajo Dios sobre diferentes principios (que son justamente llamados dispensaciones), mientras que uno de los períodos del autor nunca es llamado οικονομια, tampoco esta palabra se aplica ni significa nunca un período en absoluto. “Así será al fin de este siglo” (του αιωνος του) (Mateo 13:49), dice el Señor. Así Él apareció “en la consumación de los siglos” (επι συντελεια των αιωνον) (Hebreos 9). Ahora bien, αιων (aion), en esos pasajes, claramente significa, un período o curso de tiempo en que han regido ciertos principios de parte de Dios. Por eso, hasta el fin del siglo, el juicio, que extirpa de este mundo, no ha de ser ejecutado por los siervos del Señor; mientras que, al final del mismo, el juicio reunirá del reino del Hijo del Hombre todas las ignominias. Y por esta misma razón también este presente siglo es llamado, no, según mi juicio, una dispensación, sino un paréntesis, por cuanto el Señor Jesús habla de “este siglo” cuando estuvo en la tierra, del mismo modo que aquello que concluirá por el juicio al fin; pero éste era un período relacionado con Sus relaciones con los judíos, y que no será concluido hasta que esté Él mismo presente en persona; mientras que, en el intervalo, ha sido reunida la Iglesia de los primogénitos para el cielo» (J.N.Darby, Collected Writings 13:155).

Las citas anteriores requieren meditación por parte del lector a fin de digerir su contenido. Pueden verse juntamente con el cuadro de «Las tres dispensaciones», el que ilustra estos pensamientos y puede ayudar a comprenderlos mejor.

La palabra οικονομια (economía)

Hay otra palabra en el Nuevo Testamento además de αιων (aion o edad, siglo) que tiene que ver con nuestro tema: οικονομια, la cual es traducida por mayordomía, dispensación o administración. Una tabla de su uso puede ayudarnos a entender su significado:

TABLA 1

VERSÍCULO

REINA- VALERA 1960

J. N. DARBY francés

J. N. DARBY inglés

W. KELLY

Lucas 16:2, 3, 4 mayordomía administration stewardship stewardship
1.ª Corintios 9:17 comisión administration dispensation administration
Efesios 1:10 dispensación administration dispensation administration
Efesios 3:2 administración administration administration administration
Efesios 3:9 dispensación administration administration administration
Colosenses 1:25 administración administration dispensation dispensation
1.ªTimoteo 1:4 edificación administration (*) dispensation dispensation

(*) Textus Receptus: “edificación”

Para Darby, la palabra οικονομια (economía) no significaba un período de tiempo:

«Niego absolutamente que el estado adámico sea llamado una οικονομια, o que οικονομια signifique un período de tiempo en alguna parte» (J.N.Darby, Collected Writings 13:161).

En relación con este hecho, Darby señaló:

«Pero hay otra palabra empleada en la Escritura que da distintos períodos… que los cristianos en general llaman dispensaciones, cuando los principios sobre los cuales se llevan a cabo son distintos; me refiero a la palabra αιων (aion, edad, siglo) y a αιωςες. De éstos habla la Escritura, pero nunca habla en absoluto de οικονομια como de un período de tiempo» (J.N.Darby, Collected Writings 13:153, 154).

No obstante, hay una administración venidera (Efesios 1:10) que estará vigente durante los mil años de reinado de Cristo, como lo podemos apreciar de la siguiente cita donde Darby dice que la palabra significa “administración”.

«… οικονομια no significa cabeza de la creación en absoluto, sino administración;… Doy el pasaje literalmente: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación [Darby lit.: administración] del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia…” (Efesios 1:9-11, versión Reina-Valera 1960). Ahora bien, οικονομια, administración, aquí es una palabra de lo más simple posible. El tipo particular de administración es reunir todas las cosas en Cristo» (J.N.Darby, Collected Writings 13:155, 156).

Con respecto al uso incorrecto de la palabra “dispensación” y el tiempo presente, Darby escribió:

«Y nótese qué extraordinaria confusión introduce el Sr. Oliver en su crítica de esa palabra, diciendo que ‘La presente dispensación es la dispensación de la gracia de Dios’ (pág. 111). Pero este pasaje sólo habla de un ministerio confiado a Pablo, “habéis oído de la administración (ministerio, economía) de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros” (Efesios 3:2). Aquí podemos ver el significado que señalé, el sentido primitivo de la palabra; es alguien a quien se le ha confiado la distribución y administración en la casa. Pero ¿podría alguno decir que la presente dispensación, en el sentido ordinario de la palabra, fue confiada a Pablo? Sería ridículo.»

En 1.ª Corintios 9:16,17 se dice que la palabra de evangelización es una administración (oikonomia) que le ha sido confiada. Una vez más déjeme preguntar: ¿era la presente dispensación, en el sentido en que todo el mundo lo toma, confiada a Pablo? El apóstol usó la palabra “administradores (o mayordomos)” (1.ª Corintios 4) en el mismo sentido, aplicándola al ministerio» (J.N.Darby, Collected Writings 1:289, 290).

El tiempo durante el cual los santos están sentados en los lugares celestiales en Cristo Jesús (Efesios 2:6), entonces, estrictamente hablando, no es una dispensación: Asimismo, no es una administración; porque, si bien los santos son ahora llamados y sentados en los lugares celestiales, ellos no tienen gobierno que les haya sido encomendado, como lo tenía Israel. El período presente es un paréntesis, un «paréntesis celestial», como W. Kelly bien lo llamó. Estar sentados en los lugares celestiales, en Cristo Jesús, es un paréntesis celestial; no estaban los santos antes de Pentecostés en esta posición, ni lo estarán los santos después del arrebatamiento, aunque los santos de ahora, o sea nosotros, siempre lo estaremos.

(J. N. Darby’s Teaching Regarding Dispensations, Ages, Administrations and the Two Parenthesis, R.A.H.)

NOTA

DISPENSACIÓN NO SIGNIFICA UNA EDAD, SIGLO O PERÍODO DE TIEMPO

«Puesto que Efesios 1:10 contiene varias palabras y cláuslas que por lo general no se entienden, puede agregarse en esta nota que la palabra “dispensación” (οικονομια) no hace referencia a ningún período de tiempo particular o edad (lo cual en el Nuevo Testamento se expresa mediante la palabra αιων (aion). Significa «mayordomía» o más bien «administración», cuya forma particular aquí lo constituye la suma total, encabezamiento o reunión (ανακεφαλαιωσις) de todas las cosas, celestiales y terrenales, bajo Cristo. Esto tendrá lugar en “la era venidera”, cuando Cristo sea manifestado como Cabeza sobre todas las cosas, y los santos glorificados reinen con él. Tampoco es esta edad, durante la cual se le permite todavía a Satanás reinar como “el dios de este mundo”, el “príncipe de la potestad del aire”; ni es el estado eterno, cuando todo gobierno haya sido suprimido, y Cristo haya entregado el reino, para que Dios sea todo en todos. Se trata del milenio interviniente. Éste constituirá “la plenitud de los tiempos”, habiendo sido los previos períodos de tiempo la preparación necesaria para él. Mientras tanto ―una vez efectuada la redención a través de la sangre de Cristo― el Espíritu Santo sella al creyente, y constituye las arras de la herencia» (W. Kelly, Lectures on the Epistle of Paul, the Apostle, to the Ephesians, London: Morrish, p. 27, nota, sin fecha).

Fuente:

Las Dispensaciones por Lewis Sperry Chafer


Las Dispensaciones por Lewis Sperry Chafer

Nota:

No soy dispensacionalista y no creo que resuelva ningún problema espiritual del hombre esta forma de fraccionar la historia biblica. Aun así, debemos reconocer que hay grandes hermanos en la fe que son dispensacionalistas. Me inclino por la teologia pactual, como la enseñan en general las Iglesias reformadas. Creo que explica mejor la relación de Dios con los hombres.

Lewis Sperry Chafer fue sin duda un gran hombre de Dios y un gran teologo que abrazó esta forma de fundamentalismo bíblico.

A. EL SIGNIFICADO DE LAS DISPENSACIONES

En el estudio de las Escrituras es importante entender que la revelación escritural se divide en períodos bien definidos. Estos están claramente separados, y reconocer estas divisiones y sus propósitos divinos constituye uno de los factores más importantes en la verdadera interpretación de las Escrituras. Estas divisiones se conocen como «dispensaciones», y en períodos de tiempo sucesivos se pueden observar diferentes dispensaciones.

Una dispensación puede definirse como una etapa en la revelación progresiva de Dios y constituye una administración o regla de vida distinta. Aunque el concepto de una dispensación y de una época en la Biblia no es precisamente la misma, es obvio que cada período tiene su dispensación. Las épocas se mencionan a menudo en la Biblia (Ef. 2:7; 3:5, 9; He. 1:2). La Biblia también hace distinción de épocas (Jn. 1:17; cf. Mt. 5:21-22; 2 Co. 3:11; He. 7:11-12).

Es probable que el reconocimiento de las dispensaciones arroje más luz sobre el mensaje total de las Escrituras que ningún otro aspecto del estudio bíblico. Muy a menudo sucede que el hecho de tener un claro entendimiento de las, dispensaciones y de los propósitos que Dios ha revelado en ellas ha llegado a ser el principio de un valioso conocimiento de las Escrituras y de un interés personal en la Biblia misma. La relación del hombre con su Creador no es la misma en todas las edades. Ha sido necesario someter al hombre caído a ciertas pruebas. Esto es en parte el propósito de Dios a través de las edades, y el resultado de las pruebas afrontadas por el hombre ha sido en cada caso una incuestionable demostración tanto de la pecaminosidad como del absoluto fracaso espiritual y moral del género humano. Y en el día final toda boca se cerrará, porque a través de muchos siglos de experiencia se habrá comprobado la maldad o insensatez de todos los pensamientos del corazón del hombre.

Cada dispensación comienza, por lo tanto, con el hombre divinamente establecido en una nueva posición de privilegio y responsabilidad, y termina con el fracaso humano que trae como consecuencia la manifestación del justo juicio de Dios. Si bien es cierto que existen algunos hechos, tales como el carácter santo de Dios, que permanecen invariables para siempre y que de consiguiente son los mismos en cada edad, hay a la vez diferentes instrucciones y responsabilidades que se limitan en cuanto a su aplicación ha determinado período.

En relación con todo esto el estudiante de la Biblia debe reconocer la diferencia entre aplicación primaria y aplicación secundaria de la Palabra de Dios. Solamente aquellas porciones de las Escrituras que son destinadas directamente para el hijo de Dios en este tiempo de gracia deben ser objeto de una aplicación primaria o personal al cristiano. Se demanda que dichas instrucciones reciban detallado cumplimiento. Cuando se trata de aplicación secundaria debe observarse que, mientras es cierto que pueden extraerse lecciones espirituales de cada porción bíblica, esto no significa que el cristiano esté en la obligación ante Dios de cumplir aquellos principios que fueron la expresión de la voluntad divina para la gente de otras dispensaciones. El hijo de Dios en el actual período de gracia no está en la misma situación de Adán o de Abraham, o de los israelitas en el tiempo de la Ley; ni es llamado tampoco a seguir aquella manera peculiar de vida que según las Escrituras se demandará de los hombres cuando el Rey haya regresado a establecer su reino terrenal.

Siendo que el hijo de Dios depende completamente de la instrucción contenida en las páginas de la Biblia para dirigir sus pasos en la vida diaria, y siendo que los principios revelados en las diferentes dispensaciones son tan diversos y a veces tan contradictorios, es de gran importancia para él reconocer las porciones bíblicas que se aplican directamente a su propio caso, si es que va a vivir de acuerdo a la voluntad divina y para la gloria de Dios. En la consideración del testimonio total de la Biblia, es casi tan importante para el creyente que desea hacer la voluntad divina conocer lo que no le concierne directamente como aquello que tiene directa referencia a él. Es obvio que, aparte del conocimiento de la verdad dispensacional, el creyente no podrá adaptarse inteligentemente al presente propósito de Dios en el mundo. Sólo ese conocimiento le salvará de caer en aquella sujeción a la ley que caracterizó a la dispensación pasada o de querer llevar a cabo en la actualidad el programa de transformación mundial perteneciente a la dispensación por venir.

Debido a la imperfección de las traducciones, algunas verdades importantes se hallan ocultas para el que lee solamente el texto corriente de la Biblia. Por ejemplo, la palabra griega aion, que significa una «edad» o dispensación, se traduce «mundo» en unas cuarenta ocasiones. Por ejemplo, cuando se dice en Mateo 28:20 «hasta el fin del mundo», la referencia no es al fin del mundo material, lo que a su debido tiempo tomará lugar (2 P. 3:7; Ap. 20:11; Is. 66:22), sino más bien al fin de esta edad. El fin del mundo no se acerca, sino el fin de la presente edad. Según las Escrituras hay en todo siete grandes dispensaciones, y es evidente que nosotros estamos viviendo cerca del fin de la sexta de ellas. La edad del reino milenial (Ap. 20:4, 6) está todavía por venir.

Una dispensación se caracteriza más o menos por las nuevas responsabilidades que Dios le señala al hombre al principio de ella y por los juicios divinos con que la misma termina. Las siete dispensaciones son las siguientes:

1) Inocencia, 2) conciencia, 3) gobierno, 4) promesa, 5) ley, 6) gracia, 7) reino milenial.

Al estudiar las dispensaciones hay ciertos principios esenciales para entender esta enseñanza. El dispensacionalismo se deriva de una interpretación normal o literal de la Biblia. Es imposible interpretar la Biblia en su sentido normal y literal sin darse cuenta de que hay diferentes eras y diferentes dispensaciones. Un segundo principio es el de la revelación progresiva, esto es, el hecho reconocido por prácticamente todos los estudiantes de la Escritura de que la revelación es dada en etapas. Tercero, todos los expositores de la Biblia necesitarán reconocer que una revelación posterior en cierto grado sustituye a una revelación primaria con un cambio resultante en reglas de vida en las cuales pueden cambiarse o modificarse y añadirse nuevos requisitos. Por ejemplo, mientras que Dios mandó a Moisés a matar un hombre por cortar leña en un sábado (Nm. 15:32-36), ninguno aplicaría este mandamiento hoy porque vivimos en una dispensación diferente. Aunque se distinguen frecuentemente siete dispensaciones en la Escritura, tres son más importantes que las otras; ellas son: la dispensación de la ley, gobernando a Israel en el Antiguo Testamento desde el tiempo de Moisés; la dispensación de la gracia, la era presente; y la futura dispensación del reino milenial.

B. DISPENSACION DE LA INOCENCIA: ERA DE LIBERTAD

Esta dispensación comenzó con la creación del hombre (Gn. 1:26-27) y continúa hasta Génesis 3:6. En esta dispensación al hombre le fue dada la responsabilidad humana de ser fructífero, dominar la tierra, tener dominio sobre los animales, usar los vegetales para comer y cuidar del huerto del Edén (Gn. 1:28-29; 2:15). Sin embargo, fue dada una prohibición; se instruyó al hombre para que no comiese del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn. 2:17). Aunque al hombre se le concedió un estado bendito, un cuerpo, mente y naturaleza perfectos, y todo lo necesario para disfrutar de la vida, Eva sucumbió ante la tentación y comió el fruto prohibido y Adán se unió a ella en su acto de desobediencia (Gn. 3:1-6). Como resultado vino el juicio divino, la muerte espiritual, el conocimiento del pecado, el miedo hacia Dios y la pérdida del compañerismo.

Aun en estas circunstancias Dios introdujo el principio de la gracia con una promesa del Redentor (Gn. 3: 15) y proveyó túnicas de pieles, típica provisión de la redención (Gn. 3:21).

Ellos fueron expulsados fuera del huerto, pero se les permitió vivir sus vidas naturalmente (Gn. 3:23-24) y con el juicio de Dios sobre ellos comenzó una nueva dispensación. En la dispensación de la inocencia Dios reveló la falla del hombre, le dio la promesa de un Redentor que vendría, reveló su soberanía en juzgar a sus criaturas e introdujo el principio de gracia.

C. DISPENSACION DE LA CONCIENCIA: ERA DE LA DETERMINACION HUMANA

Esta dispensación, que comienza en Génesis 3:7 y se extiende hasta Génesis 8:19, trajo nuevas responsabilidades sobre el hombre, establecidas en el así llamado pacto con Adán y Eva. Se emitió una maldición sobre Satanás (Gn. 3:14-15), pero también cayó una maldición sobre Adán y Eva (Gn. 3:16-19). Aunque no se revela un código detallado de moral dado al hombre en este tiempo, se le exigió que viviera de acuerdo a su conciencia y guardando el conocimiento de Dios a medida que le fuera dado. Sin embargo, bajo la conciencia, el hombre continuó fallando tanto como lo había hecho siempre. La conciencia podía convencer, pero no traería victoria (Jn. 8:9; Ro. 2:15; 1 Co. 8:7; 1 Ti. 4:2). Los hijos de Adán tenían su naturaleza pecaminosa manifestada en el hecho de rehusarse a traer un sacrificio de sangre (Gn. 4:7) y el asesinato de Abel por Caín (Gn. 4:8). La civilización resultante de Caín fue pecadora (Gn. 4:16-24), y la muerte física se convirtió en algo común (Gn. 5:5-31). La maldad del corazón humano alcanzó a tal estado que otra vez el juicio fue necesario (Gn. 6:5, 11-13). El juicio se manifestó sobre Caín (Gn. 4:10-15), y en la Humanidad en general en la muerte (Gn. 5). Finalmente Dios tuvo que traer el diluvio universal sobre la tierra (Gn. 7: 21-24).

Sin embargo, en este período también fue manifestada la gracia divina, puesto que algunos fueron salvos, como Enoc (Gn. 5:24), y la familia de Noé fue salva por el Arca (Gn. 6: 8-10; He. 11:7). La dispensación terminó con el diluvio en el cual solamente la familia de Noé fue salvada.

El propósito de Dios en esta dispensación fue el de demostrar nuevamente la caída del hombre bajo la nueva situación en la cual éste se desempeñaba bajo su conciencia. Sin embargo, en este período Dios preservó la línea del futuro Redentor, demostrando su soberanía en juzgar al mundo por medio del diluvio y manifestando su gracia a Noé y su familia.

D. DISPENSACION DEL GOBIERNO HUMANO: PACTO CON NOE

Esta dispensación cubre el período desde Génesis 8:20 a 11:9. A Noé Dios le dio un pacto incondicional (Gn. 8:20-9:17), en el cual El prometió que no habría más destrucción por diluvio (Gn. 8:21; 9:11). Dios prometió que las estaciones en el curso de la naturaleza no cambiarían (Gn. 8:22) y le dio nuevamente al hombre el mandamiento de multiplicarse (Gn. 9:1) y de continuar su dominio sobre los animales (Gn. 9:2); el comer carne era permitido ahora, aunque la sangre estaba prohibida (Gn. 9:4). Lo más importante fue el establecimiento de la esencia del gobierno, en el cual se le dio al hombre el derecho de matar a los asesinos (Gn. 9:5-6).

En este pacto, así como en los otros, hay fracaso humano, como lo indica la embriaguez de Noé (Gn. 9:21) y la irreverencia de Cam (Gn. 9:22). Es un período de deterioro moral y religioso (Gn. 11:1-4). El gobierno humano, como la conciencia, fracasaron en reprimir el pecado del hombre, y el resultado fue la torre de Babel (Gn. 11:4). El juicio de Dios fue confundir su lengua (Gn. 11:5-7), y la civilización humana fue dispersada (Gn. 11:8-9).

En este período, sin embargo, la gracia fue evidente en cómo el remanente de Dios fue preservado y en la selección de Abraham (Gn. 11:10 – 12:3). También fue preservada la simiente de la mujer y Dios fue manifestado en forma soberana. La dispensación finalizó con el juicio de la Torre de Babel y los preparativos para la próxima dispensación. Es importante notar que ambos, la conciencia y el gobierno humano, continúan en dispensaciones posteriores.

Sólo Abraham y su simiente entran bajo la dispensación de la promesa. En general, la dispensación del gobierno humano reveló el fracaso del hombre bajo esta nueva regla de vida, el juicio selectivo de Dios, y se continuó manifestando la gracia divina.

E. DISPENSACION DE LA PROMESA: PACTO CON ABRAHAM

Este pacto, que comienza en Génesis 11:10, se extiende hasta Éxodo 19:2. En él la responsabilidad humana fue dada en la forma de confiar en las promesas de Dios reveladas a Abraham. El contenido de su revelación divina incluía la promesa a Abraham (Gn. 12:1-2; 13:16; 15:5; 17:6); la promesa a Israel, la simiente de Abraham, de la que saldría una gran nación y el canal para el cumplimiento de la promesa de Dios (Gn. 12:2-3; 13:16; 15:5,18-21; 17:7-8; 28:13-14; Jos. 1:2-4); y una promesa de bendición a toda la tierra a través de Abraham (Gn. 12:3), El principio fue también establecido de manera que Dios bendijera a aquellos que bendijeran a Abraham y maldijera a aquellos que maldijeran la simiente de Abraham.

El pacto abrahámico es uno de los pactos importantes de la Biblia e incluye la provisión de que Israel sería una nación para siempre, tendría el título de su tierra para siempre, sería bendecida en cosas espirituales, estaría bajo la protección divina y tendría el signo especial de la circuncisión (Gn. 17:13-14).

El pacto era a la vez de gracia en principios e incondicional, por cuanto no dependía de la fidelidad humana, sino en la fidelidad de Dios. Solamente cumplidas parcialmente en el tiempo en que vivió Abraham, las bendiciones y promesas del pacto abrahámico continúan en su cumplimiento hacia el fin de la historia humana. Algunas de las bendiciones inmediatas del pacto para alguna generación particular estaban condicionadas a la obediencia, pero el pacto en sí era declarado como un pacto eterno (Gn. 17:7, 13, 19 1 Cr. 16:16-17; Sal. 105:10). El pacto con Abraham fue dirigido primeramente a Abraham y sus descendientes hasta donde estaba comprometida la responsabilidad dispensacional. El mundo como un todo continuaba bajo el gobierno humano y la conciencia como su responsabilidad primaria.

Bajo el pacto abrahámico, sin embargo, había un constante patrón de fracaso, el cual fue manifestado en la demora de ir a la Tierra Prometida (Gn. 11:31); en Abraham al ser el padre de Ismael (Gn. 16:1-16); y en descender a Egipto (Gn. 12:10 – 13:1). Es evidente, sin embargo, que Abraham creció en fe y en gracia y finalmente tenía la voluntad de sacrificar aun a su hijo Isaac en obediencia a Dios (Gn. 22). Siguiendo a Abraham, Isaac fracasó viviendo tan cerca de Egipto como era posible sin violar el mandamiento de Dios. (Gn. 26:6-16). De la misma manera, Jacob falló en no creer en la promesa hecha a su madre cuando él nació (Gn. 25:23); él fue culpable de mentira, engaño y de regatear (Gn. 27:1-29), y eventualmente se movió fuera de la tierra hacia Egipto para evitar el hambre (Gn. 46:1-4).

En Egipto, Israel también le falló a Dios en sus quejas y falta de fe (Ex. 2:23; 4:1-10; 5:21; 14:10-12; 15:24), en su deseo de volver a Egipto (Ex. 14:11-12) y en su constante murmuración (Ex. 15:24; 16:2; Nm. 14:2; 16:11, 41; Jos. 9:18). Su fracaso es evidente tanto en el momento en que fue dada la ley como posteriormente en su falla en cuanto a confiar en las promesas de Dios en Cades Barnea (Nm. 14). El fracaso bajo el período de la promesa abrahámica fue especialmente su responsabilidad y resultó en la pérdida temporal de la tierra, su esclavitud en Egipto, y en su viaje errante por el desierto antes de entrar en la tierra. Su fracaso estableció la etapa para la promulgación de la ley mosaica. En la dispensación de la promesa había mucha gracia divina ilustrada en el constante cuidado de Dios por su pueblo, su liberación de Egipto y la institución de la fiesta de la Pascua. La dispensación de la promesa termina en el momento en que fue dada la ley (Ex. 19), pero finaliza sólo en el sentido de ser el principio o prueba principal de responsabilidad. La dispensación de la promesa continúa hacia el fin de la historia, y muchas de sus promesas están aún en vigencia como un objeto de fe y esperanza. Las promesas hechas a Abraham son la base para las dispensaciones posteriores de la gracia y del reino. Hasta cierto punto las promesas nunca acaban y son cumplidas en un estado eterno. La dispensación de la promesa estableció claramente el principio de la soberanía divina, proveyó un canal de revelación divina especial para la nación de Israel, continuó la provisión de la redención y bendición divinas, reveló la gracia de Dios y prometió un testimonio para el mundo. Como las otras dispensaciones, sin embargo terminó en fracaso en lo que se refiere a la conformidad con la voluntad de Dios y preparó el terreno para la introducción de la ley como un ayo para traer a los creyentes a Cristo (Gá. 3:24).

F. LA DISPENSACION DE LA LEY

La dispensación de la ley comienza en Éxodo 19:3 y se extiende a través de todo el período hasta el día de Pentecostés en Hechos 2, aunque la ley finalizó en un sentido en la cruz. Ciertas porciones como el evangelio de Juan y algunos pasajes selectos en los otros evangelios anticiparon, sin embargo, la era presente de la gracia.

La ley mosaica fue dirigida solamente a Israel, y los gentiles no eran juzgados por sus normas. La ley contenía un detallado sistema de obras, incluidas tres principales divisiones: los mandamientos (la voluntad expresada de Dios, Ex. 20: 1-26); los juicios (la vida social y civil de Israel, Ex. 21: 1 – 24: 11); y las ordenanzas (la vida religiosa de Israel, Ex. 24: 12 – 31: 18). El sistema de sacrificios y del sacerdocio que fue incluido era tanto legal como de gracia. El gobierno en esta dispensación era una teocracia, un gobierno por medio de Dios a través de sus profetas, sacerdotes y (más tarde) reyes. El pacto mosaico fue también de carácter temporal, en vigencia sólo hasta que Cristo viniese (Gá. 3:24-25). La naturaleza de la dispensación era condicional, esto es, la bendición estaba condicionada a la obediencia.

Por primera vez en la historia la Escritura reveló un completo y detallado sistema religioso bajo la ley, proveyó el terreno para la limpieza y el perdón, la adoración, y oración, y ofreció una esperanza futura.

Bajo la ley hubo constante fracaso. Esto es evidente especialmente en el período de los jueces, pero siguió hasta después de la muerte de Salomón y la división del reino de Israel en dos reinos. Hubo períodos cuando la ley fue completamente olvidada e ignorada y la idolatría reinaba en forma suprema. El Nuevo Testamento continúa el registro de fracasos, que culmina en el rechazo y crucifixión de Cristo, quien en su vida guardó la ley en forma perfecta.

Fueron infringidos muchos juicios durante la dispensación de la ley como se describe en Deuteronomio 28:1 – 30:20. Los mayores juicios fueron el cautiverio bajo Asiria y Babilonia, de los cuales retornaron en el tiempo debido. Los juicios de Israel también vinieron después del término de la dispensación e incluyeron la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y la dispersión mundial de Israel. La gran tribulación, otro tiempo de angustia para Jacob, está todavía por delante (Jer. 30:1-11; Dn. 12:1; Mt. 24:22).

Bajo la ley, sin embargo, también era administrada la gracia divina en aquel sistema de sacrificios que fue provisto como una vía de restauración para el pecaminoso Israel, y el Dios paciente se manifiesta en la provisión de profetas, jueces y reyes y en la preservación de la nación. En repetidas ocasiones el arrepentimiento de Israel fue aceptado por Dios, y a través de este período fue escrito el Antiguo Testamento. La bendición coronadora fue la venida de Cristo como el Mesías de Israel, a quien la nación entera rechazó.

En un sentido la dispensación de la ley terminó en la cruz (Ro. 10:4; 2 Co. 3:11-14; Gá. 3:19, 25). Pero en otro sentido no concluyó hasta el día de Pentecostés, cuando comenzó la dispensación de la gracia. Aunque la ley finalizó como una regla específica de vida, continúa siendo una revelación de la justicia de Dios y puede ser estudiada con provecho por los cristianos para determinar el carácter santo de Dios. Los principios morales que resaltan la ley continúan, puesto que Dios no cambia; pero los creyentes hoy día no están obligados a guardar los detalles de la ley, dado que la dispensación ha cambiado y la regla de vida dada a Israel no es la regla de vida para la iglesia. A pesar de ello, pueden hacerse varias aplicaciones de la ley, aunque una interpretación estricta sólo relaciona a la ley mosaica con Israel.

El propósito de la ley era proveer una regla justa de vida y traer el pecado a condenación. La experiencia de Israel bajo la ley demostró que la ley moral, cívica y religiosa no puede salvar o santificar. La ley nunca fue propuesta para proveer la salvación para el hombre, ya sea mientras estaba en vigencia o después, y por medio de su naturaleza era débil, por cuanto no podía justificar (Ro. 3:20; Gá. 2:16); no podía santificar o perfeccionar (He. 7:18-19); estaba limitada en su vigencia y duración (Gá. 3:19); no podía regenerar (Gá. 3:21-22), y sólo podía hacer manifiesto el pecado (Ro. 7:5-9; 8:3; 1 Co. 15:56). La ley hizo posible que Dios demostrara que todos eran culpables y que toda boca calló (Ro. 3:19), e hizo evidente la necesidad de Cristo (Ro. 7:7-25; Gá.3:21-27).

G. DISPENSACION DE LA GRACIA

La dispensación de la gracia comienza justamente en Hechos 2 y continúa a través del Nuevo Testamento, culminando con el arrebatamiento de la iglesia. Algunas enseñanzas concernientes a la dispensación de la gracia fueron introducidas antes, como en Juan 13-17. Las Escrituras que se relacionan con esta dispensación se extienden desde Hechos 1 hasta Apocalipsis 3.

La dispensación de la gracia fue dirigida solamente a la iglesia, puesto que el mundo como un todo continúa bajo la conciencia y el gobierno humanos. En ella, la salvación se revela que es por la fe únicamente, lo cual fue siempre verdad, pero ahora se hace más evidente (Ro. 1:16; 3:22-28; 4:16; 5:15-19). Las altas normas de gracia elevan a esta dispensación por sobre todas las reglas de vida previas (Jn. 13:34-35; Ro. 12:1-2; Fil. 2:5; Col. 1:10-14; 3:1; 1 Ts. 5:23).

Sin embargo, bajo la gracia el fracaso fue también evidente, puesto que la gracia no produjo ni la aceptación universal de Cristo ni una iglesia triunfante. De hecho, la Escritura predijo que habría apostasía dentro de la iglesia profesante (1 Ti. 4:1-3; 2 Ti. 3:1-13; 2 P. 2-3; Jud.). Aunque Dios está cumpliendo sus propósitos en llamar a gentes para su nombre de entre los judíos y gentiles, la porción profesante pero no salva de la iglesia dejada atrás en el arrebatamiento será juzgada en el período entre el arrebatamiento y la venida de Cristo para establecer su reino (Mt. 24:1-26; Ap. 6-19). La iglesia verdadera será juzgada en el cielo en el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10-11).

En esta edad presente la gracia divina es especialmente evidente en la venida de Cristo (Jn. 1:17), en la salvación del creyente y en nuestra posición ante Dios (Ro. 3:24; 5:1-2, 15-21; Gá. 1:1 – 2:21; Ef. 2:4-10), y en la naturaleza de la gracia como una regla de vida (Gá. 3:1 – 5:26).

La dispensación de la gracia termina con el arrebatamiento de la iglesia, el cual será seguido por el juicio de la iglesia profesante (Ap. 17:16). La era de la gracia es una dispensación diferente en lo que concierne a abarcar a creyentes judíos y gentiles. Por contraste, la ley de Israel era solamente para Israel, el gobierno humano era para el mundo entero, y la conciencia se extiende a toda la gente.

En la presente dispensación la ley mosaica está completamente cancelada en cuanto a su aplicación inmediata, pero continúa para testificar de la santidad de Dios y provee muchas lecciones espirituales para ser aplicadas. Aunque todas las dispensaciones contienen un elemento de gracia, la dispensación de la gracia es la suprema manifestación de ambas cosas, la totalidad de la salvación recibida y en cuanto a una regla de vida.

H. DISPENSACION DEL REINO

La dispensación del reino comienza con la segunda venida de Cristo (Mt. 24; Ap. 19) y es precedida por un período de tiempo en el cual se incluye la tribulación, el cual hasta cierto grado es un período transitorio. Las Escrituras que se aplican a ello son todos los pasajes del reino futuro, ya sea en el Antiguo o Nuevo Testamento (siendo las principales Sal. 72; Is. 2:1-5; 9:6-7,11; Jer. 33:14-17; Dn. 2:44-45; 7:9-14, 18, 27; Os. 3:4-5;’ Zac. 14:9; Lc. 1:31-33; Ap. 19-20). En el reino, la responsabilidad humana será obedecer al rey, quien regirá con vara de hierro (Is. 11:3-5; Ap. 19:15). El reino será teocrático, esto es, una reglamentación de parte de Dios, y habrá un sistema renovado de sacrificios y sacerdocio (Is. 66:21-23; Ez. 40-48). (Los pasajes citados no enseñan que, durante el reino milenial, el sacerdocio levítico será restaurado ni tampoco los sacrificios. ¿Cómo podría ser teniendo en cuenta lo que enseña el libro de Hebreos 7.11-12, 18-19; 8.6-13; 9.23-28? Un rasgo excepcional de este período es que Satanás será atado y los demonios permanecerán inactivos (Una vez más, la afirmación no es respaldada por el texto que se cita. El pasaje habla de Satanás, pero nada dice al respecto de los demonios durante el reino milenial. Como Pablo le dice a los Corintios “para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, 1ª Corintios 4.6) (Ap. 20:1-3, 7). El reino, sin embargo, también será un período de fracaso (Is. 65:20; Zac. 14:16-19), y habrá rebelión al final del mismo (Ap. 20:7-9).

El juicio divino que sigue incluye la destrucción de los rebeldes por medio del fuego (Ap. 20:9) y la destrucción de la antigua tierra y cielo por fuego (2 P. 3:7, 10-12).

En el reino milenial la gracia divina también se revela en el cumplimiento del nuevo pacto (Jer. 31:31-34), en cuanto a salvación (Is. 12), en prosperidad física y temporal (Is. 35), en abundancia de revelación (Jer. 31:33-34), en perdón de pecado (Jer. 31:34) y en la recolección de Israel (Is. 11:11-12; Jer. 30:1-11; Ez. 39:25-29). El reino milenial termina con la destrucción de la tierra y cielo por fuego y es seguido por el estado eterno (Ap. 21-22).

La dispensación del reino difiere de todas las dispensaciones anteriores en que es la forma final de la prueba moral. Las ventajas de la dispensación incluyen un gobierno perfecto, la presencia inmediata y gloriosa de Cristo, el conocimiento universal de Dios y el término de los tiempos de salvación, y Satanás que permanece inactivo. En muchos puntos la dispensación del reino es suprema y trae a su consumación los tratos de Dios con el hombre. En las dispensaciones Dios ha demostrado cada significado posible de los tratos con el hombre. En cada dispensación el hombre fracasa y la gracia de Dios es suficiente.

En las dispensaciones se cumple el propósito de Dios de manifestar su gloria, en el mundo natural y en la historia humana. A través de la eternidad nadie podrá levantar la pregunta de si Dios podría haber dado al hombre otra oportunidad para alcanzar la salvación o la santidad por medio de su propia habilidad. Un conocimiento de las dispensaciones es, de acuerdo a ello, la clave para el entendimiento del propósito de Dios en la historia y el despliegue de la Escritura, la cual registra los tratos de Dios con el hombre y su revelación divina concerniente a sí mismo.

 

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