La importancia de no juzgar en consejería


La importancia de no juzgar en consejería

Por Paulo Arieu

El juzgar es un hábito bastante común en las personas. Pero en la entrevista de consejería es mejor no  juzgar al paciente. Puede resultar ser una traba para que progrese una relación de ayuda terapéutica. Cuando se juzga al paciente se le bloquea al individuo las capacidades de responsabilizarse manteniéndole al uno dependiente del otro. La relación de Consejería se debe establecer sin juicio de valores. Esto no significa que uno deba estar de acuerdo con los actos o creencias de la otra persona. Además, corremos el riesgo de no ser lo suficientemente e imparciales y podemos herir a la otra persona (García-Allen, s.f.). La justicia propia y la tendencia a juzgar a otros hacen que el corazón de un consejero se corrompa lentamente, y esa fea actitud se hará manifiesta rápidamente en las entrevistas a los pacientes (Pierre & Reju, 2016, p.72). El consejero debe hacer el esfuerzo de escuchar con suma paciencia y no juzgar. Además, si el consejero es una persona religiosa debe tener presente que es Dios, el Justo Juez, quien por si mismo conoce perfectamente los motivos del corazón como para Juzgar y castigar con justa justicia.

Cuando Jesús se encontró con la mujer que estaban juzgando por adulterio (Juan capítulo 7.53 al capítulo 8:11), no la juzgó. Si la hubiese juzgado, hubiese tenido que permitir que la maten a pedradas como los otros querían hacer, ya que ellos (los judíos) se regían por la Ley de Moisés (Israel no era un país democrático en aquella época, sino teocrático). Al contrario, Jesús la perdonó y solo le dijo: “vete pero no peques más. “ Aunque, como dice Sanchez (05-20-2009) en un análisis de interpretación del texto que el realiza “la ley de Dios es la base para toda conducta humana y la transgresión de ella siempre es llamada pecado”, Dios nos manda a los consejeros a ser misericordiosos con las personas, a sentir empatía con ellos, a tratar de identificarnos con su dolor y a no emitir opiniones de condenación hacia los actos de las otras personas (aunque nosotros creamos que ellas se lo merecen). Dios nos manda muchas veces a sufrir en silencio  al lado de ellos, sintiendo su dolor en nosotros mismos, pero no juzgándolos, sino amándolos.

Referencias

García-Allen, J. (s.f.). Las 10 razones para dejar de juzgar a los demás. Obtenido el 01-26-2018 de https://psicologiaymente.net/social/no-juzgar-a-los-demas

Pierre, J. & Reju, D. (2016). El pastor y la consejería. Los fundamentos de pastorear a los miembros en necesidad. 9Marks. Washington, D.C., Estados Unidos.

Sanchez, M. (05-20-2009). Jesús, la ley y la mujer adúltera. Obtenido de https://reformadoreformandome.wordpress.com/2009/05/20/jesus-la-ley-y-la-mujer-adultera/

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