Resolviendo Mateo 2:23


Resolviendo Mateo 2:23

por Juan Valles

Una de las “excusas” esgrimidas por algunos para no aceptar los evangelios es lo concerniente a Mateo 2:23, donde la versión Reina Valera dice: “para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno”.

Este “para que se cumpliese” es característico de Mateo cada vez que se refiere a una profecía. Esto se debe a que no existe ninguna profecía que de manera literal diga que el Mesías sería llamado nazareno. De hecho, en todo el antiguo testamento no aparece siquiera la ciudad de Nazaret. Entonces, ¿por qué Mateo introdujo esa frase?

Así lo expresa Milton Ash en su libro “Jesús, El Falso Mesías: la Mentira de Las Profecías Mesiánicas”, quien en la página 115 dice textualmente “¿Cuáles profetas y en dónde dijeron que el mesías había de ser llamado nazareno o nazireo?… En consecuencia, la misma presentación del punto es falsa.” Por ello, la crítica será inmisericorde, y tildará de falsa a la Biblia y su mensaje, y más, a Jesucristo. ¿Qué respuesta hay para esto?

Nos toca analizar la profecía en su contexto. Mateo escribió: Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fué dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.

Aquí la pregunta que surge es ¿cuáles profetas? Se sugiere que Isaías y Salmos son los libros que vinculan esta profecía. Otros alegan que es un problema aún no resuelto. ¿Qué podemos decir aquí?

Hay quien ha intentado establecer una conexión entre la palabra “nazareno” y “Nazaret. Para ello, esta palabra “nazareno” es la traducción de nazoriao, y por su semejanza, se ha querido relacionar con el nazoriato, es decir, la consagración o separación,  tal como Sansón, pero que esto deriva en otro problema, ya que Jesús no fue nazareo (o consagrado, como Sansón), pues es conocido que el nazareo no debía tomar vino ni sidra. Aparentemente, este voto sí fue tomado por Juan el Bautista, ya que cuando el ángel le da l anuncio a Zacarías, Padre de Juan, le anunció respecto del niño “porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre (Luc. 1:15).
Entonces, si no era el nazareato, ¿qué otra opción disponemos?

La opción más concreta es que la palabra Nazaret y nazareno vienen de una raíz hebrea llamada “netzer”, que significa “retoño” o “renuevo”. Por ejemplo, Jeremías 23:5 dice “Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo…” Este “renuevo” es la palabra “netzer”. Zacarías 3:8 es también un ejemplo de esto: “Escucha pues,  ahora,  Josué, Sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, pues sois como una señal profética: Yo traigo a mi siervo, el Renuevo.”

Entonces, de aquí partimos a la profecía de Isaías 11:1,2 “Saldrá una vara del tronco de Isaí; un vástago retoñará de sus raíces y reposará sobre él el espíritu de Jehová: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimientoy de temor de Jehová.”

En el libro de Josh McDowell, Evidencia que exige un Veredicto, es citado Fran Delitzcch, quien comenta:

“Del tronco de Isaí, es decir, del remanente de la familia real escogida que se ha sumido en la insignificancia de la cual surgió, brota un renuevo, el cual promete tomar el lugar del tronco y de la copa; y allá abajo, en las raíces cubiertas de tierra, y elevándose apenas un poquito sobre ellas, se manifiesta un brote tierno. En el recuento histórico del cumplimiento, se toma nota aún del resonar de las palabras de la profecía: el vástago, al principio tan humilde e insignificante, era un pobre y despreciado nazareno” (Tomado del libro Comentario Bíblico de las Profecías de Isaías).

También a este respecto, Barclay agrega:

Los antiguos escritores eran muy aficionados a los retruécanos y juegos de palabras. Se ha sugerido que Mateo está jugando con las palabras de Isaías 11:1: «Saldrá una vara del tronco de Isaí; un vástago retoñará de sus raíces.» La palabra para vástago es nétser, la Rama prometida del tronco de Jesé, el Descendiente de David, el prometido Ungido Rey de Dios; y nétser se parece a nótsrí, Nazareno.

Pero concluye diciendo que aunque esto es posible, no está garantizado. De tal modo que

“No se puede asegurar nada. Seguirá siendo un misterio la profecía que Mateo tenía en mente.”

Otro Comentario Bíblico de relevancia, el escrito por Roberto Jamieson, A. R. Fausset y David Brown, que destaca:

La mejor explicación del origen de este nombre parece ser aquella que lo relaciona con la palabra netzer en Isaías 11:1: que significa una pequeña vara, vástago o retoño, a la cual el profeta se refiere cuando dice; “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces”. El pequeño pueblo de Nazaret, que no se menciona ni en el Antiguo Testamento ni en Josefo, probablemente recibió ese nombre por ser tan insignificante: una varita en contraste con un árbol; y de ahí que se le mirase con desprecio: “¿De Nazaret puede haber algo de bueno?” (Juan 1:46). El desprecio era aún mayor que aquel en que se tenía a Galilea, debido al número de gentiles que se habían establecido en la parte alta de su territorio, que en opinión de los judíos la degradaban. De modo que en el arreglo providencial mediante el cual nuestro Señor se crió en el despreciado e insignificante pueblo llamado Nazaret, se hallaba envuelta, en primer lugar, una humillación local; en segundo lugar, una alusión a la predicción de Isaías en cuanto a su humilde aparición, a modo de retoño del tronco seco sin ramas de Isaí; y en tercer lugar, un perenne monumento de la humillación que “los profetas” habían aplicado al Mesías en varias de las más destacadas predicciones.

A pesar de lo dicho anteriormente, no hay explicación que satisfaga mejor esta profecía que señala Mateo. Por ello, el Comentario Bíblico Mundo Hispano comenta de este pasaje: “Esta solución parece ser la más satisfactoria, pues dado que agrupa ideas de varios profetas, soluciona también la referencia a lo dicho por medio de los profetas.”

Empero, otros comentaristas han ido por una vía diferente a la explicación de este pasaje. Para ello, citan Isaías 53:3 que utiliza las palabras “despreciado”, “desechado”. ¿Por qué? Por ser nazareno, porque Nazaret no era nada, y si venía de Nazaret era un don nadie. También a este respecto se toma como referencia el salmo 22. Como se dijo anteriormente “¿de Nazaret puede venir algo bueno?”, un comentario de un judío común al saber que Jesucristo venía de allá. Ser un nazareno es un título deshonroso, y es notorio que ambas explicaciones van de la mano.

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http://apologetic-ministries.blogspot.com/2011/11/resolviendo-mateo-223.html

Historicidad de Lucas 23:46


Historicidad de Lucas 23:46

Autor:Paulo Arieu

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Introducción

Antonio Piñero(*), da su opinión personal como erudito, de  este último texto de los que Lucas presenta en su evangelio. Segun Piñero cita, respecto de la historicidad de este texto, y coincidiendo según el, con la opinión de la mayoría de los exegetas, incluidos los católicos, es más que dudosa, aunque el testimonio del pasaje es unánime en todos los grandes manuscritos del Nuevo Testamento: aparece en ellos sin cambios ni dudas especiales. Las razones que dan son porque el contenido del pasaje es dudoso en cuanto a su historicidad  dado que la escena que pinta, un Jesús sereno y tranquilo que se encomienda a Dios como su padre en el momento final, no se corresponde en absoluto con la que dibuja Marcos en 14:34: “«¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»”, que es un grito desgarrador.

¿Cuáles son las últimas palabras de Jesús?

  • 1. (Mat. 27:46) – “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo:” Eli, Eli, ¿lama sabactani “, es decir,” Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado “?
  • 2. (Mar. 15:34) – “Y a la hora novena, Jesús clamó a gran voz:” Eloi, Eloi, ¿lama sabactani “, que traducido es:” Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ”
  • 3. (Luc. 23:46) -. “Y Jesús, clamando a gran voz, dijo:” Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu »y, dicho esto, expiró.”
  • 4. (Jn. 19:30) – “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo:” Todo está cumplido “Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”!

Un arreglo simple de los textos evangélicos diversos temas del Cronología Crucifixión página muestra que la última cosa que Jesús dijo fue: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Luc. 23:46).

Sobre el evangelio de Lucas

Al llegar a Hechos, debemos recordar que tanto este libro como el Evangelio de Lucas fueron escritos por la misma persona. Leamos Luc. 1:3: “Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas ordenadamente, excelentísimo Teófilo”.

Los dos primeros versículos de Hechos indican que este libro es la continuación del Evangelio de Lucas: “En el primer relato, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue llevado arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido”. Por lo tanto podemos partir desde el propio evangelio de Lucas, para comprender adecuadamente el mensaje que nos comparte el libro de Hechos. Así que, antes de proseguir revisemos algunos aspectos del mensaje expresado en el evangelio de Lucas. Este evangelio presenta al Salvador-Hombre y muestra que nuestro Redentor, el Salvador, es el Dios-Hombre.

Lucas nos proporciona un relato claro, del nacimiento del Salvador-Hombre, y también de Su concepción. Además, describe la juventud, la vida, el ministerio, la muerte, la resurrección y la ascensión del Señor. Por tanto, el Evangelio de Lucas presenta un panorama amplio de todo lo que incluye la Persona maravillosa del Dios-Hombre desde Su concepción hasta Su ascensión. Podemos afirmar que la concepción del Salvador-Hombre fue Su venida de los cielos y también de Dios el Padre.

Asimismo, Su ascensión fue Su regreso, no solamente a los cielos, sino también al Padre. La concepción del Salvador-Hombre fue Su venida a la tierra, y Su ascensión fue Su ida a los cielos. Esto hizo del Señor Jesús un Ser maravilloso. Su concepción y nacimiento lo constituyó una persona divina y humana.

Luc. 2:13-14 muestra que los ángeles celebraron al ver el nacimiento del Salvador-Hombre, quien venía a salvarnos. Los ángeles alababan a Dios y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de Su complacencia!” de lo mismo.

Si en el evangelio vemos a Jesús en su vivir humano, estableciendo así la economía de Dios, en el libro de Hechos volvemos ver a Jesús en su vivir en la iglesia llevando adelante dicha economía divina. Aunque en el primer tratado vemos a Jesús y en el segundo veremos a la iglesia, con todos estos expresan la misma vida y el mismo vivir. Ver esto es crucial para entender Hechos.

Cuenta una historia de un hombre hindú que quedo cautivado por la persona de Jesús al conocerlo a través del testimonio de los evangelios. Luego siguió adelante y conoció el libro de Hechos, es decir, a aquellos que continuaron el camino que Jesús abrió, este hombre conoció a la iglesia. Se cuenta que este hombre dijo:

“tengo que pertenecer a la iglesia que continua la vida de Jesús”.

Este enfoque es necesario para nosotros hoy, ser testigos, no tiene que ver tanto con realizar actividades, escribir libros o ser “espirituales”, sino sobretodo de vivir la vida de Jesús por el Espíritu que ha sido derramado sobre nosotros y que mora en nosotros.

Razones por las que Piñero duda de la historicidad de Luc. 23:46

Marcos parece pintar a un Jesús a) que no esperaba ese final desgraciado en la cruz, y b) que no acaba de comprender cómo después de tanto predicar la inmediata venida del Reino, éste no llega.  Esta última pintura es mucho más concorde con lo que por otras vías podemos reconstruir del Jesús histórico. Parece imposible que la iglesia primitiva hubiera inventado final más triste y fracasado teniendo en cuenta que cuando se transmite por vez primera en un Evangelio (hacia el 71 d.C.) la teología comunitaria de Jesús como divino de algún modo es ya muy clara y firme.

Por tanto, lo que transmite Marcos es un dato de la tradición muy claro y firme que no puede obviarse. Por ello, la tradición distinta recogida por Lucas es más que sospechosa: parece una edulcoración consciente de ese momento trágico final de Jesús y la presentación de éste como un modelo a imitar (tema muy lucano) por los cristianos: el héroe indomable que afronta su muerte con serenidad y confianza en Dios.  Hay exegetas, sin embargo, que abogan por la historicidad del dicho que comentamos argumentando que Jesús, como judío piadoso que era, estaba citando expresamente palabras del samista, “Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en Jehová he esperado”, Sal. 31:6 RV 1960, que en ambientes judíos se empleaba en la oración de la tarde.  Ciertamente así es…, ¡pero la cita está presentada en su versión griega (no exactamente del todo, mas sí en sus líneas generales)! Y es muy extraño que Jesús citará ese salmo en una versión que circulaba en la lengua helénica. Parece, por tanto más verosímil que la mano del evangelista Lucas esté detrás de estas palabras de Jesús y no él mismo. Además, dicen los expertos, está probado que fue sólo a lo largo del siglo II cuando se hizo costumbre citar ese salmo como oración vespertina…, ¡no antes! (es decir, en tiempos de Jesús).

J. Schlosser , señala: El origen postpascual (es decir de la iglesia primitiva), si no directamente lucano, ” Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró ”  Luc 23:46, se ve confirmado por los siguientes hechos […]: a juzgar por I Pe. 4:19 (“De modo que, aun los que sufren según la voluntad de Dios, confíen sus almas al Creador fiel, haciendo el bien”), el Sal. 31:6 se utilizaba en las exhortaciones comunitarias (cristianas primitivas), y una plegaria análoga es la que pone Séneca en labios de Hércules moribundo (es decir, en boca de un héroe, imitable al menos en parte de su vida). Por tanto teniendo en cuenta estos datos la procedencia de Lc 23:46 (no de Jesús) sino del redactor lucano es muy verosímil.

Defensa de la historicidad del pasaje

(v. 23:46) “encomiendo mi espíritu” Esta es la séptima de Cristo, y la última palabra, desde la cruz (para los demás, véase Luc. 23:34;. Jn. 19:26, Luc. 23:43, Mat. 27:46, Jn. 19:28, 30). Después de las tres horas de tinieblas (Luc. 23:44), cuando el Padre le había abandonado, y Cristo sólo podía llamarle “mi Dios” (Mat. 27:46), la obra fue terminada (Jn. 19:30) y Cristo podría volver a lo llaman “Padre”. Además, ningún ser humano podría mero, simplemente por su propia voluntad, despedir su espíritu de su propio cuerpo. Pero Cristo era Dios completamente nuevo, así como el hombre, por lo que podía y lo hizo exactamente eso.[2]

Aquí Jesús termina con las palabras del Salmo 31:5, hablando con el Padre. Vemos su confianza total en el Padre. Jesús entró en la muerte de la misma manera que vivió cada día de su vida, ofreciendo su vida como el sacrificio perfecto y poniéndose en manos de Dios.[3]

Yo no encuentro razones de peso que me induzcan a creer que Lucas haya querido hermosear el relato final agregando estas hermosas palabras y poniéndolas piadosamente en los labios del Cristo moribundo. Pero no olvidemos que Lucas no fue testigo de Jesús, sino un buen y fiel discipulo del apostol  Pablo, médico e historiador, que organizó los relatos de Jesús de un modo confiable, para que no se transformaran en un mito ni en leyendas. Es posible que Lucas haya oido el relato de labios de algún soldado romano cercano a la escena o confidente de alguno de estos legionarios apostados al pie de la cruz. Quizás esta sea la razón mas probable por la cual Lucas usó el griego para relatarlo. A lo mejor tampoco los oyentes lo escucharon los testigos con total claridad,y esa es la razón por la que el texto griego aparece como parafraseado.

También es posible que Lucas haya conversado con el apostol Juan o alguna de las mujeres piadosas al pie de la cruz, como Maria, Magdalena,  o Juana, esposa del funcionario de Herodes. Estas son todas especulaciones probables, pero a mi modo de entender, están mas cerca de la verdad posible que la hipotesis de algunos eruditos que les mueve a pensar que Lucas, porque si nomás, puso una bella flor en los labios del moribundo, una flor que nunca existió, salvo en la imaginación de Lucas. (!)

Pero esta escéptica razón no me persuade. A algunos eruditos este texto no les parece ‘histórico’ porque según ellos no cuadra una escena con la otra… Escépticos van, escépticos vienen, pero sin embargo, el texto permanece.

Moody comenta que Jesús, “remite su espíritu al Padre. Su muerte fue consciente y voluntaria. El centurión, un gentil, y acostumbrado a ver gentes de toda clase y condicion, declaro que Jesús ‘era justo'” [1]

Es de importancia la frase “Encomiendo mi espíritu”.

Esto es significativo, porque indica que el Salvador sufrió el único tipo de muerte que podía satisfacer la justicia de Dios y salvar a los hombres. Tenía que ser un sacrificio voluntario. El hecho mismo que Jesús pronunciara esta palabra a gran voz también muestra que él había puesto su vida gustosa y voluntariamente (” Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.””Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas “Jn. 10:11,15).

También es de destacar el testimonio del centurión al pie de la cruz.

  • “Cuando el centurión vio lo que había ocurrido, comenzó a glorificar a Dios, diciendo: “Ciertamente este era un hombre justo”.  Y toda la multitud que se había reunido para ver este espectáculo, después de observar lo ocurrido, comenzó a regresar, golpeándose el pecho.  Pero todos sus conocidos, incluidas las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban de pie a distancia mirando estas cosas.”(Luc. 23:46-48).

Las palabras finales de Lucas “Y cuando hubo dicho esto, expiró”(Mar. 15:37; Luc.2 3:46), muestran “la serena calma, el reposo” (Geldenhuys) que había en la mente y en el corazón de Jesús en el momento en que su alma partió de esta tierra. Habiendo cumplido cabalmente  la obra que el Padre le había dado que hiciera (Jn. 17:4), gozó plenamente de la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento” (Fil. 4:7).[8]

El centurión había visto cómo se había comportado Jesús en medio de todas las provocaciones y burlas, además del dolor que soportaba. Y ahora, ese grito fuerte de serena entrega; más bien, de rendición voluntaria. Era un grito de confianza, grito que una vez oído, no podía jamás ser olvidado. Con toda probabilidad el legionario no era judío. Su corazón no había sido endurecido contra Jesús, como había ocurrido con el de muchos judíos, especialmente el de los dirigentes. Además, había visto y debe haber sentido cómo hasta la naturaleza había reaccionado ante la muerte de Jesús. Piénsese en el terremoto, las piedras que se parten, la apertura de las tumbas (Mat. 27:51–54).

Así que comenzó a alabar y a glorificar a Dios diciendo: “Ciertamente este era un hombre justo”. Esto significa que probablemente glorificaba a Dios reconociendo la justicia de Jesús. Mateo y Marcos declaran que él dijo: “Ciertamente, éste (hombre) era Hijo de Dios” (Mat.27:54;Mar.15:39). Indudablemente dijo ambas cosas, proclamando que Jesús era tanto Hijo de Dios como hombre justo. Realmente no hay conflicto.

Y también citemos a Esteban,quien usó palabras similares al morir, siendo el primer mártir de la fe cristiana (“Señor Jesús, recibe mi espíritu”,Hch.7:59). Apedreaban a Esteban, mientras él gritó, diciendo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu!” Puesto de rodillas, clamó a gran voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado!” Y habiendo dicho esto, se quedó dormido.[4]

Recordemos que asi como “Pablo escribía a unos corintios conocedores de mitos y leyendas griegas. Un lenguaje de resonancias miticas le parecia inteligible y expresivo”, como dice Luis Alonso Schökel [6],también Lucas hacia lo mismo.Por eso no debemos escandalizarnos al encontrar palabras que no cuadran con nuestra cosmovisión occidental, ya que algunas de estas frases pueden estar cristologizadas para dar respuestas kerygmáticas a los lectores de aquella época.

En su discurso Esteban desarrolla los temas teológicos de Dios, la adoración, la ley, el pacto, y la persona y mensaje del Mesías. A través de la obra del Mesías, la casa de Israel está en condiciones de adorar a Dios en verdad y en justicia. Esteban evita mencionar el nombre de Jesús, pero enseña que Dios ha levantado al Salvador de la casa de Israel. No es posible asegurar de quién recibió Lucas la substancia del discurso de Esteban.

Suponemos que tuvo acceso a él a través de Pablo y de aquellos miembros del propio Sanedrín que llegaron a ser cristianos. A Lucas llegó a través de una tradición mixta: oral y escrita. Con referencia a Hechos 7, un estudio de la palabra escogida, referencias al templo y a Moisés y la ausencia de la típica construcción lucana son factores que indican que el discurso de Esteban no se originó en la mente de Lucas.  En efecto, las palabras promesa y aflicción tienen su propio significado en el contexto de Hechos 7 y no corresponden a su uso en el resto del libro.

Luego, la forma en que Esteban se refiere a Moisés y al templo corresponden sólo a este particular discurso. No hay nada en Hechos que Lucas haya escrito en forma similar. Finalmente, en el discurso de Esteban hay a lo menos veintitrés palabras que no se vuelven a encontrar ni en Hechos ni en ningún otro libro del Nuevo Testamento; también están ausentes del discurso de Esteban numerosas formas literarias, peculiares tanto al Evangelio de Lucas como a Hechos.

No podemos presumir que Lucas haya presentado un relato al pie de la letra del sermón de Esteban, pero sí estamos completamente seguros que permite que el orador original, es decir, el propio Esteban, sea oído en palabras y conceptos que pertenecieron a él, el primer mártir del cristianismo. Inferimos también que como un historiador fiel, Lucas incorporó el discurso de Esteban en este lugar de Hechos para preparar al lector para la persecución que seguiría a la muerte de Esteban y para la extensión de la iglesia más allá de los confines de Jerusalén.

Fue Esteban y no Lucas quien proveyó el ímpetu para fomentar el desarrollo de la iglesia. Lucas, por lo tanto, está escribiendo hechos reales basados en acontecimientos históricos. Lucas es un historiador que, a la manera de Tucídides, registra lo más exactamente que puede el sentido de todo lo que el orador en realidad dijo.[5]

Y por extensión luego, a la nuestra[7].Por este motivo, creo que para escapar del fundamentalismo religioso, lo mejor que podemos hacer es como bien dijo el educador José Ortega y Gasset,

“Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo.” [0] No hay pecado alguno en esto. Al contrario, hay virtud en comprender a Cristo.

Conclución

Si Lucas no fue exacto con las palabras de Jesús, como cita Piñero, desconecemos la razón por las que obró de esta manera. A lo mejor nunca sepamos con exactitud científica cuáles fueron realmente las últimas palabras de Jesús si seguimos la linea de pensamiento del prof. Piñero. Pero no hay razones para negar las palabras como dichas por Jesús. “Quod scripsi, scripsi (lat) Lo que esta escrito, escrito está” (Jn.19:22)

Lo que negamos rotundamente es la afirmacion de que nada puede sacarse del texto que comentamos (Luc.23:46), a favor de la tesis de quienes defienden que al menos implícitamente existe en los evangelios apuntes que señalan la posibilidad de una filiación especial, divina, de Jesús.,como cita Piñero. Esta intención  arriana ya fue juzgada en la Iglesia por los teologos preniceanos,niceanos y post-niceanos.

Dios lo bendiga

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Notas

(*) Antonio Piñero es Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.

[0] La personalidad de Jesús,  es, sin lugar a dudas, una de las más importantes e influyentes de toda la historia de la humanidad. Millones de personas a lo largo de los pasados veinte siglos, en mayor o menor medida, han estudiado sus palabras, se han nutrido de sus enseñanzas y han adoptado sus sabios consejos, o al menos los han escuchado. Prácticamente no hay nadie en el mundo occidental que no conozca, al menos superficialmente, alguna de sus sentencias. Y la única fuente de la cual pueden extraerse las palabras de Jesús, en lo que respecta al mundo occidental, la constituye el Nuevo Testamento, con sus cuatro Evangelios canónicos, al margen de algunos Evangelios señalados como apócrifos, cuyas copias son de una distribución muy limitada y completameente dudosa.

[1] Moody – Redactado por Everett F.Harrison, Comentario Bílbico Moody – Lucas,pag. 134,,CBP

[2] http://www.icr.org/bible/Luke/23/46/

[3] http://christianity.about.com/od/biblefactsandlists/qt/sevenlastwords.htm

[4] http://www.believersresource.com/bible/luke-23-46.html

[5] libro electrónico, Simon Kistemaker, comentario al Nuevo Testamento, exp. de los Hechos de los apostoles,pag. 17,ed. libros Desafio 2001

[6] Luis Alonso Schökel, Hermenéutica de la Palabra, Vol. 2, pag. 299, ed. Cristiandad

[7] La inspiración no anula al hombre. Solo cuando el profeta recibe oráculo directamente de Dios.Dios compró con la sangre de Jesús la vida de Su santos (y las nuestras), y en ese precio están incluidas su obras, y también sus palabras. Las palabras de ellos, ahora son de Dios. Cristo pagó por ellas, al igual que usó un burrito para entrar a Jerusalén, lo tomó y lo usó. Ellos escriben, pero Dios no anula  sus culturas, sino que las cristologiza, las redime. Esto es lo que nos cuesta entender. Dios preservó de error los textos, claro que si, preservó de error los textos, pero no los preservó de sus culturas,sino que lo usó a pesar de ellas. Los relatos fueron escritos por hombres piadosos y no por ángeles. Por eso son testigos confiables, porque fueron sinceros y honestos para describir lo que veían. Y Dios los libró del error, de la mentira, pero no de sus propósitos Divinos, que no son los nuestros primariamente. Dios por la sangre de Jesús, limpió a los escritores para que sean vasos limpios y acépticos (gr. asespsis, sin bacterias espirituales). Luego lo ungió y los dotó de sabiduría sobrenatural para escribir los textos inspirados; y les dió autoridad sobrenatural. Pero no mató sus culturas, sino que a través de la cruz, ahora estas son aceptadas ante los ojos del Amado Salvador quien redime todas las cosas.

[8]  libro electronico, William Hendriksen, comentario al Nuevo Testamento LUCAS ,pag. 708, ed. libros Desafio 2001

Fuentes:

Por qué creo en la Resurrección


Por qué creo en la Resurrección

Autor: Paulo Arieu

Introducción:

tumba

Se nos dice que en los postreros tiempos habrá una gran explosión del saber, que las personas estarán aprendiendo continuamente y sin embargo, nunca podrán llegar a la verdad. Ahora aprendemos más en 24 horas que lo que se aprendió en 2000 años de la antigüedad. ¡Una explosión de conocimiento! Tristemente, parece que muchos son incapaces de entender el conocimiento de la verdad fundamental: de Aquel que es la verdad misma. Esta gran búsqueda de conocimiento se consideraba como una panacea y como la salvadora de la humanidad La redentora humanista: la educación, iba a redimir el mundo de la pobreza, del crimen y de la delincuencia. [0]

La doctrina de la resurrección es la doctrina clave de la cristiandad. Todo se construye  a partir de este hecho histórico o se cae a causa de ella si es hallada mentirosa o incluso deficiente.

La resurrección

  • A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. (Hch. 1:3)

Desde el comienzo del tiempo, los hombres y las mujeres han respondido a la muerte de sus seres .amados con un gemido como el de Job:

  • “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14: 14).  

La filosofía humana y las religiones paganas no han podido responder con más que un signo de interrogación, un deseo o una vaga esperanza. A Platón, el gran genio de la filosofía griega se le preguntó:

“¿Volveremos a vivir?” El respondió: “Así lo espero, pero nadie sabe.”

Las tumbas de Mahoma, de Buda y de Confucio están ocupadas, pero la de Cristo está vacía hasta hoy. ¿Por qué, entonces, creemos en la resurrección de Cristo, ésta que es la más importante de todas las doctrinas cristianas, junto a la cual todas las demás doctrinas son relativamente insignificantes?

Aun la cruz de Cristo, sin la resurrección, simplemente simboliza a Aquel que fue rechazado por los hombres, a Aquel que fue colgado allí y maldito por Dios. Pero fue por la resurrección que Cristo fue declarado Hijo de Dios con poder, y fue por la resurrección que Dios declaró acepto su sacrificio expiatorio. Este es el centro de la fe cristiana.  Con ello, todo permanece, o todo cae. Por tanto, a lo largo de 19 siglos todos los escépticos han apuntado sus cañones de más grueso calibre contra la resurrección de Jesucristo.

¡Las evidencias relacionadas con la resurrección de Jesucristo se han examinado más cuidadosamente que las de cualquier otro hecho de la historia! Estas evidencias han sido pesadas y consideradas por los más grandes eruditos, entre ellos Simon Greenleaf, Profesor de Leyes en la Universidad de Harvard desde 1833 hasta 1848, quien ayudó a llevar la Escuela de Derecho de Harvard a la preeminencia y que ha sido catalogado como la mayor autoridad en evidencias legales de la historia del mundo.

Cuando Greenleaf volvió su mente hacia la resurrección de Cristo, y la enfocó con las luces de todas las leyes de las evidencias, llegó a la conclusión de que la resurrección de Cristo era una realidad, que era un evento histórico, y que cualquiera que examinara honestamente las evidencias de ella, se convencería de que esto era cierto. [1]

Lo mismo ocurrió con Frank Morison, un abogado británico, quien se dedicó a escribir un libro para repudiar la resurrección de Jesucristo. Escribió su libro, pero no fue el libro que se propuso escribir. Al examinar las evidencias de la resurrección de Cristo, este abogado escéptico las halló tan abrumadoras, que se vio obligado a aceptarlas, y llegó a ser un creyente. El libro que escribió lo tituló: Who Moved the Stone? (¿Quién movió la piedra?) Allí establece las evidencias de la resurrección de Cristo. El primer capítulo lleva por título: “El libro que se negó a ser escrito”. Lew Wallace también se propuso escribir un libro que refutara la deidad de Cristo y su resurrección, y terminó escribiendo un famoso libro defendiéndolas.

Este libro se titula Ben Hur. En las mentes de aquellos que han tomado tiempo para examinar las evidencias de la resurrección de Cristo, éstas son significativas en grado sumo. He conocido a muchas personas que no creen en la resurrección de Cristo; pero jamás he conocido a una sola persona que haya leído aun un solo libro sobre las evidencias de la resurrección, que no haya creído en ella.

Consideremos algunas de estas evidencias. Está el hecho del día del Señor. Durante milenios, el pueblo hebreo había sostenido su doctrina sabática. ¡Luego hallamos que un grupo de cristianos primitivos que eran judíos, cambiaron el día de adoración, del séptimo día al primero de la semanal ¿Qué explicación se puede dar para el hecho de que abandonaran algo a lo cual se habían aferrado tan tenazmente?

Ninguna otra que no sea aquel monumental evento de la resurrección de Cristo de entre los muertos, que ocurrió el primer día de la semana; su aparición a los discípulos el primer día de la semana; y el derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia en Pentecostés el primer día de la semana. Y así leemos que los discípulos de JesucrIsto se reunían para adorarlo el primer día de la semana.

Luego está el hecho de la pascua de resurrección. La fiesta de los judíos que se llamaba la Pascua, fue sustituida por la pascua de resurrección. ¿Por qué los judíos, que sostenían que la Pascua era el evento más significativo de la historia de su nación, la abandonaron en favor de la pascua de resurrección, que era la fiesta de las fiestas de los cristianos?

El saludo era: “¡Cristo ha resucitado!” Y la respuesta: “¡Cristo ha resucitado en verdad!” ¿Qué otro hecho que no sea la resurrección puede explicar la existencia de la fiesta de la pascua de resurrección, que se remonta hasta los tiempos de la iglesia primitiva?

Está el hecho de los sacramentos cristianos, que no sólo señalan hacia la muerte y el sufrimiento de Cristo, sino también hacia su resurrección con poder. Estos sacramentos se han practicado sucesivamente y de manera ininterrumpida desde los mismos tiempos de la muerte de Cristo.

Está el hecho del arte cristiano. Desde el tiempo de las persecuciones, se hallan esculpidas en los muros de las catacumbas de Roma, representaciones de la resurrección de Cristo, como parte de las primeras creencias de los cristianos. También está el hecho de la himnología cristiana.En los primeros días de la Iglesia cristiana se cantaban himnos a Jesucristo resucitado.

Luego tenemos el innegable hecho de la Iglesia Cristiana. Muchas personas no hacen la conexión entre la Iglesia y la resurrección, pero todos los eruditos la han hecho. La Iglesia cristiana es la institución más grande que existe o que haya existido jamás en la historia del mundo. La Iglesia cristiana es cinco veces más grande que el imperio romano cuando el mismo estuvo en su máximo esplendor. Más de 1300 millones de personas profesan hoy que adoran a Jesucristo como el Hijo de Dios viviente y resucitado.

¿Cómo llegó a existir tal institución? Como alguien dijo:

“El Gran Cañón del Colorado no lo formó un indio arrastrando un palo.”

Tampoco llegó a existir una institución de la magnitud de la Iglesia cristiana por los ensueños de soñadores ociosos de días pasados.

Todos los historiadores saben que los orígenes de la Iglesia cristiana se remontan a la ciudad de Jerusalén, en el año 30 d.C., el tiempo en que Cristo murió y resucitó. Usted puede estudiar la obra Outline of History (Perfil histórico) de H. G. Well, u otros libros de historia secular, y hallar que por lo general, los mismos narran la historia de la vida y muerte de Jesucristo. Luego, un nuevo capítulo comienza a contar el surgimiento de la Iglesia cristiana y la predicación de los discípulos, y de algún modo hay una conexión entre los dos capítulos.

Es un hecho indiscutible de la historia, no de la fe, que la mayor institución. de la historia del mundo comenzó en jerusalén en el año 30 d:C. cuando los apóstoles comenzaron a predicar que jesucristo había resucitado de entre los muertos. El corazón y la sustancia mismos del mensaje de los cristianos primitivos era que Cristo había resucitado de entre los muertos.

El primer mensaje predicado el día de Pentecostés trató enteramente acerca de la resurrección de Cristo: acerca de las profecías que al respecto se habían dado en el Antiguo Testamento; acerca del hecho de que ellos habían crucificado al Señor de la gloria y que Dios lo había levantado de entre los muertos; acerca del hecho de que ellos eran testigos de esas cosas; acerca del hecho de que el Cristo resucitado ahora había derramado su Espíritu; y con respecto al hecho de que, por cuanto El había resucitado, podía garantizar la remisión de pecados a todos los que creyeran en El.

Toda la Escritura, y el testimonio de los incredulous y de los enemigos hostiles del cristianismo por igual, declaran que la Iglesia fue esparcida por todas partes, a causa de esta enseñanza de que Cristo había resucitado de entre los muertos. Es un hecho que la Iglesia de Jesucristo comenzó a existir por cuanto los apóstoles declararon que El había resucitado de entre los muertos.

Hay tres alternativas posibles: (1) esto fue un fraude y los apóstoles mintieron; (2) estaban engañados, desilusionados y en un error; (3) Cristo resucitó en verdad de entre los muertos. Consideremos los esfuerzos que han hecho los escépticos para negar el hecho de la resurrección.

En más de 20 años de estudiar la resurrección, he descubierto que ella es como una isla protegida por toda suerte de arrecifes colocados alrededor en círculos concéntricos. Cualquier barco que intente pasar para destruir esa isla, quedará embarrancado en uno u otro de esos arrecifes.

Los escépticos, ateos e Incrédulos que han apuntado sus cañones de más grueso calibre contra la resurrección, sólo han propuesto un puñado de teorías. Todo lo que uno tiene que hacer para quedar más convencido aún de la resurrección de Cristo, es examinar estas teorías para ver cuan vanas son.

En su obra The Cause and Cure 0f lnfulelzty (La causa y la cura de la incredulidad), el doctor David Nelson narra que, siendo él joven y hallándose en la universidad y en la escuela de posgrado, perdió la fe, pero aun así se hallaba trastornado por una intranquilidad de conciencia.

Con el fin de reforzar su incredulidad, leyó los escntos de todos los más grandes ateos. Tuvo la suficiente perspicacia como para comprender que los argumentos de ellos eran tan fatuos y vacíos, que no tenían validez. Esto lo condujo a su conversión a Cristo.

Nos hallamos frente al hecho de que se cumplieron las profecías del Antiguo Testamento referentes a la resurrección de Cristo y las predicciones hechas por el mismo Cristo en el sentido de que sería arrastrado, azotado y. crucificado, y que al tercer día resucitaría de entre los muertos.

Si suponemos que El estaba meudo en alguna conspiración, tenemos que enfrentarnos al carácter del mismo jesucristo; al carácter de este Hombre, con respecto a quien todo el mundo se une para declarar que El fue el más grande, el más ético, el más puro, el más íntegro de todos los hombres que el mundo haya conocido jamás. Nos hallamos frente a la tumba vacía: frente a aquella piedra contra la cual muchas teorías se han vuelto añicos.

Nos enfrentamos al hecho de la mortaja que se halló en el sepulcro; al testimonio de los testigos; a las doce distintas ocasiones en que Cristo se apareció a diversas personas; al hecho de que una vez lo vieron resucitado más de 500 personas; a la naturaleza de esas apariciones, que ocurrieron en la mañana, en la tarde y en la noche, adentro o afuera, en las cuales ellos palparon y lo tocaron con sus propias manos; a la tremenda transformación de los apóstoles, de temerosos y tímidos cobardes, a osados proclamadores del Evangelio.

El apóstol Pedro, que un día se amedrentó frente. a una pequeña criada, unos días después estaba enfrentado a todo el Sanedrín, afirmándoles que no podía evitar declarar lo que había visto y oído. Luego tenemos la fidelidad, el carácter, el sufrimiento y la muerte de estos testigos, la mayoría de los cuales sellaron su testimonio con su propia sangre.

Este es un hecho vitalmente importante. En la historia de la sicología nunca se ha sabido de alguna persona que estuviera dispuesta a dar su vida por algo que sabía que era una mentira. Yo solía preguntarme por qué sería que Dios permitió que los apóstoles y todos aquellos cristianos primitivos fueran sometidos a tales sufrimientos, a tan tremendas e increíbles torturas. Los fundamentos del cristianismo están tan establecidos, que son absolutamente inconmovibles hoy.

Paul  Little dijo:

“Los hombres morirán por lo que creen que es verdad, aunque realmente pueda ser falso. Sin embargo, no morirán por lo que saben que es una mentira [2]

Tenemos el hecho y el testimonio de la ascensión de Cristo. Tenemos el innegable hecho de la tremenda conversión y transformación del apóstol Pablo: se cambió de Saulo, el perseguidor y matador de cristianos, a Pablo, el más grande apóstol de la historia del cristianismo.

Consideremos algunas de las diversas teorías que tratan de dar una explicación tal de la resurrección, que quede eliminada como hecho. En el plano del fraude, hay la idea de que, o bien los discípulos solos, o ellos mismos en complicidad con Jesucristo, conspiraron para engañar al mundo a fin de que creyera que El había resucitado de entre los muertos.

Esta fue la primera teoría de todas que se dio a conocer. Se halla en la Biblia misma, cuando los guardias acudieron a Jerusalén e informaron al Sanedrín (la corporación gobernante de los judíos) que la tumba estaba vacía, y todo lo que había ocurrido. El Sanedrín les dio a los guardias una gran suma de dinero y les dijo:

  • “Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo” (Mat. 28:13, 14).

En toda la historia de la jurisprudencia, nunca, en ninguna circunstancia, ha habido un testigo a quien se haya permitido dar testimonio de lo que ocurrió mientras estaba dormido.

“Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.”

El hecho de que un soldado romano se quedara dormido cuando estaba de guardia, significaba inevitablemente que se le aplicaría la pena de muerte con todo el rigor. El teólogo escocés doctor Principal Hill hizo el siguiente comentario sobre esta idea de falsedad, en lo que creo que es una cita clásica. Luego de examiner las evidencias, dijo:

“Pero si, a pesar de toda apariencia de verdad, uno supone que el testimonio de ellos era falso, entonces se amontonan sobre uno inexplicables circunstancias de intensa absurdidad.

Uno tiene que suponer entonces que doce hombres de nacimiento humilde, sin educación, que vivían en aquella condición humilde que colocaba los conceptos ambiciosos fuera de su alcance y lejos de sus pensamientos, sin ninguna ayuda del estado, formaron el plan más noble que jamás haya entrado en la mente del hombre, adoptaron los medios más osados para ejecutar ese plan, y lo condujeron con tal destreza,que pudieron esconder la impostura bajo la apariencia de simplicidad y virtud.

Uno tiene que suponer que esos hombres, culpables de blasfemia y de falsedad, se unieron en el intento mejor ingeniado, y que de hecho ha demostrado tener el mayor éxito, de hacer al mundo virtuoso; que formaron esa empresa singular sin buscar ningún provecho para ellos mismos, con un declarado desprecio de pérdidas y ganancias, y con la segura expectación de ser escarnecidos y perseguidos; que aun cuando estaban conscientes uno de la villanía del otro, ninguno pensó jamás en hacer provisión para su propia seguridad delatando el fraude, sino que, en medio de los más afrentosos sufrimientos para la carne y la sangre, perseveraron en su conspiración para llevar al mundo por engaño a la piedad, a la honestidad y a la benevolencia.

En verdad, los que se puedan tragar tales suposiciones, no tienen derecho a objetar los milagros.[3] El abogado Frank Morison dice:

“No sólo tenemos que explicar el entusiasmo de sus amigos (los de la Iglesia), sino también la parálisis de sus enemigos y la corriente siempre creciente de convertidos que llegaban a ella.

Cuando recordamos que ciertos personajes de Jerusalén que ocupaban altas posiciones, casi ciertamente lo habrían dado todo por estrangular ese movimiento desde su nacimiento, pero no pudieron – cómo se adoptaron uno tras otro desesperados recursos para silenciar a los apóstoles, hasta el punto de que probaron usar aquel verdadero arco de Ulises que fue la gran persecución y que se rompió en pedazos en las manos de ellos – comenzamos a comprender que, detrás de todos esos subterfugios y expedientes, tuvo que haber habido un hecho silencioso e irrefutable, un hecho al que la geografía y el mismo destino le habían dado carácter de inconmovible.

Comprendemos también por qué, durante los cuatro años en que el cristianismo estuvo creciendo hasta adquirir realmente formidables dimensiones en Jerusalén, ni Caifás, ni Anás, ni ninguno de los reconocidos miembros de la camarilla de los saduceos, a cuyo prestigio y reputación personal se enfrentaba y afrentaba tan profundamente la nueva doctrina, jamás tomaron el atajo obvio para salir de sus dificultades.”[4]

Si el cuerpo de Jesús estaba aún en la tumba en queJosé lo había puesto, o si ellos mismos lo habían tomado y lo habían colocado en algún otro lugar, ¿por qué no lo dijeron los sacerdotes y saduceos?

No, ellos estaban paralizados y totalmente incapacitados para hacer cualquier cosa al respecto. Su única salida era la gran persecución. Algunos han dicho que la resurrección es una leyenda que fue creciendo gradualmente. Esta fue una teoría popular el siglo pasado, cuando los exponents de la crítica dijeron que los Evangelios habían sido escritos 100 ó 200 años después de los eventos; pero el avance de la arqueología ha silenciado esta crítica. Ahora sabemos que los Evangelios se remontan precisamente hasta los autores cuyos nombres llevan, y que el testimonio de la resurrección se remonta a la misma década en que ella ocurrió.

Por tanto, no hubo ningún posible tiempo en que se desarrollara la leyenda. Además, la leyenda ya se había desarrollado por lo menos 16 años antes de que Pablo pudiera decir que hubo más de 500 personas que habían visto a Cristo resucitado, la mayoría de las cuales aún vivían en ese tiempo.

La teoría de la visión es, tal vez aún menos sostenible. Esta especula que las apariciones del Cristo resucitado fueron simples visiones o alucinaciones, producidas por las grandes expectaciones que estas personas tenían de que jesús resucitaría de entre los muertos.

Si ese hubiera sido el caso, ¿cómo explicamos el hecho de que las mujeres acudieron al sepulcro, llevando especias? ¿Iban a ungir a un Cristo resucitado, o un cuerpo muerto? ¿Cómo explicamos el hecho de que María estaba fuera del sepulcro llorando porque su Señor había muerto y el cadaver había sido robado?

¿Cómo explicamos el hecho de que Jos dos hombres que iban camino de Emaús estaban totalmente desconsolados y abatidos, por cuanto pensaban que el Cristo que había sido crucificado era el Mesías que debía libertar a Israel, pero ahora estaban convencidos de que todo se había perdido? ¿Cómo explicamos la incredulidad de los discípulos en el Aposento Alto donde jesús les reprochó su incredulidad? No, ¡ellos no estaban esperando que Cristo resucitara!

¡En la historia de las alucinaciones no hay ningún incidente en que más de 500 personas de diferentes tradiciones, de diferentes temperamentos, hayan visto alguna vez la misma visión al mismo tiempo!

Hay además, otros incontables arrecifes en los cuales ese barco encallará. Si fueron simplemente alucinaciones lo que estaban viendo, ¿ninguno de los discípulos pensó en ir al sepulcro para ver si el cuerpo estaba aún allí? Cuando ellos proclamaron sus “alucinaciones”, ¿ninguno de sus enemigos pensó alguna vez en dar unos pasos para examinar el sepulcro?

Cuando Pedro predicó el día de Pentecostés acerca de su “gran alucinación”, sólo se encontraba a diez minutes de camino de la tumba.  Millares de personas creyeron; otros millares oyeron y no creyeron. ¿A nadie se le ocurrió salir corriendo por la calle para confirmer el asunto? ¡Difícilmente! Ciertamente aquellos sofisticados saduceos conspiradores habrían aprovechado toda oportunidad para demostrar que aquello era simplemente una alucinación.

Por último está la teoría del “desmayo”. Esta fue propuesta por Venturini; se halla en los escritos de Mary Baker Eddy; se halla también en los escritos de Hugh Schonfield, en la obra The Passover Piot (El complot de la pascua). Es interesante, sin embargo, el hecho de que durante más de 1800 años no hubiera nunca ni un susurro de parte de los amigos, ni de los más implacables enemigos del cristianismo, en el sentido de que jesucristo no hubiera muerto.

Algunos de estos escritores recientes han concebido ahora la idea de que jesús simplemente se desmayó, fue bajado de la cruz y se pensó que estaba muerto; luego, en la frialdad del sepulcro, revivió, salió y convenció a sus discípulos de que él había resucitado de entre los muertos. Ese barco no habría llegado ni siquiera a unos 100 kilómetros de nuestra isla de resurrección.

Consideremos los siguientes hechos: Se pasa por alto la herida que con su lanza romana le causó el centurión al Señor en el costado, con lo cual le salió agua y sangre. Esa era la evidencia empírica de que la vida había cesado, pues la sangre se había separado en sus elementos constitutivos.

Está el testimonio del centurión enviado por Pilato, un hombre que trataba y andaba de un lado para otro con la muerte, cuya ocupación era la de ejecutor. El sabía que Jesús había muerto. También estuvo el hecho de los lienzos que se hallaron en el sepulcro. Los judíos envolvían los cuerpos en esos lienzos, y utilizaban unos 45 kilogramos de especias aromáticas que ponían entre los pliegues, con lo cual los lienzos se adherían alrededor del cuerpo, a la manera de una momia.

La cabeza también se envolvía. Las autoridades médicas declaran que si Jesús se hubiera desmayado, lo que se habría necesitado era aire puro, y no una tumba cerrada. Ciertamente lo que no se necesitaba eran lienzos envueltos alrededor de la cabeza ni especias aromáticas que cubriesen la nariz y la boca. Además, si se hubiese colocado a una persona que tuviera tal desmayo en un sepulcro frío, eso le habría producido un síncope cardíaco, de haber estado con vida.

Supongamos que El lograra desenredarse de esos lienzos, sin enredarlos en ningún sentido, y luego fuera hasta la inmensa piedra que sellaba el sepulcro. Habría tenido que moverla con esas manos que habían sido atravesadas por los grandes clavos que usaban los romanos para crucificar. Habría tenido que colocarlas en la parte plana interna de la enorme piedra y simplemente hacerla rodar a un lado. Los términos griegos que se utilizaron en los Evangelios indican que la piedra fue rodada cuesta arriba.

¡En realidad, en sí misma, ésta ya es una hazaña milagrosa! Luego habría tenido que dominar a la guardia romana, que estaba armada, y caminar unos 22 kilómetros, que era la distancia que había que recorrer para un viaje a Emaús de ida y vuelta. Y eso habría sido sólo para aflojar sus pies luego de haber sido atravesados por los clavos, para que estuvieran en forma para el largo viaje hasta el norte de Palestina, a Galilea, ¡para lo cual tendría que trepar una montaña!

El famoso crítico David Strauss, que no creía en la resurrección, pero tampoco creía en la necedad de la teoría del desmayo, dijo:

“Es imposible que uno que acababa de salir de la tumba, que medio muerto se arrastraba débil y enfermo, que necesitaba tratamiento médico, vendaje, fortalecimiento y tierno cuidado, y quien al fin había sucumbido ante el sufrimiento, hubiera podido dar a los discípulos la Impresión de que El había vencido la muerte y la tumba – de que El era el Príncipe de la Vida (impresión) que estuvo en el fondo del futuro ministerio de ellos. Tal resucitación sólo hubiera podido debilitar la impresión que El les había producido en la vida y en la muerte [5]

Consideremos la ascensión de Jesucristo. ¿Este que se las arregló para resucitar por su cuenta y salir del sepulcro, también voló hacia el cielo?

Esto fue lo que afirmaron los discípulos. ¿No hemos de envolver a los discípulos en este fraude? Recordemos que ellos subsiguientemente entregaron su vida padeciendo hornble muerte. No. Todas las teorías que se han propuesto caen al polvo cuando examinamos hechos tan evidentes que nadie ha podido refutar jamás.

El hecho del sepulcro vacío no sólo es admitido por los amigos del cristianismo, sino también por los enemigos. La guardia romana lo admitió; el Sanedrín tácitamente lo admitió al instruir a los soldados que dijeran que los discípulos lo habían robado.

Trifón, uno de los primeros y más grandes judíos apologistas, en un diálogo con Justino Mártir habla acerca de un Jesús, engañador galileo, a quien crucificarnos; pero sus discípulos lo robaron de noche del sepulcro, donde, después de bajarlo de la cruz, había sido colocado, y ahora engañan a los hombres, afirmando que él resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo.

Así, aun Trifón admite que el sepulcro quedó vacío, y establece la teoría según la cual los discípulos robaron el cuerpo, teoría que nadie cree hoy.

Hay el hecho final de la experiencia cristiana, que consiste en que este Jesucristo ha ido por todo el mundo y que ha llegado a seres humanos de todas las naciones, lenguas y tribus de la tierra, y los ha transformado; que incontables millones de personas han llegado a saber que El está vivo, por haberse levantado de entre los muertos, y que ha venido para entrar en ellos y transformarlos.

Conclución

El fue el que dijo:

  • “…Yo soy … el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Ap. 1: 18).
  • “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Jn. 11:26).

Ahora mismo, Cristo está a la puerta de nuestro corazón llamando, y dice:

  • “Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20).

A menos que hayamos acudido a El experimentalmente en el laboratorio de nuestra propia alma, estamos sin esperanzas en este mundo y en el venidero. Pues Jesús y su resurrección son la única esperanza de la humanidad. Sin El, no tenemos nada que esperar, solo un negro hueco en la tierra.

¡Cristo resucitó en verdad! El está vivo, como El mismo lo dijo, y está dispuesto a venir a vivir en nuestro corazón, si nosotros estamos dispuestos a arrepentirnos de nuestros pecados y poner nuestra fe en el que murió por nosotros y resucitó.

Lo invito a creer de todo corazon que jesus resucito o a exponerme sus dudas para que pueda responderle a la brevedad.SIN DUDAS EL HOMBRE ES LO QUE COME; TRAGA COMIDA CHATARRA Y PUDRIRÁS TU CUERPO; TRAGA FALSA DOCTRINA Y PUDRIRÁS TU ALMA.Para evitar esto, me gusta el slogan de John Steinbeck, quien dijo que

“Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo”.

Si tiene dudas de esta importante doctrina cristiana, lea la Biblia, los 4 evangelios sinópticos, y luego, si surgen dudas, compre libros al respecto que lo ayuden a evacuar las dudas que aparezcan. No se quede con las dudas; ore a Dios, lea los evangelios sinópticos y haga preguntas. Busca a Dios,mientras pueda ser hallado.!!!

Dios lo bendiga

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Notas

[0] James Kennedy – “Porqué creo”,pag.163,ed. Vida

[1] Ibid,pag. 109

[2] Ibid,pag. 114

[3] Ibid,pag. 116

[4] Ibid,pag. 117

[5] Ibid,pag. 121

[6] Ibid,pag. 63

Extr de

  • Dr. James Kennedy – “Porqué creo”, ed. Vida

Podemos negar la resurrección?


Podemos negar la resurrección?

Autor:Paulo Arieu

  • Y sometió todas las cosas bajo sus pies,  y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo,  la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.  (Ef 1:22-23 RV60)

cruz

  • “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.” (1 Cor. 15:12-19.)

Nuestra religión no está basada en opiniones, sino en hechos. Oímos a  veces que algunas personas dicen: “Esos son tus puntos de vista, y éstos  son los nuestros.” Prescindiendo de cuáles sean sus “puntos de vista,”  eso es un asunto menor. ¿Cuáles son los hechos del caso? Después de  todo, si necesitamos un fundamento firme, debemos llegar a los hechos  reales. Ahora, los grandiosos hechos del Evangelio son: que Dios se encarnó  en Cristo Jesús, vivió aquí una vida de santidad y amor, murió en  la cruz por nuestros pecados, fue sepultado en el sepulcro de José, al  tercer día resucitó de los muertos, y después de un breve tiempo, ascendió  al trono de Su Padre donde se sienta ahora, y pronto vendrá para ser
nuestro Juez, y en ese día los muertos en Cristo resucitarán en virtud de  su unión con Él.

La interpretación neo testamentaria de la resurrección de Jesús no debe buscarse sólo, ni quizá primariamente, en expresiones como «resurrección de entre los muertos», «resucitado al tercer día», «exaltado », etc., sino en los relatos sobre el mensaje de Jesús, su actividad, sus milagros, su trato con los hombres y los pecadores, su forma de vivir y de morir. La idea de la resurrección no les vino a los cristianos directamente de la apocalíptica, sino de la actividad terrena de Jesús, nacida de su identificación con la causa de Dios.

El concepto apocalíptico de la resurrección fue únicamente uno de los instrumentos utilizables,el cual pasó, además, a ser una noción específicamente cristiana, debido al peso histórico de Jesús de Nazaret. Así nos encontramos ante un interesante círculo hermenéutico: los cristianos llegan a la idea de la resurrección o de la parusía recordando la vida y la muerte terrena de Jesús a la luz de sus experiencias posteriores a la muerte del Maestro, al tiempo que narran la historia evangélica de Jesús partiendo de su fe en el Crucificado resucitado o venidero; en otras palabras, los relatos evangélicos son una interpretación de la parusía y la resurrección de Jesús, al tiempo que la fe en la parusía o en la resurrección nace del recuerdo del Jesús histórico.

Jesús de Nazaret es interpretado, en definitiva, mediante la afirmación creyente de su resurrección (parusía), al tiempo que la resurrección o parusía es interpretada a su vez mediante los relatos evangélicos en cuanto recuerdos de la vida terrena de Jesús, si bien a la luz de su resurrección o parusía venidera. El conjunto de la vida de Jesús ilumina sus aspectos parciales, y éstos evocan la imagen total. Todo ello en el marco de las tradiciones judías, con sus ideas, expectativas y representaciones propias.

Por ello, resulta difícil separar concretamente en los evangelios los verdaderos recuerdos históricos del Jesús terreno y su actualización a la luz de la experiencia pascual. Pero de hecho no es preciso llegar tan lejos. La historia de los discípulos se ha incorporado a la historia de Jesús; han «seguido» realmente a Jesús, y en la huella que ellos han dejado en la historia. sobre todo en el Nuevo Testamento, nosotros podernos seguir la verdadera huella de la vida de Jesús.

Jesús no nos dejó discursos ni escritos ni, mucho menos, un diario; no experimentó la ansiedad del hombre que busca su propia identidad; fue un hombre totalmente libre, que vivió del Dios soberanamente libre, a quien llamaba abba. A. Loisy dijo no sin ironía que Jesús predicó la venida del reino de Dios, y lo que vino fue la Iglesia.

Sería más justo decir que Jesús, olvidado de sí, sólo preocupado por el prójimo, anunció la venida del reino de Dios, y lo que vino fue ese reino que se llama el Crucificado resucitado. Si Jesús, fascinado por el Padre, se olvida de sí mismo, Dios «recuerda» al Jesús histórico, y el resultado de este recuerdo divino es la resurrección y la parusía: Dios mismo identifica el reino de Dios con Jesús de Nazaret, el Crucificado. ¡Sean cuales fueren las representaciones concretas de Jesús en su anuncio de la inminencia del reino de Dios, no se equivoca con su anuncio!

El reino anunciado llega realmente: en el Crucificado que vive. El predicador olvidado de sí mismo se convierte así en el predicado, en el centro del credo cristiano. Para los primeros cristianos, Jesús era la primicia y el precursor del reino de Dios, y vivían con tal intensidad esta convicción que inicialmente creyeron de hecho que había acabado nuestra historia terrena en su forma actual: pronto se inauguraría el reino de Cristo. Este entusiasmo tuvo que atemperarse a la realidad normal de una historia que seguía su curso.

De ahí surgiría el problema de las relaciones entre esos acontecimientos escatológicos y nuestra historia terrena, problema que apenas toca el Nuevo Testamento, pero que con el tiempo se impondría inevitablemente. Esto indica que el cristianismo no es un «sistema», sino una experiencia vital con Jesús de Nazaret; una experiencia cuyo significado e importancia debían verificarse constantemente en circunstancias nuevas con una fidelidad creadora y dócil a la acción salvífica de Dios en Jesús.

Algunos escépticos pretenden que los testigos de la resurección de Cristo deben haber estado alucinando o experimentando una histeria colectiva. Ud. se pregunta seguramente como es esto posible, como es que haya personas que puedan inventar lo que les viene en gana ? Pues si, tristemente, la verdad es que hay muchos que niegan la resurrección.Blasfeman contra Dios al afirmar que Jesus no resucitó nada, que todo fue un “cuento chino”.

Al poco tiempo dentro de la Iglesia primitiva, surgieron personas  que comenzaron a disputar en contra de los principios fundamentales  y cardinales de la fe, y lo mismo sigue ocurriendo ahora. Cuando  quienes están fuera de la Iglesia niegan que Cristo sea el Hijo de Dios,  cuando niegan Su sacrificio expiatorio y niegan Su resurrección, no nos  sorprende en absoluto. Son incrédulos, y sólo actúan de conformidad a  su profesión de incredulidad. Pero cuando dentro de la Iglesia hay hombres que se identifican como  cristianos, pero niegan la resurrección de los muertos, nuestra alma se  agita en nuestro interior, pues, es un mal sumamente grave y serio dudar  de esas santas verdades. No saben lo que hacen. No pueden ver todo  el resultado de su incredulidad. Si pudieran verlo, uno pensaría que retrocederían  horrorizados, y pondrían a la verdad en su lugar y dejarían  que permaneciera donde debe estar, donde Dios la ha puesto.

La resurrección de los muertos ha sido atacada, y es todavía asediada  por quienes se llaman cristianos e incluso por quienes se hacen llamar  ministros cristianos pero que volatilizan la idea misma de la resurrección  de los muertos, de tal manera que nos encontramos hoy, en cierta medida,  en una condición semejante a la que se encontraba la iglesia de Corinto  cuando, en su propio seno, se levantaron hombres que profesaban  ser seguidores de Cristo pero decían que no había resurrección de los  muertos.

Es como bien dijo J.C.Ryle, que las falsas doctrinas son peores que un cisma.

“Las divisiones y separaciones son más objetables en la religión. Ellos debilitan la causa del verdadero cristianismo … Pero antes de culpar a la gente por ellos, debemos tener cuidado de poner la culpa en donde se merece. La falsa doctrina y la herejía son incluso peores que un cisma. Si las personas se separan de la enseñanza que es positivamente falsa y antibíblica, deben de ser alabados en lugar de ser reprendidos. En estos casos, la separación es una virtud y no un pecado. “- J. C. Ryle, (1816-1900) Obispo Anglicano.

Muchas personas tienen por lo menos una vaga idea de que la Biblia nos enseña acerca de la resurrección. Pero ¿de qué se trata realmente? ¿Cuál es su papel dentro del plan de salvación que Dios tiene? Mientras estaba prisionero en camino a Roma, al defender sus enseñanzas, el apóstol Pablo le preguntó al rey Herodes Agripa II:

“¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?” (Hch. 26:8).

Podríamos hacer la misma pregunta a los intelectuales de nuestra época moderna e irreligiosa. La “incredulidad en la Biblia” es rampante en nuestro sistema intelectual y en los medios de comunicación. Pocos parecen conocer o entender el plan que Dios tiene para la humanidad y cómo la resurrección encaja dentro de su propósito supremo.

En la conversación con el rey Agripa, se deduce del contexto que Pablo tenía en mente principalmente la resurrección de Jesucristo. En el período primitivo de la iglesia, predicar la resurrección de Cristo era una parte fundamental del mensaje de los apóstoles. Una de las razones por las cuales otro apóstol tuvo que ser elegido para reemplazar a Judas Iscariote era que “. . . de entre nosotros . . . uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hechos 1:22). Vemos que “con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús” (Hch. 4:33).

Como Pablo había visto personalmente al Cristo resucitado y había hablado con él (1 Cor. 9:1; 15:8; Hch. 22:6-10), él continuó confirmando de una forma entusiasta el hecho de la resurrección de Jesús. Más tarde le dijo a Agripa: “persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes . . . Que el Cristo [Mesías] había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos . . .” (Hch. 26:22-23).

En un punto prácticamente todos los eruditos de cada descripción están de acuerdo, los primeros discípulos estaban absolutamente convencidos de que habían visto a Cristo resucitado. [2]El mensaje del evangelio cristiano acerca de la muerte y resurección de Cristo transpira en prácticamente todos los documentos del Nuevo Testamento. Por lo tanto la verdadera cuestión es, ¿Cómo explicamos su obvia convicción? ¿Estaban tan solo alucinando?[1]

Aunque posiblemente al principio parece plausible, muchos factores contradicen esta noción. [3] Por citar unos pocos:

  1. El gran número de testigos (cientos) (1 Cor. 15:5-8).
  2. Abarcando todo el espectro de tipos de personalidades (ej. Jn. 20—Pedro, Tomás, las dos Marías, etc.), esto contradice la teoría de la alucinación, las cuales, por definición, no son experiencias compartidas.
  3. No existe tal cosa como una visión apareciéndose a una multitud. Generalmente la recibe tan solo una persona a la vez, y esa persona debe hallarse esperando la visión y estar en un estado emocional intenso. Tal como La Biblia muestra, ninguno de los seguidores de Jesús esperaban que él resucitara de los muertos. Lucas dice que cuando Jesús se apareció a los discípulos, “Ellos estaban terrificados y asustados, y creían que habían visto un espíritu” (Luc. 24:37).
  4. Una confusión de identidad no puede ser la explicación, tampoco. Ciertamente los discípulos reconocerían a la persona con la que habían estado cada día durante más de tres años.
  5. El cambio de estilo de vida, positivo substancial y permanente de muchos de los convertidos elimina cualquier teoría de alucinación.

Una de las verdades que creemos con mayor firmeza es que habrá una  resurrección de todos aquellos que mueren en Cristo. Habrá una resurrección  de los impíos así como de los piadosos. Nuestro Señor Jesús les  dijo a los judíos: “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es,  cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.  Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado  al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio,  por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto; porque  vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y  los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” Pablo declaró ante  Félix la doctrina de la “resurrección de los muertos, así de justos como  de injustos.”

Pero su argumento para con los corintios se refería especialmente  a los creyentes que resucitarán de los muertos y estarán con  Cristo en el día de Su venida, revividos con la vida que le revivió a Él, y  resucitados para compartir la gloria que el Padre le ha dado.

Cuáles son algunas de las objeciones que plantean los escepticos?

Aunque no podamos responder a todas, porque a veces son dificiles y no siempre sabemos o encontramos las mejores formas de defender y explicar nuestra fe.Pero creo que es edificante lo que escribio Spurgeon

Queridos amigos, nunca debemos alterar la verdad de Dios. Yo recurro  a ella, en la medida de lo posible, para gozar del consuelo de la verdad, y  para aprender las lecciones espirituales de la Palabra de Dios, y no me  erijo en un crítico suyo; y descubro que es inmensamente de más bendición  para mi propia alma adorar con fe, que inventar incrédulamente objeciones  o incluso tratar de hacerles frente diligentemente. Hacer frente a  las objeciones es una labor sin término. Cuando has matado a un regimiento  de objeciones, otro regimiento ya viene al ataque; y cuando has  pasado por espada a legiones enteras de dudas, las personas que dudan  todavía pulularán en torno a ti como las ranas de Egipto. Es un mal negocio. No responde a ningún fin práctico. Es muchísimo mejor creer firmemente  lo que profesas creer, y asumir todas las benditas consecuencias  de cada una de las verdades que, en tu propio corazón y en tu alma,  has recibido del Señor.

LAS SEIS OBJECIONES ESCÉPTICAS más frecuentemente presentadas por los críticos de la resurrección de Cristo son: 1) La resurrección de Cristo es un mito, no historia. 2) Las historias de la resurrección estan llenas de contradicciones. 3) Los milagros no son posibles. 4) El cuerpo fue robado. 6) Jesús tan solo se desvaneció y después se recuperó de Sus heridas. 7) Los testigos tan solo “vieron cosas.” Las iré tratando seguramente en futuros articulos.

Pero permiíame decirle que El apóstol Pablo, después de haber dado su testimonio y recapitulado  las pruebas acerca de la resurrección de Cristo, procede a mostrar las terribles  consecuencias que habría si no hubiera resurrección de los muertos  y Cristo no hubiera resucitado. Demostró que esta es una verdad  fundacional y, si fuera eliminada, muchas más cosas de las que suponían  serían eliminadas; en verdad, todo se desvanecería, según procedió a  demostrar.A tarves de un sermon de Spurgeon, le mostrare lo expuesto por el apostol Pablo.

I.  SI NO HAY RESURRECCIÓN DE MUERTOS, CRISTO NO  RESUCITÓ. 

Si la resurrección de los muertos fuera algo imposible, entonces Cristo  no pudo haber resucitado de los muertos. Ahora, los apóstoles dieron testimonio  de que Cristo había resucitado. Se habían encontrado con Él,  habían estado con Él, le habían visto comer un trozo de un pez asado y  un panal de miel en una ocasión. Le habían visto realizar actos que no  podían ser realizados por un espíritu, ya que requerían que fuera de carne  y hueso. En verdad, Él dijo: “Un espíritu no tiene carne ni huesos,  como veis que yo tengo.”

Uno de ellos metió su dedo en el lugar de los  clavos, y fue invitado a meter su mano en el costado de Cristo. Fue reconocido  por dos de Su discípulos al partir el pan, una señal familiar por la  cual le reconocían mejor que por cualquier otra cosa.

Le oyeron hablar,  conocían los tonos de Su voz. No fueron engañados. En una ocasión,  quinientos de Sus discípulos le vieron con claridad; o, si hubiese alguna  posibilidad de un error estando todos juntos, no fueron engañados  cuando le vieron uno a uno y entraron en una comunión personal muy  cercana con Él, cada uno en diferentes circunstancias.  “Ahora”—dice Pablo—“si no hubiese resurrección de los muertos, si  eso fuera imposible, entonces, por supuesto, Cristo no resucitó; y, sin  embargo, todos nosotros les aseguramos que lo vimos, y que estuvimos  con Él, y tendrían que creer que todos nosotros somos mentirosos, y que  la religión cristiana es una mentira, o bien, tienen que creer que hay una  resurrección de los muertos.”

II. SI NO HAY RESURRECCIÓN, LA  PREDICACIÓN APOSTÓLICA SE DESPLOMARÍA:

Pero ahora Pablo sigue adelante con su tema, no tanto argumentando sobre la resurrección de otros, como sobre la resurrección de Cristo;  y su siguiente razonamiento es que, SI NO HAY RESURRECCIÓN, LA  PREDICACIÓN APOSTÓLICA SE DESPLOMARÍA: “Si Cristo no resucitó,  vana es entonces nuestra predicación” “Y somos  hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios  que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no  resucitan.”

Si Cristo no resucitó, los apóstoles fueron falsos testigos. Cuando un  hombre da un falso testimonio, usualmente tiene un motivo para hacerlo. ¿Qué motivo tenían aquellos hombres? ¿Qué ganaban con dar un falso  testimonio tocante a la resurrección de Cristo? Si Cristo no había resucitado, todo era pérdida sin ninguna ganancia para ellos. Los apóstoles declararon en Jerusalén que Él había resucitado de los muertos, y en seguida los hombres comenzaron a encarcelarlos y a matarlos. Los sobrevivientes  daban el mismo testimonio. Estaban tan plenamente convencidos  de él, que viajaron a distantes países para contar la historia de Jesús y de Su resurrección de los muertos.

Algunos fueron a Roma, algunos a España. Probablemente algunos incluso fueron a la isla de  Bretaña (Inglaterra). Dondequiera que iban, testificaban que Cristo había resucitado  de los muertos, y que le habían visto vivo, y que Él era el Salvador de todos  aquellos que confiaban en Él.

Así predicaron siempre, y ¿qué fue lo que les pasó? Yo podría decir  con Pablo, que: “Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos  a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de  ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados.”

Fueron llevados  delante del Emperador romano una y otra vez, y delante de los procónsules,  y fueron amenazados con la más dolorosa de las muertes; pero ni  uno solo de ellos se retractó jamás de su testimonio relativo a la resurrección  de Cristo. Sostuvieron su declaración de que le habían conocido  en vida, de que muchos de ellos habían estado cerca de Él en Su muerte,  y que todos habían tenido comunión con Él después de Su resurrección. Ellos declaraban que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios, que murió y fue  sepultado, que resucitó y que hay salvación para todos los que crean en  Él.

¿Eran estos hombres testigos falsos? Si así fuera, serían los testigos  falsos más extraordinarios que jamás existieran. ¿Cuál era su moral?  ¿Qué tipo de hombres eran? ¿Eran unos borrachos? ¿Eran unos adúlteros?  ¿Eran unos ladrones? No; eran los mejores hombres y los más puros  de la humanidad; sus adversarios no podían presentar ninguna acusación  en contra de su conducta moral. Eran eminentemente honestos y  hablaron con el acento de la convicción. Como ya les he dicho, padecieron  por su testimonio.

Ahora, bajo la ley, el testimonio de dos hombres tenía que ser aceptado;  pero, ¿qué diremos del testimonio de quinientos hombres? Si fue verdad  cuando declararon inicialmente que Jesucristo resucitó de los muer tos, es verdad igualmente ahora.

No importa que el evento sucediera hace casi mil novecientos años; sigue siendo igualmente cierto ahora. Los  apóstoles dieron un testimonio que no podría ser contradicho, y por tanto, es firme todavía. No podemos suponer que todos aquellos hombres  apostólicos eran falsos testigos de Dios. Si siquiera supusiéramos que estaban equivocados en este asunto, deberíamos sospechar de su testimonio sobre todo lo demás, y el único resultado lógico sería renunciar enteramente al Evangelio.

Si hubieran estado  equivocados en cuanto a que Cristo resucitó de los muertos, no serían testigos creíbles de ninguna otra cosa; y si quedaran desacreditados, toda nuestra religión se desplomaría con ellos; la fe cristiana, y especialmente  todo lo que los apóstoles construyeron con base en la resurrección, debería ser arrojado por la puerta como un completo engaño.

Los apóstoles enseñaron que la resurrección de Cristo de los muertos fue la evidencia de que Su sacrificio fue aceptado. Enseñaron que resucitó  para nuestra justificación, que Su resurrección es la esperanza de los  creyentes en esta vida y la seguridad de la resurrección de sus cuerpos  en la vida venidera. En el instante en que duden de la resurrección del  Señor de los muertos, tienen que renunciar a toda su esperanza de salvación.

En cuanto a Pablo, quien se pone a sí mismo con el resto de los apóstoles  y dice: “Si Cristo no resucitó… somos hallados falsos testigos de Dios,” me aventuro a solicitarle que pase al frente en calidad de un testigo  solitario de la categoría más convincente. No necesito recordarles cómo se oponía a Cristo al principio. Era fariseo de fariseos y uno de los  más intolerantes miembros de la secta que odiaba el propio nombre de  Cristo. Tenía una justicia que sobrepasaba a la de los hombres de su  tiempo.

Pablo era un líder religioso y un perseguidor y, sin embargo, estaba  tan convencido de la aparición de Cristo a él en el camino a Damasco que, a partir de entonces, experimentó un cambio radical predicando con un celo ardiente la fe que una vez blasfemó. Envuelve a Pablo una  honestidad que convence en seguida y si no hubiere visto al Salvador resucitado de los muertos, no habría sido el hombre que afirmara que lo  vio.

Podemos estar seguros de que Jesucristo resucitó  en verdad de los muertos. No podemos desechar a esos buenos hombres  como impostores; no pueden catalogar al apóstol Pablo entre aquellos individuos  fácilmente engañables o entre los engañadores de los demás;  entonces, pueden estar seguros de que Jesucristo resucitó verdaderamente  de los muertos, de conformidad a las Escrituras.

III. SI NO HAY UNA RESURRECCIÓN, LA FE SE CONVERTIRÍA EN UN ENGAÑO.

Además, el argumento de Pablo es que SI NO HAY UNA RESURRECCIÓN, LA FE SE CONVERTIRÍA EN UN ENGAÑO. Así como tendríamos que renunciar a los apóstoles, con toda su enseñanza,  si Cristo no resucitó de los muertos, así también tendríamos que  concluir que sus oyentes creyeron en una mentira: “Vana es también  vuestra fe.” Amados, me dirijo a quienes han creído en el Señor Jesucristo y confían en Él con gran consuelo y paz para sus mentes, sí, y que han experimentado un cambio radical de corazón y un cambio radical en  sus vidas a través de la fe en Cristo.

Ahora, si Él no resucitó de los muertos, ustedes/nosotros estamos creyendo en una mentira. Reflexionemos en esto: si Él no resucitó literalmente de los muertos al tercer día, esta fe suya / nuestra que nos da consuelo, esta fe que nos ha renovado en corazón y vida, esta fe que ustedes / nosotros creemos que los está conduciendo al hogar del cielo, tiene que ser abandonada como un puro engaño pues su fe está basada en una falsedad.  ¡Oh, qué terrible conclusión sería esta! Pero la inferencia sería claramente  cierta si Cristo no resucitó; estarían arriesgando su alma por  una falsedad si Cristo no resucitó de los muertos.

Esa es una declaración terrible. “Sobre una vida que no viví, Sobre una muerte que no morí, Arriesgo mi eternidad entera.” Así es. Si Jesús no murió por mí y no resucitó por mí, estoy perdido; no tengo ni un rayo de consuelo que provenga de otra dirección; no dependo  de nada excepto de Jesús crucificado y resucitado; y si esa áncora de  salvación fallara, todo fallaría con ella, en mi caso, y lo mismo ha de suceder  en el caso suyo.

“Vana es también vuestra fe,” escribió Pablo a los corintios, pues, si  Cristo no resucitó, la prueba será demasiado grande para que la soporte la  fe, pues tiene a la resurrección de Cristo de los muertos como la propia  clave del arco. Si no resucitó, tu fe se apoya en algo que nunca sucedió y  no es cierto y, ciertamente, tu fe no aguantaría ni esa ni ninguna otra  prueba.

Al creyente le sobreviene, cada vez y cuando, un tiempo de gran prueba. ¿Has yacido en alguna ocasión, lleno de dolor, casi por cruzar la frontera de este mundo y enfrentar  la eternidad, al borde de la eternidad y mirando hacia el terrible abismo?

Allí, a menos que esté usted seguro acerca del cimiento de tu fe, estará en  una condición verdaderamente terrible. A menos que tengas entonces  una sólida roca debajo de usted, su esperanza se desvanecerá para convertirse  en nada, y su confesión le dejaría solo.

Cuando estamos seguros de que “Ha resucitado el Señor verdaderamente,” entonces siente que hay algo debajo de tu pie que es inconmovible. Si Jesús murió por ud., y Jesús resucitó por ud. y por mi, entonces, mi estimado  amigo, no sienta miedo ni siquiera de aquel tremendo día cuando la tierra  será quemada y los elementos se derretirán con calor ardiente. Sienta ud. la confianza que pasará incluso esa prueba.

Si Cristo no resucitó de los muertos y está apoyando su alma en la creencia de que Él resucitó, qué fracaso será para ud. en el otro mundo, qué frustración cuando no se despierte en Su semejanza, ¡qué espantoso sería si no hubiera perdón de pecado ni salvación por medio de la sangre preciosa! Si Cristo no resucitó, vana es su fe. Si es vana, renuncie a ella; no se aferres a algo que no es cierto. Yo preferiría sumergirme en el agua, y nadar o vadear a  través del río, que confiarme a un puente podrido que se rompería por el  centro.

Si Cristo no resucitó, no confíe en Él, pues vana sería tal fe; pero, si tú crees que en verdad murió por ud. y resucitó también por ud., entonces crea  en Él, gozosamente confiado en que un hecho como éste proporciona una  sólida base para tu fe.

IV. SI NO HAY NINGUNA RESURRECCIÓN, PERMANECÍAN EN SUS PECADOS

Pablo dice a continuación que SI NO HAY NINGUNA RESURRECCIÓN, PERMANECÍAN EN SUS PECADOS: “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.” ¡Ah!, ¿podrías soportar ese pensamiento, amado mío en Cristo, que  todavía estás en tus pecados? Yo creo que su simple sugerencia se apodera  de ti, te aterra y te congela la sangre. No hace mucho tiempo tú estabas  en tus pecados, muerto en ellos, cubierto con ellos como con un  manto carmesí, y estabas condenado y perdido.

Pero ahora, tú crees que  Cristo te ha sacado de tus pecados, y te ha lavado y te ha limpiado con  Su sangre preciosa; sí, y te ha cambiado de tal manera que el pecado no  tendrá dominio sobre ti, pues ahora, por la gracia, eres un hijo de Dios.  Bien, pero si Cristo no resucitó, aún estás en tus pecados.

Observa eso, pues entonces no se hizo una expiación; al menos, no se  hizo una expiación satisfactoria. Si la expiación de Cristo por el pecado  hubiere sido insatisfactoria, Él habría permanecido en la tumba. Él fue  allí por nosotros, como un rehén por nosotros; y si lo que hizo sobre el  madero no hubiera satisfecho la justicia de Dios, entonces no habría salido  jamás del sepulcro. ¡Piensen por un instante cuál sería nuestra posición si yo me parara aquí para predicar únicamente a un Cristo muerto y sepultado!

Él murió hace casi mil novecientos años; pero supongan que nunca se hubiera sabido nada de Él desde entonces. Si no hubiera resucitado de los muertos, ¿podrías tener confianza en Él? Tú dirías: “¿Cómo podríamos saber que Su sacrificio fue aceptado?” Cantamos con mucha verdad— “Si Jesús no hubiera pagado nunca la deuda, Nunca habría sido puesto en libertad.” La Fianza habría estado sujeta a ataduras a menos que hubiere cumplido con toda su responsabilidad; pero Él lo hizo y ha resucitado de los muertos— “Y ahora ambos, la Fianza y el pecador, son libres.”

El Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, asumió la totalidad de la culpa de todo Su pueblo. “Mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” Él murió, y por Su muerte obtuvo el pleno cumplimiento de todas nuestras obligaciones. Pero Su resurrección fue, por decirlo así, el recibo del pago completo, el comprobante de que Él cumplió con el total de las tremendas deudas que había asumido; y ahora, puesto que Cristo resucitó, ustedes que creen en Él no están en sus pecados. Pero, si Él no resucitó, entonces habría sido cierto que “aún estáis en vuestros pecados.”

Habría sido cierto, también, en otro sentido. La vida por la que viven los verdaderos creyentes es la vida de resurrección de Aquel que dijo: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis.” Pero si Cristo no resucitó, no hay vida para quienes están en Él. Si todavía estuviese dormitando en el sepulcro, ¿dónde estaría la vida que ahora nos llena de gozo y nos conduce a aspirar las cosas celestiales? No habría vida para ustedes si no hubiera habido primero vida para Él.

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos,” y en Él, ustedes resucitan a una vida nueva; pero, si Él no resucitó, aún están muertos, aún están bajo pecado, aún están sin la vida divina, aún sin la vida inmortal y eterna que habrá de ser su vida en el cielo a lo largo de la eternidad. Entonces, ustedes ven, una vez más, las consecuencias que se siguen de: “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.”

V. SI  NO HAY RESURRECCIÓN, TODOS LOS MUERTOS PIADOSOS HAN PERECIDO

“Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.”

“Perecieron” que no significa “aniquilados”; están en una peor condición que ésa. Una frase ha de ser explicada por la otra que le precedió; si Jesucristo no resucitó, aún están en sus pecados. Murieron, y nos decían que habían sido lavados con la sangre y perdonados y que esperaban ver el rostro de Dios con gozo; pero si Cristo no resucitó de los muertos, no hay ningún pecador que haya ido al cielo, no hay ningún santo que haya muerto que haya tenido jamás alguna esperanza real; ha muerto bajo  engaño y ha perecido.

Si Jesucristo no resucitó, los muertos piadosos aún están en sus pecados, y nunca podrían resucitar; pues, si Cristo no resucitó de los muertos, ellos no podrían resucitar de los muertos. Únicamente por medio de Su resurrección hay resurrección para los santos. Los impíos resucitarán para vergüenza y para eterno desprecio; pero los creyentes resucitarán a la vida eterna y a la felicidad, por su unidad con Cristo; pero, si Él no resucitó, ellos no podrían resucitar. Si Él estuviera muerto, ellos tendrían que estar muertos, pues tienen que compartir con Él. Ellos son y siempre tienen que ser uno con Él; y todos los santos que han muerto murieron  bajo error si Cristo no resucitó. Nosotros desechamos ese pensamiento  con aborrecimiento.

VI. Además, SI NO HAY RESURRECCIÓN, NUESTRA FUENTE DE  GOZO DESAPARECERÍA.

Si Jesús no resucitó de los muertos, nosotros, que creemos que resucitó, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo,” y ciertamente no tenemos ninguna esperanza de cualquier otra vida aparte de Cristo, “somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.”

¿Qué quiere decir Pablo? ¿Que los hombres cristianos son más dignos de conmiseración que los demás, si estuvieran equivocados? No, no quiere decir eso; pues aún el error, si fuera un error, les proporciona gozo; el  error, si fuera un error, les produce confianza y paz en el presente. Pero suponiendo que tuvieran la seguridad de que están bajo un error, de que  cometieron un error, su consuelo se esfumaría, y serían los más dignos  de conmiseración de todos los hombres. Los creyentes han renunciado a los goces sensuales; han renunciado  diligentemente a ellos; no encuentran ningún consuelo en ellos. Hay mil  cosas en las que los mundanos encuentran un tipo de gozo, todas las  cuales son despreciadas por el cristiano.

Hemos  aprendido a amar la santidad y la buscamos. Hemos aprendido a amar la comunión con Dios, y hablar con nuestro Padre y con nuestro Salvador  se ha convertido en nuestro cielo. Ahora buscamos las cosas que son espirituales;  y tratamos de manejar las cosas que son carnales como deben ser tratadas, como cosas que han de ser usadas pero no abusadas. Ahora  si después de haber gustado estos goces superiores, resulta ser que  no son nada, y resultan ser nada si Jesús no resucitó de los muertos, entonces,  en verdad, somos los más dignos de conmiseración de todos los  hombres. Más que eso, hemos tenido excelsas esperanzas, esperanzas que han hecho saltar de gozo a nuestros corazones. Hemos estado listos algunas veces a salirnos de inmediato del cuerpo, con deleites y arrebatos excelsos, en la expectativa de estar “con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.”

Hemos dicho: “Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro.” Hemos sido embelesados con la plena convicción de que nuestros ojos “verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está lejos”; y si eso no fuera seguro, si se pudiera probar que nuestras esperanzas son vanas, entonces somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Se preguntarán por qué me he demorado tanto en presentar estos puntos, y cuál es mi propósito. Bien, mi propósito es éste: después detodo, todo gira alrededor de un hecho, un antiguo hecho, y si ese hecho no fuera un hecho, todo dependería de nosotros.

Si Jesucristo no resucitó de los muertos, entonces Su Evangelio se desintegra por completo. Lo que quiero que adviertan es esto: que tiene que haber una base de hecho en nuestra religión; estas cosas tienen que ser hechos, o de lo contrario, nada podría proporcionarnos consuelo. Nuestras esperanzas eternas no dependen de nuestra condición moral; pues, observen que estos hombres de Corinto no habrían sido ni mejores ni peores si Cristo no hubiera resucitado de los muertos. Su carácter era justo el mismo.

Había sido formado, es cierto, por una fe en que Él resucitó de los muertos; pero si resucitó o no resucitó, ellos eran justamente los mismos hombres, de tal forma que su esperanza no dependía de su buena condición moral. El apóstol no dice: “Si ustedes están o no en tal y tal condición moral,” sino, “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestro pecados.”

Entonces, amados míos, la razón por la que estamos seguros es porque Cristo murió por ustedes, y porque resucitó; no es el resultado de lo que son, sino de lo que Él hizo. El eje principal de todo ello no está en ustedes: está en Él, y ustedes han de poner su confianza, no en lo que ustedes son, o esperan ser, sino completa y enteramente en un gran hecho que ocurrió hace cerca de mil novecientos años. Si Él no resucitó de los muertos, ustedes aún están en sus pecados, sin importar lo buenos que pudieran ser; pero si Él resucitó de los muertos, y ustedes son uno con Él, ustedes no están en sus pecados; todos ellos han sido quitados, y ustedes son “aceptos en el Amado.”

La grandiosa esperanza que tenemos no depende de nuestro estado espiritual. Tienen que nacer de nuevo; tienen que tener un nuevo corazón y un recto espíritu, o de lo contrario, no pueden asir a Cristo, y Él no es suyo; pero aún así, su última esperanza no radica en lo que ustedes sean espiritualmente, sino en lo que Él es. Cuando la oscuridad les embarga el alma, y ustedes dicen: “tengo miedo de no ser convertido”, aún así, crean en Él, que resucitó de los muertos; y cuando, después de que hayan tenido una visión de ustedes mismos, estén resbalándose hacia una negra desesperación, aférrense a Aquel que los amó, y se entregó por ustedes y resucitó de los muertos por ustedes.

Si ud. crees que Cristo resucitó de los muertos, y si este fuera el cimiento de su esperanza del cielo, esa esperanza permanece muy firme, ya sea que seas brillante o torpe, que pueda usted cantar o se vea forzado a suspirar, que pueda correr o que estés tullido y con su pierna quebrada, y seas capaz únicamente de yacer a los pies de Cristo.

Si Él murió por mi/ ti, y resucitó por mi/ ti, allí está el cimiento de nuestra confianza, y les ruego que se apeguen a eso. ¿Vns cómo Pablo insiste en esto? “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.” La conclusión es que si Cristo resucitó, y tú tienes fe en Él, tu fe no es vana, y no estás en tus pecados y eres salvo. Tu esperanza no ha de estar aquí, en lo que tus manos puedan hacer, sino allá, en aquella cruz, en lo que Él hizo, y allá, en aquel trono, en Aquel que resucitó para tu justificación.

La cosa más difícil del mundo pareciera ser lograr que la gente se apegue a esta verdad, pues mucho de la doctrina del pensamiento moderno no es nada sino la justicia propia disfrazada de nuevo. Les está pidiendo a los hombres que todavía crean en ellos mismos, que confíen en su carácter moral, que confíen en sus aspiraciones morales, o en esto o en aquello. Estoy aquí esta noche para decirles que la base de su esperanza no es ni siquiera su propia fe, ni mucho menos sus propias buenas obras; sino que la base de su esperanza es lo que Cristo hizo de una vez por todas, pues “vosotros estáis completos en él,” y nunca podrían estar completos de ninguna otra manera.

Aquí, además, notemos que Pablo no dice que ser perdonados y salvados dependa de nuestra sinceridad o de nuestro denuedo. Hemos de ser sinceros y denodados; Cristo no es suyo si no lo es; pero aún así, podrían ser muy sinceros, y muy denodados y, sin embargo, haber estado equivocados todo el tiempo; y entre más sinceros y denodados sean de la manera equivocada, más se descarriarán. El hombre de justicia propia puede ser muy sincero cuando se esfuerza por establecer una justicia propia; pero entre más lo haga, más se arruina a sí mismo. Pero aquí está el blanco al que tienen que apuntar, no a su sinceridad, aunque debe haber sinceridad; pero si Cristo resucitó, y en eso basan sus esperanzas, entonces no están en sus pecados, sino que son aceptos en Cristo, y justificados en Él.

En esto me baso yo, y ruego a cada creyente que se base en esto. Hay muchos nuevos descubrimientos hechos por la ciencia; nos agrada saber eso. Yo espero que seamos capaces de viajar más rápidamente, y pagar menos por hacerlo. Espero que tengamos mejor luz, y que no sea tan cara. Entre más haya verdadera ciencia, mejor; pero cuando la ciencia entra para decirme que ha descubierto algo acerca del camino al cielo, entonces yo le presto oídos sordos. “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… aún estáis en vuestros pecados.”

Pero si Cristo resucitó, entonces sé en dónde estoy. Si realmente es así: si Él es Dios en carne humana; si tomó mi pecado, y asumió las consecuencias de él, y lo limpió por completo desde el tribunal del Altísimo; si Su resurrección es el testimonio de Dios de que la obra está hecha, y de que Cristo, que intervino como Sustituto por mí, es aceptado en mi favor, ¡oh, aleluya, aleluya!

¿Qué más necesito, sino alabar y bendecir el nombre de Aquel que me ha salvado con una salvación eficaz? Ahora voy a trabajar para Él. Ahora gastaré lo mío y yo mismo me gastaré a Su servicio. Ahora voy a odiar todo camino falso y todo pecado, y voy a buscar la pureza y la santidad; pero no, en ningún sentido, como el fundamento de mi confianza. Mi única esperanza en el tiempo y en la eternidad es Jesús, únicamente Jesús; Jesús crucificado y resucitado de los muertos.

Yo no conozco ningún pasaje de la Escritura que, de manera más completa que éste, ponga el énfasis donde debe ir el énfasis, no en el hombre, sino en Cristo únicamente: “Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.”

Oh, amado oyente, si quieres ser salvado, tu salvación no radica en  nada tuyo, sino en Él que abandonó el seno del Padre, y descendió a la tierra como un bebé en Belén, y se acogió a los pechos de una mujer; sobre Él, que vivió aquí durante treinta y tres años una vida de sufrimiento y dura labor, y que luego tomó sobre Sí el pecado de Su pueblo, y lo llevó al madero, y allí asumió todas las consecuencias del pecado en Su propio  cuerpo— “Aguantó todo lo que el Dios Todopoderoso podía soportar, Con fuerza suficiente, pero sin desperdiciar nada de ella.” Jesucristo aguantó aquello que ha convertido al perdón de Dios en un acto de justicia, y vindicó Su perdón del pecado de tal forma que nadie puede decir que Él es injusto cuando pasa por alto la transgresión. Cristo hizo todo eso; y luego, muriendo, fue puesto en el sepulcro, pero, al tercer día, Su Padre lo resucitó de los muertos en señal de que dijo la verdad cuando afirmó en la cruz: “Consumado es.” Ahora la deuda está pagada; entonces, ¡oh pecador, abandona tu prisión, pues tu deuda está  pagada! ¿Estás encerrado en la desesperación por causa de tu deuda del pecado? Toda tu deuda ha sido liquidada si has creído que Él resucitó de  los muertos. Él ha quitado todo tu pecado, y eres libre. Ese texto de las  ordenanzas en contra tuya está ahora clavado en Su cruz. Prosigue tu  camino, y canta: “Ha resucitado el Señor verdaderamente,” y sé tan feliz  como los pájaros del aire, hasta que estés, muy pronto, tan feliz como los  ángeles en el cielo, por medio de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Conclución

Por ultimo, conviene señalar que, aunque Pablo se consideraba a sí mismo como apóstol a los gentiles, a pesar de ello casi siempre al llegar a una ciudad se dirigía primero a la sinagoga, y a través de ella a la comunidad judía. Esto ha de servir para subrayar que Pablo no se creía portador de una nueva religión, sino del cumplimiento de las promesas hechas a Israel. Su mensaje no era que Israel había quedado desamparado, sino que ahora, en virtud de la resurrección de Jesús, dos cosas habían sucedido: la nueva era del Mesías había comenzado, y la entrada al pueblo de Israel había quedado franca para los gentiles.

Los primeros cristianos no creían pertenecer a una nueva religión. Ellos habían sido judíos toda su vida, y continuaban siéndolo. Esto es cierto, no sólo de Pedro y los doce, sino también de los siete, y hasta del mismo Pablo. Su fe no consistía en una negación del judaísmo, sino que consistía más bien en la convicción de que la edad mesiánica, tan esperada por el pueblo hebreo, había llegado. Según Pablo lo expresa a los judíos en Roma hacia el final de su carrera, “por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena” (Hch. 28:20). Es decir, que la razón por la que Pablo y los demás cristianos son perseguidos no es porque se opongan al judaísmo, sino porque creen y predican que en Jesús se han cumplido las promesas hechas a Israel. Por esta razón, los cristianos de la iglesia de Jerusalén seguían guardando el sábado y asistiendo al culto del Templo. Pero además, porque el primer día de la semana era el día de la resurrección del Señor, se reunían en ese día para “partir el pan”’, en conmemoración de esa resurrección. Aquellos primeros servicios de comunión no se centraban sobre la pasión del Señor, sino sobre su resurrección y sobre el hecho de que con ella se había abierto una nueva edad. Fue sólo mucho más tarde —siglos más tarde, según veremos— que el culto comenzó a centrar su atención sobre la crucifixión más bien que sobre la resurrección. En aquella primitiva iglesia el partimiento del pan se celebraba “con alegría y sencillez de corazón” (Hch. 2:46).

Resulta difícil separar en los evangelios los verdaderos recuerdos históricos del Jesús terreno y su actualización a la luz de la experiencia pascual. Pero de hecho no es preciso llegar tan lejos. La historia de los discípulos se ha incorporado a la historia de Jesús; han «seguido» realmente a Jesús, y en la huella que ellos han dejado en la historia. sobre todo en el Nuevo Testamento, nosotros podernos seguir la verdadera huella de la vida de Jesús.

Aunque hay algunos escépticos que pretenden que los testigos de la resurección de Cristo deben haber estado alucinando o experimentando una histeria colectiva, no permita ud. que la incredulidad del mundo llene su corazón y su mente. Ud. debe hacerse la pregunta con total honestidad, ¿ Cree ud. en la resurrección de Jesus, verdaderamente? Y si es así, que impide que ud. sea cristiano?

Todo este articulo fue escrito para que “no se aflijan como esos otros que no tienen esperanza” (1 Tes 4:13). Y para Cristo, el único Señor de Su iglesia para Alabanza y Gloria de Su Nombre (Ef.1:22-23)

Dios lo bendiga.

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  • Sermón #2287 El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano 1  Volumen 38 www.spurgeon.com.mx   Si no hay Resurrección  NO. 2287 SERMÓN PREDICADO LA NOCHE EL JUEVES 20 DE FEBRERO DE 1890, POR CHARLES HADDON SPURGEON, EN EL TABERNÁCULO METROPOLITANO, NEWINGTON, LONDRES, Y SELECCIONADO PARA LECTURA EL DÍA 18 DE DICIEMBRE DE 1892. http://www.spurgeon.com.mx/sermones.html
  • Edward  Schillebeeckx “Jesús, La Historia de un Viviente”, Ediciones Trotta, S A, 2002 Ferraz, 55 28008 Impresión Gráficas Laxes, S L.  Título original Jezus, het ver verhaal van een levende
  • Justo L.Gonzalez,Historia del Cristianismo Tomo I, ed.Unilit

¿Fue Jesús un Socialista?


¿Fue Jesús un Socialista?

Una encuesta en la que se preguntó: ¿cree usted que Jesús fue un socialista? Estos son los resultados finales: a) Un 62 por ciento considera que Jesús No fue un socialista, b) mientras que un 38 por ciento opina que Sí lo fue.

Y para profundizar en el tema, se conversó con José González, especialista en política internacional de la universidad Regent en Virginia, Estados Unidos.  En días pasados el presidente venezolano Hugo Chávez afirmó que Jesús fue el primer socialista de la historia.

MC: ¿Tiene razón Chávez? ¿Fue Jesús un socialista?

José González: Es un poco chocante pensar en Jesús como perteneciendo a un campo político, porque Jesús es el Mesías y trasciende todos los campos políticos.

En cuanto a socialismo en particular, quien diga que Jesús fue un socialista no conoce ni a Jesús ni al socialismo, porque el socialismo en un sistema materialista que busca la felicidad económica del ser humano y Jesús dijo, “Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”.

Jesús jamás pondría prioridad sobre las añadiduras, lo que Él llamó añadiduras sino la vida interior y espiritual y eterna del ser humano.

MC: ¿Qué aspectos del socialismo son o deben ser parte de la mentalidad y actividad de la iglesia?

José González: Bueno una cosa es el socialismo tal cual se predica y otra es como se aplica. La predica del socialismo es el cuidado del prójimo, ese es un principio cristiano, pero la aplicación que hace el socialismo es quitarle al rico para darle al pobre, fomentando la envidia, que no es ninguna virtud cristiana.

Y ud. que cree ?

Dios lo bendiga.

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http://www.cbnla.com/index.php?option=com_content&task=view&id=199&Itemid=60

Las mujeres en la resurrección de Jesús


Las mujeres en la resurrección de Jesús.

El silencio y el testimonio de las mujeres en la resurrección. Para decir algo, se tiene que tener algo que decir. Muchas veces se hablan palabras vanas o repetitivas, que son como el ruido, como los sonidos estridentes o los sonido repetitivos que nada dicen. A veces las palabras no son más que vanas repeticiones, como cuando adoptamos el lugar común, los prejuicios comunes, las opiniones prestadas y repetidas porque “todo mundo lo dice”. Es por eso que las palabras cansan y dejan de tener valor, porque no dicen nada más.

A veces eso pasa con los mensajes: siguen teniendo un medio de comunicación pero ya no dicen nada significativo, nada novedoso, nada importante. Es como si las palabras estuvieran huecas o vacías, sin que produzcan nada.

Pero hay otro tipo de vacío en las palabras, un tipo de vacío que, por extraño que parezca no está vacío, sino que está lleno de algo más. Se trata del silencio, de una callada manera de vivir que no dice nada por un tiempo, pero que tiene un silencio muy productivo. Es un silencio que acompaña la vida y que aprende de la vida misma. Es un silencio parecido a la preñez de una mujer, que silenciosamente va creciendo hasta que un buen día, da luz a una nueva vida.

Así es el silencio de las mujeres en el evangelio. Ellas habían acompañado a Jesús desde Galilea y cuando todos los acontecimientos de su crucifixión ocurrieron, ellas miran todas las cosas en silencio (Luc. 23:49). Ellas fueron también en silencio al sitio donde pusieron el cuerpo de Jesús, vieron cómo lo sepultaban rápidamente en la víspera del sábado. Y en silencio se vuelven a casa y preparan perfumes.

¿En qué consiste el silencio de las mujeres? ¿qué palabras ocupan su corazón de manera callada? El evangelio nos dirá que éstas mujeres fueron María Magdalena, Juana, María madre de Santiago y las demás mujeres. Son mujeres que le conocieron cuando las liberó de espíritus malignos y de la enfermedad. Ellas conocieron la fuerza del perdón del Dios de Jesús. Ellas experimentaron la liberación en su propio cuerpo, en su carne. Y ellas le siguieron como sus discípulas. En su silencio está la gratitud y la confianza, en el fondo de su experiencia, mas allá del dolor y la decepción actuales. Por eso, ellas quieren honrar a Jesús ungiendo su cuerpo, como un adiós definitivo.

El silencio de éstas mujeres es el silencio que reconoce el misterio, que se asombra que se maravilla. Es el silencio de quienes no tienen todas las respuestas, pero saben que no se tiene el control de todas las cosas. Ellas anduvieron con Jesús y aprendieron que él caminaba confiando en su Padre. Ellas sabían que Jesús no tenía todas las cosas programadas y bajo control; no, más bien, ellas vieron cómo Jesús caminaba discerniendo la voluntad de su Padre cada día. Ellas sabían que Jesús esperaba y confiaba en Dios y que fue así hasta el final. Entonces, el silencio de éstas mujeres las prepara para la sorpresa de lo inédito, de lo insólito, de lo inesperado.

El silencio de éstas mujeres es el silencio que sabe recordar. Cuando ellas hablan con los hombres de ropas brillantes, cuando no hallan el cuerpo de Jesús, entonces ellas recuerdan las palabras de Jesús. Ellas no ven todavía a Jesús resucitado y creen en Jesús como el resucitado. Y es porque ellas recuerdan, porque traen a la memoria las palabras de Jesús.

¿Cómo se activan los recuerdos o cómo se hace la memoria como una acción silenciosa que genera algo nuevo? Ellas recuerdan lo vivido con Jesús y esa memoria va más allá del realismo o de las actitudes racionales, normales y convenientes. Esa memoria les lleva a creer, a entusiasmarse y abrazar la resurrección de modo inmediato. Ellas irán a anunciar ésta noticia, como buena noticia, como evangelio.

Las toman por locas, como si se tratara de un delirio. Pero a ellas no les importa. Hablan de lo que han visto y de lo que han creído. Ellas reconocen que se ha cumplido la Escritura, que Jesús ha sido levantado de entre los muertos. Ella comprenden que Dios estaba verdaderamente con su hijo, en la cruz y ahora en la vida nueva. Entonces, aquí se impone para nosotros una clara enseñanza: hacer memoria de las experiencias de salvación, de curación, de liberación. ¿Cómo conocimos al Señor? ¿Cómo se acercó a nosotras/os? ¿Cuáles han sido los momentos en hemos vivido la esclavitud o el cautiverio de alguna enfermedad o algún padecimiento? ¿qué nos ha dominado y atormentado cuando el Señor vino a nosotros/as y nos ha envuelto en su perdón y en su alegría?

Hemos de hacer memoria, de recordar, de ejercitar la gratitud de la memoria. Hemos de recordar las palabras y promesas. Hemos de guardar y de traer a la memoria las enseñanzas de Jesús, la imagen de su cercanía, la fidelidad con que entrega al Padre y la confianza con que camina. Hemos de hacer memoria de ese Jesús que camina al lado nuestro y que sonríe, que se alegra y que come y bebe con la gente de a pie, con la gente ordinaria y especialmente con la gente de abajo. Hemos de dejar que suene el eco de sus palabras y entones comprenderemos cómo éstas mujeres creyeron inmediatamente en la buena noticia de la resurrección.

Entonces, y sólo entonces, seremos testigos que anuncian la buena nueva que hoy celebramos. La buena nueva de la resurrección de Jesús, quien es ahora Señor nuestro y de todo lo que existe.

Fuente:

La resurrección de los muertos: ¿Qué enseña la Biblia al respecto?


La resurrección de los muertos: ¿Qué enseña la Biblia al respecto?

Muchas personas tienen por lo menos una vaga idea de que la Biblia nos enseña acerca de la resurrección. Pero ¿de qué se trata realmente? ¿Cuál es su papel dentro del plan de salvación que Dios tiene? Mientras estaba prisionero en camino a Roma, al defender sus enseñanzas, el apóstol Pablo le preguntó al rey Herodes Agripa II:

“¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?” (Hch. 26:8).

Podríamos hacer la misma pregunta a los intelectuales de nuestra época moderna e irreligiosa. La “incredulidad en la Biblia” es rampante en nuestro sistema intelectual y en los medios de comunicación. Pocos parecen conocer o entender el plan que Dios tiene para la humanidad y cómo la resurrección encaja dentro de su propósito supremo.

En la conversación con Agripa se deduce del contexto que Pablo tenía en mente principalmente la resurrección de Jesucristo. En el período primitivo de la iglesia, predicar la resurrección de Cristo era una parte fundamental del mensaje de los apóstoles. Una de las razones por las cuales otro apóstol tuvo que ser elegido para reemplazar a Judas Iscariote era que “. . . de entre nosotros . . . uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hechos 1:22). Vemos que “con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús” (Hch. 4:33).

Como Pablo había visto personalmente al Cristo resucitado y había hablado con él (1 Cor. 9:1; 15:8; Hch. 22:6-10), él continuó confirmando de una forma entusiasta el hecho de la resurrección de Jesús. Más tarde le dijo a Agripa: “persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes . . . Que el Cristo [Mesías] había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos . . .” (Hch. 26:22-23).

Notemos la clara implicación de que más tarde otros también serían resucitados.

Dios utiliza la analogía de las cosechas agrícolas de Israel para ilustrar aspectos importantes de su plan de salvación, o sea la “cosecha” de la humanidad, en cierta forma, en la que la resurrección de los muertos desempeñará un papel sobresaliente. Varios aspectos de este plan están representados por ciertos festivales anuales específicos, que a su vez representan tiempos de cosecha en la antigua Israel. (Si desea profundizar más en el tema de la relación que existe entre las cosechas, las fiestas bíblicas y el plan de Dios, no vacile en solicitarnos el folleto gratuito Las fiestas santas de Dios: Esperanza segura para toda la humanidad; o si lo prefiere, puede descargarlo directamente de nuestro portal en Internet.)

Primicias es un término que se utiliza para describir la primera parte de la cosecha. Esa parte era considerada santa. Como pueblo de Dios, los cristianos verdaderamente convertidos eran considerados las primicias de la cosecha espiritual de Dios (Stgo. 1:18).

Jesús es el primero de las primicias, la parte más sagrada. “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron [en la muerte] es hecho” (1 Cor. 15:20). El apóstol Pablo explicó que Jesús era “el primogénito de toda creación”, “el primogénito de entre los muertos” y “el primogénito entre muchos hermanos” (Col. 1:15, 18; Ro. 8:29). Es claro que otros seguirán después, a su debido tiempo.

La Biblia está hablando aquí de una resurrección a una vida eterna como seres espirituales, no simplemente de una restauración temporal a la vida en un cuerpo físico. En varios pasajes de la Biblia encontramos personas que fueron resucitadas a una vida física, antes de la resurrección de Jesús, pero todas ellas murieron otra vez.

Sin embargo, Pablo establece una distinción importante entre éstos y la resurrección de las primicias de Dios: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra [el cuerpo físico, material], para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya . . .” (Fil. 3:20-21; comp. con 2 Cor. 5:1-5).

Todo un capítulo de la Biblia, 1 Cor. 15, habla acerca de la resurrección. Comienza con la afirmación de que Jesús fue resucitado y después prosigue con una descripción de la restauración a una vida similar de sus discípulos y verdaderos seguidores, que son las primicias de Dios. Pablo describe la naturaleza de esta resurrección de las primicias: “Se siembra cuerpo animal [físico], resucitará cuerpo espiritual . . . Y así como hemos traído la imagen del terrenal [Adán], traeremos también la imagen del celestial [Jesucristo]. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios . . .” (1 Cor. 15:44, 49-50).

Aun los verdaderos cristianos no podrán entrar en el reino hasta después de que Jesucristo regrese a la tierra, un acontecimiento representado en el plan de Dios por la Fiesta de las Trompetas, uno de sus días de fiesta anuales. Cuando este día se cumpla, al sonido de la última trompeta, los muertos en Cristo serán resucitados y Dios recogerá entonces sus primicias.

Veamos lo que dice en 1 Cor. 15:51-52: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (comp. con 1 Tes. 4:16). En este momento histórico los discípulos y verdaderos seguidores de Cristo van a experimentar lo que la Biblia llama una “mejor resurrección” (Heb. 11:35).

Más de una resurrección

Cristo afirmó claramente: “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Jn. 5:21). Tanto el Padre como el Hijo tienen el poder y la autoridad para resucitar a los muertos. Jesús continúa diciendo: “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán . . . porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz” (vv. 25, 28).

Aunque en varios pasajes de la Biblia encontramos claras afirmaciones de que habrá una futura resurrección de seres humanos, así de justos como de injustos (Jn. 5:29; Dan. 12:2; Hch.24:15), la diferencia que existe en el tiempo entre estos dos grupos no aparece claramente definida sino por el apóstol Juan, cuando dice en Ap. 20: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar . . . y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (v. 4).

Debemos notar que la primera frase del siguiente versículo es parentética, informándonos de una segunda resurrección que ocurrirá mucho después: “Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años” (v. 5).

Luego la última frase del versículo 5 hace referencia al suceso anterior y lo relaciona naturalmente con la descripción previa de la resurrección de los santos justos en el versículo 4: “Esta es la primera resurrección”. Esta primera resurrección está compuesta por aquellos que van a estar con Cristo….

El versículo 6 continúa definiendo las condiciones de la primera resurrección: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

Ap. 5:9-10 se refiere a la labor de los verdaderos cristianos al asistir a Jesucristo en su reinado milenario sobre la tierra: “. . . tú [Cristo] fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

La segunda resurrección

Hablando doctrinalmente, Apocalipsis 20 es uno de los capítulos más importantes de la Biblia. Es el único capítulo que muestra la diferencia que existe en el tiempo entre estas resurrecciones y quiénes tomarán parte en ellas. Ambas resurrecciones desempeñan papeles cruciales en el plan y propósito que Dios tiene para toda la humanidad.

Los versículos 11 y 12 nos hablan acerca de un acontecimiento muy importante: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él . . . Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”.

¿Qué son estos libros por los cuales serán juzgadas las personas? Claramente son los libros (plural) de la Biblia. Dios juzga a todas las personas por la misma norma bíblica que siempre ha usado. Esto no va a cambiar.

Para entender apropiadamente este pasaje fundamental debemos recordar el principio básico de que la Biblia se interpreta a sí misma. Otros pasajes escritos por los apóstoles Juan y Pablo son muy importantes para entender acertadamente estos dos versículos.

Leamos lo que algunos teólogos consideran como el texto de oro de la Biblia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3:16-17).

Cristo dijo más adelante: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir” (Jn. 12:32-33).

Más tarde, el apóstol Pablo resumió lo que Dios quiere para la humanidad: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos . . .” (1 Tim. 2:3-6).

Muchas personas que van a estar delante de Dios en esa segunda resurrección nunca habrán oído el nombre de Jesucristo, y mucho menos habrán creído en él. ¿Creemos acaso que a pesar de su ignorancia, Dios los ha destinado a alguna clase de castigo interminable en un infierno que nunca se apaga? ¿Acaso Dios ofrece la salvación únicamente a las primicias en la primera resurrección, o no será que el término mismo primicias implica que habrá salvación para otros que los seguirán después?  ¿Acaso Dios no dará la oportunidad de salvación a todos aquellos que alguna vez hayan vivido? Para aquellos que resuciten en la segunda resurrección, esto no es una segunda oportunidad, sino su primera oportunidad real de recibir la salvación. Para miles de millones de personas, esta será la primera oportunidad de aprender acerca de la verdad y del plan de Dios, de escuchar acerca de Jesucristo, el único nombre por el cual podemos ser salvos (Hch. 4:12).

Jesús y el juicio

Jesucristo mismo nos muestra que los pueblos de Israel no serán los únicos que van a levantarse en la segunda resurrección para ser juzgados en ese momento. Jesús aclara muy bien este punto, aunque pocos lo han entendido al no reconocer cómo Dios ofrecerá la salvación a todos en su gran plan: “Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto, os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum . . . si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será mas tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (Mat.11:20-24).

Los habitantes de Tiro, Sidón y Sodoma no eran hebreos ni israelitas. Sin embargo, también serán parte de la gran resurrección a la vida física que se menciona en Ap. 20:11-12.

Y no serán los únicos. Cristo dijo claramente: “Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar. La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mat. 12:41-42).

Jesús dijo claramente que las personas de la época de Jonás y las de la época de Salomón, que vivieron entre 700 y 900 años antes, ¡serían resucitadas conjuntamente con las personas de la época de Cristo! Juntos “se levantarán en el juicio”, dijo él.

Debe ser claro que varios pasajes bíblicos confirman la enorme importancia de este período de juicio descrito en Ap. 20:11-12. Durante este tiempo Dios mostrará su abundante misericordia sobre todos aquellos que vivieron en el pasado sin haberlo conocido realmente a él o sin haber entendido verdaderamente su camino de vida. Ellos tendrán la maravillosa oportunidad de obtener la salvación y ser parte de la familia eterna de Dios.

Nuestro Creador es un Dios de gran misericordia. De hecho, es tan misericordioso que después de esperar con inmensa paciencia que haya un arrepentimiento verdadero (2 Pe. 3:9), él sencillamente no va a permitir que los impíos incorregibles, aquellos que de una forma rebelde persistan en pensar y hacer el mal, sean parte de su reino (1 Cor. 6:9; Gál. 5:19-21; Ap. 21:8). Su castigo, sin embargo, no es una existencia eterna cruel en medio de un infierno que nunca se apaga, sino la segunda muerte en un lago de fuego.

El majestuoso propósito de Dios para la humanidad

El increíble resultado de las actividades de nuestro Creador en esta tierra será el de “llevar muchos hijos [e hijas] a la gloria” (Heb. 2:10). Como lo explica el apóstol Pablo en 1 Cor. 15:22-23, Dios lleva a cabo su plan en varias etapas: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden . . .”.

Dios está agrandando su familia, según su plan y de acuerdo con su esquema establecido. Muchos creen que hoy es el único día de salvación. Nada podría ser más diferente de la verdad. La primera resurrección representa las primicias de la salvación de Dios. Pero casi mil años más tarde, a un grupo mucho más grande, que representa a la mayoría de aquellos que hayan vivido alguna vez, se le ofrecerá el privilegio de obtener la salvación. Esta constituye la gran cosecha posterior de hombres y mujeres que entonces recibirán la oportunidad de tener vida eterna en el Reino de Dios. BN