Los cristianos: ¿debemos ser personas tolerantes o intolerantes? parte VIII


Los cristianos: ¿debemos ser personas tolerantes o intolerantes?

parte VIII

Por Paulo Arieu

Rembrandt[1].La discusion entre San Pedro y San Pablo

En la epístola a los Gálatas capítulo 2, vemos otro caso de intolerancia justificada: Pablo enfrenta a Pedro por su hipocresía judaizante. Sin dudas, Pablo actuó intolerantemente, pero tenía una gran razón para actuar asi. Pero ¿quienes eran los judaizantes? Rzancarrera, un teólogo católico, explica acerca de estos grupos  comentando quienes eran, de donde provenían y en que creían:

Parece que se trata de cristianos adeptos a una práctica judía exagerada o estricta que los separaba de los cristianos moderados, representados por apóstoles tales como Pedro, Pablo e incluso Santiago. Se ha llegado a pensar que eran de origen fariseo, pues preconizaban la circuncisión a veces. Habría que relacionarlos al parecer con los falsos maestros de la vecina Colosas, los cuales propugnaron la veneración de los espíritus elementales del mundo (Gal 4:3.9; Col 2:8,20) y la observancia de días, meses, estaciones y años (Gal. 14:10; Col 2:16). Los judaizantes gálatas no sostenían, según parece la observancia de toda la ley de Moisés, sino la adopción de ciertas prácticas judías. Pablo rechazaba sus demandas a favor de la circuncisión, la celebración de fiestas especiales (judías) y la veneración de los ángeles o espíritus. El Apóstol afirma que el hecho de someter al hombre a la circuncisión le obliga a observar toda la Ley (5:2-3). Es difícil afirmar si ellos conocían la decisión del concilio de Jerusalén sobre la circuncisión (Hech 15:1-12). No obstante, conviene advertir que Pablo les cita el concilio. Se observa una relación con el transfondo esénico y de Qumrán.[0]

Cual era el objetivo principal de estos grupos? Según este teólogo católico

El objetivo fundamental de este grupo es que los gálatas se hagan circuncidar (6:13). Ninguna otra carta concede tanta importancia a este problema. La argumentación de los judaizantes es muy simple: Abrahán recibió la ley de la circuncisión como signo de la alianza para siempre entre Dios y sus descendientes (Gn. 17:9-14). Solo los circuncisos pueden pretender la herencia de Abrahán. La predicación sobre la circuncisión supone la creencia en el valor definitivo de la alianza del Sinaí. Tal es el punto de vista normal del judaísmo.[1]

El comentarista biblico William Hendriksen explica acerca del caracter hipócrita de los judaizantes diciendo que ellos no respetaron la decision del Concilio de Jerusalen:

Pero los judaizantes no iban a rendirse así no más. Siguieron a Pablo pisándole los talones, a fin de destruir los resultados de su trabajo. En Antioquía fueron culpables en parte por la conducta reprochable de Pedro (Gá. 2:11, 12). Recorrieron Galacia insistiendo que los gentiles fuesen circuncidados como un medio de salvación (Gá. 5:2, 3; 6:12). No negaban la necesidad de la fe en Cristo, pero proclamaban fuertemente que la circuncisión y otros requerimientos adicionales también eran necesarios (4:9, 10). Sin embargo, con una asombrosa inconsistencia, no insistieron en la obediencia a toda la ley (5:3). Con el fin de reforzar su causa, trataron de levantar sospechas en cuanto a Pablo. Trataron de desacreditarlo, afirmando que su apostolado no era de Dios sino de los hombres, y que por eso su evangelio era de segunda mano (Gá. 1:1; cf. 1 Co. 9:1ss); que sólo trataba de ganarse el favor de los hombres (Gá. 1:10), y que cuando le convenía, él mismo predicaba la circuncisión (5:11). Pablo sabía que estos alborotadores sólo eran cristianos nominales. Eran hipócritas e inconsistentes, porque mientras trataban de forzar a otros a observar la ley, ellos mismos fallaban al no cumplirla (Gál. 6:13). Su meta era: a. evitar la persecución por parte de los judíos, y b. a causa de su ambición personal, gloriarse en la carne de sus seguidores; es decir, poder señalar con orgullo, que debido a sus (las de los judaizantes) exhortaciones apremiantes, los gentiles habían recibido la circuncisión (4:17; 6:13).[2]

William Barclay comenta que

Debemos recordar el exclusivismo rígido de los judíos más fanáticos. Se consideraban el pueblo escogido de tal manera que implicaba el rechazo de todos los demás. «El Señor es misericordioso y lleno de gracia. Pero lo es solamente con los israelitas; a las otras naciones las aterra.» «Los gentiles son como estopa o paja que se quema, o como las motas que dispersa el viento.» «Si un hombre se arrepiente, Dios le acepta; pero eso se aplica solamente a Israel, y no a los gentiles.» «Ama a todos, pero odia a los herejes.» Este exclusivismo entraba en la vida diaria. Un judío estricto tenía prohibido hasta tener una relación comercial con un gentil; no debía hacer un viaje con un gentil; no debía ni dar hospitalidad ni aceptarla de un gentil.[3]

Leemos en el libro de Gálatas, que el apostol Pablo exhortó al apostol Pedro dado que su conducta era de reprochar y ponía en peligro el futuro del cristianismo.

Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que enfrentarlo cara a cara, porque él estaba muy equivocado en lo que hacía.  Cuando llegó por primera vez, Pedro comía con los creyentes gentiles, quienes no estaban circuncidados; pero después, cuando llegaron algunos amigos de Santiago, Pedro no quiso comer más con esos gentiles. Tenía miedo a la crítica de los que insistían en la necesidad de la circuncisión.  Como resultado, otros creyentes judíos imitaron la hipocresía de Pedro, e incluso Bernabé se dejó llevar por esa hipocresía. Cuando vi que ellos no seguían la verdad del mensaje del evangelio, le dije a Pedro delante de todos los demás: «Si tú, que eres judío de nacimiento, dejaste a un lado las leyes judías y vives como un gentil, ¿por qué ahora tratas de obligar a estos gentiles a seguir las tradiciones judías? »Tú y yo somos judíos de nacimiento, no somos “pecadores” como los gentiles. Sin embargo, sabemos que una persona es declarada justa ante Dios por la fe en Jesucristo y no por la obediencia a la ley. Y nosotros hemos creído en Cristo Jesús para poder ser declarados justos ante Dios por causa de nuestra fe en Cristo y no porque hayamos obedecido la ley. Pues nadie jamás será declarado justo ante Dios mediante la obediencia a la ley». Pero supongamos que intentamos ser declarados justos ante Dios por medio de la fe en Cristo y luego se nos declara culpables por haber abandonado la ley. ¿Acaso esto quiere decir que Cristo nos ha llevado al pecado? ¡Por supuesto que no! (Gálatas 2:11-17 NTV).

En un momento inicial, Pedro no había tenido problemas en aceptar en igualdad de condiciones, a los cristianos de origen gentil. Incluso, el había aceptado comer con ellos a pesar de que los gentiles no guardaban los preceptos de la ley de Moisés (relacionado con los alimentos) (Ver Gálatas 2:11-12). De esa manera, Pedro seguía fundamentalmente las conclusiones a las que había llegado cuando se produjo la conversión del centurión Cornelio (Ver Hechos 10) y mantenía el principio que consistía en creer que la salvación derivaba de la fe en el mesías Jesús y no por cumplir la ley mosaica. Este era un principio que también era defendido por Pablo y Bernabé.

Sin embargo, se produjo una circunstancia que cambió el panorama:

  • “pero después que vinieron, dio marcha atrás (Pedro) y se apartó, porque tenía temor de los de la circuncisión. Y en su simulación participaron también los demás judíos, de manera que incluso Bernabé se vio arrastrado por su hipocresía” (2:12-13).

En otras palabras, Pedro había cedido en un momento determinado a las presiones de algunos judeo-cristianos y había abandonado la práctica de comer con los cristianos gentiles por temor a las críticas de los judaizantes. Esta conducta es calificada por Pablo como una conducta hipócrita. La reacción de Pablo ante ese comportamiento había sido tremenda:

  • “… cuando vi que no caminaban correctamente de acuerdo con la verdad del evangelio dije a Pedro delante de todos: ¿porqué obligas a los gentiles a judaizar cuando tu, pese a ser judío, vives como los gentiles y no como un judío? Nosotros, que hemos nacido judíos, y no somos pecadores gentiles, sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la fe en Jesús el mesías y hemos creido asimismo en Jesús el mesías a fin de ser justificados por la fe en el mesías y no por las obras de la ley ya que por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:14-16).

Pablo había acusado a Pedro por actuar con hipocresía, desvirtuando asi el mensaje del Evangelio. Para Pablo, era obvio que la justificación no procedía de cumplir las obras de la ley sino, por el contrario, de creer en Jesús el Mesías. Por esta razón, el someter a los gentiles a un comportamiento judaico contribuiría a que ellos pensaran que su salvación podía derivar de su obediencia a la Ley mosaica y no como producto de la obra que realizó Jesús en la cruz del Calvario.

William Barclay también comenta que dificil era la convivencia armoniosa entre judíos y cristianos. El cristianismo había traído la paz entre ambas etnias (ver Efesios 2:14), pero esta situación que estaba provocandose destruía tambien esa paz entre ambos grupos.

Aquí en Antioquía surgió un problema tremendo: en vista de todo esto, ¿podían sentarse juntos los judíos y los gentiles en una comida congregacional? Si se cumplía la ley antigua, está claro que era imposible. Pedro vino a Antioquía, y, en un principio, apartándose de los antiguos tabúes en la gloria de la nueva fe, participaba de la comida en común entre judíos y gentiles. Entonces llegaron algunos de Jerusalén que eran del bando judío tradicionalista. Usaban el nombre de Santiago, aunque seguramente no representaban su punto de vista, y se metieron tanto con Pedro que acabó por retirarse de la comida congregacional. Los otros judíos se retiraron también con él, y por último hasta Bemabé se vio implicado en esta secesión.[4]

Fue entonces cuando Pablo habló con toda la intensidad de que era capaz su naturaleza apasionada, porque vio claramente algunas cosas, según explica Barclay [5]:

a) Una iglesia deja de ser cristiana cuando hace discriminación de clases. En la presencia de Dios, una persona no es judía ni gentil, noble ni plebeya, rica ni pobre; es un pecador por quien Cristo murió. Si las personas comparten una común filiación, también tienen que ser hermanas.
b) Pablo vio que esa acción intensa era necesaria para contrarrestar la escisión que había tenido lugar. No esperó; intervino. No influía en él el hecho de que estuviera en ello el nombre y la conducta de Pedro. Era algo malo, y eso era todo lo que le importaba a Pablo. Un nombre famoso no puede nunca justificar una acción infame. La acción de Pablo nos da un ejemplo gráfico de cómo un hombre fuerte en su firmeza puede poner en jaque una desviación del curso correcto antes de que se convierta en una criada.

San Agustín en su carta (carta LXXXII –CXVI-22) a San Jerónimo comenta:

“Administrador fiel, el apóstol Pablo, sin duda alguna nos ofrece fe en lo que escribe, pues es administrador de la verdad, no de la falsedad. Y, por lo tanto, verdad dice cuando escribió sobre que vio al apóstol Pedro no marchar según la verdad del Evangelio y que le resistió en su cara porque forzaba a los gentiles a judaizar: Y Pedro mismo recibió con la santa y benigna dulzura de la humildad, lo que fue dicho útilmente y con la libertad de la caridad de Pablo: raro y santo ejemplo que da a la posteridad, para que no desdeñen ser corregidos por los menos ancianos si se apartasen de la recta senda. Y Pablo, para que aún los menos ancianos tengan la intrepidez de resistir a los mayores en defensa de la verdad evangélica, salva la caridad fraterna. Ciertamente, es mejor no desviarse en nada del camino que torcerlo hacia algún lado; pero mucho más admirable y laudable es recibir de buena gana al que corrige, que audazmente corregir al que se desvía. Pablo debe ser alabado por su justa libertad, y Pedro por su santa humildad” [6]

Según la opinión de Santo Tomás de Aquino

«parece que Pedro fue culpable de un escándalo activo» (Suma Teológica, III, q. 103, a. 4, ad 2); mas el doctor Angélico especifica que Pedro cometió un pecado venial de fragilidad, no deliberado (cf. Quest. disput., De Veritate, q. 24, a. 9; Quest. disput.,De malo, q. 7, a. 7, ad 8um), por una prudencia excesiva al no querer contrariar a los judíos conversos al cristianismo.

La bronca de Pablo era, además, porque con esa actitud de Pedro, se borraba lo decidido en aquel histórico concilio de Jerusalen (ver Hechos 15 y Gálatas 2:1-10). William Hendriksen explica que

En la reunión del concilio general los judaizantes se aprovecharon de la oportunidad para defender su posición (Hch. 15:5). Sin embargo, después de haberse dado un tiempo adecuado para esta “discusión”, Pedro se levantó, y con palabras muy oportunas defendió la completa igualdad entre judío y gentil: Dios no hizo ninguna diferencia entre ellos y nosotros”. Pedro señala que el camino de la salvación es el mismo para judíos y gentiles (15:7–11). Después de una pausa respetuosa, Pablo y Bernabé se pusieron en pie y relataron a la asamblea las extraordinarias bendiciones que Dios había derramado sobre los gentiles, “las señales y maravillas” con que El había colocado su sello de aprobación sobre la obra de sus embajadores (15:12). Después Jacobo dio su opinión. Movido por el hecho de que lo que había acontecido en el mundo gentil era el cumplimiento evidente de la profecía (Am. 9:11, 12), dijo: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios”. Sin dañar en ninguna forma la doctrina de la justificación por la sola fe, sin las obras de la ley, Jacobo, quien era un hombre muy práctico, sugirió que se adoptara cierta reglamentación que, en este período de transición, haría posible que judíos y gentiles viviesen juntos en armonía y paz (Hch. 15:20, 21). [7]

Tambien Hendriksen explica que

Los apóstoles y los ancianos, juntos con “toda la iglesia”, llegaron a un acuerdo general y decidieron colocar su decisión en un decreto escrito, algo como una carta constitucional de la libertad, la que debía ser enviada a Antioquía por mano de Pablo, Bernabé y otros dos líderes (15:22–29). La llegada de estos hombres y el mensaje que traían produjo regocijo general (15:31). La decisión de esta conferencia fue comunicada a Antioquía, Siria y Cilicia (15:23), y también a las ciudades de Galacia del sur (16:1–4). “Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día” (16:5). [8]

Dos palabras importantes a tener en cuenta:

1) “Resistir”, del latín “re-sistere”, permanecer firme… o estable, sin dejarse tumbar, ante alguien o algo que se nos opone; hacer un esfuerzo contrario que permita oponerse a la acción de alguien o de algo (Nuovo Zingarelli, Vocabulario della lingua italiana).
2) “Reprensible”, del latín “re-prehendere”, digno de ser reprendido, reprobado, corregido, desaprobado, criticado, reconvenido a fuer de erróneo (Nuovo Zingarelli, ivi). «La frase “se había hecho reprensible” (de la Vulgata) la traducen algunos exégetas como (…) esta otra: “se había puesto de parte del error”.

Tertuliano había definido el fallo o el error de Pedro, como “yerro de conducta, no de doctrina” (De praescriptione haereticorum, XXIII)» (G. Ricciotti, Las epístolas de San Pablo, Roma, ed. Coletti, 1949, 3 ª edición, pp. 227-228). Pero si bien es verdad que no fue un error de doctrina cristológico, sino de actitud (un pecado ético) y un atentando en contra de las doctrinas de la Gracia, que predicaba el apostol Pablo, no por esto debemos estar de acuerdo con Tertuliano, quien no parece comprender o minimiza la importancia de las “Doctrinas de la Gracia”. De todo esto que sucedió, es que se deduce y se comprende la severidad de Pablo en su exhortación.

En conclusión, Pedro pecó de manera extraña siendo que el era un hombre tan lleno del Espíritu del Señor. Según la opinión de algunos teólogos como Tertuliano, Pedro pecó sólo levemente (venialmente y con un pecado venial de fragilidad). Sin embargo, vemos que su pecado fue grave porque de haber prosperado su actitud, habría destruído la enseñanza bíblica de la salvación por gracia (ver Efesios 2:8-9): y hoy en día, posiblemente, el cristianismo sería tan solo una secta mas del judaísmo. Mas el apostol Pablo le resistió en público por su actitud hipócrita (Gálatas 2:11). Lo positivo de todo esto esa situación fue que las doctrinas de la Gracia no sucumbieron y el cristianismo siguió su curso. También es positivo el hecho que Pedro fue lo bastante humilde como para corregir su error conductual, el que habría podido favorecer el error doctrinal de los judaizantes, quienes como ya he citado al principio de este artículo, querían someter a los gentiles a las prescripciones mosaicas. No se puede negar la resistencia de Pablo a Pedro ya que consta en la revelación divina: “Pero cuando Céfas fue a Antioquía, en su misma cara le resistí, porque se había hecho reprensible, (…) delante de todos” (Galatas 2:11,14).

Santo Tomás de Aquino se pregunta, y con razón, si es más de admirar el coraje de San Pablo o la humildad de Pedro, que se aguantó la reprensión sin protestar ni rebelarse contra el cuestionamiento de Pablo ni se la agarró contra el Señor. Si, es verdad, Pablo fue intolerante con Pedro ya que este era tolerante con los judaizantes. Y esto era una actitud que podría haber hecho mucho daño a la fe cristiana. Pedro se mereció la reprensión pública del apostol Pablo. Su exhortación, como hemos citado es completamente justificable. La actitud del apostol Pablo en dirección a Pedro es fruto de una santa intolerancia. Los cristianos debemos ser personas tolerantes, claro que si, pero con este pasaje queda demostrado que la tolerancia tiene un límite. Pasar de ese límite puede significar poner en riesgo el futuro del cristianismo, como hubiese sucedido si Pablo no exhorta a Pedro. Pero tambien es verdad que Pedro actuó con humildad en respuesta a la controversia suscitada con Pablo.

Como escribió el apostol Pablo

  • “Pero en cuanto a mí, lejos esté gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, palabras de Pablo (Galatas 6:14).

Y como también dijo nuestro Señor Jesucristo a los judíos fariseos, acerca de la hipocrecía: 

  • Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. (Marcos 7:6)

Dios lo bendiga mucho.

Notas

[0] https://rsanzcarrera2.wordpress.com/2008/06/11/%C2%BFquienes-son-los-judaizantes-de-las-comunidades-galatas/

[1] Ibid

[2] Hendriksen,W. (2005). COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO Exposición de Gálatas. Libros Desafio. Grand Rapids. MI., EE.UU.  p.27-28

[3] Barclay, William. COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO -Tomo 10-  Gálatas y Efesios.

[4] Ibid

[5] Ibid

[6] http://www.catolicidad.com/2009/07/la-reprension-de-san-pablo-al-primer_10.html

[7] Hendriksen,W. (2005). COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO Exposición de Gálatas. Libros Desafio. Grand Rapids. MI., EE.UU.  p.27-28

[8] Hendriksen,W. (2005). COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO Exposición de Gálatas. Libros Desafio. Grand Rapids. MI., EE.UU.  p.27-28

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