CAPITALISMO Y RELIGIONES


CAPITALISMO Y RELIGIONES

Por Alberto Mansueti

Las masivas migraciones de católicos a Iglesias evangélicas en América latina, dan lugar a masivas cantidades de artículos, notas periodísticas, estudios académicos, etc., incluso en inglés, porque es tema favorito de profesores gringos.

Aquí tenemos el 40 % de los católicos del mundo, pero la migración arrecia, según los reportes del Pew Research Center. En 1970, unos 9 de cada 10 encuestados se declaraba “católico”; y hoy son 7. Casi el 20 % revista como “evangélico” o “protestante”, bautizados católicos más de la mitad.

Los obispos católicos escriben preocupados por “las sectas”; los jefes evangélicos celebran las “conversiones”; los eruditos en sociología religiosa se interrogan por “las causas”; y algunos liberales festejan también, porque aun agnósticos en su mayoría, recuerdan el librito de Max Weber: “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.

Una pregunta hacen todos: “¿Cuáles diferencias ven tantos millones de católicos en las Iglesias evangélicas, que les llevan a cambiar su religión”? Pero yo me hago la pregunta contraria: “¿Cuáles semejanzas ven”? Es obvio que hay diferencias, y por eso se cambian; pero no deben ser tantas ni tan grandes, porque de otro modo nadie se cambiaría tan fácil, tan rápido, y tan masivamente. Ven y oyen cosas que les suenan familiares, por eso se hallan cómodos en su nuevo hogar.

En las semejanzas está la clave: la gran mayoría salta de un catolicismo popular, muy folklórico y algo sincrético, a un pentecostalismo popular, también muy folklórico y algo sincrético. Con poco estudio bíblico serio, porque en este catolicismo no hay casi Biblia, y en este pentecostalismo lo que abunda es repetir versículos fuera de contexto, y cada quien interpreta como quiere. El tránsito de una a la otra vía de “religiosidad popular”, es facilitado por un trasfondo común, procedente de la cosmovisión “dualista”: la de este mundo y el “otro mundo”, el sobrenatural, de los espíritus, típica de los cultos chamánicos originarios de América, con sus liturgias de conexión y pasaje entre ambos mundos.

Catolicismo y pentecostalismo populares tienen mucho parecido, entre sí, y con la santería; por eso tanta gente va a Misa y al culto evangélico, sin dejar de hacerse leer, de vez en cuando, la borra del café. Lo normal en el pueblo llano es el politeísmo, y “propiciar” a todos los dioses, diosas y espíritus, conforme todas las clases de ceremonias rituales, para no disgustar a nadie del “otro mundo”. Eso no es católico ni protestante ni cristiano; es anti-cristiano. Lo cristiano es el Reino de Dios, gobernando “así en la tierra como en el cielo”.

(1) El cristianismo “católico” (universal) de los antiguos Concilios ecuménicos (mundiales) sufrió una quiebra en 1054, con el Cisma de Oriente: el cristianismo “occidental” se separó del oriental. Y en Occidente hubo otra quiebra, con la Reforma; y desde el Concilio de Trento, 1545-63, surgieron el cristianismo “reformado” y el catolicismo “romano”. Pero en Roma, desde el siglo XIX, predominan las doctrinas de los jesuitas, cuya orden fue suprimida en 1773, y rehabilitada en 1814. Tras diversas pugnas, en el Concilio Vaticano I, 1869-1870, se separaron los “Viejos Católicos”; y en el Vaticano II, 1962-65, tradicionalistas y conservadores se apartaron del “mainstream”.

En esta América el catolicismo oficial es más “jesuita” que “romano”. Por eso el énfasis en la Virgen, los santos, el Papa, y todo lo que sea “anti-protestante”; incluido el anti-capitalismo, ya que se ve el capitalismo, y con bastante razón, como un fruto de la Reforma. ¿Y qué hay del catolicismo popular, ese de las novenas, rosarios, medallas y estampitas “milagrosas”, el culto a los santos, al Papa de turno, y peregrinajes al Vaticano? Es la versión folklórica y sincrética de esa forma jesuita de catolicismo.

(2) El cristianismo protestante fue bien en su tarea hasta el siglo XIX; pero pese al “fundamentalismo”, no le hizo fuerte resistencia al “liberalismo teológico” (modernismo), al romanticismo, al evolucionismo, al socialismo, existencialismo, y a todos los “ismos” siguientes. Al margen de las Iglesias establecidas y sus seminarios académicos nació el “revivalism”, con el “Segundo Gran Despertar”, en Angloamérica, entre 1790 y 1820, y su “bautismo en el Espíritu Santo”, con vivo agitar de emociones y sentimientos. Y el “pentecostalismo”, con el “Avivamiento de la calle Azusa”, en Los Ángeles, 1906, y el popular predicador William Seymour, de la Iglesia Metodista Afro-americana. El pentecostalismo es anti-doctrinario y sincrético: toma creencias protestantes, y otras que supone del “cristianismo primitivo”, reales o imaginarias; y entre las reales, algunas heréticas, como las gnósticas, y las desviaciones judaizantes.

Y aquí el protestantismo oficial es más “modernista” que “evangélico”; hace tiempo se ha plegado a la “corrección política”, y a las Agendas feminista, ecologista, de izquierda, y pro-LGTB. ¿Y qué hay del pentecostalismo popular, el que “habla en lenguas”, el de las sanidades, prosperidades y “liberaciones” milagrosas, el diezmo, el culto al Pastor (o a la Pastora, al Apóstol o Profeta), y los peregrinajes a “la tierra de Israel”? Lo que ya vino sincrético de fábrica, se hizo más sincrético en esta versión popular de esa forma de cristianismo no católico. Por eso sus ambivalencias y contradicciones: unos pastores adhieren al anti-capitalismo inflexible de los jesuitas, y otros hacen voto de riqueza, cual cardenales renacentistas; unos rechazan la política y lo relacionado con ella, y otros se inscriben para candidatos, o fungen de “príncipes electores”, aunque no con agendas políticas sino eclesiásticas.

(3) La ética del capitalismo es “protestante”; pero no sólo protestante. Leyendo bien a Max Weber y autores weberianos, se sabe que es la ética “mosaica”; la Biblia hebrea, con sus Diez Mandamientos, de Israel en tiempos de los Jueces: trabajo honesto, disciplina, ahorro, gobierno limitado, comercio libre y empresa. Es todo. Pero es la misma de los cristianos “católicos” cuando las reformas previas a Lutero, las cluniacense y cisterciense, siglos X y XII respectivamente. Sus monasterios benedictinos fueron también empresas capitalistas racionales y exitosas; y como siempre pasa con el capitalismo, trajo mucho progreso y bienestar a mucha gente. Cuando en el siglo XV el monacato estaba muy degradado, se hizo la reforma protestante, con su vuelta a la ética mosaica o “judeo-cristiana”.

Pero no todo judaísmo siguió siempre “mosaico”: surgió el talmudismo en la Edad Media, con sus escuelas y tradiciones rabínicas; y en los siglos XIX y XX, el judaísmo también fue afectado por la catarata de “ismos”, hasta el sionismo, o sea judeo-socialismo. Al Islam le pasó también: en diversos países de todo el mundo, musulmanes fueran calmos y pacíficos agricultores, artesanos, profesionales, industriales y comerciantes, según esos mismos cánones morales; y después surgieron los rechazos violentos a la cultura, tecnología, ética, capitalismo y civilización occidentales, tanto entre los sunnitas como entre los chiítas. Y de ellos nacieron los terrorismos.

Capitalismo liberal, el bueno, tendremos si hay líderes cristianos, católicos y protestantes, con información idónea para dejar los “misticismos” irracionales, tan típicos de la invasiva cosmovisión dualista de todos los paganismos esotéricos, viejos y nuevos, como la “New Age”, con sus magias y conjuros; y volver a la cosmovisión cristiana bíblica e histórica o clásica, de modo consecuente, y sin sectarismos. De otro modo seguirán dominando las ideas comunistas, socialistas y mercantilistas, y los politiqueros acomodaticios. O quizá algo peor, (¡Dios no quiera!): islamismo; y del malo.

¡Saludo para los buenos!

UN TIRO EN LA NUCA


UN TIRO EN LA NUCA
Por Alberto Mansueti

En un fin de semana, Mohammed bin Salman, príncipe de 32 años, hizo del Hotel Ritz Carlton de Ryad la cárcel más lujosa del globo. Encerró allí a casi todos sus primos, tíos y jerarcas sauditas.

¿Qué fue? ¿Un golpe de palacio? Sí, exactamente. ¿Pero por qué? El pretexto alegado fue que son todos unos corruptos. ¿Lo son? Sí, porque bajo el estatismo, todos los grandes negocios dependen del Gobierno, el capitalismo es “de amigotes”, y la inmoralidad es inherente al sistema. No hay de otra.

Pero la verdad tras el asunto, que la prensa convencional esconde, es que los capos del Establishment se oponen a un Plan de Gobierno a mediano y largo plazo, liderado por bin Salman, que se titula “Visión Arabia Saudita 2030”, y que acabará con sus privilegios. Versión completa en inglés, en Internet.

Es un documento impresionante: (1) implica que Arabia Saudita pasa de ser un país “petrolero” en sentido convencional, a ser un país capitalista en sentido liberal, de economía libre y abierta al mundo. (2) la forma del proceso de transición se parece muchísimo a nuestras Cinco Reformas.

Lo primero es como un tiro en la nuca a la OPEP, a la OPAEP y a toda esa mafia que carteliza el negocio petrolero desde los ’60, para provocar una elevación artificial en los precios del crudo, y así financiar sus “Estados de Bienestar” insostenibles, en países como Arabia Saudita y Venezuela.

Claro, eso no lo dice explícitamente; pero hay que saber leer, lo que dicen las palabras y frases, y lo que no dicen. Y leer entre líneas lo que callan, parte esencial del “contexto”, auxiliar indispensable en la lectura, para la recta comprensión. Y en cuanto a lo segundo, vea:

(1) Comienza afirmando que “toda historia de éxito comienza con una visión, y esa visión se asienta sobre fuertes pilares”. Igual pensamos nosotros los liberales clásicos en nuestra América.

En el caso saudita, el primero de esos pilares son los principios y valores propios de su identidad cultural, y ese es un legado de su religión, que es el Islam. Pero si Ud. ha adoptado el falaz prejuicio de que islamismo es igual a terrorismo, no entenderá nada; así que mejor no lea la Visión 2030, ni siga leyendo este artículo. El punto es otro: ninguna religión puede imponerse a bombazos ni a fuerza de pistola; pero ningún proyecto de cambio puede ser exitoso si deja la religión de lado. Y quienes entendieron mejor esto, por desgracia, son quienes cambiaron nuestro mundo para mal.

(2) Se dibuja un Plan Político, muy completo, centrado en estos tres temas: “una sociedad vibrante”; “una economía próspera”; y “una nación ambiciosa”. El tema uno se parece mucho a nuestra Reforma No. 1; el dos, a nuestra Reforma No. 2; y el tres, a nuestras Reformas 3, 4 y 5.

¿Ha leído las 5 Reformas el Príncipe bin Salman? No; pero la coincidencia no es casual: el proceso de transición al capitalismo liberal es por la misma vía, igual en cualquier parte. Es el mismo “camino a la servidumbre” (vía al socialismo, Hayek: Road To Serfdom), pero recorrido en sentido inverso, no para esclavizar a las naciones, sino para liberarlas de sus cadenas. No hay de otra.

Sin desvíos ni atajos posibles, implica privatizar y desregular en política, economía, educación, atención médica y jubilaciones. Mediante una serie de reformas de fondo o estructurales, en esas áreas claves, todas muy interrelacionadas unas con otras, de tal modo que resultan inseparables. Hay que volverlo todo del revés. Igual en China, en Rwanda o en Arabia Saudita. En esencia es lo mismo, sin diferencias de fondo.

(3) “Una sociedad vibrante”, el primer objetivo, significa “fuerte”, o sea liberada del asfixiante paternalismo estatal. El Plan incluye una serie de programas operativos, para ir reduciendo el peso y la presencia del Estado, confinarle en su rol justo y propio, y que las entidades privadas vayan ganando terreno en funciones, poderes y recursos.

Pero “entidades privadas” no son solamente las empresas lucrativas; se incluyen todas las organizaciones sin fines de lucro, que en un contexto de afluencia y no de pobreza crónica, se vean empoderadas con dinero suficiente para cumplir funciones en educación, salud y asistencia social, en lugar del Estado, “ogro filantrópico” según título de Octavio Paz, 1978.

Y las empresas lucrativas no son solamente las grandes: en una economía libre hay espacio para el negocio pequeño, tipo familiar o no. Pero tampoco hay esa inquina anti-gran empresa, muy propia del socialismo. La gran empresa es fuente de empleo masivo, a gran escala: saca a la gente de la pobreza y lleva riqueza a los individuos y a las familias, tanto o más que las PYMEs; y hace a una economía más productiva, más eficiente, y más competitiva en los mercados globales.

(4) “Una economía próspera”, el segundo tema u objetivo, es una economía diversificada, que no depende sólo del ingreso petrolero, para su “justa redistribución”, según decían en los ’60 los “Padres de la OPEP”: el jeque Ahmed Zaki Yamani y el socialista venezolano J. P. Pérez Alfonzo.

Para que haya prosperidad, son las leyes las que deben poner los incentivos positivos y negativos en los puntos correctos. Visión 2030 no sólo es un tiro en la nuca al cartel petrolero, y al welfarismo que debía sostener; son sendas patadas en todos los redondos traseros de las malas ideas socialistas que han envenenado el mundo, y en especial el “Tercer Mundo”, desde la Revolución soviética de Octubre hasta hoy, hace 100 años exactos. Y la mayor ha sido la de que el Estado va a imponer castigos para toda forma de esfuerzo honesto, y a decretar o prometer jugosas recompensas para toda forma de holganza, de imprevisión, irresponsabilidad y parasitismo.

Otra pésima idea, derivada de la planificación central: el centralismo, que hace obesas a las capitales de los países estatistas, y raquíticas a sus ciudades y provincias del interior. En Arabia, ciudades hoy perdidas serán rehabilitadas, y habrá zonas especiales de capitalismo avanzado, estilo chino.

El Príncipe bin Salman no se anda con vueltas y juega rudo. Y es justo: la limpieza empieza por casa, y su propia familia debió entenderlo, todos Ministros y ex Ministros, y hasta jefes religiosos, hoy todos presos en una jaula de oro.

(5) ¿Qué significa el tercer objetivo: “una nación ambiciosa”? Para empezar, un país donde cada quien sepa y entienda desde chiquito, que la responsabilidad por su vida y familia es personal, no del Estado. De tal premisa se siguen otras, como la necesidad de “formar el carácter de los niños”, tarea que no es del Estado; y de allí la importancia de la familia y la religión.

Esta tercera parte del documento, como la anterior, insiste en la importancia de una sólida y muy competitiva industria privada en el rubro de “entretenimiento” de calidad, para producir películas, canciones, espectáculos, videojuegos etc. A buen entendedor, pocas palabras: es el contraataque saudita al marxismo cultural, y lanzado al más puro estilo capitalista y hasta “libertario”.

El Príncipe bin Salman y los líderes que le acompañan conocen perfectamente la podredumbre moral que aqueja a Occidente; y muy bien saben por dónde se ha introducido la infección: Hollywood.

Pero así como los marxistas de EE.UU., a diferencia de los soviéticos, supieron que una empresa privada es más eficaz, como vehículo de propaganda y adoctrinamiento, que una oficina estatal, estos jóvenes liberales clásicos islámicos también lo saben. Y en vez de querer instalar un ente burocrático que imponga su religión por decreto, van a desarrollar una industria fílmica y de “entertainment”, para hacerle a Hollywood una leal competencia, que nunca tuvo.

El golpe de palacio es porque en aquel país árabe no hay democracia representativa; por eso nosotros la defendemos, a diferencia de tanto “libertario” despistado. Si la hubiera entre los saudíes, la Visión 2030 sería el Programa de Gobierno presentado a los electores por el candidato bin Salman.

¿Se entendió? Si todavía no se entendió, seguiremos en otra ocasión, si Dios quiere, porque se me acabó el espacio. ¡Hasta pronto a los buenos! <>

Características del socialismo.


Características del socialismo.

Por: Hugo Balderrama Ferrufino.

Ningún militante de izquierda, es capaz de presentar argumentos a favor del socialismo. Simplemente: porqué no los hay. Lo que hacen, es presentar una lista de falacias contra el capitalismo.

Y como salta la vista, que solo el capitalismo es capaz de generar riqueza. La izquierda le achaca una serie de supuestos defectos morales. Entre ellos: concentración de riqueza en pocas manos; racismo; machismo y explotación femenina; contaminación ambiental y crisis económicas.

1.- Marx y Engels acusan al capitalismo de explotar al trabajador mediante una supuesta plusvalía. Un argumento incapaz de soportar un análisis económico serio, como lo demostraron los maestros de la escuela austriaca de economía. Y en la práctica, es la nomenklatura de los países socialistas, la principal explotadora de los trabajadores (los médicos y maestros cubanos son esclavos del regimen).

2.- La nueva arremetida de la izquierda, es el “indigenismo”. Pero la mayoría de la burguesía capitalista en Bolivia, son aimaras y quechuas de piel cobriza. De nuevo: la realidad destruye las falacias socialistas.

3.- Por siglos, los socialistas consideraron: que el capitalismo es un sistema machista y “falo céntrico”. Versión reactualizada con el nuevo “hembrismo” producto del marxismo cultural. Este es otra falacia, que no soporta el veredicto de la realidad. China, India y América Latina, pequeñas oportunidades de un capitalismo incompleto se abren en la “economía informal”, las mujeres son quienes más las aprovechan para salir de abajo. A diferencia de las feministas atrapadas en su crónica dependencia del insostenible “Estado de Bienestar”, que ahora colapsa, y se les cae a pedazos en Europa y EEUU.

4.- La asociación entre panteísmo y socialismo es muy vieja, pero ahora viene camuflada con el disfraz de “ecologismo”. Una pseudo ciencia, que aglutina viejos errores del pasado como: el maltusianismo y el ludismo. La izquierda olvida fácilmente: que los países socialistas son los más contaminados (en Bolivia desapareció el lago Poopo). Y que son los contratos de privados entre partes, la mejor garantía para preservar el medio ambiente. La simple razón, que cada uno cuida mejor lo suyo.

5.- Una economía libre no entra en crisis. Los ciclos económicos de auge y caída, son el resultado de la manipulación de la tasas de interés. Vieja receta marxista presente en los 10 puntos del manifiesto comunista, y que los países vienen aplicando desde un siglo atrás. Ese es el verdadero origen de la miseria, el hambre y el atraso.

Paradójicamente, todos los defectos que la izquierda pretende atribuirlos al capitalismo, son en realidad: características propias del socialismo. Amable lector: no existe sustituto para los mercados libres, la propiedad privada y el gobierno limitado.<>

Leonardo Boff: Pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido


Leonardo Boff: Pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido

ARGENTINA-

Por Maximiliano A. Heusser para ALC Noticias-

En el día de ayer, 10 de Agosto, se realizó en las instalaciones de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), la Conferencia del teólogo brasileño Leonardo Boff  titulada “Democracias Latinoamericanas y proyectos populares”, organizada por el Centro Tiempo Latinoamericano, de la misma ciudad.

El teólogo y ex sacerdote franciscano comenzó su exposición afirmando que los teólogos de la liberación están a favor de los pobres y en contra de la pobreza. Tienen un pie en el Evangelio y otro en el barro, en la realidad de la gente pobre. Esta característica diferencia a la teología de la liberación de otras teologías. La teología de la Liberación trabaja desde la realidad, utilizando las herramientas de la sociología, de la antropología y otras ciencias.

El Socialismo del siglo XXI, una lección para toda Latinoamérica


El Socialismo del siglo XXI, una lección para toda Latinoamérica
Es necesario identificar y rechazar tajantemente aquellas políticas que proponen un alto intervencionismo gubernamental y violan la propiedad privada

RAFAEL RUIZ VELASCO 18 MAYO, 2016

 

Venezuela Mercosur Summit
Una foto de tiempos mejores: Kirchner y Rousseff hoy están fuera del poder, Maduro está a punto de abandonarlo, y Morales no logró la reelección indefinida. Es el fin del Socialismo del Siglo XXI. (Ideas de Babel)
A comienzos de siglo, se gestó en América Latina un movimiento socioeconómico y cultural que terminaría por adueñarse por completo de los destinos políticos del sur del continente. El movimiento es mejor conocido como Socialismo del siglo XXI.

Disfrazado con banderas que a todos nos resultan atractivas en primera instancia, como el amor, la fraternidad, la igualdad e incluso la libertad; y representado por carismáticos personajes como “el Che”, este movimiento se posicionó rápidamente como una nueva tendencia y alternativa a nuestros problemas.

El socialismo del siglo XXI digiere mal las derrotas
La apuesta se concretó, y rápidamente se formaron poderosos bloques de aliados socialistas representados principalmente por los mandatarios de la región latinoamericana.

Los resultados en la actualidad

Hoy los resultados son claros: la apuesta por el Socialismo en América Latina está perdida.

En Argentina, la desaprobación hacia el final del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner fue altamente generalizada debido a una aguda crisis económica derivada de malos manejos en política monetaria, los excesivos controles económicos y un sinfín de escándalos por corrupción de funcionarios públicos, entre ellos la misma presidente y su familia.

Las recientes elecciones terminaron por dar un golpe fulminante al oficialismo argentino, con la victoria de la oposición representada en la figura del ahora presidente Mauricio Macri.

Ecuador, de la mano de Rafael Correa, parecía ser la gloria del Socialismo en Latinoamérica; un país en desarrollo y con crecimiento económico basado en ideologías socialistas. Sin embargo, este tipo de políticas suelen tener un efecto “espejismo” y este país no es la excepción. Cuando el crecimiento se hace a costa de endeudamiento y con altas tarifas tributarias estas terminan por desincentivar la única verdadera fuente de riqueza con la que los países cuestan: el emprendedurismo. Hoy Correa es blanco de duras críticas, entre muchas otras razones, por la torpeza política de aumentar impuestos en respuesta al terrible terremoto sucedido en abril del presente año.

Similar es el caso de Brasil con Lula da Silva y Dilma Rousseff. Este país fue el centro de atención mundial por su rápido crecimiento y esto lo llevó, entre otros reconocimientos, a ser sede de los dos encuentros deportivos más importantes del planeta: el Mundial de Futbol de la FIFA de 2014 y las Olimpiadas que están por comenzar en Rio de Janeiro. El mundial se realizó en medio de protestas ciudadanas que expresaban inconformidad hacia el excesivo gasto en construcción de estadios mientras se recortaban presupuestos de educación y se agudizaba la pobreza. Las Olimpiadas se llevarán a cabo con una Dilma Rousseff derrotada políticamente y retirada de su investidura de presidente para enfrentar un juicio político por cargos de corrupción.

Bachelet en Chile parece querer solucionar todo con “bonos” gubernamentales y programas sociales. Esto ha tenido como consecuencia una desaceleración económica considerable en el que por mucho tiempo fue el país ejemplo para América Latina en materia económica y que se está reflejando en la pérdida de credibilidad financiera y capacidad para atraer inversión extranjera.

José Mújica de Uruguay fue quizá el presidente más carismático de la historia. Es prácticamente imposible no simpatizar con su figura bonachona andando en un viejo Volkswagen y vistiendo sandalias. La legalización del consumo de la marihuana colocó a Uruguay como un país que abrazaba la libertad y abierto al desarrollo. Sin embargo algunas decisiones como la ley que permite la censura a medios de comunicación por parte del Gobierno y el constante discurso en el que privilegia la distribución de la riqueza sobre el respeto a la propiedad privada nos muestran la importancia de no dejarnos llevar por las apariencias ni palabras de nuestros gobernantes y revisar a fondo sus acciones y políticas.

Evo Morales sigue dando discursos de igualdad y amor por el indigenismo en Bolivia mientras demuestra su soberbia pidiendo a sus colaboradores que le aten los zapatos. Recientemente condenó la libertad de expresión a través de las redes sociales si es para hablar en contra de su persona y sus decisiones, argumentando daños al país.

La situación en Cuba no mejora y es por todos bien conocido las condiciones de pobreza en las que su población vive mientras que los Castro visten Adidas y Rolex. Defensores del socialismo argumentan amplios avances en temas de salud y alfabetización pero se les olvida que el precio nunca puede ni debe ser la libertad. Se niegan a admitir que un país en el que sus habitantes están dispuestos a jugarse la vida y dejar toda su historia atrás para embarcarse en una balsa y sin garantías de éxito no puede ser el paraíso del que tanto hablan.

Venezuela es quizá el caso más doloroso de todos; los índices de delincuencia altísimos, Nicolás Maduro declarando sinsentidos cada que se le presenta la oportunidad, presos políticos y la escasez provocando situaciones como largas colas para comprar bienes básicos o la venta de “untadas” de desodorante hacen que miles de venezolanos se vean forzados a llevar una vida muy lejana de la que ellos desearían.

La situación en México

En México, Peña Nieto no goza de la aprobación ciudadana, nuestro estado de derecho es endeble, la inseguridad y el crimen organizado siguen cobrando miles de vidas anualmente, la corrupción forma parte de nuestro ideario cultural y la pobreza es una realidad presente en cada esquina de nuestro país.

Ante estas situaciones el primer impulso de cualquiera es optar por un cambio, pero tenemos que ser conscientes de que no cualquier cambio. Las cosas no van bien pero podrían ir mucho peor si no lo trabajamos correctamente. En cada uno de los países antes mencionados tenemos lecciones que como mexicanos no debemos ignorar ni esperar a vivirlas en carne propia para reflexionar.

Es necesario identificar y rechazar tajantemente aquellas políticas que proponen un alto intervencionismo gubernamental en la economía, evitar los discursos disfrazados de justicia que generan fricción y rupturas al interior de la sociedad y señalar a los personajes carismáticos y populistas cuya falta de autenticidad e integridad ha sido puesta en evidencia en repetidas ocasiones.

No compremos soluciones mágicas ni discursos de “mesías políticos”. Nuestra apuesta para el progreso y desarrollo no puede ser otra que la libertad.

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http://es.panampost.com/rafael-ruiz-velasco/2016/05/18/el-socialismo-del-siglo-xxi-una-leccion-para-toda-latinoamerica/

¿Qué dice la Biblia acerca del capitalismo?


¿Qué dice la Biblia acerca del capitalismo?

El diccionario define el capitalismo como “un sistema económico, caracterizado por la propiedad privada o corporativa de bienes capitales, por inversiones que están determinadas por decisiones particulares, y por precios, producción, y la distribución de bienes que están determinados principalmente por la competencia en el mercado libre.” Aunque la Biblia no menciona el capitalismo por nombre, sí habla mucho sobre cuestiones económicas. Por ejemplo, secciones enteras del libro de Proverbios y muchas de las parábolas de Jesús, tratan sobre asuntos económicos. Como tal, aprendemos cuál debe ser nuestra actitud hacia la riqueza y cómo debe manejar un cristiano sus finanzas. La Biblia también nos muestra una descripción de nuestra naturaleza humana, que nos ayuda a evaluar el posible éxito o el fracaso de un sistema económico en una sociedad.

Por ser la economía un área donde se desarrolla mucha de nuestra vida diaria, debemos evaluarla desde una perspectiva bíblica. Cuando usamos la Biblia como nuestro marco de referencia, podemos comenzar a construir el modelo para un gobierno y una economía que libere el potencial humano y limite su pecaminosidad. En Génesis 1:28, Dios dice que debemos sojuzgar la tierra y tener dominio sobre ella. Un aspecto de esto es que los humanos podemos tener propiedades sobre las que podemos ejercer dominio. Puesto que tenemos tanto volición como derechos de la propiedad privada, podemos suponer que deberíamos tener la libertad para intercambiar estos derechos de propiedad privada dentro de un mercado libre, donde se pueden intercambiar bienes y servicios. Sin embargo, debido a los estragos del pecado, muchas partes del mundo se han convertido en lugares de decadencia y escasez. Y aunque Dios nos ha dado el dominio sobre su creación, debemos ser buenos administradores de los recursos que tenemos a nuestra disposición.

Históricamente, el sistema de la libre empresa, ha proporcionado mayor libertad y ganancias económicas más eficaces, que cualquier otro sistema económico jamás concebido. Aún así, los cristianos a menudo se preguntan si pueden apoyar el capitalismo. En esencia, el interés propio es recompensado en un sistema capitalista libre. Pero incluso, el Evangelio apela a nuestro interés propio, porque está en nuestro interés el aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador, para asegurar nuestro destino eterno. Desde una perspectiva cristiana, la base de la propiedad privada, se basa en nuestro ser creado a la imagen de Dios. Podemos tomar decisiones sobre la propiedad que podemos intercambiar en el sistema de mercado. Pero a veces, el deseo por la propiedad privada proviene de nuestra pecaminosidad. Proporcionalmente, nuestra naturaleza pecaminosa también produce pereza, abandono y negligencia. El hecho es que la justicia económica puede ser mejor lograda, si cada persona es responsable por su propia productividad.

Históricamente, el capitalismo ha tenido varias ventajas. Ha liberado el potencial económico. También ha proporcionado la base para una gran libertad política y económica. Cuando el gobierno no está controlando los mercados, hay libertad económica para participar en una serie de actividades empresariales. El capitalismo también ha conducido a una gran libertad política y económica, porque una vez que limitamos el papel del gobierno en la economía, también limitamos el alcance del gobierno en otras áreas. No es casualidad, que la mayoría de los países con la mayor libertad política, generalmente tienen una gran libertad económica. Sin embargo, los cristianos no pueden ni deben aprobar todos los aspectos del capitalismo. Por ejemplo, muchos defensores del capitalismo adoptan una postura conocida como utilitarismo, la cual es contraria a la noción de los absolutos bíblicos. Ciertamente, debemos rechazar esta filosofía. También hay ciertas cuestiones económicas y morales que deben ser abordadas. Aunque hay algunas críticas válidas sobre la economía capitalista, tales como los monopolios y los residuos contaminantes, estos pueden ser controlados mediante un control gubernamental limitado. Y cuando el capitalismo es sabiamente controlado, genera una significativa prosperidad y libertad económica para su gente.

Uno de los mayores argumentos morales contra el capitalismo, es la avaricia, que es la razón por la que muchos cristianos se sienten inseguros en cuanto al sistema de la libre empresa. Los críticos del capitalismo afirman que este sistema hace que la gente se vuelva codiciosa. Pero entonces debemos preguntarnos, si es el capitalismo lo que hace a la gente codiciosa, o si hay gente ya codiciosa que usa la libertad económica del sistema capitalista para lograr sus fines. A la luz de la descripción bíblica de la naturaleza humana (Jeremías 17:9), esto último parece ser la respuesta. Porque la gente es pecadora y egoísta, algunos van a usar el sistema capitalista para satisfacer su avaricia. Pero esa no es tanto una crítica al capitalismo, sino una realidad de la condición humana. La meta del capitalismo, no es cambiar a la gente mala, sino protegernos de ella. El capitalismo es un sistema en el cual la gente mala puede hacer el menor daño, y la gente buena tener la libertad para hacer buenas obras. El capitalismo funciona bien con individuos cabalmente morales. Pero también funciona inadecuadamente con gente codiciosa y egoísta. Es importante darnos cuenta de que hay una diferencia entre el interés propio y el egoísmo. Toda la gente tiene interés propio, el cual puede operar en formas que no son egoístas. Por ejemplo, es de nuestro interés personal el conseguir un trabajo y obtener un ingreso para poder sostener a nuestra familia. Podemos hacerlo de formas que no son egoístas. En contraste, otros sistemas económicos tales como el socialismo, ignoran las definiciones bíblicas de la naturaleza humana.

Como resultado, ellos permiten que el poder económico esté centralizado, y concentrado en manos de unos pocos codiciosos. Aquellos que se quejan de la influencia que tienen las grandes corporaciones en nuestras vidas, deben considerar la alternativa socialista, donde unos cuantos burócratas gubernamentales, controlan cada aspecto de nuestra vida.

Aunque la avaricia es a veces evidente en el sistema capitalista, debemos entender que no es por el sistema en sí, – es porque la avaricia es parte de nuestra naturaleza pecaminosa. La solución radica no en un cambio del sistema económico, sino en un cambio del corazón de los hombres a través del poder del Evangelio de Jesucristo.

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http://www.GotQuestions.org/Espanol

El mito de la “comida barata”


El mito de la “comida barata”

En países ricos las izquierdas hacen sus desastres con impunidad, dando a los ignorantes la ilusión de que “el socialismo funciona bien en Suecia…”

Alberto Mansueti

Por Alberto Mansueti

Febrero 2 de 2016

Desde hace 100 años, los Gobiernos de casi todo el mundo han estado aplicando las diez peores y más destructivas ideas políticas de todos los tiempos: los 10 puntos del Manifiesto Comunista de 1848.

El primer punto es la “Reforma Agraria”, un mito que destruyó la agricultura y condenó a millones de gentes a perecer en masivas hambrunas en países como Rusia y China, sin contar cientos de miles de agricultores y campesinos fusilados sin piedad por vender una gallina o robar un pan.

En América latina, Asia y África, “las reformas agrarias entre los años ’60 y ‘80 deben considerarse unos fracasos”. ¿Quién lo dice? Sus mismos ejecutores, en un informe de la FAO, en español y en su WebSite, titulado “Política de desarrollo agrícola”.

De modo raramente franco y directo, la parte 5.7 describe estas pésimas “Experiencias de reforma agraria”, con excelente y abundante documentación. Lo único bueno pasó en países donde los propios campesinos pudieron revender las tierras a sus antiguos y legítimos propietarios, y así el daño se pudo reparar. Y cosa más rara, este texto oficial de la FAO no hace lo que hacen todos los marxistas: echarles la culpa a otros, y decir que “la reforma agraria no se hizo de verdad, y por eso el tema sigue pendiente y la lucha continúa…”

Los 10 puntos aquellos son políticas corrientes y en curso desde hace ya demasiado tiempo, por eso ya casi en parte alguna existe el capitalismo. Por eso la inmensa mayoría es pobre; incluso millones sufre desnutrición crónica, según la misma FAO en su “Mapa del Hambre en el mundo”, incluido cada año en su reporte sobre “El estado de la inseguridad alimentaria”.

Pero el arsenal de malas ideas es inagotable, y asimismo la voluntad de los Gobiernos para insistir. A estos malvados no se les ocurre simplemente legitimar el capitalismo y dejar que la gente libremente siembre, cultive, coseche, venda y compre alimentos a voluntad. Para “resolver” problemas y calamidades causadas por las ideas marxistas, siempre tienen otras ideas y “soluciones” igualmente marxistas; así fue como al mito de la “reforma agraria” le siguió el de la “comida barata”.

Eso de "comida barata" es un mito

En los países ricos es por vías diferentes a como lo hacen en los países pobres.

(1) Los países ricos son ricos porque gozaron de unos cien años consecutivos de capitalismo más o menos liberal, desde 1815 hasta 1914 más o menos. ¿Qué hicieron y hacen con el campo sus Gobiernos bajo el socialismo posterior? Subsidian a los agricultores. En países ricos las izquierdas hacen sus desastres con impunidad, dando a los ignorantes la ilusión de que “el socialismo funciona bien en Suecia…” ¡No! Lo que hacen es obligar a los contribuyentes a subsidiar mediante sus impuestos a los agricultores.

(2) Y en los países pobres no son los contribuyentes sino los agricultores obligados a subsidiarnos a los consumidores. No con impuestos, sino con precios artificialmente bajos, deprimidos desde arriba, que son aplastados por leyes y decretos, para ajustarse de tal modo a nuestro muy limitado poder de compra. Aún así, la alimentación se lleva la mayor parte de los ingresos en las familias de la clase popular.

Así el estatismo entre nosotros ha hecho de la agricultura una actividad de baja rentabilidad, casi anti-económica, que subsiste con el sacrificio de los agricultores, criadores y ganaderos. Es el sacrificio del campo en aras de la ciudad. En tales condiciones ¿Quién va a invertir en el campo? ¿Quién va a sembrar?

Para que una empresa productiva sea “económica” debe tener suficiente “rentabilidad”, que es la relación entre los gastos e inversiones y los ingresos producidos, o márgenes de beneficios. La “ganancia” es la utilidad neta, descontados de los ingresos las sumas necesarias para que el negocio siga en marcha.

Con otras palabras, tal vez, lo sabe cualquier tendero; pero los marxistas como el Papa Francisco siguen empecinados en la falsa y mil veces refutada teoría de que “la explotación” es la base del capitalismo; ¡y a todos nos hacen pagar cruelmente las consecuencias de su empecinamiento!

Así las labores rurales se hacen poco atractivas. Los jóvenes del campo emigran a las ciudades. Por esa y otras razones análogas, nuestros países son pobres. Y subdesarrollados.

¿Cuál es la solución? Simple. Nuestras “Cinco Reformas” no van a poder eliminar los impuestos que los Gobiernos de Europa y EE.UU. decretan a los contribuyentes en sus países. Pero en cada uno de nuestros países, (1) a los agricultores les van a rebajar los impuestos, y en general los altos costos artificialmente inflados por el estatismo; y (2) a los consumidores les van a incrementar sus ingresos y en general su poder adquisitivo, para que todos podamos pagar precios reales, remuneratorios y atractivos para los productores del campo.

Milton Friedman dijo “¡No hay almuerzo gratis!” Y nosotros “¡No hay comida barata!” ¿Se entiende?

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http://www.periodismosinfronteras.org/el-mito-de-la-comida-barata.html

La sociedad del cansancio y del abatimiento social


La sociedad del cansancio y del abatimiento social

2016-01-16

Hay una discusión en todo el mundo sobre la “sociedad del cansancio”. Ha sido formulada principalmente por un coreano que enseña filosofía en Berlín, Byung-Chul Han, cuyo libro con el mismo título acaba de ser publicado en Brasil (Vozes 2015). El pensamiento no siempre es claro y, algunas veces, discutible, como cuando afirma que el “cansancio fundamental” está dotado de una capacidad especial para “inspirar y hacer surgir el espíritu” (cf. Byung-Chul Han, p. 73). Independientemente de las teorizaciones, vivimos en una sociedad del cansancio. En Brasil además de cansancio sufrimos un desánimo y un abatimiento atroces.
Consideremos, en primer lugar, la sociedad del cansancio. Ciertamente, la aceleración del proceso histórico y la multiplicación de sonidos, de mensajes, la exageración de estímulos y comunicaciones, especialmente por el marketing comercial, por los teléfonos móviles con todas sus aplicaciones, la superinformación que nos llega a través de los medios sociales, nos producen, dicen estos autores, enfermedades neuronales: causan depresión, dificultad de atención y síndrome de hiperactividad.

Efectivamente, llegamos al final del día estresados y desvitalizados. No dormimos bien, estamos agotados.

A esto hay que añadir el ritmo del productivismo neoliberal que se está imponiendo a los trabajadores en todo el mundo, especialmente el estilo norteamericano exige de todos el mayor rendimiento posible. Esto es la regla general también entre nosotros. Tal exigencia desequilibra emocionalmente a las personas, generando irritabilidad y ansiedad permanente. El número de suicidios asusta. Se resucitó, como ya mencioné en esta columna, el dicho de la revolución del 68 del siglo pasado, ahora radicalizado. Entonces se decía: “metro, trabajo, cama”. Ahora se dice: “metro, trabajo, tumba”. Es decir: enfermedades letales, pérdida del sentido de la vida y verdaderos infartos psíquicos.

Detengámonos en Brasil. Entre nosotros, en los últimos meses, crece un desaliento generalizado. La campaña electoral realizada con gran virulencia verbal, acusaciones, deformación y el hecho de que la victoria del PT no haya sido aceptada, suscitó ánimos de venganza por parte de las oposiciones. Banderas sagradas del PT fuero traicionadas en altísimo grado por la corrupción, generando una decepción profunda. Tal hecho nos hizo las buenas costumbres. El lenguaje se canibalizó. Salió del armario el prejuicio contra el nordestino y la descalificación de la población negra. Somos cordiales también en el sentido negativo dado por Sergio Buarque de Holanda: podemos actuar a partir del corazón lleno de rabia, de odio y de prejuicios. Tal situación se agravó con la amenaza de impeachment a la Presidenta Dilma, por razones discutibles.

Descubrimos el hecho, no la teoría, de que entre nosotros existe una verdadera lucha de clases. Los intereses de las clases acomodadas son antagónicos a los de las clases empobrecidas. Aquellas, históricamente hegemónicas, temen la inclusión de los pobres y la ascensión de otros sectores de la sociedad que han venido a ocupar el lugar antes reservado solo para ellas. Hay que reconocer que somos uno de los países más desiguales del mundo, es decir, donde campean más las injusticias sociales, la violencia banalizada y asesinatos sin cuenta que equivalen en número a la guerra de Irak. Y todavía tenemos centenares de trabajadores viviendo en condiciones equivalentes a la esclavitud.

Gran parte de esos malhechores se profesan cristianos: cristianos martirizando a otros cristianos, lo que hace del cristianismo no una fe sino solo una creencia cultural, una irrisión y una verdadera blasfemia.

¿Cómo salir de este infierno humano? Nuestra democracia es solo de voto, no representa al pueblo sino los intereses de los que financian las campañas, por eso es de fachada o, a lo sumo, de bajísima intensidad. De arriba no hay nada que esperar pues entre nosotros se ha consolidado un capitalismo salvaje y globalmente articulado, lo que aborta cualquier correlación de fuerzas entre clases.

Veo una salida posible a partir de otro lugar social, de aquellos que vienen de abajo, de la sociedad organizada y de los movimientos sociales que poseen otro ethos y otro sueño de Brasil y del mundo. Pero necesitan estudiar, organizarse, presionar a las clases dominantes y al Estado patrimonialista, prepararse para eventualmente proponer una alternativa de sociedad aún no ensayada, pero que tiene sus raíces en aquellos que en el pasado lucharon por otro Brasil con proyecto propio. A partir de ahí formular otro pacto social vía una constitución ecológico-social, fruto de una constituyente inclusiva, una reforma política radical, una reforma agraria y urbana consistentes y la implantación de un nuevo modelo de educación y de servicios de salud. Un pueblo enfermo e ignorante nunca fundará una nueva y posible biocivilización en los trópicos.

Tal sueño puede sacarnos del cansancio y del desamparo social y devolvernos el ánimo necesario para enfrentarse a las trabas de los conservadores y suscitar la esperanza bien fundada de que nada está totalmente perdido, que tenemos una tarea histórica que cumplir para nosotros, para nuestros descendientes y para la misma humanidad. ¿Utopía? Sí. Como decía Oscar Wilde: «si en nuestro mapa no aparece la utopía, no lo mires porque nos esconde lo principal». Del caos presente deberá salir algo bueno y esperanzador, pues esta es la lección que el proceso cosmogénico nos dio en el pasado y nos está dando en el presente. En vez de la cultura del cansancio y del abatimiento tendremos una cultura de la esperanza y de la alegría.

Página de Boff en Koinonía
Página de Leonardo Boff

Una economía centrada en el biorregionalismo


Una economía centrada en el biorregionalismo

2015-12-15

Por todas partes se buscan alternativas al modo de producción industrial/mercantilista/consumista, ya que sus efectos sobre las sociedades y sobre la naturaleza se están demostrando cada vez más desastrosos. El caos climático, la erosión de la biodiversidad, la escasez de agua potable, la quimicalización de los alimentos y el calentamiento global son los síntomas más reveladores. Este modo de producción es todavía dominante, pero no sin críticas.

En contrapartida, aparecen por todas partes formas alternativas de base ecológica de producción como la agricultura orgánica, cooperativas de alimentos agroecológicos, granjas familiares, eco-aldeas y similares. La visión de una eco-economía de la suficiencia o del “buen vivir y convivir” da cuerpo al biorregionalismo, como ya hemos explicado aquí.

La economía biorregional se propone satisfacer las necesidades humanas (en oposición a la satisfacción de los deseos) y realizar el bien vivir y convivir, respetando el alcance y los límites de cada ecosistema local.

Previamente hemos de preguntarnos sobre el sentido de la riqueza y su uso. En vez de centrarnos en la acumulación material más allá de lo necesario y decente, debemos buscar otro tipo de riqueza, esta sí, verdaderamente humana, como el tiempo para la familia y los niños, para los amigos, para desarrollar creatividad, para deleitarnos con el esplendor de la naturaleza, para dedicarnos a la meditación y la recreación. El sentido original de la economía no es la acumulación de capital, sino la creación y re-creación de la vida. Ella se ordena a satisfacer nuestras necesidades materiales y crear las condiciones para el logro de los bienes espirituales (no materiales) que no están en el mercado, pero se derivan del corazón y de las relaciones justas con los demás y con la naturaleza, como la convivencia pacífica, el sentido de justicia, la solidaridad, la compasión, la amorización y el cuidado de todo lo que vive.

Al centrarnos en la producción biorregional, minimizamos las distancias que los productos tienen que recorrer, ahorramos energía y disminuimos la contaminación. El suministro de las necesidades puede ser satisfecho por las pequeñas industrias y tecnologías sociales fácilmente incorporadas por la comunidad. Los residuos pueden ser fácilmente manejados o transformados en bioenergía. Los trabajadores se sienten conectados con lo que produce la naturaleza local y al trabajar en fábricas pequeñas consideran su trabajo más significativo.

En esto radica la singularidad de la economía biorregional: en lugar de adaptar el medio ambiente a las necesidades humanas, son estas las que se adaptan y se armonizan con la naturaleza y por lo tanto aseguran el equilibrio ecológico. La economía usa mínimamente los recursos no renovables y usa racionalmente los renovables, dándole tiempo para descansar y regenerarse. Los ciudadanos se acostumbran a sentirse parte de la naturaleza y sus cuidadores. De ahí nace la verdadera sostenibilidad.

En lugar de crear puestos de trabajo, se busca crear, según afirma la Carta de la Tierra “medios de vida sostenibles” para ser productivos y dar satisfacción a las personas.

Las computadoras y las modernas tecnologías de comunicación permitirán a la gente trabajar en su casa, como se hacía en la era pre-industrial. La tecnología no sirve para aumentar la riqueza, sino para liberar y asegurar más tiempo, como recuerda siempre el líder indígena Ailton Krenak, para la convivencia, para la recreación, para la restauración de la naturaleza y para celebrar las fiestas tribales.

La economía biorregional facilita la abolición de la división del trabajo basada en el sexo. Los hombres y las mujeres asumen juntos las tareas domésticas y de crianza de los hijos y velan por la belleza del medio ambiente.

Esta renovación económica propicia también una renovación cultural. La cooperación y la solidaridad se hacen más factibles y la gente se acostumbra a actuar correctamente con los demás y con la naturaleza, porque es claro que es en su propio interés, así como en el de la comunidad. La conexión con la Madre Tierra y sus ciclos suscita una conciencia de mutua pertenencia y una ética del cuidado.

El modelo biorregional de la pequeña ciudad inglesa de Totnes, es seguido hoy por unas 8.000 ciudades, llamadas Ciudades de Transición: transición para lo nuevo. Tales hechos generan esperanza para el futuro.