Los suicidados de la sociedad


Alfonso Carvajal
Los suicidados de la sociedad

‘No es el hombre sino el mundo el que se ha vuelto anormal’, dice Artaud en su ensayo sobre Van Gogh

2:17 a.m. | 19 de agosto de 2014

La historia es increíble. En mayo de 1947, el poeta Antonin Artaud solicita un permiso en el manicomio de Rodez donde está recluido para visitar una exposición de Vincent van Gogh, que se realizaba por esos días en París. De allí nace el ensayo ‘Van Gogh, el suicidado de la sociedad’, donde Artaud, con furia y el talento demencial que lo caracterizaba, pretende demostrar que la genialidad del pintor fastidiaba el sentir de las mentes ordinarias, representada en una sociedad hipócrita y ladina, que finalmente lo arrastra al suicidio.

Con exquisita ironía comienza el ensayo: “Puede hablarse de la buena salud mental de Van Gogh, que en toda su vida solo se hizo asar una mano y, fuera de esto, no pasó de cortarse la oreja izquierda en una ocasión”. Y continúa: “No es el hombre sino el mundo el que se ha vuelto anormal”. El artista Artaud, entre la locura y la lucidez, le echaba una mano bendita a su compañero de infortunio.

Y lo llama alienado auténtico, pues prefirió volverse loco antes que “prevaricar contra determinada idea superior del honor humano”. Y su pluma trina contra la normatividad circundante, “pues un alienado es un hombre al que la sociedad no ha querido escuchar y al que ha querido impedir que propalase verdades insoportables”. También nos habla de la fuerza de su pintura, de sus colores ocres, de sus cielos estrellados de misterio, de sus soles ebrios, de sus nubes apocalípticas, de la sangre y el vino de borra que inundan el paisaje.

Además, califica de “hechizos unánimes” los casos de Baudelaire, perseguido judicialmente por sus flores del mal, el proscrito Poe, del visionario Gérard de Nerval, quien se ahorcó en un farol en una madrugada parisina, o la locura irremediable de pensadores tan luminosos como Nietzsche y Hölderlin, quienes terminaron sus vidas sin contacto con la realidad.

El incorregible Artaud no se mató, murió de cáncer y con la secuela de los electrochoques que buscaban tranquilizar su espíritu salvaje, pero intuyó en la “gran sociedad” la mezquindad suficiente para extirpar a los más valiosos bichos de la especie, aislándolos o matándolos con una indiferencia atroz. Estas palabras parecieran ser un eco de sí mismo: “Un día la pintura de Van Gogh, armada de fiebre y buena salud, volverá para arrojar al viento el polvo de un mundo enjaulado que su corazón ya no podía soportar”.

Alfonso Carvajal

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http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/los-suicidados-de-la-sociedad-alfonso-carvajal-columnista-el-tiempo/14402578

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