La aportación de Rudolf Dreikurs a la Psicología Adleriana


La aportación de Rudolf Dreikurs a la Psicología Adleriana

“Educación Democrática” versus “educación tradicional”

© Ursula Oberst

Universidad Ramon Llull

Una de las aportaciones más importantes de Dreikurs, discípulo y sucesor de Adler en EEUU, fue el enfoque pedagógico o psicoeducacional, entendido tanto en el sentido de educación de los niños como en el de un determinado enfoque psicoterapéutico en general. Dreikurs llama “Educación Democrática” a lo que es su particular conceptualización de la educación infantil y juvenil en general y a su método de intervención con niños problemáticos. A diferencia de lo que se considera un enfoque psicoterapéutico, el enfoque psicoeducacional no intenta “curar” o mejorar una sintomatología o cambiar la personalidad. Más bien, se acerca a lo que se entiende como “orientación psicológica” o “counselling”. El papel del terapeuta psicoeducacional es similar al de un profesor que enseña habilidades y métodos pedagógicos, facilita las posibilidades de crecimiento, fomenta la autoayuda y las relaciones interpersonales; y sobre todo, tiene una eminente función preventiva: no se espera hasta que se haya iniciado un proceso patológico, sino que se empieza en la base educativa, enseñando métodos pedagógicos eficaces para evitar la patologización del niño.

  • Para leer mas y descargar (ACA)

El modelo de la disciplina social de Rudolf Dreikurs 

1) El estímulo es un reconocimiento de un esfuerzo.
2) El estímulo ayuda a los estudiantes a evaluar su propio desempeño.
3) El estímulo es un mensaje entre iguales.
4) El fomento estimula la cooperación.
5) El dar ánimo, estimula la amabilidad.

Rudolf Dreikurs fue el fundador y el director médico del Centro de Orientación de la Comunidad Infantil de Chicago. Pasó gran parte de su vida como consultor en las escuelas públicas explicando cómo sus teorías podrían traducirse en la práctica para la gestión de la clase y la disciplina. Los escritos de Dreikurs fueron influenciados por pyschologist social de Alfred Adler. Adler creía que la motivación central de todos los seres humanos es pertenecer y ser aceptado por los demás. En primer lugar de todos los seres humanos son seres sociales. Por lo tanto, todo el comportamiento, incluyendo el mal comportamiento:

 

Dreikurs identificó cuatro tipos de objetivos que motiva a los malos comportamientos de los niños:

1)  Conseguir atención

2) Poder y control

3) La venganza

4) La impotencia o la insuficiencia

¿Cómo entiende un maestro el objetivo del niño que se porta mal?

a) Si el maestro se siente molesto, entonces la meta del niño es para atraer la atención.

b) Si el maestro se siente golpeado o intimidado, entonces la meta del niño es poder.

c) Si el maestro se siente herido, entonces la meta del niño es la venganza.

d) Si el maestro se siente incapaz, entonces la meta del niño es sacar ventaja (helplessness).

Prevención de problemas de disciplina:

Dreikurs no creía en el uso del castigo. En cambio, si creía que las consecuencias naturales y lógicas y el proceso de aliento son las técnicas más útiles para la prevención de problemas de disciplina . Según Dreikurs, estímulo es más importante que cualquier otro aspecto de la crianza de los niños, debido a que un niño que se porta mal es un niño desanimado. El estímulo se corresponde muy bien con las metas de los niños. Los niños buscan la aprobación y el apoyo es una forma legítima de hacerlo. ánimo se centra en el esfuerzo más que en el logro, por lo que da una retroalimentación positiva a los niños que están tratando duramente de hacer las cosas, pero pueden que no estén teniendo éxito. El estímulo es lo que les motiva a seguir intentándolo. La alabanza es muy diferente del ánimo. Se centra en el nivel del logro.

————

http://users.metu.edu.tr/e133376/project/The%20Social%20Discipline%20Model%20of%20Rudolf%20Dreikurs.htm

 

  • Leer otro articulo ACA

VYGOTSKY, LEV SEMIÓNOVICH (1896-1934)


VYGOTSKY, LEV SEMIÓNOVICH (1896-1934)

Lev Semiónovich Vygotsky nació el 17 de noviembre de 1896 en Orsha, Bielorrusia. Su padre era representante de una compañía de seguros y su madre, aunque tenía formación como maestra, ejerció de ama de casa dedicándose por entero al cuidado de sus ocho hijos.

Vygotsky se educó con tutores privados y terminó sus estudios de secundaria con honores, estudiando posteriormente leyes en la Universidad de Moscú.

Trabajó como profesor de literatura en Gomel desde que terminó sus estudios en 1917 hasta el año 1923. Más tarde fundó un laboratorio de psicología en esta misma escuela, donde dio numerosas conferencias que dieron pie a su obra de Psicología Pedagógica.

¿Quién fue Arnold Gesell?


¿Quién fue Arnold Gesell?

FEBRERO 04, 2015 / Aprendiendo juntos

Los grandes pedagogos de la historia han planteado distintas formas y métodos de educar. Quién fue Arnold Gesell y cuál fue su aportación en el campo de la educación infantil?

Desde niño Arnold Gesell observó el crecimiento de sus hermanos menores y jugando con ellos se interesó en cómo aprendían. Dicen que jugando se aprende y en el caso de Gesell, el jugar le hizo seguir observando y analizando la conducta infantil a lo largo del desarrollo (desde la infancia hasta la adolescencia) y se convirtió en uno de los psicólogos y pediatrías más influyentes de la historia.

La teoría de Gesell

A través de sus observaciones e investigaciones, Gesell concluyó que los niños pasan por etapas predecibles de crecimiento. De hecho, la teoría de Gesell sirvió de base para casi todos los demás teorías del desarrollo desde su tiempo. Algunos de los puntos clave relacionados con su teoría son:

a) Aunque el ciclo de todos los niños  se da a través de las mismas etapas o secuencias de crecimiento, no todos entran en las etapas al mismo tiempo. Cada niño tiene su propio ritmo único.
b) La estimulación se ve influenciada por factores internos, tales como el desarrollo físico y mental, la genética, la personalidad y el temperamento.
c) La estimulación también se ve influida por factores externos, como el estilo de crianza, el medio ambiente, los compañeros, la cultura y la salud.
d) Los cambios en el desarrollo de los niños son debidos a una sensación de equilibrio, o a una calma meseta de aprendizaje; y el desequilibrio, un tiempo sin resolver de rápido crecimiento y  aprendizaje.

 

La pedagogía de la responsabilidad y la autoformación


María Montessori

La pedagogía de la responsabilidad y la autoformación

Autor: Enrique Martínez-Salanova Sánchez

La importancia de María Montessori

La Metodología Montessori comenzó en Italia y es tanto un método como una filosofía de la educación.Fue desarrollada por la Doctora María Montessori, a partir de sus experiencias con niños en riesgo social. Basó sus ideas en el respeto hacia los niños y en su impresionante capacidad de aprender. Los consideraba como la esperanza de la humanidad, por lo que dándoles la oportunidad de utilizar la libertad a partir de los primeros años de desarrollo, el niño llegaría a ser un adulto con capacidad de hacer frente a los problemas de la vida, incluyendo los más grandes de todos, la guerra y la paz. El  material didáctico que diseñó es de gran ayuda en el período de formación preescolar.

Es difícil actualmente comprender el impacto que tuvo Maria Montessori en la renovación de los métodos pedagógicos a principios del siglo XX, pues la mayoría de sus ideas hoy parecen evidentes e incluso demasiado simples. Pero en su momento fueron innovaciones radicales, que levantaron gran controversia especialmente entre los sectores más conservadores.

 

Darwin: EL NIÑO PROBLEMÁTICO


Darwin: EL NIÑO PROBLEMÁTICO

********copiado con permiso*********
Proverbios 4:14
“No entres por la vereda de los impíos, Ni vayas por el camino de los malos”.

La gente pudo darse cuenta de que Charlie era un niño problemático, aún cuando era tan sólo un niño pequeño. Por su propia declaración luego en la vida, él fue un niño sádico que sentía gran placer en torturar y matar animales. Uno de sus pasatiempos favoritos era matar a los pájaros golpeándolos en la cabeza con un martillo.

El Niño ProblemáticoCuando llegó a ser un adolescente, Charlie siguió comportándose como un individuo retorcido. A los17 años de edad, dedicó el verano y el otoño a matar animales, no por alimento, sino por el puro placer de matar. Posteriormente, empezó a hacer planes para realizar una travesía por el océano que le llevaría a  muchas tierras exóticas, y decidió llevar varias pistolas, con la esperanza de encontrar caníbales para poder matarlos.

Si aún no lo ha adivinado, estoy hablando de Charles Darwin. No sólo era un niño problemático y obsesionado en torturar y matar animales, sino que creció para dar rienda suelta a una filosofía que dejaría a todo el mundo en ruinas, después de la publicación de su libro El origen de las especies.

Como Kevin Swanson señala en su libro Apóstata: Los hombres que destruyeron el occidente cristiano. Darwin vino de una larga línea de apóstatas, entre los cuales se incluían a su padre, Robert, y a su abuelo, Erasmus, quien fue un pionero humanista y un pensador del siglo de las luces. Sin embargo, fue el apóstata Charles Darwin que dio la espalda a su Creador, y que desde la tumba, aún alcanza y destruye con su filosofía incontables millones de vidas.

Oración:
Padre Celestial, ruego que bendigas a pastores, maestros de la Biblia y ministerios bíblicos-creacionales que están proclamando la verdad sobre Darwin y su filosofía atea. ¡Muéstrame cómo ser una bendición para ellos! Amén.
Notas:
Kevin Swanson, Apóstata: Los hombres que destruyeron el Occidente cristiano, pág. 128 (Generations with Vision, 2013).

Creation Moments PO Box 839 Foley, MN 56329 USA

Copyright (C) 2016 Creation Moments All rights reserved.

Biografía de Charles Robert Darwin


Biografía de Charles Robert Darwin

Nace en 1809 en la ciudad de Shrewsbury, Inglaterra. Su padre es médico rural y su madre, una mujer con interés en el arte.

Su abuelo materno es un célebre artesano y ceramista, además de inventor, y su abuelo paterno, filósofo, médico, poeta y autor de una obra en la que desarrolla sus ideas sobre la evolución biológica y la herencia de los caracteres adquiridos.

Darwin fue el quinto de seis hermanos. A los ocho años fallece su madre y asiste a la escuela de Shrewsbury. Siente especial interés en la pintura, la música, la literatura y todo lo relacionado con las ciencias naturales y la químca.

En 1824, abandona esa escuela y se marcha a Edimburgo para seguir la carrera de médico, pero no logra adaptarse y también rechaza su destino familiar de ser clérigo.

Una vez graduado y a pesar de las objeciones de su padre, puede realizar su sueño aventurero embarcándose en el Beagle, un barco hidrográfico, cuyo capitán era Robert FitzRoy, que realiza exploraciones alrededor del mundo financiado por el gobierno británico y que necesita un naturalista para sus investigaciones.

La corona británica está interesada en las costas de la Patagonia argentina y Tierra del Fuego y en algunas islas del Pacífico, desde el punto de vista político y económico.

Una vez en tierra americana Darwin queda fascinado por la flora y la fauna del interior del territorio y de las costas del continente, que le permiten hacer detalladas observaciones.

En 1832 llegan a Montevideo. Desde allí marchan hacia Buenos Aires, Punta Alta y Bahía Blanca, donde hallan restos de animales gigantescos y posteriormente recorren la costa patagónica con destino a las Islas Malvinas.

En Tierra del Fuego le sorprende ver a los indios casi desnudos y sumidos en una extrema pobreza soportando con entereza las temperaturas reinantes por debajo de cero grado.

En 1834 llega a Valparaíso y allí queda deslumbrado por la grandiosidad de la cordillera de los Andes.

Antes de dirigirse a las islas Galápagos, donde el estudio de las diferentes clases de aves representa el comienzo de su teoría sobre el origen de las especies, Darwin pasa por Valdivia y Concepción y tiene oportunidad de ver la erupción del volcán Osorno.

Parten seguidamente hacia Tahití, recorriendo Nueva Zelanda, Australia y Tasmania hasta las islas Cocos.

Luego de recorrer el océano Índico pasan por el Cabo Buena Esperanza y en 1836, casi cinco años después de haber iniciado el viaje llegan de regreso a las costas inglesas.

Este viaje es para Darwin la definición de su verdadera vocación pero también el responsable de sus problemas de salud.

En 1837 comienza su primer libro de notas sobre la transmutación de las especies donde desarrolla la idea del origen gradual de nuevas especies mediante especificidad geográfica, y su evolución a partir de un origen común.

En 1838 encuentra el mecanismo principal de la evolución: la selección natural. Ese mismo año es nombrado secretario de la Sociedad Geológica de Londres.

En 1839 Darwin se casa con su prima Emma, con la cual tiene diez hijos.

En 1842 realiza un primer esbozo de la teoría de la evolución que desarrolla más ampliamente en 1844; y recién a partir de 1856 Darwin comienza a escribir su obra principal sobre el origen de las especies.

El libro es publicado en 1859 con amplia repercusión tanto académica como de la sociedad en general; pero provoca reacciones adversas de la Iglesia Anglicana, que acusa a Darwin de negar la creación divina, y por afirmar que el ser humano desciende de los monos.

Sin embargo, a pesar de las objeciones la teoría de Darwin es aceptada por el ámbito científico.

La Universidad de Cambridge lo nombra doctor Honoris Causa; es nombrado profesor honorario de la Institución Libre de la Enseñanza en España y otras importantes casas de estudios del resto del mundo suman su reconocimiento.

En 1881 sufre un principio de infarto pero no obstante sigue trabajando; hasta que meses después, en 1882, un colapso agudo le provoca la muerte a la edad de 73 años.

La vocación de San Agustín


La vocación de San Agustín

Moneda que está en la mano,
tal vez se deba guardar.
La monedita del alma
se pierde si no se da.

Antonio Machado

— ¡Tarde te amé! Estabas dentro de mí, y yo te buscaba por fuera…

Agustín de Tagaste
era un joven y brillante orador, dotado de una gran inteligencia y un corazón ardiente. Su adolescencia transcurrió entre diversas escuelas de Madaura, Tagaste y Cartago, de manera un tanto turbulenta. Durante años anduvo sin apenas rumbo moral en su vida, muy influida por amistades poco recomendables: «Mientras me olvidaba de Dios —dice de sí mismo—, por todas partes oía: ¡Bien, bien!».

«Yo ardía en deseos de hartarme de las más bajas cosas y llegué a envilecerme hasta con los más diversos y turbios amores; me ensucié y me embrutecí por satisfacer mis deseos. Me sentía inquieto y nervioso, solo ansiaba satisfacerme a mí mismo, hervía en deseos de fornicar. (…) ¡Ojalá hubiera habido alguien que me ayudara a salir de mi miseria…!».

No era feliz: «Sabía que Dios podía curar mi alma, lo sabía; pero ni quería, ni podía; tanto más cuanto que la idea que yo tenía de Dios no era algo real y firme, sino un fantasma, un error. Y si me esforzaba por rezar, inmediatamente resbalaba como quien pisa en falso, y caía de nuevo sobre mí. Yo era para mí mismo como una habitación inhabitable, en donde ni podía estar ni podía salir. ¿Dónde podría huir mi corazón que huyese de mi corazón? ¿Cómo huir de mí mismo?».

Buscaba la verdad en diversas ideologías. Habló con las figuras intelectuales más destacadas para encontrar respuesta a las situaciones culturales y sociales de su época. Pasaba de maestro en maestro y de ideología en ideología. Pero nada le llenaba el corazón. Leía incesantemente. Triunfó dando clases y conferencias, hasta convertirse en un personaje de moda. Era un pensador influyente al que llamaban de todos los sitios.

Estando en Milán, en el año 384, acudía, sin demasiada buena disposición, a escuchar las homilías deAmbrosio, obispo de la ciudad. Ambrosio era un hombre de una gran talla intelectual, y Agustín estaba interesado en su oratoria, no en su doctrina, pero «al atender para aprender de su elocuencia —explicaba—, aprendía al mismo tiempo lo que de verdadero decía». Le parecía que aquel hombre explicaba de un modo distinto los pasajes de la Sagrada Escritura que él ridiculizaba en sus clases y que ahora le empezaron a parecer verdaderos.

El 1 de enero del año 385 se estaba preparando para hablar ante toda la Corte del Emperador Valentiniano, instalada por entonces en aquella ciudad. Agustín estaba consiguiendo sus propósitos de triunfar gracias a su elocuencia, pese a ser aún muy joven. Pero notaba que algo en su vida estaba fallando. «Al volver —escribiría más adelante—, y pasar por una de las calles de Milán, me fijé en un pobre mendigo que, despreocupado de todo, reía feliz. Yo, entonces, interiormente, lloré».

Una cascada de sentimientos se desbordó en el corazón de Agustín. Caminaba, como siempre, rodeado de un grupo de amigos. «Les dije que era nuestra ambición la que nos hacía sufrir y nos torturaba, porque nuestros esfuerzos, como esos deseos de triunfar que me atormentaban, no hacían más que aumentar la pesada carga de nuestra infelicidad».

«No hago más que trabajar y trabajar para lograr mis objetivos, y cuando los consigo, ¿soy más feliz? No. Tengo que seguir bregando contra todo y contra todos para mantenerme en mi puesto. Mientras tanto, ese tipo vive tan contento sin tener nada… Bueno; no sé si estará contento, no sé si será realmente feliz, pero,desde luego, el que no soy feliz soy yo… No es que me guste su vida, ¡es mi vida la que no me gusta! He conseguido un estatus, una posición económica y cultural… ¿y qué?». «No compares —le dijeron sus amigos—. Ese tipo se ríe porque habrá bebido. Y tútienes todos los motivos para estar feliz, porque estás triunfando…».

Sí, estaba triunfando, pero aquellos éxitos en su cátedra y en sus conferencias, más que alegrarle, le deprimían. «Al menos —se decía— ese mendigo se ha conseguido el vino honradamente pidiendo limosna, y yo… he alcanzado mi estatus a base de traicionarme a mí mismo. Si el mendigo estaba bebido, su borrachera se le pasaría aquella misma noche, pero yo dormiría con la mía, y me despertaría con ella, y me volvería a acostar y a levantar con ella día tras día».

La crisis se había desencadenado. Pero la lucha no había hecho más que empezar, llena de vacilaciones. «La fe católica me da explicaciones a lo que me pregunto…; sin embargo, ¿por qué no me decido a que me aclaren las demás cosas?».

En su vida moral seguía haciendo lo que le apetecía. Deseaba salir de aquella situación, pero, a la vez,se sentía incapaz. «Si uno se deja llevar por esas pasiones, al principio se convierten en una costumbre, y luego en una esclavitud…».

Era un esclavo de esas pasiones, lo reconocía. Por eso, el tiempo pasaba y Agustín se resistía a cambiar. «Deseaba la vida feliz del creyente, pero a la vez me daba miedo el modo de llegar a ella». «Pensaba que iba a ser muy desgraciado si renunciaba a las mujeres…». «¡Qué caminos más tortuosos! Ay de esta alma mía insensata que esperó, lejos de Dios, conseguir algo mejor. Daba vueltas, se ponía de espaldas, de lado, boca abajo…, pero todo lo encontraba duro e incómodo…».

Agustín va poco a poco logrando vencer la sensualidad y la soberbia, pero se encuentra también con otro poderoso enemigo: «Me daba pereza comenzar a caminar por la estrecha senda». «Todavía seguía repitiendo como hacía años: mañana; mañana me aparecerá clara la verdad y, entonces, me abrazaré a ella».

El proceso de su conversión pasó —según contaría él mismo en su libro “Las Confesiones”— por multitud de pequeños detalles. El paso definitivo se produjo un día de agosto del año 386, en que recibió la visita de su amigo Ponticiano. Tuvieron una animada conversación. En un momento dado, Ponticiano le contó la historia de un monje llamado Antonio, y luego, viendo el creciente interés de Agustín, una anécdota suya personal. Le contaba esas cosas con intención de acercarle a Dios, pero probablemente no sospechó el fuerte influjo que produjeron en Agustín. «Lo que me contaba Ponticiano me ponía a Dios de nuevo frente a mí, y me colocaba a mí mismo enérgicamente ante mis ojos para que advirtiese mi propia maldad y la odiase. Yo ya la conocía, pero hasta entonces quería disimularla, y me olvidaba de su fealdad». «Me puso cara a cara conmigo mismo para que viese lo horrible que era yo.»

Mientras su amigo hablaba, Agustín pensaba en su alma, que encontraba tan débil, oprimida por el peso de las malas costumbres que le impedían elevarse a la verdad, pese a que ya la veía claramente. «Habían pasado ya muchos años, unos doce aproximadamente, desde que cumplí los diecinueve, desde aquel año en que por leer a Cicerón me vi movido a buscar la sabiduría.»

«Había pedido a Dios la castidad, aunque de este modo: “Dame, Señor, la castidad y la continencia, pero no ahora”, porque temía que Dios me escuchara demasiado pronto y me curara inmediatamente de mi enfermedad de concupiscencia, que yo prefería satisfacer antes que apagar.» «Se redoblaba mi miedo y mi vergüenza a ceder otra vez y no terminaba de romper lo poco que ya quedaba».

Ponticiano terminó de hablar, explicó el motivo de su visita, y se fue. El combate interior de Agustín se acercaba a su final. Cada vez faltaba menos, pero «podía más en mí lo malo, que ya se había hecho costumbre, que lo bueno, a lo que no estaba acostumbrado.»

Se decía: «¡Venga, ahora, ahora!». Pero cuando estaba a punto… se detenía en el borde. Era como si los viejos placeres le retuviesen, diciéndole bajito: «¿Cómo? ¿Es que nos dejas? ¿Ya no estaremos contigo, nunca, nunca? ¿Desde ahora ya no podrás hacer eso… , ni aquello? ¡Y qué cosas, Dios mío, me sugerían con las palabras eso y aquello!». Los placeres seguían insistiéndole: «¿Qué? ¿Es que piensas que vas a poder vivir sin nosotros, tú? ¿Precisamente tú…?». Miró a su alrededor. Muchos lo habían logrado. «¿Por qué no voy a poder yo —se preguntó— si éste, si aquel, si aquella, han podido?».

Salió con su amigo Alipio al jardín de la casa. «¡Hasta cuándo —se preguntaba—, hasta cuándo, mañana, mañana! ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no ahora mismo y pongo fin a todas mis miserias?». Mientras decía esto, oyó que un niño gritaba desde una casa vecina: «¡Toma y lee! ¡Toma y lee!».Pensó que Dios se servía de ese chico para decirle algo. Corrió hacia el libro, y lo abrió al azar por la primera página que encontró. Leyó en silencio: «No andéis más en comilonas y borracheras, ni haciendo cosas impúdicas. Dejad ya las contiendas y peleas. Revestíos de Nuestro Señor Jesucristo, y no busquéis cómo contentar los antojos de la carne y de sus deseos

Cerró el libro. Esa era la respuesta. No quiso leer más, ni era necesario. «Como si me hubiera inundado el corazón una fortísima luz, se disipó toda la oscuridad de mis dudas». Cuando se tranquilizó un poco se lo contó a Alipio, que quiso ver lo que había leído. Se lo enseñó y su amigo se fijó en la frase siguiente del texto de la Escritura, en la que no había reparado. Seguía así: «Recibid al débil en la fe».

«Después entramos a ver a mi madre, se lo dijimos todo y se llenó de alegría. Le contamos cómo había sucedido, y saltaba de alegría y cantaba y bendecía a Dios, que le había concedido, en lo que se refiere a mí, lo que constantemente le pedía desde hacía tantos años, en sus oraciones y con sus lágrimas».

A los pocos meses, en la Vigilia Pascual, recibieron el bautismo Agustín, su hijo y su amigo. Años después, escribiría: «Tarde te amé, Belleza, tan antigua y tan nueva, ¡tarde te amé! Estabas dentro de mí, y yo te buscaba por fuera… Me lanzaba como una bestia sobre las cosas hermosas que habías creado. Estabas a mi lado, pero yo estaba muy lejos de Ti. Esas cosas… me tenían esclavizado. Me llamabas, me gritabas, y al fin, venciste mi sordera. Brillaste ante mí y me liberaste de mi ceguera… Aspiré tu perfume y te deseé. Te gusté, te comí, te bebí. Me tocaste y me abrasé en tu paz».

El camino de San Agustín hacia la conversión refleja muy bien la tendencia de todo hombre a retrasar las decisiones que vemos bastante claras con la cabeza pero a las que se opone la resistencia de nuestras pasiones. Su relato autobiográfico es uno de los mejores testimonios que se han escrito sobre los problemas, angustias y búsquedas que supone la lucha contra esa resistencia interior. Una lucha que acabó en victoria, y que ha supuesto para la humanidad un personaje tan insigne como San Agustín, un gran pensador y un gran santo, cuyos escritos filosóficos y teológicos constituyen una referencia ineludible en la historia del pensamiento.

Muchas veces, las llamadas de Dios chocan contra ese muro en nuestro interior, que retrasa nuestras respuestas, desvía nuestra mirada y nos hace repetir, como Agustín: ¡mañana!, ¡mañana! Muchas veces ese “mañana” acaba por ahogar en su mismo nacimiento la llamada del Señor.

—A veces sucederá, pero en otras ocasiones será prudente esperar. Es lógico tomarse tiempo para las cosas que son importantes

Si nos tomamos tiempo para considerar con calma las cosas en la presencia de Dios, para reflexionar y obrar con madurez y libertad, es algo no solo prudente sino lógico y necesario. Pero si nos tomamos ese tiempo para ver si así se diluyen las cosas y se pierde la voz del Señor en el ruido de fondo de nuestra vida, entonces nos estamos autoengañando, como explicaba San Agustín. Quizá entonces, a ese “mañana, mañana…” haya que encararse pensando si no es nuestro hoy precisamente el que nos pide Dios.

Además, todos esos “mañanas” no podemos tenerlos tan seguros. San Luis Gonzaga murió a los veintitrés años,San Estanislao de Kostka a los dieciocho, San Juan Berchmans a los veintidós, Santa Teresa de Lisieux a los veinticuatro, y así muchos más. Dios puede llamar a cualquier edad, pero si nos llama en la juventud, hemos de agradecerlo como una predilección muy especial. Algunos piensan lo contrario, y creen que es mejor dejar pasar esos años, disfrutar de la juventud lejos de responsabilidades y compromisos, pero quienes han descubierto pronto esa llamada saben que no se cambian por nadie.

Además, si se entiende bien lo que supone descubrir la vocación, es decir, conocer el designio de Dios para nuestra vida, lo propio no es la espera, sino la esperanza. Hemos de fomentar la esperanza de ese encuentro con Dios. La espera puede aguardarse durmiendo, la esperanza, caminando. La espera es un sillón; la esperanza, una bandera. La espera, un refugio cómodo; la esperanza cristiana, una virtud aguerrida.

—Pero no se puede meter prisa

Con el frío, muchas plantas se hielan. Y así pasa con tantas vocaciones que dejan pasar el tiempo sin responder a Dios. Si lo consideramos en el silencio de la oración, quizá encontremos que los verdaderos tiempos de Dios implican un sentido de urgencia. Si pensamos en tantas personas que aún no conocen a Dios, en todas las que le conocen pero no le aman, y en todas las que le odian, y en las que mueren sin haber oído siquiera hablar de Él, quizá entonces entendemos que puede haber algo de esa urgencia divina.

No es cuestión de meter prisa a nadie, sino de asegurar que con el paso de los días y los meses, y quizá los años, no estamos dejando pasar nuestra hora. Hay que pensar las cosas con calma, pero sin eternizarse en la respuesta.

—Pero nunca puede ser buena la precipitación de una respuesta inmediata

La preparación y la buena predisposición no son inmediatas, sino meditadas y maduradas. Pero la respuesta puede ser inmediata, como lo fue, por ejemplo, la respuesta de la Virgen al anuncio del ángel, en esa entrañable escena de la Anunciación. Nadie calificaría de precipitada a Santa María por contestar con su «Hágase en mí según tu palabra» en unos pocos segundos. Los requerimientos de Dios a veces piden una respuesta rápida.

En el Evangelio se lee también que Nuestro Señor encontró a Simón Pedro y a Andrés echando las redes al mar y les llamó: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». «Y ellos, enseguida, dejando las redes, lo siguieron». Y lo mismo sucedió poco después con Santiago y Juan, «que estaban en la barca con su padre Zebedeo remendando sus redes; y los llamó. Ellos, al instante, dejaron la barca y a su padre, y le siguieron.» El Señor les pidió dejarlo todo, y ellos respondieron con prontitud, sabiendo jugarse todo a una sola carta, la carta del amor de Dios.

Es verdad que la respuesta a la vocación puede requerir tiempo. No puede ser el fruto irreflexivo de un impulso de un momento. Por eso, el tiempo en el que se plantea la vocación debe ser tiempo de oración intensa, no de dilación cómoda; tiempo de búsqueda y no de olvido; tiempo para responder, no para demorar la respuesta con un mañana engañoso.

Es verdad que siempre cabe “darle otra vuelta más” a nuestras dudas. Una dilación que puede nacer de la recta prudencia, pero también de las excusas eternas, o de lo que San Agustín llamaba “sus viejas amigas”. Pedimos tiempo y calma, ¿para decidir o para olvidar? Así lo relataba San Agustín: «Me encontraba en la situación de uno que está en la cama por la mañana. Le dicen: ”¡Fuera!, levántate, Agustín”. Yo decía, al contrario: “Sí, más tarde, un poco más todavía”. Al fin, el Señor me dio un buen empujón y salí.»

Agustín fue un apasionado buscador de la verdad. Al final descubrió que solo en Dios se pueden saciar los deseos profundos del corazón humano. Su historia es una espléndida referencia para todos aquellos que, sedientos de felicidad, la buscan recorriendo caminos equivocados y se pierden en callejones sin salida.

————————

Fuente: Alfonso Aguiló
interrogantes.net

http://www.primeroscristianos.com/index.php/vocacion/item/360-manana-manana-vocacion-de-san-agustin