Genealogía de Jesús parte 8. Rajab, eslabón en la genealogía de Jesús


Genealogía de Jesús parte 8. Rajab, eslabón en la genealogía de Jesús

por Paulo Arieu

Rajab, otra historia de mujer valerosa, que antepone los elegidos de Dios a su propia gente. (Podéis leer su historia en el libro de Josué, 2.

Rajab y los israelitas que visitan su casa, pertenecen a pueblos diferentes, se podría decir que eran enemigos, además ella era consciente que la visita de los israelitas no era pura cortesía, sino que era para explorar su tierra y más tarde conquistarla; lógicamente debería haberse puesto en guardia contra ellos. Pero al contrario de lo que pudiéramos pensar y sin tener nada en común, ni nada que los uniera, hablan entre ellos y se comunican, y aquí la palabra comunicar no significa simplemente una conversación banal o superficial, sino que hablan de algo tan trascendente como es la supervivencia de todo un pueblo y la conquista por parte de otro. Rajab, en esta situación un tanto peculiar y cuando aparece el peligro, da el primer paso: esconde a los hombres espías en vez de entregarlos a su rey, ¿por qué? Los considera iguales, no enemigos; ella es partidaria del diálogo, y además actúa con astucia, salva a los espías de las manos enemigas a cambio de que ella y toda su familia sea liberada de la matanza que se cierne sobre su pueblo.

En Rajab podemos contemplar a una mujer independiente, parece ser ella la que maneja los hilos de la actuación familiar, ella dispone, hace el trato y salva la vida de los suyos, no parece estar bajo la influencia de ningún varón, no aparece casada, aunque deberemos entender que una vez conquistada la tierra prometida, ella contraería matrimonio con algún israelita (un tal Salmón) para poder aparecer como madre de Booz, según la genealogía que nos presenta San Mateo.

La actuación de Rajab es decisiva para la continuidad de la historia de Israel, y su papel de mujer “importante” no pasa desapercibida ni para Hebreos, 11,31: “Por la fe, Rajab, no pereció con los incrédulos, por haber acogido amistosamente a los exploradores” ni para Santiago 2, 25: “Del mismo modo Rajab, ¿no quedó justificada por las obras al dar hospedaje a los mensajeros y hacerlos marchar por otro camino?”.

Aunque el libro de Josué presenta a Rajab como una prostituta, nos dice Antjé Röckemann en el libro Espiritualidad y fortaleza femenina, que bien pudiera ser una mujer que vive emancipada y que decide libremente sobre sus relaciones con los hombres, pero que independientemente de cómo se traduzca el texto, los espías israelitas no se escandalizan de su profesión, sino que acuden a ella; deberíamos entender que se fiaban de su discreción y vieron en ella una mujer cautelosa.

Sea por intereses personales, sea porque creía en el Dios de Israel, Rajab se salvó del exterminio y su nombre pasó a la historia con reconocimiento por parte de los autores sagrados.

Dios se fijó en el corazón de Rajab, no en el “oficio” que se le atribuye. Dios penetra más allá de la visión superficial que tenemos muchas veces hacia otras personas marginales o que viven fuera de los cánones establecidos por la sociedad.

Rajab, mujer libre e inteligente, sabe sacar partido de la situación contraria que se le avecina, y no tiene inconveniente en enfrentarse y resistirse a los poderes de su pueblo, para salvar a su familia de una muerte segura.

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