Importancia y aportes del conocimiento


Importancia y aportes del conocimiento

Por Paulo Arieu

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1. Conocer

Conocer, tener conocimiento, es importante ya que es lo que nos permite la comprensión racional de los sucesos que afectan nuestra mente. Los griegos valoraban mucho el conocimiento y dedicaban muchas horas de esfuerzo mental para reflexionar y meditar sobre las cosas del diario vivir. Son los padres de la ciencia filosófica.  La curiosidad es innata al ser humano. Los jóvenes quieren conocer amigos, otros lugares, muchas personas gustan de viajare y conocer otros lugares. Los científicos quieren saber cómo funciona el mundo, y los filósofos  se la pasan criticando el conocimiento de los otros filósofos, por considerarlo inadecuado. Además, cuando se investiga un tema a fondo, aparecen más temas para investigar también en profundidad. En fin, casi todos procuramos por lo común conocer el porqué de las cosas. Pero “conocer no consiste en hacer algo, ni en recibir algo, sino en un existir superior al simple existir como ser puesto fuera de la nada; es una sobre existencia activa inmaterial, por la cual un sujeto existe no ya solamente con una existencia limitada a lo que es como cosa encerrada en un género, como sujeto existente para sí, sino con una existencia ilimitada en la cual es o se convierte, por su propia actividad, en sí mismo y los otros”. (Maritain, Les degrés du savoir, pag. 218 y s.)[0]

Santo Tomás (siglo xii) dice en su Suma Teológica: “Los seres dotados de conocimiento se diferencian de los que no lo tienen en que estos últimos no poseen más que su propia forma, mientras que los primeros alcanzan a tener, además, la forma de otra cosa, ya que la especie o forma de lo conocido está en el que lo conoce” (La forma es el principio constitutivo, lo que define a los seres, lo que hace que sean lo que son). Esa forma, no su materia, es la que está presente en el conocimiento. En el conocimiento, el sujeto posee la forma del objeto conocido. En cierto sentido, puede decirse que el sujeto se convierte en aquello que conoce: conocer algo, es serlo. Santo Tomás cita, por ello, la fórmula de Aristóteles —filósofo en quien se inspira y cuyo pensamiento continúa—, que dice: “el alma, en cierto modo, es todas las cosas”.

El sujeto, sin perder su propia naturaleza, recibe la forma del objeto; pero el objeto sigue siendo lo que es, sin ser afectado por el sujeto que lo conoce. Así como un rayo de luz, aunque atraviese el aire, sigue el movimiento del sol, y no el del aire que atraviesa, el conocimiento obedece a la naturaleza del objeto, y no a la del sujeto en quien se da. El sujeto no modifica al objeto: lo recibe y se lo asimila; no lo altera, ni lo crea. El conocimiento es conocimiento de lo que es como siendo lo que es, y de lo que no es, como no siendo lo que no es. En el conocimiento está presente el objeto formal, aunque no el objeto material; y está presente de manera tal que el sujeto, puede decirse, es, él mismo, su objeto. Para el sujeto, conocer es una manera de existir; es existir no como él mismo, sino como otro. Las cosas existen simplemente como ellas mismas, porque no conocen ni pueden conocer; el sujeto existe como él mismo y como todo aquello que conoce.»[1]

2. Como conocer a Dios como Padre Nuestro [2]

Cuando usted ora, ¿con qué nombre se dirige a Dios? Aunque todos los excelsos títulos que le hemos dado son correctos, como cristianos tenemos el maravilloso privilegio de llamar “Padre” a Dios.

a. Pero también podemos conocerlo de esa manera.

La posibilidad de tener una relación así con Dios, fue una idea revolucionaria en el primer siglo (Mateo 6:9). El Antiguo Testamento contiene apenas quince referencias a Dios como “Padre”, y éstas se refieren fundamentalmente a Él como el padre del pueblo hebreo; la idea del Señor como un Dios personal de las personas, no es evidente sino hasta el Nuevo Testamento. Sin embargo, ésa fue exactamente la razón por la que Jesucristo vino a la tierra, para morir en la cruz por nuestros pecados y revelar al Padre celestial, para que usted y yo pudiéramos conocerlo a Él más íntimamente.

“Padre”, que aparece 245 veces en el Nuevo Testamento, fue la palabra favorita de Jesús para referirse a Dios; la mencionó catorce veces sólo en el Sermón del monte, y también utilizó este nombre para comenzar a orar (Mateo 5-7). El propósito de Dios es revelar que Dios no es solamente una fuerza trascendente en algún lugar del universo, sino más bien un Padre celestial amoroso y personal que está profundamente interesado en los detalles de nuestra vida.

Muchas personas, incluso los creyentes, no piensan que Dios sea un padre tan cercano, especialmente si se hallan viviendo en desobediencia. Pero la Escritura se refiere una y otra vez a Él como “Padre”. Las cartas de Pablo, por ejemplo, comienzan de esa manera, y el apóstol describe a los creyentes como una casa o una familia de Dios, los llama hijos de Dios y coherederos con Su Hijo Jesucristo (Romanos 8:17).

El privilegio de conocer a Dios como Padre implica más que conocerlo como una persona o un espíritu; va más allá de la simple familiaridad de Su gracia, amor y bondad incomparables, e incluso supera el conocerlo en Su santidad, equidad y justicia. ¡Qué maravilloso es que nosotros, simples criaturas, podemos conocerlo personalmente como nuestro mismísimo padre celestial! Al dirigirse a Él como “Padre”, Jesús reveló Su intención de que nosotros comprendiéramos lo que los santos del Antiguo Testamento no pudieron entender totalmente: que podemos tener la bendición de un parentesco íntimo con el Dios vivo del universo.

En realidad, es a través de la persona de Jesucristo que podemos conocer a Dios de esta manera. Lamentablemente, muchos creen equivocadamente que ese privilegio le pertenece a toda la humanidad. A veces escuchamos frases como “la paternidad de Dios, y la hermandad de los hombres”; estas terminantes palabras expresan la idea equivocada de que Dios es el Padre de todos, y de que todos somos hermanos. Desde luego, por ser Dios el Creador de la vida, pudiéramos en un sentido identificarlo como el padre de la humanidad. Pero la Biblia utiliza el nombre de “Padre” para indicar una relación íntima y personal, que definitivamente no se aplica a toda la humanidad.

Cuando el Señor Jesús dio a sus discípulos un modelo de oración, dirigió Sus palabras al “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9). Algunas personas alegan que ésta es una oración que cualquiera puede hacer, pero observe las palabras que siguen: “Santificado sea tu nombre”. Es interesante que, inmediatamente después de la referencia a nuestro Padre celestial, se mencione la santidad de Dios, precisamente el atributo que separa al hombre pecador del Él. Por eso, aunque es verdad que todo el mundo puede pronunciar esta oración, sólo aquellos que verdaderamente pueden llamar a Dios su Padre, tienen el derecho de hacerla.

Por otra parte, Jesús dijo: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). El intento de acercarse al Padre prescindiendo del Hijo, equivale a llamar mentiroso a Jesús. La explicación es que la palabra “Padre” implica una relación y el ser parte de una familia. Cristo es la puerta para ingresar a esa familia (Juan 10:9, Gálatas 3:26); por eso, ¿cómo puede un incrédulo decir que es un “pariente” si rechaza la única entrada que hay a la familia de Dios?

Jesús ahonda en el asunto cuando dice a los fariseos incrédulos: “Mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre” (Juan 8:37, 38, cursivas añadidas). Por esta razón sabemos que hay dos padres espirituales en el universo. Uno es Jehová, el Padre del Señor Jesucristo. Pero, ¿quién es el otro? Jesús se los explicó claramente: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él… Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis” (vv. 44, 45).

Eso suena duro, pero nuestro Salvador siempre habla la verdad (Juan 14:6a), y por eso Sus palabras son dignas de crédito. Jesús nos dice que, si usted no tiene una relación de fe con Jehová, entonces su padre espiritual es Satanás. Jehová es el Padre espiritual únicamente de aquellos que aman a Jesús y confían en Él como Salvador. Si usted, ha rechazado al Hijo de Dios, ha negado el sacrificio hecho a su favor en el Calvario, y por más difícil que le resulte aceptarlo, su padre es el diablo.

Si no está seguro de a qué familia pertenece, tome un momento para preguntarse lo siguiente ¿Uso de manera irreverente el nombre de Dios, y un minuto después digo que creo en Él?¿Clamó a Él en una crisis, pero no lo tomo en cuenta en otros momentos?¿Amo a Jesús? Recuerde: la Biblia dice que si usted no conoce al Hijo, no puede conocer al Padre (Juan 14:6).

Por esa razón vino Cristo al mundo: para darnos una pequeña muestra de quién es el Padre y de cómo es Él. Como dice Juan 1:18 (NVI): “A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito… nos lo ha dado a conocer. Jesús, nos dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

¿Cómo reveló el Hijo de Dios a Su Padre? Él llamó a los niños a venir a Él, y los tomó en sus brazos; sanó a los enfermos; atendió las necesidades de las personas. Hizo todas las cosas que haría un padre.

b. La manera como Dios expresa Su paternidad

Al observar el modelo de paternidad de Dios, comprendemos mejor nuestra relación con Él. Y al obedecer Su dirección, seremos capaces de expresar correctamente la paternidad a nuestros hijos. Teniendo esto en mente, fijémonos en los siete aspectos de Su paternidad hacia nosotros.

Primeramente, Él desea tener una íntima relación con nosotros. La Biblia nos dice que nos dirijamos a Él como “Padre”, no sólo como “Dios”, “Rey soberano”, “Santo” o “Juez”. Aunque debemos conocerlo en todos los aspectos, el Señor quiere que nos acercarnos a Él de manera transparente en todo, incluyendo nuestras necesidades, debilidades y fracasos.

En segundo lugar, Dios anhela comunicarse con nosotros. Mateo 6:6 nos dice que busquemos un lugar apartado para orar a nuestro Padre, “que ve en lo secreto [y que] te recompensará”. Es decir, Dios nos escucha cuando hablamos con Él, y el Señor responde la oración. Él es la clase de Padre a quien podemos hablarle, y aunque es posible que no nos dé todo lo que queremos, el Señor responderá a nuestras peticiones dándonos lo que Él sabe que es lo mejor para nosotros (Mateo 7:7-11).

Dios nos ama a cada uno de nosotros incondicionalmente. La naturaleza de Dios es amar tanto al santo como al pecador, basado exclusivamente en el hecho de que Él es amor (1 Juan 4:8). El incrédulo simplemente se ha colocado en una posición en la que no puede experimentar ese amor, una situación cuyo remedio es confiar en Jesús como Salvador.

Nuestro Padre celestial suple todas nuestras necesidades. La Biblia nos asegura que nuestro Padre celestial conoce todas nuestras necesidades, aun antes de que le pidamos, y que Él las suplirá “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Mateo 6:8; Filipenses 4:19). Sus recursos son ilimitados, y podemos tener la seguridad de que ninguna de nuestras necesidades dejará de ser satisfecha.

Dios disciplina a Sus hijos (Hebreos 12:5-10). Él no nos castiga por ira, sino con amorosa corrección para nuestro bien. Este castigo es, una evidencia de que somos, en verdad, Sus hijos. Dios siempre nos guía para que hagamos lo correcto. Jesús dijo que nuestro Consejero el Espíritu Santo, nos guiaría a toda verdad (Juan 14:26; 16:13). Dios nunca nos conduce en la dirección equivocada; el Señor “enderezará nuestras sendas” si confiamos en Él en vez de hacerlo en nuestro propio juicio (Proverbios 3:5, 6).

Nuestro Padre celestial está siempre con nosotros. Mientras que los padres humanos no pueden garantizar que estarán físicamente con sus hijos para siempre, en otro sentido podrán estar con ellos. Nuestro Padre que está en los cielos promete que nunca nos desamparará, ni nos dejará (Hebreos 13:5), y Su Espíritu, que mora en nosotros, está siempre presente para guiarnos e inspirarnos.

III. Conclusión:

Lamentablemente, vivimos en tiempos de mucha ignorancia biblica y también espiritual. Millones de personas viven en Occidente, sin conocer a Dios. Millones mas,trabajan de lunes a lunes, sin tiempo de ir a un servicio cristiano ni tiempo para participar de un estudio bíblico.Tambien se nota mucho entre los predicadores protestantes una forma de pensamiento único, que impide la disension de temas doctrinales de poca importancia. Muchos predicadores son intolerantes a la hora de compartir su manera de pensar.

Pero ¿conoce usted a Dios como su Padre celestial? Si no lo conoce, sepa que Él está listo para adoptarle en Su familia (Romanos 8:15; Gálatas 3:26). Lo único que tiene que hacer, es confiar en Su Hijo Jesucristo como su Salvador personal.  Como dice Juan 1:12: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Si ud. aún no ha conocido a Dios, como Su Padre Celestial, aún está tiempo…No deje pasar el tiempo, que el tiempo perdido, no vuelve más, ni se recupera nunca más.

Notas

1.Vicente Fatone, Lógica e introducción a la filosofía,p. 102,ed. Kapeluz

2. http://www.ciudadredonda.org/subsecc_ma_d.php?sscd=204&scd=3&id=774

3. http://sigueme.net/estudios/estudios_biblicos.php?s=130

imagen: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/tomas_deaquino.htm

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