Margaret Sanger y el origen esotérico, gnóstico, teosófico y racista de la ideología de género


Margaret Sanger y el origen esotérico, gnóstico, teosófico y racista de la ideología de género

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Las mujeres eran muchas y poderosas en el Ku Kux Klan en época de Margaret Sanger… su discurso anticonceptivo racista y de base esotérica les gustó

ReL,13 julio 2015

El sociólogo italiano Massimo Introvigne, antes de ser representante de la OSCE contra la cristianofobia, ha sido durante décadas un gran estudioso e investigador de las sectas y nuevos movimientos religiosos y esotéricos en el centro CESNUR. Ante el debate sobre el matrimonio gay y la importancia de que la sociedad se construya sobre la complementariedad hombre y mujer, y no sobre el mero deseo, Introvigne recuerda que la ideología de género nace con Margaret Sanger, fundadora de la mayor patronal del aborto, la International Planned Parenthood, cuyo racismo es bien conocido, pero cuya base esotérica y gnóstica se conoce menos. Introvigne recuerda y analiza esta conexión en La Nuova Bussola Quotidiana. Lo traducimos a continuación.

La posesion del rock pesado en las almas de los jovenes


La posesion del rock pesado en las almas de los jovenes

Se comparte con ustedes este triste acto de posesión demoníaca basada en música rock, vean como la estridencia de los sonidos poseen las neuronas de estos inocentes jóvenes quienes empiezan a intentar escapar de ella y solo consiguen retorcerse y dar saltos en el aire tratando de safarse de la maldad de esta música horrible y demoníaca, algunos incluso se dejan caer desde el escenario esperando que un golpe contra el suelo les quite el sufrimiento.

A este tipo de degeneración le llaman punk… y lo toca un grupo que se llama “black flag” black, hace alarde a lo obscuro y lo malo en la mente de los jóvenes, si te toca a ver a alguien poseído, hazle ver lo malo de su actitud.

El ultimo vocalista de Black Flag ya se metió al camino del bien, es ahora presentador de MTV.

Fuente: La posesion del rock pesado en las almas de los jovenes

Joven satanista mata a su madre tras no soportar escuchar música cristiana


Joven satanista mata a su madre tras no soportar escuchar música cristiana

Según vecinos, a las 2:00 de la tarde, comenzó la acalorada discusión entre María Ismelda y su primogénito. “A María le gustaba mucho la música cristiana. Ella colocó un CD con sus canciones y él la desafió con el rock.
Venezuela | Lunes 18 de Julio, 2011 | Por NoticiaCristiana.com |
Maracaibo.- Cuatro heridas con la mecha de un potente taladro, una en cada sien, otra en la parte superior de la cabeza y la otra en el cuello (debajo de la barbilla), en forma de una cruz, le realizó Ahzby Mercado Rangel a su madre, publica el diario El Panorama de Venezuela.
Así asesinó a su mamá, María Ismelda Rangel de Mercado (ella era evangélica), de 42 años, en el segundo piso de su residencia, ubicada en el barrio La Vanega, avenida 56 casa 56-100, del sector Sabaneta, en la parroquia Manuel Dagnino de Maracaibo.

El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) reveló que el crimen, que impresionó al Zulia, ocurrió por una discusión familiar muy trivial: un equipo con música rock, encendido a todo volumen.
El comisario Marcos Vivas, jefe de la delegación Zulia del Cicpc, aseguró, vía telefónica: “Se le contaron varias heridas a la víctima, tres de ellas en la región occipital producidas por un taladro. También presentó cortaduras con arma blanca en el cuerpo, pero un poco más leves. Presumimos que estaba drogado”.
En el sector donde ocurrió la tragedia nadie salía del asombro. La mujer yacía tendida en el suelo, en toda la mitad del patio trasero techado de la vivienda y, cerca del cadáver, estaba el taladro aun destilando sangre, un cuchillo rudimentario partido en el mango y trozos de madera con la que presumen golpeó salvajemente a su madre.
Según vecinos, a las 2:00 de la tarde, comenzó la acalorada discusión entre María Ismelda y su primogénito. “A María le gustaba mucho la música cristiana. Ella colocó un CD con sus canciones y él la desafió con el rock (sonido era de la banda británica Iron Maiden y de la norteamericana Metallica). Ella le pidió a él que le bajara el volumen y así comenzaron a pelear, como por media hora. De pronto, hubo un silencio largo y no se escuchó más nada. Cuando cayó la noche los gritos de la otra hija de María nos indicó que algo había sucedido. Ya estaba muerta. Eran las 8:00 de la noche”, comentaron.
“Se realizó la inspección ocular y se encontró restos de masa encefálica en el taladro y también sangre en el cuchillo y en la madera. Su papá lo único que alcanzó a decir fue que a su hijo se le metió el demonio”, comentó un funcionario policial.
“Nadie se esperaba esto, ellos se veían como una familia muy normal, sin ningún tipo de problemas”, expresaban los habitantes del sector a la prensa escrita, aún incrédulos.
Un allegado a la familia ingresó a la vivienda y notó que en el cuarto de María Ismelda había rastros de sangre y también la Biblia abierta en el salmo 91. Dicen que encontraron un mecate. Presuntamente, el agresor intentó ahorcarse.
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra omnipotente (…) Él te librará del lazo cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro”, reza el texto de las sagradas escrituras.
Ahzby, fue capturado y llevado a los tribunales penales ante la fiscal Nilda Esther Salas ante el Tribunal Séptimo de Control a cargo de José Domingo Martínez. En la audiencia decretaron privativa de libertad. Lo imputaron por homicidio calificado.
Según informa Noticia al Día, nuevas revelaciones surgieron sobre las razones que llevaron al joven venezolano Ahzby (de 22 años), a asesinar a su madre. El muchacho se había sumergido en el mundo de las drogas y comenzó a rodearse de amigos con atracciones hacía el oscuro mundo del satanismo. Sus nuevas amistades lo habrían inducido a practicar extraños ritos bajo estridentes sonidos de rock, dijo un pariente del homicida.
El pasado 4 de julio, mientras sepultaban a María Ismelda en el cementerio La Chinita, reos del retén El Marite intentaron matar a Ahzby, pero lo salvó el personal de seguridad. La furia de los internos surgió después que el joven dijera que había asesinado a su madre por un mandato de Satanás. El detenido luego decía incoherencias y cambiaba de postura como si se tratase de un demente.
Ismelda la describieron como una “mujer bondadosa, amable, cristiana, siempre, junto a esposo también cristiano, que se congregaban en las iglesias evangélicas La Cruz o a Un Solo Jesús”.

Es una historia real: Derrumban en Estados Unidos una casa infestada de demonios


Es una historia real: Derrumban en Estados Unidos una casa infestada de demonios

Por Diego López Marina

WASHINGTON D.C., 29 Feb. 16 / 05:39 pm (ACI).- En el estado de Indiana (Estados Unidos), fue demolida hace poco una casa que había sido infestada por demonios y cuyo caso fue centro de investigaciones por parte de diferentes agencias de la policía local desde mayo del 2012.

Psiquiatría y posesión diabólica


Psiquiatría y posesión diabólica

Prof. Dr. Aquilino Polaino-Lorente
Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense

Introducción

La convocatoria de esta reunión científica me parece muy puesta en razón. Se ha dicho que estamos en la “sociedad de la comunicación” y, sin embargo, hay muchos sectores en el ámbito disciplinar que no se han abierto al profundo, fecundo y necesario diálogo con los especialistas en otras materias. A causa de esta incomunicación, nadie gana y todos pierden.
No se piense que la incomunicación en este caso se limita sólo al posible diálogo interdisciplinar entre psiquiatras y sacerdotes. Hay otros muchos ámbitos, lamentablemente, que también están afectados por esta incomunicación. Este es el caso sin ir más lejos, por ejemplo, de lo que sucede entre psiquiatras y jueces. Por eso juzgo muy conveniente el hecho de que se haya organizado esta sesión científica para debatir una cuestión que, aunque se nos ofrezca como muy problemática y excepcional en el ámbito de la clínica, no obstante, puede plantearse en algunas ocasiones: las supuestas “posesiones diabólicas” y las manifestaciones psicopatológicas de los enfermos psiquiátricos.
El silencio respecto de estas cuestiones no suele ser buen compañero de viaje para encontrar soluciones. Es más, ese silencio puede ser causa de injusticias o del tratamiento inadecuado de ciertas personas en temas, por otra parte muy delicados, que afectan gravemente a su intimidad personal.
Estas situaciones ya se repitieron con anterioridad, aunque con un signo muy diferente. En los albores de la Edad Media es harto probable que ciertos comportamientos se atribuyeran, entonces, a la acción del diablo o de los espíritus malignos, cuando probablemente se trataba tan sólo de manifestaciones psicopatológicas, que de haberlos, debieron haberse remitido a los adecuados especialistas. La inexistencia de la psiquiatría como especialidad en aquella etapa histórica, además de otras variables relevantes de tipo cultural propias de la época, consintieron en una hermenéutica errónea , de consecuencias muy lamentables.
Algo parecido a lo que aconteció entonces, puede suceder hoy. En la actualidad, el importante desarrollo experimentado por la psiquiatría y su cada vez más poderosa eficacia en la solución de determinados trastornos de conducta y manifestaciones sintomáticas, condicionan poderosamente el que hagamos atribuciones de índole exclusivamente psiquiátrica a la hora de explicar determinados comportamientos. Si a ello añadimos que las convicciones y creencias religiosas están hoy a la baja en algunos contextos culturales, es lógico que trate de explicarse cualquier acontecer psicopatológico apelando a la psiquiatría y no a la religión.
Es muy probable, no obstante, que la mayoría de esas actuales atribuciones, en al marco de la moderna psicopatología, sean razonablemente justas y muy puestas en razón.
Pero, lo que no parece que sea conveniente, sin embargo, es interrumpir el diálogo entre psiquiatras y pastores. Pues si en la Edad Media probablemente se incurrió en un exceso al magnificar las atribuciones de tipo religioso para la “explicación” de estos comportamientos, es muy posible que hoy se esté incurriendo también en otro exceso: el de apelar únicamente a la psiquiatría, al mismo tiempo que se vuelve la espalda a cualquier fenómeno de naturaleza religiosa.
De otra parte, muchas de las manifestaciones que, según parece, comparecen en las personas supuestamente poseídas por el demonio constituyen, por su propia naturaleza, una situación muy compleja, ambigua y harto difícil de resolver.
De aquí que ninguna ciencia pueda configurarse o entenderse como omnipotente, especialmente, cuando hay que dilucidar la compleja naturaleza de ciertos comportamientos, que ocupan un ámbito fronterizo entre la psicopatología y al religión.
En síntesis, me parece una iniciativa muy afortunada tratar de recuperar el diálogo entre pastores y psiquiatras, diálogo que nunca debió interrumpirse. Entre otras cosas, porque para el esclarecimiento de estas cuestiones límite -al menos, cuando comparecen con ciertas posibles implicaciones psicopatológicas, lo que es muy excepcional-, se precisa no sólo de la concurrencia de especialistas en ambas materias (pastores y psiquiatras), sino, lo que es todavía más importante, del establecimiento de un diálogo fecundo, abierto y, de ser posible, sin prejuicios, de manera que puedan entenderse entre ellos salvando las diferencias ontonómicas de cada una de las ciencias cultivadas por ellos.

Otras causas concurrentes en esta incomunicación

A las anteriores causas relativas a la incomunicación existente hay que añadir otras, no menos importantes. Me refiero, claro está, a la escasa sensibilidad existente entre muchos creyentes respecto de ciertos factores relacionados con lo demoníaco. De hecho, hoy en el demonio se cree muy poco y por poca gente. Esta insensibilidad afecta no sólo a los sacerdotes en general, sino también a los obispos. De hecho, la figura del exorcista es casi inexistente en la mayoría de las diócesis españolas o, de existir, es desconocida por casi todos.
Se comprende – aunque ello no lo justifica- que haya cierto silencio de unos y otros sobre este particular. En primer lugar, porque muy probablemente su incidencia es en realidad muy excepcional en la población genral. Pero, también, en segundo lugar, porque su contenido puede ser con toda justicia calificado hoy con el etiquetado de lo “políticamente incorrecto”.
En unas circunstancias así, es hasta cierto punto lógico que unos y otros evitan o huyan de los problemas cuando estos se presentan. Entre otras cosas, porque tampoco se dispone de la suficiente sensibilidad social como para que los temas de esa naturaleza tengan cabida en los mass media, y se informe acerca de ellos con el mayor respeto.
Por eso, se comprende también la tardanza y pasividad en su afrontamiento, por quienes de ello deberían ocuparse, puesto que cualquier error – dada la complejidad que posiblemente caracteriza a cada caso en particular- puede ser una excelente ocasión para que los medios de comunicación susciten un cierto “escándalo” entre sus lectores, con lo que el conflicto estaría servido y resultasen impune e injustamente descalificadas personas con rigor que han de ser respetables.
Pero tanto a la ciencia psiquiátrica como a la ciencia teológica, les importa – o debiera importarles-llegar a una firme y esclarecedora conclusión, cuando estos problemas se presentan. Cierto que estas ciencias han de enfrentarse a un grave hecho demasiado rico en complejidad, pero no es menos cierto que, si se pretende avanzar y progresar, las ciencias aquí implicadas no deberían rehusar el afrontar aquellos problemas que son de su incumbencia, por complejos y difíciles que sean.
Ninguna ciencia ha de tener miedo a la verdad. Cuando una disciplina experimenta ese miedo a la verdad, entonces es que está poniendo en cuestión su propia naturaleza científica. De otro lado, allí donde no hay ciencia suele haber ideología. Por eso, si la ciencia rehusa afrontar y resolver los problemas que son de su incumbencia, entonces la ideología le sustituirá, con lo que el problema no sólo no se resolverá como es debido, sino que se enmascarará y su solución se aplazará hasta devenir en una cuestión todavía más difícil de resolver que, además, se deja siempre para un futuro que tarda mucho en llegar.

Un breve recuerdo de la psicopatología clínica

No son muy numerosas las manifestaciones clínicas, hoy diagnosticables, en las que los supuestos comportamientos o manifestaciones de posesión diabólica tengan cabida en el perfil sintomático que les caracteriza y en los criterios diagnósticos que les definen.
No obstante, la abigarrada y multiforme sintomatología psicopatológica que puede llegar a presentarse en algunos casos excepcionales, sí que puede plantear -y de hecho plantea- la necesidad de establecer un pertinente diagnóstico diferencial entre lo que es estrictamente psicopatológico y lo que habría de ser considerado, al menos, como un fenómenos extraño, por ejemplo a la sintomatología psiquiátrica conocida.
Al psiquiatra, y al psicopatólogo, considerados como peritos, no hay que solicitarles un juicio acerca de si las manifestaciones sintomáticas que comparecen en una determinada persona tienen su causa o no en la posesión diabólica. Esta petición excede con mucho el ámbito restringido de su especialidad, por lo que no ha de responderse a esta cuestión, dado que tal petición es completamente ajena al ámbito de las disciplinas psiquiátricas.
Esto quiere decir que el especialista no puede juzgar acerca de fenómenos que son completamente ajenos a la ciencia por él cultivada. Lo que, en cambio, sí es pertinente pedirles es que se pronuncien acerca de si ésta o aquéllas manifestaciones en concreto pueden ser razonablemente explicadas desde los actuales y bien fundados conocimientos psicopatológicos. Esta última cuestión está puesta en razón y es del todo pertinente; la otra, por el contrario, no es pertinente y ha de silenciarse en el dictamen del especialista.
Entre los numerosos trastornos psicopatológicos que hoy conocemos -y que están acreditados en la actual comunidad científica- hay algunos que acaso por su propia naturaleza y cuando se manifiestan en su máxima intensidad, sí que pudieran exigir la necesidad de establecer un diagnostico diferencial entre psicopatología y posesión diabólica.
Este es el caso, por ejemplo, del desdoblamiento de personalidad, la personalidad múltiple, el trastorno histriónico de la personalidad, ciertos síndromes delirantes, algunas psicosis agudas, la esquizofrenia y los comportamientos alterados como consecuencia del consumo de drogas. Para todos ellos disponemos de criterios diagnósticos bien establecidos que permiten, cuando se satisfacen, individuar y singularizar, con cierto rigor, la presencia o ausencia de estas enfermedades.
El exorcista no debiera solicitar al experto lo que el experto no tiene capacidad para definir. Es decir, el exorcista no debe trasladar su problema al especialista, para que éste se lo resuelva. El exorcista puede y debe solicitar su ayuda, pero sólo allí donde ésta sea necesaria. Por su parte, el psiquiatra no puede sustituir al exorcista en la decisión que a este último le pertenece, porque ni debe ni sabe hacerlo, además de que en la mayoría de los casos, tampoco quiera hacerlo.
De otra parte, así como el psiquiatra dispone de unos criterios clínicos rigurosos y bien definidos para establecer si un hecho o fenómeno es psicopatológico o no, también el exorcista dispone de otros criterios para determinar si está o no ante manifestaciones de posesión diabólica. Es pues, la criteriología pastoral y religiosa la que ha de iluminar y desde la que se ha de decidir con todo rigor la pertinencia o no de incluir determinar manifestaciones comportamentales a la posesión diabólica.
Por lo general, el psiquiatra desconoce los criterios del pastor a la hora de juzgar si un comportamiento determinado está relacionado o no con el maligno. Su misión acaba allí donde los conocimientos psicopatológicos actuales se lo permiten. Cualquier afirmación que vaya más allá de estos últimos le rebasa y desborda y, por consiguiente, no debiera formularla, puesto que pondría en un grave aprieto a su propio saber como experto y a la ciencia que cultiva.
Por consiguiente, corresponde al exorcista, y sólo a él, emitir el último juicio acerca de la “cosa juzgada”. Corresponde en cambio al psiquiatra decidir si la cosa juzgada tiene o no una explicación psicopatológica, es decir, si puede o no ser explicada desde el horizonte de la clínica psiquiátrica. En caso negativo, bastará con que sostenga que las manifestaciones estudiadas por él en una determinada persona, no reúnen los suficientes y necesarios requisitos como para que sean explicadas desde la perspectiva psiquiatría. Esto y sólo esto, es lo que debe concluir el psiquiatra respecto de la peritación que se le ha solicitado.

Dos casos, psicopatológicamente inexplicables

Respecto de mi experiencia profesional en el ámbito de las manifestaciones psicopatológicas en los casos de posesión diabólica, he de informar que es muy excepcional y limitada. Después de casi treinta y seis años ejerciendo la psiquiatría clínica, he de afirmar que sólo en dos ocasiones me he visto en la necesidad de dictaminar que, tras la observación y exploración de dos supuestos pacientes, los comportamientos manifestados en ellos no podían explicarse desde la perspectiva de la nosología psiquiátrica.
El primer caso tuve la oportunidad de estudiarlo hace ya más de diez años, a fin de realizar el dictamen que se me solicitaba. Se trataba de un adulto ya anciano, que residía en un país centroeuropeo. Era una persona de un alto nivel sociocultural que, a los 53 años de edad, abandonó todo (su familia, su profesión, su país) para marcharse con una prestigiosa bailarina de ballet, a la que le llevaba casi treinta años. Dos décadas después regresó a su país empobrecido y deteriorado y con manifestaciones que supuestamente permitían calificarle como un enfermo psiquiátrico.
La exploración psicopatológica puso de manifiesto en esta persona un perfil sintomático compatible con el diagnóstico de trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad. Sin embargo, la solicitud que se hacía en la peritación no se dirigía sólo a que informase acerca de las manifestaciones clínicas que hubiera podido encontrar en esta persona sino que, principalmente, debía pronunciarme acerca de si las manifestaciones expresadas por ella, precisamente en el contexto de las sesiones de exorcismo a las que el paciente estaba sometido, podían o no ser calificadas como psicopatológicas.
En favor de la brevedad aquí exigida, me ocupare de sólo dos de las manifestaciones que presencié en esta persona durante una sesión de exorcismo. La primera de ellas consistió en que, sin haber tenido ningún contacto a lo largo de su vida con el arameo ni con ninguna otra persona que lo hablase, era capaz de comprender y hablar esta lengua, cuando “estaba en trance”, durante la sesión de exorcismo. En esas circunstancias, esta persona sabía discernir el significado de las preguntas que se le hacían y de las afirmaciones que en esa misma lengua oía.
Cuando esas afirmaciones tenían un contenido religioso o se le mandaba con cierto imperio, en nombre de Dios, que alabara a Dios o besara un crucifijo, respondía con palabras blasfemas a las que seguía un comportamiento radicalmente agresivo y, desde luego, hasta lesivo para las tres personas que le acompañaban. Por el contrario, cuando el exorcista le hablaba en esa misma lengua aramea de otros temas no religiosos cuyo contenido era más bien indiferente o neutro, el supuesto paciente no respondía en absoluto, sino que guardaba silencio y adoptaba el comportamiento normal que en él era el habitual.
La otra manifestación observada consistía en que era capaz de predecir, sin ningún error, si en el lugar en el que estábamos había o no algún objeto que tuviera alguna connotación religiosa o cristiana (un crucifijo, un rosario, etc.). Las circunstancias en que acontecía esta segunda manifestación aseguraban la imposibilidad de que esta persona se percatara de la presencia o ausencia de tales objetos, puesto que estaba echado sobre una camilla, con los ojos continuamente cerrados y las personas salían y entraban de la habitación sin hacer ningún ruido, llevando o no los objetos referidos en sus bolsillos, sin que ninguna de las personas allí presentes fueran capaces de detectarlos.
En este paciente concurrían, pues, las dos cosas: un conjunto de síntomas compatibles con el diagnóstico a que ya se aludió y ciertos comportamientos para los que la actual psicopatología no dispone de ninguna explicación.
Años más tarde fui informado de el paciente pidió la ayuda al demonio, a los 53 años, para conseguir su fin de “enamorar y marcharse con la bailarina”, a cambio de lo cual juró servirle de por vida.
El otro caso excepcional lo he estudiado en fecha reciente. Se trataba de una joven, estudiante universitaria, que venía padeciendo de dolores incurables, a pesar de haber visitado a varios especialistas, con malestar generalizado, fracaso en los estudios, imposibilidad de concentrarse, y que se comportaba de forma muy extraña en las sesiones de exorcismo que le estaban practicando. También en este caso fui consultado a fin de emitir un informa acerca de las manifestaciones que justamente se presentaban en ella en el transcurso de las sesiones de exorcismo. Sólo mencionaré un hecho pues entiendo que no disponemos de más tiempo.
En el curso de la sesión que fui invitado a presenciar, además de otras muchas manifestaciones de evidente oposición en todo lo que se refiriese a la piedad y al culto divino, opté por tratar de explorar si era sensible, en ese estado, a la recepción comprensiva de una lengua que, según me constaba, en absoluto conocía.
En esas circunstancias, me atreví a ordenarle que repitiese ciertas frases, en alemán, relativas al culto a Dios. Sus respuestas no se hicieron de esperar, si no que, de forma súbita, arqueaba todo su cuerpo en disposición de ataque, profería insultos y hacía gestos de una violencia incontenible, de la que forzosamente tuve que apartarme a fin de no ser fatalmente alcanzado por ella.
En cambio, cuando en esa misma lengua alemana, le formulaba preguntas de contenido no religioso o sobre temas irrelevantes, jamás se produjo en ella ninguna respuesta.
En opinión de la madre de esta chica, a la que entrevisté a solas, los síntomas de su hija habían comenzado a presentarse en ella a raíz de que una compañera blasfema le formulara un maleficio.
La entrevista que mantuve con la supuesta paciente, fuera del contexto de la sesión de exorcismo, no me permitió en este caso, tras un afinado y extenso diálogo exploratorio, llegar a conclusión alguna respecto de la identificación, apresamiento y comprobación de signos, señales o síntomas de naturaleza psicopatológica. De donde inferí y sostuve que no disponía de ninguna explicación psiquiátrica para las conductas antes relatadas.
Los anteriores casos ponen de manifiesto la conveniencia e incluso de necesidad de que psiquiatras y sacerdotes estudiemos conjuntamente estos acontecimientos, lo que redundará en beneficio de la psiquiatría y también de la pastoral de estas personas.

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Polaino-Lorente,Aquilino.(s.f.) Psiquiatría y posesión diabólica. Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense. Recuperado de http://www.fortea.us/english/psiquiatria/aquilino.htm