Por qué duran las parejas que duran


Por qué duran las parejas que duran

Resulta esperanzador que cada vez más se reconozca que el enamoramiento —o drogamor, como yo lo llamo— es un fenómeno químico y, sobre todo, pasajero. Sin embargo —y a pesar de la mención, también esperanzadora, de que “…. en la ruptura, el drogadicto se queda sin las sustancias que le aportaban ese placer”— , aún no veo que se haya entrado en la vía del consenso de que se trata de una droga, lo cual llevaría al estudio de medios para contrarrestar sus nocivos efectos. Tal vez algún día se llegue a eso.


También cada vez más se acepta y declara que el éxito de la relación de pareja es el producto del TRABAJO en común, en equipo, que no llega gratis y caído del cielo, como creen los drogamorados, y que un componente importante de ese trabajo es “la comunicación eficaz para resolver conflictos y una sexualidad satisfactoria para ambos”. Sin embargo, en este artículo nada mencionan de otros pilares importantes, como la confianza y el respeto.

Lamentablemente, le epidemia feminista aflora en España hasta en la sopa, y así, en boca de un experto —supongo— se pone esta perla: “No concebir el amor-amistad con la pareja, dejarla fuera de esa agenda, es machista”, que presupone que es sólo el hombre el que podría no concebir el amor-amistad con su pareja.

Cuando el enamoramiento ‘químico’ se desvanece al cabo de unos meses, comunicación, amistad, complicidad y apertura al exterior son claves para que la pareja se consolide y supere la exigencia de cambio continuo.

Familias inquebrantables, matrimonios para la eternidad, hogares indisolubles, etc., los antiguos vínculos que determinaban la vida del ser human, llevan camino de extinguirse en la posmodernidad. Establecer lazos con el prójimo depende ahora únicamente del propio esfuerzo. Es el precio de la libertad, de andar suelto: lograr ese equilibrio imposible entre el impulso de estrechar lazos pero manteniéndolos flojos para poder desanudarlos antes de que sean una carga o limiten severamente la libertad necesaria para, ¡exacto!, relacionarse. En este mundo de rampante individualidad, las relaciones son una bendición a medias, afirma el sociólogo Zygmunt Bauman en “Amor líquido; acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”.

DOS MILLONES DE RUPTURAS

En este marco de ambivalencia, sorprende la longevidad de las parejas que aún lo son, sobre todo de las que son relativamente jóvenes y que al casarse ya contaban con una ley del divorcio y una independencia económica para la mujer. En España se produce hoy una ruptura cada 3,5 minutos. En 25 años de ley del divorcio, se ha superado el millón de separaciones y los 800.000 divorcios, lo que ha afectado —el Instituto de Política Familiar lleva la cuenta— a millón y medio de hijos. En el último quinquenio las rupturas han subido un 45%, y los hogares unipersonales aumentan sin parar.

LA QUÍMICA DE UN MISTERIO

Pero, ¿cuál es la misteriosa fórmula de las parejas que duran? El profesor de neurociencia, Ignacio Morgado, asombraba hace unos días a los lectores de La Vanguardia al explicar las razones bioquímicas de las relaciones estables. No sólo el flechazo, y los 18 meses que a lo sumo dura el enamoramiento, se ven condicionados por la química cerebral, con la segregación de feniletilamina que produce excitación y pasión emocional, y los estrógenos y andrógenos que aumentan el apetito sexual. La fidelidad también vendría condicionada por la vasopresina y la oxitocina, sustancias que fabrica el cerebro y que, en plena relación sexual, pueden liberarse en la sangre y crear un apego o un lazo. Así funciona en los animales, y la antropóloga Hellen Fisher aconseja a humanos también: no te acuestes con alguien de quien no te quieras enamorar. Morgado, por su parte, cree que la influencia de estas hormonas queda disminuida por la enorme capacidad del córtex cerebral de crear relaciones sociales. “La relación afectiva y sentimental entre dos personas es mucho más que unas hormonas liberadas en un momento dado. Además de la química, está la fisiología, una educación, un pasado, un presente y una imaginación del futuro”, dice.

SÍNDROME DE ABSTINENCIA

Pero la química explica en gran parte por qué la ruptura de una pareja longeva cuesta mucho más de encajar. Al superar la fase de enamoramiento, la pareja libera más endorfinas y encefalinas, sustancias similares a la morfina, que crean un estado de relax y tranquilidad. La euforia deja paso a un estado de bienestar y, en la ruptura, el drogadicto se queda sin las sustancias que le aportaban ese placer.

LA CLAVE: EL DIÁLOGO

“El amor no es mágico —apunta la psicóloga y sexóloga Carme Freixa —ni es irracional, pues no se trata de patologías del amor y dependencias emocionales, como vemos en mujeres maltratadas o en personas que temen al compromiso y se fugan cuando la relación se consolida. Hablamos de personas que, superada la ducha química que es el enamoramiento, manifiestan la voluntad de compartir su vida: ese amor tiene connotaciones que van desde lo puramente fisiológico hasta la idea de proyecto en común. Y para que eso dure, deben trabajárselo, igual que sucede con una empresa: negociar, pensar, conocer, investigar. De lo contrario, se diluirá o se mantendrá por razones que nada tienen que ver con una relación positiva”. La clave, apunta Freixa, es una relación de tú a tú desde la autoestima, la empatía, el humor y la capacidad de seducción; es decir, de enviar comunicación positiva sobre lo que uno quiere y lo que le interesa. Es absurdo pretender que si me quiere ya sabrá lo que quiero: hay que comunicarse”.

¿25 AÑOS? ¡FELICIDADES!

La pareja que resiste es la que más se acerca al trabajo en equipo, apunta María Palacín, profesora de Psicología Social de la UB. “Es un proyecto en común que caduca y que hay que seguir construyendo, que implica una comunicación eficaz para resolver conflictos y una sexualidad satisfactoria para ambos. Eso sí, debe nutrirse del exterior: si se encierra demasiado, muere”. No es fácil, añade.

A quien cumple 25 años de pareja se le felicita. ¿Qué habrá hecho con la monotonía? ¿Y sin modelo de referencia de igualdad? Ahora pocos se resignan por circunstancias sociales de antaño. Aun así, la hipoteca une, los hijos siguen siendo una razón, y el miedo a la soledad acecha. Además, lamentablemente la sexualidad de muchos matrimonios cuyos valores cristianos se han diluido, se vive a menudo por separado, ya sea pactando o sin previo acuerdo.

AMISTAD SINE QUA NON

La relación positiva de larga duración es posible siempre que intervenga la amistad, sostiene el filósofo Joan Carles Mèlich. Ésta no pide intercambio sino reciprocidad —explica— y, a diferencia del enamoramiento, que sucede a nuestro pesar, se construye y se desea. “No concebir el amor-amistad con la pareja, dejarla fuera de esa agenda, es machista”, añade. A su juicio, si la longevidad de la pareja está en crisis es porque cada vez es más difícil establecer relaciones de amistad. “Son más bien de enamoramiento o de colegas, pero si la monotonía es fatal para la persona, también lo es una innovación tan veloz que nada deje estable. Ya era hora de que pudiéramos realizarnos sin pedir permiso, pero pensar que el proyecto vital se puede realizar en solitario es ignorar un problema: la soledad existencial”.

EL COSTO DEL NO COMPROMISO

No es raro que las relaciones sean uno de los motores del actual boom del counselling, ni que hasta la prensa seria publique columnas expertas de las que se espera la cuadratura del círculo: cumplir el sueño de relacionarse evitando que eso cuaje en una pareja sólida. ¿Consejos? Mantener las puertas siempre abiertas; sustituir el término relacionarse por conectarse, y el de pareja por red, esa matriz que permite conectar y desconectar, y que nunca sitúa a uno en una relación indeseable pero indisoluble. Ese descompromiso, anuncia Bauman, no reduce los riesgos, sólo los distribuye de otro modo, junto con la angustia que genera.

¿QUÉ SOY PARA EL OTRO?

Estoy porque le quiero, porque me compensa. El psicoanálisis ve en esas explicaciones la envoltura de una verdad más compleja. “Hay algo en el otro que permite acoplarnos —dice el psicoanalista Eugenio Díaz—, lo importante es qué soy para el otro. Si uno no sabe qué le engancha, no sabe de qué se está separando y por eso no puede separarse, sólo alienarse. Ese enganche es una referencia del pasado, la adscripción a un papel, por ejemplo: ser siempre el deseado, el maltratado, ceder le da miedo porque teme desengancharse”.

La Vanguardia.

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