Jesús, Dios hecho hombre


Jesús, Dios hecho hombre

Autor: Paulo Arieu

dios

Existen personas en nuestro medio que razonan de una manera particular. Obvian la deidad de Jesucristo (ellos dicen que no ven la deidad del Señor Jesús en los textos biblicos), pero si reconocen y aman su humanidad. Yo comprendo que este tema es difícil de comprender en su totalidad,  “el misterio de la piedad” como lo llama el apostol Pablo en Primera de Timoteo cap.3 v.16. Pero que un tema sea dificil de comprender, no significa que debemos negarnos a estudiarlo e investigarlo mejor a la Luz de las Escrituras.

Qu es lo que nos dice la Biblia? La Biblia nos dice que:

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: HE AQUI, LA VIRGEN CONCEBIRA Y DARA A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRAN POR NOMBRE EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS. Y cuando despertó José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer…(Mateo 1:22-24)

Podemos leer que en 1 Tim: 3:16,el apostol Pablo nos dice que “indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
    Dios fue manifestado en carne,
    Justificado en el Espíritu,
    Visto de los ángeles,
    Predicado a los gentiles,
    Creído en el mundo,
    Recibido arriba en gloria.” (RV 1960)

Me queda claro a mi entonces que fue Dios mismo quien vino a este mundo, vestido de un cuerpo de carne, en una manifestación especial “como Hijo”, a redimir al hombre y a darle la posición que ahora tenemos y que por desconocimiento muchos no han podido disfrutar. Jesús tiene 2 naturalezas: una humana (100% hombre) y otra divina (100% Dios).  A esta conclusión se llegó después de un largo concilio que tuvo lugar desde el 8 de octubre hasta el 1 de noviembre de 451 en la ciudad de Calcedonia y “se ha tomado como la definición estándar y ortodoxa de la doctrina bíblica acerca de la persona de Cristo desde entonces por todas las ramas principales de la cristiandad.”[0]

Como el teólogo anglicano J.L. Packer (de nacionalidad británico) dijo:

“Aquí hay dos misterios por el precio de uno—la pluralidad de personas en la unidad de Dios, la unión de la Deidad y humanidad en la persona de Jesús. … Nada en ficción es tan fantástica como es la verdad de la Encarnación,” escribe el teólogo contemporáneo J.I. Packer.[1]

Hay que resaltar también la notable opinión del teologo reformado L. Berkhof, quien dice que

Resulta de la mayor importancia sostener esta doctrina tal como fue formulada
por el Concilio de Calcedonia y como está contenida en símbolos confesionales reformados [2]

También hay un video muy interesante y didáctico sobre como explicar la Trinidad sin caer en herejías ni desmayar en el intento!!! 

  • Puede verlo en facebook ACA

Dios lo bendiga. Espero sus comentarios y aportes.

Byeee!!!!

Notas

[0]  Wayne Grudem, Teología Sistemática (Editorial Vida, 2007,Miami,Florida), pág. 582.

[1] J.L. Packer, Knowing God (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, edición de 1993), pág. 53.

[2] Conf. Belg., Art. XIX; Heidelberg Cat., Preguntas 15.18; Canons of Dort II, Art. IV. citado en L. Berkhof. (2009). Teologia Sistemática. (p. 375).Libros Desafío , Michigan, EE.UU. 

La centralidad de la resurrección de Cristo Jesús


La centralidad de la resurrección de Cristo Jesús

(Sin la resurrección de Cristo, se desintegra el conjunto cristológico)

San Pablo, en su respuesta a los corintios que negaban la resurrección del cuerpo, hace una declaración muy radical:

Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado.  Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados. Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera solo para esta vida, seremos los más desdichados de todos los mortales (1Cor 15:14-19 NVI).

El evangelio nos proclama que Jesús murió y fue sepultado, pero resucitó y fue visto por muchos testigos oculares, de los que Pablo fue el último (1Cor 15:1-8). Si Cristo no resucitó, insiste Pablo, nuestra esperanza es ilusoria y nuestra predicación no vale para nada. Eso es el evangelio, y sin la resurrección de Cristo de los muertos, no hay evangelio.

Pero, además, sin la resurrección la historia de Cristo pierde su sentido y su coherencia. Veamos:

(1) La encarnación y la deidad de Cristo (Jn 1:1-3,14): La encarnación significa que Dios mismo nació y vivió como ser humano, sin dejar de ser Dios.  Como el “DiosHombre” Jesucristo murió en la Cruz, pero como afirma el sermón pentecostal de Pedro, Dios lo resucitó, “porque era imposible que la muerte lo retuviera bajo su dominio… No dejarás que mi vida termine en el sepulcro” (Hch 2:24,27). Si Jesús murió y no resucitó, no era el Dios encarnado y la muerte lo hubiera vencido. Si él es Dios, es de esperar que su cadáver no se descomponga en la tumba sino que salga como Vencedor de la muerte para siempre.

El prólogo del cuarto evangelio (Jn 1:1-18) es una aplastante refutación del idealismo anti-materialista del platonismo medio y del proto-gnosticismo. Para ellos el Logos y laSofía eran las emanaciones más inmediatas de Dios (Theós) pero como tales no podían tener nada que ver con la creación ni con la materia. La materia fue creada por el error de una emanación muy inferior, el mal-nacido Demiurgo, un semi-mini-cuasi-diosito. Fue un rechazo radical de todo lo material, incluso del cuerpo.

Juan comienza su prólogo empleando los mismos términos de los platónicos: “el Logos estaba con Dios y el Logos era Dios”. ¡Excelente!, dirían ellos; ¡este hombre es de los nuestros! Pero inmediatamente viene la puñalada: “Todas las cosas, sin excepción, fueron creados por el Logos” y no por el desgraciado Demiurgo. Y para colmo de escándalos, “El mismo Logos fue hecho carne (sarx)”. No podría haber una refutación más contundente del anti-materialismo ni una afirmación más positiva del valor esencial del cuerpo.

Esa afirmación radical del cuerpo físico se reafirma definitivamente en la resurrección de Cristo de entre los muertos. Negar la resurrección es suponer que podemos ser plenamente humanos sin el cuerpo.

Durante su vida Jesús resucitó a varios muertos, anticipando su propia victoria sobre la muerte, y anunció tres veces su propia resurrección. Si al fin no resucitara, sería mucha la contradicción y fatal su error.

(2) El cuerpo resucitado de Jesús: San Lucas narra que Jesús, en la tarde del mismo domingo de su resurrección, sale a caminar hacia Emaús. En el camino ve dos de sus seguidores y acelera sus pasos para alcanzarlos. Camina con ellos, conversa (con un simpático sentido de humor), les enseña y “parte el pan” con ellos (Luc 24:13-29). ¡El Resucitado sigue siendo plenamente humano!

En eso, según el relato, el Resucitado desaparece y ellos vuelven solos a Jerusalén, a pie como habían venido (24:31-35). Reunidos ellos con los apóstoles, Jesús “se puso en medio de ellos” (24:36). Como ellos creían que él era un espíritu, el Resucitado pidió comida y la comió ante los ojos de ellos (24:36-42). Para Lucas, el cuerpo resucitado es un cuerpo liberado del “reino de la necesidad” de que hablaba el joven Marx.

La resurrección de Jesús fue un acontecimiento único e irrepetible para nosotros, porque Jesús también era un ser humano único e incomparable (Barth, Moltmann, Cullmann). Pero la resurrección de Jesús anticipa, en el centro de la historia, la resurrección nuestra al final de la historia (1Cor 15:20; Jn 5:28-29). Igual que el primer fruto de la siembra, la resurrección de Jesús garantiza y a la vez anticipa y modela la resurrección final nuestra.

(2) Ascensión y Pentecostés: Por cuarenta días, según Hechos 1, el Resucitado convivía con sus discípulos, comía con ellos y les enseñaba. Después ascendió visiblemente ante los ojos de ellos hasta que una nube lo quitó de su vista. Sin la resurrección de Cristo con cuerpo visible, la ascensión, tan importante para la teología del reino, sería inexplicable.

Hoy día está de moda decir “yo creo en la resurrección, pero de otro modo”. Igual de como Romero prometió resucitar en el pueblo salvadoreño (eso, porque él creía en la resurrección de Jesús), les gusta decir que Jesús resucitó en la iglesia, o en la fe de los discípulos, etc. Obviamente nada de eso cuadra con los datos del N.T. ¡La fe de los discípulos o su “esperanza utópica” no ascendió al cielo después de cuarenta días!

Antes de ascender, Cristo prometió derramar sobre todos el Espíritu que él recibiría del Padre. Por eso, el Pentecostés era una confirmación de la Ascensión: “Exaltado por el poder de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, ha derramado esto que ustedes ven y oyen” (Hch 2:33). En la lógica del relato lucano, si no hay resurrección del cuerpo no hay ascensión, y sin ascensión no hay pentecostés.  (¡Lo sentimos, hermanos pentecostales!)

(3) La venida de Cristo (Apoc 1:7): La esperanza del regreso de Jesús, tan central al mensaje del Nuevo Testamento, es totalmente inconcebible sin su resurrección corpórea. Su retorno, igual que su resurrección, se describe como visible y tangible. Sería absurdo hablar de “la segunda venida de la fe de los discípulos”, de la esperanza o de la iglesia misma. Pero la iglesia primitiva, en todas sus variantes, esperaba gozosa el regreso de su Señor y Salvador.

El mes pasado (12 febr 2016) circuló ampliamente una declaración del papa Francisco sobre la urgencia de la unidad: “Ya una vez dije que si la unidad se hace en un estudio, estudiando teología y lo demás, quizás venga el Señor y todavía la estemos haciendo. La unidad se hace caminando: que, por lo menos, el Señor cuando venga nos encuentre andando”. Aunque una hipérbole y no una afirmación teológica, indica que el papa cree, junto con la inmensa mayoría de los cristianos de siempre, que Cristo volverá. Sería difícil que pronunciara esas palabras si no creyere que Cristo haya prometido volver.

(4) La resurrección final: Juan 5:28-29 enseña que en el “todavía no” del reino de Dios tanto los justos como los injustos saldrán de sus sepulcros para resurrección de vida y resurrección de condenación respectivamente. Según 1Tes 4:16 la resurrección de los fieles coincide con el retorno de Cristo, lo que Apoc 20:5 llama “la primera resurrección” seguida posteriormente por “la segunda muerte” (20:6). De esa manera la resurrección de Jesús garantiza y prefigura la resurrección nuestra.

La visión final del mensaje bíblico no es la de un vuelo del alma al cielo sino de personas (¡nosotros y nosotras!) con cuerpos transformados y liberados que viven sobre una tierra nueva, bajo cielos nuevos, en una comunidad nueva llamada “la Nueva Jerusalén” ¡Gloria al Dios que hace nuevas todas las cosas!

El centro vital de toda esta esperanza es la resurrección de Cristo. “Porque él vive, viviré mañana”, reza un himno favorito de muchos cristianos. Monseñor Romero, frente a su propia muerte, pudo declarar “resucitaré en el pueblo salvadoreño”, no como alternativa a la resurrección de Cristo sino porque él estaba convencido de que Cristo resucitó de entre los muertos.

Conclusión: La resurrección corpórea es la afirmación más elocuente del valor imperecedero del cuerpo físico. Recordemos que la esperanza no termina en el cielo sino en una nueva tierra para personas con cuerpos resucitados en una comunidad nueva. De hecho, todo el mensaje bíblico, desde el pacto con Abraham hasta la nueva tierra, es una especie de materialismo histórico.

Esta interpretación cristológica y realista no es literalismo. El literalismo consiste en priorizar a priori, con o sin evidencias exegéticas, las interpretaciones literales. En estos textos, las razones exegéticas favorecen la interpretación corpórea y realista.

Juan Stam B.

febrero de 2016

El carácter ineludible de Jesús de Nazaret


El carácter ineludible de Jesús de Nazaret

La persona de Jesucristo ha sido objeto de diversos análisis y motivo de miles de libros, dentro y fuera de la fe cristiana. Hay ciertos aspectos que han hecho que Su vida y palabras afecten aun hoy a cada ser humano. ¿Pero qué pudo tener de especial un carpintero judío hace dos mil años para ser “ineludible” para la humanidad?

Una escena de la película “Hijo de Dios” (2014), de Mark Burnett y Roma Downey.

Jesús, ¿otra versión de muchos mitos? 

Vale decir que la persona de Jesús siempre ha sufrido ataques desde diversos frentes. Uno de los ataques más interesantes tiene que ver con el de algunos ateos, principalmente, que sugieren que la historia de Jesús relatada en el Nuevo Testamento no es más que una copia y adaptación de los mitos de otras divinidades paganas. Entonces, con este planteamiento como base, los proponentes de esta idea señalan supuestas coincidencias entre el Jesús de los evangelios y algunas divinidades antiguas como Horus, Dionisio, Mitra y Krishná. Las principales similitudes alegadas por estos críticos son que todas aquellas divinidades:

  • Nacieron un 25 de diciembre.
  • Nacieron de una virgen.
  • Eran “niños maestros” a la edad de 12 años.
  • Caminaron sobre el agua y realizaron muchos milagros.
  • Tuvieron 12 discípulos.
  • Fueron traicionados por un amigo.
  • Murieron crucificados y resucitaron al tercer día.

¿Qué de cierto se ha hallado en estos cargos tan serios contra la integridad del Cristianismo? Ninguna, absolutamente. Desde el siglo XIX, cuando ciertos racionalistas presentaron por primera vez estas “coincidencias”, hasta ahora, ninguna prueba se ha podido presentar. Muy por el contrario, la documentación existente referente a las divinidades mencionadas —escasísima en comparación con las fuentes que comprueban la historicidad de Jesús y la veracidad de los evangelios— ofrecen una información completamente diferente en cada aspecto (Ver fuentes al final del artículo).

El apóstol Pedro escribió: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad” (2 P 1.16). No es lógico pensar que los discípulos de Jesús conspiraron para crear una mentira monstruosa para engañar al mundo y luego la defendieron a costa de sus propias vidas. ¿Moriría usted por algo que sabe que es mentira? Los discípulos tampoco, y sin embargo la mayoría de ellos murió como mártir.

Jesús es sencillamente incomparable. Todos los intentos por hacerlo quedar como “uno más entre muchos” han acabado, uno tras otro, en fracaso. Jesús fue único por muchas razones, pero nos gustaría señalar dos principalmente.

Único por las profecías que cumplió 
El Cristianismo no necesita de ninguna influencia externa como la mitología para obtener su contenido. Toda la enseñanza del Nuevo Testamento, incluyendo la vida y el mensaje de Jesús, tiene sus raíces en el Antiguo Testamento, donde se destacan especialmente las promesas concernientes a un Mesías venidero. Muchas profecías que encontramos en el Antiguo Testamento se refieren a la venida de Jesucristo como Salvador:

  1. El lugar de Su nacimiento: Belén (Mi 5.2; Mt 2.5-6; Lc 2.4).
  2. El tiempo de Su nacimiento: basado en las 70 semanas de años dados a Daniel (Dn 9.25; Lc 2.25-32).
  3. La forma de Su nacimiento: nacido de una virgen (Is 7.14; Lc 1.34).
  4. El precio de Su traición: treinta piezas de plata (Zac 11.12; Mt 26.15; 27.9-10).
  5. La forma de Su muerte: la crucifixión (Sal 22.16, 18; Mt 27.35; Lc 23.34; Jn 19.24; 20.25).
  6. La condición de Su cuerpo: ningún hueso roto (Sal 34.20; Juan 19.31-33) pero el costado traspasado (Zac 12.10; Jn 19.34, 37).
  7. La deslealtad de Sus discípulos: abandonado por sus seguidores (Zac 13:7; Mt 26.31).
  8. El lugar de Su sepultura: puesto en la tumba de un hombre rico (Is 53.9; Mt 27.57-30).

La probabilidad de que cualquier persona pudiera cumplir las ocho profecías es de 1 probabilidad en 100,000,000,000,000,000 ó 1 en 100 mil billones. Hay que considerar que Jesús no tenía control sobre el cumplimiento de estas profecías. Por ejemplo, no podía elegir dónde nacer, cómo morir, o dónde ser enterrado. Se ha registrado más de 330 predicciones distintas que Jesús cumplió. La probabilidad de que una sola persona cumpliera apenas 48 profecías es de 1 en 10157. Este número es tan grande —1 seguido de 157 ceros— que es inimaginable.

Único por todo lo que afirmó 
Jesús dijo cosas que nadie más pudo decir. Ni los “grandes maestros” de la historia, entre los que tantas veces se ha tratado de incluir a la fuerza a Jesús, se atrevieron a hacer afirmaciones como las que Él hizo sobre Sí mismo, sobre la humanidad, sobre Dios, sobre la vida y sobre la muerte. Por ejemplo:

  • Dijo que Dios era Su Padre (Jn 5.18).
  • Se atribuyó el poder de perdonar los pecados (Mt 9.6).
  • Dijo que el que no cree en él está bajo la ira de Dios (Jn 3.36).
  • Declaró que juzgaría a todas las naciones (Mt 25.31-33).
  • Retó a que alguien le acusara de algún pecado (Jn 8.46).
  • Reclamó ser honrado al igual que Dios (Jn 5.23).

Afirmaciones como estas solo pueden ser calificadas o como muy atrevidas, como mínimo, o muy sublimes. Son afirmaciones absolutas, incondicionales, radicales. ¿Cuáles son nuestras alternativas frente a estas declaraciones?

Tomemos solo la primera de la lista, para darnos cuenta de la gravedad del asunto. Jesús afirma ser el Hijo de Dios. ¿Qué opciones tenemos frente a esto? Muchos simpatizantes de Jesús han tratado de minimizar Sus palabras para poder quedarse “cómodos” con Él sin tener que rendirle sus vidas. Otros, opositores, han rechazado rotundamente las pretensiones de Jesús y se han negado a considerarlas siquiera como válidas. Pero otros han concluido que la honestidad nos obliga a evaluar las verdaderas posibilidades de lo que Jesús declaró sobre Sí mismo.

En su “trilema” sobre la afirmación de Jesús de ser el Hijo de Dios, C. S. Lewis señalaba que tras una franca valoración de las cosas solo nos quedan tres posibilidades:

  1. Era mentira y Jesús lo sabía —entonces era un farsante despreciable.
  2. Era mentira pero Jesús no lo sabía —entonces era un demente digno de lástima.
  3. Era verdad —entonces Jesús es realmente el Hijo de Dios.

Las palabras y acciones de Jesús no reflejan la conducta de un charlatán o la de una persona mentalmente desequilibrada. Una acusación como esa no resiste el abundante testimonio de Sus milagros o la brillantez de Sus enseñanzas. Solo la tercera opción es lógicamente admisible.

Se nos exige una respuesta.

Podemos aplicar este mismo método a las demás afirmaciones de Jesús. Lo que no podemos es evadir la respuesta personal que ellas exigen de nosotros. Si las declaraciones de Jesús son verdad, entonces toda Su vida, muerte, resurrección y coronación en el cielo tienen una relevancia vital para cada uno de nosotros. El hecho de que Su venida tenía algo que ver con nuestras vidas es una verdad inescapable.

Aquel carpintero judío, que nació en un humilde pueblecito hace dos mil años, dijo ser el Hijo de Dios, que puede perdonar nuestros pecados, que merece ser honrado como Dios, y que un día juzgará al mundo. Todo esto exige una respuesta de nuestra parte. ¿Cuál será la suya?

Fuentes:

  • VerdadyFe.com. “¿Es Jesús una imitación de otros dioses de la mitología pagana?” En línea: bit.ly/1aKQgn6
  • Gary DeMar. “A beginner’s guide to Bible prophecy”. En Biblical worldview (Oct-Nov 2007).
  • Kurt De Haan. ¿Por qué es lógico creer en Cristo? RBC Ministries.

El carácter ineludible de Jesús de Nazaret

http://www.revistalafuente.com/2015/12/el-caracter-ineludible-de-jesus-de.html

¿Qué es la inmaculada concepción?


¿Qué es la inmaculada concepción?

Mucha gente equivocadamente cree que la inmaculada concepción se refiere a la concepción de Jesucristo. La concepción de Jesús fue total y absolutamente inmaculada… pero este concepto no se refiere para nada a Jesús. La inmaculada concepción es una doctrina de la Iglesia Católica Romana respecto a María, la madre de Jesús. Una declaración oficial de esta doctrina dice.

“… la bendita Virgen María ha sido, desde el primer instante de su concepción, por una singular gracia y privilegio del Todopoderoso Dios, en vista de los méritos de Jesucristo el Salvador de la Humanidad, conservada libre de toda mancha del pecado original.”

Esencialmente la inmaculada concepción es la creencia de que María fue protegida del pecado original, que María no tuvo una naturaleza de pecado, y fue, de hecho, sin pecado.

El problema con esta doctrina de la inmaculada concepción es que no es enseñada en la Biblia. En ninguna parte de la Biblia se describe a María como más que una mujer ordinaria, a quien Dios eligió para ser la madre del Señor Jesucristo. María fue indudablemente una mujer piadosa (Lucas 1:28). María seguramente fue una maravillosa esposa y madre. Jesús definitivamente amaba y apreciaba a Su madre (Juan 19:27) . La Biblia no nos da razón para creer que María era sin pecado. De hecho, la Biblia nos da todas las razones para creer que Jesucristo es la única Persona a que no estuvo “infectada” por el pecado y que jamás cometió pecado (Eclesiastés 7:20; Romanos 3:23; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:22; 1 Juan 3:5).

La doctrina de la inmaculada concepción se originó de la confusión sobre el cómo Cristo pudo haber nacido sin pecado si Él fue concebido dentro de una humana mujer pecadora. La idea era que Jesús habría heredado una naturaleza pecaminosa de María si ella era una pecadora. En contraste a la inmaculada concepción, la solución bíblica a este problema es entendiendo que Jesús Mismo fue milagrosamente protegido de ser contaminado por el pecado mientras Él estuvo dentro del vientre de María. Si Dios fue capaz de proteger a María del pecado, ¿no podría ser capaz de proteger a Jesús del pecado? Por lo que, la naturaleza sin pecado de María resulta ser ni necesaria, ni bíblica.

La iglesia Católica Romana argumenta que la inmaculada concepción es necesaria, porque sin ella, Jesús hubiera sido el objeto de Su propia gracia. La idea es como sigue – para que Jesús fuera milagrosamente preservado del pecado, que en sí mismo hubiera sido un acto de gracia, significaría esencialmente que Dios “se Auto-agració” La palabra gracia significa “un inmerecido favor”. La gracia es concederle a alguien algo que él o ella no merecen. El que Dios realizara el milagro de preservar a Jesús del pecado no es “gracia”- En ningún sentido era posible que Jesús fuera infectado por el pecado. Él era perfecto y una naturaleza humana sin pecado se unió a una divinidad sin pecado. Dios no puede ser infectado o afectado por el pecado, porque Él es perfectamente y totalmente santo. Esta misma verdad se aplica a Jesús. No fue necesaria la “gracia” para proteger a Jesús del pecado. Siendo Dios encarnado, Jesús era en Su esencia “inmune” al pecado.

Así que, la doctrina de la inmaculada concepción no es ni bíblica ni necesaria. Jesús fue milagrosamente concebido dentro de María, quien era una virgen en ese tiempo. Eso es el concepto bíblico del nacimiento virginal. La Biblia ni siquiera sugiere que hubo algo significativo acerca e la concepción de María. Si examinamos esto concepto lógicamente, la madre de María tuvo que haber sido concebida inmaculadamente también. ¿Cómo podía María ser concebida sin pecado, si su madre fue pecadora? Lo mismo se habría tenido que decir de la abuela de María, su bisabuela, su tatarabuela, etc, etc. Así que, en conclusión, la inmaculada concepción no es una enseñanza bíblica. La Biblia enseña la milagrosa concepción virginal de Jesucristo, no la inmaculada concepción de María.

———————

www.GotQuestions.org/Espanol

El Verbo


El Verbo

Las construcciones gramaticales constan de diferentes partes, tales como inicio, medio, final, sujeto, predicado, etc. A su vez también están conformadas  por diferentes palabras, tales como sustantivos, artículos definidos e indefinidos, adjetivos, verbos, etc.

Cada uno de ellos puede llegar o no a tener un significado por sí mismo. Los artículos denotan el género y número. Los sustantivos manifiestan de qué se habla. Los adjetivos muestran cómo es el objeto. Pero solamente el verbo puede expresar lo que está sucediendo, lo que se desea alcanzar o lo que se intenta explicar.

Si decimos simplemente “la casa grande”, no podemos definir totalmente la situación. Necesitamos agregarle el verbo para especificar: “la casa es grande”, “la casa grande está en venta”, “arreglamos la casa grande”, etc.

En Juan 1:1 leemos:

  • En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”

Más adelante La Biblia nos explica que fue lo que ocurrió con ese Verbo…

  • “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14)

Y también podemos aprender lo que El hace…

  • “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros  ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida, porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el  Padre, y se nos manifestó… Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:1-2,5-7)

Ese Verbo fue hecho carne (cuerpo) con un propósito muy específico:

  • “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado…” (Lucas 22:19)
  • “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10)
  • “…quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia;  y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24)

Recordemos: El libro de nuestra vida jamás tendrá oportunidad de llegar a ser un “best seller” si no incluimos en él al “Verbo hecho carne”

DIos le bendiga mucho

———————————–

TBS
www.daresperanza.com.ar

¿Cuántas fueron las apariciones de Jesús una vez resucitado?


22 abril 2015
¿Cuántas fueron las apariciones de Jesús una vez resucitado?

Litúrgicamente hablando, conmemoramos estos días del año los días que Jesús pasó en la tierra hasta que ascendió a los cielos, que celebraremos precisamente el día de la Ascensión, que este año caerá el 17 de mayo. Días en los que el ministerio de Jesús se expresó a través de una serie de apariciones a las personas que estimó oportuno hacerlo, por lo que el momento se antoja más que adecuado para preguntarse por las apariciones de Jesús resucitado que registran los textos canónicos.

Lo primero que ha de decirse al respecto es que la presencia de Jesús entre los suyos una vez resucitado duró cuarenta días, cosa que curiosamente, no conocemos por ninguno de los evangelios, sino por los Hechos de los Apóstoles, donde Lucas así lo expresa:

“A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles pruebas de que vivía, dejándose ver de ellos durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios” (Hch. 1, 3).

En cuanto a las apariciones, las que recogen los textos canónicos son las siguientes.

Mateo recoge dos: la aparición a María Magdalena y “la otra María” (28, 9-10), y la aparición a “los once discípulos” en Galilea (Mt. 28, 16-20).

Marcos, en los episodios que podemos denominar “canónicos apócrifos”, es decir, que forman parte del conjunto canónico aunque no aparezcan en todos los manuscritos que han llegado a nuestros días como notablemente los importantísimo Vaticano y Sinaítico, los cuales constituyen el final de su Evangelio pero podrían ser debidos a pluma diferente de la de Marcos, recoge tres: una primera a María Magdalena (Mc. 16, 9), una segunda a dos discípulos “que iban camino a una aldea” (Mc. 16, 12), y una tercera a “los once discípulos” (Mc. 16, 14), aparentemente en Jerusalén.

Lucas recoge cuatro: una primera aparición a los discípulos que iban “a un pueblo llamado Emaús” (Lc. 24, 13-32; pinche aquí para conocer la aparición en todo su detalle); otra a Pedro (Lc. 24, 34); una tercera a los discípulos en Jerusalén terminada en Betania (Lc. 24, 36-50); y una cuarta no en su Evangelio sino en los Hechos de los Apóstoles en la que acontece la Ascensión, indudablemente fuera de Jerusalén (Hch. 1, 4- 11). Cabe sostener que esta última aparición es la misma que la que cita Lucas en su Evangelio en tercer lugar, y de hecho, la tradición registra que la Ascensión tuvo lugar en Betania.

Juan también recoge cuatro: una primera aparición a María Magdalena (Jn. 20, 11-18); una segunda a “los discípulos” menos a Tomás (Jn. 20, 19-23) en Jerusalén; una tercera “ocho días después” a los discípulos, Tomás incluído (20, 24-29), aparentemente también en Jerusalén; y una cuarta a orillas del lago Tiberíades a siete de sus discípulos “Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos” (Jn. 21, 1-23).

Pablo por último, cita cinco apariciones: una primera a Cefas, es decir, el apóstol Pedro (1Co. 15, 5); una segunda “a los Doce” (sic, se trata de los Once, pues Judas ya no se halla entre ellos, 1Co. 15, 5); una tercera a “más de quinientos hermanos a la vez” (1Co. 15, 6); una cuarta a Santiago (ha de entenderse que el Menor, 1Co. 15, 7) y una quinta a “todos los apóstoles” (1Co. 15, 7).

Material con el que puede realizarse la siguiente sistematización de las apariciones de Jesús:

1º.- Una primera aparición a María Magdalena (Mc. 16, 9 y Jn. 20, 11-18). En Mateo, en esta primera aparición a Magdalena acompaña “la otra María” (28, 9-10).

2º.- Una aparición que podría ser la primera en Lucas a los dos discípulos que iban “a un pueblo llamado Emaús” (Lc. 24, 13-32), la cual es aparentemente recogida también por Marcos (Mc. 16, 12), aunque para él es la segunda, después de la de Magdalena.

3º.- Una aparición a Pedro en solitario que podría ser la primera en Lucas (Lc. 24, 34) –ello depende ya lo vimos de la interpretación que demos al texto en el que Lucas relata las apariciones a los discípulos de Emaús y a Pedro- y que para Pablo es indudablemente la primera (1Co. 15, 5).

4º.- Una aparición a los Once en Jerusalén que recogen Marcos (Mc. 16, 14), Lucas (Lc. 24, 36-50) y Pablo (1Co. 15, 5).

5º.- Una aparición también en Jerusalén a los Once menos Tomás que recoge Juan (Jn. 20, 19-23). Podría ser la misma que la anterior, sólo que Marcos, Lucas y Pablo habrían omitido citar la ausencia de Tomás.

6º.- Una aparición ocho días después de resucitado a los Once, esta vez con Tomás incluído (20, 24-29), también en Jerusalén.

7º.- Una aparición a más de quinientos discípulos a la vez en lugar indeterminado que recoge Pablo (1Co. 15, 6).

8º.- Una aparición a Santiago, presumiblemente el Menor, en lugar indeterminado, que también recoge Pablo (1Co. 15, 7).

9º.- Una aparición a siete discípulos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos, en el lago Tiberíades, que recoge Juan (Jn. 21, 1-23).

10º.- Otra aparición a “los once discípulos” en Galilea que recoge Mateo (Mt. 28, 16-20).

11º.- Una última aparición a los Once, probablemente acompañados por María (como sostiene firmemente la tradición), que habría tenido lugar en Jerusalén o Betania, en la que Jesús se despide y asciende al cielo, la cual recogen Lucas dos veces (Lc. 24, 36-50 y Hch. 1, 4- 11), Marcos (Mc. 16, 14) y Pablo (1Co. 15, 7).

Dieciocho relatos pues en los textos canónicos que por mor de la repeticiones y reiteraciones –sólo a modo de ejemplo, la que citamos como la última y se culmina con la ascensión es recogida en cuatro ocasiones- quedan reducidos a once eventos reales, incluso diez si las que hemos citado en cuarto lugar y en quinto son, en realidad y como hemos dicho, la misma aparición.

Y bien amigos, esperando haber sido de ayuda para la sistematización de un tema tan complejo, deseo a Vds. como siempre que hagan mucho bien y que no reciban menos, invitándoles una vez más a acompañarme mañana una vez más en la columna.

©L.A.

http://www.religionenlibertad.com/cuantas-fueron-las-apariciones-de-jesus-una-vez-resucitado-41961.htm