UN TIRO EN LA NUCA


UN TIRO EN LA NUCA
Por Alberto Mansueti

En un fin de semana, Mohammed bin Salman, príncipe de 32 años, hizo del Hotel Ritz Carlton de Ryad la cárcel más lujosa del globo. Encerró allí a casi todos sus primos, tíos y jerarcas sauditas.

¿Qué fue? ¿Un golpe de palacio? Sí, exactamente. ¿Pero por qué? El pretexto alegado fue que son todos unos corruptos. ¿Lo son? Sí, porque bajo el estatismo, todos los grandes negocios dependen del Gobierno, el capitalismo es “de amigotes”, y la inmoralidad es inherente al sistema. No hay de otra.

Pero la verdad tras el asunto, que la prensa convencional esconde, es que los capos del Establishment se oponen a un Plan de Gobierno a mediano y largo plazo, liderado por bin Salman, que se titula “Visión Arabia Saudita 2030”, y que acabará con sus privilegios. Versión completa en inglés, en Internet.

Es un documento impresionante: (1) implica que Arabia Saudita pasa de ser un país “petrolero” en sentido convencional, a ser un país capitalista en sentido liberal, de economía libre y abierta al mundo. (2) la forma del proceso de transición se parece muchísimo a nuestras Cinco Reformas.

Lo primero es como un tiro en la nuca a la OPEP, a la OPAEP y a toda esa mafia que carteliza el negocio petrolero desde los ’60, para provocar una elevación artificial en los precios del crudo, y así financiar sus “Estados de Bienestar” insostenibles, en países como Arabia Saudita y Venezuela.

Claro, eso no lo dice explícitamente; pero hay que saber leer, lo que dicen las palabras y frases, y lo que no dicen. Y leer entre líneas lo que callan, parte esencial del “contexto”, auxiliar indispensable en la lectura, para la recta comprensión. Y en cuanto a lo segundo, vea:

(1) Comienza afirmando que “toda historia de éxito comienza con una visión, y esa visión se asienta sobre fuertes pilares”. Igual pensamos nosotros los liberales clásicos en nuestra América.

En el caso saudita, el primero de esos pilares son los principios y valores propios de su identidad cultural, y ese es un legado de su religión, que es el Islam. Pero si Ud. ha adoptado el falaz prejuicio de que islamismo es igual a terrorismo, no entenderá nada; así que mejor no lea la Visión 2030, ni siga leyendo este artículo. El punto es otro: ninguna religión puede imponerse a bombazos ni a fuerza de pistola; pero ningún proyecto de cambio puede ser exitoso si deja la religión de lado. Y quienes entendieron mejor esto, por desgracia, son quienes cambiaron nuestro mundo para mal.

(2) Se dibuja un Plan Político, muy completo, centrado en estos tres temas: “una sociedad vibrante”; “una economía próspera”; y “una nación ambiciosa”. El tema uno se parece mucho a nuestra Reforma No. 1; el dos, a nuestra Reforma No. 2; y el tres, a nuestras Reformas 3, 4 y 5.

¿Ha leído las 5 Reformas el Príncipe bin Salman? No; pero la coincidencia no es casual: el proceso de transición al capitalismo liberal es por la misma vía, igual en cualquier parte. Es el mismo “camino a la servidumbre” (vía al socialismo, Hayek: Road To Serfdom), pero recorrido en sentido inverso, no para esclavizar a las naciones, sino para liberarlas de sus cadenas. No hay de otra.

Sin desvíos ni atajos posibles, implica privatizar y desregular en política, economía, educación, atención médica y jubilaciones. Mediante una serie de reformas de fondo o estructurales, en esas áreas claves, todas muy interrelacionadas unas con otras, de tal modo que resultan inseparables. Hay que volverlo todo del revés. Igual en China, en Rwanda o en Arabia Saudita. En esencia es lo mismo, sin diferencias de fondo.

(3) “Una sociedad vibrante”, el primer objetivo, significa “fuerte”, o sea liberada del asfixiante paternalismo estatal. El Plan incluye una serie de programas operativos, para ir reduciendo el peso y la presencia del Estado, confinarle en su rol justo y propio, y que las entidades privadas vayan ganando terreno en funciones, poderes y recursos.

Pero “entidades privadas” no son solamente las empresas lucrativas; se incluyen todas las organizaciones sin fines de lucro, que en un contexto de afluencia y no de pobreza crónica, se vean empoderadas con dinero suficiente para cumplir funciones en educación, salud y asistencia social, en lugar del Estado, “ogro filantrópico” según título de Octavio Paz, 1978.

Y las empresas lucrativas no son solamente las grandes: en una economía libre hay espacio para el negocio pequeño, tipo familiar o no. Pero tampoco hay esa inquina anti-gran empresa, muy propia del socialismo. La gran empresa es fuente de empleo masivo, a gran escala: saca a la gente de la pobreza y lleva riqueza a los individuos y a las familias, tanto o más que las PYMEs; y hace a una economía más productiva, más eficiente, y más competitiva en los mercados globales.

(4) “Una economía próspera”, el segundo tema u objetivo, es una economía diversificada, que no depende sólo del ingreso petrolero, para su “justa redistribución”, según decían en los ’60 los “Padres de la OPEP”: el jeque Ahmed Zaki Yamani y el socialista venezolano J. P. Pérez Alfonzo.

Para que haya prosperidad, son las leyes las que deben poner los incentivos positivos y negativos en los puntos correctos. Visión 2030 no sólo es un tiro en la nuca al cartel petrolero, y al welfarismo que debía sostener; son sendas patadas en todos los redondos traseros de las malas ideas socialistas que han envenenado el mundo, y en especial el “Tercer Mundo”, desde la Revolución soviética de Octubre hasta hoy, hace 100 años exactos. Y la mayor ha sido la de que el Estado va a imponer castigos para toda forma de esfuerzo honesto, y a decretar o prometer jugosas recompensas para toda forma de holganza, de imprevisión, irresponsabilidad y parasitismo.

Otra pésima idea, derivada de la planificación central: el centralismo, que hace obesas a las capitales de los países estatistas, y raquíticas a sus ciudades y provincias del interior. En Arabia, ciudades hoy perdidas serán rehabilitadas, y habrá zonas especiales de capitalismo avanzado, estilo chino.

El Príncipe bin Salman no se anda con vueltas y juega rudo. Y es justo: la limpieza empieza por casa, y su propia familia debió entenderlo, todos Ministros y ex Ministros, y hasta jefes religiosos, hoy todos presos en una jaula de oro.

(5) ¿Qué significa el tercer objetivo: “una nación ambiciosa”? Para empezar, un país donde cada quien sepa y entienda desde chiquito, que la responsabilidad por su vida y familia es personal, no del Estado. De tal premisa se siguen otras, como la necesidad de “formar el carácter de los niños”, tarea que no es del Estado; y de allí la importancia de la familia y la religión.

Esta tercera parte del documento, como la anterior, insiste en la importancia de una sólida y muy competitiva industria privada en el rubro de “entretenimiento” de calidad, para producir películas, canciones, espectáculos, videojuegos etc. A buen entendedor, pocas palabras: es el contraataque saudita al marxismo cultural, y lanzado al más puro estilo capitalista y hasta “libertario”.

El Príncipe bin Salman y los líderes que le acompañan conocen perfectamente la podredumbre moral que aqueja a Occidente; y muy bien saben por dónde se ha introducido la infección: Hollywood.

Pero así como los marxistas de EE.UU., a diferencia de los soviéticos, supieron que una empresa privada es más eficaz, como vehículo de propaganda y adoctrinamiento, que una oficina estatal, estos jóvenes liberales clásicos islámicos también lo saben. Y en vez de querer instalar un ente burocrático que imponga su religión por decreto, van a desarrollar una industria fílmica y de “entertainment”, para hacerle a Hollywood una leal competencia, que nunca tuvo.

El golpe de palacio es porque en aquel país árabe no hay democracia representativa; por eso nosotros la defendemos, a diferencia de tanto “libertario” despistado. Si la hubiera entre los saudíes, la Visión 2030 sería el Programa de Gobierno presentado a los electores por el candidato bin Salman.

¿Se entendió? Si todavía no se entendió, seguiremos en otra ocasión, si Dios quiere, porque se me acabó el espacio. ¡Hasta pronto a los buenos! <>

El dia que el ex-presidente Chavez maldijo a Israel


El dia que el ex-presidente Chavez maldijo a Israel
Por Paulo Arieu

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Yo creía que los socialistas eran mas inteligentes, siempre se las ingenian para mantenerse en el poder politico, a pesar de lo imbéciles que son gobernando y lo impopular que son muchas de sus medidas económicas. Pero el día que el ex presidente (socialista) de la república de Venezuela, Hugo Chavez, maldijo a Israel, cometió suicidio espiritual. Su pecado no será perdonado (a menos que se arrepienta), algo que dudo mucho que hicera, y sus anhelos de imperialismo sudamericano serán desechos por el poder de nuestro Dios que ama a su pueblo Israel. Creo que lo que está pasando con Venezuela en estos momentos con la tiranía de “pajarito” Maduro es una consecuencia del pecado de este hombre. Un periódico digital argentino repitió textualmente las tristes palabras de este agónico caudillo latinoamericano, en quien en mas de un momento,muchos de nosotros pusimos nuestros ojos creyendo ver una opción política tangible a favor de la unidad de nuestra patria Sudamericana (un cuento chino de los socialistas latinoamericanos). Pero lamentablemente,Chavez no ofendió  solo a Israel, sino que lo hizo a nuestro Dios que ama a Israel. El bolivariano repudió las acciones de Israel contra la flota que transportaba ayuda humanitaria a Gaza y lo acusó de “patrocinar el terrorismo” junto a los EEUU.

“Maldito seas Estado de Israel, maldito seas”, sentenció

El caudillo caribeño “maldijo” a Israel por el ataque contra la Flotilla de la Libertad, que transportaba ayuda humanitaria para la Franja de Gaza, y acusó a Tel Aviv de apoyar un complot en su contra.

“Maldito seas Estado de Israel”, dijo Chávez en cadena de radio y televisión, en la que condenó la acción militar del lunes contra varias embarcaciones que trasladaban ayuda humanitaria a la población palestina en la Franja de Gaza.

El líder caribeño señaló:

“Si eso hubiese ocurrido en Venezuela, ya nos habrían invadido, tengan la seguridad de que ya nos habrían invadido; pero no, como es Israel se le permite de todo”. “Nos acusan a nosotros, a mí me acusan de patrocinar el terrorismo y son ellos los que patrocinan el terrorismo! Aprovecho para condenar de nuevo, desde el fondo de mi alma y de mis vísceras, al Estado de Israel, maldito seas Estado de Israel, maldito seas”, sentenció.

Se perfectamente que Israel no es lo que se puede llamar exactamente una joya de la virtud humana,pero de ahi a maldecir a Israel,el pueblo escogido por Dios desde los tiempos del profeta  Abraham, está a un mar de distancia.No comparto para nada la politica sionista de Israel,pero desapruebo totalmente la actitud errónea de Chavez. Creo que está totalmente ciego espiritualmente hablando y acaba de sellar el fin de su imperialismo con sus palabras. Dios no tendrá por inocente a quien maldice a Israel. Por sus palabras será juzgado. Pero la palabra del Señor nos dice que serán prosperados los que piden por la paz de Jerusalen. Y esta palabra, debe ser tenida en cuenta.

  • “Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman.” (Sal. 122:6 RV 1960)

Aunque sin duda este conflicto en contra de Israel es un gran problema cósmico que nunca se va a solucionar sino hasta la Segunda Venida, nos preguntamos ¿cómo es que nuestras oraciones pueden ayudar? Seguidamente les doy unas buenas razones porqué debemos orar por la paz de Jerusalén. 

a) Primero, hablando sobre el pueblo judío, el Señor dijo,

  • “Porque el que os toca, toca a la niña de [mi] ojo” (Zac. 2:8)

b) y a los sobrevivientes de la tribulación les dirá,

  • “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mat. 25:40).

El corazón al Señor seguramente es quebrantado al ver cómo Su ciudad ha sido profanada por el odio y el derramamiento de sangre. Como lo dijo Bob Pierce, fundador de Visión Mundial,

“Que mi corazón sea quebrantado por las cosas que quebrantan el corazón de Dios”.

Es bueno que nos encontremos en el lado del Señor. En los comienzos de la historia humana, Dios le prometió a Abram que de el surgiría una gran nación (Israel) y le hizo la siguiente promesa: “Bendeciré a los que te bendigan, Y al que te maldiga, maldeciré. En ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3) Y como casi todo el mundo sabrá,  el Sr. Hugo Chávez tuvo que luchar contra la enfermedad del Cáncer que le carcomió sus “entrañas …sus visceras y su alma”. 

En la historia del pueblo de Israel, también hubo alguien que quiso maldecir a Israel. Ese alguien era un profeta llamado Balaam. Hasta el tiempo de Números 24 Balaam era un profeta de Dios, un vocero de Dios. Andaba por el camino recto. PERO no hasta el final. El eventualmente lo traicionó y se descarrió, porque “amaba el premio de la maldad”. Empezó bien, pero tuvo un final horrible. No solo es importante empezar en el camino correcto. También es muy importante mantenerse en el hasta el final. Balaam empezó bien, pero no continuó bien. Al final los israelitas lo mataron cuando llegaron a Madián. En el registro de su muerte (Josué 13:22), ya no se le llama “profeta” sino “adivino”. Empezó como profeta, un vocero de Dios pero terminó como adivino, un enemigo de Dios.  Balaam pasó de ser un vocero de Dios a falso maestro que hizo tropezar a los hijos de Israel (Apocalipsis 2:14). Andaba por el camino correcto pero se desvió y se descarrió. Tal vez esa es la razón por la cual es mencionado tres veces por diferentes escritores en el Nuevo Testamento como un ejemplo que se debe de evitar. Podemos leer los pasajes biblicos que lo citan en el Nuevo testamento (2 de Pedro 2:15;Judas 1; Apocalipsis 2:14).

No es obligación amar a Israel, pero al menos si respetarlo. Muchos maldicen a los judíos y al pueblo de Israel. !Esto es es un tremendo error. No lo cometamos nosotros! Si lo hacemos, Dios nos juzgará terriblemente, a su tiempo….

DIos lo bendiga mucho! <>

 

Fuentes bibliográficas

LA MENTALIDAD ANTIPOLÍTICA


LA MENTALIDAD ANTIPOLÍTICA
Por Alberto Mansueti

“La política no puede hacernos a todos felices, pero puede hacernos a todos desgraciados”, dijo el ex presidente español José María Aznar, en un discurso titulado “La reivindicación de la política”. Cierto: la política de izquierdas nos somete al socialismo, que nos roba oportunidades; y así nos hace a todos infelices.

La política liberal, al contrario, impulsa el capitalismo, que no puede hacernos felices, pero nos da oportunidades para labrarnos nuestra felicidad, aunque en grado variable, obvio, dependiendo de las diversas capacidades y habilidades.

Los de izquierda han esparcido una “mentalidad antipolítica”. Es muy hipócrita, porque ellos no dejan de hacer su política; pero muy efectiva, porque nos obstaculiza a los liberales hacer la nuestra. Hasta liberales prominentes se dejan hoy contagiar por esa boba mentalidad antipolítica, que reina soberana en la gran masa de la gente.

Sin embargo John Locke, “Padre del Liberalismo Clásico”, habló sobre “gobierno por consentimiento”, lo que luego se llamó democracia, y sobre el rol central del Parlamento y los partidos. Y Adam Smith, padre del liberalismo económico, escribió “La Riqueza de las Naciones”, sobre la economía “política”, como parte de una obra mayor, que nunca pudo llegar a escribir: “Los principios generales de la ley y el gobierno”. ¡Nada de antipolítica hay en el liberalismo clásico! Porque política, democracia indirecta o “representativa”, y partidos liberales, son las claves esenciales para promover las leyes buenas, las economías libres y sanas, y el justo orden social.

En cambio antipolítica, acción directa y aversión a la democracia y los partidos, siempre fueron cosas propias de las izquierdas. ¿Por qué? Simple: el socialismo rehúye el consentimiento, ya que requiere el uso de alguna clase de fuerza para imponerse. Por eso los socialistas no confiaban demasiado en los partidos: los “utópicos” promovían los falansterios y las cooperativas; Marx y Engels confiaban en los sindicatos; Lenin, Mussolini y Hitler organizaron sus fuerzas de choque militarizadas; Castro y el Che Guevara armaron sus guerrillas. Y ahora, en el Foro de Sao Paulo, los “movimientos sociales y fuerzas populares” son el centro, y los partidos de izquierda y “progresistas” son la periferia. Es la realidad.

La antipolítica siempre fue de ley entre estas gentes; nunca entre los liberales consistentes, porque la política liberal es vital para tener capitalismo de libre mercado, y conservarlo vivo.

Pero la izquierda es básicamente maquiavélica, y si les conviene, entonces dejan atrás sus prejuicios sobre el “cretinismo parlamentario” (expresión de Lenin); y forman partidos políticos, hacen campañas electorales. Y ganan elecciones. Una vez trepados al poder, patean la escalera: difunden la mentalidad antipolítica, y así nadie más que ellos puedan tener partidos y ser gobierno.

Es más: los socialistas no se contentan con tener un partido político: siempre tienen varios, con diferentes nombres, logos y colores. Así es como se aseguran de ser gobierno y a la vez oposición, y tienen unos o más partidos de repuesto, para cuando el oficialista de turno se desgaste.

Siempre he admirado la inteligencia de las izquierdas. Y he guardado mi desprecio para los liberales despistados y las derechas imbéciles, que no quieren ver los hechos básicos de la política; y esperan ingenuamente que los socialistas van a “aprender economía”, y se van a “convertir” al liberalismo, y van a aplicar políticas liberales desde el poder.

“A mí no me hables de política; no me interesa porque no me afecta”, dicen muchos jóvenes que estudian ingeniería, medicina, administración o derecho; y luego tienen que trabajar de taxistas, autobuseros o porteros, o limpiar baños, quizá en países extranjeros, porque la política de izquierdas nos impide rehabilitar moral, política y jurídicamente al capitalismo. Así “la política nos hace a todos desgraciados”, como dijo Aznar. Casi 30 millones de latinoamericanos, jóvenes en su mayor parte, viven en el exterior, porque sus países están arruinados por el socialismo. Son demasiadas las vidas frustradas, y las familias separadas, rotas en pedazos. Y lo peor: inmigrantes latinos en EE.UU. y Europa, en el colmo de su analfabetismo político, apoyan las mismas políticas antiliberales que destruyeron sus países de origen, y les obligaron a escapar.

¿Cómo hicieron las izquierdas para meternos tremendo golazo? Simple: ante la decepción popular por los males que nos aquejan y perduran, le echaron la culpa al capitalismo, como siempre, en su versión “Neoliberal” de los ’90, el “Consenso de Washington”, necesario pero insuficiente y mal cumplido. Pero también satanizaron a “la corrupción”: le metieron a la gente en la cabeza el simplismo tonto de que el estatismo no funciona bien porque “se roban todo”. O sea: que de no haber corrupción, ni impunidad para “los ladrones”, entonces la economía intervenida, la “educación pública”, la medicina “socializada”, y las jubilaciones del “Seguro Social”, serían estupendas y maravillosas.

¡Jugada maestra! La masa de gente creyó el cuento, y se expandió la “histeria anticorrupción”. Se vendió el relato de que todos los políticos son corruptos, los partidos no sirven, tampoco el Congreso ni la democracia representativa. Con las consignas de “democracia participativa” y “protagónica”, se compró la vieja mentira de la democracia directa, el “directismo”. Así volvió el socialismo al poder, comenzando el nuevo siglo XXI, pese al derribo del Muro de Berlín y el fin de la U.R.S.S. Y lo peor es que no sólo nos atornillaron firmes las políticas del marxismo clásico, las 10 del Manifiesto de 1848, corrientes y vistas como normales desde la Revolución Rusa (hace 100 años este mes, noviembre); como si eso fuera poco, ¡encima nos encajan el marxismo cultural!

La Agenda LGBTI (que apoyan muchos “libertarios”), les sirven para dos fines a las izquierdas: (1) la ideología de género y la “corrección política” hacen una gruesa cortina de humo que encubre las reales causas del desempleo, la recesión interminable en la economía, y la pobreza; y evita así los incómodos cuestionamientos. (2) Al amparo del relativismo “Posmoderno”, destruyen los valores cristianos, el matrimonio y la familia “burguesas”, y de paso la moral “convencional”, y el sentido común. Esas destrucciones, junto con la antipolítica, y el protagonismo otorgado a los chismes y anécdotas de la politiquería, les ayudan a taponar la salida, y bien taponada; es lo que quieren.

A diferencia de muchos liberales de hoy, Ludwig von Mises bien sabía que no hay capitalismo liberal sin los valores morales propios de la civilización. Y sin democracia liberal, con Parlamento y partidos. ¿Por qué? Simple: porque sin Gobierno limitado no hay mercados libres ni respeto por la propiedad privada; y nada de eso tendremos sin partidos liberales, para atajar la marea socialista, y revertir el curso de la historia reciente de nuestra América y el mundo.

En “La mentalidad anticapitalista”, Mises dedicó el primer largo capítulo a sus “causas psicológicas”; y encontró un factor común: el resentimiento, por todas las ambiciones frustradas. ¿De quiénes? De los tantos escritorzuelos, “artistas” y filósofos de cafetín, de los empleaditos de oficina y vendedores de tienda, de los envidiosos parientes pobres de los multimillonarios, etc.; o sea: de los fracasados, de los mediocres. ¡Un genio Mises!

Liberales: basta de seguir la corriente antipolítica por favor. La política de izquierdas nos hundió en los fangos del socialismo. ¿Podemos salir? Claro que sí, con una política de derecha inteligente y anti-sistema; o sea: liberal clásica. Las Cinco Reformas. Hay que leer (o releer) este librito de von Mises, porque la “mentalidad antipolítica” tiene un trasfondo socialista, ligado a la mentalidad anticapitalista.

Muchas gracias a los buenos. Y hasta la próxima, si Dios quiere.<>

Los educadores modernos, comisarios del pensamiento


Los educadores modernos, comisarios del pensamiento

Por: Hugo Marcelo Balderrama Ferrufino.

Desde la década del 60; las universidades y centros educativos en general, están secuestrados por el marxismo cultural. Su tesis revolucionaria, pretende cambiar las instituciones sociales que son tradicionales en occidente (matrimonio, familia, empresa y educación). Técnicamente, estos nuevos revolucionarios solo diferencian en el método, su fin último, sigue siendo la instalación de una tiranía socialista.

Cualquiera que se dedique a la docencia – habrá notado – la cantidad de eslóganes que circulan en las instituciones educativas: “formar por competencias”, “desarrollar habilidades meta cognitivas”, “educación integradora del ser”, etc. Todas declaran haber superado la educación clásica y tradicional. Pregunto: ¿Qué de malo tiene la educación tradicional?: nada. El objetivo no declarado de todas estas locuras, es destruir las habilidades cognitivas de los niños y jóvenes.

El primer pilar que atacan es la memoria. Los mandarines modernos, manifiestan que su sistema supera la educación mecánica y memorista. En realidad, desarrollar la memoria tiene tremendas ventajas, Cualquier persona que se precie de ser culta, no lo es por lo mucho que ha leído, sino por lo mucho que ha podido retener en su memoria de aquello que ha leído. ¿Por qué los pedagogos insisten en anunciar que ya no harán memorizar conocimientos?: simple nos quieren tratar como animales.

“Aprender a aprender”, estoy seguro, que se han topado con esa frase más de una vez. En primer lugar, es un error gramatical (pleonasmo y redundancia innecesaria). En segundo lugar, es un disparate que viola los principios filosóficos más básicos. Todo lo que nos rodea existe, por lo tanto todos los entes son sujetos de conocimiento (ontología). El hombre está dotado de la razón, que es el instrumento natural para conocer la realidad, transformar la realidad en conceptos se llama epistemología (conocer las causas de las cosas). ¿Se dio cuenta?: por naturaleza y mediante la razón aprendemos. Imagínese un letrero que diga: “Aprenda a aprender a cocinar” o “Le enseñamos a aprender a cocinar”. ¿Pagaría por semejante disparate?: Lastimosamente, hay gente que si lo hace.

 “Una pedagogía enfocada en el ser” o “Una pedagogía enfocada en competencias” son otros de los clichés de moda. Raspando un poco la cascara, nos encontramos con un odio a la profesión docente. Bajo el pretexto de actualización pedagógica, se impone a los profesores planes globales “mínimos”, bibliografía “oficial”, “competencias” que el estudiante debe lograr, etc. Por cierto, ahora está prohibido usar la palabra alumno (se la considera autoritaria y nada “cool”).

Los viejos y sabios profesores, fueron remplazados por el “pedagogo” (eufemismo para policía del pensamiento). Desde que aparecieron estos nuevos comisarios de la educación: se acabaron los buenos maestros. Ya los niños no escriben ni leen ni suman ni restan, ahora son expertos en plantar árboles,  en “filosofía” andina (como si el mito fuera sujeto de análisis filosófico) y amantes de la “Pachamama”.

Todo lo anterior se puede resumir en la frase: “Guerrilla Cultural”, que junto con la explotación de los micro conflictos y la teoría de género, son las nuevas armas de la izquierda “postmarxista”. El fin último, sigue siendo acabar con la familia, la propiedad privada y la poca economía capitalista que todavía queda en pie. 

Durante siglos, la izquierda estuvo destruyendo los valores de la civilización occidental. Los conservadores y liberales clásicos fuimos denigrados, tratados como cerdos explotadores, machistas y defensores del “falocentrismo”. Tontamente, dejamos que la izquierda se apropie de nuestros partidos políticos, de nuestras universidades, de nuestras iglesias y de nuestros hijos. Creo que es hora de hacerles frente: no tenemos otro camino.     

 

 

Leyes vs Realidades


Leyes vs Realidades

Por: Hugo Balderrama F.(*)

El fallecido Bruno Leoni; es el autor de un brillante libro titulado “La libertad y la ley” (1961). A pesar de tener medio siglo de antigüedad, sigue siendo lectura indispensable para entender la doctrina liberal clásica del derecho, que por naturaleza es diametralmente opuesta al Kelsenismo (aunque esta última sea la más estudiada en las facultades de derecho).
Leoni fue un brillante politólogo y jurista, pero sobre todo un realista filosófico, que entendía muy bien la diferencia entre justicia y ley (que lastimosamente no siempre son lo mismo).
Siguiendo la línea argumental de Leoni (y salvando las enormes diferencias), podemos distinguir que existen leyes buenas y leyes malas. Las primeras, se ajustan al orden natural existente, por ejemplo: Los códigos penales prohíben robar, porque la propiedad, es un derecho natural y esencial para el desarrollo humano. La propiedad es algo inherente a nuestra realidad, por eso es necesario una ley que garantice el respeto a la misma.
Desde la vereda opuesta, el Kelsenismo propone que: las leyes pueden ser cualquier cosa que una mayoría decrete (sin importar que sea irreal, injusto o ilógico). Lastimosamente, aplicar ese criterio es irse de frente contra la realidad.
En Bolivia, tenemos una infinidad de leyes injustas, malas e irreales, que su aplicación solo trae desbarajustes sociales. Como ejemplos tenemos: Impuestos abusivos y confiscatorios, que por sus características convierten al ciudadano en un siervo del Estado. La banca tiene el privilegio de operar al borde de la quiebra. Y El Estado tiene el permiso de endeudarse hasta el infinito. Con ese elevado costo legal, es lógico que: la gente salga a las calles a buscar una forma de ganarse la vida al margen de la legalidad. ¿Se entendió?: la informalidad es una causa de las leyes malas.
Pero la locura no termina en el orden político; ahora su ataque es contra la familia, el matrimonio y el sentido común.
Las leyes de género, son el arsenal legal del marxismo cultural. Su objetivo no declarado es: destruir los pilares de la civilización occidental, e incrementar el poder del Estado hasta otorgarle poderes divinos. Ejemplo: La ley cambio de sexo.
Aunque me traten de “homofóbico”, ningún hombre jamás podrá ser una mujer, la razón es muy simple: nuestras esencias son distintas. Las mujeres menstrúan, se embarazan, tienen la capacidad de dar de lactar, y por mucho que un hombre se ampute el pene, se coloque siliconas y se someta a tratamiento hormonal, nunca podrá ser una mujer; por la simple y sencilla razón que jamás podrá gestar una vida dentro su vientre.
Permitir que el Estado tenga el poder de “cambiar el sexo de una persona” no te hace liberal, de hecho te hace un estatista duro. Un verdadero liberal, entiende que la realidad es más grande que uno, no persigue sueños utópicos, y por eso defiende: el mercado libre, la propiedad privada, el gobierno limitado y sobre todo el sentido común.

(*) Licenciado en economía,Licenciado en ciencias políticas y Master en Economía.

¿Por qué la izquierda promueve el homosexualismo?


¿Por qué la izquierda promueve el homosexualismo?

Por Nicolás Márquez

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¿Qué tiene que ver el “hombre nuevo socialista” con un individuo homosexual? Absolutamente nada y aunque con las limitaciones naturales de su actividad, en el único sistema conocido en el cual el sodomita ha podido desarrollar su vida afectivo-sexual es en el capitalista1-occidental. Sin embargo, el sujeto homosexual ha sido hoy capturado por los mismos sectores que no hace mucho lo hubiesen inflamado a latigazos y, encima, le han inyectado un discurso ideológico que a éste le sirve de alivio personal y de cruzada militante al servicio de una causa que ni siquiera es la suya.

Un joven homosexual probablemente ha padecido angustias, dudas, conflictos de identidad y confusiones. Quizás por su desacomodada condición nunca se sintió del todo establecido en su vida social (colegio, club, cumpleaños, salidas) y ha gastado muchas energías no en politizarse sino en tratar de auto-encontrarse o definirse y ver exactamente desde qué lugar él se va a parar en su vida de sociedad y familiar. Luego, aparecen estos grupos de izquierda que en el afán de reclutarlo lo ensalzan, lo contienen, le presentan a otros reclutas en su misma situación y, encima, los titiriteros que lo captan le dicen al joven homosexual que sus insatisfacciones no son consecuencia de su contrariada tendencia sino que él es “víctima” de un patrimonio cultural opresor. ¿Y cuáles son esas instituciones opresivas? La Iglesia, la familia y la tradición: o sea, “casualmente”, los pilares de la civilización occidental que la izquierda siempre ha pretendido destruir.

Conforme con la característica izquierdista consistente en anular la responsabilidad personal y echar siempre culpas en el afuera, el homosexual recién captado encuentra ahora un enemigo externo y además culpable de su malestar interior, lo cual le genera a él una suerte de alivio circunstancial. Seguidamente sus nuevos referentes del grupo le dan una banderita multicolor en una mano y una estampa del Che Guevara en la otra, y el inexperto sodomita es lanzado a la militancia catártica con un libreto básico pero efectista, a tal punto que lo acaba convirtiendo en un ardoroso activista de una causa que en el fondo les es ajena.