Historia de los bautistas en Argentina desde su origen hasta 1980


Historia de los bautistas en Argentina desde su origen hasta 1980

Planteos metodológicos e históricos:

La metodología de este seminario: Antes de hablar de historia bautista necesitamos definir el campo que dicha historia abarca. Por un lado nos encontramos con la historia de la obra bautista en general, por otro lado tenemos la historia de la Convención Bautista En ambos casos existen un caudal de información, que a simple vista no se hace fácil de procesar. Sin caer en una historia en el resultado de una sola relación de los hechos, ni a un recuento de fechas y de personajes importantes. En muchos casos, la historia del pueblo de Dios ha sido interpretada en una de estas categorías. En otros casos se solía mirar a la historia como un museo de antigüedades, que sólo los curiosos y entendidos pueden interesarse. Por último, hubo quienes tomaron parte de la historia y la interpretaron en virtud de su propia cosmovisión, muchas veces vinculada y determinada por el sistema cultural, político, económico, social y religioso.

Para evitar este determinismo o limitación historiográfica, en este particular se tomará en cuenta la historiografía, los personajes y situaciones específicas; sin embargo  se  combinarán diferentes metodologías para extraer diferentes categorías de análisis y descripción de la historia bautista en la Argentina.

La pre-historia de la presencia protestante en Argentina:

La presencia del protestantismo en el territorio Argentino se hizo tardar, por cuestiones que ya son de común conocimiento: las tierras de este territorio fueron parte del imperio español, primero como ámbitos para conquistar y luego que gobernar.  En este sentido, las leyes para la vida social,  política y religiosa eran impuestas por España por varios siglos sin variaciones. Cualquier cambio de dinastía, aún la misma creación del Virreinato del Río de la Plata no producía ningún cambio. El rigor y la eficiencia de la tarea de los tribunales del Santo Oficio de la Inquisición repelían cualquier intento de presencia del protestantismo en esta región como en toda América Latina.

A partir de las diferentes independencias nacionales, a principios del siglo XIX y en Argentina específicamente en 1810 fue una variable para la actitud hacia el protestantismo (aunque en los hechos no ha sido del todo favorable).

Antecedentes:

El periodo de los antecedentes bautistas en Argentina (1818 – 1881):

Los antecedentes bautistas y posteriormente el desarrollo de su historia mantiene algo muy peculiar. Todas los misioneros, corrientes misioneras, inmigrantes e independientes constituían un baturrillo (mezcla de cosas revueltas) humanos, a veces con elementos dispares, otras veces con comunidades aglutinadas, pero de esta variedad los bautistas argentinos mantuvieron en la historia una contextura caracterizada por el amor a la libertad religiosa, apego por los principios bíblicos y un ferviente celo evangelizador. Lo más llamativo es que la sociedad fluvial argentina entre los años de la formación y el desarrollo bautista le ha proporcionado un dinamismo que, a pesar de la heterogeneidad han tenido la libertad de integrarse.

James (Diego) Thomson, colportor y pionero de todos los evangélicos en América Latina, fue un pastor bautista escosés. Thomson llegó a Buenos Aires el 6 de Octubre de 1818, como representante de la Sociedad de Escuelas Británicas y Extranjeras de Londres. Una institución dedicada a promover los principios de educación lancasteriana. En este tiempo Buenos Aires era una aldea de unos 80.000 hab. En un tiempo de turbulencias sociales y políticos como causas directas de la declaración de la independencia del país.

La obra de Thomson:

Thomson recibió una acogida excepcional y fue nombrado director de escuelas “a pesar de ser extranjero y protestante”, como él dijo. Después se dedicó a la venta de Biblias y el 19 de noviembre de 1820 organizó el primer culto evangélico con un grupo de caballeros ingleses; de distintas maneras, este grupo perduró y fue la base de la actual Iglesia Metodista. Antes de continuar hacia Chile y Perú, desde donde fue llamado por O’Higgins y San Martín – que lo visitó en su casa – fue designado ciudadano honorario. Entre las primeras acogidas, fue muy bien recibido por el Presidente Bernardino Rivadavia y su ministro Martín Rodríguez.

Se conoce la presencia aislada de bautistas en los años siguientes – por ejemplo, algunas de las maestras traídas por Sarmiento -, pero no es posible detenernos en ellos.

El segundo hombre asociado a la pre -historia bautista fue Guillermo Torrey, un misionero norteamericano, quien llegó en 1827. Lo característico de Torrey es que trabajó en cooperación con iglesias de habla inglesa (aparece en la lista de ministros presbiterianos 1830 a 1836 y su influencia benefició a la incipiente Iglesia Metodista) y en otros casos de habla alemana. Sin embargo, desde la historia bautista, su trabajo como colportor, luchador por la libertad religiosa, evangelista entre los marineros son características que a los bautistas nos gustaría reclamarlos ya que sus principios pesan a favor de la tradición bautista.

Un tercer antecedente bautista se remonta a una congregación entre el contingente de colonos galeses que se radicaban en el valle del Chubut (1865): Trelew, Rawson, Gaiman y Trevelín). Este grupo y otros grupos denonimacionales (congregacionalistas, calvinistas, anglicanos y metodistas) eran disidentes y buscaban la libertad religiosa. Todos ellos estaban sometidos a los rigores de la vida, lo áspero del clima, la amenaza de los nativos, la disensión entre los colonos, de los cuales algunos habían sido defraudados. La minoría bautista en esta colonia estaban dirigidos por el pastor Roberto Williams. Este era un promotor de asistencia en medio de una situación crítica de los inmigrantes. Williams era viudo, con un hijo joven y había sido abandonado por una sirvienta. Frente a estas circunstancias pidió ayuda al gobierno británico en las Malvinas. Después de pasar algún tiempo en las islas volvió a Gales donde falleció.  La situación de la colonia tomó otro color con la llegada de otros contingentes de inmigrantes, quienes en 1876 solicitaron la presencia de un pastor. A su pedido llegó el pastor bautista M.C. Rhys. En esta etapa se levantaron tres capillas al lado sur del río que se usaban para cultos y para escuelas nacionales. En materia misionológica, estos bautistas (y otros protestantes) tenían una oportunidad para evangelizar, pero los obstáculos de la vida y las dificultades de las colonias les hicieron tomar un carácter de misión introvertida.

El cuarto antecedente bautista se remonta a una iglesia bautista en las Islas Malvinas (Arnoldo Canclini, 1967). En épocas tan tempranas como 1867, unos bautistas formaron una iglesia en las islas. Luego, en 1872, un ex marinero, Jorge Natt se radicó en Puerto Stanley. Fue quien hospedó a J.H.L. Ewen, un misionero (de la Unión Evangélica), amigo de Honour. Ewen escribió a Honour a fin de solicitarle ayuda a Charles Haddon Spurgeon, quien envió a George H. Harris (1887), este estuvo en las Islas hasta 1890 y organizó efectivamente una iglesia. Se construyó una iglesia con la participación de los locales y la ayuda de la Iglesia de Spurgeon. Desde Inglaterra fue construida una capilla de madera, chapas, pre fabricada para ser enviada a las Malvinas. Tenía una capacidad para 200 personas. La iglesia continuó su crecimiento y sucedieron varios pastores. Para 1896 se cerró por unos 18 años. En 1934 se abrió otra vez bajo la dirección de los presbiterianos escoceses. Para 1967 no se encontraba ningún bautista en la isla. Actualmente el templo .

Otro antecedente bautista está representado en los diferentes contingentes de alemanes de origen ruso (los alemanes del Volga) que se establecieron a partir de la segunda mitad del siglo XIX en las regiones de Entre Ríos. Si bien, los inmigrantes eran cristianos católicos y protestantes, entre ellos habían bautistas. En las colonias prósperas de esta provincia los bautistas comenzaron a reunirse gracias al celo evangelizador de Juan Pedro Brunner, quien efectuó los primeros bautismos. En septiembre de 1894 se estableció la Iglesia Bautista de General Ramírez. Esta fue la madre de muchas iglesias hijas en San Justo, Urdinarrain, Galarza, Alcaráz, Viale y otras colonias.

Todos estos y otros esfuerzos individuales e independientes; a veces eran de varias denominaciones otras correspondían a las Sociedades Bíblicas Misioneras necesitaban un factor integrador. Las iniciativas fueron heroicas y promisorias, sin embargo el desarrollo de estos inicios requerían una edificación más sólida e integradora para enfrentar los desafíos del futuro.

El periodo pre – convencional (1881- 1908):

          Los diferentes antecedentes y los esfuerzos independientes lograron una integración mediante los logros del Rogerio Williams argentino, Pablo Besson. Entre los años 1881 y 1908, con Besson se termina de integrar a las distintas iniciativas o antecedentes bautistas, que por sus características estaban dispersos en todo el territorio.  Se edificó un espíritu liberal autóctono sobre los antecedentes ya mencionados.

Besson  era  un suizo francés que llegó a la Argentina en 1881 a los 33 años de edad,  como inmigrante,  y a quien Santiago Canclini ha denominado “heraldo de la libertad cristiana”.  Su llegada a la Argentina fue en respuesta de la invitación de colonos belgas y suizos de habla francesa en Esperanza, provincia de Santa Fe. La familia Eckart lo buscó y lo llevó a Santa Fe. En este lugar no llegó a constituir una iglesia, pero vivió y luchó por una causa sin precedentes. A partir de la intolerancia católica de entierro de una niña en el cementerio público Besson inició su incansable lucha, por el resto de su vida, a favor de la promoción del Registro Civil y los derechos de los disidentes (protestantes) en la Argentina.

Para llevar a cabo dicha  lucha se trasladó a Buenos Aires, aprendió el castellano y comenzó sus primeras tareas de influencia a través de los prestigiosos diarios, La Prensa, La Capital y La Nación. Además de estas publicaciones escribió en folletos que él mismo repartía, sobre temas de actualidad o de erudición, que no deberían tener demasiados lectores. Fue muy respetado por todo el ambiente evangélico e intelectual, a pesar de su espíritu polémico. De su producción literaria, se destaca la traducción del Nuevo Testamento, la primera hecha en el país, que aún circula. Los políticos más liberales aprovecharon esta situación para lograr un Registro Civil en Argentina.

En lo eclesiástico, en Buenos Aires alquiló un salón y comenzó sus reuniones en francés, que luego realizó en castellano para alcanzar a los muchachos que iban a molestar. En 1883 hizo en el río el primer bautismo. Hacía también visitas a La Plata y Montevideo. Años después, envió a continuar su trabajo en las colonias a su discípulo francés Alberto Ostermann, el primero en ser dedicado a la obra en el país, que fue sucedido por su hijo Julio.

Con la herencia de su padre y ofrendas que recogió en Europa, Besson hizo levantar así la capital  de la calle Estados Unidos 1273. Tenía alma de pastor, pues visitaba y cuidaba de sus discípulos. De su producción literaria, se destaca la traducción del Nuevo Testamento, la primera hecha en el país, que aún circula. Siendo ya mayor, se casó con Margarita Mealley, viuda del misionero Jorge Graham, que supo poner un toque especial a su trabajo.

En 1887 surgió otro problema de tipo legal. Venancio Berdía y Josefa Pando, dos miembros de su iglesia, de nacionalidad española, resolvieron casarse, pero la única forma legal era hacerlo por la Iglesia Católica o que Besson se inscribiera como ministro de colectividad extranjera. Esta fue su “primera tentación en la Argentina”, la rechazó. En un artículo posterior, dijo al respecto: “Decidí correr los riesgos y peligros de la libertad”. Organizó entonces un acto, labrando un acta de matrimonio y la llevó a la Casa de Gobierno, para ser inscripta en el Registro Civil… que aún no existía. Eso también afectaba la inscripción de nacimientos. La lucha bessoniana tuvo mucha influencia, y fue realmente una de las causas de esos cambios legislativos.

En 1927, con su salud absolutamente quebrantada y no sin reticencia, se retiró del pastorado, dejando en su lugar a  Santiago Canclini, discípulo de Varetto, que llegaría a liderar la obra bautista en diversos aspectos. Besson falleció en 1932, dejando un ejemplo de consagración y estudio difícilmente superable.

Las características misionológicas de este periodo fue la práctica de multiplicación por división fue un rasgo bautista negativo que ha resultado en una extensión positiva (J. Anderson, 1990, 176).

El periodo de desarrollo y misión (1908 – 1980):

Como hemos dicho anteriormente, la historia bautista en Argentina es muy difícil categorizarla en el sentido periódico. Si se puede tomar en cuenta que a partir del siglo XX la dirección misionera bautista tomó ciertas características a saber. Tres entidades fueron las fuerzas motrices de los bautistas argentinos: la iglesia local (muchas veces originada por misioneros de la corriente europea); la Misión foránea (proveniente de EEUU) y la Convención nacional.

El iniciador de la obra de la Junta de Richmond fue Sidney M. Sowell. Impresionado por la lectura de un libro sobre la Argentina, el joven nacido en 1871 en Virginia, sintió que era el campo al que Dios lo llamaba y, en un acto muy especial, le escribió una carta que colocó en el tronco de un árbol. Tropezó con la dificultad de que la Junta de Misiones de los bautistas del Sur no estaba en condiciones de entrar a un nuevo lugar de trabajo. Pero finalmente logró su propósito en 1903; al pasar por Río de Janeiro, se detuvo en lo de Bagby, con cuya hija Herminia se casó posteriormente; ella tuvo un papel relevante en el trabajo femenino. Poco después, fue seguido por su amigo José L. Hart y su esposa, quienes se destacaron más adelante por su labor en Chile. Al llegar a Buenos Aires, Sowell se alojó en la casa de Besson, pues entonces ambos eran solteros.

Comenzó alquilando un salón en el barrio de Constitución, donde fue sucedido por el misionero Tomás Spight, y pasó al del Once, donde fue pastor así como de las iglesias de Chacarita y Caballito. Entre tanto, pasó un tiempo en Rosario, donde, junto con Hart, comenzaron a trabajar en una imprenta. Aunque no fue el primer rector, sí fue el alma creadora del Seminario y luego lo dirigió desde 1918 hasta 1942, gozando de gran respeto por su capacidad de unir la erudición con la devoción.

En Rosario, se organizó en 1905 la primera iglesia bautista de la ciudad, donde fue pastor por muchos años Enrique Elías. Allí colaboraron con Hosford, que había iniciado otra congregación.

Fueron llegando otros misioneros que, en general, se dedicaron a expandir el trabajo, pues pese a la gran concentración demográfica de Buenos Aires, creyeron oportuno ir radicándose en las ciudades más importantes del interior, como Santa Fe, Paraná (1918), Concordia (1923) y  Córdoba (1921). Siguiendo el modelo de otros países, el 31 de diciembre de 1908, 23 delegados de cinco iglesias, se reunieron en Rosario, creando la Convención, que se dio una escueta “Constitución”; las que habían sido fruto del trabajo de Besson se unieron al año siguiente. Este cuerpo comenzó con una doble preocupación. Por un lado, adoptó como órgano oficial el periódico “El Expositor Bautista” que ya editaba Sowell y comenzó otras publicaciones, de tipo evangelístico, hasta que en 1911 se empezó a editar libros. El primero fue “Héroes y mártires de la obra misionera” de Juan C. Varetto, que circuló ampliamente por todo el continente. Un dato importante fue la producción de “Himnos Selectos Evangélicos”, que estuvo en uso durante muchos años. La producción literaria habría de ser de magnitud llamativa, pues no sólo se publicó mucho de autores locales, sino que se tradujeron obras importantes como el gran comentario bíblico de Bonet y Schoeder.

Juan Crisóstomo Varetto se convirtió pronto en una personalidad clave. Sólo había tenido un año de escuela primaria y se había convertido escuchando a Juan F. Thomson, el gran predicador metodista, pero luego fue bautizado por Jorge Graham. En la primera asamblea convencional, fue ordenado al ministerio – el primer argentino – y actuó como secretario. Comenzó siendo pastor en Rosario, y  luego lo fue por muchos años en La Plata. Mientras tanto, escribió no menos de setenta libros y folletos y recorrió todo el país predicando. Fue el primero en hacerlo en largas giras por el extranjero con un éxito muy notable; su estilo, sencillo y directo, pero a la vez   profundo y jovial, sentó las bases para el típico sermón argentino por muchos años. De su familia y ministerio, surgió un gran número de líderes. Es un típico caso de herencia perdurable.

La historia convencional, a partir de 1908 giró alrededor de los altibajos de la relación entre las iglesias locales, la Convención y Misión. De hecho, aunque la Convención se organizó en 1908, no asumió formalmente la dirección de la obra bautista hasta 1946, año en que se nombró la Primera Junta Directiva de la Convención (Anderson, 1990, 182).

El otro empeño de la flamante Convención fue la obra misionera y ya se ha mencionado lo que tiene que ver con Chile y el Paraguay. Después se fue a las zonas más lejanas del país,  como Corrientes (Juan Vázquez, en 1914) o Mendoza y San Juan (Gabriel Ostermann, hijo de Alberto, 1925, con el misionero Fowler). Esto demuestra cómo desde el principio, el trabajo contaba tanto con el sostén y la experiencia de los misioneros extranjeros, con la capacidad y celo de los argentinos (lo que es relativo, ya que entonces se bromeaba de que casi todos los “obreros nacionales” eran extranjeros). No se pueden dar todos los nombres, pero de aquella etapa inicial, se debe recordar a Joaquín Otero (padre de la segunda iglesia en la capital), los Ostermann, Lorenzo Mongay, Maximino Fernández, Juan Pluis, Antonio Caramutti, José Fontao y otros, que por supuesto extendieron su trabajo a las décadas siguientes. Un caso diferente es el de Blas A. Maradei, que desde 1913, encabezó la Chiesa Italiana, luego “del Rey Jesús”.

Naturalmente no siempre hubo coincidencia de criterios entre ambos sectores, pero nunca se produjeron las situaciones graves de otros países, quizá por las razones antedichas – el espíritu liberal del pueblo, la relevancia de los nacionales, etc. –  y porque,  aunque algunos misioneros llegaban con espíritu landmarkista, otros en cambio eran muy abiertos. Incluso en la relación con otras denominaciones, en la que Varetto y  muchos otros tenían ideas muy claras, aunque también eran muy definidos con seriedad con que debían tomarse los principios denominacionales.

 Nueva etapa de progreso

Desde los grandes centros mencionados arriba, fueron surgiendo nuevas obras que se transformaron en iglesias, en especial en los alrededores de la capital, primero en la zona sur, luego en la del oeste y finalmente hacia el norte, donde no sólo se concentra una gran parte de la población sino también de las iglesias bautistas. Así surgió en 1915 la Asociación de Iglesias de Buenos Aires, reuniendo las de la zona, ejemplo que fue seguido, de modo que actualmente todas las regiones del país cuentan con un organismo propio. En ese tiempo, también se produjo el acercamiento de las iglesias de habla alemana, que fue relativamente lento, por razones obvias.

Hubo casos en que el avance tuvo causas diferentes. Dos de ellos se debieron a la visión de sendos misioneros y llevaron a los bautistas hacia el Sur. Enviado por las iglesias de la convención sueca de los Estados Unidos, Erhardt Swenson comenzó a trabajar en Bahía Blanca en 1926, logrando buenos resultados hasta que se radicó en la capital para dirigir la labor editorial. Por su parte, Jorge Bowdler, que inicialmente había pensado en un trabajo educacional – que entre otras razones, se interrumpió por la crisis financiera de 1930 -, sintió que Dios le mandaba evangelizar en una zona lejana y se trasladó a Cipolletti, Río Negro, desde donde se extendió por esa provincia y la vecina de Neuquen, con la visión de adquirir terrenos en lugares estratégicos en tiempos en que aquello era un desierto.

Un caso muy distinto ocurrió en la provincia de Córdoba. En 1911, la lectura de la Biblia llevó a doña Pabla de Broda a una experiencia espiritual que finalmente la identificó con los misioneros bautistas. De su familia procedieron varios líderes y se fundaron iglesias en todos los pueblos cercanos.

Tuvo lugar también en esa época la llegada de bautistas eslavos (rusos, ucranianos y polacos), que organizaron varias iglesias en conjunto a partir de 1926. Huían de la persecución comunista y su integración ha sido más lenta, presumiblemente por las claras diferencias culturales.

Este puede ser el lugar para mencionar que la presencia de numerosas colonias eslavas y alemanas, así como el trabajo entre los de origen nacional, ha hecho que Misiones sea la provincia más evangelizada, ya que posiblemente no hay ninguna localidad de cierto tamaño donde no exista alguna especie de testimonio.

Los años finales de la década 1920 – 1930 y el paso a la siguiente mostraron a los bautistas argentinos en nuevos campos. Uno de ellos fue la obra social. Carlos de la Torre, médico y pastor por muchos años, impulsó el trabajo con huérfanos desde 1929; el de ancianos se comenzó en 1937.

El campo misionero se extendió desde Corrientes, donde batallaba el fogoso Pedro L. Annoni, al vecino territorio del Chaco en 1930, mientras que, en un orden muy diferente en 1928 se comenzaba el trabajo por radio, junto con la Iglesia Metodista; el primer mensaje estuvo a cargo de Varetto.

Surgieron entonces las que con el tiempo se llamarían “convenciones auxiliares”: en 1929, la que orientaba el trabajo femenil, con un énfasis especialmente misionero, y la Juvenil a partir de 1932. Años después, ésta adquirió un notable protagonismo con la publicación exitosa de la revista “Tribuna Evangélica”, la organización de la Ofrenda Allen Gardiner (para promover las misiones patagónicas en el centenario de la muerte del mártir anglicano) y los congresos juveniles, anuales primero y bianuales después, que se transformaron en uno de los hechos básicos de la vida bautista argentina. Su influencia llegó a tener repercusión internacional.

Fue aquélla también la época en que comenzaron   lo que llamaríamos “grandes pastorados” o sea los de líderes notables que perseveraron por décadas en el mismo púlpito, haciendo crecer notablemente las respectivas iglesias. Algunos ya han sido nombrados, pero la lista debe incluir a  Carlos de la Torre, Juan Marsili, Santiago Canclini, Lorenzo Pluis, Daniel y Felipe Daglio, José Pistonesi,  Natalio y Pablo Broda, Celestino Ermili, Juan Martínez, José Capriolo, Enrique Elías, José María Rodríguez, Pedro Libert, Nicolás Visbeek y sin duda muchos más que se transformaron en símbolos de sus iglesias, al extremo de que se hizo común la expresión de “la iglesia de…” Entre los misioneros de aquellas generaciones, podemos mencionar a Martín Blair, Pablo Freeman, Jaime y Lemuel Quarles, Tomás Hawkins, además de los que ya han sido nombrados (Es innecesario aclarar que el orden es completamente al azar y sólo a guisa de ejemplos.)

 Medio siglo de crecimiento y luchas

Las décadas inmediatamente siguientes mostraron un avance continuado. Sólo es posible mencionar lo geográfico, pues el aspecto estadístico ocuparía demasiado espacio y sería poco atractivo,  además de que requeriría un estudio interpretativo.

Después que se comenzó la obra en Tucumán (Pablo Freeman, 1942) y en San Luis (Alfonso Olmedo, 1946), la Convención puso su mirada hacia la olvidada Patagonia, comenzando por la obra misionera en Bariloche en 1949 y continuada en Comodoro Rivadavia, Río Gallegos y Río Grande (Tierra del Fuego) en 1952. Entre tanto, surgió el desafío de asumir un extenso trabajo entre los aborígenes del Chaco, donde desde 1950 se ha hecho un trabajo duro, pero muy fructífero, culminado con la entrega de tierras a sus primitivos pobladores, a semejanza de lo ocurrido en Bolivia.

Llegaron en esos años otros grupos bautistas desde los Estados Unidos. Los llamados “conservadores” – que han hecho a un lado esa palabra – comenzaron en 1946 en las provincias de Jujuy, Salta y Tucumán, con un trabajo muy esforzado, que fue seguido por el de la Conferencia General (los “suecos”) en Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero; estos últimos ingresaron luego a la Convención. Lo notable de su labor merecería una descripción mayor de la que nos es posible dar aquí.

Habiendo terminado, en cierta forma al menos, la etapa pionera, los esfuerzos se volcaron en otros sentidos, que determinaron varios cursos paralelos de la historia, que sólo se mencionarán en cuanto no se refieren a la generación actual, pues quienes aún siguen en la lucha deberán esperar para verse incluidos justicieramente más adelante.

Un primer aspecto a mencionar fue el nuevo empuje misionero. El trabajo entre los indios progresó notablemente, así como se extendieron las nuevas obras en zonas tan dispares como los Llanos de La Rioja, el afianzamiento de los “impactos” (varias nuevas iglesias en Córdoba y Tucumán), la expansión en el Este correntino y lugares como Formosa, Gualeguaychú, Santiago del Estero, Chubut, varias poblaciones chaqueñas, siendo interesante mencionar Puerto Iguazú y Ushuaia, o sea los extremos más al norte y al sur del país. Esta última es la iglesia más austral del mundo.

La sencilla organización del principio se había hecho completamente obsoleta y la forma de trabajo, por medio de juntas independientes, no era la más eficaz. En 1946 se creó una Junta Directiva, para unificar planes, así como diez años después el Plan Financiero Cooperativo lo hizo con los recursos. Posteriormente, tuvo lugar una amplia reestructuración, cambiando el término (y el concepto) de Juntas por el de Departamentos y otros aspectos.

Sin embargo, perduraba la dualidad del trabajo de la Misión – que reunía a los enviados desde Estados Unidos – y la Convención. Vale la pena aclarar que, aunque por supuesto siempre se producían diferencias de criterio más bien en asuntos puntuales, nunca se llegó a crisis serias, como ha ocurrido en gran número de países, donde se han producido divisiones en gran escala o enfrentamientos enojosos. El caso más delicado fue el del Seminario. Éste había sido creado por los misioneros, pero luego estuvo bajo la responsabilidad de una junta de la Convención. Sorpresivamente, en 1950, desde los Estados Unidos, se decidió cambiar la política educacional, creando grandes centros teológicos en algunos puntos del continente, lo que afectaba incluso a los países vecinos, que se resistían a perder sus propias instituciones. Lo positivo fue la erección del monumental edificio aún en uso y orgullo de la obra bautista. Este hecho lamentable fue sustancialmente un error de criterio y método, que finalmente fue absorbido por el paso del tiempo. Sin embargo, se considera importante una conferencia realizada en 1961 en el campamento de Thea – que había sido adquirido por la Misión – a la que asistieron gran número de pastores y misioneros, con representación oficial. La misma Misión propuso que se resolviera que la dirección de la obra correspondía a la Convención.

Mientras tanto, ésos eran años agitados por la necesidad de enfrentar una inesperada situación de falta de libertad. A partir de la revolución de 1943, apoyada por elementos clericales, fueron tomadas una serie de medidas que afectaban a todos los no católicos: enseñanza religiosa en las escuelas, prohibición de audiciones radiales y reuniones en las plazas, implantación del Registro de Cultos – aún vigente -, limitaciones en las zonas de frontera, etc. Esto último llevó al ridículo de que se intentara impedir la apertura del nuevo templo en Leandro N. Alem, Misiones, lo que se consiguió superar. Sin duda, quienes encabezaron la lucha por la libertad, siguiendo su tradición, fueron los bautistas, con el apoyo del resto del pueblo evangélico, y quien se destacó por su defensa de los principios fue el pastor Santiago Canclini. Fue una época triste para el espíritu nacional y no ha vuelto a repetirse, aun cuando los resabios exigen no bajar la guardia.

En busca de mejor organización o de más resultados en la tarea evangelística, se fueron alternando énfasis especiales en la Convención o promoción intensa de algunos trabajos de las iglesias, como ser  la educación cristiana o  la música (haciendo surgir nuevos valores y estilos). Con gran entusiasmo, se adoptaron planes para todo el país, como la Década de Avance (a partir de 1964, interrumpida por la Campaña de las Américas, y que incluyó un plan de nuevas obras en la poco atendida Capital Federal), la participación en las campañas unidas con Oswald Smith y Billy Graham, etc.

En cuanto a las últimas décadas, por los motivos antedichos, sólo mencionaremos que la Argentina ha estado cada vez más presente en el plano mundial. Desde Besson en 1911, a veces con grandes esfuerzos, siempre hubo representación en los Congresos de la Alianza Mundial Bautista, así como varios vicepresidentes de la misma y miembros de sus comisiones. En 1984 se realizó en Buenos Aires el Congreso Mundial Juvenil y en 1995 el de la misma Alianza, a los cuales asistió el presidente de la nación del momento.

Corresponde a cada uno sacar las conclusiones de lo narrado y analizar la forma en que la historia ha continuado. Una clase presencial hace posible un intercambio de ideas sobre hechos, personalidades y movimientos de los últimos años. Si bien, la obra bautista es eminentemente joven en esta región, no obstante se destacan varios aspectos positivos:

  • En la década de 1980 había 364 iglesias con 266 puntos de predicación entre los bautistas en Argentina.
  • Fines de esta década comenzó un crecimiento del 16% de la membresía de las iglesias.
  • El Seminario siguió progresando, en líneas generales, si bien su historia proveyó una tradición muy rica; sin embargo la formación teológica y ministerial entraba en una necesidad de cambios de paradigmas, especialmente en temas de visión nacional frente a los cambios globales.

El periodo emergente (1980 – 2009): evaluación del contexto evangélico argentino

  1. La primera corriente (1980): la evangelización y expectativas de cambios.
  2. La segunda corriente (1990): el despertar espiritual e idealismos nacionales.
  3. La tercera corriente (2000): búsqueda de identidad y crisis.

2 comentarios en “Historia de los bautistas en Argentina desde su origen hasta 1980

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