JAMES CLERK MAXWELL


JAMES CLERK MAXWELL

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I Corintios 2:5
“para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.

Albert Einstein dijo que James Clerk Maxwell hizo más contribuciones a la física que cualquiera excepto Isaac Newton.

Maxwell desarrolló explicaciones complejas teóricas y matemáticas para todas las fuerzas en el universo excepto la gravedad y las fuerzas nucleares. También hizo contribuciones científicas en los campos de termodinámicos y matemáticos. En otras palabras, Maxwell fue un científico de gigantescas proporciones que permanece grandemente respetado hasta en día de hoy.

Por las normas de hoy, Maxwell sería llamado un “fundamentalista”. Maxwell vivió en el mismo tiempo de Charles Darwin y estaba muy enterado de la teoría de la evolución. Él creía firmemente que la evolución era anti-científica y escribió una refutación poderosa e importante sobre los escritos evolucionistas. Él también ofreció una refutación matemática muy cuidadosa de la teoría de que el sistema solar se habría evolucionado de una nube de polvo y gas.

El gran científico Maxwell creía que Cristo Jesús es el Salvador que Dios ha provisto para liberar a la humanidad de los resultados del pecado – incluyendo la muerte eterna. Un escrito suyo, encontrado después de su muerte, dice que la motivación de su trabajo fue que Dios había creado todas las cosas tal como dice Génesis. Y como Dios ha creado a los humanos a Su imagen, el estudio científico es una actividad adecuada para la vida de uno.

Oración:
Amado Padre celestial, oro hoy por la obra de aquellos en la ciencia que están convencidos que Tú eres realmente el Creador como lo describe el Génesis. Aunque el hombre se les opone, bendice su trabajo y mueve a más de nuestros jóvenes cristianos a seguir sus pasos. En Nombre de Cristo Jesús. Amén.
Notas:
Photo: A young James Clerk Maxwell at Trinity College, Cambridge. He is holding one of his color wheels.

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ROBERT BOYLE: CIENTÍFICO CREACIONISTA


ROBERT BOYLE: CIENTÍFICO CREACIONISTA

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Efesios 2:10
“pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”.

A menudo escuchamos hoy que ningún científico verdadero es creacionista porque la ciencia desaprueba la creación. La verdad es que, la mayoría de los fundadores de las varias disciplinas de la ciencia moderna eran creacionistas, como lo son muchos científicos hoy en día.

Uno de los científicos más famosos de todos los tiempos es Robert Boyle. Boyle, que vivió a finales del siglo 17, hizo trabajos pioneros tanto en química como en física. Tal vez usted esté familiarizado con la “Ley de Boyle”, que relaciona la presión, la temperatura y el volumen del gas. La “Ley de Boyle” es estudiada por todo estudiante de secundaria hoy en día.

Boyle también era un cristiano completamente dedicado. Él contribuyó mucho de su dinero al trabajo de traducción de la Biblia a otros idiomas que todavía no tenían las Escrituras. Boyle también se preocupaba por aquellos que, en sus días, pensaban que la ciencia podía probar que la Biblia estaba equivocada. Estas personas eran los antecesores de los evolucionistas modernos. Para poder combatir esta idea en la ciencia, Boyle, junto a otros, fundaron la Real Sociedad de Londres como una de las primeras organizaciones creacionistas modernas. También financió las famosas “conferencias boyleanas” en su testamento, estipulando que estas conferencias eran para ofrecer puntos de vista científicos que sostenían la verdad de la Biblia.

Boyle llamaba a la ciencia una labor religiosa que tiene el trabajo de aprender más sobre la maniobra del Creador.

Oración:
Te agradezco, Señor, por las contribuciones científicas y el ejemplo de fe provisto por muchos de los grandes científicos como Robert Boyle. Te pido que muevas la fe y los talentos de Tu pueblo hoy para que podamos ver muchos siervos más como Robert Boyle en la ciencia. En Nombre de Cristo Jesús. Amén.

Notas:
Photo: Plaque at the site of Boyle and Hooke’s experiments in Oxford.

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10 diferencias entre Lutero y Calvino


10 diferencias entre Lutero y Calvino

29/10/2015

Es hora de volver a celebrar la Reforma protestante. En estas fechas los evangélicos —con gran gozo— nos acordamos de cómo un monje agustiniano insignificante revolucionó la faz de Europa cuando clavó sus 95 tesis a la puerta de una iglesia.

Aquélla iglesia se encontró en Wittenberg (Alemania) y el monje, como todos sabemos, fue el mundialmente reconocido Martín Lutero.

Gracias a las hazañas de Lutero, nació la Reforma protestante (aunque el apodo protestante no sería usado hasta doce años después). Su pasión por las Escrituras engendró a una serie de teólogos pro-Reforma tales como Matthias Flacius, Urbanus Rhegius, Johannes Brenz y Martín Chemnitz —“el segundo Martín”— dentro del campo luterano. ¿Y cómo no hacer mención del brazo derecho de Lutero: su amado amigo Felipe Melanchthon? Es como si los dos fueron diseñados para ministrar juntos. Comentó Lutero en una ocasión, “Yo soy duro, ruidoso y escandaloso. Nací para pelear contra monstruos y diablos. Tengo que quitar tocones y piedras, echar fuera cardos y espinas, y limpiar bosques silvestres; pero luego viene el Señor Felipe de una forma tan suave y dulce, sembrando agua con gozo según los dones que Dios ha derramado abundantemente sobre él”.

Lutero también preparó el camino para un campo más reformado dentro del protestantismo con gigantes de la talla de Martín Bucer, Ulrico Zuinglio, Enrique Bullinger y Theodore Beza.

No obstante, mucho más importante que cualquiera de los antemencionados teólogos es otro pensador reformado cuya fama iguala –e incluso, en algunos sitios, supera- aquélla de Lutero. Nacido en Francia en el 1509, pasó la mayor parte de su vida ministerial en Ginebra (Suiza) desarrollando lo que el reformador escocés John Knox llamaría, “La más perfecta escuela de Cristo que había existido en la tierra desde los días de los apóstoles. En otros lugares, confieso que predican a Cristo correctamente; pero en muy pocos sitios he visto las costumbres y la religión tan sinceramente reformadas”. Para que Knox dijera esto —un hombre, por cierto, no conocido por sus halagos— Ginebra tenía que haber sido algo especial. Entonces, ¿de quién estamos hablando? ¡De Juan Calvino!

Así que los dos campeones de la fe protestante son Martín Lutero y Juan Calvino, pero, ¿hay alguna diferencia entre ellos? Miremos 10 puntos en los que estos reformadores difieren.

1. Primero Lutero, luego Calvino

En primer lugar hay que tener en cuenta que Calvino era mucho más joven que Lutero –unos 26 años más joven para ser exacto. Cuando Lutero clavó sus tesis a la puerta de la catedral de Wittenberg, el pequeño Juanito apenas tenía ocho años. Lutero pertenecía a la primera generación de los reformadores mientras que Calvino era un reformador de segunda generación. Gracias al sudor, la sangre y las lágrimas de Lutero, Calvino heredó un legado teológico muy rico que pudo cultivar.

2. Un profeta y un intelectual

Es cierto que tanto Lutero como Calvino son conocidos por enseñar la fe cristiana. Pero sus respectivos contextos les condicionaron de maneras diversas. Lutero era el profeta del nuevo movimiento, abriendo brecha para sus seguidores protestantes que vendrían después. Con razón, pues, se caracterizó por tanto celo y tenacidad. Calvino, sin embargo, llegó bastante más tarde y tuvo más tiempo a la hora de reflexionar metódicamente sobre los descubrimientos que Lutero había regalado a la iglesia. Cualquier lector medianamente versado en la literatura de la Reforma puede percibir cómo Calvino escribió de una manera más sistemática que Lutero. Como me lo explicó recientemente el experto en la Reforma, el Dr. R. Scott Clark: “Calvino y los reformados ortodoxos hicieron un trabajo excelente a la hora de colocar las ideas de Lutero dentro de un contexto más amplio y fiel al Pacto de Dios”.

3. Extrovertido e introvertido

En cuanto a sus personalidades, Lutero era extremadamente extrovertido. Siempre tenía a gente en casa. Charlaba, se reía y contaba chistes. Pero Calvino nunca se sintió plenamente a gusto en el ministerio público. No fue tanto su amor por las ovejas lo que le llevó a la obra pastoral sino más bien por un profundo sentido de su deber delante de Dios, el cual le llegó mediante la espantosa profecía de William Farel: “Dios maldiga tus estudios si tú ahora, en esta hora de necesidad para la iglesia, rehúsas ofrecerte para ayudarla”. Sin esta advertencia de Farel, es muy probable que Calvino nunca se hubiera dedicado a la tarea pastoral.

4. El pastor y el profesor

Otra diferencia, ligada a sus personalidades, tiene que ver con cómo ganaron el favor de la gente. La gente común y corriente se sentía atraída por el carisma de Lutero. Hoy día le llamaríamos una figura ‘dinámica’. Las multitudes se acercaban a él por esta chispa vital que tenía. Los seguidores de Calvino, sin embargo, estuvieron más propensos a seguirle por su capacidad intelectual y no tanto por su ‘energía’ personal. Ganó a seguidores porque su mente estaba centrada en la gloria de Dios. Cuando leemos los sermones de los dos hombres, las meditaciones de Calvino van más dirigidas al intelecto y a la razón pero aquéllas de Lutero van encaminadas al corazón. Aun en el púlpito, Lutero era un hombre del ‘corazón’ por así decirlo, preocupándose mucho más por las criadas y los niños de su congregación que por sus doctores.

5. Aspecto físico

En los cuadros que hemos heredado del siglo XVI, hay una divergencia clara entre el aspecto físico de los dos predicadores. Lutero, en los cuadros de su madurez, es corpulento y casi gordo con un pecho ancho. Tanto dentro como fuera del púlpito, era grande en todos los sentidos (un poco como George Whitefield). Siempre le acompañaba esta fuerza vital. En contraste, la vida de Calvino estuvo plagada de varias enfermedades. Tenía bastantes problemas estomacales y por lo tanto solo pudo comer una vez al día. En sus cuadros, es un hombre débil, muy delgado y casi “cadavérico” (para usar la expresión de Martyn Lloyd-Jones). Su cara tenía un aspecto más sombrío y serio que aquélla de Lutero.

6. ¿Justificación o la gloria de Dios?

No se puede negar que ambos estuvieron apasionados por el redescubrimiento del evangelio bíblico. No obstante, los prismas mediante los cuales interpretaron el evangelio no fueron idénticos. Lutero le puso énfasis a la gloriosa doctrina de la justificación mediante la fe en la vida del creyente. Su perspectiva soteriológica le llevó a hablar mucho sobre la necesidad de la fe salvadora y la dulce alegría de confiar en Cristo. Calvino creía esto igual que Lutero; pero hizo hincapié en que la justificación por la fe solo puede tomar el segundo lugar en la teología. Para Calvino, en el primer lugar está la gloria de Dios. La verdadera maravilla tocante a la justificación en el pensamiento de Calvino no es que un pecador se encuentre perdonado de toda iniquidad sino que Dios está siendo glorificado a través de la salvación del impío. Lo que Lutero empezó con fe; Calvino empezó con gracia.

7. La Cena del Señor

Uno de los temas más discutidos en los primeros años de la Reforma fue la Cena del Señor. Lutero y Zuinglio se dividieron por este mismo tema en 1529. A pesar de romper con la interpretación católica-romana de la misa, Lutero seguía teniendo una visión sacramentalista tocante a la eucaristía. Lutero creía que Cristo estuvo presente “en, con y por debajo” de los elementos, mientras que Zuinglio enseñó que la Cena del Señor no fue nada sino un evento conmemorativo para edificar a los santos. Cristo no estaba físicamente presente. Entonces, ¿con quién estaría de acuerdo Calvino: con Lutero o Zuinglio? Respuesta: con ambos y ninguno. Medió entre los dos aceptando que Cristo se encontraba espiritualmente presente en la Cena del Señor. Así que, la interpretación física de Lutero fue reemplazada por una interpretación espiritual en Calvino.

8. Iglesia y estado

Hay un desacuerdo importante entre Lutero y Calvino con respecto a la relación Iglesia-estado. Esto se debe a sus contextos políticos distintos. Al vivir en la Alemania de la edad medieval donde cada estado estaba bajo el poder de un príncipe determinado, Lutero —como regla general— entendía que el gobierno debía supervisar la administración de los asuntos de la Iglesia. Por otro lado, Calvino, quien vivía en el sistema más libre de cantones independientes en Suiza, se opuso a cualquier tipo de interferencia política en la Iglesia. Tanto la Iglesia como el estado tenían que ser autónomos e independientes. Además, Calvino estaba mucho más abierto a la idea de que los creyentes podían transformar todos los sectores de la sociedad en base a los valores bíblicos mientras que Lutero siempre pensaba en términos de su vocación religiosa.

9. El bautismo

A pesar del hecho de que tanto Calvino como Lutero creían en el bautismo de infantes, ambos entendieron la eficacia del bautismo de una forma distinta. Lutero pensaba que el bautismo es un evento, un sacramento, el cual salva a la persona bautizada –sea un niño o un adulto. El Espíritu Santo es dado al agente bautizado para que posea fe verdadera en Cristo. El pecado es perdonado, la muerte y el diablo son vencidos y la vida eterna es concedida (Catecismo pequeño, IV). Aunque Calvino apreciaba las aportaciones de Lutero, él creía que el bautismo se trataba más bien de una señal externa mediante la cual uno se incorporaba en la iglesia visible. Esta entrada a la bendita sociedad del pueblo de Dios era una señal manifiesta de la gracia. Según él el bautismo no salvaba a nadie de modo eficaz.

10. La ley y el evangelio

La última diferencia entre nuestros dos campeones de la Reforma tiene que ver con la ley y el evangelio. Ahora bien, la distinción en este sentido no es tanto una cuestión de contenido sino de énfasis. Los dos creían en el uso cívico, pedagógico y normativo de la ley; no obstante, Lutero hablaba sobre la ley de una forma mucho más negativa que Calvino. El alemán dividía estrictamente entre la ley y el evangelio. ¿Por qué? Porque Lutero veía la ley, en primera instancia, como un medio de miseria, condenación y un ministerio de muerte del cual la humanidad necesitaba liberación. Calvino estaba cien por cien de acuerdo con Lutero en esta línea de pensamiento; pero estaba más abierto a subrayar el aspecto positivo de la ley tocante a la santificación del creyente. Puesto que la ley es una expresión perfecta de la voluntad de Dios, se supone que los creyentes deben desear regocijarse en la ley del Señor.

Este artículo fue publicado originalmente en Protestante Digital.

Casado con Agota, Will Graham sirve como predicador itinerante en España y es profesor de Pneumatología, Apologética y Teología contemporánea en la Facultad de Teología (Córdoba). Escribe semanalmente en sus blogs ‘Brisa fresca’ en Protestante Digital y ‘Fresh Breeze’ en Evangelical Focus.


http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/10-diferencias-entre-lutero-y-calvino

La sombra de Poe


La sombra de Poe

“El terror de mis relatos –escribe–, “no procede de la lejana Alemania, como algunos dicen, sino de la densa oscuridad de mi corazón”.

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En el Bronx de Nueva York se puede visitar la casa donde vivió Edgar Allan Poe.

Al acabar mis clases en Londres, he venido a Nueva York, para visitar a mi hija, que ha terminado de enseñar un curso de lengua y literatura española / latinoamericana en un instituto de Portland (Oregón). En el Bronx vivió mi padre a principios de los años setenta, pero también Edgar Allan Poe (1809-1849), que describe su vivienda como una “acogedora casita de campo”, poco después de trasladarse a la Gran Manzana en 1846. Convertida en museo en 1917, la planta baja está restaurada conforme a la época, mientras que arriba hay una exposición sobre su vida y una presentación audiovisual.

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RICHARD BAXTER: LA JUSTIFICACION Y EL DECLIVE DEL PURITANISMO INGLES


RICHARD BAXTER: LA JUSTIFICACION Y EL DECLIVE DEL PURITANISMO INGLES

INTRODUCCIÓN

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Muchos que leen los Puritanos por primera vez se entusiasman tanto que citan indiscriminadamente sus dichos o comentarios sin analizar o conocer sus implicaciones teológicas. Este es el caso con Richard Baxter, Puritano Ingles del siglo 17, quien escribió profusamente libros y tratados teológicos, sin embargo pocos saben que su soteriología está lejos de ser ortodoxa.  Es aquí el peligro, pues no todo el que lleva el título de “puritano” escribió doctrinas ortodoxas, y por eso siempre aconsejo, antes de escribir, investigue y piense críticamente. Baxter es el inicio del decline del Puritanismo ortodoxo en Inglaterra.

RICHAR BAXTER

Richard Baxter (1615-1691) Puritano Ingles, ávido lector de las obras de otros Puritanos como William Perkins (1558-1602), Richad Sibbes (1577-1635), Ezekiel Culberwell (1553-1631). Estudiante bajo la dirección de John Owen (1616-1683) y Richard Garbet. El gran Owen le motivo a estudiar teología bajo su mejor amigo Richard Wickstead. Después de la muerte de su madre (1634) él pasó el resto de sus años estudiando teología y especialmente leyendo a Aquinas, Scotus, y Ockham.  Sin embargo es en su obra “Aforismos de Justificación” (1649), que él elabora su propia doctrina de la justificación, en donde argumenta por una combinación de gracia divina y cooperación humana.

¿POR QUÉ LEER A A. W. TOZER?


La iglesia necesita leer a hombres como estos. Necesita libros que exalten el conocimiento de Dios, pero también la experiencia con él.

Como fiel lector de sus libros por más de 20 años quizás podría persuadirte a comenzar a leer los viejos escritos de este hombre que fuera llamado un profeta del siglo XX. Pero deseo que los grandes de la fe y, aún vigentes, hablen de él. El Pastor y Teólogo Anglicano J. I. Packer se refiere a los escritos de Tozer de esta manera: “A través de todos los libros y artículos de Tozer gustamos de su pasión por Dios que pone en evidencia  nuestra superficialidad. Su  lectura es como beber en un oasis en el desierto”[1].

Esto no es mucho decir de un hombre que escribió uno de los clásicos evangélicos de nuestro tiempo, me refiero al libro “La Búsqueda de Dios”[2] escrito en un viaje desde Chicago a Texas a fines de la década de 1940. A pesar de ser escrito en muy poco tiempo, su profundidad nos conmueve hasta hoy. Con más de 1.5 millones de copias impresas en más de 20 idiomas, es un libro que todo cristiano debe leer. Así comienza en sus primeras páginas:

«La exposición sana y correcta de la Biblia es imperativa en la iglesia del Dios vivo. Sin ella ninguna iglesia puede ser una iglesia neo-testamentaria en el estricto sentido del término. Pero dicha exposición puede hacerse de manera tal que deje a los oyentes vacíos de verdadero alimento espiritual. Las almas no se alimentan solo de palabras, sino con Dios mismo, y mientras los creyentes no encuentren a Dios en una experiencia personal, las verdades que escuchen no les harán ningún bien. Leer y enseñar la Biblia no es un fin en sí mismo, sino el medio para que lleguemos a conocer a Dios, y que podamos deleitarnos con su presencia y gustemos cuan dulce y grato es sentirle en el corazón»[3]

A.W Tozer nació el 21 de abril de 1897, en pueblito de Pennsylvania. Este hombre de Dios influyó en su generación como ningún otro. Leonard Ravenhill le llamó su mentor espiritual. Fue pastor, predicador, autor, editor, expositor en conferencias bíblicas. Pero más que eso, Tozer fue una voz en medio de muchos ecos de su generación. Su convicción, su discernimiento de la iglesia y sus constantes alarmas por el descuido de lo “sagrado” le valió la reputación de ser un profeta del siglo XX y un hombre de comunión con Dios.

El Misionero Reformado Samuel M. Zwemer recuerda su encuentro con él: «descubrí a todo un autodidacta, un lector apasionado  con una estupenda biblioteca de obras clásicas y devocionales, un hombre que pasaba las noches en su búsqueda de Dios. Sus libros son el resultado de mucha meditación y oración. Él escribe para almas sedientas de Dios que aman la teología del corazón»[4]

Tozer fue un gran predicador, vastamente buscado y cotizado. Se dirigió a algunas de las iglesias más grandes de Norteamérica. Él recordaba es sus artículos para la revista Alliance Life, como las invitaciones no se repetían a causa del desafío constante de su predicación. Lo que pasa con sus sermones pasa también con sus libros. Siempre recibes el desafío de conocer mejor a Dios. Con Tozer no puedes ser neutral.

«Hasta que hombres que se olviden así mismos regresen al liderazgo espiritual, podemos esperar un deterioro progresivo en la calidad del Cristianismo popular, año tras año, hasta que alcancemos el punto donde el Espíritu Santo contristado se retire, tal como la gloria Shekina del templo. Hoy no estamos produciendo santos. Estamos convirtiendo a la gente a un tipo cansado de Cristianismo, estéril e infructuoso que nada tiene que ver con el del Nuevo Testamento. El denominado cristiano bíblico de nuestros tiempos no es más que una desafortunada parodia de la verdadera santidad y los santos. Pero ay del hombre que se atreva a desafiar esta degenerada forma de perpetuar la religión»[5]

Tozer y su encuentro con Dios

A.W. Tozer fue el tercero de seis hijos, y recibió muy poca educación durante su niñez. A los 15 años, toda la familia se trasladó a Akron, y Tozer fue a trabajar a la Goodyear.

Poco antes de su cumpleaños 17, Tozer oyó a un predicador callejero mientras regresaba casa de su trabajo. Él no pudo sacudirse el simple mensaje, corrió al viejo granero y recordó la predicación. «Si tú no sabes cómo ser salvo, sólo clama a Dios, diciendo: ‘Señor, ten misericordia de mí, pecador’». Este viejo granero se transformó en el lugar secreto donde se reunía con Dios, con el rostro pegado en el piso, una biblia y un lápiz (practica que nunca abandonó). Para fines de sus 17 años, Tozer  estaba familiarizado con los escritos de San Agustín, San Bernardo de Claraval, y Tomas Kempis. En Su libro “Hombres que se encontraron con Dios” relata cómo practicó la presencia de Dios en medio de la fábrica de neumáticos, mientras apilaba los cauchos. Su corazón se deleitaba en las excelencias de Cristo y su gloria. Esta disciplina claramente la imitó de Nicolás de Herman, conocido como el hermano Lorenzo y de su libro “Practica de la Presencia de Dios”: «La práctica de gozar la presencia de Dios no conoce horarios, ni fechas ni lugares, porque se funda en una relación de amor; además, dos personas enamoradas no admiten restricciones sobre la relación que viven».

No solo Tozer bebió de las fuentes de los sanos místicos medievales, también los pre-reformadores y los reformadores magisteriales.  El misticismo Cristo-céntrico preparó el camino para la Reforma Protestante al ejercer una notable piedad en los países bajos y Alemania. Las obras de San Bernardo fueron apreciadas por Lutero y Calvino. Después de San Agustín, el nombre que más se repite en las Instituciones de la Religión Cristiana, es el de Bernardo del Claraval.

Tozer en su libro, “El Conocimiento del Dios Santo”, dice: «Si los cristianos de hoy leyeran obras como las de Agustín o Anselmo, un libro como éste no habría tenido razón de ser. Sin embargo, los cristianos modernos sólo conocen de nombre a esos iluminados. Las casas editoras cumplen con su deber de hacer reimpresiones de sus libros, y a su debido tiempo éstas aparecen en los estantes de nuestros estudios. Ahí es donde se encuentra el problema: se quedan en los estantes»[6].

Su experiencia de conversión y crecimiento la relata así:

«Después de mi conversión, a los 17 años de edad, he transitado dentro de los círculos cristianos. Anhelaba sinceramente la santidad para mi propia vida y para los que me rodeaban. Tenía un gran deseo de tener comunión con aquellos que eran santos. Confieso que encontré mucha Teología, pero poca santidad y deseo por Cristo. También confieso, a esta fecha mucho más tardía, que no me importa de qué denominación o grupo procedan mis hermanos o hermanas en Cristo, si Dios, por la presencia de Su Espíritu Santo, aparece sobre ellos. Si Jesús es glorificado en sus vidas y servicio espiritual, mi corazón, que todavía anhela la comunión con Cristo, se siente atraído a ellos. Doy gracias a Dios por todos los recuerdos de hombres y mujeres sencillos y santos a través de mi ministerio. Ellos oraban con sinceridad, alzando sus rostros a Dios, sus ojos cerrados en sagrada reverencia. ¡Cuánto necesitamos esa reverencia y deleite en la Persona y la Obra de Nuestro Salvador! Es esto más que ninguna otra cosa que trae belleza a nuestra vida. Esta lección quisiera que todo joven que entra al ministerio Cristiano pudiera aprender. Los cristianos son llamados a ser zarzas ardientes. No necesariamente llamados a ser grandes. Son llamados a ser un pueblo en el cual mora el fuego embellecedor de Dios. Un pueblo que se ha encontrado con Dios»[7]

Sin una formación teológica, la presencia de Dios fue su seminario. Sus estudios fueron los Padres de la iglesia, los teólogos y místicos medievales, los puritanos y los hombres de avivamiento, entre ellos Jonathan Edwards. También los clásicos de la literatura universal. Esto es muy fácil de comprobar ya que en sus libros abundan las citas de Víctor Hugo, Charles Dickens, Fiódor Dostoyevski, Ralph Waldo Emerson, entre otros.

Constantemente recomendaba una educación autodidacta antes que ninguna. Siendo un hombre que solo tuvo educación primaria logró un doctorado «honoris causa» en letras por el Wheaton College en 1950. Escribió más de 40 libros. Esto ya es una fuerte razón para leer sus libros y seguir su ejemplo. La educación de calidad no es un patrimonio de las aulas. Hay otros caminos que explorar para crecer en el conocimiento. Así lo evidencia la vida de Tozer:

«Pues bajo la iluminación del Espíritu Santo el creyente estudioso, dedicado a la oración, puede convertirse en un filósofo cristiano, un sabio, un doctor de las cosas divinas. Además de eso, puede convertirse en un hombre de Dios y en una luz a esta generación»[8]

La filosofía, los poemas épicos unidos a los viejos himnarios que guardaba en su biblioteca, abrieron su mente y elevaron sus capacidades, convirtiéndolo en un autor prolífico y único. Sin embargo, nada de esto cambió su estilo de vida austero y sencillo. Acostumbraba a decir que si uno de sus miembros salía en la madrugada para ganarse el pan y volvía de noche para estar con su familia, el no sería un predicador cómodo y amante de los lujos. Fue así como hizo un voto de nunca comprase una auto y solo viajar en tren y autobús. Los derechos de sus libros los cedieron a miembros más modestos de su congregación.

Tozer y la Práctica de la presencia de Dios.

El ministerio de Tozer fue sustentado por la oración constante, sus sermones y estudios eran extensiones de sus tiempos de oración llevados al papel.

«Raymond McAfee, ayudante de Tozer durante más de quince años, se reunía con él en su estudio cada martes, jueves y sábado por la mañana, y pasaban media hora orando. A menudo, cuando McAfee entraba, Tozer le leía en voz alta algo que hubiera estado leyendo, que podía ser un texto de la Biblia, un himnario, un devocional o un libro de poesía. Luego se arrodillaba junto a su silla y empezaba a orar. En ocasiones, oraba con el rostro levantado; en otras, se postraba en el suelo, con una hoja de papel colocada debajo de la cara para no aspirar el polvo de la alfombra. McAfee  recuerda  un  día  especialmente  memorable.  «Tozer se arrodilló junto a su butaca, se quitó las gafas y las depositó sobre la silla. Descansando sobre los tobillos flexionados, entre lazó los dedos de las manos, alzó el rostro con los ojos cerrados y comenzó: “¡Oh, Dios, estamos ante ti!”. Con esas palabras, llegó como un torbellino de la presencia divina que llenó la habitación.  Ambos  adoramos,  maravillados  y  sumidos  en  un  éxtasis silencioso. Nunca he olvidado ese momento, ni quiero hacerlo»[9].

Tozer vivió en la presencia de Dios, por lo cual vio claramente y habló como un profeta a la iglesia. Consciente de que el profeta debe oír a Dios antes de hablar a los hombres («Ningún hombre califica para hablar si no ha escuchado primero» – decía), oraba de la siguiente manera: «Señor, enséñame a escuchar. Los tiempos son ruidosos, y mis oídos están cansados con los mil sonidos estridentes que continuamente los asaltan. Dame el espíritu del niño Samuel cuando él dijo, ‘Habla, que tu siervo oye’. Permíteme oírte hablar en mi corazón; permíteme acostumbrarme al sonido de tu voz. Que sus tonos puedan serme familiares cuando los sonidos de la tierra lleguen y el único sonido sea la música de tu voz hablante»[10]

Como profeta, él buscó la gloria de Dios con el celo de Elías y lamentó, con Jeremías, la apostasía del pueblo de Dios. Pero él no era un profeta de la desesperación. Sus escritos son mensajes de preocupación. Ellos exponen las debilidades de la iglesia y denuncian las concesiones; ellos advierten y exhortan. Pero también son mensajes de esperanza, porque Dios siempre está allí, siempre fiel para restaurar y cumplir Su Palabra a aquéllos que le oyen y obedecen. «Señor Jesús, vengo a ti por preparación espiritual. Pon tus manos sobre mí. Úngeme con el aceite del profeta del Nuevo Testamento. Prohíbe que yo llegue a ser un escriba religioso y así pierda mi llamamiento profético. Sálvame de la maldición que lleva oscuridad a través del clero moderno, la maldición de transar, de la imitación, del profesionalismo. Sálvame del error de juzgar una iglesia por su tamaño, su popularidad o la cantidad de su ofrenda anual. Ayúdame a recordar que soy un profeta  – no un promotor, no un gerente religioso, sino un profeta. Nunca me permitas volverme un esclavo de las multitudes. Sana mi alma de ambiciones carnales y líbrame de la comezón de la fama. Sálvame de la esclavitud a las cosas. No me permitas gastar mis días entreteniéndome en la casa. Pon el terror de ti sobre mí, oh Dios, y guíame al lugar de oración donde yo pueda luchar con los principados y potestades y los gobernantes de las tinieblas de este mundo. Líbrame de comer en exceso y dormir hasta tarde. Enséñame la autodisciplina para que yo pueda ser un buen soldado de Jesucristo».[11]

Tozer, y la experiencia Cristiana

«Nunca haré objeciones al cargo o la acusación de “Tozer predica la experiencia” ¡Yo predico a Cristo! Ese es mi llamamiento y vocación. Sin embargo, quiero arrojar algo de luz sobre este asunto y tema de la experiencia. Insisto que la predicación efectiva de Jesucristo, bien comprendida, producirá experiencia espiritual en los creyentes Cristianos. ¡Además, si la predicación Cristiana no produce experiencia espiritual y madurez en el creyente, la predicación no es fiel al Cristo revelado en las Escrituras. Consideren el ejemplo de Jonathan Edwards, usado poderosamente en el Gran Despertar en toda la Nueva Inglaterra en el siglo 18, pero dirán ¡Edwards fue un calvinista! Lo sé. Y eso es lo que mantengo como mi postura. Edwards fue reconocido como el poseedor de uno de los más brillantes  intelectos. Edward no fue un pentecostal, fue un calvinista. Que creía en la experiencia  cristiana genuina de manera tan positiva que escribió su libro los Afectos Religiosos»[12]

Tozer no concebía la fe fácil, la fe sin experiencia. El credo formal sin fuego en el corazón es lo que daña a la iglesia. La religiosidad, el ritual frio y sin pasión fueron las cosas que Cristo condenó. Y son las cosas que nosotros deberíamos evitar. El aprecio por la sana doctrina sin un interés por obedecerla es lo que destruye la iglesia, no el incrédulo que la visita de vez en cuando.  La mortalidad espiritual en nuestras iglesias se debe a la  falta de piedad y la búsqueda de Dios, no a la falta de dones. Podemos tener un sinnúmero de personas bien preparadas, bien dispuestas, con dones maravillosos, pero a causa de la falta experiencia que proviene de buscar a Dios, estos son totalmente ineficaces. La razón es que tus dones nunca podrán cubrir los puntos ciegos de tu carácter, nunca cubrirán los flancos débiles de tu vida.  El antiguo puritano inglés William Ames definió la teología como: “la doctrina o enseñanza de vivir para Dios”. Dios ha establecido una conexión inseparable entre la verdad y la piedad que termina en experiencia cristiana.  Si la verdad se queda en la cabeza, como un asunto meramente intelectual, y no mora en nuestros corazones para luego encontrar expresión en nuestra conducta, no somos diferentes a los demonios.  Perseguir el conocimiento sin un deseo de la práctica experimental de la presencia de Dios es la razón del infantilismo espiritual.

Tozer fue, en el verdadero y mejor sentido de la palabra, un místico. Puso gran énfasis en la contemplación de las cosas divinas que tiene como resultado la vida de consciencia de Dios. El misticismo de Tozer es el sano misticismo que no está en contra de la ortodoxia. Es el misticismo que proviene de experimentar el conocimiento de Dios no solo como algo de la cabeza sino del corazón. Las escrituras nos llaman a la comunión íntima con Dios, nos desafían experimentar el amor de Dios. Tú puedes decir: bueno te equivocas conmigo, porque yo conozco el amor de Dios, yo sé, que su amor es infinito eterno, e inmutable. Bueno entonces ¿Por qué sientes que la vida se destruye cuando no alcanzas tus metas? ¿Por qué te sientes demolido cuando nadie te prefiere, cuando nadie te sigue, cuando nadie te considera? ¿Quieres saber que sucedería si experimentaras el amor de Dios en mayor profundidad? No dejarías de hablar de él, lo recomendarías, estarías electrizado, apasionado y vigorizado. Dispuesto a dejar cualquier cosa que sea impedimento entre tú y Dios. Esta es la experiencia de un genuino discípulo de Cristo, esta experiencia no es patrimonio del pentecostalismo. Todos los grandes santos de la iglesia hablan de sus encuentros con Dios. El sano misticismo (no mística) jamás se atribuye inspiración directa de Dios. Busca depender del Espíritu Santo no para nuevas revelaciones, sino para ser capacitado, fortalecido y animado con la fe dada una vez a los santos. En íntima comunión con Cristo el mediador.

Tozer en este sentido está en línea con los reformadores y puritanos. Fueron muchas las críticas que recibió por su conocida simpatía por los místicos medievales. Sin embrago aprendió a vivir por encima de las críticas y mantener su regla para seguir a sus maestros: “Yo solo pido que una persona conozca a Dios de algo más que de oídas”. “no tengo interés en el escritor que obtiene información solo de la investigación y no posee fuego de Dios en su alma, que luego transmita a sus páginas”[13].

Tozer goza del reconocimiento de grandes teólogos, prácticamente no hay ningún manual de teología sistemática que no cite su clásico “El conocimiento del Dios Santo”. También cada libro que hoy leemos sobre la adoración incluye una cita de su libro “Que le ha sucedido a la Adoración”. Hace poco el Teólogo Reformado Joel Beeke, autor del libro “Espiritualidad Puritana y Reformada” recomienda leer “El Conocimiento del Dios Santo”.

La iglesia necesita leer a hombres como estos. Necesita libros que exalten el conocimiento de Dios, pero también la experiencia con él. El aburrimiento, la frialdad de espíritu, el servicio desapasionado, la falta de perseverancia y todos los males que podemos ver en la iglesia son producto de pensamientos indignos de Dios. No se puede pensar muy dignamente de Dios lejos de su palabra. Si deseamos una experiencia profunda con Dios no debemos buscar en nosotros, debemos correr al testimonio de las escrituras, es allí donde nos encontramos con Cristo el mediador.


[1] Evenings With Tozer: Daily Devotional Readings, Dr. J. I. Packer, Regent College, Vancouver.

[2] La Búsqueda de Dios, A.W. Tozer, Christian Publications, 1948

[3] Ibíd. pp. 9

[4] Ibíd. pp. 9

[5] De Dios y el Hombre, A.W. Tozer, Christian Publications, 1960, pp. 22

[6] El Conocimiento del Dios Santo, Clie- Clásicos Evangélicos, 1990 A.W Tozer pp. 5

[7] Hombres que se encontraron con Dios, Clie Clásicos Evangélicos, 1990 A.W Tozer pp. 75

[8] Orientando Las Velas, Clie Clásicos Evangélicos, 1990A.W. Tozer pp. 53

[9] Diseñados Para Adorar, Portavoz 2009, pp 17

[10] Dios Habla al que le escucha, la oración de un profeta menor, Clie Clásicos Evangélicos 1990. pp 99

[11] Ibíd. pp 100

[12] Hombres que se encontraron con Dios, Clie Clásicos Evangélicos 1990  A.W Tozer pp 12

[13] Hombres que se encontraron con Dios, Clie Clásicos Evangélicos 1990 A.W. Tozer pp 78


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