El impacto que tienen las figuras paternas y maternas en el desarrollo del individuo en las primeras etapas de vida


El impacto que tienen las figuras paternas y maternas en el desarrollo del individuo en las primeras etapas de vida

Por Paulo Arieu

La organización de la familia ha cambiado mucho en las últimas décadas. Aunque la familia nuclear todavía es mayoría (familia tradicional), muchos modelos nuevos de familia han surgido (monoparental, homoparental) y se ha producido una crisis social en el seno de la sociedad actual. Tras siglos de lucha social de la mujer, esta ha ido ocupando el lugar social que les corresponde por dignidad y derecho. Sin embargo, como consecuencia de esta lucha, también ha surgido la creencia que la figura del hombre no es tan necesaria en el hogar, que ambas figuras son intercambiables, que los niños no son afectados por la carencia del hombre en la casa o que la figura masculina en el hogar debe actuar como la mujer, intercambiando completamente los roles. Pero los seres humanos nacen indefensos completamente y necesitan del cuidado, disciplina amorosa y afecto de parte de ambos progenitores, principalmente durante los primeros años de su existencia y el impacto que tienen las figuras paterna y materna en el desarrollo de la criatura en sus primeras etapas de vida es muy grande. Estas conductas familiares han sido investigadas por diversos científicos a lo largo de la historia de la Psicología.
El ambiente familiar es el conjunto de relaciones que se establecen entre los miembros de la familia que comparten el mismo espacio. La obtención primaria de cariño, educación, alimento, vestimenta y protección depende de los padres. Olvidar este detalle hará que la existencia de la criatura entre en shock. Incluso el desarrollo correcto de la personalidad del bebé depende de la atención y estímulo que reciba por parte de sus padres.
Jean Piaget (1896 – 1980), fue un psicólogo suizo cuyos estudios detallados sobre el desarrollo cognitivo del niño ejercieron una influencia trascendental en la psicología evolutiva y en la pedagogía moderna. Su teoría describe y explica los cambios que ocurren a estas edades. Piaget sugirió que el desarrollo cognitivo ocurre luego de una serie de etapas de maduración y experiencia: motor sensor, preoperacional, operacional concreta y operaciones formales. Gracias a la interacción con el entorno y la influencia del ambiente familiar, es como las criaturas adquieren nueva información (Biografiasyvidas, s.f.).
En su investigación, Piaget observó que los niños tienen un papel activo en la obtención del conocimiento. Ellos desarrollan activamente su conocimiento y comprensión del mundo. La idea presentada por él es que, así como nuestro cuerpo evoluciona rápidamente durante los primeros años de nuestras vidas; nuestras capacidades mentales también evolucionan a través de una serie de fases cualitativamente diferentes. Paiget utilizó las observaciones con sus hijos para dar forma a su teoría. El señaló que la forma en que los niños actúan, sienten y perciben denota no que sus procesos mentales están inacabados, sino que están en una etapa con diferentes reglas del juego, aunque coherentes y cohesionados entre sí. Es decir, que la forma de pensar de los niños no se caracteriza tanto por la ausencia de habilidades mentales típicas de los adultos, como por la presencia de formas de pensar que siguen otras dinámicas muy diferentes, según la etapa de desarrollo en que se encuentren. (Stassen Berger, 2007, p.46).
En la primera etapa de la escala de Piaget (entre el nacimiento y los dos años de edad), es que el niño desarrolla la capacidad sensomotora, empezando a comprender la información que a través de sus sentidos les es facilitada. Los niños aprenderán básicamente a manipular los objetos a su alrededor y a procesar las señales del entorno (obviamente, siempre y cuando lo que ellos perciban se encuentre al alcance de sus sentidos físicos). Por esta razón es tan importante el ambiente familiar a través del cual el niño recibirá los primeros estímulos, lo que hace que unos niños de una familia sean distintos de otros, de otra familia. Solohijos (s.f.) explica que “lo que difiere a unas familias de otras es que unas tienen un ambiente familiar positivo y constructivo que propicia el desarrollo adecuado y feliz del niño, y en cambio otras familias, no viven correctamente las relaciones interpersonales de manera amorosa, lo que provoca que el niño no adquiera de sus padres el mejor modelo de conducta o que tenga carencias afectivas importantes”. Penosamente, a esta generación le ha tocado vivir la tragedia de que sus hogares asuman formas disfuncionales o el drama de muchas madres solteras que se han visto obligadas a luchar solas para sacar adelante la crianza y educación de sus hijos. Pero asumir esta realidad actual como el modelo normal es un error. Por ejemplo, un trabajo investigativo de Calvo Charro (2015) cita a la profesora de estudios de la mujer del Wellesley College, Rosanna Hertz, quien afirma que los padres simplemente no son necesarios. Según esta docente “el núcleo familiar es el constituido por la madre y el hijo. Los hombres en el mundo actual están obsoletos”. Calvo Charro (2015) también cita a Peggy Drexler, profesora de la Universidad de Cornell, quien defiende “la bondad de criar a los hijos sin la presencia de un padre, por madres solteras o parejas de lesbianas.”. Sin dudas, con esta clase de feminismo radical se está muy lejos de poder construir un hogar que sea un modelo para un niño norteamericano.
Pero devaluar la función paterna o menospreciar el rol del padre no proporcionará un entorno armonioso para el desarrollo integral de la criatura. Muchas parejas han fracasado porque no han contado con las herramientas requeridas para lograr permanecer juntas y criar armoniosamente a sus hijos. Otras parejas han fracasado porque, como afirma el portal Churchforum (s.f.) “la homosexualidad se ha transformado en una moda” y los valores históricos de las familias heterosexuales han colapsado. Pero adoptar la ética propuesta por el marxismo cultural es ignorar siglos de historia cuando las familias permanecían felizmente juntas y los muchachos eran educados exitosamente. Y anular o devaluar el rol paterno siempre traerá consecuencias directas sobre los niños. Como afirmó parte de un mensaje presidencial de la Casa Blanca: el matrimonio es una institución que promueve el bienestar de los niños y la estabilidad de la sociedad (TheWhiteHouse, 02-24-2004). Sin embargo, el escenario familiar norteamericano ya hace mucho que dejó de parecerse al de la Familia Ingalls. Porque como se deduce del análisis de datos extraídos del National Center for Fathering, casi todas las enfermedades sociales que enfrentan los niños estadounidenses están relacionadas con el rechazo parcial o total de esa expresión gubernamental.
Se remarca el hecho de que los niños de hogares sin padre tienen más probabilidades de ser pobres, involucrarse en el abuso de drogas y alcohol, abandonar la escuela y sufrir problemas de salud y emocionales. Los niños son más propensos a involucrarse en el crimen y es más probable que las niñas queden embarazadas cuando sean adolescentes (NCF, s.f.). ¿Y todo porque razón? Por la destrucción de los lazos familiares: “En estudios efectuados en Estados Unidos, dos de cada cinco jóvenes menores de 18 años viven, y han crecido, sin su padre biológico, ya sea como consecuencia de un divorcio, o de nacimientos de madre soltera. Es decir, un 40 % de los menores de 18 años en Estados Unidos vive en una familia monoparental. Este cuarenta por ciento representa más de veinte millones de niños y adolescentes“ (Felmer & Lopetegui & Shibar, 2005).
Analizando más profundamente la situación psicosocial que se vive en los Estados Unidos, vemos:
a) Pobres: Descuido en el manejo del dinero, pobreza por carencia o porque solo ingresa un solo salario en el núcleo familiar es motivo de destrucción de una familia. Los niños en hogares ausentes por padre tienen casi cuatro veces más probabilidades de ser pobres. En 2011, el 12 por ciento de los niños en familias casadas vivían en la pobreza, en comparación con el 44 por ciento de los niños en familias con solo madre (U.S. Census Bureau, 2011). Además, los niños que viven en familias encabezadas por mujeres sin cónyuge presente tenían una tasa de pobreza del 47.6 por ciento, más de 4 veces la tasa en las familias de parejas casadas (U.S. Department of Health and Human Services, 2012)
b) Abuso de drogas y alcohol: Muchos jóvenes viven solitariamente en los EE.UU, sea porque se independizan o porque se van de sus casas a estudiar a la Universidad. Es allí entonces donde muchas veces caen en toda clase de problemas: suicidio, abuso de drogas, crimen y problemas sexuales. El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU., afirma que “los niños sin padre tienen un riesgo mucho mayor de abuso de drogas y alcohol” (U.S. Department of Health and Human Services, 1993). También “existe un consumo significativamente mayor de drogas entre los niños que no viven con su madre y su padre” (Hoffmann, 2002). El abuso del alcohol destruye al individuo, la familia y daña a la sociedad en general. Carbajal Delgado (2004, p.107), también denuncia que “la violencia en contra de las mujeres y los niños, los accidentes automovilísticos, los crímenes, y muchos problemas más, tienen su raíz en el abuso del alcohol.” Según Carbajal Delgado (2004, p.107), “el 30%de los que se propasan con el alcohol tienen problemas psiquiátricos, 20% de los consumidores crónicos tiene disfunción laboral y social y 15% presenta cirrosis.”
c) Salud física y emocional: Un estudio de 1,977 niños de 3 años o más que viven con un padre o padre residencial descubrió que los niños que viven con padres biológicos casados tenían significativamente menos externalización e internalización de problemas de conducta que los niños que vivían con al menos un padre no biológico (Hofferth, 2006). Además, “los hijos de hogares monoparentales tienen más del doble de probabilidades de suicidarse.” (The Lancet, 01-25-2 003). La situación de monoparentalidad “es un factor de riesgo en la crianza de los hijos. En caso de que la madre no tenga apoyo y/o intervención sicológica, social, médica y familiar, los hijos se exponen a desarrollar trastornos psicosociales.” (Felmer & Lopetegui & Shibar, 2005). Además, hay que citar datos estadísticos que informan que “la probabilidad de que un niño norteamericano de raza blanca nacido hoy, crezca junto a su padre y viva con él hasta ser mayor de edad, es del 25%. Para un niño perteneciente a la raza negra, la probabilidad baja incluso al 5%.”(Felmer & Lopetegui & Shibar, 2005).
Seguramente la mayoría de los hogares monoparentales hacen lo mas que pueden para proporcionar una buena educación a sus hijos, y muchos lo hacen bien o al menos bastante bien. Sin embargo, es más fácil compartir el trabajo familiar y educativo entre ambos cónyuges que todo el trabajo tener que hacerlo una sola persona por su cuenta. La mayor presión de tiempo y menores recursos económicos, son valores que agobian al hogar monoparental. Además del alto costo de vida en los Estados Unidos, que obliga a que ambos padres deban trabajar para mantener un hogar, es sabido que la influencia de ambos padres es determinante para la crianza saludable de un niño. Ni el padre posee las mismas características psicológicas ni siempre tiene los mismos dones y talentos que posee la madre, ni la madre las características del padre. Ambos sexos en la pareja se complementan perfectamente.
Investigaciones realizadas en los niños maltratados en los Estados Unidos llegaron a conclusiones importantes sobre la importancia del afecto recibido en niños pequeños. Por ejemplo, un estudio detallado de 144 niños rumanos que estuvieron más de dos años en un instituto pero que luego fueron aceptados en hogares estimulantes y afectuosos encontró que su CI era 20 puntos menor al promedio. De un grupo de niños de 6 años de edad, se mostró evidencias de variaciones marcadas en un niño adoptado a los 3 años, tenía CI más alto que el promedio y cinco padecían retraso mental (Stassen Berger,2006, p.145). Esto confirma de algún modo el trabajo realizado por los investigadores del Baylor College of Medicine norteamericano, quienes después de efectuar múltiples estudios concluyeron que “los niños que no juegan o juegan poco y reciben escasas caricias desarrollan cerebros entre un 20% y un 30% más pequeños de lo normal para su edad” (Dsalud, 1999). Charro (2015) explica como el interés por el sano y armonioso desarrollo de los hijos produce resultados palpables en las criaturas. Ella resalta el hecho de que “los niños que se han beneficiado de la presencia de un padre interesado en su vida académica, emocional y personal, tienen mayores coeficientes intelectuales y mejor capacidad lingüística y cognitiva; son más sociables; tienen mayor autocontrol; sufren menos dificultades de comportamiento en la adolescencia; sacan mejores notas; son más líderes; tienen el autoestima más elevada; no suelen tener problemas con drogas o alcohol; desarrollan más empatía y sentimientos de compasión hacia los demás; y cuando se casan tienen matrimonios más estables”.
Estas cualidades citadas son muy atractivas. Ningún padre honesto debe dejar de tenerlas en cuenta si es que desea que sus hijos cuando crezcan sean personas de bien. Por el contrario, no tener en cuenta estos principios pondrá en riesgo el futuro psicosocial de los niños. La razón de esta afirmación es, como afirma Popenoe, un prestigioso sociólogo de Estados Unidos, porque “los padres son mucho más que simplemente los segundos adultos del hogar. Los padres implicados traen múltiples beneficios a los niños que ninguna otra persona es capaz de aportar” (Popenoe, s.f.). Lamentablemente, millones de niños crecen en Estados Unidos, en hogares disfuncionales, dado que “Estados Unidos es el país con más madres solas del mundo desarrollado”, según afirma Charro (2015).
Ella además explica que, según estadísticas recientes, “uno de cada tres niños crece sin padre (dos de cada tres, si nos referimos a niños pertenecientes a minorías)”, situación muy lamentable. El United States Department of Health and Human Services (2006) también señala la tragedia actual familiar que vive esta sociedad, donde “las familias sin padre constituyen la tendencia demográfica más perjudicial de esta generación, el daño de mayor gravedad causado a los niños: las investigaciones demuestran que hay 24,7 millones de niños norteamericanos en esta situación (36,3%) un número mayor que el de americanos afectados por cáncer, Alzheimer y SIDA juntos“. Estos datos estadísticos deberían producir una mayor conciencia social y abrir un debate profundo acerca de cómo será el país en el que les tocará vivir a las próximas generaciones de niños y adolescentes. El Dr. Wade Horn, fundador de la National Fatherhood Initiative (NFI) afirma que hoy en día “25 millones de niños norteamericanos tienen más posibilidades de ver un padre en la televisión que en su propio hogar. Aproximadamente un 40% de niños norteamericanos nacen actualmente fuera del matrimonio, lo que normalmente significa muy poca o ninguna relación con el padre biológico “(Martin et al., 2006). Según Blankenhorn (1995), “en este siglo la sociedad se dividirá prácticamente al 50% en dos grupos diferenciados, no por razón de raza, clase o religión, sino: uno, constituido por aquellos niños y jóvenes que han recibido los beneficios (psicológicos, sociales, económicos, educativos y morales) de la herencia vital de la presencia de un padre implicado en la familia; y otro, formado por aquellos que carecieron de ella”. Esto muestra claramente la importancia que las figuras paternas y maternas tienen en el desarrollo de las personas en los primeros años de vida. Esta tragedia social familiar traerá como consecuencia niños huérfanos de amor, sedientos de cariño, resentidos socialmente, ignorantes de las bondades de una familia bien constituida, niños criados sin la presencia y el afecto de ambos progenitores. Como bien señala el Dr. Dobson (2001, p.56): “sin la guía y dirección de un padre, la frustración de los muchachos les conduce a variadas formas de violencia y comportamiento asocial”
Las interacciones de los padres ejercen una poderosa influencia en cada dominio del funcionamiento de sus hijos, que comienza en la infancia, como investigó Piaget. Investigaciones recientes corroboran cómo los padres impactan social, emocional y desarrollo cognitivo. Por ejemplo, en los primeros días de vida, muchos recién nacidos vuelven sus cabezas preferencialmente a las voces de su padre versus la voz de un extraño. El portal Doctisima (s.f.) afirma que posiblemente sea falso afirmar que el bebé reconoce literalmente la voz o el aspecto de sus padres desde el momento de nacer o los primeros días. No obstante, el bebé reconoce en base a una multitud de elementos (como los abrazos, el olor, la actitud y los gestos hacia él, la forma en que se lo toma en brazos). Parece que el recién nacido distingue el olor de su madre hacia el décimo día, pero el reconocimiento de su voz posiblemente llegue más tarde (entre el tercer día o a partir del primer mes). Aunque el reconocimiento visual de la cara se produce mucho más tarde. Además de la madre, el bebé también puede reconocer pronto al padre y, por también a otras personas cercanas al niño quienes le brindan afecto y cuidado. Bebés prematuros que experimentan las visitas incrementadas de sus padres han aumentando de peso durante la hospitalización: “Se sabe que la participación de los padres para el cuidado del hijo prematuro en la Unidad Neonatal (UN) favorece su evolución y preparación para su egreso temprano” (American Academy of Pediatrics, 2008).
Estudios realizados sobre el método de cuidado para partos prematuros llamado madre canguro confirman efectos positivos. Este cuidado permite una intimidad del bebé prematuramente nacido con respecto de la madre y muestran además la positiva influencia de la mamá sobre la criatura. La posición canguro permite el contacto piel a piel del neonato con la madre durante 24 horas al día. El bebé es puesto verticalmente en el pecho de su madre (que le ayuda a regular la temperatura y la respiración), hasta que obtenga un peso de 2.400 g. Los resultados de este método indican que “el cuidado madre canguro es comparable con el cuidado tradicional en incubadora en lo que concierne a la estabilidad fisiológica, reducción de la tasa de mortalidad y aumento en crecimiento del bebé prematuro. Además, las infecciones hospitalarias son menos frecuentes y la estadía en el hospital, más corta para los bebés canguro que para bebés en cuidado de incubadora. La evidencia preliminar existente indica que el cuidado madre canguro podría tener un impacto positivo en el desarrollo motor, cognitivo y perceptual de los niño“ (Charpak & Ruiz-Peláez & Figueroa de Calume, 1996).
Los psicólogos del desarrollo coinciden que el desarrollo moral se produce entre los 7 y los 11 años, aunque algunos estudios demuestran que ya a los 4 años es posible tener cierto grado de conciencia entre lo que está bien y lo que está mal. Este desarrollo se produce cuando los niños se dan cuenta de las diferencias entre los temas morales y los asuntos relacionados por la convención, el gusto o la obediencia hacia los adultos (Turiel, 2002). Los teóricos que han investigado el desarrollo evolutivo de los niños generalmente coinciden en que madres y padres influyen en sus hijos en maneras similares con respecto al desarrollo de la moralidad, competencia en interacciones sociales, logros académicas y salud mental. Sin embargo, cuando los niños entran a la edad escolar, es común que los padres participen más en actividades recreativas, como paseos y excursiones así como en conversaciones privadas.
No hay dudas que los padres también tienen un fuerte influencia en el desarrollo de roles de género de sus hijos y son modelos importantes para ambos niñas y niños. Cuando por diversos motivos, esta relación familiar fracasa, surgen muchísimos problemas en la formación moral del niño. Las estadísticas señalan que “el 94% de los jóvenes con antecedentes delictivos no han tenido un modelo masculino positivo de conducta en sus vidas” (Charro,2015). No hay mejor manera de enseñar a los hijos que siendo hombres virtuosos de buen testimonio y ejemplo de virtud. Los papás deben ser hombres afables que ofrezcan a sus hijos de comprobar que ellos son ejemplos de conducta virtuosa, principalmente pudiendo observar a su padre, observándolo cómo trabaja y como obra una buena persona: “Todos los muchachos necesitan un verdadero hombre a su lado al que admirar y copiar para poder convertirse en uno de ellos” (Charro, 2015).
Cobra mucha importancia en la educación de los hijos el problema moral. Desde bien pequeños hay que empezar a educarlos para que no sean como bárbaros sino que crezcan civilizadamente. Lawrence Kohlberg fue uno de los teóricos que mas procuró comprender el dilema moral; fue un psicólogo estadounidense nacido en 1927 que en la segunda mitad del siglo XX, desde la Universidad de Harvard, se dedicó en gran parte a indagar en el modo en el que las personas razonan en problemas de tipo moral. Se valió de las teorías de Jean Piaget y presentó dilemas éticos a niños, adolescentes y adultos. Kohlberg y Piaget, comparten la creencia en que la moral en el individuo se desarrolla en una serie de fases o etapas, que son las mismas para todos los seres humanos y se dan en el mismo orden. En cada etapa, se van creando ciertas estructuras que permitirán el paso a etapas posteriores. Sin embargo, Kohlberg opina que no todas las etapas del desarrollo moral surgen de la maduración biológica como en Piaget. Disintió de Piaget en que, según él, el desarrollo biológico e intelectual es una condición necesaria para el desarrollo moral, pero no suficiente.
Las últimas etapas del diagrama moral de Kohlberg, parecen estar ligadas a la interacción con el ambiente. Además, no todos los individuos llegan a alcanzar las etapas superiores de este desarrollo, explica Fernández (2005). Triglia (s.f.) señala además que “las categorías que Kohlberg utilizó para señalar el nivel de desarrollo moral son una manera de expresar las diferencias sustanciales que se dan en el modo de razonar de alguien a medida que va creciendo y aprendiendo. Estas 6 etapas se engloban en tres categorías más amplias: la fase pre-convencional, la convencional y la post-convencional.” Lawrence Kohlberg se había propuesto investigar, desde el año 1958, como el conocimiento moral en los seres humanos había evolucionado. Aunque Kohlberg había corregido su teoría del juicio moral entendido exclusivamente como una humana reacción cognoscitivo-afectiva frente a situaciones que ameritaban alguna clase de intervención. El juicio moral es, para Kohlberg, un dictamen que se produce en el sujeto cuando logra ponerse mentalmente en la posición del otro, exigiendo del sujeto poder ser capaz de verse a sí mismo como si el fuese la persona que tiene enfrente y poder imaginarse qué sucedería si estuviera en las circunstancias ajenas, estando a merced de la acción que se está disponiendo a realizar.
Los padres deben asumir su responsabilidad paterna en la formación del carácter de los hijos. Los hijos deben aprender a obedecer a sus padres y a no rebelarse contra ellos. Pero los padres deben procurar no cansar a sus hijos con fuertes demandas que ellos queden superados en fuerza y ánimo. Muchas veces son los mismos padres los que provocan que sus hijos se llenen de ira y rebelión. Es tan fuerte la influencia de los padres en este tema, que “cuando los padres o madres están ausentes, omisos, o simplemente no cumplen con sus responsabilidades socio-familiares, van deteriorando el ego de sus hijos. Faltan para ayudar a completar esa estructura fundamental que es la identidad.” (Knobel, s.f, p.144).
Todavía, los hijos muchas veces no se identifican con los padres; por el contrario, se rebelan contra ellos, rechazando su dominio, valores y orientaciones sobre particularidades de la vida. Pero este rechazo es necesario para “separar su identidad de la de sus padres y de la necesidad desesperada de participar de un grupo social” (Martins de Souza Campos, 1975, p.89). Esto hará que los hijos puedan independizarse de los padres y no queden muy apegados a ellos, impidiéndose su sano desarrollo psico-social. La buena crianza de los padres afecta directamente la personalidad y el carácter de los hijos. Padres que se preocuparon por la crianza de los niños han logrado que sus hijos el día de mañana fuesen personas de bien.
Y al revés también. Padres negligentes, pocos preocupados por sus hijos, con la posibilidad enorme de que sus hijos sean poco fructíferos en la vida (e incluso delincuentes). Los padres son sumamente relevantes y responsables en la formación de sus hijos. Adolfo Suárez, escritor, teólogo y educador, rector actual del Seminario Adventista Latinoamericano de Teología, con maestría y doctorado en Ciencias de la Religión, con pos doctorado en Teología dice que los padres son los responsables de la obtención de la identidad de los hijos, dado que “desde la más tierna infancia son las figuras que ayudan a configurar el mundo interno de cada persona, determinan gran parte de nuestros modelos de vida y nos pasan los ideales de cultura en la cual nacemos y crecemos.” (Suarez, 02-14-2017). Por lo tanto, si el niño desea alcanzar su propia independencia como persona y no ser algo así como un clon de los padres, deberá realizar cierto distanciamiento psíquico de la figura de sus progenitores. Pero Suarez (02-14-2017) reconoce que “resulta difícil separarse de ese mundo interno constituido tan temprano en la vida”. Esto implica tomar conciencia que “la presencia externa, concreta, de los padres, comienza a ser innecesaria. Ahora, la separación de estos no solo es posible, como necesaria. Las figuras parentales están internalizadas, incorporadas a la personalidad del sujeto, y este puede comenzar su proceso de individualización… El adolescente tiene que dejar de ser a través de los padres para llegar a ser él mismo” (Aberastury & Knobel, 1971, pp.36-66). O sea, él joven no puede contentarse con ser una copia fiel de los padres; él tiene que ser él mismo, o sea, tener una personalidad propia que lo caracterice e identifique.
Porque no es lo mismo la personalidad que la persona. Polaino-Lorente & Cabanyes Truffino & del Pozo Armentia (2003, p.27) explican las diferencias entre personalidad y persona, diciendo que:
a) La personalidad es lo que se es: fruto, eso sí, de una síntesis muy amplia: factores genéticos, biológicos, familiares, socioculturales, etc. y no algo superpuesto al ser y poseído por éste, fácil al cambio como si de una prenda epidérmica se tratara. La personalidad, es una explicación, siempre penúltima e incompleta, del modo en que se conduce cada ser humano.
b) La persona “es el fundamento de la personalidad, la razón última por la que cada ser humano es lo que es y no otro. “
Y aunque la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de la ciudad de Éfeso fue escrita en una época distinta que esta, sin dudas sus enseñanzas parecen haberse escrito tan solo hace algunos pocos años atrás. Efesios 6:4 afirma: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Por un lado, en la primera parte del pasaje se deja claro que los padres no deben ser opresivos, abusivos ni descuidados con sus hijos (ni autoritarios ni negligentes), en la segunda parte se aclara que la vida familiar no es un circo, ni un picnic, ni tampoco una fiesta constante, menos aún un sitio para pasar todos los días los niños sus vacaciones. En una familia normal, común y corriente no todo es fiesta, risas, carcajadas o juegos. Hay un tiempo para pasarlo bien en familia, claro que sí, pero en la vida de una buena familia también debe haber disciplina y recta amonestación, siempre que sea necesario. Si no, los niños crecerán aprendiendo a tomarse todo en risa, a no esforzarse nunca, a desobedecer a los padres, a tomar a sus progenitores como objeto de burla.
Lamentablemente, la vida tiene muchos matices. No todo es color de rosa en la vida y los niños deben aprenderlo bien. La segunda parte del pasaje bíblico, es un aviso a los padres sobre cuán serio es el oficio de ser papá y mamá, de la importancia de la paternidad y la maternidad. Además, también es un mensaje indirecto dirigido a los hijos sobre lo que ellos deben esperar de sus padres, como deben esperar que sus padres les eduquen. Es cierto que los hijos deben esperar protección completa de sus padres y también ayuda cada vez que sea necesaria. El consejo que encierra este pasaje es que los padres deben estar siempre presentes, demostrando amor, cariño y comprensión a sus hijos. Pero los hijos deben esperar que sus padres sean firmes, rígidos y que no les permitan hacer o aprender cosas equivocadas, o permitirles faltas que los hijos a veces cometen, sin ningún tipo de disciplina. Como escribe el Dr. Adolfo Suárez, desde su cosmovisión cristiana: “una familia según el corazón de Dios es una mezcla de cuidado y protección, junto con disciplina y amonestación. Porque si en la familia no se encuentran esos dos componentes, los resultados serán de tristeza aquí en la Tierra, con efectos irreparables para la eternidad” (Suarez, 02-14-2017). Pero lamentablemente, en estos tiempos “la familia moderna está criando hijos desobedientes, groseros e indisciplinados; padres deshonestos, mentirosos e irresponsables; hombres que son temidos más que respetados, que son déspotas y autoritarios. El adolescente moderno cae en toda clase de vicios sin remordimiento alguno; los jóvenes participan en relaciones ilícitas como si fuera un deporte.” (Carbajal Delgado, 2004, p.14).
Existen formas de clasificar el rol de los padres en la crianza de los hijos. Diana Blumberg Baumrind (nacida el 23 de agosto de 1927) es una psicóloga clínica y de desarrollo conocida por su investigación sobre estilos de crianza. Ella es investigadora y profesora de psicología en UC Berkeley. Según Hanly (02-01-2018), dividió las estrategias de crianza en cuatro estilos, donde cada estilo es una combinación de control o falta de control, y de calidez o falta de ella. Cuando los padres caen en estas categorías tienen un efecto significativo en el desarrollo psicológico de sus hijos:
a) Propagativo: Es la más democrática de las cuatro estrategias principales para padres. Los padres son atentos, expresan calidez y enseñan a los niños el comportamiento adecuado a través de reglas, recompensas y castigos no violentos.
b) Autoritario: el estilo autoritario de crianza se caracteriza por una alta exigencia con poca capacidad de respuesta. El padre autoritario es rígido, duro y exigente. Los padres abusivos por lo general caen en esta categoría (aunque no todos los padres autoritarios son abusivos).
c) Permisivo: Se caracteriza por una baja exigencia con alta capacidad de respuesta. El padre permisivo es demasiado receptivo a las demandas del niño, rara vez aplica reglas consistentes. El niño “mimado” a menudo tiene padres permisivos.
d) Negligente: Los padres negligentes no se involucran en la vida de sus hijos. No son capaces de establecer reglas y límites y no pueden desarrollar una relación con ellos. Los niños que crecen bajo este estilo de crianza son más propensos a convertirse en delincuentes.
La familia de hoy requiere un modelo con estándares de educación y convivencia moral muy altos, muchos más altos que los que gran parte de la sociedad norteamericana actual practica. Un modelo testimonial de padre amoroso, es el que refiere el Dr. James Dobson. Durante el sepelio de su padre, James Dobson, reconocido autor cristiano, expresó;
“Este hombre no sólo era mi padre y mi amigo, sino también una fuente de inspiración para mí. Pocas personas advierten que en realidad la mayor parte de lo que escribo es expresión de sus perspectivas y enseñanzas… los momentos más felices de mi vida tuvieron lugar a su lado. Un intenso amor y afecto definió el marco de nuestra relación de por vida. Había entre nosotros una intimidad y unidad que me hacía desear ser como aquel hombre… que me hizo adoptar sus valores como propios, hacer míos sus sueños, aceptar a su Dios como el mío. James Dobson (padre) era un hombre de muchos amores. Su mayor amor era el que sentía por Jesucristo. Cada uno de sus pensamientos y acciones estaba motivado o influido por su deseo de servir al Señor. Mi padre también amaba intensamente a mi madre. Cuánto necesita nuestra sociedad esposos y padres que se comprometan con sus familias, hombres decididos a salir adelante en esta importante responsabilidad. Mi padre era uno de estos hombres, y su entrega a mi madre creció constantemente a lo largo de cuarenta y tres años de matrimonio. Muy pocas personas percibieron plenamente la profundidad del amor que mi padre tenía por aprender. Mi padre tenía un insaciable deseo de aprender, y alternaba sus intereses entre la biología, la física, la astronomía, la ecología, la teología, la política, la medicina, y las artes. Por último, mi padre me amaba. Lo he sabido desde que podía tener conciencia de ello. Durante mis cuarenta y un años de edad he estado extendiendo mi mano hacia él, y siempre ha estado allí. Danae y Ryan (dirigiéndose a sus hijos), su abuelo era un gran hombre. No porque fuera presidente o porque vayan a recordarlo en los libros de historia. Era grande por su compromiso incondicional con la fe cristiana. Y si yo puedo ser para ustedes al menos la mitad de lo que él fue conmigo, sin duda ustedes serán también unos hijos afortunados” (Dobson, 1993, pp. 54-60). Sin dudas, este padre fue de gran influencia en la vida de su hijo, el Dr. James Dobson. James Clayton “Jim” Dobson, Jr. (nacido el 21 de abril de 1936) es un autor cristiano evangélico estadounidense, psicólogo y fundador en 1977 de Focus on the Family (FOTF), organización cristiana que dirigió hasta 2003. En la década de 1980 se clasificó como uno de los voceros más influyentes para las posiciones sociales conservadoras en la vida pública estadounidense. Aunque nunca fue un ministro ordenado, The New York Times lo llamó “el líder evangélico más influyente de la nación” (kirkpatrick, 01-01-2005).
Otro testimonio, completamente opuesto al del Dr. James Dobson, es el de Nicolás Cruz, el joven atacante que provocó la muerte de 17 personas recientemente en una escuela secundaria de Florida, un adolescente amante de las armas que había sido expulsado del liceo por razones disciplinarias. Nacido en setiembre de 1998, Nicolás Cruz y su hermano fueron adoptados al nacer por una pareja de cincuentones. Su madre adoptiva, falleció de neumonía a finales del año pasado, y Nicolás fue hospedado por la familia de un compañero de clase en una casa en la que contaba con su propia habitación. Se trataba de un chico con problemas, que poseía armas en su casa y que había hablado con varios compañeros acerca de usarlas. Gustaba de disparar su fusil porque le daba una sensación de embriaguez. Era un joven solitario que había abandonado el liceo hacía varios meses para mudarse al norte de Florida, luego de la muerte de su madre. Pero también parece que él habría tenido un poco de preparación militar (Andina, 02-15-2018). Todas estas características informan del perfil psicológico de este joven, que entró en la historia de los Estados Unidos, pero lamentablemente desde el record policial. Posiblemente este niño nunca recibió el afecto que necesitaba para superar sus problemas de adopción. Pero sin dudas, algo andaba mal en su salud mental, cono para enloquecerse de esa manera y acabar con la vida de tantos de sus compañeritos, niños inocentes completamente.
En conclusión, el surgimiento en las últimas décadas de la historia de EE.UU de nuevas formas de familia ha traído severas consecuencias sociales. Estos cambios sociales han sido investigados por muchos científicos de la conducta ya que la influencia del entorno familiar es determinante en el desarrollo del niño. Piaget, un científico suizo investigó exhaustivamente la niñez, utilizando para tal fin las observaciones con sus hijos. El observó que sus capacidades mentales evolucionan así como lo hacen sus cuerpos. Durante la etapa sensoromotora (primer etapa) es que los niños aprenden a relacionarse con el medio ambiente a su alrededor.
Por esta razón, la destrucción de los lazos familiares en los EE.UU ha sido la razón para que surjan muchos hogares monoparentales, lo que ha hecho que muchos niños crezcan en hogares pobres, usen drogas ilícitas, abusen del alcohol, abandonen la escuela y sufran problemas de salud o emocionales. Datos estadísticos avalan estas afirmaciones. Estados Unidos es el país con más madres solas del mundo desarrollado. Uno de cada tres niños crece sin padre (dos de cada tres, si nos referimos a niños pertenecientes a minorías). Sin la guía y dirección de un padre, la frustración en la vida de los muchachos les conducirá a actitudes violentas y comportamiento asocial. Esta tragedia social familiar traerá como consecuencia niños huérfanos de amor, sedientos de cariño, resentidos socialmente, ignorantes de las bondades de una familia bien constituida, niños criados sin la presencia y el afecto de ambos progenitores.que los niños de hogares sin padre tienen más probabilidades de ser pobres, involucrarse en el abuso de drogas y alcohol, abandonar la escuela y sufrir problemas de salud y emocionales. Los niños son más propensos a involucrarse en el crimen y es más probable que las niñas queden embarazadas cuando sean adolescentes. Sin dudas, es un error la afirmación de algunas feministas, como Rosanna Hertz o Peggy Drexler, que la presencia del padre no es determinante en la familia. Que muchas madres solteras hayan hecho todo lo posible por educar bien a sus hijos, no es justificativo para desautorizar la figura paternal.
Investigaciones recientes corroboran cómo la atención y afecto de los padres impactan social, emocional el desarrollo cognitivo del bebé, quien reconoce en base a una multitud de elementos como los abrazos, el olor, la actitud y los gestos hacia él, la forma en que se lo toma en brazos. Un ejemplo de esto es el exitoso método mamá canguro que sirve para que la madre profundice lazos maternales con su bebé prematuro. Desde pequeños hay que empezar a educar a los niños para que cuando sean grandes no sean bárbaros sino se comporten civilizadamente. El desarrollo moral del niño se produce entre los 7 y los 11 años, aunque algunos estudios demuestran que ya a los 4 años es posible tener algún grado de conciencia entre lo que está bien y lo que está mal. Lawrence Kohlberg, se valió de las teorías de Jean Piaget y fue uno de los teóricos que más procuró comprender el dilema moral; este psicólogo estadounidense se dedicó en gran parte a indagar la forma en que las personas deducen los problemas de índole moral. Diana Blumberg es una psicóloga clínica y de desarrollo conocida por su investigación sobre estilos de crianza. Dividió las estrategias de crianza en cuatro estilos. Cuando los padres caen en estas categorías tienen un efecto significativo en el desarrollo psicológico de sus hijos: Propagativo, Autoritario, Permisivo, Negligente.
También en la Biblia (Efesios 6:4), encontramos una enseñanza tremenda sobre cómo educar a los hijos para que ellos crezcan sanamente. Pero lamentablemente, en estos tiempos las familias modernas están criando hijos desobedientes, groseros e indisciplinados; padres deshonestos, mentirosos e irresponsables; hombres que son temidos más que respetados, que son déspotas y autoritarios. Los adolescentes modernos caen en toda clase de vicios sin remordimiento alguno y muchos jóvenes participan en relaciones ilícitas como si fuera un deporte. La familia de hoy requiere un modelo con estándares de educación y convivencia moral muy altos, muchos más altos que los que gran parte de la sociedad norteamericana actual practica. Un modelo testimonial de padre amoroso, es el que refiere el Dr. James Dobson, durante el sepelio de su padre. James Dobson destacó notablemente las virtudes de su padre que había fallecido.
No hay dudas que su padre le educó correctamente, haciendo de Dobson un hombre de bien y un líder entendido en temas de psicología familiar a nivel nacional e internacional. Un testimonio completamente opuesto al del Dr. James Dobson, es el de Nicolás Cruz, el joven atacante que asesinó a 17 personas recientemente en una escuela secundaria de Florida, un adolescente solitario y problemático, amante de las armas que había sido expulsado del liceo por mala conducta. El y su hermano fueron adoptados al nacer por una pareja de personas mayores, pero su madre adoptiva había falleció de neumonía a finales del año pasado. Lamentablemente su testimonio quedará grabado para siempre, pero desde el record policial. Quizás Nicolás nunca recibió el afecto que necesitaba para superar sus problemas de adopción. Pero algo andaba mal en su salud mental. Lamentablemente, casos como el del joven Nicolás no son casos aislados, sino que son casos reiterados. Seguramente algo anda muy mal también en el sistema social norteamericano.

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