Determinismo vs. soberania de Dios


Determinismo

Por Paulo Arieu

Hay autores, que afirman que los que creen que no hay una verdadera libertad en el albedrío, están errados.

Myer Pearlman dice que el determinismo “es la teoría que afirma que el libre albedrío es un engaño y no realidad. Nos imaginamos que somos libres para escoger, cuando en realidad nuestra elección es dictada por estímulos internos y por circunstancias fuera de nuestro dominio. El humo que sale de la chimenea quizá piense que es libre, mas asciende en virtud de leyes inexplicables. Siendo así, una persona no puede comportarse de una manera distinta a la que lo hace y hablando en términos precisos, no se le debe elogiar por lo bueno que hace, ni censurársele por lo malo. El hombre es simplemente un esclavo de las circunstancias. Esto es lo que afirma la teoría.

Y también cita que empero las Sagradas Escrituras afirman en forma consecuente que el hombre es libre para escoger entre el bien y el mal, una libertad insinuada en toda exhortación o mandamiento. Lejos de ser una víctima de la suerte o de la casualidad, se dice que el hombre es árbitro de su propio destino.

Y como ejemplo cita que durante una discusión de la cuestión del libre albedrío, el Dr. Jhonson, un notable erudito y autor británico declaró lo siguiente: “¡Señor sabemos que nuestras voluntades son libres, y no hay mas que decir!” El expresa que según su opinión, ese gramo de sentido común pesaba más que una tonelada de filosofía.

Pearlman también dice que una de las consecuencias prácticas del determinismo es considerar al pecado como una enfermedad por la cual debe considerarse al pecador como un ser digno de lástima, y no como a alguien a quién se debe castigar. Pero el perentorio sentido del deber implantado en la conciencia del hombre refuta esta teoría. Recientemente un asesino de diez y siete años de edad se negó a presentar un alegato que lo hiciera aparecer como demente, afirmando que su crimen no tenía excusa, pues había sido cometido a pesar de la iluminación que le habían proporcionado los padres y la escuela dominical. Insistió por lo tanto en pagar toda la pena que le correspondía. Aunque joven, y frente a la muerte, se negó a dejarse engañar.

Pero Dios es soberano, es decir, tiene absoluto derecho de gobernar, y disponer de sus criaturas según su voluntad. Daniel 4:35; Mateo 20:15; Romanos 9:21. Posee este derecho en virtud de su infinita superioridad, de su propiedad absoluta de todo, y de la absoluta dependencia que todas las cosas tienen de él para su continuación. Por lo tanto, no es solamente necio sino también malvado criticar su conducta. El señor D. S. Clarke nos dice lo siguiente:
La doctrina de la soberanía de Dios es muy provechosa y estimulante. ¿Si se nos diera a elegir, qué elegiríamos: ser gobernados por el destino ciego, o la suerte caprichosa, o la ley natural implacable, o nuestro criterio miope y pervertido, o por un Dios infinitamente sabio, santo, amoroso y poderoso?

Equilibrio bíblico

Las posiciones fundamentales respectivas del calvinismo y el arminianismo se enseñan en las Sagradas Escrituras.

El calvinismo exalta la gracia de Dios como la fuente única de salvación, y también lo hace la Biblia. El arminianismo recalca el libre albedrío del hombre y su responsabilidad, y así lo hace también la Biblia. La solución práctica consiste de evitar los extremos que no son bíblicos de ambos puntos de vista, y de abstenerse de fijar un punto de vista en antagonismo con el otro, puesto que cuando dos doctrinas bíblicas se colocan en oposición la una de la otra, el resultado es una reacción que conduce al error. Pongamos por ejemplo: el énfasis excesivo en lo que respecta a la soberanía de Dios y su gracia en la salvación puede conducir a una vida negligente, descuidada, puesto que si una persona es convencida de que su conducta y actitud no tiene nada que ver con su salvación, quizá se haga negligente. Por otra parte, el recalcar el libre albedrío del hombre y su responsabilidad, en reacción contra el calvinismo, puede poner a la Gente bajo el yugo del legalismo, y robarle todas las seguridades que tiene. La licencia y el desenfreno por una parte, y el legalismo por la otra son los extremos que deben de evitarse.

Cuando el señor Finney ejercía su ministerio en una ciudad donde se había recalcado hasta el exceso de la doctrina de la gracia, insistía con énfasis en la doctrina de la responsabilidad personal. Cuando celebraban reuniones en un pueblo donde se había puesto énfasis en la responsabilidad del hombre y las obras, recalcaba entonces la gracia de Dios. Y al dejar los misterios de la predestinación para emprender la tarea práctica de procurar que la Gente se salve, no seremos perturbados por el asunto. Wesley sostenía la doctrina de Arminio, y Whitefield la de Calvino. No obstante ello, ambos  llevaron miles de personas a los pies de Cristo.

Predicadores calvinistas piadosos del tipo de Spurgeon y Finney han predicado la perseverancia de los santos de tal manera, como para retraer al creyente de seguir una conducta negligente. Señalaban con cuidado que mientras que un verdadero hijo de Dios tenía la seguridad de perseverar hasta el fin, el que no perseverare pondría en tela de juicio el que hubiera en realidad nacido de nuevo. Si una persona no sigue la santidad, dijo Calvino, haría muy bien en poner en tela de juicio su elección.

Nos confrontarán sin duda misterios al proponernos relatar las grandes verdades de la presciencia de Dios y el libre albedrío del hombre; pero si obedecemos las exhortaciones prácticas de las Escrituras, y nos consagramos a las tareas definidas que se nos han encomendado, no podremos equivocarnos. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios: mas las apeladas son para nosotros.” (Dt. 29:29)

En conclusión rogamos al lector que se nos permita sugerir que no es prudente recalcar con exceso los peligros de la vida cristiana. El énfasis, más bien, se debe poner en los medios de seguridad: el poder de Cristo como Salvador, la fidelidad del Espíritu que habita en nosotros, la certeza de las promesas divinas, y la infalible eficacia de la oración. El Nuevo Testamento nos enseña con respecto a una verdadera “seguridad eterna,” asegurándonos que a pesar de las debilidades, imperfecciones, desventajas o dificultades externas, el creyente puede descansar seguro y victorioso en Cristo. Con el Apóstol Pablo puede exclamar: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas somos mas que vencedores por medio de aquél que nos amó. Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Rm.8:35-39).

Conclusión: El que rechaza la soberanía de Dios, puede elegir entre lo que queda.

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Bibliografía

Myer Pearlman, Teología bíblica y sistemática. Ed. Zondervan, Aug 20, 2013.

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