La tormenta del mar de Galilea


La tormenta del mar de Galilea

por Paulo Arieu

tormenta

A) Introducción

En el pasaje del Evangelio de Marcos (4:35-40), se nos relata que mientras Jesús estaba dormido en una barca, se desató una gran tormenta huracanada que provocaba olas tremendas que amenazaban con hundir la barca. Los discípulos estaban espantados y llenos de miedos. Cuando ellos se desesperaron, fueron y despertaron al Señor. Meterse en el mar fue una idea del Señor Jesús y no de sus discípulos. El tomó la decisión de ir a la orilla oriental del lago. Esta rivera del lago,no era de los judíos, sino de los paganos. Quería llevarles también a ellos la Buena Noticia. Allí curaría después a un endemoniado (el famoso endemoniado de Gadarena), quien quedaría allá proclamando a Jesús como Salvador. ¿Y qué hacía Jesús durante aquella tormenta? Pues él dormía despreocupadamente. Pero sus discípulos ya se estaba desesperando y estaban muy asustados y le despertaron, y le dicen: – ¿Maestro, no te importa que perezcamos? Mira la tormenta que tenemos.Y levantándose Jesús, reprendió al viento, y dijo al mar: “Calla, enmudece”. Y cesó el viento, y fue hecha gran bonanza. Y Él les dijo: “¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe?”. El hecho de que Jesús calmase las olas, era un signo del poder que Dios le había dado contra los malos espíritus y contra las fuerzas de la naturaleza que levantaron la tempestad. Era una forma de proclamar que era el Mesías. Pero la lección más importante de esta historia de hoy es tener fe ante la adversidad. El miedo surge cuando no hay fe. No solo Marcos registra este milagro, sino que también Mateo (8.23-27) y Lucas (8.22-25) narran esta maravillosa proeza.  

B) Pasaje Bíblico:

El texto bíblico dice que:

  • Al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos al otro lado del lago». Así que dejaron a las multitudes y salieron con Jesús en la barca (aunque otras barcas los siguieron). Pronto se desató una tormenta feroz y olas violentas entraban en la barca, la cual empezó a llenarse de agua. Jesús estaba dormido en la parte posterior de la barca, con la cabeza recostada en una almohada. Los discípulos lo despertaron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?», gritaron. Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y dijo a las olas: «¡Silencio! ¡Cálmense!». De repente, el viento se detuvo y hubo una gran calma. Luego él les preguntó: «¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?».(Marcos 4:35-40 Nueva Traducción Viviente)

C) Ilustración oleo de arte de Rembrandt

Hay un óleo sobre lienzo titulado Tormenta en el mar de Galilea, cuyo autor fue el pintor holandés Rembrandt, realizado por el año 1633 pero que está actualmente desaparecida.  Esta obra se exhibía en el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston, Massachusetts (Estados Unidos), pero desgraciadamente se encuentra desaparecida actualmente a causa de un robo. Esta obra fue robada en la madrugada del 18 de marzo de 1990. Los ladrones se disfrazaron de policías y robaron el cuadro y otras 12 obras de arte, en el que es considerado el mayor robo de obras de arte sin resolver de la historia. Aún continúa pendiente hoy en día, una recompensa de cinco millones de dólares para quien pueda dar datos fidedignos sobre el paradero de estas obras. Esta pintura muestra cuando Jesús calmó las aguas en una tormenta en el Lago Galilea. Se trata del único tema marino de este magnífico pintor holandés. Esta obra fue realizada en plena juventud en la que Rembrandt se autorretrata en una de las catorce personas que ocupan el bote, concretamente el que sujeta la cuerda del mástil y mira hacia el espectador.

En esta obra se pueden evidenciar las características principales de sus obras: el uso del claroscuro, el manejo escenográfico de la luz y la sombra y su gran representación de las emociones humanas. El rostro y los movimientos de cada uno de los tripulantes muestra su impresión por el suceso: unos se aferran aterrorizados a la vela; otros se agachan temerosos, cogiendo la cabeza y observando lo que sucede y los demás suplican a Cristo por su intercesión. Es de destacar la apariencia de Cristo, quien se muestra arrinconado ante las súplicas de los dos discípulos frente a él. En este punto, es interesante el brillo que usa el artista sobre la cabeza de Cristo: un ligero blanco que reluce en medio de las vestimentas oscuras de los personajes y del tenebroso mar, que alcanza su mayor oscuridad en la parte inferior a Cristo.

D) Analisis:

a) Las tormentas en el mar de Galilea:

Citaré unas palabras del arqueólogo J. Gonzalez Echegaray sobre las tormentas en el mar de Galilea: “El hecho de que el lago se encuentre en un entorno montañoso, especialmente por el norte, donde el Hermón con su cima nevada de 2.750 m. es visible desde el agua los días despejados y, sobre todo, la profunda depresión de la superficie de este lago, a más de 200 metros por debajo del no lejano Mar Mediterráneo, crea con frecuencia una inestabilidad en el clima, normalmente caluroso y tranquilo, que se traduce en la presencia inesperada de un fuerte viento, que encrespa las olas, las cuales en ocasiones pueden sobrepasar hasta los 2 m. de altura. Estas tormentas repentinas se producen, sobre todo en verano, a la caída de la tarde con vientos procedentes del Oeste y no suelen durar mucho tiempo, mientras que en invierno lo pueden hacer con los vientos que bajan de los altos del Golán, menos violentos, pero más duraderos.[-2]

Precisamente ese lago se llamaba también “Mar de Galilea” por sus fuertes tormentas. El lago está a 213 metros bajo el nivel del mar – rodeado de barrancos y montañas empinadas excepto en el Sur. (El monte Hermón, en el Golán tiene 2.236 metros; el monte Merón en Alta Galilea tiene 1.208 metros). Como resultado de esta formación, a menudo soplan vientos fríos por sus cuestas e, inesperadamente, se levantan tormentas violentas sobre la cálida superficie del lago…. Pero además la mentalidad popular israelita veía en el mar el lugar donde estaban escondidos los espíritus malignos, los demonios, las fuerzas ocultas que persiguen a los seres humanos.[-1] Sin dudas alguna, el Señor Jesus se glorificó poderosamente en esa tempestad, demostrando una vez mas su inmenso poder sobrenatural.

William Hendriksen en su comentario del libro de Marcos, comenta que “en el original, Marcos y Lucas explican este disturbio atmosférico hablando de un lailaps, esto es, un torbellino (cf. Job 38:1; Jn. 1:4) o una tormenta que desata furiosas ráfagas, una temible borrasca. Mateo lo llama “una gran sacudida” o “maremoto”. Debió ser un fenómeno violento, una rugiente tempestad. Repentinamente este lailaps se precipitó sobre el lago.” [0]

b) Tipos de barcas:

También el mismo arqueólogo J. Gonzalez Echegaray, explicaba el tipo de barca que utilizarían, y que se puede conocer bien tanto por el dibujo de una de ellas en un bello mosaico descubierto en el puerto de Tariquea, como por el inestimable hallazgo de una auténtica barca, cuya datación por el Carbono-14 es de principios del siglo I d. C. , y que fue encontrada entre el fango de la orilla junto al quibutz Ginnosar, a unos dos Kilómetros al norte de Tariquea-Mágdala. El hallazgo se produjo en 1986.[1]

El casco de un barco pesquero fue excavado de la orilla del Mar de Galilea. Al ser fechado por las muestras del carbono 14, demuestra ser de la época de Jesús. “Tenía un mástil para la vela cuadrada, que permitía la navegación por la fuerza del viento, a la que unía el desplazamiento por la fuerza de los remos. En la popa tenía un pequeño puente para guardar los aparejos de pesca y los sacos que servían de lastre. Estas embarcaciones, de las que según Josefo había unas 200 en el lago, eran plurivalentes, siendo utilizadas tanto para pesca, como para el transporte. Solían llevar también un pequeño esquife o bote auxiliar, del que nos habla el evangelio (Jn 6:22). Durante la tempestad que amenazó con hundir la nave en que iba Jesús, éste se hallaba dormido en el castillo de popa, recostada su cabeza en uno de los sacos de arena (Mar. 4:38). El barco medía 8 metros de largo, 2.30 metros de ancho, y 1.35 metros de alto, tenía cubierta de proa y de popa, y podría llevar aproximadamente 15 personas, cuatro de ellas remando. Seguramente, sería un barco como éste en el que Jesús y los discípulos cruzaron el Mar de Galilea.[2]

c) Las adversidades:

Podemos comparar esta escena de los fuertes vientos con nuestras vidas, la cual muchas veces se parece a esa barca zarandeada por las olas a causa del viento contrario. El apóstol nos Pablo advierte:

  • “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo “(Efesios 4:14-15 RV 1960)

Las adversidades las podemos analizar desde un punto de vista individual, en la vida de cada creyente, o universal en la vida de la Iglesia.

i) Aplicación individual: La barca zarandeada puede ser un aspecto importante de nuestras vidas: el propio matrimonio, la salud, los negocios… El viento contrario puede ser la incomprensión y hostilidad de las personas, la dificultad para encontrar casa o trabajo, etc. Ante situaciones angustiosas, tenemos la sensación de ahogo e impotencia. No vislumbramos salidas, soluciones. No atinamos a quién acudir. Incluso no siempre tenemos suficiente fe para reconocer al Señor  que se acerca a nosotros. Eso sí: en cada tormenta, Dios siempre viene a nosotros. El puede devolvernos la serenidad, la calma. El es capaz de tranquilizar el viento y las olas de nuestra vida.  Pero el texto bíblico nos asegura que, por encima de nuestras dificultades, por encima de nuestros temores, por encima de nuestros bloqueos mentales, Jesús está siempre con nosotros. En el orden individual Jesús nos ordena que llevemos la cruz diaria, o sea, el sufrimiento (molestias, contratiempos, cansancios …)  que nos puede salir al paso cada día. Es, esta, una condición indispensable para seguirlo a Jesús. El mismo lo señaló: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc 9: 23).

ii) Aplicación a nivel Iglesia universal: Desde el inicio del cristianismo la barca ha sido vista como una figura de la Iglesia, el cuerpo de Cristo. Se la encuentra en pinturas realizadas por los primeros cristianos. La Iglesia ha sido representada muchas veces como una barca siempre en peligro, pero siempre a flote, a pesar de todas las tempestades que se han levantado.Y los vientos que se levantan son las distintas persecuciones que la Iglesia ha tenido que enfrentar. Algunas ideologías tremendas que han atacado la Iglesia son:

  1. El Islam
  2. La ideología de género
  3. El ateismo
  4. El socialismo y comunismo
  5. El ecumenismo

En base a la tipologia biblica, podemos afirmar que la barca es tipo de la Iglesia de Jesucristo. Y podemos ver esas ideologias paganas como tremendos desafíos con que la Iglesia se na tenido que enfrentar. Y muchos de estos vientos huracanados, continúan arremetiendo en contra de ella, pero no podrán derrotarla porque nuestro Señor la defiende y habita en ella.

Conclusión

Muchas veces en la historia, la Iglesia ha estado amenazada y agredida desde fuera por toda clase de fuerzas adversas, y desde dentro por el miedo y la poca fe. Pero la Iglesia, es refugio seguro ante las tormentas. La Iglesia, cuenta con la presencia del Señor y es lugar de comunión de hermanos ante los peligros. También es lugar de culto que reconoce con valentía a Jesús como el Hijo de Dios, el Salvador, Dios hecho hombre.  La travesía de la Iglesia por la historia no ha sido ni está siendo ahora un crucero de placer. Bien sabemos de vientos y nieblas, de oscuridades y hasta de fantasmas. Cristo nunca nos prometió que no habría tormentas en nuestra vida. Al contrario, nos avisó de persecuciones y peligros de dentro y de fuera. Dijo, por ej.: “Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes” (Jn 15:20). Pero el desenlace será de alegría. “Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo” (Mat 5:11-12). Pero tanto la Iglesia como cada cristiano puede contar con la asistencia y ayuda de Cristo: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mat 28:20). Vivamos, pues, animosos y llenos de esperanza. Cristo está siempre dispuesto a tendernos su mano. Cristo, solo anhela nuestro mayor bien y nuestra felicidad tanto en la vida presente como, y sobre todo, en la futura. Que ninguna eventual tempestad nos atemorice ni acobarde. En medio de cualquier tempestad, personal o eclesial, si lo invocamos con fe, Cristo nos repetirá: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. Oremos pidiendo fe para experimentar a Jesús como al único capaz de tendernos su mano, siempre, sin reproche, incondicionalmente. Oremos para reconocerlo en todo lugar y momento como al Hijo de Dios. Ninguna ideología creada o inventada por el hombre podrá destruir la Iglesia. Ninguna fuerza satánica podrá acabar con la Iglesia, porque el Señor está unida a ella. Por la doctrina de la Unión con Cristo, la Biblia nos revela que la Iglesia es el cuerpo de Cristo y que ella está unida a Su Salvador, no solo ahora sino que seguirá estándolo por toda la eternidad.

¿Y qué debemos hacer cuando soplam los fuertes vientos? Pues lo que debemos hacer es tener fe, confianza en el Señor Jesús que las tormentas pasan y la Iglesia permanece. Por este motivo, Jesús nos exhorta a confiar en El. Como decía aquella piadosa mujer del catolicismo:

 “Nada te turbe. Nada te espante. Dios no se muda… Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta” (Sta. Teresa).[3]

Leamos Apocalipsis 21 para finalizar (Leer ACA). Allí vemos que el apóstol Juan nos dice que cuando la historia de la humanidad finalice y el cielo y la tierra pasen y ya no haya tampoco más mares ni olas que se sacudan  por las tormentas, descenderá la ciudad celestial de los cielos “dispuesta como una esposa ataviada para su marido.” (v.2). Y en ella los cristianos habitaremos tranquilos por toda la eternidad, junto al Señor Jesucristo. Pero como dice el apóstol Juan “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”(Ap. 21:8). Ninguno de esos inmorales que utilizan esas ideologías citadas para atacar la Iglesia del Señor, para herirla o destruirla, heredará el reino de Dios cuando Cristo retorne. !Y su Iglesia habitará por toda la eternidad con Jesucristo, en la nueva ciudad!

!A Dios sea la gloria!

Notas

[-2] http://www.primeroscristianos.com/index.php/blogs/santiago-quemada/item/2362-tempestades-en-el-mar-de-galilea/2362-tempestades-en-el-mar-de-galilea

[-1] https://www.pildorasdefe.net/liturgia/dominar-tormentas-tiberiades-jesus-camina-aguas

[0] Hendriksen,Williams.  (1998). COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO. El Evangelio según San Marcos p.130. Libros Desafío.

[1] http://www.primeroscristianos.com/index.php/blogs/santiago-quemada/item/2362-tempestades-en-el-mar-de-galilea/2362-tempestades-en-el-mar-de-galilea

[2] https://www.pildorasdefe.net/liturgia/dominar-tormentas-tiberiades-jesus-camina-aguas

[3] http://www.ocarm.org/es/content/ocarm/lectura-espiritual-poema-nada-te-turbe-santa-teresa-jesus

Bibliografía

 

El Nacimiento de Jesucristo


El Nacimiento de Jesucristo

Prefacio

El siguiente, forma parte de una breve serie de artículos devocionales relativos al nacimiento de Cristo. Para algunos, tales materiales difícilmente son devocionales debido al enfoque primordialmente histórico de éstos. Pero debemos tener presente que el Jesús al que adoramos realmente nació en una historia tiempo-espacial. Y ese bebé en el pesebre fue realmente crucificado—tan cierto como que se levantó de entre los muertos. La Biblia es diferente a los libros sagrados de otras religiones porque te invita a una investigación histórica. Y cuando ha pasado la prueba—como segura e inevitablemente lo hará—inculca una mayor devoción en el corazón del creyente por aquel a quien llamamos el Hijo de Dios.

El Año en que Jesús Nació

En el hemisferio occidental, dividimos el tiempo por el nacimiento de Jesucristo. Pero, ¿realmente vivió siquiera? Si así fuera, ¿cuándo nació?

Algún tiempo atrás, entablé una conversación con un hombre que afirmaba que Dios no existía. Él era un ateo. Pero no era un ateo a medias, si me comprende. ¡También aseguraba que Jesucristo nunca existió! Este hombre era muy tenaz.

Ahora bien, mi amigo ateo poseía una fe increíble—fe ciega, debo agregar. De hecho, su fervor religioso pondría a muchos evangelistas en evidencia. Pero la evidencia de que Jesucristo invadió la historia no sólo se limita al testimonio del Nuevo Testamento— ¡por irrefutable que esto sea! Los mismos enemigos del Cristianismo afirman que él vivió— ¡y que efectuó milagros! Documentos judíos primitivos como el Mishnah e, incluso, Josefo—como asimismo historiadores gentiles del primer siglo—como Talo, Serapio y Tácito—todos atestiguan que el llamado Cristo habitó en Palestina y murió bajo Poncio Pilato. Como señala el erudito británico, F. F. Bruce, “La historicidad de Cristo es tan axiomática (evidente)… como la historicidad de Julio César” (¿Son Fidedignos Los Documentos Del Nuevo Testamento?, 119).

Lo que lógicamente procede es que si Jesucristo vivió (¿es necesario decirlo?), debió haber nacido. Los Evangelios nos relatan que su nacimiento sucedió poco antes de la muerte de Herodes el Grande.

Josefo registra un eclipse lunar justo antes del fallecimiento de Herodes. Esto ocurrió el 12 ó 13 de marzo de 4 a.C. Josefo también nos narra que Herodes expiró justo antes de la Pascua. Esta festividad tuvo lugar el 11 de abril del mismo año, 4 a.C. A partir de otros detalles aportados por Josefo, podemos precisar que el fallecimiento de Herodes el Grande aconteció entre el 29 de marzo y el 4 de abril de 4 a.C.

Podría sonar extraño sugerir que Jesucristo nació a más tardar el 4 a.C., puesto que a.C. significa “antes de Cristo”. Pero nuestro calendario moderno, que divide el tiempo en a.C y d.C, no se inventó hasta el 525 d.C. En ese tiempo, el Papa Juan I solicitó a un monje llamado Dionisio que preparara un calendario estandarizado para la Iglesia occidental. ¡Para mala fortuna, el pobre Dionisio falló en la división real entre a.C. y d.C. por al menos cuatro años!

Ahora bien, Mateo nos cuenta que Herodes mató a todos los niños menores de dos años que había en Belén. Lo más pronto que Jesús pudo haber nacido, por lo tanto, es el 6 a.C. Por medio de una variedad de otros indicadores de tiempo, podemos estar relativamente confiados en que el llamado Mesías nació o a fines del 5 ó a principios del 4 a.C.

Mi amigo ateo se burla ante tal flexibilidad. Él dice, “Si no sabes con exactitud cuándo nació Jesús, ¿cómo sabes que él realmente existió?” ¡Ésa difícilmente es una pregunta razonable! El otro día llamé a mi madre para desearle un feliz cumpleaños. “Mamá, ¿cuántas velas serán en esta torta de cumpleaños?”, le pregunté. “No lo sé, hijo—ya no llevo la cuenta”, me susurró. Luego de unos minutos de una conversación amena, colgamos el teléfono.

Ahora, no puedo asegurarlo, por supuesto, pero sí creo que era mi madre quien estaba al teléfono. Ella no logra recordar cuántos años tiene (y no es senil ni muy anciana), pero eso no la hace un producto de mi imaginación, ¿o sí? Porque si ella fuera sólo un fantasma, entonces durante los últimos tres minutos, ¡estarías leyendo absolutamente nada!

El Día en que Jesús Nació

El 25 de diciembre próximo, muchos padres mentirán a sus hijos acerca del viejo Santa. Algunos de nosotros estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Salvador. Pero, ¿realmente nació en este día?

¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre? Prácticamente, cada mes en el calendario ha sido propuesto por los eruditos bíblicos. Entonces, ¿por qué celebramos su nacimiento en diciembre?

La tradición del 25 de diciembre es en realidad bastante antigua. Hipólito, en el siglo segundo d.C., afirmó que éste era el cumpleaños de Cristo. Mientras tanto, en la Iglesia oriental, el 6 de enero fue la fecha seguida.

Pero en el siglo cuarto, Juan Crisóstomo sostuvo que el 25 de diciembre era la fecha correcta y desde ese día hasta ahora, tanto la Iglesia del Este como la del Oeste, han celebrado el 25 de diciembre como la fecha oficial del nacimiento de Cristo.

En los tiempos que corren, la fecha tradicional ha sido cuestionada. Eruditos modernos apuntan que cuando Jesús nació, pastores cuidaban de sus ovejas en las montañas que rodean Belén. Lucas nos narra que un ángel se les presentó a unos “pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche” (2:8).

Algunos eruditos estiman que las ovejas eran usualmente traídas bajo techo desde noviembre hasta marzo; como asimismo, no se encontraban normalmente en el campo por la noche. Pero no hay evidencias irrefutables al respecto. De hecho, fuentes judías primitivas sugieren que las ovejas en los alrededores de Belén se encontraban al exterior durante todo el año. Como puede ver, el 25 de diciembre encaja bien tanto en la narrativa tradicional como en la bíblica. No hay objeción válida en el caso.

Se debe admitir que las ovejas alrededor de Belén eran la excepción y no la regla general. Pero éstas no eran ovejas comunes. Eran ovejas expiatorias. A comienzos de la primavera serían sacrificadas para la Pascua.

Y Dios primero revelaría el nacimiento del Mesías a estos pastores—pastores que cuidaban inofensivos corderos que pronto morirán en lugar de hombres pecadores. Cuando vieron al niño, ¿pudieron haberlo sabido? ¿Habrán susurrado en sus corazones como Juan el Bautista luego clamara, “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”

Ahora, por cierto, no podemos estar absolutamente seguros del día del nacimiento de Cristo. Por lo menos, antes de llegar al cielo. Pero una fecha cercana a principios de invierno pareciera una buena aproximación. Y el 25 de diciembre ha llevado la delantera por dieciocho siglos. Sin más evidencia, no hay razón alguna para cambiar ahora la fecha de la celebración.

Podemos culpar a la iglesia primitiva de gran parte de nuestra incertidumbre. Como verá, ellos no celebraban el nacimiento de Cristo. En lo absoluto. Para ellos, era irrelevante. Ellos estaban más interesados en su muerte… y resurrección.

Pero el Hombre moderno ha cambiado eso. Un niño en un pesebre es inofensivo, no intimida. Pero un hombre muriendo en una cruz—un hombre que afirma ser Dios—¡ese hombre es una amenaza! ¡Él exige nuestra fidelidad! No podemos ignorarle. Debemos aceptarle o rechazarle. No nos deja en medio terreno.

Esta Navidad, mire detenidamente la escena del nacimiento una vez más. No vea todo de color de rosa—huela el aire fétido, vea los fríos y temblorosos animales. Ellos representan el sistema sacrificatorio del Antiguo Testamento. Ellos son emblemas de la muerte. Pero son apenas unas sombras del Niño que estaba entre ellos. Él nació para morir… para que todo aquel que en Él cree, pueda vivir.

La Visita de los Magos

Cuando Jesucristo nació, unos hombres—conocidos como magos—vinieron del oriente a adorarle. ¿Eran estos hombres, sabios… o astrólogos?

Mateo comienza su segundo capítulo con las siguientes palabras: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ‘¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.’”

¿Quiénes eran estos hombres sabios de oriente? Mateo nos narra poco y nada sobre ellos—no menciona sus nombres, ni cuántos eran—ni de qué país provenían. Tan misteriosamente como entran a escena, asimismo desaparecen…

Aunque Mateo no nos dice mucho, cristianos sobre entusiastas a lo largo de la historia de la iglesia, dogmáticamente han llenado los vacíos. Durante el siglo 6 d.C., a estos misteriosos desconocidos se les otorgaron tronos y nombres. Gaspar, Melchor y Baltasar fueron los supuestos nombres de estos supuestos reyes. Pero esto no guarda relación alguna con el relato bíblico: realmente no conocemos sus nombres—ni tampoco el número de ellos. Hasta donde sabemos, ¡pudieron haber sido 3 ó 300! Pero una cosa sí sabemos con certeza: no eran de la realeza. Los magos antiguos eran consejeros religiosos y políticos de los reyes de oriente—pero no había ni una gota de sangre azul en ellos.

Pero, ¿no es cierto que los magos eran astrólogos? Y, ¿Dios en el Antiguo Testamento no había decretado la muerte para los astrólogos? Las respuestas son “no siempre” y “sí”. En Deuteronomio 17, Dios ordena a su pueblo a ejecutar a todos los astrólogos, apedreándolos. ¡Jean Dixon no hubiere tenido posibilidad alguna en una teocracia así! El hecho de que ella—y otros como ella—sean tan fácilmente tolerados—¡incluso muy respetados!—en el Estados Unidos actual, nos demuestra que este es un país post-cristiano—en el mejor de los casos.

Pero, ¿qué de estos magos antiguos? ¿Eran astrólogos? Después de todo, siguieron una estrella hasta Belén.

Podemos responder de tres maneras: Primero, no todos los magos eran astrólogos, pues el profeta Daniel fue el jefe supremo de todos los sabios (magos) en la corte de Nabucodonosor. A través de su influencia, sin duda, muchos de los sabios continuaron sus deberes religiosos y políticos como adoradores del único y verdadero Dios.

Segundo, algunos eruditos bíblicos creen que Isaías predijo que una estrella aparecería cuando naciera el Mesías. Si esta interpretación fuere correcta, entonces los magos que adoraron al rey recién nacido claramente la estaban siguiendo como recibieron de Daniel, pues probablemente él les enseñó de Isaías.

Tercero, aún cuando muy pocos creen que esa “estrella” se tratara de un fenómeno natural—como una conjunción entre Saturno y Jupiter—esto no explica cómo la estrella se posó justo sobre Belén. Claramente, la “estrella” tuvo un origen sobrenatural. De ser así, probablemente no tuvo nada que ver con la astrología.

Por lo tanto, con seguridad los magos no adherían a tales disparates supersticiosos. De ser así, realmente eran hombres sabios…

El otro día vi una calcomanía en un auto que decía: “Los hombres sabios aún lo buscan”. En realidad, eso no es tan cierto. La Biblia nos dice que “no hay quien busque a Dios, ni aun uno”. Pero si Él nos ha llevado a sí mismo, entonces somos sabios. Porque lo cierto es que “los hombres sabios aún le adoran”.

Los Niños de Belén

Una de las atrocidades más nefastas en la historia de la Humanidad fue la matanza de los niños de Belén por Herodes el Grande. Pero, ¿sucedió realmente?

En el segundo capítulo del Evangelio según Mateo, leemos que cuando Herodes el Grande oyó acerca del nacimiento del Mesías, “se turbo, y toda Jerusalén con él”. Más tarde, cuando los magos no regresaron a informar, él se enojó mucho, ¡y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y todos sus alrededores!

Tres preguntas me nacen al considerar este cruel incidente: Primero, ¿cuántos niños efectivamente asesinó Herodes? Segundo, ¿cuántos años tenía Jesús cuando esto aconteció? Y, finalmente, ¿por qué ningún otro historiador antiguo registra esta barbaridad? En otras palabras, ¿sucedió realmente?

¿Cuántos niños asesinó Herodes? ¡Algunos eruditos sugieren al menos 200! Pero muchos rechazan ese número. Belén era una pequeña comunidad—casi un suburbio de Jerusalén. La aldea misma—y los campos aledaños—difícilmente tendrían más de 30 infantes menores de 2 años. Muchos eruditos hoy calculan entre 20 y 30.

Pero sería sólo si hubieren matado a los niños varones. En realidad, el texto griego de Mateo 2:16 podría significar “niños”—no sólo “niños varones”. Y, psicológicamente, los subordinados de Herodes no se habrán molestado en verificar el sexo de sus víctimas. El número podría llegar hasta 50 ó 60.

Segundo, ¿cuántos años tenía Jesús cuando esto aconteció? Según la mejor evidencia cronológica, no debía haber tenido más de tres o cuatro meses de edad. Seguramente, habrá nacido en el invierno del 5 ó 4 a.C.—Herodes falleció a comienzos de la primavera del 4 a.C. Entonces, ¿por qué Herodes mató a todos los niños menores de dos años? La respuesta a la tercera pregunta, podría ayudar a responder ésta…

Tercero, ¿por qué este evento no se registra fuera de la Biblia? Particularmente, ¿por qué Josefo, el historiador judío del primer siglo, no lo menciona?

Josefo nos relata bastante acerca de Herodes. La frase que describe mejor su reinado es “excesiva destrucción”. Él asesinó al padre de su mujer favorita, ahogó al hermano de ella—e, incluso, ¡la mató a ella! Ejecutó a uno de sus amigos de mayor confianza, a su barbero, y a 300 líderes militares–¡todo como si nada! Luego, mató a tres de sus hijos, supuestamente por sospecha de traición. Josefo nos cuenta que “Herodes inflingió tales atrocidades en contra (de los judíos) que ni siquiera una bestia podría cometerlas si poseyera el poder de gobernar sobre los hombres” (Antigüedades de los Judíos 17:310). Matar niños no estaba ajeno al carácter de este cruel rey. Y matarlos hasta los dos años de edad—para asegurarse de llegar al niño Jesús—se alinea con su descabellada envidia por el poder.

Josefo pudo haber omitido la matanza de los niños por una de dos razones: primero, no era amigo del Cristianismo y lo dejó afuera intencionalmente; o, segundo, justo antes de morir, Herodes encerró cerca de 3000 ciudadanos líderes de la nación y ordenó que fueran ejecutados a la hora de su muerte. Y así asegurarse que hubiera luto cuando muriera… Israel estaba tan absorto con esto que una matanza clandestina de unos pocos niños pudo haber pasado desapercibida…

Herodes pensó que había logrado la victoria sobre el rey de los judíos. Sin embargo, esto no fue más que un presagio de la victoria que Satanás pensó que él tenía cuando Jesús yació muerto sobre la cruz romana. ¡Pero la tumba vacía demostró que aquel viernes negro fue la peor derrota de Satanás!

Conclusión

En este breve estudio, hemos analizado varios aspectos sobre el nacimiento de Jesucristo. Ahora, queremos unirlo todo.

En el invierno del 5 ó 4 a.C., Dios invadió la historia al tomar la forma de un hombre. Nació en un pueblito justo al sur de Jerusalén. Belén, que significa “casa de pan”, de hecho se hizo digna de su nombre una solitaria noche de invierno. Porque allí, en ese pueblo, nació el Pan de Vida…

Su madre puso al niño rey en un pesebre—o comedero—porque no había lugar en el mesón en que alojarían. El nacimiento de este rey fue celebrado aquella noche solo por su madre, su marido y un puñado de pastores. Los pastores habían estado en los campos aledaños a Belén, guardando los corderos que habrían de morir la próxima Pascua. Se les presentó un ángel que les anunció el nacimiento: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11). En su fe sencilla, se apresuraron a ver el rey recién nacido.

Al poco tiempo del nacimiento del Mesías, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron al rey Herodes dónde habría de nacer el verdadero rey de los judíos. Los teólogos de la corte de Herodes conocían muy bien las Escrituras—en “Belén”, le relataron. Irónicamente, a pesar de que conocían las Escrituras, ¡no las creían! Ni siquiera se molestaron en viajar las cinco o seis millas hacia Belén para ver a su Mesías.

¡Pero Herodes creía en las Escrituras! Por eso envió un grupo de carniceros a Belén para matar niños inocentes, con la esperanza de destruir a este rival de su trono. Pero fue muy tarde. Los magos habían ido y venido, y Jesús ya se encontraba a salvo en Egipto.

Y los magos creían en las Escrituras. Habían viajado varios cientos de millas a adorar a este Niño. Fueron guiados hacia Belén por un fenómeno celestial sobrenatural—y por las Escrituras. Aparentemente, sus ancestros habían sido instruidos por el profeta Daniel acerca del Mesías venidero… Cuando vieron al niño, se postraron y le adoraron. Este era Dios hecho carne. No había otra cosa que pudieran hacer.

Y le ofrecieron presentes—oro, incienso y mirra. Estos eran regalos inusuales—bajo cualquier punto de vista. Por supuesto, todos podemos comprender el oro—pero el incienso y la mirra fueron curiosos. Tal vez habían leído la profecía de Isaías que “Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento… Traerán oro e incienso y publicarán alabanzas de Jehová…” (Isa. 60:3, 6). Esto explica el incienso, pero no la mirra.

La mirra, como el incienso, era un perfume. Pero, a diferencia del incienso, la mirra olía a muerte. En la antigüedad, se ocupaba para embalsamar un cadáver. Jesús mismo sería embalsamado con este perfume (cf. Juan 19:39).

Si los magos estaban pensando en la muerte de Jesús cuando le trajeron mirra, sin duda lo sabían por la profecía de Daniel (9:24-27). En el capítulo noveno de Daniel leemos que “se quitará la vida del Mesías” y esto para “expiar la iniquidad” y “para traer la justicia perdurable” (9:26, 24).

Incluso en el nacimiento de nuestro Salvador, la sombra de la cruz se deja caer sobre su rostro…

Los teólogos de la corte de Herodes no creían en las Escrituras. Fueron unos necios. Herodes creía, pero desobedeció. Fue un loco. Los sencillos pastores y los majestuosos magos creyeron en este niño Salvador—y les fue contado para justicia. Que nosotros sigamos por ese camino.


Daniel B. Wallace has taught Greek and New Testament courses on a graduate school level since 1979. He has a Ph.D. from Dallas Theological Seminary, and is currently professor of New Testament Studies at his alma mater.

His Greek Grammar Beyond the Basics: An Exegetical Syntax of the New Testament (Zondervan, 1996) has become a standard textbook in colleges and seminaries. He is the senior New Testament editor of the NET Bible. Dr. Wallace is also the Executive Director for the Center for the Study of New Testament Manuscripts.

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