La crisis de lo divino y el laicismo


¿Retorno a lo sagrado?

La crisis de lo divino y el laicismo

El autor reflexiona sobre las consecuencias originadas a partir de la separación de lo divino y lo profano. Entre otros, da una conceptualización del Estado como forma, a su juicio, artificiosa de protección frente a los males colectivos. Asimismo, expone las formas actuales que reviste esta cultura política laicista, que prescinde y excluye de lo divino.

El fin de la secularización


El fin de la secularización
Pato Acevedo, el 22.08.15

Una de las ideas en común entre creyentes y escépticos es que occidente está en proceso de secularización. Esto significa que el paso del tiempo y el progreso apuntaría a que en un futuro más o menos cercano la gran mayoría de las personas serían ateas, o al menos agnósticas.

El mecanismo que explica ese proceso sería diferente, según estemos ante un escéptico o un creyente. Los ateos y agnósticos, enamorados del cientismo, creen que los avances científicos y las bondades de la tecnología terminarán por librar a los hombres de las supersticiones religiosas. Los creyentes, por su parte, apuntan a la abundancia de bienes y al hedonismo generalizado como causa de la decadencia de la vida moral de las personas, y con ello el abandono de la religión tradicional. Desde luego, los cristianos deploran esta predicción, mientras que los escépticos la celebran, pero ninguno de los dos la pone en duda.

A propósito de esta idea, quiero compartir con los lectores de InfoCatólica las observaciones y conclusiones que el sociólogo de la religión Rodney Stark realiza en su artículo Secularization R.I.P., publicado en 1999.

Este es el resumen ejecutivo del artículo:

Desde el comienzo, los científicos sociales han celebrado la tesis de la secularización, a pesar del hecho que nunca fue consistente con la realidad empírica. Hace más de 150 años Tocqueville apunto que “los hechos de ninguna forma concuerdan con la teoría [de la secularización]”, y esta falta de concordancia ha empeorado desde entonces. De hecho, el único indicio de credibilidad para la noción de que la secularización ha tenido lugar ha dependido de un contraste entre ahora y una perdida Era de la Fe. En este ensayo reúno el trabajo de muchos historiadores recientes que son unánimes en que la Era de la Fe es pura nostalgia – que la falta de participación religiosa fue, si algo, incluso más común en tiempos medievales que ahora. A continuación, demuestro que no ha habido cambios religiosos recientes en la cristiandad que sean consistentes con la tesis de la secularización, ni siquiera entre los científicos. También expando el análisis de la doctrina de la secularización a las sociedades no cristianas mostrando que ni siquiera las altamente mágicas “religiones populares” en Asia han mostrado la menor declinación en respuesta a una modernización bastante rápida. Se ofrecen palabras finales para dejar descansar a la secularización.

La tesis es sumamente provocadora y contra intuitiva. Sin embargo, Stark la respalda con abundante evidencia.

En primer lugar, rastrea la tesis de la secularización hasta el año 1710. Sir Thomas Woolston habría sido el primero en predecir el triunfo de la modernidad sobre la fe, con la desaparición del cristianismo en el año 1900. Voltaire (1694-1778) previó el mismo resultado en el término de 50 años, y Thomas Jefferson, en una generación. Con el tiempo, sin embargo, los partidarios de la secularización se volvieron más cautos. El padre del positivismo August Comte (1798-1857) anunció el mismo proceso, aunque sin poner una fecha, mientras que Frederich Engels (1820-1895) habló de que ocurriría “pronto”.

Stark explica que, si la secularización solo significa que las Iglesias tradicionales gozarán de menor poder político, no hay mucho que discutir. Ese proceso es innegable. Sin embargo, señala, el concepto de secularización es mucho más ambicioso. Esta teoría anuncia que la ciencia transformaría el concepto tradicional de un dios personal y que responde a las oraciones, en ideas en torno a una fuerza vital o espiritual, que eventualmente derivaría en el agnosticismo y el ateísmo. Eso es lo que no tiene visos de ocurrir, ni está apoyado por la evidencia empírica.

Una de las premisas de la tesis de la secularización es que hubo una época pasada cuando las personas eran mucho más religiosas que ahora. Stark niega esta premisa, con abundantes citas de documentos medievales, que describen una desastrosa situación del clero y los laicos. Los aristócratas en general no iban a misa y los que “asistían” hacían que se celebraran misas para ellos en sus aposentos. El pueblo, por su parte tampoco participaba en la eucaristía y cuando lo hacía llegaban tarde y se retiraban temprano. En 1430, un autor eclesiástico se quejaba de que la gente no se confesaba ni siquiera una vez al año, menos comulgaban, usaban encantamientos para sus bestias y para ellos, y no conocían los mandamientos. En 1547, un arzobispo de Brindisi Oria reportó que la mayoría de sus sacerdotes apenas podían leer y no entendían latín.

Así, se multiplican los ejemplos de una Época de la Fe que nunca llegó a existir. Entonces surge la pregunta ¿Por qué nunca se cumplió la cristianización de Europa?

Stark responde que una vez que el cristianismo fue declarado religión oficial del Imperio Romano, por Teodosio, la estructura de evangelización cambió. Antes se enfatizaba la relación personal y la participación en la vida de la Iglesia, pero después bastaba con que el rey y sus cortesanos se bautizaran para dar por terminada la labor catequística.

También aporta información acerca de la creencia religiosa entre las personas dedicadas a la investigación científica, y el resultado es que esta se mantuvo estable durante el siglo XX. Otro dato que contradice la teoría de la secularización proviene del Islam. En ese ámbito, las élites han tenido acceso a todos los centros de educación europea, pero eso no ha repercutido en dejar atrás el fundamentalismo musulmán.

La conclusión del artículo es que nadie puede probar que la religión no desaparecerá, pero si eso sucede, la evidencia muestra que no tendrá nada que ver con una secularización. Esto no quiere decir que la religión no cambie, y que una institución como la Iglesia esté sujeta a etapas en que su relevancia social aumente o disminuya. El punto es que ese lugar no será ocupado por el ateísmo o el agnosticismo, sino por otras formas de religiosidad.

Después de casi tres siglos de profecías falligirelidas y mitos acerca del presente y el futuro, parece que ha llegado el tiempo de llevar la doctrina de la secularización al cementerio de las teorías fallidas, y ahí susurrar el “requiscat in pace“.

http://infocatolica.com/blog/esferacruz.php/1508220303-el-fin-de-la-secularizacion

Una investigación profundiza en la relación entre inteligencia y religiosidad


Una investigación profundiza en la relación entre inteligencia y religiosidad
28/07/10
Tendencias 21

Autor: Por Yaiza Martínez.

Los niveles de religiosidad varían en ambos extremos del espectro de la inteligencia humana, pero no en los puntos intermedios. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pittsburgh y de la Cleveland State University ha revelado que, aunque puede establecerse una relación entre la ausencia de religiosidad y la inteligencia (algunos estudios han sugerido que los coeficientes de inteligencia más altos se corresponden con una religiosidad menor, en términos estadísticos), esta relación sólo se daría en los extremos del espectro de la inteligencia humana. En lo que se refiere a los términos medios, no se han constatado diferencias en la religiosidad de los individuos, al menos en un grupo analizado de características muy específicas y en lo que se refiere a tres variables religiosas concretas (sectarismo, fe en las Escrituras y cuestionamiento de las convicciones religiosas).

En el año 2008, Helmuth Nyborg, científico especializado en el estudio de la inteligencia de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, realizó una investigación sobre la relación entre inteligencia y religiosidad, que arrojó resultados cuanto menos polémicos.

Por un lado, el estudio reveló que la media del coeficiente intelectual (CI) inteligencia de los países era directamente proporcional al porcentaje de ateísmo en ellos, según se desprendió del análisis de un total de 137 naciones.

Asimismo, Nyborg y sus colaboradores afirmaron que el coeficiente intelectual o CI de los ateos era de 1,95 puntos más que el de los agnósticos, y hasta de 5,89 puntos más que el de los creyentes.

Richard Lynn, otro de los autores de dicho estudio y profesor de psicología de la Universidad de Ulster, declaraba ese mismo año en The Daily Telegraph que el origen de estas diferencias podría estar en el hecho de que los estudiantes universitarios y académicos, de coeficiente intelectual normalmente más alto, son en general menos propicios a creer en Dios que el resto de la población.

Otros aspectos

En esta misma línea de investigación, la revista Intelligence ha publicado recientemente los resultados de otro estudio, en este caso realizado por los investigadores Sharon Bertsch, de la Universidad de Pittsburgh, y Bryan Pesta, de la Cleveland State University, de Estados Unidos.

Bertsch y Pesta pretendían averiguar si la relación entre religión e inteligencia es lineal o, por el contrario, las creencias religiosas se ven condicionadas por la inteligencia sólo en los dos extremos del espectro de ésta.

En otras palabras, según publica la revista Epiphenom, los investigadores querían saber si los niveles medios y más comunes de inteligencia estaban relacionados con los niveles de religiosidad o de no religiosidad o, por el contrario, no tenían nada que ver con ellos.

Por otra parte, los investigadores quisieron averiguar si había una relación no sólo entre la religiosidad y la capacidad de razonamiento abstracto (CI), sino también entre las creencias religiosas y las habilidades de procesamiento de información.

Diversas pruebas realizadas

Los científicos realizaron varias pruebas destinadas a medir dichas habilidades, como evaluaciones de la capacidad para juzgar con rapidez las diferentes longitudes de unas líneas o para seleccionar una carta en medio de otras muchas.

Asimismo, examinaron la propensión de los participantes a hacer “afirmaciones exageradas”, en una prueba que consistió en presentarles ciertos elementos (como el nombre de una personas famosa o un concepto científico), para después pedirles que establecieran hasta qué punto estaban familiarizados con ellos.

Algunos de estos elementos presentados eran falsos. La aplicación de un procedimiento inteligente permitió a los científicos dilucidar hasta qué punto los participantes estaban exagerando su familiaridad con los elementos reales.

En la investigación participó un grupo de estudiantes universitarios, por lo que cabría esperar que el coeficiente intelectual del grupo fuera algo más alto que la media y que ninguno de los participantes se encontrase en la parte más baja del espectro de inteligencia humana.

No hay diferencia en niveles intermedios

Los investigadores relacionaron los resultados de estas pruebas con tres aspectos de la religiosidad: el sectarismo, considerado éste como la creencia de que la religión que uno profesa es la única religión verdadera; la aceptación de las Escrituras (la consideración de que las Sagradas Escrituras son literalmente verdad) y el cuestionamiento religioso (la disposición a cuestionarse las convicciones religiosas).

Los resultados obtenidos en todos los análisis demostraron, en general, que el cuartil más bajo (cuarta parte de los participantes que puntuó más bajo en las pruebas realizadas) era también el más religioso, mientras que el cuartil más alto (participantes con puntuaciones más altas) eran los menos religiosos.

Sin embargo, en lo que se refiere a los cuartiles intermedios, no hubo mucha diferencia en los niveles de religiosidad de ambos grupos.

En otras palabras, podría decirse que la capacidad de procesamiento de información tendría relación con la religiosidad sólo en los extremos, pero no en los términos medios, en donde no se encuentra ninguna relación entre inteligencia y ausencia de religiosidad.

Aquellos participantes que se encontraban en el cuartil más bajo fueron especialmente propicios al sectarismo, es decir, a considerar que su religión era la única verdadera, tal y como se puede observar en el cuadro. La aceptación de las Escrituras y el cuestionamiento religioso, en cambio, obtuvieron resultados similares.

Limitaciones del estudio

Combinando los datos del CI de los participantes y los de sus capacidades en el procesamiento de información para generar un modelo estadístico, los científicos descubrieron, por último, que la habilidad para procesar información es un pronosticador más potente que el coeficiente intelectual de la religiosidad de los individuos.

¿Pero qué relación pueden tener las afirmaciones sobre la familiaridad de un rostro o el establecimiento de la longitud de unas líneas con el grado de religiosidad?

Según los investigadores, las puntuaciones en estas pruebas indican la eficiencia del procesamiento neuronal de los participantes, eficiencia que sería la base para el desarrollo de una cognición más compleja y del propio pensamiento racional.

Éste es uno de los pocos estudios sobre inteligencia y religión realizado realmente en laboratorio, y no basado en un análisis retrospectivo de datos recogidos por otras razones.

Sin embargo, quedaría por establecer si los resultados obtenidos podrían aplicarse a cualquier conjunto humano, y no sólo a un grupo tan definido como el de este caso: estudiantes universitarios, principalmente cristianos.

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http://senalesdelostiempos.blogspot.com/2010/07/una-investigacion-profundiza-en-la.html

¿Qué es el Principio de la Improbabilidad?


¿Qué es el Principio de la Improbabilidad?

Que-es-el-Principio-de-la-Improbabilidad-05.jpgBRIANAJACKSON/ISTOCK/THINKSTOCK

Hoy es el turno de presentar un libro que me ha parecido realmente cautivador. El Principio de la Improbabilidad The Improbability Principle: Why Coincidences, Miracles, and Rare Events Happen Every Day, en su idioma original.

«El día realmente inusual sería uno en el que nada inusual sucede…»

En este libro, David Hand hace un interesante análisis probabilístico sobre los eventos cotidianos alrededor del mundo. Su principio básico es que los eventos extremadamente improbables son los más comunes de todos. El título de su libro lo indica perfectamente: ¿por qué todos los días suceden coincidencias, milagros y eventos realmente extraños?

Según el profesor Hand, de la Imperial College of London, director de la Royal Statistical Society, hay cinco leyes que contribuyen al Principio de la Improbabilidad.  La Ley de Inevitabilidad, la Ley de los Números Realmente Grandes, la Ley de la Selección, la Ley de la Palanca de Probabilidad y la Ley de Suficientemente Similar.

#5 The Law of Inevitability: algo debe suceder

Que-es-el-Principio-de-la-Improbabilidad-02.jpgUNDERWORLD111/ISTOCK/THINKSTOCK

La Ley de Inevitabilidad dice que necesariamente debe ocurrir alguno de la serie completa de todos los posibles resultados de un evento aleatorio. Por ejemplo, de todos los posibles resultados de la lotería, al menos uno debe suceder. La posibilidad de que nuestro boleto sea el ganador, es igual a la probabilidad de que lo sea el boleto de nuestro vecino. Por muy extraordinario que parezca, alguien siempre gana la lotería.

#4 The Law of Truly Large Numbers: cualquier cosa puede suceder

La Ley de los Números Realmente Grandes dice que con un número suficientemente grande de oportunidades, cualquier cosa extravagante es probable que suceda. Si consideramos un resultado cualquiera de un experimento con una probabilidad muy pequeña y realizamos el experimento una cantidad suficientemente grande de veces, el resultado que al inicio era improbable se vuelve, de hecho, el más probable de todos.

#3 The Law of Selection: cualquier cosa puede ser «la más probable» si se observa el final del experimento

Que-es-el-Principio-de-la-Improbabilidad-00.jpgOINEGUE/ISTOCK/THINKSTOCK

El ejemplo más utilizado para demostrar esta ley es la comparación entre Lincoln y Kennedy. Ambos fueron electos con cien años de diferencia, ambos fueron sucedidos por hombres del sur con apellido Johnson, quienes nacieron con cien años de diferencia. Los hombres que los asesinaron también nacieron con cien años de diferencia y murieron antes de llegar a juicio. A Lincoln lo mataron en un teatro y atraparon al asesino en una tienda, mientras que a Kennedy lo mataron desde una tienda y el asesino fue encontrado en un teatro. La secretaria de Lincoln se apellidaba Kennedy y la de Kennedy, Lincoln.

Increíble, ¿no? A decir verdad, no es para nada increíble. Como ya vimos, dada la inmensa cantidad de posibilidades entre medio de la vida de estos dos hombres, no es para nada sorprendente que podamos encontrar estas coincidencias. De hecho, podríamos encontrar muchas más. Las coincidencias históricas se establecen luego de observar los resultados, es decir con el diario del lunes, por lo tanto, según esta ley, es posible encontrar infinitas coincidencias entre dos o más eventos cualesquiera.

¿Recuerdas la comparación entre Lincoln y Kennedy? Repasa la lista de coincidencias históricas en nuestro artículo: «9 coincidencias históricas que te dejarán perplejo»

#2 The Law of the Probability Lever: pequeños cambios pueden hacer que eventos altamente improbables sucedan con seguridad

Que-es-el-Principio-de-la-Improbabilidad-04.jpgMOODBOARD/MOODBOARD/THINKSTOCK

Según esta ley, detrás de eventos altamente improbables se esconden miles de variables que hacen, al mismo evento, el más probable de todos. En el ejemplo que cita el propio David Hand, relata que en una ocasión viajó a una conferencia y se encontró con un exestudiante sentado a un asiento de distancia y luego, en el avión de regreso se volvió a encontrar con él, en asientos contiguos.

Lo primero que pensó es que se trataba de una coincidencia extraordinaria, después de todo, cada día existen miles de vuelos hacia miles de lugares diferentes y cada avión tiene cientos de lugares disponibles, ¿cuáles eran las posibilidades? Luego de reflexionar un poco en esta idea comenzó a reducir esas probabilidades.

Sabía que ambos provenían de la misma ciudad, por lo tanto era probable que ambos volvieran a ella. También sabía que ambos habían viajado a la misma conferencia, por lo tanto era probable que ambos volaran de regreso al mismo tiempo. Además sabía que ambos volaban en la misma clase, por lo tanto la cantidad de asientos se reducía. Entonces, llegó a la conclusión de que ese aparentemente extraño evento, de hecho era muy probable, casi inevitable.

Pasar por alto los detalles hace que creamos que algunos acontecimientos son simplemente imposibles, sin embargo, si lo analizamos atentamente, esos eventos son más comunes de lo que creíamos al inicio.

#1 The Law of Near Enough: Los eventos que son suficientemente similares los consideramos idénticos

Que-es-el-Principio-de-la-Improbabilidad-03.jpgVICNT/ISTOCK/THINKSTOCK

¿Cuán similares deben parecer dos acontecimientos para que nos sorprenda? Si encuentras en la calle una persona con tu mismo nombre de pila no creo que te asombres, pero ¿qué sucede si también comparten el apellido? Allí, quizás, pensarás «¡Qué gran coincidencia!» ¿Pero cuál es el límite? ¿Cuándo una coincidencia nos sorprende y cuándo la asumimos natural?

Las matemáticas dicen que dado un período suficientemente largo de tiempo, y la psicología dice que dado el suficiente interés, seguro se encontrará una conexión. Cualquier cosa que nos parezca algo inusual, automáticamente la convertiremos en todo un evento extraordinario, aunque sea algo estadísticamente muy común.

Las coincidencias son simplemente coincidencias y suceden todo el tiempo. El grado en que nos sorprenden, no altera para nada sus probabilidades: el día realmente inusual sería uno en el que nada inusual sucede.

En palabras del propio David Hand: «The Improbability Principle tells us that events which we regard as highly improbable occur because we got things wrong. If we can find out where we went wrong, then the improbable will become probable».

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http://curiosidades.batanga.com/8539/que-es-el-principio-de-la-improbabilidad

Ludditas: Recordando a los destructores de máquinas


Ludditas: Recordando a los destructores de máquinas

11 Abril, 2013

Articulo escrito para el bicentenario de la primera acción de los destructores de maquinas.

niños obreros

La noche del 12 de abril de 1811, 350 hombres, mujeres y niños atacaron una fábrica de hilados en Nottinghamshire, destruyendo los grandes telares a mazazos y quemando el lugar. 60 telares fueron destrozados esa misma noche en otros pueblos cercanos. El sabotaje rápidamente se extendió hacia Derby, Lancashire y York, corazón de la Revolución Industrial inglesa de principios del siglo XIX, dando vida a una de las más míticas historias de acción directa contra el capitalismo: El luddismo.

La fábrica quemada esa primera noche luddita pertenecía a William Cartwright, fabricante de hilados de mala calidad, pero producidos en maquinaria de última tecnología.
El movimiento se extendió por una década, con enorme intensidad los primeros cinco años. Con posterioridad a esa fecha, lo cuantitativo dio paso a la progresiva maduración de una conciencia revolucionaria en los ludditas que aún se manifestaban.

El movimiento no sólo involucró a obreros textiles: Agrícolas, mineros, molineros y otros coincidieron en las acciones destructivas. De acuerdo a Thompson “la simple violencia revolucionaria rara vez ha estado tan extendida en la historia inglesa”.

Según John y Paula Zerzan, el movimiento extrajo su nombre del joven Ned Ludd, quien prefirió destrozar el telar a martillazos antes que producir las miserables prendas que le solicitaban. Sin embargo, el investigador argentino Christian Ferrer afirma que Ned Ludd no existió, sino sólo fue un nombre, como tantos otros que se utilizaron para firmar reivindicaciones: Señor Pistola, Señorita Ludd, Pedro Felpa, General Justicia, Sin Rey, Rey Ludd, o Joe el Incendiario (todos, originalmente en inglés).

Sea como sea, el luddismo se extendió como la peste negra por varias zonas de Inglaterra, lo que significó que en 1812 se dictaran leyes que llevaban a la horca a quien destruyese una máquina.

Controlar los instrumentos de producción o destruirlos; esta idea exaltaba la imaginación popular y proporcionaba a los ludditas un apoyo unánime en la población.

LA EPOCA DE LUDD

Tal como señala Marx en su brillante exposición sobre la llamada “acumulación originaria del capital”, desde el último tercio del siglo XV hasta fines del XVIII, “despojos brutales, horrores y vejaciones” habían afectado al pueblo expropiado de sus tierras.

En Inglaterra, la población rural no obtuvo ni un céntimo de indemnizaciones por los 3.511.770 acres de tierras comunales que entre los años de 1801 y 1831 le fueron arrebatados y ofrecidos como regalo a los terratenientes por el parlamento de terratenientes.

Además, una legislación sangrienta se había desatado desde el 1500, que perseguía el vagabundaje y obligaba a hombres, niños y mujeres a convertirse en asalariados, so pena de atroces castigos físicos. Hacia 1810, el alza de precios, la pérdida de mercados por la guerra con Francia y el complot de los nuevos industriales para no comprar a los agonizantes pequeños talleres, amenazaban las condiciones de vida de los obreros ingleses.

Por otro lado, la conculcación de los derechos de libertad de prensa y reunión -prohibidos por la guerra contra Napoleón- y la ley que prohibía emigrar a los tejedores, para evitar la fuga de obreros calificados, crearon el contexto preciso para la explosión destructiva del naciente proletariado inglés.

Pero como sabemos, ninguna sublevación espontánea ocurre de un día para otro. El dolor y el odio acumulado por la violencia del capital provocan que, “a veces, siglos enteros se vierten en un solo día”, al decir de Ferrer.

MILICIA INVISIBLE

ludditas

A pesar de que a los destructores de máquinas se les ha tratado de “reivindicadores reaccionarios” y a su movimiento como “la última rebelión medieval”, Ferrer señala que a pesar del terror provocado en el reino y el parlamento, el olvido histórico de los ludditas es porque su objetivo no era político, sino social y moral: no querían el poder sino desviar la dinámica de la industrialización acelerada. Una utopía, por cierto, en aquel contexto de ascenso y consolidación del capitalismo en su fase industrial, y un Estado que no hace más que asegurar esta situación, a través de leyes y el monopolio de la utilización de la violencia.

Los Zerzan añaden que el luddismo no era un ataque contra la producción sobre bases económicas, sino que era ante todo la respuesta violenta de los obreros a las tentativas de degradación en forma de un trabajo inferior: baratijas, piezas montadas deprisa y corriendo, lo que se contraponía con el trabajo realizado en los antiguos talleres y más aún en el artesanado.
Los ludditas fueron una suerte de milicia oscura, invisible, heterogénea en su composición: Incluyó a demócratas painistas, religiosos radicales, organizadores de trade unions (proto-sindicatos), emigrantes irlandeses, jacobinos varios.

Sin líderes, organización formal permanente, ni un maestro o libro al que seguir, su historia ha llegado a nosotros como un eco del pasado, reconstruida, con más o menos fidelidad, a través de himnos y canciones, actas de juicios, informes militares y de espías, noticias y una sesión en el parlamento inglés, dedicada exclusivamente a ellos.

Sin embargo, un análisis más detallado de la prensa, cartas y folletos reivindicatorios demuestra –a juicio de Zerzan- que la insurrección estaba claramente orientada; por ejemplo, «todos los nobles y los tiranos deben ser derrocados», declara uno de estos, distribuido en Leeds. Los preparativos para una revolución general explícita eran evidentes, por ejemplo en Yorkshire y Lancashire, ya en 1812, asegura el filósofo anarco-primitivista.

Su nivel organizativo se aprecia en su práctica mediante el sistema de delegados (locales y federales) y de correos humanos, las técnicas de camuflaje y despiste de las tropas persecutorias, el saqueo planeado de armerías, los mensajes cifrados en las paredes… Además, los ludditas contaban con el apoyo de la población, porque eran la población. Transmitida de generación en generación, una vieja canción de guerra luddita dice: “Ella tiene un brazo / y aunque solo tiene uno / hay magia en ese brazo único / que crucifica a millones / destruyamos al Rey Vapor, el Salvaje Moloch”; y otra: “Noche tras noche / cuando todo está quieto / y la luna ya ha cruzado la colina / marchamos a hacer nuestra voluntad / ¡con hacha, pica y fusil!”.
La ofensiva de los destructores de máquinas en 1812 llevó al Gobierno a enviar enorme número de tropas a las zonas en manos de los sublevados; tropas que cuantitativamente superaron a las que en esos momentos se enfrentaban a Napoleón. Pero el Ejército no era fuerte, cojeaba, su campo de acción y efectividad se debilitaba, ya que se sospechaba que muchos soldados simpatizaban o, directamente participaban, de la causa luddita. Por eso, la revuelta anti-máquinas impulsa otro elemento central de la sociedad moderna: La institución del sistema de policía profesional, ya que la milicia voluntaria en ese entonces, “sólo servía para armar a los que eran más violentos en su desacuerdo” (Hammonds).

Por dos años, los destructores de máquinas fueron perseguidos por un ejército de 10 mil soldados al mando del general Thomas Maitland, a quien luego de decenas de muertos rebeldes a su paso, se le concedió el título nobiliario de baronet, fue nombrado gobernador de Malta y luego comandante en jefe del mar Mediterráneo.

Un elemento interesante de analizar, delineado por Zerzan, es el luddismo en opción al floreciente sindicalismo inglés. Aunque, entre 1799 y 1824 las Combinations Acts prohibieron los sindicatos, los ludditas ya rechazaban el rol de encuadre y compromiso que –por su naturaleza alienada- el aparato sindical realizaba con el capital. Más allá, algunos miembros del Parlamento acusaron directamente a los propietarios del caos social, por no utilizar plenamente la vía sindical para resolver el conflicto.

PROYECCIONES

rev industrialUna de las importancias históricas del luddismo es haber iniciado en la modernidad el debate entre los partidarios y detractores de la tecnología, y cómo ésta debería ser tratada, aun cuando su crítica en actos no fuese solamente contra la máquina como artefacto. En todas las ideologías modernas este debate está presente, desde conservadores a socialistas, desde ecologistas a feministas, por cuanto la técnica (y la máquina o el gadget) ha aumentado su protagonismo en la civilización moderna.

Como señala Miguel Anxo Bastos, es en el ámbito de la izquierda, especialmente de la marxista, donde más contradicciones internas se pueden encontrar entre partidarios y detractores del avance técnico. Ni siquiera la obra del propio Marx es concluyente, pues siendo central para su sistema el análisis de las repercusiones de la tecnología en la dialéctica del progreso histórico, no hay un posicionamiento definitivo al respecto.

Por una parte, parece aceptar el carácter alienante de la moderna producción capitalista, pero, por otra, parece aceptar que el desarrollo del capitalismo, y por ende su superación, vendrá determinada por el desarrollo tecnológico. Es decir, para que el socialismo logre imponerse serán necesarios, previamente, grandes avances tecnológicos. Dentro de la dialéctica de Marx, puede ubicarse más críticamente el análisis que realiza Walter Benjamin, la primera mitad del siglo XX, el que se clarifica con posterioridad en la teoría y práctica situacionista, entre cuyos practicantes algunos ven en la tecnología la manera de crear situaciones más intensas y lograr la recuperación real del tiempo libre. Entre los seguidores de Marx considerados marxistas (Marx nunca se consideró marxista y criticó toda ideología), las variantes son aún más contrapuestas: Desde el industrialismo de Lenin al ludddismo extremo de los comunismos asiáticos -como puede verse en la llamada Revolución Cultural China y el comunismo agrario de Camboya, cuyo objetivo declarado era la destrucción de todo vestigio de desarrollo tecnológico para posibilitar el advenimiento del hombre nuevo.

Hoy, dada las alianzas entre ecologismo y marxismo –y el estado de descomposición histórica- la crítica hacia la tecnología proviene, principalmente, desde la “ultraizquierda”, ya que la socialdemocracia o quienes comulgan con la llamada “tercera vía” viven en constante contradicción entre lo que podría llegar a ser de nuestras vidas con los avances tecnológicos de y para el capitalismo, y lo que en realidad ocurre con éstos avances.

La impopularidad que genera hoy el mostrarse contrario a lo tecnología lleva a que la discusión entre “especialistas” no se centre en el rechazo de ésta, algo que se ve como reaccionario y absurdo, sino en la manera en que se ocupa, quiénes acceden a ella y quiénes la controlan. A diferencia de la clásica crítica de la alienación que el trabajo fabril produciría en los trabajadores, los ludditas contemporáneos o neoludditas –salvo los primitivistas – centran sus críticas en tecnologías de uso cotidiano (televisor, computador, etc.), no directamente vinculadas al ámbito laboral.

Dentro de las teorías contemporáneas más amplias, que problematizan el impacto de la técnica en la vida humana, está lo que puede identificarse como “determinismo tecnológico”, es decir, la tecnología como un ente dotado de una dinámica propia e independiente y que es capaz de condicionar el devenir del resto de los componentes del sistema social. Al respecto, para Lewis Mumford la técnica moderna llega a convertirse en un Leviatán que domina la vida de hombres y mujeres, impidiendo el desarrollo del potencial del ser humano. Su solución no es el rechazo de la tecnología, sino el desarrollo de una adecuada para potenciar la autonomía, y una tecnología, necesariamente, a pequeña escala, opuesta a la “megamáquina” que amenaza a los seres humanos.

Uno de los más trágicamente afamados “neoludditas” es Theodore Kaczynski, también conocido como el Unabomber, ex académico universitario que abandonó a inicios de los ‘70 la vida urbana y se mudó a una cabaña en Montana donde vivió sin luz ni alcantarillado, reencontrándose con su naturaleza y reflexionando sobre los efectos de la técnica en la civilización contemporánea.
Tan intensas fueron sus conclusiones que llevó a cabo 16 atentados con cartas-bombas autoproducidas (saboteando por años, de hecho y sin querer, el marketing directo vía envíos a domicilio). Sus objetivos principales fueron aerolíneas aéreas y universidades, asesinando a 3 personas entre 1976 y 1996, año en que fue apresado. Un año antes, se publicó en New York Times su escrito “La Sociedad industrial y su futuro”, en el que expuso la síntesis de su pensamiento: Colapso generalizado del mundo capitalista.

Para Kaczinski, la sociedad organizada presiona con diversa violencia a sus individuos para asegurar que el orden social funcione. Cuando esta presión sobrepasa los límites, vienen las revueltas, el crimen o la depresión.

“Mientras que en el pasado los límites de la resistencia humana restringieron el desarrollo de las sociedades, la sociedad tecnológico-industrial podrá vencer esos límites al modificar a los seres humanos, ya sea mediante métodos psicológicos, biológicos, o ambos. En el futuro, los sistemas sociales no se ajustarán a las necesidades de los seres humanos, sino todo lo contrario”, explica.

Por otro lado, la filosofía anarcoprimitivista ha llegado más profundo en su crítica de la sociedad civilizada. Se opone al poder y la jerarquía de ésta, la división social del trabajo y la especialización, la institucionalización de los deseos naturales, la mediatización a través de una cultura simbólica, el patriarcado, la ciencia y el industrialismo, promoviendo una especie de “resalvajización” bajo preceptos individualistas y de relación holística con la naturaleza.

Sus críticos son diversos, tanto por el utopismo y mesianismo que se desprende de sus ideas, así como por la contradicción existente entre la posibilidad cierta de una vida no mediatizada hoy y el tamaño de la población humana universal.

“NO HAY AUDICIÓN POSIBLE PARA LAS PROFECÍAS DE LOS DERROTADOS”

rev industrial.jpg2A 200 años de la aparición de los destructores de máquinas, su recuerdo nos llega como un rumor que se proyecta en esa historia a contrapelo que es necesario revisar.

Los ganadores han escrito e interpretado los hechos cristalizando todos los momentos de verdad y peligro que en ellos se esconden. Explicando lo inexplicable, deformando lo que por su dinamismo no acepta la abstracción, imponiendo una verdad a medias entre quienes no pueden revelar su protagonismo en lo consignado.

Siguiendo a Zerzan, preguntarse hoy qué podía tener de radical un movimiento que “se limitaba” a criticar éticamente la manera de producir, es no captar su íntima verdad: La relación entre la destrucción de maquinaria y la traición al sistema de producción hegemónico. La lucha del productor por la integridad de su trabajo vital enfrenta la lógica del capitalismo entero. Es, antes que todo, un enfrentamiento de dos ethos distintos, de dos formas de producir la vida y lo que permite la subsistencia, de intereses que se contraponen absolutamente, de lo vivo sobre lo muerto.

La petición de desterrar la fraudulencia de la producción en serie, a bajo costo, desechable, es un desastre tanto al ritmo de producción como a la acumulación de capital. En ese sentido, la crítica ética, luego económica, del luddismo, viene a adelantar la principal contradicción que la tecnología avanzada supone en el capitalismo tardío: Hoy, cuando tenemos los avances técnicos más poderosos, la ropa dura menos, los artefactos son cada vez más desechables, y diariamente, mueren en el mundo millones de personas que no tienen qué beber o comer. Ned Ludd quedó relegado al olvido, en un pacto de silencio que los explotados aceptaron por sobrevivencia. Tras años de luchas intensas, donde quedaron 1.100 máquinas destruidas, seis fábricas quemadas, 15 ludditas muertos, 13 confinados en Australia y 14 ahorcados, ¿Qué nos queda?…

Cada 1º de mayo se recuerda a los mártires de Chicago, pero muy pocos se acuerdan de James Towle, el ultimo destructor de máquinas colgado en 1816, quien se enfrentó a la muerte entonando un himno luddita. El enorme cortejo fúnebre que lo acompañó terminó de cantar las estrofas que no alcanzó el finado.

Hoy, algunos retomamos los trozos del rompecabezas e intentamos hacerlos dialogar con el presente y el futuro, en el mero hecho de recordar a contracorriente.

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Articulo extraido de:
http://metiendoruido.com/2013/04/ludditas-recordando-a-los-destructores-de-maquinas/