Revelación de Dios en Cristo


Revelación de Dios en Cristo

Por Paulo Arieu

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No hay dudas que ninguna otra persona en el mundo es tan analizada, investigada, citada y aún criticada como Jesús de Nazaret. Ningún otro Hombre en la historia ha tenido tantos seguidores que lo aman y tantos que lo odian. En el artículo anterior se trató de demostrar que Dios se ha revelado en la creación. Pero en este artículo compartiré que Dios no solo se ha revelado en la creación sino también por medio de Jesucristo.El apostol Pablo escribió a los Filipenses que “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que JESUCRISTO es el SEÑOR, para gloria de Dios Padre.” (Fil. 2: 9-11). Cuando Pablo hace referencia en su carta a los Filipenses declarando “JESUCRISTO ES EL SEÑOR (Kurios)” es una declaración muy profunda. Pablo está vinculando a Jesús con el Dios del Antiguo Testamento. A quien en la antigüedad le llamaban “Adonai” y ahora le llaman “Kurios”, a Él es a quien el apóstol Pablo hace referencia. Pablo dice que Jesús mismo es el “Kurios”, es el “Señor”, es el “Adonai” de las Escrituras. “… y nadie puede llamar a Jesús SEÑOR (Kurios), sino por el Espíritu Santo” (I Cor. 12:3b). “Esta es la palabra de fe que predicamos: Que si confesares con tu boca que Jesús es el SEÑOR (Kurios) y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Ro. 10:8-9). Isaías 53 es un pasaje de la Biblia que es considerado como una de las profecías más directas relacionadas con Jesucristo como el siervo sufriente, cumpliendo de esta manera el rol del Mesías judío. 

“Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, 
Y cargó con nuestros dolores. 
Con todo, nosotros 
Lo tuvimos por azotado, 
Por herido de Dios y afligido. 
Pero El fue herido (traspasado) por nuestras transgresiones, 
Molido por nuestras iniquidades. 
El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, 
Y por Sus heridas (llagas) hemos sido sanados. 
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, 
Nos apartamos cada cual por su camino; 
Pero el SEÑOR hizo que cayera sobre El 
La iniquidad de todos nosotros. 
Fue oprimido y afligido, 
Pero no abrió Su boca. 
Como cordero que es llevado al matadero, 
Y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, 
El no abrió Su boca. 
Por opresión y juicio fue quitado; 
Y en cuanto a Su generación, ¿quién tuvo en cuenta 
Que El fuera cortado de la tierra de los vivientes 
Por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida? 
Se dispuso con los impíos Su sepultura, 
Pero con el rico fue en Su muerte, 
Aunque no había hecho violencia, 
Ni había engaño en Su boca.” (Isaías 53, NBH).

Y apenas Jesús fue bautizado, la voz del Padre se dejó oir, confirmando de manera audible por todos, que Jesús es su Hijo muy amado. Mateo registra que

  • “Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre El.  Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.” (Mat. 3:16-17 LBLA).

Pero, quién es este Mesías? Este Mesías es Jesucristo, el Hijo de Dios. La Biblia es clara al respecto cuando dice que Dios, en su profundo amor y misericordia, nos ha hablado por medio de Jesucristo, su Hijo unigénito, a quien constituyó heredero de todo. Dios se reveló plenamente en Jesucristo: “Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo” (Col 2:9).  La epístola a los Hebreos nos dice que Dios habló en el Antiguo Pacto muchas veces, pero ahora Dios nos habló a los seres humanos por medio de Jesucristo, su Hijo. Por esto entendemos claramente que Dios se reveló en Jesucristo y nos dio a conocer su voluntad: Que le adoremos en espíritu y en verdad. Este concepto de que debemos adorar a Dios en “espíritu y verdad” lo obtenemos del resultado de la conversación que el Señor Jesús mantuvo con una mujer samaritana en Juan 4:6-30. En esta conversación, la mujer samaritana discutía con el Señor respecto de los lugares de adoración con Jesús; ella preguntó por qué los judíos querían que se adorase a Dios en Jerusalén, pero los samaritanos decían que debían hacerlo en el Monte Gerizim (v. 19-20). Jesús entonces revela algo muy importante: Que Dios busca adoradores en espíritu y en verdad.

Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. (Juan 4:23-24)

Adorarlo a Dios en espíritu y en verdad implica hacerlo con nuestras emociones, nuestros mas profundos sentimientos y también con nuestro intelecto, de acuerdo a lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra. Cuando estudiamos con detenimiento Su revelación escrita, vemos que Dios nos ha hablado también por Jesucristo, de manera personal, de manera humana, para que ahora todos podamos comprender su voluntad. La epístola a los Hebreos dice que:

  • “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.” (Heb. 1:1-4 RV 1960)

Una suprema revelación de Dios fue suministrada en la persona y la obra de Cristo, que nació en su debido tiempo, del seno de una joven mujer.

  • “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,” (Gal. 4:4 RV 1960).
  • “Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley.”(Gal. 4:4 NTV)

El Hijo de Dios vino al mundo para revelar a Dios a los hombres en términos que se pudiesen comprender. Por su llegada como hombre mediante el acto de la encarnación, los hechos relacionados con Dios, que de otra forma hubiesen sido muy difíciles para la comprensión humana, se trasladan al limitado alcance de la comprensión y el entendimiento humanos. Así pues, en Cristo, no sólo se revela el poder y la sabiduría de Dios, sino también su amor, la bondad divina, su santidad y su gracia. Es también cierto que Cristo declaró que “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14:9 RV 1960), como ya cité en un párrafo anterior. En consecuencia, el que conoce a Jesucristo, también conoce al Dios Padre. Pero aún si, Dios sigue siendo un misterio. Un misterio revelado, un misterio que en cierta forma conocemos, pero que a causa de su infinitud nunca terminaremos de conocerlo completamente. Jesucristo nos ha dado a conocer al Padre, en forma humana y también divina, dado que el tenía en si mismo las dos naturalezas (humano – divino). Los discípulos tardaron mucho tiempo en entender este concepto tan profundo y eso es lo que en cierta forma Jesús les reprocha en Juan cap. 14 verso 9 cuando les dice

  • “Felipe, ya hace mucho tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, también ha visto al Padre. ¿Por qué me dices “Déjanos ver al Padre”? ” (TLA)

Seguramente el deseo de conocer al Padre era el anhelo de todo buen judío. Pero como es Dios, que rostro tiene? Cuando Moisés se encontró con Dios en el monte Horeb, el monte de Dios, Dios lo llamó y le habló diciendo que se quitara los calzados porque el lugar en el que Moisés estaba era un lugar santo. Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tenía temor de mirar a Dios.” (Ex. 3:6 LBLA).  Sin dudas, Moisés debe haber pensado que Dios es un ser algo misterioso, dada la tremenda santidad de Dios que Moisés estaba experimentando. 1 Tim. 3:16 dice que “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:  Dios fue manifestado en carne,  Justificado en el Espíritu,  Visto de los ángeles,  Predicado a los gentiles,  Creído en el mundo,  Recibido arriba en gloria”. Pablo emplea la palabra misterio para hablar del evangelio que fue desconocido hasta que Dios lo revelara; es decir, el hombre nunca lo hubiera sabido por medio de su propio razonamiento (ver 1 Cor. 1:18-21). Aun hoy en día, Jesucristo sigue siendo un gran “misterio” para todos aquellos que no aceptan la revelación de Dios, sino que prefieren escuchar doctrinas de demonios (Ver I Tim. 4:1). Leo Boff, un teólogo latinoamericano de nacionalidad brasilero dice que Dios es un misterio. 

Dios es misterio en sí mismo y para sí mismo. Dios es misterio en sí mismo porque su naturaleza es Misterio. […] El conocimiento de su naturaleza de Misterio es cada vez entero y pleno y, al mismo tiempo, abierto siempre a una nueva plenitud, permaneciendo siempre Misterio, eterno e infinito para Dios mismo. Si no fuese así no sería lo que es: Misterio. Por lo tanto, es un absoluto Dinamismo sin límites.[0]

Si bien es verdad que Dios sigue siendo en muchos aspectos un misterio para nosotros sus criaturas, Dios conoce todas las cosas e incluso El se conoce a si mismo perfectamente, ya que El es un ser perfecto, omnisciente y omnipotente. Pero si negamos que Dios puede ser conocido por medio de Jesucristo,Dios encarnado,esto “es una enseñanza peligrosa ya que menosprecia la soberanía, majestad, infinitud, conocimiento, existencia y gloria de Dios”[1] Dios es infinito e imposible de conocer completamente por sus criaturas, claro que si, pero El, a si mismo se conoce perfectamente. Y Jesucristo, Dios en la carne, nos lo ha dado a conocer. Y el que cree en el Hijo de Dios, de todo corazón, tiene la vida eterna (Ver Juan 3:15).  Leo Boff también continúa diciendo que

Dios es Misterio para sí mismo, es decir, por más que Él se autoconozca nunca agota su autoconocimiento. Está abierto a un futuro que es realmente futuro. Por lo tanto, a algo que todavía no se ha dado, pero que puede darse como nuevo para sí mismo. Con la encarnación Dios empezó a ser aquello que antes no era. Por lo tanto, en Dios hay un devenir, un hacerse.[2]

Pero Dios no es un ser que no se comunica con sus criaturas. Dios se comunica entre los miembros de la Trinidad con los que tiene una perfecta y armoniosa comunión. Y también se relaciona con los humanos por medio de Su Palabra y la obra del Espíritu Santo en los corazones. Dios no necesita aprender algo por conocimiento teórico, aunque al encarnarnse, Jesucristo aprendió en la práctica algo que en la eternidad el no practicaba: la obediencia según su humanidad y no según su deidad (Ver Hebreos 5:8). Y al habitar ahora en la Iglesia por su santo Espíritu, Dios comparte con los creyentes los padecimientos humanos del Cuerpo de Cristo. Cristo siendo la cabeza de la Iglesia, da las órdenes, pero al mismo tiempo, El continúa compartiendo con nosotros nuestras vivencias humanas y nuestros sufrimientos. Esto es así porque la Iglesia está unida a Cristo por toda la eternidad. [3]

Entonces ¿Cuál es el verdadero Jesús? Durante dos milenios, el retrato de Cristo pintado por la Iglesia ha sido el del divino Jesús, el Dios que se hizo hombre. Esto es lo que celebramos ahora en la Navidad: Dios se encarnó. Como lo señala el apóstol Pablo: «Él es la imagen del Dios invisible».(Col. 1:15). El apóstol Juan lo pone en forma más poética: “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios … Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros”(Jn. 1:1,14 ). Dios se manifestó al hombre por medio de su Hijo, Jesucristo, quien “es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que Él es” (Heb 1:3). Jesús se dirigió a Dios como su Padre (Mat. 10:32-33; Luc 23:34; Jn 10:15), y dijo, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9). Firmemente declaró, “El Padre y yo somos uno” (Jn. 10:30).

Después de la resurrección de Jesús, Tomás se dirigió a Él diciendo: ¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20:28). Jesucristo era Dios. Esto era inaceptable para el judaísmo: “El Señor nuestro Dios es el único Señor”, decía el Shemá (Deut. 6:4), columna de la fe judía durante muchos siglos. Y ahora venía un hombre con profundo conocimiento de las escrituras y poder para hacer milagros que decía ser el Hijo de Dios. Algunos dirigentes judíos reconocieron que Jesús era un maestro enviado por Dios (Jn 3:2). Pero ¿el Hijo de Dios? ¿Cómo podía Dios ser uno, y Jesucristo también ser Dios? Así que los judíos redoblaban sus esfuerzos para matarlo, porque detestaban lo que El les decía. Como dice en Juan “No sólo quebrantaba el sábado sino que incluso llamaba a Dios su propio Padre”(Jn.5:18). 

Pero ahora los críticos pintan a Jesús de un modo muy diferente del que la Biblia describe. R.C. Sproul dice algo parecido cuando explica que

Hay tantos retratos de Jesús en las galerías del inundo que parece no haber esperanza de despejar la confusión sobre quién es Cristo. Tantas son las imágenes incompatibles que se ofrecen de Cristo que algunos han abandonado en desesperación el esfuerzo por lograr un cuadro exacto de su verdadera identidad. Necesitarnos a Cristo. Necesitamos al Cristo real. Pues, sencillamente, no nos sirve un Cristo nacido de una vana especulación o fraguado para encajarlo en algún molde filosófico. Un Cristo “artificial”. un Cristo de componendas no puede redimir a nadie. Un Cristo aguado, despojado de poder, degradado de Su gloria, reducido a un símbolo o a la impotencia por la cirugía de la erudición académica no es Cristo, sino el anticristo. El “anti” de anticristo puede interpretarse como los prefijos “en contra de” o “en lugar de”. Hay una diferencia en el lenguaje: mas en la vida esa es una distinción sin diferencia, porque suplantar con un retrato al Jesús verdadero es obrar contra Cristo. Cambiar o alterar al Cristo real es oponérsele con un Cristo falso.[4]

Por ejemplo, está:[5]

  • El Jesús gnóstico, que es proveedor de una sabiduría secreta en lugar de ser el redentor de la humanidad;
  • El Jesús citado erróneamente, cuya historia en la Biblia está tan signada por el error que no se puede confiar en ella;
  • El Jesús que fracasó, y que no pudo cumplir las profecías mesiánicas;
  • El Jesús no crucificado, que nunca murió en la cruz por los pecados de nadie;
  • El Jesús difunto, que nunca probó su divinidad levantándose de la tumba.

Cual fue el propósito del Padre al revelarse a través de su Hijo?

El bendito propósito del Padre es revelarse él mismo en plenitud a través de su Hijo, mostrándolo como la manifestación suprema de su voluntad y de su propósito eterno, para que todo honre al Hijo, de modo que toda la creación ame a su Hijo y lo tenga por centro y cabeza, por fundamento y finalidad. Que todo se reúna en él y sea consumado en él. Dios quiso reunir, resumir y recapitular todo –lo que está en los cielos, lo que está en la tierra y aun lo que está debajo de la tierra– en su Hijo Jesucristo. El misterio de la voluntad de Dios permaneció oculto hasta el tiempo en que el Señor Jesús vino y se encarnó. El hombre había caído, y Dios ya no podía relacionarse con él ni revelarle su propósito; pero el Padre ya había previsto aquella situación y, en la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo. El Verbo fue hecho carne y vino al mundo, y el secreto de Dios, que no había sido revelado en los cielos, comenzó a ser manifestado en la tierra. En ese día, los cielos se abrieron, y hasta los ángeles contemplaron lo que nunca habían visto en los cielos: el propósito eterno de la voluntad de Dios, revelado en el Hijo encarnado.Cuando los ángeles vieron al Verbo encarnado, empezaron también a entender porqué ellos mismos habían sido creados. ¡Dios creó todo para Jesucristo! Todo fue creado para ser entregado al Hijo en la plenitud de los tiempos. ¡Bendito es nuestro Señor! [6]

Conocer a Jesucristo es obtener la vida eterna. Juan dice que: Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.” (Jn 17:3) Y la función y rol de la Iglesia es anunciar a los hombres que en jesucristo de Nazaret hay vida eterna. También Mateo dice que los discípulos de Jesús deben anunciar la victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado, y hacer nuevos discípulos. “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19). Juan también dice que

  • “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos, acerca del Verbo de vida  (pues la vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó);  lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.”(I Jn. 1:1-3 LBLA).

Pero a través de este artículo, yo pretendo. afirmar que Dios es real, habiéndose revelado a los hombres en Jesucristo. Y Jesucristo es el Kyrios, Señor del Universo. Pero los judíos lo criticaron, lo rechazaron y luego, en complot con el Imperio romano,lo crucificaron. No toleraban su influencia en el pueblo de Israel. La “influencia titánica de este hombre lo hace blanco principal de los flechazos de la crítica y objeto preferido de revisión, según el prejuicio del intérprete”[7], como escribe R.C. Sproul. Y por eso es que entendemos claramente, que aunque el sacrificio redentor de Cristo sucedió hace dos mil años, Dios sí se da a conocer a los que procuran hallarle y conocer su voluntad. En este sentido es que la revelación de Dios continúa y continuará hasta la segunda venida de Cristo. Porque Dios es deconocido para el mundo. Lamentablemente, el mundo no le conoce.Y muchísimas veces también rechaza su mensaje de Salvación por medio de Jesucristo. Pero si como creemos, hay un Dios bueno, es razonable esperar que se revelará personalmente a sus criaturas. Y este es el leave motive de las escrituras. Dios dándose a conocer, Dios con nosotros, Emanuel:

  • “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” (Is. 7:14 RV 1960)

La Biblia habla de Jesús como el Unigenito Hijo de Dios (ver Juan 3:16) y al mismo tiempo afirma que Jesús es Dios. Esta creencia es tan fuerte bíblicamente hablando que cualquier negación de esta verdad es considerada como originada por el espíritu del Anticristo (ver I Jn. 4:3). En Juan 1:18 esto está expresado de la siguiente manera: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Pero para los musulmanes, la afirmación de que Jesús es el unigénito Hijo de Dios y que es Dios, es considerada absurda.

Lamentablemente, al negarse a creer en los relatos inspirados de Jesús en la Biblia, los intelectuales se han lanzado a la búsqueda de un Jesús histórico mas digerible al paladar humano. Y en esa búsqueda del Jesús histórico, a lo largo de la historia los teólogos han hecho desastres, tergiversando los conceptos emitidos por los discípulos de Jesucristo en las Escrituras. R.C. Sproul explica que:

El Jesús histórico ha sufrido el destino de una figura de cera. Su retrato ha sido modificado y ajustado a la fantasía de aquellos que procuran sumarlo a su bando y hacer de Él un aliado en una hueste de causas militantes, muchas de las cuales se excluyen mutuamente. Jesús puede ser transformado en un camaleón en el laboratorio del teólogo. La piel le cambia de color para ajustarse al trasfondo que pinta el teólogo. Se han hecho rigurosos intentos académicos para descubrir al Jesús histórico “real” que está tras Su retrato neotestamentario. Estos intentos de penetrar el muro de la historia, de fisgonear tras el velo del testimonio apostólico primitivo, nos enseñan mucho sobre el prejuicio de los académicos, pero añaden poco o nada a nuestra comprensión del Jesús real. Los académicos han descubierto tras el velo, un espejo que refleja sus propios prejuicios a un Jesús creado a la propia imagen de ellos. Los liberales del siglo XIX encontraron a un Jesús “liberal”; los existencialistas encontraron a un héroe existencial; y los marxistas descubrieron a un revolucionario político. Los idealistas encontraron a un Jesús idealista y los pragmáticos, un Cristo pragmático.[7]

Pero como también explica R.C. Sproul, esa frenética búsqueda de un Jesús aceptable para el hombre occidental ensombrece la figura del Jesús real que Dios nos revela en las Escrituras:

Buscar a Jesús más allá o detrás del Nuevo Testamento equivale a armarse con la linterna del orgullo y del prejuicio para salir a cazar lo que aparezca. O reparemos en el Jesús de retazos y pegamentos. Él está diseñado por los que buscan, en la Biblia un núcleo o semilla de tradición referente a Cristo que sea auténtica. Las añadiduras innecesarias las exageraciones del mito y la leyenda se componen con las tijeras para exponer al Jesús real. Parece tan científico, pero todo se hace con espejos. El arte del mago nos deja con un retrato obra de Rudolf Bultmann o de John A. T. Robinson y, nuevamente, se ensombrece al Jesús real.[8]

A este Jesucristo, lo hallamos mediante la fe. Pero negarnos a creer que Dios se nos revela en Cristo, es condenarnos a andar en la oscuridad existencial (Ver Juan 8:12), al rechazar la Palabra de Dios. Porque hacemos lo mismo que hizo Adán y Eva alla en el Paraiso:

Cuando Adán pecó en contra de Dios, lo que hizo fue rechazar la Palabra de Dios. Actuó como si no necesitaba que Dios le dijera qué era lo correcto. En vez de ello, decidió probar el supuesto ‘método científico’ (o sea, el método de la prueba y el error) para descubrir la verdad. Y desde ese momento hasta hoy, Adán y toda su posteridad (excepto los que obtienen su salvación por medio de Jesucristo) han andado en las tinieblas y no es qué haya alguna ‘oscuridad’ en la revelación divina.[9]

En conclusión, Dios se ha revelado a los seres humanos en la persona de Jesucristo. Esto lo entendemos bien porque la Biblia nos habla con autoridad final de quien es Jesús. Pero, ¿dónde aprendemos en cuanto a esta revelación por medio de Cristo? La Biblia o las versiones modernas descafeinadas de Cristo que nos ofrecen los teólogos liberales? El teólogo protestante Grudem explica al respecto que la Biblia es suficiente para comprender que Dios nos habla por medio de Jesucristo y no hay mas nada que añadirle a estos libros que Dios nos ha regalado. Dios utiliza estos 27 libros que pertenecen al canon del Nuevo testamento para mostrarnos como es que Dios se encarnó en Jesucristo.

Los escritos del Nuevo Testamento contienen la interpretación final, autoritativa y suficiente de la obra de Cristo en la redención. Los apóstoles y sus compañeros más íntimos informan las palabras y obras de Cristo y las interpretan con autoridad divina absoluta. Cuando terminaron sus escritos, nada más hay que añadir con la misma autoridad divina absoluta. Así que una vez que los escritos de los apóstoles del Nuevo Testamento y sus compañeros autorizados quedaron completos, tenemos en forma escrita el registro final de todo lo que Dios quiere que sepamos en cuanto a la vida, muerte y resurrección de Cristo, y su significado para la vida de los creyentes de todos los tiempos. Puesto que ésta es la más grande revelación de Dios para la humanidad, no se debe esperar más una vez que esto quedó completo. [10]

Pero costó muchos siglos de arduo debate poder comprender que Jesús es Dios hecho hombre, con dos naturalezas perfectas: 100% Humano y 100% Divino. En el siglo quinto, en el Concilio de Calcedonia (45 d.C.) se afirmó que Jesús era verdadero hombre y verdadero Dios. Las dos naturalezas de Dios, su humanidad y su divinidad, eran sin confución, sin división y sin separación, explica R.C. Sproul [11].

Y el que conoce a Cristo conoce al Padre. Aunque nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El lo ha dado a conocer (Jn. 1:18 LBLA).

De esta manera, entonces, Hebreos 1: 1-2 nos muestra por qué no se deben añadir más escritos a la Biblia después de los tiempos del Nuevo Testamento.[12] No dudemos: “…el cristianismo es Cristo. El es la piedra angular de la fe cristiana. “[13] Y Dios nos ha hablado y revelado por medio de Su persona maravillosa.

Solo a Cristo sea la gloria. Dios lo bendiga mucho.

Notas

imagen: http://protestantedigital.com/magacin/13411/Ortega_y_la_revelacion_de_Dios

[0] http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=511

[1] http://www.miapic.com/que-es-el-teismo-abierto

[2] http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=511

[3] Para entender la doctrina de la Unión con Cristo, recomiendo leer https://elteologillo.com/2017/11/20/nuestra-union-con-cristo/

[4] R.C. Sproul. (1997). Siguiendo a Cristo. p. 13. Editorial Unilit. Miami,Florida

[5] Strobel, L. (2009). ENCUENTRA AL JESÚS VERDADERO. Ed. Vida  Miami, Florida.

[6] http://www.aguasvivas.cl/multimedia-archive/cristo-el-misterio-de-dios-2/

[7] R.C. Sproul. (1997). Siguiendo a Cristo. p. 14. Editorial Unilit. Miami,Florida

[8] Ibid

[9] SEMINARIO TEOLÓGICO PRESBITERIANO “SAN PABLO”.(2008). TEOLOGÍA PROPIA. ANTOLOGÍA DE TEXTOS. pp.8-9.

[10] Grudem,W.  Teologia sistemática. p.65. Editorial Vida.

[11] R.C. Sproul. (1996). LAS GRANDES DOCTRINAS DE LA BIBLIA. p.86. Editorial Unilit. Flet. Miami, Florida.

[12] Ibid

[13] Evis L. Carballosa.(1982). LA  DEIDAD  DE  CRISTO. p.5.Editorial Portavoz, Grand  Rapids, Michigan,EE.UU.

 

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