¿Qué es el laicismo?


¿Qué es el laicismo?

El laicismo sano propugna la separación entre la Iglesia y el Estado; el laicismo radical es contrario al derecho a la libertad religiosa

Por: Pedro María Reyes Vizcaíno |

El término laicismo puede hacer referencia a dos conceptos. Por un lado, el laicismo se entiende como la separación entre el Estado y la Iglesia o confesión religiosa. En virtud de este laicismo, el Estado no debe inmiscuirse en la organización ni en la doctrina de las confesiones religiosas, y debe garantizar el derecho de los ciudadanos a tener sus propias creencias y manifestarlas en público y en privado, y a dar culto a Dios según sus propias convicciones. También debe garantizar el derecho a la objeción de conciencia, por el cual los ciudadanos no podrán ser obligados a actuar en contra de sus propias convicciones o creencias. Los Estados modernos suelen reconocer en sus Constituciones este concepto de laicismo. De acuerdo con este concepto de laicismo, el Estado y la Iglesia u organización religiosa mantendrán relaciones de colaboración en los asuntos que son de interés común, como el patrimonio histórico y artístico, la asistencia religiosa en centros estatales como cuarteles, hospitales o prisiones, el derecho a la enseñanza con contenido religioso, etc.

Puede haber también colaboración económica con la Iglesia u otro organismo religioso en la medida en que ayudan a solucionar problemas que son de competencia del Estado, como es la atención a los marginados, la ayuda a mayores u otos sectores de la población desprotegidos.

La existencia de relaciones entre el Estado y la Iglesia u organización religiosa no supone privilegio para ninguna religión, sino un reconocimiento del hecho religioso como uno de los intereses de los ciudadanos. Sería discriminatorio que el Estado ignorara el hecho religioso puesto que es uno de los asuntos por el que los ciudadanos manifiestan interés.

La doctrina de la Iglesia Católica también reconoce el concepto de laicismo como se ha descrito hasta aquí; muchas veces se ha llamado sano laicismo o sana laicidad del Estado: puede ampliar la doctrina de la Iglesia sobre la sana laicidad el Mensaje de Juan Pablo II a la Conferencia episcopal francesa en el centenario de la ley de separación de la Iglesia y el Estado.

Sin embargo, el laicismo es entendido por otros como una ausencia de relaciones. En virtud de este concepto de laicismo, el Estado debe ignorar a todas las confesiones religiosas. Quienes propugnan este concepto de laicismo, defienden que se debe prohibir que el Estado mantenga relaciones con la Iglesia u otra organización religiosa. Según este concepto de laicismo, no puede haber capillas o capellanes en los hospitales o cuarteles o prisiones, ni debe haber colaboración entre las autoridades religiosas y estatales. Esta actitud supone una discriminación. Los hospitales públicos y aeropuertos suelen facilitar locales a los sindicatos de los empleados para que desarrollen sus funciones. No se entiende que se niegue este mismo derecho a las confesiones religiosas, especialmente porque la capilla la usa no solo el personal, sino también los usuarios (pacientes o viajeros).

Esta ausencia de relaciones incluye la falta de colaboración económica con la Iglesia incluso en asuntos de tanto interés público como es la conservación del patrimonio artístico. Se puede llegar a negar aportaciones económicas a asociaciones o fundaciones confesionales que contribuyen al bienestar y al desarrollo de la sociedad porque son confesionales, lo cual supone una evidente discriminación religiosa. Es una injusticia que se nieguen subvenciones de fondos públicos a organizaciones católicas para la atención a minusválidos o a colegios católicos porque son confesionales, si se dan subvenciones a organizaciones con fines similares y reúnen las mismas condiciones.

Algunas doctrinas laicistas negativas llegan a criticar que los Obispos den indicaciones a los fieles sobre asuntos de actualidad con trasfondo religioso, como el aborto o la eutanasia o la homosexualidad. Quienes actúan así, parecen no darse cuenta de que están negando a los Obispos por el mero hecho de ser Obispos un derecho tan fundamental como es la libertad de expresión. El Estado debe garantizar a todos los ciudadanos el derecho a expresar su opinión en cualquier asunto, y esto incluye a los ciudadanos que son Obispos. Sería una discriminación por motivos religiosos que los Obispos no pudieran expresar la doctrina de la Iglesia Católica sobre determinados asuntos, aunque estos sean de actualidad en el debate político.

Los ciudadanos, además, tienen derecho a formar su opinión sobre los asuntos de interés político. Para ello, pueden considerar las fuentes de opinión que estimen conveniente. Nadie se puede extrañar de que entre ellas se encuentre la doctrina de la Iglesia o de su propia confesión religiosa, o el pronunciamiento de un Obispo. Si un ciudadano (o un diputado en el Parlamento o un concejal en el ayuntamiento) vota en conciencia de acuerdo con sus creencias, lo hace porque ha escuchado los argumentos de su confesión religiosa y le han convencido. Sería una discriminación religiosa que los ciudadanos (o los diputados o los concejales) pudieran leer cualquier libro o revista que le ayude a formar opinión, salvo los religiosos. También sería una grave discriminación que se pidiera a los ciudadanos (o diputados o concejales) que actuaran en contra de su conciencia en el momento de emitir su voto.

Las doctrinas laicistas negativas más radicales pretenden prohibir que haya símbolos o manifestaciones religiosas públicas, como crucifijos o procesiones, o que las autoridades públicas asistan a ceremonias religiosas como bendiciones de edificios o Misas. La Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada por las Naciones Unidas en 1948 garantiza en su artículo 18 a todas las personas la “libertad de manifestar su religión o creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado”. Los poderes públicos deben garantizar, por lo tanto, el derecho de los creyentes a manifestar sus convicciones religiosas en público. Los creyentes tienen el derecho a organizar procesiones, a colocar cruces en lugares a la vista del público, etc. No sería razonable que se pudieran organizar manifestaciones políticas en las ciudades o que se pudieran colocar emblemas de partidos políticos o de sindicatos en la calle, y que se negaran los mismos derechos a los creyentes porque son símbolos religiosos.

También pueden ir las autoridades públicas a eventos religiosos en su calidad de representantes del Estado o de los Ayuntamientos u otras entidades públicas. Muchas veces las autoridades públicas acuden en calidad de representantes públicos a importantes acontecimientos de entidades privadas, como homenajes a personajes políticos o sindicales, o inauguraciones de fábricas o empresas, o aniversarios importantes de clubes de fútbol. Los ciudadanos creyentes se sentirían discriminados si vieran que el alcalde va con carácter oficial a un partido de fútbol y se excusara de ir a una procesión, o que inaugura un centro comercial y no va a la Misa el día de la fiesta del santo patrón.


http://es.catholic.net/op/articulos/23492/qu-es-el-laicismo.html

La ciencia no es el único camino hacia la verdad, según el teólogo Keith Ward


La ciencia no es el único camino hacia la verdad, según el teólogo Keith Ward

Las experiencias individuales, como el arte o la religiosidad, albergan una verdad que también debe ser integrada por el conocimiento.

¿Es la ciencia el único camino hacia la verdad?, se pregunta el teólogo Keith Ward. Mientras algunos científicos alegan que verdadero será sólo aquello que puede ser constatado según el método científico puro, Ward -un teólogo de la Universidad de Oxford- defiende que hay otras verdades no constatables para la ciencia, pero no por ello menos verdaderas. Hechos históricos, procesos emocionales y experiencias religiosas estarían entre esas experiencias no mensurables pero ciertas. El autor propone que necesitamos una forma de conocimiento más integrado, que se fascine tanto por las regularidades y leyes globales de la física, como por las cualidades únicas de lo personal y de lo individual. Por Yaiza Martínez.

 

Keith Ward, teólogo de la Universidad de Oxford especializado en historia y filosofía de la religión, publicó recientemente un libro titulado “The big questions in science and religion” (Las grandes cuestiones de la ciencia y la religión), en el que se planteaba los puntos principales del diálogo actual entre el conocimiento científico y las creencias religiosas.La revista The Global Spiral, del Instituto Metanexus, publicó hace unos meses un extracto de dicho libro, del que ya hablamos en Tendencias21. Ahora, en un segundo extracto aparecido también en The Global Spiral, Ward reflexiona sobre la posibilidad de saber, de alcanzar “conocimiento objetivo”, fuera del ámbito del método científico.

La fe en la ciencia

¿Es la ciencia el único camino hacia la verdad?, se pregunta el autor. Según él, existirían valores objetivos que sí pueden aprehenderse mediante la experiencia ordinaria. “No todas las creencias objetivas son creencias científicas. No todo puede ser públicamente verificado o del todo verificado”, escribe el teólogo.

De hecho, los mejores científicos se han dejado llevar por la pasión por la verdad, a cualquier precio. Una pasión y un deseo que conlleva la búsqueda de la belleza, de la elegancia intelectual y de la comprensión del universo.

A pesar de que las ecuaciones nos parezcan frías y puramente racionales, los grandes científicos son personas apasionadas por la búsqueda de la inteligibilidad y de la verdad. De hecho, escribe Ward, son gente de fe, gente que cree que, a menudo a pesar de las evidencias, el mundo mostrará sus secretos gracias a pacientes investigaciones.

¿Cómo puede justificarse la fe de los científicos en que, por ejemplo, ningún acontecimiento puede producirse sin una causa o en que las leyes de la naturaleza sigan operando en el futuro como lo hicieron en el pasado? No todos los científicos mantienen una fe intacta en todas las propuestas de la ciencia, pero deben actuar como si creyeran en ellas.

Deben, de hecho, actuar con una fe práctica, con un compromiso que es independiente de las evidencias que manejan. En esto no se distinguen demasiado de la pasión y el modo de actuar de los creyentes religiosos más apasionados, afirma Ward.

Evidencias no-científicas

A pesar de esta pasión por las creencias científicas que muestran los científicos, Ward afirma que existen grandes y abundantes argumentos objetivos que no pueden establecerse mediante métodos científicos, teniendo en consideración que las principales características de las ciencias naturales son que sus datos son públicamente observables, mensurables, repetibles y convenidos por todos los observadores.

¿Existe alguna evidencia no científica? Ward pone varios ejemplos, como los hechos de la historia humana: los acontecimientos del pasado no pueden ser medidos científicamente –no con el método científico en su estado puro-, aunque sí indirectamente.

Por otro lado, existen elementos de la historia que no pueden observarse en su totalidad: los motivos, las intenciones, los propósitos, las creencias, los sentimientos o los ideales de las personas que la protagonizaron.

Estos elementos aparecerían sin embargo en el arte que, según Ward, sería otra fuente no-científica de verdad. Los sentimientos, por ejemplo, a menudo no pueden ser descritos fácilmente. Pero, en el arte, la música o la literatura sí pueden ser expresados.

Estas formas de expresión comunican sentimientos profundos, una cierta aprehensión sentida de lo que es el mundo. Aquello que transmiten no es, desde luego, los acontecimientos públicamente percibidos del mundo físico, sino lo que podría llamarse “hechos revelados por las emociones”: maneras en que el mundo es sentido, nuestras respuestas emocionalmente a él.

Arte y verdad

Estas formas de expresión no suponen una simple percepción, universalmente compartida, como en el caso de la ciencia. En realidad son fruto de una imaginación creativa que se valora precisamente por sus cualidades únicas.

Un buen artista expresará con destreza lo que su conciencia única perciba, mostrándonos así formas alternativas a nuestra propia forma de ver el mundo, de vivir y de experimentarlo, formas que nos resultarán muy novedosas.

Por tanto, el arte nos puede mostrar aspectos de la realidad que no son ni públicamente accesibles, ni mensurables, ni predecibles. Pero que, sin embargo, son igualmente verdaderos. Según Ward, por todo esto, necesitamos una forma de conocimiento más integrado, que se fascine tanto por las regularidades y leyes globales de la física, como por las cualidades únicas de lo personal y de lo individual.

Escribe el autor: “no hay razón para creer que la verdad consiste sólo en la verificación pública concluyente de algunas afirmaciones formuladas con precisión en la lengua humana. Existen ciertamente algunas verdades como ésta: cuarenta y seis cromosomas componen un genoma humano normal”.

Pero también existirían las verdades sobre la vida personal, verdades individuales y únicas, que no serían menos ciertas por no ser generalizables y mensurables. La verdad de éstas podría expresarse más con un lenguaje metafórico que con el lenguaje llano que usamos normalmente.

Ciencia y religión 

El teólogo destina una parte de su argumentación a las experiencias religiosas. En la vida religiosa, escribe, este tipo de experiencias se ven como raras y relacionadas con individuos sobresalientes, de gran visión y sensibilidad.

Interpretadas como encuentros con Dios o como la unión con una realidad suprema, desde la perspectiva de sus protagonistas, para los científicos estas experiencias no serían la evidencia de la existencia de Dios, sino que más bien serían experiencias irracionales, incluso fruto de mentes desequilibradas.

Evidentemente, las experiencias religiosas no superan las pruebas científicas: no son públicamente probables ni sus evidencias están al alcance de cualquier observador. Sin embargo, para Ward, la religión responde a una perspectiva de la experiencia humana: la creencia o el sentimiento de que existe una realidad objetiva de valor supremo.

Muchos científicos rechazan que se pueda inferir de la experiencia individual la existencia de una realidad espiritual suprema, porque las experiencias religiosas no concuerdan con su definición de evidencia.

Pero, para Ward, este tipo de experiencias es otro de los acontecimientos cuya evidencia y verdad quedan constatadas en la experimentación individual, a pesar de no ser mensurables siguiendo el método científico.

Todo socialista es un dictador disfrazado


Todo socialista es un dictador disfrazado

El pasado 29 de septiembre, se celebraron los 134 años del nacimiento de Ludwig von Mises. Aunque este representante de la tercera generación de economistas de la Escuela Austríaca de Economía murió el 10 de octubre de 1973, su legado sigue vigente hoy más que nunca. Mises, en su libro El Socialismo, señala que:

La comunidad socialista es una gran asociación autoritaria, en la cual se ordena y se obedece. Se trata de explicar esta noción por medio de las palabras ‘economía planificada’ y ‘supresión de la anarquía en la producción’. Se puede comparar la comunidad socialista con un ejército, en lo que se refiere a su estructura interna. Por otra parte, cierto número de socialistas se complacen en emplear la frase ‘ejército de trabajo’. Todo en la comunidad socialista, al igual que en un ejército, está sujeto a las disposiciones que toma la dirección superior”.[1]

A Mises, se le reconoce como uno de los exponentes más visibles del siglo XX de la Escuela Austríaca de Economía, pero su pensamiento y legado va más allá de la economía. De hecho, bajo este título se inicia toda una corriente impulsada por Mises. Sin embargo, no todos los intelectuales de la Escuela Austríaca de Economía son austríacos, y no todos se limitaron al campo de la Economía.

Este es el caso de Mises, quien luchó contra el socialismo, y en su obra, bajo este nombre expuso científicamente su imposibilidad.  Si bien Mises luchó contra el socialismo desde sus obras, las aulas de clases, o en su lucha por la independencia de Austria (relatado en Autobiografía de un liberal), podemos decir hoy en día que sus denuncias y tesis están plenamente confirmadas, pues más que vivirlas, habitantes de países como Argentina o Venezuela las padecieron y aun padecen.

Recuerde como dijo Mises que:

todo socialista es un dictador disfrazado!!!

!!!Dios lo bendiga y un fuerte abrazo!!!

Notas

[1] http://es.panampost.com/andrea-rondon/2015/10/01/ciertamente-todo-socialista-es-un-dictador-disfrazado/

La sociedad del cansancio y del abatimiento social


La sociedad del cansancio y del abatimiento social

2016-01-16

Hay una discusión en todo el mundo sobre la “sociedad del cansancio”. Ha sido formulada principalmente por un coreano que enseña filosofía en Berlín, Byung-Chul Han, cuyo libro con el mismo título acaba de ser publicado en Brasil (Vozes 2015). El pensamiento no siempre es claro y, algunas veces, discutible, como cuando afirma que el “cansancio fundamental” está dotado de una capacidad especial para “inspirar y hacer surgir el espíritu” (cf. Byung-Chul Han, p. 73). Independientemente de las teorizaciones, vivimos en una sociedad del cansancio. En Brasil además de cansancio sufrimos un desánimo y un abatimiento atroces.
Consideremos, en primer lugar, la sociedad del cansancio. Ciertamente, la aceleración del proceso histórico y la multiplicación de sonidos, de mensajes, la exageración de estímulos y comunicaciones, especialmente por el marketing comercial, por los teléfonos móviles con todas sus aplicaciones, la superinformación que nos llega a través de los medios sociales, nos producen, dicen estos autores, enfermedades neuronales: causan depresión, dificultad de atención y síndrome de hiperactividad.

Efectivamente, llegamos al final del día estresados y desvitalizados. No dormimos bien, estamos agotados.

A esto hay que añadir el ritmo del productivismo neoliberal que se está imponiendo a los trabajadores en todo el mundo, especialmente el estilo norteamericano exige de todos el mayor rendimiento posible. Esto es la regla general también entre nosotros. Tal exigencia desequilibra emocionalmente a las personas, generando irritabilidad y ansiedad permanente. El número de suicidios asusta. Se resucitó, como ya mencioné en esta columna, el dicho de la revolución del 68 del siglo pasado, ahora radicalizado. Entonces se decía: “metro, trabajo, cama”. Ahora se dice: “metro, trabajo, tumba”. Es decir: enfermedades letales, pérdida del sentido de la vida y verdaderos infartos psíquicos.

Detengámonos en Brasil. Entre nosotros, en los últimos meses, crece un desaliento generalizado. La campaña electoral realizada con gran virulencia verbal, acusaciones, deformación y el hecho de que la victoria del PT no haya sido aceptada, suscitó ánimos de venganza por parte de las oposiciones. Banderas sagradas del PT fuero traicionadas en altísimo grado por la corrupción, generando una decepción profunda. Tal hecho nos hizo las buenas costumbres. El lenguaje se canibalizó. Salió del armario el prejuicio contra el nordestino y la descalificación de la población negra. Somos cordiales también en el sentido negativo dado por Sergio Buarque de Holanda: podemos actuar a partir del corazón lleno de rabia, de odio y de prejuicios. Tal situación se agravó con la amenaza de impeachment a la Presidenta Dilma, por razones discutibles.

Descubrimos el hecho, no la teoría, de que entre nosotros existe una verdadera lucha de clases. Los intereses de las clases acomodadas son antagónicos a los de las clases empobrecidas. Aquellas, históricamente hegemónicas, temen la inclusión de los pobres y la ascensión de otros sectores de la sociedad que han venido a ocupar el lugar antes reservado solo para ellas. Hay que reconocer que somos uno de los países más desiguales del mundo, es decir, donde campean más las injusticias sociales, la violencia banalizada y asesinatos sin cuenta que equivalen en número a la guerra de Irak. Y todavía tenemos centenares de trabajadores viviendo en condiciones equivalentes a la esclavitud.

Gran parte de esos malhechores se profesan cristianos: cristianos martirizando a otros cristianos, lo que hace del cristianismo no una fe sino solo una creencia cultural, una irrisión y una verdadera blasfemia.

¿Cómo salir de este infierno humano? Nuestra democracia es solo de voto, no representa al pueblo sino los intereses de los que financian las campañas, por eso es de fachada o, a lo sumo, de bajísima intensidad. De arriba no hay nada que esperar pues entre nosotros se ha consolidado un capitalismo salvaje y globalmente articulado, lo que aborta cualquier correlación de fuerzas entre clases.

Veo una salida posible a partir de otro lugar social, de aquellos que vienen de abajo, de la sociedad organizada y de los movimientos sociales que poseen otro ethos y otro sueño de Brasil y del mundo. Pero necesitan estudiar, organizarse, presionar a las clases dominantes y al Estado patrimonialista, prepararse para eventualmente proponer una alternativa de sociedad aún no ensayada, pero que tiene sus raíces en aquellos que en el pasado lucharon por otro Brasil con proyecto propio. A partir de ahí formular otro pacto social vía una constitución ecológico-social, fruto de una constituyente inclusiva, una reforma política radical, una reforma agraria y urbana consistentes y la implantación de un nuevo modelo de educación y de servicios de salud. Un pueblo enfermo e ignorante nunca fundará una nueva y posible biocivilización en los trópicos.

Tal sueño puede sacarnos del cansancio y del desamparo social y devolvernos el ánimo necesario para enfrentarse a las trabas de los conservadores y suscitar la esperanza bien fundada de que nada está totalmente perdido, que tenemos una tarea histórica que cumplir para nosotros, para nuestros descendientes y para la misma humanidad. ¿Utopía? Sí. Como decía Oscar Wilde: «si en nuestro mapa no aparece la utopía, no lo mires porque nos esconde lo principal». Del caos presente deberá salir algo bueno y esperanzador, pues esta es la lección que el proceso cosmogénico nos dio en el pasado y nos está dando en el presente. En vez de la cultura del cansancio y del abatimiento tendremos una cultura de la esperanza y de la alegría.

Página de Boff en Koinonía
Página de Leonardo Boff

¿Puedes probar la existencia de Dios?


¿Puedes probar la existencia de Dios?

(Por qué a los filósofos y ateos les gusta ésta pregunta)

por Gregory E. Ganssle, Ph.D.
Desde que Immanuel Kant escribió su Crítica de la Razón Pura, ha sido común para la gente pensante insistir que es imposible probar la existencia de Dios. De hecho, ésta afirmación ha sido elevada a el nivel de dogma en la cultura intelectual Americana. La razón que yo sé que esto es considerado un dogma incuestionable es la reacción que obtengo cuando hago la pregunta. Cuando alguien dice “no puedes probar la existencia de Dios”, yo quiero preguntar “Cómo lo sabes? Me acabas de conocer! Cómo sabes lo que puedo hacer?”

Qué quiere decir la mayoría de la gente cuando hacen esta afirmación? La mayoría de la gente quiere decir que yo no puedo dar un argumento filosófico de la existencia de Dios que convenza a toda la gente pensante. Es imposible, entonces habrá que dar un argumento que tenga una aprobación convincente. Si mi argumento no convence al ateo más ardiente, entonces no he probado la existencia de Dios. Como no puedo convencer a tal ateo a creer, mis argumentos no cuentan como prueba. Si no cuentan como prueba, qué tan buenos son?

Estoy de acuerdo que no puedo dar un argumento que convenza a toda la gente pensante. Pero qué me dice esto? Me dice esto algo acerca de Dios? No. Esto me dice más acerca de la naturaleza de la prueba que lo que dice acerca de la existencia de Dios. Yo no puedo dar un argumento que convenza a cada uno sin la posibilidad de que duden que Dios existe. Eso no es problema. Yo no puedo dar un argumento para una conclusión filosófica interesante que sea aceptada por cada uno sin posibilidad de duda.

Yo no puedo probar más allá de la posibilidad de la duda – de una manera que convenza a todos los Filósofos–que las “Rocky Mountains” están realmente aquí como objetos mentales-independientes. No puedo probar que el Universo vino a existir hace cinco minutos y que todos nuestros recuerdos no son ilusiones. No puedo probar que otra gente que ves en las universidades tienen mentes. Quizás son robots muy inteligentes.

No hay conclusiones filosóficas interesantes que puedan ser probadas más allá de la posibilidad de la duda. Entonces el hecho de que los argumentos por la existencia de Dios no producen una certeza matemática, esto no debilita el caso de la existencia de Dios. Simplemente plantea la pregunta de la existencia de Dios en la misma categoría que otras preguntas tales como la existencia de mentes independientes externas del mundo y la pregunta de cómo sabemos que otras gentes tienen mentes.

Esto significa que los argumentos por la existencia de Dios son inútiles? Para nada. Seguro, no puedo probar un argumento que convenza a toda la gente pensante, pero esto no significa que no tenga una buena razón para creer en Dios. De hecho, algunas de mis razones para creer en Dios pueden persuadirte; aún si no eres persuadido a creer que Dios existe, mis argumentos no son inútiles. Es razonable creer que las montañas son reales y que nuestros recuerdos generalmente son confiables y que nuestras mentes existen. Es razonable creer estas cosas aunque éstas no puedan ser probadas. Quizás algún argumento de la existencia de Dios te persuada que creer en Dios es razonable.

Entonces cómo sabremos que Dios existe? En vez de buscar conclusiones indudables, pesemos evidencia y consideremos alternativas. Cuál alternativa encaja mejor en la evidencia?

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http://www.cadaestudiante.com/articulos/probar.html

¡Dios es bueno!


¡Dios es bueno!


Se me ensancha el corazón cuando pienso en la grandeza de nuestro Dios, en su gran generosidad y su deseo de compartirlo todo. Desde los primeros días en la creación cada cosa que hizo cada se repite la frase “Y vio Dios que era bueno”; podríamos decir que estaba contento por todo lo creado cada día. Pero antes de descansar y deleitarse en la hermosura de lo creado en Génesis 1: 26 “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os será para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en GRAN MANERA”.

En aquellos días, cuando todo el universo estaba en pleno desarrollo el balance fue cada día igual -vio Dios que era bueno- pero cuando hizo al hombre y compartió todo lo creado, ese día lo declaró BUENO EN GRAN MANERA.

• Podemos decir que sin duda Dios empieza bien y termina mejor.
• Podemos decir que Dios es amor, y en su amor comparte todo con su criatura.
• Podemos decir que su generosidad es extravagante, obra fuera de lo común ¡sin medida!

Ahora sabemos que Dios obra siempre así, no solo en esos días porque estaba contento con su gran creación. Él siempre obra así, no hay nada ni nadie que lo desanime. Adán y Eva le fallaron, las próximas generaciones le fallaron también. Pablo le recuerda a Timoteo (2: 3) “Si fuéremos infieles, Él permanece fiel, Él no puede negarse a sí mismo”. A los Efesios (1: 3-4) les dice “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Y en Isaías 49: 1-3 “Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó, desde el vientre de mi madre tuvo mi nombre en memoria. Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, y me guardo en su ALJABA. Y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré”.

A pesar de nuestro estado o situación, Dios insiste y magnifica su deseo de compartir su gloria en medio de las naciones, les dice: Mi siervo eres tú, oh Israel, porque en ti me gloriaré. Pablo, pensando en esto, escribe a los Romanos en 11: 33 y exclama “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuan insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A ÉL SEA LA GLORIA POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, AMÉM”.

Mi fe y esperanza crece cuando pienso en la persona de nuestro buen Dios. Cuando veo su amor inmerecido hacia nosotros. Su poder restaurador y regenerador constante en todo y cada cosa. Su generosidad, no solo proveyendo nuestra necesidades (¨eso lo hace de coditos¨) pero pensando y programando camino para su Pueblo y para los pueblos que hoy le dan las espaldas. Su longanimidad, mostrando su grandeza y constancia sin entrar en desánimo por nuestra infidelidad, o incapacidad. Todo lo contrario, siempre prepara otra oportunidad, más grande que la anterior. No dejo de conmoverme cuando Pedro y sus compañeros se desanimaron, (Juan 21:2-3) “Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron y entraron en una barca, y aquella noche no pescaron nada”. Cuando seguimos leyendo y analizando este pasaje uno queda perplejo frente al proceder de Jesús: Fue a buscarlos, los llamó con ternura, les preparó un asadito, sacó a Pedro a un costado y le remarcó su ministerio, diciéndole “apacienta mis ovejas”.

La continuidad de la obra a la que estamos abocados, la extensión y multiplicación están garantizadas por el amor, el poder, la generosidad y la longanimidad de Dios. No nos desanimemos, queridos hermanos, puede ser que nuestros planes no prosperen, sin embargo tengamos la certeza: El plan divino no a de fracasar, nuestro Dios no conoce la derrota, y nosotros somos más que vencedores en Él.

Hasta pronto,
Osvaldo

(San) Agustín: Milagro y profecía.


(San) Agustín: Milagro y profecía.

La apologética de Agustín estaba mas basada en la apologética filosófica que en las evidencias cristianas.

Milagros: Los milagros no tienen explicación racional. Agustín no acepta el reporte de ningún milagro; solo menciona algunos milagros de su época. Pero advierte a los lectores para que no sean ingenuos. Todos los milagros tienen su razón de ser, aunque no siempre la podamos decifrar.Son un instrumento de Dios para verificar sus promesas. El cree únicamente en los milagros que observó o que pueden ser verificados fácilmente. Los milagros bíblicos satisfacen estos criterios.

Profecía: Agustín elaboró la versión mas clara y convincente del argumento desde la profecía. El expresa que se decepcionan los que piensan que creemos en Cristo sin razón. La cadena milagrosa  de eventos desde el principio de todas las épocas de la historia son una prueba contundente.

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Bibliografia

Bernard Ramm, Cornelius Van Til y Gordon H. Clark. El pensamiento apologético de Agustín.(2015).Editorial Doulos, Tampa, Florida, 33604, EE.UU.