MEDITANDO SOBRE DIOS


MEDITANDO SOBRE DIOS

“¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alto que los cielos: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás? Su dimensión es más larga que la tierra, y más ancha que la mar” (Job 11:7-9)

En los estudios anteriores, hemos observado algunas de las admirables y preciosas perfecciones del carácter Divino. Después de esta meditación sencilla y deficiente de sus atributos, ha de ser evidente para todos nosotros que Dios es, en primer lugar, un ser incomprensible, y, maravillados ante su infinita grandeza, nos vemos obligados a usar las palabras de Sofar:

“¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alto que los cielos: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás? Su dimensión es más larga que la tierra, y más ancha que la mar” Cuando dirigimos nuestro pensamiento a la eternidad de Dios, a su ser inmaterial, su omnipresencia y su omnipotencia, nos sentimos anonadados.

Pero la imposibilidad de comprender la naturaleza Divina no es razón para desistir en nuestros esfuerzos reverentes y devotos para entender lo que tan benignamente ha revelado Dios de sí mismo en su Palabra. Sería locura el decir que, porque no podemos adquirir un conocimiento perfecto es mejor no esforzarnos en alcanzar parte. ‘Nada aumenta tanto la capacidad del intelecto y del alma humana como la investigación devota, sincera y constante del gran tema de la Divinidad.

El más excelente estudio para desarrollar el alma es la ciencia de Cristo crucificado y el conocimiento de la divinidad en la gloriosa Trinidad”. Citando a C. H. Spurgeon, este gran predicador bautista del siglo pasado, diremos que:

“El estudio propio para el cristiano es el de la Divinidad: La ciencia más elevada, la especulación más sublime y la filosofía más importante en la que el hijo de Dios puede ocupar su atención es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra y la existencia del gran Dios al que llama Padre.”

En la meditación de la Divinidad hay algo extremadamente beneficioso para la mente. Es un tema tan vasto, que hace que nuestros pensamientos se pierdan en la inmensidad; tan profundo, que nuestro orgullo queda ahogado. Podemos comprender y dominar otros temas; al hacerlo, nos sentimos satisfechos, decimos: He aquí soy sabio, y seguimos nuestro propio camino. Sin embargo, nos acercamos a nuestra ciencia magistral y nos damos cuenta que nuestra plomada no alcanza su profundidad, y que nuestros ojos de lince no pueden llegar a su altura, nos alejamos pensando: Nosotros somos de ayer, y no sabemos, (Mal. 3:6).

Sí, nuestra incapacidad para comprender la naturaleza divina debería enseñarnos a ser humildes, precavidos y reverentes. Después de toda nuestra búsqueda y meditación, hemos de decir como Job: “He aquí, éstas son partes de sus caminos; ¡mas cuán poco hemos oído de él!” (Job 26:14).

Cuando Moisés imploró que le mostrara su gloria, él le respondió: “Yo proclamaré el nombre de Jehová delante de ti” (Exo. 33:19), y, como alguien ha dicho, “el nombre es el conjunto de sus atributos”. Podemos dedicarnos por completo al estudio de las diversas perfecciones por las cuales el Dios nos descubre su propio ser, atribuírselas todas, aunque tengamos todavía concepciones pobres y defectuosas de cada una de ellas. Sin embargo, en tanto que nuestra comprensión corresponde a la revelación que él nos proporciona de sus varias excelencias, tenemos una visión presente de su gloria.

En verdad, la diferencia entre el conocimiento que de Dios tienen los santos en esta vida y el que tendrán en el cielo es grande; con todo, ni el primero ha de ser desestimado, ni el segundo exagerado. Es cierto que la Escritura declara que le “veremos cara a cara” y que “conoceremos como somos conocidos” (1Cor. 13:12).

Pero deducir de esto que entonces conoceremos a Dios como él nos conoce a nosotros es dejarnos seducir por la mera apariencia de las palabras, y prescindir de la limitación que ellas mismas imponen necesariamente en tema como éste. Hay una gran diferencia entre decir que los santos serán glorificados, y que serán hechos divinos. Los cristianos, aún en su estado de gloria, serán criaturas finitas, y, por lo tanto, incapaces de comprender completamente al Dios infinito.

“En el cielo, los santos verán a Dios con ojos espirituales, por cuanto El será siempre invisible al ojo físico; le verán más claramente de como le veían por la razón y la fe, y más extensamente de lo que han revelado hasta ahora sus obras y dispensaciones; pero la capacidad de sus mentes no serán aumentadas hasta el punto de poder contemplar a la vez y en detalle toda la excelencia de su naturaleza. Para comprender la perfección infinita sería necesario que fuesen infinitos.

Aún en el cielo su conocimiento será parcial; sin embargo, su felicidad será completa porque su conocimiento será perfecto, en el sentido de que será el adecuado a la capacidad del ser, aunque no agote la plenitud del fin, creemos que será progresivo, y que, a medida que su visión se desarrolle, su bienaventuranza aumentará también; pero nunca alcanzará un límite más allá del cual no hay nada más por descubrir; y, cuando los siglos hayan transcurrido, él será todavía el Dios incomprensible.

En segundo lugar, en el estudio de las perfecciones de Dios se pone de manifiesto que es todo suficiente. Lo es en sí y para sí mismo. El primero de todos los seres no podía recibir cosa alguna de otro. Siendo infinito, está en posesión de toda perfección posible.

Cuando el Dios trino estaba sólo, él era el todo para sí. Su entendimiento, amor y energía estaban dirigidos a sí mismo. Si hubiese necesitado algo externo, no hubiese sido independiente, y, por tanto, no hubiese sido Dios. Creó todas las cosas “para él” mismo (Col. 1:16). Con todo, no lo hizo para suplir alguna necesidad que pudiera tener, sino para transmitir la vida y la felicidad a los ángeles y a los hombres, y para admitirles a la visión de Su propia gloria.

Verdad es que exige la lealtad y la devoción de sus criaturas inteligentes; sin embargo, no se beneficia de su servicio, antes al contrario, son ellas las beneficiadas (Job 22:2,3). Dios usa medios e instrumentos para cumplir sus propósitos, no porque su poder sea insuficiente, sino, a menudo, para demostrarlo de modo más sorprendente a pesar de la debilidad de los instrumentos. La absoluta suficiencia de Dios hace de El objeto supremo de nuestras aspiraciones. La verdadera felicidad consiste solamente en el disfrute de Dios. Su favor es vida, y su cuidado es mejor que la vida misma. “Mi parte es Jehová, dijo mi alma; por tanto en él esperaré” (Lam. 3:24); la percepción de su amor, su gracia y su gloria es el objeto principal de los deseos de los santos, y el manantial de sus más nobles satisfacciones.

Muchos dicen: “¿Quién nos mostrará el bien?” Haz brillar sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú has dado tal alegría a mi corazón que sobrepasa a la alegría que ellos tienen con motivo de su siega y de su vendimia.” (Sal. 4:6-7).

Sí cuando el cristiano está en su cabal juicio, puede decir: “Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos; con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Hab. 3:17-18).

En tercer lugar, en el estudio de las perfecciones de Dios resalta el hecho de que El es Soberano Supremo del universo. Alguien ha dicho, con razón, que, “ningún dominio es tan absoluto como el de la creación. Aquél que podía no haber hacho nada, tenía el derecho de hacerlo todo según su voluntad.

En el ejercicio de su poder soberano hizo que algunas partes de la creación fueran simple materia inanimada, de textura más o menos refinada, de muy diversas cualidades, pero inerte e inconsciente. El dio a otras organismo, y las hizo susceptibles de crecimiento y expansión, pero, aún así, sin vida en el sentido propio de la palabra. A otras les dio, no sólo organismo, sino también existencia consciente, órganos del sentido y movimiento propio. A éstos añadió en el hombre el don de la razón y un espíritu inmortal por el cual está unido a un orden de seres elevados que habitan en las regiones superiores. El agita el cetro de la omnipotencia sobre el mundo que creó.

Alabe y glorifique al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades. Y todos los moradores de la tierra por nada son contados; y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano y le diga: ¿qué haces? (Dan. 4:3435).

La criatura, considerada como tal, no tiene derecho alguno. No puede exigir nada a su Creador, y como quiera que sea tratado, no tiene razón en quejarse. No obstante, al pensar en el señorío absoluto de Dios sobre todas las cosas, no deberíamos de olvidar nunca sus perfecciones morales. Dios es justo y bueno, y siempre hace lo que es recto. Sin embargo, ejerce su soberanía según su voluntad imperial y equitativa. Asigna a cada criatura su lugar según parece bien a sus ojos. Ordena las diversas circunstancias de cada una según sus propios consejos. Moldea cada vaso según su determinación inmutable. Tiene misericordia del que quiere, y al que quiere endurece.

Dondequiera que estemos, su ojo está sobre nosotros. Quienquiera que seamos, nuestra vida y posesiones están a su disposición. Para el cristiano es un Padre tierno; para el rebelde pecador será fuego que consume. “Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amen” (1Tim. 1:17)

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HABLEMOS SOBRE LA PAZ


HABLEMOS SOBRE LA PAZ

El diccionario Anaya de la Lengua Española define la paz como: “Tranquilidad y sosiego de ánimo. Estado de armonía civil propio de una nación que no mantiene guerras con ninguna otra y que se gobierna con justicia.”

Fabuloso el significado de la paz, pero ¿hasta que punto se esta viviendo esta paz en el mundo? ¿Qué nos dice la Biblia en cuanto a esta supuesta paz?

  • Mateo 24:6– “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principios de dolores.”

Sin Cristo en el corazón, la gente no puede tener paz, pues Jesús dice que la paz que el da no es como el mundo la da. Es una paz que no importan las circunstancias, siempre está en nosotros.

¿Tienes tú paz?

  • DIOS ES EL AUTOR DE LA PAZ. (Salmo 147:14)
  • “El da paz en tu territorio; te hará saciar con lo mejor del trigo.” (Salmo 147:14)
  • “pues Dios no es Dios de confusión sino de paz.” (1 Cor. 14:33)

La paz resulta de la sabiduría de Dios.

  • “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.”(Stgo. 3:17)

Debemos mirar por la paz de aquellos con quienes vivimos

  • “Y procurad la paz en la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.” (Jeremías 29:7)

La paz es necesaria para el goce de la vida

  • “Quién es el hombre que desea vida, qué desea muchos días para ver el bien?”, “Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela.” (Salmo 34.12, 14)
  • Dios otorga la paz a los que le obedecen
  • “Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro país.” (Lev. 26:6)

La paz es un vínculo de unión.

  • “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el de la paz.” (Efesios 4:3)

El fruto de la justicia debe sembrarse en paz.

  • “Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”(Stgo. 3:18)

La iglesia gozará de paz

  • “Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblo; y volverán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” (Isaías 2:4)

Los santos deben amar la paz

  • “Amad, pues, la verdad y la paz.” (Zac. 8:9)

Los santos deben buscar la paz

  • “Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz y síguela.” (Sal. 34:14)

Los santos deben seguir la paz

  • “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.” (2 Timoteo 2:22)

Los santos deben seguir lo que hace paz

  • “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Rom. 14:19)

Los santos deben cultivar la paz

  • “Yo soy pacífico; más ellos, así que hablo, me hacen guerra.” (Sal. 120:7)

Los santos deben hablar de paz

  • “…porque procuró el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje (Ester 10:3)

Los santos deben vivir en paz

  • “…sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros.” (2 Cor. 13:11)

Debemos tener paz unos con otros

  • “Tened paz entre vosotros.”
  • “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”

Debemos orar por la paz de la iglesia

  • “Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman. Sea la paz dentro de tus muros, y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros, Diré yo: la paz sea contigo. Por amor a la casa de Jehová nuestro Dios, buscaré tu bien.” (Salmo 122:6-9)

Los ministros deben exhortar a que se guarde la paz

  • “A tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan.” (2 Tes. 3:12).

Los malos hablan con hipocresía de paz

  • “Los cuales hablan paz con sus prójimos, pero la maldad está en su corazón.” (Sa. 28:3)

El todopoderoso es el Dios de paz

  • “Y el Dios de paz sea con todos vosotros.” (2 Cor. 13:11)
  • “…Y el Dios de paz y de amor estará con vosotros.” (1 Tes. 5:23)
  • “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo…” (Heb. 13:20)

Dios ordena paz

  • “Jehová tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras.” (Isaías 26:12)

Cristo es el Señor de Paz

  • “Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera…”

Cristo es el Príncipe de paz

  • “…y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6)

Cristo da paz

  • “y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera… (2 Tes. 3:16)

Cristo guía por el camino de paz

  • “… para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1:79)

Cristo es nuestra paz

  • “porque él es nuestra paz…” (Efesios 2:14)

Nuestra paz es por medio de la expiación de Cristo

  • “…el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5)
  • “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación.” (Efesios 2:14-15)
  • “y por medio de él reconciliar consigo todas cosas, así los que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col. 1:20).

La paz es predicada por Cristo

“Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;…” (Efesios 2:17)

Predicada por medio de Cristo

  • “Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.” (Hechos 10:36)

Predicada por los ministros

  • “Cuan hermosos son sobre los montes, los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tú Dios reina! (Isaías 52:7)

Es uno de los frutos del Espíritu

  • “más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz….” (Galatas 5:22)

La paz acompaña a la fe

  • “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (Romanos 15:13)

La paz acompaña a la justicia

  • “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.” (Isaías 32:17)

La paz acompaña a la comunicación con Dios

  • “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás pan; y por ello te vendrá bien.” (Job 22:31)

La paz acompaña al amor y a la ley de Dios

  • Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.” (Sal. 119:105)

La paz acompaña al ánimo espiritual

  • “Por que el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” (Romanos 8:6)

La paz ha sido establecida por medio de un pacto

  • “…ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.” (Isaías 54:10)
  • “Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras…” (Ezeq. 34:25)
  • “Mi pacto con él fue de vida y de paz…” (Malaquías 2:5)

La paz ha sido prometida a la iglesia

“…He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río…” (Isa. 66:12)

La paz ha sido prometida a los gentiles

  • “…y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.” (Zacarías 9:10)

La paz ha sido prometida a los santos

  • “Los montes llevarán paz al pueblo, y los callados justicia.” (Sal 72:3)
  • “Florecerá en sus días justicia y muchedumbre de paz, hasta que no hay luna.” (Sal. 72:7)
  • “Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos…” (Isaías 55:12)

La paz ha sido prometida a los mansos

  • “Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz.” (Sal. 37:11)

La paz ha sido prometida a los que confían en Dios

  • “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en tía ha confiado.” (Isaías 26:3)

La bendición de los ministros debe ser paz

  • “Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.” (Números 6:26)
  • “En cualquier casa donde entréis; primeramente decid; Paz sea a esta casa.” (Lucas 10:5)

Los santos tienen paz en Cristo

  • “Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz…” (Juan 16:33)

Grande es la paz de los santos

  • “Mucha paz tienen los que aman tu ley…” (Salmo 119:165)
  • “…y se multiplicará la paz de tus hijos.” (Isaías 54:13)

La paz de los santos es abundante

  • “…y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.” (Salm. 72:7)
  • “…y los curaré, y les restableceré como al principio.” (Jere. 33:6)

La paz de los santos es asegurada

  • “Si el diere reposo, ¿quién inquietará? Si escondiera el rostro, ¿quién lo mirará? Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre impío. Para vejaciones del pueblo.” (Job 34:29-30)

La paz de los santos sobrepuja todo entendimiento

  • “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento…” (Filip. 4:7)

La paz de los santos es perfeccionada después de la muerte.

  • “Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.” (Isa. 57:2)

El evangelio es buenas nuevas de paz

  • “…¡cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Rom. 10:15)

Los malos no conocen la senda de la paz

  • “No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos.” (Isa. 59:8)
  • “Y no conocieron camino de paz…” (Romanos 3:17)

Los malos se prometen a si mismo paz

  • “…y suceda que al oír las palabras de esta maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Tendré paz, aunque ande en la dureza de mi corazón…” (Deut. 29:19)

El fin de los malos es CAMINO DE MUERTE.

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La Perfección De Los Santos


La Perfección De Los Santos

Introducción:

·¿Podemos ser perfectos en nuestra vida cristiana?

·Es una pregunta que se hacen muchos cristianos hoy en día; sobre todo cuando se trata de igualar la perfección de la que habla la Biblia con la que conocemos en nuestro lenguaje contemporáneo (perfeccionista), la perfección de la que hablan las Escrituras tiene que ver con santidad y pureza, con el carácter que Dios da a sus hijos mediante Jesucristo.

· La mayoría de las controversias que rodean la perfección, vienen del hecho de que la doctrina es interpretada a la luz de la debilidad del hombre más bien que en la fortaleza de Dios. Esta perfección, como fue declarada por Jesús, es tanto el deber como el privilegio del hombre. La palabra hablada no solo es un mandato, sino también una promesa. Dios no ordena algo que es imposible. A pesar de cuan contaminado puede llegar a ser el hombre por el pecado, la gracia de Dios, como fue manifestada en Jesucristo, es suficiente para currarlo y purificarlo.

·  “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, (Mateo 5:48)

I. Definición

a. La perfección, como la Biblia usa el término, es práctica.

b. Algo es perfecto si ello “realiza plenamente el propósito para el cual fue planeado, diseñado y hecho”.

c. Gr. Teleios. Completo (en varias aplicaciones de trabajo, crecimiento, mentalmente y carácter moralmente, etc). Teleios, el adjetivo de telos lleva consigo la idea de algo que ha alcanzado su fin, termino o limite. De aquí se derivan los vocablos completo, perfecto, pleno, que no necesita nada, con referencia especial al fin para el cual fue creado. cualidad de completo:- alcanzar madurez, completo, maduro, perfecto.

d.El término “perfecto” es usado en la Biblia (Mateo 5:48; 19:21, Romanos 12:2; Efesios 4:13; Filipenses 3:15; Colosenses 1:28; 4:12;

e. Cuando Jesús ordeno: “Sed pues vosotros perfectos”, la declaración lleva consigo por vía de la misma definición de teleios, la idea de que al final este estado será alcanzado.

f. Los cristianos serán perfeccionados cuando ellos cumplan el propósito para el cual fueron creados y enviados cuando ellos cumplan el propósito para el cual fueron creados y enviados al mundo.

g. El escritor de Hebreos nos confiere un conocimiento más claro del concepto de la perfección. En Hebreos 5:13 y 14, él dice: “Que cualquiera que participa de la leche, es inhábil para la palabra de la justicia, porque es niño; Mas la vianda firme es para los perfectos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercicios en el discernimiento del bien y del mal”.

 i. Niño” viene de la palabra griega Nepios significa un infante, un niñito, un menor de edad. La idea básica de inmadurez está en el término nepios por definición. El escritor de Hebreos define el termino nepios (un bebe) como uno que es “.. inhábil para la palabra de la justicia…”. (Hebreos 5:13)

 ii. La palabra “perfectos”, por el contrario, viene de la palabra griega teleios. En esencia, cuando teleios es usada en conexión con un cristiano, está describiéndolo como uno que ya alcanzo la edad madura en el sentido espiritual, o la madurez espiritual requerida.

h. En esta luz se puede decir que la perfección de los santos simplemente significa que los santos han alcanzado la madurez en espiritualidad. No obstante, se deberá ejercer mucha precaución para no caer en la trampa del liberalismo. El criterio de la perfección de los santos no radica en las debilidades del hombre, sino en la potencia de Dios. El ser espiritualmente maduro es vivir en la esfera en la cual el Amor Divino efectúa Su perfecta obra.

i. A fin de que un cristiano este espiritualmente maduro, significa haber llegado al lugar donde se tuvo la intención de que el llegara desde el principio.

II. A IMAGEN Y SEMEJANZA

a. El hombre fue creado para ser semejante a Dios. El relato de Génesis manifiesta: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…”. (Génesis 1:26)

b. Heb. Imagen: selem, «estatua; imagen: copia». El vocablo significa «estatua. Demút: parecido, semejanza; concretamente modelo, forma. Los creo con reflejos de algunas de sus propias perfecciones en conocimiento, justicia y santidad, así como autoridad (dominio) sobre sus propias criaturas.

a. El ser justo, integro, al estar en el lugar donde nada nos falta, es ser a imagen y semejanza de Dios. Dios es santo en Su infinita naturaleza. Su santidad no permite la existencia del pecado.

b. El hombre peco.

c. Pero el poder santificador de la sangre derramada de Jesús, es suficiente para levantar al hombre del pecado y proveer los medios a través de los cuales el pueda permanecer dentro de esas corrientes purificadoras.

d. Interpretando las Escrituras desde el punto de vista de las debilidades del hombre, la perfección de los santos parece una imposibilidad. Visualizando las Escrituras desde la ventajosa posición de la obra perfecta de Dios, la perfección de los santos no solo es una realidad, sino que es el privilegio del hombre para llegar a ser semejante a Dios a través de Jesucristo. Por medio de la gracia de Dios, el alcance de la perfección cristiana es claramente expuesta en los Escritos Sagrados.

III. EL ESTADO IDEAL DE LA IGLESIA

a.  Efesios 4-11-18

b. El hecho de alcanzar la medida de la edad de la plenitud de Cristo, es llegar a ese glorioso estado de la perfección.

c. El lograr llegar a la perfección es ser un cristiano maduro, consiguiendo la plenitud de la perfección hallada en Cristo.

d. El no conoció pecado y a través de Él es posible para el hombre el vivir sin pecado. La misma definición de perfección conlleva de por si la seguridad de que la obra está concluida (acabada, perfeccionada).

e. El mandamiento de Jesús fue: “sed pues vosotros perfectos”. El mandato de Dios, pues que es imposible el que Dios pueda mentir, es también una promesa. La promesa por la inmutabilidad de Dios vendrá a ser una realidad, ya que la Iglesia será presentada a Cristo: “Una iglesia gloriosa sin mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fíese santa y sin mancha”. (Efesios 5:27)

f. La Iglesia será presentada a Jesucristo como un Iglesia radiante sin mancha, arruga o sin algún otro defecto. La Iglesia llegara a ser santa y sin tacha. Según las Escrituras, no hay lugar para el pecado en la Iglesia triunfante.

g. Hoy la Iglesia puede existir en su estado de imperfección, pero será purificada de toda injusticia.

h. Los miembros de esta que actualmente no estén viviendo vidas santas, tarde o temprano llegaran a ser santos o serán expulsados del Cuerpo de Cristo, ya que la Iglesia alcanzara el estado de la perfección antes de que Cristo se la presente A Si Mismo, una Iglesia gloriosa y triunfante.

IV.PROPÓSITOS DE LA PERFECCIÓN DE LOS SANTOS

a. Efe 4:12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

b. Efe 4:13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe

i. y del conocimiento del Hijo de Dios,

 ii. a un varón perfecto,

 iii. a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

1. Estarura: Gr. jelikía: madurez (en años o tamaño):- edad, estatura.

Conclusión:

Dios desea un pueblo perfecto, sin mancha ni arruga, para que cuando Jesús venga por su Iglesia la encuentre en Santidad. Oremos porque el Espíritu Santo purifique nuestros corazones, por vivir apartados para El, pues sin santidad nadie vera al Padre. Cristo ya lo hizo, solo tenemos que creerlo; vivamos como quienes se han propuesto alcanzar la meta que es Cristo, el Santo, santo, santo.

LA PERFECCION DEBE SER UNA META: Heb. 6.1

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Ver a Dios “Cara a cara”


Ver a Dios “Cara a cara”
por Eric Lyons, M.Min.

En el debate Butt/Barker, Barker alegó que “sabía” que el Dios de la Biblia no existe porque “hay características y/o propiedades incompatibles de Dios que se encuentran en este libro [la Biblia—EL] que descartan la posibilidad de Su existencia” (2009). Una de las supuestas contradicciones que Barker mencionó fue que Dios reclama invisibilidad, pero ha sido visto. (Se puede encontrar esta declaración a los 10 minutos y 55 segundos de su primer discurso). Ya que Éxodo 33:20-23, Juan 1:18 y 1 Juan 4:12 enseñan que Dios no puede ser visto, mientras que otras escrituras indican que el hombre ha visto y hablado con Dios “cara a cara” (Éxodo 33:11; Génesis 32:30), supuestamente “el Dios de la Biblia no existe”.

Aunque en la actualidad las palabras se usan comúnmente en muchos sentidos diferentes (e.g., caliente, frío, terrible, extraño), Barker, como muchos críticos de la Biblia, ha descartado la posibilidad que los términos en los pasajes previos se usaran en sentidos diferentes. Sin embargo, a través de la Escritura frecuentemente se usan las palabras en maneras diferentes. En Santiago 2:5, el término “pobres” hace referencia a los bienes materiales, mientras que el término “ricos” hace referencia al bienestar espiritual. En Filipenses 3:12,15, Pablo usó el término “perfecto” en sentidos diferentes. Aunque Pablo había obtenido madurez espiritual (“perfección”) en Cristo (vs. 15), todavía no había obtenido la perfección “final, el premio del supremo llamamiento en Cristo Jesús” (Schippers, 1971, 2:62; cf. Filipenses 3:9-11). De manera similar, en un sentido el hombre ha visto a Dios, pero en otro sentido no le ha visto.

Considere el primer capítulo de Juan donde aprendemos que en el principio Jesús estuvo con Dios y “era Dios” (1:1; cf. 14,17). Aunque Juan escribió que Jesús “fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (1:14), indicó poco antes que “[a] Dios nadie le vio jamás” (1:18; Juan 4:12). ¿Fue Jesús Dios? Sí. ¿Vio el hombre a Jesús? Sí. Entonces, ¿en qué sentido el hombre no ha visto a Dios? Ningún ser humano ha visto a Jesús en Su imagen verdadera (i.e., como un Ser espiritual—Juan 4:24—en toda Su plenitud, gloria y esplendor). Cuando Dios, el Verbo, apareció en la Tierra 2,000 años atrás, vino en una forma cubierta. En su carta a la iglesia en Filipos, el apóstol Pablo mencionó que Cristo—Quien había existido en el cielo “en forma de Dios”—“se despojó a sí mismo” y se hizo “semejante a los hombres” (Filipenses 2:6-7). La humanidad vio una encarnación de la Deidad cuando Jesús habitó en la Tierra en forma de hombre. Los hombres vieron al “Verbo” que “fue hecho carne”. De igual manera, cuando Jacob luchó “con Dios” (Génesis 32:38), vio solamente una forma de Dios, no al Dios espiritual, invisible y omnipotente que llena el cielo y la Tierra (Jeremías 23:23-24).

Pero ¿qué hay de tales enunciados que indican que el hombre vio o habló con Dios “cara a cara”? Jacob dijo, “Vi a Dios cara a cara” (Génesis 32:30). Gedeón proclamó: “[H]e visto al ángel de Jehová cara a cara” (Jueces 6:22). Éxodo 33:11 afirma que “hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”. Primero, aunque estos hombres atestiguaron cosas grandiosas e impresionantes, solamente vieron manifestaciones de Dios y una parte de Su gloria (cf. Éxodo 33:18-23). Segundo, las palabras “cara” y “cara a cara” se usan en diferentes maneras en la Escritura. Aunque Éxodo 33:11 revela que Dios hablaba a Moisés “cara a cara”, solamente nueve versículos después Dios dijo a Moisés, “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá” (33:20). ¿Debemos creer (como Barker y otros críticos declaran) que el autor de Éxodo estaba tan equivocado que escribió enunciados contradictorios en solamente el espacio de nueve versículos? ¡Absolutamente no! Entonces, ¿qué quiere decir la Biblia cuando declara que Dios “conocía” (Deuteronomio 34:10) o hablaba a Moisés “cara a cara” (Éxodo 33:11)? La respuesta se encuentra en Números 12. Aarón y María habían hablado contra Moisés y habían preguntado de manera arrogante: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” (vs. 2). Dios entonces apareció delante de Aarón y María, y dijo, “Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová” (Números 12:6-8, énfasis añadido). Note el contraste: Dios habló a los profetas de Israel a través de visiones y sueños, pero a Moisés habló “no por figura”. En otras palabras, aunque Dios nunca mostró Su rostro a Moisés (Éxodo 33:20), permitió que Moisés viera “una evidencia inconfundible de Su presencia gloriosa” (Jamieson, et.al., 1997), y le habló “cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11), i.e., le habló claramente, directamente, etc.

La Biblia no revela “características divinas incompatibles” como Barker alega. Esta declaración de ninguna manera prueba que el Dios de la Biblia no exista o que no se pueda confiar en la Biblia. En realidad, los comentarios de Barker simplemente revelan que él interpreta deshonestamente la Escritura. Si Barker puede trabajar “junto” con un colega sin trabajar literalmente a unos pocos centímetros de distancia (Barker, 2008, p. 335), o si él puede aceptar algo “con los ojos cerrados” sin nunca cerrar sus ojos literalmente, entonces Barker puede entender que Dios pudo hablar “cara a cara” con Moisés sin revelar literalmente Su “cara” completa o gloriosa.

REFERENCIAS
Barker, Dan (2008), Sin dios [godless] (Berkeley, CA: Ulysses Press).

Butt, Kyle y Dan Barker (2009), ¿Existe el Dios de la Biblia? [Does the God of the Bible Exist?] (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Jamieson, Robert, et al. (1997), Comentario Bíblico de Jamieson, Fausset y Brown [Jamieson, Fausset, Brown Bible Commentary] (Base electrónica de datos: Biblesoft).

Schippers, R. (1971), “Telos”, El Nuevo Diccionario Internacional de la Teología del Nuevo Testamento [The New International Dictionary of New Testament Theology], ed. Colin Brown (Grand Rapids, MI: Zondervan).

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La ira de Dios: “Mía es la venganza, Yo pagaré,” dice el Señor


La ira de Dios: “Mía es la venganza, Yo pagaré,” dice el Señor

February 27, 2005

No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Aquí en el versículo 19 tenemos la frase “ira de Dios”, “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. La vez pasada nos enfocamos en la psicología de este versículo, y en como nos liberaba de la carga de tener que tomar la justicia por nuestras manos. Nos enfocamos en las implicaciones de la palabra “porque” en el versículo 19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.  Ya que Dios va a tomar su causa y velar que se haga justicia, usted puede deponer el deseo de venganza. No tiene que cargar la ira, ni la amargura, ni el resentimiento, ni la venganza. Es más, usted no sería capaz. Jesús advirtió que un corazón no perdonador, al final, le destruirá (Mateo 6:15; 18:35).

La  Realidad de la Ira de Dios.

Pero hoy quiero que nos enfoquemos, no en la psicología del versículo, sino en la divina realidad que hace que la psicología funcione. Es decir, en la realidad de la ira de Dios. Pablo dice en el versículo 19, “dejad lugar a la ira de Dios”. Entonces la ira de Dios es definida más adelante como la venganza de Dios, “Mía es la venganza”. De modo que la ira está relacionada con la respuesta de Dios a algo que merece venganza. Y entonces dice, “yo pagaré”. Así que la ira de Dios es tratada como pago al hombre por algo que éste ha hecho.

Así, tomando este versículo solo, podríamos aventurarnos a definir la ira de Dios así: La ira de Dios es el enojo estable de Dios hacia el pecado, expresado en la retribución de una apropiada  venganza sobre el culpable de pecado.

Cuatro Características de la Ira Final de Dios

La razón por la que utilizo la palabra enojo para definir parte de lo que es la ira, es que las dos palabras (orge y thumos) son utilizadas en la Biblia más de cien veces una al lado de la otra. Algunas de esas veces son tan paralelas que difícilmente se pueden distinguir. Por ejemplo, Salmo 6:1, “Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira.” Salmo 90:7, “Porque con tufuror somos consumidos, Y con tu ira somos turbados”. Oseas 13.11 “Te di rey en mi furor, y te lo quité en mi ira”. Romanos 2:8, “pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia.”

Cuando usted trata de distinguir estas palabras lo más cercano que consigue es algo como esto, de A.T.  Robertson: El enojo de Dios (Thumos) es su furia vehemente o su cólera hirviente. Su ira (Orge) es su indignación ajustadora de cuentas o su enojo ajustador de cuentas. En otras palabras, en el enojo de Dios el énfasis recae sobre la intensidad emocional e hirviente de la misma. Y en la ira de Dios el énfasis recae sobre la dirección y el enfoque controlado, establecido, y considerado de su aplicación. Pero no nos atrevemos a establecer grandes diferencias entre ellas. El enojo de Dios nunca deja de ser controlado por su sabiduría y su honradez; y su ira nunca es fría o indiferente, sino que siempre es más que un perfecto decreto judicial porque siempre está llena de una furia justa y apropiada.

Y después vemos, a partir de las palabras “pagaré” y “venganza”, que la ira de Dios es su repuesta al pecado. Dios no toma venganza sobre el inocente. Cuando Él paga con venganza, sabemos que ha habido pecado, hay algo que retribuir. Y ya que Él es meticulosamente justo esa retribución será una venganza apropiada, una venganza adecuada. No será no más ni menos de lo que demanda su perfecta justicia. Así que aquí está otra vez la definición: La ira de Dios es el enojo estable de Dios hacia el pecado, expresado en la retribución de una apropiada venganza sobre el culpable de pecado.

¿Entonces qué debemos de decir acerca de esta ira? Quizás dentro de las limitaciones de un mensaje podamos tomar nota de cuatro cosas. Si nos enfocamos en la ira de Dios que cae sobre los seres humanos en el juicio final, podemos decir al menos cuatro cosas acerca de ella: 1) Será eterna, sin final. 2) Será terrible, sufrimiento indescriptible. 3) Será merecida, totalmente justa y correcta. 4) Habría sido evadible, mediante la vindicadora muerte de Cristo, si nos hubiéramos refugiado en Él.

1. La ira final  de Dios es eterna, no tiene final.

En Daniel 12:2 Dios promete que se está acercando el día en el cual  “ muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.

Jesús habló de la eternidad de la ira de Dios en numerosas maneras. Considere tres, en Marcos 9:43-48, Él dice,

Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 45Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, 46donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 47Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

De modo que dos veces Él llama al fuego del infierno “que no puede ser apagado”.O sea, ellos nunca saldrán. El objetivo de eso es decir sobria y terriblemente, que si usted va allá, no habrá alivio nunca jamás.

La segunda a considerar, en Marcos 3:29 Jesús dice, pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno”. Esta es una declaración sorprendente que descarta todos aquellos pensamientos de universalismo que dicen, aun si existiere un infierno, un día se vaciará después que las personas hayan sufrido lo suficiente. No, eso no es lo que dijo Jesús. Él dijo que hay pecado para el cual nunca habrá perdón. Hay personas que nunca serán salvas. Están perdidas eternamente.

La tercera, en Mateo 25, contó la parábola del pastor de ovejas y cabritos para ilustrar como será cuando Jesús regrese a salvar a su pueblo y a castigar a los incrédulos. En el versículo 41 dice, “Entonces [el Rey] dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”. Y para dejar claro como el agua, que eterno significa para siempre,dice otra vez en el versículo 46, “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Así que el castigo es eterno en la misma manera en que lo es la vida eterna. Ambos significan: sin fin, perpetuo. Es casi un pensamiento incomprensible. Oh, permita que esto le impresione. Jesús no tenía la intención de hablar así en vano.

Después de la enseñanza de Jesús, el apóstol Pablo describe la eternidad de la ira de Dios de esta manera en 2 Tesalonicenses 1:7-9:

…cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.

Destrucción no quiere decir exterminio o aniquilación, tanto como que la destrucción del ejército enemigo quiere decir que el soldado derrotado no existe más. Significa que son deshechos. Son derrotados. Son despojados de todo lo que hace a la vida placentera. Son hechos miserables para siempre.

Finalmente, el gran apóstol del amor, el apóstol Juan, que nos da las dulces palabras de Juan 3:16, utiliza el lenguaje más fuerte para la eterna duración de la ira de Dios: “y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche” (Apocalipsis 14:11). Y Apocalipsis 19:3, “Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos”. Estas son las frases más fuertes para describir la eternidad que los escritores bíblicos pudieron utilizar.

Así que lo primero que tenemos que decir acerca de la ira de Dios al final de los tiempos es que viene sobre aquellos que no abrazan a Cristo como su Salvador y Señor y que la misma es eterna, nunca terminará.

2. La ira final de Dios será terrible, sufrimiento indescriptible.

Considere algunas de las palabras que ilustran la ira de Dios en el Nuevo Testamento. Y mientras las considera recuerde la locura que es decir, ‘¿Pero no son esos solo símbolos? ¿No es el fuego del infierno sólo un símbolo?’ Digo cuidado con eso, porque eso no sirve a su propósito. Suponga que el fuego es un símbolo. ¿Las personas usan símbolos de horror porque la realidad es menos o más horrible que los símbolos? No conozco a nadie que utilice un lenguaje simbólico para verdades horribles cuando el lenguaje literal la haría sonar más horrible.

Las personas recurren a los símbolos de horror (o de belleza) porque la realidad que están tratando de describir es peor (o mejor) de lo que pueden poner con palabras. Si yo digo, ‘Mí esposa es el diamante de mi vida’.  Yo no quiero que usted diga, ‘Oh, utilizó un símbolo de algo valioso; es solamente un símbolo. Así que su esposa no debe ser tan valiosa como un diamante”. No, yo utilicé el símbolo de la joya más valiosa en la que pude pensar porque mí esposa tiene mucho más valor que las joyas. Los símbolos honestos no se usan porque vayan más allá de la realidad, sino porque la realidad va más allá de las palabras.

Así que cuando la Biblia habla del fuego del infierno, pobres de nosotros si decimos, ‘Es solamente un símbolo’. De ser esto un símbolo, quiere decir que la realidad es peor que el fuego, no mejor. La palabra “fuego” no es utilizada para hacer que lo fácil parezca terrible, sino para hacer que lo extremadamente terrible suene como lo que realmente es.

Eso dijo Jesús en Mateo 13:41-42, “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (vea el versículo 49). Entonces agrega al menos tres imágenes más de la ira de Dios, además de la del fuego.

  1. La representa como el regreso de un Señor que encuentra a su siervo desobedeciendo sus mandamientos: “Y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:51) . La ira de Dios es como cortar a alguien en pedazos.
  2. Después la representa como una oscuridad: “mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 8:12). La ira de Dios es como estar totalmente ciego para siempre.
  3. Finalmente él cita a Isaías 66:24 y dice, “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:48). En Isaías 66:24 Dios dice, “Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre”.

En Apocalipsis 6:15-16, el apóstol Juan agrega que la ira de Dios -es más, la ira de Jesús- será tan terrible, que toda clase de ser humano clamará a las rocas para que los aplasten, antes que enfrentar la ira de Dios:

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero.

La postrera imagen de horror que mencionaré  es la última de la Biblia, es decir, el lago de fuego. En Apocalipsis 20:14 este lago es llamado “muerte segunda”: “Y la muerte y el Hades fueron l anzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.” Apocalipsis 2:11 dice que aquellos que vencieren–o sea, los que creen en Jesús–“no sufrirá daño de la segunda muerte”, implicando, que aquellos que no creyesen, si la sufrirán. Apocalipsis 20:15 lo hace explícito: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. Entonces el versículo 10 agrega, “y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”

Por lo tanto, considero que decir, ‘La ira de Dios será un terrible e indescriptible sufrimiento’, es una expresión escasa. Y así, juntando la primera con la segunda verdad: Esta terrible, indescriptible y dolorosa ira durará para siempre. No habrá escape. Hoy es el día de la salvación. Hoy es el día de la paciencia de Dios. Después que usted muera, no habrá oferta de salvación, ni modo de obtenerla.

3. La ira final de Dios será merecida–totalmente justa y correcta.

Pablo trabajó afanosamente para mostrar esto en la primera parte de esta carta a los Romanos. Permítanme recordarles como él lo dijo: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”  (Romanos 1:18). La ira de Dios no viene sin justificación. Es merecida. Porque la verdad de Dios es conocida (Romanos 1.19-20). Y dicha verdad es suprimida, y los frutos son impiedad e injusticia. Y sobre eso, viene la ira (Efesios 5:6; Colosenses 3:6).

Dice esto aun más explícitamente en Romanos 2:5, “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”.  Nosotros somos responsables. Estamos atesorando ira con cada acto de indiferencia hacia Cristo. Con cada preferencia por cualquier cosa por encima de Dios. Con cada vacilación de nuestro afecto por el pecado y con cada segundo que se enturbia nuestro afecto por Dios.

Entonces lo dice una vez más en Romanos 3:5-6. “Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) 6En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” Para el apóstol inspirado nada estaba más claro que el hecho de que Dios es justo y que juzgará al mundo con una terrible ira.

Y para que usted no piense que su pecado no merece esta clase de ira, considere estas cuatro razones:

  1. Fue sólo un pecado el que llevó al mundo entero bajo el juicio de Dios, y trajo la muerte sobre todas las personas (Génesis 2:17; Romanos 5:12). Y usted no ha cometido solamente un pecado, sino decenas de miles de pecados.
  2. Considere Santiago 2:10, “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. Usted No solamente ha pecado decenas de miles de veces, sino que cada pecado lleva en sí el rompimiento completo de la ley de Dios.
  3. Considere Gálatas 3:10, “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”.  La ira de la maldición de Dios cae sobre nosotros por no obedecer todo lo que está ordenado. Una falla y la maldición cae.
  4. Considere que cualquier ofensa y cualquier deshonor a un Dios infinitamente honorable e infinitamente valioso, es una ofensa infinita y un deshonor infinito. Por tanto, un castigo infinito es merecido.

Lo que deja un último punto que señalar. Y Oh, ¡Cuán crucial es! ¡Cuán preciado es! ¡Cuan infinitamente hermoso es!

4.  Al final de la era, cuando la completa ira final de Dios sea derramada, habrá sido evitable.

Eso quiere decir que es evitable ahora. Usted no tiene que pasar la eternidad bajo la ira de Dios si recibe al Hijo de Dios como su Salvador, Señor, y Tesoro. ¿Por qué es eso? ¿Cómo puede ser eso? Porque de tal manera amó Dios al mundo que envió a su propio Hijo, infinitamente valioso, para que absorbiese la infinita ira de Dios contra todo el que se refugiase en Él. Escuche con tembloroso asombro, gratitud, y fe a esta preciosa declaración de Gálatas 3:13, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).”

Cristo cargó la maldición de la ira de Dios por todo aquel que viene a Él, por todo aquel que cree en Él, y por todo aquel que se regocija en el refugio de su sangre y de su honradez. Venid. Venid. Él es infinitamente valioso.

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