El avivamiento metodista: Rumbo hacia la iglesia primitiva


El avivamiento metodista: Rumbo hacia la iglesia primitiva
(Vida de Juan Wesley, Parte 2)

La situación de las iglesias antes del avivamiento

Efectivamente, la situación de la iglesia antes del avivamiento se puede describir solamente como “muerte espiritual”. Los protestantes ingleses tenían “una apariencia de piedad, pero negaban la eficacia de ella” (2 Tim.3:5). Así describe un historiador la situación de la iglesia en Inglaterra al inicio del siglo XVIII:

“Los anglicanos tenían miedo a los extremos – a los católicos por un lado y a los puritanos por el otro lado. Querían ser ‘moderados’ y sospechaban de cualquier convicción apasionada. Sus prédicas eran ensayos morales sin poder.
Puesto que ya no hubo convicciones personales en la fe, surgió una tolerancia ilimitada. (…) La ‘nueva vida en Cristo’ que ellos anunciaban, no se podía observar en la realidad en ningún lugar. (…) El mismo Wesley habló claramente acerca de la irreligiosidad de sus tiempos:
‘¿Cuál es la característica principal del pueblo inglés en la actualidad? – Su impiedad. … ¡La impiedad es nuestro carácter nacional en lo general y en lo particular!’
… ‘Justo en este tiempo’, recuerda Wesley, ‘comenzaron dos o tres pastores de la iglesia de Inglaterra a llamar seriamente a los pecadores al arrepentimiento. … En dos o tres de ellos ardía el fuego del amor a Dios.'”
(A. Skevington Wood, “Pietismo y Avivamiento”, en “The History of Christianity”, Lion Publishing,Berkhamsted 1977)

Esta es a menudo la situación antes de un avivamiento: la iglesia está muerta, seca, lejos de Dios. Pero unos pocos cristianos fieles se dan cuenta de la situación, claman a Dios por avivamiento, y empiezan a predicar arrepentimiento.
Esta “sequedad” de la iglesia es a menudo debida a sus propios líderes y pastores. Jorge Whitefield comentaba en aquel mismo tiempo (según el mismo historiador): “Las iglesias estaban tan muertas, porque hombres muertos les habían predicado.”

Esta situación tiene muchas paralelas con el tiempo actual. Hoy también, las iglesias están llenas de inmoralidad y corrupción, de manera que ya no se diferencian del mundo. Hoy también, las iglesias tienen una “apariencia de piedad”, pero no producen vidas cambiadas. ¿Dónde están hoy los cristianos fieles que clamen a Dios por avivamiento, y que llamen al pueblo evangélico al arrepentimiento?


Conversiones y una Reforma de la sociedad entera

Wesley llamaba fuertemente al arrepentimiento. Pero no hacía “invitaciones a convertirse” como lo hacen los evangelistas actuales. Wesley sabía por su propia experiencia, que Dios tiene que hacer una obra intensiva y profunda de convicción, antes de que alguien pueda convertirse de verdad; y esta obra de Dios necesita tiempo. El confiaba en que Dios iba a hacer esta obra en su tiempo. Así dijo Wesley después de una prédica: “He echado mi pan sobre las aguas. Que lo vuelva a encontrar después de muchos días.” (según Ecl.11:1). Y en otra oportunidad, en su pueblo natal: “¡Que nadie piense que esta labor de amor sea perdida porque el fruto no aparece inmediatamente! Casi cuarenta años trabajó mi padre aquí, pero vio poco fruto de toda su labor. Yo también hice algunos esfuerzos entre este pueblo, y también parecía que gasté mis fuerzas en vano. Pero ahora apareció el fruto. … La semilla, sembrada hace tanto tiempo, brotó ahora, produciendo arrepentimiento y remisión de pecados.”
Wesley entonces no contaba números de convertidos, como se hace en las campañas actuales. El dejaba la obra en las manos de Dios, y en algunas oportunidades pudo ver más tarde los frutos. Los métodos actuales de evangelización producen un número inmenso de “conversiones” superficiales y falsas, que son solamente producto de la manipulación por parte del evangelista. El avivamiento metodista no tenía este problema, porque se esperaba que los convertidos vinieron por sí mismos a testificar del cambio que Dios obró en ellos. Y normalmente este cambio sucedía al buscar a Dios en secreto.
(Veremos más adelante que hubo también conversiones espectaculares que sucedían en público. Pero Wesley nunca incentivaba esto para hacer un “show”. El simplemente predicaba arrepentimiento, y dejaba que Dios hiciera lo que a El le parecía bien.)

Estos son dos ejemplos de testimonios, de como Wesley se enteró más tarde del fruto de su predicación:

“Una mujer me detuvo en la carretera y dijo: ‘Señor, ¿no recuerda cuando estuvo en Prudhoe hace dos años y desayunó donde Tomás Newton? Yo soy su hermana. Usted me miró al salir, y dijo: ‘Esté en serio.’ Yo no sabía entonces lo que significaba seriedad, ni pensé en ello; pero las palabras entraron en mi corazón, de manera que no pude quedarme tranquila hasta que busqué y encontré a Cristo.'”

“‘Hace doce años’, dijo W.Row, ‘yo estaba yendo a Gulval Downs y vi a mucha gente reunida. Les pregunté cuál era el asunto, y me dijeron que un hombre iba a predicar. Dije: No, este no es un hombre confundido. Usted había predicado de como Dios levantó los huesos secos, y desde aquel tiempo yo no tenía descanso hasta que Dios tuvo placer en soplar sobre mí y levantar mi alma muerta.'”

Ciudades enteras fueron transformadas por el avivamiento, como demuestran estos testimonios (también del diario de Juan Wesley):

“El último invierno, varios decían a manera de burla al Sr.Whitefield: ‘Si él quiere convertir a paganos, ¿por qué no va a los mineros de Kingswood?’ – En primavera, efectivamente lo hizo. Y puesto que miles de ellos nunca iban a un lugar de adoración pública, él les siguió a su propio desierto, para buscar y salvar lo que se había perdido. Cuando él tuvo que ir a otra parte, otros seguían, ‘yendo por las carreteras y por las cercas, a obligarlos a entrar’. Y por la gracia de Dios, su labor no fue en vano. El ambiente ya ha cambiado. Kingswood ya no resuena con groserías y blasfemias como el año pasado. Ya no está lleno de borracheras e inmundicias y diversiones vanas que resultan de ello. Ya no está lleno de guerras y peleas, de clamor y amargura, de enojo y envidia. El paz y el amor están allí. Muchos de la gente son ahora mansos, amables y tratables. No gritan ni se llenan de celos, (…) y su diversión es ahora cantar alabanzas a Dios, su Salvador.”

Acerca de la provincia de Cornwall, escribe:

“Esta práctica detestable de engañar al rey (por medio del contrabando) ya no se encuentra en nuestras sociedades. Y desde que se deshicieron de esta cosa maldita, la obra de Dios ha aumentado por todas partes.”


Prédicas al aire libre

Hemos visto arriba como Wesley fue expulsado de una iglesia tras otra. La iglesia toleraba la inmoralidad y la muerte espiritual; pero no toleraba la fuerte prédica de Wesley acerca del nuevo nacimiento. Pronto ya no existía iglesia en Inglaterra que iba a dejar predicar a Wesley.
En ese entonces, su amigo Whitefield ya había comenzado a predicar al aire libre – algo completamente novedoso en aquellos tiempos. Whitefield comenzó a introducir a Wesley en esta forma de predicar. Al inicio, esto le parecía algo muy extraño. Wesley escribe en su diario: “Primero casi no pude conformarme a esta manera extraña de predicar en los campos, de la que él (Whitefield) me dio un ejemplo el domingo. Toda mi vida, hasta hace poco, yo me había aferrado tenazmente a todo lo que es decente y ordenado, de manera que me parecía casi un pecado, salvar almas en algún otro lugar que no sea una iglesia.”
Pero poco después, Wesley se acordó del Sermón del Monte y dijo que éste era un precedente notable de una prédica al aire libre. Si el mismo Señor Jesús predicaba en los campos, ¿por qué no debía hacerlo Juan Wesley también? – El día siguiente, Wesley predicó desde una pequeña elevación al lado de la carretera, a la salida de la ciudad, y tuvo una audiencia de tres mil personas.

En su pueblo natal de Epworth, no solo le fue prohibido predicar en la iglesia; el pastor también se negó a dejarle participar en la Cena del Señor, diciendo que Wesley “no era apto”. Entonces, en la tarde del mismo domingo, Wesley se fue al cementerio, se paró encima de la lápida de su padre y predicó desde allí; y tuvo una audiencia mayor de la que el pastor había tenido en la iglesia.

Desde entonces, Wesley se dedicó a predicar al aire libre; y comúnmente venían miles de personas a escucharle. Así le resultó beneficioso ser expulsado de las iglesias, porque pudo alcanzar a mucho más personas afuera de las iglesias, de lo que le hubiera sido posible dentro de ellas. En una oportunidad, cuando Wesley ya tenía 70 años, tuvo una audiencia de más de 30’000 personas. Se estima que a lo largo de su vida, Wesley pronunció unos 40’000 sermones.


Envidia de los pastores

Como era de esperar, con esto los pastores se llenaron aun más de envidia contra Wesley. Aparte de no estar de acuerda con su predicación, una de sus objeciones frecuentes era, que Wesley no tenía derecho de predicar a las congregaciones de ellos. Esta objeción es muy similar a lo que dicen los pastores actuales, tildando de “ladrón de ovejas” a cualquiera que habla sin permiso de ellos a los miembros de su congregación acerca del Evangelio. Tanto entonces como hoy, los pastores creían tener un derecho de propiedad sobre los miembros de su congregación, y se olvidaban de que era el Señor Jesús, no ellos, quien pagó con su vida por la salvación de ellos.

Esta fue la respuesta de Wesley a estas críticas:

“Por mientras, ustedes piensan que yo debería quedarme sentado y quieto; porque de otra manera yo estaría invadiendo el oficio de otro, interfiriendo con el negocio de otra gente, y metiéndome con almas que no me pertenecen. Por tanto, ustedes preguntan: ¿Cómo es que yo reúno a cristianos que no están a mi cuidado, para cantar salmos, y orar, y escuchar la exposición de las Escrituras?, ¿y piensan que esto no se puede justificar que yo lo haga en parroquias de otros hombres, por principios católicos? (N.d.tr: Hoy dirían “principios evangélicos”, pero en esencia es lo mismo…)
Permítanme hablar francamente. Si con ‘principios católicos’ (resp. ‘evangélicos’) ustedes se refieren a cualquier principio que no es escritural, entonces esto no tiene ningún peso para mí. Yo no permito ninguna otra regla, sea para la fe o para la práctica, que no sean las Sagradas Escrituras. Pero con principios escriturales, no me parece difícil justificar lo que hago. Dios me manda en las Escrituras, según lo que está en mi poder, instruir a los ignorantes, reformar a los malos, afirmar a los virtuosos. Los hombres me prohíben hacer esto en sus parroquias; esto es, de hecho, prohibirme hacerlo en absoluto, puesto que no tengo ninguna parroquia propia y según toda probabilidad nunca tendré una. ¿A quién tengo que escuchar entonces, a Dios o a los hombres?
Yo considero el mundo entero como mi parroquia; o sea, en cualquier parte del mundo que esté, lo considero apropiado, justo y mi deber encargado, declarar a todos los que estén dispuestos a escuchar, las buenas nuevas de la salvación. Esta es la obra que sé que Dios me llamó a hacerla; y estoy seguro de que Su bendición la acompaña. Por tanto estoy grandemente animado a ser fiel en cumplir la obra que El me dio a hacer. Soy Su siervo, y como tal, estoy ocupado según la clara dirección de Su Palabra, ‘según tengo la oportunidad, hacer bien a todos los hombres’; y Su providencia claramente concuerda con Su Palabra, porque El me desocupó de todo lo demás, para que yo me encargase únicamente de esta misma cosa, y siga haciendo el bien.”


Las “sociedades religiosas”

Ya antes de Wesley existían “sociedades religiosas” dentro de la iglesia anglicana. Eran grupos pequeños, mayormente de jóvenes, que se comprometieron a reunirse semanalmente para edificarse unos a otros. Se contaban unos a otros sus experiencias con Dios, y recaudaban dinero para ayudar a los pobres, pagar las deudas de prisioneros, y educar niños. Más tarde se esforzaban también para ganar a nuevos miembros, pero admitían solamente a aquellos que demostraban la misma entrega al Señor. Al parecer, estas “sociedades” eran algo como un “pietismo inglés” (aunque parece que se originaron independientemente del pietismo alemán).
El mismo Wesley fundó una tal sociedad junto con algunos compañeros de estudio en Oxford, aun antes de nacer de nuevo. Después de su regreso de América, Wesley fundó otra sociedad, con la ayuda de Peter Bohler. Pero esta sociedad se unió con la iglesia de los moravos, y entonces Wesley la dejó y fundó otra, que permanecía en comunión con la iglesia anglicana.

Wesley encontró pronto que estas sociedades eran el mejor medio para juntar a las personas que habían sido “despertados” por sus prédicas y estaban buscando a Dios. Cuando se juntaron más miembros a las sociedades, éstas fueron divididas en “clases” pequeñas de unas doce miembros cada una. El más maduro de cada clase era su “líder”, con la responsabilidad de visitar semanalmente a cada miembro, y/o reunirlos juntos, para preguntarlos acerca de su estado espiritual y aconsejarlos según podía. Así se aseguraba una comunión personal continua entre los miembros de las sociedades. El mismo Wesley (y más tarde sus colaboradores) reunía regularmente a los líderes para enseñar y aconsejarlos.
El consejo principal de Wesley a las sociedades era: “Fortalézcanse unos a otros. Conversen juntos con tanta frecuencia como puedan. Y oren en serio uno con otros y unos por otros, para que puedan ‘perseverar hasta el final y ser salvos’.” – También se estableció un reglamento bastante estricto para estas sociedades. Por su organización “metódica”, pronto recibieron el apodo de “metodistas”.

En cuanto a la membresía, se ejercía una disciplina estricta. Por ejemplo, no podía ser miembro ningún ladron, vendedor o comprador de contrabando, o que evadía impuestos.
Acerca de este tema, Wesley escribió en 1767 un tratado con el título: “Palabra a un contrabandista”. En este demostró que el que compra contrabando, es igual de culpable como el mismo contrabandista. Tampoco escapaban de su juicio aquellos que se justificaban: “Pero yo no sabía que era contrabando.”: – “¡No! ¿No te dijo el vendedor que era contrabando? Si te lo vendió más barato de lo común, él te lo dijo. El precio bajo te dijo: ‘Esto es contrabando.'” – Wesley señaló también que la compra-venta de contrabando aumentaba la carga de impuestos sobre todos los hombres honestos. “Por tanto, cada vendedor y comprador de contrabando es un ladrón general, que roba los bolsillos tanto del rey como de sus prójimos.”
(Según J.Telford, “La vida de Juan Wesley”.)

Telford comenta también acerca del efecto de estas sociedades metodistas sobre la sociedad en general:
“Dondequiera que se implantó el metodismo, contribuyó a una reforma general del comportamiento. Hizo de sus miembros ciudadanos mejores, y elevó el estándar de la moralidad. Nunca se hizo alguna tregua con el pecado. …Wesley predicó: ‘¡Cuán grande podría ser una sociedad (metodista) si les permitiríamos algún pecado! Sí, pero entonces toda nuestra labor sería en vano. Si les permitiríamos un solo pecado, se detendría la bendición entera.'”

En una oportunidad, Wesley comentó acerca de la importancia de estas sociedades y clases:

“Fui convencido más que nunca, que aunque yo predicara como un apóstol, pero sin juntar a los que se despiertan para entrenarlos en los caminos de Dios, yo estaría solamente engendrando niños para ser asesinados. ¡Cuánto se ha predicado durante los últimos veinte años por todo Fembrokeshire! Pero no hay sociedades regulares, no hay disciplina, no hay orden ni comunión; y la consecuencia es que de los que se despertaron una vez, nueve de diez están ahora más dormidos que antes.”

En Georgia, Wesley había conocido los “ágapes” de los moravos (una cena de comunión, a la manera de los primeros cristianos). Fue tan impresionado por ello que introdujo esta costumbre también en sus sociedades.


Los predicadores laicos

Desde los primeros años del avivamiento, Wesley comenzó a nombrar a “ayudantes” o “predicadores” que viajaban como él por el país, predicando y visitando las “sociedades”. Estos predicadores no eran reconocidos por la iglesia, y la mayoría de ellos no tenían estudios teológicos. Wesley los escogió porque demostraban en sus vidas que amaban al Señor, y porque se notaba el fruto de sus prédicas.

Telford escribe acerca de ellos:
“Wesley se vio a menudo inclinado a emplear a hombres de poca o ninguna educación. Pero él hizo lo mejor para despertar en ellos un deseo de mejorar. En 1749 reunió en Kingswood a tantos predicadores como podían dar su tiempo, y les dio clases, tal como lo hacía antes para sus estudiantes en la universidad. … En noviembre de 1764 escribió: ‘Tuve muchos estudiantes en la universidad, y me esforcé bastante por ellos. Pero ¿con qué resultado? ¿Qué es de ellos ahora? ¿Cuántos de ellos ya no se acuerdan ni de su profesor ni de su Dios? Pero, ¡bendito sea Dios! Desde entonces tuve unos estudiantes que me recompensan bien por mi labor. Ahora ‘yo vivo, porque ustedes están firmes en el Señor.'”

Por supuesto, este envío de predicadores no reconocidos fue algo sumamente “irregular” a los ojos de los líderes de la iglesia. Un pastor dijo acerca de Wesley y sus predicadores: “… El y sus laicos torpes – su legión andrajosa de predicadores caldereros, cocheros, barrenderos, etc. – avanzan envenenando las mentes de los hombres.”

El mismo Wesley respondió a la pregunta, “¿De qué manera debemos considerarnos a nosotros y a nuestros ayudantes?”: – “Quizás como mensajeros extraordinarios (a diferencia de los ordinarios), destinados: 1) a provocar a celos a los ministros regulares, 2) a suplir su falta de servicio hacia aquellos que están pereciendo por falta de conocimiento.”

Este equipo de predicadores laicos sirvió también de consejo y corrección para Wesley mismo, y él estaba consciente de esta necesidad. Telford relata:
“Henry Moore tiene la reputación de haber contradicho a Wesley más que cualquier otro hombre en Inglaterra. Pero Wesley lo animó a hablar abiertamente, y lo estimó aun más por su franqueza. – Uno de los predicadores se irritó porque un predicador joven había señalado una falta de uno de los mayores. Pero Wesley le respondió: ‘Yo agradeceré al más joven entre ustedes si me señala cualquier falta que ve en mí; si lo hace, lo consideraré mi mejor amigo.'”


Su preocupación por los pobres

Una característica de la iglesia primitiva fue su preocupación y ayuda práctica para los pobres. Este fue también un asunto importante para Wesley, como demuestra esta entrada en su diario, del 7 de mayo de 1741:

“Hice recordar la sociedad unida, que muchos de nuestros hermanos y hermanas no tenían el alimento necesario; muchos no tenían vestimenta conveniente; muchos no tenían trabajo, sin culpa propia; y muchos enfermos; que yo había hecho lo que yo podía para alimentar a los hambrientos, para vestir a los desnudos, para emplear a los pobres, y para visitar a los enfermos; pero yo solo no era suficiente para estas cosas; y por tanto deseé que todos los que tenían el mismo corazón como el mío:
1) trajeran toda la ropa que les sobraba, para que sea distribuida entre los más necesitados.
2) dieran semanalmente un penique, o lo que podían dar, para el alivio de los pobres y enfermos.
Les dije que yo planeaba emplear por el momento a todas las mujeres que no tenían trabajo, en tejer. A éstas les pagaríamos primero el precio común por el trabajo que realicen, y después les anadiríamos según sus necesidades. Doce personas fueron nombrados para inspeccionar a estas, y para visitar a los enfermos y proveerlos con lo necesario. Cada uno de ellos debería visitar a todos los enfermos de su distrito cada dos días, y deberían reunirse los martes por la tarde para rendir cuentas de lo que hizo cada uno, y para consultar juntos acerca de lo que podrían hacer más.”

“En la tarde visité a muchos de los enfermos; pero qué escenas, ¿quién lo puede ver sin conmoverse? No existe algo así en los países paganos. Cuando uno de los indios en Georgia se enfermaba (lo que sucedía muy raras veces, antes que aprendieran la glotonería y la borrachera de los cristianos), los que estaban cerca de él le daban todo lo que necesitaba. Oh, ¿quién convertirá a los ingleses (por lo menos) en paganos honestos?”

A los 81 años de edad (!), Wesley escribió lo siguiente en su diario:

“En invierno normalmente distribuimos carbón y pan entre los pobres de la sociedad. Pero ahora vi que les faltaba también ropa, no solamente alimento. Entonces en este día y los cuatro días siguientes caminé por la ciudad y pedí dinero hasta recaudar doscientas libras, para vestir a los que más lo necesitaban. Pero fue un trabajo duro, porque la mayoría de las calles estaban llenas de nieve que se estaba derritiendo, a menudo hasta los tobillos, de manera que mis pies estaban empapados de agua helada casi desde la mañana hasta la noche.”


Avivamiento es regresar a la iglesia primitiva

Cada avivamiento significa un nuevo acercamiento a lo que era la iglesia primitiva. En los tiempos de apostasía, la iglesia se aparta de los principios y prácticas de la primera iglesia. En los tiempos de avivamiento, la iglesia “vuelve a lo que fue en el principio”. Así también en el avivamiento metodista, volvieron a aparecer algunas características de la iglesia primitiva:

  • Primero y ante todo, el énfasis en el nuevo nacimiento. Una iglesia apóstata se contenta con aumentar sus miembros, aunque sean cristianos de nombre no más, de labios y no de corazón. Pero una iglesia avivada insiste en que solamente aquellos son verdaderos cristianos, que nacieron de nuevo y muestran evidencia de ello en sus vidas.
  • Las prédicas al aire libre. La iglesia primitiva no estaba encerrada en cuatro paredes y no conocía “lugares santos”. Los apóstoles y Jesús mismo predicaban a menudo en lugares públicos y al aire libre. Ya hemos visto como Wesley tenía sus prejuicios contra esta forma de predicar; pero la necesidad le obligó, y después él descubrió que esto era bíblico.
  • La comunión personal en grupos pequeños, en las casas y con participación de todos, sin distinguir entre “clérigos” y “laicos”. Varios pasajes del Nuevo Testamento dan testimonio de esta forma de reunirse:
    “Y perseveraban … en la comunión unos con otros …” (Hechos 2:42)
    “… y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez del corazón…” (Hechos 2:46)
    “¿Qué hay pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.” (1 Cor.14:26)
    Esto fue lo que practicaron los primeros metodistas en sus “sociedades” y “clases”. Hemos visto que también redescubrieron las comidas “ágape”, por el ejemplo de los moravos.
  • El envío de “predicadores laicos”. Los mismos apóstoles eran un ejemplo de ello, porque ellos no tenían el reconocimiento de ningún líder religioso y de ninguna organización; salieron únicamente por el llamado del Señor mismo. Su calificación no consistía en estudios teológicos, sino en haber conocido personalmente al Señor Jesús. Fue este mismo criterio que Wesley aplicó al comisionar sus predicadores.
  • Su preocupación por los pobres, de una manera personal y motivada por el amor cristiano. Esta fue también una marca distintiva de la iglesia primitiva:
    “Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” (Hechos 4:34-35)
    “Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.” (Gál.2:10)

El autor wesleyano, Luke L. Keefer, está convencido de que Wesley tomó la iglesia primitiva como modelo para la iglesia de todos los tiempos:

“En los primeros años del avivamiento, Wesley llegó a un nuevo entendimiento acerca de la iglesia. … Su eclesiología (doctrina acerca de la iglesia) malguiada en Oxford y Georgia era debido a una vista estática de la iglesia antigua. Erróneamente, él había atribuido valor universal a prácticas de la iglesia que simplemente eran acomodadas a las condiciones culturales de aquella época. Su estudio de la iglesia en Hechos reveló un concepto dinámico de la iglesia. El Espíritu guió la iglesia, de manera providencial, a formas de gobierno y de ministerio que reforzaban la extensión del evangelio. Esto encajó exactamente con las propias experiencias de Wesley con el avivamiento en Bristol y en otros lugares, donde él había sido guiado a innovaciones para extender el avivamiento.
En primer lugar, esto significaba que la verdadera iglesia era una iglesia misionera, como lo era la iglesia primitiva. Wesley dijo a sus predicadores que su tarea principal era salvar almas. No iban a tomar en cuenta los límites de las parroquias, establecidos por siglos de tradición eclesiástica. Como los primeros apóstoles, los metodistas iban a ir a cualquier lugar donde el Espíritu los guiaba a anunciar las buenas nuevas de la salvación. Aun más, el metodismo rechazó la teología sacramental que vio la salvación como algo otorgado a la comunidad entera por medio de los ritos de la iglesia. Para los metodistas, el cristianismo no era un asunto de territorio o de ceremonia; era un asunto personal de conversión.
En segundo lugar, Wesley consideró ahora el gobierno y la práctica de la iglesia como algo meramente funcional. … Ahora, la pregunta decisiva acerca de las prácticas eclesiásticas fue: ¿Hasta dónde contribuyen o impiden la tarea misionera de la iglesia? Wesley lo expresó de la mejor manera en su respuesta a ‘John Smith’:
‘Yo pregunto, ¿cuál es el propósito de todo orden eclesiástico? ¿No es para traer almas del poder de satanás a Dios, y para edificarlas en Su temor y amor? Entonces, el orden tiene valor mientras sirve para estos fines; y si no sirve para ellos, no vale nada.’
Uno siente las implicaciones de estas palabras, al descubrir los cambios fenomenales que Wesley hizo en su eclesiología durante la década de los 1740. Abandonó su creencia anterior en la sucesión apostólica, en el triple orden del ministerio (obispos, sacerdotes y diáconos), y en el derecho divino del gobierno episcopal en la iglesia. … Según su estimación, la iglesia oficial (que dio suma importancia a estos asuntos eclesiásticos) no estaba ganando almas. De hecho, su misma insistencia en estas estructuras impidió la obra de la evangelización. Por el otro lado, la predicación laica en los campos e itinerante de los metodistas, cumplía con el mandato evangelístico de la iglesia.”
(Luke L. Keefer, Jr: “John Wesley, Disciple of Early Christianity”)

Son interesantes también las observaciones del mismo autor acerca de la visión histórica de la iglesia que tenía Wesley:

“Los primitivistas cristianos comparten una visión de la historia que divide el tiempo en tres períodos: una Edad Dorada, una caída, y una restauración. (…)
Para Wesley, la Edad Dorada duró desde la encarnación de Cristo hasta la coronación de Constantino. Pero su Edad Dorada consistía en una serie de círculos concéntricos. Una analogía con el templo Bíblico puede ilustrar esta idea. La época pos-apostólica era el atrio del templo. La época del Nuevo Testamento era el Lugar Santo, cualitativamente distinta de los siglos II y III. Dentro de la época del Nuevo Testamento, la iglesia de los primeros cuatro capítulos de Hechos era el Lugar Santísimo. La iglesia de Jerusalén fue para Wesley el modelo supremo del cristianismo primitivo.
En el núcleo de la caída, como la entendía Wesley, está el “misterio de la iniquidad”. Este ya existía en el Nuevo Testamento y manchó la misma iglesia en Jerusalén. La codicia (Hechos 5), la parcialidad (Hechos 6) y los prejuicios (Hechos 15) eran problemas incluso en la Edad Dorada. Las epístolas apostólicas reflejan varios defectos en la iglesia. Wesley creía que estos defectos aumentaron más y más durante los siglos II y III, detenidos de vez en cuando por avivamientos periódicos, y culminaron en una caída abismal cuando Constantino intentó cristianizar el imperio.
Wesley creía que la restauración de la iglesia empezó con la Reforma protestante. Sin embargo, fue una reforma inadecuada e incompleta. Wesley reconoció que los reformadores habían purificado la iglesia en doctrina y en adoración; pero para él, estos no fueron los asuntos esenciales. Purificar la iglesia del romanismo, todavía no removía los errores del constantinismo. Mientras la gente no fuera reformada en sus corazones y en sus vidas, una iglesia menos romana todavía no era una iglesia primitiva.”
(Op.cit.)


Wesley y la iglesia oficial

Se levanta aquí la pregunta acerca de la relación de Wesley con la iglesia oficial. Wesley había nacido y crecido dentro de la iglesia anglicana, y fue ordenado pastor de esta iglesia. Durante toda su vida permaneció fiel a la iglesia anglicana. ¿Cómo pudo Wesley reconciliar esta fidelidad a la iglesia oficial, con su deseo de volver a la iglesia primitiva? Ciertamente, debe haber sentido muy profundamente esta tensión en su propia vida, y más aún en las sociedades metodistas. Vez tras vez surgió en las sociedades la controversia de si debían separarse de la iglesia o no. En estas controversias, Wesley siempre opinaba tajantemente que no podían separarse de la iglesia, y que los metodistas debían seguir asistiendo a los servicios de la iglesia anglicana. Parece que él no se dio cuenta de que la separación era la consecuencia lógica del camino que él mismo había señalado. Y efectivamente, poco después de la muerte de Wesley, los metodistas se separaron de la iglesia anglicana y formaron su propia denominación.
En una sola ocasión, pocos años antes de su muerte, Wesley reconoció que no podía impedir que sus seguidores siguieran este camino hasta su última consecuencia. Escribió en su diario, acerca de su pueblo natal:

“¿Qué se puede hacer entonces? Yo preferiría impedir que los miembros aquí abandonen la iglesia; pero no puedo hacerlo. Puesto que el señor C. (el pastor) no es un hombre piadoso, mas bien un enemigo de la piedad, que frecuentemente predica en contra de la verdad y en contra de quienes la mantienen y aman, yo con toda mi influencia no puedo persuadirlos que le escuchen o que participen en el sacramento administrado por él. Si yo no puedo insistir en este punto mientras vivo, ¿quién podrá hacerlo cuando yo muera? Y el caso de Epworth es el caso de cada iglesia donde el ministro no ama ni predica el evangelio. Los metodistas no asistirán a sus ministraciones. ¿Qué se puede hacer entonces?”

No se trataba tanto de un problema doctrinal, como de un problema muy práctico. Así lo demuestra la siguiente nota, escrita alrededor del mismo tiempo, acerca de una conferencia nacional de los metodistas:

“Uno de los puntos más importantes que fue considerado en esta conferencia, fue el de abandonar la iglesia. La suma de una larga conversación fue:
1) Que a lo largo de cincuenta años, nunca nos habíamos apartado conscientemente de un solo artículo de la doctrina o de la disciplina de la iglesia.
2) Que no estábamos conscientes de estar en desacuerdo con la iglesia en algún punto de la doctrina.
3) Que a lo largo de los años, por necesidad y no por quererlo, poco a poco nos habíamos apartado en algunos puntos de la disciplina, al predicar en los campos, al hacer oraciones espontáneas, al emplear a predicadores laicos, al formar y regular sociedades, y al tener conferencias anuales. Pero no hicimos ninguna de estas cosas, hasta que fuimos convencidos de que no podíamos omitirlas más, excepto al peligro de nuestras propias almas.”

Wesley se esforzaba siempre, hasta donde era posible, para mantener buenas relaciones con los pastores anglicanos. Y hacia el fin de su vida, parece que realmente tuvo éxito, porque en una oportunidad escribió: “Los tiempos han cambiado. Ahora tengo más invitaciones para predicar en iglesias, de las que puedo aceptar.”
Por el otro lado, ya en 1746 Wesley había cambiado sus convicciones en cuanto al gobierno de la iglesia, y había llegado a una posición mucho más conforme con la iglesia primitiva. Escribiendo acerca de este evento, describe sus creencias anteriores como un “prejuicio vehemente de mi educación”:

“Partí para Bristol. En el camino leí la ‘Crónica de la Iglesia Primitiva’, por Lord King. A pesar del prejuicio vehemente de mi educación, estuve dispuesto a creer que este era un relato equitativo e imparcial. Pero si era así, ¡entonces habría que concluir que obispos y ancianos son (esencialmente) del mismo orden, y que originalmente cada congregación cristiana era una iglesia independiente de todas las demás!”

¿Por qué entonces Wesley seguía tan aferrado a la iglesia anglicana? ¿Mantenía él quizás la misma esperanza como Lutero en sus primeros años, de poder reformar la iglesia desde adentro, sin separarse de ella? – Quizás él pensaba tener más razón para esta esperanza, porque en su caso ya no se trataba de la iglesia católica romana. Se trataba ahora de una iglesia de la Reforma, una iglesia que profesaba los principios del mismo Lutero. Pero la rueda eterna de avivamiento y apostasía había dado una vuelta más; y eran ahora las iglesias reformadas las que estaban en camino hacia la apostasía. El comentario de Wesley acerca de los pastores que “no aman ni predican el evangelio”, es prueba suficiente de ello.
Es difícil explicar esta contradicción en el actuar de Wesley. Por un lado, exhortaba siempre a sus seguidores a que no abandonasen la iglesia. (Posiblemente vio que se iban a perder muchas oportunidades evangelísticas, si se separaban de la iglesia.) Pero por el otro lado, dio pasos que inevitablemente tenían que llevar a una separación entre metodistas y anglicanos. Envió a predicadores no autorizados, e incluso ordenó a ministros para la obra en América, sin tener la autorización de la iglesia. Levantó toda una estructura de una organización independiente de la iglesia.
El biógrafo John Telford da la siguiente explicación:

“La Escritura de Declaración de Wesley, sus ordenaciones, y el licenciamiento de sus capillas y predicadores … demuestran que él tuvo más cuidado por la continuación de la obra, que por la conexión formal con la iglesia de Inglaterra. … Wesley tomó todas las precauciones posibles para que el metodismo no pereciera con su muerte. La conexión con la iglesia se aflojaba gradualmente, y las sociedades adquirían poco a poco una completa organización propia. La muerte de Wesley removió la última barrera ante la independencia completa. Seguramente era mejor, en el interés de la religión, que los metodistas tenían los sacramentos debidamente administrados por sus propios predicadores, en lugar del arreglo insatisfactorio que existía al final de la vida de Wesley, solamente para evitar una separación.”

Si esta valoración es cierta, entonces para Wesley la lealtad hacia la iglesia anglicana era muy fuerte; pero aun más fuerte era su deseo de que la obra comenzada continuara. El se esforzaba por mantener juntos estos dos principios contradictorios hasta el final de su vida. Pero después de su muerte, la continuidad de la obra ganó como el principio más importante, y entonces la separación de la iglesia fue inevitable.

– A pesar de su fuerte apego a la iglesia oficial, Wesley no tenía prejuicios contra otras confesiones, como muestra el siguiente encuentro:

“Al cabalgar por un pueblo llamado Sticklepath, alguien me detuvo en la calle y preguntó abruptamente: ‘¿No es tu nombre John Wesley?’ Inmediatamente, dos o tres otros aparecieron y me dijeron que debía quedarme con ellos. Lo hice; y antes de hablar muchas palabras, nuestras almas se amistaron unos con otros. Descubrí que ellos eran cuáqueros; pero esto no me molestaba, viendo que el amor de Dios estaba en sus corazones.”

Parte 1: La vida de Juan Wesley: “Es necesario nacer de nuevo”
Parte 3: Algunos otros aspectos del avivamiento metodista
(Persecuciones y sufrimientos – Wesley y los niños – La doctrina de la perfección cristiana – Manifestaciones extraordinarias – La preocupación de Wesley por las condiciones sociales)

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extr de http://www.altisimo.net/maestros/Wesley2.htm

2 comentarios en “El avivamiento metodista: Rumbo hacia la iglesia primitiva

  1. Gracias Señor por haber utilizado a estos hermanos Wesley y Whitefield para predicar la Doctrina de la Regeneración pérdida ahora nuestros días,…
    Qué Dios produzca un gran avivamiento, qué exalte y proclame, qué no está en nuestras posibilidades, ni poder nacer de nuevo,. Sino en Él Poder del Espíritu omnipotente, qué mediante la predicación del Evangelio, resucita al pecador de su estado de muerte y miseria en Decreto divino..

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