Nuestra unión con Cristo


 

Nuestra unión con Cristo

por Paulo Arieu

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La unión con Cristo no es un tema periférico en la teología bíblica, si bien suele ser dejado de lado.Martin explica que:

Es muy fácil darse cuenta de que. Cristo es lo más importante en las Escrituras. Pero no es tan fácil ver que esta doctrina de la unión con Cristo es también una enseñanza importantísima. Esto es así quizás porque la frase misma no se halla escrita en la Biblia. Sin embargo, usamos esta frase porque tiene el mismo significado de otras varias que sí encontramos en el Nuevo Testamento. La más común de estas, “en Cristo”, se encuentra 150 veces considerando solamente las cartas del apóstol Pablo. Es muy fácil darse cuenta de que. Cristo es lo más importante en las Escrituras. Pero no es tan fácil ver que esta doctrina de la unión con Cristo es también una enseñanza importantísima. Esto es así quizás porque la frase misma no se halla escrita en la Biblia. Sin embargo, usamos esta frase porque tiene el mismo significado de otras varias que sí encontramos en el Nuevo Testamento. La más común de estas, “en Cristo”, se encuentra 150 veces considerando solamente las cartas del apóstol Pablo.   [0]

Es un pensamiento clave en la enseñanza del Señor, como este articulo lo demostrará, y es tan importante en la teología paulina que algunos comentaristas la han llamado “el corazón de la religión de Pablo”.[1]. John Murray ha escrito al respecto que

“la unión con Cristo es la verdad central de toda la doctrina de salvación”.[2]

Pablo,hablando de su experiencia profunda con Cristo y su intima unión con El, expresa que el vivia la vida terrenal en comunion intima con Cristo, profundamente unido a El y con su propia voluntad crucificada con Cristo:

  • Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.(Gal. 2:20 NTV)

Esta unión con Cristo es tan importante que el reformador Juan Calvino lo explica, diciendo que:

“Solamente esta unión asegura que, en cuanto a nosotros respecta, él [Jesús] no vino en vano con el nombre de Salvador”.[3]

W Pink es quizás el más enfático de todos.

“El tema de la unión espiritual es el más importante, el más profundo, y además el más bendecido de todos los presentados en las Sagradas Escrituras; y sin embargo, si bien es triste afirmarlo, no hay otro tema que sea hoy tan descuidado. La expresión “unión espiritual” es desconocida en la mayoría de los ámbitos cristianos profesantes, y donde es empleada se le otorga un significado tan rebuscado que sólo lleva un fragmento de esa preciosa verdad”.[4]

Este tema bíblico es indispensable para comprender la obra del Espíritu Santo al aplicar los beneficios de la expiación de Cristo en el cristiano. Como con la mayoría de las enseñanzas del Nuevo Testamento, la simiente de esta doctrina la encontramos en las palabras registradas de Jesús, en este caso transmitida bajo diversas metáforas e ilustraciones. Una metáfora clave que ilustra esta doctriona es la parábola de la vid y los pámpanos, narrada por el apostol Juan:

  • “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:4-5).

Otra metáfora la encontramos en aquellos pasajes que hablan de comer a Cristo como uno comería un trozo de pan (Jn. 6:35) y de beberlo como uno podría beber agua (Jn.
4:10-14; comp con Mat. 26:26-28). La misma idea está también sugerida en la forma en que los seguidores de Cristo han de ser recibidos o rechazados por el mundo, ya que esto es equivalente a una recepción o rechazo de él mismo:

  • “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” (Lc. 10:16).

En la oración sacerdotal del Señor, registrada en el capítulo 17 de Juan, esta unión está analizada explícitamente:

  • “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste… Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (vs. 20-21,23).

Esta doctrina está luego enfatizada y desarrollada ampliamente en los escritos de Pablo. Pensemos en las fórmulas paulinas más importantes, “en él”, “en Cristo”, “en Cristo Jesús”, que ocurren 164 veces en sus escritos. Por medio de estas expresiones, Pablo nos enseña que

  • hemos sido escogidos “en él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:4),
  • llamados (1 Co. 7:22),
  • hechos vivos (Ef. 2:5),
  • justificados (Gá. 2:17),
  • creados “para buenas obras” (Ef. 2:10),
  • santificados (1 Co. 1:2),
  • enriquecidos “en él, en toda palabra y en toda ciencia” (1 Co. 1:5),
  • asegurados de la resurrección (Ro. 6:5).

El apóstol nos dice que únicamente en Cristo tenemos

  • redención (Ro. 3:24),
  • vida eterna (Ro. 6:23),
  • justificación (1 Co. 1:30),
  • sabiduría (1 Co. 4:10),
  • estamos libres de la ley (Gá. 2:4),
  • y disfrutamos de toda bendición espiritual (Ef. 1:3).

Pablo dió testimonio sobre su propia experiencia cuando dijo que a partir de todas estas expresiones podemos decir que la unión del creyente con Cristo es un concepto extremadamente amplio, que tiene que ver no sólo con nuestra experiencia actual de Jesús sino que también se remonta a la eternidad pasada y se extiende hacia adelante, al futuro sin límites. Primero, si miramos hacia atrás, la fuente de salvación la encontramos en la elección eterna del individuo por Dios el Padre en Cristo. Este es el significado de todo el pasaje del capítulo 1 de Efesios, del cual ya hemos citado algunas partes;

  • “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:3-4).

Es posible que no podamos comprender todo el significado de esta elección eterna en Cristo, pero al menos podemos entender que no importa cuánto nos remontemos atrás en el tiempo, encontraremos que los propósitos de Dios involucraban nuestra salvación. La salvación no es un pensamiento a posteriori. Siempre estuvo allí desde el principio.[5]

Como un comentarista ha escrito:

“La primer tarea que el Espíritu Santo llevó a cabo en representación nuestra fue la de elegirnos como miembros del cuerpo de Cristo. En sus decretos eternos, Dios determinó que no estaría siempre solo, que de la multitud de hijos de Adán, un gran número se convertirían en hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina y conformes a la imagen del Señor Jesucristo. Esta compañía, la plenitud de aquel que todo lo llena, se convertirían en hijos por el nuevo nacimiento, pero en miembros del cuerpo por el bautismo del Espíritu Santo”.[6]

Segundo, en el presente estamos unidos con Cristo en nuestra regeneración o nuevo nacimiento. Jesús se refirió a esto en su conversación con Nicodemo:

  • “El que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:5).

Pablo amplió esta afirmación cuando dijo que

  • “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Co. 5:17).

Tenemos una ilustración de nuestro nuevo nacimiento en el nacimiento físico de Jesucristo. En su nacimiento, la vida divina y sin pecado del Hijo de Dios fue colocada dentro del cuerpo humano pecaminoso de la virgen María. Por un tiempo pareció como si esta vida divina hubiese sido tragada. Pero eventualmente se reveló con el nacimiento del niño Jesús.  De manera análoga, nosotros experimentamos la vida divina dentro nuestro cuando el Espíritu de Cristo viene a morar dentro de nuestros corazones. Podemos preguntarnos como hizo María: “¿Cómo será esto? ya que yo no tengo la posibilidad de engendrar vida divina”. Pero la respuesta la encontramos en las palabras del ángel:

  • “El Espíritu vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lc. 1:35).

No nos convertimos en seres divinos, como algunas religiones orientales creen. Pero en un cierto sentido la propia vida de Dios viene a morar dentro nuestro de manera tal que podemos ser llamados con justicia hijos e hijas de Dios. Como fuimos unidos a Cristo en el momento de su muerte sobre la cruz, la redención del pecado nos ha sido asegurada, y somos justificados de todo pecado. Pablo escribe:

  • “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Ro. 6:3).

Y en otra ocasión dice:

  • “en quien tenemos redención por su sangre” (Ef. 1:7).

Cuando Jesús murió sobre la cruz, aquellos de nosotros que estábamos unidos a él por medio de la fe salvadora también morimos con él en lo que respecta al castigo que nos correspondía por el pecado. Dios el Padre hizo morir a Dios el Hijo. Como estamos unidos a él, en cierto sentido también a nosotros nos hizo morir. Al hacerlo, nuestro pecado fue castigado y nunca más hemos de temer que pueda volver a surgir para atemorizarnos.[7]

Como lo expresó Henry G. Spafford en ese himno tan conocido: [8]

De paz inundada mi senda ya esté,

O cúbrala un mar de aflicción,

Mi suerte cualquiera que sea, diré:

“Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!¨

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

T engo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amenguan mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y su sangre vetió en me favor.

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Feliz yo me siento al saber que Jesús,

Libróme de yugo opresor;

Quitó mi pecado, clavólo en la cruz:

Gloria demos al buen Salvador.

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

La fe tornaráse en gran realidad

Al irse la niebla veloz;

Desciende Jesús con su gran majestad,

“Estoy bien, con mi Dios. ¡Aleluya!¨

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Como estamos unidos a Cristo en su muerte, también estamos unidos a él en su vida. Pablo desarrolla este pensamiento en el capítulo 6 de la epístola a los Romanos:

  • Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado, murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Ro. 6:4-11).

Mediante nuestra identificación con Cristo en su muerte el poder del pecado sobre nosotros ha sido quebrado, y ahora estamos libres para obedecer a Dios y crecer en santidad. Por último, al mirar hacia adelante, nuestra identificación con Cristo en esta unión espiritual nos asegura nuestra resurrección final (Ro. 6:5; 1 Co. 15:22) y nuestra glorificación (Ro. 8:17). Como estamos unidos a Cristo, eventualmente hemos de ser como él es. Como nunca podremos separarnos de él, siempre estaremos con él (1 Jn. 3:2). En un sentido, “la unión con Cristo” es la salvación. Murray escribe que:

“Vemos que la unión con Cristo tiene su origen en la elección de Dios el Padre antes de la fundación del mundo y que tiene su culminación en la glorificación de los hijos de Dios. La perspectiva del pueblo de Dios no es estrecha; es amplia y es extensa. No está confinada en el tiempo y el espacio; tiene la expansión de la eternidad. Su órbita tiene dos puntos focales, uno de ellos es el amor electivo de Dios el Padre en los consejos de la eternidad, el otro es la glorificación con Cristo en la manifestación de su gloria. La primera no tiene principio, la segunda no tiene fin”.[9]

Fuera de Cristo no seria posible contemplar nuestro estado sin otro sentimiento que no fuera de horror. Unidos a él todo cambia, y el horror se convierte en una paz indescriptible y en un gozo inconmensurable. 

Spurgeon dijo que:

“Usted es uno con El. Usted fue ‘enterrado en El en el bautismo hasta la muerte,’ el cual también usted ha sido elevado con él. Usted fue crucificado juntamente con él en la cruz, Usted ha subido al cielo con El, porque El nos resucitó juntos, y nos hizo sentar en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Y seguramente usted se encontrara en su misma persona con él donde El está, que usted pueda contemplar su gloria. Eres uno con Él “[10]

Es tan profunda e íntima esa unión de Cristo con su Iglesia, que cuando Saulo de Tarso perseguía a la Iglesia, antes de ser llamado por Jesucristo al conocimiento de El y al apostolado, perseguía a la Iglesia, Jesús se le apareció en el desierto de Damasco y le preguntó porque lo perseguía (Hechos 9:1-19; Hch. 22.6-16; 26.12-18). Perseguir la Iglesia es perseguir a Cristo, porque Cristo está unido a Su Iglesia y porque la Iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-27). Mas tarde, en la historia de su apostolado, Saulo de Tarso comprendería cuan profundamente estaba unido a Cristo, pero si hubiese alguna forma de salvar a Israel el escogería ser separado de Cristo y considerarse anatema.(Ro. 9:1-5). 

Juan Calvino escribió al respecto que

En primer lugar, debemos entender que mientras Cristo permanece fuera de nosotros, y estamos separados de él, todo lo que él ha sufrido y hecho para la salvación de la raza humana sigue siendo inútil y de ningún valor para nosotros. [11]

Reflexionemos, queridos lectores, sobre este profundo misterio que Dios nos ha revelado. Recordemos que también el apostol Juan escribió que nuestra comunión es con el Padre, pero también con Jesucristo.El apostol Juan escribió diciéndonos que:

” Él, quien es la vida misma, nos fue revelado, y nosotros lo vimos; y ahora testificamos y anunciamos a ustedes que él es la vida eterna. Estaba con el Padre, y luego nos fue revelado. Les anunciamos lo que nosotros mismos hemos visto y oído, para que ustedes tengan comunión con nosotros; y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Escribimos estas cosas para que ustedes puedan participar plenamente de nuestra alegría.”(I Jn. 1:2-4 NTV).

Querido lector, que el Señor Jesús lo bendiga mucho y que le permita reflexionar en este tema de la Unión del cristiano con Cristo. Es que separados de Cristo !!!nada podemos hacer (Juan 15:5)!!! Si ud. aún no es un discípulo de Jesucristo, lo animo a reflexionar y considerarlo como una opción fundamental en su vida.

Si ud. tiene un poco de tiempo, lo invito a escuchar estos videos del Pastor Sugel Michelen:

Notas

[1]. James S. Stewart, AMan in Christ: The Vital Elementos of St. Paul’s Religion (New York: Harper and Brothers, n. d.), p. 147.  cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[2] John Murray, Redemption Accomplished and Applied, (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1955), p. 170. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[3]. Calvino, Institutes, p. 541. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[4 ]Arthur W. Pink, Spiritual Union and Communion (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1971), p. 7.cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[5] Donald Grey Barnhouse, God’s Freedom (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1958), The Epistle to the Romans, vol 6, p. 35. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[6] Murray, Redemption Accomplished and Applied, p. 164. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[7] http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[8] http://godspeoplesing.org/Sing/All%20Spanish%20Hymns/Estoy_Bien_RP.pdf

[9]Murray, Redemption Accomplished and Applied, p. 164. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf

[10] Spurgeon, Ch. (Sermones de C. H. Spurgeon, vol. X, p. 22).

[11] Calvino, Juan. Institución de la religión Cristiana, III. i. 1

imagen: https://www.palabrainspirada.com/union-con-cristo

Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres.


Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres

por Paulo Arieu

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Introducción:

La Biblia dice que bajo este nuevo pacto entre la humanidad y Dios, CRISTO es el único mediador entre Dios y los hombres. No hay otro mediador,no lo hay. No lo son ni Maria la madre del Señor, ni los miembros de la Sagrada Familia, ni los ángeles, ni los santos.Menos aún los que ya durmieron en el Señor y partieron de este mundo, quedando sus cuerpos a la espera de la resurrección.

Solo el Señor Jesús (Dios hecho hombre, el Hijo de Dios) es el único mediador entre los seres humanos y Dios. 

Los santos que sirven a Dios en la tierra, no son mediadores  sino sacerdotes del nuevo pacto (I Cor. 12.12; I Pe. 2.9), puentes entre Dios y los hombres. Sirven a Dios mientras tienen vida, pudiendo ministrar al Señor con sus oraciones y siendo útiles al reino de Dios. Pero jamas ningun ser humano puede redimir al hombre de sus pecados, siendo este rol una exclusividad de nuestro Dios, por la mediación de Jesucristo.,

Anterior a la Reforma Protestante, es Tomás de Aquino (en italiano, Tommaso d’Aquino; Roccasecca,​ Italia, 1224/1225-Abadía de Fossanova, 7 de marzo de 1274), quien fue un teólogo y filósofo católico perteneciente a la Orden de Predicadores, el principal representante de la enseñanza escolástica,​ una de las mayores figuras de la teología sistemática​ y, a su vez, una de las fuentes más citadas de su época en metafísica, hasta el punto de, una vez muerto, ser considerado el referente de las escuelas del pensamiento tomista y neotomista. Es conocido también como Doctor Angélico, Doctor Común y Doctor de la Humanidad, nominaciones dadas por la Iglesia católica, la cual lo recomienda para los estudios de filosofía y teología. Tomas de Aquino, considera que:

“La misión propia del mediador es unir a aquellos entre los que ejerce la mediación, porque los extremos se juntan en el medio. Pero unir a los hombres con Dios de manera perfecta compete en verdad a Cristo, por medio del cual los hombres son reconciliados con Dios, según estas palabras de 2 Cor 5:19: Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo. Y, por tanto, sólo Cristo es el perfecto mediador entre Dios y los hombres, en cuanto que por medio de su muerte reconcilió al género humano con Dios. Por eso, habiendo dicho el Apóstol que el hombre Cristo jesús es el mediador entre Dios y los hombres, añade en el v.6: que se entregó a sí mismo para redención de todos (1 Tim 2:5-6).”(Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologica, IIIa, 26).

Pero Tomas de Aquino también considera que no hay ninguna razón que impida que se utilice la palabra mediadores respecto de otras personas,  aunque en modo relativo, ya que cooperan con la extensión del reino de Dios. Aquino cita, según él entiende, que

“Sin embargo, nada impide que se llame también mediadores entre Dios y los hombres a algunas personas, aunque lo sean de modo relativo, esto es, en cuanto que cooperan de modo dispositivo y ministerial a la unión de los hombres con Dios.” (Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologica, IIIa, 26).

Pero,debido a la rebelión de la raza humana contra nuestro Creador, la actividad que nos interesa y afecta a nosotros los seres humanos, es la mediación de Cristo respecto del pecado. Es respecto de este oficio del Señor de “Siervo – mediador – redentor” y no del rol del “cristiano – mediador – servidor” que nos interesa a nosotros en la Cristología. Jesucristo es nuestro mediador y quien nos ayuda ahora para poder ahora acercarnos confiadamente al trono de la Gracia y obtener así el favor de Dios (Hebreos 4:16) y no ser rechazados por nuestra pecaminosidad (Romanos 3:23). Al contrario, como también escribió el apostol Pablo: “Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo.”(Efesios 1:5 NTV). Es que Dios no nos pagó como nosotros merecíamos, sino que nos salvó por su gracia y misericordia.Como escribió el apostol Pablo:Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!)” (Efesios 2:4-5 NTV). Pero para esta salvación que Dios nos ha dado, es necesaria la propiciación del Señor Jesús ante Dios por nuestos pecados. No hay dudas que el concepto biblico de mediación es mucho mas profundo que el de un simple mediador.

Pero los teólogos romanistas se equivocan cuando no consideran en este punto la situación de los hijos de Dios que parten de este mundo. La Palabtra de Dios indica que en cuanto partamos de este mundo, los creyentes en Jesucristo descansaremos de nuestras obras (Apocalipsis 14:13) hasta que suene la trompeta en el día del juicio final y Dios nos resucite pararecompensarnos a todos sus escogidos por nuestras buenas obras. Por que aunque la justificación se alcanza por la sola fe, nuestras recompensas serán por habrle servido durante nuestras vidas. El apostol Pablo escribió al respecto que Pero permítanme revelarles un secreto maravilloso. ¡No todos moriremos, pero todos seremos transformados! Sucederá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando se toque la trompeta final. Pues, cuando suene la trompeta, los que hayan muerto resucitarán para vivir por siempre. Y nosotros, los que estemos vivos, también seremos transformados.” (I Corintios 15:51-52 NTV). Pero Cristo, es nuestro mediador y nuestro intercesor, haciendo ambas funciones de manera perfecta y eficaz, por sus méritos en la cruz del Calvario y su preciosa divinidad. No solamente Jesús fue el Siervo de Jehova (Isaías 42:1-9; 49:5-8; 52:13-15; Mateo 12:17-21 ) sino que el Señor, también fue el cordero inmolado en sacrificio perfecto por nuestros pecados (Isaías 53). Ningún hombre fue ni será jamás sacrificado por los pecados de la humanidad y aceptado por el Padre como ofrenda agradable (Efesios 5:2). Solo Jesucristo, Dios hecho hombre y que murió en nuestro lugar (2 Corintios 5:21;1 Pedro 2:21–25).

En síntesis, un mediador es un intermediario, alguien que se pone en medio de una brecha entre dos partes en disputa, o sea entre Dios y los hombres, a causa del pecado. Los seres humanos se rebelaron en contra de Dios y por esta razón, la ira de Dios está sobre toda la humanidad (Romanos 1:18-21). El apostol Pablo escribió a su discípulo, el joven Timoteo que:

Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,” (1 Timoteo 2:5)

O sea, como leemos en la carta de Pablo a Timoteo, solo hay un mediador entre la humanidad pecadora y el Dios tres veces santo: Jesucristo hombre, el unigénito Hijo de Dios.Esta es la gran verdad que Dios nos ha revelado a través de las escrituras y sabemos que Dios no nos miente. Porque como dice en Su Palabra:

Dios no es hombre, para que mienta,
Ni hijo de hombre para que se arrepienta.
El dijo, ¿y no hará?
Habló, ¿y no lo ejecutará? (Numeros 23:19 RV 1960).

Definición:

Según lo define el Diccionario Bíblico, Mediador (gr., mesites, un intermediario), es una persona que hace posible relaciones amistosas entre dos o más personas distanciadas o separadas. Corresponde al árbrito de Job 9:33.

El NT utiliza el término griego mesites dos veces en relación con Moisés como el mediador de la ley (Gálatas 3:19, 20) y cuatro veces refiriéndose a Jesús (1 Timoteo 2:5; Hebreos 8:6; 9:15; 12:24).

En el AT, Jonatán fue el intercesor de David ante Saúl (1 Samuel 19:4). Abraham intercedió en nombre de Abimelec (Génesis 20) y Sodoma (Génesis 18:23-33). Moisés fue un mediador en nombre de faraón (Éxodo 8:8-13; 9:28-33) y de Israel (Éxodo 33:12-17). Samuel fue un intermediario cuando Israel recibió un rey (1 Samuel 9:15-27) y cuando se volvió corrupta (1 Samuel 12:19).

Los ángeles actuaron como mediadores a través de los cuales la voluntad de Dios se dio a conocer al hombre (Génesis 22:15; 24:40; 32:1; Jueces 6:11). A veces Dios apareció en forma humana (Génesis 12:7; 17:1; 35:7, 9; Daniel 8:17). En algunos casos, el ángel de Jehovah parece haber sido una manifestación de Dios, quizá una aparición temporaria del Mesías (Génesis 16:7-13). Luego, la clase sacerdotal actuó como mediadores entre el hombre y Dios (Levítico 1—7).

El teólogo reformado R.C.Sproul explica que:

Un mediador es un intermediario. Es alguien que hace de intermediario entre dos o más personas o grupos en disputa e intenta reconciliarlos. En términos bíblicos, los seres humanos son considerados en enemistad contra Dios. Nos hemos rebelado, revolucionado y rehusado a obedecer la ley de Dios. Como resultado, la ira de Dios está sobre nosotros. Para modificar o redimir esta situación catastrófica, es necesario que seamos reconciliados con Dios. Para efectuar nuestra reconciliación, Dios el Padre nombró y envió a su Hijo como nuestro Mediador. Cristo nos trae nada más y nada menos que la majestad divina de Dios mismo -Éles Dios encarnado. Sin embargo, tomó sobre sí mismo una naturaleza humana y se sometió voluntariamente a las demandas de la ley de Dios. Cristo no comenzó la reconciliación en un intento para persuadir al Padre a dejar de lado su ira. Por el contrario, en el eterno consejo de la Divinidad había un acuerdo total entre el Padre y el Hijo para que el Hijo viniera como nuestro Mediador. Ningún ángel podía venir como representante de Dios; únicamente Dios mismo podía hacer eso. En la Encarnación, el Hijo tomó sobre sí mismo la naturaleza humana para obtener la redención de la simiente caída de Adán. Por su perfecta obediencia, Cristo satisfizo las demandas de la ley de Dios y logró la vida eterna para nosotros. Por su sumisión a la muerte expiatoria en la cruz, satisfizo las demandas de la ira de Dios contra nosotros. Tanto desde una perspectiva positiva como negativa, Cristo satisfizo las condiciones divinas para la reconciliación. Nos hizo un nuevo pacto con Dios por su sangre y continúa diariamente intercediendo por nosotros como nuestro Sumo Sacerdote. Un mediador efectivo es alguien que es capaz de lograr que dos partes que están en conflicto, o alejadas entre sí, logren la paz. Este es el papel que desempeñó Jesús como nuestro Mediador perfecto.

Pablo declaró que tenemos paz con Dios mediante la obra de reconciliación de Cristo: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios pormedio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). La obra mediadora de Cristo es superior a la obra ejercida por cualquier otro mediador. Moisés fue el mediador del Antiguo Pacto. Fue el intermediario de Dios, entregándole a los israelitas la ley. Pero Jesús es superior a Moisés. El autor del libro a los Hebreos declara:
Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo… Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo… pero Cristo (fue fiel) como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros (Hebreos 3:3-6)

La Confesión de fe Bautista de 1689, en el capítulo 8:Cristo el Mediador, explica que:

Agradó a Dios en su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesucristo, su unigénito Hijo, de acuerdo al pacto en el cual habían entrado, para que fuese el mediador entre Dios y el hombre, (1) como tal, él es profeta, (2) sacerdote (3) y rey, (4) el salvador y cabeza de su Iglesia, (5) el heredero de todas las cosas, (6) y juez mundo; (7) desde la eternidad Dios le dio un pueblo para que fuese su simiente y para que a su debido tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara. (8)

 

El Hijo de Dios, la segunda persona de la Santa Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, la brillantez de la gloria de su Padre, igual y de una sustancia con Él, quien hizo el mundo y mantiene y gobierna todas las cosas que ha hecho, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomó sobre si la naturaleza del hombre con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes, (9) mas sin pecado. (10) Fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la Virgen Maria, una mujer perteneciente a la tribu de Judá. El Espíritu Santo vino sobre ella y el poder de Dios la cubrió. Y así, según las Escrituras, fue hecho él de una mujer, descendiente de Abraham y David. (11) Así que, dos naturalezas perfectas y distintas, se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión, composición o confusión alguna. Esta persona es verdadero Dios y verdadero hombre, un Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre. (12)

 

El Señor Jesús, en su naturaleza humana unida así a la divina, en la persona del Hijo, fue ungido y santificado con el Espíritu Santo sobre toda medida, (13) y posee todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, (14) pues agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, (15) a fin de que siendo santo, inocente, inmaculado, (16) lleno de gracia y de verdad, (17) fuese del todo apto para desempeñar los oficios de mediador y fiador. (18) Cristo no tomó por sí mismo estos oficios, sino que fue llamado para ello por su Padre, (19) quien puso en él todo juicio y poder, y le autorizó para que desempeñara tales oficios. (20)

 

El Señor Jesús, con la mejor voluntad tomó para si estos oficios, (21) y para desempeñarlos, se puso bajo la ley, (22) la que cumplió perfectamente. También sufrió el castigo que nos tocaba a nosotros y que debíamos haber sufrido, (23) pues él llevó nuestros pecados y fue acusado en nuestro lugar. (24) Padeció dolores en su alma más allá de nuestro entendimiento y los más grandes sufrimientos en su cuerpo: (25) fue crucificado y murió, y permaneció bajo el poder de la muerte, aun cuando no vio corrupción. (26) Al tercer día se levantó de entre los muertos (27) con el mismo cuerpo que tenía cuando sufrió, (28) con el cual también ascendió al cielo (29) donde se sentó a la diestra del Padre. Allí intercede por su pueblo, (30) y cuando sea el fin del mundo, volverá para juzgar a los hombres y a los ángeles. (31)

 

El Señor Jesucristo, por su perfecta obediencia y por el sacrificio de sí mismo que ofreció una sola vez por el Espíritu eterno de Dios, ha satisfecho plenamente a la justicia de Dios. (32) El ha efectuado la reconciliación y ha comprado una herencia eterna en el reino de los cielos para todos aquellos dados a él por el Padre. (33)

 

Aun cuando el precio de la redención no fue actualmente pagado, sino hasta la encarnación, sin embargo, la virtud, la eficacia y los beneficios de ella, se comunicaban a los escogidos en todas las épocas transcurridas desde el principio, en las promesas, tipos y sacrificios, y por medio de estas cosas, por las cuales Cristo fue revelado y designado como la simiente que quebrantaría la cabeza de la serpiente, (34) y como el cordero inmolado desde la fundación del mundo; (35) siendo él, el mismo ayer, hoy y por siempre. (36)

 

Cristo en su oficio de mediador, obra; conforme a sus dos naturalezas, haciendo por cada una de éstas lo que es propio de cada una de ellas; mas por razón de la unidad de la persona, lo que es propio de una naturaleza, se le atribuye algunas veces en la Escritura a la persona denominada por la otra naturaleza. (37)

A todos aquellos para quienes Cristo ha obtenido eterna redención, cierta y eficazmente les aplica y comunica la misma, haciendo intercesión por ellos, (38) uniéndoles a él por su Espíritu, revelándoles en la palabra y por medio de ella el misterio de la salvación, persuadiéndoles eficazmente a creer y a obedecer, (39) gobernando el corazón de ellos por su palabra y Espíritu, (40) y venciendo a todos sus enemigos por su gran poder y sabiduría, (41) y de la manera y por los caminos que están más en conformidad con su maravillosa e inescrutable dispensación. Todas estas cosas son hechas en su libre y soberana gracia e incondicionalmente, ya que nada de mérito es previsto por él en sus elegidos. (42) Eterno de Dios, ha satisfecho plenamente a la justicia de Dios.

 

Cristo, y Solo Cristo puede ser mediador entre Dios y los hombres. El es el profeta, sacerdote y rey de la Iglesia de Dios. Su oficio de mediador no puede ser transferido a ningún Otro,

El triple oficio de Cristo es necesario para nosotros. Por nuestra ignorancia estamos en necesidad de su oficio profético; (44) por nuestra separación de Dios y la imperfección de nuestros servicios, aun cuando sean lo mejor, necesitamos su oficio sacerdotal para reconciliarnos con Dios y hacernos aceptables a él; (45) y debido a que nosotros hemos dado la espalda a Dios y estamos completamente incapacitados para volver a él y también porque necesitamos ser rescatados y asegurados de nuestros adversarios espirituales, necesitamos su oficio como rey para convencer, controlar, atraer, sostener, librar y preservarnos hasta que finalmente entremos en su reino celestial. (46)

 

Segun explica el teólogo reformado Berkhof, respecto de la mediación de Cristo: 

Cristo se presenta en la Escritura como el Mediador del pacto. La palabra griega mesites no se encuentra en el griego clásico, sino que ocurre en Philo y en los autores griegos
posteriores. En la Septuaginta no se encuentra sino una sola vez, Job 9: 33. La palabra inglesa “Mediator”, tanto como la holandesa “Middelaar” y la alemana “Mittler”, pueden conducirnos a pensar que mesites designa simplemente uno que arbitra entre dos partidos, y un intermediario en el sentido general de la palabra. Sin embargo, debe recordarse que la idea bíblica es mucho más profunda.

Cristo es Mediador en más de un sentido:

Interviene entre Dios y el hombre, no únicamente para abogar por la paz y para persuadir de ello, sino armado con poder plenipotenciario, para hacer todo lo que sea necesario en el establecimiento de la paz.

El uso de la palabra mesites en el Nuevo Testamento justifica que hablemos de un doble carácter medianero de Cristo, es decir, el de Fiador y el de Introductor (en griego prosagoge, Rom. 5: 2).

En la mayor parte de los pasajes en los que se encuentra la palabra en el Nuevo Testamento, equivale a egguos, y por lo mismo señala a Cristo como aquel que por haberse cargado con la culpa de los pecadores, dio fin a la relación penal que ellos tenían con la ley y los restauró a una correcta relación legal con Dios. Este es el significado de la palabra en Heb. 8: 6; 9: 15; y 12: 24. En Heb. 7: 22 el mismo término egguos se aplica a Cristo.

Sin embargo, no hay un solo pasaje en el que la palabra mesites tenga un significado que corresponda mejor con el sentido ordinario de la palabra “mediador”, uno a quien se llama para arbitrar entre dos bandos y reconciliarlos, que I Tim. 2: 5. Aquí Cristo se presenta como Mediador en el sentido de que, sobre la base de su sacrificio, trae a un acuerdo a Dios y al hombre.

La obra de Cristo, según se indica mediante la palabra mesites, es doble. Cristo obra en cosas que corresponden a Dios y en cosas que pertenecen al hombre, en la esfera legal objetiva, y en la esfera moral subjetiva.

En la primera hace:

  • la propiciación por el desagrado justo de Dios expiando la culpa del pecado;
  • hace intercesión por aquellos que el Padre le dio,
  • convierte en verdaderamente aceptables las personas y los servicios de ellos a Dios.

En el segundo:

  • el Mediador revela a los hombres la verdad respecto a Dios y a la relación de ellos con Dios, con las condiciones necesarias para un servicio aceptable,
  • los persuade y los capacita para que reciban la verdad,
  • los dirige y los sostiene en todas las circunstancias de la vida, en tal forma que perfecciona su libertad.
  • Al hacer este trabajo emplea el ministerio de hombres, II Cor. 5: 20.

Conclusión:

La Biblia es muy clara cuando dice que CRISTO es el único mediador entre Dios y los hombres (I Tim. 2:5). Bajo este nuevo pacto entre Dios y los hombres, no hay otro mediador.En el Nuevo Testamento, encontramos que el vocablo griego mesites es utilizado dos veces en relación con Moisés como el mediador de la ley (Gálatas 3:19, 20) y cuatro veces refiriéndose a Jesús (1 Timoteo 2:5; Hebreos 8:6; 9:15; 12:24).

Como bien dije al principio, no lo son ni María la madre del Señor, ni los miembros de la Sagrada Familia, ni los ángeles, ni los santos los que ejercen el rol de mediador -redentor de la humanidad. Tampoco son mediadores los que ya durmieron en el Señor y partieron de este mundo y aún esperan la resurrección, como es afirmado por el catolicismo romano. Los santos que están en vida, solamente podrán interceder ante el Señor, clamando fervientemente con sus oraciones, hasta el día en que duerman y puedan descansar de sus ministerios en este mundo. Luego, quedarán durmiendo a la espera de la resurrección y la corona de victoria que el Señor nuestro Dios dará a sus hijos. Es que estas personas,una vez que partan de este mundo, ya nada podrán hacer a favor de los seres humanos, hasta que resuciten. Solo el Señor Jesús, quien es el mediador entre los seres humanos y Dios, es quien “murió en la cruz en el monte Calvario para salvar al mas vil pecador”, como canta el himno evangélico (47). El vive por siempre (eternamente) porque Jesucristo, como segunda persona de la Trinidad es Dios eterno y vive para interceder por su Pueblo. La Biblia dice que respecto de Jesucristo: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.  “(Hebreos 7:25 RV 1960). Como explica L. Berkhof, la obra de Cristo es doble: Cristo obra en cosas que corresponden a Dios y en cosas que pertenecen al hombre, en la esfera legal objetiva, y en la esfera moral subjetiva. Por lo tanto,ningún ser humano puede ser el mediador que la humanidad necesita, absolutamente nadie, solamente Jesucristo, Dios hecho hombre. Agradezcamos por todo esto al Señor su infinito amor y agradezcamos también que El envió a su Hijo Jesús a morir en la cruz por nosotros.  Como Pablo le escribió a Timoteo:

Pues Dios nos salvó y nos llamó para vivir una vida santa. No lo hizo porque lo mereciéramos, sino porque ese era su plan desde antes del comienzo del tiempo, para mostrarnos su gracia por medio de Cristo Jesús;(2 Timoteo 1:9 NTV).

Dios lo bendiga mucho a usted, querido lector<>

Notas

(1) Is.42:1; 1 Pe. 1:19,20

(2) Hch. 3:22

(3) He. 5:5,6

(4) Sal 2:6

(5) Ef. 1:22,23

(6) Hc. 1:2

(7) Hch. 17:31

(8) Is. 53:10 Jn. 17:6; Ro. 8:30

(9) Jn. 1:14; Gá. 4:4

(10) Ro. 8:3; He. 2:14, 16, 17; He. 4:15

(11) Mt. 1:22,23; Lc. 1:27, 31, 35

(12) Ro. 9:5; 1 Ti.2:5

(13) Sal. 45:7; Hch. 10:38; Jn 3:34

(14) Col. 2:3

(15) Col 1:19

(16) He. 7:26

(17) Jn. 1:14

(18) He. 7:22

(19) He. 5:5

(20) Jn. 5:22,27; Mt. 28:18; Hch. 2:36

(21) Sal. 40:7,8; He. 10:5-10; Jn. 5:18

(22) Gá. 4:4; Mt. 3:15

(23) Gá 3:13; Is. 53:6; 1 P. 3:18

(24) 2 Co. 5:21

(25) Mt. 26:37,38; Lc 22:44; Mt. 27:46

(26) Hch. 13:37

(27) 1 Co. 15:3,4

(28) Jn. 20:25,27

(29) Mr.16:19; Hch. 1:9-11

(30) Ro 8:34; He. 9:24

(31) Hch. 10:42;Ro. 14:9,10;Hch. 1:11;2 P. 2:4

(32) He. 9:14; Re. 10:14; Ro. 3:25,26

(33) Jn. 17:2; He.9:15

(34) 1 Co. 10:4; He. 4:2; 1 P. 1:10,11

(35) Ap. 13:8

(36) He. 13:8

(37) Jn.3:13; Hch. 20:28

(38) Jn 6:37; Jn. 10:15,16; Jo. 17:9; Ro. 5:10

(39) Jn. 17:6; Ef. 1:9

(40) Ro. 8:9,14

(41) Sal. 110:1; 1 Co. 15:25,26

(42) Jn 3:8; Ef. 1:8

(44) Jn.1:18 – 1:21;

(45) Gá. 5:17

(46) Jn. 16:8; Sal. 110:3; Lc. 1:74,75

(47) https://www.youtube.com/watch?v=ld_h2_vyk2U

Bibiografia

  • L.Berkhof, Teologia Sistematica, p.336-337, ed. TELL
  • La Confesión de fe Bautista de 1689,  capítulo 8:CRISTO EL MEDIADOR
  • J.D. Douglas, Merrill C. Tenney. BIBLIOTECA MUNDO HISPANO DICCIONARIO DICCIONARIO BIBLICO A-M 
  • Sproul, R.C. (1996). Las grandes doctrinas de la Biblia. p.109-110.Editorial Unilit.
  • Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologica
  • Imagen: https://es.slideshare.net/alianzaevangelica/la-esencia-divina-de-jesucristo

La centralidad de la resurrección de Cristo Jesús


La centralidad de la resurrección de Cristo Jesús

(Sin la resurrección de Cristo, se desintegra el conjunto cristológico)

San Pablo, en su respuesta a los corintios que negaban la resurrección del cuerpo, hace una declaración muy radical:

Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado.  Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados. Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera solo para esta vida, seremos los más desdichados de todos los mortales (1Cor 15:14-19 NVI).

El evangelio nos proclama que Jesús murió y fue sepultado, pero resucitó y fue visto por muchos testigos oculares, de los que Pablo fue el último (1Cor 15:1-8). Si Cristo no resucitó, insiste Pablo, nuestra esperanza es ilusoria y nuestra predicación no vale para nada. Eso es el evangelio, y sin la resurrección de Cristo de los muertos, no hay evangelio.

Pero, además, sin la resurrección la historia de Cristo pierde su sentido y su coherencia. Veamos:

(1) La encarnación y la deidad de Cristo (Jn 1:1-3,14): La encarnación significa que Dios mismo nació y vivió como ser humano, sin dejar de ser Dios.  Como el “DiosHombre” Jesucristo murió en la Cruz, pero como afirma el sermón pentecostal de Pedro, Dios lo resucitó, “porque era imposible que la muerte lo retuviera bajo su dominio… No dejarás que mi vida termine en el sepulcro” (Hch 2:24,27). Si Jesús murió y no resucitó, no era el Dios encarnado y la muerte lo hubiera vencido. Si él es Dios, es de esperar que su cadáver no se descomponga en la tumba sino que salga como Vencedor de la muerte para siempre.

El prólogo del cuarto evangelio (Jn 1:1-18) es una aplastante refutación del idealismo anti-materialista del platonismo medio y del proto-gnosticismo. Para ellos el Logos y laSofía eran las emanaciones más inmediatas de Dios (Theós) pero como tales no podían tener nada que ver con la creación ni con la materia. La materia fue creada por el error de una emanación muy inferior, el mal-nacido Demiurgo, un semi-mini-cuasi-diosito. Fue un rechazo radical de todo lo material, incluso del cuerpo.

Juan comienza su prólogo empleando los mismos términos de los platónicos: “el Logos estaba con Dios y el Logos era Dios”. ¡Excelente!, dirían ellos; ¡este hombre es de los nuestros! Pero inmediatamente viene la puñalada: “Todas las cosas, sin excepción, fueron creados por el Logos” y no por el desgraciado Demiurgo. Y para colmo de escándalos, “El mismo Logos fue hecho carne (sarx)”. No podría haber una refutación más contundente del anti-materialismo ni una afirmación más positiva del valor esencial del cuerpo.

Esa afirmación radical del cuerpo físico se reafirma definitivamente en la resurrección de Cristo de entre los muertos. Negar la resurrección es suponer que podemos ser plenamente humanos sin el cuerpo.

Durante su vida Jesús resucitó a varios muertos, anticipando su propia victoria sobre la muerte, y anunció tres veces su propia resurrección. Si al fin no resucitara, sería mucha la contradicción y fatal su error.

(2) El cuerpo resucitado de Jesús: San Lucas narra que Jesús, en la tarde del mismo domingo de su resurrección, sale a caminar hacia Emaús. En el camino ve dos de sus seguidores y acelera sus pasos para alcanzarlos. Camina con ellos, conversa (con un simpático sentido de humor), les enseña y “parte el pan” con ellos (Luc 24:13-29). ¡El Resucitado sigue siendo plenamente humano!

En eso, según el relato, el Resucitado desaparece y ellos vuelven solos a Jerusalén, a pie como habían venido (24:31-35). Reunidos ellos con los apóstoles, Jesús “se puso en medio de ellos” (24:36). Como ellos creían que él era un espíritu, el Resucitado pidió comida y la comió ante los ojos de ellos (24:36-42). Para Lucas, el cuerpo resucitado es un cuerpo liberado del “reino de la necesidad” de que hablaba el joven Marx.

La resurrección de Jesús fue un acontecimiento único e irrepetible para nosotros, porque Jesús también era un ser humano único e incomparable (Barth, Moltmann, Cullmann). Pero la resurrección de Jesús anticipa, en el centro de la historia, la resurrección nuestra al final de la historia (1Cor 15:20; Jn 5:28-29). Igual que el primer fruto de la siembra, la resurrección de Jesús garantiza y a la vez anticipa y modela la resurrección final nuestra.

(2) Ascensión y Pentecostés: Por cuarenta días, según Hechos 1, el Resucitado convivía con sus discípulos, comía con ellos y les enseñaba. Después ascendió visiblemente ante los ojos de ellos hasta que una nube lo quitó de su vista. Sin la resurrección de Cristo con cuerpo visible, la ascensión, tan importante para la teología del reino, sería inexplicable.

Hoy día está de moda decir “yo creo en la resurrección, pero de otro modo”. Igual de como Romero prometió resucitar en el pueblo salvadoreño (eso, porque él creía en la resurrección de Jesús), les gusta decir que Jesús resucitó en la iglesia, o en la fe de los discípulos, etc. Obviamente nada de eso cuadra con los datos del N.T. ¡La fe de los discípulos o su “esperanza utópica” no ascendió al cielo después de cuarenta días!

Antes de ascender, Cristo prometió derramar sobre todos el Espíritu que él recibiría del Padre. Por eso, el Pentecostés era una confirmación de la Ascensión: “Exaltado por el poder de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, ha derramado esto que ustedes ven y oyen” (Hch 2:33). En la lógica del relato lucano, si no hay resurrección del cuerpo no hay ascensión, y sin ascensión no hay pentecostés.  (¡Lo sentimos, hermanos pentecostales!)

(3) La venida de Cristo (Apoc 1:7): La esperanza del regreso de Jesús, tan central al mensaje del Nuevo Testamento, es totalmente inconcebible sin su resurrección corpórea. Su retorno, igual que su resurrección, se describe como visible y tangible. Sería absurdo hablar de “la segunda venida de la fe de los discípulos”, de la esperanza o de la iglesia misma. Pero la iglesia primitiva, en todas sus variantes, esperaba gozosa el regreso de su Señor y Salvador.

El mes pasado (12 febr 2016) circuló ampliamente una declaración del papa Francisco sobre la urgencia de la unidad: “Ya una vez dije que si la unidad se hace en un estudio, estudiando teología y lo demás, quizás venga el Señor y todavía la estemos haciendo. La unidad se hace caminando: que, por lo menos, el Señor cuando venga nos encuentre andando”. Aunque una hipérbole y no una afirmación teológica, indica que el papa cree, junto con la inmensa mayoría de los cristianos de siempre, que Cristo volverá. Sería difícil que pronunciara esas palabras si no creyere que Cristo haya prometido volver.

(4) La resurrección final: Juan 5:28-29 enseña que en el “todavía no” del reino de Dios tanto los justos como los injustos saldrán de sus sepulcros para resurrección de vida y resurrección de condenación respectivamente. Según 1Tes 4:16 la resurrección de los fieles coincide con el retorno de Cristo, lo que Apoc 20:5 llama “la primera resurrección” seguida posteriormente por “la segunda muerte” (20:6). De esa manera la resurrección de Jesús garantiza y prefigura la resurrección nuestra.

La visión final del mensaje bíblico no es la de un vuelo del alma al cielo sino de personas (¡nosotros y nosotras!) con cuerpos transformados y liberados que viven sobre una tierra nueva, bajo cielos nuevos, en una comunidad nueva llamada “la Nueva Jerusalén” ¡Gloria al Dios que hace nuevas todas las cosas!

El centro vital de toda esta esperanza es la resurrección de Cristo. “Porque él vive, viviré mañana”, reza un himno favorito de muchos cristianos. Monseñor Romero, frente a su propia muerte, pudo declarar “resucitaré en el pueblo salvadoreño”, no como alternativa a la resurrección de Cristo sino porque él estaba convencido de que Cristo resucitó de entre los muertos.

Conclusión: La resurrección corpórea es la afirmación más elocuente del valor imperecedero del cuerpo físico. Recordemos que la esperanza no termina en el cielo sino en una nueva tierra para personas con cuerpos resucitados en una comunidad nueva. De hecho, todo el mensaje bíblico, desde el pacto con Abraham hasta la nueva tierra, es una especie de materialismo histórico.

Esta interpretación cristológica y realista no es literalismo. El literalismo consiste en priorizar a priori, con o sin evidencias exegéticas, las interpretaciones literales. En estos textos, las razones exegéticas favorecen la interpretación corpórea y realista.

Juan Stam B.

febrero de 2016

El Verbo de vida


El Verbo de vida

Autor: Christopher Shaw

Fecha: Mayo 24, 2009

Chistopher Shaw es el director del ministerio Desarrollo Cristiano, el cual publica la revista Apuntes Pastorales.

  • “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba con Dios en el principio. 3 Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. 5 Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.” (Juan 1:1-3)

Juan es el único autor del Nuevo Testamento que se refiere a Jesús como Verbo. Este detalle también nos anima a creer que el relato de Génesis 1 inspiró la introducción a este evangelio. El mundo, tal como lo conocemos hoy, comienza a existir a partir de la palabra hablada del Creador. Siete veces, en ese primer capítulo, se reitera la frase “dijo Dios”, seguida por la afirmación “y fue así”. No podemos dejar de percibir el extraordinario poder que contiene la palabra de Dios. Esta misma percepción es la que lleva a Juan a declarar: “todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3).

Es decir, todas las cosas que existen en el universo se originan en el Verbo, y fuera del Verbo nada existe.

Meditemos, por un instante en el significado de la palabra “verbo” o “logos”, según el griego. Es por medio de palabras que logramos situarnos en el plano de la vida para la cual fuimos creados.

Somos seres llamados a la comunión con nuestros semejantes y con el Creador. Las palabras nos ofrecen la oportunidad de darnos a conocer y de que otros nos conozcan, de manera que se rompa la alienación que impone el pecado. Las palabras son el puente por el cual conseguimos acortar la distancia que nos separa unos de otros.

¡Cuánto más poder existe, entonces, en la palabra que procede de la boca de Dios! No es como ninguna otra palabra pronunciada en el universo, pues ella procede de la fuente misma de la vida. Por eso, la vida y su palabra son una y la misma esencia. En cambio, las palabras que pronunciamos nosotros son palabras recibidas de otros. Sus palabras engendran vida porque él mismo “sostiene todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1.3).

Esta palabra, entonces, es indispensable, pues la vida misma está contenida en ella. Sin ella los hombres estamos condenados a transitar por este mundo sin destino alguno, llevados y seducidos por todas las palabras que no son más que una pobre imitación de esta palabra. Esta palabra reprende, corrige, limpia, purifica, y orienta, pues “es viva y eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos: penetra hasta la división el alama y espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4.12).

Nos resulta provechoso, entonces, adoptar como nuestra la afirmación de Simón Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tiene palabras de vida eterna” (Juan 6.68). Que Dios, en su bondad, nos conceda ir más allá de las palabras que contienen estas páginas para arribar a los pies de la Palabra. ¡En Él está la vida que tan desesperadamente anhelamos!
“Señor, crea en mí hambre y sed por la palabra que vivifica”.

– Lectura diaria del libro Dios en Sandalias, por Chritopher Shaw. Otro libro de Cris, Alza tus ojos, está disponible en el systema digital de Software Bíblico Logos.

Fuente: biblia.com

Tetelestai! ¡Consumado es!


Tetelestai! ¡Consumado es!

por Dr. RL Hymers, Jr.

Un sermón predicado la mañana del Día del Señor, 29 de octubre 2006 en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

  • “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es, y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu” (Juan 19:30).

Jesús cuelga de morir en la cruz. Ese mismo día le había ofrecido un vaso de vinagre mezclado con hiel y lo había rechazado. Pero ahora, momentos antes de su muerte, él grita: “Tengo sed.”, Dijo el Dr. John R. Rice,

Se predijo esta sed en Salmo 22:15, “Como un tiesto se secó mi vigor, Y mi lengua se pegó a mi paladar, Y me has puesto en el polvo de la muerte.” Su boca está seca. Su lengua se inflama y se pega a Sus mandíbulas. La sed es una cosa horrible. Pero aun en Su tormento y Su sed el Salvador piensa en la Escritura y está presto a cumplirla. Todos deben saber que Él está cargando los tormentos de los condenados, la paga del pecado por el mundo entero sobre Su propio cuerpo, y clama “¡Tengo sed!” Aún en Su muerte, Jesús complace al Padre, no a sí mismo, y la Escritura es cumplida. Claro que sabemos que el Salvador no esperaba recibir agua en la Cruz…Él sabía que le darían a beber vinagre y hiel para atormentarlo más, para quemar Su boca y partirle los labios…la sed del Señor Jesús en la cruz fue mi sed. Él sufrió lo que yo debería haber sufrido. Sus tormentos fueron justamente preparados para mí…Gocémonos en que la santa sed de Jesús nos compró el derecho de beber y no volver a tener sed jamás (traducción libre de John R. Rice, D.D., The Son of God: A Verse-by-Verse Commentary on the Gospel According to John, Sword of the Lord Publishers, 1976, paginas 377-378).

Y, a continuación,

  • “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es, y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”  (Juan 19:30).

La palabra griega que significa simplemente “espíritu” (Strong # 4151). Jesús entregó su espíritu y murió. Pero quiero que noten lo último que Cristo dijo:

  • “Todo se ha cumplido”.

Se necesitan tres palabras en inglés para traducir una palabra en el texto griego. Esa palabra es “tetelestai” – “Todo se ha cumplido”. Pero, ¿qué quiso decir Cristo? Creo que hay por lo menos cinco cosas que estaban “terminados” el momento en que Cristo “entregó” Su espíritu, y murió en la Cruz.

I. En primer lugar, todas las profecías del Antiguo Testamento acerca de su muerte habían terminado.

En el versículo 28a leemos:

  • “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo” (Juan 19:28).

Note la palabra “cumplido”. La palabra griega es el mismo. Se trata de “tetelestai.”, Dijo Spurgeon,

En el versículo 28, tenemos la palabra en el griego, se traduce en nuestra versión, “cumplida”, pero ahí está – “Después de todo esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo. “Y luego después dijo:” Consumado es. “Esto nos lleva a ver lo que quería decir con toda claridad, que toda la Escritura se cumplió ahora, que cuando El dijo:” Consumado es, “todo el libro , desde el primero hasta el último, tanto en la ley y los profetas, fue terminada en él … Y no una profecía, ya sea que lo había recibido en Babilonia, o en Samaria, o en Judea [se da], que no era ya plenamente [realizado y terminado] en Cristo Jesús (CH Spurgeon, “Consumado es,” El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano, Publicaciones Pilgrim, 1986 reimpresión, vol. VII, p. 586).

En este breve sermón, sólo puedo sacar algunas de las muchas profecías de las Escrituras del Antiguo Testamento que fueron cumplidas cuando Cristo dijo:

  • “Todo se ha cumplido”.

Por ejemplo, el “proto evangelio”, la primera mención del evangelio, cedido de nuevo al principio de la historia, se terminó. Dios le dijo a Satanás,

  • “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).

La Biblia Anotada de Scofield dice que esto es

“La primera promesa de un Redentor … La cadena de referencias que comienza aquí incluye las promesas y las profecías concernientes a Cristo que se cumplieron …” (The Scofield Study Bible, nota sobre Génesis 3:15). Esa profecía se cumplió primera cuando Cristo dijo:

  • “Todo se ha cumplido”.

O, de nuevo, tomar el Salmo 22, que predijo Sus palabras muy moribundos,

  • “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?” (Salmo 22:1).

Eso se terminó. O las palabras de ese mismo salmo que dice:

  • “Ellos horadaron mis manos y mis pies” (Salmo 22:16).

Eso también se terminó cuando Jesús murió en la cruz.

Otro ejemplo es el gran capítulo de Isaías 53, que dice en parte,

  • “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores … Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros como ovejas erramos, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros “(Isaías 53:4-6).

Eso, también, había terminado.

  • “Todo se ha cumplido”.

O tomar las propias palabras de Jesús, después que resucitó físicamente de entre los muertos, y dijo a los discípulos:

  • “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés y todos los profetas, les declaraba en todas las [Antiguo Testamento] Escrituras lo que de él decían “(Lucas 24:26-27).

Cristo les dijo que todas las cosas dichas por Moisés y todos los profetas “” se han cumplido y terminado en Él!

  • “Todo se ha cumplido”.

Spurgeon comentó:

Digo, pues, confiadamente, que si los grandes intelectos de la edad podría fijarse para resolver este problema, inventar otra clave de las profecías …, no podían hacerlo … hasta que uno se presenta y proclama: “La cruz de Cristo y el Hijo de Dios encarnado, “entonces todo está claro … Bendito Salvador! En ti se descubre todo lo realizado … que Dios había hablado antiguamente por los profetas, en ti descubrimos todo lo realizado [y cumplido], que Dios habló desde antiguo por los profetas, en ti descubrimos todo [cumplido], que Dios ha establecido [en las antiguas Escrituras]. ¡Gloria a tu nombre! “Todo se ha cumplido” – todo [en la profecía] se resume [y completar] en ti [Señor Jesús]! (CH Spurgeon, ibid., Pp 586-587).

  • “Todo se ha cumplido”.

II. En segundo lugar, todos los tipos y profecías típicas en el marco del Ley del Antiguo Testamento se cumplieron, abolió y explicado.

Ellos habían terminado en Cristo Jesús. Reloj Abraham venir y ver lo miran con asombro, mientras contempla a Dios revelar a Cristo en la persona de Isaac en el monte Moriah. Desde la época de Noé, Abraham, Isaac, y Jacob, ven sus altares y sacrificios sangrientos fumadores, y ver a todos cumplida cuando Jesús exclamó:

  • “Todo se ha cumplido”.

Ver Aarón y los sumos sacerdotes y los levitas, cada mañana y cada tarde ofrecen un cordero para el sacrificio y decir: “Señor, ¿cuándo será este fin sacrificio? ¿Cuándo va a acabar? ¿Será capaz de ser completa? “Y luego escuchar el grito de Cristo en la Cruz,

  • “Todo se ha cumplido”.

¡Consumado es! ¡Consumado es! Cada becerro y cada cordero sacrificado por el pueblo de Dios bajo el Antiguo Testamento se cumplieron en la muerte de Cristo, cuando Él clamó:

  • “Tetelestai! ¡Consumado es! “

III. En tercer lugar, toda obediencia a la ley de Dios se terminó en Cristo crucificado.

La perfecta obediencia de Cristo a la ley de Dios había terminado. Ahora bien, no era necesario que un hombre perfectamente que obedecer todas las leyes de Dios para ser salvos. No, no podía ser salvo por guardar perfectamente los mandamientos de Dios, porque la ley no estaba destinado a salvar a los hombres por la obediencia perfecta. Ese no era el propósito de la ley de Dios. La Biblia dice:

  • “La ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24).

Fue necesario que un hombre se salve, que la ley debe mantenerse perfectamente, porque ningún hombre en esta tierra nunca verá a Dios, a menos que sea perfecto en justicia. Pero Cristo obedeció perfectamente la ley de Dios en el lugar de aquellos que confían en él.

Nada tan completamente revela la perfecta obediencia de Cristo a la Ley como hace su entera sumisión a Dios por medio de Su muerte en la Cruz. Cristo perfeccionó la obediencia a la ley de Dios al ir a la cruz. Él pagó nuestra deuda de derecho, en nuestro lugar en la cruz. Cristo, por Su justicia perfecta, con la que cubre el creyente, y lo adorna con justicia imputada, compró nuestra justicia en la Cruz. Como un viejo himno lo puso,

Libres de la ley, la condición O feliz,  Jesús tiene sangrado, y no hay remisión,  Maldito por la ley y magullado por la caída  Cristo nos ha redimido de una vez por todas. (“Una vez por todas”, de Philip Bliss P., 1838-1876).

Cuando usted viene a Cristo, son limpiados del pecado, y revestidos de su justicia! Usted es libre de la “maldición de la ley”, por lo que Cristo hizo por ti en la cruz.

  • “Tetelestai! ¡Consumado es! “

IV. En cuarto lugar, todo el poder de Satanás y el pecado fue terminado para el pueblo de Dios en la Cruz.

Una vez más, cuando Jesús dijo: “Consumado es,” Cristo entró en una batalla ganadora sobre Satanás y el pecado. El pecado destruye Cristo, sino por esa destrucción, Cristo destruyó el pecado – y Satanás!

Cuando Cristo dijo: “Consumado es,” Él había vencido el pecado y Satanás – y Él también había destruido la muerte para aquellos que confían en él. Cuando Cristo dijo: “Consumado es”, dijo él a Satanás y sus huestes demoníacas, “Deja ir a mi pueblo! Ustedes los han mantenido en la esclavitud lo suficiente! ”

En la sinagoga de Nazaret, Jesús dijo:

  • “El Espíritu del Señor está sobre mí … a pregonar libertad a los cautivos … a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18).

Y eso es exactamente lo que Cristo va a hacer por usted – si vienes a Él y échate a sus pies, y creer en Él con todo tu corazón – que Cristo tiene poder total sobre Satanás y el pecado. Él los venció cuando Él murió en la Cruz!

  • “Tetelestai! ¡Consumado es! “

Por lo tanto, Charles Wesley podía cantar,

Él rompe el poder del pecado, Él libera al prisionero; Su sangre puede hacer más sucia de la limpieza; Su sangre aprovechó para mí. (“O que tuviera lenguas mil”, de Charles Wesley, 1707-1788).

  • “Tetelestai! ¡Consumado es! “

Ven a Cristo por la fe y Él os hará libres de la esclavitud de Satanás y del pecado! Todo lo que se necesitaba para que libere a usted se terminó en la cruz.

  • “Tetelestai! ¡Consumado es! “

V. Quinto, toda la justicia de Dios fue satisfecha en nombre de Su pueblo cuando Cristo murió en la Cruz.

Cuando Cristo exclamó: “Consumado es,” Él hizo la paz entre Dios y el hombre – para la justicia de Dios fue satisfecha por la muerte de Jesús en la Cruz.

  • “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre … para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3 :24-26).

La justicia divina de Dios fue satisfecha para el creyente cuando Jesús dijo:

  • “Todo se ha cumplido”.

Cuando usted confía en Jesús por fe la justicia y el juicio de Dios ya no cuelgue sobre ti. Usted ya no contaba culpable delante de Dios cuando confiamos en el Señor Jesucristo, porque Él dijo:

  • “Todo se ha cumplido”.

Todos posible castigo por su pecado se ha ido. Ha sido totalmente pagado por Cristo en la Cruz.

“Tetelestai! ¡Consumado es!”  “Tetelestai! ¡Consumado es! ” “Tetelestai! ¡Consumado es! “

Todo lo necesario para su salvación ya ha sido proporcionada por Cristo en la Cruz!

¿Qué te queda por hacer? Spurgeon dijo:

Pobre pecador, tú tienes a Cristo o [no]? “Ah,” dice alguien, “yo estoy dispuesto suficiente, pero yo no soy digno.” Él no quiere ningún mérito.

“Todo se ha cumplido”.

Todos le pregunta a Cristo es su voluntad [para Él dice] “El que quiera puede venir” (Apocalipsis 22:17). Si Él te ha dado la voluntad, es posible que [viene] y creen en Cristo … esta mañana. “¡Ah!”, Dices, “pero no me puedes decir?” Pero yo sí … [ya que está todo terminado, toda la obra de la salvación se completa]. (CH Spurgeon, ibid., P. 592).

“Consumado es.” Venga a vivir en Cristo. Él le da la bienvenida a venir, y espero que usted va a escuchar a Dios y venir a él y ser salvos ahora, esta misma mañana.

Pongámonos de pie y cantar la última canción en el cancionero. Ponte de pie y cantar con ganas. Levante la hoja de canciones y cantar en voz alta y fuerte.

Fuera de mi dolor servidumbre, y por la noche, Jesús, vengo, Jesús, vengo, En tu libertad, alegría y luz, Jesús, yo voy a ti … Fuera de mí mismo para vivir en tu amor, Fuera de la desesperación al éxtasis anteriores, Hacia arriba para siempre en las alas como una paloma, Jesús, yo voy a ti. (“Jesus, I Come” por William T. Sleeper, 1819-1904).

(FIN DEL SERMÓN)

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http://www.rlhymersjr.com/Online_Sermons_Spanish/2006/102906AM_ConsumadoEs.html