Reflexión sobre los dones espirituales


Reflexión sobre los dones espirituales

 Paulo Arieu

Aca posteo un artículo muy interesante que me envio un hermano llamado Humberto Perez. Espero les sea de bendicion. 

Capítulo 14 (I Corintios)

El Entendimiento de las Lenguas

“Seguid el amor; y anhelad los dones espirituales, pero sobre todo, que profeticéis. Porque el que habla en una lengua no habla a los hombres sino a Dios; porque nadie le entiende, pues en espíritu habla misterios. En cambio, el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. El que habla en una lengua se edifica a sí mismo, mientras que el que profetiza edifica a la iglesia. Así que, yo quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más, que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete, para que la iglesia reciba edificación” (I Cor. 14.1-5)

1. Para comenzar hagamos una delicada diferencia entre el don y quien lo recibe. Desde el mismo comienzo el apóstol revela que la actitud que algunos hermanos tenían para los que no hablaban en lenguas era falta de amor porque se creían “mayores”, no “mejores” (v.5) que los que profetizaban. Para Pablo un don es mejor que otro (por así decirlo) pero no un hermano mejor que otro, hay hermanos más útiles pero no mejores en sí mismos, que son mejores instrumentos de servicio a Dios pero no mejores personas, necesariamente. Es más grande cuando sirve a mayor número de hermanos.
2. Nota en segundo lugar que los dones no se procuran como traduce la versión Reina Valera de 1960; la palabra correcta es “desear, anhelar”, no procurar, buscar. El apóstol no está exhortándolos a que busquen los dones que son mayores, como si quisiera que los que profetizan hablen en lenguas, y menos aun a que los copien o imiten los de otros, etc., no, sino que se halla comparando un don con el otro porque ellos se encontraban errado en la apreciación de los mismos. Les parecía fantástico hablar en lenguas, no balbuceos desconocidos, sino idiomas reales y esto a ellos mayormente los enorgullecía delante de sus hermanos. Un don es un regalo de Dios, algo que el Espíritu reparte “como él quiere”; y como máximo lo uno que podemos hacer es desear tenerlo y pedirlo al Señor. Más no.

3. Sin embargo, es conveniente que notemos algo que se infiere en el texto, la situación cronológica del don de lenguas. Si la presencia de las lenguas en otros tiempos era una señal indiscutible de haber recibido el Espíritu santo en la salvación. El uso de las lenguas dentro de la iglesia fue como una temporal concesión del Espíritu porque no fueron nunca destinadas para consumo interno de la congregación sino como un testimonio para el mundo, (14.22), en última instancia para evangelizar a los incrédulos por medio de una manifestación tan innegable del sello divino del evangelio y de la autenticidad de lo que se llamaría cristianismo.

La interpretación de las mismas según se mira en 14.5,22, fue una solución divina que habla por sí misma de la imperfección del don en caso de uso permanente. Aparece no sólo para mostrar la diversificación de la misericordia de Dios y el monopolio de los dones, sino porque fue una alternativa preparada por la providencia mientras trabaja en la historia para darle a la iglesia lo que ya se había propuesto, los documentos escritos por el Espíritu Santo, para que ocupasen un sitio permanente como medio de instrucción, exhortación y consolación. Con estos dos dones, el de profecía y el de lenguas se estaba supliendo la falta de la revelación del evangelio escrito. El don de lenguas, como credenciales del evangelio, no es necesario en sentido general, excepto para testificar Dios en algún movimiento extraordinario de su Santo Espíritu, cuando hace una obra especial. Pero aún así, como una señal, una indicación de su presencia, no como parte del culto actual de las iglesias. Aún en aquellos lejanos siglos el don no estaba completo si su interpretación.

4. Vamos a concluir con un pequeño análisis del beneficio y deficiencia del don de lenguas. Hay un problema con ellas, que si no hay interpretación de las mismas, la congregación no recibe beneficio alguno. Delante de los hermanos las lenguas tienen un uso práctico, la edificación de la iglesia (v.5). Era muy delicada la situación porque si los cultos se tienen cada día y no hay edificación espiritual los hermanos no crecen, no se fortalecen y después de un tiempo la congregación puede resultar seriamente dañada.
La iglesia es edificada por medio del entendimiento; ¿edifican las lenguas? ¿Cómo puede alguien edificarse espiritualmente hablando en un idioma que él mismo no entiende sino otros? A mí me parece que cuando el apóstol dice que el que habla en lengua a sí mismo se edifica (v. 4) lo dice a modo de concesión, para no discutir el punto con los que alegaban el bien espiritual que les hacía hablar en lenguas. Tiene que haberlo dicho con ese propósito porque para Pablo el uso de la mente es un factor importante en la salvación, la alabanza y la oración (14.13-15). El en v. 13 se ve bien que si alguien no entiende lo que él mismo está diciendo, no se está edificando nada. Es imposible cuando el entendimiento queda sin fruto (v. 14) haya resultado alguna bendición espiritual. Si la práctica de hablar en lenguas ocupa mucho tiempo de la vida cristiana, ésta puede secarse y morir por inanición. Para que algo haga bien tiene que entenderse, lo que no pasa por la mente no llega al corazón; la edificación cristiana tiene que ser fuertemente intelectual. No es posible adorar a Dios si no se hace en el espíritu de alguna verdad suya. El conocimiento de una verdad implica una revelación del Señor y eso conlleva la transmisión de una gracia suya, una transfiguración de él y una transformación nuestra. La mejor forma de edificación es la profecía. El que profetiza, esto es, el que enseña, el que predica, el maestro y predicador, es el medio más edificante que posee la iglesia (2 Ti 1.11). Si la iglesia se aparta de este ministerio, aunque use otros, se seca y se muere. El Espíritu Santo se comunica con la iglesia mediante la profecía no mediante las lenguas.

Lo Sobrenatural del don de Lenguas

“Ahora pues, hermanos, si yo fuera a vosotros hablando en lenguas, ¿de qué provecho os sería, si no os hablara con revelación, o con conocimiento, o con profecía o con enseñanza? Aun las cosas inanimadas como la flauta o el arpa, cuando producen sonido, si no hacen clara distinción de tonos, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o se tañe con el arpa? También, si la trompeta produce un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si mediante la lengua no producís palabras comprensibles, ¿cómo se entenderá lo que se dice? Porque estaréis hablando al aire. Hay, por ejemplo, tanta diversidad de idiomas en el mundo; y ninguno carece de significado. Por eso, si yo desconozco el significado del idioma, seré como extranjero al que habla, y el que habla será como extranjero para mí. Así también vosotros; puesto que anheláis los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la iglesia. Por eso, quien habla en una lengua, pida en oración poderla interpretar. Porque si yo oro en una lengua, mi espíritu ora; pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento. Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. Pues de otro modo, si das gracias con el espíritu, ¿cómo dirá “amén” a tu acción de gracias el que ocupa el lugar de indocto, ya que no sabe lo que estás diciendo? Porque tú, a la verdad, expresas bien la acción de gracias, pero el otro no es edificado. Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros. Sin embargo, en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi sentido, para que enseñe también a los demás, que diez mil palabras en una lengua. Hermanos, no seáis niños en el entendimiento; más bien, sed bebés en la malicia, pero hombres maduros en el entendimiento. En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo, y ni aun así me harán caso, dice el Señor. Así resulta que las lenguas son señal, no para los creyentes, sino para los no creyentes; en cambio, la profecía no es para los no creyentes, sino para los creyentes. De manera que, si toda la iglesia se reúne en un lugar y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o no creyentes, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra algún no creyente o indocto, por todos será convencido, por todos será examinado, y lo oculto de su corazón será revelado. Y de esta manera, postrándose sobre su rostro, adorará a Dios y declarará: “¡De veras, Dios está entre vosotros!” (14.6-25).

1. No voy a repetir algunas cosas que ya hemos hablado varias veces, sino aquello que con respecto a las lenguas me parece nuevo. Primero, el don de lenguas en este capítulo es el mismo que el mostrado en el libro de Los Hechos de los Apóstoles (vv. 6, 10, 11), “si yo voy a vosotros hablando en lenguas…tantas clases de idiomas hay…”. El apóstol está pensando en idiomas, no en otra clase de sonidos sin la estructura de una lengua hablada por los hombres. Este concepto es capital para aceptar o rechazar cualquier pretensión de tener este don; se debe aceptar sólo eso, lenguas habladas y sobre todo, por el objetivo de ser una señal para los incrédulos, tiene que ser actual, no una lengua muerta ni otra que vaya a hablarse en mil años. Dentro de la iglesia casi no se necesita el don porque la mayoría habla una misma lengua.

2. Presencia y frecuencia del don de lenguas. Es interesante lo que dice el Dr. John Gill sobre el v. 18, “El apóstol le dice eso para que no piensen que menosprecia el don de lenguas: ni quiere humillarlos o persuadirlos a que no lo tengan, o mostrarle envidia como si no lo poseyera también, porque tiene este don en una forma muy eminente, y algunas veces lo usaba cuando las circunstancias lo demandaban, podía hablar más lenguas que cualquiera de ellos y con más frecuencia. Y esto por la ocasión que tenía para viajar mucho en otros países donde desconocía la lengua y tenía que predicarles el evangelio; de esto hace mención no para enorgullecerse sino para darle gracias a Dios y reconocer que él es el autor de este don”.
El Dr. Gill da a entender que las lenguas son idiomas extranjeros usados en la predicación del Evangelio, que Dios le había permitido predicar en muchas lenguas desconocidas para él y ganar almas; que la aparición de ellas está a discreción divina, apareciendo en el momento que no lo esperaba, por eso dice “con más frecuencia”. El don no era algo controlado por la persona que lo tenía como si pudiera decir “ahora hablaré a esta persona en tal idioma; le hablaré en su propia lengua natal”, abrir los labios y empezar a predicarle. No, al contrario, “al abrir su boca” le era dado el mensaje y el idioma. El Espíritu lo impulsaba a hablar, abría sus labios y mensaje e idioma brotaban juntos; él no menciona que tuviera el don de interpretación, pero es posible que orara para poder entender el mensaje que les había dicho. Podía saber en cuántos idiomas había predicado el mensaje de salvación, por eso dice que hablaba más que todos ellos y con más frecuencia.
Si lees en el v. 21, “en otras lenguas y con otros labios…” hallas que el apóstol usa un texto de Isa, 28.11,12, donde Dios le promete a su pueblo que oirán el idioma de los asirios, de los bárbaros. Exactamente no hay ninguna referencia a una capacidad sobrenatural para hablar idiomas extranjeros, pero el apóstol cree que sí, aunque la intención superficial no lo diga. De todos modos, para lo que estamos probando, es idioma, actual, no balbuceos incoherentes, ni idioma angelical.

3. El Evangelismo y la expansión de la iglesia, su crecimiento numérico. Debo confesar, hermanos, que la evangelización de la sociedad no es una labor interna de la iglesia sino externa. El apóstol menciona la presencia de indoctos o incrédulos dentro de ella como una posibilidad no como una costumbre que había de invitar a los tales a las reuniones, “si entran” (v. 23); la iglesia estaba vertida hacia afuera, hacia el mundo, no hacia adentro, hacia ella misma. Los hermanos y hermanas hablaban del evangelio a sus compañeros, sus vecinos, sus familiares, y esto era una labor continua, diariamente. De la palabra “indocto” conocemos la castellana “idiota”, ignorante; y de “incrédulo”, “sin fe”. Sí entraban almas perdidas a los cultos pero no era la norma que se buscasen para predicarles porque podían hallarlos en otros sitios y porque el evangelismo de masa también podían hacerlo en las sinagogas y otros sitios de reunión de masas. La argumentación de Pablo en los v. 24, 25 lleva el mismo propósito que ya ha enfatizado, que el mensaje en la iglesia debe ser comprensible y cuando se trata de inconversos más, porque el don de lenguas para ellos tenía ese objetivo, que entendieran el evangelio. El Espíritu no le daba el don de lenguas en el mismo idioma en que ellos hablaban, por lo tanto, cuando todos los presentes hablaban una misma lengua, mejor era el don de profecía que el de lenguas. Como puedes ver, el don de profecía en aquellos tiempos dentro de la iglesia no se usaba como vaticinio futuro sino para leer el pasado, “todo lo que he hecho”, tiende hacia atrás.

4. Y por último, la profecía, el mejor don, y la predicación del evangelio; lo segundo no es exactamente un equivalente al don de profecía pero es la esencia misma suya, la comunicación de la verdad del evangelio. El profeta del NT buscaba primero un convencimiento de la persona, “por todos es convencido”, no que ellos eran profetas sino convencido de pecados donde los pecados son expuestos a la luz del juicio de Dios, “por todos es juzgado”. Indudable que les revelaban el corazón. La predicación no revela públicamente los pecados de una persona sino que lo convence interiormente y ella se da cuenta que el mensaje le viene bien. No ocurre así porque ya no hay necesidad de autentificar la presencia divina dentro del movimiento espritual cristiano. Un “profeta” que se ponga en pie y descubra públicamente la vida de una persona, está obrando fuera de un contexto histórico y teológico; quizás en ocasiones pudiera adivinar algunas cosas pero no es seguro, además no hay garantía que lo que manifieste, suponiendo que fuera cierto, provenga del Espíritu de Dios.

“¿Qué significa esto, hermanos? Que cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene un salmo o una enseñanza o una revelación o una lengua o una interpretación. Todo se haga para la edificación. Si es que alguien habla en una lengua, hablen dos o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si acaso no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y hable a sí mismo y a Dios. Igualmente, los profetas hablen dos o tres, y los demás disciernan. Si algo es revelado a alguno que está sentado, que calle el primero. Porque todos podéis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados. Además, los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; porque Dios no es Dios de desorden, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, las mujeres guarden silencio en las congregaciones; porque no se les permite hablar, sino que estén sujetas, como también lo dice la ley. Si quieren aprender acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propios maridos; porque a la mujer le es impropio hablar en la congregación. ¿Salió de vosotros la palabra de Dios? ¿O llegó a vosotros solos? Si alguien cree ser profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento. Pero si alguien lo ignora, él será ignorado. Así que, hermanos míos, anhelad profetizar; y no impidáis hablar en lenguas. Pero hágase todo decentemente y con orden” (14.26-40).

Desde el v. 26 hasta el final del capítulo el énfasis recae en una palabra, orden; esta palabra la puedes buscar en el último versículo, 40; y el propósito de ella tiene otra palabra significativa, sujeción y la hallarás en el v. 34. Con estas dos palabras en mente podemos partir para comentar el texto. La intención del apóstol es que haya orden en la iglesia, porque todo su pensamiento se desarrolla en relación con la reunión o lo que llamamos culto.

1. Amado, si miras bien notarás que el apóstol quiere que el culto sea ordenado, los hermanos que hablan en lenguas tienen que someterse a un orden y pueden hablar con una condición, que haya un intérprete que traduzca el mensaje divino, si no hay quien interprete sus lenguas tienen que suspender su ejercicio en los cultos y convertir el don en una práctica privada (v. 28). De esto se desprende que el don no es imprescindible en el culto, que bien puede obviarse sin que se lastime o dañe, y que su provecho bien lo substituye el don de profecía que sirve para enseñar, aprender y exhortar (v. 31). Es una clara indicación de su temporalidad. El fin del culto es la edificación (v. 26).

Existe también una regulación, no puede ponerse en pie quien lo quiera y comenzar a hablar en lenguas sino que a lo sumo pueden hacerlo tres y por turno (v. 29), para que no haya confusión (v. 33) ni los que entren al culto piensen que están locos (v. 23), o que vuelven locos a los que no pueden soportar tantas personas hablando a la vez. Los profetas también deben seguir las mismas reglas pero tiene el don un propósito de permanencia mucho mayor que las lenguas por su naturaleza misma. El culto de hoy está más simplificado que aquellos aunque básicamente contiene su substancia, la alabanza y la exposición de la palabra de Dios. Un anciano o pastor es quien trae el mensaje del Señor y los demás oyen; la congregación canta himnos y ora con el mismo procedimiento ordenado que exigió Pablo y con su mismo propósito para la edificación. El culto no es una fiesta, su propósito no es el regocijo sino edificarse los unos a los otros, exhortarse los unos a los otros. Un culto así, ordenado, tiene que ser reverente y no necesariamente muerto. La actividad humana, hermano, no debe ser confundida con la presencia del Espíritu; hay tanta vida en la contemplación espiritual, la oración en silencio, como en la alabanza y la plegaria pública. Si un culto ha de estar realmente vivo debe ser lleno con la palabra del Señor y con la oración; y como un resultado de vida en el alma, la alabanza con gracia (Col 3.16,17).

Si tú lees los requisitos para elegir a los ancianos no hay ninguno que diga que reciba la palabra por revelación. Los ancianos ya la conocían. Su trabajo era enseñar, exhortar, con la palabra de Dios (1 Ti 5.17). <>

Deja un comentario y a la mayor brevedad le responderé.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s