Mártires, lapsi y traditores


Mártires, lapsi y traditores

Palabaras para vivir, 14 julio 2016

Cuentan que, estando en la cárcel el pastor protestante Bonhoeffer, por su oposición al nazismo de Hitler, otro pastor protestante fue a verle para convencerle de que se uniera a los que apoyaban al dictador. Dicen que le dijo: “Mira a dónde te ha conducido tu comportamiento”. A lo que el futuro mártir respondió: “Fíjate también tú a dónde te ha conducido el tuyo”. Y es que hay épocas, como decía Solzhenitsyn desde el gulag de Siberia donde le metieron los comunistas, en las que el único sitio donde un hombre honrado puede estar es en la cárcel. Por supuesto que los que renuncian al martirio lo hacen llenos de lo que el mundo llama “sentido común” y reciben a cambio honores y dignidades -civiles o eclesiásticas-, a la par que son ensalzados como gente sensata. Los otros, en cambio, son presentados ante la opinión pública como integristas, radicales peligrosos, fundamentalistas, y no se duda en afirmar que si terminan su vida bajo la tortura es porque ellos lo han querido así, a pesar de los muchos intentos que sus nobles y buenos verdugos hicieron para evitar hacerles daño; la culpa era de ellos y no de los que les quitaron la vida en medio de los tormentos, los cuales, pobrecillos, no tuvieron más remedio que hacerlo.

En realidad, esto no es nuevo. Ya en los primeros siglos de la Iglesia, cuando arreciaban las persecuciones, muchos cristianos apostataban de la fe para evitar el martirio. Fueron llamados “lapsi” y sobre su integración posterior a la Iglesia, una vez pasada la persecución, se produjeron no pocos debates. También entre el clero abundaron los apóstatas, una parte del cual fue catalogada como “traditores”, pues entregaban a las autoridades romanas los libros sagrados -hoy diríamos que renunciaban a presentar íntegro el mensaje moral del cristianismo- y quizá incluso las especies eucarísticas. Lapsis y traditores fueron dejados en paz por los perseguidores e incluso cubiertos de honores y recompensas. Los otros, los que eran echados a los leones, pasaban por intransigentes que no sabían vivir en paz con los demás porque insistían en algo tan provocador y ofensivo como la pretensión de que Cristo era el único Salvador del mundo y de que en Él estaba contenida la verdad plena. Si morían era por culpa suya y bien merecido se lo tenían. Total, ¿qué importancia tenía echar un poco de incienso en el altar de un dios en el que nadie creía, o tirar al estercolero un poco de pan consagrado en el que ya los que lo arrojaban habían dejado de creer?

Esas épocas pasadas -alguna, como la de Bonhoeffer, no tan antigua- está ya a las puertas. De nuevo vuelven los tiranos a obligarnos a adorar a los ídolos, aunque ahora esa tiranía se presente con otros rostros y los falsos dioses no tengan ni siquiera la belleza estética de las esculturas griegas y romanas. Esta semana, en Bélgica, un tribunal ha condenado a una residencia de ancianos cristiana a pagar una multa de 6.000 euros (se dice explícitamente que la cantidad es testimonial, es decir es un mero aviso a navegantes) porque se negó a aplicar la eutanasia a una señora que residía allí. Aunque la anciana fue objeto de revisión por un médico de la residencia, que certificó que no se cumplían las condiciones legales para la eutanasia, sus familiares se la llevaron del centro y consiguieron finalmente que ella muriera, después de lo cual demandaron a la residencia.

No es el único caso. En Colombia se ha retirado a las instituciones sanitarias la posibilidad de acogerse a la objeción de conciencia ante el aborto, reservando ese derecho sólo a las personas. Es decir, que un hospital católico tendrá obligatoriamente que hacer abortos, aunque su personal contratado no quiera hacerlos; no se sabe si deberá contratar un personal adicto a ese crimen o si tendrá que permitir que las mujeres que lo deseen usen las instalaciones contratando a sus propios médicos.

Algo parecido está ya pasando en la educación. Son ya varios los países donde se obliga a los colegios a enseñar a masturbarse a niños de ocho años, y donde la ideología de género se impone como un dogma indiscutible.

Los dictadores han vuelto. Nos obligan a elegir entre la espada de incumplir las leyes civiles y la pared de traicionar a Jesucristo y su mensaje. No faltan ni los lapsi ni, por desgracia, los traditores.

Dios quiera que tampoco falten los mártires. Los colaboracionistas ya están echando incienso en el altar de los dioses y renunciando a presentar íntegro el mensaje cristiano. Lo hacen en nombre de nobles causas y de elevadísimas y divinas virtudes. Pero son sólo eso, colaboracionistas, lapsis y traditores, y así pasarán a la historia.

———
http://www.religionenlibertad.com/martires-lapsi-traditores-50854.htm

4 de Julio de 1776: “LA REVOLUCION PRESBITERIANA”


4 de Julio de 1776: “LA REVOLUCIÓN PRESBITERIANA”

revolutionprayer

4 de Julio de 1776: “La Guerra Presbiteriana”

El gran secreto que los revisionistas han hecho de la Revolución Americana es negar su elemento religioso de principio a fin. Según Ambrose Serle, Secretario General Británico del General Howe en New York, la Revolución Americana fue ultimadamente una “Guerra religiosa” [ Benjamin F. Stevens, ed., Ambrose Serle to Lord Dartmouth, November 8, 1776 in B. F. Stevens’ Facsimiles of Manuscripts in European Archives Relating to America 1773-1783, with Descriptions, Editorial Notes, Collations, References and Translations, vol. 24 (reprint Wilmington, DE: Mellifont Press, 1970) 2045.].

 

 

Suiza quiere restaurar su pasado con las comunidades anabaptistas (menonitas y amish)


Suiza quiere restaurar su pasado con las comunidades anabaptistas (menonitas y amish)

El Estado y las autoridades de la Iglesia protestante suiza organizan eventos conmemorativos para reconciliar a Suiza con un capítulo oscuro de su pasado relacionado con la persecución de los anabaptistas.

  • Leer más ACA:

Los judaizantes y el apostol Pablo


Los judaizantes y el apóstol Pablo
Las 7 Leyes de Noé y la conversión de los Gentiles.

Tratar sobre el tema de “judaizar” no es cosa fácil para nosotros que hemos accedido a la fe de Jesús -al que hemos reconocido como el Mesías de Israel- desde el ámbito gentil o no judío. Cuando digo gentil (goy en hebreo) me estoy refiriendo a que si el mensaje del Señor es primeramente para los judíos:
“A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10:5-6).

y
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

Nosotros como gentiles, esto es, como no pertenecientes a la familia física de Israel (para ello según la Ley judía hay que ser hijo de judía -ni siquiera vale con ser hijo de judío y de madre gentil-) hemos sido invitados a ser injertados en ese árbol que es Israel por medio de la conversión al Mesías:
“Porque si tú (gentil o goy) fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre (el paganismo), y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo (esto es, en el pueblo de Israel por la conversión), ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales (los judíos), serán injertados en su propio olivo?” (Romanos 11:24).

Nos cuesta pues leer el “judío” Nuevo Testamento -con un mensaje universal- sin quitarnos las gafas gentiles o romanas que en algún caso nos pusieron como gentiles cuando nacimos, y que conservamos en muchos casos cuando nos convertimos a Jesús el Mesías de Israel. Resulta por esto más que interesante leer los comentarios de los judíos (Sean éstos o no conversos al que nosotros consideramos su Mesías: Yeshua) cuando, analizan, traducen o simplemente hablan del Nuevo Testamento.

Por otro lado, los judíos que leen el Nuevo Testamento o Nuevo Pacto a nada que sean honestos y lo hagan sin las pasiones y recelos que les produce el simple nombre de Jesús o de Cristianismo (debido al malísimo testimonio que durante 1800 años les han dado ciertas religiones mayoritarias que se hacen llamar cristianas) enseguida detectan que es un libro judío, escrito por judíos, sobre temas judíos, con una mentalidad plenamente judía. Si alguien sabe francés existe una traducción de la Biblia de un judío llamado André Chouraqui, rabino judío ortodoxo francés, traductor de la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) en versión judía. Alguno de sus comentarios ya los escribo en otra parte de esta WEB, pero los repito aquí:
“Yeshua, portador de un anuncio de redención, aspira a cumplir la Torá, no a suprimirla: la verdadera piedad exige una absoluta sinceridad, un amor infinito hacia ADONAI y hacia el prójimo. La oración que enseña a sus discípulos, el “Padre Nuestro” (Matyah 6:9-13 – Mateo 6:9-13) une dos textos que los judíos recitan cotidianamente en las liturgias, el Qadish y los Semonei ´Esrei o “Dieciocho bendiciones”. (La Bible Chouraqui, Liminaire pour un Pacte neuf; pág. 1870).

Hablando de Pablo, este mismo autor, que se dice a si mismo “al parecer, el primero en Israel en haber traducido y comentado el conjunto de los textos del Nuevo Testamento”, nos dice:
“A diferencia de una importante facción del judaísmo helenizado, Pablo jamás rompió con sus raíces hebraicas y rabínicas, y permanecerá inquebrantablemente fiel hasta la muerte a Elohim y al Pueblo de Israel: Como en el caso de Iéoshua, fue condenado a muerte por los romanos en tanto que judío rebelde. A pesar de su antilegalismo (…) Pablo fue toda su vida un judío ferviente y practicante. Encontraba en las comunidades judías de la Diáspora una acogida generalmente abierta. La cronología de sus viajes se fija en función de las fiestas judías. La resistencia que los fariseos, cuando pueden, oponen a su acción, era normal en el enfrentamiento general entre sectas (judías) de su tiempo (…) En nuestros días todavía un rabino, de la obediencia que sea, ortodoxo, conservador o liberal, jamás es acogido sin reservas ni riesgos en la sinagoga de una tendencia que no sea la suya” (La Bible Chouraqui, Lettres de Paulos; Pág. 2182).

Como resumen de lo dicho, tan solo al menos el intento de hacer ver que como gentiles que somos, sin parte ni beneficio de la riquísima y milenaria cultura judía y su herencia religiosa, difícilmente podremos entender y leer el Nuevo Testamento como lo que es: Un libro judío. Estudiando judaísmo apenas podemos vislumbrarlo, debido a las gafas “romanas” y “romanizadas” que hemos heredado, o simplemente -si somos honestos- a nuestra desgraciada en muchos casos Judeofóbia heredada culturalmente, seamos católico-romanos, protestantes o evangélicos o de cualquier otro grupo llamado “cristiano”. Y esto es importante para el estudio que pretendo desarrollar a continuación.

La conversión al judaísmo. Los “prosélitos de la puerta” y los “prosélitos de la justicia”.

Cuando un judío habla de que alguien es “judío” se está refiriendo a una persona que, habiendo nacido de madre judía (de vientre judío) ha sido circuncidada al octavo día conforme al ritual establecido por la ley de Moisés. Es por esto que a los verdaderos judíos les molesta enormemente la cantidad de “tarados” (que es lo que son) que, proviniendo del cristianismo, hoy en día se refieren a si mismos como “judíos” en la mayor de los casos por ignorancia.

(NOTA: no estamos hablando aquí de la manera en que Pablo nos llama a los gentiles que hemos abrazado la Ley del Mesías “judíos” interiormente o cosas similares, sino de lo que para el judaísmo ha sido y es un judío hoy y hace 2000 años).

Si un goy (gentil) se acerca a un rabino judío y le dice “quiero convertirme al judaísmo”, lo más probable es que primeramente el rabino analice bien el porqué de dicho deseo, y que le explique, tras un minucioso estudio del tema, que no es necesario que se circuncide ni que guarde los más de 600 mandamientos que todo judío debe guardar según la Ley de Moisés, sino que le basta, para agradar al Dios de Israel, el cumplir lo que ellos llaman las 7 leyes de Noé (que enseguida analizaremos), y pase así a convertirse en un Noéjida o “Prosélito de la puerta”, a diferencia del que siguiendo adelante por las razones que sean, desea pertenecer 100% al pueblo de Israel, circuncidarse, y guardar toda la Ley de Moisés, al que llaman “Prosélito de la justicia”. Insisto en que un rabino primeramente tratará de hacer notar al gentil que no es necesario de ningún modo circuncidarse ni comer kosher (las complicadas reglas dietéticas para los judíos según la Ley) ni guardar todos los complicados mandamientos de la ley de Moisés.

Las 7 leyes de Noé y el Concilio de Jerusalén. Prosélitos de la puerta y prosélitos de la justicia.

Las 7 leyes de Noé son 7 leyes que la tradición judía -basada en las Escrituras- dice que deben ser guardadas por los gentiles o goym (personas de madre no judía que no han ingresado por el ritual correspondiente en el judaísmo) que quieren servir a Dios sin necesidad de guardar la Torá de Moisés. A estos gentiles se les llama en el Nuevo testamento “Prosélitos” o “Temerosos de Dios”. El judaísmo los llama “Noájidas” (de Noé), “Prosélitos de la Puerta” o simplemente “Temerosos de Dios”. Como hemos dicho arriba el judaísmo en general distingue entre los llamados “Prosélitos de la Puerta” (que se limitan a guardar las 7 leyes) y los “Prosélitos de la Justicia” que dan el paso de circuncidarse y realizar otros rituales y pertenecer así plenamente al pueblo de Israel. En el caso del Nuevo Testamento el centurión de Hechos 10:1 “…llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios”es un “prosélito de la puerta”, mientras que el “Nicolás prosélito de Antioquia” de Hechos 6:5 sería un “prosélito de la justicia”, circuncidado (si no, no hubiese tenido siquiera acceso al Templo de Jerusalén donde los primeros judeocristianos se congregaban) y guardador de la Ley de Moisés. Esto, que a nosotros como gentiles se nos escapa, para un judío que lee el Nuevo Testamento es una obviedad absoluta, pues forma parte de su vida, de su cultura y de su sentir cotidiano. Es evidente, claro y sencillo.

Respecto a las citadas 7 Leyes de Noé, éstas son: (se recogen entre otros textos en la tradición judía en el Talmud, Sanedrín 56 a y b).
No adorar dioses falsos (Cualquier dios fuera del Dios de Israel.
No blasfemar.
No asesinar.
No robar.
No mantener relaciones sexuales ilícitas (no fornicar).
No comer carne de animal con sangre o vida (comer animales sacrificados según leyes específicas del judaísmo).
Promover el juicio y la justicia en el lugar de residencia (Vidas honestas y rectas).
El lugar que corresponde a cada uno, directo o indirecto, en la Torá (Pentateuco), posteriormente al Diluvio lo encontramos en (cito con una Biblia judía). Añado el comentario que hacen los judíos ortodoxos a cada versículo en relación con las Leyes:
“a imagen de Elokim Él hizo al hombre” (Bereshit / Génesis 9:6) – Si Él nos hizo, ¿cómo habremos de adorar falsas deidades?
“Elokim bendijo a Noaj y a sus hijos” (Bereshit / Génesis 9:1) – Si Él nos ha bendito, ¿cómo habremos de blasfemar?
“Yo pediré cuentas a cada uno por la vida del hombre” (Bereshit / Génesis 9:5)
“Todo lo que se desplaza y vive os servirá de alimento. Del mismo modo que las plantas, os lo doy todo” (Bereshit / Génesis 9:3) – Todo esto nos ha entregado, pero ¿tenemos derecho a usurpar/robar aquello que no nos ha dado?
“Yo establezco Mi pacto con vosotros, con vuestros descendientes después de vosotros” (Bereshit / Génesis 9:9) – Si no se mantiene la fidelidad conyugal, y el respeto y orden sexual, ¿cómo estar seguro de que aquel a quien llamamos hijo es realmente nuestro hijo, y no hijo del amante de nuestra señora?
“no comeréis carne con su vida (su sangre)” (Bereshit / Génesis 9:4)
“Yo establezco Mi pacto con vosotros” (Bereshit / Génesis 9:9) – ¿Qué garantiza que los pactos sean debidamente acordados y mantenidos sino la justicia y el juicio?
Según la tradición judía seis de estos siete mandamientos habían sido dictados a Adán aún estando en el jardín del Edén. Hoy los judíos ortodoxos no creyentes en Yeshua piensan que un gentil que quiere agradar al Dios de Israel se basta con cumplir los 10 mandamientos y estas llamadas 7 leyes de Noé. Al parecer en la época de Jesús se discutía cual era el número de estos mandamientos para los gentiles, si 4, 6 ó 7.

Lo que mandó el llamado (pues la palabra “Concilio” no está en la Biblia) Concilio de Jerusalén (cuando la primera iglesia era judía) para los gentiles que se querían convertir al Mesías, como el lector conocedor del Nuevo Testamento habrá reconocido es exactamente esto que acabamos de leer. Veámoslo:

“Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre” (Hechos 15:19)

Esto es:
Que sean monoteístas y crean solo en el Dios de Israel: “que se aparten de las contaminaciones de los ídolos” (Esto incluye no blasfemar, no robar, etc.).
Que no mantengan relaciones sexuales ilícitas: “que se aparten de… fornicación”.
Que no coman carne de animales ahogados: “que se aparten de… ahogado” (Esto habla de la manera en que según el judaísmo debe ser sacrificado un animal -sin dolor-, etc.).
Que no coman carne con su sangre: “que se aparten… de sangre” (Absolutamente prohibido para un judío -y por ende para un cristiano- probar la sangre, como vemos en numerosos textos de la Biblia).
Como vemos, Pablo, como buen judío que era, conocedor de la Ley y criado en Jerusalén a los pies del fariseo Gamaliel I, aplicó a los gentiles que se convertían al Mesías lo que él ya sabía: Que un gentil que deseaba servir a Dios y honrarle, no tenía porqué cumplir los complicados ritos de la Ley de Moisés reservados exclusivamente a los judíos. Así dice el judío Simon bar Joná (Pedro) en el Concilio:

“Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.” (Hechos 15:10-11).

Veremos como afecta esto a judíos y después a los gentiles:
Los judeonazarenos o judeocristianos y la Ley de Moisés

Observemos que pese a que Pedro dice esto, él así como Pablo y los demás “judeocristianos” eran fieles judíos cumplidores de la ley, como lo había sido el mismo Jesús. Así vemos que el libro de los Hechos nos da varias pistas al respecto. No justificamos con esto el “judaizar” para los gentiles, pero si el entender que un judío que cree en el Mesías (como conozco ya a varios) puede guardar la Ley de Moisés como tal ya que como dice Pablo: “Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión. ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.” (Romanos 3:30-31):

Los judeocristianos, como judíos que eran se reunían en el Templo de Jerusalén, sin que los demás judíos lo impidiesen:

“Y perseverando unánimes cada día en el templo” (Hechos 2:46)

“Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración” (Hechos 3:1)

“y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón” (Hechos 5:12)

“Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida” (Hechos 5:20)

“Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:42)

Una de las FALSAS acusaciones que se hacían contra los judeocristianos es que querían abolir la Ley de Moisés, que ellos como judíos seguían cumpliendo, pese a que en el Concilio de Jerusalén establecieron que no fuese así con los gentiles que se convertían:
“Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios (…) Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazareth destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés.” (Hechos 6:11-14).

“Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.” (Hechos 10:14).

Pedro es evidente que seguía guardando la ley de Moisés al no comer alimentos no Kosher (otra cosa es la enseñanza que Dios le da aquí usando este tema).
“Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” (Hechos 11:2). Nuevamente vemos como para estos judeocristianos primitivos, que guardaban al extremo la Ley como judíos que eran, necesitan de una explicación para entender porqué en este caso Pedro no la guardó.

“Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (Hechos 15:4-5).

Si pidieron que guardasen la Ley, pese a que como hemos visto el judaísmo enseña que no es necesario, es porque ellos como judíos si la guardaban, pese a saber que no es por la Ley que uno es justificado, sino por la fe en el Mesías, que confirma la Ley que ellos cumplían.
“Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; (…) y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley.” (Hechos 21:18-20)

“Pero se les ha informado en cuanto a ti (se trata de una falsa acusación), que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. (vemos que esto no es cierto, si lo es respecto a los gentiles como hemos visto) ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley” (Hechos 21:21-24).

Si vamos a Números 6 en el Antiguo Testamento veremos que para rasurar su cabeza y acabar su voto, los nazareos debían hacer un sacrificio de animales (Tórtolas o incluso corderos según el caso). Esto es lo que pagó Pablo, y ¡¡les acompañó a sacrificar animales!! (¡Qué choque para los cristianos que leen esto!!) como judío observante de la Ley que era. Como seguimos leyendo tras este texto de Hechos, la no observancia de la Ley, la sola observancia de las Leyes de Noé es:
“…tú también andas ordenadamente, guardando la ley. Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto…” (Hechos 21:24-25).

Esto es, sabían, como era y sigue siendo en el judaísmo, que para un gentil basta con guardar las leyes de Noé, sin la carga de la ley Mosaica.

Inmediatamente el libro de Hechos nos refiere las falsas acusaciones de otros judíos no creyentes en Yeshua contra el judío Pablo:
“Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar.” (Hechos 21:27-28).

Tan falso es según nos relata hechos, el decir que Pablo enseñaba contra Israel, la Torá y el Templo, como el decir que había metido gentiles en el Templo.

Veamos a continuación la defensa de Pablo ante estas acusaciones:
“Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros” (Hechos 22:3).

Pablo les dice que es tan celoso de Dios como lo son ellos como judíos estrictos en cuanto a la Ley. Pese a todo Pablo sabe, como nos dice en Romanos, que la importancia está en la ley y la circuncisión interior, que no distingue entre judío o gentil, y que en el caso del judío le confirma la Ley exterior.
“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones” (Romanos 2:14-16) “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne, sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2: 28-29).

Y dice más adelante que precisamente por esto, porque la cosa va de la fe que hay dentro, que:
“¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.” (Romanos 3:30-31).

La fe no invalida ni anula la Ley o Torá, la fe confirma la Ley (Repito e insisto aquí que para el judío, no para el gentil).

Más adelante Pablo, al ser juzgado, insiste en su condición de celoso fariseo guardián de la Ley (en primer lugar como él mismo dice, de la interior que confirma y da sentido a la exterior):
“Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga.” (Romanos 23:6).

Esto no es una triquiñuela de Pablo, ni una “mentira piadosa” para despistar, es que él era fariseo, y nunca dejó de serlo:
“Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo, en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible” (Filipenses 3:4-5).

Y dice más adelante, en línea con su idea de que la Ley externa no tiene sentido ni valor sin la Ley interna:
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:7-9).

Lo que concuerda con lo que leíamos de Pedro en Hechos, y con lo que abríamos este apartado:
“Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.” (Hechos 15:10-11).

Hemos visto que pese a la apologética anti-Lay (Torá) que comenzaron los Padres de la Iglesia (gentiles) a partir del siglo II y más en concreto del III, el Libro de Hechos o la lectura por un judío del Nuevo Testamento no indican que por esto la Ley ceremonial que los judeocristianos guardaron el el siglo I (y después en siglos posteriores) quedase invalidada para los descendientes físicos de Israel, sino que por medio de la fe en el Mesías Yeshua que ellos tenían y en la que pusieron sus esperanzas para su justificación, quedaba confirmada y cobraba su verdadero sentido, aún siendo sombra de las cosas celestiales.
Los gentiles nazarenos o cristianos y la Ley de Moisés

Si como acabamos de ver la Ley de Moisés en su vertiente ceremonial no ha sido ni será abolida para el pueblo físico judío, tal y como el Señor dijo…

“No penséis que he venido a abolir la Ley (Torá) o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir, porque de cierto os digo que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos.” (Mateo 5:17-19)

…Sí debemos decir que en el caso de los gentiles que se convierten al Dios de Israel el caso es bien distinto. Como hemos visto arriba, el judaísmo no considera a su Dios como algo propio para ellos, sino que Él es el Dios de toda la Tierra, inclusive para los gentiles que por medio de la conversión pueden participar de sus bendiciones.

Sin embargo, con la Ley o Torá la cosa es bien distinta. El judío ortodoxo considera la Ley o Torá como algo propio y específico de su pueblo, algo que les incumbe exclusivamente a ellos. Así nos dice el judío apóstol Pablo hablando de los judíos:
“…mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.” (Romanos 9:3-5)

Por ello como hemos visto la manera de ingresar al judaísmo de un gentil pasa por el cumplimiento de corazón de las citadas 7 leyes de Noé (En el Concilio se citan 4 “protoleyes” -recordemos que en esa época se discutía en el seno del judaísmo cuantas eran éstas leyes-). Veámoslo en un par de ejemplos neotestamentarios donde Pablo habla a los gentiles:
No adorar dioses falsos (Cualquier dios fuera del Dios de Israel)
No blasfemar.
No asesinar.
No robar.
No mantener relaciones sexuales ilícitas (no fornicar).
No comer carne de animal con sangre o vida.
Promover el juicio y la justicia en el lugar de residencia.
“(1ª Ley de Noé) Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios , así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; (5ª Ley de Noé) que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; (4ª Ley de Noé) que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo. Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más; (7ª Ley de Noé) y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada. (1ª Tesalonicenses 4:1-8).

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: (5ª Ley de Noé) adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, (1ª Ley de Noé) idolatría, hechicerías, (7ª Ley de Noé) enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, (4ª Ley de Noé) homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21).

Podríamos buscar otros ejemplos donde el apóstol Pablo dirigiéndose a iglesias gentiles les conmina a guardar los mandamientos de Dios de manera similar a estas 7 leyes de Noé (curiosamente no le da tanta importancia a las leyes dietéticas del Concilio referentes a la comida, al menos en sus cartas).
¿Qué es pues judaizar para Pablo? La carta a los gentiles de Galacia

En primer lugar démonos cuenta que la carta a los Gálatas es del año 49 ó 50 d.C. mientras que el Concilio de Jerusalén es de uno o dos años antes: del año 48 d.C. Esto es, Pablo escribe a unas iglesias gentiles que, habiéndose saltado a la ligera las directrices apostólicas del concilio celebrado uno o dos años antes en Jerusalén que mandaban a los gentiles a no guardar la Ley de Moisés (que como hemos visto es algo particular y propio del pueblo físico judío) les instaban sin embargo a guardar las citadas leyes de Noé establecidas para los gentiles. Pasemos a analizar a la luz de lo expuesto la carta.

Como hemos visto, el problema surge unos años antes, cuando ciertos judíos nazarenos (mesiánicos, que es como se traduce el hebreo “cristianos”), llegaron a las iglesias de Asia menor como se nos dice en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 15, versículos 1 al 2:

“Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés no podéis ser salvos». Pablo y Bernabé tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos. Por eso se dispuso que Pablo, Bernabé y algunos otros de ellos subieran a Jerusalén, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.”

La cuestión de los llamados “judaizantes”, surge como una controversia entorno a si los convertidos gentiles (no pertenecientes físicamente al pueblo judío) debían o no someterse al rito de la circuncisión y a la Ley mosaica en su aspecto ceremonial y de costumbres. ¿Bastaba la sola fe e identificación con la obra del Mesías en el Calvario para ser salvo, y entrar a formar parte del Israel de Dios?; o por el contrario, ¿había que adherirse a los ritos de la Ley mosaica y ser circuncidado para ser salvo, y pasar a ser un buen seguidor y discípulo del Mesías?.

Para responder a estas cuestiones, la iglesia, como ya hemos visto en su inmensísima mayoría todavía judía, celebró un concilio en Jerusalén.

“Al llegar a Jerusalén fueron recibidos por la iglesia, por los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: —Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la Ley de Moisés (como hemos visto esto no es necesario ni en el judaísmo actual más ortodoxo). Entonces se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. Después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: —Hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo Dios escogió que los gentiles oyeran por mi boca la palabra del evangelio y creyeran. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. (ojo, que como dice Pablo, esta fe no invalida la Ley o Torá, sino que la confirma). Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. Cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: —Hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos”. Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, (poniéndoles una carga innecesaria para los gentiles, esto es, guardar la Ley de Moisés o Torá) sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre, (Las citadas leyes de Noé) porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado.”

Tras estas decisiones, se escribió desde Jerusalén una carta a las iglesias de los gentiles, donde se decía:

“Los apóstoles, los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, Siria y Cilicia: Salud. Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, (Los que trataban de hacer judaizar a los gentiles salieron de la iglesia de Jerusalén, y como los Fariseos convertidos al Mesías que citaba Hechos más arriba, su excesivo celo por la Ley por poco se convierte en un grandísimo impedimento para la conversión de los gentiles) os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la Ley, nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo, pues ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: (Necesarias para la conversión del gentil, como enseña el judaísmo más tradicional aún hoy en día. Necesarias para el Espíritu Santo según dice el Nuevo Testamento) que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; si os guardáis de estas cosas, bien haréis. Pasadlo bien”.

Al respecto son interesantes los textos escritos por el propio apóstol Pablo a los Gálatas, que habían “judaizado”. De la carta se desprende que los cristianos de Galacia eran de origen pagano, no judíos:
“Ciertamente, en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses” (Gal 4.8). Pablo recuerda a sus lectores la alegría y la buena disposición con que recibieron el evangelio “pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni rechazasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo. Al contrario, me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubierais podido, os habríais sacado vuestros propios ojos para dármelos” (4.13–15).

Sin embargo, esa situación se vio perturbada por algunos que fueron después a imponer una pesada carga para los gentiles provenientes del paganismo: Nada más y nada menos que guardar la Torá ceremonial, lo cual hubiese sido un impedimento para la conversión de los gentiles. Estos judíos fariseos mesiánicos, trataban al parecer de crear al mismo tiempo desconfianza respecto de Pablo.

Las alusiones hechas en la carta indican que estas personas querían obligar a los Gálatas a someterse a la ley de Moisés:
“Decidme, los que queréis estar bajo la Ley: ¿no habéis oído la Ley?” (4.21)

Y especialmente a aceptar la circuncisión:
“Todos los que quieren agradar en la carne, esos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo, porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la Ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne” (6.12–13).

También los inducían a observar con veneración especial ciertos días o tiempos del calendario:
“Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Temo que mi trabajo en vuestro medio haya sido en vano” (4.10-11).

Probablemente afirmaban que solo así podrían participar de las bendiciones prometidas por Dios a los descendientes de Abraham por la sola fe en el Mesías:
“para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu” (3.14).

Por otra parte, parece que estos maestros atacaban la autoridad de Pablo como apóstol y sus motivos al predicar el evangelio:
“¿Acaso busco ahora la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. Pero os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es invención humana, pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (1.10, 12).

Pablo comprendió que lo que estaba en juego no eran simplemente prácticas externas, más o menos indiferentes, sino la esencia del mensaje cristiano: el reconocimiento del valor salvador de la obra de Jesucristo y la no obligatoriedad al respecto de cumplir la Ley para los gentiles conversos. Por eso insiste en que por Cristo se da entrada al Pueblo de Dios, al que están llamados todos, de cualquier nación y condición que sean.

El apóstol escribe esta carta en medio de gran emoción, no tanto por los ataques a su autoridad, cuanto por el peligro que veía para la verdad del evangelio. Advierte a los Gálatas sobre las consecuencias de su actitud y previene posibles malentendidos de su enseñanza sobre la libertad cristiana.

La carta tiene una introducción bastante breve, en la que omite la acostumbrada acción de gracias, para expresar de inmediato su extrañeza por la situación de las comunidades (1.1–10).

La parte central de la carta trata de tres temas principales.

En primer lugar, Pablo defiende la autenticidad del evangelio predicado a los Gálatas, insistiendo en que su misión la había recibido de Dios por medio de Jesucristo, y no de los hombres. Y muestra que su misión apostólica fue reconocida por los apóstoles de Jerusalén:
“Pero os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es invención humana, pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” “Pero ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse, a pesar de los falsos hermanos que se habían introducido entre nosotros a escondidas, para espiar nuestra libertad—la que tenemos en Cristo Jesús—, para reducirnos a esclavitud. A los tales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciera con vosotros” “vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión (entre los goym o gentiles que solo debían guardar las 7 leyes de Noé), como a Pedro el de la circuncisión (entre los judíos que seguían guardando la Torá de Moisés) (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión actuó también en mí para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los de la circuncisión” “No desecho la gracia de Dios, pues si por la Ley viniera la justicia, entonces en vano murió Cristo”.(1:11-12; 2:3-5; 7-10; 21).

En la segunda sección expone detalladamente el tema de la libertad mesiánica o cristiana respecto de la ley:
“¡Gálatas insensatos!, ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley o por el escuchar con fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os da el Espíritu y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la Ley o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que tienen fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones». De modo que los que tienen fe son bendecidos con el creyente Abraham. Todos los que dependen (para su justificación y salvación) de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: «Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para cumplirlas». Y que por la Ley nadie se justifica ante Dios es evidente, porque «el justo por la fe vivirá». Pero la Ley no procede de la fe, sino que dice: «El que haga estas cosas vivirá por ellas».” (Leer 3:1–5:12).

Tiene interés especial en mostrar que esto no va contra las promesas hechas por Dios desde tiempos antiguos. Así había procedido con Abraham, antes que existiera la ley.

El judío Yacob (Santiago) nos dice al respecto de los que se quieren justificar guardando la Torá:

“Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho trasgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:10-12).

En efecto, al igual que la Ley humana, Ud. puede ser un ciudadano ejemplar y cumplir todas las leyes, pero si comete un delito: p.ej. no pagar sus impuestos, aunque el resto de las cosas buenas que un buen ciudadano debe hacer las haya cumplido (Conducir bien, no robar bancos y demás), se hace reo de condena por la ley. Del mismo modo la Biblia nos dice que:

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

La paga de cualquier pecado es muerte, no hace falta incumplir toda la ley para ser reo del infierno de fuego. Basta con incumplir un solo punto de la misma.

Debido a esto, solo UNO cumplió la Ley para justificación (por nosotros): Cristo Jesús (Yeshua HaMashiah), y lo hizo por nosotros. Solo en él podemos ser salvos sin necesidad de guardar una Ley imposible de cumplir para los hombres pecadores que somos.

La Torá (Ley Mosaica) es Eterna en cuanto a ley moral, sombra y tipo de la ley nueva que habría de venir (la Ley del Mesías Jesús). Levítico 23 se dirige (versículo 2 y otros) a los “Hijos de Israel” y solo a los Hijos de Israel, al pueblo judío y NO a los gentiles o Goym. Por eso la Biblia habla con tanta dureza sobre los gentiles que judaízan y sobre los que los quieren hacer judaizar como esos que se llaman “judíos” pero no lo son, sino sinagoga de satanás:

“He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten” (Apocalipsis 3:9).

Las leyes rituales de la Torá son únicamente para los Hijos de Israel físicos (nosotros los goym lo somos, pero “espirituales” si se me permite la expresión).

En la parte tercera de Gálatas (5.13–6.10), Pablo explica lo que significa esa libertad cristiana y cómo debe entenderse. Finalmente, hace algunas aplicaciones concretas a la vida del cristiano.

En la conclusión (6.11–18), Pablo, de su puño y letra, repite algunas de las exhortaciones anteriores.

Muchos de los temas tratados en esta carta se encuentran desarrollados más ampliamente y en un tono más sereno en la carta a los Romanos, redactada más tarde.

Aunque los judaizantes del siglo 1º se desvanecieron en la historia, en todas las edades, y aún hoy en día entre los creyentes del siglo XXI, se levantan personas que, a mi juicio, por un mal entendido celo y amor por la bendita nación de Israel y el Pueblo de Dios: el pueblo judío; aún siendo gentiles, por una falta de identificación y carácter en Cristo (el Mesías), se vuelven a los rudimentos, como Pablo llamó a guardar las fiestas, días, formas de comer especiales, e incluso a la circuncisión física, reservada para el Pueblo Hebreo: los descendientes físicos de Abraham, Isaac y Jacob.

Aprendamos de la historia y de las lecciones de la Sagrada Escritura. Queden como final las advertencias del judío fariseo mesiánico Pablo de Tarso:

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gálatas 5:1-4)

Y:

“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10)

Espero que este estudio haya traído algo de luz sobre este tema tan sensible pero tan de actualidad.
© cristianismo-primitivo.org/.net/.com 1998-2010. Todos los Derechos Reservados.
http://www.cristianismo-primitivo.com/siglo-i/los-judaizantes-y-el-apostol-pablo

¿Quiénes son los judaizantes de las comunidades gálatas?


¿Quiénes son los judaizantes de las comunidades gálatas?

Parece que se trata de cristianos adeptos a una práctica judía exagerada o estricta que los separaba de los cristianos moderados, representados por apóstoles tales como Pedro, Pablo e incluso Santi…