¿Deberían tener árboles de Navidad los cristianos?


¿Deberían tener árboles de Navidad los cristianos?

-John MacArthur-

Ahora que se acerca la temporada navideña, muchos se hacen preguntas como esta. Tal como todo lo demás en la vida, es importante llegar a estos temas con discernimiento bíblico.

En este caso, nosotros no vemos nada malo con los árboles de Navidad tradicionales. Sin embargo, varios han enseñado que no está bien tener un árbol de Navidad en su hogar. ¿Pero, son sus razones válidas? Nosotros creemos que no. Veamos a dos de las objeciones más comunes que la gente dice en contra de tener un árbol de Navidad.

Primeramente, algunos refutan que el árbol de Navidad tiene origen pagano. Se cree que Bonifacio, un misionero inglés en Alemania en el siglo octavo, instituyó el primer árbol de Navidad. Supuestamente, sustituyó los sacrificios al sagrado árbol del dios Odín, con un abeto adornado como tributo a Cristo. Pero otros cuentan que Martín Lutero introdujo el árbol de Navidad decorado con velas. Basado en esa información, usted podría decir que el árbol de Navidad tiene un distinguido origen cristiano.

Sin embargo, aunque se estableciera claramente un origen pagano, eso no significaría que no podemos disfrutar tener un árbol de Navidad. Tal vez la siguiente analogía ayude a explicar:

Durante la Segunda Guerra Mundial, los militares americanos usaron algunas islas remotas del Pacífico sur como pistas de aterrizaje y depósitos de abastecimiento. Anteriormente, los indígenas nunca habían visto tecnología moderna tan de cerca. Aviones de carga grandes descargaban una variedad de materiales, y por primera vez, los isleños vieron encendedores de cigarrillos (que para ellos eran algo milagroso), jeeps, refrigeradores, radios, herramientas y una gran variedad de comida.

Cuando se terminó la guerra, los indígenas concluyeron que los hombres que trajeron la carga eran dioses; y entonces empezaron a construir santuarios para los dioses de la carga. Ellos tenían la esperanza que los dioses regresarían con más cosas.

Muchos no conocen esta superstición religiosa. De forma similar, muy pocos conocen de la adoración a los árboles. Cuando un niño saca un gran regalo de abajo del árbol de Navidad y lo abre para encontrar un modelo de avión de carga, nadie lo ve como un ídolo. Tampoco vemos al árbol de Navidad como una clase de dios de regalos. Entendemos la diferencia entre un juguete y un ídolo, casi tan claramente como entendemos la diferencia entre un ídolo y un árbol de Navidad. No vemos una razón válida para hacer una conexión entre árboles de Navidad e ídolos de madera, o la adoración de árboles. Aquellos que insisten en hacer esa clase de asociaciones, deberían tomar nota de las advertencias en la Escritura contra el juzgar el uno al otro sobre cosas dudosas (vea Rom. 14 y 1 Cor. 10:23-33).

Otra refutación común es que dicen que los árboles de Navidad están prohibidos en la Escritura. Jeremías 10 es comúnmente usado para apoyar este punto de vista. Pero un estudio más profundo de este pasaje mostrará que no tiene nada que ver con árboles de Navidad y sí tiene que ver con la adoración de ídolos. El versículo ocho dice, “Todos se infatuarán y entontecerán. Enseñanza de vanidades es el leño.”

La adoración de ídolos claramente era una violación de los diez mandamientos. Éxodo 20:3-6 dice, “No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”

No hay conexión entre la adoración de ídolos y el uso de los árboles de Navidad. No debemos preocuparnos por argumentos sin fundamento contra las decoraciones de Navidad. Debemos estar enfocados en el Cristo de Navidad y en recordar con diligencia la verdadera razón de la temporada.

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«Los orígenes paganos de la Navidad son un mito sin fundamento histórico»: conozca por qué


Acusación repetida en Internet: se inventó en el s.XVIII

«Los orígenes paganos de la Navidad son un mito sin fundamento histórico»: conozca por qué

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Ingleses modernos que quieren ser paganos se declaran druidas y hacen rituales en el Solsticio de Invierno en Stonehenge
ReL, 18 diciembre 2014

William J. Tighe, profesor de Historia de la Universidad de Muhlenberg, publicó en diciembre de 2003 un análisis sobre el origen de la fecha de la Navidad cristiana en el 25 de diciembre, negando que se tratase de una fecha que buscase suplantar una fiesta pagana previa, como acusan a veces algunos neopaganos, ciertos grupos protestantes y revisionistas históricos.

“Los orígenes paganos de la Navidad son un mito sin fundamento histórico”, asegura, y como especialista en los siglos XVI a XVIII puede localizar a los personajes que s einventaron esta idea del “origen pagano”: el protestante alemán Paul Ernst Jablonski y el monje francés Jean Hardouin.

Publicamos aquí su análisis completo traducido de la revista ecuménica “Touchstone”.

Calculando la Navidad: la auténtica historia del 25 de diciembre
por William J. Tighe

Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.

Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.

Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del “Nacimiento del Sol Invicto”, instituido por el emperador romano Aureliano el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, “los orígenes paganos de la Navidad” son un mito sin fundamento histórico.

La idea de que la fecha fue sacada de los paganos se remonta a dos estudiosos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, pretendía demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de las muchas “paganizaciones” del cristianismo que la Iglesia del siglo IV había adoptado, como una de las muchas “degeneraciones” que habían transformado el cristianismo apostólico puro en catolicismo.

Dom Jean Hardouin, un monje benedictino, intentó demostrar que la Iglesia católica había adoptado festivales paganos para fines cristianos sin paganizar el Evangelio. En el calendario juliano, creado en el año 45 a.C. bajo Julio César, el solsticio de invierno caía en 25 de diciembre y, por tanto, a Jablonski y a Hardouin les pareció evidente que esa fecha debía haber contenido obligatoriamente un significado pagano antes de haber sido cristiano.

Pero en realidad, la fecha no había tenido ningún sentido religioso en el calendario festivo pagano en tiempos anteriores a Aureliano, y el culto al sol tampoco desempeñaba un papel importante en Roma antes de su llegada.

Había dos templos del sol en Roma. Uno de ellos (mantenido por el clan en el que nació o fue adoptado Aureliano) celebraba su festival de consagración el 9 de agosto, y el otro el 28 de agosto. Sin embargo, ambos cultos cayeron en desuso en el siglo II, en que los cultos solares orientales, como el mitraísmo, empezaron a ganar adeptos en Roma. Y en cualquier caso, ninguno de estos cultos, antiguos o nuevos, tenían festivales relacionados con solsticios o equinoccios.

Lo que ocurrió realmente fue que Aureliano, que gobernó desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era hostil hacia el cristianismo, y está documentado que promocionó el establecimiento del festival del “Nacimiento del Sol Invicto” como método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del “renacimiento” anual del sol. Lideró un imperio que avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este.

Al crear esa nueva festividad, su intención era que el día 25, en el que comenzaba a alargarse la luz del día y a acortarse la oscuridad, fuera un símbolo del esperado “renacimiento” o eterno rejuvenecimiento del Imperio Romano, que debía ser el resultado de la perseverancia en la adoración de los dioses cuya tutela (según creían los romanos) había llevado a Roma a la gloria y a gobernar el mundo entero. Y si podía solaparse con la celebración cristiana, mejor aún.

Cálculos navideños ¡antes de tener fecha litúrgica!
Es cierto que la primera prueba de una celebración cristiana en 25 de diciembre como fecha de la Natividad del Señor se encuentra en Roma, algunos años después de Aureliano, en el año 336 d.C., pero sí hay pruebas del Este griego y del oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.
[Tighe no lo detalla, pero un ejemplo claro es el de Sexto Julio Africano, escritor cristiano que en el año 221, en sus Chronographiai, ya establece que Jesús se encarnó en 25 de marzo (por lo que nació 9 meses después, en 25 de diciembre). Esto lo escribe medio siglo antes de que en el 274 Aureliano cree una fiesta para el 25 de diciembre en Roma. Nota de ReL].

¿Y cómo ocurrió todo esto? Parece haber una contradicción en la fecha de la muerte del Señor entre los Evangelios Sinópticos y el Evangelio de Juan. Los sinópticos la situarían en la Pascua de los judíos (después de la Última Cena la noche anterior), mientras que Juan la describiría en la Víspera de la Pascua, en el momento en que los corderos eran sacrificados en el Templo de Jerusalén para el ágape que tendría lugar después de la salida del sol ese mismo día.

La solución a esta cuestión implica contestar a la pregunta de si la Santa Cena fue un ágape pascual o una cena que tuvo lugar un día antes, lo cual no estudiaremos aquí. Basta con decir que la primitiva Iglesia siguió a Juan y no a los sinópticos y, por tanto, creyó que la muerte de Cristo había tenido lugar el 14 Nisán, de acuerdo con el calendario lunar judío.

Por cierto, los estudiosos modernos se muestran de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., ya que éstos son los únicos años de esa época en los que la Vigilia de Pascua podían haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33.

Sin embargo, dado que la Iglesia primitiva fue forzosamente separada del judaísmo, entró en un mundo de calendarios distintos y tuvo que instaurar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor, en parte también para independizarse de los cálculos rabínicos de la fecha de Pascua.

Por otra parte, como el calendario judío era un calendario lunar que constaba de 12 meses de 30 días cada uno, cada pocos años debía añadirse un mes decimotercero por un decreto del Sanedrín, para mantener el calendario sincronizado con los equinoccios y los solsticios, así como para evitar que las estaciones se fueran “desviando” hacia meses inapropiados.

Aparte de la dificultad que debieron tener los cristianos en investigar, o quizás en ser bien informados sobre las fechas pascuales en un determinado año, el hecho de seguir un calendario lunar diseñado por ellos habría dispuesto en su contra tanto a judíos como a paganos, y seguramente también les habría sumido en inacabables disputas entre sí mismos.

El siglo II vio fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Artemision/Nisán, pero haber seguido un calendario lunar no habría hecho más que agravar estos problemas.

Estas divergencias eran interpretadas de distintas maneras entre los cristianos griegos de la parte oriental del imperio y los cristianos latinos en la parte occidental del mismo. Parece ser que los cristianos griegos quisieron encontrar una fecha equivalente a su 14 Nisán en su propio calendario solar y, dado que el Nisán era el mes en el que tenía lugar el equinoccio de primavera, eligieron el día 14 de Artemision, el mes en el que el equinoccio de primavera caía invariablemente en su propio calendario. Alrededor del 300 d.C., el calendario griego fue solapado por el romano y, como las fechas de principio y final de los meses en estos dos sistemas no coincidían, el 14 Artemision se convirtió en el 6 de abril.

No obstante, parece que los cristianos latinos del siglo II en Roma y África del norte querían establecer la fecha histórica en la que murió Jesús. En la época de Tertuliano [c.155 -220 d.C.] habían concluido que murió en viernes, 25 de marzo del 29. Como nota aparte, debo hacer constar que ello es imposible: el 25 de marzo del 29 no cayó en viernes, y la Víspera de Pascua judía en el 29 d.C. no caía en viernes ni en 25 de marzo, ni siquiera en el mes de marzo.

Cuando los antiguos creían en la “edad integral”
Así pues, en el este, tenemos el 6 de abril y, en el oeste, el 25 de marzo. Llegados a este punto, debemos introducir una creencia que parece ser que se propagó en el judaísmo en el tiempo de Cristo, pero la cual, como no aparece en la Biblia, no han tenido presente los cristianos. Se trata de la “edad integral” de los grandes profetas judíos: la idea de que los profetas de Israel murieron en la misma fecha que la de su nacimiento o concepción.

Este conocimiento es un factor clave a la hora de entender por qué algunos de los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que el 25 de diciembre fue la fecha del nacimiento de Jesucristo. Los primeros cristianos aplicaron esta idea a Jesús, con lo que el 25 de marzo y el 6 de abril no sólo eran las supuestas fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción o nacimiento. Existe alguna prueba fugaz de que al menos algunos cristianos en los siglos I y II consideraron el 25 de marzo y el 6 de abril como la fecha del nacimiento de Cristo, pero rápidamente prevaleció la asignación del 25 de marzo como la fecha de la concepción de Cristo.

Y es en este día, conmemorado casi universalmente entre cristianos como la Fiesta de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel llevó la Buena Nueva de un salvador a la Virgen María, con cuyo consentimiento la Palabra de Dios (“Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, nacido del Padre antes de todos los tiempos”) se encarnó en su vientre. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.

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Ingleses modernos en Stonehenge realizando un ritual neopagano de “solsticio de invierno”

La Navidad (el 25 de diciembre) es una fiesta de origen cristiano occidental. Parece que en Constantinopla fue introducida en el año 379 ó 380. De un sermón de San Juan Crisóstomo, que en su época fue un renombrado asceta y predicador en su nativa Antioquía, parece que ahí la fiesta se celebró por primera vez el 25 de diciembre del 386. Desde esos centros, se esparció por todo el Oriente cristiano y se adoptó en Alejandría alrededor del 432, mientras que en Jerusalén se asumió un siglo o un poco más después.

Los armenios, solos entre las Iglesias cristianas antiguas, nunca la adoptaron, y hasta hoy llevan celebrando el nacimiento de Cristo, la adoración de los Reyes y el bautismo el 6 de enero.

Por su parte, las Iglesias occidentales fueron adoptando gradualmente la celebración de la Epifanía del este el 6 de enero, y Roma lo hizo entre el 366 y el 394. Pero en Occidente, esta festividad se presentaba normalmente como la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y, como tal, era una fiesta importante, pero no una de las más determinantes. Ello provocaba un fuerte contraste con la posición de la Iglesia oriental, donde sigue siendo la segunda fiesta más importante de la iglesia después de la Pascua.

En Oriente, la Epifanía es mucho más importante que la Navidad. La razón es que la festividad también celebra el bautismo de Cristo en el Jordán y el momento en que la Voz del Padre y el Descenso del Espíritu Santo manifestaron por primera vez a los mortales la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de las 3 Personas en un solo Dios.

Una fiesta cristiana
Así pues, parece que el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo no está en absoluto en deuda con las influencias paganas en las prácticas de la Iglesia durante o después del tiempo de Constantino.

Es totalmente improbable que fuera la fecha exacta del nacimiento de Cristo, pero surgió estrictamente de los esfuerzos de los primeros cristianos latinos para averiguar la fecha histórica de la muerte de Cristo.

En cambio, la fiesta pagana que instituyó el emperador Aureliano en esa fecha, en el año 274, no sólo fue un esfuerzo para utilizar el solsticio de invierno con el objetivo de hacer una declaración política, sino que, casi con toda certeza, fue también un intento de dar un sentido pagano a una fecha ya importante para los cristianos romanos.

A su vez, los cristianos podrían más tarde volver a adoptar la fiesta del “Nacimiento del Sol Invicto” para referirse, en memoria del nacimiento de Jesús, a la ascensión del “Sol de la Salvación” o el “Sol de la Justicia”.

(William J. Tighe recomienda la lectura de Los Orígenes del Año Litúrgico de Thomas J. Talley sobre la historia de la fecha de Navidad y otras fechas litúrgicas. El artículo original en inglés está aquí).


http://www.religionenlibertad.com/los-origenes-paganos-de-la-navidad-son-un-mito-sin-fundamento-46613.htm

El Nacimiento de Jesucristo


El Nacimiento de Jesucristo

Prefacio

El siguiente, forma parte de una breve serie de artículos devocionales relativos al nacimiento de Cristo. Para algunos, tales materiales difícilmente son devocionales debido al enfoque primordialmente histórico de éstos. Pero debemos tener presente que el Jesús al que adoramos realmente nació en una historia tiempo-espacial. Y ese bebé en el pesebre fue realmente crucificado—tan cierto como que se levantó de entre los muertos. La Biblia es diferente a los libros sagrados de otras religiones porque te invita a una investigación histórica. Y cuando ha pasado la prueba—como segura e inevitablemente lo hará—inculca una mayor devoción en el corazón del creyente por aquel a quien llamamos el Hijo de Dios.

El Año en que Jesús Nació

En el hemisferio occidental, dividimos el tiempo por el nacimiento de Jesucristo. Pero, ¿realmente vivió siquiera? Si así fuera, ¿cuándo nació?

Algún tiempo atrás, entablé una conversación con un hombre que afirmaba que Dios no existía. Él era un ateo. Pero no era un ateo a medias, si me comprende. ¡También aseguraba que Jesucristo nunca existió! Este hombre era muy tenaz.

Ahora bien, mi amigo ateo poseía una fe increíble—fe ciega, debo agregar. De hecho, su fervor religioso pondría a muchos evangelistas en evidencia. Pero la evidencia de que Jesucristo invadió la historia no sólo se limita al testimonio del Nuevo Testamento— ¡por irrefutable que esto sea! Los mismos enemigos del Cristianismo afirman que él vivió— ¡y que efectuó milagros! Documentos judíos primitivos como el Mishnah e, incluso, Josefo—como asimismo historiadores gentiles del primer siglo—como Talo, Serapio y Tácito—todos atestiguan que el llamado Cristo habitó en Palestina y murió bajo Poncio Pilato. Como señala el erudito británico, F. F. Bruce, “La historicidad de Cristo es tan axiomática (evidente)… como la historicidad de Julio César” (¿Son Fidedignos Los Documentos Del Nuevo Testamento?, 119).

Lo que lógicamente procede es que si Jesucristo vivió (¿es necesario decirlo?), debió haber nacido. Los Evangelios nos relatan que su nacimiento sucedió poco antes de la muerte de Herodes el Grande.

Josefo registra un eclipse lunar justo antes del fallecimiento de Herodes. Esto ocurrió el 12 ó 13 de marzo de 4 a.C. Josefo también nos narra que Herodes expiró justo antes de la Pascua. Esta festividad tuvo lugar el 11 de abril del mismo año, 4 a.C. A partir de otros detalles aportados por Josefo, podemos precisar que el fallecimiento de Herodes el Grande aconteció entre el 29 de marzo y el 4 de abril de 4 a.C.

Podría sonar extraño sugerir que Jesucristo nació a más tardar el 4 a.C., puesto que a.C. significa “antes de Cristo”. Pero nuestro calendario moderno, que divide el tiempo en a.C y d.C, no se inventó hasta el 525 d.C. En ese tiempo, el Papa Juan I solicitó a un monje llamado Dionisio que preparara un calendario estandarizado para la Iglesia occidental. ¡Para mala fortuna, el pobre Dionisio falló en la división real entre a.C. y d.C. por al menos cuatro años!

Ahora bien, Mateo nos cuenta que Herodes mató a todos los niños menores de dos años que había en Belén. Lo más pronto que Jesús pudo haber nacido, por lo tanto, es el 6 a.C. Por medio de una variedad de otros indicadores de tiempo, podemos estar relativamente confiados en que el llamado Mesías nació o a fines del 5 ó a principios del 4 a.C.

Mi amigo ateo se burla ante tal flexibilidad. Él dice, “Si no sabes con exactitud cuándo nació Jesús, ¿cómo sabes que él realmente existió?” ¡Ésa difícilmente es una pregunta razonable! El otro día llamé a mi madre para desearle un feliz cumpleaños. “Mamá, ¿cuántas velas serán en esta torta de cumpleaños?”, le pregunté. “No lo sé, hijo—ya no llevo la cuenta”, me susurró. Luego de unos minutos de una conversación amena, colgamos el teléfono.

Ahora, no puedo asegurarlo, por supuesto, pero sí creo que era mi madre quien estaba al teléfono. Ella no logra recordar cuántos años tiene (y no es senil ni muy anciana), pero eso no la hace un producto de mi imaginación, ¿o sí? Porque si ella fuera sólo un fantasma, entonces durante los últimos tres minutos, ¡estarías leyendo absolutamente nada!

El Día en que Jesús Nació

El 25 de diciembre próximo, muchos padres mentirán a sus hijos acerca del viejo Santa. Algunos de nosotros estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Salvador. Pero, ¿realmente nació en este día?

¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre? Prácticamente, cada mes en el calendario ha sido propuesto por los eruditos bíblicos. Entonces, ¿por qué celebramos su nacimiento en diciembre?

La tradición del 25 de diciembre es en realidad bastante antigua. Hipólito, en el siglo segundo d.C., afirmó que éste era el cumpleaños de Cristo. Mientras tanto, en la Iglesia oriental, el 6 de enero fue la fecha seguida.

Pero en el siglo cuarto, Juan Crisóstomo sostuvo que el 25 de diciembre era la fecha correcta y desde ese día hasta ahora, tanto la Iglesia del Este como la del Oeste, han celebrado el 25 de diciembre como la fecha oficial del nacimiento de Cristo.

En los tiempos que corren, la fecha tradicional ha sido cuestionada. Eruditos modernos apuntan que cuando Jesús nació, pastores cuidaban de sus ovejas en las montañas que rodean Belén. Lucas nos narra que un ángel se les presentó a unos “pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche” (2:8).

Algunos eruditos estiman que las ovejas eran usualmente traídas bajo techo desde noviembre hasta marzo; como asimismo, no se encontraban normalmente en el campo por la noche. Pero no hay evidencias irrefutables al respecto. De hecho, fuentes judías primitivas sugieren que las ovejas en los alrededores de Belén se encontraban al exterior durante todo el año. Como puede ver, el 25 de diciembre encaja bien tanto en la narrativa tradicional como en la bíblica. No hay objeción válida en el caso.

Se debe admitir que las ovejas alrededor de Belén eran la excepción y no la regla general. Pero éstas no eran ovejas comunes. Eran ovejas expiatorias. A comienzos de la primavera serían sacrificadas para la Pascua.

Y Dios primero revelaría el nacimiento del Mesías a estos pastores—pastores que cuidaban inofensivos corderos que pronto morirán en lugar de hombres pecadores. Cuando vieron al niño, ¿pudieron haberlo sabido? ¿Habrán susurrado en sus corazones como Juan el Bautista luego clamara, “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”

Ahora, por cierto, no podemos estar absolutamente seguros del día del nacimiento de Cristo. Por lo menos, antes de llegar al cielo. Pero una fecha cercana a principios de invierno pareciera una buena aproximación. Y el 25 de diciembre ha llevado la delantera por dieciocho siglos. Sin más evidencia, no hay razón alguna para cambiar ahora la fecha de la celebración.

Podemos culpar a la iglesia primitiva de gran parte de nuestra incertidumbre. Como verá, ellos no celebraban el nacimiento de Cristo. En lo absoluto. Para ellos, era irrelevante. Ellos estaban más interesados en su muerte… y resurrección.

Pero el Hombre moderno ha cambiado eso. Un niño en un pesebre es inofensivo, no intimida. Pero un hombre muriendo en una cruz—un hombre que afirma ser Dios—¡ese hombre es una amenaza! ¡Él exige nuestra fidelidad! No podemos ignorarle. Debemos aceptarle o rechazarle. No nos deja en medio terreno.

Esta Navidad, mire detenidamente la escena del nacimiento una vez más. No vea todo de color de rosa—huela el aire fétido, vea los fríos y temblorosos animales. Ellos representan el sistema sacrificatorio del Antiguo Testamento. Ellos son emblemas de la muerte. Pero son apenas unas sombras del Niño que estaba entre ellos. Él nació para morir… para que todo aquel que en Él cree, pueda vivir.

La Visita de los Magos

Cuando Jesucristo nació, unos hombres—conocidos como magos—vinieron del oriente a adorarle. ¿Eran estos hombres, sabios… o astrólogos?

Mateo comienza su segundo capítulo con las siguientes palabras: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ‘¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.’”

¿Quiénes eran estos hombres sabios de oriente? Mateo nos narra poco y nada sobre ellos—no menciona sus nombres, ni cuántos eran—ni de qué país provenían. Tan misteriosamente como entran a escena, asimismo desaparecen…

Aunque Mateo no nos dice mucho, cristianos sobre entusiastas a lo largo de la historia de la iglesia, dogmáticamente han llenado los vacíos. Durante el siglo 6 d.C., a estos misteriosos desconocidos se les otorgaron tronos y nombres. Gaspar, Melchor y Baltasar fueron los supuestos nombres de estos supuestos reyes. Pero esto no guarda relación alguna con el relato bíblico: realmente no conocemos sus nombres—ni tampoco el número de ellos. Hasta donde sabemos, ¡pudieron haber sido 3 ó 300! Pero una cosa sí sabemos con certeza: no eran de la realeza. Los magos antiguos eran consejeros religiosos y políticos de los reyes de oriente—pero no había ni una gota de sangre azul en ellos.

Pero, ¿no es cierto que los magos eran astrólogos? Y, ¿Dios en el Antiguo Testamento no había decretado la muerte para los astrólogos? Las respuestas son “no siempre” y “sí”. En Deuteronomio 17, Dios ordena a su pueblo a ejecutar a todos los astrólogos, apedreándolos. ¡Jean Dixon no hubiere tenido posibilidad alguna en una teocracia así! El hecho de que ella—y otros como ella—sean tan fácilmente tolerados—¡incluso muy respetados!—en el Estados Unidos actual, nos demuestra que este es un país post-cristiano—en el mejor de los casos.

Pero, ¿qué de estos magos antiguos? ¿Eran astrólogos? Después de todo, siguieron una estrella hasta Belén.

Podemos responder de tres maneras: Primero, no todos los magos eran astrólogos, pues el profeta Daniel fue el jefe supremo de todos los sabios (magos) en la corte de Nabucodonosor. A través de su influencia, sin duda, muchos de los sabios continuaron sus deberes religiosos y políticos como adoradores del único y verdadero Dios.

Segundo, algunos eruditos bíblicos creen que Isaías predijo que una estrella aparecería cuando naciera el Mesías. Si esta interpretación fuere correcta, entonces los magos que adoraron al rey recién nacido claramente la estaban siguiendo como recibieron de Daniel, pues probablemente él les enseñó de Isaías.

Tercero, aún cuando muy pocos creen que esa “estrella” se tratara de un fenómeno natural—como una conjunción entre Saturno y Jupiter—esto no explica cómo la estrella se posó justo sobre Belén. Claramente, la “estrella” tuvo un origen sobrenatural. De ser así, probablemente no tuvo nada que ver con la astrología.

Por lo tanto, con seguridad los magos no adherían a tales disparates supersticiosos. De ser así, realmente eran hombres sabios…

El otro día vi una calcomanía en un auto que decía: “Los hombres sabios aún lo buscan”. En realidad, eso no es tan cierto. La Biblia nos dice que “no hay quien busque a Dios, ni aun uno”. Pero si Él nos ha llevado a sí mismo, entonces somos sabios. Porque lo cierto es que “los hombres sabios aún le adoran”.

Los Niños de Belén

Una de las atrocidades más nefastas en la historia de la Humanidad fue la matanza de los niños de Belén por Herodes el Grande. Pero, ¿sucedió realmente?

En el segundo capítulo del Evangelio según Mateo, leemos que cuando Herodes el Grande oyó acerca del nacimiento del Mesías, “se turbo, y toda Jerusalén con él”. Más tarde, cuando los magos no regresaron a informar, él se enojó mucho, ¡y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y todos sus alrededores!

Tres preguntas me nacen al considerar este cruel incidente: Primero, ¿cuántos niños efectivamente asesinó Herodes? Segundo, ¿cuántos años tenía Jesús cuando esto aconteció? Y, finalmente, ¿por qué ningún otro historiador antiguo registra esta barbaridad? En otras palabras, ¿sucedió realmente?

¿Cuántos niños asesinó Herodes? ¡Algunos eruditos sugieren al menos 200! Pero muchos rechazan ese número. Belén era una pequeña comunidad—casi un suburbio de Jerusalén. La aldea misma—y los campos aledaños—difícilmente tendrían más de 30 infantes menores de 2 años. Muchos eruditos hoy calculan entre 20 y 30.

Pero sería sólo si hubieren matado a los niños varones. En realidad, el texto griego de Mateo 2:16 podría significar “niños”—no sólo “niños varones”. Y, psicológicamente, los subordinados de Herodes no se habrán molestado en verificar el sexo de sus víctimas. El número podría llegar hasta 50 ó 60.

Segundo, ¿cuántos años tenía Jesús cuando esto aconteció? Según la mejor evidencia cronológica, no debía haber tenido más de tres o cuatro meses de edad. Seguramente, habrá nacido en el invierno del 5 ó 4 a.C.—Herodes falleció a comienzos de la primavera del 4 a.C. Entonces, ¿por qué Herodes mató a todos los niños menores de dos años? La respuesta a la tercera pregunta, podría ayudar a responder ésta…

Tercero, ¿por qué este evento no se registra fuera de la Biblia? Particularmente, ¿por qué Josefo, el historiador judío del primer siglo, no lo menciona?

Josefo nos relata bastante acerca de Herodes. La frase que describe mejor su reinado es “excesiva destrucción”. Él asesinó al padre de su mujer favorita, ahogó al hermano de ella—e, incluso, ¡la mató a ella! Ejecutó a uno de sus amigos de mayor confianza, a su barbero, y a 300 líderes militares–¡todo como si nada! Luego, mató a tres de sus hijos, supuestamente por sospecha de traición. Josefo nos cuenta que “Herodes inflingió tales atrocidades en contra (de los judíos) que ni siquiera una bestia podría cometerlas si poseyera el poder de gobernar sobre los hombres” (Antigüedades de los Judíos 17:310). Matar niños no estaba ajeno al carácter de este cruel rey. Y matarlos hasta los dos años de edad—para asegurarse de llegar al niño Jesús—se alinea con su descabellada envidia por el poder.

Josefo pudo haber omitido la matanza de los niños por una de dos razones: primero, no era amigo del Cristianismo y lo dejó afuera intencionalmente; o, segundo, justo antes de morir, Herodes encerró cerca de 3000 ciudadanos líderes de la nación y ordenó que fueran ejecutados a la hora de su muerte. Y así asegurarse que hubiera luto cuando muriera… Israel estaba tan absorto con esto que una matanza clandestina de unos pocos niños pudo haber pasado desapercibida…

Herodes pensó que había logrado la victoria sobre el rey de los judíos. Sin embargo, esto no fue más que un presagio de la victoria que Satanás pensó que él tenía cuando Jesús yació muerto sobre la cruz romana. ¡Pero la tumba vacía demostró que aquel viernes negro fue la peor derrota de Satanás!

Conclusión

En este breve estudio, hemos analizado varios aspectos sobre el nacimiento de Jesucristo. Ahora, queremos unirlo todo.

En el invierno del 5 ó 4 a.C., Dios invadió la historia al tomar la forma de un hombre. Nació en un pueblito justo al sur de Jerusalén. Belén, que significa “casa de pan”, de hecho se hizo digna de su nombre una solitaria noche de invierno. Porque allí, en ese pueblo, nació el Pan de Vida…

Su madre puso al niño rey en un pesebre—o comedero—porque no había lugar en el mesón en que alojarían. El nacimiento de este rey fue celebrado aquella noche solo por su madre, su marido y un puñado de pastores. Los pastores habían estado en los campos aledaños a Belén, guardando los corderos que habrían de morir la próxima Pascua. Se les presentó un ángel que les anunció el nacimiento: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11). En su fe sencilla, se apresuraron a ver el rey recién nacido.

Al poco tiempo del nacimiento del Mesías, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron al rey Herodes dónde habría de nacer el verdadero rey de los judíos. Los teólogos de la corte de Herodes conocían muy bien las Escrituras—en “Belén”, le relataron. Irónicamente, a pesar de que conocían las Escrituras, ¡no las creían! Ni siquiera se molestaron en viajar las cinco o seis millas hacia Belén para ver a su Mesías.

¡Pero Herodes creía en las Escrituras! Por eso envió un grupo de carniceros a Belén para matar niños inocentes, con la esperanza de destruir a este rival de su trono. Pero fue muy tarde. Los magos habían ido y venido, y Jesús ya se encontraba a salvo en Egipto.

Y los magos creían en las Escrituras. Habían viajado varios cientos de millas a adorar a este Niño. Fueron guiados hacia Belén por un fenómeno celestial sobrenatural—y por las Escrituras. Aparentemente, sus ancestros habían sido instruidos por el profeta Daniel acerca del Mesías venidero… Cuando vieron al niño, se postraron y le adoraron. Este era Dios hecho carne. No había otra cosa que pudieran hacer.

Y le ofrecieron presentes—oro, incienso y mirra. Estos eran regalos inusuales—bajo cualquier punto de vista. Por supuesto, todos podemos comprender el oro—pero el incienso y la mirra fueron curiosos. Tal vez habían leído la profecía de Isaías que “Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento… Traerán oro e incienso y publicarán alabanzas de Jehová…” (Isa. 60:3, 6). Esto explica el incienso, pero no la mirra.

La mirra, como el incienso, era un perfume. Pero, a diferencia del incienso, la mirra olía a muerte. En la antigüedad, se ocupaba para embalsamar un cadáver. Jesús mismo sería embalsamado con este perfume (cf. Juan 19:39).

Si los magos estaban pensando en la muerte de Jesús cuando le trajeron mirra, sin duda lo sabían por la profecía de Daniel (9:24-27). En el capítulo noveno de Daniel leemos que “se quitará la vida del Mesías” y esto para “expiar la iniquidad” y “para traer la justicia perdurable” (9:26, 24).

Incluso en el nacimiento de nuestro Salvador, la sombra de la cruz se deja caer sobre su rostro…

Los teólogos de la corte de Herodes no creían en las Escrituras. Fueron unos necios. Herodes creía, pero desobedeció. Fue un loco. Los sencillos pastores y los majestuosos magos creyeron en este niño Salvador—y les fue contado para justicia. Que nosotros sigamos por ese camino.


Daniel B. Wallace has taught Greek and New Testament courses on a graduate school level since 1979. He has a Ph.D. from Dallas Theological Seminary, and is currently professor of New Testament Studies at his alma mater.

His Greek Grammar Beyond the Basics: An Exegetical Syntax of the New Testament (Zondervan, 1996) has become a standard textbook in colleges and seminaries. He is the senior New Testament editor of the NET Bible. Dr. Wallace is also the Executive Director for the Center for the Study of New Testament Manuscripts.

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