Preparación del Señor previo a su ministerio (X)


Preparación del Señor previo a su ministerio (X)

justino

Preparación por medio de Juan Bautista, el precursor (1:1-8).

JUSTINO MÁRTIR (100 – 165)

Conoció y estudio la filosofía griega antes de convertirse al cristianismo, y la utiliza para exponer según este la verdad cristiana, sirviéndose de las ideas helénicas, hay en él, por tanto, una aceptación del pensamiento nacional de los gentiles, que contrasta con la hostilidad de tertuliano.

En efecto, el planteamiento escogido será adecuado para exponer la cristología de Justino sólo si hallamos en la historia secuencia y orden, si cada momento desempeña su función específica dentro de un todo unitario. Interesa, por tanto, conocer el ritmo al cual se acompasa la existencia del Salvador. Para ello importa particularmente localizar los momentos de cambio que marcan nuevas etapas.

De este modo podremos dar su valor exacto a cada misterio e iluminar su posición en el conjunto. En Justino, un criterio seguro para distinguir los momentos del plan paterno es acudir a las escrituras proféticas. En efecto, bien sabe el mártir que en ellas quedó consignada la disposición divina para salvación del hombre. ¿En qué fases dividen las profecías el proyecto del Padre? Acabamos de ver cómo nos daban cuenta del crecimiento de Jesús.

La cosa, en apariencia banal, tenía sin embargo su importancia: el niño se disponía a recibir un don nuevo, una vez alcanzada la madurez’. Ahora bien, el momento en que esto ocurre es precisamente el Bautismo, que preside así, como telón de fondo, los años de Nazaret. Esto nos indica ya que el episodio adquiere, por querer del Padre, un lugar importante en la vida del Hijo. Estamos ante un cambio de paisaje.. Pero el Bautismo no es sólo punto de llegada de tan larga etapa de ocultamiento. Se trata también de una estación de partida: abre la época del ministerio público de Jesús.

¿Qué le sucede en el Jordán para que, justo a partir de ese momento,

  1. Tengan lugar las tentaciones
  2. comience su predicación
  3. y milagros

Son misterios fuertemente entrelazados. Se entienden a la luz de lo acaecido ante el Precursor; nos servirán también para entender mejor el Bautismo, iluminando la causa por sus efectos más elocuentes.»[1]

Juan el Bautista

ac-43

Justino Mártir habla en su libro acerca del Bautismo del Mesías, señalando en primer lugar a Juan el Bautista:

«Precisamente la venida de Elías, profetizada en la Escritura, muestra que Jesús es el Mestas. Porque Elías, aunque debe todavía venir, ha venido ya. Lo hizo en otro profeta. Juan Bautista, que señaló a Jesús como Cristo. Y nuestro Señor, dejó consignado en sus enseñanzas que esto es así, al decir que Elías vendrá. Y nosotros sabemos que esto se realizará cuando vaya a venir de los cielos nuestro Señor Jesucristo en gloria. También como heraldo de su primera aparición le precedió el Espíritu de Dios que estaba en Ellas.

¿Por qué dice Jesús que Juan es Elías? Para responder introduce Justino un elemento importante: el Espíritu. La continuidad entre los profetas la da el único Espíritu que movía a ambos, que actuaba en Elías y ahora lo hace en Notemos: el interés se centra en este nuevo personaje, más que en las figuras de Juan o Elías. Lo muestra el titulo de heraldo y precursor que no se da, como otras veces, a Juan Bautista, sino al Espíritu que le movía. Esta presencia del Espíritu en Juan constituye el nervio de la prueba de Justino. ¿Qué es eso de que el Espíritu que estaba en Elías pase a Juan? Pone entonces Justino un ejemplo de la misma Escritura: también pasó el Espíritu de Moisés a Josué. Y puede decir:

“Así. pues – proseguí -, como entonces en vida aún de Moisés, trasladó Dios sobre Josué parte del Espíritu de aquél, así pudo hacer también que de Elías pasara el Espíritu sobre Juan. Y como en La primera venida Cristo apareció sin gloria, así La primera venida del Espíritu que estaba en Elías, que permanecía siempre puro como Espíritu de Cristo, fue también sin gloria

Se habla así de una primera venida sin gloria del Espíritu, en consonancia con la primera, también sin gloria, de Cristo. Vino ya el Espíritu que estaba en Elías no como vendrá la segunda vez, por medio del profeta glorioso, sino en profeta humilde, como Juan. De él acaba de contar Justino la muerte en prisión, por capricho de Herodías- señal evidente de la falta de gloria del Precursor. » [2]

Según comenta la enciclopedia católica, acerca de la vida del Precursor del Señor Jesús, «las fuentes principales relativas a la vida y ministerio de san Juan Bautista son los Evangelios canónicos. De estos, san Lucas es el más completo, recogiendo como hace las maravillosas circunstancias que acompañaron el nacimiento del Precursor y detalles sobre su ministerio y su muerte.

El Evangelio de san Mateo se mantiene en estrecha relación con el de san Lucas, en cuanto se refiere al ministerio público de Juan, pero no contiene nada de lo relativo al comienzo de su vida. De san Marcos, cuyo relato de la vida del Precursor es muy escaso, no se puede recoger ningún detalle nuevo.

Finalmente el cuarto Evangelio tiene esta especial característica, que da el testimonio de San Juan tras el bautismo del Salvador. Aparte de las indicaciones suministradas por estos escritos, alusiones de pasada se producen en pasajes tales como Hechos, 13, 24; 19, 1-6; pero son pocos y se refieren al asunto sólo indirectamente. A lo anterior debe añadirse lo que Josefo relata en su Antigüedades Judías (XVIII, v, 2); pero debe recordarse que es lamentablemente errático en sus fechas, equivocado en los nombres propios, y parece manipular los hechos según sus propias opiniones políticas; sin embargo, su juicio sobre Juan, también lo que nos dice sobre la popularidad del Precursor, junto con algunos detalles de menor importancia, son dignos de la atención del historiador.

No se puede decir lo mismo de los evangelios apócrifos, porque la escasa información que dan del Precursor es o bien copiada de los Evangelios canónicos (y no añade autoridad a estos), o bien es un conjunto de divagaciones infundadas.

Zacarías, el padre de Juan el Bautista, era un sacerdote de la estirpe de Abías, la octava de las veinticuatro clases en que fueron divididos los sacerdotes (I Cro., 24, 7-19); Isabel, la madre del Precursor, era “descendiente de Aarón” según San Lucas (1:5); el mismo evangelista, unos versículos después (1:36) la llama “prima” (syggenis) de María.

Estas dos afirmaciones parecen contradictorias, pues, se preguntará, ¿cómo podía ser una prima de la Santísima Virgen “descendiente de Aarón”? El problema se podría resolver adoptando la lectura que se da en una antigua versión persa, donde encontramos “hermana de la madre” (metradelphe) en vez de “prima”. Una explicación en cierto modo análoga, probablemente tomada de algún escrito apócrifo, y tal vez correcta, se da por San Hipólito (en Nicefor., II, iii). Según ella, Mathan tuvo tres hijas, María, Soba, y Ana. María, la mayor, se casó con un hombre de Belén y fue la madre de Salomé; Soba se casó también en Belén, pero con “un hijo de Leví”, de quien tuvo a Isabel; Ana desposó a un galileo (Joaquín) y dio a luz a María, la Madre de Dios.

Así Salomé, Isabel, y la Santísima Virgen fueron primas hermanas, e Isabel, “descendiente de Aarón” por línea paterna, era, por su madre, prima de María. El hogar de Zacarías se designa sólo de una manera vaga por San Lucas: era “una ciudad de Judá”, en “la región montañosa” (1:39). Reland, que aboga por la injustificada suposición de que Judá pueda ser un error de ortografía del nombre, propuso leer en vez de él, Yuttá (Josué 15:55; 21:16), una ciudad sacerdotal al sur de Hebrón. Pero los sacerdotes no siempre vivían en ciudades sacerdotales (el hogar de Matatías estaba en Modin, el de Simón Macabeo en Gaza). Una tradición que puede remontarse a la época anterior a las Cruzadas, señala a la pequeña ciudad de Ain-Karim, a cinco millas al suroeste de Jerusalén.

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Aquí vemos una bonita imagen de Powell como Jesús de Nazareth en la impresionante miniserie del mismo nombre estrenada en Abril de 1977.

El nacimiento del Precursor fue anunciado de la manera más chocante. Zacarías e Isabel, como sabemos por san Lucas, “eran los dos justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril” (1:6-7). Habían orado mucho para que su unión fuera bendecida con descendencia; pero, ahora que “los dos eran de edad avanzada”, el reproche de esterilidad pesaba sobre ellos. “Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.

Y se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, y le precederá con el espíritu y el poder de Elías para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la sabiduría de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (1:8-17). Como Zacarías fue lento en creer esta asombrosa predicción, el ángel, al hacérsela conocer, le anunció que, en castigo a su incredulidad, estaría afectado de mudez hasta que la promesa se cumpliera. Y “cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses” (1: 23-24).

Ahora bien durante el sexto mes tuvo lugar la Anunciación, y, como María había oído al ángel que su prima había concebido, fue “con prontitud” a felicitarla. “Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño” – lleno, como la madre, del Espíritu Santo-“saltó de gozo en su seno”, como si reconociera la presencia de su Señor.

Entonces se cumplió la profética declaración del ángel de que el niño estaría “lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre”. Ahora bien, como la presencia de cualquier pecado es incompatible con la presencia del Espíritu Santo en el alma, se deduce que en este momento Juan quedó limpio de la mancha del pecado original.

Cuando “le llegó a Isabel el tiempo de dar a luz… tuvo un hijo (1:57); y “al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: No, se ha de llamar Juan. Le decían: No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Y todos quedaron admirados” (1, 59-63).

No se dieron cuenta de que ningún nombre le convenía más (Juan, en hebreo: Jehohanan, esto es, “Yahveh tiene misericordia”) al que, como profetizó su padre iba a ir “delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios” (1:76-78). Además, todos esos acontecimientos, a saber, un niño nacido a una pareja de edad avanzada, la repentina mudez de Zacarías, su recuperación, igualmente repentina, del habla, su asombrosa declaración, tenían que infundir admiración a los vecinos congregados; estos apenas podían preguntarse: “Pues, ¿qué será de este niño?” (1:66).

Respecto a la fecha del nacimiento de Juan el Bautista, no se puede decir nada con seguridad. El Evangelio sugiere que el Precursor nació unos seis meses antes de Cristo; pero el año del nacimiento de Cristo no ha sido determinado. Ni hay tampoco certeza sobre la estación del nacimiento de Cristo, pues es bien sabido que la fijación de la fiesta de Navidad al veinticinco de Diciembre no se basa en la evidencia histórica, sino que está sugerida posiblemente por consideraciones meramente astronómicas, también, quizá, deducidas de razonamientos astronómico-teológicos. Aparte de eso, no se pueden hacer cálculos sobre la época del año en que la clase de Abías prestaba servicio en el Templo, puesto que cada una de las veinticuatro clases de sacerdotes hacía dos turnos al año.

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De los primeros años de la vida de Juan San Lucas sólo nos dice que “el niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” (1:80).

Si nos preguntáramos cuándo se fue el Precursor al desierto, una vieja tradición a la que hace eco Paul Warnefried (Paulo el Diácono), en el himno”Ut queant laxis“, compuesto en honor del santo, da una respuesta apenas más definida que la declaración del Evangelio: “Antra deserti teneris sub annis… petiit..” Otros autores, sin embargo, pensaron que lo sabían mejor.

Por ejemplo, San Pedro de Alejandría creía que San Juan fue dejado en el desierto para escapar de la ira de Herodes, quien, si hacemos caso de su relato, fue impulsado por el miedo de perder su reino a buscar la muerte del Precursor, igual que fue, más tarde, a buscar la del Salvador recién nacido. Se añadía también en este relato que Herodes hizo matar a Zacarías entre el templo y el altar, porque profetizó la venida del Mesías (Baronio, “Annal Apparat.”, n.53). Estas son leyendas sin valor calificadas hace mucho tiempo por San Jerónimo como “apocryphorum somnia“.

San Juan Bautista, de el Baciccio

San Juan Bautista, de el Baciccio.(*)

Pasando por alto entonces, con San Lucas, un periodo de unos treinta años, llegamos a lo que podemos considerar el inicio del ministerio público de San Juan Hasta éste llevó en el desierto la vida de un anacoreta; ahora va a entregar su mensaje al mundo. “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César… fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán, predicando” (Luc. 3:1-3), vestido no con los suaves ropajes de un cortesano (Mat. 11:8; Luc 7:24), sino de “piel de camello con un cinturón de cuero a sus lomos”; y “su comida” – parecía como si no comiera ni bebiera (Mat. 11:18; Luc 7:33)– “eran langostas y miel silvestre” (Mat. 3: 4; Mar.1:6); toda su figura, lejos de sugerir la idea de una caña sacudida por el viento (Mat.11:7; Luc.7:24), manifestaba una constancia imperturbable. Algunos incrédulos burlones fingían escandalizarse: “Tiene un demonio” (Mat.11:18) Sin embargo, “Jerusalén, toda Judea, y toda la región del Jordán” (Mat. 3:5), atraídos por su fuerte y atractiva personalidad, acudían a él; la austeridad de su vida aumentaba inmensamente el peso de sus palabras; para la gente sencilla, era verdaderamente un profeta (Mat. 11:9; cf. Luc 1:76-77). “Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca” (Mat. 3:2), tal era el estribillo de su enseñanza. Hombres de todas las condiciones se congregaban a su alrededor.

fariseos

Allí había fariseos y saduceos; estos últimos atraídos quizá por curiosidad y escepticismo, los primeros esperando posiblemente una palabra de alabanza por sus numerosísimas imposiciones y prácticas, y todos, probablemente, más ansiosos de ver de cuál de las sectas rivales ordenaría el nuevo profeta que se siguieran las instrucciones.

Pero Juan puso al descubierto su hipocresía. Sacando sus ejemplos del escenario que los rodeaba, e incluso, según el modo oriental, haciendo un juego de palabras (abanimbanium), fustigó su orgullo con esta bien merecida reprimenda: “Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, dignos frutos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: Tenemos por padre a Abraham; pues os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. Y ya está el hacha puesta en la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mat. 3:7-10; Luc. 3:7-9). Estaba claro que algo había que hacer.

Los hombres de buena voluntad entre los que escuchaban preguntaban: “¿Qué debemos hacer?” (Probablemente algunos eran ricos y, según la costumbre del pueblo en tales circunstancias, estaban vestidos con dos túnicas- Josefo, “Antig.”, XVIII, v, 7). “Y él les respondía: El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo” (Luc. 3:11). Algunos eran publicanos; a ellos les ordenó no exigir más que lo que estaba fijado por la ley (Luc 3:13). A los soldados (probablemente policías judíos) les recomendó que no hicieran violencia a nadie, ni denunciaran falsamente a ninguno, y que se contentaran con su paga. (Luc.3:14). En otras palabras, les advirtió contra la confianza en sus privilegios nacionales, no aprobó los dogmas de ninguna secta, ni abogó por el abandono del forma de vida ordinaria de cada uno, sino que (predicó) la fidelidad y honradez en el cumplimiento de los deberes propios, y la humilde confesión de los propios pecados.

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El río Jordán, donde fue bautizado Jesús.

Para confirmar las buenas disposiciones de sus oyentes, Juan los bautizaba en el Jordán, “diciendo que el bautismo era bueno, no tanto para liberar a uno de ciertos pecados [cf. Sto. Tomás, “Summ. Theol.·, III, A.xxxviii, a. 2 y 3] como para purificar el cuerpo, estando ya el alma limpia de sus corrupciones por la justicia” (Josefo, “Antig.”, XVIII, vii).

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Piscina bautismal.(++)

Este rasgo de su ministerio, más que ningún otro, atrajo la atención pública hasta tal punto que fue apodado “el Bautista” (esto es, el que bautiza) incluso durante su vida (por Cristo, Mat.11:11; por sus propios discípulos, Luc. 7:20; por Herodes, Mat.14:2; por Herodías, Mat.14:3). Aun así su derecho a bautizar fue cuestionado por algunos (Jn.1:25); los fariseos y letrados rehusaron someterse a esta ceremonia, con el argumento de que el bautismo, como una preparación para el reino de Dios, sólo estaba relacionado con el Mesías (Ez. 36:25; Zac.13:1, etc.), Elías, y el profeta del que se habla en el Deut.18:15. La réplica de Juan fue que él había sido divinamente “enviado a bautizar con agua” (Jn 1:33); a esto, más tarde, nuestro Salvador aportó su testimonio, cuando, en respuesta a los fariseos que intentaban tenderle una trampa, implícitamente declaró que el bautismo de Juan era del cielo (Mar. 11:30). Mientras bautizaba, Juan, para que la gente no pudiera creer “si no sería él el Cristo” (Luc. 3:15), no dejó de insistir en que la suya era sólo una misión de precursor: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en el Espíritu Santo y en el Fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga” (Luc. 3:15,17). Fuera cual fuese lo que Juan quería decir con su bautismo “de fuego”, en todo caso, definió claramente en esta declaración su relación con el que había de venir.

Aquí no vendrá mal tratar sobre el escenario del ministerio del Precursor. La localidad debe buscarse en la parte del valle del Jordán (Luc. 3:3) que es llamada el desierto (Mar. 1:4). En relación con esto se mencionan dos lugares en el Cuarto Evangelio: Betania (Jn 1:28) y Ainón (Jn 3:23). Respecto a Betania la versión Betabara, primero dada por Orígenes, puede descartarse; pero el erudito alejandrino estaba quizá menos equivocado al sugerir la otra versión, Bethara, posiblemente una forma griega de Betharan; en cualquier caso, el sitio en cuestión debe ser buscado “al otro lado del Jordán” (Juan, 1, 28). El segundo lugar, Ainón, “cerca de Salim” (Juan, 3, 23), el punto más al norte señalado en el mapa del mosaico de Madaba, se describe en el “Onomasticon” de Eusebio como estando a ocho millas de Seythopolis (Beisan), y debe buscarse probablemente en Ed-Deir o El-Ftur, a poca distancia del Jordán (Lagrange, en “Revue Biblique“, IV, 1895, pags. 502-5). Además, una tradición establecida de antiguo, que se remonta al año 333, asocia la actividad del Precursor, particularmente el bautismo del Señor, con los alrededores de Deir Mar-Yuhanna (Qasr el-Yehud).

El Precursor había estado predicando y bautizando durante algún tiempo (cuánto exactamente no se sabe), cuando Jesús vino de Galilea al Jordán a ser bautizado por él.

¿Por qué, puede preguntarse, “el que no cometió pecado” (I Pedro, 2, 22) buscaría “el bautismo de conversión para el perdón de los pecados” de Juan (Lucas, 3, 3)? Los Padres de la Iglesia responden muy apropiadamente que ésta fue la ocasión prevista por el Padre en que Jesús iba a manifestarse ante el mundo como Hijo de Dios; además, al someterse a él, Jesús sancionaba el bautismo de Juan. “Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” (Mateo, 3, 14).

Estas palabras, que implican que Juan conocía a Jesús, están en aparente contradicción con una ulterior declaración de Juan registrada en el Cuarto Evangelio: “Yo no le conocía” (Jn. 1:33). La mayor parte de los intérpretes toman esto como que el Precursor tenía alguna intuición de que Jesús fuera el Mesías: indican ésta como la razón por la que Juan al principio rehusó bautizarlo; pero la manifestación celestial, unos momentos después, cambió esta intuición en conocimiento perfecto: “Respondióle Jesús: Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos…Y una voz que venía de los cielos dijo: Este es mi hijo muy amado, en quien me complazco” (Mat. 3:5-17).

Tras su bautismo, mientras Jesús estaba predicando por las ciudades de Galilea, yendo a Judea sólo ocasionalmente para las fiestas, Juan continuó su ministerio en el valle del Jordán.

Fue en esta época “cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ¿Quién eres tú? Él confesó, y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Él dijo: No lo soy ¿Eres tú el profeta? Respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? Dijo él: Yo soy la voz que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías” (Jn 1:19-23).

Juan negó ser el profeta Elías, a quien los judíos estaban esperando (Mat.17:10; Mar. 9:10). Ni lo admitió Jesús, aunque sus palabras a sus discípulos parecen a primera vista señalar ese camino, “Ciertamente Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo, que Elías ha venido ya” (Mat. 17:11; Mar 9:11-12). San Mateo señala que “los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista” (Mat. 17:13). Esto era lo mismo que decir, “Elías no va a venir en forma humana.”

Pero al hablar a la multitud, Jesús explicó que llamaba a Juan Elías en sentido figurado: “Si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga” (Mat. 11:14,15). Esto había sido anticipado por el ángel cuando, al anunciar a Zacarías el nacimiento de Juan, predijo que el niño precedería al Señor “con el espíritu y el poder de Elías” (Luc. 1:17). “Al siguiente día vio a Jesús venir hacia él y dijo: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: Viene un hombre detrás de mí, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo…pero he venido a bautizar con agua para que él sea manifestado a Israel…Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios” (Jn. 1:20-34).

Entre los muchos oyentes que rodeaban a san Juan, algunos, más profundamente conmovidos por su doctrina, permanecieron con él, formando así, como alrededor de otros famosos doctores de la ley, un grupo de discípulos. A estos exhortaba a ayunar (Mar.2:18), a estos enseñaba formas especiales de oración (Luc. 5:33; 11:1). Su número, según la literatura pseudo-clementina, llegaba a treinta (Hom. ii, 23). Entre ellos estaba Andrés de Betsaida de Galilea (Jn 1:44). Un día, cuando Jesús pasaba a lo lejos, Juan le señaló y repitió su declaración anterior: “He ahí el Cordero de Dios”. Entonces Andrés, con otro discípulo de Juan, al oír esto, siguieron a Jesús (Jn 1:36-38). El relato de la vocación de Andrés y Simón difiere materialmente del que encontramos en San Mateo, San Marcos y San Lucas; aunque puede percibirse que San Lucas, en particular, narra de tal manera el encuentro de los dos hermanos con el Salvador, que podemos deducir que ya lo conocían. Ahora bien, por otra parte, puesto que el Cuarto Evangelio no dice que Andrés y su compañero dejaran en el acto sus ocupaciones para dedicarse exclusivamente al Evangelio o a su preparación, no hay claramente discordancia absoluta entre la narración de los tres primeros Evangelios y el de San Juan.

El Precursor, tras un lapso de varios meses, aparece de nuevo en escena, y aún está predicando y bautizando a orillas del Jordán (Jn 3:23). Jesús, mientras tanto, había reunido a su alrededor un séquito de discípulos, y vino “al país de Judea; y allí se estaba con ellos y bautizaba” (Jn 3:22) – “aunque no era Jesús mismo el que bautizaba, sino sus discípulos” (Jn. 4:2) – “Se suscitó una discusión entre los discípulos de Juan y los judíos [los mejores textos griegos tienen “un judío”] acerca de la purificación” (Jn. 3:25), lo que quiere decir, como se sugiere por el contexto, acerca del valor relativo de ambos bautismos. Los discípulos de Juan fueron a él: “Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, aquel de quien diste testimonio, mira, está bautizando y todos se van con él” (Jn. 3:26-27). Indudablemente querían decir que Jesús debería ceder ante Juan que le había recomendado, y que, al bautizar, estaba usurpando los derechos de Juan. “Juan respondió: Nadie puede arrogarse nada si no se le ha dado del cielo. Vosotros mismos sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él. El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud. Es preciso que él crezca y que yo disminuya. El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos: da testimonio de lo que ha visto y oído” (Jn. 3:27-36).

La narración anterior recuerda el hecho antes mencionado (Jn.1:28), de que parte del ministerio del Bautista se ejerció en Perea: Ainón, el otro escenario de sus acciones, estaba junto a las fronteras de Galilea; Perea y Galilea formaban la tetrarquía de Herodes Antipas. Este príncipe, digno hijo de su padre, Herodes el Grande, se había casado, probablemente por razones políticas, con la hija de Aretas, rey de los nabateos. Pero durante una visita a Roma, se enamoró de su sobrina Herodías, esposa de su hermanastro Filipo (hijo de Mariamne la joven), y la indujo a venirse a Galilea. Cuándo y dónde se encontró el Precursor con Herodes, no se nos dice, pero por los Evangelios Sinópticos sabemos que Juan se atrevió a reprochar al tetrarca sus malas acciones, especialmente su adulterio público. Herodes, influido por Herodías, no permitió al importuno recriminador marchar sin castigo: “envió a prender a Juan y le encadenó en prisión”. Josefo nos cuenta una historia bastante distinta, que contiene tal vez un elemento de verdad. “Como se apiñaban alrededor de Juan grandes multitudes, Herodes sintió miedo de que abusara de su autoridad moral sobre ellas para incitarlas a la rebelión, lo que harían si se lo mandaba; por tanto pensó como lo más sabio, para evitar posibles sucesos, quitar de en medio al peligroso predicador… y lo encarceló en la fortaleza de Maqueronte” (“Antig.”, XVIII, v, 2). Cualquiera que fuera el motivo principal de la política del tetrarca, es seguro que Herodías alimentaba un amargo odio contra Juan. “Herodías le aborrecía y quería quitarle la vida” (Mar. 6:19). Aunque Herodes al principio compartía su deseo, “temía a la gente porque le tenían por profeta” (Mat. 14:5). Después de un tiempo este resentimiento de Herodes parece haberse reducido, pues, según Mar. 6:19-20, escuchaba a Juan con gusto e hizo muchas cosas a sugerencia de él.

Juan, en su prisión, era asistido por sus discípulos, que le mantenían en contacto con los acontecimientos del momento. Así se enteró de las maravillas efectuadas por Jesús. En este punto no se puede suponer que la fe de Juan vacilara lo más mínimo. Algunos de sus discípulos, sin embargo, no estaban convencidos por sus palabras de que Jesús era el Mesías. Por consiguiente, los envió a Jesús, mandándoles decir: “Juan el Bautista nos ha enviado para que te digamos: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? (Y en aquel momento curó a muchos [del pueblo] de sus enfermedades y dolencias y malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos.) Y les respondió: Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no se escandalice de mí!” (Luc. 7:20-23; Mat.11:3-6).

Cómo afectó esta entrevista a los discípulos de Juan, no lo sabemos; pero conocemos el elogio de Juan que salió de los labios de Jesús: “Cuando los mensajeros de Juan se alejaron, se puso a hablar de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?” Todos sabían muy bien por qué Juan estaba en prisión, y que en su cautividad era más que nunca el campeón impávido de la verdad y la virtud. -“¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre vestido con ropas elegantes? Los que visten magníficamente y viven con molicie están en los palacios. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, el cual te preparará por delante el camino. Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno más grande que Juan el Bautista” (Luc. 7:24-28). Y a continuación, Jesús señaló la inconsistencia del mundo en sus opiniones tanto sobre él como sobre su precursor: “Ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: Tiene un demonio. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Ahí tenéis a un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores. Y la sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos” (Luc 7:33-35).

San Juan languideció probablemente durante algún tiempo en la fortaleza de Maqueronte, pero la ira de Herodías, a diferencia de la de Herodes, nunca disminuyó: aguardaba su oportunidad. Esta llegó en la fiesta de cumpleaños que Herodes, según la moda romana, dio a los “magnates, a los tribunos, y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías [Josefo da su nombre: Salomé], danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey dijo entonces a la muchacha: Pídeme lo que quieras y te lo daré…Salió la muchacha y preguntó a su madre: ¿Qué voy a pedir? Y ella le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan… y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre” (Mar. 6:21-28). Así ocurrió que la muerte del más grande “entre los nacidos de mujer” fue el premio otorgado a una bailarina, el peaje exigido por un juramento imprudente, criminalmente mantenido (San Agustín). Incluso los judíos se conmovieron por una ejecución tan injustificable, y atribuyeron a la venganza divina la derrota sufrida después por Herodes a manos de Aretas, su legítimo suegro (Josefo, loc. cit). Los discípulos de Juan, al enterarse de su muerte, “vinieron a recoger el cuerpo y le dieron sepultura” (Mar. 6:29), “luego fueron a informar a Jesús” (Mat. 14:12).

La duradera impresión dejada por el Precursor sobre los que estuvieron bajo su influencia no se puede ilustrar mejor que mencionando el temor que sobrecogió a Herodes cuando oyó las maravillas obradas por Jesús, quien, en su opinión, no era sino Juan el Bautista vuelto a la vida (Mat.14:1-2, etc.).

La influencia del Precursor no murió con él. Fue de largo alcance, además, como sabemos por Hch. 18:25; 19:3, donde encontramos que prosélitos en Éfeso habían recibido de Apolo y otros el bautismo de Juan. Además los primeros autores cristianos hablan de una secta que tomaba su nombre de Juan y se atenía sólo a su bautismo.

La fecha asignada en los calendarios litúrgicos a la muerte de Juan el Bautista, 29 de Agosto, apenas se puede considerar fiable, porque no se basa casi en documentos dignos de confianza. El lugar de su sepultura ha sido fijado por una antigua tradición en Sebaste (Samaria).

Pero si hay algo de verdad en la afirmación de Josefo, de que Juan fue ejecutado en Maqueronte, es difícil comprender por qué fue enterrado tan lejos de la fortaleza herodiana. Aun así, es perfectamente posible que, en una fecha posterior que nos es desconocida, sus sagrados restos fueran llevados a Sebaste.

En cualquier caso, hacia mediados del Siglo IV, su tumba era venerada allí, como sabemos por el testimonio de Rufino y Teodoreto.

Estos autores añaden que el santuario fue profanado en tiempos de Juliano el Apóstata (hacia el año 362), siendo parcialmente quemados los huesos. Una parte de las reliquias rescatadas fueron llevadas a Jerusalén, luego a Alejandría; y allí, el 27 de Mayo de 395, estas reliquias fueron depositadas en la magnífica basílica ahora dedicada al Precursor en el sitio del otrora famoso templo de Serapis.

La tumba de Sebaste continuó, no obstante, siendo visitada por piadosos peregrinos, y San Jerónimo aporta testimonio de los milagros allí obrados. Tal vez algunas de las reliquias fueron devueltas a Sebaste. Otras partes en diferentes épocas lograron llegar a muchos santuarios del mundo cristiano, y es larga la lista de iglesias que afirman poseer una parte del preciado tesoro.

Lo que sucedió con la cabeza del Precursor es difícil de determinar. Nicéforo (I, ix) y Metarastes dicen que Herodías la enterró en la fortaleza de Maqueronte; otros insisten en que fue enterrada en el palacio de Herodes en Jerusalén; allí fue encontrada durante el reinado de Constantino, y de allí secretamente llevada a Emesa, en Fenicia, dónde se ocultó, permaneciendo desconocido el lugar durante años, hasta que se manifestó por revelación en el año 453.

En las muchas y discordantes informaciones relativas a esta reliquia, predomina por desgracia mucha inseguridad; las discrepancias en casi todos los puntos hacen el problema tan intrincado como para impedir una solución.

Esta insigne reliquia, en todo o en parte, es reclamada por varias iglesias, entre ellas Amiens, Nemours, St.Jean d’Angeli (Francia), San Silvestro in Capite (Roma). Este hecho lo retrotrae Tillemont a una confusión de un San Juan por otro, una explicación que, en algunos casos, parece estar fundada sobre buenas bases y justifica esta multiplicación, de otra forma problemática, de reliquias.

colina

La colina donde se erigía el castillo del rey Herodes.

Mukawir:
Aún siguen en pie los restos del castillo de Maqueronte del rey Herodes. Éste es el lugar donde Herodes Antipas decapitó a Juan Bautista a petición de Salomé.

La veneración tributada desde tan temprano y en tantos lugares a las reliquias de San Juan Bautista, el celo con el que muchas iglesias han sostenido en todas las épocas sus infundadas pretensiones a algunas de sus reliquias, las innumerables iglesias, abadías, ciudades y familias religiosas colocadas bajo su patronato, la frecuencia de su nombre entre la gente cristiana, todo atestigua la antigüedad y extensa difusión de la devoción al Precursor. La conmemoración de su nacimiento es una de las fiestas más antiguas, si no la más antigua, introducida tanto en la liturgia griega como en la latina para venerar a un santo.

Pero, ¿por qué es la fiesta propia, como lo fue, de San Juan el día de su nacimiento, mientras que en los demás santos es el día de su muerte? Porque se entiende que el nacimiento de quien, a diferencia del resto, estaba “lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre”, debe ser señalado como un día de triunfo. La celebración de la Degollación de San Juan Bautista, el 29 de Agosto, disfruta casi de la misma antigüedad.

Encontramos también en los martirologios más antiguos mención de una fiesta de la Concepción del Precursor el 24 de Septiembre. Pero la celebración más solemne en honor de este santo fue siempre la de su Natividad, precedida hasta recientemente por un ayuno. Muchos lugares adoptaron la costumbre introducida por San Sabas de tener un doble oficio este día, como en el día de Navidad.

El primer oficio, que pretendía significar el tiempo de la ley y los profetas que duraba hasta San Juan (Luc. 16:16), comenzaba a la puesta de sol, y se cantaba sin aleluya; el segundo, que significaba la celebración de la apertura del tiempo de gracia, y se alegraba con el canto del aleluya, se celebraba durante la noche. La similitud de la fiesta de San Juan con la de Navidad se llevaba más lejos, pues otra característica del 24 de Junio era la celebración de tres misas: la primera, a altas horas de la noche, recordaba su misión de Precursor; la segunda, al amanecer, conmemoraba el bautismo que él confería; y la tercera, a la hora de tercia, veneraba su santidad. Toda la liturgia del día, repetidamente enriquecida por las añadiduras de varios Papas, era comparable en evocación y belleza a la liturgia de Navidad.

Tan sagrado se juzgaba el día de San Juan que dos ejércitos rivales, habiéndose encontrado frente a frente un 23 de Junio, de común acuerdo aplazaron la batalla hasta el día siguiente de la fiesta (Batalla de Fontenay, 841). “La alegría, que es la característica del día, irradiaba de los recintos sagrados. Las agradables noches de verano, en la octava de San Juan, daban libre campo a un despliegue popular de alegre fe entre las diversas nacionalidades. Apenas los últimos rayos del sol poniente se apagaban cuando, por todo el mundo, inmensas columnas de llamas surgían de todas las cimas de las montañas, y en un instante, toda ciudad, pueblo, y aldea se iluminaba” (Guéranger). La costumbre de las “hogueras de San Juan”, sea cual sea su origen, permanece hasta ahora en ciertas regiones.» (3)

«Y vino Jesús. Pero tras el revuelo y los resplandores de aquella noche en Belén, volvió el silencio. Treinta años de trabajo en la carpintería y de oración en la sinagoga, treinta años compartiendo la mesa familiar bajo la autoridad de José y de María. Nada parecía haber cambiado, y sin embargo Él estaba allí, mezclado entre la gente que empezaba a agitarse con la predicación del Bautista.

bautismo

El pueblo caminaba en tinieblas, y aún no había visto la luz. Hasta que empezó a enseñar aquel joven rabí que hablaba con autoridad, no como los escribas; que se arrogaba la facultad de perdonar los pecados, que curaba a los enfermos y resucitaba a los muertos. De modo que todos se veían obligados a preguntar quién era Él.

Jesús no se lo puso fácil: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Se comprende el murmullo, la reprobación y el escándalo…. Pero ¿por quién te tienes? En un momento dado tan sólo se quedan los doce y unas pocas mujeres. Pedro da voz a sus razones: “Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”. Después vendría su muerte en la cruz, la terrible espantada de sus amigos, y su inesperada victoria sobre la muerte. Sólo entonces comprendieron que era el Hijo de Dios hecho hombre, y que había introducido una novedad que ya ningún poder lograría desarraigar de este mundo.»(4)

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Juan bautizó a Jesús en Betania. (***)

«Juan el Bautista, o simplemente el Bautista, fue un predicador y asceta judío, considerado como profeta por cuatro religiones: Cristianismo, Islam, Mandeísmo y la Fe Bahá’í. Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel (Lucas 1:5), nació hacia el año 7 a.C..

Según Lucas 3:1-3, Juan comenzó a predicar y a bautizar en el desierto

“el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba Judea, cuando Herodes era tetrarca de Galilea, su hermano Filippo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, en tiempo del sumo sacerdote Anás y Caifás” (Lucas 3:1-3).

decapit

La decapitación de San Juan Bautista

Tiberio sucedió a Augusto el 19 de agosto del año 767 de la fundación de Roma. Lucas pudo contabilizar los años siguiendo el calendario sirio, que inicia el año 1 de octubre, o bien el calendario romano, que comienza en enero, por lo cual no sabemos si tuvo en cuenta el primer año de la sucesión. Así, la fecha aproximada del inicio de la actividad del Bautista estaría en torno al año 28 de nuestra era.

Juan Bautista se definió a sí mismo como “voz que clama en el desierto: ‘rectificad los caminos del Señor’ ” (Juan 1:23), con lo cual cumplía expresamente una profecía de Isaías (Mat.3:1-4, Luc.3:4-6, Is. 40:3-5). Mar. 1:1-4 une a ésta el cumplimiento de otra profecía, de Mal.3:1. Esta misma misión general, cumplir unidas ambas profecías, vista como una, fue definida en general por los esenios para ellos mismos, según laRegla de la Comunidad (1QS VIII 13-14; 4Q259 III 3-6), encontrada entre los Manuscritos del Mar Muerto y datada entre los años 100 y 75 a.C. También la liturgia bautismal esenia (4Q14) pudo haber servido de inspiración a Juan.»(5)

fiesta de herodes
Festín de Herodes.El asunto que presenta Carreño en este bello lienzo está inspirado en la vida de san Juan Bautista, eligiendo como culminación de la historia la presentación de la cabeza del Bautista por parte de Salomé a su madre, Herodías, y al rey Herodes. De esta manera, Herodias culminaba su venganza utilizando para ello a su bella hija. La escena se desarrolla en un palacio renacentista de clara inspiración veneciana cuyas arquitecturas se aprecian en el fondo. Las figuras se reúnen alrededor de una mesa tratada con un marcado escorzo por el artista para crear sensación de profundidad. En primer plano encontramos una figura de espaldas que nos introduce en la escena para dejar paso a un pajecillo negro que parece presentar al sorprendido rey la plateada bandeja con la cabeza. Los rostros de los personajes son tremendamente expresivos, creando un perfecto efecto dramático. El estilo empleado por Carreño recuerda a Veronés, tanto por la monumentalidad de las arquitecturas como por el lujo de los vestidos y la fastuosidad del evento. La sensación atmosférica creada es sensacional, provocando la difuminación de los contornos de las figuras de la misma manera que hacían Tiziano o el propio Velázquez. La valía de la obra es tal que se realizaron diversas copias en su tiempo.

Nacimiento de San Juan Bautista La diferencia entre el ministerio general de los esenios y el de Juan estriba en que aquellos enfatizaban en el estudio de la Ley, y en general de las Escrituras, y Juan en la predicación y bautismo para la conversión del pueblo. Según los Evangelios, bautizó a Jesús en el río Jordán (Lucas 3:21-22, Marcos 1:9-11), y lo reconoció como Mesías (Juan 1:25-34, Mateo 3:13-17). Ese momento supuso el inicio de la actividad mesiánica de Jesús. Algunos autores señalan que sería más bien el arresto de Juan por parte de Herodes Antipas el comienzo de la vida pública de Jesús (Marcos 1:14). Poco después (antes de la muerte de Jesús hacia el 30), fue encarcelado y decapitado por orden de Herodes Antipas en la fortaleza de Maqueronte. Este dato es mencionado tanto por Flavio Josefo (Ant., XVIII, v, 2) como por los Evangelios de Marcos 6:16-29 y Mateo 14:3-12.» (6)

«Según Flavio Josefo, Filippo, el hermano de Herodes, murió en esa época, habiendo sido un gobernante que hizo justicia como le pareció conveniente. Puesto que murió sin haber tenido hijos, Tiberio decidió anexar su distrito a la provincia de Siria. Herodes se vio envuelto en una pelea con el Rey de Petra, Areta, con cuya hija había contraído matrimonio porque Herodes se había enamorado de la esposa de su hermanastro (Filippo) y había prometido casarse con Herodías divorciándose de la hija de Areta. Pero la hija de Areta puso al descubierto el plan de Herodes y le pidió a Herodes que le permitiese ir a visitar a Maqueronte. Desde allí se fue apresuradamente a ver a su padre en Arabia y le contó lo que estaba planeando Herodes. Esto y una disputa relacionada con los límites de tierra llevaron a Areta a atacar a Herodes, cuyo ejército quedó completamente destruido. Herodes le escribió acerca de esto a Tiberio. Cesar se sintió dominado por la ira y ordenó al gobernador sirio, llamado Vitellius, que declarase el estado de guerra con Areta, pero muchos de los judíos sintieron que el desastre acontecido a Herodes era el juicio de Dios sobre él por la manera de haber tratado a Juan, de sobrenombre el Bautista.

juan

Mattia Preti, Italiano, 1613-1699. San Juan el Bautista Enseñando, ca.1660

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Caravaggio.San Juan Bautista, 1597-1598, óleo sobre lienzo, 132 × 97 cm, Museos Capitolinos, Roma

Aunque Juan era un buen hombre y había enseñado a los judíos a adorar a Dios, a llevar vidas rectas y a practicar la justicia con otros, Herodes dio orden de que lo matasen. Juan había estado enseñando que no se debía usar el bautismo para obtener el perdón de los pecados cometidos, sino para que fuese una consagración del cuerpo. Como se apiñaban alrededor de Juan grandes multitudes, Herodes sintió miedo de que abusara de su autoridad moral sobre ellas para incitarlas a la rebelión, lo que harían si se lo mandaba; por tanto pensó como lo más sabio, para evitar posibles sucesos, quitar de en medio al peligroso predicador… y lo encarceló en la fortaleza de Maqueronte y fue muerto en esa cárcel. Los judíos creían que Dios había vengado su muerte destruyendo al ejército de Herodes (Ant., 18.5.2)»(7)

Los discípulos del Bautista continuaron su actividad durante algún tiempo tras el arresto de Juan (Lucas 5,33; 7,18-20.24.30) y después de su muerte durante unos años (Hechos 18,25; 19,3).

«La cárcel de Juan el Bautista fue la señal que Jesús esperaba para iniciar su predicación; su degüello por instigación de Herodías, anunció claramente la pasión y la muerte de nuestro Redentor. Dios Padre habló al Verbo encarnado a través del hijo de Zacarías.

Escribe San Bernardo: “El fervor de Juan se manifiesta en su penitencia y en su preocupación por los pecados del prójimo. Ese es el orden justo y razonable: fijarte primero en ti mismo.

Como dice el salmista: “Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame. Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre mí. Entonces seré irreprochable, de delito grave exento.¡Sean gratas las palabras de mi boca, y el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahvé, roca mía, mi redentor.” (Sal. 19:13-15 BJ).

“Camada de víboras, dice Juan, ¿quién os ha enseñado a vosotros a escapar del castigo inminente? ” (Luc 3:7)

¡Qué fuego espiritual lanzan estas chispas y ascuas encendidas! No perdona ni a los fariseos:

Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham” (Luc 3:8 BJ).

Pero todo esto no pasaría de bellas palabras si se detuviera ante la presencia de los poderosos. Nada de eso: reprende con plena libertad de espíritu a un rey cruel y soberbio, saliendo expresamente del desierto con santa indignación, y mostrándose inflexible a los halagos y al martirio. El Evangelio dice que “Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.” (Mar. 6:20 BJ)

A pesar de ello él le corregía abiertamente:

“Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: “No te es lícito tenerla.” Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.”(Mat. 14:3-4 BJ)

decapit

Fue encadenado y encarcelado, pero se mantuvo fiel a la verdad y murió gloriosamente por ella» (8)

En la imagen vemos yuxtapuestos los momentos culminantes de la historia: la danza de Salomé en el banquete, la decapitación de San Juan (a la izquierda en un espacio diferenciado) y, al fondo, a Salomé mostrando a su madre la cabeza del mártir sobre una bandeja. El tema de la presentación de la cabeza del Bautista sobre una bandeja fue repetidas veces tratado por el arte debido a su dramatismo.

Preparación por medio del bautismo (1:9-11).

«El Evangelio de san Mateo, en el capítulo 3, versículos 13 a 17, nos narra el episodio del Bautismo de Jesús, momento en el que Él se manifiesta como enviado del Padre y comienza su vida pública: En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: -Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí-? Jesús le contestó: -Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.- Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: -Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Jesús se encuentra en el río Jordán, en Galilea, con Juan el Bautista y comienzan a hablar. Jesús le pide que lo bautice, pero Juan se resiste: -¿y tú acudes a mí?-… No Jesús -pensaría Juan- soy yo el que necesita ser bautizado por Ti, soy yo el necesitado de tu perdón, el pecador.

cristo

Cristo bendice a Juan el Bautista

El Evangelio nos cuenta como continúa el diálogo: -Jesús le contestó: -Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.- Y ya Juan no puede resistirse y lo bautiza. Y cumple Jesús toda justicia. Él, siendo inocente, asume los pecados de los hombres haciéndose Él mismo pecador. Esta decisión libre, de amor hasta el extremo, le costará la vida entregada en la cruz. Jesús no tenía pecado, pero solamente Él era capaz de hacernos merecedores del perdón de los pecados. El agua simboliza la limpieza del alma. Jesús la santificó al sumergirse en ella, sumergiendo así todos los pecados de los hombres.

Impresionante encuadre e impactante acuarela fílmico/televisiva donde vemos a Jesucristofrente a Juan a punto de ser bautizado en el río Jordan. Se dice que en aquella época el bautismose realizaba mediante la inmersión, pero Zeffirelli optó por la imagen clásica del bautismo. Aunque cambie ligeramente la forma el mensaje final es el mismo.

actor

El actor norteamericano Michael York interpreta a Juan el Bautista, en la miniserie de 1977 Jesús de Nazareth

Al salir Jesús de las aguas se manifiesta abiertamente la Santísima Trinidad: La voz es la del Padre, eterno Amante, el que engendra al Hijo en un acto de amor eterno, dándole toda su vida. El Hijo es el Amado, igual al Padre según su divinidad y consustancial con el Padre, los dos son uno en unión de amor. El Padre le dio toda su vida, y el Hijo ama al Padre con ese amor obediente. El Padre se complace en ese hombre que le ama con amor total y ama a su vez a los hombres en el Hijo.

bautismo

La paloma simboliza el Espíritu Santo. Jesús es ungido por el Espíritu. Es así el Cristo, el nuevo rey del reino del Padre. Al reflexionar sobre el bautismo de Jesús, comprendemos mejor que aquel Niño que contemplábamos en Belén y que fue presentado ante los pueblos por medio de una estrella, ha de ejercer una misión en nombre de Dios. Y que sobre Él reposa toda la confianza del Padre y toda la fuerza del Espíritu Santo. Más aún, si en Navidad contemplábamos al Verbo Encarnado, ahora se manifiesta todo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios se implica en la historia humana.

La historia de Jesús se transforma ahora en la historia del Dios-con-nosotros y del nosotros-con-Dios. » (9)

El bautismo de Cristo

( Battesimo di Cristo)

El bautismo de Cristo es uno de los cuadros más conocidos del pintor Italiano Piero della Francesca. Está realizado al temple al huevo sobre tabla. Mide 167 ctms. de alto y 116 cm de ancho. Fue pintado hacia 1450, encontrándose actualmente en la National Gallery de Londres, Reino Unido.

Esta obra de arte,«representa el momento en que Cristo es bautizado por San Juan Bautista. El cuerpo del Cristo, en el eje vertical del cuadro se sitúa entre los tres ángeles a su derecha y San Juan Bautista a su izquierda. Cada uno de los ángeles tiene un peinado, color y pose distintos, lo que refuerza simbólicamente la presencia de la Santísima Trinidad. Los tres ángeles, vestidos de colores diferentes, en contraste con la norma iconográfica, no sostienen los vestidos de Cristo sino que los tienen por la mano, en señal de concordia: muchos críticos ven en ellos las celebraciones tenidas en aquellos años en Florencia para la unificación de la iglesia occidental con la oriental (entre de ser uno de los temas mayormente discutidos fue aquel de la Trinidad, en la que había habido un papel distinguido el camaldulense Ambrogio Traversi).

Este simbolismo parece verse reforzado por la presencia, justo a la derecha del neófito o catecúmeno que va a ser bautizado, de unos dignatarios vestidos con trajes bizantinos, que era la vestimenta que entonces se asimilaba a los trajes de la Antigüedad. Uno de ellos señala, con la mano, al Espíritu Santo descendiendo sobre el Cristo bajo el aspecto de una paloma que despliega sus alas, pudiendo ser una prefiguración de la cruz. Debajo de Cristo corren las aguas del río Jordán. El río traza una S invertida, motivo recurrente en las composiciones de Piero Della Francesca (el corte en la ropa de la Madonna del parto) como los personajes sólidos, bien asentados sobre sus pies.» (10)

«Dios envió a un hombre llamado Juan el Bautista para preparar a la gente para la venida de Jesús. Juan les dijo que dejaran el pecado (las cosas que no agradan a Dios) y que se acercaran a Dios. Después que hacían una decisión de seguir a Dios, Juan los bautizaba en el río Jordán. Un día Jesús vino a Juan y le pidió que lo bautizara. Al principio, Juan no quería hacer esto porque Jesús es perfecto y no había hecho ningún mal. Juan le dijo que el necesitaba que Jesús lo bautizara a él. Jesús entonces explicó que el ser bautizado era algo que Dios quería que él hiciera. Era una manera de mostrar a todos que Jesús obedecía y seguía a Dios. Así que Juan bautizó a Jesús en el río. Esto significa que lo sumergió en el agua y lo levantó para sacarlo del agua. Cuando Jesús salió del agua, los cielos se abrieron y el Espíritu de Dios bajó en forma de una paloma. Luego una voz del cielo dijo que Éste era Su Hijo amado y que estaba muy complacido con él. Jesús obedeció a Dios toda su vida.

bodas

Las Bodas de Caná

Autor: Murillo
Fecha:1670-75
Características:179 x 235 cm.

Según el Evangelio de San Juan (2; 1-11) Jesús, en compañía de su madre y sus discípulos, asistió a una boda en Caná. Al faltar vino, Jesús realizó su primer milagro: la conversión de agua en vino, lo que motivó la reprimenda del maestresala al novio: “Todos sirven primero el mejor vino, y, cuando se ha bebido bastante, el peor. Tú has guardado el buen vino hasta ahora”.

Impresionante y devocional escena en donde Cristo obra el milagro y multiplica los panes y los peces para que las multitudes que le seguían no pasaran hambre ni sed. Miniserie de 1977 Jesús de Nazareth

Podemos seguir el ejemplo de Jesús al obedecer a Dios en nuestro diario vivir Romanos 6:4 nos dice que el bautismo es un cuadro de lo que hizo Jesús por nosotros.

powell

Jesús fue recibido en Jerusalen con alabanzas y ramos de laurel. Pocos días después fue destrozado a golpes y llevado a la cruz como un cordero al matadero. Nunca el mundo estuvo tan loco como aquel día. “Jesús De Nazareth” 1977 Original Miniseries En Dvd

Cuando la persona es sumergida en el agua, esto representa que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados. Cuando la persona sale del agua, esto representa que Jesús resucitó. El bautismo también es un cuadro lo que sucede en nuestros corazones. Antes que creamos en Jesús, nuestros corazones están sucios por el pecado que hay en nosotros. Cuando invitamos a Jesús a nuestros corazones, Él viene a nuestros corazones y nos limpia del pecado. El bautismo también es una manera que obedecemos a Dios, exactamente como Jesús. Dios nos dice en su palabra, la Biblia, que debemos ser bautizados cuando creemos y confiamos en Jesús. Romanos 10:9 dice que -si confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor y creemos en nuestro corazón que Dios le ha resucitado de los muertos seremos salvos. – Una manera de mostrar que creemos es el ser bautizados..

Christopher Plummer interpretó de manera brillante el papel de Herodes Antipas, hijo deHerodes el grande. Jesús De Nazareth” 1977 Original Miniseries En Dvd

El bautismo es el paso que sigue después de haber creído en Cristo. Jesús iba caminando cerca de un río. Jesús sabía que uno de sus amigos estaba junto al río. Su amigo se llamaba Juan. Jesús obedeció a Dios y fue al río. Jesús vio que Juan estaba bautizando a la gente. Esto significa que estaba sumergiendo a la persona y luego la sacaba del agua cuidadosamente. No era un juego. Era una manera de mostrar a la gente que habían decidido seguir a Dios y que querían obedecer a Dios. Jesús le dijo a Juan que Él quería ser bautizado. Juan lo bautizó… Cuando Jesús se bautizó era una manera de mostrar su obediencia a Dios. Juan le dijo a la gente que Jesús era el hijo de Dios. Juan sabía esto por lo que vio ese día. Jesús obedeció a Dios.

El hizo todo lo que el Padre le dijo.» (11)

Ernest Borgnine interpretó al centurión Romano que pidió ayuda a Cristo demostrando una fe ciega y encomiable. Estando Cristo crucificado, el Centurión afirmó: “Verdaderamente era el hijo de Dios” (Mc 14, 39) “Jesús De Nazareth” 1977 Original Miniseries En Dvd

La curación de la piscina de Betesda “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley. Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan: Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.” (Is. 42:1 -6 RVA 1960)

«A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. No me arrebates juntamente con los malos, Y con los que hacen iniquidad, Los cuales hablan paz con sus prójimos, Pero la maldad está en su corazón. Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos; Dales su merecido conforme a la obra de sus manos. Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová, Ni a la obra de sus manos, El los derribará, y no los edificará. Bendito sea Jehová, Que oyó la voz de mis ruegos Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón, y fui ayudado, Por lo que se gozó mi corazón, Y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; Y pastoréales y susténtales para siempre.» (Sal. 28 RV60)

El portal de la fe católica CATOLIC.NET explica el bautismo de Jesús, refiriéndose a la novedad de la acción de Dios en la historia de la humanidad:

«Sin que aparezca la palabra nuevo en los textos litúrgicos, todos ellos se refieren, en cierta manera, a la novedad de la acción de Dios en la historia. Es nuevo el lenguaje de Dios en Isaías:

“Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y grítenle que ha terminado su esclavitud… Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane…, ahí viene el Señor Yahvé con poder y su brazo lo sojuzga todo… He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro” (Is. 40:1-2,4,10 BJ)

Es absolutamente nuevo que Jesús sea bautizado por Juan, que el cielo se abra, que el Espíritu descienda en forma de paloma, que se oiga una voz del cielo:

“Y en seguida, mientras subía del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu descendía sobre él como paloma. Y vino una voz desde el cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” (Mar. 1:10-11 RVA)

“Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y les hizo subir aparte, a solas, a un monte alto, y fue transfigurado delante de ellos. Sus vestiduras se hicieron resplandecientes, muy blancas, tanto que ningún lavandero en la tierra las puede dejar tan blancas. Y les apareció Elías con Moisés, y estaban hablando con Jesús. Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús: -Rabí, es bueno que nosotros estemos aquí. Levantemos, pues, tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Pues él no sabía qué decir, porque tuvieron miedo.

Institución de la cena del Señor

Vino una nube haciéndoles sombra, y desde la nube una voz decía: “Este es mi hijo amado; a él oíd.” Y de inmediato, mirando alrededor, ya no vieron a nadie más con ellos, sino sólo a Jesús. Mientras descendían ellos del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Y ellos guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué significaría aquello de resucitar de entre los muertos. Le preguntaron diciendo: – ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? El les dijo: -A la verdad, Elías viene primero y restaura todas las cosas. Y, ¿cómo está escrito acerca del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea menospreciado? Sin embargo, os digo que Elías ya ha venido; e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como está escrito de él.” (Mar 9:2-13 RVA)

Es nueva la realidad del hombre que ha recibido el bautismo:

“un baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Señor”.

La novedad viene de Dios. El hombre, desde los mismos inicios, lleva en sí el deterioro y la vieja carne del pecado. En ella está inmerso, como en un pozo profundo, del que es imposible salir por sí mismo. Como se trata de una realidad común a toda la humanidad, tampoco nadie, por su propio valer y querer, puede ayudar a otros a salir. Esta es la triste condición humana. El hombre puede gritar, desesperarse, blasfemar; o puede sentir el peso de la culpa, pedir perdón y ayuda, esperar. Lo que está claro es que sólo Dios puede echarle una mano; sólo Dios puede cambiar su vieja carne en pura novedad de gracia y misericordia.

La novedad es invisible. La novedad que Dios infunde en el corazón de los hombres incide y repercute en la historia, pero en sí es invisible, interior, netamente espiritual. Primero hace nuevo el corazón, luego desde el corazón del hombre y con la ayuda del hombre, trasmuta también la realidad histórica. La novedad del bautizado sólo se irá percibiendo con el tiempo, en la medida en que exista una coherencia vital entre la novedad infundida por Dios y la existencia concreta y diaria del cristiano.

La novedad es eficaz. Si viene de Dios, no puede ser de otro modo. La acción de Dios se lleva a cabo, si el hombre no la obstaculiza. La teofanía que nos narra el evangelio supuso el que Jesús, Hijo de Dios, fuese bautizado por un hombre, Juan; sin esta acción de Jesús, tal teofanía no hubiese tenido lugar. La regeneración y renovación interior del hombre están aseguradas, “si el hombre renuncia a la impiedad y a las pasiones mundanas”, que como tales impiden cualquier acción del Espíritu de Dios. Por otra parte, hemos de admitir que la eficacia de Dios no es manipulable a nuestro antojo y arbitrio. Dios muestra su eficacia cuando quiere y como quiere. »

«Después de haber ejercido Juan su ministerio durante un cierto tiempo, seis meses o quizás mas, Jesús apareció entre la multitud y pidió al profeta que lo bautizara. El profeta comprendió por el Espíritu que Jesús no tenía necesidad de arrepentimiento, y discernió que Él era el Mesías.

“Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? (Mat. 3:14 RV60)

Naturalmente Jesús estaba plenamente consciente de que Él mismo era el Mesías. Su respuesta lo demuestra:

“Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.” (Mat. 3:15 RV60)

El bautismo de Jesús significa que se entregaba a la obra anunciada por Juan, y que tomaba, en gracia, Su lugar entre el remanente arrepentido del pueblo que había venido a salvar » (12)

San Máximo, obispo de Turín, «primer obispo conocido de Turín, Italia. En el 451 participó en el sínodo de Milán en el que los obispos del norte de Italia aceptaron la carta de León I sobre la doctrina de la Encarnación. Participó en el sínodo de Roma, 465.» (13), escribió un comentario titulado “Los misterios del bautismo del Señor”, en la Epifanía 1,3

El comenta que «nos refiere el texto evangélico que el Señor acudió al Jordán para bautizarse y que allí mismo quiso verse consagrado con los misterios celestiales. Era, por tanto, lógico que después del día del nacimiento del Señor -por el mismo tiempo, aunque la cosa sucediera años después viniera esta festividad, que pienso que debe llamarse también fiesta del nacimiento. Pues, entonces, el Señor nació en medio de los hombres; hoy, ha renacido en virtud de los sacramentos; entonces, le dio a luz la Virgen; hoy, ha vuelto a ser engendrado por el misterio. Entonces, cuando nació como hombre, María, su madre, lo acogió en su regazo; ahora, que el misterio lo engendra, Dios Padre lo abraza con su voz y dice: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo”…De manera que tal día como hoy el Señor Jesús vino a bautizarse y quiso que el agua bañase su santo cuerpo. No faltará quien diga: ¿Por qué quiso bautizarse, si es santo? Cristo se hace bautizar, no para santificarse con el agua, sino para santificar el agua y para purificar aquella corriente con su propia purificación y mediante el contacto de su cuerpo. Pues la consagración de Cristo es la consagración completa del agua. Y así, cuando se lava el Salvador, se purifica toda el agua necesaria para nuestro bautismo, y queda limpia la fuente, para que pueda luego administrarse a los pueblos que habían de venir a la gracia de aquel baño. Cristo, pues, se adelanta mediante su bautismo, a fin de que los pueblos cristianos vengan luego tras él con confianza. Así es como entiendo yo el misterio: Cristo precede, de la misma manera que la columna de fuego iba delante a través del mar Rojo, para que los hijos de Israel siguieran intrépidamente su camino; y fue la primera en atravesar las aguas, para preparar la senda a los que seguían tras ella. Hecho que, como dice el Apóstol, fue un símbolo del bautismo. Y en un cierto modo aquello fue verdaderamente un bautismo, cuando la nube cubría a los israelitas y las olas les dejaban paso. Pero todo esto lo llevó a cabo el mismo Cristo Señor que ahora actúa, quien, como entonces precedió a través del mar a los hijos de Israel en figura de columna de fuego, así ahora, mediante el bautismo, va delante de los pueblos cristianos con la columna de su cuerpo. Efectivamente, la misma columna, que entonces ofreció su resplandor a los ojos de los que la seguían, es ahora la que enciende su luz en los corazones de los creyentes: entonces, hizo posible una senda para ellos en medio de las olas del mar; ahora, corrobora sus pasos en el baño de la fe.» (14)

San Hipólito, sacerdote del siglo III, escribe que «Jesús fue a donde Juan y recibió de él el bautismo. Cosa realmente admirable. La corriente inextinguible que alegra la ciudad de Dios es lavada con un poco de agua. La fuente inalcanzable, que hace germinar la vida para todos los hombres y que nunca se agota, se sumerge en unas aguas pequeñas y temporales. El que se halla presente en todas partes y jamás se ausenta, el que es incomprensible para los ángeles y está lejos de las miradas de los hombres, se acercó al bautismo cuando él quiso. Se abrió el cielo, y vino una voz del cielo que decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto”. El amado produce amor, y la luz inmaterial genera una luz inaccesible: “Este es el que se llamó hijo de José, es mi Unigénito según la esencia divina” Este es mi Hijo, el amado: aquel que pasó hambre, y dio de comer a innumerables multitudes; que trabajaba, y confortaba a los que trabajaban; que no tenía dónde reclinar su cabeza, y lo había creado todo con su mano; que padeció, y curaba todos los padecimientos; que recibió bofetadas, y dio al mundo la libertad; que fue herido en el costado, y curó el costado de Adán. Pero prestadme cuidadosamente atención: quiero acudir a la fuente de la vida, quiero contemplar esa fuente medicinal. El Padre de la inmortalidad envió al mundo a su Hijo, Palabra inmortal, que vino a los hombres para lavarlos con el agua y el Espíritu: y, para regenerarnos con la incorruptibilidad del alma y del cuerpo, insufló en nosotros el espíritu de vida y nos vistió con una armadura incorruptible. Si, pues, el hombre ha sido hecho inmortal, también será dios. Y si se ve hecho dios por la regeneración del baño del bautismo, en virtud del agua y del Espíritu Santo, resulta también que después de la resurrección de entre los muertos será coheredero de Cristo. Por lo cual, grito con voz de pregonero: Venid, las tribus todas de las gentes, al bautismo de la inmortalidad. Ésta es el agua unida con el Espíritu, con la que se riega el paraíso, se fecunda la tierra, las plantas crecen, los animales se multiplican; y, en definitiva, el agua por la que el hombre regenerado se vivifica, con la que Cristo fue bautizado, sobre la que descendió el Espíritu Santo en forma de paloma. Y el que desciende con fe a este baño de regeneración renuncia al diablo y se entrega a Cristo, reniega del enemigo y confiesa que Cristo es Dios, se libra de la esclavitud y se reviste de la adopción, y vuelve del bautismo tan espléndido como el sol, fulgurante de rayos de justicia; y, lo que es el máximo don, se convierte en hijo de Dios y coheredero de Cristo. él la gloria y el poder, junto con el Espíritu Santo, bueno y vivificante, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.» (15)

San Gregorio Nacianceno, obispo del siglo IV, uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia Griega, comentó en su comentario “El bautismo de Cristo” (Sermón 39, en las sagradas Luminarias, 14-16. 20: PG 36, 350-351. 358-359):

«Cristo es iluminado: dejémonos iluminar junto con él; Cristo se hace bautizar: descendamos al mismo tiempo que él, para ascender con él.

Juan está bautizando, y Cristo se acerca; tal vez para santificar al mismo por quien va a ser bautizado; y, sin duda, para sepultar en las aguas a todo el viejo Adán, santificando el Jordán antes de nosotros y por nuestra causa; y así, el Señor, que era espíritu y carne, nos consagra mediante el Espíritu y el agua.

Juan se niega, Jesús insiste. Entonces: Soy yo el que necesito que tú me bautices, le dice la lámpara al Sol, la voz a la Palabra, el amigo al Esposo, el mayor entre los nacidos de mujer al Primogénito de toda la creación, el que había saltado de júbilo en el seno materno al que había sido ya adorado cuando estaba en él, el que era y habría de ser precursor al que se había manifestado y se manifestará. Soy yo el que necesito que tú me bautices; y podría haber añadido: «Por tu causa.» Pues sabía muy bien que habría de ser bautizado con el martirio; o que, como a Pedro, no sólo le lavarían los pies.

Pero Jesús, por su parte, asciende también de las aguas; pues se lleva consigo hacia lo alto al mundo, y mira cómo se abren de par en par los cielos que Adán había hecho que se cerraran para sí y para su posteridad, del mismo modo que se había cerrado el paraíso con la espada de fuego.

También el Espíritu da testimonio de la divinidad, acudiendo en favor de quien es su semejante. Y la voz desciende del cielo, pues del cielo procede precisamente Aquel de quien se daba testimonio; del mismo modo que la paloma, aparecida en forma visible, honra el cuerpo de Cristo, que por deificación era también Dios. Así también, muchos siglos antes, la paloma había anunciado el fin del diluvio.

Honremos hoy nosotros, por nuestra parte, el bautismo de Cristo, y celebremos con toda honestidad su fiesta.

Ojalá que estéis ya purificados, y os purifiquéis de nuevo. Nada hay que agrade tanto a Dios como el arrepentimiento y la salvación del hombre, en cuyo beneficio se han pronunciado todas las palabras y revelado todos los misterios; para que, como astros en el firmamento, os convirtáis en una fuerza vivificadora para el resto de los hombres; y los esplendores de aquella luz que brilla en el cielo os hagan resplandecer, como perfectas lumbreras, junto a su inmensa luz, iluminados con más pureza y claridad por la Trinidad, cuyo único rayo, brotado de la única Deidad, habéis recibido inicialmente en Cristo Jesús, Señor nuestro, a quien le sean dados la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.»(16)

«Parece contradictorio que Juan vaya al desierto para proclamar su mensaje. ¿Por qué no ir a la ciudad donde vive más gente? La respuesta es que el desierto tiene un significado especial para el pueblo judío. Fue a la libertad del desierto que Dios los dirigió para sacarlos de la esclavitud en Egipto. Fue en el desierto que verdaderamente se convirtieron en una nación. La respuesta también es que Juan el Bautista es la encarnación del profeta Elías, que estaba asociado con el desierto (1 Reyes 17:2-3). Las Escrituras prometían el regreso de Elías (Malaquías 4:5). Juan se viste y come como Elías. Después, Jesús nos dirá que Elías, en verdad, regresó, “y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él” (9:13). Esto claramente apunta a Juan, cuyo arresto es mencionado en 1:14.» (17)

«Parece… que el bautismo de Juan recuerda y revive el pacto fundamental con Israel en el Sinaí en que todo el pueblo fue convocado a ser “mi reino de sacerdotes y gente santa” (Éxodo 19:6; 23:22; también 1 Pedro 2:9)… Los israelitas simbolizaron la aceptación de su relación de pacto con Dios lavando sus ropas y purificándose a sí mismos antes de entrar al pacto en el Sinaí (Éxodo 19:10)” (Edwards, 30).

Existen dos tradiciones de las que el bautismo de Juan se puede derivar. Una es el lavamiento ritual con que la gente se limpiaba a sí misma de impurezas espirituales. El baño ritual era especialmente importante en la comunidad de Qumram con la que Juan pudo haber tenido alguna conexión. La otra tradición es el bautismo de prosélitos gentiles que se convertían al judaísmo, un rito de purificación inicial que se llevaba a cabo por inmersión.

Sin embargo, existen diferencias entre cada una de estas tradiciones y el bautismo de Juan. El baño ritual era auto-administrado, un ritual frecuentemente repetido, y Juan administra el bautismo personalmente como un rito de una sola ocasión. El bautismo de prosélitos era solamente para los gentiles, y significaba la entrada como miembros del pueblo de Dios. Los judíos ya eran miembros del pueblo de Dios, y se asumía que no necesitaban el bautismo. El bautismo de Juan, sin embargo, está dirigido específicamente para los habitantes de Judea y Jerusalén que iban a escucharlo, y presumiblemente todos eran judíos.

Parece que Juan toma de las dos tradiciones (el lavamiento ritual y el bautismo de prosélitos), pero establece su propio bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. Con respecto a su requisito de que los judíos sean bautizados, “personajes como Juan tienen un incómodo hábito de hacer y demandar lo que parece poco apropiado – y de acuerdo a Mateo 3:9 y Lucas 3:8 – negar privilegios especiales a los judíos era parte de su mensaje. Si ser descendiente judío no aseguraba en contra de la ira de Dios, entonces era necesario hacer algo al enfrentar el juicio inminente” (Hooker, 40). Podemos estar seguros de que Juan nunca se paralizó, o no actuó por falta de precedentes.

El bautismo de Juan es de arrepentimiento. Nosotros tendemos a pensar sobre el arrepentimiento como un sentimiento de culpa por nuestros pecados, pero la culpa si acaso solamente es el punto de partida. La palabra griega, metanoia, significa un cambio de mentalidad. Cuando aprendemos una nueva y mejor manera de pensar, respondemos naturalmente actuando de acuerdo con nuestras creencias. Si nuestras formas anteriores nos herían a nosotros y a los demás, probablemente sentiremos pena por caminar en esos caminos y culpa por el daño que hemos causado. En ese sentido, la culpa es parte del arrepentimiento, pero la culpa es algo al margen más que lo central. “La palabra griega (para arrepentimiento, metanoia)… ha sido inmensurablemente profundizada por la influencia del concepto judío de tesubah (‘volverse’, o ‘regresar’), que tiene su raíz en el llamado de los profetas del Antiguo Testamento para que la nación regresara a su Dios e implica un cambio total de dirección espiritual” (Marcos, 150). “El texto deja claro que el arrepentimiento, el bautismo y el perdón de los pecados van juntos” (Williamson, 32). Jesús también llamará a la gente al arrepentimiento (1:15).

Habían pasado más de trescientos años desde que un profeta estuvo activo en Israel, y el pueblo piensa que la era de los profetas ya había pasado. Ahora, oyendo de Juan el Bautista y su proclamación en el desierto, salían a escucharlo. ‘Todo Jerusalén’ (v. 5) claramente es una hipérbole (exageración para provocar un efecto), pero claramente significa que la gente de Jerusalén va en masa a escuchar al profeta, que estaba prometido (Malaquías 4:5), y que aparece inesperadamente. »(18)

«El lugar de Juan en el desierto lo identifica, no solamente con la historia de la salvación, sino también con la frescura que hace posible que la gente se arrepienta y se deshaga de sus pecados. Irónicamente, la gente que fue atraída por las emociones de la ciudad y que solamente encontraron promesas vacías, ahora se encuentran a sí mismas atraídas por la emoción de un nuevo profeta en el desierto, cuya predicación promete ser más duradera. Van “confesando sus pecados” y buscando el bautismo (v. 5).

La descripción de Juan, “vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos” claramente tiene la intención de identificarlo con Elías a quien el Antiguo Testamento describe como “un varón velloso, y ceñía sus lomos con un cinto de cuero” (2 Reyes 1:8).

La dieta de Juan de langostas y miel silvestre también lo coloca en la tradición profética. El profeta Daniel declina una alimentación de reyes y prefiere verduras y agua (Daniel 1:8-16). La Torah especifica que la langosta es una comida permitida – la palabra moderna es kosher (Levítico 11:22). La tradición judía no clasifica a la langosta como carne, que le conviene a un asceta como Juan el Bautista (ver Mateo 11:18; Lucas 7:33) (Marcos, 151).

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El itinerario (****)

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También la confrontación de Juan con Herodes Antipas (6:18) es una reminiscencia de la confrontación de Elías con Acab (1 Reyes 18). En ambos casos fueron las esposas las que verdaderamente se mostraron peligrosas. Jezabel falló en su intento de matar a Elías (1 Reyes 19), pero lo atemorizó bastante. Herodías sí tiene éxito en matar a Juan el Bautista (6:16-29).»(19)

«La gente se agolpaba para escuchar a Juan, pero Juan apunta al que ha de venir. Juan identifica a ese como más poderoso que Juan, un clamor difícilmente insignificante dado el gran poder carismático que tenía. Durante tres siglos nadie había visto un poder profético como el de Juan -al menos ninguna persona de ese tiempo – y Juan dice que su poder es nada comparado con el de aquel que ha de venir.

Juan dice que “no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos” (v. 7). La tarea de desatar las sandalias de alguien es considerada de un siervo que un discípulo es específicamente relevado de tales deberes (Marcos, 152). Es una tarea de esclavos, pero no de esclavos judíos. Solamente a un esclavo gentil se le pide que realice esos servicios (Edwards, 33). Cuando Juan dice que es indigno de desatar las correas del calzado de alguien que viene detrás de él, está diciendo que la distancia social entre él y el que ha de venir “es tan grande que la de entre un señor y su esclavo” (Perkins, 533). El énfasis aquí no es que la estatura de Juan sea tan pequeña, sino que la de aquel que viene es enorme.

“Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo” (v. 8). Ésta no es la primera vez que el pueblo judío ha recibido el Espíritu Santo en el desierto. Durante el Éxodo, Dios “…puso en medio de él su espíritu santo” (Isaías 63:11), y “El espíritu de Jehová los pastoreó” (Isaías 63:14). Al igual que el primer Éxodo había sido una jornada hacia el desierto bajo la dirección del Espíritu de Dios, el profeta anuncia el segundo éxodo como un tiempo en que habrá un derramamiento fresco del Espíritu (Isaías 32:15; 44:3)” (Lane, 52). Ahora, después de siglos sin profetas, de historia sin espíritu, Juan promete que Jesús los bautizará (sumergirá, zambullirá, abrumará) con el Espíritu Santo. Es una promesa emocionante en verdad, ¡estas en verdad son Buenas Nuevas! “El propósito final de la llegada de Jesús es traer la adquisición del Espíritu Santo. Perdón, sanidad espiritual, restauración de buenas relaciones, liberación de los demonios, incorporación al pueblo de Dios, y una multitud de otras cosas. Aún así, todas están subordinadas a una meta global: el bautismo en el Espíritu Santo asegurado por Cristo” (Abraham, 163). »(20)

«Corno los primeros predicadores cristianos. Lucas consideró que el verdadero comienzo de los hechos que formaban la base del evangelio estuvo en la aparición de Juan el Bautista (Hch. 10:37). El testimonio sobre Jesús marcó el fin de la antigua era de la ley y la promesa y el comienzo de una nueva era de cumplimiento (cf 16:16). Por lo tanto, este importante hecho es lo que él coloca dentro de un contexto de la historia mundial y con exactitud establece la fecha dando una breve descripción de la situación política de su tiempo Tiberio fue emperador romano entre los años 14 y 37 y su año quince era el 27-21 o el 28-29 (los diferentes modos de cálculo de fechas aun en tiempos romanos provocan una Ligera incertidumbre). Pilato era gobernador de Judea entre 26 a 36 d de J.C.; una inscripción en Cesarea le da el título oficial de ‘prefecto’ (más bien que procurador). Lo gobernantes de las otras regiones del que fuera el reinado de Herodes son mencionados, incluyendo Abraham en el extremo nordeste. Aunque sólo un sumo pontífice ejercía el cargo en un momento dado, se nombra a dos:

Caifás (que lo fue del 18 al 37) y su suegro Anás (que lo había sido entre el 6 y el 15 y continuaba ejerciendo influencia).

Juan era tanto el que cumplía la profecía como el último de los profetas ames de Cristo. Por lo tanto, se lo describe de la misma manera que a un profeta del AT (cf. vv. 1. 2 y Jer. 1:1-2). Su venida se cumplió (Isa 40:3-5) y su misión especial era la de proclamar una ceremonia religiosa de lavamiento que prometía el perdón de los pecados

La proclamación de Juan abarca tres breves .acciones. En La primera (7-9) advirtió al pueblo que no había valor en ser bautizado sin un verdadero propósito de dejar atrás el pecado, expresándose en acciones. El arrepentimiento era necesario aun para los judíos: De hecho de que descendieran de Abraham no era una defensa ante el inminente juicio. No eran mejores que víboras. o sea malos y destructivos en su carácter. ¿Les había dicho alguien que podrían escapar del juicio por el simple hecho de ser bautizados (o sea sin arrepentimiento)? De hecho. el hacha ya estaba levantada, lista paja derribar los árboles infructíferos. pero aún había una oportunidad de arrepentirse antes que fuera demasiado tarde

Un segundo párrafo (10-14) exclusivo de Lucas, indica específicamente corno debían vivir grupos determinados Las multitudes; de personas comunes (por supuesto la gente pobre está en mente) debían mostrar generosidad hacia los demás en sus necesidades algo así como una cobra de amor que fuera más allá de los requisitos mínimos de la ley Los publicano y los soldados que vigilaban el país) debían actuar honesta y justamente. Juan no abogaba por un levantamiento social radical, pero insistía en los principios morales que llevarían a la transformación de la sociedad desde dentro más bien que por medio de una revolución violenta.

Un tercer párrafo (15-l7; cf. Juan 1:19-34) lleva al punto vital. Durante la vida de Juan y aun después mucha gente preguntaba si él era el Mesías. Sea lo que fuere que pensaban sus seguidores. Juan estaba seguro de su propia posición. El que es más poderoso vendría después de él. No es probable que se refiera a Dios mismo, ya que es la forma de Juan para referirse más o menos crípticamente al Mesías. Juan sólo podía limpiar a la gente con la señal del bautismo en agua pero el que vendría purificaría al pueblo con fuego. Esto podría ser un símbolo del juicio final cf. y. 17) o del Espíritu Santo (Hch. 1:5). Juan podría querer decir que la venida del Mesías sería experimentada como un juicio o como purificación y poder. El Mesías produciría una aguda separación entre el pueblo como quien cosecha y preserva el trigo pero destruye la paja Por lo tanto el arrepentimiento era una urgente necesidad.

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“Eli, Eli. Lama Sabachtani”. “Jesús De Nazareth” 1977 Original Miniseries En Dvd

Ese mensaje es resumido positivamente como buenas nuevas (18). Está estrechamente ligado con la venida de Jesús que era aquel más poderoso. Pero antes que apareciera en escena, la historia de Juan es redondeada con su arresto debido a su valiente predicación (cf. Mar. 6:17-29), un indicio deliberado de lo que le podría ocurrir a Jesús.»(21)

Notas:

(*) Giovanni Battista Gaulli o el Baciccio (Italia 1639 -1709) fue un pintor italiano del barroco tardío muy influenciado por Bernini, con quien trabajaría en Roma en 1657 y de cual fue el protegido. Célebre tanto por sus retablos como por sus retratos (siete papas incluidos) su obra mayor fue el techo de la iglesia de Gesú de Roma, haciendo desbordar falsas nubes y figuras fuera de cuadro.
La locura carnal del Barroco aparece aquí, plena. ¿Qué peregrina relación puede tener este efebo con la figura severa y terrible de San Juan Bautista? Casi todo estaba permitido en aquella Roma que rendía culto a la belleza. También esta pintura, llena de gracia.(Fuente: El desnudito de hoy: el Baciccio de Antilógicas Sociedad y Cultura)

(**) La Biblia afirma que Juan Bautista predicó y bautizó en un lugar llamado Betania de Transjordania, que los textos bizantinos y medievales, así como la arqueología moderna identifican como Tell a-Kharrar y la Colina de San Elías. Los impresionantes descubrimientos arqueológicos realizados desde 1996 nos revelan cerámica, monedas y restos arqueológicos de un monasterio bizantino del siglo V.(FuenteBetania de Transjordania, de www.visitjordan.com)

(***) Juan bautizó a Jesús en Betania. No sólo lo dice la Biblia, parece que hay datos arqueológicos que lo demuestran.
Betania o Bethania significa casa de la fuente en hebreo, y casa del vado en árabe. Es el lugar por el que se solía cruzar el río Jordán en la Antigüedad. Allí trabajaba Juan como Bautista con sus seguidores, y como digo se han encontrado iglesias y baptisterios de la época.

En el evangelio de Juan (1:28 y 10:40) “Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del río Jordán, donde Juan estaba bautizando…. Volvió Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado bautizando antes; y allí se quedó.”

 

En el mapa de Mádaba aparece como Ainon y figuran dos círculos que suelen interpretarse como la colina de Elías, otro de los profetas que subió al cielo.

En su visita del año 2000, el papa católico Juan Pablo II también estuvo en Bethania, donde celebró una misa. Esto convirtió al lugar en destino definitivo de peregrinaje, por lo que las autoridades locales construyeron un parque bautismal. Hoy, además del centro de visitantes, aún persisten un monasterio bizantino y varias piscinas bautismales originales. En el lugar donde se supone que Juan bautizó a Jesús hay una iglesia, también bizantina, y como todo el complejo, con un moderno sistema de irrigación, para la renovación del agua: estamos hablando de los siglos V y VI.

Hace unos años, arqueólogos israelíes dijeron haber encontrado el verdadero emplazamiento de Betania: por supuesto, en terreno actualmente hebreo. En ese lado, los israelitas han construido una zona bautismal nueva, y por el módico precio de 100 euros se puede uno rebautizar, unos 1000 euros si se baña. La polémica está bien explicada en el diario El Mundo.

(Por cierto: como se han encontrado en Jordania los restos de lugares descritos en la Biblia como en los que vivió Juan el Bautista, eso implica que este señor debía caminar 300 km a diario para trabajar. Hoy día, creo que sólo los japoneses que cogen el tren bala pueden conmutar de esa manera.) (FuenteTierra Santa Betania, más allá del Jordán, de geometrus.com)

(****) En el mapa de Jordania, las flechas verdes marcan los primeros días, con noches en Mádaba (y excursiones), Petra y Wadi Rum. La flecha azul marca el viaje a Siria vía Ammán.
En el mapa de Siria, la flecha azul marca los primeros días, enlazados con el anterior, desde Damasco hasta Aleppo. La flecha roja muestra la vuelta a Ammán vía Damasco.

  1. Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir, Pág. 231-232. José Granados, Publicado en 2005 Editrice Pontificio Istituto Biblico.
  2. Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir,Pág. 237,op. cit.
  3. http://www.enciclopediacatolica.com/j/juanbautista.htm
  4. http://iglesia.libertaddigital.com/articulo.php/1276229436

5.http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20080117104354AAD1mHN

  1. http://www.planetarios.com/Manual-Cristo-1/jesusesbautizadoporsanjuanelbautista.html
  2. http://enciclopedia.us.es/index.php/Flavio_Josefo
  3. http://laesferaylacruz.blogspot.com/2007/08/el-martirio-de-san-juan-bautista.html
  4. http://www.iglesia.org/articulos/bautismo_jesus.php
  5. http://es.wikipedia.org/wiki/El_bautismo_de_Cristo_%28Piero_della_Francesca%29
  6. http://www.missionarlington.org/d/SP-LOC07-01-JesusEsBautizado.pdf
  7. http://es.catholic.net/sacerdotes/80/478/articulo.php?id=2639
  8. http://www.corazones.org/santos/maximo_turin.htm

14 http://www.corazones.org/biblia_y_liturgia/oficio_lectura/fechas/enero_11.htm

  1. http://www.corazones.org/jesus/bautismo_jesus.htm
  2. http://www.aciprensa.com/fiestas/bautismo/bautismo4.htm
  3. http://www.lectionary.org/EXEG-Spanish/NT/SNT02-Marcos/Marcos%2001.04-11.htm
  4. Ibíd.
  5. Ibíd.
  6. Ibíd.
  7. Nuevo comentario bíblico siglo XXI, Pág.1024 ,Autor Siglo Veintiuno, Publicado en 1999, Editorial Mundo Hispano»

 

Preparación del Señor previo a su ministerio (VIII)


Preparación del Señor previo a su ministerio (VIII)

Aprendía las Sagradas Escrituras.

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José y María vivieron dedicados siempre a la educación de su Hijo. Le enseñaron a orar y a conocer la Santa Biblia. Ellos, respetando el modo de ser y la misión que tenía que cumplir su Hijo, supieron educarle para que en todo fuera servidor de Dios y del prójimo. [1]

Olivia Hussey interpretó con humildad y maestría a María, la madre de Jesús. DVD frame

Recordemos nuevamente «el extraño episodio del Niño cuando se quedó en el templo sin decir nada a sus padres. El Evangelio señala expresamente que ni María ni José comprendieron lo que el joven Jesús hizo y dijo en aquella ocasión, pero supieron respetarlo. Jesús puso la voluntad del Padre Dios por encima de las costumbres y la autoridad familiar de este mundo. Dios es el centro y la norma suprema de todo. Pero Jesús volvió con ellos a su casa y siguió viviendo bajo la autoridad de sus padres. Y así fue adelantando en saber, en madurez y en favor ante Dios y los hombres.» [2]

En una nota al pide de página del portal desarrollocristiano.com, dice que «Algunos relacionan el viaje de Jesús por primera vez a Jerusalén con la ceremonia del Bar Mitzvá judío, la ceremonia con que se recibe a los adolescentes a los trece años en la comunidad orante. Pero no hay trazas de que este rito tradicional se celebrara antes del año 1400. Lo que sí es cierto es que, desde antiguo, se consideraba que a partir de esa edad el joven debía observar todos los preceptos y era responsable de sus transgresiones». [3]

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Madrid Museo Lázaro Galdiano-Colección Jesús entre los Doctores Xvi Obra De Paredes De Nava Maestro

En el mismo portal desarrollocristiano.com, en otra nota al pie de página, comenta que «El Talmud dice “que el hombre trate gentilmente a su hijo hasta que tenga doce años”, pero que a partir de esa edad lo trate con severidad si es necesario (Citado por John Lightfoot). Desde los doce años el niño debía también empezar a ayunar de tiempo en tiempo para acostumbrarse a esa práctica y ser capaz de ayunar el día de la expiación (Yom Kipur).

Madrid museo Lázaro Galdiano-colección theatrum pictorim 1660-Jesús entre los Doctores-grabado según J.Ribera obra de Teniers II David el Joven 1610/90

En el contexto de las costumbres judías la respuesta de Jesús cobra un sentido muy especial. Teniendo que asumir ya algunas obligaciones religiosas el niño debe haberse vuelto consciente en ésta su primera visita a la ciudad santa, de la misión que su Padre le había encomendado y de la tarea que le tocaría llevar a cabo. La idea detrás de la frase que algún día pronunciará en Siquem debe haber venido a su mente en esta ocasión: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra” (Jn 4:34). No deja de ser sorprendente, sin embargo, que Jesús diera una muestra de tanta desconsideración con sus padres, sabiendo que no podían dejar de angustiarse al no verlo. Pero si Él les hubiera comunicado su propósito de quedarse en la ciudad ¿se lo habrían permitido? Si se lo negaban es imposible imaginar que Jesús les hubiera desobedecido. Por eso prefirió no decirles nada pensando quizá en lo que más tarde enseñaría:

“El que ama a su padre o a su madre más que a mí (es decir, a Dios) no es digno de mí” (Mat 10:37).»[4]

En el mismo portal desarrollocristiano.com, en otra nota al pie de pagina, respecto a «¿Dónde y en qué ocasión se produjo la sesión en que el niño Jesús hacía preguntas a los doctores y contestaba a las de ellos? Se ha especulado que podría haber sido en la sinagoga que se cree que había en el recinto del templo.

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Escalinata que conduce al templo. Estos escalones, que fueron descubiertos por arqueólogos, conducen al Templo de Herodes.
Pero aparte del hecho de que la existencia de esa sinagoga no ha sido probada, de haber existido es muy poco probable que se hubiera permitido que un niño hablara durante el culto o después. Es en cambio, sabido, según la Mishná (la ley oral tradicional judía, fijada por escrito posiblemente entre los siglos II y III de nuestra era), que algunos doctores de la ley, que sesionaban en la segunda corte de las tres que tenía el Sanedrín -la llamada “corte de apelaciones”-, se sentaban algunos días a enseñar informalmente bajo una de las varias columnatas del templo.Es posible que en una de esas sesiones, en las que, según la costumbre oriental, los oyentes se sentaban en el suelo, el niño hiciera alguna pregunta aguda a los doctores, o contestara a una pregunta de ellos en una forma que hizo que la atención se fijara en él. Eso pudo haber ocurrido durante la semana de la fiesta, vueltos ya sus padres después del tercer día. Los peregrinos no estaban obligados a permanecer más allá de los tres primeros días y la mayoría no se quedaba sino regresaba a casa a atender a sus obligaciones. (Hago estas apreciaciones sobre la base de la información proporcionada por Edersheim)» [5]

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Jesús, María y José en la puerta de su humilde casa de Nazareth.

Desde que tuvo uso de razón, Jesús supo claramente quien era y la misión que tenía que realizar en la tierra.

220px-jesuszeffirelliportraitRobert Powell as Jesus of Nazareth

Los niños y lactantes pronuncian alabanzas perfectas” afirmaba Jesús, que añadía “Dejad que los niños se acerquen a mi, porque de estos es el reíno de Dios. Y en verdad os digo, aquellos que no se volvieren como niños, jamás entraran en el reino de mi padre”. (Mc 10, 14) (Mateo 18, 3)

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Jesús y los niños, en la miniserie de 1977 Jesús de Nazareth

Notas:

  1. http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/NAV/navidad_en_familia_09.htm
  2. http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/NAV/navidad_en_familia_09.htm
  3. Nota Nº 1, pie de pagina http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=669
  4. Nota Nº 4. pie de pagina http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=669
  5. Nota Nº 5 pie de pagina http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=669

 

Preparación del Señor previo a su ministerio (VII)


Preparación del Señor previo a su ministerio (VII)

Niñez de Jesús en Nazaret

Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.” (Luc 2:40)

«Robertson nos recuerda que El era “un joven vigoroso y activo”. El estaba lleno de vida. El era como cualquier otro niño de cuatro años. Jesús no era un atormentado niño, acometido por los años de la niñez. Se le permitió crecer como un niño natural. Jesús era normal. Él continuó siendo llenado de sabiduría. Era un proceso de acción continuada. Nada era anormal en él que usted no pudiera escribir un libro de textos de psicología basado en su vida. Él era perfectamente normal. Él fija el estándar para la normalidad. María y José modelaron la sabiduría de la palabra de Dios. Modelaron ante él el uso de la sabiduría bíblica en su vida cada día. Él continuó aumentando en sabiduría mientras él crecía. También escribe, “el proceso de llenar con sabiduría mantuvo pacifico su crecimiento corporal. ¡Esto era siempre verdadero con otros niños! No necesitamos estar preocupados sobre este crecimiento en la sabiduría de parte de Jesús más que sobre su crecimiento corporal.”

Jesús adolescente en Nazaret

jesus-adolescente-en-nazaretPlummer dice que: “el crecimiento intelectual, moral, y espiritual del niño, como el físico, era verdadero. El era una humanidad perfecta que se desarrollaba perfectamente, sin obstáculo por defectos hereditarios o adquiridos. Era el primer caso de tal crecimiento en la historia. Era la primera vez que un infante humano realizaba el ideal de la humanidad.” » [1]

Jesucristo visita Jerusalén a la edad de doce años y disputa con los doctores

«A la edad de 12 años, habiendo ido Jesús con sus padres a Jerusalén para celebrar la Pascua, se extravió. Después de tres días fue hallado en el templo hablando con los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. “Todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo sus padres quedaron maravillados. Al preguntarle su madre el porqué de esta determinación, el Niño respondió: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre Celestial?” (Lucas II, 41-50).

La disputa con los doctores es el último hecho que relatan los Evangelios, acerca de la infancia de Jesús.» [2]

“Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, yéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.” (Luc 2:41-50)

“Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” (Luc 2:51-52)

Jesús era sumiso a sus padres. “Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón” (v. 51). El era un obediente adolescente. “El continuaba en sumisión a ellos «La palabra denota “habitual, continua sujeción” a sus padres. El tenía el hábito o la costumbre de ser obediente a sus padres. No era un joven rebelde. La palabra “sujeción” es un termino militar que significa: “estar bajo el rango y la autoridad de otro.” Jesús caminaba con sus padres bajo su autoridad. El se sometía a su autoridad. El Hijo de Dios era un perfecto hijo de sus padres humanos. Que gran modelo para nosotros hoy en día. El aprendió obediencia en la mesa con sus padres terrenales. (Hebreos 5:8-9). Que buena actitud para los adolescentes de tenerlo como modelo. El era un perfecto hijo para sus imperfectos padres; y “El continuaba en sujeción a ellos.” Igual que nosotros, María y José eran imperfectos y limitados, pero el los trataba a ellos con mucho respeto. Robertson escribo: “El continuaba sujeto a ellos, este maravilloso muchacho que realmente sabia mucho mas que sus padres y rabinos, era humilde, obediente y afectuoso. En los siguientes dieciocho años de su vida en Nazaret (Lucas 3:23) el permanecía creciendo en mansedumbre y se convertía en un carpintero (Marcos 6:3) en sucesión de José (Mat. 13:55) quien es mencionado aquí por ultima vez” [3]

Jesús era equilibrado.

“Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.” (v. 52).
Su desarrollo no era parcializado. Él no era tan espiritual como no lo era ningún buen terrenal. Él vivió en armonía con Dios y los hombres. El verso 52 revela su desarrollo de la edad entre 12 y 30 años. Había una maduración normal de su bienestar emocional, espiritual, físico y mental. Había un crecimiento vigoroso normal. Él creció “en gracia con Dios y con los hombres” que lo amaron y se gozaron de estar alrededor de él. Él era un favorito entre los hombres, y él es la personalidad más atractiva que el mundo jamás haya conocido.
El desarrollo físico, intelectual, moral, espiritual de Jesús era perfecto. “en cada etapa él era perfecto para esa etapa.” » [4]

«De regreso en Nazareth, el Mesías vivió allí hasta los 30 años, recibiendo la formación que le dieron María y José, ocupado en trabajos de modesto artesano. Jesús quería redimir a los hombres, reformar sus ideas, corregir sus costumbres, infundirles las virtudes. Pero la virtud se enseña más que con discursos, con ejemplos y el Hijo de Dios los dio muy sublimes de recogimiento (o vida íntima, de familia), de oración y amor al trabajo. Siendo Dios, no tenía por qué obedecer a José y María, pero quiso hacerlo para enseñarnos a ser sumisos y amorosos con nuestros padres, respetuosos con nuestros superiores y humildes con nuestros semejantes. Habiendo dispuesto Dios que el hombre se forme en el seno de la familia, nada influye tanto en su ruina como la disgregación familiar. Siendo la familia la célula fundamental de la sociedad, ésta no será armoniosa, solidaria, progresista, si no lo es el conjunto de las familias. Para convencer al mundo de estas verdades, Jesús vivió en el seno de una familia, conformada por las tres personas más santas que han existido: Jesús, modelo de hijo, María, modelo de madre y esposa y José, modelo de padre y marido. Jesús obedecía aún en las cosas más humildes, para enseñarnos que a los ojos de Dios nada hay vil cuando se cumple por mandato de los padres. Jesús fue obediente hasta los 30 años, para confusión de tantos hijos que después de la adolescencia, menosprecian las advertencias y consejos de los padres, pretenden ser dueños de sí y afligen a su familia con conductas irreverentes. »

Es el maravilloso Evangelio de Lucas el que más nos acerca a la vida del Jesús niño y adolescente, ese Jesús oculto por el que el evangelista muestra tanta admiración. Lo más probable es que fuera la propia Virgen María la que le relatara al evangelista esos recuerdos que como Lucas dice, ella guardaba vivamente en su corazón. ¿Cómo fue la vida del Jesús niño? Como la de cualquier otro niño de Nazaret:

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Trabajó de carpintero con José

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San Pedro Crisólogo escribió que «José, “hombre justo” fue escogido por Dios para ser el esposo de María Santísima y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra… El nombre de José en hebreo significa “el que va en aumento. Y así se desarrollaba el carácter de José, crecía “de virtud en virtud” hasta llegar a una excelsa santidad.» [6]

Una descripción de esta etapa, seguramente infantil, pero no por eso menos descriptiva es la siguiente: «José, el papá de Jesús, era carpintero. Un carpintero es una persona que hace o arregla cosas de madera. José tenía un taller cerca de su casa. Él hacía muebles en su taller. ¿Qué tipos de muebles creen que hacía? Hacía sillas, mesas, y otras cosas también. También hacía herramientas que se usan para hacer un trabajo. Él tomaba un pedazo de madera y lo alisaba bien. Luego una pieza de piedra y la fijaba al extremo del palo. De esa manera hacía un mazo, algo para golpear o majar cosas. José hacía grandes herramientas, como un arado, por ejemplo, que es una herramienta para arar la tierra, que usan los campesinos para sembrar semillas.

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José enseñaba a Jesús cómo hacer trabajo de carpintería. Primero le mostró cómo usar un martillo para hincar o meter un clavo en una madera. Cuando Jesús ya había crecido más, José le enseñó cómo usar una sierra para cortar madera. La madera con frecuencia era pesada, así que Jesús desarrolló fuertes músculos para poder levantarla. Jesús tenía que usar muchas herramientas agudas y con filo en el taller de carpintería. Así que era muy cuidadoso cuando las usaba. Cuando Jesús ya creció más, José le permitió que hiciera muchas cosas para él. Jesús siempre ponía todas las herramientas en su lugar cuando terminaba su trabajo.

Y también ayudaba a limpiar el taller. Ayudaba a José barriendo el taller al final de cada día. Jesús amaba a su padre y a su madre. Le gustaba ayudar a José en el taller de carpintería. Le gustaba ayudar a su mamá María en los quehaceres de la casa. Se sentía muy feliz porque era muy útil. Cualquier cosa que se le pidiera que hiciera, la hacía lo mejor que podía.» [7]

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“Aun el niño se da a conocer por sus acciones” (Prov. 20:11 NRV).

“Y el niño crecía y se hacía más fuerte y más sabio, y gozaba del favor de Dios” (Lucas 2:40, Dios Habla Hoy).

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«En tiempos de Jesucristo, los hombres despreciaban el trabajo manual. El Mesías trabajando en la carpintería de José, su padre adoptivo, nos enseñó a someternos con amor a la ley del trabajo, para edificar un mundo mejor.

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“La memoria del taller de Nazareth a través de los siglos, forma en torno a la cabeza de Jesús una aureola de grandeza y esplendor manifiestamente divinas”, afirma el sacerdote católico Ardizzone.» [8]

«Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lucas 2:52). Siendo perfecto en cuanto Dios y en cuanto hombre, esas palabras del Evangelio deben interpretarse en el sentido de que iba mostrando de acuerdo a la edad, el desarrollo de su personalidad divina. Gradualmente fue manifestando sus perfecciones a los hombres.»[9]

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«Aún lleva este Cristo sobre sí las briznas de la carpintería de José y el dolor antiguo de los proletarios. Pero es un hombre vigoroso, musculazo por el trabajo y los caminos, que podría, si quisiera, transfigurarse en el extremista aquel que daba al eco y al viento de las montañas su palabra magnífica y rebelde:»[10]

Fueron «treinta años de trabajo en la carpintería y de oración en la sinagoga, treinta años compartiendo la mesa familiar bajo la autoridad de José y de María » [11]

«La vida en familia de Jesús, José y María, en cuanto a lo exterior, no se diferencia mucho de cualquier otra familia pobre. José en su carpintería y María en sus quehaceres domésticos. Vida sencilla, con sus alegrías y sus penas» [12]

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Jesús en el Mte. de la Transfiguración

«Era la familia de un carpintero-albañil del interior del país. Saben del sufrimiento de los que salen en busca de trabajo. Supieron lo que es el hambre, la sed, el cansancio; la vida insegura, falta de trabajo y sin techo. Sufrieron en carne propia lo que es el desprecio. Jesús, ya jovencito ayudaría en la carpintería, y más tarde, cuando murió José, tuvo que trabajar para alimentar a su mamá. No pensemos que la Sagrada Familia era una familia sin problemas. Ellos, como nosotros, tuvieron toda clase de problemas. Pero supieron resolver sus problemas a base de diálogo, con mucho respeto y amor mutuo. En aquella familia estuvo presente lo mejor que puede haber en una casa: el favor de Dios, su gracia y su palabra. El centro de aquella familia fue JESUS. Esto quiere decir que la presencia de Jesús no excluye los problemas. La familia ideal no es la familia donde no hay problemas, sino la que, teniendo a Dios como centro, está unida por un auténtico amor. Pues donde hay amor, allí está Dios.» (13)

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Nacimiento en Belén

“Se hizo en todo igual a los demás hombres, como si fuera uno de nosotros” (Filip. 2:6-7).”Hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores” (Mat. 8:17).

Según un dicho popular, el amor hace iguales. Y este amor grandioso e increíble de Dios hacia los hombres le hizo bajar hasta lo más profundo de nuestra humanidad. Compartió la vida del pueblo sencillo de su tiempo. Vivió, como uno más, la vida escondida y anónima de un pueblito campesino: sus penas y sus alegrías, su trabajo, su sencillez, su compañerismo; pero sin nada extraordinario que le hiciera aparecer como alguien superior a sus conciudadanos.

Un hombre de su profesión ya jubilado, dejó volar un poco su imaginación y nos redacta “lo que el vió”, al meditar en esos momentos de la vida de Jesús, en una reflexión titulado el trabajo de Jesús: «Me introduzco imaginativamente en el taller de Nazaret. Lo contemplo con cariño. Miro allí a Jesús, y junto a Él adolescente, a María y a José; éste con sus instrumentos de carpintería, María arreglando la ropa, sentada en una silla pequeña. Jesús un poco de aprendiz de la carpintería, aprendiendo el oficio. Jesús, que es capaz como Dios y hombre de crear nuevo mundos, reducido a la mínima expresión de aprendiz. Son una familia de artesanos pobres, pero no están en la miseria. Y todo lo hace por nuestro amor, por amor a todos los trabajadores, a todos los hombres, pues de una u otra manera hemos de dedicarnos al trabajo. Jesús trabajó desde niño; lo hizo de joven y de adulto. Su vida fue el trabajo. » [14]

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La Sagrada Familia

En una reflexión titulada “Jesús un hombre de su tiempo”, José L. Caravías, Sacerdote Jesuita, relata que «Dios no se presentó en la historia como un liberador prepotente, ni como un gran señor, que desde las alturas de su comodidad, ordena la liberación de los esclavos. El bajó al barro de la vida, se hizo pequeño y conoció en carne propia lo que es el sufrimiento humano.

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Nacimiento en Belén

“Se hizo en todo igual a los demás hombres, como si fuera uno de nosotros” (Filip. 2:6-7).

“Hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores” (Mat. 8:17).

Según un dicho popular, “el amor hace iguales”. Y este amor grandioso e increíble de Dios hacia los hombres le hizo bajar hasta lo más profundo de nuestra humanidad. Compartió la vida del pueblo sencillo de su tiempo. Vivió, como uno más, la vida escondida y anónima de un pueblito campesino: sus penas y sus alegrías, su trabajo, su sencillez, su compañerismo; pero sin nada extraordinario que le hiciera aparecer como alguien superior a sus conciudadanos.

Los de Nazareth le llamaban “el hijo del carpintero” (Mat. 13:55) o sencillamente “el carpintero” (Mar. 6:3).

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Un pueblo pequeño no da para que un carpintero viva sólo de este oficio. Un carpintero de pueblo es un hombre habilidoso, que sirve para todo. Es al que se le llama cuando algo se ha roto en casa o cuando se necesita un favor especial. Jesús estaría verdaderamente al servicio de todo el que necesitase de El. Igual trabajaría con el hacha o con el serrucho. Entendería de albañilería; sabe cómo se construye una casa (Mat. 7, 24-27). Y sin duda alguna trabajó muchas veces de campesino, pues el pueblo era campesino. Conocía bien los problemas de la siembra y la cosecha (Mar. 4:3-8.26-29; Luc. 12:16-21).

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Aprendería por propia experiencia lo que es salir en busca de trabajo, cuando las malas épocas dejaban su carpintería vacía; El habla de los desocupados que esperan en la plaza sentados a que un patrón venga a contratarlos (Mat. 20:1-7). Habla también de cómo el patrón exige cuentas a los empleados (Mat. 25:14-27). O cómo “los poderosos hacen sentir su autoridad” (Mat. 20:25); El también la sintió sobre sus propias espaldas. Puesto que el pastoreo es uno de los principales trabajos de la región, seguramente Jesús fue también pastor.

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Grabado de Doré donde se ilustra la Natividad: el nacimiento de Cristo en el establo de la posada de Belén.

Un pueblo pequeño no da para que un carpintero viva sólo de este oficio. Un carpintero de pueblo es un hombre habilidoso, que sirve para todo. Es al que se le llama cuando algo se ha roto en casa o cuando se necesita un favor especial. Jesús estaría verdaderamente al servicio de todo el que necesitase de El. Igual trabajaría con el hacha o con el serrucho. Entendería de albañilería; sabe cómo se construye una casa (Mat. 7:24-27). Y sin duda alguna trabajó muchas veces de campesino, pues el pueblo era campesino. Conocía bien los problemas de la siembra y la cosecha (Mar. 4:3-8.26-29; Luc. 12:16-21). Aprendería por propia experiencia lo que es salir en busca de trabajo, cuando las malas épocas dejaban su carpintería vacía; El habla de los desocupados que esperan en la plaza sentados a que un patrón venga a contratarlos (Mat. 20:1-7). Habla también de cómo el patrón exige cuentas a los empleados (Mat. 25:14-27). O cómo “los poderosos hacen sentir su autoridad” (Mat. 20:25); El también la sintió sobre sus propias espaldas. Puesto que el pastoreo es uno de los principales trabajos de la región, seguramente Jesús fue también pastor.

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En su forma de hablar demuestra que conoce bien la vida de los pastores, cómo buscar una oveja perdida (Luc 15,3-6), cómo las defienden de los lobos (Mat. 10,16) o cómo las cuidan en el corral (Jn. 10:1-16 ). Le gustaba llamarse a Sí mismo “el Buen Pastor” (Jn. 10,11).

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Jesús, Buen Pastor

Su forma de hablar es siempre la del pueblo: sencillo, claro, directo, siempre a partir de casos concretos. Su porte exterior era la de un hombre trabajador, con manos callosas y cara curtida por el trabajo y la austeridad de vida. Casa sencilla y ropa de obrero de su tiempo. Participó en todo de la forma de vida normal de los pobres. Supo lo que es el hambre (Mat. 4,2; Mar. 11:12), la sed (Jn. 4,7; 19,28), el cansancio (Jn. 4,6-7; Mar. 4,37-38), la vida insegura y sin techo: “Los zorros tienen su madriguera y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene en dónde reclinar su cabeza” (Mat.8:20).

El conoció bien las costumbres de su época, señal de total encarnación en su ambiente. Es solidario de su raza, su familia y su época. Sabe cómo hace pan una mujer en su casa (Mat. 13,33), cómo son los juegos de los niños en la plaza del pueblo (Luc. 7,32), cómo roban algunos gerentes en una empresa (Luc. 16,1-12) o cómo se hacen la guerra dos reyes (Luc. 14,31-33). Habla del sol y la lluvia (Mat. 5,45), del viento sur (Luc. 12,54-55) o de las tormentas (Mat. 24,27); de los pájaros (Mat. 6,26), los ciclos de la higuera (Mat. 13,28) o los lirios del campo (Mat. 6:30).¡En verdad que Dios se hizo en Jesús “uno de nosotros”! »(15)

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«El documental “La tumba perdida de Jesús”, dirigido por el israelí Simcha Jacobovici y producido por James Cameron, dice que las tumbas de la familia de Jesús fueron descubiertas en 1980 en Talpiot, un barrio de Jerusalén. Algunos de los féretros llevaban los nombres hebreos Yeshu Ben Yossef (Jesús hijo de José), Yehuda Bar Yeshu (Judas hijo de Jesús), Marta y Myriam (María), nombres asociados con el Nuevo Testamento. Una combinación de análisis genético y cálculo de probabilidades permite a los autores concluir que el lugar albergó los restos de Jesús, María Magdalena, un hijo de ambos llamado Judas y María, la madre del profeta.

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Cameron y Jacobovici desvelaron ayer los osarios de “Jesús hijo de José” y “María la del maestro”, en referencia a la de Magdalena, en la biblioteca central de Nueva York. Ambos no tienen más de un metro de largo y unos 50 cm. de alto y ancho. Cameron afirmó que el hallazgo pone fin a la ausencia de pruebas físicas de la existencia de Jesús con “evidencias tangibles, físicas e incluso forenses”.

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El documental difundido por la cadena Discovery Channel, afirma que, pese a tratarse de nombres corrientes en la época, la posibilidad estadística de que en una familia coincidieran todos ellos sin tener nada que ver con Jesús de Nazaret es demasiado remota, de 600 contra 1, según Andrey Feuerverger, profesor de matemáticas en la Universidad de Toronto.El arqueólogo Amos Kloner, quien documentó esta tumba como la cueva de entierro judía de una familia próspera, cree que no hay pruebas de que allí fue enterrado Jesús. “Es una cueva judía para entierros. Los nombres que aparecen en ella se tratan de una coincidencia. No tenemos una prueba científica de que sea la tumba de Jesús y de los miembros de su familia”, declaró. Sostuvo que de 900 cuevas utilizadas para entierros encontradas en un radio de 4 kilómetros de la ciudad vieja de Jerusalén, el nombre Jesús o Yeshu se encontró 71 veces, aunque no se halló “Jesús hijo de José”.Además, las iglesias cristianas ortodoxa y católica afirman que la tumba de Jesús se encuentra bajo la Iglesia del Santo Sepulcro en el Jerusalén antiguo, mientras que los protestantes sostienen que está más al norte, fuera de las murallas de la ciudad vieja»[16]

Simcha Jacobovici y James Cameron presentaron en Nueva York dos osarios encontrados en una tumba de Jerusalén. Los realizadores del documental aseguran que contuvieron los restos de Jesús de Nazareth y su familia. [17]

Notas:

  1. http://www.abideinchrist.org/es/deu6v4es.html
  2. http://www.elindependiente.com.ar/diario/imprimir.asp?id=61220
  3. http://www.abideinchrist.org/es/deu6v4es.html
  4. Ibíd.
  5. http://www.elindependiente.com.ar/diario/imprimir.asp?id=61220
  6. http://www.corazones.org/santos/jose_san/jose_historia.htm
  7. http://www.pmministries.com/CEES/2007/ES1/Departamentos/JardinInfante/JI2.pdf
  8. http://www.elindependiente.com.ar/diario/imprimir.asp?id=61220
  9. Ibíd.
  10. http://www.granpoder.org/WGP_PDF/ANTONIO%20NUNEZ%20HERRERA.pdf
  11. http://iglesia.libertaddigital.com/articulo.php/1276229436
  12. http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/NAV/navidad_en_familia_09.htm
  13. Ibíd.
  14. http://web.jet.es/mistica/2s3d.htm
  15. http://www.autorescatolicos.org/joseluiscaraviasjesusunhombre.htm
  16. http://www.hispanoshouston.com/archives/supuesta-tumba-de-jesus-causa-controversia.php
  17. http://www.eluniverso.com/2007/02/26/0001/1064/A8757BEF23EA463BA9EA70B23732302E

Preparacion del Señor previo a su ministerio (VI)


Preparación del Señor previo a su ministerio (VI)

Preparación previa de Jesús:

Aunque la narración de Marcos comienza con Jesús ya en edad madura, y en el inicio de su ministerio, sin embargo, pensemos en la preparación anterior y el fundamento en la vida de Jesús preliminar al comienzo de su gran tarea:

«Hace dos mil años hubo en Palestina, en la frontera del Imperio Romano, un niño de una belleza y un encanto inefables. Era el Niño Dios, el infante virtuoso, el hijo modelo. » [1]

El nacimiento

«Jesús nació hace dos milenios en Belén de Judea, la ciudad de David, a la que habían acudido sus padres José y María, para empadronarse. Un ángel del Señor manifestó el acontecimiento a unos pastores y les señaló el sitio del alumbramiento. De inmediato junto con el ángel apareció una multitud del ejército celestial alabando a Dios, haciendo resonar este cántico: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Los pastores, gente de trabajo, simple, sencilla, fueron los primeros adoradores del Divino Infante.

LOS PASTORES

El Hijo de Dios, pudiendo haber elegido para nacer un palacio suntuoso en una ciudad opulenta, quiso nacer en la pobreza de un pesebre, para enseñar a los hombres a no poner su felicidad en las riquezas, honores y placeres de este mundo (Lucas II, 1-20).»[2]

Epifanía

«A los pocos días de nacido Jesucristo, tres reyes de Oriente, guiados por una estrella, llegaron a Belén para adorar al Mesías que acababa de nacer. Ofreciéronle oro, incienso y mirra. Recibieron en cambio el don inestimable de la fe, siendo los primeros gentiles que creyeron en Jesucristo (Mateo II, 1-12).»[3]

La circuncisión

La circuncisión de Jesús

«La circuncisión era una herida que se hacía en el cuerpo del niño y aún del adulto, cuando quería inscribirse entre los hijos de Abraham. Distinguía a los judíos de los demás hombres. Era una figura y un símbolo del Bautismo. El bebito de Belén fue circuncidado al octavo día de su nacimiento, imponiéndosele entonces el nombre de Jesús, que le había sido dado por el ángel Gabriel, antes de su concepción. (Lucas 1: 21).» [4]

Leyendas acerca de la circuncisión del Señor Jesús

«El Santo Prepucio (en latín præputium) es una de las muchas reliquias presuntamente asociadas con Jesús. En varios momentos de la historia diferentes iglesias de Europa han asegurado tenerlo en su poder, en ocasiones simultáneamente. Durante años se le han atribuido varios milagros.

Reivindicaciones de su posesión

La abadía de Charroux reivindicó poseer el Santo Prepucio durante la Edad Media. Se dijo que había sido regalado a los monjes por Carlomagno, del que a su vez se dice que aseguró que un ángel se lo había traído (aunque existe otra versión según la cual el Santo Prepucio fue un regalo de boda de Irene, emperatriz de Bizancio). A principios del siglo XII, se llevó en procesión a Roma, donde se le fue presentado al Papa Inocencio III, al que se le pidió que asegurase su autenticidad. El Papa rechazó la propuesta. En algún momento indeterminado la reliquia se perdió y permaneció perdida hasta 1856, cuando un obrero que efectuaba labores de mantenimiento en la abadía aseguró haber encontrado un relicario oculto dentro de una pared, que contenía el prepucio perdido.

La abadía de Coulombs, en la diócesis de Chartres también reivindicó en la edad media estar en poder del Santo Prepucio. Una leyenda dice que cuando Catalina de Valois se quedó embarazada en 1421, su marido, Enrique V de Inglaterra, mandó buscar el Santo Prepucio. De acuerdo con esta leyenda, la reliquia funcionó tan bien que Enrique V no quiso devolverla tras el nacimiento del niño (el que sería más tarde Enrique VI de Inglaterra).

Otras lugares en los que se ha asegurado que se encontraba el Santo Prepucio son la Basílica de San Juan de Roma, la catedral de Le Puy-en-Velay, la de Santiago de Compostela, la ciudad de Amberes, y las iglesias de Besançon, Metz, Hildesheim y Calcata.

Tradición moderna

El caso de Calcata merece especial mención, pues el relicario que contenía el presunto Santo Prepucio se exhibía en un desfile por las calles de este pueblo Italiano hasta 1983 en la Festividad de la Circuncisión, reconocida oficialmente por la Iglesia Católica y celebrada el 1 de enero de cada año. Esta práctica acabó, no obstante, cuando el relicario (que tenía joyas incrustadas) fue robado. Tras este robo es incierto si alguno de los presuntos Santos Prepucios todavía existe. En un documental de televisión de 1997, el periodista británico Miles Kington viajó a Italia en busca del Santo Prepucio, pero fracasó en su intento de encontrar algún candidato.

Desde el Concilio Vaticano II, el énfasis puesto por la Iglesia Católica en las reliquias ha disminuido notablemente, y muchas reliquias de larga tradición se han relegado a la categoría de “leyenda pía” por el Vaticano. El interés en el Santo Prepucio se ha reducido especialmente, argumentando que la exhibición de esta reliquia en particular producía una ‘curiosidad irrespetuosa’.

El prepucio de Cristo

La circuncisión

Jesús, al ser judío, fue circuncidado como lo indica la tradición judía. Debido a ello, algunos discutieron que cuando Jesús ascendió al Cielo con su cuerpo físico (después de la Resurrección), lo hizo sin tal mutilación. Por otro lado hubo otros que decían que su prepucio se quedó en el mundo. Muchas iglesias (en Europa y sobre todo en Francia) afirman tenerlo.

Así, la teoría de que el prepucio se fue con su dueño al Cielo generó una interesante aunque descabellada historia.

Durante del siglo XVII el académico y teólogo católico Leo Allatius en De Praeputio Dómini Nostri Jesu Christi Diatriba (‘discusión acerca del prepucio de Nuestro Señor Jesucristo’) especuló con que el Santo Prepucio había ascendido al Cielo al mismo que tiempo que Jesús y se había convertido en los anillos de Saturno (que acababan de ser descubiertos).”» [5]

“Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron por nombre Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno. Así que se cumplieron los días de la purificación, conforme a la ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, según está escrito en la ley del Señor que “todo varón primogénito sea consagrado al Señor,” y para ofrecer en sacrificio, según la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones. Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la Consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Movido del Espíritu Santo, vino al templo, y al entrar los padres con el Niño Jesús, para cumplir lo que prescribe la ley sobre él, Simeón le tomó en sus brazos, y, bendiciendo a Dios, dijo: Ahora, Señor, puedes dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu Salud, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para iluminación de las gentes, y gloria de tu pueblo, Israel. Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de El. Simeón los bendijo, y dijo a María, su Madre: Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel y para blanco de contradicción; y una espada atravesará tu alma, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones. Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, muy avanzada en años; casada en los días de su adolescencia, vivió siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro. No se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día. Como viniese en aquella misma hora, alabó también a Dios, y hablaba de El a cuan-tos esperaban la redención de Jerusalén. Cumplidas todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a la ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en El.” (Lc. 2:21)

Comentario

«La circuncisión era el signo de incorporación al pueblo de Israel. Tenía lugar al octavo día del nacimiento y dispensaba el reposo sabático. El rito no era de oficio sacerdotal y podía realizarlo cualquier persona (Ex 5:25; 1 Mac 1:63; 2 Mac 4:16). Podía realizarse en casa o en la sinagoga, ante diez testigos. Al hacerse la circuncisión se pronunciaba una fórmula, ya hecha, de bendición a Dios En la época neotestamentaria solía imponerse en este día el nombre al niño (Gen 17:5-15). Era la incorporación real y nominal a Israel José, de acuerdo con María, debió de ser el que le impuso el nombre. Ya el ángel lo había anunciado. Y se le llamó Jesús, forma apocopada de Yehoshúa: “Yahvé salva.” Era la misión salvadora que tenía (Mat 1:21). Y con la dolorosa circuncisión, Cristo derramó ya la primera sangre redentora.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

“Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor. y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos. Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre:

“Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.” (Luc. 2:33-35)

María, una espada te atravesará el corazón

Este evangelio, nos habla de la purificación de María, y la presentación de Jesús en el templo. Ellos no estaban obligados a hacerlo, es decir obligado a estas leyes, entonces San Bernardo nos da una explicación de que lo hicieron no por necesidad de ser purificados, o el ser circuncidado, lo hicieron para darnos un ejemplo a nosotros, que somos pecadores y penitentes.

A fin de comprender mejor este fragmento del evangelio, comento lo siguiente: dice al comienzo, “Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación”.

En Lev.12:1-8, están fijadas la obligaciones a las que se refieren, que cuando una mujer concibe y da a luz a un hijo Varón, es considerada impura por un período siete días, al octavo debe circundar al hijo, y luego debe permanecer treinta y tres días mas impura, no debe tocar nada santo ni puede concurrir al santuario. Si da a luz una hija, el tiempo aumenta a ochenta días.

“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda. Y al octavo día se circuncidará al niño. Mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación. Y si diere a luz hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre. Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote; y él los ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que diere a luz hijo o hija. Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia.“ (Lev.12:1-8)

Este es el caso de María, que además era pobre. Estas ofrendas, una era sacrificada en holocausto de adoración, y la otra por el “pecado”. Pero no se refiere a un “pecado mortal”, sino a algo legal, por el hecho del alumbramiento, en donde se habla de estos sacrificios de expiación por haber transgredido algo prohibido “legalmente”, como por ejemplo tocar un cadáver o un reptil prohibido, y si lo hiciese incluso sin darse cuenta, debe confesar su pecado.

Sigue el evangelio: “Llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley:

“Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. “Conságrame todo primogénito” (Ex 13,2)

Al principio los “primogénitos” estaban destinados al culto, pero luego se sustituyó este sacerdocio por la tribu de Leví y quedó establecido un simbólico “rescate” de estos primogénitos. María aprovechó para llevar consigo al niño y hacer que José, seguramente, pagase allí el “rescate” por el mismo, consistente en cinco siclos. Aunque se dice que sus “padres” le llevaron a Jerusalén, los que están en situación son el Niño, al que hay que “rescatar,” y su madre, que va a obtener la declaración “legal” de su purificación. El término usado para “presentarlo al Señor” es término usado para llevarlo al altar.

Sigue el evangelio, “Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón”. El evangelio presenta en escena un hombre santo: “justo”, que cumplía los preceptos de Dios, y “piadoso”, hombre de fe viva, religioso. Estos adjetivos acusan esmero por cumplir los deberes morales. Vivía en Jerusalén, y se llamaba Simeón, nombre usual judío. Era un hombre que debía de pertenecer a los “círculos” religiosos y que animaban su esperanza con la próxima venida del Mesías, tan acentuada por entonces en aquel medio ambiente. El Espíritu Santo estaba “sobre él”; gozaba de carismas sobrenaturales. Debía de ser de edad avanzada. Y tenía la promesa del Espíritu Santo, de que no moriría sin haber visto al Cristo del Señor, al Mesías, es decir, la “consolación” de Israel, que él esperaba.

El Espíritu Santo, comenzó en el anciano Simeón, su acción espiritual para que conociera a Jesús y lo recibieran como el Mesías prometido. Impulsado por el Espíritu, vino al templo cuando los padres traían al Niño. Era un hombre santo, que gozaba de carismas. Y tomándolo en sus brazos, “bendijo” a Dios. Los rabinos tomaban a los niños en brazos para bendecirlos. Conforme a la revelación tenida, Simeón ha visto al Mesías. Su vida sólo aspiró a esto: a gozar de su venida y visión, que era el ansia máxima para un israelita. Por eso lo puede dejar ya ir “en paz,” es decir, con el gozo del mesianismo, en el que estaban todos los bienes cifrados. El Mesías es “tu salvación”, la que Dios envía: Jesús (Is 40:5).

Pero este Mesías tiene dos características: es un Salvador universal: “para todos los pueblos”; es el mesianismo profético y abrahámico; y es un mesianismo espiritual, no de conquistas políticas, sino “luz” para “iluminar a las gentes” en su verdad. Pero siempre quedaba un legítimo orgullo nacional: el Mesías sería siempre “gloria de tu pueblo, Israel,” de donde ha salido. También San Pablo, en Romanos, mantendrá este privilegio de Israel.

Dice san Lucas; “Su padre y su madre estaban admirados”, ante esto. Era la admiración ante el modo como Dios iba revelando el misterio del Niño, y la obra que venía a realizar. De nadie sino del Espíritu le podía venir este conocimiento profético.

Simeón los “bendijo.” Con alguna fórmula, invocó la bendición de Dios sobre ellos. No es extraño este sentido de “bendición” en un anciano y un profeta. Pero, dirigiéndose especialmente a su madre, le dijo proféticamente:

“Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción”

Va a ser “signo” (Is 8:18) de contradicción. La vida de Cristo ha sido esto: desde tenerlo por endemoniado hasta confesarlo por Mesías. Como dirá San Pablo, su doctrina fue “escándalo” para los judíos (I Cor 1:23).  Jesús será la señal de contradicción. En efecto, unos lo amarán, otros lo odiarán; unos estarán dispuestos a morir por El, mientras otros no cesarán en su esfuerzo por hacerlo desaparecer de la historia y de la faz de la tierra.

Sigue luego:

“Y a ti misma una espada te atravesará el corazón”

Esto es algo trágico, “Una espada de dolor atravesará tu alma” No será sólo para ella el dolor de una madre por la persecución, calumnia y muerte de su hijo. Observo que en el texto no se dirige a San José, que, sin duda, está allí presente, pues “Simeón los bendijo”. Esta profecía, dirigida personal y exclusivamente a ella, debe de tener un mayor contenido. Se diría que se ve a la Madre especialmente unida al Hijo en esta obra. María es “Hija de Sión,” entonces lleva dentro de sí el destino espiritual de su pueblo, destacándose aquí el dolor de sus entrañas por lo que significaba Cristo, signo de contradicción.

No hay redención sin dolor, y el alma de la Santísima Virgen, será traspasada por la espada del dolor, por todo lo que ella luego sufrió en su corazón por la pasión de su Hijo Jesús.

Finalmente el evangelio dice

“Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.

Este término, se entronca con la finalidad que va a seguirse de esa “contradicción” de Cristo: que “se descubran los pensamientos de muchos corazones.” Habrá de tomarse partido por El o contra El: hay que abrir el alma ante la misión de Cristo.

Jesús, venció al mundo y nos advirtió sabiamente,

“En el mundo habrá tribulación, pero ánimo, Yo he vencido al mundo”

“Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios.” Lc 2, 22-36-40

Ana, “la profetisa”, es sin duda una mujer muy especial, por esa razón aparece como una figura destacada en este fragmento del evangelio. Ella es una “profetisa,” es decir una mujer consagrada a Dios, con un específico carisma, dada a la piedad y a la animación de estos días donde se realizan estas especiales doctrinas. San Lucas, hace una descripción detallada de la biografía de ella y sus actividades. Su viudez parece un “celibato consagrado”. Su obra no fue al menos exclusivamente, en el templo, pues ella “hablaba” a todos los que esperaban la “liberación” por obra mesiánica. Debió de recibir un fuerte impacto en aquel episodio del templo.

Ana, es como las figura de los laicos comprometidos, que con el testimonio de su palabra, anuncia proféticamente la evangelización en su ambiente, aportando además con un testimonio de vida, con caminos hacia la santidad, con practicas de constantes oraciones y penitencias.

Ana da un testimonio sobre el niño Jesús, en un instante de inspiración y dirigida por el Espíritu de Dios. Su actuación, consagrada a la oración, al sacrificio, observando las obligaciones que se deben cumplir, la convierte en una destacada mujer.» [6]

Presentación en el Templo

«Siguiendo la ley de Moisés, a los cuarenta días de su nacimiento, Jesús fue presentado por sus padres, en el templo. Al mismo tiempo la Santísima Virgen, aunque no estaba obligada, cumplió con la ley de la purificación. (Lucas II, 22-38).»[7]

«El niño en el templo, es una escena que nos atrae y nos invita a percibir en el relato diversos motivos a este propósito. En este relato, es la primera palabra que aparece de Cristo en los evangelios. Además, en forma sutil, nos habla de la inteligencia de Cristo, porque dice crece en “sabiduría.” Produce esta escena admiración, porque luego veremos como en los evangelios de “discusión” de Cristo con fariseos y doctores los hace callar. Aquí tiene su preludio y “justificación” al estar demostrando su saber bíblico ante los doctores de la Ley en sus mismas escuelas del templo. Ellos le rinden allí, imparcialmente y aún sin prejuicios, homenaje a su saber.

“El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.”

La gracia porque a Jesús, hombre, le fue concedida la gran gracia de que desde que empezó a ser hombre fuese perfecto y fuese Dios. Todavía siendo niño, tenía la gracia de Dios, para que, como todas las cosas en El eran admirables, lo fuese también su niñez, y se cumpliese así la sabiduría de Dios. Por eso el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso progresar “en sabiduría, en estatura y en gracia”» [8]

¿Que es la circuncisión?

«La circuncisión es la extirpación o amputación del prepucio del pene, lo que deja al descubierto el glande. Las causas más frecuentes de circuncisión son los motivos religiosos, culturales o médicos. En 2006, según estimaciones de la OMS, el 30 % de los hombres del mundo era circunciso.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de la ONU contra el Sida (ONUSIDA) recomendaron el 28 de marzo de 2007, por primera vez, la circuncisión masculina como una intervención importante adicional para reducir el riesgo de contagio del virus del Sida por vía heterosexual.

La circuncisión se menciona en el siglo V antes de Cristo por Herodoto, que la nombra en el segundo libro de sus Historias y le atribuye su origen a los egipcios. Este origen parece confirmado por los numerosos vestigios arqueológicos, el más antiguo es un grabado de la tumba de Ankhamahor (entre 2300 y 2200 antes de Cristo) que representa una circuncisión practicada con una piedra de sílex en un hombre de pie.

Esta práctica se encuentra extendida en el judaísmo, cuya realización es una práctica obligatoria desde hace más de 5.700 años, cuando el patriarca Abraham fue circuncidado por una orden divina.

A diferencia de la circuncisión practicada por motivos religiosos, la circuncisión neonatal (en recién nacidos) es practicada por motivos de higiene y prevención de enfermedades infecciosas en los neonatos o recién nacidos.

Fue a finales del siglo XIX cuando se originó la circuncisión neonatal por motivos no religiosos en Inglaterra, como medida preventiva contra la masturbación, e incluso para la prevención de sífilis, por lo que esta práctica se extendió a casi todos los países angloparlantes. Hoy en día, en muchos países de habla inglesa la tasa de circuncisión en los bebés ha disminuido relativamente; sin embargo, en Estados Unidos la mayoría de los hombres son circuncidados a los pocos días del nacimiento, si bien el porcentaje varía dependiendo de la región. Cabe mencionar que en otros países no angloparlantes también se extendió la práctica de la circuncisión neonatal (aunque de manera mucho menos generalizada que en los Estados Unidos), como son México, varios países de Centroamérica, Filipinas y Corea del Sur, entre otros.

En algunos estudios epidemiológicos observacionales, se ha señalado una aparente tendencia de los niños circuncidados a presentar menos infecciones urinarias que los incircuncisos, y de los adultos a infectarse por el VIH y a padecer menor cáncer de pene. Porque lo cierto es que en Europa, donde la mayoría de los hombres no están circuncidados, hay una menor tasa de cáncer de pene, infecciones urinarias, e infecciones por VIH que en los EEUU, donde la mayoría de los hombres sí lo están. En los países donde se practica la circuncisión neonatal, además de las razones anteriores por las cuales los médicos recomiendan la circuncisión, se añade la de la higiene, ya que el pene circuncidado no produce una sustancia llamada esmegma, que protege y lubrica el espacio prepucial, aunque al acumularse produce mal olor. Sin embargo varios especialistas, como Dimitri Christakis profesor de la Universidad de Washington, sugieren que estas ventajas no son necesarias, ya que la naturaleza no hubiera creado una parte del cuerpo que no se necesitara; además de que con la adecuada limpieza los problemas de infección se pueden evitar. En los países donde se practica la circuncisión neonatal, ésta es realizada sólo por especialistas, como los urólogos. En la mitad de las ocasiones se practica sin anestesia. Aun así, se han dado casos de riesgos en esta práctica, principalmente de hemorragias que en general son finalmente controladas. Si la operación no es realizada por especialistas y a una edad superior al año, pueden existir riesgos mayores

Debido a estos riesgos, sobre todo cuando no se realiza por especialistas médicos, la circuncisión a la población general no se recomienda como una práctica médica preventiva.

El glande del pene constantemente descubierto se ve expuesto a todo tipo de influencias, tales como el roce con la ropa de vestir que, con el tiempo, lo hacen menos sensible a la estimulación sexual; esto puede llevar a que las relaciones sexuales se alarguen más de lo normal antes de la eyaculación.

Este repliegue de piel y mucosa considerablemente dotado con terminaciones nerviosas es un órgano funcional: protege las zonas erógenas del pene fláccido (glande, frenillo, cara interna del prepucio) preservándolas de estímulos molestos durante la vida cotidiana y de la queratinización, la cual alteraría su sensibilidad, y tiene un papel importante en los estímulos sensoriales durante la actividad sexual (coito, masturbación, etc.): proporciona la reserva de piel móvil que permite una erección completa, y por sus propiedades biomecánicas, facilita el movimiento de vaivén, además de ser uno de los principales receptores nerviosos del estímulo sensorial.

Algunos grupos consideran, por ello, que la circuncisión neonatal es una mutilación de tejidos sanos y funcionales, y por lo tanto constituye una violación a la integridad física de un ser humano, que por su edad no puede decidir por cuenta propia.

La circuncisión del frenillo se practica cuando el frenillo es demasiado corto o tenso. En estas ocasiones el afectado puede notar molestias o incluso dolor cuando se encuentra en erección o durante el acto sexual. Es recomendable circuncidarlo en estos casos, pues es muy común que el frenillo llegue a romperse y a sangrar profusamente.

La operación es más simple que la fimosis y a las 2 semanas normalmente el afectado está completamente recuperado.

La circuncisión se cita en numerosas ocasiones en el Tanaj (para los judíos) o Antiguo Testamento (para los cristianos) de la Biblia. Abraham y su familia fueron los primeros circuncidados, a partir de que Dios se apareciera a Abraham y le indicara las condiciones de su alianza con el pueblo judío (Génesis, XVII): “He aquí mi pacto contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos, de los que saldrán reyes. Tú, de tu parte y tu descendencia, circuncidad a todo varón, circuncidad la carne de vuestro prepucio y ésa será la señal de mi pacto entre mí y vosotros. A los ocho días de edad será circuncidado todo varón entre vosotros, de generación en generación, tanto el nacido en casa como el comprado por dinero a cualquier extranjero que no sea de tu linaje”.

A los 99 años, Abraham se circuncidó, impuso la práctica a su primogénito Ismael, así como a todos los hombres y niños de su casa. Repetirá la operación en su hijo pequeño Isaac a los ocho días de su nacimiento.

En el Nuevo Testamento, sólo uno de los cuatro evangelistas nombra de forma clara la circuncisión de Cristo. Se trata de Lucas (II:21): “Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al niño, le dieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno”. El primero de enero coincide con la circuncisión de Cristo.

Por el contrario, en la mayoría de sus epístolas, Pablo de Tarso, que vivía en diáspora y en el medio heleno, indica frecuentemente que la circuncisión no es necesaria (Corintios, VII:19): “Nada es la circuncisión, nada el prepucio, sino la guarda de los preceptos de Dios.”

La circuncisión fue objeto de una querella entre helenistas o judíos helenizados y los judíos ortodoxos. Esta querella había sido lanzada por la coronación del rey seléucida Archelaus IV Epifano que preconizaba la helenización a ultranza con:

La efebía o preparación militar que suponía la gimnasia desnudos en la palestra.

Abandono de la circuncisión entre los griegos, en contra de los judíos.

La adopción de la lengua griega en detrimento del arameo.

Esta tentativa se estanca, pero dio lugar a la guerra de los Macabeos a la que hacen referencia dos libros del Antiguo Testamento y dos libros apócrifos. Uno de sus autores fue Jason de Cirene, judío de la diáspora helenizado.

Judaísmo: fieles a la tradición de los hebreos, la mayoría de los judíos continúan practicando la circuncisión al octavo día después del nacimiento del niño, excepto en caso de contraindicación médica. El padre es el responsable de preparar la ceremonia, que debe realizarse por la mañana temprano y es precedida por una vigilia consagrada a los rezos. La circuncisión se llama en hebreo milah, pero la expresión completa es brit milah, cuyo primera palabra significa alianza. En efecto, esta circuncisión se practica para recordar el pacto establecido entre Yavé y Abraham, en el que éste sería hecho “padre de muchedumbre de gentes” (Gén. 17:4).

Cristianismo: Pablo de Tarso fue el primer cristiano que propuso el abandono de la circuncisión, en contra de los judeocristianos. Sin embargo, la circuncisión continuó practicándose entre las iglesias coptas de Egipto y Etiopía. Entre los cristianos, destaca de forma anecdótica que en Inglaterra, la reina Victoria creía que la familia real descendía del Rey David. Hizo circuncidar a sus hijos y nietos, manteniéndose la costumbre hasta finales del siglo XX, cuando la princesa Diana se opuso a la circuncisión de sus hijos. Un país de mayoría católica, las Filipinas, presenta una tasa de circuncisión del 100%. Parece que esta práctica cultural se remonta a unos orígenes prehispánicos y que fue fortalecida por la colonización norteamericana (1898-1946).

Islam: la circuncisión es practicada por la mayoría de los musulmanes, aunque no se considera obligatoria ya que no está ordenada en el Corán. Es una tradición de origen bíblico, que ya se practicaba en tiempos preislámicos. En Irán, tiene lugar a menudo en el mismo momento del nacimiento. Sin embargo, la edad en la que se circuncida al niño es muy variable, incluso frecuentemente la edad de siete años se considera la mejor edad de la circuncisión. Lo más importante es que la operación sea realizada antes de la pubertad. La circuncisión de un niño se celebra con una fiesta familiar en la cual el circunciso recibe regalos. Los adultos incircuncisos que se convierten al islam no tienen por qué hacerse practicar esta operación. »[9]

Salida hacia Egipto y Matanza de los niños de Belén

«Para huir de la persecución de, la Sagrada Familia se refugió en Egipto. Allí permanecieron hasta la muerte de aquel rey. Entonces regresaron y se establecieron en una ciudad llamada Nazareth, en la región de Galilea (Mat. 2:13-23).»(10)

“Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo. Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron “(Mat 2:13-18)

La huida a Egipto

Regreso del niño Jesús de Egipto a Nazaret

«De regreso en Nazareth, el Mesías vivió allí hasta los 30 años, recibiendo la formación que le dieron María y José, ocupado en trabajos de modesto artesano. Jesús quería redimir a los hombres, reformar sus ideas, corregir sus costumbres, infundirles las virtudes. Pero la virtud se enseña más que con discursos, con ejemplos y el Hijo de Dios los dio muy sublimes de recogimiento (o vida íntima, de familia), de oración y amor al trabajo. Siendo Dios, no tenía por qué obedecer a José y María, pero quiso hacerlo para enseñarnos a ser sumisos y amorosos con nuestros padres, respetuosos con nuestros superiores y humildes con nuestros semejantes.» [11]

“Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño. Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel. Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.” (Mat. 2:19-23)

“Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret” (Luc. 2:39)

8 Jesús creció estando sujeto a sus padres

LA FIGURA DE JOSÉ

José era considerado un artesano de cierta posición. Procedía además de una distinguida familia, era descendiente directo del rey David.

«Descendiente de David, desposado con María. Como su Genealogía se hallaba registrada en Belén, tuvo que viajar hasta allá desde su ciudad, Nazaret, con motivo del empadronamiento ordenado por Augusto César (Mat 1.16; Luc 2.4). Según Mat 1.19, era “justo”, lo que señala su piedad y sumisión a la Ley, y a juzgar por Luc 2.24 también era pobre. La amarga experiencia descrita en Mat 1.18s sin duda correspondió al momento en que María regresó de su visita a Elisabet (Luc 1.39–56), José determinó romper el compromiso con ella, pero por compasión quiso hacerlo en secreto, sin tomar las medidas públicas acostumbradas. Sorprendido por una revelación (Mat 1.20s), aceptó con fe la concepción milagrosa del niño y se apercibió para cumplir su importantísimo cometido como guardián del Mesías. Se casó legalmente con María (Mat 1.24), aunque sin unirse todavía con ella (v. 25), de modo que el niño nació como si fuera “hijo de José” (Mat 13.55; Jn 1.45; 6.42).

Junto con María, y por orden del edicto de Augusto César, José fue a Belén muy cerca del tiempo en que habría de nacer el niño (Luc 2.1–7), y al nacer le puso por nombre Jesús (Mat 1.25; Luc 2.21). Después de los acontecimientos descritos en Luc 2.22–39 y Mat 2.1–12, huyó con María y el niño a Egipto (Mat 2.13ss). Volvió a Palestina, aparentemente con la intención de radicar en Judea, después de la muerte de Herodes, pero una nueva revelación divina lo llevó hasta Nazaret (Mat 2.19–23). En este lugar ejerció el oficio de tekton, es decir, obrero de la construcción, carpintero, ebanista (Mar. 6.3; donde a Jesús también se le llama tekton).

Después José solo aparece como protector del niño Jesús. Participa de la incomprensión de María frente a la declaración de Jesús respecto a su misión especial (Luc 2.41–52). La interpretación natural de varios textos implica que era padre de varios hijos e hijas con María (Mat 1.25; 13.55; Mar 3.31–35; Jn 7.5). No se le nombra más con María y los hermanos de Jesús, y la entrega que Jesús hace de su madre al cuidado de Juan, al pie de la cruz, hace pensar que José ya había muerto entonces (Jn 19.26, 27).» [12]

LA FIGURA DE MARÍA

María llora desgarrada mientras sujeta el cuerpo de su Hijo. Ya se lo advirtió Simeón 32 años antes. Una espada atravesará tu corazón”. (Lucas 2, 35)

María, en la miniserie de 1977 Jesús de Nazareth

«María es la madre de Jesús. De ella pocos datos conocemos, salvo que según los Apócrifos es hija de Joaquín y Ana y que podría haber nacido en Séforis según unos, o bien en Jerusalén.» (13)

«Según las narraciones de la infancia de Jesús en Mateo y Lucas, María, una doncella joven de Nazaret y desposada con José, recibe el anuncio angelical del nacimiento de Jesús. La anunciación (Luc 1.26–38) es precisamente la notificación a María de que Dios le ha conferido gracia y bendición al escogerla como madre del Mesías. La pregunta con que María respondió al ángel (“¿cómo será esto? pues no conozco varón”) la han interpretado algunos exegetas católicos como indicio de que había hecho un voto de virginidad. Sin embargo, otros exegetas católicos y la interpretación protestante presentan fuertes argumentos en contra de esta idea: el concepto judío del matrimonio no admite la posibilidad de un voto de tal naturaleza. Tampoco su condición de prometida, para la cual María habría dado su consentimiento según la costumbre, permite pensar que ella no contemplara la consumación del matrimonio. Se concluye que María puso la objeción de que no conocía varón simplemente porque no entendía cómo la promesa de una maternidad inmediata podría realizarse, dada su condición de virgen desposada solamente. Al enterarse de que sería una concepción virginal, María expresa su conformidad con la voluntad divina (Luc 1.38), actitud típica de profetas y siervos de Dios a través de la historia de Israel. En ninguna manera pueden entenderse sus palabras como un fiat de colaboración humana en la consecución de la salvación. El parentesco de María con Elizabet (Luc 1.36; cf. 1.5) podría indicar que María era de linaje aarónico (levítico). Su canto de alabanza a Dios revela que María conocía bien las Escrituras del Antiguo Testamento (Lc 1.46–55). Después de otra intervención angelical, José quedó convencido de que se debía casar con María (Mat 1.18–25), y fueron juntos a Belén en obediencia al edicto romano del empadronamiento (Luc 2.1–7). Por falta de alojamiento en la aldea, María dio a luz a su primogénito en un establo, pero más tarde cuando llegaron los magos a Belén, estos visitaron al niño en una casa (Mat 2.11).María y José cumplieron los ritos judíos de circuncisión y presentación del niño y la purificación de la madre (Luc 2.21–24). Según Mat 2.20–23, los tres huyeron a Egipto para escapar de la ira de Herodes. A su regreso establecieron su hogar en Nazaret. El único relato de la niñez de Jesús (Luc 2.41–52) revela que «sus padres» solían asistir a la Fiesta de la Pascua en Jerusalén. Cuando María reprochó a Jesús por haberse quedado atrás en el templo, Jesús respondió que Él debía atender las cosas de su Padre, contestación que dejó perplejos a María y a José. Evidentemente María no acompañó a Jesús en su ministerio público, aunque asistieron juntos a una celebración social en Caná. En esta ocasión parece que María creyó que su Hijo podría suplir la falta de vino, pero la ligera reprimenda de Jesús muestra que ella todavía no comprendía bien ni la naturaleza ni las condiciones de su ministerio (Jn 2.1–11).Cuando María y los hermanos de Jesús querían apartarlo de un ministerio agotador, Jesús hizo valer su independencia de la relación familiar (Mar 3.21–35). Esta prioridad de relación espiritual sobre la que es solamente física se subraya también en la respuesta que Jesús dio a la mujer que quiso elogiar a su madre (Lc 11.27, 28). A pesar de que los hermanos de Jesús no creían en Él (Jn 7.5), María se unió al grupo de fieles creyentes en el momento de la crucifixión. Jesús la encomendó al cuidado del discípulo amado (Jn 19.25–27). Solo una vez más se menciona a María en el Nuevo Testamento: en Hch 1.14, donde se indica que tanto ella como los hermanos de Jesús se contaban entre los discípulos después de la resurrección. El carácter de María que se percibe en los Evangelios es el de una mujer judía espiritualmente sensible, fiel y obediente a la voluntad divina. Sin duda, de ella Jesús recibió su primera instrucción en las Escrituras. Aunque luego se desconcertó por la forma en que Jesús desempeñaba su oficio de Mesías, hay que reconocer que este dejó perplejos también a sus propios discípulos. Solamente a la luz de la resurrección podían discernir el misterio divino en el ministerio y muerte de Jesús.» [14]

«Todo el resto de conocimiento de la vida de María va unido a la vida de Jesús, a quien siguió en sus andaduras por Tierra Santa. Podemos suponer que la vida de María se desarrollaba de igual manera que la del resto de mujeres de Galilea. En aquellos tiempos, el trabajo del ama de casa comenzaba con la salida del sol. Desayunaban un poco de pan y requesón. Después acudían, portando un cántaro de barro, al pozo o fuente comunal, donde se encontraban con las demás mujeres y sus hijos. Después de llenar el cántaro de agua fresca, regresaban a casa. Entonces realizaban una importante tarea doméstica: cocer el pan. Para ello tomaban cebada en grano de una tinaja, y la molían con dos piedras. Esa harina se pasaba a un gran cuenco, luego se añadía agua y una pequeña porción de masa fermentada del día anterior, que se utilizaba como levadura. Los días de fiesta, o en ocasiones extraordinarias, añadían hierbabuena, comino o canela para darle un sabor especial al pan, que solía tener una forma redondeada, y plana, como un disco. Tejer era otro de los trabajos que realizaban las mujeres. Esta tarea solía llevarse a cabo en el atrio de la casa o en la terraza, por ser los lugares con más luz y más brisa. El telar estaba compuesto de troncos y pesas de barro » [15]

La fuente de María

«La fuente de María era antiguamente conocida como Guihom. Se trata de una fuente de Nazaret a la cual acuden las mujeres y los niños para acarrear el agua, con los típicos cántaros. La mujer en aquella época debía solicitar el permiso del marido para realizar prácticamente cualquier actividad. Entre las tareas cotidianas que un ama de casa tenía que realizar, se encontraba la de proveerse de agua. Para ello acudía a las fuentes comunales, donde llenaba sus cántaros. Tal era el motivo por el que la fuente, al igual que el pozo y el lavadero, constituían los únicos lugares donde ellas podían acudir libremente, sin necesidad de pedir permiso a su marido. Eran pues importantes espacios de relación social para las mujeres, fuera del ámbito doméstico.» [16]

La Anunciación a María

«Dios envía al Arcángel Gabriel (que en hebreo significa “enviado de Dios”) al pequeño pueblo de Nazaret. Siguiendo la tradición judaica, Gabriel es representado como un joven de aspecto normal, que saluda a María y le anuncia que va a ser la Madre de Jesús. La Virgen se siente turbada. Es una joven de 18 años de edad, que aún no está casada, sino sólo comprometida con José. El Ángel le anuncia que su concepción será obra del Espíritu Santo, y que ella dará a luz a un Niño de nombre Jesús, que salvará a su pueblo del pecado, y que reinará por siempre en la casa de David; y que no tendrá fin su reino. María acepta la palabra del Ángel. Fue así como la Virgen supo que tendría un Hijo de origen divino, que sería el Mesías.» [17]

El empadronamiento

«En virtud del edicto del César Augusto -mencionado por San Lucas, y promulgado en los tiempos en que Quirino era gobernador de Siria- los soldados romanos subidos a sus carros y acompañados por un pregonero, recorrían Palestina anunciando que todo judío debía empadronarse en el lugar de donde era originario. El pueblo judío, convencido de que sólo debía acatar las leyes de Dios, nunca aceptó con agrado la dominación romana y tuvo que cumplir a regañadientes el edicto que les obligaba a empadronarse. José, que ya estaba casado con María, pertenecía a la familia de David. Por ello, tuvo que abandonar Nazaret y dirigirse a Belén. Esto suponía un largo y duro viaje por caminos estrechos y peligrosos. Nadie podía pensar que viviendo María en Nazaret y habiendo llegado a tan avanzado estado de gestación, su hijo fuera a nacer lejos de esa ciudad. El edicto convirtió la profecía de Miqueas en realidad:”y tú Belén, tierra de Judá, no eres la más pequeña, porque de ti nacerá el que será Señor y dominador en Israel…”» [18]

Notas

  1. http://www.elindependiente.com.ar/diario/imprimir.asp?id=61220
  2. Ibid
  3. Ibid
  4. Ibid
  5. http://www.foro-cualquiera.com/informes-frikis/38461-santo-prepucio-existe-realmente-conservado-prepucio-jesus.html
  6. http://www.caminando-con-jesus.org/maestro/CAPITULOIX.htm
  7. http://www.elindependiente.com.ar/diario/imprimir.asp?id=61220
  8. http://www.caminando-con-jesus.org/maestro/CAPITULOIX.htm
  9. http://es.wikipedia.org/wiki/Circuncisi%C3%B3n
  10. http://www.elindependiente.com.ar/diario/imprimir.asp?id=61220
  11. Ibid
  12. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
  13. Textos e imágenes extraídos del libro: “Hace 2000 Años. Gran Belén de Bancaja”.http://www.alcaiceria.com/alcaiceria/pags/bel/info/Escenas.htm
  14. Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit
  15. http://www.alcaiceria.com/alcaiceria/pags/bel/info/Escenas.htm
  16. Ibid
  17. Ibid
  18. Ibid

 

Preparación del Señor Jesús previo a su ministerio IV


Preparación del Señor Jesús previo a su ministerio IV

jeusensenando

La enseñanza de Jesús

En la descripción que Marcos hace de las actividades del Señor Jesucristo, hay catorce referencias al hecho de que se ocupaba en enseñar a la multitud o a sus discípulos. También Lucas y Mateo con mucha frecuencia hablan de su trabajo magistral. Instruirle era un deleite, y la eficacia con que lo hacía queda bien atestiguada por la manera en que sus discípulos recuerdan sus palabras y las repiten a otros.

Son 4 puntos a ver:

  1. Métodos
  2. Propósito
  3. Contenido
  4. Doctrina
  5. Métodos

El método que usaba el Señor Jesús para enseñar no era enteramente nueva. Algunos de los rabinos, contemporáneos suyos, como Hillel, eran famosos por su sabiduría y por su habilidad para retener la atención del pueblo. Sin duda todos los recursos pedagógicos empleados por ellos eran conocidos de nuestro Señor y Él también los usó, pero con mayor efectividad que ellos. El pueblo “se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas” (Marcos 1:22). Había un acierto, una originalidad y tan sobresaliente autoridad en la enseñanza del Señor que por eso demostró mayor eficiencia que sus contemporáneos. Era un experto maestro cuya capacidad para instruir al ignorante y al voluntarioso no tenía rival. ¿Cuáles eran sus métodos?

La parábola:

El método de enseñanza por el que es mejor conocido nuestro Señor, es la parábola. Una parábola es una metáfora amplificada; la descripción de una acción común u objeto para ilustrar una verdad espiritual. Es diferente de una alegoría, porque ésta recurre exclusivamente a la ficción, en tanto que la parábola siempre se relaciona con acontecimientos ordinarios aunque quizá no absolutamente reales Las parábolas de Jesús referentes a los odres nuevos y viejos (2:22), la semilla que cayó en diferentes clases de terreno (4:2-8), la sal (Mat. 5:13), el fruto de los árboles buenos y malos (7:16-20), las vírgenes prudentes y las insensatas (25:1-13) y el mayordomo infiel (Lucas 16:1-8), son magníficos ejemplos de este tipo de enseñanza. Cada situación está tomada de la vida diaria bien conocida de los oyentes de Jesús. Cada narración es sencilla y está presentada con el mínimum de detalles. La intención de la parábola quedaba a la vista y algunas veces se sabía la aplicación de ella por medio de una sentencia final, como en la parábola de las diez vírgenes: “Por tanto velad, porque no sabéis el día ni la hora” (Mat. 25:13).

La parábola como medio de enseñanza sirvió para varios propósitos. El oyente común la entendería de inmediato porque descubriría al instante la relación de ella con la vida diaria. Puede ser que Jesús haya tomado algunas de sus parábolas de los sucesos comunes, de modo que su auditorio creería poder reconocer a las personas de quienes Él hablaba. Las parábolas podían recordarse con facilidad, tanto por su brevedad como porque no eran abstractas. En su aplicación espiritual siempre eran pertinentes para las necesidades del oyente. A veces las parábolas tenían un encadenamiento conveniente para presentar diferentes aspectos del mismo asunto, lo que se ve en los de Mateo 13 sobre el reino de los cielos, o en las de Lucas 15 referentes a la redención que Dios tiene para los pecadores.

El epigrama proverbio

Es una afirmación pulida y penetrante que se hinca en la mente del oyente como flecha barbada—. A esta categoría pertenecen las Bienaventuranzas (Mat. 5:3-12), o la proposición: “El que hallare su vida la perderá, y el que por mi causa la perdiere, la hallará” (10:39). Muchos de estos epigrama proverbios contienen paradojas que los hacen de mucho más efecto todavía.

A veces nuestro Señor se valía de argumentos en su enseñanza

Cuando lo hacía, acostumbraba argüir sobre la base de la Escritura más bien que sobre premisas abstractas, o suposiciones. En este aspecto difería de los filósofos griegos, que acostumbraban establecer alguna verdad axiomática por común consentimiento, y luego desarrollar sus implicaciones en forma de sistema. En Mateo 22:15-45 se consignan ios debates que tuvo Jesús con fariseos y saduceos. En cada ocasión sus adversarios introdujeron el argumento; cuando por fin Él puso sobre el tapete una pregunta suya, fundó su argumento sobre una afirmación bíblica. Jesús no argumentaba por argumentar. Cuando se comprometía en un debate, su lógica era irresistible.

Otro de los métodos favoritos del Experto Maestro era el de preguntas y respuestas.

Nunca eran triviales sus preguntas, sino que se referían generalmente a los más profundos problemas humanos. Algunas veces eran sorprendentes: “Qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y anda?” (9:5). “Qué aprovechará el hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? (16:26). Las preguntas hacen pensar, sean directas o retóricas. Las preguntas de Jesús colocaban siempre a sus oyentes ante una alternativa, especialmente aquellas que se referían a Él mismo, por ejemplo: “Quién dicen los hombres que soy?… y vosotros ¿quien decís que soy? (Marcos 8:27, 29). Jesús animó a sus discípulos a que también preguntaran. Su enseñanza incluía la libre discusión (Juan 13:31-14:24), en la que ellos presentaban sus problemas y Él los resolvía.

En algunas ocasiones Jesús dio lecciones objetivas:

Tomó a un niño para ilustrar la humildad (Mateo 18:1-6), y de la conducta de la viuda que contribuyó para el tesoro, dedujo una lección de libertad aplicable a nuestras ofrendas (Lucas 21:1-14). Todas las parábolas implicaban lecciones objetivas, aunque el material del que Jesús hablara no estuviera presente cuando Él hacía las comparaciones.

Estos ejemplos de los métodos de Jesús ilustran su variedad y su éxito. Creó la parábola como medio de enseñanza, aunque se encuentran aproximaciones del mismo método en el Antiguo Testamento (Jueces 9:7-15, Isaías 5:1-7), y aunque los rabinos, ahora como entonces, empleen la misma técnica general. Sabía nuestro Señor cómo hacer que la verdad fuera sencilla y convincente; sus parábolas han sobrevivido cuando las de otros quedaron en el olvido.

Propósito

Toda la enseñanza de Jesús tuvo un propósito mora: y espiritual enlazado con la misión por la que fue enviado del Padre. ”Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: Mas el padre que está en mí, Él hace las obras” (Juan 14:10). No’ consideró su enseñanza nada más como un buen consejo o como una esperanzada contemplación de teorías universales para que una declaración de finalidades morales y espirituales “Cualquiera pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña…” (Mat. 7 24). Jesús enseñó para dar a los hombres la autorizada palabra de Dios de la que depende el destino de el1os.

Contenido

Todas sus enseñanzas están esparcidas en los evangelios, y difícil será poder hallar una sola página en cualquiera de ellos que no contenga alguna declaración didáctica de nuestro Señor. Algunas de ellas aparecen formando como conjuntos de bloques. La enseñanza ética está concentrada en el Sermón del Monte Mat. caps. 5, 6 y 7 Las parábolas del reino están reunidas en Mateo 13; la enseñanza escatológica referente al fin de la era, se encuentra en su mayor parte en los capítulos 24 y 25 de Mateo, y en los pasajes paralelos de Marcos 13 y Lucas 21. Juan está lleno de discursos: La enseñanza de Jesús acerca de sí mismo (Juan 5:19-47), el pan de vida (6:32-59), la naturaleza de su persona y de la propia misión (8:12-59), el pastor y las ovejas (10:1-30), y la despedida a los discípulos, considerando que iba a morir y que era necesario prepararlos (13:31-16:33). Algunos de estos discursos, como el último al que nos hemos referido, fueron pronunciados una vez solamente; otros, como el sermón del Monte pudieron haberlo sido múltiples veces. Jesús hizo muchas giras de predicación y no cabe duda de que con frecuencia dio sus parábolas y epigrama proverbios en diferentes lugares según la necesidad lo demandaba.

Los temas que nuestro Señor trató fueron diversos. Ajustes sociales (Mat. 5:21-26), moralidad del sexo (5:27-32), juramentos (5:33-37), actitud ante el mal (5:38-42), dádivas de bondad (6:1-4), oración (6:5-15, 7:7-12), ayuno (6:16-18), solución a los problemas económicos de la vida (6:19-34), matrimonio y divorcio (19:3-12), obligaciones fiscales (22:15-22), naturaleza de Dios (Juan 4:21-24), y otros, que fueron: discutidos en turno. No hay ninguna indicación de que Él tratara de codificar todas sus enseñanzas en un cuerpo de ley que demandan obediencia, o en un sistema filosófico que fuera lógicamente inexpugnable. No estuvieron organizadas alrededor de un sistema sino alrededor de s mismo, y su valor depende de lo que Él es. Notable es la frase del Sermón del Monte: “Mas yo os digo”, la cual denuncia la autoridad que Jesús poseía y que constantemente afimaba. A muchos les parecerá que su enseñanza es una colección irreductible de dichos inconexos, pero a la luz de su persona sus palabras adquieren un nuevo significado. Son como deslumbrantes facetas de una personalidad divina.

Doctrina

A causa de su importancia doctrina! algunas de las enseñanzas de Jesús merecen especial mención. Presentó a Dios como el Padre Celestial, cuya paternidad debía definirse ante todo en términos de la relación de Él con Dios. “Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; Y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar” (Mat. 11:27). En ninguna parte de los evangelios dijo Jesús “Nuestro Padre” incluyéndose Él mismo con sus discípulos en el pronombre personal. Por el contrario le dijo a María Magdalena junto al sepulcro: “Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios (Juan 20:17). En la oración modelo que dio a sus discípulos les enseñó a orar, “Padre nuestro” (Mat. 6:9), expresando la relación moral del hombre con Dios. La paternidad divina significaba más para Él que para ellos, puesto que Él era en un sentido singular el Hijo de Dios. Era Hijo de Dios por naturaleza; los discípulos podrían serlo únicamente recibiendo a Cristo (Juan 1:12).

El término “padre”, sin embargo, expresa la actitud de Dios hacia los hombres. Implica su amor y justicia (Mat. 5:44, 45), su interés y cuidado por su creación (10:29, 30), su eterno decreto y propósito (20:23), su disposición para perdonar (Lucas 15:11-32), y su determinación final de que ellos le acompañen a “la casa de mi Padre” (Juan 14:2). El evangelio de Juan contiene más referencias a la enseñanza de Jesús acerca de Dios como nuestro “Padre” que ninguno de los otros, puesto que esta expresión aparece más de cien veces como la forma usual en que Jesús se refería a Dios.

Quizás uno de los más grandes tópicos discutidos por Jesús fue el del reino. Ha habido un extraordinario volumen de controversia referente a su exacta naturaleza. ¿Es ese reino lo mismo que el dominio espiritual de Cristo sobre la vida de los hombres? ¿Al hablar de él daba nuestro Señor a entender la mera restauración de la monarquía judía en forma independiente? ¿Es este reino idéntico a la iglesia? ¿Debe identificarse con el reino milenial? ¿O se trata de algún revolucionario orden económico que Él quería establecer? Todas estas preguntas se han contestado afirmativamente por uno u otro de los bandos en contención.

Dejando a un lado toda conjetura, notemos ciertos hechos que se destacan en los evangelios. Todos mencionan el reino (Mat. 6:33, Marcos 1:15, Lucas 4:43, Juan 3:3), afirmando que Jesús lo predicó. El evangelio de Juan habla del reino dos veces nada más: En la entrevista con Nicodemo (3:3, 5) y en el juicio delante de Pilato (18:36). Para nuestro Señor el reino significaba toda la esfera del gobierno de Dios. Incuestionablemente su naturaleza fundamental es espiritual, no política; pero su plena manifestación todavía no llega, ni llegará, hasta que el Rey vuelva personalmente para reinar (Mat. 25:1, 31).

Cuando se examina la enseñanza de Jesús no se puede apreciar diferencia alguna entre el significado de “el reino de los cielos”, frase usada exclusivamente por Mateo, y “el reino de Dios”, usada por los otros evangelistas. Jesús proclamó, usando ambas frases, que el reino “había llegado” (3:2, Mar. 1:15); los “misterios” (del reino de los cielos y del reino de Dios) se mencionan en las parábolas (Mat. 13:11, Lucas 8:10); ambos fueron predicados desde los días de Juan el Bautista (Mat. 11:12, 13; Lucas 16:16); las dos frases se usan indistintamente con referencia a los niños (Mat. 19:14, Marcos 10:14). Si alguna diferencia se pudiera establecer entre ambos términos, podría decirse que el reino de los cielos es término judío, usado posiblemente para evitar la irreverente o innecesaria repetición del nombre de Dios, y que la enseñanza que se relaciona con este reino se refiere a la manifestación visible de él. La mayor parte de los pasajes referentes al aspecto interno del reino, usan la expresión “el reino de Dios” (Lucas 17:20; Juan 3:3, 5; Lucas 22:16, 18: 23:51).

La doctrina del reino estaba ligada con el Antiguo Testamento. Su demanda ética exigía arrepentimiento (Mat. 4:17), obediencia a los mandamientos de la ley (5:19) y la completa y sincera obediencia a la voluntad de Dios (7:21). Sin embargo, todo esto no era sinónimo de legalismo, puesto que José de Arimatea, uno de los primeros discípulos, está descrito como el que “también esperaba el reino de Dios” (Lucas 23:51). Jesús mismo consideró el reino como algo que tenía que venir en plenitud, después de que él hubiese muerto y resucitado (22:16). El reino, pues, es aquel orden que Dios establecerá sobre la tierra cuando Cristo regrese. Sus principios armonizarán con el más elevado espíritu de santidad según la revelación hecha por Dios en su ley y su perfecta realización será el cumplimiento de la obra de Cristo en su carácter de Redentor y Rey.

La enseñanza de Jesús referente a sí mismo, es de gran significación. Siendo niño informó a José y a María de la peculiar obligación que tenía con su Padre celestial (2:49). Preguntó a sus discípulos qué opinaban de Él (Mat. 16:15) y aceptó con aprobación la respuesta de Simón, de que Él era “el Hijo del Dios viviente” (16:16). Delante de sus enemigos usó palabras que afirmaban tanto su preexistencia como su deidad (Jn. 8:42, 58; 10:30-33, 36; Mat. 22:41-45). Cuando los creyentes lo adoraron no objetó (Juan 9:38; 20:28, 29), como Pablo lo hizo en una ocasión (Hch. 14:11-18). Las implicaciones indirectas de sus enseñanzas son igualmente concluyentes, puesto que Él mismo se colocó sobre la ley (Mat. 5:21, 22), y declaró su autoridad para perdonar pecados (Mar. 2:9-11). Si los relatos de los evangelios son del todo fidedignos declaran sin lugar a equivocación no sólo que Jesús tuvo origen sobrenatural sino que también afirmó su divinidad.

Su evaluación de la propia misión es importante. Vino a predicar el evangelio del reino (Luc. 4:43), a llamar pecadores al arrepentimiento (Mat. 9:13), a buscar y a salvar lo que se había perdido (Luc. 19:10), a servir y a dar su vida en rescate por muchos (Mar. 10:45). Fue enviado del Padre (Jn. 20:21), y precisamente antes de morir le informó que había cumplido el encargo que Él le confirió (17:4). La revelación y la redención le fueron encomendadas a Él y cumplió las dos. En muchas ocasiones predijo su muerte y resurrección (2:19; 3:14; 6: 51; 12:24; Mat. 16:21; Mar. 10:33, 34), lo mismo que su regreso para fungir como juez (Mat.25:31-46).

Son demasiado numerosos para tratarse aquí los abundantes tópicos espirituales y éticos sobre los que Jesús hizo declaraciones. Hay una característica digna de notarse y que es común a todos sus discursos: Todos se basan sobre el hecho de que Él vino para proclamar la verdad de Dios, que tenía toda la autoridad para ha cerio y que el hombre estaba obligado a seguir su enseñanza. Se presentó a sí mismo como el Hijo de Dios, y como Hijo de Dios, El tiene la última palabra.» [1]

Tres consideraciones de importancia de la conocida precursora del movimiento adventista, Elena G, de White, sobre las Escrituras [2]

1-Cómo consideró Jesús las Escrituras

Ningún hombre, mujer o joven, podrá lograr la perfección cristiana si descuida el estudio de la Palabra de Dios. Al escudriñar cuidadosa y atentamente su Palabra, obedeceremos la orden de Cristo: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Este estudio capacita al que lo efectúa a observar atentamente el Modelo divino, pues ellas testifican de Cristo. El Modelo debe ser examinado a menudo y con toda atención a fin de imitado. A medida que uno llega a dominar la historia del Redentor, descubre en sí mismo defectos de carácter; su falta de semejanza a Cristo es tan grande que ve que no puede ser un seguidor de él sin efectuar un gran cambio en su vida. Continúa estudiando, con un deseo de ser igual a su gran Ejemplo; capta las miradas, el espíritu de su amado Maestro; observando se transforma. “Puestos los ojos en el autor, y consumador de la fe, en Jesús” (Consejos sobre la obra de la escuela sabática, p. 17).

La Biblia no está encadenada. Se la puede llevar a la puerta de todo hombre y sus verdades pueden ser presentadas a la conciencia de todo ser humano. Hay muchos que, como los nobles bereanos, escudriñarán las Escrituras diariamente por sí mismos, cuando les sea presentada la verdad, para ver si estas cosas son así. Cristo ha dicho: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Jesús, el Redentor del mundo, manda a los hombres no sólo que lean, sino que escudriñen las Escrituras. Ésta es una obra grande e importante, y nos está encomendada a nosotros, y al hacerla seremos grandemente beneficiados; porque la obediencia al mandato de Cristo no queda sin recompensa. Él coronará con señales especiales de su favor este acto de lealtad que consiste en seguir la luz revelada en su Palabra (Consejos sobre la obra de la escuela sabática, pp. 92, 93).

Empezando con Moisés, alfa de la historia bíblica, Cristo expuso en todas las Escrituras las cosas concernientes a él. Si se hubiese dado a conocer primero, el corazón de ellos habría quedado satisfecho. En la plenitud de su gozo, no habrían deseado más. Pero era necesario que comprendiesen el testimonio que le daban los símbolos y las profecías del Antiguo Testamento. Su fe debía establecerse sobre éstas. Cristo no realizó ningún milagro para convencerlos, sino que su primera obra consistió en explicar las Escrituras. Ellos habían considerado su muerte como la destrucción de todas sus esperanzas. Ahora les demostró por los profetas que era la evidencia más categórica para su fe.

Al enseñar a estos discípulos, Jesús demostró la importancia del Antiguo Testamento como testimonio de su misión. Muchos de los que profesan ser cristianos ahora, descartan el Antiguo Testamento y aseveran que ya no tiene utilidad. Pero tal no fue la enseñanza de Cristo. Tan altamente lo apreciaba que en una oportunidad dijo: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos” (El Deseado de todas las gentes, pp. 739, 740).

Cristo abrió las Escrituras a sus discípulos, comenzando con Moisés y los profetas, y los instruyó en todo lo concerniente a sí mismo, y también les explicó la profecía…

Señaló las Escrituras como algo de incuestionable autoridad, y nosotros debemos hacer lo mismo…

Todo niño puede adquirir conocimiento, como lo adquirió Jesús, de las obras de la naturaleza y de las páginas de la santa Palabra de Dios. Al tratar nosotros de llegar a conocer a nuestro Padre celestial por su Santa Palabra, se nos acercarán los ángeles, nuestra mente se fortalecerá, nuestro carácter se elevará y refinará (Parcialmente en, Hijos e hijas de Dios, p. 136, Y en, Consejos sobre la obra de la escuela sabática, p. 43).

Los apóstoles y las Escrituras

Pablo no se dirigía a los judíos de un modo que despertase sus prejuicios. No les decía primero que debían creer en Jesús de Nazaret, sino que se espaciaba en las profecías que hablaban de Cristo, de su misión y obra. Paso a paso llevaba a sus oyentes hacia adelante, y les demostraba la importancia de honrar la ley de Dios. Rendía el debido honor a la ley ceremonial, demostrando que Cristo era quien había instituido la dispensación judaica y el servicio de sacrificios. Luego los traía hasta el primer advenimiento del Redentor, y les demostraba que en la vida y muerte de Cristo se había cumplido toda especificación del servicio de sacrificios.

Al hablar a los gentiles, Pablo ensalzaba a Cristo, presentándoles luego las imposiciones vigentes de la ley. Demostraba cómo la luz reflejada por la cruz del Calvario daba significado y gloria a toda la dispensación judaica.

Así variaba el apóstol su manera de trabajar, y adaptaba el mensaje a las circunstancias en que se veía colocado. Después de trabajar pacientemente, obtenía gran éxito; aunque eran muchos los que no querían ser convencidos. Algunos hay hoy día que no serán convencidos por ningún método de presentar la verdad; y el que trabaja para Dios debe estudiar cuidadosamente los mejores métodos, a fin de no despertar prejuicios ni espíritu combativo (Obreros evangélicos, p. 124).

Al predicar a los tesalonicenses, Pablo apeló a las profecías del Antiguo Testamento concernientes al Mesías. Cristo había abierto en su ministerio la mente de sus discípulos a estas profecías; pues “comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, dec1arábales en todas las Escrituras lo que de él decían” (S. Lucas 24:27). Pedro, al predicar a Cristo, había sacado del Antiguo Testamento sus evidencias. Esteban había seguido el mismo plan. Y también Pablo en su ministerio apelaba a las Escrituras que predecían el nacimiento, los sufrimientos, la muerte, de Moisés y los profetas, probaba claramente la identidad de Jesús de Nazaret como el Mesías, y mostraba que desde los días de Adán era la voz de Cristo’ la que había hablado por los patriarcas y profetas (Los hechos de los apóstoles, p. 180).

La unidad en medio de la diversidad

Las Escrituras fueron dadas a los hombres, no en una cadena continua de declaraciones ininterrumpidas, sino parte tras parte a través de generaciones sucesivas, a medida que Dios en su providencia veía una oportunidad adecuada para impresionar a los hombres en varios tiempos y en diversos lugares. Los hombres escribieron a medida que fueron movidos por el Espíritu-Santo. Hay primero el brote, después el capullo y después el fruto; “primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga”. Esto es exactamente lo que son las declaraciones de la Biblia para nosotros;

No siempre hay orden perfecto o aparente unidad en las Escrituras.  Los milagros de Cristo no son presentados en orden exacto, sino que son dados así como ocurrieron las circunstancias que demandaron la revelación divina del poder de Cristo. Las verdades de la Biblia son como perlas ocultas. Deben ser buscadas, extraídas mediante esfuerzos concienzudos. Los que tan sólo dan un vistazo a las Escrituras, con un conocimiento superficial que piensan que es muy profundo, hablan de las contradicciones deja Biblia y ponen en duda la autoridad de las Escrituras. Pero aquellos cuyo corazón está en armonía con la verdad y el deber, escudriñarán las Escrituras con un corazón preparado para recibir impresiones divinas. El alma iluminada ve una unidad espiritual, una gran hebra de oro que corre por todo el conjunto, pero se requieren paciencia, meditación y oración para rastrear la preciosa hebra áurea. Algunas contiendas ásperas en cuanto a la Biblia han resultado en investigaciones que han revelado las preciosas joyas de verdad. Muchas lágrimas se han derramado, muchas oraciones se han ofrecido para que el Señor abriera la comprensión de su Palabra (Mensajes selectos, 1. 1, pp. 22,23).

«Durante los siglos que precedieron al advenimiento de Jesús hubo un número cada vez mayor de judíos que vivían fuera de Palestina. Algunos de estos judíos eran descendientes de los que habían ido al exilio en Babilonia, y por tanto en esa ciudad así como en toda la región de Mesopotamia y Persia había fuertes contingentes judíos. En el Imperio Romano, los judíos se habían esparcido por diversas circunstancias, y ya en el siglo primero las colonias judías en Roma y en Alejandría eran numerosísimas. En casi todas las ciudades del Mediterráneo oriental había al menos una sinagoga. En el Egipto, se llegó hasta a construir un templo alrededor del siglo VII a.C. en la ciudad de Elefantina, y hubo otro en el Delta del Nilo en el siglo II a.C. Pero por lo general estos judíos de la “Dispersión” o de la “Diáspora” !que así se les llamó! no construyeron templos en los cuales ofrecer sacrificios, sino más bien sinagogas en las que se estudiaban las Escrituras. El judaísmo de la Diáspora es de suma importancia para la historia de la iglesia cristiana, pues fue a través de él, según veremos en el próximo capítulo, que más rápidamente se extendió la nueva fe por el Imperio Romano. Además, ese judaísmo le proporcionó a la iglesia la traducción del Antiguo Testamento al griego que fue uno de los principales vehículos de su propaganda religiosa.

Este judaísmo se distinguía de su congénere en Palestina principalmente por dos características: su uso del idioma griego, y su contacto inevitablemente mayor con la cultura helenista. En el siglo primero eran muchos los judíos, aun en Palestina, que no usaban ya el antiguo idioma hebreo. Pero, mientras que en Palestina y en toda la región al oriente de ese país se hablaba el arameo, los judíos que se hallaban dispersos por todo el resto del Imperio Romano hablaban el griego. Tras las conquistas de Alejandro, el griego había venido a ser la lengua franca de la cuenca oriental del Mediterráneo. Judíos, egipcios, chipriotas, y hasta romanos, utilizaban el griego para comunicarse entre sí. En algunas regiones —especialmente en Egipto— los judíos perdieron el uso de la lengua hebrea, y fue necesario traducir sus Escrituras al griego.

Esa versión del Antiguo Testamento al griego recibe el nombre de Septuaginta, que se abrevia frecuentemente mediante el número romano LXX. Ese nombre —y número— le viene de una antigua leyenda según la cual el rey de Egipto, Ptolomeo Filadelfo, ordenó a setenta y dos ancianos hebreos que tradujesen la Biblia independientemente, y todos ellos produjeron traducciones idénticas entre sí. Al parecer, el propósito de esa leyenda era garantizar la autoridad de esta versión, que de hecho fue producida a través de varios siglos, por traductores con distintos criterios, de modo que algunas porciones son excesivamente literales, mientras que otras se toman amplias libertades con el texto. En todo caso, la importancia de la Septuaginta fue enorme para la primitiva iglesia cristiana. Esta es la Biblia que cita la mayoría de los autores del Nuevo Testamento, y ejerció una influencia indudable sobre la formación del vocabulario cristiano de los primeros siglos. Además, cuando aquellos primeros creyentes se derramaron por todo el Imperio con el mensaje del evangelio, encontraron en la Septuaginta un instrumento útil para su propaganda. De hecho, el uso que los cristianos hicieron de la Septuaginta fue tal y tan efectivo que los judíos se vieron obligados a producir nuevas versiones —como la de Aquila— y a dejar a los cristianos en posesión de la Septuaginta.

La otra marca distintiva del judaísmo de la Dispersión fue su inevitable contacto con la cultura helenista. En cierto sentido, podría decirse que la Septuaginta es también resultado de esta situación. En todo caso, resulta claro que los judíos de la Dispersión no podían sustraerse al contacto con los gentiles, como podían hacerlo en cierta medida sus correligionarios de Palestina. Los judíos de la Dispersión se veían obligados en consecuencia a defender su fe a cada paso frente a aquellas gentes de cultura helenista para quienes la fe de Israel resultaba ridícula, anticuada o ininteligible. Frente a esta situación, y especialmente en la ciudad de Alejandría, surgió entre los judíos un movimiento que trataba de mostrar la compatibilidad entre lo mejor de la cultura helenista y la religión hebrea. Ya en el siglo III a.C. Demetrio narró la historia de los reyes de Judá siguiendo los patrones de la historiografía pagana. Pero fue en la persona de Filón de Alejandría, contemporáneo de Jesús, que este movimiento alcanzó su cumbre.

Puesto que los argumentos de Filón —u otros muy parecidos— fueron utilizados después por algunos cristianos en la propia ciudad de Alejandría, vale la pena resumirlos aquí. Lo que Filón intenta hacer es mostrar la compatibilidad entre la filosofía platónica y las Escrituras hebreas. Según él, puesto que los filósofos griegos eran personas cultas, y las Escrituras hebreas son anteriores a ellos, es de suponerse que cualquier concordancia entre ambos se debe a que los griegos copiaron de los judíos, y no viceversa. Y entonces Filón procede a mostrar esa concordancia interpretando el Antiguo Testamento como una serie de alegorías que señalan hacia las mismas verdades eternas a que los filósofos se refieren de manera más literal.

El Dios de Filón es absolutamente trascendente e inmutable, al estilo del “Uno Inefable” de los platónicos. Por tanto, para relacionarse con este mundo de realidades transitorias y mutables, ese Dios hace uso de un ser intermedio, al que Filón da el nombre de Logos (es decir, Verbo o Razón). Este Logos, además de ser el intermediario entre Dios y la creación, es la razón que existe en todo el universo, y de la que la mente humana participa. En otras palabras, es este Logos lo que hace que el universo pueda ser comprendido por la mente humana. Algunos pensadores cristianos adoptaron estas ideas propuestas por Filón, con todas sus ventajas y sus peligros. Como vemos, en su dispersión por todo el mundo romano, en su traducción de la Biblia, y aun en sus intentos de dialogar con la cultura helenista, el judaísmo había preparado el camino para el advenimiento y la diseminación de la fe cristiana.»[3]

Notas:

  1. http://www.davidccook.com/catalog/resources/samples/103263.pdf
  2. http://www.prodigyweb.net.mx/jonasaquinolopez/articulos/biblia.htm
  3. Nuestro Nuevo Testamento, Pág. 262-270, Merrill C. Tenney, Edit. Portavoz