Para Juan Pablo II, la vida sexual de los esposos era «el centro de su vida espiritual»


Lo afirma el filósofo Yves Semen, experto en su Teología del Cuerpo

Para Juan Pablo II, la vida sexual de los esposos era «el centro de su vida espiritual»

ReL – 30 abril 2016

La espiritualidad matrimonial no consiste únicamente en que los esposos recen juntos y realicen prácticas de piedad que los unan más a Dios. La vivencia de la espiritualidad en esta vocación particular pasa, necesariamente, por la donación total y recíproca del cuerpo. Es más: la unión conyugal es el centro y el corazón de la vida espiritual del matrimonio. Esto es lo que explica Yves Semen, fundador y presidente del Instituto de Teología del Cuerpo de Lyon (Francia), en esta entrevista concedida a Isabel Molina Estrada para la revista Misión.

Yves Semen, fundador y presidente del Institut de Théologie du Corps de Lyon (Francia), y autor de La espiritualidad conyugal según Juan Pablo II (Desclée De Brouwer, 2011) asegura que “no es a pesar de nuestra sexualidad –y menos contra ella– como debemos crecer en cuanto esposos en la vida espiritual, sino por y a través de su ejercicio ordenado, es decir, conforme a su finalidad”. Y añade: “La vida sexual de los esposos no puede ser como un paréntesis en su vida espiritual, sino al contrario: su corazón y su centro”. Su innovador planteamiento se basa en muchos años de estudio y divulgación de la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II.

El autor nos descubre que, durante casi veinte siglos, no existió en la Iglesia “una espiritualidad específicamente conyugal”. Aunque la literatura espiritual había sido siempre abundante en una espiritualidad para sacerdotes y religiosos, era pobre en una espiritualidad que tuviera en cuenta la grandeza y profundidad de la vocación matrimonial como un camino específico de santidad. Los matrimonios se veían “obligados” a alimentarse de una espiritualidad que no correspondía a su estado ni a su vocación. Gracias a la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II, hoy sabemos que “tanto el matrimonio como la entrega de sí mismo a los demás a través del celibato ‘por el Reino’ suponen el don total de sí, y que ambas vocaciones –matrimonio y virginidad– pueden conducir a la santidad”. Misión conversó con Yves Semen para profundizar en su novedoso planteamiento.

-¿En qué consiste la espiritualidad de las personas casadas?
-Su espiritualidad es la propia de las parejas casadas, no la transposición de una espiritualidad de religiosos o religiosas a la vida matrimonial. Es decir, debe articularse en lo que distingue la vida matrimonial de la vida consagrada: el don del cuerpo. El que elige el “celibato por el Reino” –en palabras de Cristo–, busca encontrar la unión con Dios en una relación directa con Él. En cambio, en el matrimonio, se recibe una llamada interior para encontrar la unión con Dios por y a través de la donación de uno mismo –incluida la donación carnal– a otra persona. Compartir la vivencia carnal –no solo sexual, sino también del afecto, la ternura y de todo lo que Juan Pablo II llamó el “lenguaje del cuerpo”– es constitutivo de la espiritualidad conyugal. Y es esencial entenderlo bien porque, de lo contrario, se intenta vivir una espiritualidad de celibato en el matrimonio y los esposos se extravían. Así, observamos a personas casadas que buscan a Dios fuera de su matrimonio o a pesar de su matrimonio, cuando precisamente su vocación al matrimonio debería llevarles a buscar a Dios por y a través de su matrimonio, es decir, por y a través de la donación a su cónyuge.

-¿En qué momento se da cuenta la Iglesia de que existe una espiritualidad “específicamente conyugal”?
-Los primeros elementos de una espiritualidad conyugal se encuentran en San Francisco de Sales, pero es sobre todo en el siglo XX cuando la Iglesia comienza a poner el foco en ella y empiezan a surgir movimientos de espiritualidad conyugal. Pienso, por ejemplo, en lo que tuvo lugar en Francia bajo la influencia del Padre Caffarel y los Equipos de Nuestra Señora.

-¿Por qué tardó tanto la Iglesia en presentar esta espiritualidad?
-Es difícil saberlo. Pero después de siglos durante los cuales se ha desplegado toda la belleza de la espiritualidad religiosa y sacerdotal, la Iglesia está llamada hoy a desplegar otra dimensión del tesoro que ha recibido: la espiritualidad conyugal. Se espera así lograr un equilibrio entre las dos modalidades posibles de una misma y única vocación de todo hombre y toda mujer: el don de sí mismo, lo que Juan Pablo II llamó la “vocación esponsal” de la persona. Esta puede realizarse en el don de sí mismo a Dios, a través de la vocación esponsal virginal (consagrada, religiosa o sacerdotal), o en el don de sí mismo a otra persona: la vocación esponsal conyugal.

-¿Qué importancia tiene el acto conyugal, más allá de la procreación?
-Ante todo, no hay que reducir el acto conyugal a una simple necesidad para dar la vida. Tanto la procreación como la comunión son fines del acto conyugal, y están intrínsecamente unidos: la comunión de los esposos los lleva a querer dar la vida, ya que cualquier comunión auténtica tiende a la fecundidad. Además, el don da la vida completa y perfecciona la comunión. Por tanto, debemos mantener unidos estos dos significados del acto conyugal –que se condicionan el uno al otro–, como ya pedía Pablo VI en su encíclica Humanae Vitae, en 1968.

-¿Cómo se unen en el matrimonio la espiritualidad y la vivencia de la corporalidad?
-Este es el reto de todo matrimonio que quiera llevar una vida auténticamente cristiana. Esto no sucede de repente ni sin dificultad, pero no es imposible. De lo contrario, La Iglesia nos estaría engañando si nos presentase el matrimonio como una vocación cristiana a la santidad. Es, a la vez, la exigencia y la grandeza del matrimonio.

-¿Es la vocación al matrimonio inferior a la del sacerdocio o la vida religiosa?
-Por supuesto que no. Juan Pablo II declaró enfáticamente: “En las palabras de Cristo sobre la castidad ‘para el reino de los cielos’, no hay ninguna referencia a una ‘inferioridad’ del matrimonio en lo que se refiere al cuerpo o a la esencia del matrimonio (el hecho de que el hombre y la mujer se unen para convertirse en una sola carne)”. Y de nuevo: “El matrimonio y la castidad [‘por el Reino’] no son opuestos, y no dividen a la comunidad humana y cristiana en dos campos, digamos: el de los ‘perfectos’, gracias a la castidad [en celibato], y el de los ‘imperfectos’ o menos perfectos, por culpa de la realidad de su vida matrimonial”. ¡No se puede ser más claro! Sin embargo, la práctica total de los votos de pobreza, castidad y obediencia de la vida religiosa permiten llegar con mayor facilidad a la caridad plena, que es la única medida válida de la vida cristiana.

-¿Es más difícil llegar a la santidad acompañado que solo?
-Hay un proverbio chino que dice: “Solo se llega rápido; acompañado se llega lejos”. Cuando se es dos, hay que llevarse el uno al otro; pero, al mismo tiempo, estamos llamados a tener en cuenta a la otra persona para avanzar juntos. Tentaciones no faltan para huir de esta exigencia del matrimonio… Si no nos sentimos llamados a avanzar así en la vida cristiana, puede ser que no tengamos vocación matrimonial y eso es legítimo.

-Usted dice que el perdón es necesario para la comunión conyugal; ¿cuántas veces hay que perdonar al cónyuge?
-Tantas veces como Cristo nos pide que lo hagamos: setenta veces siete, es decir, ¡no hay límites! El perdón es el punto de paso obligado de la comunión, porque las faltas que los esposos tienen que perdonarse el uno al otro son siempre atentados contra esta. En este sentido, el perdón es lo que permite la perpetua restauración de la comunión. Por consiguiente, es preciso pasar por el perdón solicitado de una manera incansable y concedido con generosidad, a fin de preservar la comunión. Todos los indultos no concedidos, olvidados o negados, generan, poco a poco, una montaña que hace que finalmente la pareja estalle. Cuando uno se da cuenta, es, a menudo, demasiado tarde. Debemos por tanto, pedir perdón y perdonar todos los días, porque todos los días se puede hacer daño o ser herido.


http://www.religionenlibertad.com/para-san-juan-pablo-ii-la-vida-sexual-de-los-esposos-49292.htm

Por qué duran las parejas que duran


Por qué duran las parejas que duran

Resulta esperanzador que cada vez más se reconozca que el enamoramiento —o drogamor, como yo lo llamo— es un fenómeno químico y, sobre todo, pasajero. Sin embargo —y a pesar de la mención, también esperanzadora, de que “…. en la ruptura, el drogadicto se queda sin las sustancias que le aportaban ese placer”— , aún no veo que se haya entrado en la vía del consenso de que se trata de una droga, lo cual llevaría al estudio de medios para contrarrestar sus nocivos efectos. Tal vez algún día se llegue a eso.


También cada vez más se acepta y declara que el éxito de la relación de pareja es el producto del TRABAJO en común, en equipo, que no llega gratis y caído del cielo, como creen los drogamorados, y que un componente importante de ese trabajo es “la comunicación eficaz para resolver conflictos y una sexualidad satisfactoria para ambos”. Sin embargo, en este artículo nada mencionan de otros pilares importantes, como la confianza y el respeto.

Lamentablemente, le epidemia feminista aflora en España hasta en la sopa, y así, en boca de un experto —supongo— se pone esta perla: “No concebir el amor-amistad con la pareja, dejarla fuera de esa agenda, es machista”, que presupone que es sólo el hombre el que podría no concebir el amor-amistad con su pareja.

Cuando el enamoramiento ‘químico’ se desvanece al cabo de unos meses, comunicación, amistad, complicidad y apertura al exterior son claves para que la pareja se consolide y supere la exigencia de cambio continuo.

Familias inquebrantables, matrimonios para la eternidad, hogares indisolubles, etc., los antiguos vínculos que determinaban la vida del ser human, llevan camino de extinguirse en la posmodernidad. Establecer lazos con el prójimo depende ahora únicamente del propio esfuerzo. Es el precio de la libertad, de andar suelto: lograr ese equilibrio imposible entre el impulso de estrechar lazos pero manteniéndolos flojos para poder desanudarlos antes de que sean una carga o limiten severamente la libertad necesaria para, ¡exacto!, relacionarse. En este mundo de rampante individualidad, las relaciones son una bendición a medias, afirma el sociólogo Zygmunt Bauman en “Amor líquido; acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”.

DOS MILLONES DE RUPTURAS

En este marco de ambivalencia, sorprende la longevidad de las parejas que aún lo son, sobre todo de las que son relativamente jóvenes y que al casarse ya contaban con una ley del divorcio y una independencia económica para la mujer. En España se produce hoy una ruptura cada 3,5 minutos. En 25 años de ley del divorcio, se ha superado el millón de separaciones y los 800.000 divorcios, lo que ha afectado —el Instituto de Política Familiar lleva la cuenta— a millón y medio de hijos. En el último quinquenio las rupturas han subido un 45%, y los hogares unipersonales aumentan sin parar.

LA QUÍMICA DE UN MISTERIO

Pero, ¿cuál es la misteriosa fórmula de las parejas que duran? El profesor de neurociencia, Ignacio Morgado, asombraba hace unos días a los lectores de La Vanguardia al explicar las razones bioquímicas de las relaciones estables. No sólo el flechazo, y los 18 meses que a lo sumo dura el enamoramiento, se ven condicionados por la química cerebral, con la segregación de feniletilamina que produce excitación y pasión emocional, y los estrógenos y andrógenos que aumentan el apetito sexual. La fidelidad también vendría condicionada por la vasopresina y la oxitocina, sustancias que fabrica el cerebro y que, en plena relación sexual, pueden liberarse en la sangre y crear un apego o un lazo. Así funciona en los animales, y la antropóloga Hellen Fisher aconseja a humanos también: no te acuestes con alguien de quien no te quieras enamorar. Morgado, por su parte, cree que la influencia de estas hormonas queda disminuida por la enorme capacidad del córtex cerebral de crear relaciones sociales. “La relación afectiva y sentimental entre dos personas es mucho más que unas hormonas liberadas en un momento dado. Además de la química, está la fisiología, una educación, un pasado, un presente y una imaginación del futuro”, dice.

SÍNDROME DE ABSTINENCIA

Pero la química explica en gran parte por qué la ruptura de una pareja longeva cuesta mucho más de encajar. Al superar la fase de enamoramiento, la pareja libera más endorfinas y encefalinas, sustancias similares a la morfina, que crean un estado de relax y tranquilidad. La euforia deja paso a un estado de bienestar y, en la ruptura, el drogadicto se queda sin las sustancias que le aportaban ese placer.

LA CLAVE: EL DIÁLOGO

“El amor no es mágico —apunta la psicóloga y sexóloga Carme Freixa —ni es irracional, pues no se trata de patologías del amor y dependencias emocionales, como vemos en mujeres maltratadas o en personas que temen al compromiso y se fugan cuando la relación se consolida. Hablamos de personas que, superada la ducha química que es el enamoramiento, manifiestan la voluntad de compartir su vida: ese amor tiene connotaciones que van desde lo puramente fisiológico hasta la idea de proyecto en común. Y para que eso dure, deben trabajárselo, igual que sucede con una empresa: negociar, pensar, conocer, investigar. De lo contrario, se diluirá o se mantendrá por razones que nada tienen que ver con una relación positiva”. La clave, apunta Freixa, es una relación de tú a tú desde la autoestima, la empatía, el humor y la capacidad de seducción; es decir, de enviar comunicación positiva sobre lo que uno quiere y lo que le interesa. Es absurdo pretender que si me quiere ya sabrá lo que quiero: hay que comunicarse”.

¿25 AÑOS? ¡FELICIDADES!

La pareja que resiste es la que más se acerca al trabajo en equipo, apunta María Palacín, profesora de Psicología Social de la UB. “Es un proyecto en común que caduca y que hay que seguir construyendo, que implica una comunicación eficaz para resolver conflictos y una sexualidad satisfactoria para ambos. Eso sí, debe nutrirse del exterior: si se encierra demasiado, muere”. No es fácil, añade.

A quien cumple 25 años de pareja se le felicita. ¿Qué habrá hecho con la monotonía? ¿Y sin modelo de referencia de igualdad? Ahora pocos se resignan por circunstancias sociales de antaño. Aun así, la hipoteca une, los hijos siguen siendo una razón, y el miedo a la soledad acecha. Además, lamentablemente la sexualidad de muchos matrimonios cuyos valores cristianos se han diluido, se vive a menudo por separado, ya sea pactando o sin previo acuerdo.

AMISTAD SINE QUA NON

La relación positiva de larga duración es posible siempre que intervenga la amistad, sostiene el filósofo Joan Carles Mèlich. Ésta no pide intercambio sino reciprocidad —explica— y, a diferencia del enamoramiento, que sucede a nuestro pesar, se construye y se desea. “No concebir el amor-amistad con la pareja, dejarla fuera de esa agenda, es machista”, añade. A su juicio, si la longevidad de la pareja está en crisis es porque cada vez es más difícil establecer relaciones de amistad. “Son más bien de enamoramiento o de colegas, pero si la monotonía es fatal para la persona, también lo es una innovación tan veloz que nada deje estable. Ya era hora de que pudiéramos realizarnos sin pedir permiso, pero pensar que el proyecto vital se puede realizar en solitario es ignorar un problema: la soledad existencial”.

EL COSTO DEL NO COMPROMISO

No es raro que las relaciones sean uno de los motores del actual boom del counselling, ni que hasta la prensa seria publique columnas expertas de las que se espera la cuadratura del círculo: cumplir el sueño de relacionarse evitando que eso cuaje en una pareja sólida. ¿Consejos? Mantener las puertas siempre abiertas; sustituir el término relacionarse por conectarse, y el de pareja por red, esa matriz que permite conectar y desconectar, y que nunca sitúa a uno en una relación indeseable pero indisoluble. Ese descompromiso, anuncia Bauman, no reduce los riesgos, sólo los distribuye de otro modo, junto con la angustia que genera.

¿QUÉ SOY PARA EL OTRO?

Estoy porque le quiero, porque me compensa. El psicoanálisis ve en esas explicaciones la envoltura de una verdad más compleja. “Hay algo en el otro que permite acoplarnos —dice el psicoanalista Eugenio Díaz—, lo importante es qué soy para el otro. Si uno no sabe qué le engancha, no sabe de qué se está separando y por eso no puede separarse, sólo alienarse. Ese enganche es una referencia del pasado, la adscripción a un papel, por ejemplo: ser siempre el deseado, el maltratado, ceder le da miedo porque teme desengancharse”.

La Vanguardia.

Fuente:

La inminente necesidad de un hogar guiado por Dios


La inminente necesidad de un hogar guiado por Dios

Autora: Daniela Alessandroni

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. ” (Génesis 1:27-31)

El hogar es la célula básica de la sociedad, es el lugar donde el cristianismo genuino es exhibido, ya que es fácil fingir “el cristianismo en la iglesia, pero cuan difícil es en el hogar”; allí es donde aparecen nuestras reacciones mas ocultas, donde nos mostramos tal cual somos, donde nuestro cónyuge y nuestros hijos juzgarán cuan sincera es nuestra fe en el Dios que profesamos.

Erróneamente creemos que la iglesia es el sustituto del hogar y decimos: “Esto te enseñan en la iglesia…”, pero la iglesia es un instrumento de Dios para complementar y fortalecer nuestro hogar.

No podemos desligarnos de tan importante responsabilidad, como hijos de Dios es nuestro deber construir nuestro hogar como un lugar donde haya amor, estabilidad, seguridad y donde se puede conocer a nuestro Señor de forma personal.

Este es el lugar donde el ser humano es moldeado mas que en cualquier lugar porque allí es donde se desarrolla la auto imagen, la inclinación sexual, el carácter de un niño; allí reside la mayor influencia; aún afectando la sociedad en que vivimos, así como andan los hogares, así andará la nación.

El libro de Proverbios dice “La justicia engrandece la nación, mas el pecado es afrenta de las naciones” (Prov. 14:34 RVR 1960)

Por eso me atrevo a hablar de la urgencia de revisar nuestros hogares y ejercer una fe sincera para comenzar el cambio desde nuestro lugar y así cambiar la sociedad en conductas que vemos hoy, por ejemplo en nuestros jóvenes, y aportar para fortalecer el hogar con principios cristianos, para que nuestras generaciones venideras sepan que Dios estableció la familia y por consecuencia el hogar como un lugar de refugio, contención y descanso en medio de un mundo cada vez ,mas cruel y pecaminoso.

Pastores Ruben y Cristian Dimarcos

Pastor Rubén DiMarco y su Esposa Maria Cristina. [1]

El sociólogo e historiador Carl Zimmerman en su libro “Familia y Civilización” registró agudas observaciones mientras comparaba la desintegración de varias culturas, con la paralela declinación de la vida familiar en las mismas, enumera 6 patrones de comportamiento doméstico que tipifiquen el deterioro vertiginoso de cada cultura:

1. El matrimonio deja de ser sagrado:

Es roto por el divorcio: “Por lo tanto lo que Dios juntó no lo separe el hombre” (Mat. 19:6 RVR 1960)

La Familia Ingalls, (serie televisiva año 1974)

2. Se pierde el significado tradicional de la ceremonia matrimonial:

“Dejará el hombre a su Padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne” (Gen. 2:24 RVR 1960)

3 Se incrementa en forma pública la falta de respeto a los padres y a toda autoridad en general:

“Honra a tu padre y a tu madre…” (Ex. 20:12 RVR 1960)

4. Se acrecienta la delincuencia juvenil, la promiscuidad y la rebelión.

“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Reina-Valera Revisión 1960).

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu Palabra.” (Sal.119:9 Reina Valera Revisión 1960)

5. Crece el adulterio y la aceptación del mismo.

Mat 19:8 “No adulterarás”; Mar 10:19 “No adulteres”; Luc 18:20 “No adulterarás”.

Jesús incluyó “los adulterios y las fornicaciones entre las maldades que contaminan al hombre” (Mar 7:21), que acusó a sus incrédulos contemporáneos de “generación adulterina y pecadora” (Mar 8,38), y que en el Apocalipsis advierte que los “fornicarios”, junto a los incrédulos, hechiceros, idólatras, etc., irán “al lago ardiendo con fuego y azufre” (Ap 21:8).

Mat 5:27-28 «Habéis oído que fue dicho. No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón»

DOÑA FLOR Y SUS DOS MARIDOS (1976) de Bruno Barreto. Sonia Braga protagoniza esta conocida película y novela, en la cual encarna a Doña Flor, quien mantendrá relaciones con sus dos maridos, el vivo y el muerto, interpretados por Mauro Mendonça y José Wilker.

6. Crecen las perversiones sexuales, difundiéndolo como normal y hasta necesario

Lot saliendo de Sodoma Lot saliendo de Sodoma

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. ” (Romanos 1:18-32 RVR 1960)

El hogar es nuestra primera universidad, el lugar donde recibimos las mas grandes bendiciones o las mas profundas heridas en la vida.

bibliaPor esto querido lector, te animo con este sencillo comentario a conocer el plan de Dios para tu hogar, a que leas la Biblia y te capacites por medio de ella y de la lectura edificante de otros libros que hablen sobre como construir un hogar de acuerdo a los valores cristianos, para transformar tu hogar, con un solo y sublime propósito: “satisfacer el corazón de Dios” y te aseguro que vivirás en un “pedacito de cielo en la tierra”

“Si Jehová no edificare la casa en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad en vano vela la guardia ( Sal. 127:1 RVR 1960)

“Si Dios no construye la casa, de nada sirve que se esfuercen los constructores. Si Dios no vigila la ciudad, de nada sirve que se desvelen los vigilantes.” (Sal. 127:1 Biblia en Lenguaje sencillo)

Dios te bendiga!!!

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Daniela Alessandroni es miembro de la iglesia evangélica “El Puente”, del concilio Unión de las Asambleas de Dios, de la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Argentina, a la cual yo asisto, y colaboradora de este blog.

Junto a su esposo Fabián Fernández y sus 3 jóvenes hijas sirven al Señor compartiendo alegremente su fe en Jesucristo entre los jóvenes y adultos.

Fuente:

[1] Los pastores Rubén y N. Cristina Dimarco, fueron pastores míos. Ambos nacidos en Buenos Aires, Argentina. Están casados desde el año 1974, luego de finalizar sus estudios teológicos en el Instituto Bíblico de Quilmes donde se conocieron. Son padres de cuatro hijos Eduardo (32) casado con Valeria, tienen una hija su nombre es Fiorella, Israel (29), Eunice (28) casada con Pablo y Aylen (12) nacida en Bahía Blanca. Juntos sirven al Señor desde hace 32 años. Actualmente pastorean la iglesia “El Puente”, en Bahía Blanca, de la cual son fundadores desde 1986, iglesia que cuenta alrededor de 1000 personas entre redes de hombres y mujeres. Recuperado de http://www.pasionxsupresencia.com.ar/Pasion%20Por%20su%20Presencia.swf

El Fracaso Matrimonial de John Wesley


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por Nathan Busenitz

John Wesley (1703-1791) es más conocido en la historia de la iglesia como el fundador del metodismo. Su compromiso con el evangelio bíblico, pasión por la predicación evangélica, y la habilidad para organizar el incipiente movimiento metodista son rasgos notables. Y Dios usó esas cualidades para ayudar a despertar el avivamiento evangélico en Inglaterra en la mitad del siglo 18 (un avivamiento paralelo a la Gran Avivamiento en América del Norte). A este respecto, hay muchas cosas útiles que podemos aprender del ejemplo de Wesley.

Su matrimonio, sin embargo, dejó otro tipo de legado, uno que también es digno de mención, pero no por buenas razones.

Como autor metodista John Singleton explica:

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