¿Deberían tener árboles de Navidad los cristianos?


¿Deberían tener árboles de Navidad los cristianos?

-John MacArthur-

Ahora que se acerca la temporada navideña, muchos se hacen preguntas como esta. Tal como todo lo demás en la vida, es importante llegar a estos temas con discernimiento bíblico.

En este caso, nosotros no vemos nada malo con los árboles de Navidad tradicionales. Sin embargo, varios han enseñado que no está bien tener un árbol de Navidad en su hogar. ¿Pero, son sus razones válidas? Nosotros creemos que no. Veamos a dos de las objeciones más comunes que la gente dice en contra de tener un árbol de Navidad.

Primeramente, algunos refutan que el árbol de Navidad tiene origen pagano. Se cree que Bonifacio, un misionero inglés en Alemania en el siglo octavo, instituyó el primer árbol de Navidad. Supuestamente, sustituyó los sacrificios al sagrado árbol del dios Odín, con un abeto adornado como tributo a Cristo. Pero otros cuentan que Martín Lutero introdujo el árbol de Navidad decorado con velas. Basado en esa información, usted podría decir que el árbol de Navidad tiene un distinguido origen cristiano.

Sin embargo, aunque se estableciera claramente un origen pagano, eso no significaría que no podemos disfrutar tener un árbol de Navidad. Tal vez la siguiente analogía ayude a explicar:

Durante la Segunda Guerra Mundial, los militares americanos usaron algunas islas remotas del Pacífico sur como pistas de aterrizaje y depósitos de abastecimiento. Anteriormente, los indígenas nunca habían visto tecnología moderna tan de cerca. Aviones de carga grandes descargaban una variedad de materiales, y por primera vez, los isleños vieron encendedores de cigarrillos (que para ellos eran algo milagroso), jeeps, refrigeradores, radios, herramientas y una gran variedad de comida.

Cuando se terminó la guerra, los indígenas concluyeron que los hombres que trajeron la carga eran dioses; y entonces empezaron a construir santuarios para los dioses de la carga. Ellos tenían la esperanza que los dioses regresarían con más cosas.

Muchos no conocen esta superstición religiosa. De forma similar, muy pocos conocen de la adoración a los árboles. Cuando un niño saca un gran regalo de abajo del árbol de Navidad y lo abre para encontrar un modelo de avión de carga, nadie lo ve como un ídolo. Tampoco vemos al árbol de Navidad como una clase de dios de regalos. Entendemos la diferencia entre un juguete y un ídolo, casi tan claramente como entendemos la diferencia entre un ídolo y un árbol de Navidad. No vemos una razón válida para hacer una conexión entre árboles de Navidad e ídolos de madera, o la adoración de árboles. Aquellos que insisten en hacer esa clase de asociaciones, deberían tomar nota de las advertencias en la Escritura contra el juzgar el uno al otro sobre cosas dudosas (vea Rom. 14 y 1 Cor. 10:23-33).

Otra refutación común es que dicen que los árboles de Navidad están prohibidos en la Escritura. Jeremías 10 es comúnmente usado para apoyar este punto de vista. Pero un estudio más profundo de este pasaje mostrará que no tiene nada que ver con árboles de Navidad y sí tiene que ver con la adoración de ídolos. El versículo ocho dice, “Todos se infatuarán y entontecerán. Enseñanza de vanidades es el leño.”

La adoración de ídolos claramente era una violación de los diez mandamientos. Éxodo 20:3-6 dice, “No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”

No hay conexión entre la adoración de ídolos y el uso de los árboles de Navidad. No debemos preocuparnos por argumentos sin fundamento contra las decoraciones de Navidad. Debemos estar enfocados en el Cristo de Navidad y en recordar con diligencia la verdadera razón de la temporada.

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«Los orígenes paganos de la Navidad son un mito sin fundamento histórico»: conozca por qué


Acusación repetida en Internet: se inventó en el s.XVIII

«Los orígenes paganos de la Navidad son un mito sin fundamento histórico»: conozca por qué

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Ingleses modernos que quieren ser paganos se declaran druidas y hacen rituales en el Solsticio de Invierno en Stonehenge
ReL, 18 diciembre 2014

William J. Tighe, profesor de Historia de la Universidad de Muhlenberg, publicó en diciembre de 2003 un análisis sobre el origen de la fecha de la Navidad cristiana en el 25 de diciembre, negando que se tratase de una fecha que buscase suplantar una fiesta pagana previa, como acusan a veces algunos neopaganos, ciertos grupos protestantes y revisionistas históricos.

“Los orígenes paganos de la Navidad son un mito sin fundamento histórico”, asegura, y como especialista en los siglos XVI a XVIII puede localizar a los personajes que s einventaron esta idea del “origen pagano”: el protestante alemán Paul Ernst Jablonski y el monje francés Jean Hardouin.

Publicamos aquí su análisis completo traducido de la revista ecuménica “Touchstone”.

Calculando la Navidad: la auténtica historia del 25 de diciembre
por William J. Tighe

Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.

Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.

Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del “Nacimiento del Sol Invicto”, instituido por el emperador romano Aureliano el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, “los orígenes paganos de la Navidad” son un mito sin fundamento histórico.

La idea de que la fecha fue sacada de los paganos se remonta a dos estudiosos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, pretendía demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de las muchas “paganizaciones” del cristianismo que la Iglesia del siglo IV había adoptado, como una de las muchas “degeneraciones” que habían transformado el cristianismo apostólico puro en catolicismo.

Dom Jean Hardouin, un monje benedictino, intentó demostrar que la Iglesia católica había adoptado festivales paganos para fines cristianos sin paganizar el Evangelio. En el calendario juliano, creado en el año 45 a.C. bajo Julio César, el solsticio de invierno caía en 25 de diciembre y, por tanto, a Jablonski y a Hardouin les pareció evidente que esa fecha debía haber contenido obligatoriamente un significado pagano antes de haber sido cristiano.

Pero en realidad, la fecha no había tenido ningún sentido religioso en el calendario festivo pagano en tiempos anteriores a Aureliano, y el culto al sol tampoco desempeñaba un papel importante en Roma antes de su llegada.

Había dos templos del sol en Roma. Uno de ellos (mantenido por el clan en el que nació o fue adoptado Aureliano) celebraba su festival de consagración el 9 de agosto, y el otro el 28 de agosto. Sin embargo, ambos cultos cayeron en desuso en el siglo II, en que los cultos solares orientales, como el mitraísmo, empezaron a ganar adeptos en Roma. Y en cualquier caso, ninguno de estos cultos, antiguos o nuevos, tenían festivales relacionados con solsticios o equinoccios.

Lo que ocurrió realmente fue que Aureliano, que gobernó desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era hostil hacia el cristianismo, y está documentado que promocionó el establecimiento del festival del “Nacimiento del Sol Invicto” como método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del “renacimiento” anual del sol. Lideró un imperio que avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este.

Al crear esa nueva festividad, su intención era que el día 25, en el que comenzaba a alargarse la luz del día y a acortarse la oscuridad, fuera un símbolo del esperado “renacimiento” o eterno rejuvenecimiento del Imperio Romano, que debía ser el resultado de la perseverancia en la adoración de los dioses cuya tutela (según creían los romanos) había llevado a Roma a la gloria y a gobernar el mundo entero. Y si podía solaparse con la celebración cristiana, mejor aún.

Cálculos navideños ¡antes de tener fecha litúrgica!
Es cierto que la primera prueba de una celebración cristiana en 25 de diciembre como fecha de la Natividad del Señor se encuentra en Roma, algunos años después de Aureliano, en el año 336 d.C., pero sí hay pruebas del Este griego y del oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.
[Tighe no lo detalla, pero un ejemplo claro es el de Sexto Julio Africano, escritor cristiano que en el año 221, en sus Chronographiai, ya establece que Jesús se encarnó en 25 de marzo (por lo que nació 9 meses después, en 25 de diciembre). Esto lo escribe medio siglo antes de que en el 274 Aureliano cree una fiesta para el 25 de diciembre en Roma. Nota de ReL].

¿Y cómo ocurrió todo esto? Parece haber una contradicción en la fecha de la muerte del Señor entre los Evangelios Sinópticos y el Evangelio de Juan. Los sinópticos la situarían en la Pascua de los judíos (después de la Última Cena la noche anterior), mientras que Juan la describiría en la Víspera de la Pascua, en el momento en que los corderos eran sacrificados en el Templo de Jerusalén para el ágape que tendría lugar después de la salida del sol ese mismo día.

La solución a esta cuestión implica contestar a la pregunta de si la Santa Cena fue un ágape pascual o una cena que tuvo lugar un día antes, lo cual no estudiaremos aquí. Basta con decir que la primitiva Iglesia siguió a Juan y no a los sinópticos y, por tanto, creyó que la muerte de Cristo había tenido lugar el 14 Nisán, de acuerdo con el calendario lunar judío.

Por cierto, los estudiosos modernos se muestran de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., ya que éstos son los únicos años de esa época en los que la Vigilia de Pascua podían haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33.

Sin embargo, dado que la Iglesia primitiva fue forzosamente separada del judaísmo, entró en un mundo de calendarios distintos y tuvo que instaurar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor, en parte también para independizarse de los cálculos rabínicos de la fecha de Pascua.

Por otra parte, como el calendario judío era un calendario lunar que constaba de 12 meses de 30 días cada uno, cada pocos años debía añadirse un mes decimotercero por un decreto del Sanedrín, para mantener el calendario sincronizado con los equinoccios y los solsticios, así como para evitar que las estaciones se fueran “desviando” hacia meses inapropiados.

Aparte de la dificultad que debieron tener los cristianos en investigar, o quizás en ser bien informados sobre las fechas pascuales en un determinado año, el hecho de seguir un calendario lunar diseñado por ellos habría dispuesto en su contra tanto a judíos como a paganos, y seguramente también les habría sumido en inacabables disputas entre sí mismos.

El siglo II vio fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Artemision/Nisán, pero haber seguido un calendario lunar no habría hecho más que agravar estos problemas.

Estas divergencias eran interpretadas de distintas maneras entre los cristianos griegos de la parte oriental del imperio y los cristianos latinos en la parte occidental del mismo. Parece ser que los cristianos griegos quisieron encontrar una fecha equivalente a su 14 Nisán en su propio calendario solar y, dado que el Nisán era el mes en el que tenía lugar el equinoccio de primavera, eligieron el día 14 de Artemision, el mes en el que el equinoccio de primavera caía invariablemente en su propio calendario. Alrededor del 300 d.C., el calendario griego fue solapado por el romano y, como las fechas de principio y final de los meses en estos dos sistemas no coincidían, el 14 Artemision se convirtió en el 6 de abril.

No obstante, parece que los cristianos latinos del siglo II en Roma y África del norte querían establecer la fecha histórica en la que murió Jesús. En la época de Tertuliano [c.155 -220 d.C.] habían concluido que murió en viernes, 25 de marzo del 29. Como nota aparte, debo hacer constar que ello es imposible: el 25 de marzo del 29 no cayó en viernes, y la Víspera de Pascua judía en el 29 d.C. no caía en viernes ni en 25 de marzo, ni siquiera en el mes de marzo.

Cuando los antiguos creían en la “edad integral”
Así pues, en el este, tenemos el 6 de abril y, en el oeste, el 25 de marzo. Llegados a este punto, debemos introducir una creencia que parece ser que se propagó en el judaísmo en el tiempo de Cristo, pero la cual, como no aparece en la Biblia, no han tenido presente los cristianos. Se trata de la “edad integral” de los grandes profetas judíos: la idea de que los profetas de Israel murieron en la misma fecha que la de su nacimiento o concepción.

Este conocimiento es un factor clave a la hora de entender por qué algunos de los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que el 25 de diciembre fue la fecha del nacimiento de Jesucristo. Los primeros cristianos aplicaron esta idea a Jesús, con lo que el 25 de marzo y el 6 de abril no sólo eran las supuestas fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción o nacimiento. Existe alguna prueba fugaz de que al menos algunos cristianos en los siglos I y II consideraron el 25 de marzo y el 6 de abril como la fecha del nacimiento de Cristo, pero rápidamente prevaleció la asignación del 25 de marzo como la fecha de la concepción de Cristo.

Y es en este día, conmemorado casi universalmente entre cristianos como la Fiesta de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel llevó la Buena Nueva de un salvador a la Virgen María, con cuyo consentimiento la Palabra de Dios (“Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, nacido del Padre antes de todos los tiempos”) se encarnó en su vientre. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.

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Ingleses modernos en Stonehenge realizando un ritual neopagano de “solsticio de invierno”

La Navidad (el 25 de diciembre) es una fiesta de origen cristiano occidental. Parece que en Constantinopla fue introducida en el año 379 ó 380. De un sermón de San Juan Crisóstomo, que en su época fue un renombrado asceta y predicador en su nativa Antioquía, parece que ahí la fiesta se celebró por primera vez el 25 de diciembre del 386. Desde esos centros, se esparció por todo el Oriente cristiano y se adoptó en Alejandría alrededor del 432, mientras que en Jerusalén se asumió un siglo o un poco más después.

Los armenios, solos entre las Iglesias cristianas antiguas, nunca la adoptaron, y hasta hoy llevan celebrando el nacimiento de Cristo, la adoración de los Reyes y el bautismo el 6 de enero.

Por su parte, las Iglesias occidentales fueron adoptando gradualmente la celebración de la Epifanía del este el 6 de enero, y Roma lo hizo entre el 366 y el 394. Pero en Occidente, esta festividad se presentaba normalmente como la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y, como tal, era una fiesta importante, pero no una de las más determinantes. Ello provocaba un fuerte contraste con la posición de la Iglesia oriental, donde sigue siendo la segunda fiesta más importante de la iglesia después de la Pascua.

En Oriente, la Epifanía es mucho más importante que la Navidad. La razón es que la festividad también celebra el bautismo de Cristo en el Jordán y el momento en que la Voz del Padre y el Descenso del Espíritu Santo manifestaron por primera vez a los mortales la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de las 3 Personas en un solo Dios.

Una fiesta cristiana
Así pues, parece que el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo no está en absoluto en deuda con las influencias paganas en las prácticas de la Iglesia durante o después del tiempo de Constantino.

Es totalmente improbable que fuera la fecha exacta del nacimiento de Cristo, pero surgió estrictamente de los esfuerzos de los primeros cristianos latinos para averiguar la fecha histórica de la muerte de Cristo.

En cambio, la fiesta pagana que instituyó el emperador Aureliano en esa fecha, en el año 274, no sólo fue un esfuerzo para utilizar el solsticio de invierno con el objetivo de hacer una declaración política, sino que, casi con toda certeza, fue también un intento de dar un sentido pagano a una fecha ya importante para los cristianos romanos.

A su vez, los cristianos podrían más tarde volver a adoptar la fiesta del “Nacimiento del Sol Invicto” para referirse, en memoria del nacimiento de Jesús, a la ascensión del “Sol de la Salvación” o el “Sol de la Justicia”.

(William J. Tighe recomienda la lectura de Los Orígenes del Año Litúrgico de Thomas J. Talley sobre la historia de la fecha de Navidad y otras fechas litúrgicas. El artículo original en inglés está aquí).


http://www.religionenlibertad.com/los-origenes-paganos-de-la-navidad-son-un-mito-sin-fundamento-46613.htm

El Nacimiento de Jesucristo


El Nacimiento de Jesucristo

Prefacio

El siguiente, forma parte de una breve serie de artículos devocionales relativos al nacimiento de Cristo. Para algunos, tales materiales difícilmente son devocionales debido al enfoque primordialmente histórico de éstos. Pero debemos tener presente que el Jesús al que adoramos realmente nació en una historia tiempo-espacial. Y ese bebé en el pesebre fue realmente crucificado—tan cierto como que se levantó de entre los muertos. La Biblia es diferente a los libros sagrados de otras religiones porque te invita a una investigación histórica. Y cuando ha pasado la prueba—como segura e inevitablemente lo hará—inculca una mayor devoción en el corazón del creyente por aquel a quien llamamos el Hijo de Dios.

El Año en que Jesús Nació

En el hemisferio occidental, dividimos el tiempo por el nacimiento de Jesucristo. Pero, ¿realmente vivió siquiera? Si así fuera, ¿cuándo nació?

Algún tiempo atrás, entablé una conversación con un hombre que afirmaba que Dios no existía. Él era un ateo. Pero no era un ateo a medias, si me comprende. ¡También aseguraba que Jesucristo nunca existió! Este hombre era muy tenaz.

Ahora bien, mi amigo ateo poseía una fe increíble—fe ciega, debo agregar. De hecho, su fervor religioso pondría a muchos evangelistas en evidencia. Pero la evidencia de que Jesucristo invadió la historia no sólo se limita al testimonio del Nuevo Testamento— ¡por irrefutable que esto sea! Los mismos enemigos del Cristianismo afirman que él vivió— ¡y que efectuó milagros! Documentos judíos primitivos como el Mishnah e, incluso, Josefo—como asimismo historiadores gentiles del primer siglo—como Talo, Serapio y Tácito—todos atestiguan que el llamado Cristo habitó en Palestina y murió bajo Poncio Pilato. Como señala el erudito británico, F. F. Bruce, “La historicidad de Cristo es tan axiomática (evidente)… como la historicidad de Julio César” (¿Son Fidedignos Los Documentos Del Nuevo Testamento?, 119).

Lo que lógicamente procede es que si Jesucristo vivió (¿es necesario decirlo?), debió haber nacido. Los Evangelios nos relatan que su nacimiento sucedió poco antes de la muerte de Herodes el Grande.

Josefo registra un eclipse lunar justo antes del fallecimiento de Herodes. Esto ocurrió el 12 ó 13 de marzo de 4 a.C. Josefo también nos narra que Herodes expiró justo antes de la Pascua. Esta festividad tuvo lugar el 11 de abril del mismo año, 4 a.C. A partir de otros detalles aportados por Josefo, podemos precisar que el fallecimiento de Herodes el Grande aconteció entre el 29 de marzo y el 4 de abril de 4 a.C.

Podría sonar extraño sugerir que Jesucristo nació a más tardar el 4 a.C., puesto que a.C. significa “antes de Cristo”. Pero nuestro calendario moderno, que divide el tiempo en a.C y d.C, no se inventó hasta el 525 d.C. En ese tiempo, el Papa Juan I solicitó a un monje llamado Dionisio que preparara un calendario estandarizado para la Iglesia occidental. ¡Para mala fortuna, el pobre Dionisio falló en la división real entre a.C. y d.C. por al menos cuatro años!

Ahora bien, Mateo nos cuenta que Herodes mató a todos los niños menores de dos años que había en Belén. Lo más pronto que Jesús pudo haber nacido, por lo tanto, es el 6 a.C. Por medio de una variedad de otros indicadores de tiempo, podemos estar relativamente confiados en que el llamado Mesías nació o a fines del 5 ó a principios del 4 a.C.

Mi amigo ateo se burla ante tal flexibilidad. Él dice, “Si no sabes con exactitud cuándo nació Jesús, ¿cómo sabes que él realmente existió?” ¡Ésa difícilmente es una pregunta razonable! El otro día llamé a mi madre para desearle un feliz cumpleaños. “Mamá, ¿cuántas velas serán en esta torta de cumpleaños?”, le pregunté. “No lo sé, hijo—ya no llevo la cuenta”, me susurró. Luego de unos minutos de una conversación amena, colgamos el teléfono.

Ahora, no puedo asegurarlo, por supuesto, pero sí creo que era mi madre quien estaba al teléfono. Ella no logra recordar cuántos años tiene (y no es senil ni muy anciana), pero eso no la hace un producto de mi imaginación, ¿o sí? Porque si ella fuera sólo un fantasma, entonces durante los últimos tres minutos, ¡estarías leyendo absolutamente nada!

El Día en que Jesús Nació

El 25 de diciembre próximo, muchos padres mentirán a sus hijos acerca del viejo Santa. Algunos de nosotros estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Salvador. Pero, ¿realmente nació en este día?

¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre? Prácticamente, cada mes en el calendario ha sido propuesto por los eruditos bíblicos. Entonces, ¿por qué celebramos su nacimiento en diciembre?

La tradición del 25 de diciembre es en realidad bastante antigua. Hipólito, en el siglo segundo d.C., afirmó que éste era el cumpleaños de Cristo. Mientras tanto, en la Iglesia oriental, el 6 de enero fue la fecha seguida.

Pero en el siglo cuarto, Juan Crisóstomo sostuvo que el 25 de diciembre era la fecha correcta y desde ese día hasta ahora, tanto la Iglesia del Este como la del Oeste, han celebrado el 25 de diciembre como la fecha oficial del nacimiento de Cristo.

En los tiempos que corren, la fecha tradicional ha sido cuestionada. Eruditos modernos apuntan que cuando Jesús nació, pastores cuidaban de sus ovejas en las montañas que rodean Belén. Lucas nos narra que un ángel se les presentó a unos “pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche” (2:8).

Algunos eruditos estiman que las ovejas eran usualmente traídas bajo techo desde noviembre hasta marzo; como asimismo, no se encontraban normalmente en el campo por la noche. Pero no hay evidencias irrefutables al respecto. De hecho, fuentes judías primitivas sugieren que las ovejas en los alrededores de Belén se encontraban al exterior durante todo el año. Como puede ver, el 25 de diciembre encaja bien tanto en la narrativa tradicional como en la bíblica. No hay objeción válida en el caso.

Se debe admitir que las ovejas alrededor de Belén eran la excepción y no la regla general. Pero éstas no eran ovejas comunes. Eran ovejas expiatorias. A comienzos de la primavera serían sacrificadas para la Pascua.

Y Dios primero revelaría el nacimiento del Mesías a estos pastores—pastores que cuidaban inofensivos corderos que pronto morirán en lugar de hombres pecadores. Cuando vieron al niño, ¿pudieron haberlo sabido? ¿Habrán susurrado en sus corazones como Juan el Bautista luego clamara, “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”

Ahora, por cierto, no podemos estar absolutamente seguros del día del nacimiento de Cristo. Por lo menos, antes de llegar al cielo. Pero una fecha cercana a principios de invierno pareciera una buena aproximación. Y el 25 de diciembre ha llevado la delantera por dieciocho siglos. Sin más evidencia, no hay razón alguna para cambiar ahora la fecha de la celebración.

Podemos culpar a la iglesia primitiva de gran parte de nuestra incertidumbre. Como verá, ellos no celebraban el nacimiento de Cristo. En lo absoluto. Para ellos, era irrelevante. Ellos estaban más interesados en su muerte… y resurrección.

Pero el Hombre moderno ha cambiado eso. Un niño en un pesebre es inofensivo, no intimida. Pero un hombre muriendo en una cruz—un hombre que afirma ser Dios—¡ese hombre es una amenaza! ¡Él exige nuestra fidelidad! No podemos ignorarle. Debemos aceptarle o rechazarle. No nos deja en medio terreno.

Esta Navidad, mire detenidamente la escena del nacimiento una vez más. No vea todo de color de rosa—huela el aire fétido, vea los fríos y temblorosos animales. Ellos representan el sistema sacrificatorio del Antiguo Testamento. Ellos son emblemas de la muerte. Pero son apenas unas sombras del Niño que estaba entre ellos. Él nació para morir… para que todo aquel que en Él cree, pueda vivir.

La Visita de los Magos

Cuando Jesucristo nació, unos hombres—conocidos como magos—vinieron del oriente a adorarle. ¿Eran estos hombres, sabios… o astrólogos?

Mateo comienza su segundo capítulo con las siguientes palabras: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ‘¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.’”

¿Quiénes eran estos hombres sabios de oriente? Mateo nos narra poco y nada sobre ellos—no menciona sus nombres, ni cuántos eran—ni de qué país provenían. Tan misteriosamente como entran a escena, asimismo desaparecen…

Aunque Mateo no nos dice mucho, cristianos sobre entusiastas a lo largo de la historia de la iglesia, dogmáticamente han llenado los vacíos. Durante el siglo 6 d.C., a estos misteriosos desconocidos se les otorgaron tronos y nombres. Gaspar, Melchor y Baltasar fueron los supuestos nombres de estos supuestos reyes. Pero esto no guarda relación alguna con el relato bíblico: realmente no conocemos sus nombres—ni tampoco el número de ellos. Hasta donde sabemos, ¡pudieron haber sido 3 ó 300! Pero una cosa sí sabemos con certeza: no eran de la realeza. Los magos antiguos eran consejeros religiosos y políticos de los reyes de oriente—pero no había ni una gota de sangre azul en ellos.

Pero, ¿no es cierto que los magos eran astrólogos? Y, ¿Dios en el Antiguo Testamento no había decretado la muerte para los astrólogos? Las respuestas son “no siempre” y “sí”. En Deuteronomio 17, Dios ordena a su pueblo a ejecutar a todos los astrólogos, apedreándolos. ¡Jean Dixon no hubiere tenido posibilidad alguna en una teocracia así! El hecho de que ella—y otros como ella—sean tan fácilmente tolerados—¡incluso muy respetados!—en el Estados Unidos actual, nos demuestra que este es un país post-cristiano—en el mejor de los casos.

Pero, ¿qué de estos magos antiguos? ¿Eran astrólogos? Después de todo, siguieron una estrella hasta Belén.

Podemos responder de tres maneras: Primero, no todos los magos eran astrólogos, pues el profeta Daniel fue el jefe supremo de todos los sabios (magos) en la corte de Nabucodonosor. A través de su influencia, sin duda, muchos de los sabios continuaron sus deberes religiosos y políticos como adoradores del único y verdadero Dios.

Segundo, algunos eruditos bíblicos creen que Isaías predijo que una estrella aparecería cuando naciera el Mesías. Si esta interpretación fuere correcta, entonces los magos que adoraron al rey recién nacido claramente la estaban siguiendo como recibieron de Daniel, pues probablemente él les enseñó de Isaías.

Tercero, aún cuando muy pocos creen que esa “estrella” se tratara de un fenómeno natural—como una conjunción entre Saturno y Jupiter—esto no explica cómo la estrella se posó justo sobre Belén. Claramente, la “estrella” tuvo un origen sobrenatural. De ser así, probablemente no tuvo nada que ver con la astrología.

Por lo tanto, con seguridad los magos no adherían a tales disparates supersticiosos. De ser así, realmente eran hombres sabios…

El otro día vi una calcomanía en un auto que decía: “Los hombres sabios aún lo buscan”. En realidad, eso no es tan cierto. La Biblia nos dice que “no hay quien busque a Dios, ni aun uno”. Pero si Él nos ha llevado a sí mismo, entonces somos sabios. Porque lo cierto es que “los hombres sabios aún le adoran”.

Los Niños de Belén

Una de las atrocidades más nefastas en la historia de la Humanidad fue la matanza de los niños de Belén por Herodes el Grande. Pero, ¿sucedió realmente?

En el segundo capítulo del Evangelio según Mateo, leemos que cuando Herodes el Grande oyó acerca del nacimiento del Mesías, “se turbo, y toda Jerusalén con él”. Más tarde, cuando los magos no regresaron a informar, él se enojó mucho, ¡y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y todos sus alrededores!

Tres preguntas me nacen al considerar este cruel incidente: Primero, ¿cuántos niños efectivamente asesinó Herodes? Segundo, ¿cuántos años tenía Jesús cuando esto aconteció? Y, finalmente, ¿por qué ningún otro historiador antiguo registra esta barbaridad? En otras palabras, ¿sucedió realmente?

¿Cuántos niños asesinó Herodes? ¡Algunos eruditos sugieren al menos 200! Pero muchos rechazan ese número. Belén era una pequeña comunidad—casi un suburbio de Jerusalén. La aldea misma—y los campos aledaños—difícilmente tendrían más de 30 infantes menores de 2 años. Muchos eruditos hoy calculan entre 20 y 30.

Pero sería sólo si hubieren matado a los niños varones. En realidad, el texto griego de Mateo 2:16 podría significar “niños”—no sólo “niños varones”. Y, psicológicamente, los subordinados de Herodes no se habrán molestado en verificar el sexo de sus víctimas. El número podría llegar hasta 50 ó 60.

Segundo, ¿cuántos años tenía Jesús cuando esto aconteció? Según la mejor evidencia cronológica, no debía haber tenido más de tres o cuatro meses de edad. Seguramente, habrá nacido en el invierno del 5 ó 4 a.C.—Herodes falleció a comienzos de la primavera del 4 a.C. Entonces, ¿por qué Herodes mató a todos los niños menores de dos años? La respuesta a la tercera pregunta, podría ayudar a responder ésta…

Tercero, ¿por qué este evento no se registra fuera de la Biblia? Particularmente, ¿por qué Josefo, el historiador judío del primer siglo, no lo menciona?

Josefo nos relata bastante acerca de Herodes. La frase que describe mejor su reinado es “excesiva destrucción”. Él asesinó al padre de su mujer favorita, ahogó al hermano de ella—e, incluso, ¡la mató a ella! Ejecutó a uno de sus amigos de mayor confianza, a su barbero, y a 300 líderes militares–¡todo como si nada! Luego, mató a tres de sus hijos, supuestamente por sospecha de traición. Josefo nos cuenta que “Herodes inflingió tales atrocidades en contra (de los judíos) que ni siquiera una bestia podría cometerlas si poseyera el poder de gobernar sobre los hombres” (Antigüedades de los Judíos 17:310). Matar niños no estaba ajeno al carácter de este cruel rey. Y matarlos hasta los dos años de edad—para asegurarse de llegar al niño Jesús—se alinea con su descabellada envidia por el poder.

Josefo pudo haber omitido la matanza de los niños por una de dos razones: primero, no era amigo del Cristianismo y lo dejó afuera intencionalmente; o, segundo, justo antes de morir, Herodes encerró cerca de 3000 ciudadanos líderes de la nación y ordenó que fueran ejecutados a la hora de su muerte. Y así asegurarse que hubiera luto cuando muriera… Israel estaba tan absorto con esto que una matanza clandestina de unos pocos niños pudo haber pasado desapercibida…

Herodes pensó que había logrado la victoria sobre el rey de los judíos. Sin embargo, esto no fue más que un presagio de la victoria que Satanás pensó que él tenía cuando Jesús yació muerto sobre la cruz romana. ¡Pero la tumba vacía demostró que aquel viernes negro fue la peor derrota de Satanás!

Conclusión

En este breve estudio, hemos analizado varios aspectos sobre el nacimiento de Jesucristo. Ahora, queremos unirlo todo.

En el invierno del 5 ó 4 a.C., Dios invadió la historia al tomar la forma de un hombre. Nació en un pueblito justo al sur de Jerusalén. Belén, que significa “casa de pan”, de hecho se hizo digna de su nombre una solitaria noche de invierno. Porque allí, en ese pueblo, nació el Pan de Vida…

Su madre puso al niño rey en un pesebre—o comedero—porque no había lugar en el mesón en que alojarían. El nacimiento de este rey fue celebrado aquella noche solo por su madre, su marido y un puñado de pastores. Los pastores habían estado en los campos aledaños a Belén, guardando los corderos que habrían de morir la próxima Pascua. Se les presentó un ángel que les anunció el nacimiento: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11). En su fe sencilla, se apresuraron a ver el rey recién nacido.

Al poco tiempo del nacimiento del Mesías, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron al rey Herodes dónde habría de nacer el verdadero rey de los judíos. Los teólogos de la corte de Herodes conocían muy bien las Escrituras—en “Belén”, le relataron. Irónicamente, a pesar de que conocían las Escrituras, ¡no las creían! Ni siquiera se molestaron en viajar las cinco o seis millas hacia Belén para ver a su Mesías.

¡Pero Herodes creía en las Escrituras! Por eso envió un grupo de carniceros a Belén para matar niños inocentes, con la esperanza de destruir a este rival de su trono. Pero fue muy tarde. Los magos habían ido y venido, y Jesús ya se encontraba a salvo en Egipto.

Y los magos creían en las Escrituras. Habían viajado varios cientos de millas a adorar a este Niño. Fueron guiados hacia Belén por un fenómeno celestial sobrenatural—y por las Escrituras. Aparentemente, sus ancestros habían sido instruidos por el profeta Daniel acerca del Mesías venidero… Cuando vieron al niño, se postraron y le adoraron. Este era Dios hecho carne. No había otra cosa que pudieran hacer.

Y le ofrecieron presentes—oro, incienso y mirra. Estos eran regalos inusuales—bajo cualquier punto de vista. Por supuesto, todos podemos comprender el oro—pero el incienso y la mirra fueron curiosos. Tal vez habían leído la profecía de Isaías que “Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento… Traerán oro e incienso y publicarán alabanzas de Jehová…” (Isa. 60:3, 6). Esto explica el incienso, pero no la mirra.

La mirra, como el incienso, era un perfume. Pero, a diferencia del incienso, la mirra olía a muerte. En la antigüedad, se ocupaba para embalsamar un cadáver. Jesús mismo sería embalsamado con este perfume (cf. Juan 19:39).

Si los magos estaban pensando en la muerte de Jesús cuando le trajeron mirra, sin duda lo sabían por la profecía de Daniel (9:24-27). En el capítulo noveno de Daniel leemos que “se quitará la vida del Mesías” y esto para “expiar la iniquidad” y “para traer la justicia perdurable” (9:26, 24).

Incluso en el nacimiento de nuestro Salvador, la sombra de la cruz se deja caer sobre su rostro…

Los teólogos de la corte de Herodes no creían en las Escrituras. Fueron unos necios. Herodes creía, pero desobedeció. Fue un loco. Los sencillos pastores y los majestuosos magos creyeron en este niño Salvador—y les fue contado para justicia. Que nosotros sigamos por ese camino.


Daniel B. Wallace has taught Greek and New Testament courses on a graduate school level since 1979. He has a Ph.D. from Dallas Theological Seminary, and is currently professor of New Testament Studies at his alma mater.

His Greek Grammar Beyond the Basics: An Exegetical Syntax of the New Testament (Zondervan, 1996) has become a standard textbook in colleges and seminaries. He is the senior New Testament editor of the NET Bible. Dr. Wallace is also the Executive Director for the Center for the Study of New Testament Manuscripts.

https://bible.org/node/19065

¿Deben los cristianos celebrar la Navidad?


¿Deben los cristianos celebrar la Navidad?

La polémica de si los Cristianos deben celebrar la Navidad o no se ha estado en discusión por siglos. Hay Cristianos dedicados y sinceros en ambos lados del dilema, cada uno con multiples razones del porque o el porque no se debe celebrar la Navidad en los hogares Cristianos. ¿Pero que es lo que dice la Biblia? ¿Da la Biblia instrucción clara sobre si la Navidad es una festividad que debe ser celebrada por los Cristianos?

Primeramente veamos las razones por las que algunos Cristianos no celebran la Navidad. Una razon contra la celebración de la Navidad es que las tradicions que rodean esta festividad tienen su origen en el paganismo. La busqueda de la información sobre este tema es difícil porque los origenes de muchas de nuestras tradiciones son tan oscuros que sus fuentes de información a menudo se contradicen entre ellas. Campanas, velas, muérdago y otras decoraciones se mencionan en la historia del culto pagano, pero el uso de estas en el hogar ciertamente no indica retornar al paganismo. Mientras que hay definitivamente raices paganas en algunas tradiciones, hay muchas más asociadas con el verdadero significado de la Navidad – el nacimiento del Salvador del mundo en Belén. Campanas que tañen para anunciar las buenas nuevas, velas que se encienden para recordarnos que Cristo es la Luz del Mundo (Juan 1:4-9), una estrella que se coloca en la punta del árbol para conmemorar la estrella de Belen y regalos que se intercambian para recordarnos los obsequios de los reyes magos a Jesus, el mas grande regalo de Dios a la humanidad.

Otro argumento contra la Navidad, especialmente el del arbol de navidad es que la Biblia prohibe traer árboles a nuestros hogares para decorarlos. El pasaje más citado es el de Jeremías 10:1-16, pero este pasaje se refiere a cortar árboles, cincelar la madera para hacer un ídolo y después decorarlo con plata y oro con el proposito de inclinarse ante él y adorarlo (vease tambien Isaías 44:9-18). El pasaje en Jeremías no puede tomarse fuera de contexto y aplicarse como legitimo argumento contra los árboles de Navidad.

Los cristianos que prefieren ignorar la Navidad indican el hecho de que la Biblia no proporciona la fecha del nacimiento de Cristo, lo cual es cierto. El 25 de diciembre puede no estar ni siquiera aproximado a la fecha en que nació Jesús. Existen un sinnúmero de argumentos en ambos lados, algunos refiriendose al clima en Israel, las costumbres de los pastores en invierno y las fechas de los censos efectuadas por los romanos. Todos estos argumentos contienen de cierto grado de conjetura, lo que nos trae nuevamente al hecho de que la Biblia no nos dice cuando nació Cristo.

Algunos ven en ello la prueba de que Dios no desea que celebremos Su nacimiento, mientras que otros ven en esta omision de la Biblia una tácita aprobación.

Algunos cristianos piensan que puesto que el mundo celebra la Navidad – aunque cada vez se convierte más y más en algo políticamente aceptado, el referirse a esta fecha como “días festivos” – los cristianos no deberian hacerlo. Pero este mismo es el argumento usado por falsas religiones que niegan totalmente a Cristo, al igual que ciertos cultos como los Testigos de Jehova, quienes niegan Su deidad. Aquellos Cristianos que sí celebran la Navidad, tienden a ver en ello, la oportunidad para proclamar a Cristo como “la razón de la celebración” entre las naciones y para aquellos cautivos en falsas religiones.

Como hemos visto, no hay realmente una razón bíblica para no celebrar la Navidad. Al mismo tiempo, no hay tampoco un mandato bíblico para celebrarla. A fin de cuentas, celebrar la Navidad o no, es una decisión personal. Sin importar la opción que los Cristianos elijan en relación a la Navidad, sus puntos de vista no deben ser usados como un arma para atacar o denigrar a aquellos con criterios opuestos, tampoco deben ser usados como un galardón para el orgullo sobre si se debe celebrar esta festividad o no. Como en todo, debemos pedir sabiduría a Aquel que la otorga liberalmente a todo aquel que la busca (Santiago 1:5) y aceptarnos unos a otros en gracia y amor cristianos, independientemente de nuestras opiniones sobre la Navidad.

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GotQuestions.org/Espanol

No tratemos a los lobos como si fueran ovejas perdidas*


EQUILIBRIO ENTRE JUSTICIA Y MISERICORDIA

No tratemos a los lobos como si fueran ovejas perdidas*

Plinio Corrêa de Oliveira

Viernes 26 de febrero de 2016

Una visión unilateral de la parábola del Buen Pastor lleva a algunos a abandonar a las ovejas fieles para ir en busca del lobo, ponerlo cariñosamente sobre los hombros, e introducirlo en el redil.

Aparente contradicción entre la bondad y la justicia de Nuestro Señor Jesucristo

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No tratemos a los lobos como si fueran ovejas perdidas.

La doctrina de Nuestro Señor Jesucristo está llena de verdades aparentemente antagónicas que, examinadas con atención, lejos de desmentirse recíprocamente, se completan, formando una armonía verdaderamente maravillosa. Y este es el caso, por ejemplo, de la aparente contradicción entre la justicia y la bondad divina.

Dios es, al mismo tiempo, infinitamente justo e infinitamente misericordioso. Toda vez que para comprender bien una de estas perfecciones ignoramos la otra, caeremos en un grave error.

Nuestro Señor Jesucristo dio, en su vida terrena, admirables pruebas de su dulzura y de su severidad. No pretendamos “corregir” la personalidad de Nuestro Señor de acuerdo a la pequeñez de nuestros modos de pensar, y cerrar los ojos a la suavidad para mejor edificarnos con la justicia del Salvador; o, por el contrario, hacer abstracción de su justicia para mejor comprender su infinita compasión con relación a los pecadores. Nuestro Señor se mostró perfecto y adorable tanto cuando acogía con perdón inefablemente dulce a María Magdalena, cuanto cuando castigaba con lenguaje violento a los fariseos. No arranquemos ninguna de estas páginas del Santo Evangelio. Sepamos comprender y adorar las perfecciones de Nuestro Señor como ellas se revelan en uno y otro episodio. Y comprendamos en fin que la imitación de Nuestro Señor Jesucristo solo la podremos hacer cuando sepamos no solo perdonar, consolar y acoger, sino también que sepamos flagelar, denunciar y fulminar como Nuestro Señor.

Bondad y energía: dos virtudes armónicas

Hay muchos cristianos que consideran los episodios del Evangelio en los que aparece el santo furor del Mesías contra la ignominia y la perfidia de los fariseos como cosas indignas de imitación. Esto aparece en el modo en que ellos consideran el apostolado. Hablan siempre de dulzura, y tratar siempre de imitar esa virtud de Nuestro Señor. Pero, ¿por qué no tratan de imitar las otras virtudes de Nuestro Señor?

Frecuentemente, cuando se propone en materia de apostolado un acto de energía, la respuesta invariable es que es necesario proceder con mucha suavidad “para no apartar aún más a los descarriados”. ¿Se podría sustentar que los actos de energía tienen siempre el efecto invariable de “apartar aún más a los descarriados”? ¿Se podría sustentar que Nuestro Señor, cuando dirigía sus invectivas candentes a los fariseos, lo hacía con la intención de “apartar aún más a aquellos descarriados”? ¿O se debería suponer por ventura que Nuestro Señor no sabía o no se preocupaba con el efecto “catastrófico” que sus palabras causarían a los fariseos? ¿Quién osaría admitir tal blasfemia contra la Sabiduría Encarnada, que fue Nuestro Señor?

Dios nos libre de preconizar el uso de la energía y de los procesos violentos como único remedio para las almas. Dios nos libre también, sin embargo, de proscribir estos remedios heroicos de nuestros procesos de apostolado. Hay circunstancias en que se debe ser suave y circunstancias en que se debe ser santamente violento. Ser suave cuando la circunstancias exigen violencia, o ser violento cuando la circunstancias exigen suavidad, es siempre un grave mal.

Unilateralidad en la interpretación de las Parábolas

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El Buen Pastor, Cristóbal García Salmerón, s. XVII. Óleo sobre lienzo, Museo del Prado, Madrid.

Todo este orden de ideas unilateral que venimos denunciando, procede de una consideración también unilateral de las Parábolas. Muchos hacen de la parábola de la oveja perdida la única del Evangelio. Hay en esto un error gravísimo que no queremos dejar de denunciar.

Nuestro Señor no nos hablaba solamente de ovejas perdidas, que el Pastor va a buscar pacientemente en el fondo de los abismos, ensangrentadas por las espinas, en las que lamentablemente se hirieron. Nuestro Señor nos habla también de lobos rapaces, que merodean constantemente el redil, esperando una ocasión para introducirse en él disfrazados con pieles de ovejas. Pues bien, si es admirable el Pastor que sabe cargar sobre sus hombros con ternura a la oveja perdida, ¿qué decir del Pastor que abandona a sus ovejas fieles para ir a buscar a lo lejos a un lobo disfrazado de oveja, que toma al lobo, lo pone amorosamente sobre sus hombros, le abre él mismo las puertas del redil, y con sus manos pastorales coloca entre las ovejas al lobo voraz?

¡Cuántos cristianos hay, sin embargo, que actuarían exactamente así, si aplicasen efectivamente los principios del apostolado unilateral que profesan!


* Extractos del artículo publicado en el “O Legionário”, San Pablo, el 28 de setiembre de 1941.

Copiado de

El análisis de las tentaciones al Señor Jesús


El análisis de las tentaciones al Señor Jesús

Autor:Paulo Arieu

La primera tentación corresponde al dominio del apetito

  • “Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.”

Se trata de tentarle a que use los poderes sobrenaturales para satisfacer su propio apetito. Jesús no había comido durante cuarenta días y estaba hambriento; pero no emplearía su poder para satisfacer su apetito, y le contestó con las palabras del Antiguo Testamento:

  • “No sólo de pan vivirá el hombre” (Deut. 8:3).

«El teólogo alemán Joachim Gnilka dice que Satanás aparece aquí como un teólogo erudito. Conoce las Escrituras y con las Escritura quiere hacer caer al Hijo de Dios. Después de 40 días de ayuno en el desierto, Jesús tiene hambre. Qué momento oportuno para hablarle de pan. Pero hay algo más: Las dos primeras tentaciones empiezan con las palabras: “Si eres Hijo de Dios”. Más tarde repiten esas palabras los que están al pie de la cruz de Jesús, burlándose de él: “Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”. Es un desafío: Si sos el que decís ser, si querés que te creamos, tenés que demostrarlo.

[…] En la primera tentación se trata de convertir piedras en pan. Para el Hijo de Dios una pavada. Y además algo tan necesario y urgente. ¿Hay algo más trágico, algo que contradiga más a la fe en un Dios bueno que el hambre de la humanidad? ¿No debería ser precisamente el hecho de dar pan a todos y acabar con el hambre de todos, la primera urgencia del buen salvador? Y –pregunto- ¿no se convierte en una terrible prueba para nuestra fe el hecho de que Jesús rechazó la propuesta? Sabiendo lo que es el hambre, ¿cómo puede negarse? ¿Qué hay de malo en la propuesta de Satanás? ¡Pero miren qué humano es Satanás que se preocupa por el hambre en el mundo! Y Jesús se niega a hacer el milagro: “No sólo de pan vive el hombre…”

Pero a Satanás no le interesa el hambre ni amor al prójimo, sino lo que le interesa es que Jesús renuncie a la obediencia hacia el Padre. Que abandone su misión. Porque su misión es peligrosa para Satanás. Es nada menos que destruir las obras de Satanás.

La Biblia nombra a Satanás el mentiroso y engañador desde el principio. El que tergiversa las cosas. Pero ¡qué sutil engaño, qué terrible trampa! Jesús no le responde entrando en una discusión. Yo le habría dicho: El hambre en el mundo es precisamente obra de Satanás, no voluntad de Dios. No falta alimento en el mundo, sino que está mal distribuido. Eso es consecuencia directa del pecado del hombre.»(1)

El portal de la fe católica paxtv, realiza un comentario interesante sobre la tentación de Jesús:

« Jesucristo, hombre y Dios verdadero, experimenta en el desierto la tentación del demonio a no seguir la voluntad del Padre y a ceder a las propuestas de un mesianismo distinto del que el Padre le indicaba. Sin duda esta página del evangelio es una de las más altas, porque demuestra la plena humanidad de Cristo que sufre la tentación. “El ser tentado es parte de su ser hombre, de su descender en la comunión con nosotros, en el abismo de nuestra miseria”. Al mismo tiempo demuestra la derrota del enemigo. “El pasaje de la tentaciones resume en síntesis toda la lucha de Jesús: aquí se pone a prueba la esencia de su misión, pero al mismo tiempo se pone a prueba el justo orden de la vida humana, el camino del ser humano, el camino de la historia. Se trata en última instancia de destacar aquello que tiene importancia en la vida, que es el “primado de Dios”. El corazón de toda tentación es dejar de lado a Dios que, junto a todas las cosas que urgen en nuestra vida, aparece como algo secundario (Card. Joseph Ratzinger L´Osservatore Romano 7 de marzo de 1997 p.6). » (2)

Monasterio griego-ortodoxo del Quarantal, en la montaña del desierto de Judea, frente a Jericó.

El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia comenta que la intención del diablo es que «Jesús, hambriento y siendo el Hijo de Dios, transforme milagrosamente algunas piedras en pan. La negativa subraya que Jesús, como hombre, depende de la dirección del Padre para alimentarse» (3)

«Llegó el momento de la verdad: Allí está Jesús y al frente Satanás con sus piedras en las manos y sus preguntas a flor de labios. La noche del día 40 desfallece, muere atrapada por los brazos del nuevo día. Hay un silencio profundo en el desierto, todo es silencio, apenas el sol deja caer algunos rayos en la madrugada. La brisa se detiene, las nubes que cubren el desierto se detienen. El escenario es desolador, la vida parece escapar, los pocos animales se detienen, todo se detiene por un instante. El sol se detiene curioso, ¡qué importa perder unos segundo! Las ventanillas y las ventanas del palacio de Dios en el Tercer Cielo se abren. Millones de rostros hermosos lanzan sus miradas hacia el desierto.

Los demonios se comen las pezuñas, están nerviosos, no confían en las palabras de su líder, saben que será imposible vencer a Jesús, ellos saben que es el Hijo del Altísimos, saben que su jefe se preparó bien, lo habían visto leer las escrituras, especialmente el salmo 91, lo habían visto repasar su guía de preguntas, lo habían visto ensayar con uno de sus ángeles más brillante, pero aun temblaban, no se atrevían mencionar el nombre de Jesús.
Entonces se rompió el silencio, entonces todo fue expectación, entonces el Padre miró desde lo cielos a su Hijo y le hizo una señal de victoria: ¡You can, my son! ¡Tú puedes Hijo mío!…
“Y vino el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.” (Mat. 4:3)

Vemos que Satanás comienza con su primera oferta. Sabe que el Señor tiene mucha hambre. Satanás es astuto, muy persuasivo, no lleva un pedazo de pan o un pescado, sino que lleva varias piedras. No lleva una piedra, sino varias. Esto lo hace para despertar la curiosidad en Jesús, para que vea que son varias las piedras y que dichas piedras él las puede convertir en varias tortas de trigo. Busca con esto engañar a Jesús a través de la vista.

Hizo lo mismo que hizo con la mujer. Hizo que Eva pusiera su mirada en el fruto. Y Eva cayó en la trampa. Pero Jesús conocía a su adversario y no dejó que aquellas piedras lo sacarán de comunión.

Satanás inició su tentación con el mismo estilo que utilizó con Eva: “¿Con qué Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Gén 3:1)

Satanás sabía lo que Dios le había dicho a la pareja. Pero distorsionó la verdad, pues Dios le había dicho que podían comer de todos los árboles menos del árbol de la ciencia del bien y del mal. Hizo una pregunta retórica, pues ya él sabía la respuesta y sólo deseaba sembrar la duda en Eva y en Adán.

Así comienza el proceso de la tentación de Jesús. Satanás sabe que Jesús era el Hijo de Dios, pero deseaba recordarle a Cristo que como Hijo de Dios, tenía poder para que aquellas piedras se convirtieran en pan. Satanás esperaba una reacción de Jesús inmediata. Esperaba que respondiera como Hijo de Dios y no como hombre. Espera que Jesús actuara con soberbia y dijera: Sí, soy el Hijo de Dios y para que vea que soy el Hijo de Dios voy a convertir esas piedras en pan.

Pero Jesús sabía por dónde iba Satanás, ni miró sus piedras ni entró a especular con él y tampoco a responder a su planteamiento inicial.

  • “El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mat. 4:4)

Jesús es categórico al responder: “Escrito está”. Jesús le cita parte del versículo 3 del capítulo 8 del libro de Deuteronomio.

  • “…para hacer saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. “ (Deut 8:3)

Con esa respuesta Jesús inicia su victoria y Satanás pierde el control, pierde la tranquilidad, hay gozo y alegría en el Tercer Cielo, mientras que los demonios y los ángeles caídos cambian de semblante. » (4)

«En la primera tentación se trata de convertir piedras en pan. Para el Hijo de Dios una pavada. Y además algo tan necesario y urgente. ¿Hay algo más trágico, algo que contradiga más a la fe en un Dios bueno que el hambre de la humanidad? ¿No debería ser precisamente el hecho de dar pan a todos y acabar con el hambre de todos, la primera urgencia del buen salvador? Y –pregunto- ¿no se convierte en una terrible prueba para nuestra fe el hecho de que Jesús rechazó la propuesta? Sabiendo lo que es el hambre, ¿cómo puede negarse? ¿Qué hay de malo en la propuesta de Satanás? ¡Pero miren qué humano es Satanás que se preocupa por el hambre en el mundo! Y Jesús se niega a hacer el milagro: “No sólo de pan vive el hombre…”

Pero a Satanás no le interesa el hambre ni amor al prójimo, sino lo que le interesa es que Jesús renuncie a la obediencia hacia el Padre. Que abandone su misión. Porque su misión es peligrosa para Satanás. Es nada menos que destruir las obras de Satanás.

La Biblia nombra a Satanás el mentiroso y engañador desde el principio. El que tergiversa las cosas. Pero ¡qué sutil engaño, qué terrible trampa! Jesús no le responde entrando en una discusión. Yo le habría dicho: El hambre en el mundo es precisamente obra de Satanás, no voluntad de Dios. No falta alimento en el mundo, sino que está mal distribuido. Eso es consecuencia directa del pecado del hombre.

Pero para entender el tema del pan debemos recordar el relato que escuchamos como lectura bíblica: la multiplicación de los panes (Jn. 6:3-13). Varios miles de personas estaban siguiendo a Jesús en el desierto. En ese momento Jesús hace lo que antes había negado como tentación. ¿Por qué? La gente había acudido para oír la palabra de Dios, y por eso se habían olvidado de todo lo demás. Así, como personas que abrieron su corazón a Dios y unos a otros, pueden recibir el pan de un modo justo. Primero, buscan a Dios, su palabra, la manera correcta de enfocar toda su vida. Segundo, es a Dios a quien se pide el pan. Y tercero, están dispuestos a compartir. Así en ese momento escuchan a Dios y eso se convierte en vida con Dios – y esa fe les lleva al amor, el descubrimiento del otro. Jesús no es indiferente ante el hambre de los hombres, ante sus necesidades materiales, pero les da el orden correcto.

Otro relato de pan lo encontramos en la última cena. Jesús mismo se convierte en grano de trigo que cae en la tierra y da mucho fruto. Él mismo se hace pan para nosotros y esa multiplicación de los panes dura ininterrumpidamente hasta el final de los tiempos. Así ahora comprendemos las palabras de Jesús, que toma del Antiguo Testamento:

  • “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Decía el sacerdote alemán Alfred Delp, ajusticiado por los nazis: “El pan es importante; la libertad es más importante; pero lo más importante de todo es la adoración”. Esa es la jerarquía de valores.

Donde Dios es nada más que una grandeza secundaria o terciaria en nuestro orden de prioridades todo se deforma y pervierte. No es verdad que dejando a Dios en segundo plano aunque fuera por algo tan urgente como dar el pan a la humanidad, eso después se arregla. Quiero dejar en claro que esto no se refiere a un orden cronológico. Qué es lo que hay que hacer primero: dar de comer o proclamar la palabra. Sabemos que no podemos predicarle a alguien que tiene la panza vacía. Pero es la pregunta sobre qué fundamento descansa nuestra vida. Donde Dios no es lo primero y lo principal, a la larga el hombre se convierte en lobo para con el hombre. No existe la justicia, no se sale al encuentro del otro que sufre, la naturaleza es destruida. Debemos reconocer nuevamente el primado de Dios y de su palabra. Solo donde se vive la obediencia hacia Dios se desarrollan los principios morales que puedan dar también pan para todos.

Jesús sabe lo que es el hambre, está presente en los hambrientos de este mundo y en su juicio final tomará parte por ellos. Pero también un mundo satisfecho estaría perdido y sin salvación si permaneciera en su lejanía y negación de Dios. Sin duda, si se hubiese corrido la voz de que hay alguien que convierte en pan las piedras del desierto, la gente vendría en masa. Pero ¿encontraría así el camino de regreso a Dios? ¿Sanaría su ceguera y su rebelión contra Dios? Por eso aquí no se trata de unas pruebas personales que tiene que absolver Jesús, sino está en peligro toda su misión.» (5)

Manuel de Tuya, O. P, comenta que «Cristo ayunó cuarenta días y sintió hambre. “Si eres Hijo de Dios,” le dice el tentador, con cuya respuesta esperaba saber si era el Mesías o no, que transforme estas piedras en pan. Sugerencia bajo capa de piedad: que no sufra un privilegiado hijo de Dios. “Hijo de Dios” está sin artículo; pero se refiere, como en otros casos (Mat. 8:29; 27:40.43; Mar 1:1), al Mesías, máxime después de su vinculación literaria con el bautismo, en que se le proclamó “su” Hijo (cf. Mat. 9:25) 5. Se esperaba entonces que el Mesías, al modo de Moisés, haría descender otra vez del cielo una lluvia de “maná”, del que se comería en aquellos años. Acaso pueda con Mateo haber evocación.

Cristo le contesta con un argumento de la Escritura: “Está escrito.” La palabra de Dios cierra toda discusión. “El hombre no vive sólo de pan, sino de toda palabra que sale de boca de Dios” (Deut 8:3). Cristo alude aquí al sentido espiritual de confianza en la omnipotencia de Dios, en función de otra vida superior, a la que hay que atender con preferencia. Que es lo que Jesús recordará más tarde junto al pozo de Siquem: “Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envió” (Jn 4:34). Por eso dijo a sus discípulos: “Yo tengo una comida que vosotros no sabéis” (Jn 4:32).

Cristo pudo hacer el milagro. Pero éste no debe hacerse inútilmente. El abandono al Espíritu y a la Providencia fue el medio para rechazar la tentación. La Escritura, con todos los procedimientos y sentidos rabínicos, cerraba toda discusión. Como aquí con un procedimiento de “analogía.” (6)

El Dr. Ed. Murphy, en su libro Manual de Guerra Espiritual comenta acerca de La primera tentación que:

«Incita a Jesús a satisfacer sus desesperadas necesidades físicas fuera de la voluntad de Dios. Tanto Mateo como Lucas relacionan esta tentación con el hambre terrible del Señor (Mateo 4.2b–3; Lucas 4.2b–3). Y ambos cuentan que el diablo asaltó a Jesús con esta tentación particular como prueba de su condición de Hijo de Dios Padre:

“Si eres Hijo de Dios […]” (Mat. 4.3 y Luc 4.3).

No debemos ver en ese «si» condicional una duda de parte de Satanás en cuanto a la verdadera naturaleza del Señor. La duda se halla en otro terreno. El diablo sabía bien quién era Jesús. Broadus dice que Satanás invita al Señor:

[ … ] a afirmar ese hecho con un milagro y para sugerirle que ciertamente tiene derecho a satisfacer su hambre. Por su posición en el griego, «Hijo» es enfático. Las criaturas ordinarias de Dios pueden sufrir, no tienen más remedio, pero si tú eres su Hijo, es indigno de ti que sufras, y también innecesario, «di que estas piedras se conviertan en pan». No se desprende de esta interpretación que Satanás comprendiera del todo lo que significaba que Jesús fuese el Hijo de Dios; y esa ignorancia sería la responsable de un intento de otro modo no sólo audaz, sino también absurdo.

Jesús tenía necesidades físicas legítimas, las cuales, si no se satisfacían, podían conducirle finalmente a la muerte. Satanás le está diciendo al Señor que puede y debe proveerse de alimento utilizando sus poderes divinos. Es imposible exagerar lo atolondrado de esta sugerencia. Jesús es el Hijo de Dios convertido en el Hijo del Hombre, y como tal debe actuar como hombre, no como Dios ni como un semidiós. No puede ser hombre una parte del tiempo y Dios en otras ocasiones.

En el momento que Jesús comience a conducirse como Dios, no será más el postrer Adán. Dejará de identificarse con nosotros en nuestras tentaciones y sufrimientos. Aunque es siempre Dios, no actuará nunca según sus atributos divinos mientras viva entre los hombres (Fil. 2.5–11). Por lo tanto, aquí Satanás no sólo revela su maldad, sino también su ignorancia de las verdaderas implicaciones de la encarnación.

De igual manera, aunque a Jesús le estuviese, por así decirlo, permitido utilizar sus atributos creadores para transformar en pan las piedras del desierto, no lo haría. ¿Por qué? Porque era Dios Espíritu Santo el que le había «llevado», «impulsado» al desierto (Marcos 1.12), no el diablo. La palabra traducida por «impulsar» es ekbállo en griego, que, según Wuest, significa “literalmente, lanzar hacia delante, sugiriendo fuerza (ek, “fuera”; bállo, “lanzar”); por lo tanto expulsar o impeler”. Wuest dice que la palabra utilizada por Marcos es “más fuerte que la de Mateo, anágo, “llevado”, y que la de Lucas, ágo, “guiado””. Es la misma que se emplea para designar la expulsión de demonios por el Señor en Marcos 1.34 y 39.

Jesús estaba en el desierto porque Dios el Espíritu Santo lo había mandado allí. No es que fuera reacio a ir «a un lugar tan salvaje», como dice A. B. Bruce. Pero el Espíritu llenó su mente con aquella visión de los profetas de estar a solas con Dios, encontrarse con su adversario de frente y alcanzar a los pecadores y cargados hombres con el mensaje del reino de Dios. Ya que Dios le constreñía a ir allá, fue voluntariamente; puesto que el Espíritu había impresionado su mente con la necesidad de ayunar durante los cuarenta días y las cuarenta noches de tentación, así lo hizo. También estaba seguro de que su Padre le sostendría.

B. Bruce dice: “Esas pocas pinceladas de Marcos sugieren un vívido cuadro de crisis espiritual: preocupación intensa, retirada instintiva a una soledad severa conveniente, tentación, lucha feroz y prolongada que desemboca en debilidad, clamor por ayuda preternatural”

Para la primera tentación de Satanás, Jesús tiene sólo una respuesta:

  • «Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mat. 4.4).

Las citas tan directas de la Escritura son rhema, porciones de la Palabra de Dios traídas a la mente por el Espíritu Santo, que mora en el interior de la persona, y que se convierten en la respuesta de Dios para la línea de tentación de Satanás en ese momento. Más tarde ese tipo de palabra llegaría a ser la renombrada «espada del Espíritu, que es la palabra de Dios», en las enseñanzas de Pablo sobre la guerra espiritual en Ef. 6.17.

El propio Satanás intentará blandir esa misma espada del Espíritu en su segunda tentación (v. 6). Pero, como siempre, el diablo aplicará mal la verdad divina y se verá severamente reprendido por Jesús a causa de ello. El Señor volverá entonces a citar la Palabra de Dios con objeto de silenciar al adversario por su uso erróneo de esa palabra (v. 7).

Aunque Satanás falló con Jesús en esta primera tentación, él sabe que ese enfoque resulta eficaz en el caso de los creyentes. El diablo todavía inicia sus ataques contra nuestras mentes en el terreno natural y físico: “Si eres un hijo de Dios, tus necesidades físicas deben ser satisfechas. Y aquí está la manera lógica de suplir esas necesidades: Hazlo”. Y nosotros lo hacemos. Nos convertimos en egoístas y mundanos que viven para las comodidades físicas. Adoptamos un estilo de vida orientada hacia el éxito que se mide primordialmente por el poder, la posición, el placer y las posesiones. Incluso elaboramos una teología basada en esas cosas para respaldar nuestros intentos de convertir piedras en pan con motivos egoístas. Somos una de las generaciones de cristianos más buscadoras de pan que jamás haya habido sobre esta tierra.

Broadus sugiere que durante aquellos cuarenta días en el desierto Jesús había meditado sobre los cuarenta años que Israel pasó en igual sitio. Deuteronomio registra el repaso que hace Moisés de la experiencia de Israel en el desierto justo antes de que el pueblo cruzara el Jordán para entrar en la Tierra Prometida. Como hombre representativo, Jesús es asimismo el representante de los judíos. Y en sus cuarenta días en el desierto también está siendo probado por Dios mediante Satanás como lo fue Israel en su peregrinación. Mientras que el pueblo escogido falló continuamente, negándose a creer la Palabra de Dios, Jesús elige creer y obedecer. La espada que utiliza contra los ataques del diablo son pepitas de oro escogidas de la Palabra de Dios en Deuteronomio 4.4, 7, 10.» (7)

La segunda prueba fue también engañosa y sutil.

Tomando a Jesús le llevó hasta la ciudad santa y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo:

  • “Si eres Hijo de Dios, échate abajo.”

«Hay una respuesta que Jesús dio a Satanás una vez que es muy instructiva respecto a este punto. La ocasión tenía que ver con la tentación de Jesús por el diablo en el desierto. Cuando Satanás citó las Escrituras para persuadir al Señor a echarse del pináculo del templo, el Señor respondió diciendo,

  • “Escrito está también (Mat. 4:6-7).

Fijémonos en aquella palabra, también. Con ella el Señor obligaba a Satanás, y a todos nosotros, a siempre juntar todo lo que Dios ha hablado sobre cierto tema, y reconciliar estos pasajes. Bien se pueda citar un versículo de la Biblia que parece apoyar una idea, pero si se puede también citar un pasaje que contradice la idea, entonces tenemos que abandonar la idea.» (8)

« Satanás se transforma en un ángel de luz. Aquí Satanás cita un texto del Antiguo Testamento (Sal. 91:11-12). Satanás conoce la palabra de Dios. Aquí vemos la astucia y el engaño de Satanás. Lleva a Jesús a un lugar sagrado, y habla la palabra de Dios. También a nosotros nos envía tentaciones disfrazadas. (ver 2 Cor. 11:14.)

Cuando nosotros estamos frente a una tentación, muchas veces nos preguntamos, “¿Qué tiene de malo?” Satanás es muy sutil. Esta tentación no parece encerrar algo moralmente malo. Pero Jesús define el problema con su respuesta,

  • “Escrito está, No tentarás al Señor tu Dios”.

Este versículo se encuentra en Deut. 6:16

  • “No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Massa”.

¿Cómo tentaron los israelitas en Massa? El relato lo encontramos en Éx. 17:7.

  • “Y llamó el nombre de aquel lugar Massah o Meribah, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, ¿no?”

Los israelitas querían ver una manifestación visible de la presencia de Dios entre ellos. Satanás deseaba que Jesús también buscara esta clase de manifestación para comprobar la presencia de Dios y la realidad de su promesa. No es que Jesús dudara que Dios cumpliría, sino que no le hacía falta una comprobación. Además, Satanás está intentando nuevamente que Jesús haga algo independiente del Padre. Quiere tentar a Jesús a proclamar que él era el Mesías en esta forma espectacular y visible, en lugar de seguir el camino que el Padre había trazado» (9)

En última instancia el mundo no pertenece al demonio; sus promesas no son confiables e inclinarse a ellas es incompatible con el servicio exclusivo a Dios

El portal mscperu.org, comenta del Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5, que dice «No habiendo podido conocer nada cierto el diablo en la respuesta de Jesucristo, acerca de si era Dios o si era hombre, lo tentó otra vez, diciendo entre sí: “Este, que no ha sido vencido por el hambre, aunque no sea Hijo de Dios, debe ser un Santo”. Pueden los hombres santos resistir el hambre, pero cuando han vencido todas las necesidades de la carne, caen por medio de la vanagloria. Por ello empezó a tentarle con la vanidad, por lo que prosigue: “Entonces lo llevó el diablo a la ciudad Santa”» (10)

«Pero Satanás fue con un plan de tres alternativas, había fallado en la fase A, pero todavía le quedaban los pasos de la fase B y el de la fase C. Así que vuelve a la carga.

  • “Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y lo puso sobre el pináculo del templo. Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti. Y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. (Mat. 4:5-6)

Ahora el diablo con astucia recurre al estilo de Jesús. También utiliza la palabra para dar validez a lo que dice. Satanás cita lo que le conviene del Salmo 91.

Y vuelve con la pregunta retórica: “Si eres el Hijo de Dios”. En otras palabras demuéstrame quién eres. No digas que eres el Hijo de Dios, pruébame que lo eres. Además no te digo algo que no está en la palabra de tu Padre.

Monte de las Tentaciones

Aquí volvemos a ver la intención que tiene Satanás de provocar una reacción de parte de Jesús como Dios y no como hombre. Satanás espera que Jesús se llene de vanidad, de soberbia, de imprudencia y actúe como dice.

Jesús no se impresionó porque el diablo utilizara la Biblia, tampoco nosotros debemos impresionarnos cuando un ateo o un no creyente nos cita la Biblia para tratar de que hay contradicciones o de que los extraterrestres existen y muchas otras sandeces.

El hecho de citar la Biblia no garantiza nada. Por eso Jesús no le hizo caso a Satanás, Jesús sabía lo que decía el Salmo 91.

  • “Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor, tu Dios”. (Mat. 4:7)

Jesús le cita a Deuteronomio 6:16

  • “No tentarás a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah”. (Deut. 6:16)

Una vez más Satanás falla en su intento de tentar a Jesús. La batalla se ponía interesante, ya los demonios casi no tenían más uñas que masticar, en el Tercer Cielo todo era gozo, alegría. Satanás empezaba a perder el control de sí, sudaba como un viejo caballo bajo el sol candente del día, su boca estaba reseca, sentía su lengua pesada, estaba desesperado, sólo le quedaba una carta que jugar, la más importante, una oferta que nadie hubiera rechazado.

[…] Aquí podemos descubrir el estilo de Satanás para tentarnos, su estilo de hacer preguntas, de velar la oportunidad para atacarnos, para lanzar sus dardos venosos. Satanás no es un demonio tonto, Satanás es un Querubín dotado de sabiduría, inteligencia y hermosura. Tiene la capacidad como querubín de asumir distintas formas para presentarse, lo mismo asume la forma de un animal como lo hizo en el huerto, o de ángel de luz como lo hizo en el desierto, puede aparecerse como un ángel portador de un mensaje como hizo con Mahoma y con todos los fundadores de sectas falsas que dicen que un ángel les entregó un nuevo mensaje.

El mayor error que puede cometer un creyente es subestimar la capacidad que esta criatura tiene para engañar. Satanás puede inducir a cualquier cristiano, no importa su grado de santidad, a pecar, a apartarse del camino correcto, lo puede corromper, inducirlo a fornicar, a adulterar o a pervertir su ministerio. Satanás no es un ignorante, conoce mejor que muchos creyentes las Sagradas Escrituras y las utiliza para engañar, para corromper el evangelio, para introducir falsas doctrinas.

Jesús mismo no lo subestimó. Jesús sabía que tarde o temprano el diablo trataría de tentarlo y esperó el mejor momento para hacerlo. Jesús se preparó físicamente y espiritualmente. Jesús estudió el Antiguo Testamento, estudió el libro de Deuteronomio, las tres respuestas que Jesús le citó estaban en este libro.

Aquí vemos como nuestro Señor validó el contenido del Antiguo Testamento. Es triste que hoy muchos predicadores, pastores, teólogo quieran quitarle validez a las enseñanzas de estos libros. A veces sólo utilizan textos relacionados con los diezmos, las ofrendas o pasajes relacionados con el tema de la prosperidad material.

Hoy han borrado el versículo 22:5 de este mismo libro. Y han permitido que Satanás haya introducido en las iglesias el espíritu de Jezabel. La excusa es que aquello era para aquel tiempo y que vivimos tiempos modernos. Si Jesús hubiera pensado de esta manera no hubiera utilizado los versículo del libro de Deuteronomio, no hubiera hecho caso a la escritura y hubiera hecho lo que Satanás le decía que hiciera. Hubiera convertido las piedras en un banquete, le había probado a Satanás que el era Hijo de Dios lanzándose del templo y le hubiera aceptado todo cuanto le ofreció finalmente.

Jesús validó el libro de Deuteronomio haciendo uso de él para responder a Satanás. Si esos versículos tenían vigencia, también lo tiene el versículo del capítulo 22. (22:5).

Si analizamos esta tentación podremos aprender el método para librarnos de las tentaciones del diablo. Cristo estaba preparado. Había sido bautizado en el Jordán por Juan el Bautista, fue ungido por su Padre y se dedicó a orar y a ayunar. Esa es la receta para vencer y para obtener los dones espirituales.

Nadie crea que puede enfrentarse al diablo sin estar preparado, sin orar, sin ayunar, sin estudiar la palabra de Dios, sin tener el Espíritu Santo. Los discípulos no pudieron echar fuera el demonio del joven lunático, el padre lo llevó varias veces a ellos y nunca pudieron echar el demonio fuera y no lo pudieron hacer porque no estaban en ayuno ni en oración.

[…] Ahora tenemos a Jesús: ¡Dos a cero! Hay gozo en el tercer Cielo, ya preparan el banquete que le llevarán a Cristo al desierto una vez termine la tentación. Los ángeles se preparan, preparan la comida para su Rey. Pero falta la última carta. Falta la tentación mayor, una tentación en la cual la mayoría cae sin pensarlo mucho.

Satanás sabe que está vencido y está dispuesto a jugarse su última ficha. Los demonios ya no tienen uñas que comer, así que están inquietos y se golpean entre ellos, saben que su futuro sobre esta tierra depende de esa última movida de su jefe. Pero Satanás está angustiado, siente el peso de la derrota. » (11)

En el portal Selah, Karin Schnell de la Iglesia Reformada en Buenos Aires, comenta que «con la segunda tentación, la del espectáculo, del show. Arrojarse al abismo y aterrizar sin hacerse daño. ¡Qué masa! ¡Qué ídolo! Un Jesús divertido, entretenido, un showmaster, entrevistas todos los días, cada día un espectáculo nuevo. Pero también: pasar a ser propiedad del público, obedecer a la demanda de los espectadores, que seguirían siempre siendo eso: espectadores. Estar a merced de los aplausos, quedar bien, hasta que aparece otro, más divertido, más entretenido.

Arrojarse al abismo, sería además la prueba irrefutable de que Dios está de su lado. Pero no, el reconocer a Dios no es cosa de pruebas sino de fe. Es cosa del corazón y de la conciencia y no de los milagros y espectáculos. Jesús tiene otra misión: va a conquistar los corazones con amor, ofrecer el perdón, motivar el arrepentimiento y – ocultar su condición de ser Dios mismo y arriesgar que la fe lo descubra. Tal vez esta es la tentación que mejor entendemos. Querer quedar bien, recibir reconocimiento de otros. Una mentirita aquí, una pequeña deshonestidad allí, querer figurar, ser protagonista, renunciar a nuestra convicción o callarla porque no conviene expresarla. Todo empieza con pequeñeces y luego ya nos parece normal…
Cristo no se arrojó desde lo más alto del templo. No se lanzó al abismo. No puso a prueba a Dios, pero bajó al abismo de la muerte, en la noche del abandono, en la soledad de los indefensos. Se atrevió a dar ese salto como un acto de amor de Dios a los seres humanos. Y por eso sabía que en ese salto final sólo podía caer en las amorosas manos del Padre. Esa confianza es algo totalmente diferente a la peligrosa provocación de Dios, que quisiera poner a Dios a nuestro servicio.» (12)

«La segunda es de tipo espiritual. Aunque las expresiones “el diablo condujo a Cristo,” de Lucas, o “toma a Cristo,” de Mateo, se prestan a una interpretación materialista, quieren decir que sucedería en una representación imaginativa; por tanto, “tomar” (παραλαμβάνω), como el arameo debar, puede indicar sólo que la persona sujeto tiene la iniciativa, sin exigir una acción física (Mat 17:1; 20, 17) El verbo “llevar” (άγω), de Lucas, puede también indicar incitar a algo o “llevar,” pero en representación imaginativa lo mismo que el verbo “poner,” “colocar” (έστησεν), del v.5 (Mat 18:2; Hch. t 1:23; 6:13).

Desde allí, el diablo interviene para que Cristo esté en la “Ciudad Santa,” Jerusalén, y sea “puesto” sobre el “pináculo” (πτερύγων) del Templo, probablemente era la techumbre de uno de los pórticos dentados 10 del recinto general del Templo (ιερόν), donde se lograría mejor la espectacularidad de la propuesta.

Según Josefo, la vista del Cedrón desde el “pórtico real” causaba vértigo: más de 180 metros Desde el “pináculo” despeñaron a Santiago el Menor el año 62 13, y éste debe de ser un punto de la muralla oriental

En una de las concepciones rabínicas se contaba precisamente que el Mesías se revelaría estando de pie, sobre el techo del Templo, para anunciar a Israel que su redención había llegado 15. En aquel ambiente, y a la hora de los sacrificios, hubiese sido un prodigio tal que acusaría ser él el Mesías.

De nuevo Cristo rechaza la tentación con la Escritura: “No tentarás al Señor tu Dios,” que se refiere al Deut 6:16, y se alude con él al pasaje del Éxodo cuando, faltos de agua en el desierto, exigían los israelitas a Moisés un milagro. “¿Por qué tentáis a Yahvé?” les dijo Moisés (Ex 17:2). Nuevamente Cristo, confiando en la providencia de Dios, rechazó la tentación. No era “confiar” en Dios arrojarse temerariamente, exponiendo su vida, y esperar que Dios milagrosamente lo salvase. Los ángeles protegen al “justo” (Sal 91:11ss), pero no al temerario suicida. Y esto suponiendo que no le propusiese tirarse, por lo descabellado, desde 180 metros”pináculo” al Cedrón.» (13)

Esquema del Templo de Herodes

El Dr. Ed Murphy, en su libro “Manual de Guerra Espiritual”, comenta acerca de la segunda tentación que: «Mucho se ha escrito acerca de si Jesús fue llevado físicamente por Satanás desde el desierto otra vez a la ciudad de Jerusalén y colocado «sobre el pináculo del templo. ¿Ocurrió aquello en el espacio y en el tiempo o sólo en la mente del Señor? Existen ambas opiniones: que sucedió literalmente en el terreno físico y que la experiencia no fue sino mental.

B. Bruce compara esta última opinión con lo que experimentó Ezequiel cuando fue llevado por el Espíritu “por las guedejas de mi cabeza” desde Babilonia hasta Jerusalén. Ezequiel nos dice que aquello sucedió en visión (Ezequiel 8.3). Tal vez lo mismo ocurriera aquí.

Sin embargo, lo que cuenta es el significado de la tentación y no los detalles sobre cómo ocurrió. Aun así, buscando las principales enseñanzas de la tentación del diablo nos topamos con problemas. Muchos comentaristas ven aquí una tentación doble: por una parte, Jesús fue incitado a demostrar su confianza en Dios mediante un acto irracional; y por otra, a que lo hiciera en público para ganarse la lealtad de las multitudes. Otros consideran únicamente que Jesús es tentado a poner a prueba la promesa de protección de Dios exponiéndose a un peligro de muerte. Aunque la primera interpretación presenta posibilidades interesantes, creo que la contestación de nuestro Señor en el versículo 7 nos proporciona la respuesta:

  • «No pondrás a prueba al Señor tu Dios».

Jesús vio en ello una tentación. En contraste con la primera tentación, que apelaba a las necesidades físicas de Jesús, la segunda era una incitación al fanatismo religioso. Como lo expresa Calvino, Satanás:

[ … ] le exhorta (a Jesús) a que se entregue a una necia y vana confianza, descuide los medios con que cuenta, se lance innecesariamente a un peligro manifiesto y, podríamos decir, exceda todos los límites[ … ] para inducir a Cristo a que pruebe su divinidad y se levante, con una temeridad estúpida y perversa, contra Dios.

Jesús debe dejar de lado su sentido común y actuar como si fuese un ser completamente espiritual, en vez de alguien espiritual encarnado que vive en un mundo regido por leyes naturales creadas por Dios, las cuales deben ser cuidadosamente respetadas durante el transcurso de la vida de la persona. Tiene que renunciar a todos los instintos dados por Dios para prevenir el peligro y arrojarse a un mundo totalmente religioso. Esperar la intervención divina directa siempre que la desee y según su opinión en cuanto a cómo debería Dios actuar a su favor. Se trataría, pues, de un estilo de vida de milagros a la carta.

Jesús discernió aquel engaño conducente al fanatismo; vio que suponía poner a prueba a Dios para descubrir si estaba realmente con Él. Pero el Señor no cayó en ese extremismo ni en la búsqueda de milagros a la carta para comprobar la presencia de Dios en su vida. Aunque Dios confirma cosas mediante milagros, sólo lo hace según sus propios términos. En ocasiones realiza hechos milagrosos, pero la mayor parte de las veces no. En ambos casos obedecemos y Dios se lleva toda la gloria, no nosotros. Esta es una lección muy necesaria en nuestros tiempos de cristianismo espectacular.»(14)

La tercera tentación ofrecía a Jesús la manera fácil y rápida de ser el rey del mundo.

  • “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adoraras”

Satán pensaba que Jesús quería ser rey y le mostró un camino corto. Hubiese sido tan fácil comprometerse y adorar a Satán a cambio de lo que le ofrecía. Por este medio no hubiera tenido que sufrir privaciones, ser rechazado y luego crucificado. Jesús no aceptó la propuesta satánica y respondió con la Palabra de Dios:

  • “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Deut. 6:13).

Prefirió ganar el reinado y tomar el camino más largo y difícil que acaba »

El diablo le ofreció al Señor los reinos de este mundo, pero con la condición que le adorara. El Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo explica que «Adorar (shajah , «adorar, postrarse, bajarse, inclinarse»). Esta palabra se encuentra en el hebreo moderno con el sentido de «inclinarse o agacharse», pero no en el sentido general de «adorar». El hecho de encontrarse más de 170 veces en el Antiguo Testamento demuestra un poco de su significado cultural. Lo encontramos por primera vez en Gen 18.2 en donde Abraham «se postró en tierra» delante de los tres mensajeros que le anunciaron que Sara tendría un hijo.

El acto de inclinarse en homenaje o reconocimiento de autoridad y sumisión se hace generalmente delante de un superior o un gobernante. Por eso David se «inclinó» ante Saúl (1 S 24.8). A veces alguien se inclina ante uno que es social o económicamente superior, como cuando Rut se «inclinó» delante de Booz (Rt 2.10).

José vio en un sueño que las gavillas de sus hermanos se «inclinaban» ante su gavilla (Gen 37.7–10). Shajahes el término que comúnmente se usa para llegar ante Dios en adoración (como en 1 S 15.25 y Jer 7.2). A veces se usa otro verbo que significa inclinarse físicamente, seguido por «adorar», como en Éz. 34.8: «Y entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró». Otros dioses e ídolos también son objetos de adoración, postrándose delante de ellos (Is 2.20; 44.15, 17).» (15)

Y el Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia define adoración como «culto o reverencia que se rinde a Dios por sus obras (Sal 92.1–5) y por ser quien es (Sal 100.1–4). Se expresa mediante Oración (Gen 12.8; Neh 9),Sacrificio (Gen 8.20), Ofrenda (Gen 4.3, 4; 1 S 1.3; Deut 26.10; I Cro 16.29); Alabanza (II Cro 7.3; Sal 29.1, 2; 86.9; 138.1, 2), Canto (Sal 66.4), ritos (Éx 12.26, 27), meditación (Sal 63.5, 6), temor (Sal 96.9), Ayuno (Neh 9.1–3; Luc 2.37), Fiesta y Acción de gracias (II Cro 30.21, 22), y sobre todo inclinación (Sal 95.6; 1 Cro 29.20) y servicio (Deut 11.13; Jos 22.27). Estos dos últimos conceptos se expresan en hebreo y en griego con palabras que también significan «adoración» (Deut 6.13; 10.12, 13; 2 R 5.18; cf. Mat 4.10; Ro 12.1), de modo que no se distingue entre «servir» y “adorar” ni entre “inclinarse” y “adorar”.

La adoración externa y cultual debe nacer de una actitud interna (Is 29.13), que a su vez se expresa en obediencia y una vida dedicada por entero al servicio de Dios (1 S 15.22, 23; Miq 6.6–8; cf. Stgo 1.27). El adorador debe ser bueno y justo (Sal 15; Am 5.21–26) para que su adoración sea aceptada (Sal 50.7–23; Is 1.11–20; cf. Mat 5.23, 24 y Jn 4.23), además de sincero (Sal 51.16–19).

En la adoración, los patriarcas invocaban el nombre de Jehová (Gen 13.4), celebraban el pacto (Gen 15.7–21) y la sustitución (Gen 22; cf. Lev 17.11), y practicaban los lavamientos y las purificaciones (Gen 35.2; cf. Éx 19.10), todo lo cual precede al culto más formal y complejo que se verá después en el Tabernáculo y el Templo (1 R 6–8; 2 Cro 20–31). A pesar de este desarrollo posterior, no se pierde el aspecto personal de la adoración (2 S 17.18–29; Sal 23; Is 55.6–9).

En el Nuevo Testamento, el culto de la Sinagoga (Luc 4.16–21) se adapta a las necesidades de la Iglesia. Incluye alabanzas, salmos, cánticos (Ef. 5.19, 20), lectura bíblica, enseñanza, exhortación (Col 3.16; 4.16; 1 Ti 4.13), oración, ayuno, santa cena (Hch 2.46; 13.1–3; I Cor 11.18–34), profecía (I Cor 14), doctrina, mensajes en lenguas e interpretación (I Cor 14.26).

En ambos testamentos el pueblo de Dios lo adora públicamente (Hch 20.7), en privado (Gen 24.26, 27; Dan 6.10; Mat 6.5, 6) y en familia (Gen 35.1–3; Hch 16.30–34).

Se prohíbe terminantemente la adoración de seres humanos (Hch 10.25, 26; 14.11–15; cf. Est 3.2, 5), ángeles (Col 2.18; Ap 19.10; 22.8, 9) u otra criatura (Mat 4.10; cf. Deut 6.13; Ap 14.9–11). La adoración de dioses falsos es una ofensa que trae las más terribles consecuencias en todo el Antiguo Testamento (Éx 20.3–6; 32.1–11, 30, 35; Deut 4.15–18; 8.19; etc.; cf. Ro 1.25). En el Nuevo Testamento la adoración se dirige a Jesucristo (Mat 14.33; Jn 5.22, 23; Heb 1.6; Ap 5.8–14), y se destaca que el culto ofrecido a Jehová en el Antiguo Testamento explícitamente pertenece a Jesús (Fil. 2.10, 11 // Is 45.23). La adoración a Dios y al Cordero es la esencia misma de la vida celestial (Ap 4.6–11; 15.3, 4; 19.1–8).» (16)

«Finalmente el demonio, derrotado por la Escritura trató de citarla para su propio provecho. Sugirió que el Sal 91:11-12 justificaba que Jesús saltara desde la alta columnata del templo al valle del Quedrón que corría abajo. El demonio hizo de ello una demostración de la confianza de Jesús como Hijo de su Padre De hecho hubiera sido un acto de incredulidad, la gente no pone a prueba a aquellos en quienes tiene una confianza competa especialmente cuando esa persona es Dios (Deut. 6:16). Haber cedido a esa sugerencia hubiera sido de hecho dudar de que él fuera realmente el Hijo de Dios y que su padre era digno de confianza. Todas las tentaciones fueron dirigidas contra Jesús como Hijo de Dios» (17)

En un sermón del Padre Castellani para tiempos de Cuaresma titulado Ayuno y Tentaciones de Cristo, que el sacerdote predicó en el año 2006, planteó alguitas dificultades: «Por ej.: ¿agarró el Diablo a Cristo que estaba en el desierto y lo llevó volando al pináculo del Templo? “¡Qué julepe tendría el Maldito!” -dice Santa Teresa. Probablemente se apareció en figura de peregrino y le pidió lo acompañara al Templo: el texto griego dice “paralambánein” que no significa “agarrar” ni “transportar” sino “conducir consigo”. ¿Y luego lo llevó volando a un monte alto desde donde se vieran “todos los Reinos del Mundo -a la montaña de Djebel Karantal, a 30 km. de Jerusalén, como dice la leyenda? También aquí dice “paralambánein”. Probablemente produjo una gran visión imaginaria en torno a Cristo, donde se viese además de Jerusalén muchas suntuosas ciudades, ríos, valles y mares -todo el mundo en abreviatura.»(18)

  • “Por haber sufrido él mismo la tentación, puede socorrer a los que son tentados” (Heb.2:18)
  • “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.” (Heb. 4:15)
  • “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.” (I Cor. 10:13)
  • “Todo esto demuestra que el Señor sabe librar de la prueba a los que viven como Dios quiere.” (II Pe. 2:9)
  • “más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades.” (Prov. 16:32)

«En verdad que este diablo se las trae. No respeta que aquel quien está a su lado es el Hijo de Dios. Pedirle a Jesús que lo adore como a un dios es lo más bajo en lo que ha caído este demonio.

Satanás está dispuesto a darle todos sus reinos, sus riquezas, su poder, su gloria con tal que Cristo lo adore.

Las iglesias del mundo deben aprender la lección. La última tentación de Jesús es la misma tentación en la cual Satanás ha sumido a muchas congregaciones.

Les ofrece riquezas, comercio, lujos, comodidades. Satanás está enviando a sus empresarios a las iglesias con su mensaje de prosperidad, hacer dinero para pagar sus programas de radio y televisión, para que la iglesia se involucre en ventas y en negocios. Es un atractivo.

Satanás le ofreció a Cristo riquezas, poder, reinos, fama. Eso es lo mismo que hoy le ofrece a muchas congregaciones. Su astucia es tanta que desgraciadamente está logrando sus objetivos, el problema de estos mensajes es que tarde o temprano Satanás introduce herejías y falsas doctrinas, y peor aun hace cae a ministros de la gracia de Dios.

Detrás de las riquezas caminan cogidos de mano la avaricia, la vanidad, la fornicación, el adulterio, el espíritu de Jezabel.

Satanás sabía que ese ofrecimiento era agradable, sabía que con ese ofrecimiento Jesús podría ser tentado, pero no logró su cometido con Jesús, y hoy anda por el mundo ofreciendo lo que no tiene a miles y miles de creyentes logrando engatusarlos.

Ahí, en la cumbre del monte está el tentador. Enseñándole la majestuosidad del mundo, enseñándole sus tesoros, sus riquezas, sus reinos. Allí estaba el tentador que ya sentía la derrota en carne y hueso, que ya sentía que todo estaba acabado, pero que hacía su último intento desesperado por convencer a Jesús.

[…] Satanás se jugó la última carta. Lanzó su última bola al canasto pero falló. Su plan había fracasado, los demonios que observaban, sabiendo que la causa estaba perdida salieron como “almas que llevan al diablo” y en el Tercer cielo hubo gritos y aplausos y las trompetas sonaron y los ángeles cantaron.

El sol lanzó un latigazo de fuego que fue a parar en las costillas del diablo que se relamía del dolor. El silencio se hizo más profundo, sólo se esperaba el golpe mortal, sólo se esperaba la respuesta del Señor. Satanás no encontraba dónde meter su cara, su semblante estaba decaído, sentía una rabia que lo devoraba por dentro al ver a sus demonios salir corriendo, lo habían dejado solo en medio del desierto.

Entonces Jesús victorioso lo miró y le dijo:

  • “Vete Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.” (Mat. 4:10:11)

La respuesta de Jesús fue contundente, respuesta que dejó al diablo sin aliento, sus ojos le dieron vueltas, sintió desfallecer y salió como un relámpago del lugar.

Jesús volvió a citarle el libro de Deuteronomio.

  • “A Jehová tu Dios temerás, y a él sólo servirás, y por su nombre jurarás” (Deut 6:13)

Jesús se mantuvo consistente, se mantuvo en la palabra, hizo del libro de Deuteronomio su espada de dos fila, su espada para librarse del tentador, Satanás se le olvidaron los textos de la Biblia y no pudo resistir la firmeza de Jesús. (19)

El Dr. Ed Murphy, en su libro “Manual de Guerra Espiritual” comenta que en la tercera tentación «el diablo interviene para que Cristo vea los reinos del mundo y su atracción. Se trata de un hecho análogo al que se lee en Ez 40:2; 41:1-5ss, y que se realizó “en visión”: “Mar condujeron y me pusieron sobre un monte muy alto.” Es una visión imaginativa y fantasmagórica, ya que naturalmente es imposible; aparte que Lc lo insinúa al decir que fue “en un instante” (εν στηίμγ] χρόνου). “Todo el poder y la gloria de estos reinos te daré si me adoras,” le dijo el tentador 16. Los judíos contemporáneos de Cristo esperaban un Mesías político y nacional, que aparecería con pompa dominación y prodigios. Así se presentaron una serie de pseudomesías, como se ve en los evangelios (Mar 10:35ss; Luc 24:21; Jn 6:15), Josefo 17, y los apócrifos 18. No es que el diablo tenga dominio sobre el mundo. Únicamente en el sentido de que influye en sembrar el mal, Cristo le llamó “príncipe de este mundo” (Jn 12:31), y San Pablo le llega a llamar “dios de este mundo” (2 Cor 4:4). Por eso Cristo, citando de nuevo la Escritura (Deut 6:13), desenmascara la falta de sus poderes y le ordena que se aparte: “Teme a Yahvé, tu Dios y sírvele a El.” Sólo a Dios se puede adorar y temer como fuente y dador de todo poder. Mat modifica homogéneamente la cita explicitándola a su propósito.

Y el diablo se retiró, como dice Lucas, “temporalmente.” No directamente, pero sí indirectamente, tentó luego a Cristo a través de los fariseos y saduceos, queriendo intimidarle en el desarrollo de su mesianismo; de las turbas, que querían hacerle rey temporal; de los que intervinieron en la pasión. Todos colaboraron a aquel momento, del que Cristo dijo: “Viene el príncipe de este mundo contra mí” (Jn 12:31). Entonces el Padre, por el abandono de Cristo en su providencia, hizo lo que antes El no quiso realizar: “vinieron los ángeles y le servían,” es decir, le trajeron alimento: διαχονέω (Mat 8:13; 25:44, etc.) tiene aquí este sentido.

En la tercera tentación, Satanás deja a un lado el planteamiento sutil que ha utilizado las otras dos veces y, desesperado, tira por la borda cualquier tipo de precaución. Está perdiendo terreno, y en un frenesí por conseguir el éxito, va al fondo de la cuestión. Quiere que Jesús le rinda homenaje, tributo, honra y servicio, aunque sólo sea por un momento (Mateo 4.9). A cambio le ofrece lo que en justicia debería poseer: “Todos los reinos del mundo y la gloria de ellos”. Satanás promete que Jesús puede regirlos, aunque, naturalmente, codo a codo con él, que es quien en realidad los posee (vv. 8, 9, juntamente con Luc. 4.6).

Primero,

  • «le llevó el diablo a un monte muy alto» (v. 8).

Debemos resistir las preocupaciones periféricas, de las cuales tratan muchos comentaristas, sobre si Satanás trasladó corporalmente a Jesús a través del espacio o acerca de qué monte se habla. Tales preocupaciones complacen sólo a nuestra humanidad. Para ver todos los reinos del mundo a uno se le representa generalmente mirando desde la cumbre de un monte alto. Dichos comentaristas también están divididos en cuanto a cómo considerar la jactancia de Satanás cuando dice que se le han entregado “todos los reinos del mundo y la gloria de ellos” y que, según sus palabras, “a quien quiero la doy” (Luc. 4.6). Jesús no refutó esa pretensión del diablo, pero el no hacerlo no es prueba de que la aceptara. La tentación no se centraba en dicha pretensión, sino en la respuesta del Señor.

Otros afirman que, por naturaleza, el diablo es un mentiroso (Jn. 8.44) ya que nunca puede dar lo que promete. Nos prometerá “el mundo” entero si con ello logra conseguir algún control sobre nuestra vida. Pero aunque eso sea cierto, también lo es que en las mentiras de Satanás hay a menudo algo de verdad, lo cual las hace mucho más sutiles y peligrosas.

En tres ocasiones Jesús mismo describió al diablo como «el príncipe de este mundo» (Jn. 12.31; 14.30; 16.11). Satanás es en la actualidad quien gobierna los reinos de este mundo y no Dios. Aunque Dios sea siempre Dios y, como tal, domine en última instancia sobre todo, permite que el diablo y los hombres perversos gobiernen hasta el día en que su Reino venga; entonces la autoridad de éstos será abolida y la voluntad divina quedará establecida para siempre. Como dice Broadus:

La pretensión de Satanás aquí en cuanto a que él tiene el control de los reinos del mundo y de su gloria no es del todo infundada[ … ] Las Escrituras hablan de él como del príncipe o el dios de este mundo (Jn. 12.31; 14.30; 16.11; 2 Cor. 4.4). Sobre la naturaleza exacta y las limitaciones de este poder no estamos informados; pero es cierto que se le ha encomendado el mismo (Lucas 4.6) y el Apocalipsis de Juan enseña que un día dicho poder le será retirado.

La mayoría de los comentaristas críticos están de acuerdo con Broadus. A. B. Bruce llega a decir que la adición de Lucas de «a mí me ha sido entregada» fue hecha «como salvaguardia contra la idea de que se trata de un Dios rival con posesiones y poder independientes».

En cuanto a quién entregó esos reinos a Satanás existen también dos opiniones: una de ellas es que fue Adán quien lo hizo cuando pecó, al transferir su lealtad de Dios al diablo, el control que el Señor había dado al hombre sobre la tierra pasó a Satanás; la otra, que Dios mismo dio a Satanás el gobierno del mundo como resultado de la Caída. ¿Cuál de ellas es verdad? En cierto sentido, ambas lo son. No obstante se trata de algo insustancial para el tema del relato: ¿Responderá Jesús a la oferta del diablo y tomará un atajo sin dolor para la dominación mundial? ¿O escogerá la senda trazada por el Padre; a saber, el camino del Calvario?

Broadus resume bien el atractivo de la frase: «Si postrado me adorares» (Mat. 4.9). La prosternación es «la postura normal en Oriente, bien para adorar bien para rendir homenaje». Si de lo que se trata es de rendir homenaje a Satanás, eso significa automáticamente adoración.

El tentador propone a Jesús que reconozca el poder mundano que se le ha permitido ejercer y que ajuste su reino mesiánico a las condiciones existentes, admitiendo la soberanía de Satanás. Jesús iba en realidad a reinar sobre este mundo; pero no como sucesor o subordinado del diablo, sino destruyendo por completo su dominio.

¿Y qué hizo Jesús? Venció aquella tentación con dos palabras finales: primero, una de reprensión grave (v. 10a), y luego otra de entrega absoluta (v. 10b). Pronunció la reprensión enérgicamente, y es probable que de forma oral, contra el mismo diablo, diciendo: « ¡Vete, Satanás!»

James Morrison pone en boca de Jeremy Taylor que se trata de «una palabra de indignación, castigo y expulsión […] El Cordero de Dios estaba airado cual provocado león, y le ordena que se vaya cuando sus demandas se hacen imprudentes y blasfemas». Y luego comenta: «La victoria se había conseguido. El segundo Adán no había caído, ni caería después. Porque “escrito está”. Nuestro Señor esgrime su arma predilecta: la espada de su boca, que es también la espada del Espíritu».

Jesús concluye su expulsión de Satanás y pronuncia su palabra de compromiso total con Dios, la adoración a Él, su homenaje y servicio:

  • «Porque escrito está: al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás» (v. 10).

Más tarde, al preguntársele cuál era el mandamiento más importante, Jesús contestaría:

  • «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento» (Mat. 22.37–38).

Aquí Jesús se convierte en el ejemplo supremo de ese amor que todo lo consume.

Mateo refiere a continuación:

  • «El diablo entonces le dejó […]» (v. 11).

Y Lucas añade su propio final inimitable al relato de la tentación de Jesús:

  • «Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de Él por un tiempo» (Luc. 4.13).

B. Bruce dice que esta frase implica que en la experiencia de Jesús se repitieron tentaciones como aquellas. Geldenhuys concuerda con él.

Atacó al Salvador de todas las maneras que pudo imaginar, pero sin éxito. De modo que al ser vencido se fue, pero no para siempre. En las ocasiones propicias renovaría una y otra vez sus ataques contra Jesús (cf. 11.13 y Mar. 8.32–33), incluso por medio de Pedro.

Geldenhuys apunta entonces a Getsemaní y a la cruz como las tentaciones definitivas.

Pero Satanás le atacó especialmente cuando el Señor, en la víspera de su crucifixión, luchaba en Getsemaní […] con todo el poder y la ferocidad del infierno, en un intento desesperado por derrotarlo antes de que triunfase finalmente con su muerte en la cruz sobre todas las potestades de las tinieblas y confirmara su victoria por medio de la resurrección y la ascensión.»(20)

«El poder de Dios en el mundo es discreto, no busca ostentación. Pero es verdadero y duradero. Los reinos del mundo que Satanás podía mostrar al Señor, se han ido derrumbando todos. Pero la gloria de Cristo, la gloria de su amor, humilde y dispuesta a sufrir, no se ha derrumbado. Y al final, después de su pasión y resurrección, en otro monte, Él dice: “Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra.”

Jesús salió victorioso de las tentaciones. De estas y de muchas otras más. No porque haya sido fuerte sino porque se refugió en la voluntad de Dios. Su obediencia al Padre venció a Satanás. Y lo tenemos a nuestro lado en nuestras tentaciones. Así ganará Dios también en nuestras vidas.

No somos Jesús. Una y otra vez vamos a caer en la tentación. Pero allí él nos recuerda que el mayor pecado no consiste en caer, sino en quedar postrado.» (21)

«El tercer y último asalto de esta lucha de tú a tú es quizá el más oscuro.

“Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: “Todo esto te daré si postrándote me adoras”. Dísele entonces Jesús: “Apártate, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto”

Sobre aquel altísimo monte, añade Lucas, la visión de todos los reinos de la historia se produce “en un instante”, “en un abrir y cerrar de ojos”, que diríamos hoy. César, Nerón, Atila, Carlomagno. ¿A quién habrá visto Jesús en esa visión diabólica, en esa visión artificiosa urdida por Satanás, que se materializa en una fracción de tiempo? ¿A Stalin? ¿A Hitler? En este caso la tentación diabólica tiene que ver aún más directamente con la misión del Mesías Jesús y la gloria del poder terrenal.

Leemos también en Lucas:

“Y le dijo el diablo: “Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero”

Si acaso, la inquietud de la que somos presa nosotros, pobres lectores, es la estrecha relación (¿Hasta cuándo habrá que soportar tanto embuste de Satanás?) entre la mentira, el mal, en resumen, entre las tinieblas y los déspotas de la Tierra y de la historia. Desde luego este tercer diálogo, que contiene la infame propuesta del “pacto con el diablo”, tendrá una gran repercusión en la imaginación y la fantasía de los hombres durante siglos. Desde el Fausto, de Goethe, hasta El Maestro y Margarita, de Bulgakov, pasando por las leyendas medievales y los cuentos populares. Pero nunca como en la última e incluso expeditiva respuesta de Jesús (“Apártate, Satanás”), a la que luego el diablo obedece, se percibe la fuerza y la tranquilidad del Misterio que da la existencia a todo, a todas las cosas, “la vida y la muerte, el presente y el futuro”, como diría san Pablo.» (22)

«En lo tocante a la vida de Jesús, a su historia terrena, es siempre el evangelista Lucas, el médico griego de Antioquia, alumno fidelísimo de san Pablo, el único de los cuatro en señalar que el diablo, después de la tercera tentación, habiendo dejado a Jesús reconfortado por los ángeles, «se alejó de Él hasta un tiempo oportuno». ¿Cuál es este tiempo oportuno? ¿A qué terrible cita se refiere? El diablo se va a manifestar en los Evangelios por todas partes: en los endemoniados, en la astucia de los escribas, incluso en el pobre Pedro. Pero en lo que está pensando Lucas es sobre todo en la Pasión de Jesucristo, cuando el mismo Maestro será quien grite: «Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas». Es entonces cuando Jesús pide a sus discípulos que oren precisamente para no ceder a la tentación. Muchos caerán vencidos por el sueño en el huerto de Getsemaní. En ese momento de turbación, María (y el discípulo predilecto, el jovencísimo Juan) representará la única posición humana capaz de vencer a la mentira: no dejar de seguirlo. Como escribe san Agustín: “Él es el camino. Así pues, caminemos, no tengamos miedo, no nos perdamos”.» (23)

Negación del evento histórico de la tentación como un hecho real

En un sermón del Padre Castellani para tiempos de Cuaresma titulado Ayuno y Tentaciones de Cristo, El sacerdote predicó en el año 2006 que «”Hoy hay sacerdotes que niegan las Tentaciones”. Luego él sigue en su sermón comentando: “Tengo el resumen de un artículo publicado con toda clase de aprobaciones en la”Revista Eclesiástica” de Lima, que me mandó mi amigo el Padre jesuita Florentino Alcañiz: niega la realidad de las Tentaciones de Cristo y afirma que son una “dramatización” para expresar la eterna lucha del bien y del mal. Niega también que haya endemoniados y afirma que todos los “endemoniados” del Evangelio fueron enfermos y nada más. ¿Y cómo Cristo los dio por endemoniados, e incluso habló con los demonios? Ah, ésa es otra “dramatización”, para significar la existencia del mal en el mundo. Después, como si esto fuese poco, se mete con la Santísima Madre de Jesucristo (cosa que Jesucristo no suele tolerar) y dice que la aparición del Ángel Gabriel es un cuento ridículo… y que eso es otra dramatización del “monólogo interior” de María Santísima… o sea, que la Virgen se preguntó ella misma y se respondió ella misma: -¿Quieres ser Madre de Dios? -Sí quiero, cómo no. Entonces, según Su Sapientísima Reverencia, los milagros de Cristo podrían ser todos “dramatizaciones” -Perfectamente, cómo no -Entonces, Reverendo, ¿en qué se funda su fe? -Se funda en la razón -Hace mucho tiempo que no tienes ni pizca de fe -ni pizca de razón- diría tu Padre San Ignacio de Loyola.

Me hace acordar lo que le sucedió a un paisano mío de Reconquista, que se le paró al lado un turista en auto y dijo: -Oiga amigo ¿éste es el camino que va a Reconquista? –Sí señor. El otro puso en marcha el auto y el paisano le gritó: -¡Epa, párese! -¿Qué hay? -Este es el camino de Reconquista… pero si quiere llegar a Reconquista, pegue media vuelta y agarre pal otro lao, dirección contraria. Así este Profesor de Escritura, anda por la Sagrada Escritura, pero en dirección contraria: cree que anda entrando y anda saliendo.”

Luego continúa su sermón diciendo que

“Las Tentaciones de Cristo son reales y verdaderas. No diré que sean fáciles: son la mar de raras. Algunos intérpretes (Durand, y también en cierto modo San Jerónimo y San Juan Crisóstomo) dicen que es natural, Cristo siendo Dios no podía ser tentado como nosotros los hombres. Pero Cristo no fue tentado como Dios, es imposible… y su natura de hombre es esencialmente la misma que la mía.

Mejor dijo el gran místico alemán del siglo XIII Maestro Eckhart: que las tentaciones de Cristo fueron las mismas que las nuestras. ¿Cómo se entiende eso?

La materia de nuestras tentaciones es diferente… en realidad es diferente en cada hombre… pero el fondo (o sea lo que llaman los tomistas “la forma”, que no significa figura sino la estructura esencial de cada cosa, el “alma” como si dijéramos) ésa es la misma. El esquema general es el mismo.»(24)

En otro portal católico también se niega la veracidad del relato:

«La historicidad de un episodio concreto en la vida de Jesús, en el cual habría sido tentado por Satanás durante una estancia en el desierto, es muy poco probable.

Los relatos evangélicos de las tentaciones son un eco de las numerosas veces en que la fe de Jesús fue puesta a prueba.

Su función en las narraciones evangélicas corresponde a la necesidad cultural de entender el comienzo de la misión de Jesús como un rito de paso.

Presuponen una forma de conceptualizar la experiencia humana del mal muy distinta a la nuestra.

[…] Parece evidente que los relatos de las tentaciones no reproducen un acontecimiento histórico. Sin embargo, podrían reflejar una experiencia histórica relativamente frecuente en la vida de Jesús. En diversos momentos de su vida Jesús fue puesto a prueba por sus adversarios (Mar 8:11; 10:2; 12:15 par.) y hasta sus mismos discípulos se convirtieron para él en una encarnación de Satanás (Mar 8:33 par.). Podemos afirmar que la tentación fue una constante en la vida de Jesús, y que la tradición posterior relacionó esta experiencia con su filiación, pues lo que estas tentaciones ponían a prueba, en última instancia, era su condición de hijo.

[…]El contexto cultural en el que se escribieron los relatos de las tentaciones se manifiesta a dos niveles distintos. Por una parte, lo vemos reflejado en la función que dicho relato tiene dentro de la biografía de Jesús narrada por los evangelistas. Por otra, se concreta en las representaciones utilizadas para hacer concebible los efectos del mal en el mundo y en las personas.

La posición que el relato de las tentaciones tiene en los evangelios, después de la teofanía del bautismo, en la que Jesús es declarado hijo de Dios, y justo antes de que el narrador señale el comienzo de su misión, es un indicio de que tiene, dentro de la biografía de Jesús, misma la función antropológica que los ritos de paso.

Los ritos de paso existen en todas las culturas y con ellos se pretende facilitar, propiciar, ratificar y señalar los cambios más relevantes en el itinerario vital de los individuos. En casi todos los pueblos existen ritos de paso asociados con la incorporación de un recién nacido a la familia o a la comunidad (imposición del nombre, bautismo etc.), con el paso de la adolescencia a la edad adulta, con la formación de una nueva unidad familiar, con la muerte. Pero también se dan ritos de pasos especiales, casi siempre menos estructurados que los anteriores, para personas con vocaciones o misiones especiales.

Son muy conocidas las vocaciones de los profetas veterotestamentarios o la búsqueda de experiencias espirituales en la soledad o mediante la ascesis, típicas, sobre todo, de la espiritualidad oriental. En estos procesos rituales el individuo se separa temporalmente de la sociedad, se desconecta de los asuntos de la vida cotidiana centrando toda su atención en el cambio que se opera en su persona, cambio que le dispondrá para reincorporarse en la sociedad con un nuevo papel o una nueva misión.

En los ritos o experiencias de paso el individuo tiene casi siempre que enfrentarse con distintos peligros o pruebas, que deberá superar con el fin de mostrarse a sí mismo y a los demás que está preparado para su nueva función. Si el paso tiene carácter religioso o espiritual, suele recibir ayuda de la divinidad en forma de poderes extraordinarios o de enseñanza.

En las tentaciones de Jesús encontramos todos los ingredientes de este tipo de experiencia – el retiro en el desierto, la guía del Espíritu, la puesta a prueba por Satanás y la victoria que le acredita para salir al mundo y dar comienzo a su misión.

Que la prueba de Jesús consista precisamente en un combate con Satanás o el diablo indica que estamos ante testimonios de una cultura en la que el mal es frecuentemente concebido en formas personificadas, y anticipa, también, la importancia que la lucha contra esas formas de mal va ha tener en el ministerio de Jesús. Como veremos en un tema posterior, una de las actividades más características de dicho ministerio serán los exorcismos, es decir, la recuperación de personas poseídas por espíritus impuros y su reintegración en la sociedad o en el grupo.

Esta actividad corresponde a una visión del mundo, compartida por Jesús y la gente que le rodeaba, según la cual el mal ha invadido la creación e intenta dominarla a través de seres intermedios de carácter demoníaco capaces de poseer a las personas, enfermarlas, tentarlas o enloquecerlas. Jesús entiende que Dios está ahora recuperando su poder sobre el mundo y que en sus propios exorcismos se manifiesta de forma concreta la venida de su Reinado (Lc 11, 20: si yo expulso los demonios con el poder de Dios es que el reinado de Dios ha llegado a vosotros).

Encontramos, en el evangelio de Lucas, un testimonio muy primitivo y muy directo de toda esta constelación de ideas relacionadas con la experiencia humana del mal. Cuando sus discípulos vuelven llenos de alegría debido al éxito que han tenido sus exorcismos, Jesús dice: “He visto a Satanás cayendo del cielo como un rayo” (Luc 10, 19).

Si leemos el relato de las tentaciones sobre este trasfondo de ideas, entenderemos por qué parecía necesario a una mentalidad de la época que en su proceso de preparación para la misión – en su experiencia o rito de paso – Jesús se hubiera enfrentado ya con Satanás y hubiera aprendido a salir victorioso de sus ataques. » (25)

Al final de su sermón, el padre Castellani dice algo que es verdad, aunque suena algo gracioso « ”El Diablo da bien de comer y da mal de cenar, dice el español”. Luego el sacerdote católico continúa diciendo “Al final del Padre Nuestro pedimos a Dios nos libre del Mal -o nos libre del Diablo- como traducen los ingleses (“the Evil One”) y los alemanes; y los brasileros. No podemos saber qué palabra aramea dijo Cristo, pues no nos ha quedado el Evangelio arameo de San Mateo -si es que existió. En griego y en latín, la última palabra del Padre Nuestro puede traducirse “de todo mal” o “del Malo”; porque ese ablativo que hay allí: “a malo” y “Apò poneeroû” puede venir de un nominativo masculino o bien neutro. Es lo mismo de todos modos: que nos libre del pecado o del Diablo que es el que induce y se aprovecha del pecado.»(26)

« Debemos aprender algo de esta tentación de Jesús. Nadie se escapa del tentador, todos podemos ser tentados por esta criatura. Satanás es muy astuto, a veces usa la Biblia para sus engaños. Satanás siempre tiene un plan de acción para atacarnos. Nadie por sí solo puede enfrentarse a él.

Hemos visto que Jesús estaba blindado con la palabra. Simplemente Jesús se mantuvo en la palabra, no cuestionó, no respondió a los ofrecimientos del diablo, no expuso sus puntos de vistas, sólo utilizó lo que ya estaba escrito, utilizó las palabras que su Padre le dio a Moisés unos 1500 años atrás.

Jesús validó el contenido del Antiguo Testamento, nada había cambiado, la palabra que fue buena para Moisés era buena para combatir al diablo.

Hoy debemos tener cuidado con lo que predicamos. “No todo lo que brilla es oro”, no todo lo que se predica proviene de Dios. Hoy hay muchos que ignoran el Antiguo Testamento, que ignoran las enseñanzas que Dios le dio al pueblo e Israel y que Jesús las hizo buena para los gentiles. Satanás es astuto, tiene muchos recursos para persuadir, para engañar. Es capaz de hacer que la mentira se vea como la verdad y la verdad se vea como mentira.

Nadie duda que Dios bendice a sus siervos, Dios mismo nos dice que el conoce nuestras necesidades. Jamás nos faltará algo si tenemos fe en su palabra, si vivimos de acuerdo con su palabra, si hacemos su voluntad, si somos obedientes.

Satanás anda suelto como león rugiente, salió herido de esa batalla que perdió ante el Hijo de Dios, está furioso, le queda poco tiempo. En Ezequiel Dios prometió que lo destruiría para siempre y Juan vio su destrucción en el libro de Apocalipsis.

Pero Satanás y sus demonios siguen con nosotros, siguen trayendo desgracias a la humanidad. La única fuerza que lo detiene el la Iglesia de Jesucristo y la presencia del Espíritu Santo. La Biblia afirma: “Resistid al diablo y huirá de vosotros”.

Eso fue lo que hizo en el desierto, salió huyendo, derrotado. Entonces Jesús levantó su rostro y vio a miles de ángeles que le servían, que le adoraban. Satanás fue al desierto con la idea de que Cristo lo adorara, pero Jesús le dijo:”Tú eres el que tiene que adorar y servir a tu Dios. Esas palabras quemaron la mente del diablo, quien tuvo que salir huyendo al ver que su plan había fracasado. Nosotros nada tenemos que probarle al mundo, no tenemos que hacer un esfuerzo mental para probar que Dios existe, pues nuestra comunión con Dios está sostenida por la fe. No hay una fuerza más grande en este planeta que la fe, Sin fe es imposible agradar a Dios. Dios creó a la familia como un símbolo de lo que sería su iglesia. Así que debemos hacer de nuestros hogares en un lugar que agrade a Dios. Debemos dejar un espacio especial para nuestro Creador, cuando lo hacemos podemos sentir su presencia, su paz, su amor.

[…] Jesús venció al diablo en el desierto. Fue una derrota aplastante. Fue una historia que me fascina. […] Vemos en el desierto a un Satanás soberbio, altivo, engreído. Vemos a un Satanás confiado en su habilidad de atrapar a las personas con sus preguntas. Y vemos a un Jesús que se preparó muy bien para el encuentro.

Jesús fue consistente en el uso del libro de Deuteronomio. Jesús no hizo uso de razonamiento lógico, no debatió con Satanás sobre los planteamientos, no reaccionó a sus ofrecimientos. Jesús se limitó a responder: ¡Escrito está! Jesús se dedicó a darle una respuesta que ya estaba en las Escrituras.

A veces nosotros queremos convencer a alguien de que Dios existe, de que Jesús era lo que él decía que era, hasta discutimos tratando de imponer una respuesta. No nos damos cuenta que esa persona que hace esos planteamientos es un instrumento del diablo que lo utiliza para sembrar la duda y debilitar nuestra fe.

Jesús no tenía que probarle a Satanás que él era el Hijo de Dios, Jesús no tenía que poner a prueba lo que decía el Salmo 91. Jesús no tenía que probarle a Satanás nada. Así que Cristo no perdió el tiempo en darle una respuesta.

Nosotros no tenemos que probar nada. Nosotros vivimos por fe y no importa cuántos argumento podamos expresar el necio seguirá siendo necio. A mí si alguien me dice que no cree en Dios, yo no le digo nada, simplemente le digo lo que dijo el salmista David: “Dijo el necio en su corazón, no hay Dios”. Eso no lo digo yo, sino que, ¡escrito está!
Satanás volverá a utilizar ese estilo de tentación, volverá a utilizar su estilo de preguntar, pero ahora él no irá personalmente, sino que utilizará a uno de los ladrones que estaban con Jesús en la cruz.

  • Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. (Luc 23:39)

El diablo no se respetaba a sí mismo y trató de hacer lo que hizo en el desierto. Allá en el desierto Jesús le respondió. Pero aquí Jesús ni caso le hizo. Dios uso al otro ladrón para que le respondiera al diablo.

Jesús había ganado una batalla en el desierto, pero le faltaba ganar la guerra. Muy pronto, al finalizar sus tres años y medio del ministerio, entonces el Hijo de Dios ganaría la gran batalla.

Jesús murió en la cruz, luego resucitó al tercer día y posteriormente ascendió al Tercer Cielo en donde se encuentra esperando el gran día en que toda la humanidad podrá comprender que él era el que decía que era: El Hijo de Dios.

Y le veremos venir con gloria y poder. Y le veremos como lo que siempre ha sido: El Soberano de las naciones. El Rey de reyes y el Señor de señores.» (27)

Análisis de la Tentación de Cristo de acuerdo a la Cristología de Justino Mártir (28)

«El diablo escuchó la voz del Padre en el Jordán: tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy (Sal 2:7); y, de resultas, se acercó a tentar a Jesús’. Es el misterio que ahora abordamos: un análisis de la escena (2:1) precederá a su colocación en el conjunto de la vida del Salvador (2.2).

Análisis del relato de las tentaciones

Justino comenta las tentaciones en dos momentos del Diálogo (D 103, 5-6 y D 125, 3 – 5). Se da una curiosa circunstancia que pone estos lugares en relación, aunque por el sitio donde se enclavan parecen independientes entre si, Resulta que ambos se introducen para explicar la etimología de un nombre, Satanás en un caso, Israel en otro. Significa el primero “serpiente apóstata”; el segundo, “hombre que vence a la fuerza”. Y la etimología no es meramente anecdótica: a ella se subordina la narración de la escena. En efecto, en el primer caso D 103, 5ss), en que las tentaciones ilustran el nombre de Satanás, el relato insiste sobre todo en la acción del diablo, sin contar prácticamente su derrota a manos de Jesús. Por su parte la otra escena (D 125, 3ss), que presenta el nombre de Israel, insiste no tanto en la acción del diablo cuanto en la victoria de Cristo sobre el tentador,

Tenemos así que los dos relatos se completan: lo que uno apenas trata. lo detalla el otro. Se centra el primero en el diablo tentador; el segundo en Cristo que le vence. De ahí que permitan escribir la historia de las tentaciones como exposición contigua de dos nombres: Satanás Israel. Este paralelismo, ¿es sólo casualidad o responde a una intención de Justino?” Dejemos de momento abierto este interesante, y empecemos a analizar la historia. Comenzaremos con la tentación que formula el diablo, vendrá después La respuesta de Jesús; se abordará, por último, la consiguiente derrota sufrida por Satanás.

La escena se condensa en torno a una sola tentación.

Vayamos a las palabras con que el diablo se dirige a Jesús Enseguida notamos que Justino simplifica la escena evangélica de la tres tentaciones de Lucas y Mateo nos conserva solo una: el diablo pide a Jesús adoración: acercándosele y tentándole hasta llegar a decirle: adórame (D 103. 6).

La escena se condensa en torno a una sola tentación. Nótese: no es que se hayan olvidado las demás. Justino supone un proceso de tentación in crescendo del que narra el punto álgido: le tentaba hasta el punto de pedir adoración. Como si el descaro del diablo desembocase en este último imperativo, La tentación concentrada, esencia y objetivo de su argucia.

¿Qué intención hay detrás de estas líneas? Justino mismo relaciona las tentaciones con el engaño de la serpiente en el Paraíso. Este trasfondo explica bien la narración del mártir. Pide el diablo a Jesús lo mismo que requirió de Adán para apartarlo de Dios: La adoración. Ambas escenas la de Jesús en el desierto, la del primer hombre en el Edén se aclaran mutuamente. El diablo se presentó ante Adán corno dios ofreciéndole la inmortalidad, invitándole a desobedecer al Creador y a asemejarse a él. Así provocó la desobediencia, que remediaría Cristo con su obediencia al Padre’’.

En consecuencia: el paralelismo Eva-María que Justino habla planteado poco antes, se completa ahora con este otro: Adán-Cristo, El Salvador viene a deshacer, por el mismo camino, la obra de la serpiente.

La respuesta de Jesús:

Pasemos ahora a la réplica del Salvador. Sigue, con alguna variante

  • “Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto” (Mat. 4:11)

Nótese cómo esta frase se parece a otra respuesta evangélica. La dará Jesús al escriba que pregunta por el mandamiento principal de la Ley. Loa tres sinópticos traen la escena (Mat.22: 37-39; Mar 12:30-31: Luc 10:27), de que también Justino se hace eco en dos ocasiones (l 16.6 y D 93,2). En el Diálogo (D 93,2) sigue a los evangelistas: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu fuerza y al prójimo como a ti mismo. Es curioso, sin embargo, que el texto de la Apología contenga precisamente las palabras de Jesús al tentador

Y sobre que a solo Dios hay que adorar, nos lo persuadió diciendo así: “El más grande mandamiento es este: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás de todo tu corazón y de toda tu fuerza, al Señor Dios que te ha creado” (Mat. 22:38 + Mat. 4:10) Y una vez que se le acercó uno y le dijo: “Maestro bueno”, Él respondió diciendo: Nadie es bueno sino solo Dios, que lo hizo todo” (Mat. 19:16 + Mar 10:17-18, cf. Luc 18:18-19)) (I 16.6-7).

Monte de las Tentaciones

En los dos textos evangélicos de esta última cita introduce Justino de su mano sendas alusiones a la creación

  • “al Señor Dios que te ha creado”
  • “Nadie es bueno sino sólo Dios, que lo hizo todo”

Las añadiduras delatan una preocupación antimarcionita o antignóstica. El rechazo del Creador, de que hacen gala los herejes, es el máximo exponente de La apostasía diabólica que Satanás intenta. La referencia a la creación acerca de nuevo nuestra escena a la del Paraíso, donde la serpiente engañó a Adán, como seduce ahora a los herejes, siempre con la intención de blasfemar contra el Hacedor.

En esta misma línea va otro elemento de la respuesta de Jesús. En efecto, al Salvador le basta la Escntura para vencer al diablo (cf. D 125.4). Se muestra así la continuidad de la historia de salvación El mismo Creador del mundo actué en el Testamento Antiguo. Justino explica que el Tentador quena ser adorado como Dios, en contra de lo enseñado por la Escritura (cf. D 125,4). En conclusión: la respuesta de Jesús al diablo pone de relieve la conexión entre Jesús y Adán, y la continuidad de la historia de la Salvación.

Huida del diablo derrotado

Con su respuesta vence Jesús al diablo. Episodio culminante de una larga historia de enemistad, interesa observar más en detalle el combate, descrito sobre todo en D 125, 3ss:

Así, pues, el nombre de Israel significa “el hombre que vence a la fuerza”. Porque “Israel quiere decir “hombre que vence” y “el”, “fuerza”. Lo cual fue profetizado que haría Cristo, hecho hombre, por el misterio de aquella lucha que Jacob sostuvo con el que se le apareció por cumplir el designio del Padre, pero que era Dios, por ser el Hijo primogénito anterior a todas las criaturas. Y fue así que cuando se hizo hombre, como antes dije, se Le acercó el diablo, es decir, aquella fuerza que se Llama serpiente y Satanás, para tentarle, pugnando por derribarle, pues le exigió que le adorara. Pero fue El quien le destruyó y derribó, arguyéndole de perverso, pues exigía contra las Escrituras ser adorado corno Dios, convertido en apóstata de la voluntad divina. Respóndele Jesús, efectivamente: “Escrito está: Al Señor Dios tuyo adorarás y a Él solo servirás”. Y vencido y confundido se retira por entonces el diablo… (D 125, 3-4).

Todo se pone bajo el signo de una lucha que termina en victoria de Cristo. De él se acaba de decir, en el párrafo anterior (D 125, 2), que es fuerte y poderoso Se refuerza una idea que apuntábamos al hablar de los magos: el posible trasfondo de la parábola del hombre fuerte que es vencido por el más fuerte, quien viene a recobrar su posesión Detengámonos en los verbos que muestran la derrota del diablo.

Tentando a Jesús, Satanás quiere derribarle Pero será él quien caiga al suelo por obra del Salvador. En D 124,4 ya se habló de cómo el diablo hizo caer a Eva. Con esta caída de los primeros hombres cayó también él. Ahora le ocurre lo mismo, pero esta vez se despeña en solitario’’.

Precisemos ahora la acción de Jesús, además de derribar al diablo, lo destruye El término se halla casi siempre en el mismo contexto: el destino del diablo derrotado por Dios. En un pasaje importante, el que trae la comparación Eva-Maria. el sustantivo indica el fin de la serpiente para que por el mismo camino que tuvo principio la desobediencia de la serpiente, por ese también fuera destruida (D 100,6).

En ese mismo contexto se dice que, a través de Cristo, Dios cumple la promesa de) protoevangelio destruyendo al diablo (D 100, 6: cf. D 94, 2, a través de la cruz). Lo mismo se dice de la destrucción final de los demonios en la segunda parusía empleando idéntico verbo’’.

[…] En los demás casos en que se habla de la destrucción del diablo: se trataría de lo mismo, de deshacer o desanudar su obra. Pienso que podría estar aquí la base para la comparación que desarrollará Ireneo: el lazo del pecado ha de ser desatado en el mismo sentido en que se anudó. Justino mismo habla de destruir a la serpiente “por el mismo camino”.

‘Cf. la misma idea en Ireneo. Epid. 16 (FP 2, 93): “El ángel lo sedujo […] Y al persuadirle la desobediencia al mandato divino, provoco su propia ruina al mismo tiempo que hacia al hombre pecador”. (29)

Y todos los datos que estamos analizando apuntan a esta contraposición entre el diablo y Jesús en el contexto de la recapitulación.

Conclusión:

Tras este análisis, una conclusión se impone. Hay un dato constante tanto en el ofrecimiento diabólico como en la respuesta de Jesús y en la consiguiente derrota del enemigo. Todo se orienta a presentar las tentaciones como contrapuestas al engaño del Paraíso. Se engloban así claramente en la perspectiva de la recapitulación. Por el camino por el que el diablo engañó al primer hombre, por ese mismo camino vence Jesús hecho hombre.

Así, el episodio se presenta, por un lado, en el marco amplio de otros misterios, en continuidad con el conjunto de la obra redentora. Ya sabemos que cuando niño arrancó Jesús a los magos del poder satánico.

Notemos que, en D 103, 4-9, la escena de las tentaciones se encuadra en el comentario al S 21, referido todo él a la Pasión. El contexto próximo es un comentario al salmo 21, 12: el león que ruge contra Cristo en la Pasión es el diablo. Así se da a entender una conexión entre ambos momentos. En efecto. Justino volverá sobre ello, en el otro relato sobre las tentaciones, y será entonces más explicito (cf. D 125, 5).

Y más adelante combatirá desde la cruz y expandirá por el mundo su dominio sobre el diablo, hasta su destrucción total y definitiva al término de la historia. Por otro lado, se trata de un momento singular. Justino le otorga un lugar destacado: en él se dice que el diablo fue destruido y su obra deshecha derrotado y convicto, desenmascarada su maldad.

“Justino describe cómo el diablo se aleja de Jesús. Por el vocabulario está enmarcando la escena en el amplio contexto de la redención. Satanás se marcha “derrotado” y “convicto”. El mismo verbo “derrotar” sirve para indicar la calda de Amalec en lucha con Israel. Amalec es símbolo del diablo (cf. D 49, 8) y la victoria de Israel por la fuerza de la cruz y el nombre de Jesús es el paradigma de la victoria del Crucificado sobre los demonios. La otra palabra, “convicto”, está de acuerdo con la acción de Jesús. Jesús desenmascara al diablo, haciendo inútil el engaño que éste buscaba. Acudiendo a la Escritura muestra a Satanás contrario a ella, apóstata por tanto del Dios que la dio. Si Adán, ante quien Dios puso el bien y el mal (D 62,3; Gen 3: 22a), fue engañado para que escogiera el mal ahora Jesús pone a la luz la maldad y apostasía del tentador. La misma palabra se usa para indicar cómo Jesús recrimina en su predicación la doctrina de escribas y fariseos (cf. D 102.5; D 103. 9). No es de extrañar, pues éstos se presentan como hijos del diablo (cf. infra, cap. VI, apdo. 1.2, p. 339)(30)

Fuentes:

  1. http://www.selah.com.ar/new/verrecurso.asp?CodigoDeItem=2405
  2. http://www.paxtv.org/comentario_dia/2008/febrero/coment_10_02_08.html
  3. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998
  4. http://escuadronesdelafe.galeon.com/aficiones1409048.html
  5. http://www.selah.com.ar/new/verrecurso.asp?CodigoDeItem=2405
  6. http://hesed.wordpress.com/2007/02/13/las-tentaciones-de-jesus-en-el-desierto/
  7. Manual de Guerra Espiritual, Cáp. 36, Pág. 309-311, op. cit.
  8. http://www.justchristians.org/SanasPalabras/SPDownload/OtrosEstudios/MejoresEstudiantes/Leccn01.PDF
  9. http://www.obrerofiel.com/downloads/1296-1120076057.PDF
  10. http://www.mscperu.org/biblia/catena_aurea/catena/c37.html
  11. http://escuadronesdelafe.galeon.com/aficiones1409048.html
  12. http://www.selah.com.ar/new/verrecurso.asp?CodigoDeItem=2405
  13. http://hesed.wordpress.com/2007/02/13/las-tentaciones-de-jesus-en-el-desierto/
  14. Manual de Guerra Espiritual, cap. 36 ,Pág. 311-312, op. cir.
  15. Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999.
  16. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
  17. Tomado y adaptado del libro Las Crisis de Cristo, G. Campbell Morgan, Ediciones Hebrón – Desarrollo Cristiano Internacional.http://www.desarrollocristiano.com/site.asp?seccion=arti&articulo=1566
  18. Ibíd.
  19. http://escuadronesdelafe.galeon.com/aficiones1409048.html
  20. Manual de Guerra Espiritual, cap. 36, Pág. 312-314, op. cit
  21. http://www.selah.com.ar/new/verrecurso.asp?CodigoDeItem=2405
  22. http://www.huellas-cl.com/articoli/nov02/eldiablo.htm
  23. Ibíd.
  24. Teología sistemática: Tomo I, bíblica, histórica, evangélica Autor James Leo, Publicado en 2003 Editorial Mundo Hispano
  25. http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=4847
  26. Pág.1024 Nuevo comentario bíblico siglo XXI Autor Siglo Veintiuno, Publicado en 1999, Editorial Mundo Hispano»
  27. http://escuadronesdelafe.galeon.com/aficiones1409048.html
  28. Ibíd.
  29. Ibíd.
  30. http://ar.geocities.com/misa_tridentina/t_cuaresma/sermon.html