El “arrepentimiento G12” vs. el arrepentimiento bíblico


El “arrepentimiento G12” vs. el arrepentimiento bíblico

por Pablo Santomauro

“Es necesario que el nuevo creyente entienda que el arrepentimiento genuino significa sentir dolor por las cosas erróneas que se han hecho …” (César Castellanos, La Escalera del Exito, p. 46)

César Castellanos, el líder absoluto del G-12, pone especial énfasis en el hecho de que el cristiano debe sentir lo que él ha denominado el “verdadero arrepentimiento”. Tan central es este principio en el esquema doctrinal de Castellanos, que él considera obligatorio que sus seguidores participen de los conocidos Encuentros para ser confrontados con sus pecados, las causas y sus consecuencias[1]. ¿La forma de alcanzar el verdadero arrepentimiento? Una vez en el Encuentro, la persona debe crear una lista de pecados, algo que el movimiento llama “la Clínica”. Cada concurrente debe de cargar consigo esa lista por los tres días que dura el Encuentro, incluir su nombre y el de la iglesia a que pertenece, e ir marcando los pecados que ha cometido a medida que los va recordando[2]. En algunos casos la lista contiene pecados tan grotescos y pervertidos que al encuentrista nunca le han pasado por la mente hasta el momento de leerlos[3].

El objetivo del procedimiento es, definitivamente, hacer que el creyente se sienta impuro y miserable por sus pecados. Existen reportes de que algunos dirigentes de los Encuentros han llegado a usar corazones vacunos a los que el participante debe acuchillar representando lo que la persona que peca hace con el corazón de Cristo, pintura roja simbolizando cómo éste sangra a causa de nuestros pecados, excremento que se debe oler para concientizar cómo hiede el pecado delante de Dios, etc., etc.[4]. Todo esto, combinado con otras técnicas de persuasión y manipulación psicológica, conducen a la persona a desmoronarse emocionalmente y prorrumpir en llanto debido a los sentimientos de culpabilidad. Se supone que este despliegue emocional es el verdadero arrepentimiento. ¿Lo será? ¿Se diferencia esto del arrepentimiento que la persona experimentó cuando vino a Cristo? ¿Significa esto que la persona no es salva hasta que no pasa por el “verdadero arrepentimiento”?

Entendiendo la salvación por gracia y el arrepentimiento bíblico

Salvación por gracia significa que Dios es el que salva al pecador, nadie más. El pecador no juega parte ninguna en la salvación por gracia (Ef. 2:8-9). Esto no significa que el hombre no es responsable de arrepentirse y creer en el Evangelio. A menos que usted se arrepienta y venga a Cristo en fe, de cierto perecerá (se perderá por la eternidad).

A los hombres y mujeres se nos da mandamiento de arrepentirnos y creer en el Evangelio (Hch. 17:30; Mt. 11:28-30; Hch. 16:30-31). Esta verdad ineludible complementa la realidad de la soberanía divina, no la contradice.

Soberanía de Dios:
“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y el que a mí viene, no le echo afuera” (Jn. 6:37).

Responsabilidad Humana:
“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna”.(Jn.6:47)

Soberanía de Dios y responsabilidad humana armonizadas:
“Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica los mandamientos de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis” (Jn. 6:28-29).

El hecho de que los hombres en su estado natural estén espiritualmente muertos (Ef. 2:1) no niega ni reduce su responsabilidad de creer en el Evangelio y arrepentirse de sus pecados.

Incapacidad Humana:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere…” (Jn. 6:44).

Responsabilidad Humana:
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna…” (Jn. 6:40).

Basados en lo anterior deducimos que en lo que respecta a los seres humanos, elección e incapacidad humana son cuestiones que están en la jurisdicción de Dios, NO la nuestra. Cuando ya somos cristianos no nos preocupamos acerca de si fuimos elegidos o no, ni de nuestra incapacidad de venir a Dios. Simplemente confiamos en Cristo.

¿Cuál es nuestra responsabilidad desde el punto de vista humano?

Respuesta: Recibir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal. Este paso o compromiso involucra todo nuestro ser:

Intelectualmente debemos: 1) Entender e internalizar el Evangelio (Jn. 8:32; Ro. 10:17); 2) Aceptar el Evangelio como la Verdad (Mt. 16:13-18).

Emocionalmente sentiremos: 1) Dolor por nuestros pecados (2 Co. 7:9-11); 2) La urgencia o necesidad de restituir o reparar (Lc. 19:8-9).

Volitivamente: 1) Recibiremos a Jesús como Señor y Salvador (Jn. 1:12); 2) Rechazaremos el pecado y tomaremos otra dirección (Lc. 3:8; Ef. 4:17-20; 1 Co. 6:9-11).

Las emociones

Lo que Castellanos enseña respecto al arrepentimiento es una mezcla de verdad y error. Cuando Castellanos dice que el verdadero arrepentimiento debe ser acompañado de dolor, está diciendo algo que es bíblico. El dolor debe manifestarse aun antes que el arrepentimiento en el sentido de que el dolor es un factor que conduce al arrepentimiento. La experiencia de la salvación de Dios incluye verdadero dolor y quebranto de corazón por nuestros pecados (lo que incluye el mal infligido a otros seres).

Excepciones: Hay casos en que la conversión antecede al arrepentimiento (no es el dolor el que conduce al arrepentimiento y por ende a la conversión). Ejemplo: La conversión de Pablo en el camino a Damasco. Pablo no sentía ningún dolor o culpabilidad antes de caer a tierra y convertirse a Cristo, aunque estoy seguro que lo sintió después.

Es importante distinguir entre el dolor genuino o verdadero, y el dolor falso o insincero (2 Co. 7:10). Hay un dolor que es dirigido hacia Dios y que consiste en angustia mental y sufrimiento interior, causado por el cargo de conciencia abrumante por nuestro pecado contra Dios y los que herimos o perjudicamos. La verdad es que nuestros pecados causan angustia, remordimiento y dolor (Sal. 32:3-4; Lc. 15:17-19). Por supuesto que existen varios grados de dolor debido a las diferentes personalidades.

El verdadero dolor conducirá al arrepentimiento, y arrepentimiento es el cambio intelectual y volitivo en el cual nos apartamos del pecado para andar en el camino de la justicia (2 Co. 7:9-11). En este sentido, Castellanos, como dije antes, entiende la secuencia del proceso espiritual correctamente. Pero veamos ahora su distorsionada y nociva aproximación al tema.

Los errores y peligros en el “verdadero arrepentimiento” del G12

La técnica de Castellanos para conducir a la persona al “verdadero arrepentimiento”:

1) Suplanta al Espíritu Santo — En el momento de la conversión, uno puede que no sea consciente de la magnitud de los pecados cometidos. Todo lo que algunos sabemos es que somos pecadores sin remedio y por ello venimos a Cristo en arrepentimiento y fe. Se dice que cuanto más cerca estamos de Dios, más rechazo hacia el pecado vamos sintiendo. A medida que avanzamos en nuestra vida cristiana, el Espíritu Santo nos conduce en el proceso introspectivo por el cual recordamos y reconocemos la gravedad de nuestras ofensas pasadas (Sal. 51:7), y sin lugar a dudas el dolor es un componente de la ecuación (Sal. 38:17-18). Pero es el Espíritu Santo el que iluminándonos a través de la Palabra de Dios nos guía en este proceso, el cual no sucede de la noche a la mañana, ni se puede fabricar en un encuentro de tres días. Ningún hombre o método puede sustituir al Espíritu y su soberanía en todo el proceso, incluido el tiempo. La pretensión de Castellanos de hacer de los Encuentros una especie de catalizador para acelerar el proceso de concientización del pecado y de madurez en el cristiano, equivale a querer asumir el rol del Espíritu Santo, lo que raya en blasfemia.

2) Planta dudas en los cristianos — Según ciertos reportes, es obvio que entre los “encuentristas” sometidos a la clínica y el verdadero arrepentimiento encontramos nuevos creyentes, fieles de otras iglesias (nuevos y de años), y aun pastores y líderes. Todos ellos son sometidos al mismo tratamiento y método operacional, lo que es consecuente con las ideas de Castellanos. La inferencia lógica es que a todos ellos les faltó algo en su experiencia de conversión, o aun peor, que nunca tuvieron una experiencia de conversión. Paradójicamente, uno de los lemas del movimiento es afirmar a sus miembros en la seguridad de la salvación, pero el método de Castellanos parece hacer exactamente lo contrario. El “verdadero arrepentimiento” puede tener consecuencias desvastadoras en aquellos creyentes que por una u otra razón carecen de la certidumbre de la salvación. Un caso muy real es que la persona finja todos sus manifestaciones (llanto, gemidos, etc.) a los efectos de ser aceptada en el grupo. Puede tratarse de una persona que ya es salva y que al no poder manifestar emociones efusivas como los demás, comience a dudar su salvación.

3) Reduce el arrepentimiento a una mera manifestación emocional externa, no teniendo en cuenta que diferentes personalidades reaccionan de manera diferente ante el dolor. Tampoco toma en cuenta que ciertas personas llegan a Cristo con diferente grado de deterioración moral y acumulación de pecados. Para algunos el arrepentimiento puede reducirse a solamente la convicción de haber vivido separados de Dios a pesar de llevar una vida medianamente decente. En estas personas es raro ver un despliegue emocional externo ya que lo que los condujo al arrepentimiento es sentirse avergonzados delante de Dios por su negativa a reconocerlo como Señor de sus vidas. Lo mismo sucede con la persona que llega a Cristo en su adolescencia o juventud. No esperemos que estas personas derramen lágrimas a raudales.

4) Mal interpreta la naturaleza del arrepentimiento — El título de un artículo en una página pro visión G12 dice: El Arrepentimiento, Clave para el Avivamiento. Veamos un corto párrafo del escrito:

“Cuando no hay un genuino arrepentimiento, todo esfuerzo que se intente para desarrollar un liderazgo victorioso y ganar las almas para Cristo es en vano. Podemos preguntar: ¿Hay creyentes que no han confesado su pecado? Claro que sí, han reconocido a Jesús como el Señor de sus vidas pero no han dejado que Él procese sus vidas y han dejado cosas ocultas”. [5]

Tal afirmación nos confirma que el “arrepentimiento verdadero” al que se refiere César Castellanos es uno que tiene que darse, por inferencia, en los cristianos. ¿Puede haber creyentes que no han confesado su pecado? Castellanos afirma que alguien puede reconocer a Jesús como Señor de su vida sin dejar que “él procese su vida”. ¡Vaya declaración más contradictoria! Yo sí creo que las iglesias evangélicas, en gran medida, asedian y arrinconan a la gente invitada o que simplemente aparece por la iglesia para que “acepten a Cristo”. El resultado de esto son numerosas conversiones falsas, lo que permite al inconverso convivir con el resto de la iglesia con sólo adquirir patrones de conducta similares a los del cristiano genuino. No se trata, como dice el artículo, de creyentes que reconocen a Jesús como Señor pero no lo dejan actuar en sus vidas – esta idea es un oxímoron (es como describir a “un demonio bastante bueno”).

5) Maneja una noción equivocada de avivamiento — El mismo artículo expresa:

“El avivamiento es el despertar espiritual que sólo es posible mediante un arrepentimiento genuino. Muchos líderes se han arrepentido de sus iniquidades y pecados, han confesado su fe en Jesucristo pero no crecen. Vale la pena diferenciar entre arrepentirnos de nuestras malas acciones y entrar en la dimensión del genuino arrepentimiento”. [6]

Un avivamiento es prerrogativa absoluta y soberana de Dios. La necesidad por un avivamiento de proporciones mayores en todo el mundo es crítica. Todo seguidor de Cristo que se precie de serlo estará de acuerdo con esto. ¿Qué es un avivamiento? A continuación, veamos la diferencia entre el verdadero y el falso avivamiento:

a. Verdadero avivamiento. Es un acto soberano de Dios en una comunidad o una nación donde repentinamente aparecen: (1) convicción intensa y general de pecado y el subsecuente juicio de Dios; (2) un giro masivo hacia el evangelio de salvación bíblico; (3) un sobrecogedor sentido de Dios, de su gloria, poder, amor, gracia, verdad, y presencia; y por último, (4) las iglesias bíblicas locales se agrandan y fortalecen.

b. Falso avivamiento. Es una explosión emocional, por lo general resultante de métodos sensacionalistas y/o extremos usados por el hombre para despertar las emociones de la gente. La mente no es confrontada con la verdad bíblica, sino que las emociones son manipuladas mediante técnicas psicológicas. El falso avivamiento se centra en manifestaciones físicas y experiencias místicas, y es de duración temporaria. Al final, termina con iglesias desgastadas, divididas, debilitadas numéricamente y disminuídas en cuanto a su influencia. Un falso avivamiento resulta en muerte, no en vida. El “verdadero arrepentimiento” del G12 conduce a un falso avivamiento.

Conclusión

Castellanos secuestra el mandato bíblico de arrepentirse, crea una mutación nociva, y lo incorpora dentro del montaje especial de los Encuentros como un instrumento de manipulación de las emociones humanas. La confesión prácticamente pública de los pecados de los encuentristas encierra en sí otro peligro para la vida cristiana. La revelación de los pecados en una lista agrega un posible elemento de extorsión. Si bien no tenemos prueba conclusiva de que los líderes puedan tener acceso a esa lista, es posible que de tenerlo, puedan ejercer dominio sobre aquellos que han revelado sus pecados abiertamente en los Encuentros. Los frutos del G12 en general y las técnicas usadas en las Encuentros en particular, son: Iglesias divididas o simplemente aniquiladas, testimonios de personas quebrantadas, falsas conversiones por medio de métodos de presión manipulativos, y cristianos inmaduros desilusionados con Cristo. Esto es indicativo de que el “avivamiento” y el “arrepentimiento” promocionados por el G12 traen muerte en lugar de vida. <>

Notas:

1. Ricardo Becerra, Un Encuentro con los Encuentros del G12, Apología Cristiana, Enero- Abril 2008.

2. Ibid.

3. Ricardo Becerra, adaptación al inglés por Paul Carden, EncounterinG12 (M.C.O.I. Journal, Spring 2007, p. 10).

4. Ricardo Becerra, Un Encuentro con los Encuentros del G12, Apología Cristiana, Enero- Abril 2008.

5. http://www.visiong12.com/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=68

6. Ibid.

 

LA REVELACIÓN DE DIOS


LA REVELACIÓN DE DIOS

Por Paulo Arieu

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Históricamente, las dos vías por las cuales Dios ha iniciado la revelación de Sí mismo se han denominado revelación general y revelación especial.

DEFINICIÓN

La revelación general comprende todo lo que Dios ha revelado en el mundo que nos rodea, aun al hombre. También se la llama Teología Natural. La revelación general provee evidencias de la existencia de Dios. La revelación especial incluye los varios medios que Él usó para comunicar Su mensaje en lo que fue codificado en la Biblia. Algunas veces la revelación especial es llamada teología revelada. Esta revelación da por sentada la existencia de Dios.

LA REVELACIÓN GENERAL

La Revelación general justamente es eso: general. Es general en su alcance (todas las personas y en todos los tiempos), geografía (abarca la tierra entera), metodología (emplea medios universales: el sol que sale para todos o la conciencia humana y también el juicio para aquel que la rechaza).

Las vías de la revelación de Dios:

1) Por medio de la creación: Como existe la creación, hay evidencia que hubo un efecto que lo originó. (Sal.19:1-6;Ro. 1:18-32).

2) Por medio de la historia: A lo largo de la historia se ve el actuar de Dios. Por ejemplo, cuando la maldad llega a un punto máximo, sobreviene el juicio. La historia de la preservación de Israel es uno de los indicios más evidentes.

3) Por medio de la organización: El propósito, el orden, el diseño que observamos en el mundo, exige que haya habido un diseñador. Por ejemplo, Pablo utiliza un argumento así en Hechos 14:17 al hablar del ciclo de la lluvia como evidencia de Dios.

4) Por medio de la constitución del hombre: Como existe el hombre que es un ser moral, inteligente, y viviente, debería existir un ser de características semejantes que lo haya creado. El hombre es el único ser que se puede hacer las preguntas: “¿de dónde vengo?” y “¿adonde voy?”. Además tiene constitución espiritual y naturaleza religiosa. Las fuerzas inanimadas, materiales o inconscientes, no pueden haber producido al hombre. La evolución no puede producir el alma, la conciencia o los instintos religiosos. Los ídolos sin vida no generan seres vivientes. (Sal. 94:9; Ro. 2:14,15).

5) Por medio del Ser: Dios existe porque el concepto de Él existe. En todos los rincones del mundo está la idea de un ser superior, por lo cual también debe existir.
Teniendo la revelación general el incrédulo no tiene excusa. Si la rechaza cae bajo el justo juicio divino (Ro.1:18-20).

Para el creyente, esta revelación le da base para evangelizar a aquellos que no conocen las Escrituras (Hch.14:15-17; 17:23-31). Por otro lado confirma su fe, sabiendo que ésta no está basada en fábulas sino en la realidad. Por lo tanto su fe no es vana.

Objeciones:
Es evidente que la revelación general no es suficiente. En esta clase de revelación no hay mensaje de salvación, ni invitación a la comunión personal con Dios. A lo sumo se llega a admitir la existencia de Dios y, acaso, ciertas señales de Su providencia, pero seguimos ignorando quién es y lo que es para nosotros. Nuestro razonamiento finito no alcanza para comprender y explicar lo infinito. A causa de su condición caída el hombre no acierta a obtener un conocimiento correcto de Dios, antes al contrario, pervierte siempre cualquier atisbo de la Divinidad (Ro.1:21-25). El pecado pervierte el entendimiento y convierte en ineficaz el testimonio de la revelación general. De ahí que surgen tantas religiones diferentes que aplican la revelación divina bajo un razonamiento oscurecido por el pecado. Esto es nuestra culpa y, además, trae como consecuencia el juicio de Dios. Entonces el testimonio de la revelación general se convierte, en el fondo, en un testimonio que nos acusa.

Pero esto no nos debe desesperar porque sabemos que para los que realmente buscan a Dios, Él no está lejos (Hech. 17:24-27). Por ejemplo, el etíope ya buscaba a Dios, por lo cual Dios le envió un Felipe (Hch.8:26-40). Esto nos debe motivar a alcanzar a aquellos que todavía no escucharon hablar de Dios y también a involucramos en las misiones de alguna forma.

El otro gran peligro surge cuando la revelación especial es dejada de lado para hacerle lugar a la revelación general pervertida por el pecado. De ahí llegamos al sincretismo de la Teología Liberal del campo protestante, asociada a un creciente universalismo católico. Uno de los mayores exponentes de esta corriente es Raymond Paniker, quien ya en mayo de 1967 escribía:

“En última instancia, toda religión está misteriosamente dirigida a Cristo y éste, sorprendentemente, actúa en cada una de ellas. Todo hombre que vive su religión, aún sin saberlo, está unido a Cristo”. Siguiendo el curso de esta corriente, lamentablemente se llega a una religión general.

LA REVELACIÓN ESPECIAL
La revelación especial fue dada a algunas personas en momentos especiales Dios no sólo se revela por medio de la naturaleza sino que se ha revelado también, de una manera especial, en ciertos hechos de la historia, culminando en la obra y persona de Jesucristo. Precisamente, uno de los títulos más expresivos que se dan a Cristo es “el Verbo”, la Palabra. En efecto, Cristo es la Palabra encarnada. Y de la misma manera que la palabra es el medio por el cual expresamos nuestros pensamientos, Cristo es el medio por el cual Dios nos ha revelado sus pensamientos divinos (Jn.1:18).

Hay una revelación especial de Dios por medio de intervenciones y mensajes directos al hombre. Pero ¿cómo podemos conocer esta revelación? Si Dios habló en el pasado de diferentes maneras y en varias ocasiones, ¿cómo la podemos conocer hoy? Sobre todas las cosas, ¿qué conocimiento puedo tener de la Palabra encarnada, de Jesucristo, si no hubiera quedado registrada de algún modo que la hiciera permanente?

La respuesta evidentemente es la Biblia. Allí tenemos registradas las intervenciones especiales y las revelaciones de Dios. Por ende, la revelación final que tenemos de todo lo necesario de parte de Dios la encontramos en la Biblia.

El efecto de la revelación especial es como un lente que nos permite leer de nuevo y correctamente en el libro de la naturaleza, además de abrir nuestros ojos a la gran salvación que Dios ha obrado en Cristo. Éste es el centro y la meta de toda revelación.

Auto-revelación:Tenemos que resaltar que todo lo que sabemos de Dios nos es dado por Dios mismo. Si no fuera por el hecho que Él quiere que le conozcamos, esto sería completamente imposible por nuestra parte (Hb.1:1-3). J.l.Packer, en su libro “Conociendo a Dios” dice:

“…el conocer a Dios es cuestión de gracia. Es una relación en la que la iniciativa parte invariablemente de Dios – como debe serlo, por cuanto Dios estátan completamente por encima de nosotros y por cuanto nosotros hemos perdido completamente derecho a su favor por haber pecado. No es que nosotros nos hagamos amigos de Dios; Dios se hace amigo de nosotros, haciendo que nosotros lo conozcamos a Él mediante el amor que Él nos manifiesta” (Gá.4:9).

Formas de revelación:

  • La suerte: Pr.16:33; Hch.1:21-26.
  • El Urim y Tumim: Ex.28:30; Nm.27:21; Dt.33:8; 18.28:6.
  • Sueños: Gn.20:3,6; 31:11-13,40,41; Joel 2:28.
  • Visiones: Is. 1:1; 6:1; Ez. 1:3.
  • Teofanías: Gn. 16:7-14; Ex. 3:2; 28.24:16; Zac.1:12.                                                      
  • Ángeles: Dn.9:20,21; Lc.210,11; Ap.1:1.
  • Profetas: 28.23:2; Zac.1:1; Ef.3:5.
  • Eventos: Míq.6:5; Ez.25;7; Jn.1:14.
  • Jesucristo: Jn.1:14; 14:9.
  • La Biblia: 2 Pe.3:15-17; 2 Pe. 1:19-21.

La revelación es progresiva: Es evidente que la Revelación que tenemos en las Escrituras fue entregada por Dios en forma progresiva, es decir, se dio en etapas, en incrementos variables, a diferentes personas, en diferentes momentos. Lo que ahora tenemos en la Escritura completa es el resultado de un proceso que culminó en la persona de Jesucristo. Reconocer la naturaleza progresiva de la voluntad de Dios en las Escrituras no niega la unidad de las mismas, ya que tienen un sólo autor, Dios mismo, si bien eligió expresarse a través de personalidades de los varios escritores humanos. Lo agregado en cada etapa no contradice lo revelado anteriormente, sino que lo expande y profundiza.

La revelación está completa: Es evidente que surja la pregunta de si todavía hay revelación de Dios en la actualidad fuera de la Biblia.

Tenemos que tener en cuenta que el AT, en general, estaba preparando el camino hacia el Salvador. En el NT se nos relata Su vida, ministerio y muerte y con esto la culminación de las escrituras del AT. La revelación de Dios llegó a su máxima expresión en la persona y obra de Cristo (Ef.1:8-10; Jn.1:18; Col. 1:15; 2:9; Jn. 19:30). La revelación de Dios llegó a su culminación y fin en la persona y obra de Cristo: “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo… el cual siendo el resplandor de su gloría, y la imagen misma de su sustancia…” (Hb.1:1,2). En Juan 17:4 Jesús mismo dice: “…he acabado la obra que me diste…”. El contexto de este versículo deja muy claro que esa obra era la de revelar el conocimiento de Dios (Ver especialmente Jn. 17:3,6,7).

Pero, ¿qué de lo escrito por los apóstoles? Ya en Juan 14:16,26; 15:26,27, más temprano en esa misma noche, Jesús había comisionado a Sus discípulos a escribir lo que Él había manifestado. El Espíritu Santo fue prometido para hacerles recordar lo que Él había mostrado y enseñado, y garantizar la veracidad de lo documentado por ellos. Este proceso fue completado durante sus vidas, y el Canon del NT fue el producto final. Pablo afirma haber recibido su revelación directamente de Cristo (Gal.1:1; Ro.16:25,26; Ef.3:1-11). Esta autoridad fue reconocida por los otros apóstoles (Gal. 1:15-24; 2P.3:15,16).

¿Qué del Apocalipsis?

El tono de todo el libro se dirige hacia el final de los tiempos y la consumación del programa de Dios. Detalles que antes fueron sellados (Dn. 12:4,9) ahora son revelados, ya que el tiempo está cerca (Ap. 22:10). Esta revelación es de la misma fuente y naturaleza que la del AT (Ap. 22:6). Además, el libro termina con una tremenda advertencia, la de no añadirle palabras a esta profecía (22:18). Aunque se refiere principalmente al Apocalipsis, es evidente que se extiende a todo el NT y a las profecías en general.

¿No se pueden esperar nuevas profecías entonces?

Definitivamente no habrá nuevas profecías que sean necesarias para algún aspecto del plan de la salvación presente ni futura porque:

1) La acción de hablar por inspiración está completa, terminada una vez para siempre (Hb.1:1,2). Este pasaje nos enseña:

  • La única voz que se debe escuchar es la de Dios.
  • El respeto que el lector tiene del AT.
  • Dios habló en otros tiempos a través de varios métodos, que ya no usa, habiendo hablado por el Hijo (Jn 17:4,7,8,20:“…he acabado la obra que me diste…”;Heb,2:3,4: “…nos fue confirmada (aoristo pasivo: acción completa) por los que oyeron…”; 1 Co.15:8: “…a lo último de todos… me apareció a mí…”).

2) El mensaje de Cristo fue entregado “…una vez… a los santos” (Judas 3). La frase: “…una vez dada…” es enfática. Aparentemente la tendencia de las “revelaciones nuevas” lleva Judas a advertir de los falsos maestros.  De la misma forma Efesios 2:20 dice que la Iglesia está edificada “…sobre el fundamento de los apóstoles y profetas…”. Evidentemente el fundamento para cualquier edificio se pone una sola vez. El grito de la Reforma fue: “Sola Escritura”.

3) Fue prohibido añadir a las profecías de Cristo y los apóstoles (Ap.22:18). Apocalipsis fue el último libro escrito (96 d.C.) y admitido en el Canon del NT.

4) Jesús enseñó que toda la verdad sería enseñada por el Espíritu Santo y por Sus apóstoles (Jn. 14:26; 16:13). Las promesas: “…os guiará a toda verdad…” y “…os hará saber las cosas que habrán de venir” no son separables ni aplicables a todo el mundo.

Conclusión: Pretender recibir revelación adicional desmerece la revelación completa y perfecta en Cristo Jesús. Es hablar sin la autoridad de Cristo, lo que Dios no dejará sin castigo (ver Jer.23).

Imagen: https://loquecreemos.wordpress.com/que-es%C2%A0la%C2%A0fe/la-revelacion-de-dios/

Religión y salud mental


Religión y salud mental

Por Paulo Arieu

libertad

Hablar de religión y salud mental es un tema muy dificil ya que en ambos bandos existen fanáticos que no ven con buenos ojos que ambas prácticas se mezclen. En el cristianismo encontramos muchos puristas de la fe, que imbuidos de un peligroso fundamentalismo no entienden los limites de la fe cristiana y cuestionan todo lo que los psicólogos dicen o lo miran con sospecha, utilizando para tal fin la Biblia. Por otro lado, muchos psicoterapeutas, no creen que la religión tenga algo importante que aportar a la ciencia y no ven con buenos ojos que los pacientes sean atendidos por sus ministros, sean estos consejeros bíblicos, pastores o sacerdotes. Optan por una estricta separación fe – ciencia. Pero de esta manera, el paciente queda muchas veces atrapado en medio de dos mundos que son diferentes y que poseen cosmovisiones diferentes (naturalismo científico vs teismo existencial) , pero que ambos tienen la intención de ayudar al ser humano que sufre.

La realidad que actualmente se vive en un país como los Estados Unidos hace que el enfoque estrictamente naturalista de la psiquiatría, muchas veces pierda de vista el aspecto numinoso del ser humano. Por este motivo ha sido que en la segunda mitad del siglo XIX, los nuevos movimientos, tanto en psiquiatría como en psicoanálisis, llevaron a la visión de que la religión y la enfermedad mental deberían estar separadas unas de otras.

Durante el transcurso del siglo XX, a los proveedores de salud mental se les enseñó a ver la religión con escepticismo y mantener la fe fuera de la terapia. Por ejemplo, Freud consideraba a la religión como “la neurosis obsesiva humana universal” (Freud, 1992, p. 43).Aunque sin embargo, Jung si tenía en cuenta el aspecto espiritual del ser humano. El incorporó a su comprensión de la relación entre religión y salud mental, el pensamiento del teólogo alemán Rudolph Otto, entendiendo la religión como “una irrupción de lo numinoso en el terreno de la conciencia de la vida cotidiana” (Mureddu Torres & Romero Zertuche, 2008, p.152). Jung (2006, p. 98) veía en cada paciente que acudía a él “un alma entera y con ella todo un trozo de mundo”.

Pero recientemente, las cosas han comenzado a cambiar de nuevo a medida que el papel que la religión puede desempeñar en el tratamiento de las enfermedades mentales se vuelve cada vez más claro. Es que la terapia religiosa no es tan diferente de la terapia tradicional en la mayoría de los aspectos. El psicólogo podría ofrecer ideas o herramientas para ayudar al paciente a resolver sus problemas. Pero la terapia religiosa también está enraizada en las creencias religiosas del paciente. Los terapeutas que tengan profundas convicciones religiosas y las apliquen en sus consultorios, podrán dar respuestas existenciales satisfactorias a los pacientes. El terapeuta cristiano, por ejemplo, podría ofrecer apoyo a través de los medios tradicionales de terapia y también a través de los medios cristianos, como son las oraciones o devocionales.

Creo que es importante citar que hay estudios que han demostrado que las personas que son muy religiosas tienen mayores ganancias cuando ven terapeutas que son de la misma religión que ellos. Por ejemplo, en revisión de literatura se encontraron numerosas variables, que tenían correlaciones positivas con la religiosidad. En la salud física, la religiosidad estaba relacionada con la disminución del tabaquismo y el consumo de alcohol, así como la efectividad de las enfermedades cardíacas y la presión arterial. Se encontró que las tasas de suicidio tenían una correlación negativa con la religiosidad. La ideología suicida también se redujo, así como también, más actitudes desaprobadas hacia el comportamiento suicida. Un hallazgo interesante fue que la asistencia a la iglesia fue un importante predictor en la prevención del suicidio, incluso más que el empleo (Behere & Das & Yadav & Behere, 2013).

Asi que,mi estimado lector. Si usted por alguna razón necesita visitar un médico psiquiatra o un doctor en psicología, no se sienta mal. Pero si usted es una persona con profundas convicciones religiosas, yo le  recomiendo que no deje de consultar a su pastor o sacerdote (dependiendo de la religión), aunque tenga que concurrir por algún motivo al consultorio de un profesional de la salud mental. No es que crea yo que todo es igual o que todo da lo mismo, pero si se que el que busca a Dios de corazón, no quedará sin una respuesta satisfactoria. Y como cristiano bautista, creo firmemente en la libertad de conciencia de cada persona. Por lo tanto, su conciencia debe ser respetada por su lider espiritual o por su psicoterapeuta personal.

Dios lo bendiga mucho.

Referencias bibliográficas

Behere,P.B. & Das,A. & Yadav,R & Behere,A.P. (2013). Religion and mental Health. Obtenido el 12-08-2017 de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3705681/
Freud, S. (1992). El porvenir de una ilusión, Obras Completas, vol. 21. Impreso en Argentina.Tercera reimpresión.

Jung, C.G. (2006). La Psicoterapia en la actualidad, Obras Completas, Vol XVI, Madrid, España.
Mureddu Torres, C. & Romero Zertuche, Rosa (2008). Religión y salud mental. Obtenido el 12-08-2017 de
https://revistas.ucm.es/index.php/ILUR/article/viewFile/ILUR0808440149A/25733

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Nuestra unión con Cristo


 

Nuestra unión con Cristo

por Paulo Arieu

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La unión con Cristo no es un tema periférico en la teología bíblica, si bien suele ser dejado de lado.Martin explica que:

Es muy fácil darse cuenta de que. Cristo es lo más importante en las Escrituras. Pero no es tan fácil ver que esta doctrina de la unión con Cristo es también una enseñanza importantísima. Esto es así quizás porque la frase misma no se halla escrita en la Biblia. Sin embargo, usamos esta frase porque tiene el mismo significado de otras varias que sí encontramos en el Nuevo Testamento. La más común de estas, “en Cristo”, se encuentra 150 veces considerando solamente las cartas del apóstol Pablo. Es muy fácil darse cuenta de que. Cristo es lo más importante en las Escrituras. Pero no es tan fácil ver que esta doctrina de la unión con Cristo es también una enseñanza importantísima. Esto es así quizás porque la frase misma no se halla escrita en la Biblia. Sin embargo, usamos esta frase porque tiene el mismo significado de otras varias que sí encontramos en el Nuevo Testamento. La más común de estas, “en Cristo”, se encuentra 150 veces considerando solamente las cartas del apóstol Pablo.   [0]

Es un pensamiento clave en la enseñanza del Señor, como este articulo lo demostrará, y es tan importante en la teología paulina que algunos comentaristas la han llamado “el corazón de la religión de Pablo”.[1]. John Murray ha escrito al respecto que

“la unión con Cristo es la verdad central de toda la doctrina de salvación”.[2]

Pablo,hablando de su experiencia profunda con Cristo y su intima unión con El, expresa que el vivia la vida terrenal en comunion intima con Cristo, profundamente unido a El y con su propia voluntad crucificada con Cristo:

  • Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.(Gal. 2:20 NTV)

Esta unión con Cristo es tan importante que el reformador Juan Calvino lo explica, diciendo que:

“Solamente esta unión asegura que, en cuanto a nosotros respecta, él [Jesús] no vino en vano con el nombre de Salvador”.[3]

W Pink es quizás el más enfático de todos.

“El tema de la unión espiritual es el más importante, el más profundo, y además el más bendecido de todos los presentados en las Sagradas Escrituras; y sin embargo, si bien es triste afirmarlo, no hay otro tema que sea hoy tan descuidado. La expresión “unión espiritual” es desconocida en la mayoría de los ámbitos cristianos profesantes, y donde es empleada se le otorga un significado tan rebuscado que sólo lleva un fragmento de esa preciosa verdad”.[4]

Este tema bíblico es indispensable para comprender la obra del Espíritu Santo al aplicar los beneficios de la expiación de Cristo en el cristiano. Como con la mayoría de las enseñanzas del Nuevo Testamento, la simiente de esta doctrina la encontramos en las palabras registradas de Jesús, en este caso transmitida bajo diversas metáforas e ilustraciones. Una metáfora clave que ilustra esta doctriona es la parábola de la vid y los pámpanos, narrada por el apostol Juan:

  • “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:4-5).

Otra metáfora la encontramos en aquellos pasajes que hablan de comer a Cristo como uno comería un trozo de pan (Jn. 6:35) y de beberlo como uno podría beber agua (Jn.
4:10-14; comp con Mat. 26:26-28). La misma idea está también sugerida en la forma en que los seguidores de Cristo han de ser recibidos o rechazados por el mundo, ya que esto es equivalente a una recepción o rechazo de él mismo:

  • “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” (Lc. 10:16).

En la oración sacerdotal del Señor, registrada en el capítulo 17 de Juan, esta unión está analizada explícitamente:

  • “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste… Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (vs. 20-21,23).

Esta doctrina está luego enfatizada y desarrollada ampliamente en los escritos de Pablo. Pensemos en las fórmulas paulinas más importantes, “en él”, “en Cristo”, “en Cristo Jesús”, que ocurren 164 veces en sus escritos. Por medio de estas expresiones, Pablo nos enseña que

  • hemos sido escogidos “en él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:4),
  • llamados (1 Co. 7:22),
  • hechos vivos (Ef. 2:5),
  • justificados (Gá. 2:17),
  • creados “para buenas obras” (Ef. 2:10),
  • santificados (1 Co. 1:2),
  • enriquecidos “en él, en toda palabra y en toda ciencia” (1 Co. 1:5),
  • asegurados de la resurrección (Ro. 6:5).

El apóstol nos dice que únicamente en Cristo tenemos

  • redención (Ro. 3:24),
  • vida eterna (Ro. 6:23),
  • justificación (1 Co. 1:30),
  • sabiduría (1 Co. 4:10),
  • estamos libres de la ley (Gá. 2:4),
  • y disfrutamos de toda bendición espiritual (Ef. 1:3).

Pablo dió testimonio sobre su propia experiencia cuando dijo que a partir de todas estas expresiones podemos decir que la unión del creyente con Cristo es un concepto extremadamente amplio, que tiene que ver no sólo con nuestra experiencia actual de Jesús sino que también se remonta a la eternidad pasada y se extiende hacia adelante, al futuro sin límites. Primero, si miramos hacia atrás, la fuente de salvación la encontramos en la elección eterna del individuo por Dios el Padre en Cristo. Este es el significado de todo el pasaje del capítulo 1 de Efesios, del cual ya hemos citado algunas partes;

  • “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:3-4).

Es posible que no podamos comprender todo el significado de esta elección eterna en Cristo, pero al menos podemos entender que no importa cuánto nos remontemos atrás en el tiempo, encontraremos que los propósitos de Dios involucraban nuestra salvación. La salvación no es un pensamiento a posteriori. Siempre estuvo allí desde el principio.[5]

Como un comentarista ha escrito:

“La primer tarea que el Espíritu Santo llevó a cabo en representación nuestra fue la de elegirnos como miembros del cuerpo de Cristo. En sus decretos eternos, Dios determinó que no estaría siempre solo, que de la multitud de hijos de Adán, un gran número se convertirían en hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina y conformes a la imagen del Señor Jesucristo. Esta compañía, la plenitud de aquel que todo lo llena, se convertirían en hijos por el nuevo nacimiento, pero en miembros del cuerpo por el bautismo del Espíritu Santo”.[6]

Segundo, en el presente estamos unidos con Cristo en nuestra regeneración o nuevo nacimiento. Jesús se refirió a esto en su conversación con Nicodemo:

  • “El que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:5).

Pablo amplió esta afirmación cuando dijo que

  • “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Co. 5:17).

Tenemos una ilustración de nuestro nuevo nacimiento en el nacimiento físico de Jesucristo. En su nacimiento, la vida divina y sin pecado del Hijo de Dios fue colocada dentro del cuerpo humano pecaminoso de la virgen María. Por un tiempo pareció como si esta vida divina hubiese sido tragada. Pero eventualmente se reveló con el nacimiento del niño Jesús.  De manera análoga, nosotros experimentamos la vida divina dentro nuestro cuando el Espíritu de Cristo viene a morar dentro de nuestros corazones. Podemos preguntarnos como hizo María: “¿Cómo será esto? ya que yo no tengo la posibilidad de engendrar vida divina”. Pero la respuesta la encontramos en las palabras del ángel:

  • “El Espíritu vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lc. 1:35).

No nos convertimos en seres divinos, como algunas religiones orientales creen. Pero en un cierto sentido la propia vida de Dios viene a morar dentro nuestro de manera tal que podemos ser llamados con justicia hijos e hijas de Dios. Como fuimos unidos a Cristo en el momento de su muerte sobre la cruz, la redención del pecado nos ha sido asegurada, y somos justificados de todo pecado. Pablo escribe:

  • “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Ro. 6:3).

Y en otra ocasión dice:

  • “en quien tenemos redención por su sangre” (Ef. 1:7).

Cuando Jesús murió sobre la cruz, aquellos de nosotros que estábamos unidos a él por medio de la fe salvadora también morimos con él en lo que respecta al castigo que nos correspondía por el pecado. Dios el Padre hizo morir a Dios el Hijo. Como estamos unidos a él, en cierto sentido también a nosotros nos hizo morir. Al hacerlo, nuestro pecado fue castigado y nunca más hemos de temer que pueda volver a surgir para atemorizarnos.[7]

Como lo expresó Henry G. Spafford en ese himno tan conocido: [8]

De paz inundada mi senda ya esté,

O cúbrala un mar de aflicción,

Mi suerte cualquiera que sea, diré:

“Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!¨

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

T engo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amenguan mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y su sangre vetió en me favor.

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Feliz yo me siento al saber que Jesús,

Libróme de yugo opresor;

Quitó mi pecado, clavólo en la cruz:

Gloria demos al buen Salvador.

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

La fe tornaráse en gran realidad

Al irse la niebla veloz;

Desciende Jesús con su gran majestad,

“Estoy bien, con mi Dios. ¡Aleluya!¨

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Como estamos unidos a Cristo en su muerte, también estamos unidos a él en su vida. Pablo desarrolla este pensamiento en el capítulo 6 de la epístola a los Romanos:

  • Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado, murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Ro. 6:4-11).

Mediante nuestra identificación con Cristo en su muerte el poder del pecado sobre nosotros ha sido quebrado, y ahora estamos libres para obedecer a Dios y crecer en santidad. Por último, al mirar hacia adelante, nuestra identificación con Cristo en esta unión espiritual nos asegura nuestra resurrección final (Ro. 6:5; 1 Co. 15:22) y nuestra glorificación (Ro. 8:17). Como estamos unidos a Cristo, eventualmente hemos de ser como él es. Como nunca podremos separarnos de él, siempre estaremos con él (1 Jn. 3:2). En un sentido, “la unión con Cristo” es la salvación. Murray escribe que:

“Vemos que la unión con Cristo tiene su origen en la elección de Dios el Padre antes de la fundación del mundo y que tiene su culminación en la glorificación de los hijos de Dios. La perspectiva del pueblo de Dios no es estrecha; es amplia y es extensa. No está confinada en el tiempo y el espacio; tiene la expansión de la eternidad. Su órbita tiene dos puntos focales, uno de ellos es el amor electivo de Dios el Padre en los consejos de la eternidad, el otro es la glorificación con Cristo en la manifestación de su gloria. La primera no tiene principio, la segunda no tiene fin”.[9]

Fuera de Cristo no seria posible contemplar nuestro estado sin otro sentimiento que no fuera de horror. Unidos a él todo cambia, y el horror se convierte en una paz indescriptible y en un gozo inconmensurable. 

Spurgeon dijo que:

“Usted es uno con El. Usted fue ‘enterrado en El en el bautismo hasta la muerte,’ el cual también usted ha sido elevado con él. Usted fue crucificado juntamente con él en la cruz, Usted ha subido al cielo con El, porque El nos resucitó juntos, y nos hizo sentar en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Y seguramente usted se encontrara en su misma persona con él donde El está, que usted pueda contemplar su gloria. Eres uno con Él “[10]

Es tan profunda e íntima esa unión de Cristo con su Iglesia, que cuando Saulo de Tarso perseguía a la Iglesia, antes de ser llamado por Jesucristo al conocimiento de El y al apostolado, perseguía a la Iglesia, Jesús se le apareció en el desierto de Damasco y le preguntó porque lo perseguía (Hechos 9:1-19; Hch. 22.6-16; 26.12-18). Perseguir la Iglesia es perseguir a Cristo, porque Cristo está unido a Su Iglesia y porque la Iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-27). Mas tarde, en la historia de su apostolado, Saulo de Tarso comprendería cuan profundamente estaba unido a Cristo, pero si hubiese alguna forma de salvar a Israel el escogería ser separado de Cristo y considerarse anatema.(Ro. 9:1-5). 

Juan Calvino escribió al respecto que

En primer lugar, debemos entender que mientras Cristo permanece fuera de nosotros, y estamos separados de él, todo lo que él ha sufrido y hecho para la salvación de la raza humana sigue siendo inútil y de ningún valor para nosotros. [11]

Reflexionemos, queridos lectores, sobre este profundo misterio que Dios nos ha revelado. Recordemos que también el apostol Juan escribió que nuestra comunión es con el Padre, pero también con Jesucristo.El apostol Juan escribió diciéndonos que:

” Él, quien es la vida misma, nos fue revelado, y nosotros lo vimos; y ahora testificamos y anunciamos a ustedes que él es la vida eterna. Estaba con el Padre, y luego nos fue revelado. Les anunciamos lo que nosotros mismos hemos visto y oído, para que ustedes tengan comunión con nosotros; y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Escribimos estas cosas para que ustedes puedan participar plenamente de nuestra alegría.”(I Jn. 1:2-4 NTV).

Querido lector, que el Señor Jesús lo bendiga mucho y que le permita reflexionar en este tema de la Unión del cristiano con Cristo. Es que separados de Cristo !!!nada podemos hacer (Juan 15:5)!!! Si ud. aún no es un discípulo de Jesucristo, lo animo a reflexionar y considerarlo como una opción fundamental en su vida.

Si ud. tiene un poco de tiempo, lo invito a escuchar estos videos del Pastor Sugel Michelen:

Notas

[1]. James S. Stewart, AMan in Christ: The Vital Elementos of St. Paul’s Religion (New York: Harper and Brothers, n. d.), p. 147.  cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[2] John Murray, Redemption Accomplished and Applied, (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1955), p. 170. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[3]. Calvino, Institutes, p. 541. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[4 ]Arthur W. Pink, Spiritual Union and Communion (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1971), p. 7.cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[5] Donald Grey Barnhouse, God’s Freedom (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1958), The Epistle to the Romans, vol 6, p. 35. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[6] Murray, Redemption Accomplished and Applied, p. 164. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[7] http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[8] http://godspeoplesing.org/Sing/All%20Spanish%20Hymns/Estoy_Bien_RP.pdf

[9]Murray, Redemption Accomplished and Applied, p. 164. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[10] Spurgeon, Ch. (Sermones de C. H. Spurgeon, vol. X, p. 22).

[11] Calvino, Juan. Institución de la religión Cristiana, III. i. 1

imagen: https://www.palabrainspirada.com/union-con-cristo

Esa Obscura Obsesión por María


Esa Obscura Obsesión por María

por Pablo Santomauro

 

¿Recuerda el lector la película “La Pasión”, de Mel Gibson? El propio Gibson expresó que para él fue una sorpresa el entusiasmo con que los evangélicos abrazaron su película, a pesar de su marcado sesgo Mariano (1). Aunque muchos evangélicos no estén de acuerdo, me atrevo a decir que para el ojo entrenado no fue ningún secreto que el film exaltara por demás el rol de María, algo que los católicos no pueden dejar de hacer por traerlo injertado en su teología. La persona que conoce la doctrina católica no pudo evitar luego de ver el film, la impresión de que teológicamente María “se robó la película”. Cristo, por supuesto, se llevó las lágrimas, las emociones, y el “impacto”, al decir de algunos, que por lo general se evaporaron con el rocío de la mañana siguiente.

El magnetismo de la “madre del galileo”, como un soldado la llama durante el film, se manifiesta en el embelezamiento de otro soldado al ver a María durante la escena del Via Crucis. La cámara se detiene por varios segundos en el rostro hipnotizado del soldado mientras observa a María, totalmente absorto, ajeno a todo lo que ocurre alrededor suyo y desatendiendo sus tareas como parte de la escolta que acompaña la cruz. Este mismo soldado es el que estando de guardia frente a la cruz, cuando ve a María y a Juan acercarse, se hace a un lado para dejarlos pasar. La forma robotizada en que lo hace da a entender, desde el punto de vista artístico, que él no puede resistir la presencia de María, o que al menos experimenta una devoción por ella en estado embrionario.

La Pasión de María

La película mostraba también a María en absoluto conocimiento de lo que estaba pasando desde el momento del arresto de Jesús, i.e., del plan de Dios para la redención del hombre. Las palabras de María al comienzo de los sufrimientos de Cristo, fueron: “It has begun, so be it” (“Ha comenzado, que así sea”). María, en la película, tiene la facultad de sentir literalmente los dolores de Cristo, algo que realmente raya en la dimensión del misticismo ocúltico. Esto, sin embargo, armoniza perfectamente con la teología católica:

“La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima”. (2)

La doctrina católica presenta a María no sólo en conocimiento de todo el plan de salvación y al borde de la muerte durante los sufrimientos de Cristo, sino también unida con Cristo al punto de ser copartícipe de la salvación:

“María sufrió … y casi murió con su sufriente Hijo; por la salvación de la humanidad ella renunció a sus derechos de madre y, en cuanto de ella dependió, ofreció a su Hijo para aplacar la justicia divina. Se puede bien decir que ella, con Cristo, redimieron a la humanidad.” (3)

El espacio asignado para este artículo no nos permite expandir en la doctrina mariana de la Iglesia Católica. Suficiente es decir que María, según Roma, es co-redentora [494, 963-973], sin pecado [491], virgen perpetua [499], su cuerpo fue elevado al cielo luego de su muerte sin sufrir corrupción [966,974], y es Mediatriz de Toda Gracia [968-971, 975, 2673-2682] [Citas del Catecismo de la Iglesia Católica].

Es de conocimiento público que el Papa Juan Pablo era un ardiente devoto de María. Cuando fue ordenado Obispo Auxiliar de Krakow en 1958, escogió para su escudo de armas una cruz con la inicial “M” al pie, en honor a María. El lema adoptado por Juan Pablo fue Totus Tuus, lo que significa con referencia a María, “Totalmente tuyo”. (4)

Esta fue la evidencia de la completa consagración a María por parte del fallecido Papa. En mayo 13 de 1981, mientras su vehículo se dirigía hacia una ambulancia cercana, luego de haber sido herido por el sicópata-terrorista Ali Agca, Juan Pablo repetía el siguiente ruego: “¡María, mi madre! ¡María, mi madre!” (5)

La doctrina de la maternidad universal de María está presente en “La Pasión”, en las escenas donde los apóstoles le llaman “madre”. No sólo los apóstoles lo hacen. Cuando Cristo, camino al Calvario, cae bajo el peso de la cruz, María se le acerca para darle aliento. Cristo, levántandose con gran esfuerzo, pronuncia estas palabras: “Behold, mother, I make all things new” (“Contempla, madre, hago nuevas todas las cosas”).

Consultando con Jesucristo

Contrariamente a la exaltación de María por parte de Roma, nuestro Señor Jesucristo restó importancia a su relación con ella. De acuerdo con el registro escritural, Jesús nunca se dirigió o refirió a su madre con una de las palabras más tiernas y hermosas de cualquier lenguaje, “madre”. Esto es aun más desconcertante si tenemos en cuenta que en la tradición judía los padres eran exaltados por las obras de los hijos (1 S. 17:55-58). Un ejemplo claro lo encontramos en Lucas 11:27, donde una mujer, reconociendo la grandeza sublime del Señor, expresa: “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste”. Contrario a la costumbre, el Señor reprende a la mujer por enfocar la atención sobre María y su rol de madre: “Antes bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan”.

Al acabarse el vino durante las bodas en Caná de Galilea (Jn. 2:1s), María recurre a su Hijo esperando de él alguna solución al respecto. “No tienen vino”, fue todo lo que María dijo. No hubo ningún pedido, pero Cristo supo que era una solicitud, y en voz baja (casi seguro) le dijo: “¿Que tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. “Mujer” es un título de respeto; no fue usado por Cristo en forma despreciativa. Prueba de ello es que Cristo usa la misma palabra para dirigirse a María desde la cruz (Jn. 19:26,27), cuando encarga a Juan el cuidado de su madre (Mt. 13: 55,56). El punto es que Jesucristo, con regularidad, evitó llamar “madre” a María en público, aunque es probable que lo haya hecho en privado durante los años de su crecimiento.

En Marcos 3: 31-35, tenemos la historia donde la madre de Jesús y sus hermanos vienen a buscarle y aparentemente no podían ni acercársele debido a la multitud. Cuando alguien le notifica la presencia de su familia, Jesucristo no vaciló en preguntar delante de la multitud: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” Acto seguido, a los efectos de dejar el punto bien claro, mirando a los que estaban a su alrededor, expresó: “He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”. Este pasaje, por sí solo, debería ser suficiente para convencer a muchos que depender de María para obtener salvación no es una opción muy inteligente.

Pertinente al concepto equivocado que presenta la película sobre María estando en conocimiento del plan de redención y los acontecimientos alrededor de ella, la Palabra de Dios nos muestra que en realidad María poseía un concepto muy opaco, y fue ignorante en muchos aspectos, acerca de la misión y el ministerio de su Hijo.

El mismo capítulo 3 de Marcos nos aclara la razón por la cual María y sus otros hijos vinieron a buscar a Jesús: “Y se agolpó de nuevo la gente … Cuando lo oyeron los suyos, vinieron a prenderle; porque decían: Está fuera de sí” (Mr. 3: 20-21). ¡María pensaba que Jesús había perdido la razón!

¡Vaya profundidad espiritual y entendimiento de las cosas de Dios por parte de María! Es evidente que la ignorancia de María respecto a las cosas del evangelio antes de la resurrección de Cristo, estaba a la par con la misma ignorancia de sus discípulos. Una vez más, la Biblia humilla la posición católica, la cual enseña que María fue “exaltada por sobre los ángeles y los hombres a un lugar sólo segundo después de su Hijo como la santa madre de Dios: “[ella]estuvo involucrada en los misterios de Cristo …” (6) (resaltado nuestro)

El Salmo 69, mesiánico por excelencia, expresa: “El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; Y consoladores, y ninguno hallé” (Sal. 69:20). Aparentemente, ni María ni ninguno de los otros al pie de la cruz tuvo conciencia de que delante de ellos se encontraba el Hijo de Dios sufriendo por los pecados del mundo.

La María católica: Una María diferente

Contrariamente a lo que enseña la Biblia, la Iglesia Católica enseña a sus fieles a que oren a María, porque ella puede persuadir a Dios para conceder peticiones que de otra forma Dios no daría: “… oraciones [que de otra forma no serían bien recibidas] … serán aceptadas por Dios cuando son recomendadas a él por la Santísima Madre y oídas favorablemente”. (7)

La Iglesia Católica presenta a María como una madre de corazón tierno que nunca rehúsa ningún pedido, especialmente a los que recurren a ella por medio del Santo Rosario (8). En contraste con María, Dios es presentado como un tanto frío y un benefactor vacilante, al cual debemos acercarnos por medio de María (9). De este modo, en una mueca cruel de la mentira, la teología católica conlleva en sí una variante del complejo de Edipo, matando la soberanía del Padre y revistiendo de deidad a María.

La María del catolicismo Romano no es la María de la Biblia. La Escritura es totalmente silenciosa respecto a una mujer concebida sin pecado, perfectamente impecable (10), perpetuamente virgen (11), ascendida a los cielos (12), llamada Madre de Dios, co-redentora (13), Reina del Universo o Mediatriz de Toda Gracia (14).

A pesar de lo anterior, respetando la Tradición y la razón humana por encima de la Sagrada Escritura, la Iglesia Católica, infatuada y decidida a exaltar a María, ha distorsionado la verdad simple y directa de la Biblia, ha ocultado y pervertido el evangelio, y ha convertido a sus seguidores en seres supersticiosos, víctimas de la apariciones místicas y tenebrosas de un espíritu que se identifica con el nombre de María. En estas apariciones, reales o fraudulentas, este espíritu ha aconsejado a los católicos al arrepentimiento, a hacer penitencia, y a rezar el Rosario por la conversión de los pecadores y la paz del mundo. También le ha pedido a los fieles que practiquen más devoción por María.

Estas apariciones han impedido a los católicos venir a Cristo, y sólo a El, por la salvación de sus almas. Bien podemos juzgar estas apariciones por sus frutos, y estos definitivamente no son de Dios.

Idolatría en la doctrina católica

“Oh Virgen santísima, nadie abunda en el conocimiento de Dios excepto por tí; nadie, Oh madre de Dios, obtiene salvación excepto por tí; nadie recibe un don del trono de misericordia excepto por tí”. (15)

La oración del Papa Leo XIII sería de una precisión teológica admirable si él se hubiera referido a Jesucristo en lugar de María. Sólo por medio de Jesucristo podemos conocer a Dios (Jn. 1:18), obtener salvación (Jn. 14:6), y recibir misericordia ante el trono de la gracia (He. 4: 14-16). Efesios 2:18 establece que “por medio de él (Jesucristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. Esta es la fórmula bíblica para acercarse a Dios: por medio del Hijo, en el Espíritu, al Padre. Jesucristo mismo enseñó a orar directamente al Padre, en el nombre del Hijo (Jn. 16: 26,27). Por consiguiente, los cristianos bíblicos oran en el nombre de Jesús, no en el de María (Jn. 14: 13,14).

La doctrina católica ha robado de la gloria de Dios, y como consecuencia tenemos millones de católicos profesando más devoción a María que a Jesucristo. ¿Es responsable la iglesia de Roma de conducir a sus seguidores a la idolatría y arriesgar de esa forma el destino eterno de millones? Para poder contestar esta pregunta, primero tenemos que definir el significado de idolatría. En los diez mandamientos, Dios dijo:

“Yo soy Jehová tu Dios ….. NO tendrás dioses ajenos delante de mí. NO te harás imagen, ni ninguna semejanza …. NO te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso …” (Exodo 20: 2-5 – subrayado mayúsculas nuestros).

Si estos mandamientos se entienden simplemente como prohibiendo la adoración de otros dioses por encima de Dios, nadie podría acusar a la Iglesia de Roma de promocionar la idolatría. La Iglesia Católica enseña que María es, en realidad, un ser creado. Al mismo tiempo enseña que el rol de María en la salvación es secundario al de Cristo. La ruta de escape de los teólogos católicos consiste en decir que María merece una devoción que es de un grado inferior al grado de adoración reservado para Dios. Los teólogos católicos han creado su propia escala de veneración o devoción (16).

En el pasaje de Exodo hemos subrayado “delante de mí” precisamente para señalar que Dios no deja lugar para la existencia de una tabla de grados, sino que dice literalmente, “no tendrás dioses delante de mi rostro”. Dios, como un Dios celoso que es, exige devoción y lealtad indivisible. Su pueblo no debe tener otros dioses “sumados a El” (17).

Es en este punto donde la devoción de los católicorromanos hacia María cruza la línea y entra en el territorio de la idolatría. Cuando los desorientados católicos se arrodillan delante de una estatua de María, le besan los pies, y le ofrecen la alabanza y la petición desde su corazón, le están dando a la criatura la devoción que sólo se le debe a Dios, y a nadie más que Dios. No importa en absoluto que la Iglesia Católica defina esa devoción y honra como algo secundario o de menor grado que la adoración a Dios. Dios no acepta otros dioses delante de El, no importa cuán inferiores sean.

Sumado a esto, es imposible que el católico promedio, y aún el informado, pueda establecer en su corazón qué tipo de adoración está rindiendo. No existen en el corazón del ser humano diferentes sensores que puedan registrar y provocar estados de adoración diferente. El católico promedio no tiene la menor idea de los grados de devoción reconocidos por su iglesia, ni tampoco está en su poder hacer la distinción cuando se arrodilla frente a María o un santo de los tantos. En consecuencia, cae en la idolatría debido a su ignorancia. Esta ignorancia no le podrá servir de excusa delante de Dios. Los maestros de la Iglesia Católica se encuentran aún en mayor peligro frente a Dios, ya que María, tal cual es definida por Roma, es virtualmente indistinguible del Hijo de Dios en excelencia, poder y logros. La tenue diferencia está, según la Iglesia Católica, en los “grados”.

La respuesta a la pregunta ¿Es responsable la Iglesia Católica de conducir a sus fieles al terreno de la idolatría? es definitivamente, sí. La idolatría se practica endémicamente dentro de la iglesia de Roma. La mayoría de los católicos, al adorar estatuas y reliquias de María y los santos, son culpables de idolatría. No interesa que un teólogo use diferentes palabras del idioma latín para defender la costumbre. El católico promedio no conoce ni le interesan las distinciones tan sofisticadas. Cuando besan y adoran las estatuas de la virgen María o los santos, lo hacen tan sincera y fervientemente como los hindúes con sus dioses y diosas.

Notas:

1. Christianity Today – Entrevista de David Neff a Mel Gibson, publicada Febrero 20, 2004 —- http://www.christianitytoday.com/movies/commentaries/ passion-melmarymothers.html

2. Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 58 — C.I.C. 964

3. Papa Benedicto XV, Inter Sodalicia. Ver también Papa Pío XII, Ad Colei Reginam y Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 56 — C.I.C. 973

4. El lema Totus Tuus viene de una oración en latín por San Luis de Montfort (1673-1716); Tuus totus ego sum, et omnia mea tua sunt, O Virgo super omnia benedicta, significando: “Yo soy enteramente tuyo, y todo lo que poseo es tuyo, Virgen Bienaventurada sobre todo” (Arthur burton Calkins, Totus Tuus [Libertyville, IL: Academy of the Immaculate, 1992], p. 27) ———- Cit. The Gospel According to Rome, James G. MacCarthy, (Harvest House Publishers, Eugene, Oregon, 1995) p. 182

5. De una entrevista con Monseñor Stanislaus, conducida por Andre Frossard, Be Not Afraid! (New York: St. Martin Press, 1982), p. 226. —— Cit. The Gospel According to Rome, James G. MacCarthy, (Harvest House Publishers, Eugene, Oregon, 1995) p. 183

6. Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 66 — C.I.C. 971, 2676-2679, 2682.

7. Papa Leo XIII, Octobri Mense.

8. “Santo Domingo sabía que … ella [María] es por naturaleza tan buena y tan misericordiosa que, inclinada a ayudar espontáneamente a los que sufren, es absolutamente incapaz de rehusar ayuda a los que la invocan … especialmente a los recurren a ella por medio del Santo Rosario.” — Papa Benedicto XV, Fausto Appetente Die.

9. “Tenemos la esperanza cierta de que Dios, será en ultima instancia, movido y tendrá piedad sobre el estado de su Iglesia, a prestar oído a las oraciones que llegan a él a través de ella [María], a la que él a escogido para ser la dispensadora de todas las gracias celestiales.” — Papa Leo, Superiore Anno.

10. Catecismo de la Iglesia Católica: 411, 490-493, 508

11. Ibid.: 484-489, 495-511.

12. Ibid.: 966, 974.

13. Ibid.: 494, 963 – 973.

14. Ibid.: 968-971, 975, 2673-2682.

15. Papa Leo XIII, Adiutricem Populi.

16. La Iglesia Católica reconoce tres grados de devoción: 1) Latria, la forma más alta de adoración, reservada para Dios solamente. 2) Hiperdulia, un escalón por debajo de Latria. Es la forma más alta de veneración que se le puede ofrecer a un ser creado. María solamente merece esta clase de honra.

3) Dulia, veneración simple. Este grado de honra se debe dar a los santos y a los ángeles.

17. Traducción del hebreo “delante de mí” (Exodo 20:3), por C.F. Keil y F. Delitzsch, Commentary on the Old Testament (Grand Rapids: Eerdmans, reimpreso 1985), El pentateuco, tomo 2, p. 114.

Reflexión sobre los dones espirituales


Reflexión sobre los dones espirituales

 Paulo Arieu

Aca posteo un artículo muy interesante que me envio un hermano llamado Humberto Perez. Espero les sea de bendicion. 

Capítulo 14 (I Corintios)

El Entendimiento de las Lenguas

“Seguid el amor; y anhelad los dones espirituales, pero sobre todo, que profeticéis. Porque el que habla en una lengua no habla a los hombres sino a Dios; porque nadie le entiende, pues en espíritu habla misterios. En cambio, el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. El que habla en una lengua se edifica a sí mismo, mientras que el que profetiza edifica a la iglesia. Así que, yo quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más, que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete, para que la iglesia reciba edificación” (I Cor. 14.1-5)

1. Para comenzar hagamos una delicada diferencia entre el don y quien lo recibe. Desde el mismo comienzo el apóstol revela que la actitud que algunos hermanos tenían para los que no hablaban en lenguas era falta de amor porque se creían “mayores”, no “mejores” (v.5) que los que profetizaban. Para Pablo un don es mejor que otro (por así decirlo) pero no un hermano mejor que otro, hay hermanos más útiles pero no mejores en sí mismos, que son mejores instrumentos de servicio a Dios pero no mejores personas, necesariamente. Es más grande cuando sirve a mayor número de hermanos.
2. Nota en segundo lugar que los dones no se procuran como traduce la versión Reina Valera de 1960; la palabra correcta es “desear, anhelar”, no procurar, buscar. El apóstol no está exhortándolos a que busquen los dones que son mayores, como si quisiera que los que profetizan hablen en lenguas, y menos aun a que los copien o imiten los de otros, etc., no, sino que se halla comparando un don con el otro porque ellos se encontraban errado en la apreciación de los mismos. Les parecía fantástico hablar en lenguas, no balbuceos desconocidos, sino idiomas reales y esto a ellos mayormente los enorgullecía delante de sus hermanos. Un don es un regalo de Dios, algo que el Espíritu reparte “como él quiere”; y como máximo lo uno que podemos hacer es desear tenerlo y pedirlo al Señor. Más no.

3. Sin embargo, es conveniente que notemos algo que se infiere en el texto, la situación cronológica del don de lenguas. Si la presencia de las lenguas en otros tiempos era una señal indiscutible de haber recibido el Espíritu santo en la salvación. El uso de las lenguas dentro de la iglesia fue como una temporal concesión del Espíritu porque no fueron nunca destinadas para consumo interno de la congregación sino como un testimonio para el mundo, (14.22), en última instancia para evangelizar a los incrédulos por medio de una manifestación tan innegable del sello divino del evangelio y de la autenticidad de lo que se llamaría cristianismo.

La interpretación de las mismas según se mira en 14.5,22, fue una solución divina que habla por sí misma de la imperfección del don en caso de uso permanente. Aparece no sólo para mostrar la diversificación de la misericordia de Dios y el monopolio de los dones, sino porque fue una alternativa preparada por la providencia mientras trabaja en la historia para darle a la iglesia lo que ya se había propuesto, los documentos escritos por el Espíritu Santo, para que ocupasen un sitio permanente como medio de instrucción, exhortación y consolación. Con estos dos dones, el de profecía y el de lenguas se estaba supliendo la falta de la revelación del evangelio escrito. El don de lenguas, como credenciales del evangelio, no es necesario en sentido general, excepto para testificar Dios en algún movimiento extraordinario de su Santo Espíritu, cuando hace una obra especial. Pero aún así, como una señal, una indicación de su presencia, no como parte del culto actual de las iglesias. Aún en aquellos lejanos siglos el don no estaba completo si su interpretación.

4. Vamos a concluir con un pequeño análisis del beneficio y deficiencia del don de lenguas. Hay un problema con ellas, que si no hay interpretación de las mismas, la congregación no recibe beneficio alguno. Delante de los hermanos las lenguas tienen un uso práctico, la edificación de la iglesia (v.5). Era muy delicada la situación porque si los cultos se tienen cada día y no hay edificación espiritual los hermanos no crecen, no se fortalecen y después de un tiempo la congregación puede resultar seriamente dañada.
La iglesia es edificada por medio del entendimiento; ¿edifican las lenguas? ¿Cómo puede alguien edificarse espiritualmente hablando en un idioma que él mismo no entiende sino otros? A mí me parece que cuando el apóstol dice que el que habla en lengua a sí mismo se edifica (v. 4) lo dice a modo de concesión, para no discutir el punto con los que alegaban el bien espiritual que les hacía hablar en lenguas. Tiene que haberlo dicho con ese propósito porque para Pablo el uso de la mente es un factor importante en la salvación, la alabanza y la oración (14.13-15). El en v. 13 se ve bien que si alguien no entiende lo que él mismo está diciendo, no se está edificando nada. Es imposible cuando el entendimiento queda sin fruto (v. 14) haya resultado alguna bendición espiritual. Si la práctica de hablar en lenguas ocupa mucho tiempo de la vida cristiana, ésta puede secarse y morir por inanición. Para que algo haga bien tiene que entenderse, lo que no pasa por la mente no llega al corazón; la edificación cristiana tiene que ser fuertemente intelectual. No es posible adorar a Dios si no se hace en el espíritu de alguna verdad suya. El conocimiento de una verdad implica una revelación del Señor y eso conlleva la transmisión de una gracia suya, una transfiguración de él y una transformación nuestra. La mejor forma de edificación es la profecía. El que profetiza, esto es, el que enseña, el que predica, el maestro y predicador, es el medio más edificante que posee la iglesia (2 Ti 1.11). Si la iglesia se aparta de este ministerio, aunque use otros, se seca y se muere. El Espíritu Santo se comunica con la iglesia mediante la profecía no mediante las lenguas.

Lo Sobrenatural del don de Lenguas

“Ahora pues, hermanos, si yo fuera a vosotros hablando en lenguas, ¿de qué provecho os sería, si no os hablara con revelación, o con conocimiento, o con profecía o con enseñanza? Aun las cosas inanimadas como la flauta o el arpa, cuando producen sonido, si no hacen clara distinción de tonos, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o se tañe con el arpa? También, si la trompeta produce un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si mediante la lengua no producís palabras comprensibles, ¿cómo se entenderá lo que se dice? Porque estaréis hablando al aire. Hay, por ejemplo, tanta diversidad de idiomas en el mundo; y ninguno carece de significado. Por eso, si yo desconozco el significado del idioma, seré como extranjero al que habla, y el que habla será como extranjero para mí. Así también vosotros; puesto que anheláis los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la iglesia. Por eso, quien habla en una lengua, pida en oración poderla interpretar. Porque si yo oro en una lengua, mi espíritu ora; pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento. Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. Pues de otro modo, si das gracias con el espíritu, ¿cómo dirá “amén” a tu acción de gracias el que ocupa el lugar de indocto, ya que no sabe lo que estás diciendo? Porque tú, a la verdad, expresas bien la acción de gracias, pero el otro no es edificado. Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros. Sin embargo, en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi sentido, para que enseñe también a los demás, que diez mil palabras en una lengua. Hermanos, no seáis niños en el entendimiento; más bien, sed bebés en la malicia, pero hombres maduros en el entendimiento. En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo, y ni aun así me harán caso, dice el Señor. Así resulta que las lenguas son señal, no para los creyentes, sino para los no creyentes; en cambio, la profecía no es para los no creyentes, sino para los creyentes. De manera que, si toda la iglesia se reúne en un lugar y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o no creyentes, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra algún no creyente o indocto, por todos será convencido, por todos será examinado, y lo oculto de su corazón será revelado. Y de esta manera, postrándose sobre su rostro, adorará a Dios y declarará: “¡De veras, Dios está entre vosotros!” (14.6-25).

1. No voy a repetir algunas cosas que ya hemos hablado varias veces, sino aquello que con respecto a las lenguas me parece nuevo. Primero, el don de lenguas en este capítulo es el mismo que el mostrado en el libro de Los Hechos de los Apóstoles (vv. 6, 10, 11), “si yo voy a vosotros hablando en lenguas…tantas clases de idiomas hay…”. El apóstol está pensando en idiomas, no en otra clase de sonidos sin la estructura de una lengua hablada por los hombres. Este concepto es capital para aceptar o rechazar cualquier pretensión de tener este don; se debe aceptar sólo eso, lenguas habladas y sobre todo, por el objetivo de ser una señal para los incrédulos, tiene que ser actual, no una lengua muerta ni otra que vaya a hablarse en mil años. Dentro de la iglesia casi no se necesita el don porque la mayoría habla una misma lengua.

2. Presencia y frecuencia del don de lenguas. Es interesante lo que dice el Dr. John Gill sobre el v. 18, “El apóstol le dice eso para que no piensen que menosprecia el don de lenguas: ni quiere humillarlos o persuadirlos a que no lo tengan, o mostrarle envidia como si no lo poseyera también, porque tiene este don en una forma muy eminente, y algunas veces lo usaba cuando las circunstancias lo demandaban, podía hablar más lenguas que cualquiera de ellos y con más frecuencia. Y esto por la ocasión que tenía para viajar mucho en otros países donde desconocía la lengua y tenía que predicarles el evangelio; de esto hace mención no para enorgullecerse sino para darle gracias a Dios y reconocer que él es el autor de este don”.
El Dr. Gill da a entender que las lenguas son idiomas extranjeros usados en la predicación del Evangelio, que Dios le había permitido predicar en muchas lenguas desconocidas para él y ganar almas; que la aparición de ellas está a discreción divina, apareciendo en el momento que no lo esperaba, por eso dice “con más frecuencia”. El don no era algo controlado por la persona que lo tenía como si pudiera decir “ahora hablaré a esta persona en tal idioma; le hablaré en su propia lengua natal”, abrir los labios y empezar a predicarle. No, al contrario, “al abrir su boca” le era dado el mensaje y el idioma. El Espíritu lo impulsaba a hablar, abría sus labios y mensaje e idioma brotaban juntos; él no menciona que tuviera el don de interpretación, pero es posible que orara para poder entender el mensaje que les había dicho. Podía saber en cuántos idiomas había predicado el mensaje de salvación, por eso dice que hablaba más que todos ellos y con más frecuencia.
Si lees en el v. 21, “en otras lenguas y con otros labios…” hallas que el apóstol usa un texto de Isa, 28.11,12, donde Dios le promete a su pueblo que oirán el idioma de los asirios, de los bárbaros. Exactamente no hay ninguna referencia a una capacidad sobrenatural para hablar idiomas extranjeros, pero el apóstol cree que sí, aunque la intención superficial no lo diga. De todos modos, para lo que estamos probando, es idioma, actual, no balbuceos incoherentes, ni idioma angelical.

3. El Evangelismo y la expansión de la iglesia, su crecimiento numérico. Debo confesar, hermanos, que la evangelización de la sociedad no es una labor interna de la iglesia sino externa. El apóstol menciona la presencia de indoctos o incrédulos dentro de ella como una posibilidad no como una costumbre que había de invitar a los tales a las reuniones, “si entran” (v. 23); la iglesia estaba vertida hacia afuera, hacia el mundo, no hacia adentro, hacia ella misma. Los hermanos y hermanas hablaban del evangelio a sus compañeros, sus vecinos, sus familiares, y esto era una labor continua, diariamente. De la palabra “indocto” conocemos la castellana “idiota”, ignorante; y de “incrédulo”, “sin fe”. Sí entraban almas perdidas a los cultos pero no era la norma que se buscasen para predicarles porque podían hallarlos en otros sitios y porque el evangelismo de masa también podían hacerlo en las sinagogas y otros sitios de reunión de masas. La argumentación de Pablo en los v. 24, 25 lleva el mismo propósito que ya ha enfatizado, que el mensaje en la iglesia debe ser comprensible y cuando se trata de inconversos más, porque el don de lenguas para ellos tenía ese objetivo, que entendieran el evangelio. El Espíritu no le daba el don de lenguas en el mismo idioma en que ellos hablaban, por lo tanto, cuando todos los presentes hablaban una misma lengua, mejor era el don de profecía que el de lenguas. Como puedes ver, el don de profecía en aquellos tiempos dentro de la iglesia no se usaba como vaticinio futuro sino para leer el pasado, “todo lo que he hecho”, tiende hacia atrás.

4. Y por último, la profecía, el mejor don, y la predicación del evangelio; lo segundo no es exactamente un equivalente al don de profecía pero es la esencia misma suya, la comunicación de la verdad del evangelio. El profeta del NT buscaba primero un convencimiento de la persona, “por todos es convencido”, no que ellos eran profetas sino convencido de pecados donde los pecados son expuestos a la luz del juicio de Dios, “por todos es juzgado”. Indudable que les revelaban el corazón. La predicación no revela públicamente los pecados de una persona sino que lo convence interiormente y ella se da cuenta que el mensaje le viene bien. No ocurre así porque ya no hay necesidad de autentificar la presencia divina dentro del movimiento espritual cristiano. Un “profeta” que se ponga en pie y descubra públicamente la vida de una persona, está obrando fuera de un contexto histórico y teológico; quizás en ocasiones pudiera adivinar algunas cosas pero no es seguro, además no hay garantía que lo que manifieste, suponiendo que fuera cierto, provenga del Espíritu de Dios.

“¿Qué significa esto, hermanos? Que cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene un salmo o una enseñanza o una revelación o una lengua o una interpretación. Todo se haga para la edificación. Si es que alguien habla en una lengua, hablen dos o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si acaso no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y hable a sí mismo y a Dios. Igualmente, los profetas hablen dos o tres, y los demás disciernan. Si algo es revelado a alguno que está sentado, que calle el primero. Porque todos podéis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados. Además, los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; porque Dios no es Dios de desorden, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, las mujeres guarden silencio en las congregaciones; porque no se les permite hablar, sino que estén sujetas, como también lo dice la ley. Si quieren aprender acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propios maridos; porque a la mujer le es impropio hablar en la congregación. ¿Salió de vosotros la palabra de Dios? ¿O llegó a vosotros solos? Si alguien cree ser profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento. Pero si alguien lo ignora, él será ignorado. Así que, hermanos míos, anhelad profetizar; y no impidáis hablar en lenguas. Pero hágase todo decentemente y con orden” (14.26-40).

Desde el v. 26 hasta el final del capítulo el énfasis recae en una palabra, orden; esta palabra la puedes buscar en el último versículo, 40; y el propósito de ella tiene otra palabra significativa, sujeción y la hallarás en el v. 34. Con estas dos palabras en mente podemos partir para comentar el texto. La intención del apóstol es que haya orden en la iglesia, porque todo su pensamiento se desarrolla en relación con la reunión o lo que llamamos culto.

1. Amado, si miras bien notarás que el apóstol quiere que el culto sea ordenado, los hermanos que hablan en lenguas tienen que someterse a un orden y pueden hablar con una condición, que haya un intérprete que traduzca el mensaje divino, si no hay quien interprete sus lenguas tienen que suspender su ejercicio en los cultos y convertir el don en una práctica privada (v. 28). De esto se desprende que el don no es imprescindible en el culto, que bien puede obviarse sin que se lastime o dañe, y que su provecho bien lo substituye el don de profecía que sirve para enseñar, aprender y exhortar (v. 31). Es una clara indicación de su temporalidad. El fin del culto es la edificación (v. 26).

Existe también una regulación, no puede ponerse en pie quien lo quiera y comenzar a hablar en lenguas sino que a lo sumo pueden hacerlo tres y por turno (v. 29), para que no haya confusión (v. 33) ni los que entren al culto piensen que están locos (v. 23), o que vuelven locos a los que no pueden soportar tantas personas hablando a la vez. Los profetas también deben seguir las mismas reglas pero tiene el don un propósito de permanencia mucho mayor que las lenguas por su naturaleza misma. El culto de hoy está más simplificado que aquellos aunque básicamente contiene su substancia, la alabanza y la exposición de la palabra de Dios. Un anciano o pastor es quien trae el mensaje del Señor y los demás oyen; la congregación canta himnos y ora con el mismo procedimiento ordenado que exigió Pablo y con su mismo propósito para la edificación. El culto no es una fiesta, su propósito no es el regocijo sino edificarse los unos a los otros, exhortarse los unos a los otros. Un culto así, ordenado, tiene que ser reverente y no necesariamente muerto. La actividad humana, hermano, no debe ser confundida con la presencia del Espíritu; hay tanta vida en la contemplación espiritual, la oración en silencio, como en la alabanza y la plegaria pública. Si un culto ha de estar realmente vivo debe ser lleno con la palabra del Señor y con la oración; y como un resultado de vida en el alma, la alabanza con gracia (Col 3.16,17).

Si tú lees los requisitos para elegir a los ancianos no hay ninguno que diga que reciba la palabra por revelación. Los ancianos ya la conocían. Su trabajo era enseñar, exhortar, con la palabra de Dios (1 Ti 5.17). <>