Velar a las mujeres, la más potente arma de los islamistas


Velar a las mujeres, la más potente arma de los islamistas
por Giulio Meotti
16 de Mayo de 2016

Traducción del texto original: Veiling Women: Islamists´ Most Powerful Weapon
Traducido por El Medio

Laurence Rossignol, ministra francesa de Familia, Infancia y Derechos de las Mujeres, provocó un escándalo relativo a la proliferación del velo islámico en su país al comparar a las mujeres que se cubren la cabeza con “los negros americanos que aceptaban la esclavitud”. Por su parte, Elisabeth Badinter, una de las feministas más famosas de Francia, pidió el boicot de las firmas de moda que, como Uniqlo o Dolce & Gabanna, están diseñando prendas islámicamente correctas (en 2013, los musulmanes gastaron 266.000 millones de dólares en ropa, y la cifra podría llegar a los 484.000 millones en 2019).

También está surgiendo una nueva tendencia en la cultura popular occidental, que en los medios era casi invisible hace una década: aparecen mujeres con la cabeza cubierta en programas de televisión como MasterChef.

La cultura popular considera ahora normal que las mujeres lleven velo. Air France pidió recientemente a sus empleadas que llevaran velo cuando estuviesen en Irán. El Gobierno de Italia cubrió no hace mucho las esculturas de desnudos del Museo Capitolino de Roma durante la visita del presidente de Irán, Hasán Ruhaní, por “respeto” a su sensibilidad.

En el mundo árabe-islámico, sin embargo, las mujeres que llevaban velo fueron durante mucho tiempo la excepción.

Es difícil creer que, hasta principios de la década de 1990, la mayoría de las mujeres de Argelia no llevaba velo. El 13 de mayo de 1958, en la Plaza del Gobierno de Argel, decenas de mujeres se arrancaron el velo. Las minifaldas invadieron las calles.

La Revolución de Irán revirtió esta tendencia: el primer pañuelo apareció a comienzos de la década de 1980 con el auge de los movimientos islámicos en las universidades de Argelia y los barrios pobres. El hiyab era distribuido por la embajada iraní en Argel.

En 1990, Argelia estaba al filo de una larga era de muerte y miedo: una guerra civil con el fantasma del avance del islamismo (hubo 100.000 muertos). La gente sabía que iba a ocurrir algo terrible con sólo contar los velos en las calles.

La primera víctima de la guerra islamista en Argelia fue una joven que se negó a llevar el velo, Katia Bengana. Defendió su decisión incluso cuando sus ejecutores le pusieron una pistola en la cabeza. En 1994, Argel despertó literalmente con los muros llenos de carteles islamistas que anunciaban la ejecución de la mujer sin velo. Hoy, pocas mujeres se atreven a salir de su casa sin el hiyab o el chador.

Si miramos las fotografías de Kabul en los años 60, 70 y 80, veremos muchas mujeres sin velo. Después llegaron los talibanes y las cubrieron. La emancipación en Marruecos la desencadenó la princesa Lala Aisha, hija del sultán Mohamed ben Yusef, que adoptó el título de rey cuando el país proclamó la independencia. En abril de 1947, Lala dio un discurso en Tánger; el público escuchaba atónito a esa chica sin velo. En pocas semanas, las mujeres de todo el país se negaron a llevar el pañuelo. Marruecos es hoy uno de los países más libres del mundo árabe.

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Si contempla fotos de los Kabul en los años 60, 70 y 80, verá numerosas mujeres sin velo. Luego llegaron los talibanes y las cubrieron.

En Egipto, ya en los años cincuenta, el presidente Gamal Abdel Naser fue a la televisión paraburlarse de la petición de los Hermanos Musulmanes de cubrir a las mujeres. Su mujer, Tahia, no llevaba pañuelo, ni siquiera en las fotografías oficiales. Hoy, según la socióloga Mona Abaza, el 80% de las mujeres egipcias llevan velo. No fue hasta los años 90 cuando el wahabí, la versión estricta del islam, llegó a Egipto a través de millones de egipcios que fueron a trabajar a Arabia Saudí y otros países del Golfo. Entretanto, los movimientos políticos islamistas fueron ganando terreno. Y entonces las mujeres egipcias empezaron a llevar el velo.

En Irán, el tradicional velo negro que cubre a las mujeres iraníes de los pies a la cabeza invadió el país con el ayatolá Jomeini. Él afirmaba que el chador era el “estandarte de la revolución” y lo impuso a todas las mujeres.

Cincuenta años antes, en 1926, el sha Reza había dado protección policial a las mujeres que se negaban a llevar el velo. El 7 de enero de 1936 ordenó a todas las maestras y a las mujeres de los ministros y funcionarios del Gobierno que se mostraran con “ropas europeas”. El sha pidió a su mujer y sus hijas que no llevaran el velo en público. Estas y otras reformas occidentales fueron apoyadas por el sha Mohamed Reza Pahlevi, que sucedió a su padre en septiembre de 1941, y prohibió que las mujeres llevaran el velo en público.

En Turquía, Mustafá Kemal Ataturk arengó a las mujeres incitándolas a dar ejemplo: quitarse el velo suponía acelerar la necesaria reconciliación entre Turquía y la civilización occidental. Durante cincuenta años, Turquía rechazó el velo, hasta 1997, cuando el Gobierno liderado por el islamista Necmetin Erbakan abolió la prohibición del velo en los espacios públicos.

La Turquía de Erdogan utilizó el velo para fomentar la desenfrenada islamización de la sociedad.

En cambio, el presidente de Túnez, Habib Burguiba, emitió una circular que prohibía llevar el hiyab en las escuelas y los edificios públicos. Dijo que el velo era un “trapo odioso” y promovió su país como una de las naciones árabes más ilustradas.

No sólo el mundo musulmán rechazó durante mucho tiempo este símbolo. Antes de la propagación del islam radical, la minifalda, uno de los símbolos de la cultura occidental, también se podía ver por todo Oriente Medio. Hay muchas fotografías que nos recuerdan ese largo periodo: azafatas sin velo y con falda de la aerolínea afgana (qué ironía que Air France quiera hoy cubrirlas); el concurso de belleza que el rey Husein de Jordania organizó en el Hotel Philadelphia; el equipo de fútbol femenino iraquí; la atleta siria Silvana Shahín; la mujer libia que marchaba sin velo por las calles; las estudiantes de la Universidad Birzeit de Palestina y las chicas egipcias en la playa (en esa época, el burkini se habría considerado una jaula inaceptable).

Después, a mediados de los 80, todo cambió de repente: la sharia fue instaurada en muchos países, las mujeres de Oriente Medio fueron colocadas en cárceles portátiles y en Europa prosiguieron con el velo para reclamar su “identidad”, lo que significaba una negativa a asimilar los valores occidentales, y la islamización de muchas europeas.

Primero impusieron el velo a las mujeres, y después los islamistas empezaron su yihad contra Occidente.

Primero traicionamos a esas mujeres aceptando su esclavitud como una liberación, y después Air France empezó a cubrir a las mujeres cuando estuviesen en Irán como forma de “respeto”. También dice mucho de la hipocresía de la mayoría de las feministas occidentales, siempre dispuestas a denunciar a los homófobos cristianos y el sexismo en EEUU, mientras guardan silencio sobre los crímenes sexuales del islam radical. En palabras de la feminista Rebecca Brink Vipond: “No voy a picar en el anzuelo de la condescendiente llamada a que las feministas dejen a un lado sus objetivos en América para abordar los problemas de las teocracias musulmanas”. Estas son las mismas feministas que abandonaron a Ayaan Hirsi Ali, la valiente holandesa-somalí disidente del islam, dejándola a su suerte incluso después de haberse podido refugiar en EEUU: impidieron que hablara en la Universidad Brandeis.

¿Durante cuánto tiempo seguiremos prohibiendo la mutilación genital femenina? Un estudio recién publicado en EEUU sugiere que permitir ciertas formas “más suaves” de mutilación femenina, que afecta a 200 millones de mujeres en el mundo, es más “sensible culturalmente” que prohibir la práctica, y que una “incisión” ritual en la vagina de las chicas podría evitar una práctica de desfiguración más radical. La propuesta no provino de Tariq Ramadan o de un tribunal islámico de Sudán, sino de dos ginecólogos americanos, Kavita Shah Arora y Allan J. Jacobs, que publicaron el estudio en una de las revistas científicas más importantes, el Journal of Medical Ethics.

Es un testimonio de hasta dónde se puede llegar en lo que el nuevo filósofo francés Pascal Bruckner llamó “el sollozo del hombre blanco”, con su masoquismo, su cobardía y su relativismo cínico. ¿Por qué no justificar también la lapidación islámica de las mujeres que son acusadas de adulterio? Es como si nos faltara tiempo para capitular.

NOTAS

http://es.gatestoneinstitute.org/8059/velar-mujeres

Reino Unido: lo que piensan realmente los musulmanes británicos


Reino Unido: lo que piensan realmente los musulmanes británicos
por Soeren Kern | 1 de Mayo de 2016
Traducción del texto original: UK: What British Muslims Really Think
Traducido por El Medio [0]
Muchos musulmanes británicos no comparten los valores de sus compatriotas no musulmanes, y dicen que quieren llevar vidas separadas bajo la ley islámica de la sharia, según los resultados de una nueva encuesta.

El sondeo, que demuestra que una parte significativa de la comunidad musulmana británica se está convirtiendo en una “nación separada dentro de una nación”, ha vuelto a abrir el debate sobre el fracaso de treinta años de multiculturalismo [1] británico y la necesidad de medidas más contundentes para promover la integración musulmana.

La encuesta fue realizada por ICM Research para el documental de Channel 4 What British Muslims Really Think, emitido el 13 de abril.

La encuesta, de 615 páginas, revela que más de 100.000 musulmanes británicos simpatizan con los terroristas suicidas y con quienes cometen otros actos terroristas. Además, sólo uno de cada tres musulmanes británicos (34 por ciento) llamaría a la policía si creyera que alguien de su entorno ha tenido alguna relación con los yihadistas.

Por añadidura, el 23 por ciento de los musulmanes británicos dijo que la ley islámica de la sharia debería sustituir a la ley británica en las zonas con gran población musulmana.

En cuanto a los asuntos sociales, el 52 por ciento de los musulmanes encuestados dijeron que, a su juicio, la homosexualidad debería ser ilegal, frente al 22 por ciento de los británicos no musulmanes. Casi la mitad cree que es inaceptable que un gay o una lesbiana den clases a sus hijos. Al mismo tiempo, casi un tercio (31 por ciento) de los musulmanes británicos cree que la poligamia debería ser legalizada. En la franja de los 18 a los 24 años, el 35 por ciento considera aceptable tener más de una esposa.

El 39 por ciento de los musulmanes encuestados creen que las mujeres siempre deberían obedecer a sus maridos, frente al 5 por ciento de los no musulmanes. Uno de cada tres musulmanes británicos se niega rotundamente a condenar la lapidación de las mujeres acusadas de adulterio.

El sondeo también reveló que una quinta parte de los musulmanes británicos no han entrado en la casa de un no musulmán durante el año pasado.

El 35 por ciento de los musulmanes británicos encuestados cree que los judíos tienen demasiado poder en Reino Unido, frente al 8 por ciento de los no musulmanes.

En un artículo publicado en el Sunday Times, Trevor Phillips, presentador del documental y exdirector del organismo británico Equality and Human Rights Comission, advirtió de un creciente “abismo” entre los musulmanes y no musulmanes británicos que “no va a desaparecer en el corto plazo”.

Phillips escribió que la encuesta revela la “desapercibida creación de una nación dentro de la nación, con su propia geografía, sus propios valores y su propio futuro separado”. Y añadía: “Yo pensaba que los musulmanes de Europa se irían adaptando al entorno. Tendría que haberme dado cuenta”.

Phillips se refería a su cometido para poner en marcha el informe de 1997 titulado Islamophobia: A Challenge for Us All. El documento, también conocido como Informe Runnymede, popularizó el término “islamofobia” en Gran Bretaña y fue singularmente responsable del silenciamiento de las críticas hacia la inmigración masiva del mundo musulmán. Veinte años después, Phillips admite que ha cambiado de parecer.

En un artículo en el Daily Mail, Phillips escribió:

Hay una lucha a vida o muerte en el espíritu del islam británico, y esta es una batalla en la que el resto de nosotros no podemos mantenernos al margen. Tenemos que elegir bando. (…)

El cuatro por ciento –lo que equivale a más de 100.000 musulmanes británicos– respondió a los investigadores que simpatizaban con quienes participaban en los atentados suicidas para luchar contra la injusticia. Cuando se les preguntó si conocían a alguien que apoyara el terrorismo en Siria, sólo uno de cada tres dijo que lo denunciaría a la policía. (…)

Uno de los hallazgos es verdaderamente escalofriante. Los musulmanes que tienen visiones distintas sobre cómo quieren vivir en Gran Bretaña son mucho más proclives a apoyar el terrorismo que quienes no las tienen. Y hay demasiados de los primeros como para pensar que podremos vencer gradualmente la amenaza. (…)

Los musulmanes de mentalidad liberal llevan algún tiempo diciendo que nuestra actitud tolerante ha permitido que crezca un clima en el que las ideas extremistas han prosperado entre las comunidades musulmanas de Gran Bretaña. Los políticos han tratado de reconfortarnos diciéndonos que sólo una pequeña minoría tiene posturas peligrosas. (…)

Entretanto, hay chicas que son enviadas a que les mutilen los genitales, chicos y chicas jóvenes que son presionados para casarse contra su voluntad, y adolescentes que son seducidos para que se pongan chalecos explosivos o se conviertan en novias yihadistas. (…)

Hemos sido demasiado comprensivos, y muy poco críticos, y hemos sacrificado así a una generación de jóvenes británicos por unos valores que son opuestos a las creencias de la mayoría de nosotros, incluidos muchos musulmanes. (…)

En mi opinión, hemos de adoptar un enfoque mucho más potente sobre la inmigración que nunca y que sustituya la fracasada política del multiculturalismo.

Phillips añadía:

Los musulmanes quieren ser parte de Gran Bretaña, pero muchos no aceptan los valores y conductas que hacen de Gran Bretaña lo que es; creen que el islam ofrece un futuro mejor. Y una pequeña minoría siente que estas creencias sinceras justifican los intentos de destruir nuestra democracia. (…)

Los musulmanes británicos liberales imploran que se haga frente a este desafío. La complacencia que hemos mostrado hasta ahora les está dejando solos en la batalla, y poniendo a nuestra sociedad en peligro. No podemos permanecer pasivos con la esperanza de que el problema desaparezca.

Por otra parte, la encuesta revela que el 88 por ciento de los musulmanes británicos cree que Gran Bretaña es un buen lugar para que vivan los musulmanes. Según Phillips, esto se debe a que la tolerancia de que disfrutan en Reino Unido les permite hacer lo que quieran.

Algunos musulmanes británicos han rechazado las conclusiones de la encuesta, de la que dicen que utiliza una metodología defectuosa, porque se llevó a cabo en zonas donde los musulmanes suponen más del 20 por ciento de la población, frente al 5,5 por ciento del total. Dicen que los resultados de la encuesta están sesgados porque son representativos de los musulmanes de esas zonas y no de los musulmanes británicos en conjunto.

Sin embargo, en una entrevista con la CNN, el director del ICM, Martin Boon, dijo que más de la mitad de todos los musulmanes británicos viven en zonas donde los musulmanes son más del 20 por ciento, y que los resultados del sondeo son sólidos. “A mi juicio, es el sondeo más riguroso sobre los musulmanes aparte de las encuestas más amplias y caras realizadas por el gobierno de Reino Unido”, dijo Boon.

El presidente del British Polling Council, John Curtice, dijo a la CNN que había empleado los métodos estándar para encuestas a minorías étnicas en Reino Unido.

A diferencia de otros muchos sondeos de opinión musulmana, que por lo general se han realizado por teléfono o por internet, ICM hizo una investigación presencial y a domicilio para interrogar a una muestra representativa de 1.081 musulmanes de toda Gran Bretaña.

La población musulmana de Gran Bretaña superó los tres millones y medio en 2015 convirtiéndose en el 5,5 por ciento de la población general, de 64 millones, según las cifras extrapoladas de un estudio reciente sobre el crecimiento de la población musulmana en Europa. En términos reales, Gran Bretaña tiene la tercera mayor población musulmana de la Unión Europea, por detrás de Francia y después Alemania.

En un comunicado, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña (vinculado a los Hermanos Musulmanes) se quejó de que el sondeo carecía de “rigor académico” y advertía de que “no hará más que endurecer las posturas de ambas partes”. Y proseguía:

A muchos musulmanes británicos les dejará perplejos que los comentaristas y los medios hayan intentado constantemente y en vano mostrar una imagen de los musulmanes británicos que choca con el resto del país. La manera en que se ha formulado y presentado este sondeo, en este clima de miedo hacia los musulmanes, es muy desafortunada.

En un artículo de opinión en el Guardian, Miqdaad Versi, subsecretario general del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, sostenía que a Phillips “le falta sutileza” y que “interpreta de manera distorsionada las diversas comunidades musulmanas de Reino Unido”. Escribía:

Los debates y propuestas para promover la integración y la cohesión son siempre bienvenidos. Pero el punto de partida no debería ser que el problema son los musulmanes, que no son lo suficientemente británicos, y que deben ser civilizados según un concepto preexistente de britanidad.

Por el contrario, Sir Gerald Howarth, diputado conservador por Aldershot, dijo:

Tres hurras por Trevor Phillips. Creo que tiene toda la razón. Hay un elemento en la comunidad musulmana que rechaza nuestros valores mientras se beneficia de nuestra tolerancia. (…)

Somos una nación tolerante porque estamos enraizados en la fe cristiana, que es una religión tolerante. A medida que nuestra propia observancia religiosa decae, se crea un vacío que está aprovechando la comunidad islamista de la línea dura. (…)

Hemos sido una sociedad muy complaciente.

Allison Pearson, columnista del Daily Telegraph, pidió la prohibición inmediata de todos los tribunales de la sharia en Gran Bretaña y pidió al Gobierno que asegurara que todos los ciudadanos se sometan a la ley británica. Y resumía así el atolladero británico:

La situación es grave. A menos que lo logremos, la actitud de “vive y deja vivir” que hace de Gran Bretaña un magnífico lugar podría acabar siendo su sentencia de muerte.

Soeren Kern es analista de política europea para el Instituto Gatestone en Nueva York. Síguelo en Facebook y en Twitter. Su primer libro, Global Fire, estará a la venta en 2016.

Notas
[0] http://es.gatestoneinstitute.org/7949/musulmanes-britanicos-sondeo
[1] Según el portal Definición ABC, en la definición de multiculturalismo, se explica que las sociedades en las que predomina un mismo grupo social y existe una religión, un idioma y una cultura todavía existen en muchos rincones del planeta. Sin embargo, el modelo de sociedad homogénea está siendo sustituido por un modelo plural de sociedad. En muchas ciudades y países la población es heterogénea en muchos sentidos: conviven lenguas, religiones, tradiciones y formas de entender la vida muy distinta. Esta diversidad ha sido acuñada con el término multiculturalismo. El multiculturalismo es algo más que la suma de tradiciones culturales en un mismo espacio geográfico. De hecho, el multiculturalismo implica una valoración positiva de la diversidad humana. Podríamos decir que se trata de una doctrina que defiende la tolerancia, el respeto y la convivencia entre culturas diferentes. Este planteamiento supone una defensa de la igualdad de todas las tradiciones culturales, de tal manera que no haya una por encima de las otras sino que todas sean valoradas en un plano de igualdad. El multiculturalismo implica un cierto relativismo cultural, es decir, la consideración de que una cultura no es superior a otra y que, en consecuencia, las diferencias en las costumbres deben aceptarse como un signo de tolerancia y convivencia pacífica. El multiculturalismo es entendido en ocasiones como una oportunidad, ya que significa que personas con culturas muy distintas pueden conformar una sociedad más rica, más plural y con un espíritu cosmopolita.[extr. de http://www.definicionabc.com/general/multiculturalismo.php ]

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Desvelando el Islam, 26 marzo 2016

No es falsa modestia, pero llevo más de 30 años “practicando” el apostolado, proclamando la tierra y el cielo, advirtiendo del Islam, de los radicales islámicos y de todo lo que está pasando hoy día en Europa y en este amado país, que se llama España.
El Islam es uno de los problemas mayores que tiene el mundo actual, uno de los principales peligros para la paz de nuestra época, especialmente para el Occidente. El Islam está fundamentado sobre la conquista militar. La historia del Islam, desde su nacimiento está atestada de violencia y guerra y se extendió por “el filo de la espada”, hasta el presente. Desde el comienzo del siglo XXI, en Europa ha registrado un aumento muy significado de población musulmana, y por tener costumbres y creencias bastante distanciadas de los valores modernos de Occidente, se ha convertido en la minoría más visible. Además, la estrecha relación entre el terrorismo y la inmigración musulmana, el Islam en Europa se ha convertido en un tema muy polémico.

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