Psiquiatría y posesión diabólica


Psiquiatría y posesión diabólica

Prof. Dr. Aquilino Polaino-Lorente
Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense

Introducción

La convocatoria de esta reunión científica me parece muy puesta en razón. Se ha dicho que estamos en la “sociedad de la comunicación” y, sin embargo, hay muchos sectores en el ámbito disciplinar que no se han abierto al profundo, fecundo y necesario diálogo con los especialistas en otras materias. A causa de esta incomunicación, nadie gana y todos pierden.
No se piense que la incomunicación en este caso se limita sólo al posible diálogo interdisciplinar entre psiquiatras y sacerdotes. Hay otros muchos ámbitos, lamentablemente, que también están afectados por esta incomunicación. Este es el caso sin ir más lejos, por ejemplo, de lo que sucede entre psiquiatras y jueces. Por eso juzgo muy conveniente el hecho de que se haya organizado esta sesión científica para debatir una cuestión que, aunque se nos ofrezca como muy problemática y excepcional en el ámbito de la clínica, no obstante, puede plantearse en algunas ocasiones: las supuestas “posesiones diabólicas” y las manifestaciones psicopatológicas de los enfermos psiquiátricos.
El silencio respecto de estas cuestiones no suele ser buen compañero de viaje para encontrar soluciones. Es más, ese silencio puede ser causa de injusticias o del tratamiento inadecuado de ciertas personas en temas, por otra parte muy delicados, que afectan gravemente a su intimidad personal.
Estas situaciones ya se repitieron con anterioridad, aunque con un signo muy diferente. En los albores de la Edad Media es harto probable que ciertos comportamientos se atribuyeran, entonces, a la acción del diablo o de los espíritus malignos, cuando probablemente se trataba tan sólo de manifestaciones psicopatológicas, que de haberlos, debieron haberse remitido a los adecuados especialistas. La inexistencia de la psiquiatría como especialidad en aquella etapa histórica, además de otras variables relevantes de tipo cultural propias de la época, consintieron en una hermenéutica errónea , de consecuencias muy lamentables.
Algo parecido a lo que aconteció entonces, puede suceder hoy. En la actualidad, el importante desarrollo experimentado por la psiquiatría y su cada vez más poderosa eficacia en la solución de determinados trastornos de conducta y manifestaciones sintomáticas, condicionan poderosamente el que hagamos atribuciones de índole exclusivamente psiquiátrica a la hora de explicar determinados comportamientos. Si a ello añadimos que las convicciones y creencias religiosas están hoy a la baja en algunos contextos culturales, es lógico que trate de explicarse cualquier acontecer psicopatológico apelando a la psiquiatría y no a la religión.
Es muy probable, no obstante, que la mayoría de esas actuales atribuciones, en al marco de la moderna psicopatología, sean razonablemente justas y muy puestas en razón.
Pero, lo que no parece que sea conveniente, sin embargo, es interrumpir el diálogo entre psiquiatras y pastores. Pues si en la Edad Media probablemente se incurrió en un exceso al magnificar las atribuciones de tipo religioso para la “explicación” de estos comportamientos, es muy posible que hoy se esté incurriendo también en otro exceso: el de apelar únicamente a la psiquiatría, al mismo tiempo que se vuelve la espalda a cualquier fenómeno de naturaleza religiosa.
De otra parte, muchas de las manifestaciones que, según parece, comparecen en las personas supuestamente poseídas por el demonio constituyen, por su propia naturaleza, una situación muy compleja, ambigua y harto difícil de resolver.
De aquí que ninguna ciencia pueda configurarse o entenderse como omnipotente, especialmente, cuando hay que dilucidar la compleja naturaleza de ciertos comportamientos, que ocupan un ámbito fronterizo entre la psicopatología y al religión.
En síntesis, me parece una iniciativa muy afortunada tratar de recuperar el diálogo entre pastores y psiquiatras, diálogo que nunca debió interrumpirse. Entre otras cosas, porque para el esclarecimiento de estas cuestiones límite -al menos, cuando comparecen con ciertas posibles implicaciones psicopatológicas, lo que es muy excepcional-, se precisa no sólo de la concurrencia de especialistas en ambas materias (pastores y psiquiatras), sino, lo que es todavía más importante, del establecimiento de un diálogo fecundo, abierto y, de ser posible, sin prejuicios, de manera que puedan entenderse entre ellos salvando las diferencias ontonómicas de cada una de las ciencias cultivadas por ellos.

Otras causas concurrentes en esta incomunicación

A las anteriores causas relativas a la incomunicación existente hay que añadir otras, no menos importantes. Me refiero, claro está, a la escasa sensibilidad existente entre muchos creyentes respecto de ciertos factores relacionados con lo demoníaco. De hecho, hoy en el demonio se cree muy poco y por poca gente. Esta insensibilidad afecta no sólo a los sacerdotes en general, sino también a los obispos. De hecho, la figura del exorcista es casi inexistente en la mayoría de las diócesis españolas o, de existir, es desconocida por casi todos.
Se comprende – aunque ello no lo justifica- que haya cierto silencio de unos y otros sobre este particular. En primer lugar, porque muy probablemente su incidencia es en realidad muy excepcional en la población genral. Pero, también, en segundo lugar, porque su contenido puede ser con toda justicia calificado hoy con el etiquetado de lo “políticamente incorrecto”.
En unas circunstancias así, es hasta cierto punto lógico que unos y otros evitan o huyan de los problemas cuando estos se presentan. Entre otras cosas, porque tampoco se dispone de la suficiente sensibilidad social como para que los temas de esa naturaleza tengan cabida en los mass media, y se informe acerca de ellos con el mayor respeto.
Por eso, se comprende también la tardanza y pasividad en su afrontamiento, por quienes de ello deberían ocuparse, puesto que cualquier error – dada la complejidad que posiblemente caracteriza a cada caso en particular- puede ser una excelente ocasión para que los medios de comunicación susciten un cierto “escándalo” entre sus lectores, con lo que el conflicto estaría servido y resultasen impune e injustamente descalificadas personas con rigor que han de ser respetables.
Pero tanto a la ciencia psiquiátrica como a la ciencia teológica, les importa – o debiera importarles-llegar a una firme y esclarecedora conclusión, cuando estos problemas se presentan. Cierto que estas ciencias han de enfrentarse a un grave hecho demasiado rico en complejidad, pero no es menos cierto que, si se pretende avanzar y progresar, las ciencias aquí implicadas no deberían rehusar el afrontar aquellos problemas que son de su incumbencia, por complejos y difíciles que sean.
Ninguna ciencia ha de tener miedo a la verdad. Cuando una disciplina experimenta ese miedo a la verdad, entonces es que está poniendo en cuestión su propia naturaleza científica. De otro lado, allí donde no hay ciencia suele haber ideología. Por eso, si la ciencia rehusa afrontar y resolver los problemas que son de su incumbencia, entonces la ideología le sustituirá, con lo que el problema no sólo no se resolverá como es debido, sino que se enmascarará y su solución se aplazará hasta devenir en una cuestión todavía más difícil de resolver que, además, se deja siempre para un futuro que tarda mucho en llegar.

Un breve recuerdo de la psicopatología clínica

No son muy numerosas las manifestaciones clínicas, hoy diagnosticables, en las que los supuestos comportamientos o manifestaciones de posesión diabólica tengan cabida en el perfil sintomático que les caracteriza y en los criterios diagnósticos que les definen.
No obstante, la abigarrada y multiforme sintomatología psicopatológica que puede llegar a presentarse en algunos casos excepcionales, sí que puede plantear -y de hecho plantea- la necesidad de establecer un pertinente diagnóstico diferencial entre lo que es estrictamente psicopatológico y lo que habría de ser considerado, al menos, como un fenómenos extraño, por ejemplo a la sintomatología psiquiátrica conocida.
Al psiquiatra, y al psicopatólogo, considerados como peritos, no hay que solicitarles un juicio acerca de si las manifestaciones sintomáticas que comparecen en una determinada persona tienen su causa o no en la posesión diabólica. Esta petición excede con mucho el ámbito restringido de su especialidad, por lo que no ha de responderse a esta cuestión, dado que tal petición es completamente ajena al ámbito de las disciplinas psiquiátricas.
Esto quiere decir que el especialista no puede juzgar acerca de fenómenos que son completamente ajenos a la ciencia por él cultivada. Lo que, en cambio, sí es pertinente pedirles es que se pronuncien acerca de si ésta o aquéllas manifestaciones en concreto pueden ser razonablemente explicadas desde los actuales y bien fundados conocimientos psicopatológicos. Esta última cuestión está puesta en razón y es del todo pertinente; la otra, por el contrario, no es pertinente y ha de silenciarse en el dictamen del especialista.
Entre los numerosos trastornos psicopatológicos que hoy conocemos -y que están acreditados en la actual comunidad científica- hay algunos que acaso por su propia naturaleza y cuando se manifiestan en su máxima intensidad, sí que pudieran exigir la necesidad de establecer un diagnostico diferencial entre psicopatología y posesión diabólica.
Este es el caso, por ejemplo, del desdoblamiento de personalidad, la personalidad múltiple, el trastorno histriónico de la personalidad, ciertos síndromes delirantes, algunas psicosis agudas, la esquizofrenia y los comportamientos alterados como consecuencia del consumo de drogas. Para todos ellos disponemos de criterios diagnósticos bien establecidos que permiten, cuando se satisfacen, individuar y singularizar, con cierto rigor, la presencia o ausencia de estas enfermedades.
El exorcista no debiera solicitar al experto lo que el experto no tiene capacidad para definir. Es decir, el exorcista no debe trasladar su problema al especialista, para que éste se lo resuelva. El exorcista puede y debe solicitar su ayuda, pero sólo allí donde ésta sea necesaria. Por su parte, el psiquiatra no puede sustituir al exorcista en la decisión que a este último le pertenece, porque ni debe ni sabe hacerlo, además de que en la mayoría de los casos, tampoco quiera hacerlo.
De otra parte, así como el psiquiatra dispone de unos criterios clínicos rigurosos y bien definidos para establecer si un hecho o fenómeno es psicopatológico o no, también el exorcista dispone de otros criterios para determinar si está o no ante manifestaciones de posesión diabólica. Es pues, la criteriología pastoral y religiosa la que ha de iluminar y desde la que se ha de decidir con todo rigor la pertinencia o no de incluir determinar manifestaciones comportamentales a la posesión diabólica.
Por lo general, el psiquiatra desconoce los criterios del pastor a la hora de juzgar si un comportamiento determinado está relacionado o no con el maligno. Su misión acaba allí donde los conocimientos psicopatológicos actuales se lo permiten. Cualquier afirmación que vaya más allá de estos últimos le rebasa y desborda y, por consiguiente, no debiera formularla, puesto que pondría en un grave aprieto a su propio saber como experto y a la ciencia que cultiva.
Por consiguiente, corresponde al exorcista, y sólo a él, emitir el último juicio acerca de la “cosa juzgada”. Corresponde en cambio al psiquiatra decidir si la cosa juzgada tiene o no una explicación psicopatológica, es decir, si puede o no ser explicada desde el horizonte de la clínica psiquiátrica. En caso negativo, bastará con que sostenga que las manifestaciones estudiadas por él en una determinada persona, no reúnen los suficientes y necesarios requisitos como para que sean explicadas desde la perspectiva psiquiatría. Esto y sólo esto, es lo que debe concluir el psiquiatra respecto de la peritación que se le ha solicitado.

Dos casos, psicopatológicamente inexplicables

Respecto de mi experiencia profesional en el ámbito de las manifestaciones psicopatológicas en los casos de posesión diabólica, he de informar que es muy excepcional y limitada. Después de casi treinta y seis años ejerciendo la psiquiatría clínica, he de afirmar que sólo en dos ocasiones me he visto en la necesidad de dictaminar que, tras la observación y exploración de dos supuestos pacientes, los comportamientos manifestados en ellos no podían explicarse desde la perspectiva de la nosología psiquiátrica.
El primer caso tuve la oportunidad de estudiarlo hace ya más de diez años, a fin de realizar el dictamen que se me solicitaba. Se trataba de un adulto ya anciano, que residía en un país centroeuropeo. Era una persona de un alto nivel sociocultural que, a los 53 años de edad, abandonó todo (su familia, su profesión, su país) para marcharse con una prestigiosa bailarina de ballet, a la que le llevaba casi treinta años. Dos décadas después regresó a su país empobrecido y deteriorado y con manifestaciones que supuestamente permitían calificarle como un enfermo psiquiátrico.
La exploración psicopatológica puso de manifiesto en esta persona un perfil sintomático compatible con el diagnóstico de trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad. Sin embargo, la solicitud que se hacía en la peritación no se dirigía sólo a que informase acerca de las manifestaciones clínicas que hubiera podido encontrar en esta persona sino que, principalmente, debía pronunciarme acerca de si las manifestaciones expresadas por ella, precisamente en el contexto de las sesiones de exorcismo a las que el paciente estaba sometido, podían o no ser calificadas como psicopatológicas.
En favor de la brevedad aquí exigida, me ocupare de sólo dos de las manifestaciones que presencié en esta persona durante una sesión de exorcismo. La primera de ellas consistió en que, sin haber tenido ningún contacto a lo largo de su vida con el arameo ni con ninguna otra persona que lo hablase, era capaz de comprender y hablar esta lengua, cuando “estaba en trance”, durante la sesión de exorcismo. En esas circunstancias, esta persona sabía discernir el significado de las preguntas que se le hacían y de las afirmaciones que en esa misma lengua oía.
Cuando esas afirmaciones tenían un contenido religioso o se le mandaba con cierto imperio, en nombre de Dios, que alabara a Dios o besara un crucifijo, respondía con palabras blasfemas a las que seguía un comportamiento radicalmente agresivo y, desde luego, hasta lesivo para las tres personas que le acompañaban. Por el contrario, cuando el exorcista le hablaba en esa misma lengua aramea de otros temas no religiosos cuyo contenido era más bien indiferente o neutro, el supuesto paciente no respondía en absoluto, sino que guardaba silencio y adoptaba el comportamiento normal que en él era el habitual.
La otra manifestación observada consistía en que era capaz de predecir, sin ningún error, si en el lugar en el que estábamos había o no algún objeto que tuviera alguna connotación religiosa o cristiana (un crucifijo, un rosario, etc.). Las circunstancias en que acontecía esta segunda manifestación aseguraban la imposibilidad de que esta persona se percatara de la presencia o ausencia de tales objetos, puesto que estaba echado sobre una camilla, con los ojos continuamente cerrados y las personas salían y entraban de la habitación sin hacer ningún ruido, llevando o no los objetos referidos en sus bolsillos, sin que ninguna de las personas allí presentes fueran capaces de detectarlos.
En este paciente concurrían, pues, las dos cosas: un conjunto de síntomas compatibles con el diagnóstico a que ya se aludió y ciertos comportamientos para los que la actual psicopatología no dispone de ninguna explicación.
Años más tarde fui informado de el paciente pidió la ayuda al demonio, a los 53 años, para conseguir su fin de “enamorar y marcharse con la bailarina”, a cambio de lo cual juró servirle de por vida.
El otro caso excepcional lo he estudiado en fecha reciente. Se trataba de una joven, estudiante universitaria, que venía padeciendo de dolores incurables, a pesar de haber visitado a varios especialistas, con malestar generalizado, fracaso en los estudios, imposibilidad de concentrarse, y que se comportaba de forma muy extraña en las sesiones de exorcismo que le estaban practicando. También en este caso fui consultado a fin de emitir un informa acerca de las manifestaciones que justamente se presentaban en ella en el transcurso de las sesiones de exorcismo. Sólo mencionaré un hecho pues entiendo que no disponemos de más tiempo.
En el curso de la sesión que fui invitado a presenciar, además de otras muchas manifestaciones de evidente oposición en todo lo que se refiriese a la piedad y al culto divino, opté por tratar de explorar si era sensible, en ese estado, a la recepción comprensiva de una lengua que, según me constaba, en absoluto conocía.
En esas circunstancias, me atreví a ordenarle que repitiese ciertas frases, en alemán, relativas al culto a Dios. Sus respuestas no se hicieron de esperar, si no que, de forma súbita, arqueaba todo su cuerpo en disposición de ataque, profería insultos y hacía gestos de una violencia incontenible, de la que forzosamente tuve que apartarme a fin de no ser fatalmente alcanzado por ella.
En cambio, cuando en esa misma lengua alemana, le formulaba preguntas de contenido no religioso o sobre temas irrelevantes, jamás se produjo en ella ninguna respuesta.
En opinión de la madre de esta chica, a la que entrevisté a solas, los síntomas de su hija habían comenzado a presentarse en ella a raíz de que una compañera blasfema le formulara un maleficio.
La entrevista que mantuve con la supuesta paciente, fuera del contexto de la sesión de exorcismo, no me permitió en este caso, tras un afinado y extenso diálogo exploratorio, llegar a conclusión alguna respecto de la identificación, apresamiento y comprobación de signos, señales o síntomas de naturaleza psicopatológica. De donde inferí y sostuve que no disponía de ninguna explicación psiquiátrica para las conductas antes relatadas.
Los anteriores casos ponen de manifiesto la conveniencia e incluso de necesidad de que psiquiatras y sacerdotes estudiemos conjuntamente estos acontecimientos, lo que redundará en beneficio de la psiquiatría y también de la pastoral de estas personas.

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Polaino-Lorente,Aquilino.(s.f.) Psiquiatría y posesión diabólica. Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense. Recuperado de http://www.fortea.us/english/psiquiatria/aquilino.htm

La teología en el momento de la liberación


La teología en el momento de la liberación

por Kurt E. Koch


Kurt Koch, E. (* 1913, † 1987) era un evangélico teólogo y publicista.

El presente artículo fue escrito por un profundo estudioso del ocultismo, de sus variantes, sus operaciones y de lo que el ministro cristiano debe hacer con las diferentes situaciones. Kurt Koch fue, posiblemente, el teólogo contemporáneo que más entendió la problemática demonológica y ocultista de entre sus pares del mundo.

La cura de almas es el trabajo pastoral de proveer solución de Dios para la salvación eterna y es fácil de comprender que tiene dos aspectos o propósitos: indicar el camino, según las enseñanzas objetivas de la Palabra de Dios, y la guía pastoral, según la cual el pastor es compañero del hermano a quien da la mano con su consejo y experiencia. La conducción de almas, en este sentido de influencia, no es sólo una tarea de estilo profesional sino la sociedad que forma un pecador salvado con la suerte y el destino de otro pecador, colocándose ambos bajo la conducción del Buen Pastor. Uno es el arrugo que auxilia, no el mediador; y el otro es quien acepta la mano que le tiende su hermano. Este pensamiento lo encontramos en Mueller, cuando dice: “Una perfecta imagen de la cura de almas sólo podremos conseguirla considerándose, el pastor, un seguidor de Cristo; no un mero teorizante de sus enseñanzas. La conducción de almas en el sentido expresado sólo es posible siguiendo las huellas del único Pastor” (A. D. Mueller: “Grudiss der praktischen Theologie”. Editorial Bertelmann, Guetersloh, 1950, pág. 282).

LA CURA DE ALMAS EN PACIENTES DE DOLENCIA OCULTA

La dolencia oculta es ciudadana del reino del diablo; por ello la salvación, y en este caso la liberación de la misteriosa dolencia, se realiza pasando de la ciudadanía diabólica a la ciudadanía divina. Por consiguiente, la cura cristiana de almas representa el esfuerzo para introducir las almas y mantenerlas en el Reino de Dios.

El propósito final de la cura de almas es liberación de la civitas diaboli, (ciudadanía diabólica) no solamente en un sentido del futuro sino como un hecho del presente. Cristo vino para destruir las obras de las tinieblas (1 Jn 3.8). La batalla ya está decidida y la victoria está ganada. La única condición para quedar librado de la pertenencia a la civitas diaboli es un regreso a la Civitas Dei. Veremos este servicio de liberación espiritual aplicado a la cura de almas en dolencia oculta, pero tengamos en cuenta que la liberación y a fue llevada a cabo antes de que el pastor y el enfermo se den cuenta de ello. Sin caer en la terminología escolástica, podemos decir que se trata de la “gratia preeveniens” (la gracia previsora de Dios) que trajo la salvación en Cristo.

CONDICIONES PERSONALES

La obra de la gracia de Dios no depende de si somos o no dignos de ella. Como dice Lutero: “El oro no deja de ser oro porque lo posea una prostituta, llena de pecados y vergüenza”. Y continúa diciendo: “Del mismo modo, el anuncio de la gracia puede producir fruto aunque sea dado por labios indignos”.

Esta gracia soberana de Dios, que incluye y utiliza todo medio humano en el ministerio del Señor, no excluye el deber de la mejor preparación posible para el servicio. Por el contrario, lo recomienda. Al hablar aquí de las condiciones para la cura de almas, no nos referimos a todas aquellas cualidades que son de esperar en tan delicada urca de un modo normal y humano como: saber oír, saber callar, atender, comprender. etc. Estos puntos son bien tratados en cualquier libro de sicología o aconseja-miento pastoral; nos referimos aquí solamente a algunos principios de carácter espiritual.

a) La situación espiritual del practicante de liberación.

El Dr. Riecker escribe en su libro Das evangelistiche Wort: “La condición principal es la situación espiritual. El instrumento no es más que un órgano mediador, rebosante de vida espiritual y de poder, si el mismo se somete a la acción del Espíritu Santo y en su vida y sus obras se deja guiar y llevar por éste. Es imprescindible una abundante vida cristiana”. “El pastor no se conviene en sanador de almas por sus conocimientos teológicos sino por su fe y su vida cristiana”, dice Bovet; y Thumysen se extiende aún más, diciendo: “El que practica la cura de almas debe él mismo en primer lugar estar arraigado en la Palabra de Dios y ser un miembro vivo de su iglesia y vivir en la fe y el perdón”. San Pedro dijo: (Hch. 3.6): “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”.

No hay ningún pastor que pueda sacar continuamente vigor espiritual de una experiencia vivida hace ya muchos años. Ello significaría el enfriamiento, una seguridad camal. A la experiencia con Cristo ha de seguir el ir cada día con Cristo; la muerte diaria al pecado, el diario arrepentimiento, la purificación diaria y la diaria santidad. El que quiera practicar con otros la cura de almas, tiene forzosamente que permanecer en Cristo para curar cada día su propia alma.

b) La preparación.

El profesional en cualquier arte conoce sus herramientas, el material que ha de trabajar y domina la técnica del trabajo. En el sentido espiritual, debería haber también tal pericia. La cura de almas no es un ensayo de aficionados cuando falta lo fundamental. Bovet dice: “Las experiencias diarias nos han mostrado que la cura de almas fracasa porque en muchas ocasiones al teólogo le faltan conocimientos acerca del hombre, de manera que sus palabras pasan de largo”. En otro lugar escribe: “Por lo general, el pastor conoce la Palabra de Dios, pero desgraciadamente le faltan conocimientos sicológicos y antropológicos”. Muchas diagnosis falsas dadas prematuramente y muchos procedimientos errados tienen su origen en una falta de conocimientos sicológicos. Referente a esto escribe el Dr. March, neurólogo: “Muchas fallas en la cura de almas proceden de los pocos conocimientos que tienen en sicología y medicina y pedagogía los que se ocupan de las almas, o por creer que saben bastante”. Mueller, reconociendo esta repetida sugerencia de los sicólogos escribe: “Debemos reconocer que la falta de conocimientos sicológicos ha desacreditado muchas veces a la iglesia y la ha dañado considerablemente”.

Debiera tenerse en cuenta la reforma del estudio teológico que propone el profesor Hahn cuando escribe: “Una iglesia que educa en teología a sus ministros, no debe olvidar formar al hombre en vistas al ministerio que ha de cumplir, incluyendo en el estudio la pedagogía, la sicología y la sociología, si bien dentro de los límites precisos”. Más enfáticamente se expresa el profesor Hahn cuando dice: “La realidad es que la cura de almas decae muy rápidamente. Por el contrario, el hombre moderno va al sicoterapeuta. Muchos se dan cuenta que el pastor, a veces, no sabe cómo empezar ni cómo continuar con el que busca ayuda para sus nervios. Por una parte, no sabe conocer el caso desde el punto de vista psicológico y establecer de esta forma una diagnosis acertada. Por otra, ignora cómo ha de salir al encuentro de tal persona partiendo del evangelio. En ambos casos su estudio meramente teológico no le sirve”.

Si tratamos de saber qué clase de preparación ha de tener aquel que se ocupa de la cura de almas para entender a los atacados de ocultismo, debemos principiar con el siguiente esquema: no podemos ayudar de ninguna manera, si antes no tenemos un diagnóstico claro del caso. ¿Qué es lo que realmente sucede con la persona? ¿Cuál es su problema? No puede haber, tampoco, una diagnosis clara si no conocemos primero las causas de la dolencia oculta. El alcanzar tal pericia en el terreno oculto, conservando la distancia suficiente y sin la participación personal en experimentos ocultistas, no significa que el pastor tenga que convertirse en un aficionado peligroso de las ciencias ocultas y la sicología. Se trata de conocer cuál es el deber de quién. El conocer las relaciones de la mente humana con lo trascendente o espiritual va más allá de toda pericia conseguida en las ciencias sicológicas. Con ello nos acercamos más a los dominios de la fe y al terreno de los dones del Espíritu Santo.

El apóstol Pablo nombra entre los dones espirituales (1 Co. 12; 7-11) el de discernir los espíritus. Para esto no bastan los conocimientos sicológicos, hay que poseer un don espiritual para poder distinguir etimológicamente en las enfermedades síquicas lo que a tantos errores conduce: la parte médica de la parte oculta. Una vez hecha la difícil distinción es necesario poseer, además, un don indispensable para hablar a las personas en estos términos.

Será de gran valor para la cura de almas si logramos definir bien ambos terrenos. Los conocimientos sicológicos sin el don espiritual, es el mal que padecen la mayoría de los sicólogos; tales conocimientos conducen con frecuencia a una negación de la dolencia oculta. Todos conocemos el léxico que suele aplicarse a estos casos: engaño, mentira, superstición, fe en el ocultismo, locura de brujerías, oscuridad de la Edad Media, etc. Por otro lado la fe sola, sin los conocimientos especiales (el caso de muchos pastores) los lleva a que situaciones de trabajo pastoral común o enfermedades para el psicólogo, sean consideradas como demonismo, aun sin haber ninguna relación con artes ocultas. De este modo nos encontramos ante el peligro de que todas las enfermedades síquicas que no se llegan a comprender sean achacadas al demonio. En cierta ocasión se oró por liberación sobre un endemoniado, con imposición de manos, etc., según lo hallamos en la revista “Ter Wegzu Seele”; pero el Dr. Lechler descubrió luego que se trataba de una locura infecciosa. La opinión de este siquiatra cristiano es de peso, pues no sólo es especialista en psiquiatría sino que en círculos cristianos se le reconoce un don especial para la cura de almas en casos de auténtico demonismo.

Otro punto necesario de comparación entre los conocimientos sicológicos y el don espiritual es su valoración recíproca. El que posee el don espiritual es arrogante si menosprecia los conocimientos que han surgido de las ciencias, y el psicólogo está en necedad si desconoce la importancia del don espiritual, pues sin el Espíritu Santo no puede conocer las cosas espirituales; no tiene para ello órgano apropiado. Con esto hemos llegado al problema principal de esta sección, que podríamos subrayar con el siguiente lema psicológico: “A lo interior de la naturaleza humana no penetra ninguna otra criatura, humana”. En cambio nos dice la Escritura que el Espíritu todo lo escudriña. “El hombre natural no percibe las cosas que son del espíritu; en cambio el hombre espiritual juzga todas las cosas”. Con ello determinamos, desde el punto de vista del Nuevo Testamento, la relación entre los conocimientos sicológicos y el don espiritual.

Y hablando de esta necesidad, no debemos olvidar que tos conocimientos sicológicos pueden ser adquiridos por la razón humana. Sin embargo no nos será posible adquirir de la misma forma el carisma de la distinción de espíritus. Este es un don soberano, sobre el cual el hombre no puede disponer. El propio don del Espíritu Santo nadie lo ha conseguido por medio del estudio teológico; tampoco se lo ha conseguido despreciando la teología. Nadie posee dones espirituales por el simple hecho de que esté en el ministerio, a pesar de que Dios concede más aptitud por la propia práctica del ministerio.

Aquí sólo tenemos una puerta abierta, es la de “Pedid y se os dará”. Y en su apoyo la promesa de Lucas 11.13:

“¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”

EL TRABAJO EN SI

¿Cómo llevar a cabo la cura de almas en dolencia oculta? Si bien aconsejamos obrar de un modo sistemático, ello no quiere decir que la diversidad tenga que ser encerrada en un esquema. El esquema puede representar una ayuda pero también puede significar un estorbo. No obstante, y a pesar de estas objeciones, formularemos cierto método que se ha formado en nuestra propia práctica de la cura de almas. El pastor en la cura de almas no es un técnico; es alguien que oye, ve y espera seguir las pisadas de Dios en el proceso de recuperación del confesante; y que no debe, por sí mismo, determinar los pasos y abrir el camino.

a) Diferentes diagnósticos.

La primera cuestión en las enfermedades del alma es llegar a las causas:

Si son de carácter médico, si existe una dolencia oculta de índole metafísica, o si se trata de una mezcla de ambas cosas. Si encontramos que se trata de un caso de simple enfermedad nerviosa debemos mandar el paciente a un médico especialista; pero existen ciertos casos en que hay pruebas evidentes de enfermedad nerviosa y de dolencia oculta a la vez. En estos casos lo ideal es la colaboración con un médico que reconozca la parte espiritual del fenómeno. Si en la enfermedad puedo ver claramente que no se halla ningún indicio neurótico y que se trata únicamente de dolencia oculta, entonces dejo de solicitar la ayuda del médico.

La cura especial para los afectados por el ocultismo sólo puede ser llevada a cabo bajo la evidencia de que no se trata de neurosis. De la forma que se lleva a cabo tal distinción nos lo mostrará el siguiente ejemplo:

Después de una conferencia de evangelización, en la cual para nada se tocó el asunto de ocultismo, un hombre expresó su deseo de hablar con el conferenciante. Debido a ciertos inconvenientes de tiempo material, esta conversación sólo pudo llevarse a cabo dos días después de, la conferencia. En la conversación, el hombre, que era un comerciante conocido y rico, contó espontáneamente que sin tener aparente motivo padecía desórdenes síquicos; se veía obligado a encerrarse días enteros en una habitación, no tenía ni ganas ni interés en su trabajo, todo le parecía excesivo. Durante estas crisis nada le gustaba ni apetecía. Tomar decisiones en tal estado le resultaba sumamente difícil, etc.

La simple observación del caso durante la conversación, demostró que aquel hombre era melancólico, la expresión de su rostro, su mímica de tipo doliente y temeroso, sin apenas moverse; la arruga pronunciada de la pestaña superior, todo indicaba un caso neurótico de melancolía. Se unían a estos síntomas externos un sentimiento de debilidad, y sus extrañas ideas de temor de pecar y de empobrecerse, aun estando en muy buena posición económica. El hecho de que fuesen periódicas sus “fases depresivas” y que todo lo viera y juzgara de color negro en estas crisis, no hacía sino aumentar los síntomas que diagnosticaban melancolía. Digno de mención es que durante ellas parecía perder su temperamento varonil y decidido, y que estas crisis duraban relativamente poco, de una a dos semanas. En los intervalos de tales fases depresivas realiza normalmente su trabajo y dirige perfectamente su negocio. Vale decir que es una persona de profunda sensibilidad religiosa.

A pesar de que sus síntomas clínicos indicaban la existencia de una melancolía periódica, me pareció que este caso no estaba ausente de relaciones ocultas. Cuando pregunté eso me lo negó rotundamente; me dijo que los antepasados eran todos piadosos y asiduos asistentes de la iglesia, pero por una extraña impresión no me di por satisfecho y continué escudriñando el historial de sus antepasados en cada uno de los miembros de la familia, con los siguientes resultados: Un sobrino suyo padecía los mismos síntomas de melancolía periódica, exactamente como él; una hermana y una tía se habían suicidado y el abuelo murió en un malcomió. Desde el punto de vista etiológico, y a quien hace psiquiatría, parecería que este amontonamiento de depresión endógena presenta la imagen de una herencia familiar de locura maníaco depresiva, aunque el origen de tal herencia no era seguro. Sin embargo, esto no es menos característico en las dolencias ocultas. En familias de curanderos, cuya genealogía me fue posible seguir, encontré resultados parecidos en miembros de tres y cuatro generaciones: muertes en malcomió, depresiones, suicidios y accidentes mortales constituían una imagen normal. La verdad es que la repetición y semejanza de estos síntomas en las generaciones que siguen a los ensalmadores, (curanderos, hechiceros) me hacían aguzar el oído en cuanto empezaban a contármelos.

En mi primera entrevista con este comerciante, además de darle consuelo con la Palabra de Dios, señalé la posibilidad de que entre los abuelos hubieran habido ocultistas activos, quizá, incluso, algún brujo, pero él negó otra vez tal posibilidad. Dos horas más tarde me llamaba por teléfono para decirme que, al llegar a su casa, había estado preguntando entre sus familiares y se enteró que el abuelo que había muerto en el malcomo supo ser mago, alejaba las enfermedades y curaba de palabra a los animales en los establos. En las posteriores consultas vimos confirmamos la ligazón con la actividad oculta del abuelo. Dado que en este caso se trataba de un problema mixto (espiritual y psíquico) por parte del siquiatra se hizo una terapéutica de shocks y por la parte pastoral una conducción especial. Este ejemplo sólo viene a demostramos la difícil posición del pastor al tener que establecer un correcto diagnóstico. Debe emplear todos los medios a su disposición, sin descontar los científicos, para descubrir las causas del problema antes de tomar las medidas especiales para ayudar en los casos de Ocultismo.

b) La confesión.

La cura de almas no quiere decir poner “cataplasmas espirituales” sobre sucias úlceras. Por eso, no sólo es necesario que desde un plano neutral y científico se comprenda y formule qué es lo que sucede sino que no pueden olvidarse las heridas y éstas deben ser descubiertas y aclarados los conflictos religiosos, antes de comenzar el proceso terapéutico. En buen romance, esto quiere decir: reconocer el pecado y confesarlo.

En el psicoanálisis se busca hacer desaparecerlas depresiones, las situaciones de congoja, tensiones subconscientes y complejos por medio de llevar a la conciencia las causas reales y hacer ver la sinrazón de la congoja. Se procura el relajamiento según el principio de Sócrates: vencer al problema racionalizándolo, querer encontrar paz por el hecho de entender de raíz lo que sucede. Al fin de cuentas, en este método analítico la ayuda proviene del médico, junto con la voluntad del paciente; es una fuente humana de solución. En la confesión, en cambio, el pastor y el confesante están ante Dios, esperan y reciben la ayuda únicamente de allí. A pesar de que estos dos terrenos tienen muchas cosas en común, no debemos caer en el error de confundirlos.

Es necesario advertir el gran peligro del psicoanálisis para un cristiano enfermo de neurosis. Conozco profesionales cristianos que nos pueden hablar por experiencia propia de los peligros que el psicoanálisis encierra para la fe. Cierto siquiatra cristiano, joven, que mantenía sesiones con un conocido sicoanalista, se veía obligado a luchar, después de los encuentros, para continuar en su hábito de leer la Biblia y orar contra los pensamientos que se levantaban en su alma. Desde entonces este siquiatra asume una posición fuertemente crítica frente al psicoanálisis. Imaginemos lo que pasa cuando un sicoterapeuta anticristiano se pone a analizar la mente de un paciente cristiano.

Los escritos de Lutero, nos dan a conocer brevemente los cinco puntos más importantes de la confesión. Para Lutero no existía duda alguna en cuanto a la necesidad de la confesión y especialmente de la confesión privada. El escribe:

“Aprendemos, pues, qué cosa más acertada, maravillosa y consoladora es la confesión”. “Sin embargo, de nadie me dejaría quitar la confesión secreta ante Dios; ni siquiera por todos los tesoros del mundo renunciaría a ella, ante el poder y consuelo que la confesión particular ante Dios me ha dado. Ya haría tiempo que el diablo me hubiera vencido y ahogado de no haber sido que la confesión me ha mantenido”, agregaba.

Este proceso tiene una importancia especial cuando se trata de ayuda pastoral en dolencia oculta. Las prácticas ocultas representan un compromiso especial por parte del paciente con el Reino de las Tinieblas. Hay formas que nos dan una clara idea de este hecho, por ejemplo: los pactos de sangre, los amuletos, la llamada al diablo (sea formal y real o indirecta por el ensalmo mágico y la magia negra). Para el que está atado al ocultismo, y sufre sus consecuencias, la confesión consistirá en que reconozca su pertenencia al Reino de las Tinieblas y se decida salir a la luz. Por esto, en todos los casos de dolencia oculta que he tratado, me ha parecido imprescindible una confesión. Por lo general, en la tarea pastoral común, se deja al que busca ayuda en la libertad de confesar o no; debe ser algo completamente libre y no debe transformarse, bajo ningún pretexto, en una nueva ley. Lo que sí hemos observado es que, quienes rehúsan hacer una confesión general de todo lo que les pesa en la conciencia, no sólo de las prácticas ocultas sino también de todas las demás faltas de su vida, raramente alcanzan una verdadera liberación. Recordemos, sin embargo, que ninguna confesión hecha en intimidad a otro cristiano por parte de los, atacados por dolencia oculta, garantiza la liberación. Sólo Dios mismo, en su gracia, abre el corazón y labios del confesante y lo absuelve, según sus circunstancias.

Detrás de esta realidad espiritual hay una doble ley natural. En primer lugar, que la confesión tiene un efecto psicológico. La confesión de una culpa tiene siempre, como consecuencia inmediata, la descarga y el relajamiento. Con la confesión se crea una atmósfera limpia. Mientras que el pecado queda secretó, se ensancha y contagia. Por ello es de gran importancia que sea manifestado. Tenemos también la segunda regla: el hecho de esconderse (tratar de ocultar el pecado) es un síntoma característico del poder del pecado en las tinieblas. Koeberle escribe: “El tentador vive de lo secreto que existe entre nosotros y él. Mientras haya cosas secretas en nuestra vida, sobre las cuales nadie deba saber nada, habrá también el poder del enemigo sobre nosotros y sobre nuestras almas. Pero en el mismo instante en que se descubre el pecado y lo confesamos, pierde el poder de las tinieblas, su dominio y señorío sobre nosotros”. Por ello la confesión representa el despido de este dominio, la reacción al Reino de las Tinieblas. Por ello es que Satanás procura impedir la confesión. Y este acto de humillación es muy difícil, incluso al que busca ayuda para sus problemas.

c) La renuncia al diablo.

“Se entiende por renuncia al voto de carácter eclesiástico por el cual el individuo renuncia al diablo y a sus obras”. Así se expresa sobre este término la Enciclopedia Real de Hauck. Esta fórmula ha sido muy discutida desde antaño en la historia de la práctica del bautismo. Normalmente se busca apoyo para la renuncia al diablo en las citas bíblicas siguientes: Mateo 25.41; Juan 12.31; Efesios 6.11-12; 1Juan 2.13 y 5.19. El rito de la abrenuntiatio (renuncia) se funda en que el candidato al bautismo debía renunciar al culto pagano de los demonios, practicado por los gentiles. En el Nuevo Testamento el culto a los dioses se cita como culto a los demonios. Agustín ya preguntaba en el bautismo a los padrinos del infante que era llevado a bautizar: “¿Renuncias?, ¿Crees?”.

En el caso del que ha caído en ocultismo, la renuncia no es una mera fórmula litúrgica sino una cuestión real, práctica, necesaria. Como dijimos, las prácticas ocultas representan un compromiso con el Reino de las Tinieblas y debe ser anulado. La liberación sólo puede llevarse a cabo por medio de la participación del afectado, renunciando; después que Cristo haya creado las predisposiciones objetivas para el caso, por supuesto. La experiencia me ha enseñado que no puedo suprimir esta renuncia formal. Esta opinión no es únicamente mía; son muchos los evangelistas que comparten mi parecer de que una renuncia formal y a conciencia por parte del enfermo, ya conduce por sí sola a una cierta liberación. El evangelista y pastor Bruñís hace repetir una fórmula: “Renuncio al diablo y a toda su naturaleza tenebrosa y me entrego a Ti, Trino Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo y quiero creerte y obedecerte fielmente hasta el fin de mis días”. Una opinión parecida tiene el Dr. Riecker: “En todo lugar donde se hayan llevado a cabo ritos mágicos, ocultos o hechicerías, debe hacerse una renuncia oficial, en confesión, para liberación de las fuerzas satánicas. Es oportuna la expresión: “Renuncio al diablo y a todas sus obras”. Esto es una declaración ante testigos de la liberación oficial y consiguiente salida del Reino de las Tinieblas; es el centro de toda la dinámica del Reino de Dios, y el fundamento de toda acción eficaz en la cura de almas.

d) La absolución.

Después de la confesión y de la renuncia, corresponde la absolución, el declarar absuelta a la persona de la ligadura que tenía. Trillhaas escribe: “La confesión es el reconocimiento personal del pecado, y se completa con la absolución. La promesa del perdón de Cristo hecha por el pastor al confesante es necesaria, especialmente cuando se trata de confesiones privadas; porque el reconocer y confesar los pecados se hace de una forma concreta”. El perdón de los pecados es la causa a la que el cristiano debe en realidad su vida eterna, y es también el motivo central en la cura de almas; el punto decisivo en la ayuda que podemos ofrecer a alguien afectado de dolencia oculta.

En esto, muchas veces hemos tomado dos caminos equivocados: la restricción legalista de la misma (un legalismo tal que dificulta el descansar en el poder de Dios) o una declaración demasiado rápida del perdón divino (que deja de lado requisitos importantes). Tanto el uno como el otro pueden conducir al afectado a consecuencias contraproducentes. Thumeysen escribe: “Lo que diferencia la confesión evangélica de la católica, es que la primera no conoce ninguna clase de condiciones”. La absolución no está atada a debes o pos confesionales; la absolución es una parte central del Evangelio que no debe ser debilitada por una ley.

Riecker escribe: “Nuestro siglo es pobre en los dones de gracia prometidos al que se arrepiente”. En el caso de la persona afectada por el ocultismo, no conviene que a su ya difícil carga se le añada un nuevo yugo; ella precisa que se la descargue.

Sin embargo, el que reconozcamos esta falta no quiere decir que no podamos caer en la otra: asegurar demasiado pronto el perdón, la absolución, conduce a una falsa seguridad y a un engaño. El asunto se trata de cómo y en qué se debe comunicar la absolución. Hoch escribe: “Deberemos preguntamos seriamente cuándo conoceremos la posición espiritual del pecador o del miembro de la iglesia caído en alguna falta, para decidir si tenemos realmente el derecho de desatar o de negamos a ello”. Para diferir la absolución, para demorarla, debemos basamos sobre los mismos fundamentos que usamos para declararla. Thumeysen escribe en términos parecidos: “Nuestras simples palabras no van a bastar, pues es éste precisamente un punto en el que todo depende de lo que Dios diga”. Y es cierto, al final de cuentas, quien perdona es Dios y no nuestras palabras, pero debemos ser responsables cuando comunicamos el perdón de Dios, porque nuestra mejor buena voluntad de nada vale si la confesión todavía no agradó al Señor. El problema se agudiza cuando se trata de ayudar a una persona poseída por el diablo.

Después de la confesión, y en ciertos casos de la renuncia, yo acostumbro leer al confesante citas que nos hablan del perdón de los pecados, tales como Isaías l.28;43.25;44.22; Jeremías31.34; Miqueas 7.18-19; Mateo 9.2; 26.28; Lucas 7.48; Juan 1.29; Romanos 5.20; Gálatas 1.4; Efesios 1.7; Colosenses 1.14; 1 Pedro 1.19; 2.24; 1 Juan 1.7-9; Hebreos 1.3; Apocalipsis 1.5. A continuación, debe añadirse una pregunta muy personal tal como, por ejemplo: “¿Puedes creer esto?” El preguntar por la fe no significa que la absolución dependa de la respuesta de la persona, pues si todo dependiera de una simple palabra de asentimiento, la ayuda pastoral se convertiría en una mera fórmula y no en lo que debe ser: el Evangelio. El sentido es ver hasta dónde ha llegado la voz de Dios en el corazón del doliente, si hizo efecto o si ha pasado de largo; si ha comprendido el Evangelio. Si el “poder confesar” es una gracia de Dios, también lo es el “poder creer”, y ello es la señal de que la absolución de parte de Dios ya ha sido impartida. Cuando en la cura de almas el pastor se da cuenta de que ya existe este “poder creer”, entonces no hay nada que impida la declaración de absolución.

No siempre es todo tan sencillo. Muy a menudo es necesario repetir una y otra vez las promesas de perdón; de las Escrituras, para entonces comenzar a ver una pequeña chispa de fe. Tan pronto como el pastor lo observa, puede declarar confiadamente, en, nombre del Señor, que el pecado ha sido perdonado. Vuelvo a insistir el perdón no depende de nuestra declaración, pero ayuda a la persona a aceptarlo y experimentarlo. No debe hacerse tal declaración precipitadamente, en virtud de las generosas promesas de la Escritura sino hasta estar seguro de que ha iniciado la fe. Entonces, las palabras de seguridad son eficaces ¡¡y la chispa que asoma en el corazón crece, hasta convertirse en potente fe.

© Editorial Clie. Tomado del libro Ocultismo y cura de almas. Usado con permiso. Apuntes Pastorales, todos los derechos reservados.

Fuente: http://www.desarrollocristiano.com/site.asp?seccion=arti&articulo=541

Exorcismos y “posesión diabólica” como factor criminógeno


Exorcismos y “posesión diabólica” como factor criminógeno

Documento con fecha lunes, 03 de mayo de 2010. Publicado el sábado, 06 de diciembre de 2014. 
Escrito por: Manuel Carballar.Fuente: Cuaderno.

EXORCISMO

Esa mención expresa de la Iglesia Católica implica un reconocimiento tácito de esa forma de cristianismo, legitimándola sobre otras opciones religiosas, en el marco legal. Y sin embargo hasta el catolicismo implicá una serie de prácticas y dogmas de fé que, en ocasiones, pueden ser móvil, objeto o justificación del delito. Y es que la casuística criminal, por desgracia, nos ofrece constantes ejemplos de cómo una creencia religiosa: como la existencia del Diablo, y su capacidad para poseer a los seres humanos, puede convertirse en un factor criminógeno. ¿Dónde termina el derecho constitucional y comienza la jurisdicción policial?

El pasado 22 de abril de 2010 Las autoridades judiciales ordenaron el jueves la exhumación de una adolescente de 15 años que murió después de que el pastor de su parroquia supuestamente intentase tratar sus convulsiones con un exorcismo. Clement Rohee, ministro de Seguridad Nacional, señaló que el gobierno de la nación sudamericana contrató un patólogo de un país vecino que llegará el fin de semana para reexaminar los restos de Sangeeta Persaud. Nadie ha sido acusado de su muerte, y una autopsia preliminar reportó que ésta no era concluyente.

Persaud falleció a finales de marzo. Líderes de la iglesia de una comunidad rural dijeron que pasaron cinco horas orando por ella mientras le presionaban cabeza y abdomen. Persaud fue llevada posteriormente a un hospital, donde murió. La madre de la joven dijo que Persaud padeció un catarro muy fuerte durante varios años y que se le hizo una prueba para detectar tuberculosis. La joven debía ir el 19 de abril al hospital para recibir los resultados del examen.

La policía española interviene en un exorcismo
El pasado mes de noviembre de 2009 la prensa aragonesa recogía un siniestro titular: “Policía investiga un posible caso de exorcismo”. Según recogían diferentes diarios, agentes del Cuerpo Nacional de Policía había detenido a varias personas en Zaragoza, como presuntos autores de un macabro ritual exorcista, cometido en una vivienda particular de la capital aragonesa. La víctima, una joven de 27 años y nacionalidad indonesia, habría sufrido múltiples heridas y golpes, especialmente en la zona de los globos oculares, a causa de los cuales había tenido que ser ingresada de urgencia en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Según los primeros teletipos de prensa, entre los detenidos se encontraba un hombre , de nacionalidad española, de unos 40 años de edad. Y los golpes y heridas que presentaba la joven se habrían producido durante un violento ritual de exorcismo…

Según el investigador zaragozano Bruno Cardeñosa: “Al centro médico llegó la joven en estado de hipotermia. Además mostraba diversas heridas en la piel. Según relataron los implicados al cuerpo médico, el presunto poseído no era ella, sino la persona que en un principio fue detenida. La persona que en un principio estaba oficiando el ritual. Sin embargo, siempre según el relato y creencias de los dos implicados, el espíritu maligno que estaba en él se traspasó al cuerpo de la joven maorí. Entonces, se cambiaron los papeles. Para intentar extraer la entidad demoníaca del cuerpo de ella, fue introducida en una bañera con hielo, lo que acabó provocando la hipotermia que le llevó al hospital. El improvisado exorcista fue internado en el módulo de presos del Hospital, mientras que ella fue tratada con éxito. El estado de nerviosismo de los implicados, muy influenciados por sus creencias, hizo que fuera requerida la presencia del párroco del hospital para calmar la situación… Por desgracia, este tipo de sucesos siguen siendo habituales. En ocasiones, las creencias de tipo animista calan tan hondo en la personalidad de un individuo que no pocas veces estos sucesos acaban convertidos en lo que ya se conoce como “criminalidad esotérica”. En este caso, las investigaciones policiales y judiciales prosiguen…”.

Es la última intervención hasta la fecha de la policía española en un caso de supuesta posesión diabólica… pero no es el único, ni el primero. Y en todos los casos la intervención policial llega a tiempo…

Exorcismos criminales
Según el Dicciónario de la Real Academia de la Lengua española, la palabra exorcismo (del lat. exorcismus, y este del gr. ἐξορκισμός), sólo significa “Conjuro contra el espíritu maligno”. Y un exorcista es, según la misma Real Academia simplemente la “ persona que exorciza”, o también: “Clérigo que en virtud de orden o grado menor eclesiástico tenía potestad para exorcizar”. Pero esa potestad para realizar conjuros contra el Maligno, no se limita a la iglesia católica. Todas las religiones que acentan la existencia de una entidad maléfica o diabólica cuentan con religiosos supuestamente capacidados para luchar contra ella; rabinos, imames, pastores… incluso existen exorcisas laicos, vinculados a sectas cristianas, hinduistas, judías, islámicas, budistas o incluso animistas, que con frecuencia incurren en delitos más o menos grabes, durante su “lucha contra el Maligno”. El caso de esta reciente intervención policial en Zaragoza es el último en España, pero no el único.

En Roquetas de Mar (Almería) un pastor de la Iglesia Evangélica, había recibido la potestad de su comunidad religiosa, y en especial de los padres de un grupo de 18 niñas de corta edad, entre los 13 y los 16 años, para realizarles un ritual de exorcismo en 1996. Durante varios días las niñas fueron encerradas en un destartalado cortijo donde sufrían convulsiones, ataques histéricos, etc.

Los exorcismos fueron interrumpidos bruscamente, cuando un grupo de agentes de la policía local de Roquetas de Mar irrumpieron en el cobertizo para detener al exorcista, siguiendo las ordenes de su oficial al mando, el Sargento Rafael Montoya, que tuvo la amabilidad de facilitarme una copia del expediente policial del caso. En dicho expediente los agentes reflejaban el comportamiento violento de las jóvenes, la insalubridad del local donde se realizaban los exorcismos, y la nula formación médica o psicológica del exorcista. Pero afortunadamente las jóvenes no sufrieron mayor daño que el psicológico… pero no siempre fue así.

El 1 de febrero de 1990, Encarnación Guardia fallece de una forma igualmente atroz en el Albaizyn granadido, a manos de MarianoVallejo y otras personas más, que intentaron extraerle el demonio del cuerpo, sacándole las entrañas.

El 18 de septiembre de 1990 Rosa Gonzalvez, una querida y respetada curandera espiritista de Almansa, asesinó a su propia hija Rosi, de apenas 10 años de edad, arrancándole literalmente los intestinos por la vagina, para intentar sacarle el demonio que supuestamente la poseía…

El 28 de agosto de 1988 Rosa Lima ingresaba en coma en la UCI del sevillano Hospital Virgen de la Macarena. Durante días había soportado las torturas de Ana Camacho, líder espiritual de una secta en Mazagón (Huelva) que aseguraba a sus discípulos que Rosa estaba poseída por un espíritu maligno que había que exorcizar.

En ninguno de esos casos, ni en muchos otros, se produjo una intervención policial, como la ordenada por el Sargento Montoya, que diese fin al exorcismo a tiempo. Para muchos creyentes, el problema no estriba en el exorcismo, sino en la capacidad del exorcista, sugiriendo que sólo los sacerdotes católicos tienen ese autoridad. Por supuesto, millones de cristianos pertenecientes a otras confesiones religiosas (coptos, protestantes, ortodoxos, etc) en las que también se imparten exorcismos, disienten de esa opinión. Lo cual tampoco importa demasiado ya que, según las investigaciones de quien esto escribe, en algunos casos de exorcismos impartidos por sacerdotes católicos, el desenlace resultó tan dramático como en los homicidios anteriormente reseñados.

¿Muerto durante un exorcismo católico?
La historia de Javier Marcial es siniestra, oscura, incómoda, y sobretodo triste. La historia de un padre que pierde a su hijo siempre es triste. Y reconozco que quien escribe estas líneas llego a obsesionarse con el caso, dedicándole mucho tiempo y dinero, hasta poder localizar y entrevistar los principales testigos del suceso.

Según nuestras fuentes un millonario constructor gallego había hecho pintar una siniestra cruz blanca sobre fondo rojo en plena calle, justo en el lugar donde impactó el cuerpo de su hijo primogénito, tras precipitarse al vacío desde el último piso del edificio. El impacto del cuerpo contra el asfalto fue mortal de necesidad. Lo extraordinario del caso, no obstante, es que el padre del muchacho afirmaba enérgicamente que su hijo había muerto durante el transcurso de un exorcismo católico.

Comprobamos, en primer lugar, que ciertamente en la calle División Azul de La Coruña, existía esa misteriosa cruz pintada en el suelo, a los pies de un rascacielos de 21 plantas, sobre la que circulaban todo tipo de leyendas urbanas. El portero del edificio no sólo nos confirmó la sorprendente historia narrada por nuestra fuente, sino que añadió que el acaudalado constructor solía depositar cada año, durante el aniversario de la muerte de su hijo en el presunto exorcismo, unos folletos en los que acusaba a un exorcismo de la iglesia católica del fatal desenlace, ilustrados con una fotografía de la tumba de su hijo.

En el Cementerio Provincial de San Amaro conseguimos localizar la tumba del joven, en la que figuraba además la fecha exacta de su muerte durante el supuesto exorcismo. Fecha que no podía encerrar una coincidencia más siniestra. Javier murió en la madrugada de Navidad de 1972. Durante varios meses pudimos entrevistar a más de una docena de vecinos y porteros del edificio, y otros testigos indirectos de la tragedia, incluyendo a los primeros en ver el cadáver del joven.

Antonio C. y su esposa, eran novios en diciembre de 1972, y justo aquella noche, al filo de la medianoche, se encontraban juntos en el coche, despidiéndose ya antes de que cada uno de los novios volviese a casa con sus familias. “De pronto escuchamos un golpe sordo. Eso es lo que mas me impresionó, Manuel. Porque yo nunca pensé que un cuerpo humano al caer desde tan alto sonase así. Sali del coche y me lo encontré allí, en el suelo, a unos metros de nosotros. Estaba en pijama, me acuerdo de eso. En ningún momento se me pasó por la cabeza que aquel chico pudiese haberse caído desde el piso 20 de nuestro edificio, porque apenas tenían ninguna señal. Solo sangraba un poco por un herida en la cabeza. Así que para nosotros lo había atropellado un coche que se había dado a la fuga. Pero claro, nosotros no vimos pasar ningún coche, sólo aquel sonido sordo. Y la llave que llevaba en la mano, y que le quité yo. Eso también era raro…”.

Por supuesto los testigos indirectos de la muerte de Javier no estaban en disposición de confirmar o desmentir la leyenda sobre el exorcismo. No recordaban haber visto a ningún sacerdote católico, al menos con alzacuello o sotana visibles, haber entrado o salido del edificio, así que en ese sentido no podía aportar mucho más. En cuanto al resto de vecinos del edificio a los que acudí insistían en lo triste, incómodo y desafortunado de aquel incidente, que nadie estaba dispuesto a remover del pasado. Tampoco la familia materna de Javier, cuya madre todavía trabajaba entonces en la Oficina de Previión, estaba dispuesta a hablar conmigo. Escudándose en un más que comprensible dolor por aquel drama familiar, declinó la entrevista, y defenderse de las acusaciones que hacia su exmarido, quien culpabilizaba a la madre de Javier, y a su abuela, de haber consentido el exorcismo que habría terminado con tan fatal desenlace. Así que sólo restaba dirigirse al origen real de aquella leyenda oscura, siniestra e incómoda que durante más de un cuarto de siglo ha orbitado por la ciudad.

En nuestra entrevista Javier Marcial insistió enérgicamente en que su hijo había fallecido durante el transcurso de un exorcismo. Según su relato su primogénito, de ideología comunista, tenía serios enfrentamientos con la abuela materna y aquella noche, además, se encontraba bastante débil de salud a causa de una fuerte gripe invernal. Aprovechando que el matrimonio se encontraba celebrando las fiestas en las islas canarias, la abuela de Javier, siempre según el relato de su padre, habría avisado a un sacerdote, también vinculado a la familia, para que sometiese al muchacho a un exorcismo. “Su abuela creía que el comportamiento, las ideas, y la enfermedad de mi hijo eran cosa del demonio”. Ni siquiera el padre de Javier podía explicar con detalle que es lo que ocurrió en aquel hipotético exorcismo, nunca autorizado por el arzobispado de Santiago de Compostela, para que su hijo se precipitase por la ventana del piso 20 del edificio, encontrando la muerte en el acto…

Con licencia para exorcizar
El caso de Javier Marcial es afortunadamente una excepción en la historia de los exorcismos católicos en España, aunque no en el mundo. En 1976, por ejemplo, la joven católica Anneliese Michael, de 23 años, falleció durante el largo exorcismo al que fue sometida por el sacerdote Ernts Alt durante casi un año. Su historia inspiró la película “El exorcismo de Emily Rose”, y como en el caso de los exorcismos a menores en Roquetas, el religioso contaba con el permiso de los padres de la joven posesa para que hicese lo que fuese necesario para sacar al “demonio” del cuerpo de su hija.

La autopsia realizada al cadáver de Anneliese reveló que la causa de la muerte había sido poco sobrenatural: desnutrición y deshidratación. Además de ello la joven presentaba múltiples hematomas y autolexiones, incluyendo las rodillas destrozadas, por sus ataques convulsivos y violentas genuflexiones… Incluyo aquí las grabaciones en audio de los exorcismos católicos a Anneliese, pero advirtiendo a las personas impresionables de que son muy desagradables:

En un proceso judicial, interesantísimo desde el punto de vista de la criminalidad asociada a las creencias religiosas, los padres de la joven y los sacerdotes implicados en el exorcismo fueron procesados judicialmente en 1978, y declarados culpables de negligencia médica. Aunque dadas las particularidades circunstancias que rodaban el caso solo fueron condenados a 6 meses y libertad condicional bajo fianza.

A pesar de todo, probablemente es la Iglesia Católica la comunidad religiosa más reacia a autorizar rituales de exorcismo entre sus fieles, y la que más “garantías” exige de que una posesión es realmente “diabólica”, antes de autorizar el exorcismo. O al menos así era, antes de que el Papa Juan Pablo II reformase el ritual y incluso actualizase en 1998 el “Ritual Romano”, manual de exorcismos de los sacerdotes católicos que venía utilizándose tal y como había sido redactado en 1614. Tradicionalmente la Iglesia Católica era extremadamente reticente a autorizar un exorcismo, y cada caso debía ser estudiado y autorizado por el obispado correspondiente. Sin embargo desde el papado de Juan Pablo II, muy preocupado por lo que creía un crecimiento de la influencia diabólica en el mundo, muchos arzobispados cuentan con sacerdotes especializados con “licencia para exorcizar” libremente. Son los exorcistas oficiales de la Santa Sede.

En España más de media docena de sacerdotes católicos han contado, o cuentan, con autorización expresa para realizar exorcismo. Probablemente uno de los más respetados sea el Doctor en Teología y Licenciado en Filosofía Juan Jose Gallego, prior del Convento de los Dominicos de Barcelona, y exorcista oficial de la Archidiócesis de la misma ciudad. Desde hace menos de tres años. Gallego, nacido en 1940 en Castrillo de los Polvazares (León), se enfrenta a los supuestos poseídos por el diablo en la ciudad mas “satánica” de España, en el sentido de ser la sede de algunas de las lógicas y sectas de culto al Diablo más influyentes del país, como la OTO, la Orden Iluminati, la Iglesia de Satán, etc. De hecho Gallego afirma habar realizado exorcismos a exadeptos de algunas de esas sectas.

Para este sacerdote dominico “Cada caso es distinto. En general, son personas que no se acaban de encontrar con ellas mismas, tienen sueños extraños, enfermedades sin ninguna causa física, hay momentos en que entran en trance y pierden el conocimiento delante de símbolos religiosos, blasfeman diciendo que el demonio es el mejor, Dios es un mentiroso… Noto enseguida cuando alguien padece un trastorno psíquico porque son personas que suelen decir que los que están mal son los otros y no ellos. Los que vienen aquí lo hacen porque quieren y porque, después de haber recurrido a psiquiatras y curanderos, este es su último recurso “.

Como muy bien dice el padre Gallego, los exorcistas católicos se han equiparado, en su función psicoterapéutica, a otros curanderos y sanadores. Y en buena medida eso es debido a la enorme demanda de exorcismos que se ha producido, en los últimos años, a causa de la emigración masiva de católicos subsaharianos o latinoamericanos. Y si la Iglesia Católica no ofreciese esos servicios, otros exorcistas protestantes, o laicos, lo harían. Según el actual exorcista oficial de la archidiócesis de Barcelona: “Muchos sacerdotes piensan que esto es una cosa que ya está pasada de moda. Mi experiencia me dice que no es así. Hay muchísimos casos y cada día más… Aumentan los casos de gente que se cree posesa porque cada vez vienen más inmigrantes de países africanos y latinoamericanos, donde existe un mayor arraigo de la religión y la ignorancia. Y es que la religión se puede convertir en una secta”.

En cuanto al ritual de exorcismo, también se ha simplificado mucho en los últimos años, debido precisamente a la gran demanda de servicios que reciben los exorcistas. En la actualidad, un ritual exorcista del padre Gallego puede durar unos veinte minutos: “Primero, pido a Dios que, si hay alguien que le ha inducido al mal, que le perdone; luego, se procede a la aspersión del agua bendita, la renuncia a Satanás, la profesión de fe, la lectura del evangelio y una invocación de todos los santos; por último, pronuncio dos oraciones, una para pedirle a Dios que le libere y otra para ordenarle al espíritu maligno que abandone el cuerpo del poseso…”. Sin embargo, en algunas ocasiones la ceremonia se complica cuando llegan casos especialmente graves. El exorcista oficial de Barcelona destaca el caso de una familia de origen peruano “compuesta por una señora de unos ochenta años, su hijo y su nuera. Me explicaron que por la noche empezó a arder la cama de la señora mayor… se ve que la cama empezó a arder primero por los pies, que cuando consiguieron apagar el fuego, continuó por la cabeza. La señora vino con todo el pelo chamuscado. Decidí hacerles un exorcismo a los tres y la única que respondió al exorcismo fue la nuera, que empezó a removerse y a chillarme “¡Cállate, cura!…”.

Aunque resulta increíble, testimonios tan sorprendentes como este ya fueron ofrecidos por los predecesores de Juan Jose Gallego como exorcistas titulares de Barcelona. Antes de el ocupó el cargo el Padre Queralt, que a su vez lo había heredado, hacia 2007 del jesuita Pedro Suñer Puig, quien fue Pro-fesor de Historia en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, presidente de la Fundación Balmesiana durante 26 años, y uno de los exorcistas católicos más experimentado de España. Según su opinión, el 95% de los casos de supuesta posesión diabólica se deben a problemas psicológicos. Aunque, incluso en esos casos, el exorcismo puede llegar a funcionar como un placebo que favorezca la mejoría del enfermo. De hecho Suñer aseguró que sólo vio justificado realizar el ritual de exorcismo católico en media docena de los casos que le llegaron, y que sus exorcismos “curaron” a los poseídos en todos los casos, menos en uno. “Si e visto caras retorcidas y cambios bruscos de voz –recuerda el ex-exorcista- y echar espumarajos. Siempre e practicado los exorcismos en Latin para no sugestionar a la persona. Si es el demonio, seguro que sabe latín . Algunas sesiones resultaban agotadoras y a veces he tenido que practicar varios exorcismos a la misma persona, cuando estaba queda tranquilizada del todo, se le despide como curado…”.

Fenómenos ¿sobrenaturales?
El predecesor del Padre Pedro Suñer Puig como exorcista oficial de la archidiócesis de Barcelona fue el entrañable, pero estricto, Padre Francisco de Pau Solá, a quien tuve la suerte de conocer al Padre Solá, durante la realización de un programa de TV en el que, por cierto, muchos televidentes afirmaron haber presenciado un suceso inexplicado, y puedo dar testimonio de su erudición y conocimientos sobre demonología. El Padre Solá era, entre otras cosas, Profesor de Teología, doctor en Filosofía, y en Teología, miembro de la Academia Pontificia Mariológica de Roma, socio fundador y miembro de honor de la Sociedad Mariológica Española, de la Iberoamericana de Sociología y de la Internacional de Papirología, especialista en demología y exorcista de la Diócesis de Barcelona. Sus ensayos sobre diferentes campos teológicos, especialmente la mariología, son sobradamente conocidos y prestigiosos, e incluso han sido, a su vez, objeto de estudio y análisis. Sin embargo traigo hoy a colación al padre Solá, no por ser un teólogo de sobrado prestigió, sino por ser el testimonio más espectacular de un exorcista español que quien esto escribe ha podido recopilar.

La primera vez que el Padre Solá se enfrentó al Diablo ocurrió en Zaragoza. Según su testimonio una joven alumna del colegio religioso en el que él impartía clases mostraba un comportamiento violento y blasfemo cada vez que se trataban temas místicos en su presencia. Según la investigación realizada por el jesuita, la niña había comenzado a sacarse la Sagrada Hostia de la boca cada vez que comulgaba, a petición de su hermano, que le compraba las sagradas formas para utilizarlas, presuntamente, en rituales satánicos. Además la joven empezó a redactar unas cartas al diablo, de contenido marcadamente blasfemo.

Para cerciorarse de si su animadversión hacia lo sagrado era fruto de un delirio psicológico la sometió a numerosas pruebas. Por ejemplo durante mucho tiempo le encargaba que echase al correo cartas que el sacerdote le entregaba y en las que en ocasiones incluía una estampa religiosa y en otras solo un papel en blanco. Según Solá, siempre que entregaba a la joven un sobre con una estampa de Jesús o la Virgen, y cuyo contenido la muchacha no podía conocer por cauces naturales, la niña reaccionaba muy violentamente. “Como si el sobre le quemase en la mano”. Por esta y otras pruebas el sacerdote decidió someterla a un exorcismo en la misma capilla del colegio.

Según su relato, en cuanto la niña se percató de que era conducida a la capilla reaccionó con una fuerza y una fiereza inconcebibles para una joven de su edad. Y una vez dentro de la iglesia, en cuanto el sacerdote le hizo la señal de la cruz con un chorro de agua bendita, “la niña salió disparada, literalmente volando sobre todas las filas de bancos, hasta estrellarse contra el altar mayor, poniéndose a girar en el suelo como si fuera una peonza”. La joven salió airosa del exorcismo y, siempre según el cura, nunca más recordó nada de lo que le había ocurrido. Años después el Padre Solá volvió a encontrarse con el Diablo en Paris. El jesuita catalán pudo conocer en Francia al famoso exorcista de la diócesis de Paris, Joseph de Tonquedec, poco antes de su fallecimiento el 31 de noviembre de 1962. Se encontraba en su despacho, consultándole precisamente el caso de la joven de Zaragoza, cuando el exorcista francés le invitó a acompañarle en una entrevista con una supuesta posesa que iba a interrogar esa misma tarde. Según aseguraba el padre Solá, el pudo presenciar con sus propios ojos como durante el interrogatorio entre la supuesta posesa y el afamado exorcista, la joven comenzó a caminar por la pared del despacho, recorriendo el techo de la sala, y descendiendo por la pared opuesta, burlando totalmente las leyes de la física y de la razón… Por lo tanto no es extraño que desde aquella experiencia el Padre Solá consagrase su vida al estudio. Todos sus trabajos teológicos son importantes, pero sus conferencias y escrito sobre el Diablo se consideran respaldados por unas experiencias personales que, probablemente, no ha vivido ningún otro exorcista español. Sin embargo el ritual de exorcismo no siempre termina bien… Casos como el de Anneliese Michel, dramatizado en la película “El exorcismo de Emily Rose”, reflejan el peligro que puede encerrar un ritual “de choque” como es el exorcismo, en el que la mente humana se enfrena a su propios demonios. Anneliese Michel murió durante el exorcismo a que fue sometida. Y no se trata de un caso único.

El exorcista mas mediático
Probablemente lo más espectacular de los casos descritos por el padre Solá sean precisamente eso… su testimonio. No tenemos nada más. Sin embargo los modernos exorcistas católicos utilizan la tecnología para inmortalizar y analizar cada caso. Por eso, al visitar el domicilio del padre Jose Antonio Fortea en Alcalá de Henares (Madrid) tengo la oportunidad de examinar varias grabaciones en video de sus exorcismos, a supuestos poseídos por el demonio. Convulsiones, blasfemias, insultos… en la pantalla del televisor puedo presenciar todos los síntomas de una posesión diabólica, tal y como la conciben los creyentes. Y el exorcismo impartido por el sacerdote católico, en este caso, no se diferencia mucho de videos similares que conservo en mi archivo, pero donde el exorcista es un pastor protestante. Un grupo de voluntarios sujetan al poseído, que se revuelve por el suelo profiriendo todo tipo de blasfemias y maldiciones obscenas contra el exorcista, mientras este reza oraciones y conjuros para expulsar al demonio…

A pesar de su inquietante aspecto el Padre Fortea es un hombre muy amable y cordial. Y generosamente me invita a su casa para mostrarme algunos videos de los exorcismos que ha realizado en su iglesia. Son filmaciones domesticas realizadas por alguno de los familiares del presunto poseído o por alguno de los colaboradores parroquiales del exorcista mas famoso de España. No tienen una gran calidad técnica pero como documento de análisis resultan interesantísimas. En ellas puede apreciarse como el comportamiento del presunto poseso es totalmente normal inicialmente. Pero en todos los casos, en cuanto el hombre o la mujer penetran en la iglesia, y el exorcista comienza las oraciones, comienzan a mostrar una manifiesta incomodidad, que termina convirtiéndose en convulsiones violentas, aspamientos y todo tipo de gritos, e insultos soeces para con el sacerdote. “Eso que ves ahí es el trabajo del Diablo, Manuel, que no te quepa duda…”.

Erudito en demonología, el padre Jose Antonio Fortea es autor de algunos de los libros más profundos sobre la figura del Diablo editados en España en los últimos años, y auténticos manuales de trabajo para exorcistas de todo el mundo, sobretodo sacerdotes de América Latina. Sus libros están en toda biblioteca exorcista que se precie. Especialmente “Suma Daemoniaca” y “Manual de Inquisidores” (ambos publicados por La Esfera de los Libros). Este último, en realidad, es una traducción de la manual para exorcistas redactado en 1376 por el dominico Nicolás Eymerich, insquisidor general del Reino de Aragón, que desarrolla y argumenta la lucha contra el Diablo desde la iglesia católica. Y a eso se dedica exactamente el padre Fortea. Depositario de la vieja tradición exorcista de inquisidores como Eymerich, en estos momentos Fortea mantiene abiertos varios casos de exorcismo que todavía no han sido resueltos, como el del hijo de María, o el de Marta.

Marta es una atractiva veinteañera que durante varios años, según me explica el padre Fortea, ha sido víctima de un demonio que atiende al nombre de Zabulón. El ritual del exorcismo puede ser un proceso muy largo, y necesitar, como en el caso del hijo de María o de Marta, el concurso de diferentes exorcistas, o la realización de numerosas sesiones de trabajo. Durante esas sesiones, y como me muestra el padre Fortea en los videos que puedo examinar en su casa, el comportamiento de los posesos es muy similar. Cambios de voz, espasmos, comportamientos blasfemos, animadversión hacia todo lo sagrado…

Es muy probable que un médico agnóstico inmediatamente identificase el comportamiento de posesos como Marta, con transtornos de la personalidad tan familiares para los psiquiatras como el síndrome de la Tourette, y los considerados síntomas de posesión, por los sacerdotes católicos, como meros trastornos psicológicos o fisiológicos. Sin embargo mil millones de cristianos, que aceptan la existencia del Diablo como una criatura pensante real, tienden a aceptar lo contrario.

Exorcistas en España
Sin llegar al grado de popularidad del madrileño Fortea, otros sacerdotes católicos españoles han terminado por hacerse un hueco en la agenda exorcista española. Y mientras hace sólo diez años cada exorcista tenía que pedir una autorización especifica para realizar cada ritual, la cantidad de “titulares” con licencia para realizar exorcismos libremente que existe actualmente en la Iglesia Católica resulta sorprendente. Algo impensable, probablemente, de no ser por el incremento de la inmigración latinoamericana o subsahariana que en los últimos años aumenta en Europa, proveniente de países donde los exorcismos, laicos o religiosos, se realizan con la misma facilidad que una confesión, o una comunión.

En Bilbao, el sacerdote pasionista Antonio María Artola, nacido en 1929 en Villabona y profesor de de Teología en la Universidad de Deusto durante 33 años, lleva muchos más luchando contra el Diablo. Habla ocho idiomas, entre ellos el arameo, y realizó su tesis doctoral en Tierra Santa, por lo que no extraño que sea considerado una de las mayores eminencias en esta materia.

Con el aspecto de sabio venerable que le otorgan su pelo y su larga barba totalmente canos, Artola asegura que la inmensa mayoría de los exorcismos que ha realizado se debían a las “presencias de difuntos con malignidad o personas atribuladas porque se imaginan que les vienen los muertos”, salvo dos casos mas graves en Italia y Granada respectivamente. Según el exorcista oficial de Bilbao: “El caso de Italia era una chica joven. Su madre había intentado abortarla con maleficios, pero a pesar de todo nació. Después la ofrecieron al demonio en una misa negra. Esta niña empezó a experimentar cosas horrorosas. Yo he visto clavos, piedras y mechones de pelo que ella arrojó por la boca. En pleno exorcismo, la joven miró mi hábito y gritó «ese vestido no me gusta nada». Luego añadió «tienes que ser más moderno». Entonces empezaron las blasfemias contra la Virgen. Cogí una estatua sagrada que había allí y se la puse en los labios, luego me quité el rosario que los pasionistas llevamos a la cintura y se lo coloqué encima. Esto la hizo sufrir un rato largo pero luego empezó a cambiar y poco a poco recuperó su caracter. Después me enteré de que el diablo volvió a ella…”.

En Galicia existen dos exorcistas católicos oficiales, y ambos comparten la opinión del padre Artola: “la inmensa mayoría de los casos que llegan a la iglesia son por enfermedades mentales u obsesiones”.

El párroco del santuario de San Campio de Lonxe, en Tomiño (Pontevedra), José Luis Portela Trigo, que ejerce de exorcista en la diócesis de Tui-Vigo, lleva 37 años como sacerdote y 13 como exorcista. Su primer caso le llego de una familia del pueblo de Tomiño (Pontevedra), cuya hija empezó a presentar “fenómenos extraños” después de haberse adentrado en el “juego” de la OUI-JA. Desde entonces, afirma el padre Portela, expulsa a los demonios “con autoridad y fuerza”.

En la misma provincia, el padre Jose Donsión, párroco de Nuestra Señora del Corpiño y quizás el sacerdote español que más veces haya “echado a los demonios”, es un caso atípico. Ha realizado miles de exorcismos, pero no tanto por su condición de sacerdote católico, sino porque la parroquia de O Corpiño es el último enclave de exorcismos colectivos que existe en España. De hecho, el mismo Arzobispo de Lugo ha impartido la misa en ese pequeña iglesia, legitimando a ojos de los creyentes la garantía exorcista de sus procesiones..

Todos los 23 y 24 de junio miles de personas, llegadas desde toda España, visitan la parroquia de O Corpiño para pedir un milagro. EOC también participó en la famosa procesión de la Virgen del Corpiño, a la que la tradición atribuye especiales poderes contra la posesión diabólica. Por esa razón, cuando visitamos O Corpiño, pudimos contemplar por nosotros mismos episodios de histeria, trances, convulsiones, y todo tipo de comportamientos que los creyentes, con frecuencia, consideran síntomas de posesión diabólica.

Según la tradición quien pueda tocar la peana de la Virgen durante esa procesión, o frotar un pañuelo contra ella, quedará sanado de todo mal. Sin embargo son tantos los cientos de peregrinos que se apiñan intentando tocar a la virgen que es imposible que todos lo consigan. Y para muchos de ellos Jose Donsión, el párroco de O Corpiño, es la última esperanza para expulsar a los demonios. “El poseído –aclara el padre Donsión- es un cuerpo con un doble espíritu. Alberga el alma de una persona y la de un demonio. Y se manifiestan de forma alterna, nunca al mismo tiempo. Es como un avión con dos pilotos. Una vez pilota el diablo y otra, la persona… El poseído blasfema sin descanso, insulta a sus seres más queridos, se ve en él la mirada de unos ojos sin luz. Y, durante el exorcismo, hace cosas terribles”.

Misioneros exorcistas
Al igual que ocurre en la película “El Exorcista”, algunos sacerdotes españoles se enfrenaron por primera vez al Diablo en las misiones. Misioneros combonianos, jesuitas, padres blancos, etc, han relatado episodios expeluznantes de exorcismo, que presenciaron en las misiones católicas en Africa o Asia.

El conocido dominico vallisoletano Antonio Felices, por ejemplo, presenció un espeluznante exorcismo en Africa, realizado por su superior, durante el cual el cuerpo del poseso, un joven de raza negra, salió disparado varios metros sin tocar el suelo, cuando se le aplicó el agua bendita…

En diferentes misiones católicas en Asia, América Latina, o sobretodo Africa, yo mismo he podido entrevistar a misioneros y misioneras que aseguran haber presenciado espectaculares exorcismos en contextos culturales con miles de años de tradición mágica o supersticiosa, y quizás por ello mas receptivos a la creencia en las posesiones diabólicas. Quizás por esa razón, el los últimos años, en diferentes iglesias cristianas, pero no católicas, en diferentes países del Africa Occidental, se están produciendo autenticas masacres infantiles con la justificación de prácticas exorcistas. Según han denunciado recientemente observadores de Unicef y de varias ONGs, en países como Nigeria hasta 15.000 niños han sido acusados de practicar la brujería o estar poseídos, y en torno a mil han sido asesinados en el transcurso de exorcismos homicidas. Solo en el último mes de 2009 tres niños fueron sacrificados en el transcurso de exorcismos “ilegales” en Nigeria, y otros tres quemados vivos acusados de “brujería”.

Se trata de una nueva forma de “Muti”, una práctica ancestral, la más escalofriante que ha investigado el autor de estas líneas y a la que ya dediqué una entrada en El Archivo del Crimen ( http://manuelcarballal.blogspot.com/2007/12/muti-el-infanticidio-ritual-en-africa.html) en la que –en su dimensión más radical- se considera el infanticidio como una práctica lícita para apaciguar o satisfacer a los espiritus de los antepadados. Lo más siniestro de todo es que algunas policías occidentales han detectado ya casos de “Muti” en Europa, a raíz de las oleadas de inmigración ilegal que exportan al viejo continente las creencias religiosas de colectivos subsaharianos u orientales, como se habían exportado al Nuevo Mundo durante el tráfico de esclavos… pero ese es ya otro tema.

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http://laicismo.org/detalle.php?pk=38393

 

Aumenta la actividad satánica en el Mundo:Los exorcistas católicos,están preocupados por el aumento de las prácticas esotéricas y satánicas


Aumenta la actividad satánica en el Mundo:Los exorcistas católicos,están preocupados por el aumento de las prácticas esotéricas y satánicas
Luis Santamaría
24.11.14

El pasado mes de octubre se reunieron en Roma los miembros de la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE). Según informa ahora ACI, entre algunos de los temas que trataron estuvo el de la “emergencia pastoral” que se ha generado actualmente debido al aumento de casos que requieren un exorcismo en todo el mundo.

En declaraciones a ACI Prensa, el portavoz de esta asociación, el psiquiatra Valter Cascioli, explicó que “en comparación a hace algunos años el número de exorcistas ha aumentado. Sin embargo siempre digo que hay también una necesidad ya que la carencia se está convirtiendo en una emergencia pastoral”.

El médico italiano que colabora con esta asociación indicó luego que actualmente “el número de ocurrencias de actividad demoniaca extraordinaria está en aumento”. Esta actividad, dijo, puede darse por infestación (cuando el demonio posee un lugar), vejaciones y posesiones –en cuyo caso se debe acudir a un sacerdote y no a un brujo– u obsesiones diabólicas.

Cascioli refirió además que el aumento

“de estos fenómenos se debe seguramente a que hoy ha disminuido en las personas pero también y especialmente, además de la actividad demoniaca, al desarrollo de un interés y las prácticas que tienen que ver con el mundo esotérico, el ocultismo y el satanismo”.

El experto psiquiatra explica también que

“hay algunos países en el mundo en donde ni siquiera hay un exorcista. Las actividades demoniacas y las consecuencias de las que hablamos se están difundiendo en todo el mundo, no es un fenómeno cultural”. “Lo que está sucediendo no está condicionado por los lazos étnicos, ni está tampoco limitado a un área geográfica específica”, concluye.

Asociación de exorcistas

El pasado 13 de junio la Congregación para el Clero del Vaticano reconoció jurídicamente a la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE), que hoy cuenta con 250 exorcistas en treinta países de todo el mundo, y está presidida desde 2012 por el padre Francesco Bamonte, religioso que desempeña el ministerio del exorcismo en la Diócesis de Roma.

La idea de reunir en asociación a los exorcistas fue del padre Gabriele Amorth, famoso exorcista de la Diócesis de Roma, quien desde los años 80 ha advertido del gran número de testimonios sobre peligros y amenazas del diablo, debido a prácticas ocultas entre los fieles.

El papa Francisco envió un mensaje a los exorcistas reunidos hace unos días en Roma, animándoles

“a manifestar en este especial ministerio” del exorcismo “ejercitado en comunión con los propios Obispos” para que se manifieste “el amor y la acogida en la Iglesia de quienes sufren debido a la obra del maligno”.

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http://infocatolica.com/blog/infories.php/1411241131-los-exorcistas-preocupados-po